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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Flor de primavera mexicana: La Virgen de Guadalupe en los sermones novohispanos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alicia Mayer, <i>Flor de primavera mexicana. La Virgen de Guadalupe en los sermones novohispanos</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Cuadriello</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM&#45;IIH, 2010</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos a la vista un razonado y sistem&aacute;tico an&aacute;lisis de la oratoria sagrada guadalupana, que brinda adem&aacute;s un exhaustivo cat&aacute;logo alfab&eacute;tico de las piezas publicadas entre los siglos XVII y XVIII y sistematiza, en verdad, un <i>corpus</i> admirable que ninguna otra devoci&oacute;n continental (me atrever&iacute;a a decir hisp&aacute;nica) alcanz&oacute; en las prensas de su tiempo. Incluso podemos decir que este libro est&aacute; realizado al modo de un florilegio contempor&aacute;neo, gracias al ojo avizor de su autora, Alicia Mayer Gonz&aacute;lez, ya que desde el &iacute;ndice avisa al lector que ha tomado un partido tem&aacute;tico, simb&oacute;lico, tipol&oacute;gico e historiogr&aacute;fico acorde con el contenido de las piezas. Merced a este partido se despliega en sus p&aacute;ginas un abanico de temas y s&iacute;mbolos que mucho dicen del sentido y la importancia social y pol&iacute;tica que ten&iacute;a el discurso sagrado entre nuestros antepasados de la Nueva Espa&ntilde;a. Es decir, de la manera tan el&iacute;ptica y metaforizada como cada predicador se dirig&iacute;a, no s&oacute;lo a sus escuchas piadosos, sino desde y hacia la esfera del poder.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por florilegio se entend&iacute;a entonces un ramillete de relatos hagiogr&aacute;ficos, una poliantea de vidas de varones y religiosas venerables, pero tambi&eacute;n, a manera de una antolog&iacute;a, de la propia colecci&oacute;n de sermones, barrocos y tardobarrocos, enlazados por un tema o materia de consideraci&oacute;n y especulaci&oacute;n. Por su g&eacute;nero los pod&iacute;a haber de filosof&iacute;a moral (para difusi&oacute;n de los valores evang&eacute;licos), doctrinarios o teol&oacute;gicos (para los tesistas universitarios o quienes aspiraban a una canonj&iacute;a) y sobre todo menudeaban los paneg&iacute;ricos, exornativos o festivos. Estos &uacute;ltimos, ya se sabe, eran los sermones favoritos para celebrar las devociones y advocaciones (como casi todos los de tema guadalupano rese&ntilde;ados en <i>Flor de primavera mexicana).</i> En suma, un florilegio de sermones pod&iacute;a constituir una antolog&iacute;a literaria peculiar de una patria o ciudad, y cada antologador espigaba, glosaba y comentaba, con un sentido "comunic&eacute;ntrico" (para modelar la idiosincrasia local), algunas de las piezas m&aacute;s llamativas de este g&eacute;nero, tal como en este siglo XXI, me parece, ha hecho la autora: ya por su hondura interpretativa, en el plano teol&oacute;gico, como por su significaci&oacute;n pol&iacute;tica, por lo que hace a la construcci&oacute;n de un peculiar imaginario "al modo del pa&iacute;s".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien se sabe que el guadalupanismo mexicano, desde el trabajo precursor de Francisco de la Maza de 1952, ha sido un proceso ideol&oacute;gico que naci&oacute; a mediados del siglo XVII y fue tan peculiar y distintivo de las aspiraciones culturales de la sociedad novohispana. En estos numerosos impresos, realizados en un cuarto de pliego, se puede seguir paso a paso la construcci&oacute;n de un proceso identitario: no s&oacute;lo del criollismo, sino tambi&eacute;n del indigenismo o incluso de la agenda realista, mucho antes de la guerra de insurrecci&oacute;n y de la etapa nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de que De la Maza tuviera a bien declarar, en un momento de feliz inspiraci&oacute;n, que las figuras fundadoras de Miguel S&aacute;nchez, Luis Lasso de la Vega, Luis Becerra Tanco y Francisco de Florencia eran " los cuatro evangelistas guadalupanos", puedo decir que ahora asistimos a la acu&ntilde;aci&oacute;n de un t&eacute;rmino similar. O de lo que tambi&eacute;n podr&iacute;a motejarse, con semejantes met&aacute;foras neotestamentarias, como los " hechos de los ap&oacute;stoles" o a los libros de la ex&eacute;gesis guadalupana que efectivamente divulgaron " la palabra revelada". No exageraremos al decir que se trataba de un ej&eacute;rcito de predicadores que propagaban, con potencialidad prof&eacute;tica, la exclusividad americana del culto guadalupano. Hay que mirar en estos sermonarios, pues, las actas de profesi&oacute;n (o declaraci&oacute;n de devoci&oacute;n) de los m&aacute;s renombrados ap&oacute;stoles criollos, los cuales prueban la enorme repercusi&oacute;n social del mensaje revelado por los primeros cuatro evangelistas del siglo XVII, todos ellos haci&eacute;ndose eco de la teolog&iacute;a figural y prof&eacute;tica del padre Miguel S&aacute;nchez, de los razonamientos cient&iacute;ficos de Becerra Tanco o de los emotivos relatos persuasivos del jesuita Florencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entre todos aquellos mensajes promisorios, los oradores supieron sacar raja patri&oacute;tica e ideol&oacute;gica y as&iacute;, en sus deducciones mariol&oacute;gicas, llegaron a exhibir la Imagen, milagrosamente estampada, como la mejor prueba de sus aseveraciones, tal como reza el salmo: "No hizo nada igual a ninguna otra naci&oacute;n". En estos impresos tambi&eacute;n se destacaba la necesidad de reformular una pretendida teolog&iacute;a de las im&aacute;genes para justificar el culto a las mismas y m&aacute;s a&uacute;n a su estatuto sagrado o como parte o reflejo de la revelaci&oacute;n divina; por eso, como ya han venido advirtiendo David Brading y otros estudiosos, en los escritos de los padres griegos y en su pensamiento neoplat&oacute;nico se buscaban fundamentos para restituir al ayate de Juan Diego su condici&oacute;n de <i>acheiropoieton,</i> de creaci&oacute;n <i>ex nihilo,</i> o hecho por manos que no son de este mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me gustar&iacute;a pasar revista s&oacute;lo a cuatro de ellos, bien ponderados por la autora como piezas maestras, destacando su encadenamiento en el proceso de las ideas, las identidades compartidas y sus efectos sobre la naciente conciencia de la "mexicanidad" que all&iacute; qued&oacute; expresada, con el &uacute;nico y simple prop&oacute;sito de que el p&uacute;blico se adentre en la lectura de <i>Flor de primavera mexicana</i> y, ojal&aacute;, m&aacute;s tarde acuda al Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional para proseguir su lectura en los originales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. El de Jos&eacute; Vidal de Figueroa no s&oacute;lo es el serm&oacute;n fundador de una pr&aacute;ctica que dar&iacute;a copiosos frutos sino el de mayor penetraci&oacute;n teol&oacute;gica; por eso, dentro de los g&eacute;neros de la oratoria puede calificarse con toda propiedad como un serm&oacute;n doctrinal. Su tesis m&aacute;s audaz radica en la predeterminaci&oacute;n de la aparici&oacute;n guadalupana como proyecto divino y establece un modelo que, aunque sin citarlo, seguir&aacute;n muchos m&aacute;s autores haci&eacute;ndose eco de la potencialidad de sus argumentaciones. Tal como la defensa de la doctrina de la Inmaculada Concepci&oacute;n, la imagen trasuntada en la capa de Juan Diego era una idea concebida desde el origen de los tiempos, o la creaci&oacute;n m&aacute;s acabada, visible en Am&eacute;rica, de un arquetipo celestial. En su paralelo con ese misterio le iba lo mejor de su condici&oacute;n prof&eacute;tica, ya que abrigaba una promesa salv&iacute;fica para los beneficiarios mexicanos, desde su manifestaci&oacute;n en el Tepeyac, a pocos a&ntilde;os de la Conquista y todo acorde con el inter&eacute;s de la corona. El parecer del censor Francisco de Siles ya saludaba estos hallazgos mariol&oacute;gicos tan significativos, que tuvieron lugar en el entendimiento de Dios Padre, con la siguiente exclamaci&oacute;n: "Te llamar&eacute; Imagen de Dios, hallada en Dios y copiada en Dios, porque t&uacute; sola eres merecedora de ese t&iacute;tulo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde los "senos de la eternidad", Mar&iacute;a de Guadalupe no s&oacute;lo fue escogida entre las criaturas sino que el Dios Art&iacute;fice la "pint&oacute; primero en su entendimiento" como un dise&ntilde;o <i>ab eterno</i> antes que la criase en materia. Por tanto, "aquella imagen aparecida en Guadalupe es copia de la que pens&oacute; Dios cuando la eligi&oacute; para su Madre". El estampamiento de Guadalupe era el centro de un gran misterio escondido desde todos los siglos pasados "entre los m&aacute;s &iacute;ntimos secretos del mismo Dios". Pero lo m&aacute;s temerario en las deducciones de Vidal era que este nuevo misterio equival&iacute;a, en su trascendencia hist&oacute;rica, al de la Encarnaci&oacute;n del Verbo, debido a la fuerza de su revelaci&oacute;n: para la conversi&oacute;n de toda Am&eacute;rica y fundaci&oacute;n de la Iglesia universal de Cristo en este Nuevo Mundo. Por eso la tilma gozaba de un estatuto cuasi sacramental, como todo misterio revelado, o tener la estatura de una instituci&oacute;n o ministerio, propio de la iglesia americana: "un sacramento oculto &#151;dice Figueroa&#151; dentro del mismo Dios, que as&iacute; hab&iacute;a permanecido oculto porque en su inescrutable &aacute;nimo no se lo comunic&oacute; a nadie, hasta que en M&eacute;xico se lo revel&oacute; a su Iglesia" en la persona de Zum&aacute;rraga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vidal fue todav&iacute;a m&aacute;s lejos en sus osad&iacute;as teol&oacute;gicas y lleg&oacute; a sostener, nada menos, un nuevo e in&eacute;dito t&iacute;tulo de Mar&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de los conocidos lauretanos: en su Imagen de Guadalupe alcanzaba a ser un <i>complementum trinitatis</i> o " la parte que permite cerrar el c&iacute;rculo de la Trinidad inmensa e inefable", llenando el vac&iacute;o de v&iacute;nculos que dej&oacute; Dios Hijo al tomar carne humana para representarse ante los hombres. De esta suerte, la Guadalupana probaba la doctrina de la <i>homoiosis</i> de san Agust&iacute;n: ciertamente el gran Creador hab&iacute;a hecho al hombre a imagen y semejanza nuestra, pero el pecado original lo apart&oacute; de ser semejanza, y as&iacute;, por su gracia, pureza y perfecci&oacute;n, s&oacute;lo Mar&iacute;a cumpl&iacute;a con esta condici&oacute;n para deificarnos con Dios: el hombre ca&iacute;do conservaba viva su posibilidad de conseguir la apoteosis. En suma: el ayate de Juan Diego era el m&aacute;s n&iacute;tido reflejo de la perfecci&oacute;n de Dios y anuncio de la restauraci&oacute;n de su gloria, que hizo visible al Dios invisible cumpli&eacute;ndose as&iacute; el &uacute;ltimo mandato decretado por Dios Hombre hasta su regreso triunfal al final de los tiempos. En suma, se trataba de una teolog&iacute;a basada en s&iacute;mbolos promisorios, como dice Alicia Mayer, estrechamente vinculada con el decurso de la historia del cristianismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. El serm&oacute;n del jesuita Juan de Goicochea, llamado <i>La maravilla inmarcesible,</i> debe clasificarse como un paneg&iacute;rico festivo, es decir, est&aacute; concebido como un jubiloso serm&oacute;n de funci&oacute;n de estreno, ya que en 1709 fue la pieza que se pronunci&oacute; en la inauguraci&oacute;n del santuario basilical, erigido como una reconstrucci&oacute;n novohispana del templo de Jerusal&eacute;n. Por tanto, celebra con variadas met&aacute;foras la atrevida arquitectura de sus componentes, pero m&aacute;s a&uacute;n exalta su relaci&oacute;n con los s&iacute;mbolos fundacionales de M&eacute;xico y la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Da comienzo con un t&iacute;pico desplante de derroche criollo: "Un templo nos pediste en este monte y tres con este, os ha consagrado, la sin igual mexicana largueza". Desde 1695 en que se derrib&oacute; el antiguo santuario, los patrocinadores ya ten&iacute;an en mente erigir un templo de cuatro torres y un gran domo central que fuera evocaci&oacute;n del templo sagrado de Jerusal&eacute;n, para depositar all&iacute; la imagen guadalupana, tenida como Arca de la Alianza. Ya se sabr&aacute; que, de la misma manera como la f&oacute;rmula eucar&iacute;stica estaba prefigurada en la incorruptibilidad del arca, la Virgen mexicana en su imagen era un "milagro continuado", tal como el man&aacute; que se atesoraba en la misma arca. Dice Goicochea: "Pues si al sacramentado sol, que acompa&ntilde;a vuestra Imagen, si a vuestra sagrada Efigie, Imagen del Sol Sacramentado y Sacramento de las Im&aacute;genes, conviene esta duraci&oacute;n en el templo &#91;que ahora se estrena&#93;". Pero todo el salomonismo de la arquitectura elogiada por el predicador reclamaba un nuevo significado espec&iacute;ficamente nacionalista y program&aacute;tico en aras de arraigar el culto con un intencionado sentido pol&iacute;tico. La planta misma de los arquitectos Dur&aacute;n y Arrieta era un calco del &aacute;guila fundacional de M&eacute;xico y as&iacute; los fieles resguardados bajo sus b&oacute;vedas eran los polluelos cristianizados y puestos al cobijo de sus alas explayadas y protectoras. Esta manera de simbolizar el espacio, mediante el uso de figuras o emblemas en parang&oacute;n, era un recurso que los ret&oacute;ricos de entonces llamaban par&aacute;frasis. No nos sorprenda que Mar&iacute;a misma fuera entonces la Mujer &Aacute;guila posada en Tenochtitlan, prefigurada en el cap&iacute;tulo 12 del Evangelio de san Juan y as&iacute; componiendo, mediante este emblema propio de la ciudad de M&eacute;xico, dos partes de un mismo retrato fundacional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pieza termina, como muchas m&aacute;s, con un emotivo exhorto o llamado a los fieles, dirigi&eacute;ndose directamente a la Virgen para que en su "sacramentada pintura" perdurara hasta el fin de los tiempos, y lo mismo que la Eucarist&iacute;a acompa&ntilde;ando al hombre en su destierro terrenal. Todo conforme a las ideas prof&eacute;tico&#45;marianas del beato Amadeo de Portugal, que hab&iacute;a sufrido una revelaci&oacute;n en la Italia del siglo XV, donde la Virgen le hab&iacute;a asegurado que permanecer&iacute;a en cuerpo en sus im&aacute;genes, de forma an&aacute;loga a la transustanciaci&oacute;n. De tal suerte, eucarist&iacute;a y rosas del ayate aseguraban el triunfo final de la Iglesia universal y la consecuente derrota del mal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No dejan de sorprendernos estas elucubraciones sobre la imagen guadalupana de mensaje tan elevado, que la interpretan como sacramento o la fundamentan en una revelaci&oacute;n asociada a los tiempos por venir, si bien sobre las bases de una teolog&iacute;a de la patr&iacute;stica griega y los m&iacute;sticos tardomedievales. Alicia Mayer, con abundantes referencias a las "autoridades", pone de manifiesto la importancia de todas estas estrategias de interpretaci&oacute;n, presentes y actuantes en el proceso ideol&oacute;gico del guadalupanismo de los criollos. En suma: una notable preponderancia de la ex&eacute;gesis b&iacute;blica, como dice la autora, aplicada a encumbrar la idea de M&eacute;xico como un lugar originario y un territorio predestinado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Francisco de la Maza hablaba con cierta desmesura del "nacimiento mexicano de Guadalupe", es decir, que la Virgen del Tepeyac poco o nada deb&iacute;a desde sus or&iacute;genes a otros cultos mariales venidos de Europa. Esto quedar&iacute;a muy bien expresado en el serm&oacute;n del dominico fray Juan de Villa S&aacute;nchez, como bien advierte Alicia Mayer. Me parece adem&aacute;s que es el que mejor encuadra en el g&eacute;nero del serm&oacute;n parafr&aacute;stico, basado en una interpretaci&oacute;n tipol&oacute;gica, o que hace la comparaci&oacute;n de m&uacute;ltiples figuras, antes prefiguras en la escritura antigua y luego transfiguras insertadas en el devenir hist&oacute;rico de la propia Nueva Espa&ntilde;a. Esta idea naci&oacute; en las obras de Miguel S&aacute;nchez y all&iacute; ya opon&iacute;a, a la voluntad de la Virgen al aparecerse como mexicana, la derrota de la idolatr&iacute;a. Todo como una explicaci&oacute;n satisfactoria para contar la manera como Am&eacute;rica tuvo que esperar m&aacute;s de 15 siglos para conocer los beneficios de la revelaci&oacute;n del Evangelio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus primeros renglones, fray Juan saludaba al &aacute;guila mexicana de la fundaci&oacute;n como si se tratase de una prefigura envuelta en sombras, que ya aseguraba la ocurrencia de las mariofan&iacute;as de 1531: "Opulento Imperio mexicano, cuya generosa &aacute;guila, que fue el ag&uuml;ero de sus felices principios". Siguiendo tambi&eacute;n las ideas de fray Gregorio Garc&iacute;a sobre el origen de los primeros pobladores del continente, afirmaba que los indios eran descendientes de los navegantes tirios y cartagineses y que as&iacute; la Divina Providencia los reserv&oacute; para el anuncio de un segundo y definitivo evangelio a cargo ya no de los ap&oacute;stoles, sino de Mar&iacute;a misma como principal predicadora en el Nuevo Mundo. Esto no hab&iacute;a sido un olvido de la Divina Providencia sino una muestra de la mayor fineza de Jes&uacute;s, que reserv&oacute; a su Madre en sus verdaderos afectos, y as&iacute; la mostr&oacute; de raza india, copi&aacute;ndola de su mismo coraz&oacute;n como imagen suya, para evangelizar el nuevo continente que hab&iacute;a permanecido oculto por sus designios. Por eso tambi&eacute;n su <i>ekphrasis</i> de la Imagen est&aacute; densamente simbolizada como una "princesa que reinar&aacute; sobre todas las naciones del mundo", como una forma de exaltar el papel hist&oacute;rico que ven&iacute;a a cumplir la Iglesia americana fundada por ella directamente. Mar&iacute;a de Guadalupe era misionera, ap&oacute;stol e hija de la misma tierra; por eso all&iacute; se encerraba el misterio de la epifan&iacute;a tripartita en Bel&eacute;n, adonde ciertamente no lleg&oacute; el rey que representaba a la cuarta parte del mundo porque la Virgen misma, desde Bel&eacute;n, ya estaba investida con este papel hist&oacute;rico: venir y residir en imagen en Am&eacute;rica y con todos sus poderes para fundar el imperio final de su Hijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este orden de ideas, la Virgen recibi&oacute; de los indios su ser corporal, su traje de <i>huipil</i> e <i>ytzpoztle</i> mexicano, su investidura de cacica y su aspecto de indiecita doncella, todo para dignificar su raza, calidad y condici&oacute;n. &Eacute;ste fue sin duda el tema m&aacute;s exitoso en la historia del guadalupanismo mexicano, explotado por los intelectuales cat&oacute;licos o ateos durante el siglo XIX (el padre Agust&iacute;n Rivera) y sin duda el que est&aacute; vigente con mayor fuerza en nuestros d&iacute;as: su condici&oacute;n &eacute;tnica indisolublemente ligada a la raza. En suma: una hermen&eacute;utica <i>ad hoc</i> de los textos sagrados, como dice la autora, dedicada a distinguir la raza como piedra fundamental de "un pueblo escogido".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. El serm&oacute;n de Cayetano Antonio de Torres, el hombre m&aacute;s respetado y poderoso entre la clase clerical de mediados del siglo XVIII, protector de Clavijero y de los jesuitas en el exilio, ya supone una inflexi&oacute;n ideol&oacute;gica con todos los dem&aacute;s. Por un lado saluda apote&oacute;sicamente el reconocimiento pontificio de 1754 a la jura de la Virgen como patrona universal de la Nueva Espa&ntilde;a, y por el otro es la muestra m&aacute;s acabada de la apropiaci&oacute;n de las nociones de territorialidad y soberan&iacute;a, que hasta entonces hab&iacute;a alcanzado la eclosi&oacute;n del culto, pero tambi&eacute;n en medio del naciente escepticismo de la ilustraci&oacute;n y el resentimiento que eso le provocaba. Posee tambi&eacute;n un atractivo narrativo por dem&aacute;s revelador: es la m&aacute;s emotiva cr&oacute;nica del encuentro entre el papa Benedicto XIV y el procurador jesuita Francisco L&oacute;pez, que lleg&oacute; hasta Roma a solicitar estos reconocimientos. Este &uacute;ltimo sacerdote se fue provisto de una copia de la Imagen, obra del pr&iacute;ncipe de los pintores novohispanos, Miguel Cabrera, que finalmente funcion&oacute; como un recurso visual (m&aacute;s legendario que real) que sedujo al pont&iacute;fice, venciendo su &aacute;nimo dubitativo para poder pronunciarse por medio de una bula donde Roma arrop&oacute;, por primera vez, el culto mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De una manera por dem&aacute;s exultada y celebrativa, desde el p&uacute;lpito don Cayetano pon&iacute;a punto final a las dudas expresadas en la Nueva Espa&ntilde;a y la misma Roma acerca de que el papa finalmente no canoniz&oacute; el milagro, al tiempo que las nociones de territorialidad e identidad ya se expresaban con un car&aacute;cter program&aacute;tico de cara al futuro. En suma, como concluye Alicia Mayer &#151;y yo mismo en alg&uacute;n otro momento&#151;, en los p&aacute;rrafos de Cayetano de Torres se puede escuchar la plena autodefinici&oacute;n de un territorio compartido y que la afirmaci&oacute;n de que "la naci&oacute;n mexicana toda" ya no s&oacute;lo es una geograf&iacute;a pol&iacute;tica unificada e indivisible, sino una comunidad constituida. Desde luego, es mi serm&oacute;n favorito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Coda</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mejor aportaci&oacute;n del libro de Alicia Meyer es, a mi juicio, haber distinguido y ponderado la riqueza de esta literatura en toda su diversidad y especificidad discursiva. M&aacute;s a&uacute;n las tradiciones teol&oacute;gicas e hist&oacute;ricas donde abrevan aquellos oradores o sus esfuerzos por entender la mariolog&iacute;a como un veh&iacute;culo tipol&oacute;gico, para interpretar la propia historia local, o la incorporaci&oacute;n de la Nueva Espa&ntilde;a a la historia universal de la salvaci&oacute;n. Desde luego, hay que notar su cuidado en el desglose de figuras y s&iacute;mbolos, construidos no s&oacute;lo para redimensionar el papel de los predicadores gracias a la providencial aparici&oacute;n del Tepeyac, sino para hacer sentir el patriotismo hisp&aacute;nico en el marco de la <i>pietas austriaca</i> o la agenda teopol&iacute;tica de la Casa de Austria. El cap&iacute;tulo "Guadalupe y la monarqu&iacute;a universal hispana" me sorprende porque es un llamado de atenci&oacute;n para redimensionar el dirigismo de la corona sobre los cultos y la manera como los predicadores quisieron, mediante sus artilugios ret&oacute;ricos, sentirse parte de esa agenda metropolitana o poner a la Guadalupana como "defensora del imperio, inmersa en la problem&aacute;tica cultural y geopol&iacute;tica". Desde luego, tambi&eacute;n se pondera la notable intervenci&oacute;n de los jesuitas forjando un imaginario "inculturizado", de modo dial&eacute;ctico y alternativo. Y no pod&iacute;a faltar otro tema que Alicia Mayer conoce muy bien: el empleo de las sutilezas de maquinaria ideol&oacute;gica de la Contrarreforma. Algo patente en otro de los espejos fascinantes que desvela la autora: la imagen del indio, tan idealizada o real como se quiera, que transmiten estas piezas. No s&oacute;lo como el origen "de una ret&oacute;rica indigenista del siglo XX, en torno a una mirada incluyente, cuanto ut&oacute;pica, del discurso nacionalista", sino que en verdad tiene su origen en una agenda "hisp&aacute;nica y contrarreformista que buscaba incorporar a los indios a la Iglesia cristiana Universal", al discutir al infinito su "naturaleza y virtudes".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La introducci&oacute;n ofrece por lo dem&aacute;s un seguimiento puntual de la fortuna cr&iacute;tica que en la historiograf&iacute;a mexicana han tenido las piezas oratorias, tildadas de "decadentes", y ahora vistas como una herramienta propia de la hermen&eacute;utica hist&oacute;rica y desde luego v&aacute;lida para varias disciplinas sociales, que no s&oacute;lo estudian el imaginario y la ideolog&iacute;a, sino la iconograf&iacute;a y la religiosidad culta y popular. El nutrido grupo de investigadores nacionales y extranjeros que han sido llamados por estos materiales ya indica que no estamos ante materiales inocuos o estrictamente piadosos. All&iacute;, como dice la autora, se dirime la mejor parte del perfil cultural de la sociedad novohispana, pese a los controles y la llegada tard&iacute;a de "la modernidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, los pareceres y aprobaciones de los sermones no s&oacute;lo eran los elementos introductorios y legales de rutina, sino que ahora permiten situar en un contexto preciso la direccionalidad de los mensajes de cada predicador. M&aacute;s a&uacute;n, en esos p&aacute;rrafos se atisban los pocos elementos de cr&iacute;tica para saber c&oacute;mo fue recibido el serm&oacute;n entre sus escuchas y los v&iacute;nculos intelectuales, pol&iacute;ticos o de mecenazgo que manten&iacute;a cada autor. Tal como ha hecho Alicia Mayer, explicando la preceptiva de la ret&oacute;rica, este objeto literario&#45;bibliogr&aacute;fico merece ser apreciado en toda su integridad, al menos por quienes deseamos leer el documento tambi&eacute;n como un monumento cultural. Desde luego, valorando su posible recepci&oacute;n o el impacto sobre la variopinta poblaci&oacute;n virreinal: all&iacute; est&aacute; el apasionante cap&iacute;tulo sobre los efectos del serm&oacute;n del padre Mier en lo que ser&iacute;a la emancipaci&oacute;n de las conciencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, vaya una felicitaci&oacute;n a los editores y su equipo, sobre todo extensiva a los ilustradores (con verdaderas novedades en la iconograf&iacute;a guadalupana como la escena cantamisa de Gonzales de Peredo en el altar mayor de la Colegiata o el enigm&aacute;tico grabado del caballo de Troya del serm&oacute;n de Vidal de Lorca). Mi felicitaci&oacute;n m&aacute;s interesada es, desde luego, para la autora junto con sus potenciales beneficiarios: por acercar de forma clara y profunda al p&uacute;blico lector la entra&ntilde;a hist&oacute;rica y simb&oacute;lica de estos textos (otrora empolvados), para que los j&oacute;venes colegas se sientan llamados a proseguir su lectura y escrutinio o para valerse de ellos en sus trabajos intelectuales: una de las llaves maestras para adentrarse en comprender e interpretar la compleja realidad del imaginario novohispano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias al paciente y puntual an&aacute;lisis de Alicia Mayer, dos siglos de ret&oacute;rica y pensamiento han quedado iluminados, cual un nuevo Esp&iacute;ritu Santo que desde el tornavoz del p&uacute;lpito emite sus rayos esclarecedores e ilumina al orador para que los escuchas sentados en sus bancas (hoy ciudadanos descre&iacute;dos de este bicentenario independiente) hagan la cr&iacute;tica de " las trampas de la fe" y, al cabo, se animen a evocar uno de los dominios m&aacute;s expresivos del mundo virreinal. En realidad, una literatura que, sin exageraci&oacute;n, est&aacute; en la g&eacute;nesis de la conciencia hist&oacute;rica nacional y de sus potenciados argumentos para conformar lo que, desde los albores del siglo XIX, llamamos la naci&oacute;n o "una comunidad imaginada" &#151;y profundamente sentida&#151; por todos aquellos que al menos en teor&iacute;a habitamos estos territorios septentrionales de Am&eacute;rica.</font></p>      ]]></body>
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