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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ignacio Berbén, un pintor del Reino de la Nueva Galicia: Siglo XVIII]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Ignacio Berb&eacute;n, un pintor del Reino de la Nueva Galicia. Siglo XVIII,</i> Maricela Valverde Ram&iacute;rez</b></font></p>          <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Ruiz Gomar</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Zapopan, Jalisco, Amateditorial, 2009</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre ser&aacute; una grata tarea dar a conocer a los interesados en nuestro arte virreinal la publicaci&oacute;n de un nuevo libro, y m&aacute;s cuando, como en esta ocasi&oacute;n, se trata del fruto de una aventura intelectual nacida como un proyecto de superaci&oacute;n acad&eacute;mica en la Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas, y todav&iacute;a mejor cuando viene a sacar de las sombras a un artista olvidado y a expandir el horizonte geogr&aacute;fico habitual, pues no se ocupa de un art&iacute;fice que haya estado activo en la ciudad de M&eacute;xico, como ha ocurrido las m&aacute;s de las veces.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Decir algo de los antecedentes de la autora del estudio ayudar&aacute; a aquilatar mejor el esfuerzo invertido en la publicaci&oacute;n de este libro. Maricela Valverde fue la primera mujer en el referido estado de Zacatecas que, venciendo la incomprensi&oacute;n generalizada, se atrevi&oacute; a incursionar en el campo &#151;hasta entonces exclusivamente masculino&#151; de la ingenier&iacute;a en minas. A esta pasi&oacute;n se vino a sumar, poco despu&eacute;s y de manera inesperada, otra, relacionada con un mundo diferente pero igualmente seductor: el de la historia del arte. Tampoco le fue f&aacute;cil dar cauce a la decidida atracci&oacute;n que le produc&iacute;an las expresiones de arte producidas durante el periodo virreinal, principalmente pinturas, que a cada paso descubr&iacute;a en su ciudad. S&oacute;lo despu&eacute;s de vencer nuevas resistencias, pudo estudiar la rica colecci&oacute;n de lienzos &#151;la mayor&iacute;a de ellos del periodo colonial&#151; que hab&iacute;a logrado reunir el presb&iacute;tero Jos&eacute; Campos Mota en el santuario de la Virgen de Guadalupe, y alcanzar su grado de Maestr&iacute;a en Filosof&iacute;a e Historia de las Ideas, en su querida universidad de Zacatecas. Una vez que comenz&oacute; a degustar las deliciosas aunque no siempre bien apreciadas viandas del arte virreinal que la generosa capital de su estado le ofrec&iacute;a, ya no pudo parar. Fue as&iacute; como, a la hora de formular el proyecto acad&eacute;mico que deb&iacute;a trabajar para alcanzar su grado como doctora en Historia del Arte, decidi&oacute; conocer m&aacute;s sobre Ignacio Berben, un pintor al parecer local, que le inquietaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo empez&oacute; cuando Maricela Valverde, tras el encuentro fortuito de la firma de Berben, tuvo la perspicacia y el buen ojo para reconocer su pincel en las dos series de pinturas &#151;con pasajes de la vida de san Francisco de As&iacute;s y de la Pasi&oacute;n de Cristo&#151; que decoran, desde mediados del siglo XVIII, los claustros del Colegio de Propaganda fide en Guadalupe, Zacatecas, poniendo fin a la confusi&oacute;n que reinaba respecto a la autor&iacute;a de dichas series. Una vez familiarizada con el lenguaje pict&oacute;rico que empleaba Berben, no le fue dif&iacute;cil advertir como suyos tambi&eacute;n los cuadros que ornan los muros del coro del mismo inmueble. Con el fin de conocer mejor a dicho pintor, quiso probar fortuna en los archivos en busca de m&aacute;s informaci&oacute;n y tuvo la fortuna de desenterrar algunas noticias suyas de los viejos legajos. Del mismo modo, y con objeto de reunir el resto de su producci&oacute;n, tuvo que encaminar sus pasos a San Juan de los Lagos y a otras iglesias del actual estado de Jalisco, donde hab&iacute;a m&aacute;s cuadros del autor, e, incluso, al Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotl&aacute;n (Estado de M&eacute;xico), donde se guarda un retrato ejecutado por &eacute;l. El esfuerzo realizado por Valverde para recopilar materiales, estudiar cada obra, cotejar rasgos y ahondar en aspectos que resultaban interesantes ha cristalizado, precisamente, en el libro que nos ocupa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora ha organizado su estudio en cuatro cap&iacute;tulos. Consagra el primero a ubicar al pintor en su &aacute;mbito de trabajo ("Ignacio Berben y la pintura en la Nueva Galicia"). El segundo ("Las obras") lo dedica a estudiar cada uno de los cuadros de las dos series mencionadas y a pasar revista del resto de su producci&oacute;n; en este cap&iacute;tulo abre un apartado para comparar las dos series de Guadalupe, Zacatecas, con las que de tem&aacute;tica similar y hechas por otros artistas novohispanos hay en diversos sitios. Como no pod&iacute;a evitar hablar de las caracter&iacute;sticas de su pintura, dedica el cap&iacute;tulo III ("Forma, t&eacute;cnica y estilo") a analizar el lenguaje pl&aacute;stico de Berben. Aqu&iacute; se detiene a estudiar el tipo de dibujo y color que empleaba; a examinar la construcci&oacute;n de los espacios y la disposici&oacute;n de los personajes en las obras; a analizar el manejo de las expresiones en rostros, pies y manos; a indagar sobre las soluciones empleadas para sugerir el drapeado de los pa&ntilde;os o los juegos de luces y sombras y, finalmente, a hablar sobre la inclusi&oacute;n de paisajes y animales en los fondos, y, en varios casos, de &aacute;ngeles y demonios. No podemos dejar de recordar que para representar a estos &uacute;ltimos, como bien observa la autora, Berben recurri&oacute; tanto a modelos fant&aacute;sticos procedentes de fuentes grabadas como a otros de su propia imaginaci&oacute;n. Ahora bien, pese a que reconocemos el esfuerzo realizado por la autora, es mucho lo que todav&iacute;a debe trabajar en este cap&iacute;tulo, pues no s&oacute;lo habr&iacute;a de ampliar, matizar o precisar algunas de sus observaciones, sino tambi&eacute;n intentar una lectura m&aacute;s cuidadosa de varios de esos importantes rubros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cuarto cap&iacute;tulo, sin duda uno de los mejor armados y m&aacute;s sugerentes de su trabajo, Valverde nos introduce en un tema hasta hace poco descuidado: el de los clientes ("Ignacio Berben y sus comitentes"). De esta manera se suma a la tendencia que de un tiempo a la fecha ha surgido en este tipo de estudios a prestar atenci&oacute;n a las personas e instituciones que buscaban darse a conocer y consolidar su prestigio y poder mediante el patrocinio de obras de arte. Atinadamente, la autora se&ntilde;ala que los personajes que costearon las obras realizadas por Berben conforman un grupo bastante m&aacute;s heterog&eacute;neo de lo que se pensaba, pues encuentran cabida en &eacute;l hombres y mujeres, civiles y eclesi&aacute;sticos, funcionarios, mineros y ricos comerciantes. Muy revelador result&oacute; su hallazgo de que dichos donantes pertenec&iacute;an principalmente a tres n&uacute;cleos geogr&aacute;ficos con caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas propias: el de la misma ciudad de Zacatecas, el de San Miguel el Grande (hoy de Allende) y el de Durango. Evidentemente, las noticias que proporciona de cada uno de los personajes o de los grupos a los que pertenec&iacute;an y de las actividades a que se dedicaban, as&iacute; como de las ligas o relaciones que se fueron tejiendo entre ellos, significan un positivo avance; pero es tal la riqueza y complejidad que reviste este entramado de intereses econ&oacute;micos, sociales y religiosos, que ser&iacute;a recomendable seguir explorando y avanzando por las l&iacute;neas de investigaci&oacute;n que Valverde deja trazadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio se completa con unas conclusiones, cuatro anexos y las obligadas referencias tanto documentales como bibliogr&aacute;ficas que sirvieron de base a la autora a lo largo de todo el trabajo, apartados que en buena medida delatan su condici&oacute;n original de trabajo doctoral, pero que igualmente se agradecen, porque resultan &uacute;tiles y valiosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos felicitarnos, pues, por contar con el estudio monogr&aacute;fico de uno m&aacute;s de los muchos art&iacute;fices que destacaron en el mundo de las artes de la Nueva Espa&ntilde;a, en el que falta tanto por hacer. Como a muchos este logro podr&aacute; parecerles de poca monta, quisiera recordar que es todav&iacute;a muy reducido el n&uacute;mero de los pintores que florecieron en el periodo virreinal ya estudiado. Con el presente trabajo, el nombre de Ignacio Berben se suma a los de Baltasar de Echave Orio y Echave Ib&iacute;a, los Lagarto, Luis y Jos&eacute; Ju&aacute;rez, Sebasti&aacute;n L&oacute;pez de Arteaga, Juan Tinoco, Diego de Borgraf, Juan Correa, Crist&oacute;bal de Villalpando, Jos&eacute; de Ibarra, Miguel Cabrera, Gabriel de Ovalle y Andr&eacute;s L&oacute;pez, por recordar a los m&aacute;s importantes y respecto a los cuales, insisto, ya hay alg&uacute;n tipo de estudio. Pero se aquilata mejor lo que este trabajo significa si planteamos la situaci&oacute;n a la inversa: gracias, precisamente, a &eacute;l, Berben se ha adelantado a muchos otros art&iacute;fices que a&uacute;n permanecen en espera de una buena investigaci&oacute;n, entre los que figuran algunos tan destacados como Sim&oacute;n Pereyns, Andr&eacute;s de Concha, Juan S&aacute;nchez Salmer&oacute;n, Nicol&aacute;s y Juan Rodr&iacute;guez Ju&aacute;rez, Juan y Miguel Gonz&aacute;lez, los Arellano, Antonio de Torres, Francisco Mart&iacute;nez, Nicol&aacute;s y Antonio Enr&iacute;quez, Jos&eacute; de P&aacute;ez, Juan Patricio Morlete Ruiz, Francisco Antonio Vallejo y Jos&eacute; de Alc&iacute;bar. Pero aunado a esto hay otro aspecto sobre el que me parece necesario llamar la atenci&oacute;n: salvo tres &#151;Juan Tinoco y Diego de Borgraf, que trabajaron en la ciudad de Puebla, y Gabriel de Ovalle, que lo hizo en la misma Zacatecas&#151;, el resto de los pintores que ya cuentan con alg&uacute;n tipo de estudio desarrollaron su actividad principalmente en la capital del virreinato. Esto corrobora que el centralismo prevaleciente en la historia de nuestro pa&iacute;s se extiende tambi&eacute;n sobre los estudios de su patrimonio art&iacute;stico y cultural, terrible desigualdad se&ntilde;alada por don Manuel Toussaint, el gran estudioso de nuestra pintura colonial, desde hace casi 80 a&ntilde;os que &#151;es triste reconocerlo&#151; no hemos podido contrarrestar. Por eso no exagero al considerar que la principal virtud y contribuci&oacute;n del libro sobre Berben es la de abrir las ventanas para ventilar el enrarecido aire &#151;por poco trabajado&#151; correspondiente a la producci&oacute;n pict&oacute;rica realizada en los diferentes rumbos y rincones de nuestro pa&iacute;s. El libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado se inserta, pues, en ese esfuerzo que entre todos debemos llevar a cabo para comenzar a paliar la enorme carencia de estudios sobre los muchos e importantes art&iacute;fices que trabajaron a todo lo largo y ancho del amplio territorio de la Nueva Espa&ntilde;a, y as&iacute; intentar revertir ese centralismo tan absurdo como injusto y que a todos debe incomodar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, si ya es motivo de satisfacci&oacute;n el contar con un nuevo estudio que arroja justa luz sobre un artista del que casi nada se sab&iacute;a, el benepl&aacute;cito es mayor cuando nos percatamos de que ese oscuro art&iacute;fice se revela ahora como un agente de gran importancia en el desarrollo del quehacer pict&oacute;rico en la Nueva Galicia. Se trata, pues, de una muy encomiable contribuci&oacute;n que rescata e ilumina la trayectoria de Ignacio Berben &#151;quien, sin ser un total desconocido, hab&iacute;a permanecido pr&aacute;cticamente en la penumbra por poco m&aacute;s de 200 a&ntilde;os&#151;, y enriquece tambi&eacute;n el panorama de las artes practicadas en la Nueva Espa&ntilde;a del siglo XVIII y, m&aacute;s en particular, de las que se produjeron tanto en Zacatecas como en la Nueva Galicia de entonces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consciente de que las altas miras del estudio aqu&iacute; comentado rebasan el mero inter&eacute;s local o regional, do&ntilde;a Amalia Garc&iacute;a, gobernadora del estado de Zacatecas, escribi&oacute; en la presentaci&oacute;n del libro que ahora disfrutamos que, si bien podemos entenderlo como una amable invitaci&oacute;n "para admirar la producci&oacute;n art&iacute;stica de un incomprendido creador", es, asimismo, "una valiosa contribuci&oacute;n a la historia del arte de <i>nuestro pa&iacute;s,</i> espec&iacute;ficamente a una parte significativa de la pintura del siglo XVIII".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin faltar, pues, a la verdad, se podr&iacute;a decir que este nuevo libro nos entrega el estudio de un modesto pintor provinciano que trabaj&oacute; hacia la segunda mitad del siglo XVIII en la regi&oacute;n de la Nueva Galicia; pero, tal como hemos visto, es m&aacute;s que simplemente eso.</font></p>      ]]></body>

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