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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Graciela Iturbide 55,</i> Cuauht&eacute;moc Medina</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Deborah Dorotinsky</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Londres, Phaidon Press Limited, 2001</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La editorial inglesa Phaidon, en su serie "55", se ha dedicado a circular una versi&oacute;n popular de la obra de los fot&oacute;grafos m&aacute;s destacados alrededor del globo, unida a textos de los historiadores y cr&iacute;ticos del arte igualmente conocidos. De nuestras luminarias mexicanas s&oacute;lo la obra de Manuel &Aacute;lvarez Bravo y la de Graciela Iturbide han recibido hasta ahora ese canal de divulgaci&oacute;n internacional. El n&uacute;mero sobre la fot&oacute;grafa mexicana, con textos de Cuauht&eacute;moc Medina, apareci&oacute; en 2001.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Phaidon ha establecido un conjunto de lineamientos editoriales muy estrictos para esta serie de libros. Cada uno cuenta exactamente con 55 fotograf&iacute;as. Llevan en sus primeras p&aacute;ginas un ensayo biogr&aacute;fico sobre el o la artista, seguido por las fotograf&iacute;as organizadas cronol&oacute;gicamente del lado derecho y textos que las explican colocados del lado izquierdo. Los libros terminan con un breve curr&iacute;culum del artista y en la &uacute;ltima p&aacute;gina una explicaci&oacute;n sobre la serie y unas cuantas l&iacute;neas sobre el fot&oacute;grafo y quien escribe los textos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro que nos interesa, las im&aacute;genes producidas por Graciela Iturbide van de 1978 hasta 1999. Entre ellas se encuentra quiz&aacute; su fotograf&iacute;a m&aacute;s reconocida, <i>La se&ntilde;ora de las iguanas,</i> obligada para un p&uacute;blico extranjero (europeo y estadunidense sobre todo) que puede identificar esta imagen, como identificar&iacute;a la <i>Par&aacute;bola &oacute;ptica</i> de Manuel &Aacute;lvarez Bravo. Sin embargo, hay otras im&aacute;genes menos conocidas y algunas que incluso no se hab&iacute;an publicado con anterioridad, como las fotograf&iacute;as en los museos de historia natural en las capitales del mundo occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tama&ntilde;o peque&ntilde;o y cuadrado de libro de bolsillo, y el costo relativamente econ&oacute;mico del mismo, facilitan su circulaci&oacute;n y venta.<a name="n1b"></a><sup><a href="#n1a">1</a></sup> Phaidon ha acertado en la producci&oacute;n de esta serie por la forma en que ha convertido un conjunto de obras fotogr&aacute;ficas y textos en peque&ntilde;os objetos coleccionables. La edici&oacute;n es delicada, en papel de buena calidad, el dise&ntilde;o sobrio y la reproducci&oacute;n de las fotograf&iacute;as excelente. Debo confesar que la primera semana que lo estuve hojeando sent&iacute; una especie de placer teni&eacute;ndolo entre mis manos, algo semejante a contemplar con cuidado una miniatura pintada en un cascar&oacute;n de huevo, o una porcelana, una suerte de fetiche. Supongo que es a ese fetichismo, al peque&ntilde;o o gran coleccionista que cualquiera lleva dentro, al que se dirige la serie. Pasado el momento inicial del encuentro y hojeando una y otra vez sus p&aacute;ginas, este libro en particular nos invita a una reflexi&oacute;n en torno a la relaci&oacute;n que se construye entre la fotograf&iacute;a y sus textos. En este caso, no es el texto del t&iacute;tulo o el del pie de foto, sino el que se borda especialmente para intentar abrir la imagen fotogr&aacute;fica, en cierto modo decodificarla y ponerla un tanto al desnudo. El criterio editorial, preocupado quiz&aacute;s por una lectura m&aacute;s certera de cada imagen, de hecho reitera el contenido de las fotograf&iacute;as al incluir los textos explicativos. En el caso del libro de Iturbide, en el ensayo inicial Cuauht&eacute;moc Medina realiza una muy l&uacute;cida y atinada cr&iacute;tica de la manera en que se ha considerado la obra de Graciela como etnogr&aacute;fica, y logra revalorarla de forma muy provocadora, aunque no escapa al problema del imaginario etnogr&aacute;fico, como yo quisiera mostrar aqu&iacute;. Entre los aciertos de Medina en este texto est&aacute; el resumen biogr&aacute;fico que hace de la fot&oacute;grafa: su origen en la clase media mexicana, la herencia de teatralidad y ritualidad que conserva de su educaci&oacute;n temprana, la muerte de su hija menor y la manera en que &eacute;sta afect&oacute; su vida marcando su trabajo para siempre de modo muy peculiar, el contacto con Manuel &Aacute;lvarez Bravo, el cine y el aprendizaje que la fotograf&iacute;a ha significado en la vida de la artista. En este ensayo, sin caer en sentimentalismos ni tampoco en loas innecesarias, Medina logra presentarnos a una persona de carne y hueso, que toma fotograf&iacute;as como una manera de comprender el mundo en el que vive y relacionarse con las personas que encuentra en su camino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo inicial interact&uacute;a con las im&aacute;genes de manera cooperativa, sin anclar o aprisionar demasiado las fotograf&iacute;as en una sola direcci&oacute;n. Pero, adem&aacute;s del ensayo, los textos que comentan las im&aacute;genes por fuerza nos ponen a pensar en la posibilidad o imposibilidad de decodificarlas con acierto. Evidentemente, el libro est&aacute; dirigido a un p&uacute;blico internacional que no necesariamente sabr&iacute;a decodificar los signos y s&iacute;mbolos presentados en las fotograf&iacute;as. Los textos que las acompa&ntilde;an por el lado izquierdo juegan el papel de resumen y comentario cultural y social sobre el tema de cada una de ellas. Cuauht&eacute;moc Medina ofrece as&iacute; posibles puntos de entrada a los entramados simb&oacute;licos que la fot&oacute;grafa teje en sus im&aacute;genes. De M&eacute;xico a la India, unidas por el tema com&uacute;n de los animales, Medina afirma que Graciela Iturbide no intenta hacer un comentario sociol&oacute;gico de las personas que fotograf&iacute;a, sino m&aacute;s bien hacernos meditar sobre la transitoriedad de la vida. Su misi&oacute;n es desmitificar en buena medida el trabajo de la artista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina argumenta en contra de la clasificaci&oacute;n de Graciela como fot&oacute;grafa antropol&oacute;gica, reaccionando en parte a la afirmaci&oacute;n que hiciera, por ejemplo, Gerardo Estrada, en "Graciela Iturbide en la tradici&oacute;n fotogr&aacute;fica mexicana", texto que prologa el cat&aacute;logo de Fotoseptiembre de la exposici&oacute;n realizada de su obra en el Museo del Palacio de Bellas Artes de septiembre a octubre de 1993.<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup> Estrada afirma desde el inicio de su ensayo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Detr&aacute;s de la obra fotogr&aacute;fica de Graciela Iturbide hay quien encuentra la mirada de una antrop&oacute;loga. Graciela Iturbide es, por as&iacute; decir, una "antrop&oacute;loga cultural". Adem&aacute;s de saber ver, entiende lo que ve y por ello sabe expresarlo. La realidad ante la que ella se sit&uacute;a, en la que ella est&aacute; inmersa, es exaltada por la forma art&iacute;stica y as&iacute; adquiere su verdadera dimensi&oacute;n.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo texto del mencionado cat&aacute;logo, escrito por Christian Cajoulle, propone la obra de Graciela casi como el equivalente visual del realismo m&aacute;gico literario. Y Medina se dedicar&aacute; a intentar demostrar como err&oacute;neas, en la apreciaci&oacute;n de la obra de la fot&oacute;grafa, tanto la afirmaci&oacute;n de Estrada como la de Cajoulle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina comienza su texto con una estrategia muy clara y atinada: ubicar al lector en el contexto del conflicto de identidades que existe en los pa&iacute;ses latinoamericanos. Nuestra experiencia poscolonial, explica, est&aacute; marcada no por la existencia de un alma milenaria, como sugirieron nacionalismos y exotismos de principios del siglo XX, sino por la diferencia y "la aventura de di&aacute;logos imposibles" que conocemos a finales del siglo XX. De manera bastante directa, entramos de lleno en el problema de la clasificaci&oacute;n equ&iacute;voca de la obra de Graciela Iturbide como de una "antrop&oacute;loga innata".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin debatir qu&eacute; se entiende claramente por el quehacer antropol&oacute;gico, pasado y presente, Medina logra detectar que uno de los problemas en la consideraci&oacute;n del trabajo de esta fot&oacute;grafa es que est&aacute; plantado justamente en el cruce de los temas pol&iacute;ticos y culturales importantes, espacios de tensiones entre Occidente y sus m&aacute;rgenes culturales. Como de hecho la mayor parte de los sujetos en la obra de la fot&oacute;grafa son los "otros culturales", habr&aacute; que considerar su trabajo a la luz de otros trabajos que, aunque Medina no aborda, parece que los mantiene en su memoria mientras piensa en el de Graciela. Posiblemente parte del problema de su ensayo es justamente esta falta de precisi&oacute;n sobre lo que considera como antropol&oacute;gico, aunque se nota una comprensi&oacute;n m&aacute;s bien negativa del trabajo que hace la fotograf&iacute;a etnogr&aacute;fica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clasificar hoy d&iacute;a a una fot&oacute;grafa como Graciela de antropol&oacute;gica ser&iacute;a como afirmar que es racista. Esto no se debe a que los antrop&oacute;logos hoy d&iacute;a lo sean, sino m&aacute;s bien al papel que la fotograf&iacute;a jug&oacute; en la historia de la antropolog&iacute;a. El trabajo de la historia cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a ha "puesto al desnudo" la persistencia de las ideolog&iacute;as positivistas y evolucionistas que la disciplina carga desde el siglo XIX.<a name="n3b"></a><sup><a href="#n3a">3</a></sup> Entre las cosas que se han mostrado sobresalen las denuncias sobre el tipo de construcci&oacute;n ideol&oacute;gica impl&iacute;cita en la representaci&oacute;n de los "otros culturales" dentro de la escritura etnogr&aacute;fica, y la fotograf&iacute;a como herramienta metodol&oacute;gica en la investigaci&oacute;n de esta disciplina. Siendo instrumental en la documentaci&oacute;n de la otredad, por su supuesto valor mim&eacute;tico o anal&oacute;gico, la fotograf&iacute;a en particular oper&oacute; generalmente de acuerdo con las teor&iacute;as evolucionistas, &eacute;stas s&iacute; de corte claramente racista. Medina reconoce este bagaje negativo que viene cargando la antropolog&iacute;a decimon&oacute;nica, e incluso la fotograf&iacute;a de este corte hasta finales de los a&ntilde;os cincuenta en nuestro pa&iacute;s (hay quien dir&iacute;a que incluso hasta m&aacute;s tarde), y es contra el que est&aacute; mirando la obra de Graciela Iturbide. Est&aacute; en lo cierto al tratar de separar el trabajo de esta fot&oacute;grafa del de los antrop&oacute;logos, no s&oacute;lo en intenci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en estilo. La fotograf&iacute;a antropol&oacute;gica, en su forma m&aacute;s burda, expon&iacute;a de frente y perfil a sus sujetos retratados, contra fondos neutros y generalmente aislados de un contexto, inventariaba y apoyaba la construcci&oacute;n de un gran archivo de cuerpos y datos antropom&eacute;tricos (como la ficha policiaca o la ficha de registro de un sanatorio para enfermos mentales, o los registros de prostitutas que el mismo Medina trabaj&oacute; en su momento). El trabajo de Graciela, finalmente, no se parece a estas im&aacute;genes. Incluso cuando trabaj&oacute; para el ini realizando las fotograf&iacute;as del grupo Seri (1979, libro impreso en 1981), no est&aacute; construyendo un &iacute;ndice etnol&oacute;gico&#45;antropol&oacute;gico. Es una pena que por faltarle un animal a la imagen no hayan incluido la fotograf&iacute;a de esa serie que se llama <i>Mujer &aacute;ngel</i> (aunque s&iacute; incluye <i>Mujeres seri</i>). <i>Mujer &aacute;ngel</i> muestra a una mujer que camina de prisa, d&aacute;ndonos la espalda y alej&aacute;ndose de la c&aacute;mara, cargando un radio con grabadora bastante grande.<a name="n4b"></a><sup><a href="#n4a">4</a></sup> &Eacute;sta, m&aacute;s que otras, es paradigm&aacute;tica de lo que no es fotograf&iacute;a antropol&oacute;gica: el sujeto da la espalda a la c&aacute;mara, ocultando sus rasgos faciales, se aleja. Adem&aacute;s, el <i>punctum</i> de esta fotograf&iacute;a es el radiograbador, un implemento de tecnolog&iacute;a occidental que temporaliza la imagen de la mujer india, cosa generalmente ausente en los registros fotogr&aacute;ficos antropol&oacute;gicos hasta mediados del siglo XX. Otra estrategia de Graciela Iturbide que refuta la clasificaci&oacute;n de su obra como antropol&oacute;gica es la obstrucci&oacute;n de los rostros de sus sujetos con los animales; lo hace en <i>Mujer cangrejo,</i> 1985 (p. 43); <i>El gallo,</i> 1986 (p. 47); <i>Mujer toro,</i> 1987 (p. 53); <i>Do&ntilde;a Guadalupe,</i> 1988 (p. 57, aqu&iacute; la mujer tiene un antifaz); el desnudo de Alejandra, 1995 (p. 93); el retrato de su hijo el arquitecto Mauricio Rocha, 1996 (p. 95), y el del pintor Francisco Toledo, 1997 (p. 101), e incluso en el retrato que le hace su hijo en 1999 y en su autorretrato de 1989 (p. 65). A nivel de un lenguaje formal, Graciela no echa mano por completo de los c&aacute;nones de una fotograf&iacute;a cient&iacute;fica, fisonomista, ni los repite; por el contrario, los subvierte (por lo menos &eacute;ste es el caso en la selecci&oacute;n que Graciela Iturbide y Cuauht&eacute;moc Medina hicieron para Phaidon). Esta subversi&oacute;n es apreciable incluso cuando los sujetos est&aacute;n de frente o de perfil, ya que o est&aacute;n fuera de foco o "movidos", como la mujer en <i>Los pollos,</i> 1979 (p. 25), que pasa de prisa delante de una pared salpicada, enfatizando el movimiento y resaltando la cualidad casi de expresionismo abstracto de la pared del fondo (que s&iacute; est&aacute; enfocada), o en <i>Mar&iacute;a F&eacute;lix</i> (1979), donde el foco de atenci&oacute;n no es el rostro sonriente de esta mujer que se encuentra bastante oculto por las sombras, sino el cuadrado que se forma al centro de la imagen entre las verticales de su cuerpo, la sombra del bote que est&aacute; en el agua a su derecha y las horizontales de la sombra de Mar&iacute;a y la l&iacute;nea que divide al mar del cielo; cuadrado inconcluso que nuestra mirada termina por cerrar. O, finalmente, por las m&uacute;ltiples fotograf&iacute;as de fragmentos de cuerpos y escenas cotidianas en el mercado de Juchit&aacute;n, aqu&iacute; s&iacute; con esa &oacute;ptica moderna de &aacute;ngulos extra&ntilde;os y ediciones obtusas, como en <i>Mercado de Juchit&aacute;n</i> I, de 1984 (p. 35), con la escena pr&aacute;cticamente dividida intencionalmente en dos registros separados por una raya en el pavimento: el superior, con las iguanas oscuras sobre el suelo, contrasta con el inferior, donde un pie femenino, calzado con sandalia de tac&oacute;n, est&aacute; a punto de despegarse del suelo por debajo de una falda blanca en la esquina inferior izquierda, la toma hecha en un picado inc&oacute;modo. Estas composiciones aleatorias de s&iacute;mbolos, como afirma Medina, parecen narrativas abstractas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, tomemos la fotograf&iacute;a de la <i>Se&ntilde;ora de las iguanas,</i> que aparece en la portada del libro y en la p&aacute;gina 23. &Eacute;sta s&iacute; mantiene una fuerte asociaci&oacute;n con el tipo de im&aacute;genes indigenistas producidas hasta los a&ntilde;os cincuenta: el aislamiento del sujeto en el primer plano, el &aacute;ngulo contrapicado que dignifica y agranda, el fondo neutro para evitar distracciones.<a name="n5b"></a><sup><a href="#n5a">5</a></sup> Yo considero que el problema no es realmente en qu&eacute; grado la obra es o no antropol&oacute;gica, sino que lo que en ella hay de antropol&oacute;gico nos habla m&aacute;s bien de un inconsciente &oacute;ptico indigenista de las clases medias de nuestro pa&iacute;s. Lo que es cierto es que no se ha hecho un estudio cr&iacute;tico y reflexivo sobre la medida en la que, a trav&eacute;s del siglo XX, el repertorio fotogr&aacute;fico indigenista fue consolidando un cierto "modo de ver" al mundo ind&iacute;gena, matiz&aacute;ndolo en cada d&eacute;cada. Lo que hace Graciela Iturbide en su obra no es hablar de los otros, sino reflexionar sobre su manera personal de interactuar y visualizar esa diferencia. En buena medida, al no poder hacerse esa separaci&oacute;n contundente entre "las buenas" y "las malas" im&aacute;genes antropol&oacute;gicas (ni en la pr&aacute;ctica fotogr&aacute;fica ni en la cr&iacute;tica de la fotograf&iacute;a), lo que s&iacute; se logra es destacar la importancia que la antropolog&iacute;a ha tenido, hist&oacute;ricamente, en la construcci&oacute;n de identidades en nuestro pa&iacute;s. Considero que es justamente este inconsciente &oacute;ptico lo que hace que uno no pueda definir con claridad el car&aacute;cter de la obra de Iturbide, atrayente, poderosa, irremediablemente cerca de nuestro coraz&oacute;n. Es la insistencia sobre el asunto de la diversidad, abordada por esta fot&oacute;grafa desde su perspectiva personal, pero tambi&eacute;n inserta dentro de un contexto cultural m&aacute;s amplio, lo que hace que uno no pueda resolverse en uno u otro sentido respecto a su obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por esto mismo, en algunos comentarios Medina pareciera regresar sobre la idea de una mirada casi etnogr&aacute;fica. Al comentar la fotograf&iacute;a <i>Mar&iacute;a F&eacute;lix,</i> 1979 (p. 30), llama a Graciela una "observadora participante"<sup><a name="n6b"></a><a href="#n6a">6</a></sup> por esa manera que tiene de interrelacionarse con los personajes de sus fotograf&iacute;as. Quiz&aacute;s tendr&iacute;a que ver m&aacute;s con la antropolog&iacute;a posmoderna llamada en ocasiones "dial&oacute;gica" <i>(dialogical),</i> por esa estrategia de hacer presente la voz del otro en el relato etnogr&aacute;fico. Ese di&aacute;logo es parte de la complicidad que con sus modelos entabla Iturbide, quien, a diferencia del antrop&oacute;logo, no est&aacute; preocupada por mantener una distancia objetiva de sus sujetos de estudio. No hay nada de distancia objetiva en sus im&aacute;genes (ni tampoco se estudia a los sujetos), sino justamente la articulaci&oacute;n de ese encuentro intercultural, personal, intersubjetivo, a veces intimista, que nos enfrenta con la "ilusi&oacute;n" de cercan&iacute;a que la fotograf&iacute;a ofrece. Ver, entonces, no es lo mismo que conocer, y mucho menos que entender. </font><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, en ocasiones pasa con las im&aacute;genes de Graciela que parecen ser un fragmento no del tiempo congelado, el espacio editado, de momento decisivo, sino de una construcci&oacute;n emocional compleja previa a la toma, si algo como lo pre&#45;indicial pudiese existir.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;por qu&eacute; defiende Cuauht&eacute;moc Medina a la obra de Graciela de su catalogaci&oacute;n como analog&iacute;a visual del realismo m&aacute;gico literario? Si sus fotograf&iacute;as son consideradas por algunos autores como un equivalente visual del realismo m&aacute;gico literario, esto se debe en gran medida, afirma Medina, al exotismo con el que el Occidente mira la vida ind&iacute;gena. Ya no un prejuicio netamente racista, sino una fantas&iacute;a melanc&oacute;lica. As&iacute;, de una mirada cient&iacute;fica taxon&oacute;mica, ahora volvemos la mirada para comparar sus fotograf&iacute;as contra el caudal de im&aacute;genes folkloristas y esteticistas de los indios de M&eacute;xico tomadas a lo largo del siglo XX, que, vali&eacute;ndose de un muy acotado repertorio simb&oacute;lico, han intentado entregarnos una visi&oacute;n m&aacute;gica e idealizada de lo indio: arquetipos primitivos. Un proyecto igualmente deplorable que el cient&iacute;fico, el del exotismo simb&oacute;lico que, aunque con algunos m&eacute;ritos formales, es tambi&eacute;n ideol&oacute;gicamente cuestionable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien establecidas las distancias con las "malas im&aacute;genes" antropol&oacute;gicas, esos recuerdos visuales de un pasado occidental pol&iacute;ticamente muy cuestionable, salvadas las diferencias (y reafirmadas) con el exotismo del realismo m&aacute;gico, la obra de Graciela es entonces defendida m&aacute;s como una especie de antropoes&iacute;a que rescata lo que Lorna Scott escribiera sobre ella y sus fotograf&iacute;as en un n&uacute;mero de <i>Poli&eacute;ster.<sup><a name="n7b"></a><a href="#n7a">7</a></sup></i> Es curioso que, al igual que en otros tiempos se compar&oacute; a la pintura y a la poes&iacute;a, ahora esa vieja met&aacute;fora regresa en la forma de una poes&iacute;a humana convertida en imagen fotogr&aacute;fica. &iquest;Qu&eacute; quiere decir que las fotograf&iacute;as de Graciela sean po&eacute;ticas (lo son, pero son m&aacute;s que eso)? En ese sentido, Medina pone la cuchara en la boca del p&uacute;blico extranjero y lo alimenta de una suerte de "nuevo&#45;exotismo", uno po&eacute;tico ahora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A m&iacute; me hubiese gustado m&aacute;s poder pensar qu&eacute; quieren de nosotros las im&aacute;genes de Iturbide. Muchas de ellas nos dan sangre, &iquest;nos piden quiz&aacute;s devoci&oacute;n, asombro, asco? Otras palpitan con un movimiento que nos pide echarnos a andar nosotros mismos; una mirada que se deposita para luego seguir el barrido del cuerpo que se mueve dentro de la imagen. Por mi cuenta, creo que lo que las fotograf&iacute;as desean, y de lo que carecen a la vez, es el poder de ser consideradas conceptualmente como estrategia visual sin que se las ate nuevamente al lenguaje, antropol&oacute;gico, literario o po&eacute;tico. Quiz&aacute;s que se las reconozca como parte de una tradici&oacute;n fotogr&aacute;fica mexicana que logr&oacute; consolidar ciertas maneras de ver a las otras culturas, y que intenta, a trav&eacute;s de sus aproximaciones visuales, mediar entre nosotros y ellas, hacernos reflexionar sobre las distancias que nos separan y los puentes que nos acercan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de esa peculiar vinculaci&oacute;n del texto con la fotograf&iacute;a, dir&iacute;a W.J.T. Mitchell, y concuerdo con &eacute;l, que el mejor ensayo fotogr&aacute;fico es aquel en el que texto e imagen funcionan de manera muy independiente.<sup><a name="n8b"></a><a href="#n8a">8</a></sup> Aunque &eacute;ste no fue el criterio que Phaidon le permiti&oacute; ejercer a Cuauht&eacute;moc Medina. En la gran mayor&iacute;a de los textos que acompa&ntilde;an a las fotograf&iacute;as del libro, Medina se limit&oacute; a comentar las im&aacute;genes tratando de dar a los lectores extranjeros informaci&oacute;n sobre el tema cultural de las mismas. Por ejemplo, en las fotograf&iacute;as sobre los seri, explica, citando el texto de Luis Barjau, con quien Graciela colabor&oacute; en ese proyecto, el problema de la sedentarizaci&oacute;n, del cambio de h&aacute;bitos de vida y los consecuentes cambios culturales que eso acarre&oacute; para los seri.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, la fotograf&iacute;a de <i>El rapto.</i> &Eacute;sta es la &uacute;nica fotograf&iacute;a donde no aparece un animal ya que son flores las que adornan a la joven en el lecho. Medina explica que existe un rito en Juchit&aacute;n sobre la consumaci&oacute;n de un matrimonio cuando la muchacha es menor de edad. El rito involucra el rapto de la chica por parte del novio y el posterior desfloramiento de la muchacha con los dedos; las manchas de sangre en la s&aacute;bana atestiguar&iacute;an la virginidad de la muchacha. Sin embargo, en ocasiones se utiliza sangre de pollo en una bolsita para salpicar las s&aacute;banas y guardar el decoro. &iquest;Qu&eacute; hace en este libro con la tem&aacute;tica de los animales, el sacrificio, la teatralidad&#45;ritualidad, la complicidad con los modelos, una fotograf&iacute;a que por su valor documental y etnogr&aacute;fico bien podr&iacute;a deshacer todo el argumento de Medina en defensa de otros valores no antropol&oacute;gicos en el trabajo de Graciela? Quiz&aacute;s si hubiese sido la &uacute;nica imagen en aparecer sin un texto al costado (cosa que los editores no permitir&iacute;an), el valor enigm&aacute;tico de la misma se hubiese incrementado considerablemente. Lo que no se evit&oacute; omitiendo el texto fue determinarla a trav&eacute;s del lenguaje. Cualquier otra lectura que el observador de la fotograf&iacute;a pudiese hacer se ve cooptada, acotada, ensombrecida por el comentario que Medina le ha fabricado a la imagen; y &eacute;sta s&iacute; se redimensiona en su valor "extra&ntilde;o y ex&oacute;tico" como una pr&aacute;ctica cultural violenta, un acto b&aacute;rbaro. &Eacute;sta es la &uacute;nica fotograf&iacute;a que parece vibrar en una nota muy diferente que las del resto de la selecci&oacute;n, y una explicaci&oacute;n diferente a su presencia podr&iacute;a sugerir que, aunque no se ve un animal en la imagen, el acto del que &eacute;sta proviene parece ser considerado como de cierta animalidad, o que la sangre del pollo es la que salpica la s&aacute;bana, lo cual hay que mirar con una lupa aun confiando en la palabra de Medina. El hecho de que se le permitiera a Graciela tomar y reproducir esta imagen de una pr&aacute;ctica ritual relacionada con la sexualidad y el matrimonio, como se conciben y manejan dentro de la cultura zapoteca de Juchit&aacute;n, me parece que refuerza la intenci&oacute;n de poder apoyar un proyecto que no suena a otra cosa que a antropolog&iacute;a en su sentido m&aacute;s decimon&oacute;nico</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; quieren entonces de nosotros las fotograf&iacute;as de Graciela Iturbide, y los textos de Cuauht&eacute;moc Medina? Las fotograf&iacute;as quieren nuestra mirada, entre otras cosas, nuestra entrega ritual a su ritualidad, un cederles nuestro tiempo a su tiempo y sus ritmos; quieren nuestra complicidad as&iacute; como la fot&oacute;grafa se ha hecho c&oacute;mplice con sus modelos. Los textos quieren llevarnos de la mano para acceder al trabajo de Graciela, ser llaves, darnos claves, por momentos sacudir los estereotipos y violentar los lugares comunes de la fotograf&iacute;a mexicana. En toda la lucidez del texto de Cuauht&eacute;moc Medina, ese no poder precisar sobre lo antropol&oacute;gico, dejar de ser ambivalente en cuanto a lo etnogr&aacute;fico, es uno m&aacute;s de esos di&aacute;logos imposibles a los que el mismo autor hace alusi&oacute;n; ese que en la historia de nuestro pa&iacute;s ha transcurrido entre la antropolog&iacute;a, la arqueolog&iacute;a, la fotograf&iacute;a y la construcci&oacute;n de identidades y modos de ver.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. En nuestro pa&iacute;s se venden por $79.00 (setenta y nueve pesos).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. Gerardo Estrada, "Graciela Iturbide en la tradici&oacute;n fotogr&aacute;fica mexicana", en <i>Graciela Iturbide,</i> cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n en el Museo del Palacio de Bellas Artes, ciudad de M&eacute;xico, septiembre a octubre de 1993; M&eacute;xico, INBA, agosto de 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755604&pid=S0185-1276200200010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. Esta historia cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a para m&iacute; est&aacute; abordada de manera muy importante en la serie editada por George W. Stocking, Jr., <i>History of Anthropology,</i> University of Wisconsin Press (yo conozco hasta el volumen 7).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755606&pid=S0185-1276200200010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. Se puede ver, por ejemplo, en las p&aacute;ginas 54 y 55 del libro <i>Graciela Iturbide. Im&aacute;genes del esp&iacute;ritu,</i> Casa de las Im&aacute;genes/Aperture, exposici&oacute;n y publicaci&oacute;n Fideicomiso para la Cultura M&eacute;xico&#45;USA/ FONCA/Fundaci&oacute;n Cultural Bancomer/Fundaci&oacute;n Rockefeller/FEMSA/Seguros Monterrey Aetna, Era, M&eacute;xico, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755608&pid=S0185-1276200200010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. Quiz&aacute; uno de los m&aacute;s duros ataques contra la obra de Graciela, clasific&aacute;ndola de etnogr&aacute;fica en un "mal sentido", lo realiz&oacute; Leigh Binford en "Graciela Iturbide. Normalizing Juchit&aacute;n", que apareci&oacute; en el n&uacute;mero especial de la revista <i>History of Photography,</i> vol. 20, n&uacute;m. 3, oto&ntilde;o de 1996,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755610&pid=S0185-1276200200010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> dedicado especialmente a la fotograf&iacute;a mexicana con John Mraz como editor invitado (pp. 244&#45;248). Binford revisa y critica el libro de Graciela, <i>Juchit&aacute;n de las mujeres</i> (1989), afirmando que en lugar de adoptar una perspectiva positiva a favor de los juchitecos, la colaboraci&oacute;n de Graciela y Elena Poniatowska (textos) hace un mal servicio tanto a los juchitecos en general como a las mujeres juchitecas en particular.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. Este t&eacute;rmino antropol&oacute;gico se refiere a un modo m&aacute;s pol&iacute;ticamente correcto de efectuar el trabajo de campo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. Lorna Scott, "Antropoes&iacute;a: fotograf&iacute;a documental en M&eacute;xico", en <i>Poli&eacute;ster,</i> n&uacute;m. 5, primavera de 1993, pp. 12&#45;23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755613&pid=S0185-1276200200010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> De hecho el t&eacute;rmino no es "acu&ntilde;ado" por Lorna Scott, sino por Jos&eacute; Manuel Pintado en su texto para <i>Los pueblos del viento</i> (INI, 1981). La misma Lorna aclara eso en la p. 17 de su art&iacute;culo para <i>Poli&eacute;ster</i> y nos explica que es como una salida al dilema que enfrenta el fot&oacute;grafo escrupuloso cuando "trata de evitar la multitud de pecados que lo amenazan, como el exotismo, el didactismo, la seudo&#45;objetividad antropol&oacute;gica, la fascinaci&oacute;n clasemediera por la pobreza y lo panfletario", pp. 16&#45;17. Este art&iacute;culo es una referencia obligada para quien trabaja asuntos de fotograf&iacute;a documental en M&eacute;xico y recupera comentarios de fot&oacute;grafos como Mariana Yampolsky, la propia Graciela, Eniac Mart&iacute;nez, Pablo Ortiz Monasterio y Pedro Meyer.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. V&eacute;ase W.J.T. Mitchell, "The Photographic Essay: Four Case Studies", en su libro <i>Picture Theory,</i> Chicago, The University of Chicago Press, 1994, pp. 281&#45;322.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=755615&pid=S0185-1276200200010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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