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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los partidos políticos en el Distrito Federal: avances, estancamientos y retrocesos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Reveles V&aacute;zquez, Francisco (coord.), <i>Los partidos pol&iacute;ticos en el Distrito Federal: avances, estancamientos y retrocesos</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Steven Iv&aacute;n Johansson Mondrag&oacute;n*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM, Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales/ Ediciones Gernika, 2011, 503 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales por la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las reformas que entre los a&ntilde;os 1988 y 2000 modificaron el Estatuto de Gobierno del Distrito Federal dieron paso a un nuevo sistema de partidos en la capital del pa&iacute;s, a la vez que otorgaron incentivos a los partidos para desarrollarse en el plano local. As&iacute;, en un lapso relativamente corto, se pas&oacute; de un predominio casi absoluto del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a un sistema con mayor pluralidad, caracterizado por la hegemon&iacute;a del Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD). A pesar de la trascendencia de estos cambios, son pocos los trabajos que han tomado como objeto de estudio a los partidos y al sistema de partidos del Distrito Federal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El volumen coordinado por Francisco Reveles, que tiene sin duda el m&eacute;rito de empezar a llenar una importante laguna en el estudio de los partidos pol&iacute;ticos en M&eacute;xico, aspira a sentar las bases para el an&aacute;lisis de los partidos en la ciudad de M&eacute;xico. Para ello, se da a la tarea de estudiar a los partidos locales a partir de cinco temas generales: desarrollo hist&oacute;rico, estructura interna, corrientes, principios ideol&oacute;gicos y tendencias electorales. La obra dedica cuatro cap&iacute;tulos al PRD, dos al PRI, dos m&aacute;s al Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN) y uno al Partido Verde Ecologista de M&eacute;xico (PVEM). Tres cap&iacute;tulos abordan, adem&aacute;s, el tema de la participaci&oacute;n y las tendencias electorales, mientras que el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo estudia la relaci&oacute;n entre el gobierno capitalino y la autoridad electoral. Completan el volumen un ep&iacute;logo, que re&uacute;ne las conclusiones generales del trabajo, as&iacute; como un breve texto sobre el estado del conocimiento de los partidos en el Distrito Federal, ambos a cargo del coordinador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cuatro trabajos sobre el PRD se centran en la vida interna del partido, y particularmente en la din&aacute;mica de sus corrientes internas. Rosendo Bolivar Meza analiza de una manera detallada, sobre todo para el periodo 2006&#45;2009, la correlaci&oacute;n de fuerzas entre las diferentes corrientes, tal y como se desprende de los procesos de selecci&oacute;n de candidatos a puestos de elecci&oacute;n popular, ofreciendo una descripci&oacute;n puntual de las pugnas internas (como en el caso de la delegaci&oacute;n Iztapalapa, en 2009), las alianzas entre corrientes, las esciciones y la creaci&oacute;n de nuevas corrientes. Partiendo de la premisa seg&uacute;n la cual las corrientes se crean, se transforman y/o se al&iacute;an con otras no por cuestiones de afinidad pol&iacute;tica o de identidad ideol&oacute;gica, sino m&aacute;s bien por la defensa de sus intereses particulares de grupo y por la b&uacute;squeda de espacios, el autor renuncia, sin embargo, a analizar en t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos la pugna recurrente entre las dos principales corrientes perredistas (Corriente Izquierda Democr&aacute;tica/Izquierda Democr&aacute;tica Nacional/Izquierda Unida, por un lado; Corriente por la Reforma Democr&aacute;tica/Nueva Izquierda, por otro).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ulises Lara L&oacute;pez se aboca, al igual que Bolivar Meza, a evaluar la correlaci&oacute;n de fuerzas entre las corrientes a partir del n&uacute;mero de candidatos a puestos de elecci&oacute;n popular obtenido por cada una de ellas, aunque no aclara la l&oacute;gica de las alianzas y enfrentamientos entre las fracciones. El autor aborda tambi&eacute;n el tema de la relaci&oacute;n entre las corrientes y las organizaciones sociales, describiendo la manera en que las primeras se consolidaron durante el periodo 1989&#45;1997. El trabajo da cuenta, por &uacute;ltimo, de la evoluci&oacute;n m&aacute;s reciente de las corrientes perredistas en el Distrito Federal: aparici&oacute;n de una nueva corriente promovida por Marcelo Ebrard (Movimiento Entre Ciudadanos), esciciones en Unidad y Renovaci&oacute;n (UNyR) y en Izquierda Social (IS), que dan lugar a la construcci&oacute;n de una nueva corriente, la Red por la Unidad Nacional de las Izquierdas (RUNI), fractura de Nueva Izquierda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para V&iacute;ctor Hugo Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, la confrontaci&oacute;n interna que vivi&oacute; el PRD en 2008&#45;2009 por el control de la dirigencia nacional no presagia una ruptura en el partido, sino que constituye un cap&iacute;tulo m&aacute;s de la "regularidad conflictiva" que lo ha caracterizado desde su fundaci&oacute;n, y que el autor rastrea en cinco elecciones internas (entre 1993 y 2005). Aunque Mart&iacute;nez da cuenta de una polarizaci&oacute;n inicial entre los miembros del partido que ven&iacute;an de la izquierda parlamentaria y aquellos provenientes de la izquierda social (polarizaci&oacute;n que reaparece, con matices, en distintos momentos de la vida interna del partido), rechaza, al igual que Bolivar Meza y Lara L&oacute;pez, que el PRD est&eacute; dividido en dos grandes proyectos o polos. Para el autor, el patr&oacute;n de los conflictos internos no obedece a dos concepciones ideol&oacute;gicas de partido, sino a diferencias en el plano estrat&eacute;gico, particularmente en lo que respecta a la relaci&oacute;n con el gobierno y al tipo de v&iacute;nculo que debe darse entre las corrientes y los liderazgos carism&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lorenzo Arrieta Ceniceros aborda tambi&eacute;n el tema de las fracciones internas del PRD&#45;DF, pero centr&aacute;ndose en el proceso de selecci&oacute;n de candidatos para la elecci&oacute;n de 2009, en el que se enfrentan dos bloques: Izquierda Unida (IU) y Nueva Izquierda (NI). El trabajo da un seguimiento puntual a la campa&ntilde;a, describiendo la pugna entre las corrientes y las pr&aacute;cticas clientelares que pusieron en pr&aacute;ctica candidatos, delegados y el propio Jefe de Gobierno, para apoyar a determinados candidatos. El autor subraya que la fuerza de las corrientes proviene de los v&iacute;nculos establecidos con las organizaciones sociales. Para aumentar su fuerza, las primeras deben canalizar recursos p&uacute;blicos a las segundas, antes de y durante los procesos electorales, internos e interpartidarios. Arrieta critica, en particular, la actuaci&oacute;n de Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador en el episodio de Iztapalapa (en el que llam&oacute; a votar, no por el candidato de su partido, sino por el del Partido del Trabajo), que habr&iacute;a contribuido a debilitar la vida institucional del partido. El texto se centra en las pr&aacute;cticas clientelares de uno de los bloques (IU), pero no aclara si el otro bloque (NI) recurre tambi&eacute;n a estas pr&aacute;cticas. Del mismo modo, el relato de los hechos en Iztapalapa resalta las pr&aacute;cticas ilegales (compra de credenciales de elector, desv&iacute;o de recursos p&uacute;blicos a las campa&ntilde;as) de uno solo de los bloques.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conjunto, los cuatro trabajos sobre el PRD capitalino aportan abundante informaci&oacute;n sobre las fracciones internas del partido, sus or&iacute;genes, sus alianzas y transformaciones, sus constantes pugnas, pero dejan de lado otros aspectos importantes de la vida del partido: la militancia, la implantaci&oacute;n territorial, los resultados de la gesti&oacute;n de las dirigencias, las propuestas program&aacute;ticas contenidas en las plataformas electorales (con excepci&oacute;n de Lorenzo Arrieta, quien &#151;cabe se&ntilde;alar&#151; dedica un apartado a la plataforma electoral local del partido para la elecci&oacute;n de 2009).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN) es, desde 2000, la segunda fuerza pol&iacute;tica en el Distrito Federal. Francisco Reveles V&aacute;zquez reconstruye la historia del partido en la capital del pa&iacute;s de 1940 a la fecha, centr&aacute;ndose en los a&ntilde;os m&aacute;s recientes (1988&#45;2009). Tras una breve exposici&oacute;n de los or&iacute;genes del panismo capitalino, el autor revisa detalladamente el desenvolvimiento del partido en aspectos tales como los liderazgos, los resultados electorales, las propuestas program&aacute;ticas y el comportamiento como oposici&oacute;n. Pese a los intentos de las sucesivas dirigencias locales por abrirse a la ciudadan&iacute;a y fortalecer la inserci&oacute;n local del partido, &eacute;ste se ha estancado, en t&eacute;rminos electorales, durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. El autor concluye que el PAN&#45;DF es una instituci&oacute;n d&eacute;bil, con pocos militantes, pocos recursos y una limitada inserci&oacute;n en la ciudadan&iacute;a. En su opini&oacute;n, esto se explica por la falta de autonom&iacute;a de la dirigencia local ante la dirigencia nacional, as&iacute; como por el comportamiento del partido como oposici&oacute;n, que lo ha exhibido como reactivo y contestatario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&iacute;ctor Alarc&oacute;n Olgu&iacute;n se da a la tarea, por su parte, de revisar las seis plataformas electorales que el PAN&#45;DF ha presentado entre 1994 y 2009, con el prop&oacute;sito de determinar si las promesas y pronunciamientos del partido corresponden a los de una organizaci&oacute;n de "derecha", y si &eacute;stos se han radicalizado al paso de los a&ntilde;os. El texto, que tiene sin duda el m&eacute;rito de abordar un tema hasta ahora poco estudiado, inicia con un largo apartado que expone el marco te&oacute;rico para el estudio del caso, en el que se destaca la conveniencia de recurrir a criterios clasificatorios que permitan ubicar las propuestas de los partidos en una escala izquierda&#45;derecha. Pero en lugar de buscar definir estos criterios, el autor opta por hacer una descripci&oacute;n de las l&iacute;neas generales de cada una de las plataformas electorales, lo que le permite resaltar en qu&eacute; temas se centra el partido y qu&eacute; temas deja de lado, pero dificulta la comparaci&oacute;n de los documentos analizados. Con todo, el ejercicio le permite concluir que el partido debe ser ubicado "del centro hacia la derecha" y que su discurso se ha radicalizado con su cr&iacute;tica a la diversidad sexual, al aborto y a las iniciativas (perredistas) en materia de educaci&oacute;n. La disyuntiva para el partido, concluye Alarc&oacute;n, estar&iacute;a en buscar ser un partido propositivo y moderno o en mantenerse como un partido "proteccionista" que se opone a pr&aacute;cticamente todas las acciones del gobierno en turno.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el PAN&#45;DF se encuentra, de acuerdo con Francisco Reveles, en una situaci&oacute;n de estancamiento, las cosas no lucen mejor para el pri&iacute;smo capitalino. Ricardo Espinoza Toledo y Olga Roc&iacute;o D&iacute;az caracterizan al actual PRI&#45;DF como una organizaci&oacute;n pr&aacute;cticamente inexistente y como un partido pol&iacute;ticamente irrelevante. Los autores asocian la ca&iacute;da del partido, a partir de 1997 (en 1994 era todav&iacute;a, por amplio margen, la primera fuerza pol&iacute;tica de la capital), a sus problemas internos (conflictos interminables, presencia de corrientes de opini&oacute;n irreconciliables, falta de recursos), as&iacute; como a la subordinaci&oacute;n del pri&iacute;smo capitalino a la estructura nacional, condici&oacute;n que, a partir de la alternancia, se ve reflejada en la ausencia de una estructura local propia. Si bien los autores procuran dar una visi&oacute;n completa del PRI en la capital (analizando temas como el de las corrientes internas, las dirigencias locales y los v&iacute;nculos con las organizaciones sociales), la falta de informaci&oacute;n disponible les impide profundizar en varios de los aspectos abordados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luis Reyes Garc&iacute;a ve en las reformas pol&iacute;tico&#45;electorales instrumentadas en el Distrito Federal a partir de 1987&#45;1988, por un lado, y en la p&eacute;rdida del tutelaje que cobij&oacute; al partido hasta 1997&#45;2000 (el Regente y el Presidente), por otro lado, dos de las principales fuentes de explicaci&oacute;n del abrupto fin de la hegemon&iacute;a pri&iacute;sta en la capital del pa&iacute;s. Luego de describir el r&eacute;gimen pol&iacute;tico de excepci&oacute;n que prevaleci&oacute; hasta 1988 y las reformas introducidas a partir de esa fecha, el autor presenta los resultados electorales obtenidos por el PRI&#45;DF entre 1988 y 2009 (destacando que, desde 1997, el partido no ha ganado una sola curul de mayor&iacute;a relativa), terminando con una breve semblanza de la vida interna del partido en el periodo 2000&#45;2009, marcada por una amplia crisis organizativa. Pese al interesante recuento del "ocaso" de la hegemon&iacute;a electoral del PRI en el Distrito Federal, no quedan suficientemente claras las razones del desplome electoral del partido, que pas&oacute; de una votaci&oacute;n de 45.8 por ciento en 1991 y de 39.5 en 1994 a una de 23.1 en 1997 y de 22.1 en 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El actual sistema de partidos del Distrito Federal se caracteriza por una presencia significativa de partidos minoritarios, que en 2009 alcanzaron, en conjunto, cerca de 28 por ciento de la votaci&oacute;n. Josafat Cort&eacute;z Salinas busca reconstruir la historia del que considera m&aacute;s exitoso: el Partido Verde Ecologista de M&eacute;xico (PVEM). El autor describe con precisi&oacute;n la estructura interna del partido (marcada por un fuerte centralismo, una f&eacute;rrea disciplina interna y mecanismos de afiliaci&oacute;n cerrados), su oferta program&aacute;tica (cambiante y contradictoria) y su desempe&ntilde;o electoral. Para Cort&eacute;z, el &eacute;xito del PVEM en el Distrito Federal (en donde alcanza el 9.1 por ciento de la votaci&oacute;n en 2009) se debe menos a las alianzas electorales que a su "oferta pol&iacute;tica", que ha sabido explotar temas que se identifican con las demandas ciudadanas del momento: participaci&oacute;n ciudadana, juventud, ecologismo, inseguridad, insatisfacci&oacute;n con algunos servicios p&uacute;blicos. El oportunismo ha incluso llevado al Verde mexicano a sostener posiciones (como la pena de muerte) diametralmente opuestas a las del movimiento ecologista internacional, lo que lleva al autor a concluir que el PVEM es un partido verde en el membrete, pero sin una base social (ni principios, cabr&iacute;a agregar) ecologista(s).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios en la participaci&oacute;n ciudadana y en las tendencias electorales sugieren la aparici&oacute;n, desde finales de la d&eacute;cada de 1980, de un nuevo tipo de votante. Tomando como marco la teor&iacute;a del realineamiento electoral, Marcela Bravo&#45;Ahuja Ruiz sostiene as&iacute; que tras un periodo cr&iacute;tico de inestabilidad del voto (1982&#45;1997), en 1997 se inicia una nueva era electoral en la capital del pa&iacute;s, marcada por el predominio (y, en ocasiones, la hegemon&iacute;a) del Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica. En las elecciones de 2009, el voto perredista entra en una crisis relativa, pero se trata, en opini&oacute;n de la autora, de elecciones "desviadas" de las que el partido probablemente se repondr&aacute;. Aunque la teor&iacute;a del realineamiento proporciona valiosos instrumentos para interpretar los resultados electorales, no permite explicar las causas de los reacomodos (del realineamiento), que deben buscarse en "factores hist&oacute;rico&#45;pol&iacute;ticos". As&iacute;, la autora atribuye la ruptura de 1997 al arrastre y al carisma de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas, explicaci&oacute;n que, al igual que las que ofrecen Olga D&iacute;az, Ricardo Espinoza y Luis Reyes, resulta insuficiente para dar cuenta de la magnitud del reacomodo ocurrido entre 1994 y 1997.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luz Mar&iacute;a Cruz Parcero analiza, por su parte, la relaci&oacute;n entre variables socio&#45;econ&oacute;micas y participaci&oacute;n en tres elecciones locales (2000, 2003 y 2006), buscando poner a prueba la hip&oacute;tesis com&uacute;nmente sostenida seg&uacute;n la cual los sectores socio&#45;econ&oacute;micos m&aacute;s altos tienden a participar m&aacute;s. La autora encuentra que esta hip&oacute;tesis s&oacute;lo se verifica en las elecciones de 2000, y en el caso de las otras dos elecciones, en los datos para el Distrito Federal en su conjunto. En el caso de las delegaciones, los datos muestran que los sectores m&aacute;s participativos fueron los medios, mientras que en tres delegaciones (Cuauht&eacute;moc, Azcapotzalco y Miguel Hidalgo) fueron los bajos. Cruz Parcero explica este &uacute;ltimo fen&oacute;meno por la existencia de grupos clientelares. Tambi&eacute;n sugiere que la mayor participaci&oacute;n de los sectores altos en 2000 podr&iacute;a deberse al "efecto Fox". Pero no avanza una explicaci&oacute;n de lo que constituye, sin duda, su principal hallazgo: la mayor participaci&oacute;n, a nivel delegacional, de los sectores medios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Juan Reyes del Campillo, quien analiza los datos de la elecci&oacute;n de 2009, son dos las variables que explican los niveles de participaci&oacute;n electoral: los ingresos (la participaci&oacute;n disminuye a medida que disminuye el nivel de ingresos) y la importancia de la disputa electoral. En 2009, la mayor participaci&oacute;n se observa en las delegaciones que gan&oacute; el PAN (Benito Ju&aacute;rez, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo) y en aquellas en donde el PRD enfrent&oacute; la mayor competencia (Coyoac&aacute;n, Azcapotzalco y Milpa Alta). El autor encuentra &#151;por otro lado&#151; un v&iacute;nculo entre el comportamiento socio&#45;pol&iacute;tico de los capitalinos y la pertenencia a determinados estratos socioecon&oacute;micos: la votaci&oacute;n por el PAN decrece fuertemente a medida que disminuyen los ingresos, el PRI obtiene su mayor nivel de votaci&oacute;n entre los estratos medios de la poblaci&oacute;n, mientras que, en los casos del PRD, del PVEM y del Partido del Trabajo, la votaci&oacute;n aumenta a medida que disminuye el ingreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del volumen est&aacute; dedicado a la relaci&oacute;n entre el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) y las fuerzas pol&iacute;ticas predominantes en la ciudad, desde la creaci&oacute;n del primero hasta la "crisis" de 2008, que culmina con la salida precipitada del Consejero Presidente. Para Rosa Mar&iacute;a Mir&oacute;n Lince, las reformas m&aacute;s recientes al C&oacute;digo Electoral del Distrito Federal han buscado adecuar la legislaci&oacute;n a los intereses de la fracci&oacute;n legislativa dominante y del gobierno de la ciudad. As&iacute;, la reforma aprobada en diciembre de 2003 rest&oacute; autonom&iacute;a al Instituto, acotando las facultades de los &oacute;rganos colegiados, muchas de las cuales pasaron a la Junta Ejecutiva del IEDF (creada por esa misma reforma), y concentrando un gran poder en el Consejero Presidente, quien a partir de entonces presidir&iacute;a tanto la Junta como el propio IEDF. Otro elemento que, para la autora, vulnera la autonom&iacute;a de la autoridad electoral es la designaci&oacute;n de los consejeros electorales con base en "cuotas partidistas". La pr&aacute;ctica qued&oacute; evidenciada en 2005, con motivo de la primera renovaci&oacute;n de los consejeros electorales. En esa ocasi&oacute;n, el PRD aleg&oacute; que le correspond&iacute;a designar a la mayor&iacute;a de los consejeros, argumentando que el Consejo General (CG) deb&iacute;a reflejar el equilibrio de fuerzas en la Asamblea Legislativa. El episodio de 2008, originado por los desacuerdos entre partidos pol&iacute;ticos en torno a la renovaci&oacute;n del CG, volvi&oacute; a exhibir la pretensi&oacute;n de las fuerzas pol&iacute;ticas del Distrito Federal de controlar a la autoridad electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de algunas omisiones (en aspectos tales como la militancia, la implantaci&oacute;n territorial y, en el caso del PRD, las propuestas program&aacute;ticas), los textos que conforman este volumen constituyen, sin duda, una valiosa aportaci&oacute;n al conocimiento de los partidos y de los procesos electorales en el Distrito Federal.</font></p>      ]]></body>

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