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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los janamus grabados    de Tzintzuntzan, Michoac&aacute;n</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ver&oacute;nica Hern&aacute;ndez D&iacute;az</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>A mi siempre muy querida maestra,    <br> Beatriz de la Fuente</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Un arte prehisp&aacute;nico y virreinal</b></i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Tzintzuntzan, Michoac&aacute;n, la antigua capital del imperio tarasco, se encuentra un caso excepcional de reutilizaci&oacute;n de piezas arquitect&oacute;nicas de origen prehisp&aacute;nico en construcciones virreinales. Se trata de losas, llamadas <i>janamus</i> &#151;en pur&eacute;pecha&#151;, que fueron empotradas tanto en las pir&aacute;mides de la zona arqueol&oacute;gica como en el convento franciscano de la localidad. Son piedras de basalto pulidas y cortadas con precisi&oacute;n en &aacute;ngulos rectos y&#160;formas rectangulares, cuyas medidas promedio en cent&iacute;metros son de 45Ã—32&#160;y el espesor aproximado es de 15. Algunos <i>janamus</i> tienen im&aacute;genes grabadas o en bajorrelieve y la mayor&iacute;a son geom&eacute;tricas, como espirales de varios tipos y c&iacute;rculos combinados con l&iacute;neas diversas. Apenas unos cuantos muestran dise&ntilde;os de apariencia humana; entre ellos hay uno que destaca especialmente, pues la losa donde se plasm&oacute; est&aacute; colocada de manera horizontal, pero la composici&oacute;n de la imagen es vertical (<a href="#f1">fig. 1</a>). Vista as&iacute;, la figura se aprecia sentada, con el cuerpo de perfil y encorvado, y las piernas dobladas hacia arriba; apoya sus codos sobre las rodillas, y con las manos sostiene un objeto alargado, que casi alcanza la boca; la cabeza de la figura est&aacute; de frente, los ojos y la boca son formas circulares ahuecadas, tiene ap&eacute;ndices o antenas largas que se curvan hacia abajo.</font></p>     <p align="center"><a name="f1"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es factible reconocer este dise&ntilde;o como un "Flautista". Tal es el nombre que recibe un personaje m&iacute;tico y sagrado caracter&iacute;stico de las culturas ind&iacute;genas del suroeste de Estados Unidos.<a name="n1b" id="n1b"></a><a href="#n1a"><sup>1</sup></a>      Abordar la significaci&oacute;n hist&oacute;rica de dicha imagen en Michoac&aacute;n nos conduce por distantes migraciones y retornos emprendidos por los pur&eacute;pechas, la etnia dirigente del Estado tarasco. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conviene hacer una aclaraci&oacute;n antes de seguir con el tema. Con el prop&oacute;sito de abordar de modo m&aacute;s preciso la complejidad de los sucesos impl&iacute;citos, dar&eacute; un empleo distinto a las palabras tarasco y pur&eacute;pecha. Por tarasco me referir&eacute; al grupo pluri&eacute;tnico que conform&oacute; al Estado tarasco despu&eacute;s del a&ntilde;o 1300, durante el Poscl&aacute;sico tard&iacute;o.<a name="n2b" id="n2b"></a><a href="#n2a"><sup>2</sup></a> Pur&eacute;pecha ser&aacute; el nombre dado a la gente de esta etnia que consolid&oacute; a dicha organizaci&oacute;n sociopol&iacute;tica y constituy&oacute; su elite dirigente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo, se exponen consideraciones sobre el conjunto de los <i>janamus </i>decorados y el Flautista en particular.<a name="n3b" id="n3b"></a><a href="#n3a"><sup>3</sup></a>    Consiste en un tema in&eacute;dito, aun cuando los monumentos prehisp&aacute;nicos y virreinales de Tzintzuntzan han sido estudiados desde anta&ntilde;o. Sucede que a la fecha las investigaciones arqueol&oacute;gicas s&oacute;lo hab&iacute;an mencionado brevemente la presencia de lajas grabadas en las pir&aacute;mides o en sus restos, y por su parte los estudiosos del arte virreinal no hab&iacute;an reparado en su integraci&oacute;n en los muros del convento de San Francisco. De tal suerte, el repertorio de estas obras no hab&iacute;a sido analizado; en ning&uacute;n caso previo se abunda sobre el tema y tampoco conoc&iacute; reporte gr&aacute;fico o descripci&oacute;n extensa de los petrograbados.<a name="n4b" id="n4b"></a><a href="#n4a"><sup>4</sup></a> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre otros asuntos, el descubrimiento del Flautista en Tzintzuntzan me permiti&oacute; iniciar un estudio sobre las influencias en territorio michoacano de culturas norte&ntilde;as y del extenso fen&oacute;meno de "toltequizaci&oacute;n" que experiment&oacute; Mesoam&eacute;rica, un tema complejo que en relaci&oacute;n con los tarascos ha sido poco tratado.<a name="n5b" id="n5b"></a><a href="#n5a"><sup>5</sup></a>      Dicha figura se suma a otras creaciones art&iacute;sticas, como el chacmool y la sala de columnas, que ponen en evidencia una complicada red de intercambios manifestados en el legado prehisp&aacute;nico en Michoac&aacute;n. En el desarrollo de la investigaci&oacute;n ha sido oportuno contar con las indagaciones de Patricia Carot y Marie&#45;Areti Hers acerca de una antig&uuml;edad mayor en la historia pur&eacute;pecha y sus lazos con las culturas hohokam y chalchihuite&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su faceta como arte ind&iacute;gena virreinal, el empleo de los <i>janamus</i> grabados en la arquitectura franciscana tuvo lugar desde el siglo XVI hasta el XVIII; lo atestiguan as&iacute; las caracter&iacute;sticas estil&iacute;sticas de los monumentos y algunas fuentes que refieren la temporalidad de su construcci&oacute;n. Resulta extraordinario este prolongado re&uacute;so de obras prehisp&aacute;nicas en los edificios novohispanos, ajenos a las tradiciones mesoamericanas, aunque sin duda fueron realizados por manos tarascas, si bien en plena cooperaci&oacute;n con los frailes y dentro de las tareas de evangelizaci&oacute;n, por lo cual se insin&uacute;a la cuesti&oacute;n del sincretismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n de los tarascos en el convento de Tzintzuntzan no s&oacute;lo puede identificarse en los materiales, las t&eacute;cnicas y el estilo, sino tambi&eacute;n en&#160;la expresi&oacute;n de sus conceptos y s&iacute;mbolos, de una manera tan directa como fue la&#160;incorporaci&oacute;n, en esta nueva arquitectura religiosa, de las mismas piedras con im&aacute;genes que antes decoraban las pir&aacute;mides de su centro ceremonial antiguo (<a href="#f2">fig. 2</a>). Este hecho y otros indicios que han resultado en la investigaci&oacute;n  me llevan a distinguir los profundos significados que pudieron tener estas obras para sus creadores, de ah&iacute; que infiera su intencionada reutilizaci&oacute;n por parte de los tarascos, en particular de su elite pur&eacute;pecha, en tanto formas de expresi&oacute;n pl&aacute;stica propia del periodo prehisp&aacute;nico y colonial de Tzintzuntzan.</font></p>     <p align="center"><a name="f2"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f2.jpg"></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>La arquitectura, los </i>janamus<i> y sus im&aacute;genes</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante los dos siglos anteriores a la conquista, los tarascos constituyeron una de las culturas m&aacute;s importantes de Mesoam&eacute;rica.   <a name="n6b" id="n6b"></a><a href="#n6a"><sup>6</sup></a>   La ciudad de Tzintzuntzan era su capital a la llegada de los espa&ntilde;oles (<a href="#f3">fig. 3</a>); se localiza en la ribera oriental del lago de P&aacute;tzcuaro y desde el a&ntilde;o 1350 se convirti&oacute; en el mayor asentamiento&#160;de dicho pueblo. El n&uacute;cleo de su principal recinto ceremonial es actualmente la zona arqueol&oacute;gica de Tztintzuntzan (<a href="#f4">fig. 4</a>).<a name="n7b" id="n7b"></a><a href="#n7a"><sup>7</sup></a>    Sobre una gran plataforma artificial destacan alineadas cinco pir&aacute;mides o <i>y&aacute;catas</i>, las cuales est&aacute;n construidas con varias superposiciones de piedra y comparten un solo basamento. La planta de las <i>y&aacute;catas</i> es mixta, combina una forma rectangular con otra semicircular. Por la <i>Relaci&oacute;n de Michoc&aacute;n </i>suponemos que estaban dedicadas a la suprema deidad tarasca, Curicaueri, un dios solar y del fuego.<a name="n8b" id="n8b"></a><a href="#n8a"><sup>8</sup></a> Ah&iacute; se realizaban rituales de suma relevancia, como la cremaci&oacute;n y sepultura del <i>cazonci</i>, sacrificios humanos, entierros de las elites gobernantes, oraciones previas a acciones de guerra y encendido de hogueras en honor a Curicaueri. Puesto que el uso de los <i>janamus</i> grabados en el revestimiento de los edificios no fue exclusivo de Tzintzuntzan, cabe decir que este rasgo caracteriza la arquitectura tarasca.<a name="n9b" id="n9b"></a><a href="#n9a"><sup>9</sup></a> </font></p>     <p align="center"><a name="f3" id="f3"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f3.jpg"></p>     <p align="center"><a name="f4" id="f"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f4.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al pie de la colina donde se asienta la zona arqueol&oacute;gica de Tzintzuntzan est&aacute; ubicado el convento de San Francisco; su establecimiento data desde el siglo&#160;XVI y con el tiempo lleg&oacute; a conformar un conjunto monumental. Est&aacute; delimitado por una barda ancha de piedra, las construcciones que lo integran son de piedra y se disponen en dos atrios. En el principal, y de mayores dimensiones, existen peque&ntilde;as ermitas para la celebraci&oacute;n del V&iacute;a Crucis, una cruz atrial, la antigua sede del monasterio, la capilla abierta de San Camilo, las iglesias de San Francisco y de la Virgen de la Soledad, la residencia actual de los frailes, una portada aislada y numerosos olivos. La capilla de hospital es el edificio m&aacute;s importante del segundo atrio, ah&iacute; se ven tambi&eacute;n una cruz atrial, una pila bautismal y la fachada lateral del templo de la Soledad. Los edificios virreinales del convento datan desde la d&eacute;cada de 1570<a name="n10b" id="n10b"></a><a href="#n10a"><sup>10</sup></a>        hasta 1805, a&ntilde;o inscrito en el remate del segundo cuerpo del templo de la Virgen de la Soledad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el registro efectuado en mayo del a&ntilde;o 2000 en las <i>y&aacute;catas</i> de la zona arqueol&oacute;gica y en el convento franciscano de Tzintzuntzan, encontr&eacute; 52 lajas grabadas; la posterior indagaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica me permiti&oacute; agregar seis a las diez observadas en las pir&aacute;mides.<a name="n11b" id="n11b"></a><a href="#n11a"><sup>11</sup></a>      De este modo, del total de 58 <i>janamus</i>, 16 corresponden a las <i>y&aacute;catas</i> y 42 al convento.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi es un hecho que la cantidad sea mayor, debido a que la exploraci&oacute;n s&oacute;lo tuvo lugar en partes abiertas al p&uacute;blico en general y en los dos sitios hay &aacute;reas restringidas.<a name="n12b" id="n12b"></a><a href="#n12a"><sup>12</sup></a>      Adem&aacute;s, en el espacio franciscano es posible que algunas porciones del enlucido de sus muros cubran otras im&aacute;genes grabadas. Es probable asimismo que una gran cantidad se halle dispersa, ya que en 1937&#45;1938, cuando se practicaron las primeras excavaciones arqueol&oacute;gicas, las <i>y&aacute;catas</i> estaban muy deterioradas a causa del saqueo de materiales para construcci&oacute;n y de la b&uacute;squeda de tesoros.<a name="n13b" id="n13b"></a><a href="#n13a"><sup>13</sup></a>      En consecuencia, la mayor parte de los <i>janamus</i> grabados que revisten actualmente las <i>y&aacute;catas</i> no se encuentran en su posici&oacute;n original. Ello se debe a que fue necesario rehacerlas, no obstante s&iacute; se comprob&oacute; su asociaci&oacute;n directa: el hallazgo arqueol&oacute;gico de <i>janamus</i> decorados entre los escombros superficiales de las <i>y&aacute;catas</i> hizo suponer que recubr&iacute;an los monumentos, lo cual qued&oacute; en evidencia en la segunda temporada, cuando algunos se descubrieron <i>in situ</i>.<a name="n14b" id="n14b"></a><a href="#n14a"><sup>14</sup></a>    </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos amplios, sobre las <i>y&aacute;catas</i> destaca que la n&uacute;mero dos no est&aacute; asociada con alg&uacute;n <i>janamu</i> decorado. Al parecer, a la n&uacute;mero cinco, la que mejor conserv&oacute; su estado original, se le puede atribuir la mayor cantidad de losas decoradas, las cuales sumar&iacute;an seis (el n&uacute;mero tentativo se debe a que la informaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica no es del todo precisa). Aunque conviene enfatizar que de las cinco <i>y&aacute;catas</i> no es posible decir cu&aacute;l ten&iacute;a originalmente m&aacute;s <i>janamus</i> grabados debido al estado en que se encontraron antes de la reconstrucci&oacute;n arqueol&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ornamentaci&oacute;n de todos los <i>janamus</i> es variada. En ocasiones se trata de un solo motivo, ya sea sencillo o elaborado; en otras se ven dise&ntilde;os separados. Respecto a su distribuci&oacute;n, se pueden ver en el centro, hacia las esquinas o los extremos, abarcando buena parte de la superficie o una secci&oacute;n peque&ntilde;a de la losa (<a href="#f5">fig. 5</a>). La mayor&iacute;a de los dise&ntilde;os no son figurativos sino abstractos, de acuerdo a nuestra percepci&oacute;n cultural. Las categor&iacute;as formales b&aacute;sicas que resultaron a partir de su clasificaci&oacute;n son: espiral, c&iacute;rculo, l&iacute;neas onduladas alargadas, reticulado, geom&eacute;trico&#45;figurativo (flor, estrella, letra A) y antropomorfo. A su vez, en algunas de las categor&iacute;as se perciben variantes, por ejemplo, en el caso de los c&iacute;rculos las cuatro modalidades son: sencilla, conc&eacute;ntrica, asociada con l&iacute;neas rectas y asociada con l&iacute;neas curvas.</font></p>     <p align="center"><a name="f5"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f5.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las espirales son las formas que presentan mayor diversidad visual: se pueden ver simples (<a href="#f6">fig. 6a</a>), alineadas (<a href="#f6">fig. 6b</a>), con vuelta interior (<a href="#f6">fig. 6c</a>) o exterior particular (<a href="#f6">fig. 6d</a>), radiadas, con l&iacute;neas curvas, con l&iacute;neas combinadas, dobles divergentes (<a href="#f6">fig. 6e</a>) (similar a una S; es un motivo que en n&aacute;huatl se nombra <i>xonecuilli </i>), dobles divergentes con l&iacute;neas rectas, dobles divergentes radiadas, dobles divergentes con c&iacute;rculos (<a href="#f6">fig. 6f</a>), dobles divergentes y convergentes (<a href="#f6">fig.&#160;6g</a>), y convergentes.</font></p>     <p align="center"><a name="f6"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f6.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos num&eacute;ricos, en los 58 <i>janamus</i> que registr&eacute; el dise&ntilde;o m&aacute;s frecuente es la espiral sencilla (17 veces), grabada en forma individual, alineada, con vuelta interior o exterior particular, radiada o combinada con l&iacute;neas rectas y curvas. Le siguen la espiral doble divergente (13 veces), el c&iacute;rculo (diez veces) &#151;entre cuyas representaciones sobresalen los conc&eacute;ntricos&#151;, las l&iacute;neas alargadas onduladas (cuatro veces), el motivo geom&eacute;trico&#45;figurativo flor (tres veces), el antropomorfo (tres veces), el geom&eacute;trico&#45;figurativo estrella (dos veces); la espiral doble divergente y convergente (dos veces), la espiral doble convergente (dos veces), el reticulado (una vez) y el geom&eacute;trico figurativo letra (una vez).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los dise&ntilde;os plasmados en los <i>janamus</i> en las <i>y&aacute;catas</i>, 15 son geom&eacute;trico&#45;abstractos y en uno se figura un humano de modo esquem&aacute;tico. El motivo m&aacute;s frecuente es la espiral doble divergente, presente en siete <i>janamus</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de las 42 losas decoradas que registr&eacute; en el convento franciscano, 18 se encuentran en un solo edificio, la capilla de hospital. El dise&ntilde;o m&aacute;s frecuente en ambos casos, el convento y dicha capilla, es la espiral simple, grabada en distintas modalidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formas observadas en las <i>y&aacute;catas</i> se ven tambi&eacute;n en este recinto religioso, por ejemplo, espirales sencillas, c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos, espirales dobles divergentes, espirales dobles divergentes y convergentes, l&iacute;neas onduladas y antropomorfos lineales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en el an&aacute;lisis formal de los <i>janamus</i> decorados y en el marco hist&oacute;rico de su realizaci&oacute;n prehisp&aacute;nica y de su re&uacute;so durante el virreinato, se distingue que casi la totalidad de los <i>janamus</i> empotrados en los edificios novohispanos provienen de la arquitectura prehisp&aacute;nica. No es seguro que procedan exclusivamente de las <i>y&aacute;catas</i> de la cercana zona arqueol&oacute;gica, en tanto se considera la extensi&oacute;n de la capital tarasca al arribo de los espa&ntilde;oles, y por ende, el gran n&uacute;mero de construcciones que exist&iacute;a. Es conocido que las obras de los conquistadores fueron erigidas con suma frecuencia de modo directo sobre las edificaciones ind&iacute;genas, de ah&iacute; que aprovecharan sus materiales. En el caso de Tzintzuntzan, <i>janamus</i> antiguos sirvieron para revestir los nuevos muros cristianos, aunque se desconoce si estaban a la vista o cubiertos con enlucido.<a name="n15b" id="n15b"></a><a href="#n15a"><sup>15</sup></a> </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>La capilla de hospital: entre la tradici&oacute;n y el cambio</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el convento franciscano la capilla de hospital es notable por contar con el mayor n&uacute;mero de <i>janamus</i> grabados: 18, casi la mitad del total registrado. Se trata de un edificio abierto y de dimensiones peque&ntilde;as. Tal abundancia en el re&uacute;so de los <i>janamus</i> podr&iacute;a estar relacionada con la participaci&oacute;n especial que tuvieron los ind&iacute;genas en los hospitales y sus capillas. A la vez cabe pensar que&#160;la poblaci&oacute;n nativa, su elite dirigente y los mismos trabajadores de la construcci&oacute;n emplearon de modo intencional las piedras con las im&aacute;genes antiguas que les eran propias y significativas, tal vez incluso sagradas. Recordemos que los <i>janamus</i> formaban parte de la principal arquitectura ceremonial de Tzintzuntzan, en particular de las <i>y&aacute;catas</i>&#45;templos dedicados a Curicaueri, el dios m&aacute;s importante del pante&oacute;n tarasco.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la capilla de hospital mi percepci&oacute;n de intencionalidad se sustenta no s&oacute;lo en la cantidad de <i>janamus</i> decorados ah&iacute; presentes, sino tambi&eacute;n en las im&aacute;genes que tienen y en su colocaci&oacute;n espec&iacute;fica. En este sentido conviene dirigir la atenci&oacute;n a dos de las losas que se encuentran en el costado poniente de la capilla (<a href="#f7">fig. 7</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="f7"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f7.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cara norte del contrafuerte suroeste, colindando con el piso, hay un <i>janamu</i> grabado con una letra A decorada con l&iacute;neas rectas, espirales y c&iacute;rculos peque&ntilde;os. El motivo es claramente poshisp&aacute;nico; debido a ello y a que, en comparaci&oacute;n con el resto de las im&aacute;genes, el grabado es m&aacute;s superficial y la piedra est&aacute; menos deteriorada, es oportuno considerarlo novohispano. Concuerdo con Pablo Escalante cuando sugiere que pudiera remitir directamente a una persona o grupo pur&eacute;pecha, quiz&aacute; una cofrad&iacute;a, a cargo del cuidado de la capilla de hospital.<a name="n16b" id="n16b"></a><a href="#n16a"><sup>16</sup></a>    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Justo frente a este motivo, en la cara sur del contrafuerte noroeste, se ve un <i>janamu</i> con una imagen antropomorfa en bajorrelieve. He identificado esta figura sentada, encorvada, con ap&eacute;ndices en la cabeza, que sostiene un objeto alargado cerca de la boca, como un "Flautista", en relaci&oacute;n con el afamado personaje de las culturas ind&iacute;genas del suroeste de Estados Unidos. La figura parece cortada en los ap&eacute;ndices de la cabeza y en los pies. El tipo de dise&ntilde;o, la t&eacute;cnica de manufactura y el estado f&iacute;sico de la piedra permiten atribuir su manufactura al periodo prehisp&aacute;nico. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ubicaci&oacute;n de los dos <i>janamus</i> denota una relaci&oacute;n estrecha y expl&iacute;cita entre los dos dise&ntilde;os grabados, uno virreinal y el otro antiguo. De modo intr&iacute;nseco se advierte el v&iacute;nculo entre estas formas y sus realizadores; quiz&aacute; uno de los sentidos fue manifestar la importancia del Flautista y la vigencia de la memoria hist&oacute;rica ligada a &eacute;l. Tales asociaciones aportan indicios sobre la dimensi&oacute;n cultural de los petrograbados de Tzintzuntzan. Para abordar el asunto, en el apartado siguiente se atiende el motivo antropomorfo reci&eacute;n mencionado.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>El Flautista de Tzintzuntzan</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los indios pueblo del suroeste de Estados Unidos (Arizona, Nuevo M&eacute;xico, Utah y Colorado) el Flautista es un personaje caracter&iacute;stico desde el periodo antiguo y hasta el contempor&aacute;neo. Su presencia en Michoac&aacute;n, un territorio a miles de kil&oacute;metros de distancia de dicha regi&oacute;n, se explica dentro del marco de la larga historia de la cultura pur&eacute;pecha y los viajes que emprendieron grupos de esta etnia hacia el norte de Mesoam&eacute;rica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios arqueol&oacute;gicos recientes han remontado en el tiempo los antecedentes del pueblo pur&eacute;pecha en relaci&oacute;n con la cultura de Chup&iacute;cuaro (<i>ca.&#160;</i>400 a.C.&#45;100 d.C.), cuya ocupaci&oacute;n abarca un &aacute;rea colindante de Guanajuato y Michoac&aacute;n; la historia contin&uacute;a en las fases siguientes: Morales, de Guanajuato (100 a.C.&#45;100 d.C.), Quer&eacute;ndaro y Loma Alta, de Michoac&aacute;n (150 a.C.&#45;550&#160;d.C.). A partir de 550 d.C. se advierte que de un &aacute;rea del centro&#45;norte michoacano, grupos pur&eacute;pechas migraron al Norte y establecieron relaciones con la cultura chalchihuite&ntilde;a de Zacatecas y Durango, y la hohokam de Arizona. Luego, de modo temporal y progresivo en un movimiento de norte a sur, hacia los a&ntilde;os 750 y 900 respectivamente, se distingue en el suroeste de Guanajuato y en el mismo centro&#45;norte de Michaoc&aacute;n el regreso de los que antes hab&iacute;an partido; este grupo pur&eacute;pecha por medio de conquistas y alianzas se impuso a las poblaciones ah&iacute; asentadas hasta llegar a la cuenca de P&aacute;tzcuaro y logr&oacute; conformar hacia el 1350 el Estado tarasco.<a name="n17b" id="n17b"></a><a href="#n17a"><sup>17</sup></a>    </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joroba, falo y flauta son los rasgos m&aacute;s distintivos del Flautista en el suroeste estadounidense (<a href="#f8">fig. 8a</a>). Como se ve, el de Tzintzuntzan no presenta falo y no toca directamente con la boca el objeto que toma en sus manos (<a href="#f8">fig.&#160;8c</a>), aunque s&iacute; cuenta con otras caracter&iacute;sticas t&iacute;picas: la desnudez, el cuerpo encorvado, el objeto que lleva es similar a una flauta y los ap&eacute;ndices que suelen verse en la cabeza de este personaje, en el cual de modo com&uacute;n se conjuga la apariencia de insecto y humano. Aunado a ello, es interesante que en el arte hohokam, en Arizona, el Flautista usualmente es asexuado y la joroba no est&aacute; definida (<a href="#f8">fig.&#160;8b</a>).<a name="n18b" id="n18b"></a><a href="#n18a"><sup>18</sup></a> Conviene agregar que en las obras donde suele encontrarse dicha imagen hay una amplia variedad formal. En dichas circunstancias, el de Tzintzuntzan puede integrarse dentro del repertorio de sus representaciones.</font></p>     <p align="center"><a name="f8"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v28n89/a7f8.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera paralela a su diversidad visual, cabe resaltar que la figuraci&oacute;n del Flautista abarca una gran extensi&oacute;n temporal, espacial y material, que incluye cer&aacute;mica, murales, <i>kachinas</i> y arte rupestre del suroeste estadounidense. A veces el Flautista es peque&ntilde;o y sumamente esquem&aacute;tico, otras, de grandes dimensiones y con atributos distintos. Su apariencia suele ser humana, pero de igual modo&#160;aparece como insecto. Puede estar sentado, recostado, de pie, caminando&#160;o bailando. Muestra actitudes diferentes, as&iacute; est&eacute; aislado, acompa&ntilde;ado de uno o varios flautistas m&aacute;s, o asociado con otras figuras y en escenas complicadas. Acorde con sus rasgos espec&iacute;ficos y los contextos donde se encuentra visual o literalmente (en los mitos e historia oral), entre los ind&iacute;genas del suroeste el Flautista es s&iacute;mbolo de fertilidad, viajes y comercio; es un sacerdote de la lluvia, cazador m&aacute;gico y seductor de doncellas, con marcada connotaci&oacute;n sexual.<a name="n19b" id="n19b"></a><a href="#n19a"><sup>19</sup></a> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al margen de su amplio simbolismo, uno de los significados del Flautista de Tzintzuntzan remite a la figura del migrante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La imagen del Flautista ha sido registrada tambi&eacute;n en Mesoam&eacute;rica en expresiones de arte rupestre de Durango, Zacatecas y Jalisco, en sitios pertenecientes a la cultura chalchihuite&ntilde;a. De acuerdo con Marie&#45;Areti Hers, se han encontrado dos decenas en sus muy diversos modos de representaci&oacute;n. Su presencia inicial se sit&uacute;a entre el 600 y el 850&#45;900 d.C. y pudo ser casi contempor&aacute;nea a su aparici&oacute;n en el suroeste, donde se plasm&oacute; aproximadamente desde el a&ntilde;o 500.   <a name="n20b" id="n20b"></a><a href="#n20a"><sup>20</sup></a>   Entre investigadores estadounidenses es com&uacute;n reconocer un origen mesoamericano del Flautista a trav&eacute;s de la figura de los comerciantes que recorr&iacute;an largas distancias, de sur a norte, llevando la mercanc&iacute;a en sacos o sobre sus espaldas (<a href="#f8">fig. 8d</a>). <a name="n21b" id="n21b"></a><a href="#n21a"><sup>21</sup></a>   En este sentido llama la atenci&oacute;n una de las esculturas de piedra encontradas en Loma Alta, Michoac&aacute;n, fechada entre 250 y 550 de nuestra era: es un cargador desnudo, con los atributos sexuales muy marcados, que sostiene un bulto a la espalda por medio de mecapal (<a href="#f8">fig. 8e</a>).<a name="n22b" id="n22b"></a><a href="#n22a"><sup>22</sup></a>    </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos estudios identificaban ya en el desarrollo chalchihuite&ntilde;o una clara compenetraci&oacute;n entre Mesoam&eacute;rica y el suroeste.<a name="n23b" id="n23b"></a><a href="#n23a"><sup>23</sup></a>      El descubrimiento&#160;del Flautista en Tzintzuntzan confirma esta cercan&iacute;a cultural y el retorno a Michoac&aacute;n de los grupos pur&eacute;pechas, quienes trajeron consigo un novedoso bagaje norte&ntilde;o.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Consideraciones finales</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el presente trabajo se expuso un ejemplo de reutilizaci&oacute;n de elementos arquitect&oacute;nicos antiguos en construcciones novohispanas. Se propuso dar a conocer que los <i>janamus </i>grabados son un ejemplo destacado del arte ind&iacute;gena en el transcurso de dos etapas: la prehisp&aacute;nica y la virreinal en Michoac&aacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda muchos sucesos ocurrieron al paso de cinco siglos, desde finales de la d&eacute;cada de 1570, en la cual se inici&oacute; la edificaci&oacute;n definitiva del convento franciscano de Tzintzuntzan, hasta la actualidad, cuando se mantiene como un espacio vivo para el culto cat&oacute;lico. Pese a las dificultades para saber si las piedras registradas estaban a la vista durante el periodo colonial, distingo elementos y circunstancias que me llevan a pensar que sus realizadores les dieron un empleo meditado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Principalmente considero dicha intencionalidad ligada a los tarascos, pero tambi&eacute;n reconozco que pudieron contar con la aprobaci&oacute;n de los frailes franciscanos, poseedores de un esp&iacute;ritu humanista y cercanos a las tradiciones nativas como parte de sus tareas evangelizadoras. En un orden general de ideas es menester apuntar que aun cuando los diversos pueblos de Michoac&aacute;n estuvieron sometidos a corregidores y alcaldes espa&ntilde;oles, contaron con sus autoridades ind&iacute;genas propias, de modo que la elite pur&eacute;pecha se mantuvo en el gobierno de la provincia michoacana hasta 1696.<a name="n24b" id="n24b"></a><a href="#n24a"><sup>24</sup></a> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A reserva de la carencia de una indagaci&oacute;n extensa entre las culturas mesoamericanas, tengo la impresi&oacute;n de que las losas antiguas que tienen im&aacute;genes figuradas no fueron empleadas de modo com&uacute;n en la arquitectura colonial con la finalidad de que pudieran estar expuestas. En este sentido los <i>janamus</i> decorados de Tzintzuntzan tienen un car&aacute;cter peculiar, pues en los edificios del convento fueron empotrados en las paredes. Este hecho se diferencia de lo que s&iacute; fue una pr&aacute;ctica frecuente en las acciones de conquista: colocar las obras&#160;de los vencidos en los cimientos de las construcciones para denotar el poder&iacute;o de los triunfadores. Es muy probable que este re&uacute;so particular de los <i>janamus</i> haya sido facilitado por la funcionalidad original de las piedras, es decir, como revestimiento arquitect&oacute;nico. Se reafirma as&iacute; cierta continuidad de la tradici&oacute;n prehisp&aacute;nica, al perdurar un estilo constructivo y ornamental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, cabe apuntar que en el origen de este trabajo est&aacute; el descubrimiento que realic&eacute; del Flautista, un motivo plasmado en uno de los <i>janamus</i>, nunca antes referido en alg&uacute;n medio y que nos remite a la legendaria historia de los pur&eacute;pechas y a la antigua tradici&oacute;n de las migraciones hacia el norte de M&eacute;xico desde Michoac&aacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a" id="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. Popularmente se conoce como Kokopelli; en este art&iacute;culo no se emplea tal nombre, puesto que se aplica s&oacute;lo a una <i>kachina</i> particular; en tanto, el vocablo Flautista es gen&eacute;rico y tiene connotaciones m&aacute;s amplias.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a" id="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. Comprend&iacute;a grupos mazahuas, otom&iacute;es, nahuas, chontales, apanecas, cuitlatecos (Ulises Beltr&aacute;n, "Estado y sociedad tarascos en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica", en Brigitte Boehm de Lameiras (coord.), <i>El Michoac&aacute;n antiguo,</i> Zamora, Michoac&aacute;n, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n&#45;El Colegio de Michoac&aacute;n, 1994, pp. 31&#45;163).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773490&pid=S0185-1276200600020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a" id="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. El origen del presente registro y an&aacute;lisis se remonta a marzo de 2000, cuando hice la identificaci&oacute;n del Flautista en Tzintzuntzan.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a" id="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. La revisi&oacute;n historiogr&aacute;fica que hice de las investigaciones arqueol&oacute;gicas en torno al pasado prehisp&aacute;nico y los estudios hist&oacute;rico&#45;art&iacute;sticos sobre la arquitectura virreinal en Michoac&aacute;n, pueden consultarse en: Ver&oacute;nica Hern&aacute;ndez D&iacute;az, "Los <i>janamus</i> grabados en la arquitectura prehisp&aacute;nica y virreinal de Tzintzuntzan, Michoac&aacute;n", tesis de maestr&iacute;a en Historia del Arte, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773493&pid=S0185-1276200600020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Cabe ahora destacar a Joseph B. Mountjoy, quien en 1970 y 1971 registr&oacute; gr&aacute;ficamente y de modo esquem&aacute;tico 45 petrograbados en la zona arqueol&oacute;gica y el convento franciscano de Tzintzuntzan; en su publicaci&oacute;n dedica algunos p&aacute;rrafos al tema: <i>Some Hyphotesis Regarding the Petroglyphs of West Mexico</i>, Mesoamerican Studies, n&uacute;m. 9, Carbondale, University Museum, Southern Illinois University of Carbondale, 1974, pp. 18, 19, figs. 9 y 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773494&pid=S0185-1276200600020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a" id="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. Hern&aacute;ndez D&iacute;az, <i>op. cit</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a" id="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. En la etapa de apogeo el dominio tarasco abarc&oacute; la mayor parte del actual territorio de Michoac&aacute;n y partes colindantes con Jalisco, Guanajuato y Guerrero.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a" id="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. Helen P. Pollard, <i>Tar&iacute;acuri's Legacy. Prehispanic Tarascan State</i>, Norman, University of Oklahoma Press, 1993, p. 29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773498&pid=S0185-1276200600020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a" id="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. El t&iacute;tulo completo de este documento es <i>Relaci&oacute;n de las ceremonias y ritos y poblaci&oacute;n y gobernaci&oacute;n de los indios de la provincia de Michoac&aacute;n</i>. Su autor&iacute;a y compilaci&oacute;n se atribuyen al franciscano Jer&oacute;nimo de Alcal&aacute;; fue elaborada en Tzintzuntzan entre 1539 y 1543 (Francisco Miranda, "Estudio preliminar", en fray Jer&oacute;nimo de Alcal&aacute;, <i>La Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i>, Morelia, F&iacute;max Publicistas, 1980, p. 20).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773500&pid=S0185-1276200600020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n9a" id="n9a"></a><a href="#n9b">9</a>. Tambi&eacute;n he advertido el uso superficial de losas decoradas en edificios de las antiguas capitales de P&aacute;tzcuaro e Ihuatzio, asimismo en sitios de jerarqu&iacute;a menor, como Huandacareo, y en otro que data del Poscl&aacute;sico temprano llamado San Antonio Carupo.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n10a" id="n10a"></a><a href="#n10b">10</a>. Para apuntar esta fecha me baso en varias cr&oacute;nicas coloniales, en los estudios de investigadores como John McAndrew (<i>The Open&#45;air Churches of Sixteenth Century, Mexico. Atrio, Posas, Open Chapels, and other Studies</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1965),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773503&pid=S0185-1276200600020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Manuel Toussaint (<i>P&aacute;tzcuaro</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas/Escuela de Arquitectura, 1942),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773504&pid=S0185-1276200600020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y George Kubler (<i>Arquitectura mexicana del siglo XVI</i>, 1948, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1992);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773505&pid=S0185-1276200600020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y en documentos de la &eacute;poca virreinal (v&eacute;ase Carlos Paredes Mart&iacute;nez (ed.), <i>Y por mi visto... Mandamientos, ordenanzas, licencias y otras disposiciones virreinales sobre Michoac&aacute;n en el siglo XVI</i>, M&eacute;xico, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social/Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, 1995).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773506&pid=S0185-1276200600020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n11a" id="n11a"></a><a href="#n11b">11</a>. En las <i>y&aacute;catas</i> observ&eacute; dos petrograbados m&aacute;s que no tomo en cuenta. De uno s&oacute;lo anot&eacute; sus medidas y localizaci&oacute;n; sin embargo, no lo dibuj&eacute; ni fotografi&eacute;; en el restante se ve una figura humana, pero su manufactura parece reciente, por lo que tampoco es considerado. En la zona arqueol&oacute;gica encontr&eacute; otra construcci&oacute;n con un <i>janamu</i> grabado. Se trata de la Estructura E, pr&oacute;xima a las <i>y&aacute;catas</i> en direcci&oacute;n oriente; consta de varios cuartos alineados y en uno de sus muros se ve una espiral.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a los seis <i>janamus</i> que localic&eacute; por medio de publicaciones, la fuente principal es: Jorge R. Acosta, "Exploraciones arqueol&oacute;gicas realizadas en el estado de Michoac&aacute;n durante los a&ntilde;os de 1937 y 1938", <i>Revista Mexicana de Estudios Antropol&oacute;gicos</i>, M&eacute;xico, Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a, t. III, n&uacute;m. 2, mayo&#45;agosto de 1939, pp. 85&#45;98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773509&pid=S0185-1276200600020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Este arque&oacute;logo incluye el dibujo de cuatro <i>janamus</i> decorados y las fotos de tres m&aacute;s (todos se ven exentos); cinco de ellos aumentan el repertorio conocido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n12a" id="n12a"></a><a href="#n12b">12</a>. En la zona arqueol&oacute;gica est&aacute; prohibido el ascenso a las <i>y&aacute;catas</i> y s&oacute;lo una parte menor de las estructuras ha sido liberada, de ah&iacute; que el &aacute;rea donde se permite el ingreso p&uacute;blico es reducida. En el caso del conjunto franciscano, est&aacute; bloqueada la secci&oacute;n sur del convento y no se me autoriz&oacute; subir al piso superior del claustro.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n13a" id="n13a"></a><a href="#n13b">13</a>. Marcia Castro Leal, <i>Tzintzuntzan, capital de los tarascos</i>, Morelia, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, 1986, pp. 31&#45;48;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773512&pid=S0185-1276200600020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Acosta, <i>op. cit</i>., pp. 85 y 86.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n14a" id="n14a"></a><a href="#n14b">14</a>. <i>Ibidem</i>, pp. 88, 89. Adem&aacute;s de los registrados por Jorge R. Acosta, en sus trabajos arqueol&oacute;gicos, Rub&eacute;n Cabrera encontr&oacute; en su lugar original &#151;la <i>y&aacute;cata</i> 3&#151; algunos <i>janamus</i> grabados. Apunta que las formas son geom&eacute;tricas y antropomorfas, sin embargo en su publicaci&oacute;n s&oacute;lo incluye el dibujo de una: "Tzintzuntzan, d&eacute;cima temporada de excavaciones", en Barbro Dahlgren <i>et al.</i> (organizadores), <i>Homenaje a Rom&aacute;n Pi&ntilde;a Chan</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, 1987, pp. 531&#45;565.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773514&pid=S0185-1276200600020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n15a" id="n15a"></a><a href="#n15b">15</a>. Actualmente algunos edificios conservan restos de enlucido, otros, como la capilla de hospital y los muros del atrio, tienen la piedra expuesta.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n16a" id="n16a"></a><a href="#n16b">16</a>. Comunicaci&oacute;n personal, 2000.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n17a" id="n17a"></a><a href="#n17b">17</a>. Patricia Carot, "Arqueolog&iacute;a de Michoac&aacute;n: nuevas aportaciones a la historia pur&eacute;pecha", en Beatriz Braniff (coord.), <i>Introducci&oacute;n a la arqueolog&iacute;a del Occidente de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Universidad de Colima, 2004, pp. 443&#45;474;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773518&pid=S0185-1276200600020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> en "La larga historia pur&eacute;pecha", Marie&#45;Areti Hers (coord.), <i>Miradas renovadas al Occidente de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas (en preparaci&oacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773519&pid=S0185-1276200600020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->n).</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n18a" id="n18a"></a><a href="#n18b">18</a>. Dennis Slifer y James Duffield, <i>Kokopelli, Flute Player Images in Rock Art</i>, Santa Fe, Ancient City Press, 1994, p. 30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773521&pid=S0185-1276200600020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n19a" id="n19a"></a><a href="#n19b">19</a>. <i>Ibidem</i>; Ekkehart Malotki, <i>Kokopelli, the Making of an Icon</i>, Lincoln, The University of Nebraska Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773523&pid=S0185-1276200600020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Dibujos, V. H., basados en a) Jerry J. Brody, <i>Los&#160;anasazi. La civilizaci&oacute;n de los antiguos indios pueblo</i>, Barcelona, Lunwerg, 1990, fig. 25;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773525&pid=S0185-1276200600020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> b&#160;y d) Dennis Slifer y James Duffield, <i>Kokopelli, Flute Player Images in Rock Art,</i> Santa Fe, Ancient City Press, 1994, figs. 25&#45;26 y fig. 20;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773526&pid=S0185-1276200600020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> e) Patricia Carot, "Arqueolog&iacute;a de Michoac&aacute;n: nuevas aportaciones a la historia pur&eacute;pecha", en Beatriz Braniff (coord.), <i>Introducci&oacute;n a la arqueolog&iacute;a del Occidente de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Universidad de Colima, 2004, fig. 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773527&pid=S0185-1276200600020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n20a" id="n20a"></a><a href="#n20b">20</a>. Marie&#45;Areti Hers, "La m&uacute;sica amorosa de Kokopelli y el erotismo sagrado en los confines mesoamericanos", en Arnulfo Herrera (comp.),<i> XXIII Coloquio Internacional de Historia del Arte.</i> <i>Amor y desamor en las artes</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 2001, pp. 293&#45;336.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773529&pid=S0185-1276200600020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n21a" id="n21a"></a><a href="#n21b">21</a>.  Slifer y Duffield, <i>op. cit., </i>p. 7.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n22a" id="n22a"></a><a href="#n22b">22</a>. Carot, "Arqueolog&iacute;a de Michoac&aacute;n...", <i>op. cit</i>., fig. 5a.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n23a" id="n23a"></a><a href="#n23b">23</a>. V&eacute;anse Hers, "La m&uacute;sica amorosa...", <i>op. cit.</i>, y "Los toltecas y los caminos del lejano Noroeste", en Guadalupe Mastache (ed.), <i>Tula y el mundo tolteca</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (en prensa).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773533&pid=S0185-1276200600020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n24a" id="n24a"></a><a href="#n24b">24</a>. En ese a&ntilde;o falleci&oacute; el gobernador Constantino Bravo Huitzimengari II, &uacute;ltimo descendiente del <i>cazonci</i> o rey Zinzincha Tangaxoan.<i> Cfr.</i> Delfina L&oacute;pez Sarralangue, <i>La nobleza ind&iacute;gena de P&aacute;tzcuaro en la &eacute;poca virreinal</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas (Serie Historia Novohispana, 29), 1965 y Rodrigo Mart&iacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773535&pid=S0185-1276200600020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->nez Baracs,&#160;<i>Convivencia y utop&iacute;a. El gobierno indio y espa&ntilde;ol de la "ciudad de Mechuacan", </i>1521&#45;1580, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2005, pp. 156, 157.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773536&pid=S0185-1276200600020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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