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<journal-title><![CDATA[Estudios políticos (México)]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Guadalupe: Sociopolítica mexicana desde la iconografía religiosa]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents a brief overview of the link between history and iconography in the formation of the mexican national identity. In particular, the author takes up the image of the Guadalupe virgen, as one of the key elements for the formation of that identity. From the perspective of the author the conception of national reality has been linked through-out history by parameters defined from the State as "official identity" which has prompted the Mexican society to build its coincident reality sometimes with and sometimes especially faced with the government.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Arte y poder</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La Guadalupe. Sociopol&iacute;tica mexicana desde la iconograf&iacute;a religiosa</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ariel Arnal*</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Maestro en Historia por la Universidad Iberoamericana. Profesor de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo presenta un breve repaso sobre el v&iacute;nculo que existe entre la historia y la iconograf&iacute;a para la formaci&oacute;n de la identidad nacional en el caso de M&eacute;xico. En particular, el autor retoma la imagen de la virgen de Guadalupe, como uno de los elementos fundamentales para la formaci&oacute;n de dicha identidad. Desde la perspectiva del autor, la concepci&oacute;n de la idea sobre la <i>realidad nacional</i> ha estado ligada a lo largo de la historia a par&aacute;metros de control definidos por el Estado como "identidad oficial", lo que ha provocado que la sociedad construya su realidad coincidente a veces con el gobierno y a veces especialmente enfrentada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Identidad nacional, r&eacute;gimen pol&iacute;tico, M&eacute;xico, virgen de Guadalupe. </font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article presents a brief overview of the link between history and iconography in the formation of the mexican national identity. In particular, the author takes up the image of the Guadalupe virgen, as one of the key elements for the formation of that identity. From the perspective of the author the conception of <i>national reality</i> has been linked through&#45;out history by parameters defined from the State as "official identity" which has prompted the Mexican society to build its coincident reality sometimes with and sometimes especially faced with the government.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Keywords:</b> National identity, political regime, Mexico, virgen de Guadalupe.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde que el mundo es mundo, todo poder humano ha necesitado ineludiblemente construir su propia identidad. Cuando ese poder humano se trata del Estado, esa construcci&oacute;n de identidad la llamamos identidad oficial. Es as&iacute; como de all&iacute;, en las parcelas que en su conjunto conforman lo que el Estado es, hallamos una ideolog&iacute;a oficial, una pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social oficial, as&iacute; como una historia y una iconograf&iacute;a oficial. De igual modo, frente a esa ineludible identidad oficial, la gente com&uacute;n construye a su manera su propia identidad; a veces coincidente con </font><font face="verdana" size="2">el Estado y a veces definitivamente enfrentada. Para el caso de nuestro pa&iacute;s, Enrique Florescano<sup><a href="#notas">1</a></sup> ha dedicado buena parte de su trabajo a discernir la manera en que se construyen ambas identidades. La virgen de Guadalupe ha sido hist&oacute;ricamente en M&eacute;xico materia para construir lo uno y lo otro. Lo que aqu&iacute; nos interesa es hacer un breve recuento sobre la relaci&oacute;n que existe entre ambas disciplinas &#151;la historia y la iconograf&iacute;a&#151;, a lo largo de los doscientos a&ntilde;os de la historia del M&eacute;xico independiente, siempre desde esa identidad oficial con la que, mal que nos pese, hemos convivido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, el primer icono que hist&oacute;ricamente ha unificado a este pa&iacute;s como Estado independiente es la tilma del indio Juan Diego. La virgen de Guadalupe se convierte as&iacute; en el primer elemento alrededor del cual se agrupan los criollos para echar a andar su proyecto soberanista en el seno de la Corona espa&ntilde;ola. En la obra de David Brading<sup><a href="#notas">2</a></sup> al respecto, podemos apreciar que m&aacute;s all&aacute; del valor estrictamente religioso que la imagen y su historia puedan tener, la virgen de Guadalupe se convierte muy pronto en un eje alrededor del cual se congregan desde luego la oligarqu&iacute;a criolla, pero tambi&eacute;n buena parte de las castas que conforman la sociedad colonial. Solamente la virgen de Guadalupe se impone como icono identitario del criollismo frente a otros proyectos frustrados, como son San Felipe de Jes&uacute;s, la China poblana (como Catarina de San Juan), o Juan de Palafox y Mendoza.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La madre de los "gachupines": la virgen de los Remedios</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, la intenci&oacute;n peninsular de imponer a la virgen de los Remedios como la primera protectora cristiana de la Nueva Espa&ntilde;a choca frontalmente con el objetivo identitario de los criollos; distinguirse y oponerse a la identidad espa&ntilde;ola peninsular. Esa es la raz&oacute;n por la que la virgen de los Remedios no halla eco en la Am&eacute;rica septentrional. Como icono aglutinador, dicha virgen estaba viciada de origen por dos razones. En primer lugar, es una virgen estrictamente espa&ntilde;ola, concretamente extreme&ntilde;a, como el propio Cort&eacute;s y buena parte de la soldadesca que con &eacute;l lleg&oacute; a M&eacute;xico. En segundo lugar, la aparici&oacute;n a las tropas de Cort&eacute;s en 1520 &#151;en Popotla, seg&uacute;n la tradici&oacute;n capitalina; en Totoltepec (hoy cerro de los Remedios), seg&uacute;n los naucalpenses&#151;, toma la forma tradicional de las apariciones peninsulares en la guerra contra los musulmanes. Despu&eacute;s de </font><font face="verdana" size="2">la derrota infringida en Tenochtitlan, y tras ba&ntilde;ar con sus l&aacute;grimas un simple sabino (otro mito hoy cuestionado), la soldada reza por la intercesi&oacute;n de la virgen de los Remedios; a partir de la consiguiente aparici&oacute;n, las tropas de Cort&eacute;s ya no conocer&aacute;n la derrota frente a los infieles. Ese es el origen de la actual bas&iacute;lica de los Remedios de Naucalpan, construida en 1575.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no es &eacute;sa la historia que los criollos puedan presentar como propia a finales del siglo XVIII. No es &eacute;sa la santa imagen que pueda incluir a la gran mayor&iacute;a de las castas, especialmente a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena o mestiza. Llegada la hora de los reclamos soberanistas a la vuelta del siglo, la virgen de los Remedios quedar&aacute; arrinconada como el s&iacute;mbolo exclusivo de los peninsulares frente a los criollos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La importaci&oacute;n de la fe</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es ya sabido que los elementos que permitieron a la virgen de Guadalupe constituirse en icono &#151;primero de las exigencias autonomistas y despu&eacute;s de la llana independencia&#151;, provienen fundamentalmente de dos aspectos. En primer lugar, es una propuesta espa&ntilde;ola nada m&aacute;s concluida la conquista militar. La virgen morena de la villa de Guadalupe, en C&aacute;ceres, Extremadura, originalmente jer&oacute;nima pero en posesi&oacute;n para entonces de los franciscanos, fue hallada a finales del siglo XII por el pastor Gil Cordero a la vera del r&iacute;o Guadalupe. Esta virgen tambi&eacute;n morena como la novohispana, contaba para el siglo XVI con los elementos de la de los Remedios, a saber, extreme&ntilde;a como los conquistadores, cristiana vieja y franciscana. En segundo lugar, la coincidencia con la diosa n&aacute;huatl Coatlicue<sup><a href="#notas">3</a></sup> Tonantzin del cerro Tepeyac, permit&iacute;a el ecumenismo prehisp&aacute;nico con la nueva religi&oacute;n impuesta. As&iacute;, en la Nueva Espa&ntilde;a, al her&eacute;tico nombre de Coatlicue, le sobrevivi&oacute; el adjetivo Tonantzin, "Nuestra madrecita". La casta de los espa&ntilde;oles &#151;criollos y peninsulares&#151; pod&iacute;a ahora adorar a una virgen cristiana, la madre de Dios, ya fuese extreme&ntilde;a para unos o novohispana para otros. Adem&aacute;s, soterradamente la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena seguir&iacute;a venerando a su antigua Coatlicue en el silencio de sus rezos. Quedaba de este modo constituido el que ser&iacute;a el icono de la mexicanidad hasta nuestros d&iacute;as, icono com&uacute;n gracias a la amplia ambig&uuml;edad de su significado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegamos as&iacute; al grito del pueblo de Dolores, donde el padre de la patria, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, grita en la madrugada del 16 de septiembre de 1810: "&iexcl;Viva la virgen de Guadalupe!, &iexcl;muera el mal gobierno!, &iexcl;viva Fernando VII!", todo ello, exigiendo tan s&oacute;lo el cumplimiento de la ley. Como "padre de la patria", Hidalgo es el que fecunda la conciencia criolla con la Independencia, convirtiendo las reivindicaciones &#151;autonomistas primero e independentistas despu&eacute;s&#151;, en una larga gestaci&oacute;n de once a&ntilde;os. El 27 de septiembre de 1821 ser&aacute; el emperador de M&eacute;xico, Agust&iacute;n Iturbide, quien materialice dicha independencia, teniendo como testigo a la efigie de la virgen de Guadalupe en el antiguo Palacio del Virrey. &iquest;Por qu&eacute; Hidalgo reclama la autonom&iacute;a al tiempo que declara su fidelidad a Fernando VII, uniendo a ello la reproducci&oacute;n de la tilma de la virgen de Guadalupe de la villa de Atotonilco? Porque a pesar de su origen, &eacute;sta se opone a la de los Remedios, la de los peninsulares, la de los "gachupines" que se quedan con los cargos m&aacute;s altos y mejor remunerados, marginando a los criollos que por ley tienen derecho a dichos puestos en la administraci&oacute;n novohispana. Inmediatamente despu&eacute;s, si bien el antiguo sacerdote, Jos&eacute; Mar&iacute;a Morelos y Pav&oacute;n, utiliza una ense&ntilde;a que hace referencia indiscutible al pasado tenochca a trav&eacute;s del &aacute;guila de la entonces ciudad de M&eacute;xico, incluye tambi&eacute;n en la misma las siglas de la frase "Viva&nbsp;la Virgen Mar&iacute;a". Es as&iacute; como, tras el simb&oacute;lico "abrazo de Acatempan"<i> </i></font><font face="verdana" size="2">que sellar&iacute;a el final de la contienda militar por la independencia, la virgen criolla e ind&iacute;gena, "nuestra" Guadalupe", ser&aacute; de manera natural la que presida la declaraci&oacute;n de Independencia en lo que hoy se conoce como Palacio Nacional.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Maximiliano I de Habsburgo, id&eacute;ntico al indio Juan Diego</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la primera mitad del siglo XIX, donde las luchas por el poder entre conservadores y liberales son la t&oacute;nica, la virgen de Guadalupe no es puesta en cuesti&oacute;n, a pesar de que la Iglesia cat&oacute;lica romana, poseedora oficial de la patente del guadalupanismo, viva feliz su matrimonio con los conservadores o cometa adulterio durante los gobiernos liberales. No ser&aacute; sino hasta la llegada de Maximiliano I cuando el emperador cat&oacute;lico ponga la propaganda iconogr&aacute;fica a su servicio, vali&eacute;ndose exitosamente de la virgen cat&oacute;lica y confesional. Maximiliano, un monarca de origen extranjero que habla el espa&ntilde;ol con grave acento alem&aacute;n, debe mexicanizarse a toda costa frente a su pueblo de adopci&oacute;n. En ese sentido, Benito Ju&aacute;rez, el </font><font face="verdana" size="2">Presidente de la Rep&uacute;blica a quien el emperador debe enfrentarse por las armas, lo tiene f&aacute;cil.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La f&oacute;rmula adoptada por la monarqu&iacute;a ser&aacute; sencilla. Si ser mexicano significa ser guadalupano, Maximiliano excluye a sus contrincantes a partir de los propios principios liberales, el laicismo del Estado, "agua de su propio chocolate". Un Estado laico no es guadalupano, y por ende no es mexicano. S&oacute;lo &eacute;l &#151;el emperador&#151;, quien en una popular postal de la &eacute;poca aparecer&aacute; junto a la emperatriz Carlota postrado a los pies de la virgen, es bendecido por la madre de todos los mexicanos como emperador de la naci&oacute;n cat&oacute;lica. Por si fuera poco, bajo los pies de la pareja imperial, las armas del flaco ej&eacute;rcito mon&aacute;rquico son bendecidas tambi&eacute;n por la Guadalupe. De este modo, la virgen bendice no s&oacute;lo a los emperadores, sino al ej&eacute;rcito y sus armas que defender&aacute;n no ya al nuevo jefe de Estado de la monarqu&iacute;a, sino a la propia virgen de Guadalupe. Bajo la advocaci&oacute;n de la virgen, la madre de todos los mexicanos, el imperio se convierte en instrumento en defensa de la mexicanidad que significa el ser guadalupano. A pesar de las expresiones p&uacute;blicas de guadalupanismo y de catolicismo practicante por parte de Benito Ju&aacute;rez y de buena parte de los caudillos liberales, frente al triple matrimonio divino entre Patria, virgen de Guadalupe e imperio, Ju&aacute;rez poco puede hacer.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El Plan de Ayala de nuestra madrecita</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a la militancia activa de la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica, el liberalismo juarista convivir&aacute; esquizofr&eacute;nicamente con su propia pr&aacute;ctica religiosa. S&oacute;lo hasta el Porfiriato &#151;&uacute;ltimo tercio del siglo XIX y primera d&eacute;cada del siglo XX&#151; el Estado y la Iglesia llegar&aacute;n a un respeto cordial, que nunca se convertir&aacute; en la a&ntilde;orada luna de miel entre iglesia y gobiernos conservadores. Con la Revoluci&oacute;n, la virgen de Guadalupe aparecer&aacute; nuevamente en los estandartes y banderas. Quienes se asociar&aacute;n indefectiblemente a s&iacute; mismos con la virgen ser&aacute;n los caudillos y tropa de Emiliano Zapata. No son pocas las im&aacute;genes que se conservan en el Fondo Casasola de la Fototeca del INAH en las que enarbolan la imagen de la virgen. Son especialmente numerosas las que documentan la entrada de los zapatistas en Cuernavaca en 1911 y en la ciudad de M&eacute;xico en 1914. En estas fotograf&iacute;as encontramos, siempre al frente de las tropas zapatistas, a veces el estandarte de la virgen de Guadalupe, a veces la bandera mexicana. Sin embargo, mayoritariamente hallamos ambas o una combinaci&oacute;n, es decir, los colores verticales de la bandera mexicana, en la que se ha sustituido el escudo nacional por la efigie de la virgen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante de la utilizaci&oacute;n de la imagen de la virgen de Guadalupe por los zapatistas, es que &eacute;stos no tienen empacho en reconocer p&uacute;blica y ampliamente su guadalupanismo. El sentido de ello es exactamente igual que el que en su momento le otorgaba la propaganda de Maximiliano. La virgen de Guadalupe es antes que nada la fundadora de la identidad mexicana, en lo pol&iacute;tico y en lo religioso. Se asume as&iacute; que la base de los principios legitimadores del movimiento zapatista son la religi&oacute;n y la patria, ambas unidas en el estandarte del cura Hidalgo. De ese modo, si Zapata y sus seguidores ligan su origen pol&iacute;tico a la tradici&oacute;n liberal del siglo XIX, iconogr&aacute;ficamente lo hacen al nacimiento del M&eacute;xico independiente, al Grito de Dolores de 1810. La Revoluci&oacute;n Mexicana en su versi&oacute;n zapatista se constituye as&iacute; en la heredera leg&iacute;tima del mito fundacional de la naci&oacute;n mexicana, hija, por si fuera poco, nada m&aacute;s y nada menos que de la madre de Dios. &iquest;Qui&eacute;n se atreve a cuestionar los principios zapatistas, ligados a la tierra, a las estructuras prehisp&aacute;nicas materializadas a trav&eacute;s del fundamento mismo de la sociedad; la familia?, &iquest;no es acaso la virgen de Guadalupe precisamente eso, la madre mestiza de M&eacute;xico, ejemplo de la familia mexicana? As&iacute; como la virgen escoge a un indio, Juan Diego, para dar a conocer su mensaje redentor al pueblo novohispano, del mismo modo ahora escoge a las tropas zapatistas, conformadas por indios y mestizos, &nbsp;para redimir al peque&ntilde;o propietario agrario del sur, y de paso, una vez m&aacute;s,<i> </i></font><font face="verdana" size="2">a toda la naci&oacute;n mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son significativas las fotos conservadas en el Fondo Casasola del INAH sobre la entrega de la ciudad de Cuernavaca a las tropas zapatistas en 1911. Zapata dejar&iacute;a a cargo de su Estado Mayor a Abraham Mart&iacute;nez, eligiendo como sede para ello el hotel Moctezuma. Las fotograf&iacute;as del momento tomadas por varios fot&oacute;grafos (ninguno de ellos Casasola) muestran una multitud de gente rodeando a numerosos oficiales zapatistas a caballo, tratando de abrirse paso entre la muchedumbre hacia la puerta de acceso del hotel. Destaca entre ellos el propio Emiliano Zapata, a unos cuantos metros del estandarte que preside su Estado Mayor, la efigie de la madre de M&eacute;xico; Zapata, heredero manifiesto de los principios laicos del liberalismo del siglo XIX, es tambi&eacute;n el hijo predilecto de la Tonantzin, "nuestra madrecita".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para desgracia de la conciencia guadalupana del zapatismo original, la prensa de la &eacute;poca marginar&aacute; este tipo de im&aacute;genes a la hora de publicar algo sobre los "bandidos" surianos. De igual modo, es as&iacute; como pasar&aacute; el zapatismo a los anales de la historia cuando se reinvente la Revoluci&oacute;n a partir de 1920. Hasta el d&iacute;a de hoy, la herencia que ha llegado del caudillo de sur es su arraigo a la tierra, as&iacute; como sus valores y principios supuestamente incorruptibles. De esta manera es como llega hoy, a noventa a&ntilde;os </font><font face="verdana" size="2">de su muerte, alejado definitivamente de cualquier v&iacute;nculo expreso entre pr&aacute;ctica pol&iacute;tica y los principios religiosos que en su momento hizo suyos el zapatismo hist&oacute;rico.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La virgen de la cruzada: los Cristeros</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donde la virgen de Guadalupe convive sin tapujos con la ense&ntilde;a nacional, es en el imaginario colectivo cristero. La Guerra cristera (1926&#45;1929) halla sus ra&iacute;ces en conflictos agrarios mal resueltos, es cierto, pero sobre todo en el choque entre dos concepciones bien distintas de lo que la mexicanidad significa.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La "Cristiada" es como se le conoce a la sangrienta guerra entre el Estado posrevolucionario, laico, anticlerical y liberal, por un lado, y las organizaciones campesinas profundamente religiosas e importantes sectores de la iglesia cat&oacute;lica mexicana, por el otro. La Cristiada es el atanor del siglo XX, donde se mezclan el nacionalismo mexicano con los valores conservadores m&aacute;s tradicionales, ambos materializados en Cristo rey y la virgen de Guadalupe. Como hicieran los zapatistas pocos a&ntilde;os atr&aacute;s, los cristeros unir&aacute;n la bandera nacional y la Guadalupe. Es significativo que a pesar de que el conocido lema de los cristeros "&iexcl;Viva Cristo rey!" hac&iacute;a referencia directa al hijo de Dios, quien aparece profusamente en estandartes y banderas es su madre, la virgen Mar&iacute;a en su advocaci&oacute;n de Guadalupe.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De familia cristera y radicado en la ciudad de M&eacute;xico es Manuel Ramos, un destacado fot&oacute;grafo de <i>El Imparcial</i> en tiempos de la Revoluci&oacute;n, ganador de varios premios en concursos art&iacute;sticos organizados en la &eacute;poca por fotorreporteros y academias. Famosa es su premiada foto en la que aparece un polic&iacute;a rural en campa&ntilde;a militar &#151;ya maduro&#151; apuntando en guardia su fusil por la ventana de un tren. Esta foto depositada en la Fototeca del INAH, ha sido &#151;como la gran mayor&iacute;a de las im&aacute;genes del Fondo Casasola&#151; atribuida err&oacute;neamente a Agust&iacute;n V&iacute;ctor Casasola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no es esta foto de la que nos interesa hablar aqu&iacute;, sino de una reprograf&iacute;a de la tilma de Juan Diego que Ramos tom&oacute; en 1923. La fotograf&iacute;a en cuesti&oacute;n fue "certificada" por el arzobispo de M&eacute;xico con la siguiente leyenda: "Damos f&eacute; que esta fotograf&iacute;a fu&eacute; tomada directamente del original el 18 de mayo de 1923 &#91;r&uacute;brica&#93; arzobispo de M&eacute;xico"</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta interesante que tal y como apunta Walter Benjamin,<sup><a href="#notas">5</a></sup> en una &eacute;poca en que la t&eacute;cnica permite la democratizaci&oacute;n de la imagen, las convenciones del imaginario colectivo evolucionan hacia un nuevo nivel de lo que el valor cultural de la fotograf&iacute;a significa. Seg&uacute;n Benjamin, el valor cultural de una reproducci&oacute;n es aquel otorgado por el aura de la misma. Esa aura es en s&iacute; lo que la convierte en un fetiche en el sentido antropol&oacute;gico del t&eacute;rmino, es decir, en un objeto en el cual depositamos y concentramos nuestros deseos o simplemente a trav&eacute;s del cual ponemos en marcha la memoria. Eso es efectivamente la estampa de san Mart&iacute;n Caballero, san Judas Tadeo o la fotograf&iacute;a de la abuela que al verla genera en nosotros un sin fin de recuerdos asociados a ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, la fotograf&iacute;a de la tilma de Juan Diego &#151;el primer fot&oacute;grafo mexicano seg&uacute;n H&eacute;ctor Garc&iacute;a&#151;<sup><a href="#notas">6</a></sup> realizada por Ramos, se convierte por medio de la certificaci&oacute;n arzobispal, en el primer paso hacia la modernizaci&oacute;n del culto port&aacute;til de la virgen de Guadalupe. Su discreta pero conocida simpat&iacute;a por los cristeros, le valdr&aacute; a Ramos la marginaci&oacute;n en el medio period&iacute;stico, teniendo que sobrevivir durante la guerra como fot&oacute;grafo de edificios declarados de inter&eacute;s nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que el aura de la que habla Benjamin ha pasado a la categor&iacute;a de aura divina, Ramos puede realizar el fotomontaje de un supuesto&nbsp;Juan Diego adorando a la virgen delante de los volcanes <i>Popocat&eacute;petl</i> e<i> </i></font><font face="verdana" size="2"><i>Iztaccihuatl</i> del Valle de Chalco. La magia que impregna la fe no necesita ya de la reliquia de los huesos de los santos o del retazo de la milagrosa tilma original; la fotograf&iacute;a certificada, el papel sensible producido como en panader&iacute;a, es ahora la reliquia misma. Estamos, a principios del siglo XX, a m&aacute;s de un siglo de las m&uacute;ltiples copias al &oacute;leo de Miguel Cabrera, ante la aut&eacute;ntica democratizaci&oacute;n y popularizaci&oacute;n de la imagen de la virgen de Guadalupe.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La cristera m&aacute;s sexy</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los s&iacute;mbolos no son as&eacute;pticos. La historia de M&eacute;xico ha manchado con mucha sangre los propios, manchas que no salen f&aacute;cilmente, ni con el mejor quitamanchas patrio. Esa es la raz&oacute;n de que, m&aacute;s all&aacute; de la banalidad intr&iacute;nseca al evento, el festejo de <i>Miss Universo</i> en el a&ntilde;o 2007 haya cau</font><font face="verdana" size="2">sado tanto revuelo en la sociedad mexicana. El disfraz de adelita cristera&#45;sexy que vestir&iacute;a en esa ocasi&oacute;n la flamante <i>Miss M&eacute;xico</i> 2006, Rosa Mar&iacute;a Ojeda, tapizaba la falda con fotograf&iacute;as provenientes en su mayor&iacute;a del Fondo Casasola del INAH, como la popular "Adelita", cad&aacute;veres de cristeros colgados y, por supuesto, la virgen de Guadalupe a todo color, aderezado todo ello como complemento un enorme crucifijo en el pecho de Rosa Mar&iacute;a. La dise&ntilde;adora del vestido en cuesti&oacute;n aludi&oacute; que nos gustara o no, los mexicanos contempor&aacute;neos proven&iacute;amos de los cristeros. Desde la prensa laica le contestaron acertadamente que, "afortunadamente, no todos proven&iacute;amos de los cristeros".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n por la que un evento privado, banal e intrascendente para la vida pol&iacute;tica de M&eacute;xico tuviese tanto eco en la prensa? En primer lugar, porque tocaba heridas producidas a lo largo de casi cien a&ntilde;os de disputas no resultas, la &uacute;ltima con alrededor de 250 mil muertos en poco m&aacute;s de tres a&ntilde;os. En segundo lugar, porque la iconograf&iacute;a escogida por la dise&ntilde;adora, hac&iacute;a referencia al lenguaje visual com&uacute;n, a ese idioma de im&aacute;genes que se hab&iacute;a ido construyendo desde que en 1922, el ministro Jos&eacute; Vasconcelos abri&oacute; por primera vez los muros p&uacute;blicos del Ministerio de Educaci&oacute;n a los muralistas m&aacute;s afamados, todo ello para regodeo del nuevo mito revolucionario. Todo el disfraz de cristera hablaba el lenguaje visual de la calle, el de las adelitas (usadas tambi&eacute;n por L&oacute;pez Obrador), hasta la m&aacute;s que popular virgen de Guadalupe. La Revoluci&oacute;n, los cristeros y la virgen eran elementos tan asentados en el imaginario colectivo mexicano que se pod&iacute;a recurrir a ellos como comod&iacute;n para otorgarles nuevos significados. El lenguaje iconogr&aacute;fico es convencional, y como tal, cambia con el tiempo y de un lugar a otro; siendo la materia prima no s&oacute;lo de la iconograf&iacute;a oficial, sino sobre todo de la gente com&uacute;n que lo usa y lo vive. Desde luego, cada vez que asistimos a un cambio de significado iconogr&aacute;fico, ello no asegura que toda la sociedad comparta la nueva definici&oacute;n del s&iacute;mbolo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El presidente que se perdi&oacute; en el t&uacute;nel del tiempo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como un rito religiosamente laico, cada a&ntilde;o M&eacute;xico festeja su independencia con la ceremonia denominada "El grito". El punto &aacute;lgido de esta ceremonia ocurre el 15 de septiembre a las once de la noche, cuando el Presidente de la Rep&uacute;blica se asoma por el balc&oacute;n central del Palacio Nacional y "grita" una oda a los h&eacute;roes del pante&oacute;n patrio, finalizando con un rotundo "&iexcl;Viva M&eacute;xico!", repetido por el pueblo que atesta la plaza mayor. La misma liturgia, a la misma hora, se repite en cada municipio del pa&iacute;s, y </font><font face="verdana" size="2">consulado mexicano en el extranjero alrededor del mundo. Esta ceremonia conmemora la madrugada del 16 de septiembre del a&ntilde;o 1810, en que el cura Miguel Hidalgo y Costilla despert&oacute; a los pobladores de la villa de Dolores para gritar a voz en cuello: "&iexcl;Viva la virgen de Guadalupe!, &iexcl;viva Fernando VII!, &iexcl;muera el mal gobierno! Horas m&aacute;s tarde, acompa&ntilde;ado por un peque&ntilde;o ej&eacute;rcito informal de artesanos, campesinos y peque&ntilde;os profesionistas, en la parroquia de Atotonilco el Grande, Hidalgo tomar&aacute; un estandarte de la virgen de Guadalupe que se convertir&aacute; a partir de entonces en la ense&ntilde;a de los insurgentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pasado si, como Hidalgo en Dolores&#45;Atotonilco, Vicente Fox hubiese salido al balc&oacute;n de Palacio Nacional la noche del 15 de septiembre de 2001 blandiendo el estandarte de la virgen de Guadalupe? Desde luego, habr&iacute;a provocado la ira de los defensores del Estado laico. Pero adem&aacute;s de ser profundamente consecuente con su concepto personal de naci&oacute;n, no habr&iacute;a hecho m&aacute;s que recrear un hecho hist&oacute;rico. &iquest;Acaso no es eso lo que el presidente de turno representa cada d&iacute;a 15 de septiembre?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada cultura tiene su ritos, religiosos unos y civiles otros, en muchas sociedades ambos unidos en festejos comunes. A lo largo de estos doscientos a&ntilde;os de conformaci&oacute;n iconogr&aacute;fica del imaginario colectivo contempor&aacute;neo, la particular historia de M&eacute;xico ha ido separando poco a poco </font><font face="verdana" size="2">la pr&aacute;ctica religiosa del &aacute;mbito del Estado. Esta separaci&oacute;n ha tenido al<i> </i></font><font face="verdana" size="2">menos dos momentos cr&iacute;ticos. El primero ha sido el enfrentamiento a lo largo del siglo XIX entre la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica romana y el partido conservador, por un lado, y los gobiernos liberales, por el otro. El segundo, mucho m&aacute;s sangriento y con consecuencias radicales y definitivas, la Guerra cristera. De este modo, lo que en otros pa&iacute;ses resulta no s&oacute;lo natural, sino que constituye una pr&aacute;ctica com&uacute;n, en M&eacute;xico se vive todav&iacute;a como algo doloroso tanto para quienes defienden el Estado laico a ultranza como para aquellos que se consideran herederos de quienes perdieron la guerra. As&iacute;, en algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina donde el Estado se define constitucionalmente como laico, se puede festejar la independencia nacional con una misa de acci&oacute;n de gracias a la que asisten el presidente y sus ministros. En lugar de "El grito" multitudinario desde el balc&oacute;n presidencial, el gabinete entero asiste a una misa ecum&eacute;nica y ora en el interior de la Catedral por el bien de la naci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, como se ha dicho, en M&eacute;xico la separaci&oacute;n entre Iglesia y Estado no ha sido precisamente a trav&eacute;s de un acuerdo alrededor de un caf&eacute;, un puro y un apret&oacute;n de manos. Desde la desamortizaci&oacute;n de 1856 puesta en pr&aacute;ctica por los liberales, hasta el final de la Guerra cristera en 1929, ha corrido mucha agua. A lo largo de ese periodo, los s&iacute;mbolos patrios se han redefinido y readaptado a nuevas realidades. Los s&iacute;mbolos que al fin y </font><font face="verdana" size="2">al cabo son tambi&eacute;n lenguaje, como los idiomas, cambian y se adaptan, desobedeciendo y alej&aacute;ndose de decretos e historias oficiales. Es por eso que hoy el Presidente de la Rep&uacute;blica no utiliza el estandarte de la virgen de Guadalupe, sino la bandera oficial de la federaci&oacute;n mexicana, ense&ntilde;a que en sentido estricto no tiene m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de antig&uuml;edad. Es por eso que ya no grita "&iexcl;Viva la virgen de Guadalupe!, &iexcl;Viva Fernando VII y muera el mal gobierno! Es por eso que m&aacute;s all&aacute; de rayar en lo anticonstitucional, jurar el cargo de Presidente de la Rep&uacute;blica frente un crucifijo como lo hizo Vicente Fox, constituye en el M&eacute;xico contempor&aacute;neo por lo menos un ostentoso acto de desubicaci&oacute;n e ignorancia de la historia de este pa&iacute;s. En ese sentido, m&aacute;s cultura y seria responsabilidad historiogr&aacute;fica han demostrado los caricaturitas mexicanos en sus diversas versiones del Grito de Dolores.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La virgen de chile, dulce y de manteca</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noche de "El grito" es un rito, el m&aacute;s importante del calendario civil mexicano. Todos los ritos hallan su origen en un mito fundacional, el de este pa&iacute;s es el Grito de Dolores, unido iconogr&aacute;ficamente al estandarte de la villa de Atotonilco. S&oacute;lo la historia puede echar reversa en los acontecimientos y acomodarlos a su antojo, juntando as&iacute; en la pintura y las estampas escolares coleccionables dos acontecimientos, a saber: el Grito de Dolores en la madrugada del 16 de septiembre, e Hidalgo sosteniendo en sus manos &#151;en esa misma noche&#151; el estandarte de la villa de Atotonilco que har&iacute;a suyo posteriormente. Esa imagen reproducida hasta la saciedad, recuerda la pel&iacute;cula de 1939 <i>Juarez</i> (sin acento), en que un enegrecido Paul Muni en el papel de Ju&aacute;rez, despacha con un retrato de Abraham Lincoln a sus espaldas. S&oacute;lo as&iacute; se entiende lo que Fabrizio Mej&iacute;a ha advertido; que los h&eacute;roes &#151;o lo que queda de ellos, si es que son ellos&#151; sean ahora cond&oacute;minos del mismo monumento en el conocido Paseo de la Reforma de la ciudad de M&eacute;xico. Como suele decir el historiador mexicano Il&aacute;n Semo, contraviniendo a Salvador Allende, "la historia no la hacen los pueblos, sino los historiadores". Eso es la historia oficial, la que construye la identidad del Estado, pero nada m&aacute;s que eso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que s&iacute; hacen los pueblos es vivir de manera personal el bagaje depositado por la historia. La gente construye su propia identidad, a veces haciendo suya la pasi&oacute;n hagiogr&aacute;fica por los h&eacute;roes patrios, otras veces ri&eacute;ndose de ella. En ese sentido, el m&iacute;tico &#151;por inexistente&#151; soldado "ni&ntilde;o h&eacute;roe" Juan Escutia ha dado para todo. Es all&iacute; donde el imaginario colectivo contempor&aacute;neo de la virgen de Guadalupe est&aacute; a salvo de las </font><font face="verdana" size="2">reformas emprendidas &uacute;ltimamente por la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, entre otras cosas porque hace ya m&aacute;s de un siglo que fue expulsada de los programas educativos oficiales. La historia se construye de adelante hacia atr&aacute;s, escogiendo en cada momento lo que se necesita para construir las particulares identidades contempor&aacute;neas. Eso es actualizaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n. Bien est&aacute; que el gobierno de turno construya su identidad nuevamente con cada periodo presidencial, siempre y cuando se est&eacute; consciente de que se trata de la identidad oficial, la del Estado, la que por principio se debe siempre cuestionar desde la c&oacute;moda posici&oacute;n de ciudadanos. La historia y sus s&iacute;mbolos no son est&aacute;ticos, y la virgen de Guadalupe no se salva de ello. S&oacute;lo al final del siglo XX el arcipreste de la bas&iacute;lica de Guadalupe, Guillermo Schulemburg, puede afirmar que no es seguro que Juan Diego haya existido. S&oacute;lo al final del siglo XX el periodista y escritor Carlos Monsiv&aacute;is puede decir que sin ser cat&oacute;lico romano, es definitivamente guadalupano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia de la virgen de Guadalupe en la vida cotidiana de los mexicanos va mucho m&aacute;s all&aacute; de la fe, es un acto de identidad nacional &#151;sea cual fuere el valor que se le otorgue a esa palabra. As&iacute; lo ha entendido acertadamente la actual secretaria de Estado del vecino del norte, Hillary Clinton, en su visita a la Bas&iacute;lica de Guadalupe. As&iacute; crey&oacute; el candidato republicano John McCain que ganaba votos entre los hispanos, m&aacute;s<i> </i></font><font face="verdana" size="2">all&aacute; de las fronteras mexicanas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de este modo como hoy en d&iacute;a el guadalupanismo es m&aacute;s que un acto de fe estrictamente religioso que queda, constitucionalmente, en el &aacute;mbito de lo privado. A lo largo de la historia de M&eacute;xico, el guadalupanismo ha significado muchas cosas, desde el pilar donde pivota la Independencia, hasta los goles &#151;escasos, es cierto&#151; que marca para la selecci&oacute;n mexicana de f&uacute;tbol. De poca cosa sirvieron los exvotos del pintor popular Alfredo Vilchis deseando que M&eacute;xico ganara el mundial de 1986. Pero a&uacute;n as&iacute;, la fe en la virgen futbolera no disminuye ni en las gradas ni en los vestidores. Si la Guadalupe apadrina la independencia de M&eacute;xico, la guerra santa, el f&uacute;tbol; &iquest;por qu&eacute; no ha de apadrinar tambi&eacute;n otras expresiones, como <i>sexys hotpans</i> de alguna cofrad&iacute;a religiosa tropical, el disfraz de la <i>Miss M&eacute;xico</i> 2006 y &#151;con mucha m&aacute;s dignidad&#151; los conciertos del m&aacute;s que cat&oacute;lico rockero Alex Lora?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de rencillas e historias oficiales, se puede ser guadalupano y cura pederasta, guadalupano y Caballero de Col&oacute;n, guadalupano y anticlerical, guadalupano y desubicado presidente de la Rep&uacute;blica, hasta guadalupano y ateo, siempre y cuando ese guadalupanismo signifique la particular &#151;y ahora s&iacute; privada&#151; manera de vivir la mexicanidad contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Enrique Florescano, <i>Etnia, Estado y Naci&oacute;n,</i> M&eacute;xico, Taurus, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608801&pid=S0185-1616201000030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;David Brading, <i>La virgen de Guadalupe. Imagen y tradici&oacute;n,</i> M&eacute;xico, Taurus, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608803&pid=S0185-1616201000030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Representada con el cr&aacute;neo descarnado, <i>Coatlicue</i> significa en lengua n&aacute;huatl "la de las muchas serpientes". Es la diosa de la fertilidad, que siendo virgen qued&oacute; pre&ntilde;ada por una pluma que entr&oacute; en su vientre, dando a luz a <i>Hutzilopochtli.</i></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Ver al respecto los importantes estudios de Jean Meyer, <i>La Cristiada,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608806&pid=S0185-1616201000030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> as&iacute; como Mathew Butler, <i>Popular Piety And Political Identity In Mexico's Cristero Rebellion: Michoac&aacute;n, 1927&#45;29,</i> Nueva York, Oxford University Press, 2004,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608807&pid=S0185-1616201000030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Franco Savarino y Andrea Mutolo (eds.), <i>Del conflicto a la conciliaci&oacute;n: Iglesia y Estado en M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Siglo XX, El Colegio de Chihuahua&#45;AHCALC, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608808&pid=S0185-1616201000030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Walter Benjamin, "La obra de arte en la era de su reproductibilidad t&eacute;cnica", en <i>Discursos interrumpidos,</i> M&eacute;xico, Planeta&#45;Agostini, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608810&pid=S0185-1616201000030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Ariel Arnal, "H&eacute;ctor Garc&iacute;a: el contador de historias de la ciudad", en <i>Cuartoscuro,</i> no. 19, julio&#45;agosto, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3608812&pid=S0185-1616201000030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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