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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>&iquest;No queda huella ni memoria? (Semblanza iconogr&aacute;fica</i></b> <i><b>de una familia)</b></i><b>. Aurelio de los Reyes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Carlos Mart&iacute;nez Assad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas y El Colegio de M&eacute;xico, 2002, 391 pp. ils.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">    <br></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algo cambia en el interior de nosotros d&iacute;a con d&iacute;a y algo debe expresarse tambi&eacute;n en nuestro exterior por que, por lo general, nadie retrata igual en todas sus fotograf&iacute;as, aun cuando no sea tan amplio el tiempo que las separe. Algo sucede, adem&aacute;s, en nuestro tiempo que queremos aprehender el pasado, fijarlo e incluso cobijarnos en su seno. Nunca hab&iacute;an estado m&aacute;s de moda las conmemoraciones, los aniversarios, y no necesariamente es la nostalgia, el regodeo en la frase de "todo tiempo pasado fue mejor ". Se trata de algo m&aacute;s profundo, quiz&aacute; la incertidumbre del mundo que vivimos, de la modernizaci&oacute;n destructora, de los cambios tecnol&oacute;gicos, de la guerra que ubica a los seres humanos ante la fragilidad de su destino. Es, por lo tanto, dif&iacute;cil pensar en el futuro sin considerar el pasado, y no s&oacute;lo en t&eacute;rminos gen&eacute;ricos sino en cuanto a todo aquello que nos liga, nos da identidad y cohesi&oacute;n en el grupo de referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aurelio de los Reyes, investigador y autor sobresaliente, que siempre sorprende por la originalidad de los temas que trata, puede hurgar en los sitios m&aacute;s inesperados para darnos la trayectoria de los inicios del cine mexicano, descubre la cabalgata de Fancisco Villa en el cine estadounidense, realiza el retrato con mayores matices de Dolores del R&iacute;o en un CD que se adelanta al uso de los medios m&aacute;s usuales de la divulgaci&oacute;n historiogr&aacute;fica. En pr&aacute;cticamente todo su trabajo, la fotograf&iacute;a ha ocupado un lugar tan importante como el discurso, pero nunca como en el libro que ahora presentamos, donde las im&aacute;genes son parte fundamental de la narraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta verdadera genealog&iacute;a, el autor va hilvanando recuerdos de infancia con su tarea bien cimentada de historiador, porque no comenz&oacute; a serlo en la academia, sino que ahora sabemos, gracias a este libro, su vocaci&oacute;n le ven&iacute;a de m&aacute;s atr&aacute;s, de aquellos paisajes rancheros entre Aguascalientes y Zacatecas, de esos muros desgastados por los a&ntilde;os, de los objetos que &#151;siempre lo he lamentado&#151; sobreviven a las personas. Por esos parajes y casonas no s&oacute;lo deambulan los fantasmas, sino los olores y los sabores que nos llevan al acontecer de otro tiempo. El autor, sin embargo, con su acuciosa memoria fue reteni&eacute;ndolo todo y, despu&eacute;s, indag&oacute; sobre las colecciones de la familia como la que inici&oacute; Francisca Garc&iacute;a Rojas hasta llegar a su poseedor actual. M&aacute;s de 400 fotograf&iacute;as, de las cuales la mayor&iacute;a procede de ese acervo, dan no uno sino los varios rostros de este libro que en realidad forman el de una familia con sus avatares, sus fiestas, sus desdichas, pero donde prevalecen los momentos felices de las familias bien acomodadas; en contraste, nunca he visto la foto de un inmigrante &#151;de cualquier origen&#151; que muestre una sonrisa o exprese un sentimiento pr&oacute;ximo a la felicidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y junto a ese maravilloso museo fotogr&aacute;fico, Aurelio de los Reyes va narrando sus genealog&iacute;as con actas de matrimonio, de bautizo, de defunci&oacute;n, cartas familiares, tarjetas de primera comuni&oacute;n, cartas de visita, testamentos, dedicatorias, estados contables, objetos varios para demostrarnos que nada es prescindible desde el pisapapeles, el mant&oacute;n de Manila, la marca para el ganado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las im&aacute;genes fotogr&aacute;ficas proceden de diferentes t&eacute;cnicas, como el ambrotipo, ferrotipo o el daguerrotipo en esa su constante b&uacute;squeda, que le hizo reunir cerca de dos mil im&aacute;genes y retratar el mismo autor m&aacute;s de tres mil para permitirnos seguir el posible itinerario familiar. El autor expresa: "Podemos hablar de cuatro generaciones fotogr&aacute;ficas, con una conciencia del valor del retrato como testimonio familiar " (p. 202), porque varios de sus integrantes tuvieron conciencia de la necesidad de ese resguardo que les permiti&oacute; conservar esos retratos para que llegaran a manos de Aurelio y &eacute;l pudiera trasmitirlos al lector. As&iacute; encontramos esas cartas de visita donde la m&aacute;s antigua parece la de Concepci&oacute;n Quijano que data de 1872 &#151;muy pronto si se recuerda que la primera fotograf&iacute;a de la emperatriz Carlota data apenas de 1866&#151;, y las de Francisca Garc&iacute;a Rojas Galv&aacute;n y Mar&iacute;a Galv&aacute;n de Zaragoza como salidas del estudio de Cruces y Campa, quien en un largo anuncio publicado en 1848, conclu&iacute;a diciendo: " se garantiza siempre una perfecta semejanza y a satisfacci&oacute;n de la persona".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pienso que un apoyo gr&aacute;fico semejante har&iacute;a m&aacute;s accesible, por ejemplo, la lectura del G&eacute;nesis para poder seguir el intrincado relato: Jos&eacute; Garc&iacute;a de Roxas y Juana de Delgadillo engendraron a Jos&eacute;, Francisco y Sebasti&aacute;n, e irse extendiendo as&iacute; sucesivamente cual si se tratara del relato b&iacute;blico. En ese sentido, la investigaci&oacute;n usa esos medios, pero el objetivo es el retrato de una familia: "Este libro cuenta la historia de grandeza de una familia de tantas, de su realizaci&oacute;n, de su desaparici&oacute;n y del nuevo sue&ntilde;o de grandeza pasada que una nueva realidad hist&oacute;rica convirti&oacute; en a&ntilde;oranza, en recuerdo, en anhelo, en suspiro, en un pasado magnificado que motiv&oacute; apreciaciones err&oacute;neas, intencionales o no, en las genealog&iacute;as" (p. 26).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero se trata realmente de una familia de tantas o se busca volver a la idea de &aacute;rbol geneal&oacute;gico, documento generalmente de car&aacute;cter privado avalado por actas y otros elementos que le confer&iacute;an abolengo. O m&aacute;s all&aacute;, puede tener como antecedente la constataci&oacute;n de limpieza de sangre, documento jur&iacute;dico en el cual se demuestra, por medio de informaci&oacute;n testimonial, que quien lo promueve ha tenido el nombre y la fama de hijo leg&iacute;timo, dentro de una familia limpia de toda mala raza, moros, jud&iacute;os o penitenciarios de la Inquisici&oacute;n y que han vivido noblemente sin ejercer oficios viles y mec&aacute;nicos. Este certificado sol&iacute;a acompa&ntilde;arse de una excelente confecci&oacute;n en pergamino con dibujos de artistas de fama bien consolidada, por ejemplo de El Greco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coincide casi al pie de la letra con la argumentaci&oacute;n de Antonio Rinc&oacute;n Gallardo de Roxas cuando solicit&oacute; t&iacute;tulo de nobleza. "&#91;que digan los testigos&#93; si saben que don Fernando Garc&iacute;a de Roxas, &#91;natural de la hacienda de los Ojuelos&#93;, mi abuelo, fue entre otros hijos en leg&iacute;timo matrimonio habido, educado y reconocido por hijo leg&iacute;timo de don Jos&eacute; Garc&iacute;a de Roxas, do&ntilde;a Agustina Mart&iacute;nez de Sotomayor, mi bisabuela, el primero natural de la ciudad de Quer&eacute;taro, y la segunda de jurisdicci&oacute;n de Sierra de Pinos, de donde fueron ambos vecinos en la hacienda de Ojuelos... si saben que todos los susodichos mis ascendientes paternos y maternos, fueron espa&ntilde;oles de notoria calidad, personas nobles, cristianos viejos y descesdientes de tales y no moros, jud&iacute;os, penitenciarios por el Santo Oficio, ni de los nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe" (pp. 90&#45;91). A su pasado peninsular puso un velo y aunque no consigui&oacute; el t&iacute;tulo de nobleza, s&iacute; lo obtuvo Manuel, su hijo mayor, como marqu&eacute;s de Guadalupe Gallardo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso no desconcierta que la familia Garc&iacute;a Roxas haya dado a M&eacute;xico sacerdotes, monjas, cinco gobernadores de Zacatecas, entre ellos Francisco Garc&iacute;a Salinas y Jos&eacute; Mar&iacute;a Garc&iacute;a Rojas y Garc&iacute;a y Rojas y, creo haber entendido, alguno de Aguascalientes y hasta un fot&oacute;grafo. Pese a la decadencia familiar, no se menciona, por ejemplo, alguien con alguna conducta impropia, un desfalcador o un ladr&oacute;n o un artista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor recupera, sin otra intenci&oacute;n que la de reconstruir la historia, un pasado familiar, tradiciones ya perdidas que podr&iacute;an permitirnos entender mejor nuestro pasado, volver a expresiones culturales tan poco frecuentadas como la moda y los usos de cierta indumentaria. El autor demuestra que, en las haciendas de esta regi&oacute;n, los patronos y administradores vest&iacute;an a la usanza urbana. Como bien lo demuestra al hablarnos de las bodas y hasta ahora entend&iacute; por qu&eacute; en todas las pel&iacute;culas los ajuares siempre se compraban fuera de la hacienda, en la ciudad m&aacute;s pr&oacute;xima o en las capitales como Guadalajara y M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Particularmente relevante es demostrar un papel m&aacute;s destacado de la mujer en los siglos XVII y XVIII del que se le ha atribuido. Por ejemplo, la inconformidad de Mar&iacute;a Teresa que, como hija mayor, se neg&oacute; a entregar el mayorazgo a su hermano como fue la disposici&oacute;n de su padre Pedro Rinc&oacute;n de Ortega. Ella se neg&oacute; a entregar la propiedad y sigui&oacute; trabaj&aacute;ndola hasta la sentencia en 1734. Por su parte, Mar&iacute;a Josefa, la esposa de su hermano Francisco Xavier, aprendi&oacute; a administrar los bienes, de tal forma que cuando &eacute;ste muri&oacute; pudo continuar sus actividades e incluso ayudar a su hijo Antonio Rinc&oacute;n Gallardo Garc&iacute;a de Roxas, heredero del mayorazgo, con quien estableci&oacute; una sociedad agr&iacute;cola (pp. 878&#45;883). El autor afirma: "Mar&iacute;a Josefa es de hecho la primera hacendada que conozco, en el sentido m&aacute;s amplio del t&eacute;rmino; figura excepcional que se ocupa de la administraci&oacute;n de sus propiedades personalmente" (p. 84). Algo semejante sucedi&oacute; con la hacienda de San Nicol&aacute;s de Diego Anselmo de Quixas Escalante, que qued&oacute; a cargo de su esposa Ana Mar&iacute;a del R&iacute;o Tirado cuando don Diego muri&oacute;. Y tambi&eacute;n resulta de gran inter&eacute;s la constataci&oacute;n de la existencia de esclavos en las haciendas que, seg&uacute;n los testamentos, se heredaban de una generaci&oacute;n a otra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de M&eacute;xico bordea, como list&oacute;n tricolor que adorna un cuadro, el conjunto del libro desde la colonia, la independencia de Espa&ntilde;a, el primer imperio, la guerra de Reforma, el imperio de Maximiliano y algunos a&ntilde;os de su secuela. Hubiera deseado entender la din&aacute;mica familiar ya en pleno porfiriato e incluso si la revoluci&oacute;n contribuy&oacute; al desgaste y decadencia de las haciendas mencionadas y , por qu&eacute; no, si los repartos apenas dejaron esos cascos y capillas derruidas que nos permiten ver la buena factura del buen fot&oacute;grafo que es Aurelio de los Reyes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fotograf&iacute;as rebasan el tiempo hist&oacute;rico del relato, quiz&aacute; para demostrar el gran peso de las im&aacute;genes como testimonio y documento, con la enorme ventaja de que resultan m&aacute;s personales y entra&ntilde;ables, como si se tratara de la propia familia, del abuelo rodeado de nietos, de la boda de los padres, del paseo en el d&iacute;a de campo, de la infaltable t&iacute;a Lola, de los ni&ntilde;os el d&iacute;a de la primera comuni&oacute;n. Incluso todo lo que queda para atestiguar lo que fuimos y hacer hasta lo imposible para eludir la nostalgia cuando vemos los arcos y claroscuros de la soledad que habita los muros de las haciendas. Pero all&iacute; est&aacute;n todav&iacute;a los rumores y las risas, los recuerdos y la memoria, el sabor del chocolate caliente y el pan reci&eacute;n horneado, y las alacenas llenas de duraznos en conserva y de ate de membrillo. &iquest;Por qu&eacute; el t&iacute;tulo, Aurelio, si tu camino est&aacute; lleno de huellas y mantienes la gran cualidad de hacernos part&iacute;cipes de tu memoria, de esa rica memoria?</font></p>      ]]></body>
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