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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El arte de la pintura en Quito colonial</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>The Art of Painting in Colonial Quito*</b></font></p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></b></p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Luisa Elena Alcal&aacute;**</font></b></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Ed. Suzanne L. Stratton&#45;Pruit Early Modern Catholicism and the Visual Arts Series, vol. 6 (Filadelfia: St. Joseph's University Press, 2012)</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Doctora adscrita a la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto recibido el 7 de octubre de 2013;    <br>   devuelto para revisi&oacute;n el 19 de marzo de 2014;     <br>   aprobado el 21 de abril de 2014.</font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El arte de la pintura en Quito colonial</i> es una contribuci&oacute;n importante sobre un &aacute;rea geogr&aacute;fica de Hispanoam&eacute;rica que, tradicionalmente, la historiograf&iacute;a hist&oacute;rico&#45;art&iacute;stica ha considerado m&aacute;s rica en escultura y arquitectura que en pintura. Los autores se enfrentan al reto de ofrecer una historia de la pintura quite&ntilde;a cuando la documentaci&oacute;n es escasa, el estado de conservaci&oacute;n de las obras dispar y la historiograf&iacute;a bastante repetitiva. La editora, Suzanne L. Stratton&#45;Pruit, aborda estos problemas con sinceridad en su introducci&oacute;n ("Nota de la editora") y postula que en la actualidad no es posible &#151;y quiz&aacute; ni siquiera conveniente&#151; escribir una historia de la pintura en Quito que fije desarrollos estil&iacute;sticos y que incluya cap&iacute;tulos sobre artistas particulares porque simplemente no hay suficiente informaci&oacute;n para hacerlo con rigor acad&eacute;mico. Atendiendo a esta circunstancia, en lugar de una monograf&iacute;a al uso se ha &#173;optado por un formato algo inusual que la editora bautiza con el nombre de "cat&aacute;logo virtual" de exposici&oacute;n temporal. Se trata de una selecci&oacute;n de obras presentadas, ya sea individual o colectivamente, mediante fichas organizadas cronol&oacute;gicamente y a las cuales les precede un estudio marco de la historiadora del arte Carmen Fern&aacute;ndez&#45;Salvador. Consciente de que el formato podr&iacute;a derivar en una lectura parcial e inconexa, Stratton&#45;Pruit recomienda que se lea desde el principio hasta el final, sugerencia que esta lectora ha seguido y encuentra ventajosa. Si bien, a primera vista, podr&iacute;a parecer que un cat&aacute;logo de exposici&oacute;n virtual es un formato que podr&iacute;a derivar en una miscel&aacute;nea de obras, la lectura continuada del libro depara sorpresas interesantes ya que, al final, las fichas consiguen transmitir cierta unidad narrativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas de las cuestiones metodol&oacute;gicas que aparecen en las fichas se introducen en los dos textos preliminares: el m&aacute;s breve de Stratton&#45;Pruit y el ensayo de Fern&aacute;ndez&#45;Salvador. El primero aborda problemas metodol&oacute;gicos generales que afectan al estudio de la pintura quite&ntilde;a. La limitada informaci&oacute;n documental que se ha conseguido extraer de los archivos es uno de los obst&aacute;culos identificados. Sobre este asunto, Stratton&#45;Pruit sugiere que es posible que no se consiga saber mucho m&aacute;s sobre la pintura quite&ntilde;a mediante los documentos porque la propia sociedad no la valoraba suficientemente. Seg&uacute;n su parecer, esto quedar&iacute;a demostrado por el bajo coste de los lienzos, en algunos casos inferior al de sus marcos, o incluso porque, como sugiere Susan Verdi Webster en otro estudio que se cita,<sup><a id="footnote&#45;256011&#45;1&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;1">1</a></sup> el valor de las pinturas era tan bajo que los pagos por contrato de obra ni siquiera alcanzaban para cubrir los gastos notariales que hubieran podido dejar constancia de ellos. Si bien se trata de una explicaci&oacute;n plausible para la escasez de documentos contractuales hallados, tambi&eacute;n es cierto que el bajo coste de lienzos era algo habitual en muchas geograf&iacute;as. Por ello, la informaci&oacute;n proporcionada por este tipo de documentaci&oacute;n tendr&iacute;a que complementarse con otra, como la que se puede extraer de inventarios, testamentos, cr&oacute;nicas y descripciones de fiestas y que, por otra parte, ha sido utilizada en algunas fichas. Otro problema que plantea este pr&oacute;logo es el de la cronolog&iacute;a, imposible de fijar en muchos casos debido a que todav&iacute;a se sabe poco de c&oacute;mo operaban los talleres de pintores y cu&aacute;les eran las relaciones entre los artistas principales, sus disc&iacute;pulos y otros talleres de su entorno, algo que, por otra parte, sigue siendo una desiderata de los estudios de casi todos los centros pict&oacute;ricos de los virreinatos americanos. Stratton&#45;Pruit cierra su introducci&oacute;n debatiendo si lo que m&aacute;s importaba en la pintura en Quito era la funci&oacute;n de las im&aacute;genes o alg&uacute;n elemento est&eacute;tico. Fiel a su trayectoria profesional, esta historiadora del arte se decanta por una historia de la pintura que le da prioridad a los valores est&eacute;ticos sin, por ello, ignorar aspectos funcionales. Frente a una historia m&aacute;s antropol&oacute;gica del objeto como artefacto cultural, el libro da prioridad a los enfoques tradicionales de la historia del arte. Atribuci&oacute;n, estilo e iconograf&iacute;a ser&aacute;n, por tanto, algunas de las cuestiones centrales tanto en las fichas como en el estudio hist&oacute;rico&#45;art&iacute;stico de Carmen Fern&aacute;ndez&#45;Salvador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo de Fern&aacute;ndez&#45;Salvador ofrece una sinopsis de lo que ser&iacute;a este libro si se hubiera decidido hacer una monograf&iacute;a en lugar de una colecci&oacute;n de fichas. Es decir, ofrece un panorama general del desarrollo de la pintura en Quito deteni&eacute;ndose en las biograf&iacute;as de los pintores m&aacute;s conocidos. Lo mejor y m&aacute;s novedoso del ensayo es su primera parte, un an&aacute;lisis de algunos aspectos de la historiograf&iacute;a que denotan un profundo conocimiento de la autora y, sobre todo, su deseo de acabar con algunos mitos, leyendas y lugares comunes que han vertebrado la literatura anterior. As&iacute;, se desvelan episodios fundamentales de la historiograf&iacute;a de la pintura quite&ntilde;a en el siglo XX en los cuales los nacionalismos y los deseos de enaltecer una historia local se apropiaron del patrimonio art&iacute;stico. Estas cuestiones est&aacute;n relacionadas con investigaciones anteriores de la autora, como su extenso y valioso estudio "Historia del arte colonial quite&ntilde;o: un aporte historiogr&aacute;fico" publicado en el volumen <i>Arte colonial quite&ntilde;o. Renovado enfoque y nuevos actores</i>.<sup><a id="footnote&#45;256011&#45;2&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;2">2</a></sup> Quiz&aacute; valga la pena subrayar que su an&aacute;lisis historiogr&aacute;fico entronca con una tendencia hacia la revisi&oacute;n historiogr&aacute;fica que en la &uacute;ltima d&eacute;cada tambi&eacute;n encontramos en otras geograf&iacute;as art&iacute;sticas de Latinoam&eacute;rica: v&eacute;ase, por ejemplo, la aportaci&oacute;n de Armando Montoya L&oacute;pez y Alba Cecilia Guti&eacute;rrez G&oacute;mez, <i>V&aacute;squez Ceballos y la cr&iacute;tica de arte en Colombia</i><sup><a id="footnote&#45;256011&#45;3&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;3">3</a></sup> o diversos ensayos en el volumen editado por Rita Eder, <i>El arte en M&eacute;xico: autores, temas, problemas</i>.<sup><a id="footnote&#45;256011&#45;4&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;4">4</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la bibliograf&iacute;a como metodolog&iacute;a revisionista para reescribir la historia de la pintura colonial en Quito que encontramos en el ensayo de Fern&aacute;ndez&#45;Salvador tendr&aacute; su seguimiento en muchas fichas del "cat&aacute;logo virtual" escritas por ella misma, la editora y los dem&aacute;s contribuyentes: &Aacute;ngel Justo Estebaranz, Andrea Lepage y Adriana Pacheco Bustillos. Por ejemplo, al abordar la atribuci&oacute;n que Jos&eacute; Gabriel Navarro hizo a Miguel de Santiago de la <i>Misa de San Gregorio</i> (cat. 7), Stratton&#45;Pruit comenta que "la sugerencia de Navarro de que Miguel de Santiago pintara esta <i>Misa de San Gregorio</i> refleja el deseo de los historiadores quite&ntilde;os del siglo XX por identificar a los autores de todas las grandes pinturas y esculturas realizadas en el Quito colonial" (p. 40, ficha 7).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se siguen estos lineamientos, lo m&aacute;s novedoso de este volumen es su voluntad de acabar con algunas atribuciones que se hab&iacute;an convertido en "cl&aacute;sicas" de la historiograf&iacute;a aunque, como sostienen los autores, quiz&aacute; sin fundamento hist&oacute;rico suficiente. Buen ejemplo de ello es el devenir de la figura del pintor Nicol&aacute;s Javier Gor&iacute;bar (1665&#45;1736). Tradicionalmente considerado el aprendiz de Miguel de Santiago (1633&#45;1706) y continuador en el siglo XVIII de su estilo, a Gor&iacute;bar se le ven&iacute;an atribuyendo diversas series de obras, entre ellas los conocidos profetas del Antiguo Testamento de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y una serie de reyes de Israel y Jud&aacute; en el convento de Santo Domingo. Puesto que la &uacute;nica obra segura (firmada) de este pintor es una pintura que representa un retablo de la Virgen del Pilar, se opta por desatribuir estas otras pinturas a Gor&iacute;bar. Entre las atribuciones que se reconsideran tambi&eacute;n encontramos la serie de las alegor&iacute;as de las naciones europeas relacionadas anteriormente con dos artistas del &uacute;ltimo periodo colonial, Bernardo Rodr&iacute;guez y Manuel de Samaniego (cat. 81).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo, al final de la lectura del libro pareciera que hemos llegado a un nuevo momento en la historiografia. El problema, sin embargo, es que quedan muchas inc&oacute;gnitas y no se profundiza lo suficiente en este aspecto. Tras las desatribuciones, se abre el problema muy grande de qu&eacute; hacer con estas obras y artistas, cuestiones que aqu&iacute; no se &#173;llegan a abordar del todo, pero que ser&aacute;n preguntas obligatorias para quienes sigan la investigaci&oacute;n de esta escuela. Por otra parte, si bien es cierto que la revisi&oacute;n historiogr&aacute;fica es necesaria, al desbancar algunas atribuciones el libro suscita (quiz&aacute; inadvertidamente) ciertas inquietudes metodol&oacute;gicas: &#191;debemos hacer una tabula rasa y volver a empezar partiendo s&oacute;lo de aquellas obras claramente documen&#173;tadas y con firmas aut&eacute;nticas? &#191;Aquellos autores del pasado custodiaban algunos conocimientos sobre las obras que hab&iacute;an pasado de manera oral de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n y que, en origen, ten&iacute;an fundamento hist&oacute;rico? &#191;Pudieron hacer atribuciones valiosas que ahora estar&iacute;amos perdiendo? &#191;Pudieron leer firmas que el paso del tiempo ha borrado en los lienzos? &#191;Custodiaban documentos que ahora se han extraviado? Hacer estas preguntas revela lo complejo que puede ser replantear atribuciones aceptadas durante generaciones, lo cual no quiere decir que no sea necesario y deseable. En general, el &uacute;nico problema del estudio introductorio es su brevedad, pues toca diversos temas fundamentales para una historia de la pintura en Quito que uno desear&iacute;a ver abordados a mayor profundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema respecto al cual el estudio introductorio nos deja con ganas de saber m&aacute;s es el de los desarrollos estil&iacute;sticos. El texto concluye con la idea de que la pintura quite&ntilde;a era variada estil&iacute;stica y tem&aacute;ticamente. Para ilustrar lo primero, la autora se asoma a las series de vidas de santos como un g&eacute;nero ideal para el estudio de desarrollos estil&iacute;sticos. Se han conservado suficientes pinturas de estas series, especialmente de los siglos XVII y XVIII, como para facilitar comparaciones estil&iacute;sticas y se concluye que las pinturas del siglo XVIII son m&aacute;s ricas en detalles decorativos, elaboraciones compositivas y teatralidad. La expli&#173;caci&oacute;n que se ofrece para este desarrollo es que el cambio art&iacute;stico acompa&ntilde;&oacute; a "las transformaciones sociales que tuvieron lugar en el Quito del siglo XVIII" (p. 14). La relaci&oacute;n arte y sociedad (o estilo y gusto) es, sin duda, uno de los pilares de la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX y en la actualidad pero, de nuevo, hubiera sido deseable que esta hip&oacute;tesis se demostrara y explicara con mayor detalle. Es m&aacute;s, es de esperar que futuros estudios aborden los aspectos sociol&oacute;gicos y antropol&oacute;gicos para as&iacute; completar la visi&oacute;n que se pueda tener de estos materiales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, es evidente que si la extensi&oacute;n del ensayo marco es reducida y su enfoque sint&eacute;tico es porque se ha querido privilegiar el an&aacute;lisis de obras individuales. La mayor parte del libro est&aacute; compuesto por un cat&aacute;logo de pinturas. Cada imagen est&aacute; reproducida a color y a menudo se incluyen detalles, algo de agradecer ya que muchas de ellas no hab&iacute;an sido reproducidas con anterioridad o, por lo menos, no a color ni a p&aacute;gina completa. Las obras escogidas son casi todas de instituciones p&uacute;blicas y eclesi&aacute;sticas de Quito y se aclara en la introducci&oacute;n que la decisi&oacute;n de excluir las pinturas quite&ntilde;as en el extranjero se debi&oacute; a la existencia de una publicaci&oacute;n anterior y complementaria de &eacute;sta, editada por Alfonso Ortiz Crespo, <i>El arte quite&ntilde;o m&aacute;s all&aacute; de Quito</i>.<sup><a id="footnote&#45;256011&#45;5&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;5">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ha dicho, las fichas son individuales o colectivas. Es interesante que estas &uacute;ltimas re&uacute;nen obras diversas siguiendo una variedad de criterios. A veces se agrupan series de pinturas que en el pasado se hab&iacute;an ilustrado s&oacute;lo mediante una obra representativa de cada serie. Otras fichas colectivas abordan obras que comparten elementos iconogr&aacute;ficos o compositivos, lo cual sirve para identificar composiciones que gozaron de popularidad en Quito. Evidentemente, hubo temas recurrentes en todo el mundo hisp&aacute;nico, como el de la Inmaculada Concepci&oacute;n (cat. 28), pero tambi&eacute;n encontramos fichas que reflejan un gusto m&aacute;s local, como la dedicada a las cuatro obras de <i>Cristo consolado por los &aacute;ngeles tras la flagelaci&oacute;n</i> (cat. 39). La predominancia de este modelo compositivo permite empezar a concretar modelos y tendencias art&iacute;sticas predilectas en esta &eacute;poca en Quito. Finalmente, hay fichas que combinan obras de distintas &eacute;pocas, manos e incluso temas, con la intenci&oacute;n de poner de manifiesto desarrollos locales en ciertos g&eacute;neros pict&oacute;ricos. Un buen ejemplo es la ficha que junta el lienzo an&oacute;nimo del <i>Martirio de un franciscano</i> con la pintura, mejor conocida, de Antonio Astudillo como <i>Fray Jodoco Ricke bautizando a los nativos</i> (cat. 10). Las dos obras representan temas de la historia local, un g&eacute;nero que ha recibido mucha atenci&oacute;n en la historia de la pintura novohispana, cuzque&ntilde;a y lime&ntilde;a, pero del cual &#173;quedan menos ejemplos para el &aacute;mbito quite&ntilde;o. Recordar su presencia en esta geograf&iacute;a constituye una valiosa aportaci&oacute;n; adem&aacute;s, el cuadro del martirio es de gran inter&eacute;s porque incluye un extenso paisaje, algo que a primera vista puede parecer bastante inusual en la pintura virreinal en general, pero que quiz&aacute; sea un indicador de cambios de gusto que aparecen en el siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sean fichas colectivas o individuales, todas abarcan un amplio abanico de temas y es por eso mismo que si uno las lee en orden, se consigue una lectura coherente y rica en contenidos. En conjunto, las fichas perfilan casi todos los temas centrales para el estudio de la pintura quite&ntilde;a. Las primeras introducen el papel formativo de la escuela de oficios en el convento de San Andr&eacute;s en el siglo XVI, as&iacute; como la limitada disponibilidad de pigmentos y materiales para un mayor desarrollo de la pr&aacute;ctica pict&oacute;rica en los principios de la &eacute;poca colonial. M&aacute;s adelante, las que se dedican a obras del siglo XVIII ponen de manifiesto la conocida deuda de la pintura ecuatoriana con las estampas de los Klauber. En casi todas las fichas encontramos an&aacute;lisis iconogr&aacute;ficos y se abordan cuestiones de mecenazgo cuando &eacute;stas se conocen. Respecto al uso de las im&aacute;genes, se enfatiza la funci&oacute;n did&aacute;ctica de muchas pinturas pero tambi&eacute;n la devocional, criterio que se utiliza como eje tem&aacute;tico para reunir varias obras de peque&ntilde;o formato en una de las fichas colectivas (cat. 61). En otras se hace hincapi&eacute; en la construcci&oacute;n de identidades mediante la pintura. Si bien se trata de un tema evidente cuando se aborda el g&eacute;nero del retrato, tambi&eacute;n se incorpora al analizar algunos conjuntos de pinturas localizados en conventos y monasterios y que configuraban un sentido de identidad corporativa. Por otra parte, es notable que en al menos un caso (cat. 60) se alude al tema de las mujeres pintoras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe mencionar que dos de las fichas se adentran en la relaci&oacute;n con obras europeas. En una se presenta como hip&oacute;tesis que la &#173;<i>Alegor&iacute;a franciscana del Juicio</i> (cat. 37) es una pintura europea reelaborada en un taller local, una cuesti&oacute;n interesant&iacute;sima por cuanto debi&oacute; ser una pr&aacute;ctica mucho m&aacute;s extendida en toda la geograf&iacute;a iberoamericana de lo que se ha documentado. Por otra parte, en el estudio de la pintura de Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores de 1754 (cat. 40) se establece una comparaci&oacute;n sugerente con una obra espa&ntilde;ola albergada en el Museo de Arte Colonial que pudo servirle de modelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto complementario, abordado en muchas fichas, es el estado de conservaci&oacute;n de las piezas, aunque quiz&aacute; no siempre con el detalle que algunas requerir&iacute;an o, por lo menos, con una consideraci&oacute;n sobre si la condici&oacute;n ha afectado y de qu&eacute; manera el estudio de las obras. Como es bien sabido, el estado pobre de conservaci&oacute;n de much&iacute;simas pinturas de la &eacute;poca virreinal es un problema grave ya que condiciona el tipo de an&aacute;lisis que se puede hacer y la manera en que entendemos a los pintores. Es decir, la tarea de atribuir o asignar una obra a un taller o al c&iacute;rculo de un pintor se hace tanto m&aacute;s dif&iacute;cil y confusa si la obra en cuestion est&aacute; en mal estado o ha pasado por una seria restauraci&oacute;n. De cualquier manera, la informaci&oacute;n proporcionada es de agradecerse, como cuando se avisa que no se han ilustrado todos los lienzos de la serie de la vida de san Francisco de Antonio Astudillo (cat. 22) debido a graves problemas de conservaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en todo cat&aacute;logo, hay detalles y cuestiones en algunas fichas que han quedado fuera y que se podr&iacute;an haber mejorado, pero, en general, &eacute;stas son menores. As&iacute;, en algunas fichas se echa de menos un tratamiento m&aacute;s profundo de la obra, como en el caso del interesante cuadro de la <i>Dormici&oacute;n de la Virgen</i> (cat. 33b). En otras, hubiera sido deseable una ilustraci&oacute;n de mayor tama&ntilde;o, como en la <i>Apote&oacute;sis de la Virgen de la Inmaculada Concepci&oacute;n con &aacute;ngeles musicales</i> (cat. 26a), una obra que mide m&aacute;s de cuatro por dos metros y que se intuye rica en detalles. Sin embargo, en general, la calidad y el tama&ntilde;o de las ilustraciones son excelentes y es una de las razones por las cuales se trata de una publicaci&oacute;n indispensable para futuros estudios (igualmente elogiable es la idea de transcribir todas las inscripciones de los cuadros). De hecho, gracias a estas magn&iacute;ficas ilustraciones, el lector interesado se encontrar&aacute; sumido en el estudio y le ser&aacute; dif&iacute;cil resisitir la tentaci&oacute;n de jugar con el rompecabezas que supone el anonimato y la atribuci&oacute;n en la historia de la pintura colonial en Quito. As&iacute; pues, esta estudiosa se pregunta si habr&aacute; alg&uacute;n nexo entre el autor de las dos Inmaculadas (cat. 26 y 26a) y el de Nuestra Se&ntilde;ora del Carmen (cat. 54b). Estas pinturas parecen compartir un mismo gusto por formas delicadas, fondos claros, una composici&oacute;n floreada y un tipo de querub&iacute;n muy similar. Es un ejemplo de c&oacute;mo este libro invita a descubrir nuevas personalidades art&iacute;sticas y a repensar otras ya conocidas (Miguel de Santiago, Gor&iacute;bar, Astudillo, Samaniego, entre otros).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los textos introductorios del volumen desvelan que se ha ideado como un complemento de otros libros, fundamentalmente el editado por Alexandra Kennedy, <i>Arte de la Real Audiencia de</i> <i>Quito, siglos</i> <i>XVI&#45;XIX</i> <sup><a id="footnote&#45;256011&#45;6&#45;backlink" href="#footnote&#45;256011&#45;6">6</a></sup> y el ya mencionado de Alfonso Ortiz Crespo, <i>Arte quite&ntilde;o m&aacute;s all&aacute; de Quito</i>. A &eacute;stos habr&iacute;a que sumar las recientes publicaciones de los mismos autores del cat&aacute;logo y, evidentemente, las de otros en el campo, todo lo cual hace eviden&#173;te que se avecina un futuro prometedor para el estudio de la pintura quite&ntilde;a colonial. Es de esperarse que con todos los materiales ahora disponibles, futuros estudios puedan abordar cuestiones mayores: de gusto, mercado, funcionamiento de talleres y relaciones art&iacute;sticas locales, lo cual sin duda nos permitir&aacute; entender mejor el &aacute;mbito quite&ntilde;o, as&iacute; como contrastarlo con el de otros centros art&iacute;sticos de la monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, es menester mencionar que esta publicaci&oacute;n de la editorial St. Joseph's University Press se suma a su trayectoria de ofrecer textos acad&eacute;micos bien ilustrados y de adentrarse en el campo del arte del mundo hisp&aacute;nico. La seriedad de la editorial y su sensibilidad hacia la tremenda necesidad que existe en el campo de este tipo de publicaciones son dignas de elogio.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;1" href="#footnote&#45;256011&#45;1&#45;backlink">1</a>. Susan Verdi Webster, "La presencia ind&iacute;gena en el arte colonial quite&ntilde;o", en <i>Esplendor del barroco quite&ntilde;o</i>, cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n (Hamburgo: Museum f&uuml;r V&ouml;lkerkunde Hamburg, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=803415&pid=S0185-1276201400020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;2" href="#footnote&#45;256011&#45;2&#45;backlink">2</a>. (Quito: Fondo de Salvamento del Patrimonio Nacional, 2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;3" href="#footnote&#45;256011&#45;3&#45;backlink">3</a>. (Editorial Universidad de Antioquia, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;4" href="#footnote&#45;256011&#45;4&#45;backlink">4</a>. (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;5" href="#footnote&#45;256011&#45;5&#45;backlink">5</a>. (Quito: Fondo de Salvamento del Patrimonio Nacional, 2010).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;256011&#45;6" href="#footnote&#45;256011&#45;6&#45;backlink">6</a>. (Hondarribia: Nerea, 2002).</font></p>      ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La presencia indígena en el arte colonial quiteño]]></article-title>
<source><![CDATA[Esplendor del barroco quiteño, catálogo de la exposición]]></source>
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<publisher-name><![CDATA[Museum für Völkerkunde Hamburg]]></publisher-name>
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