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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Lorenzo de la Hidalga: Proyecto de penitenciaría (1848-1850)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Lorenzo de la Hidalga. Proyecto de penitenciar&iacute;a (1848&#45;1850)</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elisa Garc&iacute;a Barrag&aacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1848, la Junta Directiva de C&aacute;rceles de la ciudad de M&eacute;xico solicit&oacute; a Lorenzo de la Hidalga un proyecto para edificar una penitenciar&iacute;a en esa capital. La novedosa propuesta del arquitecto espa&ntilde;ol no se hizo esperar y en la "Advertencia" con que da inicio a su respuesta comenta que tratar&aacute; de llevar a cabo un "pan&oacute;ptico", es decir, un edificio ce&ntilde;ido a la norma circular, construcci&oacute;n que, al decir de De la Hidalga, segu&iacute;a o estaba "arreglado al sistema conocido con el nombre Pensilvania". Ese plan fue aprobado por la Junta mencionada y el autor declar&oacute;, en la explicaci&oacute;n de su programa, que tratar&iacute;a de realizar una "comparaci&oacute;n de las diferentes combinaciones arquitect&oacute;nicas ejecutadas y proyectadas hasta hoy":</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al litografiar los planos del Paralelo de las penitenciar&iacute;as aprobado por la Junta directiva de C&aacute;rceles, pareci&oacute; conveniente que la noticia esplicativa fuese acompa&ntilde;ada de una breve comparaci&oacute;n entre el sistema de Auburn y el de Pensilvania, aprovechando los datos que suministran las diferentes discusiones promovidas entre los partidarios de ambos y que resulta de los informes de personas imparciales que han visitado aquellos establecimientos.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor del nuevo proyecto refiere los beneficios y desventajas de tan novedosas c&aacute;rceles, y afirma el car&aacute;cter id&oacute;neo de su prop&oacute;sito. En la introducci&oacute;n antepone el aspecto humano y el respeto a los derechos de los presos frente a las excelencias de tan novedosa arquitectura. Lorenzo de la Hidalga publica en 1850 un documento con el puntual recorrido por los pan&oacute;pticos m&aacute;s c&eacute;lebres tanto de Inglaterra como de Estados Unidos, titulado <i>Paralelo y proyecto de penitenciar&iacute;a</i>.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las diversas ocasiones en que me he aproximado a la obra de este arquitecto, &uacute;nicamente me refer&iacute; a la encomienda de construir la c&aacute;rcel mencionada y al modo en que tal proyecto se frustr&oacute;, probablemente debido al cambio de autoridades en la ciudad. Sin embargo, en 1994, en mi art&iacute;culo titulado "El Palacio de Lecumberri y su contexto arquitect&oacute;nico", al encontrar el <i>Paralelo y proyecto de penitenciar&iacute;a</i> junto con algunas ilustraciones de pan&oacute;pticos importantes, e incluso algo de lo ideado al respecto por Lorenzo de la Hidalga, decid&iacute; incorporar a ese trabajo tan importante escrito.<a id="footnote&#45;110709&#45;1&#45;backlink" href="#footnote&#45;110709&#45;1">1</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;os despu&eacute;s descubr&iacute;, en la Mapoteca Manuel Orozco y Berra,<a id="footnote&#45;110709&#45;2&#45;backlink" href="#footnote&#45;110709&#45;2">2</a> el texto &iacute;ntegro de Lorenzo de la Hidalga editado por la imprenta litogr&aacute;fica y tipogr&aacute;fica de Ignacio Cumplido con el t&iacute;tulo <i>Paralelo y proyecto de penitenciar&iacute;a por Lorenzo de la Hidalga. Aprobado por la Junta de C&aacute;rceles</i>, <i>M&eacute;xico</i> 1850, escrito y preciosamente ilustrado con los dibujos elaborados por el arquitecto mismo. Hoy, el Palacio de Lecumberri, donde se encuentra el Archivo General de la Naci&oacute;n, pasa a ser de nuevo un tema de inter&eacute;s, ya que se pretende trasladar ese repositorio a alg&uacute;n otro espacio, y considero importante devolver a la luz lo ideado por De la Hidalga, con los dibujos casi desconocidos que prepar&oacute; para ilustrar su texto y que fueron litografiados por Casimiro Castro, Ignacio Cumplido y E. Riviere, y en empresas litogr&aacute;ficas importantes como la de Deca&eacute;n, ya que de alguna manera se advierte cierta influencia del arquitecto espa&ntilde;ol en el Palacio de Lecumberri, dise&ntilde;ado en 1896 por Antonio Torres Torija, de acuerdo con el acomodo pan&oacute;ptico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Advertencia</i></b></font></p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al litografiar los planos del Paralelo de las penitenciar&iacute;as aprobado por la Junta Directiva de C&aacute;rceles, pareci&oacute; conveniente que la noticia esplicativa fuese acompa&ntilde;ada de una breve comparaci&oacute;n entre el sistema de Auburn y el de Pensilvania, aprovechando los datos que suministran las diferentes discusiones promovidas entre los partidarios de ambos y lo que resulta de los informes de personas imparciales que han visitado aquellos establecimientos. Esta comparaci&oacute;n podr&aacute; ser muy &uacute;til para aquellos lugares de los Estados que tratan de establecer sus penitenciar&iacute;as, porque obrar&aacute;n con m&aacute;s conocimiento al escojer el sistema que ha de seguirse en la construcci&oacute;n de los nuevos edificios.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema de Pensilvania es hoy un t&eacute;rmino medio entre lo que este fu&eacute; en su or&iacute;gen y lo que es ahora el de Auburn. En un principio era estremoso en su aplicacion, como lo son todos los sistemas nuevos, adoptados con el fanatismo de sus inventores: mas adelante, reconociendo las terribles consecuencias que producian sus ecsagerados principios en los infelices que sufrian su aplicaci&oacute;n, se hicieron algunas reformas; &uacute;ltimamente, hoy es el de mas general aplicacion, y para probar esta preferencia har&eacute; brevemente la comparacion entre ambos sistemas, segun el grado de perfeccion &aacute; que cada uno ha llegado por los esfuerzos de sus partidarios.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema celular absoluto fu&eacute; en su origen tan cruelmente riguroso, que los desgraciados conducidos &aacute; las celdas de dichos establecimientos sufr&iacute;an los primeros d&iacute;as accesos horribles de desesperacion y ped&iacute;an la muerte como un favor; despues descendian por grados &aacute; un abatimiento de esp&iacute;ritu que en la mayor parte se convertia en insensatez y locura: los que resistian todo el tiempo de su condena, salian d&eacute;biles, y sin experimentar reforma f&iacute;sica ni moral. Consistia lo absurdo de este sistema en no salir los encarcelados para nada de sus celdas; no se les permitia ocupacion ni trabajo aunque lo solicitaran, y aun los alimentos los recibian por un postigo de la puerta. Los consejos de los capellanes encargados de la reforma religiosa eran en la mayor parte el &uacute;nico b&aacute;lsamo que sosten&iacute;a sus esperanzas para sobrevivir al rigor de aquel trato, y hasta les parec&iacute;a un grande alivio el poder dirigir algunas palabras a su carcelero. A fuerza de presenciar infinitos ejemplos desgraciados, se idearon y pusieron en pr&aacute;ctica sucesivamente varias reformas, hasta el grado de perfeccion en que se encuentran hoy dichos establecimientos, en los que ya es raro el caso que se presenta de la misma clase de los que las motivaron. Hoy se permite &aacute; los presos el salir, aunque aisladamente, en ciertos d&iacute;as de la semana, &aacute; unos prados y jardines, en los que respiran el aire puro y contemplan el cielo y la naturaleza; tienen horas de pl&aacute;ticas con los capellanes del establecimiento; los carceleros pueden contestar &aacute; las preguntas que se les dirijan, y de consiguiente tienen noticias del estado de sus familias; se les permite trabajar, cada uno en el ramo &uacute; oficio que posee, cuya privacion era una de las mas crueles que ecsistian antes, segun lo ha demostrado la esperiencia; y finalmente pueden leer libros de moral y religion en las horas de descanso. Con pocas variaciones, este es el m&eacute;todo que hoy se sigue en los establecimientos del sistema celular absoluto, y sus resultados, tanto en la parte f&iacute;sica como en la moral, son muy satisfactorios.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema de Auburn, &oacute; celular de noche, y trabajo en comun de dia, ha sufrido pocas reformas; bien que la diferencia con el antiguo es muy corta. Consiste en la separacion de dormitorios durante la noche, y de dia se apoya esencialmente en una disciplina rigurosa de silencio absoluto durante el trabajo en comun en grandes talleres, construidos con varias precauciones para conseguir la vigilancia inmediata, sin que puedan ver los presos &aacute; los carceleros. Este sistema, desde luego se concibe que est&aacute; espuesto &aacute; los principales inconvenientes del antiguo, porque el silencio absoluto es imposible, por mas precauciones que se tomen, y sus buenos &oacute; malos resultados dependen esencialmente de la direccion, como lo ha acreditado la esperiencia. En unos establecimientos los directores, muy celosos en el desempe&ntilde;o de sus deberes, y al mismo tiempo fan&aacute;ticos por el sistema, han conseguido mantener el &oacute;rden, y han obtenido algunos casos de reformas morales, mientras que en otros, bajo el mismo r&eacute;gimen, con directores menos eficaces, han resultado los mismos inconvenientes que en el antiguo. La esperiencia ha demostrado tambien que los casos de reincidencia son mas numerosos en este sistema que en el de Pensilvania, lo que se esplica f&aacute;cilmente. En este &uacute;ltimo, los encarcelados no se pueden conocer aunque est&eacute;n muchos a&ntilde;os en celdas contiguas: cuando vuelven &aacute; la sociedad no se encuentran con personas que han sido testigos de su humillante castigo, y pueden por lo mismo abrazar un g&eacute;nero de vida laboriosa, con solo variar de residencia, para evitar la mortificacion constante de ser mirados como criminales, mientras que los que salen de los establecimientos del sistema de Auburn se conocen entre s&iacute;, y el mas audaz compromete al que efectivamente haya reformado sus costumbres por los consejos religiosos y el h&aacute;bito del trabajo, adquirido durante el tiempo de su condena: provocado &eacute;ste por un delincuente contumaz, su antiguo compa&ntilde;ero, acaba por ser tambien c&oacute;mplice en nuevos cr&iacute;menes. Esto se ha comprobado con varias sumarias &oacute; causas de reincidencia.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al dar yo la preferencia al sistema de Pensilvania, recomendado tambien &aacute; la Junta Directiva de C&aacute;rceles por el finado Sr. Otero, debo advertir que el empe&ntilde;o de perfeccionarlo ocasion&oacute; otro mal, tan grave acaso como el primitivo. Algunos fan&aacute;ticos por &eacute;l han propuesto la reforma de tal modo, que las comodidades que proporcionaba &aacute; los encarcelados podian llegar &aacute; ser envidiadas por los individuos de cierta clase de la sociedad, cuya vida era tan miserable, que acaso se resolverian &aacute; cometer un cr&iacute;men y perder su libertad por verse libres del hambre y desnudez que sufrian en sus casas, entrando &aacute; una prision donde hallaban c&oacute;modo alojamiento y comida sana y abundante. Por consiguiente, llevadas las reformas &aacute; este estremo, es evidente que se llegaba &aacute; un resultado enteramente opuesto al que se buscaba, y la prudencia ecsigia que se evitase el caer en este nuevo escollo.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f2.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f4.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f5.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6l1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f6.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6l2.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f7.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f8.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f9.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v31n95/a6f10.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;110709&#45;1" href="#footnote&#45;110709&#45;1&#45;backlink">1</a>. Este art&iacute;culo apareci&oacute; en Patricia Galeana (comp.), <i>Lecumberri. Un palacio lleno de historia</i>, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n&#45;Archivo General de la Naci&oacute;n, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787747&pid=S0185-1276200900020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote&#45;110709&#45;2" href="#footnote&#45;110709&#45;2&#45;backlink">2</a>. Agradezco a las autoridades de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, Servicio de Informaci&oacute;n Estad&iacute;stica, Agroalimentaria y Pesquera (Sagarpa), su anuencia para publicar este material.</font></p>     ]]></body><back>
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