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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Obras, documentos, noticias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Entre la ficci&oacute;n y la historia:</b> <b>La denegaci&oacute;n del perd&oacute;n a Maximiliano</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Acevedo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Un cuadro no es m&aacute;s que un libro abierto    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	siempre en la misma p&aacute;gina</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Manuel Olagu&iacute;bel, 1874</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La denegaci&oacute;n del perd&oacute;n a Maximiliano</i> fue un cuadro pintado a lo <i>m</i> largo de dos a&ntilde;os por Manuel Ocaranza y fue exhibido en la XVII Exposici&oacute;n de la Escuela Nacional de Bellas Artes en diciembre de 1873. Su autor, en el cat&aacute;logo, nos hace saber que</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la noche del 18 de junio de 1867. La princesa de Salm Salm y la se&ntilde;ora Miram&oacute;n se presentan en el Palacio de Gobierno de San Luis Potos&iacute; implorando el perd&oacute;n para los prisioneros de Quer&eacute;taro que deben ser ejecutados en la ma&ntilde;ana siguiente. Se ve en el sal&oacute;n a los se&ntilde;ores ministros Iglesias y Mej&iacute;a, as&iacute; como a los defensores de Maximiliano, los se&ntilde;ores Riva Palacio y Mart&iacute;nez de la Torre. El ministro Lerdo entra en esos momentos. El presidente Ju&aacute;rez niega definitivamente el indulto.<sup><a name="n1b"></a><a href="#n1a">1</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia de dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os dentro de la composici&oacute;n de un cuadro de historia no fue tomada en cuenta dentro de la descripci&oacute;n del autor, y ello nos lleva a preguntar: &iquest;por qu&eacute; el artista los ha colocado en el segundo plano frente a su madre? &iquest;Fueron razones pertinentes a la verdad hist&oacute;rica o su aparici&oacute;n obedece al deseo de dotar de contenido emotivo al tema desarrollado en el cuadro? &iquest;O acaso mostrar la inocencia en medio de la fatalidad? &iquest;O mostrar al "impasible" Ju&aacute;rez, indolente ante la solicitud de dos peque&ntilde;os que quedar&iacute;an desamparados?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra, en su momento, no fue premiada ni comprada, probablemente regres&oacute; al estudio del pintor despu&eacute;s de causar bastante pol&eacute;mica en la cr&iacute;tica period&iacute;stica de 1874. Sin embargo, la tela desaparece de la Academia y de los actos de la instituci&oacute;n. Cuando es tiempo de representar a M&eacute;xico en la Exposici&oacute;n Internacional de Filadelfia en 1876, los directivos se llevan obras hist&oacute;ricas como <i>La Constituci&oacute;n,</i> el retrato de <i>Benito Ju&aacute;rez</i> y el de <i>Miguel Hidalgo,</i> pero no se env&iacute;a el cuadro de historia contempor&aacute;nea que caus&oacute; tanta pol&eacute;mica cuando se expuso en 1873: el camino de las autoridades y de la cr&iacute;tica fue silenciarlo y dirigir los esfuerzos de Ocaranza hacia la pintura de g&eacute;nero, a pesar de que, en esos a&ntilde;os, cr&iacute;ticos como Altamirano y Jos&eacute; Mart&iacute; ped&iacute;an la formaci&oacute;n de una escuela nacional pict&oacute;rica basada en los hechos nacionales.<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1885, la escuela aclara que el cuadro es propiedad de Manuel Mercado,<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup> quien, al igual que Ocaranza, era de origen michoacano. Hoy la obra contin&uacute;a desaparecida; la &uacute;ltima vez que se tuvo noticia p&uacute;blica de ella fue cuando Alfredo Chavero le solicit&oacute; a Manuel Toussaint que hiciera una inspecci&oacute;n del cuadro para ver la conveniencia de que el gobierno lo comprara. El personaje que lo pon&iacute;a a la venta era el general michoacano Mariano Ruiz. En la respuesta, don Manuel considera la obra como la de</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v23n78/a16f1.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">mayor aliento de Manuel Ocaranza y, aunque la cr&iacute;tica la ha juzgado severamente, debe tenerse en cuenta que la &eacute;poca del pintor es de las m&aacute;s malas que ha habido en la escuela mexicana y que muchos de sus defectos son inherentes al g&eacute;nero de la pintura hist&oacute;rica. Son censurables las figuras de Ju&aacute;rez y Lerdo, el convencionalismo, sobre todo vestidos de frac como si asistieran a una recepci&oacute;n en aquellos terribles d&iacute;as, las dos figuras son r&iacute;gidas como maniqu&iacute;es, el movimiento forzado de Ju&aacute;rez no corresponde a la escena. En cambio &#91;en&#93; las figuras secundarias hay fragmentos de positiva belleza...<sup><a name="n4b"></a><a href="#n4a">4</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para don Manuel el gobierno deber&iacute;a llegar a un acuerdo con el vendedor, pues el cuadro podr&iacute;a decorar un gran sal&oacute;n. Sin embargo, hasta ahora no ha sido localizado y se conoce tan s&oacute;lo la peque&ntilde;a fotograf&iacute;a que guard&oacute; don Manuel Toussaint en el expediente, una foto de un estudio preparatorio en la biblioteca de la Nettie Lee Benson Latin American Collection en la Universidad de Texas en Austin,<sup><a name="n5b"></a><a href="#n5a">5</a></sup> y una litograf&iacute;a regalada por el general Mariano Ruiz al Casino de Saltillo, en Saltillo, Coahuila. La obra, de enormes dimensiones, est&aacute; almacenada en alg&uacute;n sitio que desconocemos, o posiblemente fue destruida.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v23n78/a16f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las historias contadas por cada uno de los personajes de los hechos del 18 de junio de 1867 difieren en m&aacute;s de un detalle y las encontramos en libros o art&iacute;culos escritos por ellos o por personajes del mismo partido. &iquest;C&oacute;mo darles cabida a todos ellos? Tal vez concediendo la palabra a cada figura representada para que dialogue con el artista y nos cuente una parte de la historia desde su personal perspectiva.<sup><a name="n6b"></a><a href="#n6a">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se&ntilde;or Ocaranza &#151;dice Sebasti&aacute;n Lerdo de Tejada&#151; ahora soy presidente; sin embargo, el momento hist&oacute;rico sucede cuando era ministro de relaciones; en la pintura parece que estoy entrando a la reuni&oacute;n de pronto, cuando fueron m&uacute;ltiples las ocasiones en que tuve que recibir y atender a todos estos personajes, en m&aacute;s de una oportunidad y con variantes sobre el tema. Unas veces fue para solicitar el aplazamiento del juicio, otras para escuchar los argumentos de por qu&eacute; no pod&iacute;a ser juzgado Maximiliano por un consejo de guerra, y finalmente incontables solicitudes &#151;y no s&oacute;lo de ellos&#151; para que se les concediese el indulto a todos los prisioneros de Quer&eacute;taro. Ahora que soy presidente y que los tiempos de la Rep&uacute;blica han cambiado, hemos buscado la conciliaci&oacute;n de los diversos sectores, y si tiene usted que pintar un cuadro de historia, el gobierno ver&iacute;a con buenos ojos otros temas a tratar que hablen de las glorias de nuestros h&eacute;roes y no de episodios que nos siguen pesando en las relaciones internacionales con Europa. "Ahora o nunca se funda la Rep&uacute;blica" es una frase que se me atribuye en torno a ese evento.<sup><a name="n7b"></a><a href="#n7a">7</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v23n78/a16f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La siguiente en tomar la palabra es la princesa Agnes de Salm Salm, quien en 1867 contaba con 23 a&ntilde;os de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se&ntilde;or Ocaranza&#151; le dice, con ese acento extranjero que, a pesar de haber aprendido un poco de espa&ntilde;ol cuando se encontraba en el sur de los Estados Unidos, no perdi&oacute; en los escasos meses que permaneci&oacute; al lado de su esposo en la corte de Maximiliano&#151;, a m&iacute; me hubiera gustado que me pintara en uno de esos m&uacute;ltiples d&iacute;as de fines de mayo en que amablemente charlaba con el presidente Ju&aacute;rez y no de rodillas el &uacute;ltimo d&iacute;a, antes del fusilamiento.<sup><a name="n8b"></a><a href="#n8a">8</a></sup> Verme rodeada de tantos personajes me sorprende. Si hubiera usted le&iacute;do el libro de mi marido publicado en 1869 se dar&iacute;a cuenta de que llegu&eacute; por segunda vez a San Luis Potos&iacute; esa noche, despu&eacute;s de que el general Escobedo hab&iacute;a sorprendido la fuga que plane&aacute;bamos para sacar a los prisioneros de la plaza de Quer&eacute;taro.<sup><a name="n9b"></a><a href="#n9a">9</a></sup> El mismo general orden&oacute; mi salida de Quer&eacute;taro traslad&aacute;ndome a Santa Rosa al pie de la Sierra Gorda, donde tom&eacute; una diligencia para San Luis y, como yo misma escrib&iacute;, claro, varios a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1875,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eran las 8 de la noche cuando fui a ver al se&ntilde;or Ju&aacute;rez que me recibi&oacute; enseguida. El mismo ten&iacute;a un aspecto p&aacute;lido y de sufrimiento. El presidente dijo que no pod&iacute;a acceder a mi solicitud y, cuando o&iacute; esas crueles palabras, el dolor me hizo perder el sentido, temblando con todo el cuerpo y sollozando ca&iacute; de rodillas y rogu&eacute; con palabras que sal&iacute;an de mi coraz&oacute;n y que ahora no recuerdo... Al salir en la antesala de ah&iacute; hab&iacute;a m&aacute;s de unas doscientas damas de San Luis esperando verlo para solicitar el indulto, entre ellas se encontraba la se&ntilde;ora Miram&oacute;n con sus dos hijos... Ella fue recibida por el presidente con sus dos peque&ntilde;os y, al o&iacute;r la denegaci&oacute;n del indulto &#151;seg&uacute;n me cont&oacute; el se&ntilde;or Iglesias&#151;, la se&ntilde;ora Miram&oacute;n se hab&iacute;a desmayado y tuvo que ser retirada de la habitaci&oacute;n.<sup><a name="n10b"></a><a href="#n10a">10</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;&iquest;Se&ntilde;or Ocaranza, por qu&eacute; nos junt&oacute; a la se&ntilde;ora Miram&oacute;n y a m&iacute; en el mismo cuadro?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora le toca al turno a don Benito Ju&aacute;rez, quien por cierto no se distingui&oacute; por hacer uso del patrocinio de las artes en beneficio de la construcci&oacute;n de su historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se&ntilde;or Ocaranza, pienso que si bien los caricaturistas han pretendido terminar con la dignidad de mi persona, la pintura en verdad no lo hab&iacute;a intentado; los pintores como Escudero y Espronceda me han colocado en el lugar preciso, de acuerdo con mi investidura presidencial. Pero, ya que estoy en escena, le dir&eacute; que los momentos del 18 de julio de 1867 eran en verdad de gran presi&oacute;n, tanto desde el exterior como en el interior del pa&iacute;s. Ten&iacute;amos que actuar con apego a la ley y, afortunadamente, exist&iacute;a la del 25 de enero de 1862, la cual nos permit&iacute;a juzgar ante un consejo de guerra a quienes se hubieran levantado contra la patria. En efecto, recib&iacute; a todos los personajes que usted coloca en el cuadro y en diversas ocasiones; pero yo me pregunto por qu&eacute; malgastar dos a&ntilde;os de su vida pintando un cuadro que no tiene claro el asunto. Si usted fuera liberal, se dedicar&iacute;a a pintar las glorias nacionales. &iquest;Qui&eacute;n le ha dictado a usted testimoniar un evento tan espinoso y dif&iacute;cil para la Rep&uacute;blica? Creo que los conservadores, quienes siempre nos han visto mal, ser&aacute;n los m&aacute;s satisfechos al observar al se&ntilde;or Lerdo y a m&iacute; en esa rigidez pasmosa. Se&ntilde;or Ocaranza, &iquest;acaso no son sus amigos los se&ntilde;ores don Vicente Riva Palacio y Jos&eacute; Mart&iacute;, quienes a trav&eacute;s de sus escritos proponen que los artistas deber&iacute;an edificar una literatura o pintura nacionales?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como figura secundaria aparece Concepci&oacute;n Lombardo de Miram&oacute;n con sus dos peque&ntilde;os, Miguelito y Conchita. Miguel toma la palabra, pues Conchita se encuentra sollozando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se&ntilde;or pintor, nosotros no est&aacute;bamos ah&iacute;, mi madre nos hab&iacute;a dejado a los dos mayores desde el mes de mayo en casa de nuestra t&iacute;a la se&ntilde;ora D&iacute;az; a Lupe, la tercera, la confi&oacute; a la bisabuela, y ella hab&iacute;a partido a ver a mi padre al sitio de Quer&eacute;taro, a fines de mayo, llevando s&oacute;lo a nuestra hermana menor, Lola, que ten&iacute;a meses de nacida y a quien mi padre a&uacute;n no conoc&iacute;a.<sup><a name="n11b"></a><a href="#n11a">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lolita hab&iacute;a permanecido en Quer&eacute;taro cuando mi madre fue a ver al se&ntilde;or Ju&aacute;rez el d&iacute;a 18 de junio. &iquest;Usted por qu&eacute; nos coloc&oacute; junto a mi madre en esta escena? &iquest;Para hacer sentir mal al presidente? &iquest;Para que las personas que vieran el cuadro pensaran que mi madre nos hab&iacute;a infligido un gran dolor al estar presentes en esa fat&iacute;dica reuni&oacute;n? Ella me cont&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s que mi padre hab&iacute;a insistido en que si yo tomaba las armas lo hiciera para defender al pa&iacute;s y no para intentar una venganza por su castigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El interrogatorio m&aacute;s largo le corresponder&iacute;a a Concha Lombardo, madre de los ni&ntilde;os y esposa de Miguel Miram&oacute;n, prisionero en Quer&eacute;taro, quien ocupaba la celda contigua a la del emperador. Concha, al morir a los 85 a&ntilde;os, en 1921, dej&oacute; sin publicar doce cuadernos manuscritos que probablemente empez&oacute; a escribir ya tarde en la vida, despu&eacute;s de los 80 a&ntilde;os.<sup><a name="n12b"></a><a href="#n12a">12</a></sup> Ah&iacute; podemos encontrar todos sus se&ntilde;alamientos a Ocaranza,<sup><a name="n13b"></a><a href="#n13a">13</a></sup> a quien le dir&iacute;a:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Me fui a Quer&eacute;taro cuando recib&iacute; la carta que Miguel me escribi&oacute; el 24 de mayo, pidi&eacute;ndome que fuera all&aacute;, pues era necesario realizar</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">actividad en San Luis Potos&iacute; ante Lerdo y el presidente Ju&aacute;rez... Tom&eacute; a la peque&ntilde;a Lola por consejo de mi familia y despu&eacute;s de muchos andares llegu&eacute; a Quer&eacute;taro... Miguel conoci&oacute; a la peque&ntilde;a y yo sal&iacute; a San Luis Potos&iacute; el 31 de mayo... Naborita se qued&oacute; con mi hija... Ya en San Luis vi al presidente en compa&ntilde;&iacute;a de mi hermana Lupe los primeros d&iacute;as de junio; se logr&oacute; un poco m&aacute;s tiempo para el juicio, pero no lo suficiente, ya que los abogados ped&iacute;an un mes. Regres&eacute; a Quer&eacute;taro, donde estuve unos d&iacute;as acompa&ntilde;ando a mi marido durante el d&iacute;a en la celda del convento de las Capuchinas... Cuando Miguel y el emperador decidieron que deb&iacute;a volver a San Luis Potos&iacute; e intentar de nuevo la solicitud del indulto, de nueva cuenta part&iacute; el fat&iacute;dico 17 de junio.<sup><a name="n14b"></a><a href="#n14a">14</a></sup> Al despedirme del Emperador me dijo que Escobedo hab&iacute;a ordenado que la Princesa Salm Salm saliera inmediatamente de Quer&eacute;taro y que &#91;&eacute;l&#93; ignoraba si ella estaba todav&iacute;a ah&iacute;, pero que de ser as&iacute; me rogaba que partiera conmigo en mi diligencia.<sup><a name="n15b"></a><a href="#n15a">15</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;A la princesa Salm Salm la conoc&iacute; en casa de la se&ntilde;ora Cobos; yo siempre dud&eacute; de la efectividad de la princesa pues apenas hablaba espa&ntilde;ol. &iquest;C&oacute;mo era posible que se comunicara para todos los planes que quiso llevar a cabo? Esa noche partimos en la diligencia que mi hermano Alberto hab&iacute;a arreglado. Finalmente llegamos el "18 de junio a San Luis Potos&iacute; a las 8.30 de la noche, la princesa se despidi&oacute; de m&iacute; d&aacute;ndome las gracias por haberla llevado conmigo y as&iacute; nos separamos para no volvernos a ver".<sup><a name="n16b"></a><a href="#n16a">16</a></sup> "Ella se hosped&oacute; en casa de Bahmssen y yo con mi hermana Lupe. Al llegar al Palacio nos comenzaron a poner dificultades, pero nuestra tenacidad &#151;la de mi hermana Lupe y la m&iacute;a&#151; lograron vencerlas hasta llegar a la puerta de la Presidencia, all&iacute; nos recibieron agriamente dos ayudantes, los cuales nos indicaron terminantemente que el presidente no nos pod&iacute;a atender; nosotras redoblamos nuestras instancias, que resultaron infructuosas."<sup><a name="n17b"></a><a href="#n17a">17</a></sup> Le envi&eacute; un telegrama a Miguel en el que le avisaba de mi llegada sin novedad y de que nada se consegu&iacute;a. Mi hermano Alberto le hizo llegar mis noticias. La noche del 18 y la madrugada del 19 las pas&eacute; en agon&iacute;a. Yo hubiera querido haber regresado a Quer&eacute;taro y estar con mi marido, pero la Divina Providencia lo impidi&oacute;. Al d&iacute;a siguiente de su ejecuci&oacute;n ca&iacute; en cama con una fuerte hemorragia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;El indulto, se&ntilde;or Ocaranza, lo hab&iacute;an solicitado muchas personas, entre ellas los diplom&aacute;ticos, los abogados y algunos funcionarios extranjeros, en fin, un sector amplio del mundo masculino. &iquest;Por qu&eacute; poner en escena a dos mujeres y una de ellas con dos de sus cuatro hijos? &iquest;Por qu&eacute; la cr&iacute;tica que se public&oacute; en la prensa mexicana se acentu&oacute; en los aspectos formales y de composici&oacute;n y nunca le cuestion&oacute; la verdad hist&oacute;rica? Estando en Roma recib&iacute; noticias de que aparec&iacute;a en "un cuadro de rodillas frente a Ju&aacute;rez con mis hijos pidi&eacute;ndole el indulto. Protesto por esta falsedad, pues a mis hijos los dej&eacute; en la capital y yo no tom&eacute; esa postura humillante delante del asesino de mi esposo".<sup><a name="n18b"></a><a href="#n18a">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer plano de la pintura est&aacute;n colocados los ministros Jos&eacute; Mar&iacute;a Iglesias, de Justicia, e Ignacio Mej&iacute;a, de Guerra y Marina; la luz del arbotante ilumina sus rostros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se&ntilde;or Ocaranza &#151;dice el ministro Mej&iacute;a&#151; yo tuve que leer los peri&oacute;dicos y saber que el p&uacute;blico me confund&iacute;a con el ujier. El se&ntilde;or Iglesias, si hubiera estado presente, no hubiera tomado esa actitud de pesar, pues las circunstancias para nuestro partido no eran de melancol&iacute;a. Su portafolios, perpetuamente lleno de documentos, lo llevaba siempre junto a &eacute;l por si era necesaria cualquier informaci&oacute;n. Est&aacute;bamos en San Luis a disposici&oacute;n del presidente pero no recordamos en particular esa reuni&oacute;n de personajes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo plano se encuentran los abogados defensores, los se&ntilde;ores Mariano Riva Palacio y Rafael Mart&iacute;nez de la Torre, quienes hab&iacute;an llegado a Quer&eacute;taro por petici&oacute;n verbal de Maximiliano el 4 de junio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;En efecto, se&ntilde;or Ocaranza, como defensores de Maximiliano nos vimos en la necesidad de viajar a San Luis Potos&iacute; el 8 de junio, despu&eacute;s de tratar de arreglar en Quer&eacute;taro que se pospusiera el juicio un amplio n&uacute;mero de d&iacute;as. En la ciudad del sitio, el general Escobedo no estaba en posibilidad de hacerlo. Las cartas entre nosotros y el ministro Lerdo hab&iacute;an planteado que en este juicio estaba comprometido "no s&oacute;lo el destino de Maximiliano, sino el honor del pa&iacute;s, por lo que esta defensa deber&iacute;a ser verdadera, de fondo y no s&oacute;lo en apariencias". Nos pregunt&aacute;bamos si para llevarlo a cabo ser&iacute;an suficientes las 24 horas asignadas. En el mismo intercambio de correspondencia solicitamos el permiso para hacer el viaje a San Luis Potos&iacute;. El permiso nos fue otorgado y la respuesta fue que se extend&iacute;a tres d&iacute;as m&aacute;s el &uacute;ltimo plazo del juicio. Decidimos dividir el equipo de la defensa: el abogado Jes&uacute;s Mar&iacute;a V&aacute;zquez permanecer&iacute;a en el lugar del juicio y Rafael y yo ir&iacute;amos al sitio donde se encontraban los poderes. La primera entrevista con Lerdo dur&oacute; m&aacute;s de tres horas. En la conferencia que tuvimos "con el presidente Ju&aacute;rez, no verti&oacute; una sola frase de enemistad y venganza, pero hab&iacute;a en el fondo de sus respuestas una intransigente resoluci&oacute;n".<sup><a name="n19b"></a><a href="#n19a">19</a></sup> D&iacute;as m&aacute;s tarde, en previsi&oacute;n de que la pena que se impusiera a Maximiliano fuera la de muerte, nos apresuramos a presentar una solicitud de indulto el d&iacute;a 12 de junio, fundada extensamente en todo linaje de argumentos. En 1870 Rafael Mart&iacute;nez de la Torre escribir&iacute;a acerca del tr&aacute;gico evento haciendo un llamado a la reconciliaci&oacute;n.<sup><a name="n20b"></a><a href="#n20a">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los personajes nos han dado su punto de vista. Examinemos ahora lo dicho por los periodistas que vertieron sus opiniones en la prensa durante los meses cercanos a la exhibici&oacute;n p&uacute;blica de la obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cr&iacute;ticos que lo hicieron antes y despu&eacute;s de que el cuadro fuera exhibido nos dejan ver muchas de las interrogantes planteadas por los protagonistas. Ellos publicaron extensos art&iacute;culos, tanto desde la prensa liberal como de la conservadora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los c&iacute;rculos intelectuales de la ciudad de M&eacute;xico se reun&iacute;an en las tertulias y era ah&iacute; donde los proyectos culturales se debat&iacute;an. Altamirano, quien participaba en muchos de ellos, dej&oacute; por escrito esto en enero de 1874: "&iquest;Por qu&eacute; tantos j&oacute;venes, poseyendo un verdadero conjunto de cualidades art&iacute;sticas, no han acometido la empresa de crear una escuela pict&oacute;rica y escult&oacute;rica esencialmente nacional, moderna y en armon&iacute;a con los progresos incontrastables del siglo XIX?"<sup><a name="n21b"></a><a href="#n21a">21</a></sup> Seguramente, antes de escribirlo para la nueva revista <i>El Artista,</i> lo hab&iacute;a repetido un sinn&uacute;mero de veces en esas tertulias. El tema no era nuevo; desde 1869, la direcci&oacute;n de la Escuela de Bellas Artes, por medio de su director Alcaraz, hab&iacute;a instaurado un premio de 1000 pesos para el primer lugar y 200 para el segundo de aquellos cuadros que trataran la Independencia mexicana. Dos exposiciones hab&iacute;an tenido lugar antes de que Ocaranza tomara la decisi&oacute;n de hacer un cuadro de historia, ya que las obras que hab&iacute;a mostrado con anterioridad eran pinturas de g&eacute;nero; los cuadros de historia que hab&iacute;an presentado sus compa&ntilde;eros se remontaban al pasado prehisp&aacute;nico y a la Conquista. Sin embargo, ese mismo a&ntilde;o de 1873, Tiburcio S&aacute;nchez expuso, justo igual que Ocaranza, el lienzo <i>La batalla del 5 de mayo,</i> <sup><a name="n22b"></a><a href="#n22a">22</a></sup> el cual corri&oacute; con una suerte opuesta al de su compa&ntilde;ero. El cuadro, al corresponder a la historia liberal, y en una versi&oacute;n de Primitivo Miranda, hoy sigue colgado en el Sal&oacute;n de Embajadores del Palacio Nacional. Las glorias nacionales hab&iacute;an llegado para quedarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los escritos publicados en la prensa con anterioridad a la fecha en que el cuadro fue exhibido, es decir, los de los cr&iacute;ticos que tuvieron un lugar privilegiado, pues seguramente fueron invitados al estudio del pintor, son todos elogiosos. Desde <i>El Imparcial,</i> un autor no s&oacute;lo se limita a felicitarle, "porque en el arte mexicano introduce un g&eacute;nero nuevo de composiciones, &#91;y trae a colaci&oacute;n el hecho de que&#93; hace tres o cuatro a&ntilde;os fue innovador abandonando la rutina de tratar episodios b&iacute;blicos".<sup><a name="n23b"></a><a href="#n23a">23</a></sup> <i>El Correo del Comercio</i> felicita al pintor Ocaranza "por su feliz idea, pues es el primer pintor que trata un asunto de nuestra historia moderna, y un asunto tan palpitante de inter&eacute;s como &eacute;se".<sup><a name="n24b"></a><a href="#n24a">24</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La exposici&oacute;n en la Escuela Nacional de Bellas Artes abri&oacute; el d&iacute;a 1&deg; de diciembre de 1873 para los se&ntilde;ores suscriptores y sus familias, y despu&eacute;s del d&iacute;a 9 y hasta el 23 para el p&uacute;blico en general. El d&iacute;a 3i de diciembre empezaron a aparecer en el diario pol&iacute;tico, religioso, cient&iacute;fico y literario de la Sociedad Cat&oacute;lica, <i>La Voz de M&eacute;xico,</i> una serie de art&iacute;culos, en que la labor de Ocaranza es impugnada en extremo por un autor an&oacute;nimo.<sup><a name="n25b"></a><a href="#n25a">25</a></sup> En enero del mismo a&ntilde;o aparecen varias r&eacute;plicas en peri&oacute;dicos liberales, que fueron dando algunas respuestas, aunque muchas veces coincidieron con las cr&iacute;ticas a la factura del cuadro enumeradas por el escritor an&oacute;nimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor no identificado de <i>La Voz de M&eacute;xico</i> debi&oacute; de ser alguien bien enterado tanto de la pol&iacute;tica como del arte. A su parecer, resulta "repugnante por la elecci&oacute;n del asunto representado, que es el de una sangrienta venganza pol&iacute;tica" y se&ntilde;ala que "por pudor a toda la historia deber&iacute;an velar el cuadro del se&ntilde;or Ocaranza, que es adem&aacute;s inexacto e infeliz como composici&oacute;n y completamente desgraciado como ejecuci&oacute;n". Despu&eacute;s de esta fulminante entrada recorre personaje por personaje. De don Benito dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">queda al se&ntilde;or Ju&aacute;rez aumentada su natural fealdad. Parece estar encubriendo a un personaje del averno. A trav&eacute;s de aquella horrenda y negra m&aacute;scara no se percibe m&aacute;s que la imposibilidad inconsciente de un idiota o la ritual sangre fr&iacute;a de un sacerdote del Huitzilopoxtli. Cualquiera dir&iacute;a que ha sido copiado por el pintor despu&eacute;s de su muerte y cuando yac&iacute;a embalsamado recibiendo en el sal&oacute;n de Palacio los honores f&uacute;nebre&#45;teatrales de la masoner&iacute;a... El se&ntilde;or Ju&aacute;rez mostr&oacute; m&aacute;s sensibilidad en aquel lance, que el que le ha dado el retratista.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La prensa liberal tambi&eacute;n criticar&aacute; la disposici&oacute;n de Ju&aacute;rez y de Lerdo. &iquest;Por qu&eacute; Ocaranza, vinculado con los liberales rivapalacistas no encontr&oacute; la manera de retratar las personalidades de estos sujetos? &iquest;Acaso se debe a la dificultad que presenta un cuadro donde los sentimientos de los actores entran en conflicto al verse en la necesidad de negar el perd&oacute;n? M&uacute;ltiples son los cuadros que tienen una resoluci&oacute;n feliz donde se concede el perd&oacute;n a los prisioneros. Para la prensa conservadora, "la empresa no era ardua, ni dif&iacute;cil sino imposible de ser llevada a cabo con felicidad. Un buen asunto resulta el de un perd&oacute;n otorgado."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Lerdo nos dice que el pintor lo ha presentado "fr&iacute;o, duro, erguido con la m&aacute;s grosera altaner&iacute;a, ese personaje est&aacute; desprovisto de alma, es una fiera, un chacal que se arroja sobre la presa... sabido es que no vacil&oacute; un instante en aconsejar la ejecuci&oacute;n de los prisioneros".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para nuestro comentarista an&oacute;nimo, "la se&ntilde;ora Miram&oacute;n es la figura menos favorecida, en nada se asemeja al original. Es la m&aacute;s desgraciada figura del cuadro, no la salva ni el inter&eacute;s ni el sentimiento que puedan inspirar aquellos dos infortunados peque&ntilde;uelos que ella empuja suavemente."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los liberales, al ver el cuadro, tambi&eacute;n quedaron descontentos ante el mal manejo compositivo y la lamentable iluminaci&oacute;n de las figuras. Tambi&eacute;n en la cr&oacute;nica de <i>El Artista</i> se apunta que "los t&eacute;rminos del cuadro est&aacute;n confusos y mezclados... respecto a la verdad hist&oacute;rica &#91;&eacute;sta&#93; sufre un tanto en manos del artista". Sin embargo, "honra al se&ntilde;or Ocaranza que haya abandonado los trillad&iacute;simos senderos de la Academia y haya entrado en una vereda, por desgracia, desconocida a nuestros artistas".<sup><a name="n26b"></a><a href="#n26a">26</a></sup> Y se recomendaba escoger otro tema dentro del drama de Quer&eacute;taro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ocaranza cualquier artista "puede tomarse cuantas libertades quiera, siempre que &eacute;stas, sin alterar la parte moral y filos&oacute;fica, ayuden a dar mayor claridad al asunto hist&oacute;rico que se representa..."<sup><a name="n27b"></a><a href="#n27a">27</a></sup> Seguramente el pintor aglutin&oacute; a todos los personajes para dotar a la obra de movimiento y darle un mayor peso al argumento. Incluir a una persona de rodillas pidiendo el perd&oacute;n lo vinculaba con una tradici&oacute;n religiosa de la piedad; introducir a los hijos de Miram&oacute;n se ajustaba a la manera de pensar de una sociedad decimon&oacute;nica donde las mujeres y los ni&ntilde;os eran presentados como las personas m&aacute;s fr&aacute;giles de la sociedad. Pues si bien la educaci&oacute;n liberal promovi&oacute; la ense&ntilde;anza en general, la educaci&oacute;n sentimental seguir&iacute;a siendo resguardada por los valores tradicionales. La presencia de los ni&ntilde;os fue para el artista una manera de utilizar su inocencia frente a una decisi&oacute;n de Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pintor, acostumbrado a escribir, redact&oacute; una larga respuesta: "S&oacute;lo manifestar&eacute; que estoy resuelto a reformar la obra en el sentido que me aconsejan los que comprendiendo la alta misi&oacute;n de la cr&iacute;tica me han hecho ver los escollos del sendero sin derramar en mi alma la hiel amarga del desaliento. El torpe insulto, la cr&iacute;tica apasionada y venenosa que los rencores del partido dictan ser&aacute;n vistos por m&iacute; con desprecio."<sup><a name="n28b"></a><a href="#n28a">28</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pintor fue becado para ir a estudiar a Europa con una dote del gobierno de Lerdo de Tejada, y parti&oacute; en abril de 1875. Estuvo tanto en Italia como en Francia, la pensi&oacute;n le fue renovada un a&ntilde;o m&aacute;s, y regres&oacute; a la ciudad de M&eacute;xico en 1877, donde vivi&oacute; con su amigo Manuel Mercado, ahora en la calle de San Ildefonso 4.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1877, en una carta, Jos&eacute; Mart&iacute; le pregunta a Mercado por Ocaranza y adem&aacute;s le dice: "un abrazo a Manuel, a quien supongo reconciliado con la idea primitiva de su gran cuadro".<sup><a name="n29b"></a><a href="#n29a">29</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra permaneci&oacute; en su estudio y mucho fue lo que habr&aacute; pensado en torno a la historia contempor&aacute;nea y las dificultades de tratar a los personajes que todav&iacute;a estaban con vida y que tomaron decisiones que cambiaron la historia del pa&iacute;s. No sabemos si la reh&iacute;zo en 1885 en la casa de Manuel Mercado, donde, como hemos dicho, estaba el estudio de Ocaranza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la pintura hist&oacute;rica, el tema no se volvi&oacute; a repetir; los artistas, al escoger las tem&aacute;ticas a desarrollar, se fueron por el lado seguro. Cuando en el porfiriato hubo una eclosi&oacute;n de pintura patri&oacute;tica, los motivos m&aacute;s tratados fueron los de la gesta de la Independencia, donde ya los actores estaban sancionados por la historia; la otra vertiente de la pintura hist&oacute;rica fue la apolog&iacute;a del presidente D&iacute;az. &iquest;Qui&eacute;nes eran los h&eacute;roes? Estaban definidos por el nuevo catecismo liberal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. Manuel Romero de Terreros, <i>Cat&aacute;logo de las exposiciones de la Antigua Academia de San Carlos de M&eacute;xico, 1850&#45;1898,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1963, p. 458.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753730&pid=S0185-1276200100010001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Explicaci&oacute;n del autor. La obra med&iacute;a 3.57 m de alto por 2.62 m de ancho.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. Jos&eacute; Mart&iacute; hab&iacute;a llegado a M&eacute;xico en 1875, meses despu&eacute;s de que hubiera muerto su hermana Ana (Mariana Matilde). La familia Mart&iacute; hab&iacute;a llegado en 1874 proveniente de Espa&ntilde;a. Varias cartas demuestran el romance de Ana con Ocaranza antes de que &eacute;ste partiera a Europa. Tanto Ocaranza como la familia Mart&iacute; viv&iacute;an en la casa propiedad de Manuel Mercado en esos a&ntilde;os. V&eacute;ase Francisco Hurtado Mendoza <i>et al., Manuel Ocaranza y sus cr&iacute;ticos,</i> Morelia, Centro de Estudios sobre Cultura Nicola&iacute;ta, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753732&pid=S0185-1276200100010001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. Mercado fue su gran amigo que actu&oacute; como mecenas y protector. Despu&eacute;s de su muerte se encontrar&aacute; probablemente como ejecutor de su obra, como nos lo hace suponer Jos&eacute; Mart&iacute;, ya que &eacute;ste le escribe: "de seguro que Ocaranza dej&oacute; mucho bosquejo sin concluir, alguna terneza, no muy bien terminada, alg&uacute;n polvo de mariposa no bien desle&iacute;do en el lienzo. &iquest;Cu&aacute;ntos me manda y pronto &#151;para que lleguen a tiempo&#151; de los que usted no quiere y alegren mi sala? &#151;No me rega&ntilde;e." V&eacute;ase Jos&eacute; Mart&iacute;, <i>Cartas a Manuel A. Mercado,</i> pr&oacute;l. de Francisco Monterde, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1946, p. 88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753734&pid=S0185-1276200100010001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. Archivo Manuel Toussaint, 20 de julio de 1927, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas. La informaci&oacute;n sobre el archivo la obtuve del art&iacute;culo de Elisa Garc&iacute;a Barrag&aacute;n, "Maximiliano y la Academia de San Carlos", en <i>La definici&oacute;n del Estado mexicano, 1857&#45;1867,</i> M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, 1999, p. 351.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753736&pid=S0185-1276200100010001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. Agradezco a William Beezley la informaci&oacute;n y el env&iacute;o del libro donde se reproduce la fotograf&iacute;a que se tiene en la Nettie Lee Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. Las palabras de los personajes que se encuentran sin comillas son una elaboraci&oacute;n de la autora, y las citas textuales largas aparecen en los p&aacute;rrafos sangrados.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. <i>La Voz de M&eacute;xico</i> del 31 de diciembre de 1873 cuenta que "una tira de papel amarillo sobre el marco contiene la fe de bautismo de aquel enorme lienzo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753740&pid=S0185-1276200100010001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En esa tira est&aacute;n manuscritas las palabras 'Ahora o nunca' ".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. La princesa de Salm Salm lleg&oacute; a Quer&eacute;taro procedente de San Luis Potos&iacute; el 20 de mayo, por lo que no se encontraron en ese lugar las damas representadas en el cuadro. Jos&eacute; Mar&iacute;a Vigil, <i>M&eacute;xico a trav&eacute;s de los siglos,</i> tomos IX&#45;X, M&eacute;xico, Cumbre, 1962, p. 847.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753742&pid=S0185-1276200100010001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La primera edici&oacute;n del libro fue realizada entre 1880 y 1884.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n9a"></a><a href="#n9b">9</a>. F&eacute;lix de Salm Salm, <i>Mis memorias sobre Quer&eacute;taro y Maximiliano,</i> obra traducida del ingl&eacute;s por Eduardo Gibbon, M&eacute;xico, Neve, 1869.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753744&pid=S0185-1276200100010001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n10a"></a><a href="#n10b">10</a>. Princesa Agnes de Salm Salm, <i>Diez a&ntilde;os de mi vida (1862&#45;1872),</i> Puebla, Editorial Jos&eacute; M. Cajica, 1972, pp. 395&#45;396 (1<sup>a</sup> ed. Stuttgart, 1875).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753746&pid=S0185-1276200100010001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La versi&oacute;n en espa&ntilde;ol contiene m&uacute;ltiples errores en los nombres propios, tanto de personas como de lugares.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n11a"></a><a href="#n11b">11</a>. El 17 de febrero de 1867, Miguel le escribe a Concha: "Muy querida m&iacute;a: No deb&iacute;a darte la enhorabuena porque me hab&iacute;a hecho la ilusi&oacute;n de que me dar&iacute;as un Rafael, pero por supuesto que Dios no ha querido, qu&eacute; vamos a hacer, conformarnos con Catalina y desearte completo restablecimiento." Concepci&oacute;n Lombardo de Miram&oacute;n, <i>Memorias,</i> preliminar y notas de Felipe Teixidor, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1980, p. 865.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753748&pid=S0185-1276200100010001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Finalmente, a la ni&ntilde;a la nombraron Lola Catalina.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n12a"></a><a href="#n12b">12</a>. Sara Sefchovic, <i>La suerte de la consorte,</i> M&eacute;xico, Oc&eacute;ano, 1999, p. 117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753750&pid=S0185-1276200100010001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n13a"></a><a href="#n13b">13</a>. Las <i>Memorias</i> no se publicaron sino hasta que una nieta de Concha las vendi&oacute; en Palermo a Francisco Cortina Portilla, quien se las entreg&oacute; a Felipe Teixidor para su publicaci&oacute;n en 1980 en la casa Porr&uacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n14a"></a><a href="#n14b">14</a>. La situaci&oacute;n hab&iacute;a cambiado, pues se les hab&iacute;a condenado a muerte el 16 de junio, por lo que ahora el emperador pensaba que era factible solicitar el indulto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n15a"></a><a href="#n15b">15</a>. Concepci&oacute;n Lombardo de Miram&oacute;n, <i>op. cit.,</i> p. 602.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n16a"></a><a href="#n16b">16</a>. <i>Ibidem,</i> p. 604.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n17a"></a><a href="#n17b">17</a>. <i>Ibidem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n18a"></a><a href="#n18b">18</a>. <i>Ibidem,</i> p. 588.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n19a"></a><a href="#n19b">19</a>. Jos&eacute; Mar&iacute;a Vigil, <i>op. cit.,</i> p. 854.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n20a"></a><a href="#n20b">20</a>. Rafael Mart&iacute;nez de la Torre, "Maximiliano", en <i>El libro rojo,</i> Vicente Riva Palacio y Manuel Payno eds., M&eacute;xico, Editorial del Valle de M&eacute;xico, 1972, pp. 145&#45;151. La primera edici&oacute;n vio la luz en 1870.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753759&pid=S0185-1276200100010001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n21a"></a><a href="#n21b">21</a>. En Ida Rodr&iacute;guez Prampolini, <i>La cr&iacute;tica de arte en M&eacute;xico en el siglo</i> XIX<i>,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1964, t. II, p. 185.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753761&pid=S0185-1276200100010001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n22a"></a><a href="#n22b">22</a>. Durante su imperio, Maximiliano patrocin&oacute; cuadros que contaran su historia, y que fueron pintados por artistas extranjeros; por ejemplo, la visita de los indios kikapoos al emperador, realizado por Jean Adolphe Beauce.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n23a"></a><a href="#n23b">23</a>. V&eacute;ase Ida Rodr&iacute;guez Prampolini, <i>op. cit.,</i> t. II, p. 170.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n24a"></a><a href="#n24b">24</a>. <i>Ibidem,</i> p. 171.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n25a"></a><a href="#n25b">25</a>. El redactor responsable de la publicaci&oacute;n fue Juan N. Tercero (1837&#45;1905). Los art&iacute;culos fueron publicados el 31 de diciembre de 1873, y los d&iacute;as 1, 2 y 3 de enero de 1874; de ellos provienen las citas a las que a continuaci&oacute;n me referir&eacute;.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n26a"></a><a href="#n26b">26</a>. <i>El Artista,</i> enero de 1874, t. I, p. 66, texto recogido en Ida Rodr&iacute;guez, <i>op. cit.,</i> t. II, p. 195. Para una amplia discusi&oacute;n sobre la pintura hist&oacute;rica, v&eacute;ase Stacie G. Widdifield, <i>The Embodiment of the National in Late Nineteenth Century Mexican Painting,</i> Tucson, University of Arizona Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=753767&pid=S0185-1276200100010001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n27a"></a><a href="#n27b">27</a>. Francisco Hurtado y Mendoza <i>et al., op. cit.,</i> pp. 129&#45;130. Se trata de un ensayo encontrado en los archivos de Silvia Molina donde el artista responde al ataque del enigm&aacute;tico cr&iacute;tico de <i>La Voz de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n28a"></a><a href="#n28b">28</a>. <i>Ibidem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n29a"></a><a href="#n29b">29</a>. Jos&eacute; Mart&iacute;, <i>Cartas a Manuel A. Mercado, op. cit.,</i> p. 24.</font></p>      ]]></body><back>
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