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</front><body><![CDATA[  	    <p align="left"><font face="verdana" size="4">Homenaje</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Homenaje al maestro C&eacute;sar Huerta R&iacute;os</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Elena Padr&oacute;n Herrera*, Manola Sep&uacute;lveda Garza, Guido M&uuml;nch, Rosario Rodr&iacute;guez Villesca, Hilario Topete Lara y C&eacute;sar Huerta R&iacute;os</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia INAH</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los profesores de la Academia y los estudiantes de la Licenciatura en Antropolog&iacute;a Social organizamos un homenaje al maestro C&eacute;sar Huerta R&iacute;os por sus 33 a&ntilde;os como profesor&#45;investigador de tiempo completo en la ENAH. La ceremonia se realiz&oacute; los d&iacute;as 2 y 3 de mayo de 2013 en el Auditorio Rom&aacute;n Pi&ntilde;a Chan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La forma en que los colegas de una larga trayectoria acad&eacute;mica y los estudiantes participaron en el evento fue por medio de ponencias y narraciones vivenciales relacionadas con las siguientes tem&aacute;ticas: <i>a)</i> aportes te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos de C&eacute;sar Huerta a la antropolog&iacute;a social; <i>b)</i> las experiencias en el trabajo de campo; <i>c)</i> C&eacute;sar Huerta como profesor incansable; <i>d)</i> m&aacute;s all&aacute; de la academia: C&eacute;sar Huerta, la persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferentes ponencias presentadas en este homenaje nos hicieron reflexionar en que a trav&eacute;s de la vida de C&eacute;sar Huerta se reflejaban los quehaceres de la antropolog&iacute;a, las diferentes etapas de la historia de la ENAH y los cambios en los enfoques te&oacute;ricos de nuestra disciplina. No hay duda de que el maestro ha sido un pilar firme en la formaci&oacute;n de antrop&oacute;logos a pesar de las eventualidades que ha padecido nuestra escuela. Una de ellas es la &eacute;poca en que se desdibuj&oacute; lo que era realmente la ense&ntilde;anza de la antropolog&iacute;a, y la cual se pudo superar gracias a maestros con el corte de C&eacute;sar Huerta, a quien se debe, por lo tanto, que nuestra escuela haya mantenido y conservado un nivel de reconocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Festejamos a C&eacute;sar Huerta por su trayectoria en la ENAH, primero como estudiante y luego como profesor, pues desde que lleg&oacute; a M&eacute;xico, en 1954, sus actividades estuvieron relacionadas con la antropolog&iacute;a, la cual constituy&oacute; el eje en torno al cual organiz&oacute; su vida. Homenajear a nuestros maestros es parte del respeto que nos hace ser una instituci&oacute;n s&oacute;lida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los siguientes textos, que presentan una semblanza del maestro C&eacute;sar Huerta R&iacute;os, fueron seleccionados entre los trabajos presentados para este homenaje.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>C&eacute;sar Huerta. Una vida inmersa en la investigaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar Huerta naci&oacute; el 25 de diciembre de 1926 en Chitre, Panam&aacute;; hijo de una familia cuyo padre fue abogado. Sus estudios hasta el bachillerato los realiz&oacute; en el Instituto Nacional de Panam&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto que marc&oacute; su vida, seg&uacute;n nos relata el propio profesor, fueron los ecos de la Segunda Guerra Mundial: "por el Canal (de Panam&aacute;) pasaban los barcos llenos de cad&aacute;veres con un olor que llegaba hasta las ciudades m&aacute;s cercanas... adem&aacute;s, hab&iacute;a campos de concentraci&oacute;n de los japoneses, italianos y alemanes. El ambiente estaba marcado por los estragos de la guerra, que fue la experiencia m&aacute;s intensa que se vivi&oacute; en el siglo XX". El presenciarla, aunque fuera tangencialmente, despertaba el imaginario de un joven adolescente que, siendo apenas un estudiante de bachillerato, se inclinaba en favor de los pa&iacute;ses aliados, estaba pendiente de los &eacute;xitos de la URSS sobre el nazismo y manten&iacute;a una postura en contra de la violencia, el racismo y la injusticia social.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar nos cuenta que con la guerra, la posguerra y la crisis econ&oacute;mica se interrumpieron muchas cosas que afectaban la vida: no hab&iacute;a empleo en Panam&aacute; y decidi&oacute; salir, primero a El Salvador, luego a Guatemala y posteriormente a M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, C&eacute;sar lleg&oacute; a la Ciudad de M&eacute;xico en 1954. Su intenci&oacute;n era estudiar sociolog&iacute;a en la UNAM. Pero, seg&uacute;n nos cuenta, a los estudiantes extranjeros les cobraban 2 000 pesos, lo cual estaba fuera de sus posibilidades, pues trabajaba en una editorial como "corrector de pruebas" y sus ingresos eran limitados. Sin embargo, "el que busca encuentra", y C&eacute;sar encontr&oacute; a un amigo que le aconsej&oacute; ingresar a la ENAH, que en ese entonces se ubicaba en el Centro hist&oacute;rico de la ciudad, en la calle de Moneda. La ENAH era (y es) gratuita para nacionales y extranjeros. En aquellos tiempos el director era Pablo Mart&iacute;nez del R&iacute;o, egresado de la Universidad de Oxford, y el subdirector, Fernando C&aacute;mara Barbachano, destacado etn&oacute;logo especialista en Mesoam&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ENAH y estos personajes representaban un hallazgo que superaba las expectativas iniciales de C&eacute;sar, quien asisti&oacute; como oyente hasta marzo de 1955, cuando se inscribi&oacute; como estudiante regular: los primeros dos a&ntilde;os en etnolog&iacute;a y despu&eacute;s en la especialidad de antropolog&iacute;a social. Sus maestros fueron de la talla de Pedro Bosh Gimpera (ex rector de la Universidad de Barcelona), Juan Comas (autor de un texto de antropolog&iacute;a f&iacute;sica, traducido al ingl&eacute;s y considerado como lectura obligatoria en la ENAH y en varias universidades estadounidenses), Mauricio Swadesh (ling&uuml;ista, autor de la teor&iacute;a de la glotocronolog&iacute;a), Arturo Monz&oacute;n (autor de un libro cl&aacute;sico, <i>El calpulli en la organizaci&oacute;n social de los tenochca</i>), entre otros. Y sus compa&ntilde;eros fueron j&oacute;venes como Guillermo Bonfil, Rodolfo Stavenhagen, Leonel Dur&aacute;n, Enrique Valencia y dos venezolanos que destacaron en la vida social y pol&iacute;tica de su pa&iacute;s. Fueron tiempos en los que en la ENAH se formaban "cuadros" importantes de estudiantes con profundo compromiso social, cuyos ideales posteriormente se ver&iacute;an reflejados en sus actividades pol&iacute;ticas y acad&eacute;micas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar termin&oacute; sus cursos en 1960 y en 1961 se cas&oacute; con Esther Kuri, licenciada en ciencias diplom&aacute;ticas de la UNAM. A partir de entonces y hasta 1980 trabaj&oacute; en varias instituciones federales, estatales o paraestatales, entre ellas el Centro de Investigaciones Agrarias del DAAC y el de Minerales no Met&aacute;licos Mexicanos; as&iacute; como en la Secretar&iacute;a de Obras P&uacute;blicas y Asentamientos Humanos. Sus actividades profesionales lo llevaron a realizar un intenso trabajo de campo en 28 estados de la rep&uacute;blica, el cual tambi&eacute;n tuvo una fuerte influencia en su formaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar fue seguidor y simpatizante de los movimientos sociales de izquierda que se presentaban tanto en M&eacute;xico como en el extranjero: ya hab&iacute;a expresado su simpat&iacute;a por Arbenz (presidente de Guatemala), lo que tuvo como consecuencia la expulsi&oacute;n de su pa&iacute;s y su llegada a M&eacute;xico en 1954; luego manifest&oacute; su admiraci&oacute;n por la expansi&oacute;n del socialismo en Europa, Asia (China, Corea y Vietnam), el Caribe (Cuba) y Am&eacute;rica Latina (Chile), as&iacute; como por las reformas que se daban en M&eacute;xico a partir de los a&ntilde;os de L&oacute;pez Mateos y durante los a&ntilde;os setenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre todos estos acontecimientos tiene innumerables historias que contarnos, de las que s&oacute;lo se&ntilde;alar&eacute; algunas. De la revoluci&oacute;n cubana, nos dice, le llama la atenci&oacute;n la audacia de Fidel Castro que, con m&iacute;nima preparaci&oacute;n marxista, hab&iacute;a difundido su ideario entre la juventud cubana que lo apoy&oacute; despu&eacute;s; contrariamente a lo que hizo el Che Guevara, quien no necesit&oacute; persuasi&oacute;n alguna para lanzarse a la lucha. As&iacute; como se expand&iacute;an los movimientos de izquierda, C&eacute;sar Huerta, en los a&ntilde;os sesenta y setenta, comenz&oacute; a desligarse del marxismo sovi&eacute;tico y a poner m&aacute;s atenci&oacute;n en los planteamientos de Den Ziao Pin (el Lenin chino) y Mao TseTung (de corte stalinista), as&iacute; como en los de los te&oacute;ricos del marxismo occidental, los franceses Henry Lef&egrave;vre y Maurice Godelier, y los del ingl&eacute;s Tim Ingold.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; que, casado con una mexicana (Esther), con dos hijos (Yamil e Ismael, el primero m&eacute;dico y el segundo ingeniero industrial) e involucrado en los procesos de cambio y democratizaci&oacute;n que se daban en M&eacute;xico, C&eacute;sar ya no se plante&oacute; su residencia en Panam&aacute;. Al contrario, comenta al respecto: "cada vez que iba a visitar a mis parientes ten&iacute;a el temor de no poder regresar", y es que M&eacute;xico hab&iacute;a marcado su vida; M&eacute;xico lo sedujo y lo atrap&oacute; en una din&aacute;mica que le hac&iacute;a muy dif&iacute;cil pensarse en otro pa&iacute;s. C&eacute;sar nunca ha negado su origen, no se nacionaliz&oacute; como mexicano. Seg&uacute;n nos cuenta, no tuvo necesidad de hacerlo, ya que nunca se sinti&oacute; discriminado ni obstaculizado en los quehaceres que realizaba por el hecho de ser paname&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el periodo de 1969 a 1972 particip&oacute; en un proyecto de Rescate Etnogr&aacute;fico dirigido por C&aacute;mara Barbachano (coproducci&oacute;n M&eacute;xico&#45;Estados Unidos), donde le asignaron la tarea de trabajar en Oaxaca con los triquis (otro golpe de suerte). Estuvo con ellos "hasta que se le agot&oacute; el dinero" (ocho meses). Al respecto nos cuenta:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; era una sociedad muy arcaica, la carretera apenas la hac&iacute;an y hab&iacute;a muchos pueblos poco conocidos. En la parte "alta" se conservaba la organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica de tipo cl&aacute;nica y linajera territoriales; y en la parte "baja" se hab&iacute;an desmoronado los clanes, s&oacute;lo quedaban restos de algunos linajes. El deterioro de la vida cl&aacute;nica se debi&oacute; a la introducci&oacute;n, a principios del siglo XX, del cultivo del caf&eacute; (producto de exportaci&oacute;n). La parte "baja" s&iacute; ten&iacute;a acceso a la carretera.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Etnografiar esta forma de organizaci&oacute;n constituy&oacute; uno de los hallazgos m&aacute;s interesantes del proyecto de Rescate Etnogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar retom&oacute; el trabajo con los triquis oaxaque&ntilde;os y, en 1979, present&oacute; su tesis de maestr&iacute;a en Ciencias Antropol&oacute;gicas en la ENAH; un trabajo por el cual un a&ntilde;o despu&eacute;s (1980) recibi&oacute; del INI el Premio Nacional de Antropolog&iacute;a Julio de la Fuente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 1&deg; de abril de 1980, C&eacute;sar Huerta gan&oacute; un concurso de oposici&oacute;n y desde entonces trabaja en la ENAH, en donde lleva ya 33 a&ntilde;os. Seguramente su tesis, el premio otorgado por el INI y 20 a&ntilde;os intermitentes de trabajo de campo influyeron para que tomara la decisi&oacute;n de regresar a la ENAH, ahora como docente. Su inter&eacute;s radic&oacute; en "regresarle algo" a la escuela que lo form&oacute; y que marc&oacute; un hito en su vida. La idea fue acercarse a los estudiantes y difundir su particular idea de las ciencias antropol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para 1980 la ENAH era otra, ya no estaba en el Centro Hist&oacute;rico de la ciudad, sino en el sur, a orillas de la pir&aacute;mide de Cuicuilco. Su edificio principal trataba de reproducir los espacios que ten&iacute;a cuando estuvo en el Museo de Antropolog&iacute;a; tampoco era una escuela de &eacute;lite, similar al Colegio de M&eacute;xico, donde el n&uacute;mero total de estudiantes no superaba los 200; era una escuela de casi 2 000 alumnos, la mayor&iacute;a j&oacute;venes reci&eacute;n egresados de la preparatoria. Pero en lo que hab&iacute;a cambiado de manera m&aacute;s impresionante era en la forma de abordar el estudio de la antropolog&iacute;a, que se hab&iacute;a venido "abajo"...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto C&eacute;sar comenta, "despu&eacute;s del movimiento del 68 muchos pensaron que la antropolog&iacute;a era una ciencia burguesa y se encerraron en el materialismo hist&oacute;rico y empezaron a manejar un materialismo dogm&aacute;tico", que m&aacute;s que ayudar a los estudiantes los perjudicaba, por lo que empez&oacute; a advertir, insistentemente: "uno no puede estudiar una sociedad concreta sino a trav&eacute;s de las disciplinas positivas (Antropolog&iacute;a Social), por lo que el enfoque debe ser antropol&oacute;gico, y si se simpatiza con el marxismo, alumbrarlo con las leyes generales del materialismo hist&oacute;rico, que no es una ciencia sino una filosof&iacute;a sociohist&oacute;rica m&aacute;s apegada a la realidad". Hab&iacute;a que tratar de leer <i>El capital</i> desde la perspectiva antropol&oacute;gica y no econ&oacute;mica, lo cual C&eacute;sar pudo hacer con ayuda de las lecturas de Hegel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta concepci&oacute;n y su s&oacute;lida preparaci&oacute;n acad&eacute;mica, C&eacute;sar invirti&oacute; muchas horas de su vida en la discusi&oacute;n de los planes de estudio para que retomaran como eje la teor&iacute;a antropol&oacute;gica. Ha sido un activista acad&eacute;mico que enfatiza la importancia del trabajo de campo para la formaci&oacute;n de los estudiantes, que acent&uacute;a la necesidad de revisar las etnograf&iacute;as de antrop&oacute;logos nacionales, estadounidenses, ingleses, franceses y noruegos, ya que, en su opini&oacute;n, nos dan ejemplos de c&oacute;mo se investiga un tema particular o problema antropol&oacute;gico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a marxista, la antropolog&iacute;a econ&oacute;mica y los cursos referidos a la estructura y organizaci&oacute;n social, y al sistema de parentesco, han sido sus &aacute;reas de trabajo durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Entre los autores que reconoce como b&aacute;sicos en su formaci&oacute;n est&aacute;n Marx y Engels, Sergio Bag&uacute; (epistem&oacute;logo argentino), Robert Merton, Radcliffe Brown, Evans Pritchard, Kroeber, Stanley Diamond, Robert Ulin, Henry Lef&egrave;vre, Maurice Godelier, Tim Ingold y Jack Goody, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la experiencia de campo de C&eacute;sar Huerta ha sido b&aacute;sicamente en territorio mexicano, en 1987 pudo viajar como profesional a la Rep&uacute;blica Popular China (viaje que dur&oacute; 30 d&iacute;as) pagado por la Sociedad China de Amistad con el Extranjero; asimismo, apoyado por el INAH, tambi&eacute;n ha estado en Italia y Espa&ntilde;a en diversos congresos de antropolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De su larga experiencia en la licenciatura C&eacute;sar nos dice que &eacute;se es el espacio donde hay que hacer mayores esfuerzos, que es ah&iacute; donde est&aacute;n los retos m&aacute;s dif&iacute;ciles, porque &eacute;sta es particularmente formativa, y que por esas mismas razones no aceptar&iacute;a trasladarse al posgrado. Comenta que, "m&aacute;s que las discusiones con los colegas, son las que ha mantenido con los estudiantes las que que le han permitido crecer y seguir form&aacute;ndose". Sin duda ha participado en la formaci&oacute;n de muchas generaciones en las que ha habido alumnos brillantes. Eso caracteriza a la ENAH, todav&iacute;a en nuestros d&iacute;as tiene a los mejores estudiantes en la materia, que poseen, adem&aacute;s, un compromiso social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de terminar esta breve exposici&oacute;n, que s&oacute;lo destaca los momentos m&aacute;s importantes de la multifac&eacute;tica y aventurera vida de C&eacute;sar Huerta, quiero subrayar su modestia, su caballerosidad y su trato respetuoso con sus colegas y estudiantes, su sentido del humor, su dedicaci&oacute;n a la profesi&oacute;n, y el amor a la vida con el que desaf&iacute;a a la edad y a los achaques. Todo esto me motiva a decir, a mi nombre y el de un grupo amplio de colegas y estudiantes, gracias mi querido Cesarito por tus valiosas aportaciones a nuestras vidas. Sin ti nuestra escuela ser&iacute;a otra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Semblanza de C&eacute;sar Huerta</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos sentimos sumamente honrados y complacidos por participar en el Homenaje a C&eacute;sar Huerta R&iacute;os, uno de los antrop&oacute;logos sociales m&aacute;s reconocidos por sus aportes a la docencia, la investigaci&oacute;n y al conocimiento de los conflictos &eacute;tnicos y del Estado nacional mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar corona una &eacute;poca ideol&oacute;gica de la antropolog&iacute;a mexicana, su etnolog&iacute;a de interpretaci&oacute;n marxista consider&oacute; mucho m&aacute;s importante el problema de estratificaci&oacute;n social que el problema &eacute;tnico de una minor&iacute;a nacional. Sin embargo, estudi&oacute; a los triquis profundamente. Es un gran maestro en reconstruir y atrapar los datos, los que tienen un lugar labrado en la etnograf&iacute;a y la descripci&oacute;n de sociedad y cultura, es la base indispensable que fundamenta su pensamiento. Su vida y obra son el resultado del trabajo de un hombre que ha hecho de la antropolog&iacute;a su raz&oacute;n de ser.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a mexicana es justa, por lo que tiene y tendr&aacute; siempre reservado un lugar para este gran maestro en el arte de aprehender y ense&ntilde;ar el pensamiento humano a trav&eacute;s del conocimiento detallado y explicado por su ideolog&iacute;a. Las definiciones que nos ofrece para entender la realidad de los campesinos ind&iacute;genas no resultan abstracciones incomprensibles para el lego. La generosidad para con sus amigos, colegas, el p&uacute;blico en general y las nuevas generaciones de estudiantes se advierte en el trato intelectual y sencillo de un hombre brillante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, el motivo del homenaje nos sirve para reflexionar, hablar del maestro y amigo, nos brinda la posibilidad de darnos cuenta de que ning&uacute;n tema est&aacute; agotado, siempre y cuando haya detr&aacute;s de su estudio creatividad, compromiso e inteligencia. Su &iacute;ndole propia, la condici&oacute;n natural de car&aacute;cter personal y su talento para inventar y difundir le dan una imagen social o genio individual que pareciera ser m&iacute;stico, al que se le pudiera atribuir un poder sobrenatural que se plasma en su trato con los dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naci&oacute; en Chitr&eacute;, Rep&uacute;blica de Panam&aacute;, en 1926, y lleg&oacute; a M&eacute;xico en 1954. En marzo de 1955 se inscribi&oacute; en la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a, despu&eacute;s de 20 a&ntilde;os de ejercicio profesional, se titul&oacute; con su tesis magistral en 1979. Fue galardonado con el Premio Nacional Julio de la Fuente que, en 1980, inaugur&oacute; el Instituto Nacional Indigenista, quien un a&ntilde;o despu&eacute;s le public&oacute; su tesis: <i>Organizaci&oacute;n socio&#45;pol&iacute;tica de una minor&iacute;a nacional. Los triquis de Oaxaca</i>. Ha sido profesor de diferentes materias en la ENAH, sus clases han versado alrededor del marxismo, la estructura social y las organizaciones cl&aacute;nicas y linajeras de las sociedades ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su obra maestra hace resaltar el sistema de parentesco, los linajes de poder y la proyecci&oacute;n de la familia extensa al orden socio&#45;pol&iacute;tico de la estructura general. Estudia, analiza y sintetiza los grupos de descendencia en la cohesi&oacute;n local, el proceso de estratificaci&oacute;n de la sociedad ind&iacute;gena y la asimilaci&oacute;n de la dial&eacute;ctica de la lucha de clases, as&iacute; como el paso de las relaciones de producci&oacute;n preclasistas a las clasistas. Asimismo, c&oacute;mo se transmite la cultura triqui mediante la tradici&oacute;n oral privada, rudimentaria, an&aacute;rquica, violenta y casi secreta, que de varias formas contribuye al estancamiento de la tradici&oacute;n particular de una cultura, y de manera directa en el sistema de parentesco, la tenencia de la tierra, el matrimonio y la propiedad, la herencia y el sistema pol&iacute;tico, presentes en el proceso de un posible cambio o arraigo a la continuidad. Igualmente, pone de manifiesto el poder de la ideolog&iacute;a religiosa para reproducir la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar Huerta expone c&oacute;mo la lengua es una categor&iacute;a abstracta del sonido y el tiempo, registra aspectos demogr&aacute;ficos e hist&oacute;ricos, la intervenci&oacute;n del ej&eacute;rcito en los hechos de violencia causados por los conflictos de l&iacute;mites en la tenencia de la tierra privada y comunal; la producci&oacute;n del caf&eacute;, el acaparamiento de mercanc&iacute;as, el tr&aacute;fico de alcohol y armas realizado por los comerciantes externos, los sistemas de endeudamiento sobre la producci&oacute;n y la extensi&oacute;n de cultivos en las tierras comunales; con los que iban aparejados los conflictos agrarios, la violencia intrafamiliar y los suicidios de las mujeres desesperadas en los "pozos del viento", agujeros de cavernas geol&oacute;gicas de profundidad insondable; la poliginia y mortalidad prematura de mujeres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la diferenciaci&oacute;n de los estratos jer&aacute;rquicos la subordinaci&oacute;n es el origen de las contradicciones sociales y pol&iacute;ticas al interior de la sociedad ind&iacute;gena. A esto se suma el monopolio interno del comercio y la explotaci&oacute;n entre ellos mismos, a su vez dirigido desde las relaciones econ&oacute;micas externas. C&eacute;sar observa y describe c&oacute;mo los problemas se derivan de la contig&uuml;idad de los segmentos familiares o grupos corporados y sus jefes patriarcales emparentados. Y, en consecuencia, su respeto, conservado hasta despu&eacute;s de muertos en el culto a los ancestros. El poder real proyectado en la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de un protector sobrenatural, animal compa&ntilde;ero o nahual, af&iacute;n con la elevada posici&oacute;n de los abuelos en el linaje y a su vez con la del representante de varios linajes coincidentes con los cargos municipales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los nahuales simbolizan la capacidad y el poder de los miembros de su sociedad en su respectiva subordinaci&oacute;n y jerarqu&iacute;a. Los nahuales se transforman en animales para mantener un control social sobre los dem&aacute;s miembros del grupo, se presentan para asustar y, en su caso, para enfermar de espanto. Son el aspecto de alg&uacute;n poder sobrenatural personalizado. Los curanderos, brujos y adivinos poseen nahuales acordes con su prestigio y autoridad. Cuando matan un animal, por ejemplo, el nahual del causante de una enfermedad, se piensa que mataron el alma del enemigo no a la persona. Claramente es una sustituci&oacute;n simb&oacute;lica que regula el crimen por medio de la catarsis. Se libera por reemplazo el odio y la ira mediante una v&iacute;ctima sacrificial. Sus deidades y otros seres sobrenaturales son la representaci&oacute;n sublimada del individuo, la sociedad y la cultura; su fe se identifica con los principios medulares de las pr&aacute;cticas y creencias del poder tradicional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conflictos y hechos de sangre tratan de ser resueltos con prudencia para preservar la unidad del grupo; resuelven sus desavenencias con licor para sacar los problemas, pero sucede que a veces terminan en un homicidio o en la decisi&oacute;n de ejecutar una venganza y determinar qui&eacute;n debe efectuarla. En las relaciones familiares y extensas el progreso individual est&aacute; mal visto, puede ser motivo de brujer&iacute;a o asesinato. Esto redunda en la mediatizaci&oacute;n, puesto que las ganancias se redistribuyen en las fiestas comunales o mayordom&iacute;as. Adem&aacute;s, los rituales tradicionales pierden paulatinamente su funci&oacute;n por las fuerzas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas desintegradoras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, el cabildo ind&iacute;gena sigue siendo el principio integrador de los poderes tradicional y moderno, protectores de la estructura desigualitaria de la sociedad, en contra del asedio exterior, y de forma simult&aacute;nea mesura las desigualdades a trav&eacute;s de sus instituciones comunitarias, como la mayordom&iacute;a. Entre resistencias y adaptaciones a la cultura dominante, sus instituciones a&uacute;n permanecen, con algunas modificaciones. No desaparecen s&oacute;lo se transforman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El final de la Guerra Fr&iacute;a provoc&oacute; un cambio de paradigma en el mundo. La teorizaci&oacute;n sociol&oacute;gica bajo la influencia del marxismo concentr&oacute; su atenci&oacute;n en el an&aacute;lisis de las clases sociales y sus luchas, pero descuid&oacute; el factor &eacute;tnico. El an&aacute;lisis marxista se alej&oacute; del estudio de la etnicidad y las relaciones &eacute;tnicas, ya que estos temas no entraban en el marco del materialismo hist&oacute;rico. C&eacute;sar se inscribe en la nueva corriente de estos grupos que luchan para obtener reconocimiento e igualdad dentro del marco de un Estado territorial existente, cuyos esfuerzos vienen aparejados con conflictos violentos, inherentes al proceso de formaci&oacute;n de los Estados y de la construcci&oacute;n nacional. El reclamo &eacute;tnico por el reconocimiento y los recursos del Estado se ha convertido en uno de los asuntos m&aacute;s pol&eacute;micos de las luchas pol&iacute;ticas y conflictos civiles en todo el mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vigencia de su obra est&aacute; presente y pasa al futuro como herencia de una &eacute;poca. Ella es indispensable para reflexionar sobre el cambio actual y futuro de la historiograf&iacute;a de la sociedad y la cultura. La teor&iacute;a permanecer&aacute; ante las innovaciones del tiempo. Su trabajo es un cl&aacute;sico de la antropolog&iacute;a social y da testimonio de un hombre valiente, decidido a correr los riesgos de su oficio, de un apasionado en esgrimir sus ideales contra viento y marea.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Una primera experiencia en campo. C&eacute;sar Huerta R&iacute;os, antrop&oacute;logo, etn&oacute;grafo, maestro</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas p&aacute;ginas se elaboraron para participar en este merecido homenaje para nuestro querido maestro C&eacute;sar Huerta R&iacute;os. En retrospectiva, retomo mi experiencia como estudiante de antropolog&iacute;a social y la primera estancia en campo realizada en Minatitl&aacute;n, Veracruz. Lo que aprend&iacute; en el taller de investigaci&oacute;n denominado "Antropolog&iacute;a comparada de la regi&oacute;n nahua&#45;popoluca" hace siempre presentes en mi vida profesional a mis apreciados maestros: Ricardo Melgar Bao y C&eacute;sar Huerta R&iacute;os, quienes hicieron posible con su propuesta acad&eacute;mica el retorno de la antropolog&iacute;a a la ENAH.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>El viaje: "A campo hay que ir ligero"</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salimos de la TAPO una noche de verano, nuestro destino era el Centro Coordinador Indigenista (CCI) en Acayucan, Veracruz. Horas de amena charla hicieron breve el recorrido, dormitando a ratos y despertando para contemplar las embarcaciones en el Puerto de Alvarado, escuchar el bullicio propio del lugar y despu&eacute;s nuevamente el silencio interrumpido por el motor del autob&uacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amanecer nos despert&oacute; entrando a Acayucan: el sol matutino, el aire y los olores del tr&oacute;pico impregnaban los sentidos. Concentrarnos y agudizar la percepci&oacute;n, observar y registrar lo observado, eso nos dijeron los maestros en el aula cuando prepar&aacute;bamos la salida a la pr&aacute;ctica de campo, entre muchas otras lecciones te&oacute;ricas, metodol&oacute;gicas y t&eacute;cnicas que recibimos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inici&aacute;bamos un proceso de investigaci&oacute;n que paulatinamente nos llevar&iacute;a al dominio sobre los procedimientos para obtener informaci&oacute;n primaria: la observaci&oacute;n participante, la entrevista a profundidad, la elaboraci&oacute;n de genealog&iacute;as, entre otros recursos t&eacute;cnicos trabajados en clase.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pisamos tierra acayuquense, recogimos nuestras pertenencias y nos reunimos con los maestros. Entonces, la primera lecci&oacute;n <i>in situ</i> cuando todos vimos acercarse a Edith, cargando una gran mochila sobre su espalda y arrastrando otra mucho m&aacute;s grande que la primera. Todas nos quedamos perplejas y volteamos a mirarnos unas a otras, interrog&aacute;ndonos con la mirada: &iquest;c&oacute;mo iba Edith a llevar todo ese peso hasta su destino? &iquest;Qu&eacute; tanto llevaba y para qu&eacute; lo llevaba? Una voz risue&ntilde;a de acento caribe&ntilde;o interrumpi&oacute; nuestros pensamientos: "&iexcl;Pero qu&eacute; es esto, te trajiste el tocador completo. No, al campo hay que venir ligeros, &iquest;c&oacute;mo vas a aguantar caminando y cargando todo eso?"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A campo hay que ir ligero, s&oacute;lo con lo indispensable. Recuerdo que en una de las sesiones hicimos junto con los maestros una lista de lo que necesit&aacute;bamos llevar a la pr&aacute;ctica: ropa apropiada para la zona calurosa, zapatos c&oacute;modos, instrumentos de trabajo (libretas, bol&iacute;grafos, l&aacute;piz, etc.), chamarra, l&aacute;mpara de mano y vitamina B para alejar a los mosquitos y evitar sus piquetes. Durante el viaje yo observaba a mis maestros, quienes s&oacute;lo llevaban una gorra, un sombrero, una bufanda, una chamarra y una peque&ntilde;a maleta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caminamos hasta donde encontramos un cami&oacute;n de pasajeros que nos llevar&iacute;a hasta el CCI. Durante el recorrido el ritmo y el sabor del tr&oacute;pico se dej&oacute; sentir cuando el ayudante del chofer, un ni&ntilde;o de escasos 11 a&ntilde;os, de tez morena y cabellos ensortijados, afianz&aacute;ndose de la puerta trasera, tom&oacute; el costado del cami&oacute;n como tambor, sac&aacute;ndole un ritmo fabuloso que alegraba el coraz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por fin llegamos al CCI, situado a un costado de la Cervecer&iacute;a Modelo. En las oficinas se encontraba el responsable del centro, un hombre delgado, no muy alto, sonriente y franco, agr&oacute;nomo de profesi&oacute;n. Su apellido refer&iacute;a a su ascendencia italiana, Maqueo. Nos recibi&oacute; con una sonrisa y a los maestros con un fuerte abrazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos instalamos en el lugar que nos asignaron y despu&eacute;s participamos en un recorrido por las instalaciones para ubicar los servicios m&aacute;s indispensables. As&iacute; transcurri&oacute; ese d&iacute;a, adapt&aacute;ndonos al calor y ambient&aacute;ndonos al ritmo de la vida en este lugar del sur de Veracruz.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la noche hubo una reuni&oacute;n de trabajo para determinar la hora de salida a los lugares donde cada una realizar&iacute;a su trabajo de investigaci&oacute;n: Oluta, Santa Rosa, San Fernando, Minatitl&aacute;n, Coatzacoalcos y el Uxpanapan. Al terminar escuchamos la amena pl&aacute;tica de los maestros con los agr&oacute;nomos que trabajaban en el CCI y las historias sobre chaneques y malandrines que el coordinador del centro contaba, conversaciones que nos acercaban a realidades de las que ya ten&iacute;amos un conocimiento a trav&eacute;s de libros como <i>Viaje por el istmo de Tehuantepec</i> de Charles Brasseur &#91;1981&#93; o <i>Etnolog&iacute;a del istmo veracruzano</i> de Guido Munch &#91;1983&#93;, o sobre temas que nos interesaban, como <i>Poder local, poder regional</i> &#91;1988&#93; de Jorge Padua y Alain Vanneph, entre otros textos que fueron lectura obligada durante este semestre que conclu&iacute;a con el trabajo de campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El maestro Huerta nos dec&iacute;a entonces, y enfatiza ahora, que es muy importante contar con "el bagaje te&oacute;rico imprescindible para iniciar la investigaci&oacute;n de campo &#91;...&#93; Iniciar una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica sin una perspectiva te&oacute;rica orientadora indica operar en el empirismo m&aacute;s degradado" &#91;2012: 1 y 5&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa noche iniciamos el registro de datos, ayud&aacute;ndonos &#151;para recordar&#151;de lo registrado en la peque&ntilde;a libreta de notas. Era nuestro primer diario de campo, los primeros registros de muchos m&aacute;s que realizar&iacute;amos en esa primera exploraci&oacute;n en campo y en estancias posteriores. En esa reuni&oacute;n de trabajo revisamos los objetivos propuestos para la pr&aacute;ctica, lo primero era poder encontrar un lugar donde quedarse en la ciudad petrolera de Minatitl&aacute;n. Los agr&oacute;nomos nos hab&iacute;an dicho que era muy dif&iacute;cil encontrar donde hospedarnos all&aacute;, que la gente no era tan hospitalaria como en las comunidades rurales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco a poco empezar&iacute;amos a familiarizarnos con los datos que &iacute;bamos recopilando, paulatinamente los har&iacute;amos nuestros, ir&iacute;amos encontrando sentido a lo redactado, combinando perspicacia e intuici&oacute;n, como propone C&eacute;sar Huerta &#91;2012: 1&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la ma&ntilde;ana siguiente, muy temprano, salimos del CCI. Fuimos a desayunar y despu&eacute;s cada una saldr&iacute;a para su destino. Recibimos las &uacute;ltimas indicaciones de los maestros y nos despedimos de las compa&ntilde;eras que segu&iacute;an su camino con el maestro C&eacute;sar rumbo al Uxpanapa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosa Esp&iacute;ndola, Maribel Nicasio y yo ten&iacute;amos como destino Minatitl&aacute;n, subimos al autob&uacute;s y salimos rumbo a una de las primeras ciudades petroleras del pa&iacute;s. Cosoleacaque fue el umbral hacia una realidad que abr&iacute;a fuertes cuestionamientos sobre el papel de la industria petrolera y petroqu&iacute;mica en la regi&oacute;n, sobre la relaci&oacute;n sociedad&#45;naturaleza&#45;cultura, sobre el deterioro ecol&oacute;gico, las relaciones de poder, la identidad &eacute;tnica, la cosmovisi&oacute;n y las relaciones sociales de producci&oacute;n, entre otros temas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entrando a Cosoleacaque estaba la industria petroqu&iacute;mica y la azufrera, y entre ambas, la colonia Rosalinda, con la aridez de sus calles sin &aacute;rboles ni plantas, un ambiente altamente contaminado, las casas&#45;habitaci&oacute;n vac&iacute;as y abandonadas, en fin, la desolaci&oacute;n. En Minatitl&aacute;n la refiner&iacute;a fue nuestro punto de referencia, hicimos recorridos a su alrededor, anotamos los primeros croquis en la libreta de notas, nombres de calles, puntos clave para ubicarnos y encontrar el regreso a la terminal de autobuses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s fuimos al centro de la ciudad, el malec&oacute;n, el r&iacute;o Coatzacoalcos, y a lo lejos, en la otra ribera del r&iacute;o, la isla Capoac&aacute;n. Las primeras observaciones, los primeros contactos, las conversaciones con la gente, la presentaci&oacute;n con las autoridades civiles, su disponibilidad para orientarnos. Las observaciones de la realidad y su descripci&oacute;n etnogr&aacute;fica nos permitir&iacute;an m&aacute;s adelante, como nos ense&ntilde;&oacute; el maestro C&eacute;sar, entender que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rasgo general de la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica es establecer los nexos e interacciones de los conceptos de la ciencia con la realidad, ya que esta &uacute;ltima tiene diferencias y, por tanto, es contrastada con la esfera conceptual. Es decir, por exacta que pudiera ser la descripci&oacute;n de la realidad, son dos cosas diferentes la realidad y la descripci&oacute;n &#91;...&#93;&#91;Huerta, 2012: 6&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese d&iacute;a, despu&eacute;s de este acercamiento con la realidad y durante el regreso a Acayucan, qued&oacute; claro que ten&iacute;amos que estar ah&iacute;, vivir en el lugar. El reto era lograrlo porque estrat&eacute;gicamente era necesario para realizar de la mejor manera posible nuestro trabajo de investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esfuerzo rindi&oacute; sus frutos, al tercer d&iacute;a contactamos en el autob&uacute;s a don Juan, un se&ntilde;or que viv&iacute;a en Acayucan. Ten&iacute;a su domicilio por el rumbo de la arrocera, donde viv&iacute;a con su mam&aacute;, y &eacute;l nos llev&oacute; con su hermana Teresa, que habitaba con su familia en la colonia Santa Clara; su cu&ntilde;ado era pailero y trabajaba en la petroqu&iacute;mica de Cosoleacaque. El matrimonio ten&iacute;a seis hijos y un perro bravo llamado "lobo"; do&ntilde;a Teresa nos prest&oacute; un cuartito de adobe que hab&iacute;a sido la primera vivienda del matrimonio. Con esta familia y en este barrio compartimos varias estancias de campo, alternando con dos familias zapotecas del istmo que viv&iacute;an muy cerca de la refiner&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varias visitas a don Viriato, cronista de la ciudad, largas entrevistas a obreros jubilados, entre las que podemos destacar la realizada a "La Chiva Negra", un hombre zapoteco de 97 a&ntilde;os, fuerte, con esa fuerza que dan los a&ntilde;os y la experiencia del trabajo rudo, quien nos proporcion&oacute;, al igual que don Viriato, informaci&oacute;n sobre su amplia experiencia como trabajadores petroleros, compartiendo su propia historia de la expropiaci&oacute;n petrolera. Visitas a la secci&oacute;n 10 del sindicato, di&aacute;logos profundos con los trabajadores. Recorridos hasta la Alejandrina, una comunidad que viv&iacute;a sufriendo los estragos de la contaminaci&oacute;n, resultado del llamado "progreso econ&oacute;mico", las tierras totalmente enchapopotadas, el aire, los peces que sacaban del r&iacute;o con olor y sabor a petr&oacute;leo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cruce hasta la isla Capoac&aacute;n nos llevaba a otra realidad, contrastante con lo observado en "Mina", la agricultura y la cr&iacute;a de ganado que era la actividad principal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El malec&oacute;n de Minatitl&aacute;n, otro espacio sociocultural que modificaba su fisonom&iacute;a a lo largo del d&iacute;a: su vocaci&oacute;n comercial se expresaba a muy temprana hora, ya que desde comunidades ubicadas r&iacute;o arriba llegaban personas a comerciar sus productos, ven&iacute;an por el r&iacute;o en sus canoas o en embarcaciones m&aacute;s grandes. Los comerciantes zapotecos llevaban desde el istmo oaxaque&ntilde;o productos que abastec&iacute;an las necesidades de las familias inmigrantes asentadas en Mina. El malec&oacute;n, un mundo de interrelaciones e interacciones sociales, un punto de encuentro significativo para los trabajadores petroleros y para las familias de Minatitl&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pod&iacute;amos observar la calenda que invitaba a la fiesta de alguno de los santos patronos de los pueblos zapotecos. Im&aacute;genes sagradas que acompa&ntilde;aron a las familias en su caminar hasta el istmo veracruzano. Pudimos asistir a m&aacute;s de una fiesta y observar la organizaci&oacute;n social comunitaria que fortalec&iacute;a la identidad zapoteca frente a otras comunidades &eacute;tnicas de Minatitl&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue as&iacute; como nos acercamos a esta realidad compleja y conflictiva de Minatitl&aacute;n y comunidades aleda&ntilde;as, siempre teniendo presentes las lecciones de nuestros maestros y comprendiendo que, como nos dice C&eacute;sar Huerta &#91;2012&#93;, el trabajo de campo es un proceso din&aacute;mico y creativo que nos permite pasar de una fase de continuo progreso: en la que se identifican temas, se desarrollan conceptos y proposiciones, a un segundo momento en el que podemos atar cabos y compenetrarnos en un conjunto de datos de acuerdo con el contexto general en que est&aacute;n situados. Se ubican indicadores y con base en ellos se ordenan los datos, se clasifican y se organizan por cap&iacute;tulos, para finalmente llegar a la comprensi&oacute;n del problema central de estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, como jefa de carrera de la Licenciatura en Antropolog&iacute;a Social, he visto el inter&eacute;s del maestro en la formaci&oacute;n de los estudiantes, su insistencia en expresar en cada reuni&oacute;n de academia la necesidad de un trabajo de campo sistem&aacute;tico, disciplinado, orientado siempre hacia una perspectiva te&oacute;rica que permita superar cualquier tipo de empirismo. Tambi&eacute;n he sido testigo de su fortaleza, de esa fuerza de voluntad que lo caracteriza y que le ha permitido vencer el paso de los a&ntilde;os para seguir compartiendo con nosotros sus conocimientos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas p&aacute;ginas que he compartido con ustedes trataron de ilustrar la labor realizada por nuestros maestros, que nos han hecho aprender porque nos han ense&ntilde;ado con profesionalismo y que son ejemplo para las nuevas generaciones de antrop&oacute;logos. En especial agradezco a nuestro homenajeado por el trabajo de estas d&eacute;cadas, por su vida dedicada a la docencia y la investigaci&oacute;n. Su nombre contiene dos elementos esenciales que se renuevan sin cesar: la huerta que ha dado frutos y el r&iacute;o pleno de vida; tierra y agua como s&iacute;mbolos de una vida productiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino retomando una frase del maestro: "Al campo hay que ir ligeros y regresar llenos de datos".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Huerta R&iacute;os, C&eacute;sar</b> 2012 <i>La construcci&oacute;n de conocimientos antropol&oacute;gicos en la teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del trabajo de campo,</i> ponencia presentada en el I Coloquio Internacional: La Antropolog&iacute;a Social en el Siglo XXI, Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, octubre.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>C&eacute;sar Huerta y el an&aacute;lisis gen&eacute;tico funcional del sistema de cargos</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conoc&iacute; a C&eacute;sar Huerta en una noche de 1982, en un departamento del tercer piso de una de las torres de Tlatelolco: La Revoluci&oacute;n de 1910, si mi memoria no me falla. Yo era amigo y compa&ntilde;ero de generaci&oacute;n de Rosario Cervantes, esposa de Te&oacute;filo Reyes Couturier, antrop&oacute;logo adscrito a la DEAS del INAH. Esa vez yo hab&iacute;a llegado tarde a la reuni&oacute;n. Se escuchaba, al llegar, m&uacute;sica huasteca veracruzana y yo, entonces fan&aacute;tico de la m&uacute;sica folcl&oacute;rica mexicana, bail&eacute; algo de huapango con Rosario porque, al poco tiempo de mi llegada, cambiaron la m&uacute;sica. C&eacute;sar invit&oacute; a bailar a una mujer joven &#151;cuyo nombre desconozco hasta hoy&#151;. C&eacute;sar, a quien yo no conoc&iacute;a, tom&oacute; por la cintura a su compa&ntilde;era de baile y dispuso su mano izquierda para que ella apoyara su derecha; &eacute;l levant&oacute; su rostro y la condujo a lo largo de los compases de un son cubano... La vena paname&ntilde;a sali&oacute; a relucir. Era un buen bailador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar beb&iacute;a ron con agua mineral y era, desde que lo conoc&iacute;, un excelente conversador; al calor de las copas su afabilidad, cultura antropol&oacute;gica y genio intelectual salieron a flote y parec&iacute;a ir <i>in crescendo.</i> Yo lo admir&eacute; desde esa noche en la que se li&oacute; en una discusi&oacute;n sobre estructura y organizaci&oacute;n social, salpicada de una c&aacute;tedra sobre marxismo funcional con la que destroz&oacute; a quienes pretendieron opon&eacute;rsele. Yo, reci&eacute;n llegado a las aulas de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (ENAH), guard&eacute; prudente silencio y m&aacute;s tarde me enter&eacute; de que era profesor de la escuela y de la licenciatura en la que estaba inscrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tiempo m&aacute;s tarde fui su alumno en la materia de antropolog&iacute;a econ&oacute;mica. Acud&iacute; poco a sus clases por un cambio de horarios que incompatibilizaba mi trabajo con la materia de C&eacute;sar. Habl&eacute; con &eacute;l sobre esa circunstancia y puso en mis manos la bibliograf&iacute;a del curso y me dijo algo as&iacute; como, "Ven a clase cuando puedas y lee esos libros para el examen". Arriesgando mi trabajo acud&iacute; a cuantas clases como pude y me present&eacute; a la evaluaci&oacute;n luego de haber tapizado durante semanas mi departamento con grandes l&aacute;minas con citas, esquemas, diagramas y cuanto recurso se me ocurri&oacute; para reforzar lo que consideraba importante de los libros que hab&iacute;a que leer. Godelier y Kelle&#45;Kovalzon estaban grabados en casetes que escuchaba mientras me transportaba en metro de la escuela al trabajo y del trabajo a casa. Tal era la fama de C&eacute;sar: se dec&iacute;a &#151;a inicios de los ochenta&#151;que nadie pod&iacute;a obtener m&aacute;s de ocho con &eacute;l (aunque se sab&iacute;a que alguien hab&iacute;a podido arrancarle un nueve). Me present&eacute; al examen. Obtuve un ocho. Mi amiga Rosario le pregunt&oacute; por m&iacute; y C&eacute;sar le dijo algo as&iacute; como, "Hilario merec&iacute;a un nueve o diez, pero casi nunca vino a clase". Yo sonre&iacute; satisfecho cuando lo supe. Ahora le regreso el recuerdo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando alumno y amigo de sus amigos me apoder&eacute; de algunas de sus an&eacute;cdotas y de la admiraci&oacute;n y respeto de quienes le rodeaban. En una &eacute;poca en la que no exist&iacute;an los Proyectos de Investigaci&oacute;n Formativa y s&oacute;lo hab&iacute;a algo as&iacute; como unos talleres de investigaci&oacute;n, la insistencia de C&eacute;sar en que los estudiantes hicieran trabajo de campo era proverbial. La frase era "El diario de campo debe registrar todo lo que ocurri&oacute; durante el d&iacute;a, desde el primer pupilazo hasta poner punto final a la redacci&oacute;n" del diario sobre el acontecer del investigador en la "comunidad"; insist&iacute;a en el choque cultural y no pocos estudiantes se quejaban de que los dejase a bordo de carretera para que se fueran solos con su alma al poblado que se sab&iacute;a deb&iacute;a existir s&oacute;lo porque all&iacute; estaba, enfrente del estudiante, un camino de terracer&iacute;a. C&eacute;sar, a momentos, parec&iacute;a m&aacute;s un uranita que un docente de la ENAH.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s tarde regres&eacute; a la ENAH en calidad de profesor y luego como investigador. Entonces vinieron los distanciamientos, distanciamientos dolorosos porque, siempre lo dije, en p&uacute;blico y en privado: son pocas las personas a las que trato, respeto, admiro y quiero, y C&eacute;sar es uno de ellos. De hecho, en la medida que pude, segu&iacute; a C&eacute;sar en los espacios donde disertaba y me encantaba escucharlo expresar su enorme preocupaci&oacute;n por la antropolog&iacute;a en la ENAH, una preocupaci&oacute;n compartida que nos ha influido hasta el extremo de acentuar el trabajo de campo como una pr&aacute;ctica indispensable para el trabajo etnol&oacute;gico&#45;antropol&oacute;gico. Por supuesto, es singular de &eacute;l, tambi&eacute;n, ser uno de los pocos antrop&oacute;logos que entienden la diferencia entre etnograf&iacute;a, etnolog&iacute;a y antropolog&iacute;a... &eacute;l es el &uacute;nico que pas&oacute; meses con un subsidio institucional para leer a Kant y, entre otras cosas, el &uacute;nico profesor de la licenciatura que, en 1980 para ser precisos, obtuvo el Premio Nacional Julio de la Fuente. En plan de un completo espaldarazo, agrego que es el &uacute;nico te&oacute;rico con que cuenta la licenciatura de antropolog&iacute;a social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goc&eacute; de su amistad por algunos a&ntilde;os, pero algo se atraves&oacute; en el camino; sin embargo, acud&iacute; a muchos eventos en los que dict&oacute; conferencias o present&oacute; ponencias. Siempre aprend&iacute; algo, por ejemplo, a quedarme callado, porque algunas veces lo entend&iacute;a poco y algunas otras su nivel te&oacute;rico era tan alto que resultaba inasible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando iniciaron los distanciamientos yo empezaba a dar un viraje desde los estudios sobre anarquismo a los de religiosidad popular, y en particular a los de sistemas de cargos. Aun en la distancia segu&iacute;a a C&eacute;sar dependiendo de mis posibilidades y con mis desacuerdos, que empezaron a surgir a medida que profundizaba en la antropolog&iacute;a pol&iacute;tica y que los datos emp&iacute;ricos analizados me indicaban, en cierta forma, el derrotero reflexivo. C&eacute;sar empez&oacute; a hacerse m&aacute;s grande cuando dej&oacute; de ser un profesor admirado para convertirse en el punto de partida para la reflexi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar me ocurri&oacute; lo que a muchos cuando asistimos a congresos o a eventos de extensi&oacute;n acad&eacute;mica. Mis datos emp&iacute;ricos empezaban a bailar un rigod&oacute;n al son de la m&uacute;sica de la disertaci&oacute;n huertista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En m&uacute;ltiples ocasiones, C&eacute;sar hab&iacute;a alabado el excelente trabajo de Frank Cancian en torno a los sistemas de cargos en tanto funcionalista, pero criticaba los trabajos de tesis de orden funcionalista por su escasa consistencia; recuerdo que entonces propon&iacute;a, como ahora, que la licenciatura deb&iacute;a abrazar s&oacute;lo una teor&iacute;a: el funcional&#45;estructuralismo. Huerta sosten&iacute;a, siempre, que la religiosidad popular no era sino una pr&aacute;ctica social objetiva cuyo contenido no pod&iacute;a ser otra cosa sino la expresi&oacute;n de las relaciones sociales de la propia estructura social del grupo que la realiza. Terrible problema porque el orden categorial que utilizaba Huerta estaba perfectamente instalado en el dispositivo te&oacute;rico que le daba sentido tanto a los datos emp&iacute;ricos &#151;a los que escasamente alud&iacute;a&#151; como al proceso epistemol&oacute;gico descrito al referirse a la instituci&oacute;n. Mientras mal lo entend&iacute;a, escasamente pod&iacute;a vislumbrar la enorme importancia de un acucioso estudio sobre la tenencia de la tierra, que muchas veces yo confund&iacute;a, cuando estudiante, con relaciones de propiedad en relaci&oacute;n con el objeto de producci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s tarde, y deber&iacute;a decir que demasiado tarde, cuando ya estaba de lleno en los estudios sobre sistemas de cargos que &eacute;l llamaba "sistema", en singular, cay&oacute; en mis manos un art&iacute;culo aparecido en el n&uacute;mero 30 del <i>Bolet&iacute;n de Antropolog&iacute;a Americana</i> de diciembre de 1994; su t&iacute;tulo, "An&aacute;lisis gen&eacute;tico&#45;funcional del sistema de cargos en una etnia en transformaci&oacute;n". Cuando empec&eacute; a leerlo me pareci&oacute; releer algunas ideas que ya hab&iacute;a esbozado en su tesis sobre los triquis. El art&iacute;culo, sin embargo, me pareci&oacute; de una calidad por encima de su tesis, cuyo nivel etnogr&aacute;fico era de muy buena manufactura. Sobre este material quiero hablar un poco porque las tesis que he revisado en torno a los sistemas de cargos parecen darle la vuelta: C&eacute;sar es escasamente citado y eso tiene que ver con el grado de dificultad que el material entra&ntilde;a... y no sin falta de raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar propone, congruentemente con lo que predica, que el trabajo de campo es el punto de partida de la investigaci&oacute;n, aunque siempre ha reconocido que la formaci&oacute;n te&oacute;rico&#45;antropol&oacute;gico&#45;filos&oacute;fica&#45;l&oacute;gico&#45;argumentativa debe estar perfectamente dispuesta y conformada, y muy bien cimentada en el investigador antes de salir al campo... como le ocurri&oacute; a Malinowski y a cualquiera otro de las m&aacute;s rancias escuelas de econom&iacute;a y antropolog&iacute;a inglesas. La raz&oacute;n es sencilla. La descripci&oacute;n de las estructuras sociales no puede suceder sino anteceder al trabajo antropol&oacute;gico; en otra dimensi&oacute;n, no se puede hacer trabajo antropol&oacute;gico sin datos etnogr&aacute;ficos. Pero la manera de proceder de C&eacute;sar no se agota all&iacute;, como le ocurre a muchos de nuestros tesistas que son incapaces de dar el salto (quiz&aacute; debiera incluirme yo tambi&eacute;n). &iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&eacute;sar propone que al nivel descriptivo le debe suceder &#151;u ocurrir simult&aacute;neamente&#151; la explicaci&oacute;n de dos subestructuras: la gen&eacute;tica y la funcional, que se obtienen a partir de descomponer anal&iacute;ticamente la estructura... y a eso agrega que luego de hacer esa desarticulaci&oacute;n anal&iacute;tica del rompecabezas &eacute;ste debe ser recompuesto del todo. &iexcl;S&aacute;lvese quien pueda! En otras palabras, se trata de trabajar en dos niveles: el descriptivo y el te&oacute;rico o explicativo, como &eacute;l llama a esta faceta del trabajo antropol&oacute;gico, por supuesto. Pero la forma de entender el an&aacute;lisis gen&eacute;tico funcional de C&eacute;sar no termina aqu&iacute;, lo que viene puede ser m&aacute;s complicado si no se entiende lo anterior. Dice que se trata, en el an&aacute;lisis funcional, de colocar todas las bater&iacute;as en la forma en que un sistema se comporta, pero hay que verlo como un sistema todo en funcionamiento, haciendo caso omiso de cada unidad funcional; pero se trata de una argucia metodol&oacute;gica, porque cada unidad funcional omitida para ver el todo, luego debe ser retomada, porque de lo contrario ser&iacute;a imposible ver la "totalidad funcional" que es el sistema. No se trata de un juego de palabras, sino de toda una propuesta te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gica. Si nosotros mir&aacute;semos a Cancian o al propio Parsons, podr&iacute;amos ver que Huerta no coincide ni con uno ni con otro (si lo deseamos podemos agregar a Malinowski, y el juicio es el mismo).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poder entender a C&eacute;sar habr&iacute;a que conocer la distancia entre las categor&iacute;as "esencia" y "fen&oacute;meno", y saber manejarlas como herramientas anal&iacute;ticas; si no, estamos perdidos. En efecto, y aqu&iacute; voy a retomar el sistema de cargos, como le llama Huerta. El sistema no es una estructura en s&iacute;; simplemente es un epifen&oacute;meno. Si se tratase de un sistema en s&iacute;, bastar&iacute;a con describirlo y la mitad de la tarea estar&iacute;a realizada; pero ocurre que el sistema envuelve y en su aspecto fenom&eacute;nico (fiestas, misas, cohetes, sistemas normativos, comidas, etc.) oculta los sistemas de las estructuras a las cuales obedece, por ejemplo el sistema de roles y las relaciones sociales en las que se encuentra imbricado. En efecto, al ver al sistema de cargos en movimiento, lo que nosotros no vemos es la forma en que los roles y las formas de tenencia de la tierra se proyectan; tampoco podemos ver el nivel de desarrollo socioecon&oacute;mico de los seres humanos concretos que aparecen en las procesiones, como mayordomos, etc. Sin embargo, para el an&aacute;lisis debemos tener la descripci&oacute;n y el an&aacute;lisis del sistema de roles, as&iacute; como de la tenencia de la tierra y del proceso productivo..., la estructura econ&oacute;mica, pues, a la que atiende el propio sistema de roles. S&oacute;lo as&iacute; es posible entrever la funci&oacute;n que le es inherente al sistema de cargos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podremos no estar de acuerdo con su idea de que el sistema de cargos cumple una funci&oacute;n niveladora. C&eacute;sar, en este caso, ser&iacute;a partidario de aquellos investigadores que s&oacute;lo ven un rostro de las funciones que cumple la instituci&oacute;n... y aqu&iacute; voy a aplicar algo que aprend&iacute; escuch&aacute;ndolo: el entramado de las relaciones sociales que dan soporte al sistema se encuentra en el conjunto de las relaciones sociales que sirven de base objetiva a esa forma de expresi&oacute;n superestructural, y cuando uno revisa el sistema de roles que son convocados para el despliegue del funcionamiento de la instituci&oacute;n, se encuentra con que la funci&oacute;n de nivelaci&oacute;n aparece como la m&aacute;s obvia y atractiva; pero un poco m&aacute;s abajo, como en las capas de una cebolla, lo que encontramos son otras relaciones que tambi&eacute;n se encuentran en el sistema de roles, por ejemplo, las relaciones de concentraci&oacute;n&#45;redistribuci&oacute;n, y las de cooperaci&oacute;n, por citar algunas. Si atendi&eacute;semos a ellas, por ejemplo, aparecer&iacute;a otra funci&oacute;n t&aacute;cita, la de redistribuci&oacute;n, que no ocasiona, necesariamente, la nivelaci&oacute;n, sino lo contrario, toda vez que los procesos de acumulaci&oacute;n pueden ser coexistentes con los de explotaci&oacute;n&#45;acumulaci&oacute;n; por ende, puede aparecer, as&iacute;, con una funci&oacute;n m&aacute;s de orden epifenom&eacute;nico: la de consolidaci&oacute;n de las desigualdades sociales que, de hecho, existen en toda sociedad que conserve a&uacute;n los sistemas de cargos para la organizaci&oacute;n del ceremonial o para el propio gobierno local. Pero voy a regresar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace tiempo traduje un art&iacute;culo de James Dow para su publicaci&oacute;n en la revista <i>Cuicuilco</i>. El art&iacute;culo, escrito hace m&aacute;s de una d&eacute;cada, plantea que los sistemas de cargos se modifican merced a las presiones de la sociedad mayor que las contiene, y privilegia las causales de orden pol&iacute;tico a las de orden socioecon&oacute;mico. C&eacute;sar, tambi&eacute;n una d&eacute;cada atr&aacute;s, ya hab&iacute;a planteado que las presiones, pero de orden econ&oacute;mico, eran las que hab&iacute;an modificado al propio sistema que fue utilizado durante la segunda mitad del siglo XX como el instrumento de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica de la sociedad ind&iacute;gena. Por supuesto, la propuesta de Huerta propon&iacute;a una alternativa de an&aacute;lisis funcional que tomaba como base la evidencia de las refuncionalizaciones del sistema como la estrategia de respuesta ante la ruptura de la columna vertebral que articulaba a la sociedad ind&iacute;gena con el mercado nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el orden del an&aacute;lisis gen&eacute;tico, que no en el del m&eacute;todo dial&eacute;ctico, como aclara tajantemente, C&eacute;sar propone elevarse al nivel explicativo y dejar finiquitada la descripci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; es lo que hay que explicar? Hay que explicar "las caracter&iacute;sticas de una estructura de relaciones" &iquest;C&oacute;mo? Mediante el an&aacute;lisis de su g&eacute;nesis. Se trata del an&aacute;lisis del orden de la sucesi&oacute;n funcional porque mediante &eacute;l es posible &#151;y subrayo, <i>es posible</i>&#151; observar el desarrollo de los elementos de la estructura en el pasado y la forma en que accionan en el presente. Esto parece sencillo, sin embargo, no lo es.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que vemos emp&iacute;ricamente del sistema no es su funcionamiento en el pasado, aunque s&iacute; tenemos la posibilidad de capturarlo en el presente en tanto su funcionamiento actual. Mediante esta posibilidad real podemos observar algunas de sus partes y la manera en que interact&uacute;an para, despu&eacute;s, atender a la forma en que se construy&oacute; el mecanismo de la estructura de cargos y c&oacute;mo esa estructura se ha desarrollado en las sucesivas modificaciones de sus elementos. Se trata, en suma, de atender los elementos esenciales que determinan la din&aacute;mica del sistema o, dicho de otra forma, de las contradicciones, porque al encontrarse en el centro motor de las condiciones objetivas de la sociedad, no puede desatenderse el an&aacute;lisis de la esencia en aras de los fen&oacute;menos; y es curioso, porque en el an&aacute;lisis funcional del proceso de rotaci&oacute;n del sistema, que nos deja clara la manera en que parece reproducirse cierto orden, es casi imposible apreciar m&aacute;s all&aacute; de la funcionalidad del mismo. El resultado es que, si se emprende &eacute;ste, como casi siempre ocurre en el proceso de investigaci&oacute;n funcionalista, nos quedamos invariablemente en la superficie, en las formas, en los fen&oacute;menos. Si lo otro, es decir, el sistema en movimiento, no se atiende el an&aacute;lisis gen&eacute;tico, y, por ejemplo, ser&aacute; materialmente imposible acceder a los elementos que inciden en su dinamicidad en el tiempo y tampoco se podr&aacute; acceder a las causales internas de la transformaci&oacute;n del sistema y las nuevas razones a que obedece su nuevo estadio y forma, siendo as&iacute; imposibe realizar el tejido entre lo meramente descriptivo y lo anal&iacute;tico; y, por &uacute;ltimo, no habr&aacute; posibilidad de explicar sus nuevas funciones, sus nuevas relaciones, su nuevo car&aacute;cter, su nueva din&aacute;mica o sus nuevas p&eacute;rdidas o reacomodos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pareciera ser que all&iacute; termina todo, sin embargo, C&eacute;sar entiende que un sistema, como el conjunto de relaciones objetivas que le dan soporte, no se encuentra ensimismado en su mismidad (perm&iacute;taseme la libertad de adjudicarle una expresi&oacute;n en su lib&eacute;rrima acepci&oacute;n), sino que est&aacute; inmerso en un rico tejido de relaciones con el exterior, lo que necesariamente crea tensiones (C&eacute;sar nunca us&oacute; la palabra "tensiones", y s&iacute; hablaba de "contradicciones", aclaro). La comprensi&oacute;n de la din&aacute;mica de la reproducci&oacute;n del sistema capitalista de la sociedad mayor que contiene a la sociedad rural no puede permanecer ajena al an&aacute;lisis gen&eacute;tico ni al funcional, sino que tiene que ser contemplada como manera de descubrir las contradicciones que &eacute;l llama "externas" para someter a explicaci&oacute;n ulterior la forma en que funcionalmente se articula la sociedad rural con la din&aacute;mica capitalista y el car&aacute;cter que revisten, en su nuevo estadio, las relaciones inherentes a las estructuras y las subestructuras. Es claro que el viejo tejido social sufre transformaciones y se adecua a las nuevas condiciones, lo sabemos en el plano te&oacute;rico; sin embargo, pretender que todo cambia es dar la espalda a la realidad y pretender que del viejo tejido no se arrastran sedimentos, vestigios que se acomodan, refuncionalizados, a las nuevas estructuras.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Historia de vida</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nac&iacute; en Chitr&eacute; el 25 de diciembre de 1926, a 250 km de la capital de la Rep&uacute;blica de Panam&aacute;. Mi padre fue abogado, don Jos&eacute; Mar&iacute;a Huerta Ram&iacute;rez, lo recuerdo siempre leyendo publicaciones de su oficio y la atenci&oacute;n personal que le daba a sus clientes. Lleg&oacute; a ser magistrado de la Corte Suprema en el segundo distrito judicial de Penonom&eacute;. Mi madre, Carmela R&iacute;os Henr&iacute;quez, era descendiente de jud&iacute;os sefarditas, cuya madre, con sus padres, vino exiliada por el rey de Espa&ntilde;a en 1858, como a los seis a&ntilde;os de edad. Mi madre fue ama de casa, recuerdo que era afectuosa y trabajadora, siempre estaba al d&iacute;a de los asuntos legales de su marido. Fui el tercero de cinco hermanos varones. Siempre me gust&oacute; vestir apropiadamente, me compraba zapatos Florsheim, camisas Arrow y zapatillas deportivas Batta importadas de Checoslovaquia, ya que mi padre ten&iacute;a una posici&oacute;n econ&oacute;mica holgada. Jugu&eacute; beisbol como pitcher y fui corredor de los cien metros. Soy casado desde 1961 con Esther Kuri Santoyo, originaria de Juchipila, Zacatecas, y licenciada en relaciones internacionales. Nos conocimos siendo simpatizantes del Partido Comunista. Tuvimos dos hijos varones y una nieta.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Desde la infancia</i></b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recuerdo a mi maestra de k&iacute;nder. En la educaci&oacute;n primaria, en el quinto y sexto a&ntilde;os, fui el primer lugar. Cuando estaba en quinto de primaria estaba muy fuerte la Guerra Civil espa&ntilde;ola, el sacerdote del pueblo era franquis y, en consecuencia, su actividad pol&iacute;tica era de derecha. Mi padre perteneci&oacute; a la oligarqu&iacute;a provinciana, era del partido conservador de derecha. Recuerdo mucho los ensayos del argentino Eduardo Mallea, los de izquierda le llamaban "Maullea", como met&aacute;fora de gato. Escribi&oacute; <i>Historia de una pasi&oacute;n argentina</i> y <i>La cultura invisible,</i> donde hablaba de la personalidad pedante de los bonaerenses, all&aacute; por 1936. Era originario de Bah&iacute;a Blanca, Argentina, un puerto granero muy importante. Le&iacute;a la obra de Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada, <i>Radiograf&iacute;a de la pampa</i>, donde se quejaba de que las mujeres trabajaran en oficinas. Despu&eacute;s, en mi infancia y juventud, tuve gran influencia de las revistas y obras argentinas, por ejemplo, mi padre le&iacute;a la revista argentina <i>Leoplan</i> y yo la revista <i>Billiquen</i> y <i>Bohemia,</i> esta &uacute;ltima cubana y simpatizante de los republicanos espa&ntilde;oles; lo que no entend&iacute;a me lo explicaba mi padre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la revista <i>Billiquen,</i> ilustrada con dibujos para ni&ntilde;os, segu&iacute; con inter&eacute;s una excursi&oacute;n para visitar a los indios ranqueles que viv&iacute;an en los l&iacute;mites del desierto argentino. Su autor fue el coronel Lucio Mancilla, a quien le toc&oacute; apaciguarlos y convencerlos para que aceptaran un convenio con el Estado argentino. Lo mand&oacute; el presidente Sarmiento; Mancilla fue sobrino del dictador Rosas. Para esto ya estaba en sexto de primaria. Como a los 12 a&ntilde;os me interes&oacute; saber qu&eacute; ciencia era la encargada de hacer esos trabajos y me dijeron que era la sociolog&iacute;a. Esa lectura marc&oacute; el sino de mi vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los 13 a&ntilde;os ingres&eacute; a la secundaria en la capital y me dej&oacute; de interesar ser de los primeros lugares. Viv&iacute; en una pensi&oacute;n, si es que as&iacute; pod&iacute;a llam&aacute;rsele. Los compa&ntilde;eros me escond&iacute;an los libros para irnos al cine, y faltar a las clases me "paveaba", como decimos en Panam&aacute;, tambi&eacute;n por vagabundear y no asistir a la escuela, igual que todos mis amigos. Me interes&oacute; m&aacute;s mi medio social que los estudios y mi mam&aacute; se decepcion&oacute; de mi actitud. Siempre fui un estudiante medio, nunca tom&eacute; notas, s&oacute;lo estudiaba la bibliograf&iacute;a recomendada por los maestros, lo que me ocasion&oacute; tener calificaciones regulares, pero siempre conserv&eacute; la capacidad de retentiva en la mente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1940, que me fui a la secundaria, me sorprend&iacute; de la riqueza &eacute;tnica, de los colores de los habitantes de la ciudad de Panam&aacute;. Tuve compa&ntilde;eros hijos de jamaicanos o barbadenses que eran discriminados racial y culturalmente porque no hablaban bien el castellano, su idioma materno era el ingl&eacute;s. Los ve&iacute;an con menosprecio. Ahora esto ya no sucede, todos hablan muy bien el espa&ntilde;ol. La oligarqu&iacute;a paname&ntilde;a se alegr&oacute; mucho con el &eacute;xodo de 30 000 descendientes de angl&oacute;fonos a Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, despu&eacute;s de los a&ntilde;os sesenta. El costo de esta migraci&oacute;n lo pagaron los paname&ntilde;os que eran biling&uuml;es y ten&iacute;an alguna preparaci&oacute;n. Tambi&eacute;n tuve conocidos y amigos negros y mostraban un car&aacute;cter muy simp&aacute;tico. Panam&aacute; sigue siendo una encrucijada de razas, culturas y religiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s fui a estudiar el bachillerato al Liceo del Instituto Nacional de Panam&aacute;, los maestros eran muy exigentes por la influencia de la educaci&oacute;n francesa. Los constructores franceses del canal introdujeron este tipo de formaci&oacute;n educativa. En este tiempo le&iacute;a la revista <i>Bohemia</i> de la Rep&uacute;blica de Cuba. Fue cuando Petain, el h&eacute;roe de Verd&uacute;n, en 1940, se entreg&oacute; a Alemania por temor a que destruyeran Par&iacute;s. Ah&iacute; naci&oacute; el dicho: cay&oacute; la Francia por su mal gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 1&deg; de septiembre de 1939 inici&oacute; la Segunda Guerra Mundial, tuvo efectos impresionantes en el canal de Panam&aacute;, a mediod&iacute;a pasaban los barcos con miles de cad&aacute;veres en hielo, se deshielaban por el sol y produc&iacute;an una gran hedentina. Esos barcos ven&iacute;an de las islas del Pac&iacute;fico hacia el Atl&aacute;ntico, por el lado estadounidense, y de vuelta los del Atl&aacute;ntico para las costas del Pac&iacute;fico estadounidense. A mediados de los cuarenta estaba participando en la Asociaci&oacute;n de Organizaciones Sociales, el Comit&eacute; pro Rusia y Amigos de Rusia. Un condisc&iacute;pulo me prest&oacute; un libro de biolog&iacute;a, del bi&oacute;logo marxista franc&eacute;s Marcel Prenant, fue el primero que le&iacute; de esta l&iacute;nea cient&iacute;fica. A partir de esa lectura suprim&iacute; mi vinculaci&oacute;n te&oacute;rica con el <i>aprismo,</i> igual que todo el grupo de simpatizantes socialistas, me cre&iacute; marxista por estar leyendo un folletito.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>El viaje y mi llegada a M&eacute;xico</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la crisis econ&oacute;mica de la posguerra en Panam&aacute; se acabaron los trabajos de fortificaci&oacute;n del canal. El desempleo fue masivo. Quer&iacute;a ir a la Argentina para estudiar sociolog&iacute;a. Sin embargo, part&iacute; para El Salvador, nueve meses, donde me entrevist&eacute; con otros simpatizantes del movimiento socialista, consegu&iacute; algo de dinero para irme a Guatemala, precisamente cuando cay&oacute; Arbenz, el presidente de izquierda, raz&oacute;n por la que part&iacute; en ferrocarril a la frontera con M&eacute;xico. Peligraba mi vida, los agentes de la dictadura me dieron 45 horas para salir del pa&iacute;s. Sal&iacute; huyendo con lo poco que ten&iacute;a hacia M&eacute;xico, en la aduana de Guatemala exig&iacute;an poner a la vista 100 d&oacute;lares para pasar al lado mexicano y yo s&oacute;lo ten&iacute;a 26.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un amigo peruano que conoc&iacute; afuera de la oficina de migraci&oacute;n me prest&oacute; los cien d&oacute;lares para mostrarlos, luego se los devolv&iacute; y seguimos viajando juntos. Nuevamente, en el tren que nos transportaba para Veracruz, los inspectores me exigieron mostrar los cien d&oacute;lares, s&oacute;lo me quedaban 24, un amigo, due&ntilde;o de una peque&ntilde;a tienda que hab&iacute;a conocido en Guatemala, me dio dos cheques, uno de 1 600 y otro de 1 200. Obviamente no ten&iacute;an fondos, pero gracias a eso no me echaron, los mostr&eacute; y me dejaron, pero a mi amigo peruano, el que antes me hab&iacute;a prestado los cien d&oacute;lares, como ya los hab&iacute;a descompletado, ah&iacute; lo bajaron del tren y ah&iacute; nos apartamos. &Eacute;l me pidi&oacute; que me bajara, pero &eacute;l estaba de aventura, de vacaciones, y yo no pod&iacute;a darme ese lujo. Llegu&eacute; a Tapachula, Chiapas, y ah&iacute; conoc&iacute; por primera vez a los mariachis.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el viaje en el ferrocarril centroamericano para Veracruz se sent&oacute; junto a m&iacute; un joven como cinco a&ntilde;os menor que yo. Me dijo: "T&uacute; eres C&eacute;sar Huerta R&iacute;os, paname&ntilde;o, estudiaste en el Liceo del Instituto Nacional de Panam&aacute;". Me dio santo y se&ntilde;a de mis actividades en El Salvador, pens&eacute; que era un agente del FBI. Entr&eacute; en p&aacute;nico, pero result&oacute; ser que era hermano menor de mi amigo el activista. Era estudiante de la preparatoria y, mientras estudiaba, lleg&oacute; a escuchar las conversaciones de su hermano mayor conmigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el puerto de Veracruz las personas que conoc&iacute; simpatizaron mucho conmigo por el acento paname&ntilde;o muy semejante al porte&ntilde;o. Fue un lugar maravilloso de calidez humana, con el mayor sabor de todos los estados de la Rep&uacute;blica mexicana. En el viaje al Distrito Federal me preguntaba: &iquest;c&oacute;mo ser&aacute; M&eacute;xico, ser&aacute; parecido a las ciudades que conozco? Me instal&eacute; en un lugar cercano al z&oacute;calo, fui a desayunar y en forma intempestiva, al estilo paname&ntilde;o, le pregunt&eacute; a un joven por un <i>restauran</i> y me respondi&oacute;: "&iquest;Mande usted?" Me di cuenta que ten&iacute;a que guardar la compostura, ya que nosotros somos m&aacute;s informales. Sorprendido me preguntaba: &iquest;qu&eacute; clase de civilizaci&oacute;n es &eacute;sta? La ciudad ten&iacute;a en ese entonces cuatro millones de habitantes, con una cultura similar, pero diferente a las del Caribe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegu&eacute; a M&eacute;xico el 26 de agosto de 1954, de 25 a&ntilde;os. Aqu&iacute; comenz&oacute; mi cruz al tratar de conseguir trabajo. Vend&iacute;a seguros. Estaba atra&iacute;do por el entusiasmo art&iacute;stico e intelectual, por la expropiaci&oacute;n petrolera y el reparto agrario de 17 millones de hect&aacute;reas a los campesinos 15 a&ntilde;os antes. Todav&iacute;a hab&iacute;a un gran optimismo por la producci&oacute;n agr&iacute;cola, las inversiones extranjeras y algo de impulso nacionalista, amplio y no estrecho, manifestado en las artes pict&oacute;ricas y escult&oacute;ricas, el teatro, la danza moderna y la vida universitaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conoc&iacute; a un veracruzano que trabajaba en el negocio de los calendarios, que ofrec&iacute;a a las empresas. Mucho se impacientaba conmigo por mi acento, me puso a practicar para hablar como chilango. Despu&eacute;s de algunos d&iacute;as le pregunt&eacute; c&oacute;mo hablaba y me dijo: magn&iacute;fico s&oacute;lo que te sale con acento japon&eacute;s. Un d&iacute;a despu&eacute;s un paisano abogado me consigui&oacute; un trabajo de corrector de estilo en una editorial de prestigio. En 1955 recib&iacute; la noticia de que Rem&oacute;n Cantera, el jefe de la polic&iacute;a de Panam&aacute;, habr&aacute; muerto acribillado a balazos en el hip&oacute;dromo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una ocasi&oacute;n vino de Panam&aacute; mi hermano Beto, el pintor, a visitarme, y caminando por la calle vimos a una mujer muy agraciada y le dije: &iquest;Qu&eacute; te parece?, a lo que &eacute;l me contest&oacute;: "A ti te gusta la belleza ordinaria". Despu&eacute;s nos fuimos a los toros de la plaza monumental M&eacute;xico, porque le gustaban mucho. Me dec&iacute;a: "Los mexicanos hablan en voz baja, &iquest;no ser&aacute;n hip&oacute;critas?" Nosotros los paname&ntilde;os hablamos en voz alta y tenemos un trato directo y familiar sin mayores cortes&iacute;as. Asi que algunos aspectos de la cultura mexicana me impactaron ardientemente aunque tiempo despu&eacute;s los comprend&iacute;. Un d&iacute;a viajaba en cami&oacute;n a CU y a medio camino &eacute;ste se detuvo, el chofer avis&oacute; con una bandera el cambio de ruta, iba a llegar a otro destino. Yo discut&iacute; con &eacute;l exaltadamente y la gente me tom&oacute; por un grosero. Comprend&iacute; que el mexicano pone por delante la educaci&oacute;n y la cortes&iacute;a por encima de muchas cosas, lo que no impide que proteste por diferentes causas pol&iacute;ticas ante las decisiones del gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el tiempo aprend&iacute; que las antiguas instituciones educativas de los tenochcas se reg&iacute;an por la serenidad y la cortes&iacute;a. Despu&eacute;s de la conquista hispana las madres ind&iacute;genas conservaron y transmitieron esta cultura a los mestizos utlilizando un tono mesurado en la conversaci&oacute;n. En el centro de la ciudad escuchaba el griter&iacute;o de los espa&ntilde;oles en los caf&eacute;s y en los de los mexicanos el tono de las pl&aacute;ticas era medio, ni bajo, ni alto, era moderado. Para m&iacute; y para muchos extranjeros la cultura mexicana es exquisita por sus modales, que hace de ellos personas razonables y tratables. Por otra parte, el sentido del humor, en ocasiones ir&oacute;nico, no lo tiene otro pa&iacute;s latinoamericano.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Remembranzas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio cultural me trajo algunas a&ntilde;oranzas, el arroz frito a la paname&ntilde;a, la carima&ntilde;ola y el sancocho, y aqu&iacute; en el D. F. me fascin&eacute; con las enchiladas y los tacos. Me sorprendi&oacute; la riqueza culinaria de Yucat&aacute;n. La comida yucateca tiene tres or&iacute;genes: la espa&ntilde;ola, la maya y la china. Los chinos fueron empleados como cocineros por la casta divina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace tiempo tom&eacute; un tratamiento de vitaminas Pharmaton, pero sucedi&oacute; que una ma&ntilde;ana me levant&eacute; cantando mentalmente una canci&oacute;n colombiana que hab&iacute;a desparecido de mi memoria y no quer&iacute;a evocar m&aacute;s. Avent&eacute; el frasco de c&aacute;psulas, deseaba recordar lo que pas&oacute; ayer, la semana pasada. En una entrevista, &iexcl;c&oacute;mo salen recuerdos! No me interesa para nada recordar m&aacute;s las cosas y sucesos de mi infancia y juventud, sigo a George Ballandier en su obra <i>&Aacute;frica ambigua</i>, quien apunta: "Rechazo los recuerdos de mi infancia despu&eacute;s de haberlos amado demasiado".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Mi formaci&oacute;n en la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Instalado en el D. F. ten&iacute;a la a&ntilde;oranza de estudiar sociolog&iacute;a, pero la UNAM cobraba una cuota para extranjeros de 2 000 pesos que sobrepasaba mi presupuesto. Un amigo economista me dijo que hab&iacute;a una escuela de Antropolog&iacute;a y me present&oacute; a Fernando C&aacute;mara Barbachano, el subdirector de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a. En ese tiempo el director era don Pablo Mart&iacute;nez del R&iacute;o. Tambi&eacute;n conoc&iacute; a los antrop&oacute;logos Arturo Monz&oacute;n y a Felipe Montemayor. A los 28 a&ntilde;os, en marzo de 1955, me inscrib&iacute; y fueron mis compa&ntilde;eros los venezolanos Rodolfo Quintero, farmac&eacute;utico, y Federico Brito Figueroa, historiador. Ambos miembros destacados del Partido Comunista venezolano, ten&iacute;an buenos conocimientos del marxismo, hab&iacute;an estudiado <i>El capital</i> y a partir de la bibliograf&iacute;a que me dieron empec&eacute; a estudiar seriamente el marxismo al grado de descuidar las otras materias. Conoc&iacute; las obras de Marx, Engels, Lenin y Mao Tse Tung.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudi&eacute; el tronco com&uacute;n de dos semestres y tuve como maestros a: Juan Comas, Pedro Bosh Gimpera, Mauricio Swadesh, Jos&eacute; Luis Lorenzo, B&aacute;rbara Dalhgren y &Oacute;scar Lewis, todos destacados antrop&oacute;logos. Entre mis compa&ntilde;eros estuvieron Leonel Dur&aacute;n, Carlos Navarrete, Rodolfo Stavenhagen, Guillermo Bonfil, Mercedes Olivera, Enrique Valencia, Miguel Mesmacher, Beatriz Barba Ahuatzin de Pi&ntilde;a Chan y Salom&oacute;n Nahmad. En especial trat&eacute; con el maestro Jorge A. Viv&oacute;, uno de los fundadores del Partido Comunista cubano, y con el maestro Arturo Monz&oacute;n Estrada, autor de un libro cl&aacute;sico, <i>El calpulli en la sociedad tenochca</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese tiempo pertenec&iacute;amos al sindicato del Polit&eacute;cnico porque inicialmente ah&iacute; se hab&iacute;a fundado la Escuela de Antropolog&iacute;a, en el Departamento de Biolog&iacute;a. La ENAH empez&oacute; con su sindicato independiente en 1957, cuando el secretario de Educaci&oacute;n llam&oacute; a los l&iacute;deres estudiantiles de la ENAH para conocer sus reclamos, los acept&oacute; y les concedi&oacute; lo que ped&iacute;an por lo que abandonamos la huelga. Por supuesto, el sindicato del Polit&eacute;cnico nos consider&oacute; como traidores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alumnos y maestros frecuent&aacute;bamos la cantina El R&iacute;o Duero, en la esquina de las calles de Moneda y Correo Mayor. Los estudiantes hac&iacute;amos coperachas para tomar, discutir y conversar nuestros asuntos escolares, te&oacute;ricos y pol&iacute;ticos. En esa &eacute;poca Leonel Dur&aacute;n fue el alumno m&aacute;s destacado de la escuela y l&iacute;der de la Sociedad de Alumnos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1964, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de haber salido, regres&eacute; a Panam&aacute; y fue la &uacute;ltima vez que vi a mi madre, que muri&oacute; en 1976. Mi padre ya hab&iacute;a muerto en 1949, a los 84 a&ntilde;os, muy l&uacute;cido y sin jubilaci&oacute;n por los ataques pol&iacute;ticos de la izquierda. Desde hace 20 a&ntilde;os regreso con frecuencia a Humanidades de la Universidad de Panam&aacute;, con dinero de mi propia bolsa, a dar conferencias, aunque en algunas ocasiones el INAH me ha pagado el viaje.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>El mundo intelectual</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por muchos a&ntilde;os estudi&eacute; <i>La fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu</i> de Hegel y <i>La guerra civil en Francia</i>, de Marx y Engels. Especialmente <i>El XVIII Brumario</i> de Marx, donde aplica el materialismo para explicar los acontecimientos en Francia. <i>El capital</i> y <i>Los Formens,</i> todas obras monumentales. En <i>El XVIII Brumario</i> releo lo concerniente a o<i>piniones, sentimientos y emociones</i> que forman parte de la superestructura ideol&oacute;gica y que casi ning&uacute;n marxista utiliza. <i>Estructura y funci&oacute;n</i> de Radcliffe Brown, las obras de Evans Pritchard y Jack Goody, antrop&oacute;logo ingl&eacute;s filomarxista que destaca la escritura y su importancia en la civilizaci&oacute;n. &Uacute;ltimamente reviso a Tim Ingold y Stephan Feuchtwang, antrop&oacute;logos marxistas ingleses. Pese a la opini&oacute;n de algunos antrop&oacute;logos, Edmond Leach discriminaba a la gente de color, seg&uacute;n me expres&oacute; una de sus alumnas. Diferente al caso de Goody, completamente democr&aacute;tico. Siempre he venido estudiando al parejo sociolog&iacute;a y antropolog&iacute;a: de Merton, <i>Teor&iacute;a de la estructura</i>, y las obras de Parsons y Marion Levy, as&iacute; como de Franco Crespi. Sigo consultando mi bibliograf&iacute;a estudiada en la ENAH, citada anteriormente. Soy autodidacta de filosof&iacute;a. Recuerdo con tristeza que en un momento de necesidad, en 1962, tuve que empe&ntilde;ar mi biblioteca y la perd&iacute; por no poder pagar los refrendos, pero ahora poseo otra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Docencia</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como maestro expongo, explico con lujo de detalles la teor&iacute;a antropol&oacute;gica y la realidad social. "Ense&ntilde;o a hacer <i>generalizaciones emp&iacute;ricas</i> que son las que permiten unir la conceptualizaci&oacute;n, que une las generalizaciones con las teor&iacute;as que son universales, con los datos antropol&oacute;gicos". Entre otros de los numerosos cursos que he impartido se encuentran: Estructura y Organizaci&oacute;n Social, El Marxismo en la Antropolog&iacute;a, Antropolog&iacute;a Econ&oacute;mica, Antropolog&iacute;a Pol&iacute;tica, Antropolog&iacute;a Religiosa, El Funcionalismo Estructural y El Estructuralismo. Muchos de mis alumnos han llegado a ser antrop&oacute;logos distinguidos en el medio. En la docencia, la did&aacute;ctica ha sido mi obra cumbre. He dado clases en la Escuela de Enfermeras del ISSSTE, la Normal Superior, la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana de Iztapalapa, en la UNAM y he sido profesor de tiempo completo en la ENAH desde 1980.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Obras publicadas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la investigaci&oacute;n, mis libros: <i>Organizaci&oacute;n socio&#45;pol&iacute;tica de una minor&iacute;a nacional; los triquis de Oaxaca</i>. Tambi&eacute;n, <i>Promoci&oacute;n y organizaci&oacute;n social en las unidades de producci&oacute;n ejidal del valle del Mezquital</i>. Entre otros de mis art&iacute;culos: "Manual sobre t&eacute;cnicas de participaci&oacute;n en la comunidad para autoridades p&uacute;blicas relacionadas con el desarrollo urbano", "An&aacute;lisis gen&eacute;tico&#45;funcional del sistema de cargos en una etnia en transformaci&oacute;n", "Fusi&oacute;n ind&iacute;gena, hisp&aacute;nica y africana en la conformaci&oacute;n de la nacionalidad paname&ntilde;a", "Identidades y exclusiones en el Caribe".</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Trabajo de campo</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hice trabajo de campo etnogr&aacute;fico durante 20 a&ntilde;os, de forma intermitente; por la falta de presupuesto para vi&aacute;ticos, s&oacute;lo sal&iacute;a por un mes o dos a hacer estudios r&aacute;pidos para instituciones gubernamentales como: Asentamientos Humanos, Instituto Nacional Indigenista, Minerales no Met&aacute;licos Mexicanos y otras. Coincid&iacute; cuando era director de Organizaci&oacute;n Social con el prehistoriador Ricardo Ferr&eacute; en Minerales no Met&aacute;licos Mexicanos. Hicimos un trabajo en Naco Sonora para aplicar "La l&iacute;nea de masas", donde hice un modelo de c&oacute;mo persuadir a los ejidatarios de la mina de caol&iacute;n para que exigieran a la Nacional Financiera un aumento de 10% a 40% en las acciones. Al regresar a M&eacute;xico los directivos nos despidieron sin contemplaciones. Tambi&eacute;n lo apliqu&eacute; con los marmoleros del Valle del Mezquital. Este modelo que elabor&eacute; lo utiliz&oacute; el Departamento de Organizaci&oacute;n Social de la Sedesol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me da nostalgia recordar la &eacute;poca en que visitaba los ejidos colectivos y semicolectivos, en tiempos del presidente Echeverr&iacute;a, cuando trabajaba en el Centro de Investigaciones Agrarias, entonces conoc&iacute; 28 estados mexicanos. Estudi&eacute; las luchas de los dirigentes por el reconocimiento presidencial de su dotaci&oacute;n de tierras. A esas luchas y sus dirigentes se les daba alto prestigio. Tambi&eacute;n obten&iacute;an buenas cosechas. Algunos l&iacute;deres hac&iacute;an a veces un pronunciamiento semiautoritario gracias al prestigio y respeto del que gozaban. Ellos ve&iacute;an los diferentes puntos de vista y se inclinaban por uno u otro, con esta manera de decidir lograban cohesi&oacute;n y un esp&iacute;ritu social corporado. Se me critic&oacute; mucho por haber registrado estos datos en los informes, no les pareci&oacute; bien a los jefes de oficina. No por esto dej&eacute; de apuntar los sacrificios de muchos a&ntilde;os en las luchas agrarias y los grandes conocimientos que ten&iacute;an los l&iacute;deres campesinos sobre la agricultura, la ganader&iacute;a y el respeto por el don de mando que democr&aacute;ticamente conservaban.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese mismo tiempo, el presidente Echeverr&iacute;a le regal&oacute; un tractor a los indios kikap&uacute; de Muzquis. Sin embargo, el l&iacute;der Chaquetacodita lo alquilaba para su beneficio propio y por nuestra gesti&oacute;n un ingeniero levant&oacute; un acta y se lo devolvimos a los campesinos. Desde 1855 el presidente Comonfort hab&iacute;a acordado que los indios seminolas, kikap&uacute; y mascogos se asentaran en el territorio mexicano. Los indios mascogos y los negros ven&iacute;an huyendo de la esclavitud norteamericana y se quedaron aqu&iacute;, pero muchos ind&iacute;genas se regresaron a Estados Unidos por lo que el problema de los l&iacute;mites de tierras siempre ha sido un conflicto interminable. Desafortunadamente tuvimos que regresar a la Ciudad de M&eacute;xico y ya no pudimos atender los reclamos de l&iacute;mites entre los pueblos. Antes del regreso fui con los indios a Eagle Pass, quienes nos llevaron al cine en agradecimiento de las diligencias por regresar a la comunidad el tractor. Pon&iacute;an una pel&iacute;cula pornogr&aacute;fica, era la primera vez en mi vida que ve&iacute;a una y sal&iacute; asqueado, 15 minutos despu&eacute;s, junto con cinco indios kikap&uacute; que viajaban conmigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las mil an&eacute;cdotas que me han sucedido en la vida de etn&oacute;grafo recuerdo una en la que, en San Pedro Ixcatl&aacute;n, llegu&eacute; con mis alumnos a estudiar a los mazatecos. Cuando nos est&aacute;bamos ba&ntilde;ando a las orillas de la presa Miguel Alem&aacute;n lleg&oacute; un ni&ntilde;o a decirnos que nos sali&eacute;ramos, que era peligroso, y que fu&eacute;ramos con su pap&aacute;. Fuimos y el indio dijo que era curandero y brujo. Nos ofreci&oacute; unos hongos alucinantes o derrumbes y cada quien comi&oacute; seis. Tuve un viaje fascinante, comenc&eacute; a ver centenares de miles de colores. Despu&eacute;s me encontr&eacute; con la experiencia vivida en mi adolescencia, no era un recuerdo, fue real, volv&iacute; a estar con mi primera novia y sent&iacute; mi primer beso. Mientras el brujo rezaba y sahumaba con copal, dec&iacute;a que le hici&eacute;ramos nuestras preguntas serias a los honguitos, porque de otra manera se iban a vengar. Les pregunt&eacute; c&oacute;mo solucionar un problema de dispepsia. En una millon&eacute;sima de segundo, de manera autom&aacute;tica, me lleg&oacute; la respuesta. El cerebro la encuentra y la expresa sin palabras. Los hongos no producen h&aacute;bito y son inofensivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la sesi&oacute;n el brujo me pregunt&oacute; que c&oacute;mo me sent&iacute;a, le dije que bien. Cuando se lo pregunt&oacute; a mi alumna Gema, que era medio sorda, y dijo: "&iquest;Qu&eacute;? &iquest;C&oacute;mo?" Me entr&oacute; un ataque de risa y se me fue el viaje. Despu&eacute;s el brujo fue al monte para traer unas hojas gruesas con mucha savia, se las puso como cataplasmas sobre los o&iacute;dos. Nunca supe si esta curaci&oacute;n tuvo alg&uacute;n efecto positivo. A m&iacute; los hongos me dijeron que pusiera el vientre en un chorro de agua fr&iacute;a, no me dio resultado y me enferm&eacute; de neumon&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un mes antes de ingresar a la Secci&oacute;n de Etnograf&iacute;a del Museo Nacional ten&iacute;a la intenci&oacute;n de rescatar la etnograf&iacute;a de los ind&iacute;genas triquis antes de que la invasi&oacute;n capitalista deteriorara a&uacute;n m&aacute;s su cultura. Sucedi&oacute; que cuando llegu&eacute;, hac&iacute;a como un mes que hab&iacute;an asesinado al maestro de la escuela primaria. Caminando un d&iacute;a con mi gu&iacute;a, tuerto, o&iacute;mos varios balazos. Me dijo que no me espantara, que era s&oacute;lo para intimidarme y que no me iba a pasar nada. Seguimos caminando adelante y en la casa del mayordomo de Tilapa, barrio de Copala, quien era un magn&iacute;fico informante, comet&iacute; el error de sacar mi libreta de apuntes. De pronto llegaron como 30 ind&iacute;genas con machetes y su l&iacute;der me gritaba: &iquest;Qu&eacute; apuntas? Hab&iacute;a sucedido que el l&iacute;der hab&iacute;a asesinado a otro ind&iacute;gena y pensaron que yo era polic&iacute;a e iba a detenerlo. Le ense&ntilde;&eacute; la carta de presentaci&oacute;n oficial del gobernador Bravo Ahuja, la tom&oacute; al rev&eacute;s y fingiendo haberla le&iacute;do dijo: &iexcl;Ah, muy bien! Antes de esto el gu&iacute;a se puso p&aacute;lido y yo deb&iacute;a haber estado verde. Otro d&iacute;a, estaba durmiendo en la casa del s&iacute;ndico, pero dej&eacute; atorada la puerta s&oacute;lo con una silla y tres ind&iacute;genas ebrios la derribaron, entraron bruscamente y yo me defend&iacute; con una tranca. Lleg&oacute; el s&iacute;ndico les dio unas explicaciones y se fueron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ingres&eacute; a la Secci&oacute;n de Etnograf&iacute;a del Museo Nacional de Antropolog&iacute;a bajo la direcci&oacute;n del ilustre antrop&oacute;logo social Fernando C&aacute;mara Barbachano por octubre de 1969. Primero hice un reconocimiento etnogr&aacute;fico del &aacute;rea de cultura. De 1969 a 1972 hice tres temporadas de campo diferidas en ocho meses y recorr&iacute; San Juan Copala y San Miguel Copala de la parte baja o templada; San Andr&eacute;s Chicahuaxtla y Santo Domingo, del estado; San Mart&iacute;n Iyunyoso y San Jos&eacute; Xochistl&aacute;n de la zona alta. Incluyendo sus respectivos barrios y rancher&iacute;as. Utilic&eacute; la <i>Gu&iacute;a de campo del investigador social</i> de la Uni&oacute;n Panamericana, la <i>Gu&iacute;a de Murdoch</i> y la <i>Gu&iacute;a de campo</i> del maestro C&aacute;mara. Practiqu&eacute; la observaci&oacute;n participante en el campo; en la ciudad, la consulta bibliogr&aacute;fica en bibliotecas, y perfil&eacute; los temas principales de mi tesis profesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi tesis la present&eacute; hasta 1979 y me titul&eacute; de licenciado en antropolog&iacute;a y maestro en ciencias antropol&oacute;gicas. En 1980, con motivo del d&eacute;cimo aniversario del fallecimiento del insigne antrop&oacute;logo Julio de la Fuente, el Instituto Nacional Indigenista instaur&oacute; el Premio Nacional Julio de la Fuente para premiar a la mejor tesis de antropolog&iacute;a social. Entonces present&eacute; a concurso mi obra capital: <i>Organizaci&oacute;n socio&#45;pol&iacute;tica de una minor&iacute;a nacional. Los triquis de Oaxaca</i>. Fui el primer galardonado con esta presea de distinci&oacute;n acad&eacute;mica, con reconocimiento y alta estima de prestigio en los medios de la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a. Fue publicada en la colecci&oacute;n INI, n&uacute;m. 62, con 2 000 ejemplares en 1981.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Recientes observaciones te&oacute;ricas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Adolfo S&aacute;nchez V&aacute;zquez considera que en Marx hay una dualidad. Cuando dice que el hombre crea la historia, es correcto, pero cuando dice que hay leyes objetivas que limitan la acci&oacute;n de los hombres, esto es incorrecto. Ignora los avances del marxismo de la Perestroika, cuando hubo libertad de expresi&oacute;n en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica; ignora los avances del marxismo chino. Llega al extremo, junto con los que cultivan la teor&iacute;a de la praxis, de considerar que no es la existencia la que determina la conciencia. Como dijo Marx, la existencia determina la conciencia y no como dice S&aacute;nchez V&aacute;zquez y los cultores de la praxis, que la conciencia determina la existencia. Ellos no toman en cuenta que en el sistema de nexos de intercambio de las actividades productivas existen mecanismos sociales que hacen que las relaciones sociales se transformen en formas mentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo: en el contrato social todo el mundo que va a comprar cigarrillos sabe el precio, lo que nadie toma en cuenta es que esto es un contrato social escrito. Todos omiten el hecho del contrato no escrito, lo sustituyen por la compra y venta de la mercanc&iacute;a. Pero el contrato no es subjetivo ni pertenece a la subjetividad, pertenece a una forma inmediata que va impl&iacute;cita. El contrato es un mediador entre las relaciones de producci&oacute;n, la conciencia y la cultura, pero este mediador no afecta ni un &aacute;pice esa forma mental que es la determinaci&oacute;n de las relaciones productivas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si todo el mundo cree en el contrato, o en el derecho, esto se hace objetivo y se constituye en una fuerza material. A esto Marx le llama fetichismo. El gran principio del marxismo consiste en juzgar acerca de la conciencia conforme a lo que ella cree diferente a s&iacute; misma. A prop&oacute;sito, el soci&oacute;logo italiano Crespi, en su obra reciente, sostiene que la conciencia niega las objetividades. &Eacute;stas son las fuerzas y capacidades del hombre proyectadas externamente en los productos de su actividad. Pero Crespi est&aacute; equivocado, la conciencia no puede negar las objetividades, lo que sucede es que la conciencia, al desconocer las objetividades, las omite, pero esto no significa que las conociera. La conciencia no se proyecta ni se objetiviza en los resultados de la actividad, lo que se proyecta all&iacute; son las relaciones sociales con su estructura jer&aacute;rquica diferenciada. La conciencia se apropia de la proyecci&oacute;n de las relaciones sociales y cree que ella crea las ideas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre primitivo que cazaba animales, los destazaba, sacaba el cuero y separaba las v&iacute;sceras, y los gritos discriminados que indicaban cada una de esas piezas, a trav&eacute;s de miles de a&ntilde;os se convirtieron en t&eacute;rminos, conceptos, pero no fue la conciencia la que los hizo, sino las relaciones sociales entre los hombres concientes. Para Marx la conciencia es la autoconciencia del hombre, la conciencia no es una entidad separada del hombre. La conciencia no toma el autob&uacute;s para ir al trabajo, no existen las relaciones entre las conciencias, sino entre los hombres conscientes. Por lo tanto, las relaciones humanas son las que crean las ideas. Pero todo esto es visto fenom&eacute;nicamente, es decir, Marx intenta despejar las relaciones sociales de sus connotaciones filos&oacute;ficas, religiosas, pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas de la psicolog&iacute;a com&uacute;n, para quedarse con las relaciones sociales, haciendo abstracci&oacute;n de la historia. Resulta que las relaciones ideol&oacute;gicas, es decir, la conciencia y la cultura, poseen un desarrollo hist&oacute;rico relativamente aut&oacute;nomo frente a las culturas de la teor&iacute;a de la praxis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respondo que a menudo en la historia los resultados son diametralmente opuestos a los objetivos que persiguen los hombres. Lo que demuestra que hay fuerzas sociales que limitan la actividad social de los mismos y &eacute;stas son las leyes objetivas naturales de la sociedad. No como lo pens&oacute; Gramsci, lo cual es explicable porque no pudo leer los manuscritos econ&oacute;micos filos&oacute;ficos de Marx, que aparecieron en 1932, pues como estaba en la c&aacute;rcel musoliniana nadie pod&iacute;a llev&aacute;rselos. Gramsci crey&oacute; estar por encima de la contradicci&oacute;n materialismo&#45;idealismo, que lo anterior a la historia del ser humano no pod&iacute;a ser sujeto de la aplicaci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico. Y fu&eacute; as&iacute; como neg&oacute; la dial&eacute;ctica de la naturaleza de Engels.</font></p>      ]]></body>
</article>
