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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">"Recuas, carros, carretas, carretones,    <br> 	de plata, oro, riquezas, bastimentos    <br> 	cargados salen, y entran a montones..."</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Bernardo de Balbuena, <i>Grandeza mexicana,</i> 1604.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este ep&iacute;grafe, el n&uacute;mero 101 de la revista <i>Anales</i> abre un nuevo ciclo donde se vislumbra una importante tarea: ordenar la riqueza humana que circula por el legado art&iacute;stico&#45;cultural a lo largo de las contribuciones que nos esperan, en di&aacute;logo con la tradici&oacute;n y la modernidad, con el pasado y el presente, con lo propio y lo extra&ntilde;o, con lo nacional y lo internacional. Esto quiz&aacute; no es una tarea privativa de nuestros tiempos, sino m&aacute;s bien de la humanidad, pues, ya desde el siglo XVI Bernardo de Balbuena lograba apresar h&aacute;bilmente en sus palabras aquello que dota de sentido a nuestro oficio: dar voz a la pulsi&oacute;n din&aacute;mica de la vida, contenida en los objetos en toda &eacute;poca y en todo lugar. As&iacute;, la serie de escritos que conforman el presente n&uacute;mero relata y devela cada uno a su manera la importancia de los desplazamientos en la producci&oacute;n art&iacute;stica manifiesta en el trazo de rutas humanas, en el cruce de continentes, en la pasi&oacute;n por los cambios, en la inquietante b&uacute;squeda de adaptaciones y experimentaciones, en la arriesgada toma de posturas ante la continuidad de la tradici&oacute;n y su ruptura; a saber: la importancia del movimiento en la vida, presente ya como impulso interior de b&uacute;squedas personales, ya como elemento articulador de la vida social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Aacute;lvaro Recio Mir, "Un nuevo arte en movimiento para la ostentaci&oacute;n social: los primeros coches novohispanos y las ordenanzas del gremio de carroceros de la ciudad de M&eacute;xico de 1706", nos habla de la manufactura especializada requerida por la producci&oacute;n de los nuevos medios din&aacute;micos que ya desde el siglo XVI recorr&iacute;an las calles de la Nueva Espa&ntilde;a. Su organizaci&oacute;n gremial se hizo patente en una serie de ordenanzas que se distinguieron por sus innovaciones &#151;en comparaci&oacute;n con aqu&eacute;llas formuladas en ciudades tan importantes como Madrid y Sevilla&#151; ya que apelaban a una realidad diferente de la europea. El an&aacute;lisis de las reglamentaciones surgidas en torno a la pr&aacute;ctica del oficio subraya las necesidades de los carroceros y determina la importancia que adquirieron los centros carreteros novohispanos. Al presentar detenidamente las sutiles diferencias entre carros, coches y carrozas, seg&uacute;n la implementaci&oacute;n de sistemas de amortiguaci&oacute;n y de ejes, el autor nos permite echar un ojo a una tecnolog&iacute;a que nos hace recordar la &eacute;poca humanista cuando <i>scientia</i> y <i>ars</i> se entrelazaban al producir obras del ingenio que reflejaban la pericia de sus constructores. A la vez, nos permite conocer en este adelanto las necesidades de una sociedad novohispana inserta en un mundo barroco donde la confecci&oacute;n de la apariencia &#151;expresada en la ostentaci&oacute;n y el lujo de los transportes&#151; estaba lejos de ser una capa superficial. M&aacute;s all&aacute; debemos entenderla como una estrategia cuyos principales motivos estaban encaminados a consolidar la identificaci&oacute;n a un estatus social determinado donde era factible reactivar rituales de poder. No s&oacute;lo estos aspectos seculares de una vida pulsante en la metr&oacute;poli son los que nos descubre el autor, sino incluso los pertenecientes al &aacute;mbito religioso, y que funcionaron como instrumentos de salvaci&oacute;n, de aligeraci&oacute;n y liberaci&oacute;n de pesadas cargas, forjando as&iacute; el origen m&iacute;tico religioso de la carrocer&iacute;a novohispana desde el siglo XVI.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el art&iacute;culo "De Oaxaca a Canarias: devociones y 'traiciones'", Pablo F. Amador Marrero nos da cuenta no s&oacute;lo de las rutas intercontinentales sino de las geograf&iacute;as espirituales que im&aacute;genes religiosas ricamente ataviadas &#151;como la de Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores&#151;trazaron en las almas de los personajes hist&oacute;ricos, protagonistas de la trama de su escrito tejido entre "Oaxaca y las islas". Demuestra que detr&aacute;s de las im&aacute;genes &#151;como las de san Lorenzo y san Juan Evangelista&#151; se ocultan devotos donantes como el mercader Juan de Molina, natural de La Laguna, Tenerife. El autor se da a la tarea de develar la personalidad de este personaje, sus preocupaciones espirituales y materiales, sus motivos de veneraci&oacute;n y el desarrollo del culto por las im&aacute;genes mencionadas. Gracias al escueto testamento que dej&oacute; al fallecer en la ciudad de Oaxaca en 1699, se reconstruyen sus actividades comerciales: el ir y venir de preciados objetos art&iacute;sticos entre la Nueva Espa&ntilde;a e islas Canarias. Asimismo nos narra c&oacute;mo orden&oacute; la construcci&oacute;n de un altar en la ermita canaria de San Gonzalo, Tegueste, adem&aacute;s de donar "una imagen de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima de los Dolores" que finalmente hall&oacute; sitio en la iglesia de los Remedios de San Crist&oacute;bal de la Laguna, Tenerife. As&iacute;, la documentaci&oacute;n del culto a las im&aacute;genes se convierte en testimonio de la expresi&oacute;n de una &iacute;ntima devoci&oacute;n secreta pero de grandes alcances, pues movilizar&iacute;a a varias generaciones emparentadas con el mercader y la fundaci&oacute;n de un patronato. De este modo el autor nos permite conocer una notable producci&oacute;n textil de la Nueva Espa&ntilde;a que, en su detallado an&aacute;lisis hist&oacute;rico, hace relucir el cruce de caminos hilado en la ruta del comercio americano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo dirige su atenci&oacute;n a la din&aacute;mica de un proceso hilvanado por etapas que culminan en una s&iacute;ntesis constructiva donde pareciera finalmente detenerse el tiempo en 1843. As&iacute;, Enrique Camacho C&aacute;rdenas, con "El proceso constructivo del Sagrario Metropolitano de Guadalajara. La llegada de Jos&eacute; Guti&eacute;rrez y el inicio de la arquitectura neocl&aacute;sica en la ciudad", revela las fases constructivas de tan importante edificio, sus interrupciones, sus aplazamientos, sus fracturas y sus restauraciones. En suma: una historia narrada y cincelada en las piedras por los arquitectos y el cabildo eclesi&aacute;stico que se dieron a la tarea de construirla. El autor nos narra las diferencias y los acuerdos entre los actores participantes en la edificaci&oacute;n: el debate en torno a la conveniencia geogr&aacute;fica del edificio, la presentaci&oacute;n de los planos en 1804 ante el virrey Jos&eacute; de Iturrigaray y la ejecuci&oacute;n del dibujo de la obra. Si bien la construcci&oacute;n fue marcada por las guerras de independencia y las precarias situaciones econ&oacute;micas que &eacute;stas acarrear&iacute;an, adem&aacute;s de las demandas y juicios legales, no demerit&oacute; en la elegante ejecuci&oacute;n de un estilo neocl&aacute;sico llevado por el arquitecto Jos&eacute; Guti&eacute;rrez (1766&#45;1835) a tierras americanas. En este proceso conocemos que la llegada de Guti&eacute;rrez motiv&oacute; la ense&ntilde;anza y la pr&aacute;ctica de las formas neocl&aacute;sicas en Guadalajara, tendencia impulsada ya desde su labor acad&eacute;mica en la Academia de San Carlos. En este sentido, otras personalidades cuyas decisiones hicieron posible la labor de Jos&eacute; Guti&eacute;rrez son mencionadas: entre ellas su disc&iacute;pulo Manuel G&oacute;mez de Ibarra, quien se ocupar&iacute;a de la construcci&oacute;n desde 1835 hasta su finalizaci&oacute;n, permitiendo con ello que el inmueble obtuviera la unidad arquitect&oacute;nica que posee hasta nuestros d&iacute;as, logrando sobrevivir a las fuerzas naturales y a los desgastes del tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y si de arquitectura hablamos, el art&iacute;culo de Georg Leidenberger, "Tres revistas de arquitectura mexicanas. Portavoces de la modernidad, 1923&#45;1950" nos muestra la compleja tarea de los arquitectos mexicanos para conjuntar lo moderno con lo tradicional durante la &eacute;poca posrevolucionaria. Al hacerlo, ofrece un panorama sobre las l&iacute;neas que siguieron tres revistas de arquitectura en su b&uacute;squeda por definir sus tareas y funciones en relaci&oacute;n con la sociedad y su p&uacute;blico. La revista <i>El Arquitecto</i> (1923&#45;1933) fue una plataforma donde acaeci&oacute; el enfrentamiento entre los aires modernistas llegados de Europa y el proyecto cultural mexicano comprometido con los valores de la Revoluci&oacute;n. Diferente result&oacute; el proyecto de <i>Cemento</i> (1925&#45;1930)/<i>Tolteca</i> (1929&#45;1932), vocero de la industria privada y promotor de la modernidad gracias al empleo del cemento que se abri&oacute; paso con construcciones austeras, racionales y n&iacute;tidas. Adem&aacute;s promov&iacute;a presentaciones modernas expuestas en revistas europeas mientras intentaba involucrar a su p&uacute;blico lector mediante concursos art&iacute;sticos. En el an&aacute;lisis de la tercera revista, <i>Arquitectura&#45;M&eacute;xico</i> (1938&#45;1978), Leidenberger muestra que su fundador y promotor, Mario Pani, se distingui&oacute; por su marcado cosmopolitismo y analiza la manera en que la revista adquiri&oacute; un tono m&aacute;s nacionalista, al aumentar su cobertura del escenario arquitect&oacute;nico local. Este sutil giro la posicion&oacute; en medio de las tendencias de las otras dos revistas, pues no estaba afiliada ni a los intereses gremiales ni a los de una empresa privada. Las palabras de Pani, "no pretendo se&ntilde;alar ning&uacute;n camino o imponer una tendencia", nos revelan una convicci&oacute;n que nos introduce al &uacute;ltimo art&iacute;culo de este n&uacute;mero, donde la toma de una postura individual en el quehacer art&iacute;stico, lejos de verse como un acto aislado, es producto de una red de instituciones, relaciones e intereses humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Christopher Fulton, en "Jos&eacute; Luis Cuevas and the 'New' Latin American Artist", nos delinea la personalidad del artista mexicano, caracterizada por un esp&iacute;ritu itinerante y experimental, en tanto arroja luz sobre los a&ntilde;os 1954 a 1964 en su vida: los conflictos pol&iacute;tico&#45;culturales de la &eacute;poca y su toma de posici&oacute;n cr&iacute;tica ante la hegemon&iacute;a de la corriente nacionalista mexicana en la pl&aacute;stica. Para el autor, el inter&eacute;s de Cuevas por los hasta entonces poco explorados escenarios producidos por el creciente desarrollo urbano, se vincula con la po&eacute;tica de la nostalgia del exilio espa&ntilde;ol en M&eacute;xico: un eco siempre presente en el trazo del dibujo, con el que el artista va dando forma, labrando el abandono, la nostalgia y la melancol&iacute;a que arranca de los habitantes citadinos, nocturnos, vagabundos y enfermos mentales cuya soledad son los gritos mudos del carb&oacute;n sobre el papel. Adem&aacute;s, en este punto, el autor revela los factores pol&iacute;ticos, los intereses culturales, el papel de las galer&iacute;as y los promotores art&iacute;sticos sin los que el arte de Cuevas hubiese tomado otro camino. Entre ellos cabe rescatar el papel que desempe&ntilde;aron Jos&eacute; G&oacute;mez Sicre y Marta Traba, al posicionar a Cuevas como una de las principales figuras del "movimiento de ruptura". Adem&aacute;s, Fulton muestra c&oacute;mo la influencia de Cuevas en los j&oacute;venes artistas iberoamericanos toca los nervios de expresi&oacute;n art&iacute;stica en generaciones "suspendidas entre lo individual y lo otro, la identidad y la no&#45;identidad, el ser y el no ser", en una &eacute;poca en la que la importancia de los viajes, los medios modernos de transporte y la expansi&oacute;n del mercado abrieron v&iacute;as de relaciones y contactos que se volvieron una parte medular e indispensable de la circulaci&oacute;n de las ideas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n de "Documentos" la abre Isaac Landeros con "Nuevo Museo Soumaya. Percepciones alteradas de la arquitectura del espect&aacute;culo". Este autor descubre con mirada cr&iacute;tica los factores que intervienen cuando la arquitectura se subsume a los intereses comerciales y privados. Encuentra que la estructura exterior del museo anuncia la carencia de una articulaci&oacute;n interior que se manifiesta durante el recorrido por las obras al interior del museo, donde tambi&eacute;n se hace evidente una falta de integraci&oacute;n de los elementos arquitect&oacute;nicos empleados. Los factores distorsionantes, al parecer de Landeros, hacen que la edificaci&oacute;n no logre cumplir con las funciones pedag&oacute;gicas de un museo. Insin&uacute;a que hubiera sido mejor definirse como galer&iacute;a, pues satisface los intereses de una franquicia que intenta sostener el armaz&oacute;n de un sistema pol&iacute;tico alejado de la realidad social, y cuyo reflejo resulta ser tan fr&iacute;o como la piel que lo encubre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carlos Alfonso Ledesma Ibarra y Mar&iacute;a Eugenia Rodr&iacute;guez, autores de "La Fototeca de la Facultad de Humanidades de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico", nos recuerdan que la pasi&oacute;n por el rescate del patrimonio cultural desborda la simple preservaci&oacute;n de los objetos materiales: detr&aacute;s se oculta un abanico de posibilidades que despierta conciencia y valoraci&oacute;n al documentar el pasado. Nos ponen al tanto de las labores arqueol&oacute;gicas de la memoria que les ha tocado presenciar en la din&aacute;mica de una vida acad&eacute;mica intensa llevada a cabo durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os en los recintos de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico: la elaboraci&oacute;n del cat&aacute;logo virtual e impreso de escultura novohispana, un proyecto auspiciado por m&uacute;ltiples instancias gubernamentales, universitarias y privadas, as&iacute; como la preservaci&oacute;n del archivo fotogr&aacute;fico de Ricardo Rosas Pliego, donado a la Facultad de Humanidades de la misma universidad, y que constituye un abundante registro gr&aacute;fico del patrimonio del Estado de M&eacute;xico rico en arquitectura, escultura y pintura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado de "Semblanzas" se rinde homenaje a dos grandes maestros de la generaci&oacute;n de los a&ntilde;os veinte: Gustav Leonhardt (1928&#45;2012) y Antoni T&agrave;pies (1923&#45;2012). Ambos compartieron no s&oacute;lo una &eacute;poca hist&oacute;rica marcada por grandes agitaciones pol&iacute;ticas, sino un inter&eacute;s tanto por la reflexi&oacute;n te&oacute;rica sobre su quehacer art&iacute;stico como por su ejecuci&oacute;n pr&aacute;ctica. De Leonhardt, Lucero Enr&iacute;quez nos delinea una personalidad musical cuya claridad y austeridad servir&iacute;a para compenetrar el complejo mundo de la polifon&iacute;a barroca y abrirse paso entre tonos, notas y melod&iacute;as, a fin de rescatar las voces de la m&uacute;sica antigua con una nueva propuesta de interpretaci&oacute;n cuya herencia pervive en sus disc&iacute;pulos en varios continentes. Por su parte, Iv&aacute;n Ruiz esboza el car&aacute;cter de irrefrenable vocaci&oacute;n experimental de T&agrave;pies: el empleo de materiales diversos, el gusto por mixturas y colores son guiados por un car&aacute;cter autorreferencial sobre la tela que, lejos de caer en la redundancia, pone al descubierto la energ&iacute;a de los materiales pl&aacute;sticos mostrando su potencial transformativo (como en los <i>collages)</i> y, al hacerlo, revela l&uacute;cidamente que el arte se rige por sus propias leyes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ejercicio de efectuar la revisi&oacute;n cr&iacute;tica de algunas obras ponemos ante los lectores las rese&ntilde;as de tres libros cuidadosamente analizados por Jaime Cuadriello, Fabiola Hern&aacute;ndez Flores y Marisol Luna Ch&aacute;vez respectivamente. Cuadriello destaca del libro de Alicia Mayer Gonz&aacute;lez, <i>Flor de primavera mexicana. La Virgen de Guadalupe en los sermones novohispanos</i> (M&eacute;xico, UNAM&#45;IIH, 2010), el rescate de todo un florilegio donde se documenta el forjamiento de la identidad criolla novohispana mediante los resortes ret&oacute;ricos de la palabra y la visualidad subyacentes en la elaboraci&oacute;n de la imagen guadalupana. Fabiola Hern&aacute;ndez se&ntilde;ala los aciertos y las carencias del libro de Rub&eacute;n Gallo, <i>Mexican Modernity: The Avant&#45;Garde and the Technological Revolution</i> (Cambridge, mit Press, 2005), cuya obra es el resultado de un estudio basado en trabajo de archivo y an&aacute;lisis comparativo de fuentes internacionales, abocado a explicar las transformaciones culturales ocasionadas por los medios tecnol&oacute;gicos en el arte y en los medios de comunicaci&oacute;n durante 1910&#45;1920, en el contexto cultural mexicano de la modernidad posrevolucionaria. Por &uacute;ltimo, Luna Ch&aacute;vez resalta c&oacute;mo Rita Eder en su libro <i>Tiempo de fractura. El arte contempor&aacute;neo en el Museo de Arte Moderno de M&eacute;xico durante la gesti&oacute;n de Helen Escobedo (1928&#45;1984)</i> (M&eacute;xico, UAM/UNAM, 2010), logra con singular habilidad cubrir uno de los grandes huecos en la historia del arte contempor&aacute;neo en M&eacute;xico, al explicar y entender los retos que enfrent&oacute; y las soluciones que propuso Helen Escobedo durante su gesti&oacute;n en el Museo de Arte Moderno (1982&#45;1984).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir la presentaci&oacute;n de las contribuciones aqu&iacute; reunidas, que nos ofrecen un recorrido a lo largo de la tradici&oacute;n y la modernidad, solamente nos resta decir que la tarea de revelar el sentido pulsante y din&aacute;mico de los objetos requiere de la motivaci&oacute;n de proponer y forjar nuevas rutas por donde circulen nuestras ideas.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Las editoras,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	octubre de 2012.</b></font></p>      ]]></body>
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