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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Patrocinio, monarqu&iacute;a y poder: el glorioso patriarca se&ntilde;or san Joseph en el Per&uacute; virreinal</i>, Irma Barriga Calle</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M&oacute;nica Pulido Echeveste</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Lima, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, Instituto Riva&#45;Ag&uuml;ero, 2010</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El culto al patriarca san Jos&eacute; constituy&oacute; un lugar com&uacute;n en el imaginario de la sociedad novohispana, donde espa&ntilde;oles, indios y castas encontraron consuelo y protecci&oacute;n ante las calamidades naturales como rayos y tormentas o ante momentos arduos como la viudez o el tr&aacute;nsito a la muerte.<sup><a href="#notas">1</a></sup> La devoci&oacute;n por el esposo de Mar&iacute;a goz&oacute; de gran prominencia desde el siglo XVI, cuando el Primer Concilio Provincial mexicano lo jur&oacute; como patr&oacute;n y abogado de toda la Nueva Espa&ntilde;a, por "la gran devoci&oacute;n" que indios y espa&ntilde;oles le profesaban. El reconocimiento &#151;impulsado por los franciscanos&#151; como intercesor en la evangelizaci&oacute;n de los naturales dio lugar en el siglo XVII a un discurso que lo situaba como paradigma pol&iacute;tico del buen gobernante.<sup><a href="#notas">2</a></sup> El libro de Irma Barriga Calle da cuenta del desarrollo del culto josefino en el virreinato del Per&uacute;, tal como un fen&oacute;meno que comparte muchos de sus elementos con el caso novohispano, pero que sin duda tuvo una vida propia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; uno de los atractivos m&aacute;s importantes del estudio del culto de san Jos&eacute; es la posibilidad de adentrarse, a partir de su an&aacute;lisis en el estudio de la vida social, en los m&aacute;s variados aspectos del imaginario pol&iacute;tico e identitario. Fue justamente como historiadora de las mentalidades y de las actitudes ante la muerte como Irma Barriga lleg&oacute; a interesarse en la figura del santo patriarca. Las fuentes documentales que dan constancia de la devoci&oacute;n revelan simult&aacute;neamente la naturaleza de las relaciones de poder entre individuos y corporaciones &#151;como el obispo, el cabildo eclesi&aacute;stico, el ayuntamiento, los gremios y las cofrad&iacute;as en la organizaci&oacute;n de las festividades&#151;, y el apoyo o la censura de los argumentos teol&oacute;gicos en que se fundaba el culto. Las cofrad&iacute;as son asimismo un observatorio perfecto donde convergieron los estratos de la sociedad y donde intereses econ&oacute;micos y privilegios sociales fueron continuamente negociados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La riqueza de las lecturas simb&oacute;licas detr&aacute;s del culto de san Jos&eacute; ha sido posible gracias a la amplitud de las fuentes utilizadas por la autora: tratados, testamentos, cr&oacute;nicas, constituciones y cuentas de cofrad&iacute;as, sermones paneg&iacute;ricos, actas de cabildo, devocionarios y autos sacramentales que junto con las im&aacute;genes y las iglesias, ermitas y capillas hacen notoria la amplitud que alcanz&oacute; la devoci&oacute;n. En esta variedad de documentos se hace visible la multiplicidad de factores sociales, religiosos y pol&iacute;ticos que, tanto en las principales ciudades como en el campo, propiciaron la promoci&oacute;n sostenida del culto desde todos los estratos de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diversidad de los actores y las estrategias que siguieron para promover la devoci&oacute;n josefina introduce algunas interrogantes que resultan esenciales en el estudio del surgimiento y desarrollo del culto a los santos, en especial al tratarse de una devoci&oacute;n tan extendida y generadora de nuevos repertorios y discursos. &iquest;Cu&aacute;l es el m&oacute;vil original de los cultos? &iquest;Son, acaso, resultado de una imposici&oacute;n vertical con fines pol&iacute;ticos, de la orquestaci&oacute;n de un obispo o un tratadista devoto y visionario o de la respuesta piadosa de un pueblo que recurre al santo en busca de auxilio? &iquest;Cu&aacute;nto, pues, tiene que ver en ello la iniciativa local, o son los cultos respuestas alternativas? Ni aun en los casos de patrocinios mejor estudiados o documentados es f&aacute;cil responder a esta interrogante. El caso peruano no es la excepci&oacute;n, pero ofrece un panorama de amplia complejidad al ponderar, en primer t&eacute;rmino, los efectos que desde la Iglesia universal tuvo el Concilio de Constanza (1416) en la dignificaci&oacute;n del personaje de san Jos&eacute;, as&iacute; como su nacimiento, como santo moderno, a partir del lugar privilegiado de que goz&oacute; en la vida m&iacute;stica de santa Teresa de &Aacute;vila; en segundo t&eacute;rmino, su aceptaci&oacute;n por parte de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola como modelo ejemplar para los fieles, figura secular y cohesionadora, y, finalmente, el apoyo de las &oacute;rdenes regulares y el establecimiento de las cofrad&iacute;as como la base social que mantuvo activo y floreciente el culto, incluso despu&eacute;s de la independencia de Per&uacute; (en 1828, el clamor popular oblig&oacute; al Congreso Constituyente a restituir la celebraci&oacute;n anual de la fiesta).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio est&aacute; estructurado en tres cap&iacute;tulos. El primero brinda al lector un perfil introductorio que da cuenta de la invenci&oacute;n " barroca" del santo por contraste con la escasa importancia que ten&iacute;a para la Iglesia medieval. As&iacute; se destaca el quiebre entre la figura apocada del anciano y torpe Jos&eacute; y el joven santo patriarca del siglo XVIII. La autora se adentra tambi&eacute;n en el interesante proceso de construcci&oacute;n de la historia del santo, su estatuto teol&oacute;gico y el &eacute;xito de su culto como patrono y abogado de m&uacute;ltiples oficios y causas, todo como un fen&oacute;meno de enorme amplitud para la Iglesia hisp&aacute;nica. Si bien este proceso ya ha sido objeto de estudio de otros autores, vale la pena el acercamiento que hace Irma Barriga desde los evangelios ap&oacute;crifos hasta los tratados de santa Teresa de Jes&uacute;s, en un di&aacute;logo entre los procesos compartidos por la Iglesia universal y la monarqu&iacute;a que dominaba al "mundo hisp&aacute;nico".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo se dedica al desarrollo del culto josefino en Per&uacute;. Es, sin duda, la aportaci&oacute;n m&aacute;s sustancial gracias a la visi&oacute;n de la autora y a la riqueza de las fuentes que lo sustentan. Tras el an&aacute;lisis del asentamiento de las cofrad&iacute;as, el reconocimiento de la festividad y la recepci&oacute;n que tuvo la obra de santa Teresa de &Aacute;vila en el virreinato, Barriga se centra en las obras de tres tratadistas &#151;el jesuita Juan de Alloza, el dominico Joseph de Pastrana y el jesuita Pedro de Torres&#151;, publicadas en 1652, 1696 y 1710, respectivamente. Sin estos vol&uacute;menes ser&iacute;a imposible entender el desarrollo tanto del culto como de la iconograf&iacute;a de las im&aacute;genes josefinas surgidas en Per&uacute;. Estas tres obras manifiestan la existencia de una tradici&oacute;n josefina consciente y sostenida, pues, a pesar de que la naturaleza de cada una es diferente, tanto Pastrana como Torres glosan sin desperdicio a sus antecesores. Vale la pena hacer un recorrido por los argumentos de estos autores, dado que en ellos se encuentra la clave del culto josefino de las altas esferas de la cultura religiosa peruana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Alloza se autorizaba a s&iacute; misma con la fama de santidad que rodeaba al autor, aumentada por su estrecha relaci&oacute;n con la figura de otro jesuita, Francisco del Castillo, gran promotor de san Jos&eacute; en el Per&uacute; a principios del siglo XVII, quien tambi&eacute;n goz&oacute; de fama de santo. Alloza hac&iacute;a hincapi&eacute; en dos aspectos fundamentales: la pobreza de san Jos&eacute; frente a la nobleza de su linaje y la devoci&oacute;n de la Sagrada Familia como Trinidad terrena que se correspond&iacute;a con la celestial. Seg&uacute;n Irma Barriga, el acento en el car&aacute;cter afectivo, humano y familiar que distingue a la obra de Alloza describe el tipo de devoci&oacute;n surgido en el siglo XVII, centrado en la relaci&oacute;n paternal y emotiva entre el padre y el ni&ntilde;o y en "el juego de dones y contra&#45;dones" que no s&oacute;lo explican la relaci&oacute;n de los fieles con su patrono e intercesor, sino que adem&aacute;s resultaban fundamentales en las relaciones pol&iacute;ticas y sociales entre jerarqu&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, la obra del dominico Joseph de Pastrana obedec&iacute;a a un momento en que la devoci&oacute;n se hab&iacute;a expandido a todos los sectores de la sociedad, como recurso y refugio ante las muchas causas y necesidades que aquejaban a la poblaci&oacute;n. El autor buscaba infundir entre sus lectores una religiosidad m&aacute;s exaltada, promoviendo la devoci&oacute;n de los "Siete dolores y gozos de san Jos&eacute;" por medio de una narraci&oacute;n plena de detalles sobre la vida del patriarca, animada por una suerte de di&aacute;logos inventados y acompa&ntilde;ada de oraciones y devocionarios. En la pluma de Pastrana, el acento cae menos en la parte afectiva que en el car&aacute;cter taumat&uacute;rgico del santo, insistiendo en su gran poder y en el amplio espectro social de sus devotos y de aquellos que hab&iacute;an sido favorecidos por sus milagros en las m&aacute;s variadas ocasiones. Los abundantes testimonios que logr&oacute; recoger la autora sobre im&aacute;genes josefinas que se mov&iacute;an, sudaban o lloraban, como prueba de la "presencia" divina que mostraba su favor ante una comunidad, forman un <i>corpus</i> verdaderamente interesante, pues la mayor parte de los estudios que se han realizado sobre im&aacute;genes animadas se refieren a figuras de Cristo o Mar&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la obra de Pedro de Torres resulta especialmente sugerente por el atrevimiento desmedido de sus elogios y alabanzas a la figura del patriarca, al grado de haber sido prohibida <i>in totum</i> por el Santo Oficio de Lima. De prosa barroca, con un uso recurrente de met&aacute;foras y s&iacute;mbolos, llevando &#151;seg&uacute;n el juicio de la autora&#151; al extremo el uso de la ex&eacute;gesis en las prefiguraciones del Antiguo Testamento como "anticipos y sombras" del santo y abundando en la interpretaci&oacute;n del Apocalipsis para explicar la historia de la salvaci&oacute;n, Torres encumbr&oacute; la figura de san Jos&eacute; desde su car&aacute;cter de "justo" hasta la majestad como "rey de reyes", cabeza del cuerpo m&iacute;stico de los santos y &eacute;mulo del padre, elevando su dignidad al grado de la Trinidad Celestial e incluso por encima de Mar&iacute;a, por lo que naturalmente ser&iacute;a considerado fuera del canon.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de la obra de Torres abre el camino para descubrir el peso pol&iacute;tico que tuvo el culto josefino. La devoci&oacute;n de los monarcas espa&ntilde;oles por san Jos&eacute; era bien conocida, en especial la de Carlos II quien en 1678 emiti&oacute; una real c&eacute;dula reconoci&eacute;ndolo como "Patrono de Espa&ntilde;a y sus dominios". La disposici&oacute;n fue confirmada por el breve de Inocencio XI que otorg&oacute; indulgencia plenaria para su fiesta del 19 de marzo; sin embargo, el perjuicio que pod&iacute;a sufrir la devoci&oacute;n de Santiago como patrono del reino oblig&oacute; al monarca a revocar su decisi&oacute;n. Detr&aacute;s del conflicto obviamente se perfilaban razones pol&iacute;ticas. El paralelismo que se establec&iacute;a entre Jos&eacute; "virrey de Egipto" como prefiguraci&oacute;n de san Jos&eacute; "virrey de Indias" lo convert&iacute;a en el paradigma del buen gobernante. Al igual que los virreyes, san Jos&eacute; hab&iacute;a recibido su poder de una majestad superior de la que era ministro. La vara florida del santo era en s&iacute; misma el cetro de donde emanaba su potestad, creando una imagen de grandeza sustentada en un discurso de incontenible potencial pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer cap&iacute;tulo, dedicado a la iconograf&iacute;a, vemos c&oacute;mo los discursos hasta aqu&iacute; presentados adquirieron una dimensi&oacute;n visual.<sup><a href="#notas">3</a></sup> El cat&aacute;logo sigue el orden del proceso en que la figura de san Jos&eacute; se independiz&oacute; de las escenas de la vida de Cristo y la Virgen para alcanzar un lugar propio en las representaciones de san Jos&eacute; con el Ni&ntilde;o, los patrocinios, la glorificaci&oacute;n y las escenas del tr&aacute;nsito asociadas a su tutela sobre la buena muerte. La propuesta respond&iacute;a originalmente al proyecto de una exposici&oacute;n y aunque como sistematizaci&oacute;n de una tipolog&iacute;a iconogr&aacute;fica el orden no es siempre claro, la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno pol&iacute;tico y de las mentalidades permiti&oacute; a la autora hacer un acertado an&aacute;lisis de la evoluci&oacute;n de la iconograf&iacute;a del arte andino y lime&ntilde;o, desde las im&aacute;genes evangelizadoras hasta las alegor&iacute;as pol&iacute;ticas que representaban una instituci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de las alegor&iacute;as es uno de los puntos m&aacute;s s&oacute;lidos y atractivos del an&aacute;lisis de Barriga, el car&aacute;cter sagrado de la misma escultura devocional pasa pr&aacute;cticamente inadvertido. Las im&aacute;genes de san Jos&eacute; y el Ni&ntilde;o son referidas &uacute;nicamente desde sus caracter&iacute;sticas pl&aacute;sticas o art&iacute;sticas, dejando de lado que se trataba, en especial las esculturas de talla, de im&aacute;genes con "poderes", propiedad de iglesias y cofrad&iacute;as, unidas por fuertes v&iacute;nculos a los espacios locales y sus comunidades.<sup><a href="#notas">4</a></sup> No todas las im&aacute;genes eran consideradas igual de milagrosas, por lo que el &eacute;xito de las cofrad&iacute;as depend&iacute;a de la fama de cada una en particular. Se extra&ntilde;a, por lo tanto, el v&iacute;nculo entre las corporaciones descritas en el segundo cap&iacute;tulo y la sinergia con sus im&aacute;genes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior no demerita el valor del estudio de Irma Barriga. El enfoque monogr&aacute;fico dado al examen del culto de san Jos&eacute; revela la riqueza del universo cultural en que se desarroll&oacute; el <i>corpus</i> de obras pict&oacute;ricas y escult&oacute;ricas sobre el santo. La mirada con que la autora se acerca a las im&aacute;genes, fuera del &aacute;mbito del an&aacute;lisis estil&iacute;stico, sit&uacute;a a la producci&oacute;n josefina en una dimensi&oacute;n de justa complejidad y tiende puentes para el di&aacute;logo con sus s&iacute;miles novohispanos. Como puede apreciarse a lo largo del libro, la vida del culto josefino en el virreinato del Per&uacute; se erigi&oacute; como un espejo del culto en la Nueva Espa&ntilde;a. Las pol&iacute;ticas mon&aacute;rquicas incluyeron a ambos virreinatos en una misma din&aacute;mica y en consecuencia, aunque las diferencias culturales dieron a cada territorio un perfil propio, generaron tambi&eacute;n respuestas semejantes y un imaginario social, pol&iacute;tico y religioso compartido. La aproximaci&oacute;n de Irma Barriga al culto de san Jos&eacute; en Per&uacute; resulta de especial inter&eacute;s para ser reconsiderado por la historia del arte novohispano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. David Freedberg, <i>El poder de las im&aacute;genes,</i> Madrid, C&aacute;tedra, 1992, pp. 69&#45;73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790549&pid=S0185-1276201100020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Jaime Cuadriello, "San Jos&eacute; en tierra de gentiles: ministro de Egipto y virrey de las Indias", <i>Memoria,</i> n&uacute;m. 1, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790551&pid=S0185-1276201100020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. H&eacute;ctor Schenone propuso una clasificaci&oacute;n de la iconograf&iacute;a josefina con abundantes ejemplos del arte peruano, aunque sin considerar la relaci&oacute;n directa entre las im&aacute;genes y los discursos. H&eacute;ctor Schenone, <i>Iconograf&iacute;a del arte colonial. Los santos,</i> vol. 2, Buenos Aires, Fundaci&oacute;n Tarea, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790553&pid=S0185-1276201100020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Gerhard Wolf, "Icons and Sites", en <i>Images of the Mother of God. Perceptions of the Theotokos in Byzantium,</i> Aldershot, Ashgate, 2005, p. 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790555&pid=S0185-1276201100020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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