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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Virgen de Guadalupe y los santos de la Compañía: Una pintura de José Padilla]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La Virgen de Guadalupe y los santos de la Compa&ntilde;&iacute;a. Una pintura de Jos&eacute; Padilla</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alicia Cordero Herrera</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Virgen de Guadalupe rodeada de santos de la Compa&ntilde;&iacute;a</i> (<a href="/img/revistas/aiie/v33n99/a9f1.jpg" target="_blank">fig.1</a>)<sup><a href="#notas">1</a></sup> del pincel de Jos&eacute; Padilla, celebra el modo en que se entretejieron dos referentes singulares de la cultura novohispana de la segunda mitad del siglo XVIII: el culto a la Virgen del Tepeyac y la intensa labor educativa de los padres jesuitas. En esta obra vemos c&oacute;mo ambos factores se potenciaron mutuamente para aglutinar y desarrollar una forma de expresi&oacute;n peculiar en esas latitudes. Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe, recogida en oraci&oacute;n profunda, est&aacute; rodeada de una mandorla resplandeciente que se abre al Dios Infinito. Bajo su imagen resaltan las palabras del Salmo 147: <i>Non fecit taliter omni nationi:</i> "No hizo cosa igual por otra naci&oacute;n". La luz que emite la Virgen morena ilumina el cielo gris&aacute;ceo y en torno a ella, de manera equidistante, aparecen las efigies de cuatro eminentes jesuitas: Ignacio, antes &Iacute;&ntilde;igo de Loyola, fundador de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s; san Francisco Javier, uno de los primeros pilares de la orden y amigo de &Iacute;&ntilde;igo desde la Universidad de Par&iacute;s; san Luis Gonzaga, patrono de la juventud, y san Estanislao de Kostka, patrono de los que cursan el noviciado.</font></p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2">Cuatro escotillas enmarcadas por rocallas dieciochescas, a la manera de los modelos grabados por los burilistas de las escuelas del sur de Alemania, flanquean a la Virgen. En tres de ellas los santos permanecen en sus celdas en tanto que Francisco Javier aparece al centro de una gran concha que indica su condici&oacute;n de ap&oacute;stol peregrino y predicador infatigable a trav&eacute;s de los mares. Bajo las escotillas inferiores, sendas aperturas circulares conducen al &aacute;mbito interior de las vidas de los jesuitas espa&ntilde;oles y a los hechos significativos de sus existencias. Las rodean personificaciones y atributos, adem&aacute;s de alegor&iacute;as o narraciones tomadas de piezas dram&aacute;ticas, que ayudaban a los novicios a visualizar pl&aacute;sticamente el &aacute;mbito y los personajes en torno a estos h&eacute;roes tan insignes. Los cuatro hombres de vida consagrada a Dios meditan sobre las realidades que los llevaron a discernir entre los valores del mundo y aquellos que ofrece la consolaci&oacute;n divina. As&iacute;, el momento de la iluminaci&oacute;n de &Iacute;&ntilde;igo de Loyola est&aacute; representado dentro del c&iacute;rculo inferior izquierdo. Este valeroso soldado, en riesgo de perder la pierna derecha a resultas de una grave herida sufrida durante la batalla de Pamplona, hab&iacute;a pedido a Dios que le indicara el verdadero sentido de la vida; en respuesta recibi&oacute; la visita milagrosa del mism&iacute;simo san Pedro, quien le muestra el valor de entregar la existencia al servicio del Se&ntilde;or.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El santo, durante su retiro en la cueva de Manresa, aquilata las glorias y vanaglorias del mundo y analiza los ardides del demonio quien, con habilidad de s&aacute;tiro, seduce con el triunfo melifluo y la gloria espuria. Tambi&eacute;n se percata del modo en que Lucifer logra que los pecados se enconchen como el gaster&oacute;podo en su caracol y que las almas se tornen perezosas, apesadumbradas o endurecidas como l&aacute;pidas de sepultura.<sup><a href="#notas">2</a></sup> El guerrero herido descubre lo enga&ntilde;oso de la pompa falsa que, cual deshonesta cortesana, ostenta jactanciosa su lujoso atuendo y el poder que ejerce sobre el amor; tiene atrapado a Cupido, quien, cegado ante las luces de la raz&oacute;n, ha quedado impedido de lanzar sus flechas en la direcci&oacute;n correcta. Esta ensoberbecida dama se alza orgullosa sobre el mundo, se despreocupa de su redondez inestable, de sus m&aacute;scaras cambiantes, de los poderes infundados adquiridos en contiendas alevosas, de la calma aparente de la naturaleza.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A &Iacute;&ntilde;igo se le revela que la cruz de san Andr&eacute;s del estandarte espa&ntilde;ol, izado por &eacute;l durante la batalla de Pamplona, era ya un indicio para que escuchara, al igual que este disc&iacute;pulo, la palabra de Jes&uacute;s. Que no deb&iacute;a temer a las tormentas del mundo sino confiar en aquel a quien hasta los vientos y el mar obedecen prontos. En su reflexi&oacute;n llega incluso a considerar la quietud y la paz que ofrece la vida de los campesinos ocupados en cuidar ganados y sembrar vides, como muestran el arreador y el racimo de uvas, pero, con la inspiraci&oacute;n del Eclesi&aacute;stico, decide utilizar su mente para estudiar la ley del Alt&iacute;simo y crear una compa&ntilde;&iacute;a formada por soldados de Cristo que difundieran sus ense&ntilde;anzas de sabidur&iacute;a verdadera.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Finalmente, asienta en el libro ubicado sobre el rostro inquisitivo del le&oacute;n, s&iacute;mbolo del poder, las palabras del vers&iacute;culo 38 del cap&iacute;tulo 39 del mismo libro sagrado: "Lo medit&eacute; y lo consign&eacute; por escrito".<sup><a href="#notas">4</a></sup> Como fruto de esta reflexi&oacute;n profunda, con la ayuda del amor de la Virgen Mar&iacute;a y la iluminaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, visible en forma de paloma, san Ignacio redacta la tarea del cuarto d&iacute;a de la segunda semana de sus trascendentales <i>Ejercicios espirituales</i> dedicado a discernir "entre dos banderas", entre el bien y el mal para la mayor gloria de Dios.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El otro adalid de la Compa&ntilde;&iacute;a se ubica en el lado opuesto del luneto. Conquistado por las pr&eacute;dicas de &Iacute;&ntilde;igo de Loyola, Francisco Javier, hasta entonces apartado de Dios, fue llamado por Jes&uacute;s, que, cual Neptuno conocedor de las profundidades del alma, ordena a dos salv&iacute;ficos delfines que lo conduzcan, como a la legendaria Anf&iacute;trite, al reclamo de su amado. El dios pagano admira al santo navarro al tiempo que, humanizado y sencillo, le obsequia una bandeja conquiforme adornada con perlas, corales y su depuesto tridente; se ha despojado de sus atributos para reconocer que el verdadero Neptuno es el santo misionero. Estos objetos, por su simbolismo tradicional, indican a Javier que el poder y la riqueza leg&iacute;timos se hallan en lo insondable del hombre, en la venera alimentada por la sangre del divino sacrificio donde el cuerpo y el esp&iacute;ritu se enlazan como perlas inseparables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hidalgo navarro abandon&oacute; su halag&uuml;e&ntilde;o porvenir y acept&oacute; la misi&oacute;n divina de llevar el mensaje de amor a las almas del Oriente. Exhausto de tanto predicar en la India realiz&oacute; un viaje a Santo Tome, tambi&eacute;n conocido como Meliapor, donde exist&iacute;a un antiguo santuario que seg&uacute;n la tradici&oacute;n guardaba los restos del ap&oacute;stol santo Tom&aacute;s y la cruz que hab&iacute;a clavado en la playa cuando arrib&oacute; a esas tierras.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Al calce, Padilla rememor&oacute; este hecho significativo para algunos novohispanos, quienes desde hac&iacute;a un siglo asentaban que aquel ap&oacute;stol navegante tambi&eacute;n hab&iacute;a cristianizado Am&eacute;rica y que era el precursor de la labor jesu&iacute;tica en ambas Indias.<sup><a href="#notas">7</a></sup> El heredero del castillo de Navarra viajaba como peregrino con su cayado y con una cantimplora, que aqu&iacute; vemos en su regazo, en la que se hab&iacute;a escondido una mantis religiosa, promesa de que Dios le indicar&iacute;a el buen camino. Al desembarcar en la playa cercana al pueblo de Tamalo, lo asombr&oacute; un cangrejo que sali&oacute; a la playa para entregarle el crucifijo que le hab&iacute;a arrebatado el mar que circunda a Baratura, cuando lo introdujo en las aguas para apaciguar una tormenta brav&iacute;a.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Ante esta preciada imagen se postr&oacute; Coralia, la elegante soberana de Amanguchi, ubicado en las tierras del Jap&oacute;n.<sup><a href="#notas">9</a></sup> La comedia dram&aacute;tica del siglo XVII <i>San Francisco Javier. El sol en Oriente</i> narra que esta reina hab&iacute;a sido desterrada de su patria por haberse adherido a la nueva fe, convencida por la promesa de la salvaci&oacute;n eterna que, por ser mujer, su religi&oacute;n le negaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mar surca el buque que condujo a Francisco Javier al reino de Bungo, tambi&eacute;n en el Jap&oacute;n, y casi revienta los andenes henchido por la alegr&iacute;a y por el honor de transportar al Oriente a tan insigne pasajero.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Con igual significado aparece una formidable ballena como la que expuls&oacute; a Jon&aacute;s en un puerto distante.<sup><a href="#notas">11</a></sup> En esas tierras lo aguardaba el profeta Combagio, a quien vemos en la parte inferior izquierda como una figura de gran corpulencia.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Se trata de una ambivalente mezcla de lo animal, lo humano y lo diab&oacute;lico que evoca a los herejes vencidos y atropellados por carros triunfales, merced a una tipolog&iacute;a cl&aacute;sica de tales carros que adopt&oacute; el cristianismo. El pintor contrast&oacute; las garras de le&oacute;n con el torso y los brazos humanos, que se muestran sumisos, y resalt&oacute; la discrepancia entre el rostro pac&iacute;fico y la lengua agresiva que insulta y maldice. Con ello ejemplific&oacute; lo descrito en un <i>Di&aacute;logo</i> jesu&iacute;tico del siglo XVII:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ten&iacute;a "linaje de gigantes" y era mayor que "el Coloso de Rodas". De semblante vario: triste ahora, hermoso, feo, d&oacute;cil; rudo, humilde, altivo, cruel, falso, verdadero; aqu&iacute; bozal, all&aacute; humano; ya infiel, ya fiel en extremo; cu&aacute;ndo atroz, cu&aacute;ndo festivo; ahora hura&ntilde;o, ahora halag&uuml;e&ntilde;o. En fin un Babel confuso; del mundo un vivo compendio.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Combagio, seg&uacute;n la comedia antes citada escrita por Diego Calleja, hac&iacute;a m&aacute;s de mil a&ntilde;os esperaba a que lo despertara de su profundo sue&ntilde;o el ruido de su vaticinio mismo. Hab&iacute;a anunciado que vendr&iacute;a de playas lejanas un desconocido bonzo a introducir una nueva ley. En la obra, el rey Jaridono, inquieto por lo que se dec&iacute;a de las pr&eacute;dicas del extranjero, acudi&oacute; al templo que resguardaba la gruta del profeta y dijo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despierte Combagio, salga,    <br> 		Arguya, venza o no venza,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 		que la discreci&oacute;n japona,<sup><a href="#notas">14</a>    <br></sup> cient&iacute;ficamente cuerda,    <br> 		en las razones de entrambos    <br> 		har&aacute; el juicio que convenga.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rey, a pesar de la oposici&oacute;n de los bonzos, forz&oacute; la cerradura de la gruta y, sorprendido, exclam&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien que entre sombras funestas,    <br> 		tanto que apenas percibo    <br> 		si es realidad o apariencia,    <br> 		dormido sobre un pe&ntilde;asco    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 		veo un hombre que se queja    <br> 		al descomunal gravamen    <br> 		de un indio, cuya fiereza,    <br> 		en adem&aacute;n de oprimirle,    <br> 		sobre sus hombros se asienta.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pincel de Padilla, con marcada intenci&oacute;n, represent&oacute;, en lugar del indio com&uacute;n en la iconograf&iacute;a javeriana, al ambiguo Combagio y sustituy&oacute; la gruta por un arca. Para esto se vali&oacute; del origen griego de la palabra que deriva de <i>kryptein:</i> ocultar, y anud&oacute; as&iacute; el arca con su referente simb&oacute;lico: el Arca de la Alianza de los jud&iacute;os. El papel del rey qued&oacute; representado como el m&iacute;tico Hermes que entrega al jesuita navarro la llave que, como clave, permitir&aacute; traducir la antigua ley nipona a los principios del cristianismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaridono, por estar revestido aqu&iacute; como el b&iacute;blico David con barba y cabellos rubios, remite a san Ignacio identificado en la tradici&oacute;n jesu&iacute;tica con el vencedor de Goliat.<sup><a href="#notas">17</a></sup> El fundador de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s entrega a Javier la llave que le revela el enigma de su misterioso sue&ntilde;o: el indio a cuestas representaba el peso de la confusi&oacute;n que causaban en su alma los valores del mundo. Despu&eacute;s de este discernimiento, Francisco Javier tom&oacute; la decisi&oacute;n de ser misionero y por orden del papa sali&oacute; hacia las costas de la India, en poder entonces de los portugueses. Aqu&iacute;, al centro de la gran venera, aparece la imagen hablada de lo que tanto se coment&oacute; sobre este misionero: su amable talante y su gallarda figura. El santo contempla absorto un objeto circular de color gris met&aacute;lico, posiblemente una crismera o una concha de esa tonalidad utilizada en los numeros&iacute;simos bautizos que imparti&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de estos dos santos cuyas vidas heroicas eran dif&iacute;cilmente alcanzables para la mayor&iacute;a de los seminaristas, en las escotillas superiores meditan reverentes el patrono de la juventud y el de los novicios. Ambos fueron modelos de las virtudes morales propuestas a los educandos, pues, aparte de declinar los beneficios que les ofrec&iacute;a su elevado linaje, renunciaron a los gozos mundanos para dedicarse a una vida de absoluta castidad y obediencia. A la izquierda, san Luis Gonzaga, de modesta mirada, aparece en su "vera efigie", la misma que milagrosamente contempl&oacute; santa Mar&iacute;a Magdalena de Pazzi.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Ataviado con el sobrepelliz de las &oacute;rdenes menores y de los que humildemente sirven a los comensales, ha puesto a un lado la corona del marquesado de Chatill&oacute;n.<sup><a href="#notas">19</a></sup> En su mano izquierda muestra la entrega de su coraz&oacute;n a Jesucristo, cuya imagen sostiene en la opuesta.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Al morir muy joven a causa de la peste que le contagi&oacute; un enfermo, expres&oacute; mirando al crucifijo: "Qu&eacute; alegr&iacute;a cuando me dijeron: vamos a la casa del Se&ntilde;or".<sup><a href="#notas">21</a></sup> En el lado opuesto, san Estanislao de Kostka contempla al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s cubierto con un pa&ntilde;o de pudor rojo, s&iacute;mbolo del amor con que la Virgen Mar&iacute;a lo hab&iacute;a depositado en los brazos del novicio cuando se le apareci&oacute; para curarlo de una enfermedad mortal.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Despu&eacute;s de este suceso milagroso, su renuente padre acept&oacute; que ingresara al noviciado donde vivi&oacute; una existencia tan sin mancha como la azucena. A poco muri&oacute; en olor de santidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>De la intencionalidad a la iconolog&iacute;a</b></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este luneto forma parte del enorme elenco de im&aacute;genes que se produjeron a partir de la estrategia ret&oacute;rica impulsada por Ignacio de Loyola de la <i>aplicaci&oacute;n de los sentidos</i> y la <i>composici&oacute;n de lugar.</i> Los jesuitas consideraban que "el mundo sensible no es &uacute;nicamente la c&aacute;rcel de los pecadores, sino tambi&eacute;n el sacramento de lo invisible y por consiguiente, el camino m&aacute;s f&aacute;cil que puedan tener unos seres de carne para elevarse hasta Dios".<sup><a href="#notas">23</a></sup> Que "no hay nada que m&aacute;s deleite, ni haga penetrar mejor una idea en el alma y la grabe m&aacute;s profundamente en la memoria que una estampa. Nada que tan eficazmente mueva la voluntad para hacerla vibrar y conmoverla en&eacute;rgicamente".<sup><a href="#notas">24</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los padres de la Compa&ntilde;&iacute;a postulaban que las representaciones visuales, ya fueran mentales o reales, adem&aacute;s de constituir un asidero de la imaginaci&oacute;n y de la memoria, permit&iacute;an al intelecto enjuiciar los t&eacute;rminos y orientar el esp&iacute;ritu a Dios. Para quien inicia el proceso de los <i>Ejercicios espirituales,</i> despu&eacute;s de separarse del mundo y concentrarse:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">comienza el verdadero esfuerzo por el cual nos perdemos en el objeto, el &aacute;nimo observa y contempla, es decir se olvida, se entrega, procura identificarse con la verdad o con la belleza propuesta para su estudio. Luego, por un tercer movimiento en sentido contrario, se recoge en s&iacute; mismo, reflexiona, asimila, se nutre con los frutos de la observaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &aacute;mbito de los estudios, la <i>Prelecci&oacute;n,</i> acorde con la <i>Ratio studiorum,</i> buscaba que los alumnos entendieran que "las palabras humanas son como el mar, que bajo las apariencias &#91;...&#93; hay una realidad que tiene, por decirlo as&iacute; dimensiones infinitas". Con este m&eacute;todo, los educandos "quedan estupefactos al ver todo lo que contienen &#91;las palabras&#93; interpretadas por un esp&iacute;ritu penetrante"; aprenden a buscar el pensamiento detr&aacute;s de los t&eacute;rminos; la realidad bajo la idea superando la pura abstracci&oacute;n; las esencias bajo la realidad yendo m&aacute;s all&aacute; del empirismo y entendiendo la importancia y el esplendor de los valores ideales. Establecen los nexos entre los objetos y las nociones y descubren "todo un mundo de maravillas que parece unificarse y armonizarse". Advierten "que todo es serio en la ciencia y en el arte, que todo es real, puesto que su origen es real"; que "la contemplaci&oacute;n puramente art&iacute;stica puede llegar a ser, por la fe, contemplaci&oacute;n m&iacute;stica de Aquel que est&aacute; presente en todas las cosas".<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este entrenamiento permit&iacute;a que los educandos aprendieran a analizar las im&aacute;genes pl&aacute;sticas como una v&iacute;a privilegiada hacia el esp&iacute;ritu. Todo serv&iacute;a a la vez como ejercicio para los <i>cert&aacute;menes,</i> tambi&eacute;n llamados <i>concertaciones,</i> en los que los alumnos disputaban entre ellos, individual o grupalmente, para lograr una correcta interpretaci&oacute;n de lo escrito o de lo visual. Se aprovechaba y se sublimaba el esp&iacute;ritu combativo de los j&oacute;venes para adelantarlos intelectual y moralmente. Mar&iacute;a Gabriela Torres Olleta, quien edit&oacute; y coment&oacute; dos libros de im&aacute;genes de finales del siglo XVII y uno de finales del XVIII sobre la vida y los milagros de san Francisco Javier, explica que este tipo de obras narrativas y aleg&oacute;ricas serv&iacute;a para los cert&aacute;menes al igual que otros compendios de material visual que dieron apoyo a la pedagog&iacute;a ignaciana.<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque ejemplo tard&iacute;o, la presencia de los santos j&oacute;venes en la pintura que nos ocupa indica que es un cuadro de noviciado el cual respondi&oacute; a este m&eacute;todo pedag&oacute;gico y, al haber sido comisionado para el seminario de Tepotzotl&aacute;n, es posible que se le haya utilizado para la motivaci&oacute;n de los que all&iacute; aspiraban a ser jesuitas.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Su ret&oacute;rica pl&aacute;stica revela que operaba como un jerogl&iacute;fico aleg&oacute;rico y didasc&aacute;lico, el cual exig&iacute;a una decodificaci&oacute;n exhaustiva para el aprovechamiento de su densa declaraci&oacute;n ideol&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia de la Guadalupana rodeada de santos jesuitas ense&ntilde;aba a los novicios mexicanos que en su trascendental misi&oacute;n tendr&iacute;an como protectora a la Virgen de Guadalupe y les transmit&iacute;a la importancia de este culto para el beneficio social y la identidad de la Nueva Espa&ntilde;a. De hecho, la fecha en que lo pint&oacute; Padilla y el importante lema a los pies de la Virgen indican que su pincel se sum&oacute; al homenaje y a los intereses de esta orden religiosa que un a&ntilde;o antes hab&iacute;a celebrado, junto con todos los habitantes de la ciudad, la llegada a M&eacute;xico de la bula pontificia que patentizaba la aprobaci&oacute;n del sumo pont&iacute;fice Benedicto XIV para declarar a Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe patrona universal de la Nueva Espa&ntilde;a. Este irrefutable documento obtenido por el jesuita Juan Francisco L&oacute;pez asentaba la prerrogativa de la Virgen del Tepeyac de gozar de fiesta lit&uacute;rgica propia y ritual de primera clase. El padre L&oacute;pez, como delegado "de toda la provincia jesu&iacute;tica, de todos los obispos y de toda la naci&oacute;n mexicana", present&oacute; al vicario de Cristo una imagen de la Guadalupana que lo maravill&oacute; de tal modo que consider&oacute; justificado que ocho d&eacute;cadas atr&aacute;s los mexicanos, encabezados por el tambi&eacute;n jesuita Francisco Florencia, hubieran aplicado a la Virgen morena la notable frase del Salmo 147 <i>Non fecit taliter omni nationi.</i><sup><a href="#notas">29</a></sup> Esta frase posicionaba a la Am&eacute;rica Septentrional en un lugar privilegiado, pues hab&iacute;a sido la Virgen quien eligi&oacute; manifestarse en ella. La declaraci&oacute;n papal hab&iacute;a "canonizado a la imagen" y le hab&iacute;a reconocido una identidad de "verdad s&oacute;lida". El reconocimiento a este "incomparable patronato" hab&iacute;a dotado a los mexicanos de una poderosa abogada contra el demonio y contra la ira divina, importante intercesora en aquellos tiempos en que algunos males pod&iacute;an ser interpretados como obra de Satan&aacute;s o como castigo divino.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de este mensaje tan significativo para los educandos criollos, las escenas de las vidas de los santos estaban destinadas a que examinaran los procesos de discernimiento y compromiso realizados por esos grandes modelos espirituales. As&iacute;, el momento en que escribi&oacute; san Ignacio "lo medit&eacute; y lo consign&eacute;", ayudaba a continuar la reflexi&oacute;n de los ejercicios espirituales sobre las <i>dos banderas,</i> aunque no con las im&aacute;genes de la feroz batalla entre los ej&eacute;rcitos encabezados por Lucifer y por Jes&uacute;s indicadas por san Ignacio de Loyola,<sup><a href="#notas">31</a></sup> sino mediante la representaci&oacute;n del demonio seductor con su derrotado estandarte y la del Falso Esplendor y de la Impudicia unidos en la figura de una dama rica y provocativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que para articular esta imagen Padilla recurri&oacute; a una o varias ediciones de la <i>Iconolog&iacute;a</i> de Cesare Ripa y a los grabados que las ilustran. Es muy probable que, a trav&eacute;s de los jesuitas, haya llegado a manos del pintor novohispano la obra de los hermanos Klauber, quienes en algunas de sus l&aacute;minas adoptaron los modelos de Ripa, como muestra su grabado de la <i>Mater Inviolata</i> que incluye algunos lineamientos dados por el italiano para la representaci&oacute;n de la <i>Castidad.</i><sup><a href="#notas">32</a></sup> En este grabado, que forma parte de la <i>Letan&iacute;a lauretana,</i> aparece a los pies de la Virgen un cupido de ojos vendados y arco depuesto, figura que, parad&oacute;jicamente, utiliz&oacute; Padilla con la intencionalidad contraria a tan casto contenido. Otro ejemplo significativo de la influencia de los Klauber en la Nueva Espa&ntilde;a es que se les encomend&oacute;, a petici&oacute;n de los jesuitas procuradores de la declaratoria del patronato guadalupano, el grabado que conmemor&oacute; tan hist&oacute;rico evento. Esta l&aacute;mina rococ&oacute; lleg&oacute; a M&eacute;xico, tra&iacute;da por el padre L&oacute;pez, justo tres a&ntilde;os antes de la realizaci&oacute;n de nuestra pintura.<sup><a href="#notas">33</a></sup> Por otro lado, podemos establecer nexos entre Padilla y algunas publicaciones parciales de la <i>Iconolog&iacute;a</i> hechas a mediados del siglo XVIII por Johann Georg Hertel. Este editor, en un lapso de unos 15 a&ntilde;os, dio a luz una primera versi&oacute;n de la obra en 10 partes separadas, cada una ilustrada con 19 l&aacute;minas dise&ntilde;adas por Gottfried Eichler el Joven, en un lujoso estilo rococ&oacute;.<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestra pintura observamos, como en un palimpsesto, la presencia de las fuentes citadas en el dise&ntilde;o de la cortesana. El gesto orgulloso y soberbio corresponde a la <i>Jactancia,</i> y las plumas de pavo que adornan su cabello proceden de la <i>Desobediencia.</i><sup><a href="#notas">35</a></sup> La esfera sobre la que est&aacute; parada la vemos en <i>Pompapaupertatis</i> de la edici&oacute;n de Hertel (<a href="#f2">fig. 2</a>).<sup><a href="#notas">36</a></sup> Para esta alegor&iacute;a se indica que ella debe mostrar, bajo su vestido, otro sucio, rasgado y de color cenizo, haciendo patente la desagradable verdad que existe tras la ostentaci&oacute;n. Sin embargo, nuestro pintor dio otro &eacute;nfasis a ese concepto al a&ntilde;adir unas franjas caf&eacute;s a un costado de la esfera y al dar ese color al pa&ntilde;o que, despu&eacute;s de cubrir el vientre de Cupido, se eleva hasta unirse a la capa roja de la mujer. Por otro lado, el modelo del vestido de la dama acusa como referente la <i>Impudicitia</i> (<a href="#f3">fig. 3</a>), alegor&iacute;a en la que deb&iacute;a aparecer una ninfa "escasamente cubierta".<sup><a href="#notas">37</a></sup> Empero, el modo en que Padilla la represent&oacute; muestra c&oacute;mo supo esquivar las regulaciones del Concilio de Trento que exig&iacute;an formas pudorosas para la representaci&oacute;n femenina. Dej&oacute; semidesnuda una de las piernas de la mujer y la atavi&oacute; con dos vestidos, uno de color carne, iluminado y sombreado enga&ntilde;osamente, y otro de color pavo, con un escote que cae como si dejara a la vista el hombro tentador. Tambi&eacute;n Padilla incluy&oacute; al Cupido cegado que la <i>Impudicitia</i> acaricia apasionadamente, pero le dio otro simbolismo al representarlo atrapado y sujeto al poder de la cortesana jactanciosa.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v33n99/a9f2.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3" id="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v33n99/a9f3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sustituci&oacute;n que hizo Padilla del ej&eacute;rcito de Satan&aacute;s por la dama provocativa responde a la repulsa a los pecados del mundo y de la carne subrayada por el Concilio de Trento, postura que fue com&uacute;n entre los te&oacute;ricos jesuitas y que se lee en el cuadro de Luis Ju&aacute;rez <i>El &aacute;ngel de la guarda,</i> donde aparecen las personificaciones del mundo, el demonio y la carne (hoy en el Museo Nacional de Arte). El pensamiento jesuita respecto al riesgo que implicaba la sensualidad pecaminosa fue retomado por la mentalidad ilustrada espa&ntilde;ola del siglo XVIII que, aun desde los valores del Estado, consider&oacute; necesaria la religi&oacute;n para coadyuvar al cumplimiento de los deberes de los s&uacute;bditos, a la utilizaci&oacute;n productiva de sus talentos y al buen uso de sus fortunas, que no deb&iacute;an ser dilapidadas en lujos excesivos.<sup><a href="#notas">38</a></sup> En esta misma tesitura, a lo largo del Siglo de las Luces y sobre todo hacia su segunda mitad, los jesuitas emprendieron una lucha vigorosa contra la vanidad, la coqueter&iacute;a, la frivolidad, la elegancia y la desenvoltura, todo ese lujo que hab&iacute;a cobrado importancia como una manera de ingresar o de mantener el estatus aristocr&aacute;tico. Incluso se sigui&oacute; predicando contra la lujuria que ciega el alma.<sup><a href="#notas">39</a></sup> Esta pr&eacute;dica moral preparaba a los novicios para trabajar con los alumnos de los colegios, pues resaltaba el buen uso del tiempo y reprobaba su p&eacute;rdida en esas liviandades peculiares del ocio de la clase social acomodada. Adem&aacute;s, los futuros jesuitas deb&iacute;an evitar cualquier pensamiento que los alejara de Dios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los elementos pict&oacute;ricos en torno a san Ignacio tambi&eacute;n conduc&iacute;an a reflexionar sobre la importancia de servir al Se&ntilde;or a trav&eacute;s del estudio y de la difusi&oacute;n del conocimiento, un camino menos cercano al pecado que la carrera militar o la de los terratenientes. Esta v&iacute;a contaba con la protecci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, de quien se lleg&oacute; a decir en 1729 que ten&iacute;a especial predilecci&oacute;n "por los ni&ntilde;os que se dedican a las Ciencias".<sup><a href="#notas">40</a></sup> Tambi&eacute;n se pensaba que las luces sabias del Esp&iacute;ritu Santo estaban disponibles para los educandos en todo momento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representaci&oacute;n de san Francisco Javier destacaba la importancia del apostolado y pretend&iacute;a despertar el deseo misional que tantos varones heroicos produjo.<sup><a href="#notas">41</a></sup> El hecho de que el santo est&eacute; inscrito en una concha remite a una larga tradici&oacute;n iconogr&aacute;fica que relaciona a Neptuno con san Francisco Javier, la cual tiene dos vertientes: la presencia del dios pagano como testigo y vocero de la santidad del navarro y la identificaci&oacute;n de este jesuita misionero con los s&iacute;mbolos heroicos de Neptuno. Dentro del primer concepto, en nuestra pintura vemos a un Neptuno humilde que, admirado con la santidad de Javier, le ofrece los frutos del mar. De la segunda tipolog&iacute;a tenemos la concha que evoca la carroza que capitaneaba el dios griego a trav&eacute;s de los mares. Observamos en la obra un paralelismo con dos lienzos dieciochescos del convento quitense de la Merced: en <i>San Francisco dominador de las aguas</i> aparece Neptuno en una actitud de admiraci&oacute;n y reconocimiento hacia san Francisco Javier similar a la que vemos en el lienzo de Tepotzotl&aacute;n. Por otro lado, <i>San Francisco en el mar,</i> de filiaci&oacute;n klauberiana, presenta la nave&#45;carroza conquiforme y el trit&oacute;n que le ofrece al santo la bandeja de corales y perlas, como lo hace el Neptuno pintado por Padilla.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La humildad que caracteriza en nuestra pintura al dios marino estimulaba la reflexi&oacute;n sobre los tres grados de renuncia irrestricta indispensables para el verdadero ap&oacute;stol, quien deb&iacute;a cumplir con todos los preceptos de la ley de Dios, evitar hasta los pecados veniales e imitar a Cristo en la pobreza voluntaria, el oprobio bien recibido, el padecimiento gustoso de la mortificaci&oacute;n de la carne y la aceptaci&oacute;n de la muerte, posible durante su labor evangelizadora.<sup><a href="#notas">43</a></sup> En torno al santo hay numerosos corales que simbolizan el sufrimiento que padecer&iacute;a durante su labor, as&iacute; como la redenci&oacute;n que predicar&iacute;a. Por otro lado, los elementos de la traves&iacute;a y el arribo de san Francisco al Oriente animaban a responder confiadamente al llamado de Dios con la certeza de su aliento y protecci&oacute;n. La presencia de Combagio y la alegor&iacute;a que conjuga a Jaridono con David, Ignacio y Hermes destacan la necesidad de una hermen&eacute;utica que hiciera posible descifrar las religiones y filosof&iacute;as de los pa&iacute;ses de misi&oacute;n donde los jesuitas, en su af&aacute;n de inculturizaci&oacute;n, se ve&iacute;an constantemente precisados a adecuar sus reconocidas estrategias de reclutamiento y ense&ntilde;anza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestro pintor y sus comitentes, consecuentes con el declive de la credibilidad en los milagros, causado por el racionalismo dieciochesco, s&oacute;lo incluyeron el del cangrejo. Introdujeron nuevos elementos simb&oacute;licos como la mantis religiosa; hicieron complejos los contenidos de las alegor&iacute;as, lo cual privilegi&oacute; la meditaci&oacute;n, la obediencia y la humildad; exaltaron la hermen&eacute;utica y dieron a la mujer un lugar inusual en la iconograf&iacute;a del santo.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas representaciones vemos algo inusitado. Aparece consignado, aparte del a&ntilde;o en que se pint&oacute; el cuadro, la menci&oacute;n de un d&iacute;a y un mes precisos. Esto no deja de sugerir que la data, 12 de noviembre de 1759, alude a un evento significativo o a varios m&aacute;s. Ciertamente ese d&iacute;a corresponde a la v&iacute;spera de la fiesta del patrono de los novicios, san Estanislao de Kostka. Es probable que el cuadro que estudiamos se haya colgado en esta fecha en la planta baja del patio del noviciado, rodeado del ciclo pict&oacute;rico de este santo que tambi&eacute;n fue obra de Padilla.<sup><a href="#notas">45</a></sup> A&uacute;n m&aacute;s, es posible que en torno a esa fecha se haya celebrado la terminaci&oacute;n del interior de la gran iglesia del colegio, totalmente renovado a partir de 1755 y alhajado entre 1757 y 1759 por iniciativa del padre rector Pedro Reales.<sup><a href="#notas">46</a></sup> Bien pudo nuestro lienzo haber sido pintado tambi&eacute;n para conmemorar dentro del noviciado, mediante un microcosmos, el macrocosmos del programa retabl&iacute;stico del presbiterio y del crucero de la iglesia. En ambos aparecen, aunque en orden diferente, estos grandes santos de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s as&iacute; como la Virgen de Guadalupe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, tanto la fecha que hemos mencionado como la del d&iacute;a anterior corresponden en el santoral a los dos san Martines: el d&iacute;a 12 a san Mart&iacute;n papa y m&aacute;rtir y el 11 a san Mart&iacute;n de Tours. Este nombre fue el del cacique otom&iacute; Mart&iacute;n Maldonado, quien, para evitar que los jesuitas abandonaran su labor en Tepotzotl&aacute;n, les don&oacute; formalmente en 1582 la huerta y las casas vecinas al templo parroquial, las cuales desde hac&iacute;a a&ntilde;o y medio hab&iacute;a cedido a los padres para que iniciaran su ministerio. El inter&eacute;s principal de Mart&iacute;n Maldonado era que se fundara all&iacute; un seminario&#45;colegio para indios, bajo el t&iacute;tulo de san Mart&iacute;n, de modo que los naturales, una vez preparados, pudieran ense&ntilde;ar a sus cong&eacute;neres. Lo m&aacute;s probable es que por esta raz&oacute;n se haya dado el nombre de san Mart&iacute;n a la instituci&oacute;n jesu&iacute;tica y que la iglesia parroquial est&eacute; dedicada a&uacute;n a san Mart&iacute;n de Tours.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestra pintura continu&oacute; celebrando y conmemorando a&ntilde;o con a&ntilde;o la fecha del 12 de noviembre de 1759, y no cabe duda que, en tanto cuadro de fiesta colocado la v&iacute;spera del d&iacute;a de san Estanislao, estuvo tambi&eacute;n dedicado a la mirada y a la educaci&oacute;n de los novicios, intenci&oacute;n que se hace patente con la representaci&oacute;n de los dos santos patronos y modelos de la juventud. Sus im&aacute;genes concuerdan con las primeras que de ellos se hicieron a partir de su beatificaci&oacute;n en 1605. Adem&aacute;s, el lienzo se hizo eco de la importancia que adquirieron cuando fueron santificados en 1726. La canonizaci&oacute;n fue promovida desde el pensamiento preilustrado temprano, al que sirvieron como modelos para resaltar una conducta cotidiana de la adolescencia que fuera narrable "en tanto tracto biogr&aacute;fico redimible" de las pasiones, el vagabundaje y la desobediencia que com&uacute;nmente la atraviesan.<sup><a href="#notas">48</a></sup> Estos j&oacute;venes, ejemplos de obediencia y castidad a ultranza, propiciaron, por un lado, las ideas de una humanidad cuasi&#45;inocente, y por el otro, marcaron el derrotero severo y culp&iacute;geno de una postura pedag&oacute;gica que permear&iacute;a la educaci&oacute;n hasta el "ayer mismo".<sup><a href="#notas">49</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otro &aacute;ngulo, las enfermedades de Estanislao y la muerte temprana de ambos santos propiciaban que los educandos aprendieran desde su tierna juventud que la superaci&oacute;n del sufrimiento es un camino hacia Dios y que la muerte, a cualquier edad, no marca el final de la vida sino el comienzo de otra mejor. Esta noci&oacute;n era reforzada en los <i>Ejercicios espirituales</i> donde se reflexionaba sobre los <i>nov&iacute;simos</i> o <i>postrimer&iacute;as del alma,</i> "destino final de la jornada terrena y principio de la eternidad gozosa".<sup><a href="#notas">50</a></sup> El programa didasc&aacute;lico que hemos desentra&ntilde;ado se completa con la iluminaci&oacute;n amorosa de la Virgen de Guadalupe, ejemplo de la adecuaci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a con los intereses locales. La pintura se presta para recordar las palabras del jesuita Francisco Javier Lazcano, quien manifest&oacute; la especial predilecci&oacute;n de Dios por la Nueva Espa&ntilde;a al "idear una nueva forma de evangelizaci&oacute;n por el pincel y no por la pluma, por Mar&iacute;a antes que por Jes&uacute;s, por la vista antes que el o&iacute;do, y la misma Virgen como misionera en vez de los ap&oacute;stoles".<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Valor art&iacute;stico y trascendencia</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El buen pincel de Padilla detall&oacute; los rostros y las manos, confiri&oacute; naturalidad a los pa&ntilde;os y realismo a los objetos; la iluminaci&oacute;n destac&oacute; a la Virgen de Guadalupe y resalt&oacute; el semblante de los santos y los aspectos m&aacute;s significativos de los mensajes. La anatom&iacute;a veraz acusa un mal retoque de la pierna izquierda del David, realizado, quiz&aacute;, para cubrir el vientre del personaje. La capacidad de s&iacute;ntesis conceptual y compositiva reuni&oacute; en un solo lienzo motivos did&aacute;cticos muy diversos y, gracias al espaciamiento y al colorido, cre&oacute; una claridad y variedad arm&oacute;nica que agrada a los sentidos adem&aacute;s de intrigar al intelecto. Es, pues, una obra representativa del pensamiento art&iacute;stico y religioso de los inicios de la Ilustraci&oacute;n en que se retom&oacute; la alegor&iacute;a y el s&iacute;mbolo, propios de los siglos anteriores, para transmitir conceptos que concitaran al pensamiento y a la emoci&oacute;n en v&iacute;as a una moralidad social y a valores superiores que educaran a la juventud. El lienzo sigui&oacute; difundiendo su contenido despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de los jesuitas, pues permaneci&oacute; en Tepotzotl&aacute;n al convertirse en seminario del clero secular. Ahora, al perder el edificio su vocaci&oacute;n religiosa y al haber sido desplazado de su ubicaci&oacute;n primigenia donde lo rodeaba el ciclo de san Estanislao de Kostka, ha extraviado el destino que le asignaron sus mentores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, este gran jerogl&iacute;fico dirigido al noviciado conserva su valor art&iacute;stico y da testimonio de la evoluci&oacute;n de la mentalidad pict&oacute;rica y religiosa en la segunda mitad del siglo XVIII. Al mismo tiempo permite apreciar la profundidad y completud del programa pedag&oacute;gico, su funcionalidad dirigida a los j&oacute;venes, as&iacute; como la elocuencia propia del paneg&iacute;rico que despleg&oacute; el arte de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s al celebrar y promover a sus h&eacute;roes y modelos espirituales y a Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe, patrona y gu&iacute;a de "aquellos l&iacute;deres del patriotismo criollo".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Obra firmada en el extremo inferior derecho; hemos de precisar que el a&ntilde;o consignado es 1759 y no 1757 como menciona el cat&aacute;logo. El pintor sigue siendo un enigma pese a la ayuda de Guadalupe de la Torre, de la Direcci&oacute;n de Estudios Hist&oacute;ricos del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, gracias a quien lo buscamos en el padr&oacute;n de la ciudad de M&eacute;xico de 1753; aunque este censo carece de la secci&oacute;n sur&#45;oriente. Respecto al pintor, Pablo C. de Gante opin&oacute; que era presb&iacute;tero, pero las firmas del pintor no lo atestiguan.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Cesare Ripa, <i>Iconolog&iacute;a</i> (trad. del italiano: Juan y Yago Barja; trad. del lat&iacute;n y griego: Rosa Mar&iacute;a Mari&ntilde;o S&aacute;nchez&#45;Elvira y Fernando Garc&iacute;a Romero, Adita Allo Manero &#91;pr&oacute;l.&#93;), Madrid, Akal, 2002, vol. I, pp. 63&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795055&pid=S0185-1276201100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Para Ripa hay tres maneras de representar la "Acidia"; en la segunda, una mujer vieja y fea estar&aacute; acompa&ntilde;ada de "un caracol o una tortuga &#91;...&#93; que representan las propiedades de los perezosos, que son vagos y est&aacute;n ociosos siempre, y en la mayor holganza". El autor cita a Juan Damasceno, lib. II, quien describe a la acidia o pereza como "una suerte de tristeza que apesadumbra la mente, no permitiendo que se haga nada bueno".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Eclesi&aacute;stico, 38: 26, donde se prefiere el conocimiento de la ley al trabajo con las manos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. <i>Et cogita/vi et scripta dimisi/Eccl. 39.</i> Agradezco la traducci&oacute;n a &Aacute;ngeles Ocampo, investigadora del Museo del Virreinato.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Ignacio de Loyola, <i>Exerc&iacute;cios espirituales en el camino a la perfecci&oacute;n,</i> Barcelona, Pablo Nadal, 1746, pp. 81&#45;85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795059&pid=S0185-1276201100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Agradezco la traducci&oacute;n de la frase <i>De duobus vexillis</i> a Carmina Ram&iacute;rez.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Hernando Silva M., S.J., <i>San Francisco Javier. Ap&oacute;stol del lejano Oriente,</i> Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana&#45;Facultad de Ingenier&iacute;a, 2001, p. 82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795061&pid=S0185-1276201100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Jaime Cuadriello, "Xavier Indiano o los indios sin ap&oacute;stol", en <i>San Francisco Xavier en las artes. El poder de la imagen,</i> Navarra, Fundaci&oacute;n Caja de Navarra&#45;Gobierno de Navarra&#45;Castillo de Javier, 2006, pp. 200&#45;233.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795063&pid=S0185-1276201100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. Diego Calleja, <i>San Francisco Javier. El sol en Oriente: comedia jesu&iacute;tica,</i> Ignacio Arellano (ed.), Madrid/Fr&aacute;ncfort, Universidad de Navarra/Iberoamericana/Verbuet, 2006, p. 112, n. 73;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795065&pid=S0185-1276201100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>apud</i> Francisco Garc&iacute;a, <i>Vida y milagros de san Francisco Javier de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, ap&oacute;stol de Indias,</i> Madrid, Juan Garc&iacute;a Infanz&oacute;n, 1685, p. 109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795066&pid=S0185-1276201100020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Este milagro ilustrado en numerosos grabados fue comentado en 1688 por Lorenzo Ortiz, <i>San Francisco Javier, pr&iacute;ncipe del mar,</i> Ignacio Arellano (ed.), Navarra, Fundaci&oacute;n Diario de Navarra/Biblioteca Javeriana, 2004, pp. 85&#45;86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795067&pid=S0185-1276201100020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. Calleja, <i>op. cit.</i> , p. 76, n. 10.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. <i>Ibidem,</i> p. 71. El reino de Bungo, en Jap&oacute;n, fue evangelizado por Francisco Javier, como comentan los primeros bi&oacute;grafos del santo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">11. <i>Ibidem,</i> n. 73, que remite a Francisco de la Torre, <i>El peregrino atlante san Francisco Javier ap&oacute;stol del Oriente. Ep&iacute;tome hist&oacute;rico y paneg&iacute;rico de su vida prodigiosa,</i> Lisboa, Domingo Caneyro, 1674, p. 120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795071&pid=S0185-1276201100020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12. <i>Ibidem,</i> p. 73.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">13. <i>Nueve di&aacute;logos entre san Ignacio y san Francisco Javier,</i> escritos en el siglo XVII y conservados en la Real Academia de Historia, <i>primer di&aacute;logo,</i> en Calleja, <i>op. cit.,</i> pp. 23 y 26&#45;27. El autor remite a I. Elizalde, <i>San Francisco Javier en la literatura espa&ntilde;ola,</i> Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas, 1961, especialmente las pp. 156 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795074&pid=S0185-1276201100020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> &#91;Se actualiz&oacute; la puntuaci&oacute;n para facilitar la lectura.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">14. Calleja, <i>op. cit.</i> , p. 92. El editor aclara que la palabra <i>japona</i> es la forma del adjetivo usual en la lengua cl&aacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">15. <i>Idem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. <i>Ibidem,</i> p. 95.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. "La alegor&iacute;a de David como representaci&oacute;n de san Ignacio deriva de la comedia <i>El gigante Golias (sic),</i> en la que Goliat representaba a Lutero y David a san Ignacio. Esta comedia fue representada durante las fiestas celebradas en Toledo en ocasi&oacute;n de las canonizaciones de san Ignacio de Loyola y de san Francisco Javier en 1622." Comentarios de Ignacio Arellano en Calleja, <i>op. cit.,</i> p. 22.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. Gianluigi Arcari y Humberto Padovani, <i>Eimmagine a stampa di san Luigi Gonzaga I. Loggetto di devozione,</i> Mantua, Gianluigi Arcari, 1997, p. 34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795080&pid=S0185-1276201100020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Comenta el autor que, aunque no se ha podido documentar, es probable que la efigie haya sido tomada de la m&aacute;scara f&uacute;nebre del santo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">19. <i>Ibidem,</i> p. 193.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">20. <i>Ibidem,</i> p. 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">21. La devoci&oacute;n del joven Gonzaga al crucifijo dio pie a que en alguna de sus hagiograf&iacute;as se acu&ntilde;ara esa frase y otras la repitieran.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">22. Vicente Agusti, S.J., Vida <i>de san Estanislao de Kostka. Novicio de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s,</i> Madrid, Administraci&oacute;n del Apostolado de la Prensa Ib&eacute;rica, 1911, pp. 53&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795085&pid=S0185-1276201100020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">23. F. Charmot, S.J., <i>La pedagog&iacute;a de los jesuitas. Sus principios y actualidad,</i> R.P. Francisco Segura, S.J. (trad.), Madrid, Sapientia, 1952, p. 152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795087&pid=S0185-1276201100020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">24. <i>Idem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">25. <i>Ibidem,</i> p. 115.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">26. <i>Ibidem,</i> pp. 203&#45;204.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">27. Mar&iacute;a Gabriela Torres Olleta, <i>Vita thesibus et vita iconibus. Dos cert&aacute;menes sobre san Francisco Javier,</i> Navarra, Universidad de Navarra&#45;Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, 2005;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795092&pid=S0185-1276201100020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Gaspar Ju&aacute;rez, <i>Vida iconol&oacute;gica del ap&oacute;stol de las Indias san Francisco Javier, de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s,</i> Mar&iacute;a Gabriela Torres Olleta (ed.), Navarra, Fundaci&oacute;n Diario de Navarra, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795093&pid=S0185-1276201100020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La obra original se public&oacute; en 1798.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">28. Ver&oacute;nica Zaragoza, "El colegio y noviciado de Tepotzotl&aacute;n en 1763", en <i>Jesuitas. Vida y expulsi&oacute;n de Tepotzotl&aacute;n,</i> M&eacute;xico, Gobierno del Estado de M&eacute;xico&#45;Consejo Editorial de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica Estatal&#45;Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795095&pid=S0185-1276201100020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> La pintura fue comisionada junto con el ciclo de san Estanislao de Kostka para el patio de los aljibes del seminario de Tepotzotl&aacute;n, lo cual corrige el dato de Pablo C. de Gante Ceulereerde (1894), <i>Tepotzotl&aacute;n: su historia y sus tesoros art&iacute;sticos,</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1958, pp. 159&#45;160,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795096&pid=S0185-1276201100020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> quien opin&oacute; que hab&iacute;a sido llevado all&iacute; despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">29. Jaime Cuadriello, "Zodiaco mariano. Una alegor&iacute;a de Miguel Cabrera", en <i>Zodiaco mariano, 250 a&ntilde;os de la declaraci&oacute;n pontificia de Mar&iacute;a de Guadalupe como patrona de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Museo de la Bas&iacute;lica de Guadalupe, 2004&#45;2005, p. 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795098&pid=S0185-1276201100020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">30. Antonio L&oacute;pez Murto, fray, <i>El incomparable patronato mariano. Serm&oacute;n paneg&iacute;rico de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima de Guadalupe, que en su Santuario de la ciudad de San Luis Potos&iacute; predic&oacute; &#91;...&#93; el d&iacute;a 12 de diciembre de 1792 a&ntilde;os,</i> M&eacute;xico, Felipe Z&uacute;&ntilde;iga y Ontiveros, 1793, p. 22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795100&pid=S0185-1276201100020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">31. En <i>Exercitia spiritualia S.P. Ignatii Loyola. Fundatoris ordinis societtis Jessu,</i> Amberes; <i>apud</i> Michaelem Knobbaert sub signo S. Petri, 1689, p. 132v,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795102&pid=S0185-1276201100020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> se puede ver un grabado de la representaci&oacute;n de los dos ej&eacute;rcitos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">32. El grabado <i>MaterInviolata</i> de los hermanos Klauber est&aacute; reproducido en Jaime Cuadriello, "Zodiaco", <i>op. cit.,</i> p. 63; los lineamientos para la <i>Castidad</i> en Ripa, <i>Iconolog&iacute;a, op. cit.,</i> p. 181, y una ilustraci&oacute;n en la p. 96 de la edici&oacute;n de 1645.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">33. El grabado <i>Alegor&iacute;a del patronato guadalupano</i> de los hermanos Klauber est&aacute; reproducido en Jaime Cuadriello, "Zodiaco", <i>op. cit.,</i> p. 104.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">34. Cesare Ripa, <i>Baroque and Rococo Pictorial Imagery, The 1758&#45;60 Hertel Edition of Ripds "Iconologia" with 200 Engraved Illustrations,</i> Edward A. Maser (introd., trad. y com.), Nueva York, Dover, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795106&pid=S0185-1276201100020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Maser explica en el pr&oacute;logo (pp. XIV&#45;XV) que algunos autores datan 1732 como fecha para el inicio de la publicaci&oacute;n de las partes separadas de la obra, aunque es factible que sean de la cuarta y la quinta d&eacute;cadas del siglo, ya que puede probarse que las dos &uacute;ltimas partes fueron dibujadas despu&eacute;s de mayo de 1759. La edici&oacute;n de Dover abarca la obra completa y corresponde a la segunda versi&oacute;n publicada por Hertel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">35. Ripa, <i>Iconolog&iacute;a..., op. cit., Jactancia:</i> vol. II, p. 5; <i>Desobediencia:</i> vol. I, p. 272.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">36. Ripa, <i>Baroque...</i>, <i>op. cit.,</i> l&aacute;m. 29. No encontr&eacute; esta alegor&iacute;a en la versi&oacute;n de Ripa de 1645. Seg&uacute;n Maser, Hertel eligi&oacute; las alegor&iacute;as que dibujar&iacute;a Eichler y el modo de representarlas; el editor explica que la esfera simboliza el fundamento inestable e inseguro del orgullo y de la ambici&oacute;n injustificada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">37. <i>Ibidem,</i> p. 70, l&aacute;m. LXX. El texto que acompa&ntilde;a a esta representaci&oacute;n en la edici&oacute;n de Hertel est&aacute; tomado de la publicada en 1603, p. 294: <i>Lib&iacute;dine</i> y p. 295: <i>Lussuria.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">38. Omar Guerrero, <i>Las ciencias de la administraci&oacute;n en el Estado absolutista,</i> M&eacute;xico, Fontamara, 1996, pp. 252&#45;258.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795111&pid=S0185-1276201100020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">39. Pilar Gonzalbo Aizpuru, <i>La educaci&oacute;n popular de los jesuitas,</i> M&eacute;xico, Universidad Ibero&#45;americana&#45;Departamento de Historia, 1989, pp. 106&#45;107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795113&pid=S0185-1276201100020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">40. <i>Ibidem,</i> p. 166. La autora cita un serm&oacute;n del padre Segura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">41. El padre Kino fue uno de los m&aacute;s eminentes. El art&iacute;culo de Jaime Cuadriello que hemos citado (v&eacute;ase n. 7) esclarece la influencia que tuvo san Francisco Javier en la vida misional de Nueva Espa&ntilde;a. Para promover la elecci&oacute;n de la vida misional en los colegios se prove&iacute;a a los alumnos de relatos e im&aacute;genes de las peripecias, conquistas y milagros de los jesuitas que predicaban el mensaje cristiano en los pa&iacute;ses lejanos. Se reproduc&iacute;an y difund&iacute;an sus cartas, se escrib&iacute;an obras po&eacute;ticas y teatrales como la que comentamos antes, en las que la imaginaci&oacute;n bordaba los sucesos para resaltar la ideolog&iacute;a jesu&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">42. En Calleja, <i>op. cit.,</i> pp. 280 y 279. El grabado de los Klauber es la l&aacute;m. 2 de "Liber Genesis" de <i>Historiae Biblicae Veteris et Novi Testamenti, Junioribus Ad faciilorem Eruditionem, Senioribus ad vivaciorem memoriam, Divini Verbi Praeconibus Ad celeriorem reminifcentiam, &Oacute;mnibus Ad utilitem fanectamque Curiosittem, in Centum Frugiferis Foliis Exhibitae a Josepho, &amp; Joanne Klauber, Frtibus, Reverendiss. &amp; Sereniss. Principis,&amp; Episcopi Augustani Calcographis Catholicis Augustae Anno M.DCCLVII.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">43. Aizpuru, <i>op. cit.,</i> p. 199.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">44. Esta imagen, unida al texto dram&aacute;tico que le dio origen, resaltaba la dignidad femenina frente al sexo opuesto. Manifiesta una postura contraria a la moral antifemenina predicada por muchos jesuitas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">45. Zaragoza, <i>op. cit.,</i> p. 5; <i>cfr.</i> Claustro bajo del noviciado, lib. 7, f. 16v &#91;f. 201v&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">46. Es de notar que, en diciembre del a&ntilde;o siguiente, el mismo padre Reales, ya como provincial de la Compa&ntilde;&iacute;a, coloc&oacute; la primera piedra de la nueva fachada y de la torre. Zaragoza, <i>op. cit.,</i> pp. 2 y 8.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">47. Francisco Javier Alegre, <i>Historia de la provincia de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s de Nueva Espa&ntilde;a,</i> Roma, Institutum Historicum S.J., 1956, t. I, pp. 289&#45;291 y 443&#45;444 (nueva edici&oacute;n de Ernest J. Burrus, S.J., y F&eacute;lix Zubillaga, S.J.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795122&pid=S0185-1276201100020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->)</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">48. Fernando Rodr&iacute;guez de la Flor, "La 'f&aacute;brica' de los nuevos santos", en <i>F&eacute;nix de Espa&ntilde;a. Modernidad y cultura propia en la Espa&ntilde;a del siglo XVIII (1737&#45;1766),</i> Pablo Fern&aacute;ndez Albadejo (ed.), Madrid, Universidad Aut&oacute;noma de Madrid/Universitat d'Alacant/Casa de Vel&aacute;zquez, 2006, pp. 215&#45;235.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=795124&pid=S0185-1276201100020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">49. <i>Idem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">50. Gonzalbo Aizpuru, <i>op. cit.,</i> p. 115.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">51. <i>Ibidem,</i> pp. 204&#45;205.</font></p>      ]]></body><back>
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