<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1659</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Cuicuilco]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Cuicuilco]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1659</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Escuela Nacional de Antropología e Historia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-16592008000300011</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dunbar, Robin. La odisea de la humanidad. Una nueva historia de la evolución del hombre]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Topete Lara]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hilario]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Escuela Nacional de Antropología e Historia-INAH  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<volume>15</volume>
<numero>44</numero>
<fpage>231</fpage>
<lpage>235</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-16592008000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-16592008000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-16592008000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4"> Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Dunbar, Robin. La <i>odisea de la humanidad. Una nueva historia de la evoluci&oacute;n del hombre </i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hilario Topete Lara</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(Trad. Natalia Fern&aacute;ndez Matienzo) Barcelona, Cr&iacute;tica (Col. Drakontos), 2007, 209 pp., s/ilustraciones y 6 figs.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia&#150;INAH</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robin Dunbar, catedr&aacute;tico en la Universidad de Liverpool y uno de los m&aacute;s conspicuos exponentes de la psicolog&iacute;a evolutiva (que no psicolog&iacute;a evolucionista), en 1998 ya hab&iacute;a sorprendido al mundo paleoantropol&oacute;gico con su <i>Groming, Gosip and the Evolution of Language, </i>colocando al acicalamiento y al chismorreo (una forma de acicalamiento, seg&uacute;n propone) como pr&aacute;cticas que incidieron considerablemente en el desarrollo del lenguaje. En 2004 hab&iacute;a culminado un trabajo no tan espec&iacute;fico pero s&iacute; m&aacute;s maduro: <i>The Human Store. A New History of Mankind's Evolution, </i>cuya traducci&oacute;n castellana para Am&eacute;rica y Espa&ntilde;a realizar&iacute;a Natalia Fern&aacute;ndez Matienzo, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, para Editorial Cr&iacute;tica. Los lectores hispanohablantes monoling&uuml;es de Am&eacute;rica Latina tuvimos que esperar hasta la inicios de 2008 para poder degustarlo. Literalmente lo degustamos porque no se trata de un libro cuyo rebuscamiento conceptual desanime al lector poco avezado en la jerga neurofisiol&oacute;gica, endocrinol&oacute;gica, paleoantropol&oacute;gica, anatomofisiol&oacute;gica, que s&oacute;lo unos cuantos iniciados pueden comprender; al contrario, es un texto asequible aun para los simples curiosos y ne&oacute;fitos en las ciencias que investigan en torno a la hominizaci&oacute;n/humanizaci&oacute;n. En esto radica su segunda virtud: acercar la ciencia al extenso p&uacute;blico present&aacute;ndola de manera atractiva, f&aacute;cilmente comprensible, sin caer en la procacidad, la vulgaridad; la primera es el conjunto de tesis propuestas, muchas de ellas novedosas, &aacute;gilmente dispuestas y l&oacute;gica y documentadamente sustentadas en indagaciones propias, de sus alumnos y otros investigadores e intelectuales conspicuos de la talla de Putnam, Tattersall, Tomasello, Godall, Barret y Morris, por citar s&oacute;lo algunos de los que constituyen el poco m&aacute;s de medio centenar de los autores de las obras referidas en la  bibliograf&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra est&aacute; dispuesta en siete cap&iacute;tulos de extensi&oacute;n equilibrada y agrega, al final, un &iacute;ndice alfab&eacute;tico de cuidadosa manufactura. No posee un pr&oacute;logo o introducci&oacute;n, pero no le es necesario toda vez que el primer cap&iacute;tulo, "Visiones en piedra", cumple ese papel con creces. Y justamente en el primer cap&iacute;tulo define un estilo que se sostiene a lo largo de la obra: una apertura con un ejercicio de motivaci&oacute;n que parte de un relato literaturizado (en cursivas, de tal manera que podr&iacute;an seguirse s&oacute;lo los introitos y armar pr&aacute;cticamente, y con alg&uacute;n g&eacute;nero de puente, un nuevo relato de prehistoria literaria) al que le sigue un desarrollo de la tesis central del cap&iacute;tulo siempre apoyada en investigaciones cient&iacute;ficas propias y de otros (en normales). Al final de cada cap&iacute;tulo ofrece una breve conclusi&oacute;n, excepto, incomprensiblemente, en el sexto y en el s&eacute;ptimo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor, dec&iacute;a, es un virtuoso de la palabra escrita, pero de su obra voy a tomar lo que quiz&aacute; es su virtud principal: la diversidad de tesis. Una de ellas es la que centra su atenci&oacute;n en un problema medular de la antropolog&iacute;a: la relaci&oacute;n naturaleza&#150;cultura o, m&aacute;s precisamente ubicado, las bases materiales sobre las que es posible que se levante la cultura, que coadyuvan a la cultura, que hacen posible la cultura. Esto, m&aacute;s all&aacute; de las ideas generales en torno de la universal capacidad del <i>Homo sapiens </i>de pensar, de producir pensamiento abstracto, de darle sentido al mundo, a la vida y a la vida en el mundo; m&aacute;s all&aacute; de la simple enunciaci&oacute;n de la posesi&oacute;n del lenguaje, de la vida gregaria, por citar s&oacute;lo algunas, Dunbar se propuso eliminar esa "capa de cebolla" de la superficialidad, de la generalidad, para ahondar en la fisiolog&iacute;a endocrina, en el lenguaje y en la teor&iacute;a de la mente y de all&iacute;, de esa m&eacute;dula, extraer nuevas tesis que coadyuven a entender el proceso de hominizaci&oacute;n/humanizaci&oacute;n (esta expresi&oacute;n es m&iacute;a, no del autor) y los or&iacute;genes mismos de la cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dunbar es psic&oacute;logo, psic&oacute;logo evolucionista, y aunque &#151;deber&iacute;a decir que precisamente porque&#151; sus preocupaciones son psicol&oacute;gicas, no queda atrapado en  la jaula de la mente, en la neurofisiolog&iacute;a y en el funcionamiento endocrinol&oacute;gico humano, sino que incursiona en la primatolog&iacute;a comparada y en el dato etnogr&aacute;fico para proporcionar consistencia a sus tesis, mismas que empiezan a desgranarse luego del pre&aacute;mbulo interrogatorio y motivante que es el Cap&iacute;tulo I.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuna es &Aacute;frica, el ambiente es de sabana y perilacustre. El animal es un "simio erguido", gen&eacute;ticamente obligado a la bipedestalidad, naturalmente seleccionado por su condici&oacute;n de hom&iacute;nido con una pelvis "preparada para... &#949;    equilibrar el peso del tronco, y... proteger las v&iacute;sceras". Pero los hom&iacute;nidos han poblado el planeta por m&aacute;s de tres millones de a&ntilde;os, por eso, y a guisa de comparaci&oacute;n, a la vez que de deslinde, separa velozmente de su obra a los <i>Homo sapiens </i>     del resto para dejarlo "abandonado" en su supervivencia, solitario, arrojado a la naturaleza, obligado a ser, desde hace 28 mil a&ntilde;os, el &uacute;nico ejemplar de hom&iacute;nido sobre la tierra. Como subespecie cumplir&iacute;a muy bien con <i>dictum </i>existencial sartriano de ser arrojado en el mundo, solitario y condenado a ser responsable de los dem&aacute;s miembros de sus especie (al menos, agregar&iacute;a).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero <i>Homo sapiens, </i>a pesar de no ser el &uacute;nico animal inteligente, s&iacute; es el &uacute;nico capaz de imaginar que una mu&ntilde;eca est&aacute; viva, y m&aacute;s complicado a&uacute;n: imaginar que su mu&ntilde;eca (que est&aacute; viva) tiene en mente conversar con otra mu&ntilde;eca; o m&aacute;s complejo todav&iacute;a: imaginar que su mu&ntilde;eca est&aacute; viva y tiene en mente que la otra mu&ntilde;eca piensa que ella est&aacute; desali&ntilde;ada, etc. En efecto, dir&iacute;a el autor, cualquier animal sabr&iacute;a que tiene hambre o podr&iacute;a creer que un ruido cualquiera pudiese haber sido producido por un depredador; cualquier madre podr&iacute;a saber que su cr&iacute;o tiene hambre o corre peligro. A esto lo llama primer grado de intencionalidad. Pero tener una creencia acerca de otra creencia (o intenci&oacute;n) constituye el fundamento para una <i>teor&iacute;a de la mente: </i>"Jos&eacute; cree que Mar&iacute;a sabe que su mu&ntilde;eco de peluche est&aacute; dentro del armario". Esto constituye el segundo grado de intencionalidad y la forma m&aacute;s b&aacute;sica de la <i>teor&iacute;a de la mente, </i>un tipo de procesamiento mental que rebasa el nivel primigenio de la "lectura de la mente" o "mentalismo" ("yo creo que t&uacute;..."). La intencionalidad, a partir del segundo grado, es algo que ning&uacute;n otro animal posee y que nadie m&aacute;s puede realizar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dunbar rastrea en la prehistoria una correlaci&oacute;n entre tama&ntilde;o de cerebro/ tama&ntilde;o de grupo que le permite distanciar al <i>Homo sapiens </i>de otros animales: evoluci&oacute;n del tama&ntilde;o de los cerebros hom&iacute;nidos en los &uacute;ltimos tres millones de a&ntilde;os. Sin embargo, no piensa que el asunto sea una simple cuesti&oacute;n de cantidades. El mayor tama&ntilde;o se vincula con el enriquecimiento del c&oacute;rtex y esto le permite, m&iacute;nimamente: a) correlacionar directamente el mayor crecimiento de la capacidad craneana con el n&uacute;mero de miembros del grupo al que pudo pertenecer el hom&iacute;nido al que refiere el f&oacute;sil (a mayor volumen, mayor n&uacute;mero de miembros del grupo); b) deducir que a mayor capacidad craneana, aunada al mayor del di&aacute;metro del hipogloso (mayor inervaci&oacute;n y por ende mayor control de la lengua), m&aacute;s posibilidades de un lenguaje diversificado y complejo; c) mayor n&uacute;mero de miembros del grupo, mayor cerebro, mayores imposibilidades de acicalamiento, sustituci&oacute;n del acicalamiento f&iacute;sico por un acicalamiento oral; y, entre otras, d) mayor capacidad craneana se vincula inexorablemente con lo que el autor llama "Alta Cultura", expresi&oacute;n con la que distancia la cultura humana de las culturas no humanas. Controvertida tesis, sin duda, pero novedosa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel que juega el lenguaje en la evoluci&oacute;n humana, seg&uacute;n sostiene el autor, es fundamental: el lenguaje no es solamente comunicaci&oacute;n, que puede realizar cualquier animal con cerebro, seg&uacute;n sus propias palabras, sino que hace posible dos fen&oacute;menos inusitados: a) la <i>teor&iacute;a de la mente </i>en segundo, tercero y m&aacute;s grados de intencionalidad; y b) el acicalamiento verbal, dec&iacute;a. Ambos no pueden menospreciarse por las implicaciones que podemos desvelar. Ve&aacute;moslo siguiendo los propios argumentos del autor: en primer lugar, la intencionalidad supone categorizaci&oacute;n, implica un juego gramatical de enlazamientos caracterizables, al menos, como oraciones yuxtapuestas, por ejemplo, "yo pienso que t&uacute; haces lo posible para que Manuel se convenza de la imposibilidad de su victoria", cada una reflejando un grado de intencionalidad mediante sujetos y predicados (la caracterizaci&oacute;n es m&iacute;a). Y la manera de lograr los grados de intencionalidad s&oacute;lo es posible mediante el lenguaje. En segundo, Dunbar propone que, si el acicalamiento es fundamental entre los primates y m&aacute;s intenso entre m&aacute;s grande es el grupo en que se integra un individuo, ante la imposibilidad de acicalamiento f&iacute;sico en grupos enormes, como los que conform&oacute; tempranamente <i>Homo sapiens, </i>el lenguaje, mediante susurros, cantos y relatos, se convirti&oacute; en una forma sutil de acicalamiento grupal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cantidad de miembros de grupo, teor&iacute;a de la mente, acicalamiento, tienen una estrecha correlaci&oacute;n y tienen consecuencias inusitadas, por ejemplo, nos propone el autor, un producto que es &uacute;nico en el ser humano, que no ha sido posible en ning&uacute;n otro primate: la religi&oacute;n, un producto &#151;o una creaci&oacute;n&#151; cultural; por supuesto, el autor enfatiza en el hecho toda vez que considera que los primates contempor&aacute;neos, as&iacute; como los pre<i>&#150;sapiens </i>y los <i>sapiens </i>sobrevivientes han creado &#151;y crean&#151; cultura. La religi&oacute;n, como la cultura superior, supone grados de intencionalidad diversos: "Yo pienso que Dios nos cre&oacute; a imagen y semejanza de &eacute;l"; "Yo pienso que Dios tuvo raz&oacute;n al expulsar a Ad&aacute;n y Eva porque ambos lo desobedecieron", etc. La religi&oacute;n cohesiona grupos y lo hace mediante relatos y ritos, los unos que "acicalan" y los otros que, con base en pr&aacute;cticas extremas, logran la intervenci&oacute;n de un ingrediente cohesionador y gratificante: las endorfinas. Este componente coadyuvante en la gestaci&oacute;n de estados placenteros, es convocado reiteradamente para referir a &#151;y explicar&#151; temas tan diversos como el triunfo selectivo de los croma&ntilde;ones sobre los neandertales, el enamoramiento, la necesidad de cercan&iacute;a en la pareja y con los cr&iacute;os, el acicalamiento verbal y sus productos, cantos y arrullos que estimulan la producci&oacute;n endorf&iacute;nica, el papel de los cantos religiosos y las danzas en las religiones para liberar endorfinas hasta alcanzar estados ext&aacute;ticos y, en otros momentos, para generar cohesi&oacute;n mediante el logro &#151;y efectos&#151; de la risa, entre muchos otros m&aacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra es del tipo que el lector no puede abandonar una vez que ha iniciado su lectura. La disposici&oacute;n en subcap&iacute;tulos relampagueantes, empero, posibilita interrumpir pr&aacute;cticamente a discreci&oacute;n la revisi&oacute;n del texto, pero dif&iacute;cilmente podr&aacute; postergarla de manera definitiva. El oficio del autor para escribir, y su erudici&oacute;n sobre el tema son tales que un lector cuidadoso puede sobresaltarse      cuando tropiece con aqu&eacute;l p&aacute;rrafo desafortunado en el que se sostiene que el poblamiento de Am&eacute;rica se realiz&oacute; hace quince mil a&ntilde;os o aquel otro en el que, a no dudar, por un descuido de la traductora o del editor, se hizo distanciar en cientos de a&ntilde;os a los australopitecinos m&aacute;s antiguos y a los autores de las huellas de Laetoli; por supuesto, al antrop&oacute;logo que piense que cualquier dato etnogr&aacute;fico debe ser empleado exclusivamente en su encrucijada espaciotemporal y circunstancial, seguramente chocar&aacute;n algunas de las extrapolaciones a las que libremente recurre Dunbar con frecuencia. Pese a estos detalles, que pueden considerarse <i>pecata minuta, </i>y que no maculan a la obra en general, podemos considerar desde ya a este obsequio de Dunbar como una referencia imprescindible para cualquier estudioso del proceso de hominizaci&oacute;n/humanizaci&oacute;n que, despojado de la cl&aacute;sica explicaci&oacute;n de la relaci&oacute;n naturaleza&#150;sociedad mediada por la cultura, busca encontrar los posibles puentes entre los elementos del binomio con la finalidad de entender "El fen&oacute;meno humano" y, necesariamente, comprender los or&iacute;genes y soportes naturales de la cultura, as&iacute; como comprendernos como sociedad(es) y como individuo(s) en el m&aacute;s extremo de los casos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
