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<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una guadalupana inédita de Juan Correa en el convento de San José del Carmen de Sevilla]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Una guadalupana in&eacute;dita de Juan Correa en el convento de San Jos&eacute; del Carmen de Sevilla</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Montes Gonz&aacute;lez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Granada</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El culto a la Virgen de Guadalupe de M&eacute;xico arraig&oacute; en la feligres&iacute;a sevillana durante el &uacute;ltimo tercio del siglo XVII. La principal v&iacute;a de difusi&oacute;n peninsular de esta devoci&oacute;n americana fue la remisi&oacute;n, por parte de los indianos, de numerosas copias de la imagen, desde el Tepeyac a sus lugares de origen, bien como un s&iacute;mbolo de agradecimiento por la fortuna alcanzada o como un acto de religiosidad p&uacute;blica.<sup><a href="#notas">1</a></sup> La vinculaci&oacute;n comercial de Sevilla y C&aacute;diz con la Carrera de Indias propici&oacute; que ambas ciudades se convirtiesen en los puntos geogr&aacute;ficos adonde lleg&oacute; el mayor n&uacute;mero de estas im&aacute;genes, favoreciendo con ello un r&aacute;pido auge devocional. En el grado de aceptaci&oacute;n que alcanz&oacute; la representaci&oacute;n de la Virgen de Guadalupe desempe&ntilde;&oacute; un papel fundamental el hecho de que los lienzos y cobres recogiesen la "fiel copia" de la imagen, plasmada en la capa del indio Juan Diego, raz&oacute;n por la cual se le atribu&iacute;an propiedades milagrosas, sobre todo si ven&iacute;an "tocadas al sagrado original" y con una inscripci&oacute;n que as&iacute; lo certificara. Adem&aacute;s, las similitudes iconogr&aacute;ficas de esta Virgen india con la multitud de "Inmaculadas" proliferantes en el panorama religioso andaluz har&iacute;an que no se convirtiese en un objeto extra&ntilde;o a ojos de los devotos, sino en una pieza venerada casi como un amuleto ante las continuas adversidades de la sociedad barroca.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el extenso repertorio de im&aacute;genes guadalupanas conservadas en recintos religiosos y en colecciones particulares sevillanas figuran realizaciones de los principales pintores de la escuela novohispana, as&iacute; como ejemplos de distintas tipolog&iacute;as en cuanto a los modelos iconogr&aacute;ficos y los materiales empleados para su realizaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">3</a></sup> El estudio de estas obras lo realiz&oacute; exclusivamente el historiador local Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez Moreno. En sus investigaciones lleg&oacute; a catalogar cerca de 400 guadalupanas repartidas por toda Andaluc&iacute;a y sac&oacute; a la luz abundantes noticias sobre el fervor hacia la imagen mexicana en la regi&oacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup> En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, otros estudios se han dedicado a destacar la presencia de estos iconos repartidos por todo el &aacute;mbito peninsular, ya sea mediante cat&aacute;logos de objetos americanos o en aportaciones exclusivas acerca de su tem&aacute;tica y funci&oacute;n.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los m&aacute;ximos exponentes del gremio de pintores novohispanos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVII fue el mulato Juan Correa. La relaci&oacute;n del artista con la tilma sagrada del indio Juan Diego ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de su intervenci&oacute;n como mero copista, al ser uno de los primeros maestros encargados de examinar el soporte original para obtener de &eacute;l una copia en papel aceitado.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este hecho motiv&oacute; que sus realizaciones alcanzasen un significado especial, pues tendr&iacute;an asociado un mayor contenido taumat&uacute;rgico dada la vinculaci&oacute;n f&iacute;sica con el objeto milagroso. Numerosos autores han afirmado que Correa fue el artista guadalupano m&aacute;s prol&iacute;fico de su &eacute;poca y que sus representaciones eran "las m&aacute;s apreciadas por su fidelidad y perfecci&oacute;n".<sup><a href="#notas">7</a></sup> Del mismo modo, este maestro fue el encargado de establecer el modelo iconogr&aacute;fico tradicional que luego repetir&iacute;an sus continuadores. En este esquema, la efigie de la Virgen aparec&iacute;a enmarcada por cuatro cartelas que presentaban de forma tetraepis&oacute;dica los hechos aparicionistas del indio Juan Diego, a la que se sumaba una &uacute;ltima en la parte inferior con la descripci&oacute;n del paisaje del Tepeyac junto a los monumentos erigidos en aquellos lugares. Finalmente, en algunas ocasiones rodeaba a la Virgen una guirnalda de flores, que simbolizaba tanto aqu&eacute;llas depositadas por los indios a modo de ofrendas, como el elemento milagroso causante del calco mariano. A &eacute;stas se a&ntilde;adir&iacute;a en interpretaciones m&aacute;s tard&iacute;as una serie de angelotes, atlantes y tenantes de los objetos aleg&oacute;ricos recogidos en las letan&iacute;as lauretanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cat&aacute;logo de Gonz&aacute;lez Moreno se encuentran inventariados en Sevilla seis lienzos firmados por Juan Correa.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Esta serie comprende modelos que van desde la t&iacute;pica composici&oacute;n aludida &#151;como los de la capilla de San Onofre y el convento de San Leandro&#151;, pasando por el ejemplo del convento de Santa Paula &#151;que representa &uacute;nicamente a la Virgen con una inscripci&oacute;n en la parte inferior referida a su encargo por parte de los duques de Alburquerque&#151;, hasta otros dos en colecciones particulares de los cuales se desconocen su tipolog&iacute;a y paradero actual.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Sin embargo, el mejor exponente de la iconograf&iacute;a guadalupana creada por Correa es el lienzo que se conserva en la capilla de la Hermandad Sacramental de la iglesia de San Nicol&aacute;s de Bari, fechado en 1704.<sup><a href="#notas">10</a></sup> En el cuadro se dispone la composici&oacute;n de forma horizontal, destacando la profusi&oacute;n del colorido adorno floral que rodea a la Virgen, los angelotes que sustentan las cuatro cartelas y el delicado trazo en el dibujo de la guadalupana.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Otro aspecto m&aacute;s que percibe Jaime Cuadriello en la imagen es su luminosidad, cuyo fin no es otro que "transmitir en verdad la idea de un portento mariof&aacute;nico".<sup><a href="#notas">12</a></sup> La procedencia de esta obra es una inc&oacute;gnita, aunque todas las hip&oacute;tesis hablan de un patrocinio excepcional que establece como su origen la donaci&oacute;n de alg&uacute;n indiano, miembro de dicha corporaci&oacute;n religiosa o su pertenencia al convento de San Agust&iacute;n, de donde llegar&iacute;a tras las desamortizaciones decimon&oacute;nicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la selecci&oacute;n publicada por Gonz&aacute;lez Moreno se sirvieron Vargaslugo y Victoria para completar el cap&iacute;tulo correspondiente al repertorio guadalupano en su extenso volumen sobre la obra pict&oacute;rica de Correa.<sup><a href="#notas">13</a></sup> A las piezas aludidas en la provincia de Sevilla a&ntilde;adir&iacute;an otras localizadas en colecciones particulares, as&iacute; como un lienzo que se conserva en el palacio de los Marqueses de Villadarias en Antequera, el cual podr&iacute;a estar relacionado con la magn&iacute;fica serie sobre la vida de la Virgen del mismo artista depositada en el Museo Municipal de esta localidad malague&ntilde;a.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Entre el resto de im&aacute;genes de Correa documentadas en Espa&ntilde;a por los autores, cabr&iacute;a destacar el primer lienzo en la cronolog&iacute;a del pintor, consignado por Veytia en 1746.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Se trata de un encargo realizado en 1667 para el monasterio de San Francisco de Valladolid en homenaje al obispo Juan de Zum&aacute;rraga, el cual recoge de forma sint&eacute;tica los cinco pasajes de la aparici&oacute;n narrados por Becerra Tanco en su volumen del a&ntilde;o anterior. Tras numerosos esfuerzos para localizarlo, finalmente el cuadro pudo ser expuesto y estudiado con detenimiento para la exposici&oacute;n americana conmemorativa de los centenarios de Carlos V y Felipe II.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Adem&aacute;s de esta variedad de piezas aludidas, Cuadriello rese&ntilde;&oacute; en un estudio posterior cuatro lienzos aut&oacute;grafos de Correa dispersos por la Pen&iacute;nsula, que representaban &uacute;nicamente a la efigie mariana en su calco original, despojada de cualquier elemento decorativo.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hallazgo de la firma de Juan Correa en una pintura de enorme atractivo de la iglesia conventual de las carmelitas descalzas de Sevilla supone un aporte de relevancia a la extensa producci&oacute;n guadalupana del pintor mexicano.<sup><a href="#notas">18</a></sup> La tipolog&iacute;a de este lienzo responde a la composici&oacute;n cl&aacute;sica antes descrita, que prolifer&oacute; de forma abundante en el comercio art&iacute;stico transatl&aacute;ntico durante el primer tercio del siglo XVIII. Sin embargo, en esta obra, aparte de la magn&iacute;fica interpretaci&oacute;n de los modelos figurativos de las escenas, nada comunes en cuanto a la perfecci&oacute;n de sus dise&ntilde;os, sorprenden las innovaciones iconogr&aacute;ficas introducidas en unas tarjas de tama&ntilde;o excepcional respecto al normalizado. De todas las obras documentadas del pintor, estas escenas pueden considerarse &uacute;nicas en su g&eacute;nero, no s&oacute;lo por el elaborado dibujo de la composici&oacute;n tetraepis&oacute;dica sino por la cantidad de singularidades que ofrecen en su contenido. A simple vista, hay que partir de la base de que Correa aprovech&oacute; los grabados de Mat&iacute;as de Arteaga para la edici&oacute;n sevillana de 1685 de la <i>Felicidad de M&eacute;xico</i> de Becerra y Tanco, siendo la proliferaci&oacute;n de &aacute;ngeles m&uacute;sicos y custodios la que aqu&iacute; delata su empleo como fuente iconogr&aacute;fica.<sup><a href="#notas">19</a></sup> Adem&aacute;s de esta matizaci&oacute;n, el lienzo plantea la necesidad de realizar un an&aacute;lisis exhaustivo de algunas particularidades para poner de relieve su calidad, igualable en maestr&iacute;a a la conservada en la iglesia de San Nicol&aacute;s de Bari, pero &uacute;nica en el extenso campo de las realizaciones guadalupanas. A pesar de no haber descubierto la autor&iacute;a de la obra, Gonz&aacute;lez Moreno ya se hab&iacute;a percatado de la singularidad de este lienzo "an&oacute;nimo" al dedicarle en su estudio varias alusiones que la distingu&iacute;an de otros modelos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donde m&aacute;s se acusa la nueva interpretaci&oacute;n del pasaje del Tepeyac es en la reproducci&oacute;n propiedad del convento de Santa Teresa de Sevilla: en ella una legi&oacute;n de serafines y querubines inunda las tres primeras cartelas, muchos de ellos con arpas y violas en las manos, que evocan el celestial concierto que Juan Diego escuch&oacute; antes de contemplar la sublime aparici&oacute;n.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los valores de esta pintura cabe destacar la descripci&oacute;n de la figura de la Virgen, en la que una vez m&aacute;s queda patente la superioridad de Correa en su interpretaci&oacute;n. Su rostro con los ojos entornados la sit&uacute;an en el grupo de las coloquialmente llamadas "dormilonas". La perfecci&oacute;n del trazo denota un calco exacto del original, tanto en el conjunto mariano como en el &aacute;ngel que la sostiene, de cuyas propiedades ya se hiciesen eco en la &eacute;poca, como se ha visto en el testimonio que da Jos&eacute; Ibarra a Miguel Cabrera. Un aspecto sorprendente a simple vista es la luminosidad que irradia el modelo, bien sea por la claridad en el cromatismo o por el juego &oacute;ptico empleado para dise&ntilde;ar las r&aacute;fagas, graduando con intermitencias en intensidad los tonos dorados de la aureola. De este modo, la Guadalupana se convierte en un aut&eacute;ntico fulgor divino que inunda el esp&iacute;ritu de los fieles y sorprende por su belleza pl&aacute;stica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cartela de la esquina superior izquierda aparece descrito el momento de la primera aparici&oacute;n de la Virgen al indio Juan Diego en el paraje del Tepeyac. El caracter&iacute;stico esquema compositivo se ha invertido para colocar al indio en el lado derecho acompa&ntilde;ado de una corte angelical, de la que dos miembros sentados en primer plano sobre unas rocas aparecen como testigos. A este grupo se suma la nota m&aacute;s llamativa de la escena, la representaci&oacute;n de la bandada de p&aacute;jaros, siguiendo el relato descrito por el indio Valeriano en el <i>Nican Mopohua,</i> en el que la m&uacute;sica celestial de unas aves ex&oacute;ticas sirvi&oacute; para que el indio Juan Diego acudiese al llamado de la Virgen.<sup><a href="#notas">21</a></sup> El propio Gonz&aacute;lez Moreno resaltar&iacute;a este detalle, afirmando que no volver&aacute; a repetirse en ninguna de las realizaciones existentes en la pen&iacute;nsula.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v33n99/a8f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda cartela, situada a la derecha de la anterior, describe el momento en que Juan Diego huye del encuentro de la Virgen para acudir en busca de un m&eacute;dico que atienda a su t&iacute;o enfermo. En la escena se introducen como novedades la presencia de un coro de &aacute;ngeles m&uacute;sicos en la esquina superior y la figura de la Virgen, que se desprende de su caracter&iacute;stico hieratismo y abre los brazos para calmar el sobresalto del indio. Junto a &eacute;ste aparecen otros &aacute;ngeles custodios que intervienen con diferentes gestos indicativos, haciendo m&aacute;s din&aacute;mica y participativa la historia al espectador. En la composici&oacute;n sorprende la colocaci&oacute;n de un peque&ntilde;o &aacute;ngel en un complicado escorzo, que se arrodilla para denotar el asombro y aturdimiento que le causa la presencia de la Virgen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas de las singularidades m&aacute;s llamativas introducidas por Correa aparecen en la cartela del tercer episodio que ocupa el &aacute;ngulo inferior izquierdo, donde se narra el momento del ofrecimiento de las rosas a la Virgen para que las convierta en el objeto milagroso de la estampaci&oacute;n. En la mayor&iacute;a de las representaciones, la Virgen figura de pie, en postura mayest&aacute;tica, para poco a poco ir rompiendo el plano frontal al adelantar un brazo con el que ofrece a Juan Diego un ramillete de las flores milagrosas. Sin embargo, en esta pintura del convento de San Jos&eacute;, la Virgen aparece sedente en un trono de nubes, tomando las flores de la ofrenda realizada por un &aacute;ngel que se coloca a su izquierda, mientras es llevada por el caracter&iacute;stico querub&iacute;n transformado en un angelillo atlante. Adem&aacute;s, se vuelve a repetir el coro de &aacute;ngeles m&uacute;sicos, aunque con la novedad de que uno de ellos se coloca en el plano terrenal portando la partitura que sus compa&ntilde;eros celestiales interpretan ante la Virgen y el indio. Tambi&eacute;n Gonz&aacute;lez Moreno resalt&oacute; la maestr&iacute;a del artista en la ejecuci&oacute;n de este paisaje, s&oacute;lo que equivocando la partitura de m&uacute;sica con los instrumentos de pintor e intuyendo un cuestionado reflejo de la escuela sevillana:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destaca entre todos estos medallones el tercero, donde la Virgen sedente, pone en manos del indio un hermoso ramillete de rosas. Alrededor de la imagen revolotean &aacute;ngeles con instrumentos y dos de ellos con pincel y paleta, cuya factura y colorido pregonan que ha sido influenciado por los talleres sevillanos de aquella &eacute;poca.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, el resultado es un esquema compositivo sorprendente e in&eacute;dito hasta ahora en la tradici&oacute;n pict&oacute;rica guadalupana, propio de un barroquismo tard&iacute;o que se adelanta en esta realizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es caracter&iacute;stico, el cuarto &oacute;valo representa el momento solemne del descubrimiento de la imagen guadalupana a ojos del obispo Zum&aacute;rraga en el sal&oacute;n del trono del palacio episcopal. Los int&eacute;rpretes de la historia mariana representaron en esta escena a los personajes se&ntilde;alados por los relatos literarios siguiendo el modelo de una de las primeras estampas impresas para la publicaci&oacute;n del volumen del bachiller Miguel S&aacute;nchez en 1684.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Junto al prelado, se cree que fueron testigos de la aparici&oacute;n el cl&eacute;rigo Juan Gonz&aacute;lez y algunos criados y familiares. Sin embargo, en esta composici&oacute;n aparecen al fondo dos personajes de piel oscura cuyos gestos reflejan ciertas peculiaridades. Una de las hip&oacute;tesis que lleva a plantear este conjunto es que el joven de rasgos negroides, que mira directamente al espectador reclamando su atenci&oacute;n, despistado del relevante acontecimiento que se est&aacute; produciendo, fuese el propio Correa, quien con este gesto quisiera dejar testimoniada su autor&iacute;a en una de sus obras maestras. Por otro lado, podr&iacute;a entenderse el deseo del pintor por aparecer dignificado en su trabajo, cual Vel&aacute;zquez novohispano que huye de la desconsideraci&oacute;n gremial, para el que habr&iacute;a sido "elegido" por la propia divinidad presente en aquel momento.<sup><a href="#notas">25</a></sup> Desde este enfoque, dicho discurso podr&iacute;a aceptarse como l&oacute;gico, pues no ser&iacute;a coherente intuir dichas reivindicaciones intelectuales en los c&iacute;rculos art&iacute;sticos novohispanos hasta la llegada de Cabrera, y a&uacute;n m&aacute;s, si lo consider&aacute;ramos en un esquema de valoraci&oacute;n ser&iacute;a m&aacute;s af&iacute;n con su papel de ap&oacute;stol guadalupano, que mediante el env&iacute;o de estas estampas fuera de las fronteras americanas participa como un misionero en el arraigo devocional. Por otro lado, tambi&eacute;n ser&iacute;a cuestionable si el anciano que se adelanta al anterior personaje, con aspecto mestizo y el rostro cabizbajo, pudiera ser una figuraci&oacute;n anacr&oacute;nica del t&iacute;o Juan Bernardino, a quien seg&uacute;n los relatos se apareci&oacute; la Virgen para sanarlo en el mismo instante del descubrimiento de la tilma en el sal&oacute;n episcopal. De esta forma quedar&iacute;a sintetizada la historia aparicionista completamente, pues en otros modelos esta escena se colocaba en la parte inferior sustituyendo la del paisaje del Tepeyac.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la &uacute;ltima de las cartelas, al centro de la zona inferior del lienzo, describe la vista del cerro del Tepeyac, presidido en un primer plano por la primitiva ermita, anterior al santuario dedicado en 1709. Una de las peculiaridades distintivas de los paisajes descritos por Correa es la visi&oacute;n panor&aacute;mica de un conjunto donde destaca llamativamente la disposici&oacute;n protag&oacute;nica de la calzada. Este camino, que comunicaba la villa de Guadalupe con la ciudad, fue adecentado con las mandas del arzobispo fray Payo Enr&iacute;quez de Ribera, colocando una serie de monumentos de los misterios del Rosario, para que de este modo los visitantes fueran realizando cada una de las estaciones en su peregrinaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Esta escena es uno de los elementos de que se sirven los investigadores a la hora de datar los lienzos, ya que la presencia del antiguo o el nuevo templo, as&iacute; como de la calzada, ayuda a encuadrarlos en un periodo concreto. Por tanto, este lienzo de la clausura sevillana debi&oacute; ejecutarse entre 1685 y 1695, fechas que trascienden desde la remodelaci&oacute;n de la calzada, la publicaci&oacute;n de los grabados de Arteaga y el derribo del primitivo templo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los &aacute;ngeles que rodean la sagrada imagen, se aprecian las particularidades del dise&ntilde;o de Correa al dibujarlos panzones y con rostros de extra&ntilde;a belleza. La similitud con los modelos del lienzo de San Nicol&aacute;s es evidente, aunque en este caso, adem&aacute;s de aparecer como atlantes de las cartelas, dos de ellos pasan a portar sendos objetos aleg&oacute;ricos de las letan&iacute;as lauretanas, ofreciendo sus movimientos y el vuelo de los pa&ntilde;os un efecto de dinamismo mucho mayor. En ambas pinturas asoman los rasgos est&eacute;ticos empleados por Correa en el dibujo de estas criaturas celestiales. La misma posici&oacute;n de estos seres aparece en un lienzo an&oacute;nimo de menor factura en el Museo de la Bas&iacute;lica de Guadalupe de M&eacute;xico.<sup><a href="#notas">27</a></sup> Dos &uacute;ltimos detalles a consignar en este an&aacute;lisis iconogr&aacute;fico corresponden a la caracter&iacute;stica guirnalda de flores con pajarillos que rodea a la efigie y la paloma del Esp&iacute;ritu Santo que en la parte superior corona a la Virgen como Reina celestial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas de las dificultades m&aacute;s comunes que encuentran los estudiosos guadalupanos son la dataci&oacute;n de la obra y el contexto de su realizaci&oacute;n. La proliferaci&oacute;n del icono llev&oacute; a gran n&uacute;mero de artistas mexicanos a dedicarse a la exportaci&oacute;n de estas piezas, hecho que reflejan los cuantiosos registros de nav&iacute;os donde se anotaron "caxas con l&aacute;minas de Nuestra de Se&ntilde;ora de Guadalupe de M&eacute;xico". Si a este fen&oacute;meno a&ntilde;adimos que otras tantas de estas im&aacute;genes llegaron como parte de los bienes de alg&uacute;n difunto o en la dote de las religiosas que ingresaban en estas clausuras, la inc&oacute;gnita sobre su recepci&oacute;n peninsular se convierte en una tarea dif&iacute;cil de resolver. En el caso de esta obra in&eacute;dita de Correa, su trayectoria puede documentarse en parte gracias al hallazgo del expediente de donaci&oacute;n de un particular al convento de las religiosas carmelitas, aunque permanece a&uacute;n el enigma sobre la identidad del comitente y el lugar primitivo a su llegada a la capital hispalense. Dado el valor art&iacute;stico de la pieza, debi&oacute; de ser el encargo de un personaje relevante del gobierno civil o eclesi&aacute;stico novohispano, pudiendo corresponder al mecenazgo en la figura del virrey&#45;arzobispo fray Payo Enr&iacute;quez de Ribera si las evidencias estil&iacute;sticas no reflejaran la utilizaci&oacute;n de las estampas de Arteaga impresas en 1685, un par de a&ntilde;os despu&eacute;s del fallecimiento del prelado agustino. La existencia del lienzo en esta clausura se conoci&oacute; gracias a la localizaci&oacute;n de su expediente de ingreso en los bienes que sac&oacute; a la luz Mar&iacute;a Luisa Cano en su monograf&iacute;a sobre el conjunto conventual.<sup><a href="#notas">28</a></sup> En el texto, la superiora de la comunidad daba fe del obsequio recibido con fecha 3 de noviembre de 1804 mediante el siguiente escrito:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Digo yo Mar&iacute;a de la Paz. Priora de este Convento de Carmelitas / Descalzas de Sevilla que tengo en la Iglesia de Nuestro Convento / un Quadro de la Imagen de N. Sra. de Guadalupe, con Moldu / ra Dorada, de tres &#91;...&#93;, y dos escasas de / ancho y lo recib&iacute; de mi Sra. D&ordf; Ana Gabriela White, alias Blan / co, que lo dio para que se le diese culto a la Imagen; era dicho / Quadro de Dn. Guillermo Lathelise, de naci&oacute;n Franc&eacute;s, el / que teniendo que irse a Francia con su familia, lo dex&oacute; en / casa de su Comadre Da Micaela Aguilar para que se lo / vendiera, y no aviendo encontrado comprador, y aviendo / ella desvaratado su casa, lo puso en la de mi Sra. D&ordf; / Ana White, alias Blanco, esta Sra. lo puso en mi Convento / y para que conste en todo tiempo firmo este instrumento en / este sobre: dicho Convento de Sevilla en 3 d&iacute;as del mes de Noviembre de 1804. Ma. de la Paz Priora.<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de esta informaci&oacute;n consta como propietario un caballero franc&eacute;s afincado en Sevilla, de nombre Guillermo Lathelise, quien debido a los convulsos momentos pol&iacute;ticos que se viv&iacute;an durante esos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a debi&oacute; huir a su patria, no sin antes legar el cuadro a su comadre y &eacute;sta, finalmente, tambi&eacute;n por causas de una mudanza, a la donante Ana White, t&iacute;a paterna y madrina del afamado escritor, el cual goz&oacute; de gran reputaci&oacute;n en los c&iacute;rculos intelectuales de la &eacute;poca.<sup><a href="#notas">30</a></sup> Con estos datos es dif&iacute;cil dilucidar si el lienzo lleg&oacute; a dicho propietario mediante compra a alg&uacute;n particular, en el expolio de un recinto religioso o en la herencia de alg&uacute;n antepasado, ya que habr&iacute;an transcurrido cerca de 120 a&ntilde;os desde su realizaci&oacute;n. Un hecho que pudiera ser significativo y que ya se ha se&ntilde;alado es la calidad de la pieza, detr&aacute;s de la cual no debieron encontrarse un patrono y un receptor cualesquiera. Por otra parte, debe destacarse que la moldura de este lienzo corresponde exactamente con otra pintura de Correa conservada en el convento de San Leandro, por lo que ambas debieron de llegar en fechas cercanas, pudiendo tambi&eacute;n haber pertenecido a la misma casa. Se debe se&ntilde;alar que en esta clausura se encontraba el hospicio de Indias de los frailes agustinos, renombrados devotos del icono guadalupano, siendo fray Payo de Ribera el m&aacute;ximo representante de la destacada posici&oacute;n que esta orden religiosa alcanz&oacute; en las Indias, por lo cual no ser&iacute;a extra&ntilde;o que el citado lienzo proviniese de alguna de las casas agustinas de Sevilla. En sus <i>Antig&uuml;edades del convento Casa Grande de San Agust&iacute;n,</i> Montero de Espinosa se&ntilde;ala c&oacute;mo en la capilla del Nacimiento "se coloc&oacute; en 1724 a nuestra se&ntilde;ora de Guadalupe, siendo su patrono el veinticuatro &#91;regidor de ayuntamiento&#93; don Juan Bautista Cavaleri".<sup><a href="#notas">31</a></sup> Con independencia de su posible origen o procedencia, dar a conocer este lienzo de la Virgen de Guadalupe supone un aporte significativo a la historiograf&iacute;a sobre Juan Correa, pues queda sobradamente demostrada la maestr&iacute;a del artista como inventor en la configuraci&oacute;n de estos tipos iconogr&aacute;ficos de la escuela barroca novohispana, adelant&aacute;ndose en su tiempo a las innovaciones de futuras realizaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. En su estudio sobre el comercio art&iacute;stico entre Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, Garc&iacute;a S&aacute;iz se&ntilde;ala que "la mayor&iacute;a de estas obras &#151;religiosas&#151; son enviadas desde y no reclamadas por" los devotos peninsulares. Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Garc&iacute;a S&aacute;iz, "Arte colonial mexicano en Espa&ntilde;a", <i>Artes de M&eacute;xico,</i> n&uacute;m. 22, 1993&#45;1994, p. 26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792366&pid=S0185-1276201100020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Diversos investigadores han apuntado que se trata de una "trascripci&oacute;n moderna de la Virgen apocal&iacute;ptica", teniendo como &uacute;nico rasgo de exotismo las facciones indias de su rostro. Manuel Trens, <i>Mar&iacute;a. Iconograf&iacute;a de la Virgen en el arte espa&ntilde;ol,</i> Madrid, Plus&#45;Ultra, 1974, pp. 68&#45;71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792368&pid=S0185-1276201100020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. En cuanto a la vinculaci&oacute;n con la capital hispalense, v&eacute;ase Francisco Montes Gonz&aacute;lez, "Sevilla y la Virgen de Guadalupe. El camino de lo devocional y lo art&iacute;stico", en Joan Feli&uacute; <i>et al., Caminos encontrados. Itinerarios hist&oacute;ricos, culturales y comerciales en Am&eacute;rica Latina,</i> Castell&oacute; de la Plana, Universitat Jaume I, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792370&pid=S0185-1276201100020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez Moreno, <i>Iconograf&iacute;a guadalupana,</i> M&eacute;xico, Jus, t. I, 1959, t. II, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792372&pid=S0185-1276201100020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Hay una edici&oacute;n actualizada que compendia ambos vol&uacute;menes: Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez Moreno, <i>Iconograf&iacute;a guadalupana en Andaluc&iacute;a,</i> Sevilla, Consejer&iacute;a de Cultura&#45;Junta de Andaluc&iacute;a, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792373&pid=S0185-1276201100020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Adem&aacute;s de estos vol&uacute;menes debe se&ntilde;alarse que el autor public&oacute; una veintena de art&iacute;culos sobre este tema en la prensa local sevillana.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. V&eacute;anse entre otros Jaime Cuadriello,"La propagaci&oacute;n de las devociones novohispanas: las guadalupanas y otras im&aacute;genes preferentes", en Mar&iacute;a Luisa Sabau Garc&iacute;a (dir.), <i>M&eacute;xico en el mundo de las colecciones de arte, Nueva Espa&ntilde;a II,</i> M&eacute;xico, Universidad de Colima, 1994, pp. 257&#45;289;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792375&pid=S0185-1276201100020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Patricia Barea Azac&oacute;n, "La iconograf&iacute;a de la Virgen de Guadalupe en Espa&ntilde;a", <i>Archivo Espa&ntilde;ol de Arte,</i> n&uacute;m. 318, 2007, pp. 177&#45;206.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792376&pid=S0185-1276201100020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. De este hecho da testimonio Miguel Cabrera en su <i>Maravilla americana</i> seg&uacute;n palabras de Jos&eacute; de Ibarra: "Le tom&oacute; perfil a la misma imagen original &#91;...&#93; en papel azeytado del tama&ntilde;o de la misma Se&ntilde;ora, con el apunte de todos sus contornos, trazos y n&uacute;meros de Estrellas, y de rayos; y de este dicho perfil se ha difundido muchos, de los que se han valido y se valen hasta hoy todos los art&iacute;fices". Miguel Cabrera, <i>Maravilla americana...</i>, M&eacute;xico, Imprenta del Real y M&aacute;s Antiguo Colegio de San Ildefonso, 1756, p. 10;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792378&pid=S0185-1276201100020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>apud</i> Jaime Cuadriello, "La propagaci&oacute;n de las devociones novohispanas.", <i>op. cit.,</i> p. 268.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Fidel de Jes&uacute;s Chauvet <i>et al., Album del 450 aniversario de las apariciones de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe,</i> M&eacute;xico, Buena Nueva, 1981, p. 134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792380&pid=S0185-1276201100020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez Moreno, <i>Iconograf&iacute;a guadalupana en Andaluc&iacute;a, op. cit.,</i> pp. 74&#45;75.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. La inscripci&oacute;n de la Guadalupana de Santa Paula dice: "En 30 de noviembre de 1712 a&ntilde;os se toc&oacute; con su sagrado original hall&aacute;ndose presentes los Excmo. Se&ntilde;ores duques de Alburquerque, para quienes se abri&oacute; la vidriera a las diez de la noche".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. En sus primeros cat&aacute;logos, Gonz&aacute;lez Moreno no acert&oacute; a localizar la firma de Correa, la cual descubrieron posteriormente otros investigadores sevillanos bajo la moldura del marco en la d&eacute;cada de los ochenta. Alfredo Morales <i>et al., Gu&iacute;a art&iacute;stica de Sevilla y su provincia,</i> Sevilla, Excma. Diputaci&oacute;n Provincial de Sevilla, 1981, p. 91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792384&pid=S0185-1276201100020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">11. V&eacute;ase la ficha de la obra en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <i>Los Siglos de Oro de los virreinatos americanos,</i> Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoraci&oacute;n de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, pp. 306&#45;309, cat. 86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792386&pid=S0185-1276201100020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12. Tambi&eacute;n resalta el hecho de que la mandorla se encuentre cerrada formando una aureola completa de nubes. Jaime Cuadriello, "La propagaci&oacute;n de las devociones novohispanas.", <i>op. cit.</i> , p. 272.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">13. Elisa Vargaslugo y Jos&eacute; G. Victoria, <i>Juan Correa. Su vida y su obra,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1985, vol. II, t. I, pp. 238&#45;250.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792389&pid=S0185-1276201100020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">14. <i>Ibidem,</i> pp. 68&#45;85; Jos&eacute; Luis Romero Torres, <i>Tota Pulcra,</i> M&aacute;laga, Obispado de M&aacute;laga, 2005, p. 202 (cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792391&pid=S0185-1276201100020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">15. Mariano Fern&aacute;ndez de Echeverr&iacute;a y Veytia, "Baluartes de M&eacute;xico", ms. original, 1746, f. 48r;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792393&pid=S0185-1276201100020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>APUD</i> Vargaslugo y Victoria, <i>op. cit.,</i> vol. II, t. II, p. 443.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. Ve&aacute;se la ficha en <i>Los Siglos de Oro de los virreinatos americanos, op. cit.,</i> pp. 306&#45;309, cat. 85. Actualmente el lienzo se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. Cuadriello, "La propagaci&oacute;n de las devociones novohispanas...", <i>op. cit.,</i> pp. 268&#45;269.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. La inscripci&oacute;n "Correa f." se esconde bajo la moldura del marco en la parte inferior del lienzo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">19. La edici&oacute;n impresa por Tom&aacute;s L&oacute;pez de Haro fue la tercera que se hizo tras las dos ediciones mexicanas de 1666 y 1675. El primer investigador en percatarse de la existencia de dichas estampas fue Jaime Cuadriello en su <i>Maravilla americana. Variantes de la iconograf&iacute;a guadalupana. Siglos XVII&#45;XIX,</i> M&eacute;xico, Patrimonio Cultural de Occidente, 1989, p. 47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792398&pid=S0185-1276201100020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Para un estudio m&aacute;s detallado de las mismas v&eacute;ase Jaime Cuadriello, "Visiones de Guadalupe", <i>Artes de M&eacute;xico,</i> n&uacute;m. 29, 1995, p. 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792399&pid=S0185-1276201100020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Posteriormente han aparecido otros estudios recalcando la importancia de estas estampas sevillanas para la iconograf&iacute;a guadalupana. V&eacute;ase el m&aacute;s reciente sobre la siller&iacute;a de la colegiata de Guadalupe: Nelly Sigaut, <i>Guadalupe, arte y liturgia. La siller&iacute;a de coro de la colegiata,</i> M&eacute;xico, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792400&pid=S0185-1276201100020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">20. Gonz&aacute;lez Moreno, <i>Iconograf&iacute;a guadalupana en Andaluc&iacute;a, op. cit.,</i> p. 19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">21. En una traducci&oacute;n hecha por monse&ntilde;or Jos&eacute; Luis Guerrero Rosado, queda descrito este pasaje con las siguientes l&iacute;neas: "6.&#45; Era s&aacute;bado, muy de madrugada, lo mov&iacute;a su inter&eacute;s por Dios &#91;respondiendo a&#93; su insistente llamada. 7.&#45; Y cuando vino a llegar al costado del cerrito, en el sitio llamado Tepeyac, despuntaba ya el alba. 8.&#45; Oy&oacute; claramente sobre el cerrito cantar, como cantan diversos p&aacute;jaros preciosos. Al interrumpir su gorjeo, como que les coreaba el cerro, sobremanera suave, agradabil&iacute;simo, su trino sobrepujaba al del coyolt&oacute;totl y del tzinitzcan y al de otras preciosas aves canoras. 9.&#45; Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: &iquest;Por ventura es mi m&eacute;rito, mi merecimiento lo que ahora oigo? &iquest;Quiz&aacute; solamente estoy so&ntilde;ando? &iquest;Acaso estoy dormido y s&oacute;lo me lo estoy imaginando? 10.&#45; &iquest;D&oacute;nde estoy? &iquest;D&oacute;nde me veo? &iquest;Acaso ya en el sitio del que siempre nos hablaron los ancianos, nuestros antepasados, todos nuestros abuelos: en su tierra florida, en su tierra de nuestro sustento, en su patria celestial? 11.&#45; Ten&iacute;a fija la mirada en la cumbre del cerrito, hacia el rumbo por donde sale el sol, porque desde all&iacute; algo hac&iacute;a prorrumpir el maravilloso canto celestial. 12.&#151; Y tan pronto como ces&oacute; el canto, cuando todo qued&oacute; en calma, entonces oye que lo llaman de arriba del cerrito, le convocan: Mi Juanito, mi Juan Dieguito", <a href="http://www.virgendeguadalupe.org.mx/apariciones/" target="_blank">http://www.virgendeguadalupe.org.mx/apariciones/</a>.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">22. Gonz&aacute;lez Moreno, <i>Iconograf&iacute;a guadalupana en Andaluc&iacute;a, op. cit.,</i> p. 20.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">23. <i>Ibidem,</i> pp. 19&#45;20.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">24. La estampa sirvi&oacute; para ilustrar el libro <i>Imagen de la Virgen Mar&iacute;a Madre de Dios de Guadalupe,</i> del bachiller Miguel S&aacute;nchez, impreso en 1648 por la viuda de Bernardo Calder&oacute;n. Elisa Vargaslugo, "Iconolog&iacute;a guadalupana", en <i>Im&aacute;genes guadalupanas,</i> M&eacute;xico, Centro Cultural/Arte Contempor&aacute;neo, 1987, p. 67, l&aacute;m. 39 (cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792406&pid=S0185-1276201100020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">25. Acerca de la importancia del artista como pintor guadalupano, v&eacute;ase Elisa Vargaslugo, "El pintor que ten&iacute;a 'el don...' ", <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> vol. XXVII, n&uacute;m. 86, 2005, pp. 203&#45;215.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792408&pid=S0185-1276201100020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">26. El propio Florencia, en su <i>Estrella del Norte,</i> exaltar&iacute;a varias veces la labor del prelado sevillano como benefactor de la devoci&oacute;n mariana: "Ya apunt&eacute; lo que dese&oacute; el Ilusstrisimo y Excelentissimo Se&ntilde;or D. Fr. Payo de Ribera adelantar, y promover el culto de la Se&ntilde;ora y su Santuario. A este fin hizo la Cal&ccedil;ada desde Mexico hasta la puente de Guadalupe, tan costosa y acomodada, y trajo el agua hasta la plaza del Santuario, fabrico en ella hasta una muy buena pila, en que se recoge. Cuando hubiera hecho mas habia hecho mucho, y por esto solo mereceria contarse entre los muy insignes bienhechores del Santuario". Francisco de Florencia, <i>La Estrella del Norte de M&eacute;xico...</i>, M&eacute;xico, Mar&iacute;a de Benavides, viuda de Juan de Ribera, 1688, p. 187v.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792410&pid=S0185-1276201100020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Acerca de la calzada y las capillas del Rosario, <i>ibidem,</i> pp. 25r&#45;25v. V&eacute;anse algunos datos m&aacute;s sobre la vinculaci&oacute;n de este personaje con la Virgen de Guadalupe en Francisco Montes Gonz&aacute;lez, "Los Enr&iacute;quez de Ribera. Ilustres sevillanos guadalupanos", <i>Bolet&iacute;n Guadalupano,</i> n&uacute;m. 67, 2006, pp. 14&#45;16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792411&pid=S0185-1276201100020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">27. Cuadriello, <i>Maravilla americana., op. cit.,</i> p. 46.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">28. Mar&iacute;a Luisa Cano Navas, <i>El convento de San Jos&eacute; del Carmen de Sevilla. Las Teresas. Estudio hist&oacute;rico&#45;art&iacute;stico,</i> Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1984, pp. 144&#45;145.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792414&pid=S0185-1276201100020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">29. Archivo de la Comunidad del Convento de las Teresas de Sevilla, carpeta de donaciones II/f (hoja suelta).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">30. En su autobiograf&iacute;a, Jos&eacute; Mar&iacute;a Blanco&#45;White se refiere a ella como la t&iacute;a Anica, una de las dos hermanas de su padre, exaltando su modernidad por ser la &uacute;nica mujer de Sevilla que pose&iacute;a una biblioteca propia en su hogar, donde el escritor ley&oacute; por primera vez las obras del padre Feijoo. Antonio Garnica (dir.), <i>Autobiograf&iacute;a de Blanco&#45;White,</i> Universidad de Sevilla, 1975, p. 41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792417&pid=S0185-1276201100020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">31. Jos&eacute; Montero de Espinosa, <i>Antig&uuml;edades del convento Casa Grande de San Agust&iacute;n de Sevilla,</i> Sevilla, Imprenta de D. Antonio Carrera, 1817, p. 132.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792419&pid=S0185-1276201100020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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