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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>El poder del coleccionismo de arte: Alvar Carrillo Gil,</i> Ana Gardu&ntilde;o</b></font></p> 	     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rita Eder</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Coordinaci&oacute;n de Estudios de Posgrado, 2009</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amplio y contundente libro de Ana Gardu&ntilde;o sobre el doctor Alvar Carrillo Gil lleva un t&iacute;tulo que bien podr&iacute;a ser subt&iacute;tulo, pero que se ha antepuesto en letras menores: <i>El poder del coleccionismo de arte.</i> T&iacute;tulo o subt&iacute;tulo, est&aacute; ah&iacute; como tropiezo o encrucijada que antecede al objeto y fundamento del trabajo y que abre en forma in&eacute;dita el debate sobre el coleccionismo de obras de arte en M&eacute;xico desde los a&ntilde;os de la posguerra hasta mediados de la d&eacute;cada de 1960. El coleccionismo desata, como reacciones en cadena, problem&aacute;ticas ubicadas en el campo art&iacute;stico o bien en ese amplio e hiperactivo espacio donde se tejen diversidad de sistemas y relaciones concernientes tanto a lo p&uacute;blico como a lo intersubjetivo o esfera de las emociones y las ambiciones entre el coleccionista, los artistas, los cr&iacute;ticos y los due&ntilde;os de las salas de exhibici&oacute;n. As&iacute;, el mercado del arte y sus mecanismos de funcionamiento se mezclan con el af&aacute;n de prestigio, con el gusto &#151;que es hermano del deseo de distinguirse y de establecer jerarqu&iacute;as entre obras y artistas. En ese &aacute;mbito, discuten los saberes sobre el arte quienes realmente conocen, quienes tienen autoridad sobre el tema &#151;en un tiempo en que la cr&iacute;tica de arte, a pesar de las quejas de los artistas, ten&iacute;a vigor&#151;, quienes esgrimen conceptos para discutir y quienes tienen batallas que ganar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lector es invitado a desempe&ntilde;ar un papel dentro del texto. Los textos contempor&aacute;neos, a partir de las teor&iacute;as de la recepci&oacute;n (Iser y Jauss), incluyen al lector en el relato; lo interpelan en segunda persona e invitan con tono persuasivo y firme a recorrer el mapa intrincado que describe los sitios donde podr&aacute; recoger impresiones y conceptos, problemas y debates, e imaginar c&oacute;mo funcionan las ideas cuando se agregan a los datos. En el espacio de la p&aacute;gina, el lector discurre entre las palabras que se han transformado en im&aacute;genes; mientras las percibe, contin&uacute;a leyendo y su mente procesa y traduce lo le&iacute;do desde lo que ya sabe y lo nuevo que ha aprendido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ese proceso, quiz&aacute; involuntariamente, convocamos a varios invitados, que se instalan a tu lado y leen contigo para introducir la pausa de volver a repensar lo que has le&iacute;do.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ana Gardu&ntilde;o no escribe en segunda persona. Sin embargo, a lo largo de la lectura de su libro, en el ritmo de sus afirmaciones y negaciones, en el cierre de cada tema que da lugar a otros puntos de vista enunciados mas no conclusivos, en la claridad de su prosa que por momentos hace pensar que escribe como habla y que a veces logra cerrar la distancia entre narrador y lector, y en su monumental investigaci&oacute;n sobre el sujeto &#151;el hombre, el coleccionista, el escritor, el empresario, el periodista, el pol&iacute;tico sin cartera, el m&eacute;dico, el cr&iacute;tico de arte, el artista, el megal&oacute;mano, el hombre de mundo que pierde el adecuado horizonte de sus limitaciones&#151;, he tenido la sensaci&oacute;n de escuchar diversas voces sobre lo que parece un objeto de estudio acotado y que no obstante ello va m&aacute;s all&aacute; y, con pulcritud y astucia, abarca un centro: el car&aacute;cter p&uacute;blico y privado del coleccionismo en el M&eacute;xico de la modernizaci&oacute;n, entretejido con la estructura radial que la autora ha querido dar a su investigaci&oacute;n compuesta por cinco partes: el coleccionista Carrillo Gil, los artistas y las obras coleccionadas, la construcci&oacute;n de su identidad p&uacute;blica y las relaciones con el Estado mexicano que primordialmente se daban en t&eacute;rminos de pol&iacute;ticas culturales. Como corolario, la autora ubica a Carrillo Gil frente a otros coleccionistas que lo precedieron en M&eacute;xico y otros que fueron sus contempor&aacute;neos, con el fin de extender el tema y, sobre todo, de brindar al lector y al estudioso una perspectiva comparativa que permita contextualizar en forma amplia el objeto de estudio. Constituyen parte importante de la investigaci&oacute;n el aparato cr&iacute;tico y la bibliograf&iacute;a, as&iacute; como los ap&eacute;ndices que incluyen escritos del propio Carrillo Gil y un cat&aacute;logo de las obras de su colecci&oacute;n. En las abundantes notas que acompa&ntilde;an al texto &#151;quiz&aacute; m&aacute;s de 1500&#151;, se hace a&uacute;n m&aacute;s patente el car&aacute;cter exhaustivo del libro, la diversidad de sus fuentes y su condici&oacute;n de texto de consulta necesario para conocer el campo art&iacute;stico del M&eacute;xico del siglo XX. El volumen reci&eacute;n lanzado al p&uacute;blico, editado por la Coordinaci&oacute;n de Estudios de Posgrado de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, es producto de un concurso riguroso de tesis de doctorado, y mucho m&eacute;rito tienen &#151;como ya lo ha se&ntilde;alado su autora&#151; quienes dirigieron este trabajo, entre ellos Jorge Alberto Manrique, D&uacute;rdica S&eacute;gota e Ida Rodr&iacute;guez. Ser&iacute;a magn&iacute;fico, en una segunda edici&oacute;n, verlo con una antolog&iacute;a de im&aacute;genes de la extraordinaria colecci&oacute;n a que se refiere y, desde luego, incluso con algunas obras de la mano del propio Carrillo Gil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para volver a los cap&iacute;tulos del libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado, debo decir que &eacute;ste no revela del todo lo que encierra cada una de sus partes. Su narrativa &#151;la historia o historias que desarrolla&#151; podr&iacute;a satisfacer s&oacute;lo por el volumen francamente impresionante de la investigaci&oacute;n realizada en archivos y entrevistas, papeles de diversa &iacute;ndole, cartas, documentos oficiales e informales que arrojan una nueva mirada sobre el coleccionista de arte en su tiempo, el car&aacute;cter de las piezas que reun&iacute;a, el funcionamiento del mercado del arte en la &eacute;poca, los espacios de exhibici&oacute;n tanto comerciales como estatales y la intervenci&oacute;n del Estado en la vida cultural, sin descuidar los aspectos que conciernen a acad&eacute;micos, funcionarios, mafias culturales y cr&iacute;ticos de arte. Y, sin embargo, tambi&eacute;n hay mucho m&aacute;s: el detalle de cada problema planteado no como informaci&oacute;n, sino como recorrido redondo por todas las aristas del objeto de estudio y que regresa a &eacute;l con singular habilidad. Como fruto de un arduo trabajo, la autora puede bordar sobre un tema, ampliarlo y darle densidad en la medida en que nos conduce, a partir de un orden complejo, hacia nuevos datos en que se fundan nuevos argumentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alvar Carrillo Gil ha sido descrito por Ana Gardu&ntilde;o como un personaje que incita a la curiosidad y se vuelve imprescindible a lo largo de las m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas que componen el libro. La suya es una historia de superaci&oacute;n que seduce: por un lado, nace en una familia sin recursos del campo yucateco a finales del siglo XIX; logra estudiar medicina en tiempos de la posrevoluci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico y especializarse en Par&iacute;s; desarrolla su capacidad empresarial al fundar laboratorios de medicina pedi&aacute;trica y, con la fortuna amasada mediante ellos, se convierte en coleccionista de arte y en personaje p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; clase de coleccionista era y c&oacute;mo coleccionaba?, se pregunta la autora, y entramos en el reino de las diferencias ling&uuml;&iacute;sticas y de sentido entre coleccionar y ser mecenas, entre <i>amateur</i> y <i>connaisseur,</i> dos t&eacute;rminos muy empleados en el campo del coleccionismo; son palabras distintas pero complementarias y en apariencia aplicables a Carrillo Gil. Es por amor al arte y por la gran capacidad de observaci&oacute;n como se adquieren habilidades de experto en t&eacute;cnicas y estilos, firmas y detalles o huellas que deja el pintor que permiten saber de qu&eacute; mano procede una obra. Carrillo Gil se autoeduca en el arte y adquiere h&aacute;bitos culturales &#151;dice la autora&#151; a partir de sus viajes, que lo convierten poco a poco en alguien que no s&oacute;lo compra, sino que tambi&eacute;n conoce el arte mexicano, europeo y japon&eacute;s, y, en cuanto al primero, no &uacute;nicamente el moderno, sino tambi&eacute;n el prehisp&aacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;ala Gardu&ntilde;o, Carrillo Gil coleccionaba por bloques y entendi&oacute; la pertinencia de los conjuntos o series:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los diferentes conjuntos y subconjuntos de su colecci&oacute;n, Carrillo Gil form&oacute; numerosas series que no fueron estructuradas a partir de la cantidad o la repetici&oacute;n de piezas con alguna variante menor &#91;...&#93; sino por las complejas ligas que se pod&iacute;an establecer entre ellas.&#91;...&#93; En este sentido su colecci&oacute;n era una serie de series, un mapa heterodoxo donde coexist&iacute;an diferentes vocabularios, percibidos por Carrillo Gil como entrelazados entre s&iacute; &#91;...&#93; A lo largo de los a&ntilde;os &#151;contin&uacute;a Gardu&ntilde;o&#151; Carrillo Gil cambi&oacute; y recompuso las series, las renov&oacute; y las transform&oacute; a&ntilde;adiendo piezas novedosas as&iacute; como eliminando aquellas que consider&oacute; inadecuadas. No obstante, &eacute;l no modific&oacute; la ruta, cada nueva incorporaci&oacute;n confirm&oacute; la coherencia de sus adquisiciones anteriores, lo que fortaleci&oacute; los grupos y subgrupos de su colecci&oacute;n. No hab&iacute;a una manera &uacute;nica de ingresar a estos conjuntos, hab&iacute;a m&uacute;ltiples opciones, algunas de ellas tan sutiles y personales que s&oacute;lo el yucateco pod&iacute;a descifrarlas.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p> 	             <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un poco m&aacute;s adelante, la autora concluye:</font></p> 	             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carrillo Gil no pretendi&oacute; abarcar todo el arte mexicano de su tiempo, ni tener algo de cada uno de los artistas activos, porque entonces hubiera acumulado la obra de todos &#91;...&#93; sino s&oacute;lo lo que dialogara con el arte internacional &#91;...&#93; quer&iacute;a poseer las piezas representativas, las obras maestras.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; lo hizo primero con Orozco, de quien lleg&oacute; a tener m&aacute;s de 150 piezas; m&aacute;s tarde con Siqueiros, Tamayo, Gerzso, Cuevas y despu&eacute;s con una serie de grabados de Picasso y Braque, Jacques Callot y otros artistas m&aacute;s como el japon&eacute;s Kishio Murata.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de su relaci&oacute;n particular con cada uno de los artistas de los que adquir&iacute;a obras abre nuevas ventanas o pesta&ntilde;as en un laberinto de nuevas revelaciones de los artistas mexicanos frente a la esfera de circulaci&oacute;n de sus obras y al mercado presidido por factores diversos vinculados con el prestigio, la ideolog&iacute;a y el deseo de visibilidad y jerarqu&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El doctor Carrillo Gil, a quien la autora, para no repetir incesantemente su nombre, aunque quiz&aacute; tambi&eacute;n para se&ntilde;alar su esp&iacute;ritu independiente y su cosmopolitismo, llama "el yucateco", coleccionaba tambi&eacute;n arte maya, principalmente de Jaina, realizaba viajes a tierras yucatecas con sus buenos amigos Westheim y Siqueiros e intentaba convencer a Gerzso para que vinculara a&uacute;n m&aacute;s sus arquitecturas pict&oacute;ricas con el esp&iacute;ritu del Mayab.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto aqu&iacute; rese&ntilde;ado pone al descubierto, en el cuarto cap&iacute;tulo, dedicado a las relaciones entre el coleccionista y el Estado, la fragilidad de las pol&iacute;ticas culturales del Estado, sobre todo por su casi nulo programa de adquisiciones. Merced a un examen cuidadoso, siempre fundamentado, queda claro que fueron algunas asociaciones de amigos y galeristas, intelectuales y cr&iacute;ticos las que iniciaron actividades para despertar el conocimiento y el inter&eacute;s por el arte moderno bloqueado por el culto a la escuela mexicana que en ese tiempo era objeto de protecci&oacute;n oficial. Queda explicada con detalle la forma de operar de las asociaciones de arte moderno que financiaron importantes exposiciones de artistas modernos europeos. Carrillo Gil, siempre amigo de Siqueiros por alg&uacute;n flanco ideol&oacute;gico un tanto opaco, en los a&ntilde;os cincuenta era un convencido de que el tiempo de la escuela mexicana hab&iacute;a pasado y se propon&iacute;a continuar practicando el periodismo y la cr&iacute;tica de arte, y, por medio de su propia pintura, seguir el camino de la abstracci&oacute;n. Con el tiempo, hacia la &uacute;ltima d&eacute;cada de su vida, suscitar&aacute; las sospechas de algunos al cruzar los l&iacute;mites de su car&aacute;cter de coleccionista y pretender desempe&ntilde;ar todos los papeles del campo cultural: cr&iacute;tico, pintor y promotor de su propia obra. Para ello aprovech&oacute; su prestigio y sus relaciones, y con su nueva personalidad, la de artista, desat&oacute; un debate no porque se dedicara a la pintura y al <i>collage,</i> ni porque usara materiales inusuales y aspirara a relacionar sus conocimientos cient&iacute;ficos &#151;en especial la perspectiva que brinda el microscopio&#151; en su quehacer como artista, sino por la promoci&oacute;n de su propia obra, en que hizo intervenir a personalidades del mundo de los museos, las exposiciones y la cr&iacute;tica como Fernando Gamboa, Octavio Paz y Paul Westheim, quienes consideraban su obra interesante y novedosa, aunque dejaran claro, sobre todo Paz, que la cualidad fundamental de Carrillo Gil era su amor por el arte o su condici&oacute;n de <i>amateur</i> de la pintura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El coleccionista yucateco, al cumplir los diversos papeles que corresponden al campo del arte, no era ni m&aacute;s ni menos que un arquetipo social nacido con la modernidad o ese momento de la historia de Occidente en que el arte surge con un nombre propio. Es en el siglo XVIII cuando ese arte con nombre propio habr&aacute; de regular la pr&aacute;ctica est&eacute;tica de artistas, amantes del arte y cr&iacute;ticos, y habr&aacute; de convertirse en un espacio de espiritualidad secular que pasar&iacute;a a formar parte de la institucionalidad de los museos. En los escritos de Roger de Piles y del abate Dubos, seg&uacute;n Thierry de Duve, se form&oacute; la noci&oacute;n de gusto y el derecho de los <i>amateurs</i> a manifestar su juicio con base en su propia subjetividad. Sin embargo, los distintos papeles de amante del arte, cr&iacute;tico y te&oacute;rico del arte s&oacute;lo pueden asumirse en forma sucesiva, es decir, no se puede ser cr&iacute;tico sin antes haber sido amante del arte y es dif&iacute;cil ser cr&iacute;tico sin pasar por el proceso del juicio. A este orden, que De Duve juzga propio de la modernidad, Carrillo Gil parece agregar el papel de te&oacute;rico&#45;pr&aacute;ctico que hace arte para propiciar una discusi&oacute;n interna sobre el paso de la figuraci&oacute;n a lo abstracto capaz de escindir el arte de la primera mitad del siglo XX y suscitar un gran debate en los c&iacute;rculos de los nuevos artistas mexicanos. La obra de Carrillo Gil interesa por la cultura visual que &eacute;l fue adquiriendo en sus recorridos por el mundo, por su buen ojo para entender los cambios de significado y t&eacute;cnica y, fundamentalmente, por hacer notar que los tiempos de la escuela mexicana, algunos de cuyos ejemplos forman el coraz&oacute;n fuerte de su colecci&oacute;n, hab&iacute;an pasado. &Eacute;l quer&iacute;a seguir en la pr&aacute;ctica pict&oacute;rica los debates de la abstracci&oacute;n, mostrar su actualidad y exhibir los conocimientos completos que hab&iacute;a reunido justamente al adoptar en forma lineal las cualidades m&uacute;ltiples de un amante del arte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carrillo Gil es el objeto de estudio del libro de Gardu&ntilde;o, el elemento que recompone el todo y determina la forma de escritura, el estilo, la huella a seguir en un tema de &iacute;ndole sociol&oacute;gica que abarca desde afuera y ronda el arte. La autora logra en diversas ocasiones invertir esta relaci&oacute;n para poner en un mismo nivel lo subjetivo, y no en t&eacute;rminos biogr&aacute;ficos, sino en el sentido de pulsiones, deseos, delirios, compulsiones y obsesiones entrecruzadas con la ambici&oacute;n de poder que se manifiesta como intervenci&oacute;n en una vida cultural donde se intercambian influencias y favores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho de otra manera, Gardu&ntilde;o nos introduce en el r&iacute;o de un relato referente al personaje y sus distintas habilidades, profesiones, pr&aacute;cticas y empresas, aunque tambi&eacute;n formula planteamientos y hace preguntas sobre las escrituras de la historia del arte en M&eacute;xico y la omisi&oacute;n, en muchas de ellas, de las relaciones entre espacios de exhibici&oacute;n, funcionamiento del mercado del arte, insuficiencia de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en el campo cultural y cr&iacute;tica del arte como factor del tejido de los factores sociol&oacute;gicos e institucionales que ocupa un lugar importante en su investigaci&oacute;n. La autora nos acerca, pues, al proceder de Carrillo Gil, a su forma de escribir, sus razonamientos, su arbitrariedad, su actitud eventualmente mentirosa ante el arte y los artistas, ya causada por razones ideol&oacute;gicas, amistad, compasi&oacute;n, simpat&iacute;a o inter&eacute;s, costumbre, moda, posici&oacute;n en la red de relaciones o partido tomado por una u otra tendencia art&iacute;stica en un contexto en que unos protegen a otros, como fue frecuente en el arte moderno de posguerra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&iacute; este enorme libro con curiosidad y con la sensaci&oacute;n de que estaba aprendiendo y procesando la vida y los milagros de Carrillo Gil, quien, nacido en circunstancias de pobreza y precariedad, escal&oacute; su monta&ntilde;a y plant&oacute; no un &aacute;rbol sino muchos en su casa de Tizap&aacute;n, donde se aficion&oacute; a los bonsai con el mismo af&aacute;n con que coleccion&oacute; pinturas y dibujos. Tambi&eacute;n entend&iacute; la formaci&oacute;n de colecciones privadas en el tiempo que va de Miguel Alem&aacute;n a Adolfo L&oacute;pez Mateos. Los sexenios en esta investigaci&oacute;n &#151;viejo vicio historiogr&aacute;fico ciento por ciento mexicano que aqu&iacute; no tiene tanta importancia&#151; son significativos en la medida en que constituyen la etapa de institucionalizaci&oacute;n m&aacute;s acotada de la vida cultural a trav&eacute;s del INBA, fundamentada en tiempos de prosperidad econ&oacute;mica y en el surgimiento de nuevas clases sociales no s&oacute;lo de empresarios, sino tambi&eacute;n de intelectuales y profesionales que impulsaron la circulaci&oacute;n del valor de las obras por medio de textos y propiciaron la exhibici&oacute;n de ellas en forma m&aacute;s diversificada, lo que muestra el crecimiento y la duplicaci&oacute;n de los espacios y la entrada en escena de diversos actores sociales como <i>marchands,</i> galeristas y, desde luego, coleccionistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo al t&iacute;tulo, el que est&aacute; en primer lugar, pero en letras peque&ntilde;as, nos introduce a las redes que influyen en el coleccionismo exitoso, en este caso el de un personaje que aspira &#151;y a su manera la consigue&#151; a la autosuficiencia en diversas habilidades: un mismo hombre colecciona, escribe y pinta, negocia con el Estado, debate con los artistas y compite con poetas, acad&eacute;micos y cr&iacute;ticos de arte. Adem&aacute;s, cuenta con estrategias para legitimar su colecci&oacute;n y su propia pintura, como la de darle notoriedad a estas &uacute;ltimas a partir de la fama que le confiere el tener un ojo excepcional. Carrillo sent&iacute;a gran confianza en s&iacute; mismo y enorme &aacute;nimo para debatir y defender su convicci&oacute;n de que para estar en el arte se precisa no s&oacute;lo el ojo, sino tambi&eacute;n la comprensi&oacute;n de los mecanismos que rodean la actividad y del campo cultural en que se inscribe, ya mencionado aqu&iacute; varias veces y en cierto modo descrito en forma encapsulada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos concluir que elegir un objeto de estudio adecuadamente es como tener un buen ojo para el arte. Ana Gardu&ntilde;o supo escoger un tema que la llevar&iacute;a de lo particular y lo privado a la esfera de lo p&uacute;blico y a una mirada cr&iacute;tica sobre las instituciones; del sujeto al entretejido del mundo del arte como un complejo sistema de conexiones congruente con una historia social del arte que desentra&ntilde;a categor&iacute;as sociol&oacute;gicas, pero que tambi&eacute;n deja lugar para el sujeto que no s&oacute;lo se conforma con el <i>habitus,</i> pues ambiciona tipos particulares de poder donde cabe la trama de ser y de tener.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro rese&ntilde;ado es un ejemplo del poder de la investigaci&oacute;n no como control o imposici&oacute;n de pr&aacute;cticas discursivas, sino como medio para formar una ancha base que habr&aacute; de servir de consulta obligada y de contribuir con seriedad a la renovaci&oacute;n de los estudios de arte en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Ana Gardu&ntilde;o, <i>El poder del coleccionismo de arte: Alvar Carrillo Gil,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Coordinaci&oacute;n de Estudios de Posgrado, 2009, p. 47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793487&pid=S0185-1276201000010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;<i>Ibidem,</i> p. 51.</font></p>      ]]></body><back>
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