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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pedro Roldán escultor 1624-1699]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Roda Pe&ntilde;a, <i>Pedro Rold&aacute;n escultor 1624&#45;1699</i>*</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>&Aacute;lvaro Recio Mir</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid: Arco Libros, 2012</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto recibido el 15 de marzo de 2013.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptado el 21 de agosto de 2013.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente nadie como el doctor Jos&eacute; Roda Pe&ntilde;a, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, estaba tan calificado para escribir este libro sobre Pedro Rold&aacute;n. Su ya dilatada trayectoria profesional lo avala como reputado especialista en dos asuntos, la escultura y las hermandades y cofrad&iacute;as de Sevilla, que confluyen en este escultor del barroco sevillano. Heredero de la tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, cuyos grandes antecedentes en relaci&oacute;n con la historia de la escultura cabe cifrar en figuras como Diego Angulo, Jos&eacute; Hern&aacute;ndez D&iacute;az y Jorge Bernales, Roda Pe&ntilde;a ya hab&iacute;a analizado no s&oacute;lo diversas facetas del referido Rold&aacute;n, sino de su prol&iacute;fico taller familiar, formado principalmente por sus muchos hijos y nietos. De igual manera, hab&iacute;a tratado de otros escultores contempor&aacute;neos, como Francisco Antonio Ruiz Gij&oacute;n. Por ello parec&iacute;a abocado a ocuparse de Rold&aacute;n, figura central de la escultura sevillana del &uacute;ltimo tercio del siglo XVII y verdadero paralelo a Murillo por lo que se refiere a su proyecci&oacute;n en la escultura sevillana de la primera mitad del siglo XVIII, cuya pl&aacute;stica en modo alguno puede ser entendida sin &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rold&aacute;n fue un hito en la escuela escult&oacute;rica sevillana; fundada &eacute;sta por Lorenzo Mercadante de Breta&ntilde;a a mediados del siglo XV, se desarroll&oacute; hasta la figura, con ciertos paralelos por cierto a la de Rold&aacute;n, de Cayetano de Acosta y su taller en la segunda mitad del siglo XVIII, integrado tambi&eacute;n por sus hijos y nietos, quienes alcanzaron los albores del XIX cuando el fracaso del academicismo y el neoclasicismo en la pl&aacute;stica local llev&oacute; a la escultura sevillana a la reiteraci&oacute;n de modelos, situaci&oacute;n en que ha estado postrada, salvo excepciones, hasta nuestros d&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque formado en Granada en el taller de Alonso de Mena, que significativamente muy escasa influencia tuvo en su desarrollo posterior, como destaca Roda, Rold&aacute;n se inscribe realmente en el desarrollo de la gloriosa escultura hispalense del siglo XVII. &Eacute;sta fue protagonizada en el primer tercio de la centuria por los modelos de perfecto clasicismo de Mart&iacute;nez Monta&ntilde;&eacute;s, verdadero "Dios de la madera" que se convirti&oacute; en el horizonte de toda la escultura sevillana posterior. La antorcha dejada por &eacute;l la recogi&oacute; el flamenco Jos&eacute; de Arce en el segundo tercio del siglo. Su aportaci&oacute;n a la escultura sevillana se cifr&oacute; en imprimirle el movimiento asimilado de los primeros ciclos escult&oacute;ricos de Bernini que hab&iacute;a conocido en Roma, de quien fue su primer difusor europeo. Sin Arce no se puede entender a Rold&aacute;n, quien asumi&oacute; su legado art&iacute;stico y le aport&oacute; el dramatismo, es decir, la capacidad de relacionar entre s&iacute; las figuras de sus grandes ciclos ic&oacute;nicos, bien en relieves de altar o en im&aacute;genes exentas. A&uacute;n, como apuntamos, Rold&aacute;n se proyecta en el siglo XVIII, de manera que su huella alcanza hasta el inicio de su segunda mitad con la figura de su nieto, Pedro Duque Cornejo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, el inter&eacute;s del libro que rese&ntilde;amos se centra en Rold&aacute;n, aunque no aislado de los colaboradores de su taller. Ello se hace en un formato cl&aacute;sico, lo cual inscribe la obra en la aludida tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica. Empieza con la fortuna cr&iacute;tica del escultor partiendo de sus contempor&aacute;neos, como los interesantes Fernando de la Torre Farf&aacute;n y Diego Ortiz de Z&uacute;&ntilde;iga, pasando por el tratadista barroco Antonio Palomino, los ide&oacute;logos del neoclasicismo como Antonio Ponz, la historiograf&iacute;a decimon&oacute;nica, que tan bien conoce el autor, hasta llegar a nuestros d&iacute;as, sin haber olvidado ninguna referencia de Rold&aacute;n digna de consideraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es ello, en modo alguno, un mero ejercicio de erudici&oacute;n. Sin duda, la recopilaci&oacute;n realizada supone una verdadera lecci&oacute;n, no s&oacute;lo por su exhaustividad, sino porque ayuda a entender el significado de Rold&aacute;n. No nos resistimos a citar algunos p&aacute;rrafos recogidos por el autor, como el del viajero ingl&eacute;s decimon&oacute;nico Samuel Edward Cook, quien en sus <i>Sketches in Spain</i> supo ver que Rold&aacute;n era insuperable en la composici&oacute;n de sus grupos escult&oacute;ricos. Muy poco despu&eacute;s Jos&eacute; Amador de los R&iacute;os, en su <i>Sevilla pintoresca</i> de 1844, indicaba que las figuras de Rold&aacute;n expresan sentimiento y "todas contribuyen a la unidad de asunto". De igual forma, el gran Jos&eacute; Gestoso se&ntilde;al&oacute; que algunas esculturas sevillanas han perdido su m&eacute;rito por sus frecuentes restauraciones, "que m&aacute;s bien deber&iacute;an llamarse profanaciones".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras ello Roda hace un perfil biogr&aacute;fico de Rold&aacute;n en el cual m&aacute;s interesantes que los propios datos expuestos, sin duda exhaustivos, son las preguntas que plantean, como por ejemplo el funcionamiento del taller, verdadera factor&iacute;a donde cada trabajador actuaba como si se tratase de una f&aacute;brica del siglo XIX. Tambi&eacute;n resultan de inter&eacute;s sus relaciones con otros artistas, particularmente con el ensamblador Bernardo Sim&oacute;n de Pineda y el arquitecto Leonardo de Figueroa. Sin duda, &eacute;stas y otras cuestiones ser&aacute;n dignas de an&aacute;lisis en futuras investigaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La biograf&iacute;a de Rold&aacute;n es un retrato costumbrista de la sociedad sevillana del siglo XVII. As&iacute;, los accidentados matrimonios de sus hijas son dignos de una comedia de enredo. De igual modo cabe destacar que, entre los bienes de Rold&aacute;n, hubo un solo libro, 40 pinturas y una calesa. &Eacute;sta fue el objeto m&aacute;s valorado entre los bienes que dej&oacute; al morir. &iquest;Habr&iacute;a ca&iacute;do Rold&aacute;n en la patolog&iacute;a del "encochado" que recoge la literatura de su &eacute;poca? Nunca lo sabremos, pero en cualquier caso evidencia el acomodo que alcanz&oacute; en vida y quiz&aacute; la estima profesada de s&iacute; mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto &uacute;ltimo enlaza con la tercera parte del libro, dedicada a la personalidad art&iacute;stica del escultor, donde hay retratos de Rold&aacute;n que, aunque posteriores a &eacute;l, muestran su alta significaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto se analiza su estilo, del cual Roda resalta sus "composiciones abiertas y de contenida dinamicidad", "de clara inspiraci&oacute;n pict&oacute;rica". Seguramente este &uacute;ltimo apunte ser&aacute; susceptible de futuras investigaciones, pues la escultura sevillana no es inteligible separada de la pintura, y no s&oacute;lo de la que la reviste en su policrom&iacute;a, sino tambi&eacute;n de la que la inspira, protagonizada en la &eacute;poca de Rold&aacute;n, por Murillo y Vald&eacute;s Leal. No obstante, la inspiraci&oacute;n pict&oacute;rica de las esculturas de nuestro artista quiz&aacute; se encuentre en la obra de Arce, donde se inicia el abocetamiento y el sentido plenamente pl&aacute;stico caracter&iacute;stico de Rold&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No menos interesantes son las cuestiones t&eacute;cnicas tratadas. Empezando por su capacidad dibuj&iacute;stica, ya ponderada por Ce&aacute;n Berm&uacute;dez, buen aficionado por cierto al dibujo, y por lo cual resulta lamentable que no se conserve ninguno de nuestro escultor. A ello se suma la pericia de Rold&aacute;n tanto para la talla en madera, como en piedra y en yeso. Aunque ciertamente la madera es el gran material escult&oacute;rico de Rold&aacute;n y de la escuela sevillana, tambi&eacute;n otros han tenido un mayor protagonismo del que les ha asignado la historiograf&iacute;a. T&eacute;ngase en cuenta la significaci&oacute;n de la escultura en piedra por su vinculaci&oacute;n a la arquitectura y la de yeso por su relaci&oacute;n con el ornamento. Adem&aacute;s, seguramente Rold&aacute;n, como todo escultor, practicar&iacute;a el modelado en barro, t&eacute;cnica y material habituales en la escuela sevillana y del cual su hija Luisa fue consumada maestra. Por ello extra&ntilde;a la falta de referencias a barros de Rold&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta todo un acierto el apartado del libro dedicado a la policrom&iacute;a y a los policromadores de las tallas de Rold&aacute;n, asunto ignorado hasta fechas recient&iacute;simas por la historiograf&iacute;a que, por ejemplo, sigue sin citar al policromador cuando alude a una escultura de la cual s&oacute;lo recoge al autor de su talla. Significativamente Rold&aacute;n fue tambi&eacute;n policromador, como lo fueron sus hijas. No obstante, lo m&aacute;s interesante al respecto es el binomio Rold&aacute;n&#45;Vald&eacute;s Leal, que se prolong&oacute; en su hija Luisa Rafaela de Vald&eacute;s y en otros pintores de la &eacute;poca, como Miguel Parrilla y Francisco Meneses Osorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra cuesti&oacute;n digna de futuras investigaciones es la faceta de Rold&aacute;n como arquitecto. Aparte de su conocida participaci&oacute;n en la iglesia del Buen Suceso de Sevilla, llama la atenci&oacute;n su trabajo en la colegiata del Salvador y en el Sagrario de la catedral hispalense, las m&aacute;s importantes empresas constructivas de la ciudad, en las cuales se declara "devoto inteligente de la arquitectura". Sin duda, ello tendr&iacute;a relaci&oacute;n con el <i>crescendo</i> ornamental que viv&iacute;a entonces la arquitectura sevillana y con el incremento de escultura en la misma. Tambi&eacute;n ello cabr&iacute;a relacionarlo con su aludida capacidad para el dibujo. En cualquier caso, su vinculaci&oacute;n con arquitectos como Figueroa y Eufrasio L&oacute;pez de Rojas y su capacidad como ornamentador y retablista hacen que el calificativo de escultor le quede estrecho a Rold&aacute;n. En tal sentido, su labor en la capilla de la Virgen del Rosario del convento de Regina Angelorum es paradigm&aacute;tica, pues afecta tanto a la arquitectura como a la escultura, al retablo e incluso a la rejer&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los integrantes del taller de Rold&aacute;n dar&iacute;an para un libro m&aacute;s voluminoso que &eacute;ste, Roda hace un esclarecedor esquema de los mismos. Seguramente ser&aacute; este asunto el que dar&aacute; m&aacute;s sorpresas en el futuro por cuanto se refiere a nuevos avances documentales; en ello ser&aacute; esencial lo realizado en el libro rese&ntilde;ado, el cual a su vez se basa en hallazgos recientes de otros historiadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda mitad del libro est&aacute; dedicada a los encargos escult&oacute;ricos de Rold&aacute;n. En concreto, se trata de los recibidos por cabildos catedralicios, &oacute;rdenes religiosas, f&aacute;bricas parroquiales, hermandades y cofrad&iacute;as, alto y bajo clero, nobleza y otros clientes particulares. No se sigue, por tanto, la habitual ordenaci&oacute;n cronol&oacute;gica de su cat&aacute;logo, lo cual justifica el autor se&ntilde;alando que realizarla por mecenas "permite un encaje m&aacute;s coherente de numerosas im&aacute;genes documentadas o s&oacute;lidamente atribuidas que, por no contar con una cronolog&iacute;a definida, dif&iacute;cilmente se hubiesen conciliado en un esquema de evoluci&oacute;n temporal". A ello a&ntilde;ade que tal articulaci&oacute;n " ha posibilitado un conocimiento m&aacute;s exacto de los intereses art&iacute;sticos y devocionales que subyacen bajo cada uno de aquellos encargos colectivos o individuales, asociados indudablemente a determinadas tipolog&iacute;as, usos y funciones de las im&aacute;genes sagradas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor ya hab&iacute;a ensayado tal ordenaci&oacute;n en trabajos anteriores, y aunque no analice espec&iacute;ficamente los mecanismos de mecenazgo de las instituciones que encargaron obras al escultor y sea discutible emplear &eacute;ste o un orden cronol&oacute;gico, se debe reconocer la dificultad de distinguir en su cat&aacute;logo una evoluci&oacute;n estil&iacute;stica, pese a mediar casi medio siglo entre las primeras obras conservadas, las del convento de Santa Ana de Montilla, C&oacute;rdoba, contratadas en 1652, y las que hizo antes de producirse su muerte en 1699. Ello podr&iacute;a entenderse como una falta de evoluci&oacute;n del artista o como un rasgo de coherencia y unidad en su producci&oacute;n o incluso, quiz&aacute;, como un conocimiento insuficiente de la obra de Rold&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, esta parte del libro produce la impresi&oacute;n de que el caudal de informaci&oacute;n acerca de Rold&aacute;n es abrumador. Ello se debe en gran medida a la generaci&oacute;n de historiadores vinculados al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, quienes antes y despu&eacute;s de la guerra civil rastrearon los protocolos notariales del siglo XVII y otros archivos de la ciudad y la regi&oacute;n. A ello se a&ntilde;ade la aportaci&oacute;n de otros muchos historiadores, puntualmente recogida por Roda Pe&ntilde;a, quien colabora con no pocos detalles gracias a una nueva lectura de documentos ya conocidos, as&iacute; como a la contribuci&oacute;n de otros in&eacute;ditos. Tambi&eacute;n se suma a todo esto la atribuci&oacute;n fundada de nuevas obras y un an&aacute;lisis correcto de la producci&oacute;n completa del artista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por destacar algunos de los principales conjuntos escult&oacute;ricos m&aacute;s interesantes <i>per se</i> y por el an&aacute;lisis que de ellos hace Roda en este libro, cabr&iacute;a empezar refiriendo el de la catedral de Ja&eacute;n. Ello lo llevar&iacute;a a realizar un enorme programa, tanto de relieves como de esculturas exentas, en colaboraci&oacute;n con su sobrino Juli&aacute;n Rold&aacute;n, y que muestra la largura de la sombra del taller de Rold&aacute;n. Creemos que en este ciclo escult&oacute;rico, particularmente en los evangelistas, padres de la Iglesia y San Fernando de la fachada, se evidencia la relaci&oacute;n de Rold&aacute;n con Arce y que incluso Rold&aacute;n se pudo inspirar en las estatuas monumentales sobre el mismo tema talladas pocos a&ntilde;os antes por el flamenco en el Sagrario de la catedral de Sevilla. Rold&aacute;n tambi&eacute;n pudo inspirarse en las esculturas de Alonso Mart&iacute;nez talladas para la portada de dicho sagrario, centradas, como la catedral de Ja&eacute;n, por un excelente San Fernando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los encargos de las &oacute;rdenes religiosas, cabe se&ntilde;alar la fundamentada atribuci&oacute;n del Cristo de los Dolores del hospital sevillano del Pozo Santo y el an&aacute;lisis hecho del mismo en el libro. Interesante es tambi&eacute;n el tratamiento de las obras de Rold&aacute;n en el convento de San Pablo. Una gran aportaci&oacute;n al respecto es que se incluya en el cat&aacute;logo de Rold&aacute;n, adem&aacute;s de las pechinas de la iglesia y los evangelistas y doctores de la Iglesia de la parte alta de su presbiterio, la Virgen con el Ni&ntilde;o y el Santo Domingo de Guzm&aacute;n del coro bajo, necesitadas como otras tantas de al menos una urgente limpieza. Tampoco queremos dejar de subrayar por obvia la atribuci&oacute;n a Rold&aacute;n de la Inmaculada de la parroquia de San Juan Bautista de La Orotava, Tenerife.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El grueso de la producci&oacute;n de Rold&aacute;n tuvo como destinatarias a las hermandades y cofrad&iacute;as de la Sevilla barroca. En tal sentido, resulta excelente no s&oacute;lo la apurada identificaci&oacute;n que se hace de su labor en las corporaciones sevillanas, sino tambi&eacute;n en otras localidades de su inmenso &aacute;mbito de influencia. Son varias las aportaciones dignas de mencionar al respecto, como el c&uacute;mulo de "tarimillas" o pasos procesionales encargados a Rold&aacute;n. Por desgracia, de ellos s&oacute;lo quedan en el mejor de los casos los relieves de peque&ntilde;o formato y algunos &aacute;ngeles que acompa&ntilde;aban a su alambicada talla ornamental. Como bien sabe el autor del libro, la evoluci&oacute;n de las que en Sevilla se llaman canastillas de los pasos procesionales tiene gran relaci&oacute;n con los retablos. Articuladas mediante una intensa decoraci&oacute;n tallada y calada, su ornamento tambi&eacute;n fue paralelo a lo realizado, incluso por el mismo Rold&aacute;n, en labores yeseras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, el protagonismo de los encargos de las hermandades lo tuvieron sus im&aacute;genes. Creemos que la perspicacia de estas instituciones, particularmente en el siglo XVII, les hizo reconocer en cada autor sus m&aacute;s destacadas cualidades y, sin duda, en Rold&aacute;n fue su capacidad para la creaci&oacute;n de grandes conjuntos de im&aacute;genes en los cuales plasmar el drama de Cristo y, en &uacute;ltima instancia, el drama humano, eterno, universal. En tal sentido, el ejemplo del Descendimiento de Cristo de la hermandad de la Quinta Angustia sigue sorprendiendo cada Jueves Santo a quien quiera contemplarlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no es tarea f&aacute;cil reconstruir el aspecto original de estos conjuntos escult&oacute;ricos, como el citado o el de la hermandad de la Carreter&iacute;a, pues han sido muy alterados. A pesar de ello, a&uacute;n son reflejo de una grandeza que ni erradas restauraciones ni alteraciones ni p&eacute;rdidas irreparables han podido borrar del todo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n cabe destacar el papel de Rold&aacute;n en las hermandades por im&aacute;genes secundarias. En tal sentido, no queremos dejar de ponderar el San Juan Evangelista de la iglesia prioral de El Puerto de Santa Mar&iacute;a, C&aacute;diz. Sin tener una relaci&oacute;n directa con &eacute;l, creemos que este busto pone a Rold&aacute;n a la altura del mism&iacute;simo Alonso Cano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muy atractiva nos parece la colaboraci&oacute;n de Rold&aacute;n con Juan Laureano de Pina en la custodia de la hermandad sacramental de Santa Mar&iacute;a Magdalena, para la cual el escultor hizo los modelos luego plasmados en plata por el orfebre. Sin duda, es un caso paralelo a la hipot&eacute;tica intervenci&oacute;n de Jos&eacute; de Arce en la reforma de la custodia de la catedral de Sevilla, en la cual se pudieron inspirar tanto Rold&aacute;n como el orfebre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los encargos de clientes particulares, es del m&aacute;ximo inter&eacute;s la aportaci&oacute;n documental hecha con relaci&oacute;n a la colecci&oacute;n de esculturas que Ana Mar&iacute;a de Paiva don&oacute; a la iglesia del Santo &Aacute;ngel. Ello plantea una cuesti&oacute;n tan poco investigada como el coleccionismo de escultura, al menos aqu&iacute; s&iacute; mencionada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto interesante es el an&aacute;lisis iconogr&aacute;fico de las obras de Rold&aacute;n, como la Dolorosa arrodillada con relaci&oacute;n a la Virgen de la Antigua de Santa Mar&iacute;a Magdalena; el Var&oacute;n de Dolores con relaci&oacute;n al Cristo de los Dolores del hospital del Pozo Santo, y la alegor&iacute;a que supone el Cristo del Perd&oacute;n, de la parroquia de Medina Sidonia, C&aacute;diz.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro culmina con una bibliograf&iacute;a completa, &uacute;til tanto a historiadores del arte como a otros profesionales vinculados a la disciplina, pues la dispersi&oacute;n de estas obras es tan grande que reunirlas y ponerlas al d&iacute;a supone un enorme valor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s notables del libro es su aparato fotogr&aacute;fico. Partiendo de que cualquier libro de esta clase nunca tiene las ilustraciones suficientes, el rese&ntilde;ado cuenta con 167, lo cual supone un n&uacute;mero r&eacute;cord. Pero no se trata s&oacute;lo de la cantidad de im&aacute;genes, la mayor&iacute;a realizadas por el autor del texto, sino tambi&eacute;n de su calidad, selecci&oacute;n y de ciertos detalles ocasionalmente memorables. Es digno de hacer notar que en muchas de ellas se pueden apreciar las encarnaduras, por ejemplo las l&aacute;grimas pintadas, tan propias de Rold&aacute;n, y los estofados de las im&aacute;genes. En otras, como la 125, del Cristo atado a la Columna de Santiago de Lucena, C&oacute;rdoba, incluso se pueden ver los ensambles que configuran la imagen. No nos resistimos a destacar la imagen 23, el San Andr&eacute;s del retablo mayor de Santa Ana de Montilla, C&oacute;rdoba, que muestra el d&eacute;bito del primer Rold&aacute;n a Arce, o la imagen 48, detalle de la cabeza rubia y de ojos azules del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s de la Virgen del Patrocinio de Santa B&aacute;rbara de &Eacute;cija, Sevilla, el cual ya en nada recuerda a los ni&ntilde;os de Monta&ntilde;&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales fotos ayudan a aquilatar el estilo del maestro y a poner en evidencia las desigualdades de su amplio cat&aacute;logo. De este modo, tambi&eacute;n se puede entender definitivamente el papel de Rold&aacute;n en la escultura barroca del mundo hisp&aacute;nico. Su protagonismo fue absoluto en el &uacute;ltimo tercio del siglo XVII, como apuntamos, en el &aacute;mbito art&iacute;stico andaluz y canario. Su influencia, al menos por lo que hasta ahora sabemos, no alcanz&oacute; la otra orilla del Atl&aacute;ntico. Ya entonces las escuelas art&iacute;sticas de los virreinatos novohispano y peruano hab&iacute;an alcanzado un nivel superlativo tal, que se hab&iacute;an aflojado los lazos con Sevilla existentes hasta precisamente mediados de dicha centuria. En cualquier caso, este libro permitir&aacute; ver si Rold&aacute;n logr&oacute; tener alg&uacute;n eco en tierras americanas, lo cual no ser&iacute;a nada de extra&ntilde;ar considerando la vinculaci&oacute;n del eje sevillano&#45;gaditano&#45;canario con el Nuevo Mundo, o si, por el contrario, lo americano influy&oacute; en Sevilla.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; el mejor elogio a esta obra es que alienta al lector a seguir profundizando en el estudio de la materia planteada, a salir al encuentro de las esculturas tratadas. En cuanto al investigador, el libro invita a profundizar en su estudio y en los problemas planteados en la obra. Desde luego, esta monograf&iacute;a sobre Pedro Rold&aacute;n es un verdadero modelo y es deseo de quien esto suscribe que sea muy pronto "completada" por la que est&aacute; escribiendo Alfonso Pleguezuelo sobre su hija Luisa Rold&aacute;n, La Roldana. Esperemos que a ellas sigan otras de escultores de la escuela sevillana a&uacute;n faltos de monograf&iacute;as como &eacute;sta, desde Mercadante de Breta&ntilde;a a Bautista V&aacute;zquez el Viejo, de Monta&ntilde;&eacute;s a Juan de Mesa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo anterior, nos felicitamos por la aparici&oacute;n de este libro de la prestigiosa editorial Arco libros, en concreto, en su serie <i>Ars Hispanica,</i> dirigida por Benito Navarrete, la cual ya ha proporcionado al p&uacute;blico monograf&iacute;as de grandes artistas espa&ntilde;oles, donde se combina acertadamente la divulgaci&oacute;n con la investigaci&oacute;n y de la cual, sin duda, &eacute;sta sobre Pedro Rold&aacute;n es uno de sus grandes logros.</font></p>      ]]></body>
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