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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Semblanzas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El herrero Eduardo Chillida (1924&#45;2002)</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Peter Krieger</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su adolescencia, Eduardo Chillida se dedic&oacute; al arte del f&uacute;tbol; ya con 18 a&ntilde;os fue nombrado portero titular del equipo Real Sociedad, en la primera divisi&oacute;n espa&ntilde;ola. Una lesi&oacute;n grave de la rodilla termin&oacute; su carrera deportiva, pero abri&oacute; el paso a un desarrollo art&iacute;stico extraordinario en la historia de la escultura del siglo XX. Primero entren&oacute; sus manos para detener la pelota en la cancha de futbol y posteriormente las utiliz&oacute; para liberar formas escult&oacute;ricas de la materia prima. Entre el futbol y la escultura, Chillida brevemente estudi&oacute; arquitectura en Madrid, sin terminar. Fue a Par&iacute;s para explorar las opciones pl&aacute;sticas de los materiales; pero, como dijo Gaston Bachelard, "m&aacute;s que moldear, &eacute;l quer&iacute;a desbastar" <i>(La Jornada Semanal,</i> 1.9.2002, p. 3); es decir, dej&oacute; atr&aacute;s las t&eacute;cnicas tradicionales de cincelar la piedra para aprender a formar y forjar los metales. Cuando regres&oacute; a su ciudad natal San Sebasti&aacute;n en 1951, el herrero Manuel Illaramendi le ense&ntilde;&oacute; c&oacute;mo trabajar con una materia dura y resistente las imaginaciones art&iacute;sticas. Aunque Chillida, durante su carrera, form&oacute; esculturas en madera, barro, alabastro, granito y hormig&oacute;n, la fragua se convirti&oacute; en <i>el</i> lugar de su creatividad est&eacute;tica.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v24n80/a6f1.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre julio y octubre de 2002, el p&uacute;blico mexicano tuvo la oportunidad de conocer algunas facetas de la obra de Chillida, quien ya en 1958 hab&iacute;a ganado el premio de escultura en la Bienal de Venecia y participado cuatro veces en la Documenta de Kassel. Durante el lapso de esta exposici&oacute;n, Eduardo Chillida, quien sufri&oacute; la terrible enfermedad de Alzheimer, muri&oacute;. As&iacute;, la exposici&oacute;n se convirti&oacute; en el <i>requiem</i> est&eacute;tico de una obra que sobresale en la historia del arte del siglo pasado. Desafortunadamente, los espacios del museo limitaron la presentaci&oacute;n de la creatividad art&iacute;stica de Chillida, porque sus mejores obras se encuentran al aire libre, en un di&aacute;logo intenso con sus ambientes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas fotograf&iacute;as &#151;expuestas en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de M&eacute;xico&#151; del <i>Peine de los vientos</i> s&oacute;lo documentaron el aspecto visual de la obra, pero no sus cualidades t&aacute;ctiles y ac&uacute;sticas. Basado en una idea del a&ntilde;o 1952, Chillida instal&oacute; en 1977 tres grandes y pesadas vigas de hierro formadas como tenazas en los acantilados de una bah&iacute;a en San Sebasti&aacute;n. Estos "peines" enfrentan a las olas permanentes del mar y a los fuertes vientos del noroeste y engendran sonidos silbantes. En esta sinestesia se articula un concepto del romanticismo: una obra de arte interpreta e intensifica lo sublime de la naturaleza. Es una instalaci&oacute;n viva que marca las colisiones "salvajes" de la naturaleza: entre lo infinito del mar y lo limitante de las rocas. Al visitante del <i>Peine de los vientos</i> se le explica, de manera instant&aacute;nea, la dial&eacute;ctica eterna de fijar y liberar, que es un motivo continuo en la obra de Chillida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "peine" es una obra paradigm&aacute;tica para Chillida, no s&oacute;lo porque manifiesta su fascinaci&oacute;n por lo arcaico de un ecosistema mar&iacute;timo, sino tambi&eacute;n porque demuestra un principio est&eacute;tico retomado de la l&oacute;gica musical de Johann Sebastian Bach. Las fugas y <i>suites</i> del compositor barroco generan desde un principio b&aacute;sico constructivo una gran variaci&oacute;n de formas. Chillida, quien expl&iacute;citamente se refiri&oacute; a Bach, cre&oacute; sus esculturas de manera parecida: desde un fondo de formas simples, arcaicas, desarroll&oacute; creaciones pl&aacute;sticas espec&iacute;ficas, adaptadas al <i>topos</i> (como lugar y tema).</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v24n80/a6f2.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra obra caracter&iacute;stica de Chillida, desafortunadamente no presente por medio de la fotograf&iacute;a en la exposici&oacute;n de Bellas Artes, es la escultura <i>Berl&iacute;n,</i> colocada frente a la sede del jefe del gobierno alem&aacute;n. En la estructura urban&iacute;stica lineal que ordena los edificios del gobierno y parlamento de la Alemania reunida entre el oeste y este de Berl&iacute;n &#151;justamente en la anterior frontera en el recodo del r&iacute;o Spree&#151;<sup><a name="n1b"></a></sup><a href="#n1a">*</a> sobresale la canciller&iacute;a federal. Su dise&ntilde;o neo&#45;modernista con grandes vidrios y paredes en blanco sirve como trasfondo contrastante para la escultura de Chillida. No fue la primera comisi&oacute;n del escultor vasco en Alemania &#151;anteriormente ya hab&iacute;a realizado obras en memoria de los poetas Goethe y Novalis y del fil&oacute;sofo Heidegger&#151;, pero seguramente es la m&aacute;s significativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para este espacio pol&iacute;tico que refleja las tensiones de las dos partes de Alemania durante la Guerra Fr&iacute;a, y que tambi&eacute;n simboliza las esperanzas por la reunificaci&oacute;n de dos sistemas y mentalidades diferentes, Chillida dise&ntilde;&oacute; dos estelas de acero en &aacute;ngulo recto, que se abren de manera irregular, curvil&iacute;nea, acerc&aacute;ndose como dos pinzas o como dos manos abstractas. Frente a las superficies planas y limpias de la canciller&iacute;a, la herrumbre del monumento reclama un contraste; tambi&eacute;n su forma conflictiva &#151;donde se acercan los dos brazos&#151; indica estructuralmente una relaci&oacute;n complicada. Sin sobreinter&#45;pretar una forma art&iacute;stica, o banalizarla con un simple esquema de expresiones pl&aacute;sticas, creo que Chillida logr&oacute; simbolizar el complejo, y todav&iacute;a no terminado, proceso de la unificaci&oacute;n alemana sin recurrir a un nivel popular y "realista" de <i>kitsch.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Berl&iacute;n,</i> tanto como otras obras, entre ellas el redise&ntilde;o de una plaza central de la capital vasca Vitoria y una estela conmemorativa para los derechos humanos en Francia, reflejan una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica en la obra de Chillida. No obstante, en la exposici&oacute;n de Bellas Artes, este aspecto interesante e importante no apareci&oacute;. Los creadores de la muestra retrospectiva, que por la coincidencia de la muerte del artista reclam&oacute; atenci&oacute;n mundial, no tematizaron la auto&#45;definici&oacute;n de Chillida oscilando entre el patriota vasco y el ciudadano europeo, ambas formas distantes del centralismo espa&ntilde;ol. En lugar de ofrecer al p&uacute;blico mexicano un gui&oacute;n museogr&aacute;fico que explicara la dif&iacute;cil relaci&oacute;n entre arte y pol&iacute;tica, los organizadores decidieron perfilar a Chillida con algunas de sus citas esot&eacute;ricas. Es una pr&aacute;ctica com&uacute;n, y &#151;seg&uacute;n la autoevaluaci&oacute;n de los muse&oacute;grafos&#151; exitosa, la de pintar algunas citas pseudo&#45;filos&oacute;ficas de los artistas en las paredes del museo, como lazos entre las obras expuestas; pero en el caso de Chillida vale la pena recordar el consejo goethiano: "crea, artista, no hables". Concretamente, las citas tan ininteligibles y/o banales como "Tengo las manos de ayer; me faltan las de ma&ntilde;ana" (en la sala con dibujos de manos) no favorecieron la evaluaci&oacute;n del artista vasco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lugar de esta palabrer&iacute;a, que adem&aacute;s desvi&oacute; la atenci&oacute;n de los t&oacute;picos "naturaleza" y "pol&iacute;tica" en la obra de Chillida, sus esculturas, seg&uacute;n mi punto de vista, especialmente las de los a&ntilde;os cincuenta, convencieron porque inspiran una reflexi&oacute;n est&eacute;tica. La lucha del escultor con los metales pesados y maderas resistentes est&aacute; presente, de manera m&aacute;s directa, en los vol&uacute;menes ahuecados y las texturas rugosas de numerosas piezas, llegando a formas tan po&eacute;ticas como <i>Yunque de sue&ntilde;os</i> (1954). Esta est&eacute;tica <i>povera,</i> de la cual tambi&eacute;n aprendi&oacute; mucho Mathias Goeritz, se origini&oacute; en la forja de San Sebasti&aacute;n. Menor potencial para la formaci&oacute;n est&eacute;tica de Chillida, creo yo, contienen los trabajos en papel, dibujos y <i>collages</i>; probablemente le serv&iacute;an m&aacute;s como subproductos para la venta en galer&iacute;as privadas, destinados a un p&uacute;blico sin fondos para adquirir y sin espacios disponibles para colocar una escultura. Sin embargo, los trabajos en papel tambi&eacute;n, a pesar de su car&aacute;cter decorativo (adecuado a la sala del burgu&eacute;s ilustrado&#45;moderno), reflejan el mundo pict&oacute;rico de Chillida, su manejo minimalista y sublimado con formas, texturas y colores.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/aiie/v24n80/a6f3.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima obra de Chillida, no realizada &#151;y no presentada en la exposici&oacute;n del Palacio de Bellas Artes&#151;, articul&oacute; algunos principios claves del artista: el "arquitecto" de la forma vac&iacute;a, que de varias maneras perfor&oacute; las entidades masivas con laberintos y caminos, quer&iacute;a "excavar" la monta&ntilde;a volc&aacute;nica Tindayo en la isla canaria de Fuerteventura. Aqu&iacute;, en este mega&#45;proyecto art&iacute;stico, detenido con cierta raz&oacute;n por los ecologistas, aparece la dicotom&iacute;a paradigm&aacute;tica de Chillida entre el culto a la fuerza arcaica de la tierra y su radical interpretaci&oacute;n art&iacute;stica. Accesible por galer&iacute;as subterr&aacute;neas, la "Monta&ntilde;a vac&iacute;a" se hubiera abierto como un espacio interno de 40 m<sup>3</sup>, iluminado por dos pozos de ventilaci&oacute;n hacia el mar y el cielo. En esta escultura de profundidad megal&oacute;mana se articula una b&uacute;squeda de lo arcaico, lo que caracteriza muchas de las obras de Chillida; pero esta cueva tambi&eacute;n parece como el mega&#45;mausoleo de un artista que se perdi&oacute; en las tinieblas del Alzheimer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eduardo Chillida, nacido el 10 de enero de 1924 en San Sebasti&aacute;n, muri&oacute; en esta misma ciudad el 19 de agosto de 2002. Enterraron su c&aacute;daver debajo de un &aacute;rbol en su parque de esculturas <i>Zabalaga</i> en Hernani, muy cerca de San Sebasti&aacute;n. Es un hogar espl&eacute;ndido para preservar la memoria del artista vasco; adem&aacute;s es un cementerio vivo, ya que desde antes re&uacute;ne algunas de las esculturas claves de Chillida en una escenograf&iacute;a boscosa, sencilla y elemental.</font></p>  	     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n1a" id="n1a"></a></sup><a href="#n1b">*</a> Sobre el concepto urban&iacute;stico v&eacute;ase mi art&iacute;culo "Planning the New Parliament District in Berlin: Spatial Concepts and Decorations of Democracy", en <i>XIX Coloquio Internacional de Historia del Arte. Arte y espacio,</i> &Oacute;scar Olea (ed.), M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de Mexico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1997, pp. 69&#45;88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=758820&pid=S0185-1276200200010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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