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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Arquitectura y empresa en el Quito colonial: José Jaime Ortiz, alarife mayor]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Arquitectura y empresa en el Quito colonial: Jos&eacute; Jaime Ortiz, alarife mayor</i></b>, <b>Susan V. Webster</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Clara Bargellini</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Quito, Abya&#45;Yala, 2002</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descubrimiento de un artista siempre es motivo de celebraci&oacute;n. Buscando datos sobre cofrad&iacute;as en los archivos de Quito, Susan Webster tuvo la suerte de hallar un libro de la Cofrad&iacute;a del Sant&iacute;simo Sacramento (1689&#45;1716), dentro del cual est&aacute; asentada mucha informaci&oacute;n sobre un notable arquitecto, Jos&eacute; Jaime Ortiz, hasta ahora casi desconocido. La cofrad&iacute;a sufrag&oacute; y document&oacute; el proceso de construcci&oacute;n del Sagrario de Quito, obra de Ortiz, quien acababa de llegar a Am&eacute;rica. Siguiendo las pistas de los datos encontrados, Webster pudo hallar m&aacute;s informaci&oacute;n, y ahora sabemos que Ortiz naci&oacute; en Alicante y estuvo un tiempo en Valencia. Lleg&oacute; a Quito en 1694, a los 38 a&ntilde;os, y all&iacute; muri&oacute; en 1707 en circunstancias tr&aacute;gicas. En Quito estuvo involucrado en once proyectos de arquitectura, tanto religiosa como civil, y en varias empresas inmobiliarias y comerciales. El libro de Webster presenta cronol&oacute;gicamente los proyectos arquitect&oacute;nicos de Ortiz, y tambi&eacute;n la informaci&oacute;n sobre sus actividades empresariales, todo fundamentado en la nueva documentaci&oacute;n. El libro termina con unas consideraciones finales y tiene como complementos una serie de ilustraciones, tres ap&eacute;ndices documentales y un &iacute;ndice de nombres propios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia personal de Ortiz es fascinante, digna de novelarse. En trece a&ntilde;os hizo y perdi&oacute; "la Am&eacute;rica" en circunstancias de intriga y misterio. Afortunadamente, dej&oacute; un espl&eacute;ndido edificio y partes de otros que atestiguan su talento y capacidad como arquitecto e ingeniero. Webster inserta el trabajo de Ortiz en el Quito de aquella &eacute;poca y llega a varias conclusiones muy interesantes. Una de las m&aacute;s trascendentales, presentada en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, se refiere al papel del Sagrario como fuente de inspiraci&oacute;n para algunos de los edificios m&aacute;s notables de Quito, como la iglesia de la Merced en la que Ortiz trabaj&oacute;, y tambi&eacute;n el templo de la Compa&ntilde;&iacute;a. La historiograf&iacute;a siempre ha visto en la iglesia de los jesuitas el origen de elementos importantes de la arquitectura quite&ntilde;a del siglo XVIII, pero Webster aduce evidencia para sustituir el Sagrario por la Compa&ntilde;&iacute;a como una especie de cabeza de serie en Quito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que es muy posible que Webster tenga raz&oacute;n en este asunto, pero su conclusi&oacute;n es tan relevante que hubiera querido encontrar un tratamiento m&aacute;s detallado y cuidadoso de este problema, como de otros. Desconozco si hubo alguna raz&oacute;n para limitar la extensi&oacute;n del texto, pero en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n sent&iacute; que la autora se qued&oacute; corta, que no quiso o no pudo profundizar. Otro ejemplo es el tratamiento del lenguaje pl&aacute;stico de Ortiz. Algo dice Webster de su estilo "m&aacute;s caracter&iacute;stic&#91;o&#93; del barroco que del manierismo", pero el comentario es demasiado escueto, dada la centralidad de las discusiones sobre estas cuestiones en la historiograf&iacute;a de la arquitectura hispanoamericana. Es probable que el problema de fondo no sea en realidad de la autora, sino del aislamiento en el que se han desarrollado las historiograf&iacute;as de la arquitectura y del arte hispanoamericano a partir del siglo XIX. En todas partes, nos encontramos frente a problemas similares, pero con variantes locales, y es dif&iacute;cil hacer las comparaciones que nos ayudar&iacute;an a mejorar nuestra comprensi&oacute;n. El presente libro, por sus notables aportaciones, es un muy buen ejemplo de c&oacute;mo una historia local podr&iacute;a enriquecer una historia m&aacute;s amplia, y tambi&eacute;n c&oacute;mo podr&iacute;a enriquecerse con conocimientos de otras historias locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ejemplos que se pueden aducir van desde asuntos devocionales, a los de la organizaci&oacute;n del trabajo, a los estil&iacute;sticos, como acabo de mencionar. En cuanto a lo devocional, se nota cierta inseguridad en la informaci&oacute;n acerca de la cofrad&iacute;a del Sant&iacute;simo. Hasta donde s&eacute;, en todo el mundo cat&oacute;lico las cofrad&iacute;as del Sant&iacute;simo Sacramento recibieron un impulso en la segunda mitad del siglo XVI, a partir del apoyo del papa Paulo III y del Concilio de Trento, y siempre esta cofrad&iacute;a es la m&aacute;s importante en las parroquias del clero secular. Su finalidad espec&iacute;fica fue promover el culto al Sacramento. Por lo tanto, es necesario resaltar el dato que proporciona la autora acerca de la fecha de los primeros libros de la cofrad&iacute;a en Quito en 1543. Para la historia de la arquitectura, son m&aacute;s importantes que los datos devocionales las consideraciones sobre el estatus de los arquitectos y la organizaci&oacute;n del trabajo que se desprenden de la lectura del texto de Webster. La autora justamente hace notar la importancia del hecho de que a Ortiz parece hab&eacute;rsele pagado mucho m&aacute;s que a sus antecesores y contempor&aacute;neos en Quito. Por s&iacute; sola esta cuesti&oacute;n merecer&iacute;a un estudio aparte, aunque es obvio que el libro en examen no es el lugar para ello. Sin embargo, el asunto relacionado de los t&iacute;tulos de los constructores deber&iacute;a haber recibido una atenci&oacute;n m&aacute;s precisa. Si bien parece ser cierto que el t&iacute;tulo de "arquitecto mayor" no fue adjudicado en Quito a nadie m&aacute;s que a Ortiz en su &eacute;poca, a otro maestro se le llam&oacute; "alarife y arquitecto de la ciudad". &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an la relaci&oacute;n y la diferencia entre estos t&iacute;tulos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este asunto la autora parece haber tomado la parte del personaje central de su historia. Como a menudo sucede en muchas investigaciones, nuestros objetos de estudio se vuelven protag&oacute;nicos. Tal vez por eso Webster insiste m&aacute;s en los logros y privilegios de Jos&eacute; Jaime Ortiz, que en su interacci&oacute;n con sus colegas americanos. Pudo haber sido por &eacute;l que el gobierno de Quito haya instaurado el t&iacute;tulo de "arquitecto de la ciudad". Ser&iacute;a interesante saberlo. Habr&iacute;a que preguntarse tambi&eacute;n hasta d&oacute;nde el &eacute;xito de Ortiz condujo a su desgracia. Webster sugiere esta posibilidad, pero no parece querer asumirla, aunque en otros asuntos imposibles de conocer con certeza se expresa con bastante seguridad; por ejemplo, sobre la posibilidad de que el maestro haya sido hu&eacute;rfano. En un caso, el deseo de resaltar los logros de Ortiz la lleva a lo que me parece una contradicci&oacute;n con un documento. Afirma que la c&uacute;pula del Sagrario no se hundi&oacute; en el terremoto de 1775 (p. 40), pero el documento citado en la nota deja entender que tanto la Catedral como el Sagrario sufrieron da&ntilde;os en "la media naranja y capilla mayor".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todos modos, aunque haya algunos puntos que cuestionar y pormenorizar, las novedades de este libro son notables y de mucha importancia para la historia de la arquitectura hispanoamericana. Adem&aacute;s, el estudio proporciona materiales valios&iacute;simos para ir conformando con el tiempo una mejor historia de la arquitectura ecuatoriana, y tambi&eacute;n hispanoamericana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro orden de ideas, quiero destacar una caracter&iacute;stica editorial de este libro, cuya autora es profesora de historia del arte en la Universidad de St. Thomas en Minnesota. El libro fue publicado en Quito por una editorial ecuatoriana, con el apoyo de instituciones estadunidenses: la embajada de Estados Unidos, la organizaci&oacute;n Fulbright y la misma Universidad de St. Thomas. Fue de la propia autora esta iniciativa, ya que considera importante que se difundan los resultados de sus investigaciones en los pa&iacute;ses que son el objeto de su estudio, y donde ha recibido mucha ayuda para desarrollar su trabajo.<a name="n1b"></a><sup><a href="#n1a">1</a></sup> Aunque no puedo dejar de advertir que el texto tiene problemas editoriales (pies de fotograf&iacute;as insuficientes, por ejemplo), as&iacute; como de traducci&oacute;n, el esfuerzo de todos los individuos e instituciones participantes es muy loable. Ahora que est&aacute; creciendo el inter&eacute;s en el arte hispanoamericano de la &eacute;poca colonial, tanto en Europa como en Estados Unidos y otros pa&iacute;ses, hay que poner m&aacute;s atenci&oacute;n que antes en los problemas de publicaci&oacute;n y difusi&oacute;n de las investigaciones. Vale la pena crear conciencia de que los estudios pueden ser &uacute;tiles no solamente para acrecentar el conocimiento en sentido general y la fama de su autor, sino que sirven tambi&eacute;n para fomentar el sentido de identidad local y la consecuente capacidad de conservar y estudiar el propio patrimonio arquitect&oacute;nico, que &#151;a final de cuentas&#151; es de todos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. Comunicaci&oacute;n personal, 14 de diciembre de 2002, e introducci&oacute;n del libro rese&ntilde;ado.</font></p>      ]]></body>
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