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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los lugares todav&iacute;a existen y requieren gu&iacute;as etnogr&aacute;ficas</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Reyna S&aacute;nchez, Margarita Zires</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Abilio Vergara Figueroa, <i>Etnograf&iacute;a de los lugares. Una gu&iacute;a antropol&oacute;gica para estudiar su concreta complejidad.</i> Ediciones Navarra/Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. M&eacute;xico. 2013.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana. Unidad Xochimilco.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para quien est&aacute; interesado en la antropolog&iacute;a urbana (y no s&oacute;lo en ella), el libro de Abilio Vergara, <i>Etnograf&iacute;a de los lugares. Una gu&iacute;a antropol&oacute;gica para estudiar su concreta complejidad,</i> es una fuente de informaci&oacute;n indispensable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la riqueza y el rigor te&oacute;rico que despliega el autor en este an&aacute;lisis de las distintas dimensiones del lugar antropol&oacute;gico, resalta su car&aacute;cter did&aacute;ctico. El autor va tejiendo una met&oacute;dica ejemplificaci&oacute;n de lo que es la etnograf&iacute;a, distingui&eacute;ndola de la cr&oacute;nica al marcar con claridad las limitaciones de &eacute;sta. Sus aportaciones metodol&oacute;gicas sobre c&oacute;mo "leer" un lugar, qu&eacute; observar en &eacute;l y c&oacute;mo interpretar el entramado de significaciones ah&iacute; presentes son una gu&iacute;a precisa para aquellos interesados en el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destacan en este trabajo sus aportaciones te&oacute;ricas a partir del planteamiento de una compleja definici&oacute;n del lugar antropol&oacute;gico, donde se propone un an&aacute;lisis que busca entenderlo desde m&uacute;ltiples dimensiones que rebasan lo funcional e instrumental para adentrarse en lo hist&oacute;rico, simb&oacute;lico y est&eacute;tico, sin dejar de tomar en cuenta aspectos de la estructura pol&iacute;tico social en la que el lugar se encuentra inscrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abilio Vergara retoma en su definici&oacute;n del lugar &eacute;sas y otras diferentes dimensiones:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Defino, o delimito, el lugar como espacio que, circunscrito y demarcado, "contiene" determinada singularidad <i>emosignificativa</i> y expresiva; es el espacio donde espec&iacute;ficas pr&aacute;cticas humanas construyen el lazo social, reelaboran la memoria a trav&eacute;s de la imaginaci&oacute;n demarc&aacute;ndolos por el afecto y la significaci&oacute;n: en su imbricada funci&oacute;n de continente, es tanto un posibilitador situado, como tambi&eacute;n punto de referencia memorablemente proyectivo, depositario y crucero de c&oacute;digos y posibilidades, de permanencia y cambio. Est&aacute; demarcado por l&iacute;mites f&iacute;sicos y/o simb&oacute;licos, tiene un lenguaje espec&iacute;fico, una fragmentaci&oacute;n interior ocupada por la <i>diferencia</i> que <i>complementa</i> actores estructurantes y estructurados con jerarqu&iacute;as variables, y propicia y produce unas formas rutinarias y ritualizadas de experiencia que reconstruyen la identidad, entre otros componentes. <i>Con&#45;forma</i> a los lugare&ntilde;os, aunque no elimina el surgimiento de contradicciones y conflictos (p. 35).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cruce de estas m&uacute;ltiples dimensiones el autor va esclareciendo las caracter&iacute;sticas y aspectos de los lugares, que dice, "deben ser sometidos a observaci&oacute;n, registro, clasificaci&oacute;n y an&aacute;lisis" (p. 15), lo cual queda ilustrado con ejemplos que resultan novedosos, interesantes y divertidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta dimensi&oacute;n te&oacute;rica resulta tambi&eacute;n muy productivo el debate con Marc Aug&eacute; (p. 31), cuya caracterizaci&oacute;n dicot&oacute;mica es rebasada por la propuesta de Abilio Vergara, quien establece que la principal diferencia entre el lugar y el no lugar es la temporalidad, <i>el lugar</i> es aqu&eacute;l donde vivimos y el <i>no lugar</i> aqu&eacute;l por el que se transita sin habitarlo. Abilio plantea reinterpretar los lugares a partir de una tr&iacute;ada de niveles: el dispositivo, el sist&eacute;mico y el simb&oacute;lico&#45;cosmog&oacute;nico. El dispositivo consta de un conjunto de esquemas sensoriales y perceptivos que est&aacute;n <i>in&#45;corporados,</i> que permiten, entre muchas otras operaciones, ubicarse, percibir, desplazarse e interpretar los lugares; el sist&eacute;mico abarca las representaciones gr&aacute;ficas y mentales que vamos conformando en nuestros desplazamientos o acercamientos diversos con los lugares; el simb&oacute;lico&#45;cosmog&oacute;nico remite al lugar ontol&oacute;gico, nos relaciona en las dimensiones simb&oacute;licas, emotivas y expresivas evocadas por los lugares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo analiza los distintos lenguajes que caracterizan a los lugares y les otorgan diferente significaci&oacute;n; no s&oacute;lo retoma el lenguaje arquitect&oacute;nico y el lenguaje de los objetos que se imponen a la mirada, sino tambi&eacute;n el lenguaje verbal y escrito, el dialecto o sociolecto que sirve para distinguir a los lugares, en el cual est&aacute; sedimentada toda una historia de relaciones sociales ligadas a los espacios. Surge entonces el an&aacute;lisis de los nombres de las cantinas: El Nivel, La Guadalupana, Sal&oacute;n Espa&ntilde;a, El Gallo de Oro, La &Oacute;pera. Destaca las diferencias de significado que asumen los nombres de las pulquer&iacute;as: <i>Sal si puedes, Las glorias de Baco, Viva mi desgracia, Detente hermano (...), Los eructos de Sans&oacute;n,</i> <i>El capricho, BB</i> y <i>BT</i>... (p. 441). En relaci&oacute;n con el lenguaje corporal, subraya la manera en que el lugar se constituye en un marco fundamental de la copresencia relacional, donde el cuerpo adquiere un protagonismo central: "es la forma en que el actor, sujeto o <i>lugare&ntilde;o</i> define y expresa su ser" (p. 51). Seg&uacute;n Vergara, tambi&eacute;n el lenguaje sonoro del lugar merece una reflexi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los aspectos al que este autor hace referencia son las pr&aacute;cticas sociales ligadas a los espacios, las ligadas a la vida cotidiana y las relacionadas con el rompimiento de &eacute;stas y con las ceremonias. En relaci&oacute;n con "las rutinas y rituales" de los lugares antropol&oacute;gicos, el autor distingue claramente entre unos y otros. La rutina la define como "las formas habituales de relacionarse y de actuar de los lugare&ntilde;os", que remiten a los actos repetitivos, secuenciales, que est&aacute;n articulados con los ciclos y los ritmos que producen y expresan la naturaleza del lugar en su vida cotidiana. La rutina instituir&iacute;a el h&aacute;bito y la costumbre que puede hacerse maquinalmente. El ritual est&aacute; ligado m&aacute;s bien al orden ceremonial, remite tambi&eacute;n a secuencias de actos ordenados, cuyo valor comunicativo y simb&oacute;lico es fundamental. "Podemos subrayar que los rituales intensifican las acciones, y entre sus objetivos est&aacute; estimular una interpretaci&oacute;n "recargada": emotiva y significativa" (p. 78).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, aclara con Leach y Goffman que, si bien hay diferencias entre las rutinas (que est&aacute;n m&aacute;s bien ligadas a los actos funcionales, t&eacute;cnicos y cotidianos) y los rituales (que est&aacute;n m&aacute;s relacionados con los actos sagrados, expresivos y simb&oacute;licos), no se puede dudar que las rutinas poseen cierto nivel de ritualizaci&oacute;n y, por lo tanto, una dimensi&oacute;n expresiva y significativa, y los rituales, aunque est&eacute;n cargados de simbolismos, no est&aacute;n totalmente despojados de una dimensi&oacute;n funcional. Las fronteras entre ambos extremos ser&iacute;an porosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo este an&aacute;lisis el autor invita a revisar los aspectos normativos y valorativos de las rutinas y rituales, as&iacute; como las tensiones y conflictos que en ellos se generan. En este apartado rescata, adem&aacute;s, los aportes de V&iacute;ctor Turner, Jean Cazeneuve, Van Gennep y Roberto da Matta, antrop&oacute;logos especialistas en el tema, para proponer una clasificaci&oacute;n b&aacute;sica que puede guiar las etnograf&iacute;as de los rituales en diversos lugares, distinguiendo los ritos de control, los conmemorativos, los de duelo, los de paso y los de aflicci&oacute;n. Y agrega el autor: "cada tipo de rito se realiza en diferentes <i>lugares,</i> los constituye y recibe de ellos y en ellos la legitimidad (y a la inversa, dichos ritos legitiman <i>lugares,</i> aunque algunos lugares pueden integrar varios tipos de ritos" (p. 79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo cuatro dirige su mirada a la estructuraci&oacute;n del orden interno del <i>lugar</i> (se invita al estudioso a revisar c&oacute;mo est&aacute; "recortado" en distintos fragmentos de acuerdo con su diferente accesibilidad); a analizar el tipo de usos y pr&aacute;cticas que contiene cada fragmento y c&oacute;mo se articula con el conjunto; a observar la diferenciaci&oacute;n social y de poder que est&aacute; ligada a dicha estructuraci&oacute;n, la jerarquizaci&oacute;n que establece y la producci&oacute;n de emociones y sentimientos que genera (p. 91).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro apartado Abilio Vergara se aboca a entender las fronteras de los lugares, las que se&ntilde;ala "pueden ser vistas como la posibilidad o inicio de di&aacute;logo con el entorno" (p. 118), como sin&oacute;nimo de l&iacute;mite o borde, de contenedor, remarcando su capacidad de aislar algo, de separarlo de su entorno, sin embargo, el autor puntualiza: las fronteras no son siempre fijas, ni claras ni est&aacute;ticas. En esta parte de su estudio se analizan los distintos criterios que utilizan diferentes clases o sectores sociales, regiones, pa&iacute;ses, seg&uacute;n &eacute;pocas, para cercar, limitar y dividir, as&iacute; como para relacionar lugares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juego mutuo de condicionamientos entre los sujetos y los lugares es otro de los niveles que el autor desarrolla en el libro, donde propone al lugar como un "espacio demarcado y estructurado que espacializa las pr&aacute;cticas y significaciones, que se densifican en la biograf&iacute;a y la historia de los sujetos y grupos en un juego mutuo de condicionamientos" (p. 140). As&iacute;, la biograf&iacute;a y la historia, individual una, colectiva la otra, est&aacute;n estrechamente vinculadas a los lugares y a sus manifestaciones en el tiempo. Este nudo significativo nos muestra, por ejemplo, ritmos, rutinas, pr&aacute;cticas, ciclos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un nivel no menos importante es el que trabaja el autor al analizar las relaciones entre <i>lugar, territorio y espacio,</i> es decir, seg&uacute;n sus propias palabras: "los lugares insertos en territorios y redes, funcionales e imaginarias, en mapas mentales de tr&aacute;nsito y evitamiento que imaginan, elaboran y realizan sus usuarios" (p. 156). Las redes, concepto que elabora muy acertadamente el autor, y que caracteriza como "subjetivas, cognoscitivas y topogr&aacute;ficas, y sirven para caminar, relacionar y valorar" (p. 156), son parte de un sistema imaginario&#45;conceptual que est&aacute; siempre en di&aacute;logo, contradicci&oacute;n y antagonismo, y siempre definido desde las pr&aacute;cticas, las experiencias, las interpretaciones, los imaginarios y, tambi&eacute;n, la reglamentaci&oacute;n institucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena subrayar otro elemento que nos parece sustancial, la importancia que Abilio Vergara otorga a la dimensi&oacute;n semi&oacute;tica en este estudio. El autor analiza con detalle, a lo largo de la obra y de los ejemplos que explicita, las din&aacute;micas discursivas, sus condiciones de producci&oacute;n, el orden del discurso y la intervenci&oacute;n de los sujetos. Desde una perspectiva semiol&oacute;gica que recurre a autores clave como Bajtin, Baudrillard, De &Iacute;pola y Umberto Eco, hace confluir los aportes de la antropolog&iacute;a y de los estudios del lenguaje en una propuesta que permite entender a los lugares como espacios de significaci&oacute;n donde el sentido est&aacute; construido con m&uacute;ltiples materialidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto es tambi&eacute;n una exhaustiva revisi&oacute;n de trabajos de muy diversa &iacute;ndole que tienen como objeto el <i>lugar:</i> los salones de baile, las iglesias o centros de culto, las cantinas y bares, los centros comerciales y espacios l&uacute;dicos, los barrios populares, los mercados, las unidades habitacionales, las c&aacute;rceles, el burdel, las vecindades, la calle, la ciudad. Pocos rincones de la urbe quedan sin repaso de esta aguda mirada. Adem&aacute;s, la idea de plasmar el an&aacute;lisis de algunos lugares como <i>postales etnogr&aacute;ficas</i> resulta muy acertada, ya que permite reconocer las singularidades junto con las generalidades, lo particular y lo com&uacute;n. Es una recreaci&oacute;n anal&iacute;tica de los lugares, que muestra las interacciones de los sujetos, las normatividades y las subversiones, los lenguajes, las rutinas y los rituales, es decir, cada uno de los detalles significativos que permiten entender la densidad del lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, consideramos que los aportes te&oacute;rico metodol&oacute;gicos que encontramos en este libro se dejan aplicar y permiten pensar a los investigadores en todo tipo de lugares singulares. Brindamos un ejemplo de lo que ha suscitado en una de nuestras investigaciones. Abilio Vergara &#151;se&ntilde;alamos antes&#151; explica el <i>lugar</i> como un espacio circunscrito en el que se inscriben pr&aacute;cticas humanas espec&iacute;ficas, rutinas y rituales que construyen un lazo social, donde se elabora y reelabora una memoria, donde participan actores determinados con jerarqu&iacute;as variables y donde se construyen identidades, los <i>lugare&ntilde;os.</i> Punto de referencia de c&oacute;digos, dialectos y lenguajes m&uacute;ltiples. Esta definici&oacute;n ha resultado muy &uacute;til, por ejemplo, para Margarita Zires, que al pensar en su objeto de estudio actual, o sea los espacios virtuales, reflexion&oacute; sobre la posibilidad de comprender los llamados <i>hashtags "#"</i> como lugares antropol&oacute;gicos. En este sentido, ella se puede preguntar qu&eacute; pr&aacute;cticas comunicativas se generan ah&iacute;, qu&eacute; tipo de lazos sociales se establecen, qu&eacute; caracter&iacute;sticas tiene la memoria que se crea all&iacute;, qu&eacute; tan fija o provisional puede ser esa memoria, cu&aacute;les son las reglas o c&oacute;digos que lo rigen, cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas del lenguaje que ah&iacute; se produce, los signos, los t&eacute;rminos, las abreviaturas que en el espacio del <i>Twitter</i> se est&aacute;n generando. Tambi&eacute;n surgen preguntas como a qu&eacute; sujetos interpela ese lugar, qu&eacute; formas de experiencia colectiva o singular procesa. Adem&aacute;s, si retomamos tambi&eacute;n la idea del autor de que los lugares "son una construcci&oacute;n en el tiempo y que requieren durar para ser", podremos darnos cuenta de en qu&eacute; medida un <i>hashtag</i> es un lugar, o cu&aacute;ndo lo es, ya que, como sabemos, algunos son producto de ocurrencias ef&iacute;meras mientras que otros convocan a m&uacute;ltiples usuarios por un tiempo mayor y se instalan como espacios duraderos en la red.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su estudio Abilio Vergara tambi&eacute;n recupera las valiosas aportaciones de Goffman en relaci&oacute;n con los rituales de interacci&oacute;n que se generan en un espacio. Esto nos lleva a pensar en el ritual de intercambio escrito que se da en <i>Twitter</i> en determinado <i>hashtag,</i> en sus permanentes redefiniciones de parte de los tuiteros, en las luchas, conflictos y contradicciones que se suscitan en la redefinici&oacute;n del espacio que estipula: qu&eacute; contar, qu&eacute; callar, c&oacute;mo contarlo, lo que se puede y debe contar y qu&eacute; tipo de emociones se permiten expresar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta puesta en pr&aacute;ctica de la definici&oacute;n de lugar antropol&oacute;gico que propone Abilio Vergara es muestra de la riqueza te&oacute;rico metodol&oacute;gica de su libro para la antropolog&iacute;a contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y como &uacute;ltimo comentario, queremos destacar que este libro suscita una lectura gozosa, tanto por su escritura como por la elecci&oacute;n de las im&aacute;genes, muy acertadamente integradas. Asimismo, encontramos en &eacute;l un tono ir&oacute;nico, lleno de humor, adem&aacute;s de una profundidad y rigor te&oacute;rico y gran agudeza en la observaci&oacute;n etnogr&aacute;fica.</font></p>      ]]></body>
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