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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>The Great Gallery of Sculpture.</i></b> <b>Thierry Dufr&ecirc;ne.</b> <b>David Radzinowicz (trad.)</b></font></p>  	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font><font face="verdana" size="2"><b>por</b> <b>Patricia D&iacute;az Cayeros</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Par&iacute;s, &Eacute;ditions du Centre Pompidou/Mus&eacute;e du Louvre &Eacute;ditions/Mus&eacute;e d'Orsay, 2005</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concebido como una caminata al interior de un museo imaginario, <i>The Great Gallery of Sculpture</i> de Thierry Dufr&ecirc;ne presenta una aproximaci&oacute;n hacia la escultura poco convencional. A partir de las colecciones que posee el Louvre, el Museo de Orsay y el Centro Georges Pompidou, el autor propone audaces conexiones entre obras escult&oacute;ricas originadas en contextos culturales del todo distintos y, desde sus semejanzas y diferencias, cuestiona las posibilidades y l&iacute;mites del arte escult&oacute;rico. Para entender el tipo de ejercicio formal y conceptual que Dufr&ecirc;ne se ha propuesto hacer cada vez que se da la vuelta a las p&aacute;ginas de su libro vale la pena recordar la vocaci&oacute;n de estos tres museos parisinos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia del Museo del Louvre, en donde se conservan tanto obras de la antig&uuml;edad como medievales, renacentistas o modernas, el Museo de Orsay alberga el arte de los movimientos art&iacute;sticos que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX, es decir, de 1848 a los inicios del cubismo. De este modo, su apertura en 1986 &#151;al interior de una estaci&oacute;n de tren de principios del siglo pasado&#151; proporcion&oacute; una transici&oacute;n entre las colecciones del Louvre (del cual incorpor&oacute; las obras de artistas nacidos entre 1820 y 1870) y las del Museo Nacional de Arte Moderno, mejor conocido como Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou. Este &uacute;ltimo recinto surgi&oacute; de la iniciativa del presidente Pompidou de crear una instituci&oacute;n cultural interdisciplinaria totalmente consagrada a la creaci&oacute;n moderna y contempor&aacute;nea en donde las artes pl&aacute;sticas compartieran un espacio con el teatro, la m&uacute;sica, el cine, los libros o la creaci&oacute;n audiovisual.<a name="n1b"></a><sup><a href="#n1a">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El inter&eacute;s de Dufr&ecirc;ne en hacer que estas tres colecciones dialoguen no ha dado como resultado una historia del arte o de la escultura, en su sentido m&aacute;s tradicional, sino una serie de reflexiones muy libres que permiten redescubrir este tipo de manifestaci&oacute;n art&iacute;stica tridimensional, o espacial, a partir de presupuestos que igual surgen del arte contempor&aacute;neo como del arte que le ha precedido o del ingenio o sensibilidad del autor. Dentro de este interesante formato, en que a manera de tr&iacute;ptico se re&uacute;nen bajo una idea com&uacute;n por lo menos tres obras (una por cada museo parisino), el concepto mismo de escultura ten&iacute;a que ser amplio. Por escultura se engloba por igual a un m&oacute;vil de Alexander Calder, que a una instalaci&oacute;n de Vito Acconci, una pieza etrusca del siglo IV, una estatua jordana del s&eacute;ptimo milenio antes de Cristo o las figuras decimon&oacute;nicas de Auguste Rodin. As&iacute;, se nos ofrece la posibilidad de reflexionar en torno al &iacute;dolo, la m&aacute;scara, el sonido, las t&eacute;cnicas de factura (como lo es la impresi&oacute;n o la talla directa) o los diferentes g&eacute;neros o formatos escult&oacute;ricos (retrato, medall&oacute;n, torso, busto, representaciones animales), sin importar las distancias geogr&aacute;ficas o temporales. Veamos dos ejemplos. Dentro del apartado dedicado a la presencia de "velos" (en la escultura), encontramos la representaci&oacute;n dieciochesca de la Fe de Antonio Corradini junto a una pieza del artista contempor&aacute;neo Christo. Mientras que en el primer caso se trata de una obra tallada en m&aacute;rmol en donde el velo aparece literalmente sobre el rostro de una mujer como elemento aleg&oacute;rico; en la segunda, la pr&aacute;ctica de redescubrir objetos a partir de su cobertura adquiere el efecto de "revelaci&oacute;n" o "transfiguraci&oacute;n". En sentido inverso, el concepto de <i>Ready&#45;made</i> no s&oacute;lo se aplica a la bien conocida rueda de bicicleta de Marcel Duchamp sino tambi&eacute;n a un m&aacute;rmol romano del segundo siglo en donde los formatos estandarizados de las figuras de Marte y Venus han tomado los rasgos fison&oacute;micos de una pareja viviente. As&iacute;, es posible acercarse a este libro de Dufr&ecirc;ne de la misma manera en que uno se aproxima a un libro de emblemas en donde la imagen, el t&iacute;tulo y la explicaci&oacute;n ideada por su autor conforman una unidad interrelacionada y dependiente entre s&iacute; que, en conjunto, crea un sentido distinto al de sus partes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien este libro muestra claramente la complejidad que conlleva el an&aacute;lisis de la obra escult&oacute;rica, parad&oacute;jicamente, se trata de un texto que sacrifica las explicaciones especializadas. Adem&aacute;s, la obra evidencia una mayor familiaridad por parte del autor de las problem&aacute;ticas que plantea el arte contempor&aacute;neo. Dufr&ecirc;ne ha sido muy meticuloso con la informaci&oacute;n b&aacute;sica de cada una de las piezas escogidas as&iacute; como de sus autores, sin embargo, se ha permitido la licencia de escoger una de las tantas interpretaciones que puede tener una escultura sin necesidad de presentar al lector las discusiones que &eacute;sta plantea en la historiograf&iacute;a. En el apartado dedicado a la "talla directa", por ejemplo, no pod&iacute;a faltar la presencia de una de las esculturas de Miguel &Aacute;ngel que posee el Louvre: <i>El cautivo</i> o <i>El esclavo rebelde,</i> originalmente concebido para la tumba del papa Julio II. Para su an&aacute;lisis, el autor se basa en la teor&iacute;a <i>non finito</i> con la que el historiador del arte Rudolf Wittkower interpret&oacute; las obras inconclusas de Miguel &Aacute;ngel. Para Wittkower, esta pr&aacute;ctica &#151;tan frecuente en el gran escultor renacentista&#151; deb&iacute;a leerse como una manifestaci&oacute;n de la insatisfacci&oacute;n neoplat&oacute;nica nacida de la discrepancia entre el dise&ntilde;o original &#151;lo ideal&#151; y la manifestaci&oacute;n material. A pesar del enorme auge que esta teor&iacute;a rom&aacute;ntica ha tenido en la historia del arte, para muchos especialistas la explicaci&oacute;n del fen&oacute;meno no radica en el supuesto neoplatonismo. Consideran, en cambio, que se debi&oacute; a los enormes compromisos que contrajo Miguel &Aacute;ngel, a su resistencia a delegar trabajo y al mayor inter&eacute;s que muchos de sus patronos tuvieron en que &eacute;ste finalizara proyectos pict&oacute;ricos en lugar de escult&oacute;ricos. La biograf&iacute;a de Miguel &Aacute;ngel, escrita por su disc&iacute;pulo Ascanio Condivi, deja ver que tal debi&oacute; ser el caso de los frescos de la capilla Sixtina en el Vaticano y de la sepultura de Julio II. Pudiendo ser una obra que lo consagrara como escultor se convirti&oacute; en un proyecto que hubo de recortar constantemente y, por ende, en una tr&aacute;gica historia que ensombreci&oacute; la vida del artista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta simplificaci&oacute;n de los factores hist&oacute;ricos, sin embargo, no debe oscurecer la gran sensibilidad de <i>The Gallery of Sculpture.</i> En este recorrido virtual que posibilita la profusa y excelente fotograf&iacute;a del libro, el lector transita por sugerentes unidades tem&aacute;ticas, algunas "cl&aacute;sicas" y otras realmente novedosas. En ambos casos, la aproximaci&oacute;n a partir de piezas particulares despierta la agradable sorpresa del descubrimiento o redescubrimiento de una pieza a partir de la siempre aguda mirada del gu&iacute;a. No me resta m&aacute;s que invitar al amante de la escultura a que descubra algunas formas en que &#151;para Dufr&ecirc;ne&#151; la eternidad, la locura, el dolor, las edades del hombre, la naturaleza, el cabello, la concha, lo ex&oacute;tico o lo er&oacute;tico han podido materializarse en un arte al que se le ha puesto tan poca atenci&oacute;n a pesar de sus fascinantes v&iacute;nculos con el cuerpo, el espacio y el tiempo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><sup><a href="#n1b">1</a></sup> V&eacute;anse los respectivos sitios oficiales: <a href="http://www.louvre.fr" target="_blank">www.louvre.fr</a>; <a href="http://www.musee-orsay.fr" target="_blank">www.musee&#45;orsay.fr</a>; <a href="http://www.centrepompidou.fr" target="_blank">www.centrepompidou.fr</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=774380&pid=S0185-1276200700010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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