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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Cuaderno en que se explica la nov&iacute;sima y singular&iacute;sima imagen de la Virgen Sant&iacute;sima del Carmen</i>, Francisco de Jes&uacute;s y Andr&eacute;s L&oacute;pez (eds.)</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rosario In&eacute;s Granados Salinas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico/Morelia, Museo de la Bas&iacute;lica de Guadalupe/ Honorable Ayuntamiento de Morelia, 2009</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay artificio m&aacute;s grande ni m&aacute;s seductor en su sencillez que la imagen que devuelve un espejo. Por ello, al pensar que escribo ahora una rese&ntilde;a sobre un libro compuesto por un texto contempor&aacute;neo (el estudio preliminar de Jaime Cuadriello) el cual gira alrededor de un manuscrito novohispano (el <i>Cuaderno en que se explica...</i> del carmelita fray Francisco de Jes&uacute;s Mar&iacute;a) que a su vez refiere a una pintura (... <i>la nov&iacute;sima y singular&iacute;sima imagen de la Virgen sant&iacute;sima del Carmen),</i> resulta inevitable creer que estos p&aacute;rrafos son una suerte de juego de reflejos, es decir, una serie de im&aacute;genes literarias que se complementan y dialogan entre ellas para celebrar esta imagen visual, hasta ahora pasada por alto. Mis comentarios sobre este volumen de reciente aparici&oacute;n no buscan esconder el significado de dicha pintura y sus interpretaciones textuales en inocuos malabarismos ret&oacute;ricos &#151;yo digo que el historiador del arte dice que el fraile dice lo que el pintor "dijo"&#151; sino contextualizar estas reverberaciones en aras de que los lectores de esta nota sepan cu&aacute;l es la relevancia historiogr&aacute;fica de cada una de ellas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera imagen que refleja el espejo es la del estudio preliminar. Pese a conocer la obra de Cuadriello desde hace tiempo, en esta nueva entrega vuelve a asombrarme su erudici&oacute;n y su extraordinaria habilidad para hilar el discurso teol&oacute;gico con el contexto hist&oacute;rico de las obras en cuesti&oacute;n, tanto la literaria como la pict&oacute;rica. Ese af&aacute;n de integrar lo devocional a su entorno social y pol&iacute;tico a trav&eacute;s de una ardua investigaci&oacute;n documental como mecanismo imprescindible para entender la funcionalidad de la pintura es una de las caracter&iacute;sticas que identifican su producci&oacute;n y es tambi&eacute;n, sin duda, una de las mayores ense&ntilde;anzas que transmite a las nuevas generaciones de historiadores del arte que tienen la fortuna de formarse con &eacute;l. Causa admiraci&oacute;n su capacidad &#151;equiparable solamente quiz&aacute; a la de otro eminente historiador del arte, Francisco de la Maza&#151; para encontrar garbanzos de a libra en medio de costales plagados de semillas insignificantes. El texto de fray Francisco de Jes&uacute;s Mar&iacute;a no es la excepci&oacute;n, pues es un documento &uacute;nico en su clase. Atento a su singularidad &#151;ya identificada pero no estudiada con todo detalle por el tambi&eacute;n historiador del arte Manuel Gonz&aacute;lez Galv&aacute;n&#151;, la intenci&oacute;n fundamental de Cuadriello era "contextualizar sus contenidos y significaciones, analizando su g&eacute;nero, discurso, simbolismo, patrocinio, intencionalidad y funci&oacute;n ideol&oacute;gica".<sup><a href="#notas">1</a></sup> Todos estos objetivos se ven satisfechos con creces en el estudio "De la nubecilla de 1791 al nubarr&oacute;n de 1810" que est&aacute; dividido en tres partes: La pluma y el pincel; Conde, dignidad, caballero, y Cl&eacute;rigos marianos, monjes elianos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de su propia interpretaci&oacute;n, Cuadriello incluye en su estudio preliminar dos importantes novedades. La primera es la identificaci&oacute;n del autor de la pintura, posible a trav&eacute;s del descubrimiento de la firma de Andr&eacute;s L&oacute;pez que aparece junto al a&ntilde;o de manufactura de la misma: 1791. As&iacute;, este lienzo se integra al <i>corpus</i> de 59 obras firmadas y fechadas, catalogadas en 1994 con motivo de la exposici&oacute;n organizada por la antigua Pinacoteca Virreinal de San Diego en la ciudad de M&eacute;xico. La adjudicaci&oacute;n a L&oacute;pez, activo entre 1763 y 1811, sin duda otorga m&aacute;s elementos sobre su obra y permite entender, digo yo, el juicio de Jos&eacute; Ignacio Bartolache, quien en <i>Manifiesto satisfactorio</i> de 1790 lo calific&oacute; como "principal en su obrador", es decir, como uno de los pintores m&aacute;s importantes del virreinato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda novedad dentro del estudio preliminar es la identificaci&oacute;n del contexto para el que la obra pict&oacute;rica fue realizada: la muy variada y extensa &#151;y hasta ahora no bien ponderada&#151; colecci&oacute;n de obras de arte sacro que albergaban los salones y el oratorio de Mariano Timoteo de Escand&oacute;n y Llera, tercer y &uacute;ltimo conde de la Sierra Gorda, miembro del cabildo eclesi&aacute;stico de Valladolid, famoso por haber levantado la pena de excomuni&oacute;n al padre Miguel Hidalgo.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Con esta referencia encontrada en el inventario de la colecci&oacute;n, no s&oacute;lo se extienden los v&iacute;nculos de una de las familias m&aacute;s prominentes de la Nueva Espa&ntilde;a con la orden del Carmelo, sino cobra sentido que la dedicatoria del manuscrito de fray Francisco fuera precisamente a este pol&eacute;mico personaje, develando as&iacute; "los problemas de intencionalidad y patrocinio &#91;de las obras, adem&aacute;s de conocer&#93; los v&iacute;nculos de poder que en torno de la comunidad carmelitana se tej&iacute;an".<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo reflejo de nuestro juego de espejos es la obra del fraile carmelita realizada en 1794. Dicha obra, no sobra reiterarlo, es un documento &uacute;nico en la creaci&oacute;n literaria novohispana. Lo que lo hace tan especial es el hecho de que sus 38 p&aacute;ginas, bellamente caligrafiadas seg&uacute;n se aprecia en la edici&oacute;n facsimilar que compone el centro del libro que aqu&iacute; nos ocupa, se dedican <i>exclusivamente</i> a describir <i>una</i> pintura, lo que no era, al menos por la evidencia documental con la que se cuenta, una pr&aacute;ctica com&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a que el ejercicio de la descripci&oacute;n era muy frecuente en la Nueva Espa&ntilde;a como herramienta ret&oacute;rica y, sobre todo, como parte fundamental de la enorme producci&oacute;n de cr&oacute;nicas de fiesta, no se conocen otros casos como &eacute;ste en que un manuscrito est&eacute; consagrado <i>enteramente</i> a una <i>&uacute;nica</i> pieza pict&oacute;rica. Las cr&oacute;nicas de fiesta inclu&iacute;an narraciones de corte descriptivo que ten&iacute;an como principal prop&oacute;sito preservar &#151;o incluso construir&#151; en la memoria de los lectores las celebraciones de la vida y la muerte de las instituciones reinantes, tales como entradas de virreyes y arzobispos, nacimientos y defunciones de monarcas, festividades todas ellas que, por su naturaleza ef&iacute;mera, estaban condenadas al olvido.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Estas cr&oacute;nicas, sin embargo, no buscaban ni argumentar ni dramatizar el acontecimiento del que daban cuenta. S&oacute;lo pretend&iacute;an diseccionar o escudri&ntilde;ar cada una de las partes que compon&iacute;an el acto festivo, explicando la relaci&oacute;n que cada parte ten&iacute;a con las dem&aacute;s en aras de ser copia fiel de los festejos. Es posible hallar ese mismo sentido en otras descripciones tan significativas como la que alrededor de 1621 realiz&oacute; fray Luis de Cisneros sobre los murales que adornaban la primera capilla de Nuestra Se&ntilde;ora de los Remedios, patrocinados por el ayuntamiento de la ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de fray Francisco de Jes&uacute;s Mar&iacute;a va m&aacute;s all&aacute; de una celebraci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de ser artefacto para la memoria. Por una parte, es similar a las descripciones de fiesta en funci&oacute;n de que al tiempo que "da una idea general de las partes o propiedades" de la pintura, "refiere o explica sus distintas partes, cualidades o circunstancias", tal como define el <i>Diccionario de la lengua espa&ntilde;ola</i> el verbo " describir". Sin embargo, va m&aacute;s all&aacute; al otorgar la interpretaci&oacute;n de aquello que describe, al guiar la mirada hacia aquellos elementos que para el autor son significativos en la imagen, y que, en su perspectiva, son esenciales para el entendimiento cabal de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La descripci&oacute;n del fraile carmelita, como todas, es atemporal, es decir, logra congelar el tiempo. Con ello convierte el texto en una especie de mapa de la imagen que permite identificarla, poseerla, habitarla, entenderla. Por ello &#151;y para insistir en la unicidad del manuscrito de fray Francisco&#151; no resisto traer a colaci&oacute;n al historiador del arte Michael Baxandall, quien en un sentido m&aacute;s profundo dec&iacute;a que las descripciones son un modo de interpretaci&oacute;n en s&iacute; mismo pues implican la observaci&oacute;n y el an&aacute;lisis de la imagen vista: " las palabras representan no tanto a un cuadro como al pensamiento que se formula despu&eacute;s de haber visto el cuadro".<sup><a href="#notas">5</a></sup> Entendiendo as&iacute; la descripci&oacute;n, podemos decir que la obra de fray Francisco no persegu&iacute;a como fin &uacute;ltimo capacitar al lector para visualizar la imagen en caso de no tenerla enfrente, sino que pretend&iacute;a mostrar "la relaci&oacute;n entre el cuadro y los conceptos" que &eacute;l juzgaba pertinentes; no se trata de un ejercicio meramente informativo, sino fundamentalmente demostrativo. Es por ello que se trata de un documento &uacute;nico que vale la pena leer (y disfrutar).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, coincido con Cuadriello cuando define la obra como una <i>"ekphrasis</i> total".<sup><a href="#notas">6</a></sup> Pero lo es, y resulta importante insistir en ello, en el m&aacute;s puro sentido ret&oacute;rico del t&eacute;rmino y no simplemente por ser una descripci&oacute;n de una obra pict&oacute;rica, como recientemente se ha puesto de moda definir la <i>ekphrasis</i> dentro de ciertos c&iacute;rculos acad&eacute;micos. Es necesario tomar en cuenta, como ense&ntilde;a un estudio reciente de Ruth Webb, que la <i>ekphrasis</i> era una actividad de importancia mayor dentro de los <i>progymnasmata</i> o ejercicios pr&aacute;cticos para los alumnos de ret&oacute;rica, dise&ntilde;ados en la Grecia cl&aacute;sica para el mejor entendimiento de su quehacer. Seg&uacute;n explica la investigadora em&eacute;rita del Birkbeck College, la <i>ekphrasis</i> ten&iacute;a como objetivo traer cualquier tema lo m&aacute;s v&iacute;vidamente posible ante el escucha, es decir, mostrar c&oacute;mo el lenguaje en su forma m&aacute;s elocuente pod&iacute;a lograr que el receptor se sintiera parte del discurso, apelando directamente a su imaginaci&oacute;n y persuadi&eacute;ndolo, as&iacute;, casi de cualquier cosa.<sup><a href="#notas">7</a></sup> La <i>ekphrasis</i> trata de convencer, de apelar al ojo de la mente; era y es un ejercicio de creaci&oacute;n de im&aacute;genes vivas a trav&eacute;s de los juegos de la palabra m&aacute;s que un simple inventario de ellas, y eso, precisamente, es lo que hace fray Francisco de Jes&uacute;s Mar&iacute;a en su manuscrito. Por ello, es de agradecer tanto que el Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico haya encargado su estudio a tan diligente historiador del arte, como que su texto &iacute;ntegro se haya publicado gracias al inter&eacute;s editorial del Museo de la Bas&iacute;lica de Guadalupe y del Honorable Ayuntamiento de Morelia, pues esto permite conocer un poco m&aacute;s no s&oacute;lo las pr&aacute;cticas devocionales de la Nueva Espa&ntilde;a sino su entorno y las herramientas literarias con que se divulgaban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El origen de nuestro juego de reflejos es la <i>Alegor&iacute;a de la Virgen del Carmen,</i> obra que forma parte del rico acervo del Museo de la Bas&iacute;lica de Guadalupe. En ella vemos a la Virgen Mar&iacute;a integrando dos de sus tipos iconogr&aacute;ficos de m&aacute;s devoci&oacute;n, en lo que tambi&eacute;n constituye un caso excepcional. Al estar alada, triunfante sobre el demonio y acompa&ntilde;ada del arc&aacute;ngel san Miguel, se muestra como Virgen apocal&iacute;ptica. Pero se le identifica como carmelita al presentarse vestida con el h&aacute;bito caf&eacute; y el escudo propio de la orden en el pecho. La asociaci&oacute;n con el Carmelo queda subrayada con tres elementos: el escapulario marr&oacute;n concedido &#151;seg&uacute;n la tradici&oacute;n&#151; por la misma Mar&iacute;a a san Sim&oacute;n Stock, fundador hist&oacute;rico de la orden, como se&ntilde;al de salvaci&oacute;n, prenda de paz y de alianza especialmente establecida con esta comunidad religiosa; la bula Sabatina con que el papa Juan XXII estableci&oacute; que quien muriera portando esta prenda habr&iacute;a de salir del purgatorio el s&aacute;bado siguiente de su muerte, y la visi&oacute;n de san El&iacute;as, tenida como el origen de la orden, que permite englobar la composici&oacute;n en un todo. Esta amalgama de atributos resulta en una defensa del origen m&iacute;tico de la orden y sus tan cuestionadas prendas devocionales: es "una representaci&oacute;n de figuras idealizadas que componen una alegor&iacute;a o modelo de invenci&oacute;n mitopo&eacute;tica, legible mediante implicaciones simb&oacute;licas".<sup><a href="#notas">8</a></sup> Su creaci&oacute;n, seg&uacute;n muestra Cuadriello, no fue resultado del capricho, sino de una sesuda reflexi&oacute;n de su patrono que trabaj&oacute; conjuntamente con su ejecutor material.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una reverberaci&oacute;n clave dentro este juego de espejos la constituye la serie de copias que siguieron a la obra de L&oacute;pez. Ellas difundieron su mensaje simb&oacute;lico y dan cuenta no s&oacute;lo de su discurso sino de su importancia est&eacute;tica y devocional. La m&aacute;s grande de ellas es un &oacute;leo que actualmente forma parte de la colecci&oacute;n de la comunidad de Madres Carmelitas Descalzas de Morelia que, adem&aacute;s de haber sido realizada por Jos&eacute; Mar&iacute;a V&aacute;zquez, alumno de L&oacute;pez, es la que ten&iacute;a el privilegio de permanecer junto al manuscrito de fray Francisco. Otra pintura, mucho m&aacute;s peque&ntilde;a, fue realizada por Jos&eacute; Ignacio de la Cerda y se conserva en el ex convento de Acolman. Del mismo autor, hay otra en las galer&iacute;as Windsor de la ciudad de M&eacute;xico. Hay una m&aacute;s que no sabemos d&oacute;nde se encuentra hoy d&iacute;a, pero que fue ofrecida en venta al Museo de la Bas&iacute;lica hacia 1984. Tenemos adem&aacute;s una versi&oacute;n en l&aacute;mina que pertenece al Museo Nacional de Arte (Munal) y un grabado de 1829 realizado por Francisco Gordillo, hoy parte de la colecci&oacute;n de Isaac Backal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de estas siete obras, todas incluidas en este volumen con una gran calidad de impresi&oacute;n, muestra c&oacute;mo la reproductibilidad de un mismo motivo iconogr&aacute;fico puede adaptarse a distintos materiales y tama&ntilde;os. M&aacute;s a&uacute;n, tanto la l&aacute;mina del Munal como el grabado de Backal permiten a Cuadriello aventurarse en el fascinante terreno de los modos en que esta iconograf&iacute;a &uacute;nica de la Virgen del Carmen estaba expuesta en los altares, pues en ambas im&aacute;genes se muestra a Mar&iacute;a en un marco arquitect&oacute;nico, escoltada por esculturas de las virtudes teologales y cardinales. Esto es sugerente pues muestra el contexto visual donde la imagen y el culto al que alude se propagaron, para recordar que cada copia estaba hecha para cumplir con funciones devocionales concretas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juego de reflejos es siempre infinito. Al ser necesario limitarlo, tan s&oacute;lo queda invitar al lector a realizar su propia danza de im&aacute;genes interminables. Si se anima y se adentra en las p&aacute;ginas de este volumen, sin duda aprender&aacute; mucho. No s&oacute;lo sobre el culto mariano y la historia carmelita sino tambi&eacute;n sobre las reacciones de los novohispanos ante hechos de relevancia global como la Revoluci&oacute;n francesa e incluso un poco de la historia arquitect&oacute;nica de la ciudad de Morelia a trav&eacute;s del peculiar palacio del conde Escand&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aprender&aacute; tambi&eacute;n a leer im&aacute;genes sacras tomadas de la mano de un fraile del siglo XVIII y de un historiador del arte contempor&aacute;neo y dar&aacute; sentido a la historia de este manuscrito que, tras dos siglos de espera, finalmente lleg&oacute; a las imprentas. Pese a que las im&aacute;genes de este juego de espejos est&eacute;n llenas de m&aacute;cula y no sean eternas como aquello a lo que refieren, quedan, pues, para su entendimiento y disfrute.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Jaime Cuadriello, "Estudio preliminar" a la obra rese&ntilde;ada, p. 24.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Ibidem,</i> p. 85.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Ibidem,</i> p. 67.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. V&eacute;ase, entre otros autores, Dalmacio Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez, <i>Texto y fiesta en la literatura novohispana (1650&#45;1700),</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793043&pid=S0185-1276201100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Michael Baxandall, <i>Modelos de intenci&oacute;n. Sobre la explicacion hist&oacute;rica de los cuadros,</i> Madrid, H. Blume, 1989 &#91;1985&#93;, p. 19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793045&pid=S0185-1276201100020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Cuadriello, <i>op. cit.,</i> p. 28.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Ruth Webb, <i>Ekphrasis, Imagination, and Persuasion in Ancient Rhetorical Theory and Practice,</i> Farnham, Ashgate, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793048&pid=S0185-1276201100020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. Cuadriello, <i>op. cit.,</i> p. 43.</font></p>      ]]></body><back>
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