<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1276</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[An. Inst. Investig. Estét]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1276</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-12762003000200007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Lamento a la muerte de Jorge Velazco]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carredano]]></surname>
<given-names><![CDATA[Consuelo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<volume>25</volume>
<numero>83</numero>
<fpage>181</fpage>
<lpage>187</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-12762003000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-12762003000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-12762003000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Semblanzas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Lamento a la muerte de Jorge Velazco</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Consuelo Carredano</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas de la UNAM est&aacute; de luto. El martes 5 de agosto de 2003, despu&eacute;s de dirigir un par de memorables conciertos con la Sinf&oacute;nica de Miner&iacute;a, orquesta que &eacute;l mismo fundara en 1978, el maestro Jorge Velazco (M&eacute;xico, D.F., 1942) falleci&oacute; en la ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al cambiar los tratados de derecho por los de armon&iacute;a y orquestaci&oacute;n, y sus papeles curiales por las hojas pautadas, Jorge Velazco dio un giro radical a su vida y abraz&oacute; a la m&uacute;sica como una pasi&oacute;n sustancial. A la par de sus estudios en la Facultad de Derecho de la UNAM y una consecuente especializaci&oacute;n en Londres gracias a una beca del Consejo Brit&aacute;nico, hab&iacute;a recibido una s&oacute;lida preparaci&oacute;n musical, sin duda iniciada desde temprana edad con buenos maestros mexicanos: Antonio Gomezanda, Conrado Tovar, Rodolfo Halffter. Luego, en el extranjero, Velazco asisti&oacute; a cursos y seminarios con figuras prominentes de la escena internacional, como Lukas Foss en Estados Unidos, Franco Ferrara en la Accademia Musicale Chigiana de Roma y Herbert von Karajan en el seminario de direcci&oacute;n de orquesta que &eacute;ste impart&iacute;a en la Escuela Juilliard de Nueva York en 1976, y al a&ntilde;o siguiente, en Berl&iacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, y aunque no hac&iacute;a gala de ello, sus inicios profesionales en la m&uacute;sica se dieron por la v&iacute;a de la ejecuci&oacute;n pian&iacute;stica, una actividad a la que dedic&oacute; poco tiempo pero que obtuvo un merecido reconocimiento de nuestra comunidad musical. Interpret&oacute; recitales de repertorio cl&aacute;sico y rom&aacute;ntico, conciertos como solista de la Orquesta Filarm&oacute;nica de la UNAM e hizo destacadas incursiones en la m&uacute;sica de vanguardia al mediar los a&ntilde;os 70, ofreci&oacute; algunos estrenos absolutos y primeras audiciones en M&eacute;xico en conciertos, auspiciados entonces por foros como la Casa del Lago y la Biblioteca Benjamin Franklin.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, su vocaci&oacute;n se inclin&oacute; hacia la direcci&oacute;n de orquesta, una trayectoria por dem&aacute;s conocida sobre la que prevalecen encontradas opiniones y que, desde 1976, sum&oacute; sostenidas actuaciones con diversos conjuntos europeos: en Berl&iacute;n, como principal director hu&eacute;sped de la Sinfonietta RIAS, y en varias ocasiones, de la Deutschen Symphonie Orchester y la Orquesta Sinf&oacute;nica de esa misma ciudad. Con cada una de estas orquestas grab&oacute; dos discos en Alemania. Tambi&eacute;n fue invitado por la Orquesta Nacional de Espa&ntilde;a en 1995 y, entre 1989 y 2002, fungi&oacute; como hu&eacute;sped principal de la Orquesta de C&aacute;mara de Florencia. En Estados Unidos dirigi&oacute; las orquestas de Atlanta, Baltimore, Brooklyn, Houston, Louisville, Milwaukee, Sacramento y San Antonio, entre otras, y, a lo largo de su carrera, estuvo al frente de conjuntos mexicanos como la Filarm&oacute;nica de la Ciudad, la Orquesta Sinf&oacute;nica Nacional y las sinf&oacute;nicas del Estado de M&eacute;xico y de Xalapa. Durante m&aacute;s de siete a&ntilde;os fue director de la Sinf&oacute;nica de Miner&iacute;a, cargo al que tuvo que renunciar cuando fue designado director art&iacute;stico de la Orquesta Filarm&oacute;nica de la UNAM, y que volver&iacute;a a asumir en 1995 hasta la fecha de su muerte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una forma u otra, Jorge Velazco impuso su vocaci&oacute;n musicol&oacute;gica a su papel de director. Adem&aacute;s de conocer a fondo los aspectos hist&oacute;ricos, t&eacute;cnicos e interpretativos de las partituras, tomaba el cuidado de redactar las notas de sus programas: una preocupaci&oacute;n y un ejercicio ajenos a la mayor&iacute;a de los directores mexicanos, con las estimables excepciones de un par de pioneros de nuestro sinfonismo hist&oacute;rico, que sin duda inspiraron en buena medida la inquietud de Velazco. Esta genuina devoci&oacute;n hacia la musicolog&iacute;a se revelaba en sus novedosos criterios de programaci&oacute;n. Aun trat&aacute;ndose de obras del repertorio tradicional, Velazco era afecto a las interpretaciones apegadas al rigor hist&oacute;rico y a aventurarse a probar ediciones especiales y orquestaciones originales. En alg&uacute;n momento tambi&eacute;n mostr&oacute; inter&eacute;s por el rescate de obras mexicanas de escasa o nula difusi&oacute;n. Bastar&iacute;a mencionar un par de ejemplos: en 1981, el estreno en M&eacute;xico del <i>Concierto para violonchelo</i> de Ricardo Castro con la Orquesta Sinf&oacute;nica de Miner&iacute;a y el violonchelista Carlos Prieto, una obra que hab&iacute;a tenido una sola interpretaci&oacute;n en Par&iacute;s, en el remoto a&ntilde;o de 1903. Velazco consigui&oacute; una copia del manuscrito en la Colecci&oacute;n Edwin E. Fleischer de la Free Library de Filadelfia y dirigi&oacute; al propio Prieto y a la Orquesta Sinf&oacute;nica de Berl&iacute;n en una grabaci&oacute;n posterior. Y, en segundo lugar, la <i>Sinfon&iacute;a</i> de Antonio Sarrier, cuya grabaci&oacute;n con la orquesta RIAS, en 1982, respeta, al uso de la &eacute;poca, la tesitura original de los cornos, y que despu&eacute;s volvi&oacute; a ejecutar en uno de los programas de la OFUNAM, antes de grabarla con el mismo int&eacute;rprete en Berl&iacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Velazco no se limit&oacute; a empu&ntilde;ar la batuta de director bajo los reflectores internacionales o a redactar sus investigaciones en la soledad del cub&iacute;culo de su Instituto, en el que trabaj&oacute; durante cerca de tres d&eacute;cadas: "Todo el que pueda debe divulgar", escribi&oacute; como una declaraci&oacute;n de principios en el prefacio a su libro <i>La m&uacute;sica por dentro</i> (M&eacute;xico, UNAM, 1977). Y fue ciertamente en el campo de la divulgaci&oacute;n musical donde cosech&oacute; algunos de sus mejores frutos. Durante largos a&ntilde;os, Velazco public&oacute; en las p&aacute;ginas de <i>Exc&eacute;lsior</i> puntuales art&iacute;culos en los que abordaba un sinn&uacute;mero de temas relacionados pr&aacute;cticamente con todas las &aacute;reas de la m&uacute;sica y todos los periodos de su historia. Sus posturas eran abiertamente cr&iacute;ticas hacia el muy limitado conocimiento del pasado musical mexicano. Pero tambi&eacute;n, como agudo observador del ambiente art&iacute;stico de su tiempo, dispar&oacute;, no sin raz&oacute;n en algunos casos, anatemas contra el <i>stablishment</i> musical, los medios masivos de comunicaci&oacute;n, ciertos melifluos funcionarios culturales y los cr&iacute;ticos poco preparados que escriben con vergonzante irresponsabilidad.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v25n83/a7f1.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo se&ntilde;ala acertadamente el music&oacute;logo Ricardo Miranda, una de sus quejas m&aacute;s constantes era acerca del pobre conocimiento que se tiene del acervo musical de M&eacute;xico. Convencido de la necesidad de rescatar del olvido a los m&uacute;sicos anteriores a las grandes figuras como Ponce, Ch&aacute;vez o Revueltas, desde los a&ntilde;os 70 Velazco se aboc&oacute; a la tarea, entonces poco frecuente, de publicar breves retratos de aquellos compositores olvidados, cuando todav&iacute;a era dif&iacute;cil encontrar documentaci&oacute;n suficiente o grabaciones de su obra. Algunos t&iacute;tulos de estos <i>rescates</i> son elocuentes: "La obra olvidada de Campa", "La figura congelada de Carrasco", "La m&uacute;sica perdida de Miramontes" y "La figura borrosa de Felipe Larios". El music&oacute;logo estadounidense Robert Stevenson celebra en la labor de Velazco una genuina forma del patriotismo musical que consiste en un sano respeto por el pasado de un pueblo. Y aunque los escribiera con un claro prop&oacute;sito de divulgaci&oacute;n y pese a su brevedad, denotan juicios est&eacute;ticos de gran penetraci&oacute;n, en muchos casos, una buena dosis de ingenio y hasta un peculiar sentido del humor que refleja algunos rasgos de su controvertida personalidad. Si bien era un hombre pragm&aacute;tico y culto, &aacute;vido lector de buena literatura y bien educado, su car&aacute;cter, como &eacute;l mismo sol&iacute;a reconocerlo, no era f&aacute;cil y pod&iacute;a desconcertar a m&aacute;s de uno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; tanto de su personalidad afloraba en su obra musicol&oacute;gica? Fetichista y amante de las rarezas, de los temas m&aacute;gicos, mostraba una inusual predilecci&oacute;n por los personajes hist&oacute;ricos que, sin ser m&uacute;sicos, manten&iacute;an estrechos lazos con la m&uacute;sica. As&iacute;, por ejemplo, escribi&oacute; varias decenas de art&iacute;culos sobre reyes mel&oacute;manos, arist&oacute;cratas aficionados o gobernantes compositores, adem&aacute;s de un trabajo de mayor alcance sobre Federico II de Prusia y la m&uacute;sica (UNAM, 1986). Tambi&eacute;n cabe mencionar sus escritos sobre los "cient&iacute;ficos" de la m&uacute;sica o figuras como el Leonardo da Vinci int&eacute;rprete e inventor de instrumentos, sobre Herschell que, adem&aacute;s de astr&oacute;nomo, fue un prol&iacute;fico autor de obras musicales, o bien acerca de compositores que fueron m&eacute;dicos, atletas, espadachines y empresarios de &eacute;xito. Asimismo, le gustaba descubrir facetas poco conocidas de m&uacute;sicos conocidos. Como lo se&ntilde;ala el mismo Ricardo Miranda, "adem&aacute;s de ser una de sus obsesiones, constituye una parte fascinante de su legado musicol&oacute;gico y puede ser, sin lugar a dudas, una puerta muy agradable para acercarse a la m&uacute;sica o para despertar el inter&eacute;s de la gente por la m&uacute;sica". Por fortuna, la mayor&iacute;a de estos peque&ntilde;os ensayos y trabajos period&iacute;sticos est&aacute;n recogidos en los vol&uacute;menes: <i>De m&uacute;sica y m&uacute;sicos</i> (1983) y el ya citado <i>La m&uacute;sica por dentro</i>, ambos publicados por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un cap&iacute;tulo de gran aliento y de car&aacute;cter cosmopolita en la trayectoria de Jorge Velazco &#151;que, por lo dem&aacute;s, dar&iacute;a pie para especular sobre una eventual identificaci&oacute;n del investigador con sus personajes&#151; lo constituyen sus traducciones de los libros <i>Ensayos ante una sonata</i>, de Charles Ives (1975), un m&uacute;sico controvertido y con fama de ser uno de los compositores m&aacute;s solitarios de la historia, y la serie de ediciones en torno a Ferruccio Busoni que, en palabras del propio Velazco, es uno de los escasos m&uacute;sicos que suman una gran habilidad literaria y amplios conocimientos musicales a una profunda capacidad de reflexi&oacute;n est&eacute;tica. Las obras de estos pensadores musicales de nuestro siglo eran por completo desconocidas en espa&ntilde;ol hasta que Jorge Velazco emprendiera sus traducciones. El primer libro de la serie, tambi&eacute;n publicado en 1975, corresponde a una versi&oacute;n de la espl&eacute;ndida biograf&iacute;a de Busoni por el music&oacute;logo brit&aacute;nico Edward Joseph Dent. En fechas posteriores, Velazco verti&oacute; al espa&ntilde;ol el volumen de su correspondencia y, directamente del alem&aacute;n, su indispensable <i>Pensamiento musical</i>. Huelga recordar el impacto que signific&oacute; la aparici&oacute;n de estos textos, nuevamente por cuenta de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, pues gracias a ellos muchos m&uacute;sicos y music&oacute;logos pudimos acercarnos por primera vez a las ideas de este relevante fil&oacute;sofo y te&oacute;rico musical.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v25n83/a7f2.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, me referir&eacute; al proyecto m&aacute;s ambicioso en la carrera de investigador de Jorge Velazco: el <i>Diccionario de la m&uacute;sica espa&ntilde;ola e hispanoamericana</i>, una magna apuesta editorial encabezada en Madrid por el doctor Emilio Casares Rodicio desde el Instituto Complutense de Ciencias Musicales, auspiciada por el Ministerio de Cultura de Espa&ntilde;a y la Sociedad de Autores y Editores de aquel pa&iacute;s. Velazco fue, para M&eacute;xico, el director de este proyecto, al que dedic&oacute; cerca de trece a&ntilde;os, de 1989 hasta 2002, fecha en que apareci&oacute; el d&eacute;cimo y &uacute;ltimo volumen de la primera edici&oacute;n. No creo incurrir en exageraci&oacute;n al se&ntilde;alar que a su profesionalismo y compromiso se debe en buena medida el &eacute;xito de la obra, si consideramos que, despu&eacute;s de Espa&ntilde;a, M&eacute;xico es uno de los pa&iacute;ses que cuentan con mayor n&uacute;mero de entradas en el <i>Diccionario</i>. Por encima de los avatares editoriales y de sus virtudes o carencias, representa un invaluable avance en este campo porque es el primer trabajo enciclop&eacute;dico sobre m&uacute;sica mexicana que existe en el mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una parte del legado de Jorge Velazco en la que convergen las labores del director y del music&oacute;logo son sus numerosos discos que han merecido una destacada difusi&oacute;n. Si tuvi&eacute;ramos que hablar de uno solo de ellos, mencionar&iacute;amos la primera grabaci&oacute;n jam&aacute;s realizada de la m&uacute;sica de Antonio Gomezanda, un compositor talentoso y sin embargo olvidado, cuya obra ahora conocemos gracias a esta producci&oacute;n. Pocos son los que recuerdan a Velazco como compositor y autor de un breve pero interesante cat&aacute;logo de obras para diversas dotaciones: <i>Willst du</i>, para viol&iacute;n y piano, a partir de un texto an&oacute;nimo alem&aacute;n del siglo xviii, <i>Concierto para piano y orquesta</i>, <i>Concierto para piano y orquesta de cuerdas</i>, <i>Fantas&iacute;a para guitarra y orquesta de cuerdas</i>, <i>Concierto para viol&iacute;n y orquesta</i>, una sinfon&iacute;a y una &oacute;pera inconclusa: <i>Richelieu</i>, son algunas de sus composiciones. Asimismo, poco se sabe de su ef&iacute;mero paso por el Conservatorio Nacional como maestro de historia de la m&uacute;sica y como investigador en el Centro Nacional de Investigaci&oacute;n, Documentaci&oacute;n e Informaci&oacute;n Musical Carlos Ch&aacute;vez, mejor conocido como Cenidim, del Instituto Nacional de Bellas Artes. A todos estos trabajos y desvelos, habr&iacute;a que sumar sus contribuciones a la hemerograf&iacute;a musical en publicaciones culturales de M&eacute;xico, Espa&ntilde;a y Estados Unidos: <i>Revista de Bellas Artes</i>, <i>Revista de la Universidad</i>, <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas</i>, <i>Heterofon&iacute;a</i>, <i>Pauta</i>, <i>Cuadernos de M&uacute;sica Iberoamericana</i>, <i>Latin America Music Review</i>... Gracias a sus fogueos en la administraci&oacute;n, su curr&iacute;culum registra, en distintas fechas, los siguientes cargos: subjefe del Departamento de M&uacute;sica del Instituto Nacional de Bellas Artes, director de Actividades Musicales de la UNAM y subdirector general de Difusi&oacute;n Cultural de la misma instituci&oacute;n.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v25n83/a7f3.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su ritmo de trabajo era, en verdad, inaudito. Pod&iacute;a, al mismo tiempo, capitanear una orquesta y el festival que la acog&iacute;a; actuar como principal director hu&eacute;sped de una agrupaci&oacute;n sinf&oacute;nica en Italia y continuar sus labores de investigador; editar y redactar las voces para un diccionario enciclop&eacute;dico y publicar art&iacute;culos en el peri&oacute;dico o preparar las notas de los muchos conciertos que dirig&iacute;a y, adem&aacute;s, cuidar de tres hijos con un amor y una entrega ejemplares. Por desgracia o iron&iacute;a del destino, s&oacute;lo en la muerte encontr&oacute; el descanso que &eacute;l mismo se regateaba en vida.</font></p>      ]]></body>
</article>
