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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rubén Ruiz Guerra, Más allá de la diplomacia. Relaciones de México con Bolivia, Ecuador y Perú, 1821-1994]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rub&eacute;n Ruiz Guerra, <i>M&aacute;s all&aacute; de la diplomacia. Relaciones de M&eacute;xico con Bolivia, Ecuador y Per&uacute;, 1821&#150;1994</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pablo Yankelevich Rosembaum</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores, 2007</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia&#150;INAH</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;Vale le pena realizar el esfuerzo de estudiar una ausencia de m&aacute;s de 170 a&ntilde;os?", con esta pregunta Rub&eacute;n Ruiz abre este libro. En realidad el autor se cuestiona sobre el sentido de reconstruir un v&iacute;nculo diplom&aacute;tico que carece de antecedentes historiogr&aacute;ficos, y sobre el que s&oacute;lo existen series documentales escasas y fragmentarias. Para responder, Ruiz dedic&oacute; m&aacute;s de doscientas p&aacute;ginas de una obra que estudia las relaciones diplom&aacute;ticas de M&eacute;xico con Bolivia, Ecuador y Per&uacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta es por dem&aacute;s sugerente. No se trata de investigar lo que no ha existido, sino de dar cuenta de la naturaleza de una relaci&oacute;n diplom&aacute;tica que comenz&oacute; a forjarse hace m&aacute;s de 170 a&ntilde;os y que a pesar de los escasos logros y una muy delgada densidad, M&eacute;xico y las tres naciones andinas se han esforzado en mantener y acrecentar. &iquest;Por qu&eacute;?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta finales del siglo XIX, las naciones latinoamericanas se vincularon al mundo exterior en busca de seguridad, financiamiento y prestigio, y lo hicieron con instituciones de pol&iacute;tica exterior peque&ntilde;as y mal informadas. Es decir, durante buena parte de aquella centuria, la prioridad estuvo puesta en el &aacute;mbito interno y la pol&iacute;tica exterior era una especie de categor&iacute;a residual cuyos objetivos fueron, en primer lugar, el reconocimiento internacional y la defensa de una independencia puesta en tela de juicio por los centros del poder mundial. Eso que hoy podr&iacute;amos llamar pol&iacute;tica exterior apareci&oacute; como una extensi&oacute;n del poder del caudillo de turno o de un reducido grupo de dirigentes; no hubo en esa conducta objetivos de largo plazo, ni se dise&ntilde;aron mecanismos para dar seguimiento o continuidad a propuestas diplom&aacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, la promoci&oacute;n de una pol&iacute;tica interna tendiente a garantizar el orden y el control apunt&oacute;, al igual que la pol&iacute;tica exterior, a la construcci&oacute;n de un Estado. Pero, ante la carencia de recursos para financiar los proyectos estatales, las relaciones exteriores estuvieron marcadas por la contrataci&oacute;n de cr&eacute;ditos internacionales cuya renegociaci&oacute;n, ante las peri&oacute;dicas suspensiones de pagos, determinaron buena parte de los conflictos internacionales que debi&oacute; enfrentar Am&eacute;rica Latina.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los primeros pasos de la pol&iacute;tica exterior tuvieron como objetivo salvaguardar la existencia de un Estado en formaci&oacute;n, el reconocimiento internacional resultaba prioritario. Esta es una de las razones que permiten entender los acercamientos fr&aacute;giles, improvisados y en muchos casos fracasados que ti&ntilde;eron las relaciones de M&eacute;xico con Am&eacute;rica del Sur a lo largo de casi todo el siglo XIX. Se trat&oacute; de una estrategia interesada en activar mecanismos defensivos entre los menos diferentes en medio de un mundo que se percib&iacute;a lleno de amenazas. &iquest;En donde buscar apoyo y solidaridad si no entre aquellos que como M&eacute;xico se hab&iacute;an desprendido del mismo tronco imperial?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa comunidad de origen es explorada por Rub&eacute;n Ruiz en las primeras p&aacute;ginas del libro. A lo largo de los siglos coloniales, y en la vertiente pac&iacute;fica del imperio espa&ntilde;ol, se forj&oacute; un v&iacute;nculo comercial y pol&iacute;tico entre los puertos de Acapulco, el Callao y Guayaquil. A partir de estos antecedentes, una vez proclamadas las independencias, transitaron un sinf&iacute;n de misiones diplom&aacute;ticas y enviados plenipotenciarios. Sobre sus actividades, pero sobre todo acerca de sus expectativas, el autor dedica los primeros cap&iacute;tulos del libro. El m&aacute;s antiguo de estos lazos diplom&aacute;ticos se remonta a 1816, cuando el jalisciense Tadeo Ortiz se lanz&oacute; a una aventura que alcanz&oacute; a Lima, Quito y Guayaquil, entre otros destinos. Pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, toc&oacute; el turno a Joseph Morales y Ugalde, primer ministro de Per&uacute; acreditado en M&eacute;xico. El armaz&oacute;n institucional de la pol&iacute;tica exterior era pobre, como tambi&eacute;n lo eran las posibilidades materiales para acreditar funcionarios en Am&eacute;rica del Sur. No hay mejor muestra de ello que la misi&oacute;n encomendada a Juan de Dios Ca&ntilde;edo en 1830: representar a M&eacute;xico ante los gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Per&uacute;, Paraguay y el Imperio Brasile&ntilde;o, claro que, en atenci&oacute;n a la bastedad del territorio que deb&iacute;a atender, el gobierno de Bustamante concedi&oacute; a Ca&ntilde;edo un secretario que deb&iacute;a auxiliarlo en tan gigantesca como absurda misi&oacute;n. Casi 50 a&ntilde;os m&aacute;s tarde no fue distinta la comisi&oacute;n que recibi&oacute; Leonardo L&oacute;pez Portillo al ser acreditado como ministro de M&eacute;xico en Chile, Bolivia, Per&uacute;, Colombia, Ecuador y Venezuela: por supuesto que tambi&eacute;n fue auxiliado por un secretario. Mientras tanto M&eacute;xico, Bolivia, Per&uacute; y Ecuador iniciaron un nutrido intercambio de c&oacute;nsules, en quienes pareci&oacute; depositarse la responsabilidad de conferir alguna sustancia a relaciones que muy espor&aacute;dicamente alcanzaban la formalidad de alg&uacute;n tratado,      un acuerdo o un intento de mediaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, esta realidad surcada por distancias que dispon&iacute;an que una simple carta demorara m&aacute;s de dos meses en recorrer el trayecto entre Lima y M&eacute;xico, tambi&eacute;n afloraba como un espacio capaz de contener una utop&iacute;a, "una conciencia de identidad" en palabras del autor de este libro. Detr&aacute;s de cada una de las siempre fallidas empresas diplom&aacute;ticas entre M&eacute;xico, Per&uacute;, Ecuador y Bolivia a lo largo del siglo XIX siempre estuvo presente la idea de que un pasado y un presente compartido eran el sustento de un futuro tambi&eacute;n com&uacute;n. Se hab&iacute;a nacido a la vida independiente en condiciones de extrema vulnerabilidad, y esa marca de origen determin&oacute; que en clave defensiva surgiera aquella idea que desde entonces no ha dejado de rondar en los imaginarios pol&iacute;ticos y culturales del continente. Desde las mismas independencias, esa utop&iacute;a se ha hecho presente en las m&aacute;s diversas coyunturas hist&oacute;ricas donde dirigencias pol&iacute;ticas, agentes diplom&aacute;ticos, pero tambi&eacute;n intelectuales y poetas, so&ntilde;aron con un continente unido y poderoso capaz de enfrentar a un mundo que no deja de amenazar. Un "sue&ntilde;o" latinoamericano que parece m&aacute;s reflejo del Segismundo de Calder&oacute;n de la Barca que del <i>Ariel </i>de Rod&oacute;; una utop&iacute;a que naci&oacute; de unir el destino con la libertad de un continente, sue&ntilde;os que, como dice Calder&oacute;n, <i>s&oacute;lo sue&ntilde;os son.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero aquella utop&iacute;a pareci&oacute; materializarse en 1910. M&eacute;xico desafi&oacute; con &eacute;xito poderosos intereses nacionales y extranjeros para alzarse en una revoluci&oacute;n que promet&iacute;a justicia y libertad. Entre el trasegar de los ej&eacute;rcitos revolucionarios, M&eacute;xico encarn&oacute; el ideal de una naci&oacute;n preocupada por la suerte de sus campesinos, sus obreros, sus comunidades ind&iacute;genas y sus recursos naturales, y todo ello en abierto desaf&iacute;o a un vecino que muy escasas simpat&iacute;as despertaba en el resto del continente. M&eacute;xico, como nunca antes, volvi&oacute; la mirada hacia el sur, se trataba de obtener reconocimiento internacional pero tambi&eacute;n se trataba de sentar el precedente de un esfuerzo en defensa de la soberan&iacute;a y la independencia. En palabras de Venustiano Carranza: "ya era tiempo que la Am&eacute;rica Latina sepa que nosotros hemos ganado con la lucha interior el restablecimiento de la justicia y el derecho, y que esta lucha servir&aacute; de ejemplo para que nuestros pueblos afirmen su soberan&iacute;a, sus instituciones y la libertad de sus ciudadanos" &#91;1970:345&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Revoluci&oacute;n de 1910 alent&oacute; aspiraciones libertarias, pero tambi&eacute;n alarm&oacute; a las &eacute;lites pol&iacute;ticas de Am&eacute;rica Latina que, abroqueladas en reg&iacute;menes de privilegio y exclusi&oacute;n, vieron con temor el ejemplo que pregonaba una muy activa diplomacia mexicana. Ese temor es retratado en los cap&iacute;tulos consagrados a analizar la relaci&oacute;n de M&eacute;xico con los gobiernos de Bolivia, Per&uacute; y Ecuador hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. Ese temor explica la frialdad del v&iacute;nculo diplom&aacute;tico que condujo a la ruptura de relaciones con Per&uacute; en 1932, y el distanciamiento que lleg&oacute; al borde de la suspensi&oacute;n de relaciones con Bolivia en 1944. Ese mismo temor estuvo detr&aacute;s de las palabras del conservador Neftal&iacute; Bonifaz Asc&aacute;zubi, quien en plena campa&ntilde;a presidencial en Ecuador sostuvo: "mientras haya pa&iacute;ses como M&eacute;xico, la Am&eacute;rica ser&aacute; una verg&uuml;enza" &#91;p. 143&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los espacios de coincidencia entre aquellos gobiernos y el de M&eacute;xico eran estrechos y en algunos casos inexistentes. &iquest;Qu&eacute; tipo de acuerdos pod&iacute;an alcanzarse con un Augusto Legu&iacute;a empe&ntilde;ado en la consagraci&oacute;n de la naci&oacute;n peruana al culto del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s? El anticlericalismo de M&eacute;xico y la guerra cristera desat&oacute; una violenta campa&ntilde;a de prensa alentada por el Vaticano y los sectores m&aacute;s conservadores de las &eacute;lites pol&iacute;ticas de Bolivia, Per&uacute; y Ecuador. Poco pudo hacer la diplomacia mexicana ante estos ataques a M&eacute;xico, y de ello da sobrada cuenta este libro.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la Revoluci&oacute;n Mexicana y sus diplom&aacute;ticos tambi&eacute;n animaron esp&iacute;ritus contestatarios, y ese fue el espacio donde los &eacute;xitos fueron contundentes. En M&eacute;xico, el n&uacute;cleo de intelectuales que capitane&oacute; Jos&eacute; Vasconcelos proyect&oacute; su liderazgo a una juventud rebelde latinoamericana para terminar convenciendo de que el programa de la Reforma universitaria de 1918 cristalizaba en las realizaciones del gobierno mexicano. Educaci&oacute;n popular, nacionalismo cultural, florecimiento de actividades art&iacute;sticas, establecimiento de bibliotecas y edici&oacute;n de millares de libros, todo ello como parte de un frontal combate a desigualdades e injusticias que hab&iacute;an encontrado legitimaci&oacute;n al amparo de un positivismo de cu&ntilde;o porfiriano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El v&iacute;nculo entre el estudiantado lime&ntilde;o y el programa vasconceliano se consolid&oacute; cuando, en agosto de 1921, Antonio Caso lleg&oacute; a Lima en cumplimiento de una misi&oacute;n cultural por Am&eacute;rica del Sur. La oratoria del profesor mexicano sedujo a los universitarios peruanos, y entre ellos destac&oacute; V&iacute;ctor Ra&uacute;l Haya de la Torre. La visita de Caso origin&oacute; una amplia movilizaci&oacute;n por la reapertura de la Universidad de San Marcos, clausurada por Augusto Legu&iacute;a desde tiempo atr&aacute;s. En este contexto, los estudiantes lime&ntilde;os organizaron una reapertura simb&oacute;lica de la Universidad. No es de sorprender entonces que, cuando en octubre de 1923, Haya de la Torre fue apresado y posteriormente desterrado a Panam&aacute;, Vasconcelos hiciera gestiones para su traslado a M&eacute;xico. "Hayita" como lo llamaba Vasconcelos, se incorpor&oacute; a su oficina convirti&eacute;ndose por una corta temporada en su secretario particular. El futuro fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) recibi&oacute; un nombramiento como maestro misionero, colabor&oacute; en los proyectos editoriales de la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, recorri&oacute; el pa&iacute;s junto a Vasconcelos y, en su nombre, en alguna oportunidad pronunci&oacute; m&aacute;s de un discurso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diplomacia mexicana dio cobijo a distintas personalidades de una generaci&oacute;n de pol&iacute;ticos e intelectuales andinos. El contingente de perseguidos fue encabezado por Haya de la Torre, pero no dej&oacute; de engrosarse hasta la d&eacute;cada de los setenta con el asilo a l&iacute;deres obreros, pol&iacute;ticos e intelectuales de Bolivia, Per&uacute; y Ecuador hostigados por los dictadores de turno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas conductas solidarias fueron las matrices por donde transitaron proyectos, encuentros y realizaciones que tendieron v&iacute;nculos poderosos entre las naciones que se estudian. En este sentido, el t&iacute;tulo de la obra <i>M&aacute;s all&aacute; de la diplomacia </i>es una aut&eacute;ntica declaraci&oacute;n de prop&oacute;sitos. Durante d&eacute;cadas, y en el terreno de la diplomacia oficial, fueron escasos los lugares de convergencia, los acuerdos y los proyectos gubernamentales. Sin embargo, los contactos no necesariamente oficiales, alentados en muchos casos por activos agentes del servicio exterior mexicano, tendieron puentes por donde d&eacute;cadas m&aacute;s tarde transitaron pol&iacute;ticas que acercaron a estos pueblos. Rub&eacute;n Ruiz se detiene en algunas de estas experiencias: el trabajo de t&eacute;cnicos mexicanos en proyectos de irrigaci&oacute;n en el altiplano boliviano, y las pol&iacute;ticas indigenistas que cristalizaron desde los a&ntilde;os cuarenta en emprendimientos conjuntos entre el &aacute;rea mesoamericana y andina.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se cierra destacando algunas coyunturas que permitieron la confluencia de proyectos pol&iacute;ticos, culturales y comerciales. La revoluci&oacute;n de 1952 en Bolivia y el reformismo militar peruano que encabez&oacute; Juan Velasco Alvarado, animaron giras presidenciales, programas de cooperaci&oacute;n y entendimientos en la arena multilateral. Desde entonces, los v&iacute;nculos diplom&aacute;ticos parecen haber alcanzado un considerable grado de institucionalizaci&oacute;n, gracias al cual fue posible participar en los m&aacute;s diversos emprendimientos de cara a los problemas que enfrent&oacute; la regi&oacute;n: la crisis de la deuda externa, la b&uacute;squeda de soluciones pac&iacute;ficas a trav&eacute;s de mecanismos de mediaci&oacute;n ante conflictos armados, la lucha en favor de la desnuclearizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina, entre muchos otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, <i>M&aacute;s all&aacute; de la diplomacia </i>se revela como un trabajo pionero que, por primera vez, intenta una visi&oacute;n de conjunto de las relaciones diplom&aacute;ticas de M&eacute;xico con tres naciones del &aacute;rea andina. No elude, por el contrario, enfrenta con &eacute;xito las limitaciones impuestas por la escasez de fuentes documentales. La obra es valiosa tanto por lo que presenta como por lo que sugiere; y en este &uacute;ltimo sentido puede tambi&eacute;n ser le&iacute;da como una agenda de investigaci&oacute;n que se&ntilde;ala una variedad de temas sobre los que se tienen vagas referencias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Carranza, Venustiano</b> 1970. "Discurso pronunciado en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, (29 de noviembre de 1915)", en Fabela, Isidro y Josefina E. de Fabela, <i>Documentos Hist&oacute;ricos de la Revoluci&oacute;n Mexicana, </i>vol. 1., tomo 2, M&eacute;xico, FCE&#150;JUS, 1970, p. 345.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479295&pid=S0185-1659200800030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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