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<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La influencia de los artistas viajeros en la litografía mexicana (1837-1849)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[On the basis of information gathered from hemerographic sources, Arturo Aguilar traces the influence and impact of the traveling artists on Mexican lithography during the first half of the 19th century. Thanks to images created by Baron von Humboldt, Mrs. Ward, Waldeck, Nebel and Catherwood, which were published in Mexico throughout this period, Mexicans received an opportunity to appreciate diverse architectural beauties, popular types, cities and landscapes. The final result of this approximation was a blend of both rejection and acceptance infused by an infinity of circumstances and interests that included the growing Mexican nationalism of the era. Nonetheless, in all such cases, this contact led to repercussions that affected the development of lithography which, at the time, was barely emerging.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La influencia de los artistas viajeros en la litograf&iacute;a mexicana (1837&#45;1849)</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Arturo Aguilar Ochoa</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de las am&eacute;ricas</i></font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la informaci&oacute;n recabada en fuentes hemerogr&aacute;ficas, Arturo Aguilar pondera la influencia e impacto que tuvieron los llamados artistas viajeros en la litograf&iacute;a mexicana durante la primera mitad del siglo XIX. Gracias a las im&aacute;genes de artistas como el bar&oacute;n de Humboldt, la se&ntilde;ora Ward, Waldeck, Nebel y Catherwood, divulgadas en nuestro pa&iacute;s durante esta &eacute;poca, los mexicanos tuvieron oportunidad de apreciar las bellezas arqueol&oacute;gicas, los tipos populares, las ciudades o los paisajes. En ese acercamiento el resultado final fue a la vez de rechazo y aceptaci&oacute;n, donde mediaron infinidad de circunstancias e intereses, entre los que destac&oacute; el creciente nacionalismo mexicano del momento. Sin embargo, en todos los casos ese acercamiento repercuti&oacute; en el desarrollo de la litograf&iacute;a que por entonces apenas despuntaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">On the basis of information gathered from hemerographic sources, Arturo Aguilar traces the influence and impact of the traveling artists on Mexican lithography during the first half of the 19th century. Thanks to images created by Baron von Humboldt, Mrs. Ward, Waldeck, Nebel and Catherwood, which were published in Mexico throughout this period, Mexicans received an opportunity to appreciate diverse architectural beauties, popular types, cities and landscapes. The final result of this approximation was a blend of both rejection and acceptance infused by an infinity of circumstances and interests that included the growing Mexican nationalism of the era. Nonetheless, in all such cases, this contact led to repercussions that affected the development of lithography which, at the time, was barely emerging.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aspecto todav&iacute;a poco estudiado por los investigadores del arte en el siglo XIX es la influencia que dejaron los llamados "artistas viajeros" en el &aacute;mbito mexicano de su &eacute;poca. Como es bien conocido, estos artistas afluyeron al pa&iacute;s a partir de la Independencia y practicaron g&eacute;neros, hasta entonces poco conocidos, en nuestra patria; tal fue el caso del paisaje y el tema arqueol&oacute;gico, los cuales se difunden especialmente en Europa y en los Estados Unidos. Quiz&aacute; por esto, regularmente se ven sus producciones como una proyecci&oacute;n de lo mexicano en el extranjero sin aquilatar, casi en ning&uacute;n momento, el impacto que tuvieron algunas de estas obras en nuestro pa&iacute;s, especialmente en la litograf&iacute;a,<a name="n1b" id="n1b"></a><a href="#n1a"><sup>1</sup></a>&nbsp;&nbsp;la cual conseguir&aacute; una de sus primeras etapas de auge entre los a&ntilde;os de 1837 y 1847.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al realizar una investigaci&oacute;n sobre la litograf&iacute;a mexicana, varias de las fuentes nos remit&iacute;an al hecho de que un n&uacute;mero importante de artistas viajeros fueron ampliamente conocidos en M&eacute;xico en este periodo, tom&aacute;ndose incluso algunas de sus obras como modelo para realizar im&aacute;genes del pa&iacute;s. En los a&ntilde;os que van de 1837 a 1847, su influencia se hace evidente entre los lit&oacute;grafos, ya que entonces, por la decadencia que atravesaba la Academia de San Carlos, los artistas viajeros no tuvieron una fuerte presencia entre los pintores. Ser&aacute; hasta la d&eacute;cada de los 50, con la reorganizaci&oacute;n de la noble instituci&oacute;n, cuando varios de estos artistas extranjeros, como el franc&eacute;s Eduardo Pingret<a name="n2b" id="n2b"></a><a href="#n2a"><sup>2</sup></a> o el suizo Johan Salom&oacute;n Hegi,<a name="n3b" id="n3b"></a><a href="#n3a"><sup>3</sup></a>&nbsp;&nbsp;exponen en los salones de este centro e incluso el primero lleg&oacute; a impartir clases particulares a se&ntilde;oritas de sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la escasa preparaci&oacute;n de los dibujantes lit&oacute;grafos favoreci&oacute; esta influencia, pues ante la carencia de im&aacute;genes del pa&iacute;s tanto en el paisaje como en la arqueolog&iacute;a, los tipos y las escenas costumbristas, se tuvo que recurrir a lo hecho por extranjeros. A esto se aunaba el que no siempre se cont&oacute; con los recursos para ir directamente al lugar y poder dibujar <i>in situ &nbsp;</i>la ruina arqueol&oacute;gica o el paisaje. Especialmente, el hacer un &aacute;lbum sobre ruinas prehisp&aacute;nicas como las que realizan por primera vez los exploradores Stephens y Catherwood y luego el franc&eacute;s Charnay era, pr&aacute;cticamente, imposible. Un proyecto de tal envergadura exig&iacute;a un subsidio que s&oacute;lo en un nivel institucional podr&iacute;a conseguirse o, en todo caso, pagarlo de sus propios recursos como lo hizo Humboldt. A los editores mexicanos de revistas ilustradas les era imposible financiar una expedici&oacute;n de esta magnitud, por ejemplo a las zonas mayas. Fue en estos casos cuando las publicaciones de los viajeros cubr&iacute;an esas necesidades, no sin antes, cabe decir, haber pasado por el tamiz de la aceptaci&oacute;n mexicana, ya que en muchas ocasiones se consideraba que los extranjeros denigraban la imagen del pa&iacute;s, dando una versi&oacute;n falsa y calumniosa sobre M&eacute;xico y los mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, no ser&aacute;n todos los artistas quienes consigan filtrar sus obras en nuestra patria por estos a&ntilde;os. Existen varios de ellos que permanecieron totalmente ignorados, especialmente porque realizaron sus obras en t&eacute;cnicas que se prestaban muy poco para la difusi&oacute;n en gran escala como fue el &oacute;leo o la acuarela, adem&aacute;s de que se las llevaban a sus pa&iacute;ses de origen. As&iacute; sucedi&oacute; con artistas como el bar&oacute;n de Courcy, el bar&oacute;n de Gros o &nbsp;Lukas Vischer. Sin embargo, esto no explica por qu&eacute; &nbsp;&aacute;lbumes tan populares hoy como <i>Trajes civiles, militares y religiosos</i> (Bruselas, 1828) de Claudio Linati y <i>Vistas de M&eacute;xico</i> (Londres, 1840) de Daniel Thomas Egerton, ambos realizados en litograf&iacute;a, al parecer no se hayan conocido en M&eacute;xico, ni siquiera en circulaci&oacute;n restringida. En&nbsp; &nbsp;la revisi&oacute;n hemerogr&aacute;fica de este periodo no se encuentra anuncio alguno de la venta de estos &aacute;lbumes y, lo que es m&aacute;s significativo, ning&uacute;n lit&oacute;grafo del &nbsp;pa&iacute;s los us&oacute; como modelo para sus obras, al menos en el periodo que hemos se&ntilde;alado. Es curioso que del famoso &aacute;lbum de Claudio Linati, tan citado en la historia de la litograf&iacute;a mexicana, no se tenga la m&aacute;s leve noticia o prueba de haber circulado en estos a&ntilde;os en nuestro pa&iacute;s. Las razones de esta ausencia me parece descansan en dos motivos, el primero por la temprana muerte de sus autores, tanto en el caso de Linati como en el de Egerton,<a name="n4b" id="n4b"></a><a href="#n4a"><sup>4</sup></a> y el segundo como consecuencia de este hecho, pues con ello se ocasion&oacute; una mala distribuci&oacute;n de sus obras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>B</b></i><b><i>ar&oacute;n de Humboldt</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, de todos los viajeros que llegaron a M&eacute;xico en el siglo XIX, el primero en ser conocido fue el cient&iacute;fico alem&aacute;n bar&oacute;n Alejandro de Humboldt (1769&#45;1859). Dicho personaje estuvo en la Nueva Espa&ntilde;a entre 1803 y 1804, lapso en el cual realiz&oacute; importantes estudios cient&iacute;ficos de toda &iacute;ndole, al igual que los que ya antes hab&iacute;a llevado a cabo sobre otras regiones de Sudam&eacute;rica en el mismo viaje que le llevar&iacute;a varios a&ntilde;os. Fruto de estos estudios fue una treintena de vol&uacute;menes agrupados bajo el t&iacute;tulo general de <i>Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente...</i>, publicados entre los a&ntilde;os de 1807 y 1834, y su obra de econom&iacute;a pol&iacute;tica <i>Ensayo pol&iacute;tico sobre el reino de la</i> <i>Nueva Espa&ntilde;a</i>. Si bien todos o casi todos estos vol&uacute;menes de la primera obra est&aacute;n profusamente ilustrados, destacan para nuestro tema los que llevan los n&uacute;meros XV y XVI de la colecci&oacute;n, denominados <i>Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos ind&iacute;genas de Am&eacute;rica</i>, publicados en Par&iacute;s entre 1810 y 1813.<a name="n5b" id="n5b"></a><a href="#n5a"><sup>5</sup></a>&nbsp;&nbsp;Es en estos tomos com&uacute;nmente llamados <i>Vistas y monumentos</i>, donde se encuentra un gran n&uacute;mero de grabados que ilustran varias ruinas arqueol&oacute;gicas del Nuevo Mundo y paisajes que representan lugares destacados como lagos, r&iacute;os, monta&ntilde;as, volcanes, etc&eacute;tera. Cabe destacar &nbsp;que las im&aacute;genes fueron hechas por artistas europeos bajo la supervisi&oacute;n y con ayuda de los apuntes tomados por el mismo Alejandro de Humboldt.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sabemos exactamente cu&aacute;ndo llegaron estos vol&uacute;menes a M&eacute;xico, pero a fines de los 30, evidentemente, eran ya muy conocidos. En el <i>Calendario de las se&ntilde;oritas mexicanas para</i> <i>1839</i>, editado por Mariano Galv&aacute;n, apareci&oacute; un grabado con el t&iacute;tulo de <i>Rocas bas&aacute;lticas y cascada de Regla</i>, id&eacute;ntico al que aparece en la obra del sabio alem&aacute;n de igual nombre, tomado tambi&eacute;n desde el mismo &aacute;ngulo y con los personajes a las orillas de la ca&iacute;da de agua, probablemente los investigadores Humboldt y Bonpland. Es de destacar lo acertado de la composici&oacute;n que permiti&oacute; se resaltara la monumentalidad del lugar, caracter&iacute;stica que mayor atenci&oacute;n despert&oacute; en el sabio alem&aacute;n. A su vez, en el tomo III del <i>Mosaico Mexicano</i>, publicado en 1840, se encuentra una litograf&iacute;a del <i>Volc&aacute;n de Jorullo</i>, volc&aacute;n localizado actualmente entre los estados de Michoac&aacute;n y Colima (<a href="#f1">figura 1</a>). En esta litograf&iacute;a se nota que el dibujo es casi id&eacute;ntico al de la incluida en la obra de Humboldt, sobre todo porque ambas destacan el entorno del lugar rodeado de peque&ntilde;os conos bas&aacute;lticos, que recib&iacute;an el nombre de "Mal Pa&iacute;s", y las capas quebradas que separaban esta llanura afectada por la erupci&oacute;n ocurrida la noche del 29 de septiembre de 1759. El mismo texto hace constantes referencias a los datos recabados por Humboldt, el cual trata de los principales volcanes de Am&eacute;rica y sus erupciones m&aacute;s notables. El art&iacute;culo no est&aacute; firmado y la imagen s&oacute;lo tiene la direcci&oacute;n del taller Portal de las Flores n&uacute;mero 15, que pertenec&iacute;a entonces a Rocha y Fournier, pero sin dar cr&eacute;ditos al dibujante.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra imagen tambi&eacute;n copiada de los vol&uacute;menes de Humboldt, la cual apareci&oacute; en el mismo tomo citado del <i>Mosaico Mexicano</i>, es el <i>Puente de Icononzo</i>, en la que se representa un enorme pe&ntilde;asco con un puente de piedra hecho de manera natural &nbsp;que separa la cuenca del r&iacute;o de la Magdalena, el Guaviare y el Orinoco, todo ello ubicado entonces en el reino de Nueva Granada, hoy Colombia.<a name="n6b" id="n6b"></a><a href="#n6a"><sup>6</sup></a> &nbsp;Se percibe que el dibujante se esfuerza enormemente para realizarlo, aun trat&aacute;ndose de una copia; la perspectiva est&aacute; mal lograda e igualmente las proporciones de las monta&ntilde;as, los personajes y el puente mismo revelan cierta impericia del autor. Sin embargo, el dibujo cumpli&oacute; la funci&oacute;n de dar una idea al lector de lo monumental de este sitio en un af&aacute;n por incluir las bellezas naturales de todo el mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y nuevamente encontramos la vista de <i>Las rocas bas&aacute;lticas y cascada de Regla</i> en la reedici&oacute;n del tomo II del <i>Mosaico</i> hecho en 1840. Aunque la imagen es un grabado y no guarda exacta semejanza con una vista del mismo lugar realizada por Humboldt &#151;ya que fueron tomadas desde &aacute;ngulos distintos&#151;, es importante porque refleja ese inter&eacute;s por captar los lugares que hab&iacute;an sido, de alguna manera, consagrados por los viajeros. Es posible encontrar m&aacute;s de estos pr&eacute;stamos visuales tomados de Humboldt por los lit&oacute;grafos mexicanos que a&uacute;n no hayamos detectado; sin embargo, con los citados se demuestra su influencia. Aunque es raro que la obra del sabio alem&aacute;n no haya merecido m&aacute;s comentarios en la prensa mexicana a la altura de su fama, y tampoco se hayan copiado los dibujos que realiz&oacute; de c&oacute;dices y de ruinas prehisp&aacute;nicas como las de Cholula y Xochicalco, lo cierto es que su obra gozaba de total aceptaci&oacute;n por el reconocimiento y la seriedad que ten&iacute;an sus trabajos en un nivel internacional y porque no criticaba a nuestro pa&iacute;s de manera dura: por ello se aceptaba cualquiera de sus opiniones &nbsp;o im&aacute;genes sin ning&uacute;n reparo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>E</b></i><b><i>lizabeth Ward</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente viajero en la lista es la se&ntilde;ora Elizabeth Ward, esposa del primer embajador brit&aacute;nico en nuestro pa&iacute;s, sir Henry George Ward. No se tienen mayores datos de su vida y obra art&iacute;stica, y se conoce mejor a su esposo, quien fue embajador en M&eacute;xico de 1825 a 1827. Como algunos autores han se&ntilde;alado, la presencia de Ward, adem&aacute;s de ser diplom&aacute;tica, se debi&oacute; a un intento de orientar las inversiones inglesas sobre la miner&iacute;a en nuestro pa&iacute;s, por lo cual escribe su famosa obra <i>M&eacute;xico en</i> <i>1827</i>, &nbsp;editada en Londres en 1828. Este libro pretend&iacute;a ser una monograf&iacute;a completa sobre la situaci&oacute;n geogr&aacute;fica, la geolog&iacute;a, el clima, la poblaci&oacute;n, la producci&oacute;n agropecuaria, la historia, la forma de gobierno, el ej&eacute;rcito, la religi&oacute;n y por supuesto la miner&iacute;a de M&eacute;xico.<a name="n7b" id="n6b2"></a><sup><a href="#n7a">7</a></sup> Para enriquecer sus observaciones, el embajador realiz&oacute; viajes al interior del pa&iacute;s con toda su familia, incluyendo a su mujer y a sus dos peque&ntilde;as hijas. Gracias a ello y a las aficiones de la se&ntilde;ora Ward para el dibujo y la pintura, se incluyeron varios grabados en el libro <i>M&eacute;xico en</i> <i>1827</i>. Por su parte, en 1829, la se&ntilde;ora Elizabeth Ward public&oacute; un libro de arte: <i>Six Views of the Most Important Towns and Mininig Districts</i> con los mismos grabados. Y ya sea que se conociera primero el libro y despu&eacute;s el &aacute;lbum de vistas, lo cierto es que tambi&eacute;n para 1837 eran ampliamente conocidas las im&aacute;genes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una publicaci&oacute;n, nuevamente de Mariano Galv&aacute;n, es una de las primeras en utilizar las im&aacute;genes de los extranjeros, como en este caso de la se&ntilde;ora Ward, ya que en el <i>Calendario de las se&ntilde;oritas mejicanas para el a&ntilde;o de</i> <i>1838</i> apareci&oacute; una vista del <i>Santuario de Guadalupe</i> tomada de la obra de la se&ntilde;ora Ward. Tambi&eacute;n en <i>El Diario de los Ni&ntilde;os</i>, tomo I, editado en 1839 por Miguel Gonz&aacute;lez, aparece una vista de la ciudad de M&eacute;xico muy parecida a la de la se&ntilde;ora Ward. Las dos im&aacute;genes coinciden en que fueron tomadas de lo que suponemos eran las azoteas de la legaci&oacute;n inglesa de San Cosme (actualmente Museo de San Carlos), donde se alcanza a apreciar las c&uacute;pulas y torres de varias iglesias &#151;entre ellas las de San Juan de Dios, Santa Veracruz y Catedral&#151;, las copas de los &aacute;rboles de la Alameda y los arcos del acueducto que continuaba por la calle de Puente de Alvarado. Sin embargo, no se distinguen las torres de la iglesia de San Fernando ni las de San Hip&oacute;lito; seguramente la pintora se dio ciertas libertades en la composici&oacute;n y el dibujo, que no son fieles totalmente a la realidad. Existe, asimismo, una vista muy similar hecha por el pintor Sawkings, que fue tomada desde el mismo templo de San Cosme, aunque no sabemos si tambi&eacute;n se conoci&oacute; en M&eacute;xico y &eacute;ste fue el modelo. La misma vista de la se&ntilde;ora Ward se repite en <i>El Liceo Mexicano</i>, tomo I, de 1844, editado por Jos&eacute; Mariano Lara.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si existiese alguna duda de que la fuente principal de estas im&aacute;genes fue la obra de la se&ntilde;ora Ward, bastar&iacute;a revisar la <i>Revista Cient&iacute;fica y Literaria...</i> de 1846, la cual utiliz&oacute; nuevamente vistas de la pintora inglesa, como <i>Patio de la Hacienda de Salgado</i>, para ilustrar su art&iacute;culo "Hacienda de Beneficio" (<a href="#f2">figura 2</a>), en donde aparece el atajo de mulas ocupado en la trituraci&oacute;n de los metales en los llamados arrastres de esta hacienda de beneficio guanajuatense. La litograf&iacute;a fue ejecutada en el taller de Pl&aacute;cido Blanco, y es posible que &eacute;l tambi&eacute;n haya sido el dibujante. En el mismo n&uacute;mero de la revista se encuentra nuevamente el dibujo que lleva por t&iacute;tulo <i>Santuario de Guadalupe</i>, tomado de la se&ntilde;ora Ward pero que en este caso lleva el nombre de <i>Colegiata de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe</i>, mismo que tambi&eacute;n hab&iacute;a sido publicado en el <i>Calendario de las se&ntilde;oritas mejicanas para</i> <i>1838</i>. A diferencia de otros dibujos que se hicieron del santuario, como los de Gualdi o Casimiro Castro, la imagen &nbsp;en este caso fue tomada desde el camino que conduce a la entrada de la Bas&iacute;lica: destaca la barda del atrio, al fondo se recortan el templo principal, la capilla del Pocito, el templo de las Capuchinas y la capilla del Cerrito; en un primer plano notamos a un grupo de arrieros que conducen su recua de mulas, lo cual da escala y un encanto especial a la composici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>F</b></i><b><i>ederico de Waldeck</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Federico de Waldeck (1766&#45;1875) no ha merecido hasta la fecha un estudio a la altura de la influencia que tuvo en M&eacute;xico, tanto positiva como negativamente,<a name="n8b" id="n8b"></a><a href="#n8a"><sup>8</sup></a> pues hay que se&ntilde;alar, como adelante veremos, el tr&aacute;fico que hizo de piezas arqueol&oacute;gicas, lo cual despert&oacute; una de las primeras defensas del patrimonio arqueol&oacute;gico nacional por parte tanto de las autoridades como de varios escritores. Se sabe que Waldeck fue un pintor grabador nacido en Praga en 1766 y muerto en Par&iacute;s en 1875 a los 110 a&ntilde;os. Aficionado a los viajes, visita la ciudad de M&eacute;xico por primera vez en julio de 1826; por instancias de Galli traba amistad con Claudio Linati. Para entonces ya tra&iacute;a un bagaje cultural muy amplio sobre el pa&iacute;s, pero especialmente sobre Palenque y la zona maya. Posteriormente, con las prensas que hab&iacute;a dejado Linati, es invitado para que dibuje y litograf&iacute;e, junto con Pedro Robert, la obra <i>Colecci&oacute;n de antig&uuml;edades que existen en el Museo Nacional</i>, editada bajo el patrocinio del gobierno y de Ignacio Icaza en 1827.<a name="n9b" id="n9b"></a><a href="#n9a"><sup>9</sup></a> &nbsp;Este trabajo es uno de los primeros ejemplos de la litograf&iacute;a hecha en M&eacute;xico sobre piezas prehisp&aacute;nicas que Waldeck tambi&eacute;n coleccion&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al parecer, desde entonces tiene la intenci&oacute;n de realizar una expedici&oacute;n cient&iacute;fica a las zonas mayas que no ceja en promover. Finalmente, con ayuda del gobierno, espec&iacute;ficamente de Lucas Alam&aacute;n, logra ir por primera vez a Palenque en 1832, pero ante la escasez de recursos abandona el proyecto y regresa a Tabasco y a M&eacute;rida al a&ntilde;o siguiente.<a name="n10b" id="n10b"></a><a href="#n10a"><sup>10</sup></a> Solicita entonces el apoyo de un patrocinador europeo, pero ya para estas fechas el recelo de las autoridades mexicanas y de los peri&oacute;dicos se hace evidente ante la enorme fama que pesaba sobre Federico Waldeck por el saqueo de piezas arqueol&oacute;gicas, que adem&aacute;s</font> <font face="verdana" size="2">no se cuida de ocultar y hasta parece orgulloso en declarar, todo lo cual lo hunde finalmente. <i>El F&eacute;nix de la Libertad</i> publica el 14 de octubre de 1833, a prop&oacute;sito de un art&iacute;culo sobre las antig&uuml;edades mexicanas, lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace d&iacute;as le&iacute;mos en <i>El Nacional</i> de Par&iacute;s, una carta escrita de Palenque por el franc&eacute;s Waldeck, en la que dice a sus amigos que estaba asombrado con la magnificencia de aquel Herculano Mexicano y que pronto volver&aacute; a Par&iacute;s, llevando consigo curiosidades muy hermosas. Es decir que los bellos restos de nuestras antig&uuml;edades, con el tiempo ser&aacute;n trasladadas a la Europa como lo han sido las del Egipto y de la Nubia. El Supremo Gobierno no tolerar&aacute; sin duda semejante exportaci&oacute;n que har&iacute;a muy poco honor al pa&iacute;s. Esperamos que repetir&aacute; sus &oacute;rdenes para impedir que salgan de la rep&uacute;blica los restos de las antig&uuml;edades mexicanas de que pueden formarse museos que adornen las capitales de los estados, y que proporcione objeto para estudios que est&aacute;n estrechamente ligados con el conocimiento del g&eacute;nero humano... Esperamos que el supremo gobierno libre sus &oacute;rdenes para suspender el saqueo silencioso que el inconsecuente y desagradecido Mr. Waldeck esta verificando.<a name="n11b" id="n11b"></a><a href="#n11a"><sup>11</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a estos problemas, que obligaron al gobierno mexicano a confiscar sus papeles y apuntes, Waldeck sale del pa&iacute;s en 1836 partiendo de la ciudad de M&eacute;rida. Ya en Par&iacute;s, Federico Waldeck publica su famoso libro <i>Viaje pintoresco y arqueol&oacute;gico a la provincia de Yucat&aacute;n entre</i> <i>1834 &nbsp;y</i> <i>1836</i>, dedicado a su incondicional patrono lord Kinsborough en 1838. En esta obra &#151;coinciden varios autores en se&ntilde;alar&#151; se encuentra una narraci&oacute;n picante y a veces de dura cr&iacute;tica hacia los mexicanos<a name="n12b" id="n12b"></a><a href="#n12a"><sup>12</sup></a>&nbsp;que para nuestro tema es importante porque se incluyeron varias l&aacute;minas con reproducciones de ruinas arqueol&oacute;gicas y de tipos populares de Yucat&aacute;n y Campeche, algunos, cabe decir, con ciertos tonos de desbordada fantas&iacute;a. Es dif&iacute;cil que la obra de Waldeck circulara ampliamente en nuestro pa&iacute;s, dada la enorme susceptibilidad que adquieren los mexicanos hacia las opiniones negativas de los extranjeros y al enorme costo y tama&ntilde;o de la obra original, sin embargo es un hecho que lleg&oacute; a conocerse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tomo segundo de la revista <i>El Museo Mexicano</i> de 1843, el general Jos&eacute; Mar&iacute;a Tornel y Mend&iacute;vil sali&oacute; en defensa del honor nacional al comentar un art&iacute;culo sobre las <i>Memorias</i>de Isidro L&ouml;wenstern, viajero que estuvo en M&eacute;xico en 1838 y habl&oacute; mal sobre el pa&iacute;s. Tornel lo tacha de vulgar, mentiroso y malagradecido, igual que a Waldeck, cuyas opiniones:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">calificamos de continuas injurias y desprop&oacute;sitos, no siendo las opiniones de un fil&oacute;sofo que razona, sino al glot&oacute;n que llora todav&iacute;a no haber podido devorar con hambre canina un pedazo de carne asada. Los pobres ind&iacute;genas de nuestro suelo, son blanco de una sa&ntilde;a apasionada com&uacute;n a todos los extranjeros que afectan filantrop&iacute;a, y distan de poseer esa fuente consoladora de innumerables virtudes que es la comprensi&oacute;n desapasionada.<a name="n13b" id="n13b"></a><a href="#n13a"><sup>13</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero pese a esta rabiosa defensa ante las calumnias extranjeras, es precisamente en <i>El Museo Mexicano</i> donde se encuentra una de las obras de Waldeck. En el tomo tercero de esta revista editada en 1844 aparece para ilustrar un art&iacute;culo sobre Yucat&aacute;n el retrato de <i>La Meridana</i>. Desde el inicio se aclara que el se&ntilde;or Isidro Gondra, a la saz&oacute;n director del Museo Nacional, pose&iacute;a el ejemplar de Waldeck de donde se tom&oacute; la imagen y que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">cuando mostr&eacute; a ustedes la obra sobre Yucat&aacute;n de Waldeck que poseo, entre cuyas l&aacute;minas se encuentra la que en copia acompa&ntilde;a este art&iacute;culo, me manifestaron su deseo de que escribiese un art&iacute;culo sobre el car&aacute;cter y costumbres de las meridanas creyendo sin duda que mi residencia en Yucat&aacute;n har&iacute;a para m&iacute; f&aacute;cil este trabajo, cooperando al loable objeto que ustedes han tenido al difundir en su peri&oacute;dico, la obra que ten&iacute;an anunciada sobre trajes y costumbres nacionales...<a name="n14b" id="n14b"></a><a href="#n14a"><sup>14</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, se condenaba el texto pero no la imagen, pues Isidro Gondra aclaraba que hab&iacute;a le&iacute;do la obra de Waldeck para avivar sus recuerdos, pero "este (Waldeck) tan buen dibujante como mal viajero, se empe&ntilde;a en trazar con coloridos tan negros y exagerados las costumbres de Yucat&aacute;n, y de ah&iacute; que uno de mis objetos que me propuse sea impugnar sus falacias y mentirosos cuadros de costumbres..."<a name="n15b" id="n15b"></a><a href="#n15a"><sup>15</sup></a>&nbsp;Gondra a&ntilde;ad&iacute;a como ejemplo que Waldeck hablaba sin conocimiento de causa de la enorme prostituci&oacute;n que exist&iacute;a entre las meridanas, pues confund&iacute;a a las mestizas asalariadas con las j&oacute;venes de familias honradas de clase media, a quienes calumniaba groseramente por sus modales desenvueltos.<a name="n16b" id="n14b2"></a><a href="#n16a"><sup>16</sup></a> No obstante, como se carec&iacute;a de dibujos hechos por mexicanos sobre las mujeres de esta alejada regi&oacute;n, se tuvo que recurrir necesariamente a las im&aacute;genes de los viajeros, aunque no se compartieran sus opiniones ofensivas para los habitantes del pa&iacute;s. En este caso, en la versi&oacute;n de <i>La Meridana</i> hecha para la revista <i>El Museo</i>, la rolliza mujer que representa a una mestiza de M&eacute;rida sufri&oacute; algunos cambios. La postura se modific&oacute; de derecha a izquierda, seguramente por no usar hojas de transporte para trasladarlo adecuadamente, pues recordemos que en litograf&iacute;a si se dibuja cualquier copia tiene que hacerse de manera invertida para pasarla correctamente a impresi&oacute;n y que el dibujo aparezca tal cual se encuentra en el original; de otra manera, al imprimirlo se edita al rev&eacute;s como seguramente sucedi&oacute; con el original de Waldeck (<a href="#f3">figura 3</a>). Pero adem&aacute;s en <i>La Meridana</i> de <i>El Museo</i> se suprimi&oacute; tambi&eacute;n el fondo de la imagen, que ubica al personaje en un lugar t&iacute;pico, con la cruz atrial de una iglesia sobre una base de piedra, la exuberante vegetaci&oacute;n tropical y el perfil de una choza maya (<a href="#f4">figura 4</a>). En cuanto al blanco huipil y la blusa del mismo tono, se respet&oacute; completamente. La estampa sali&oacute; probablemente del taller de Cumplido, que en ese entonces estaba dirigido por Decaen, y carece de firma.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f3.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que sea Isidro Gondra quien pose&iacute;a la obra de Waldeck y sea &eacute;l mismo quien la muestre a los editores, me hace pensar que no circul&oacute; de manera comercial, y se restringi&oacute; a hombres cultos o preocupados por las antig&uuml;edades mexicanas, como lo fue en este caso el director del Museo Nacional. El gran tama&ntilde;o y enorme costo de la obra eran, asimismo, impedimentos para una circulaci&oacute;n masiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto no fue obst&aacute;culo, sin embargo, para que <i>El Liceo Mexicano</i> tambi&eacute;n utilizara otra de las im&aacute;genes de Waldeck. &nbsp;Ese a&ntilde;o de 1844, la revista publica, para ilustrar un art&iacute;culo sobre Yucat&aacute;n, <i>Indio yucateco</i> (<a href="#f5">figura 5</a>), en este caso tambi&eacute;n poco fiel a la versi&oacute;n de Waldeck, a la que suprimieron los arcos de lo que al parecer es el convento de Izamal. El t&iacute;tulo mismo de la imagen fue cambiado, pues en el original lleva el nombre de <i>Indio contrabandista del interior</i>, obviamente con connotaciones denigrantes, muy a tono con el concepto de varios extranjeros sobre el pa&iacute;s, al cual consideraban infestado de ladrones y salteadores de caminos. Es por ello que creemos que el t&iacute;tulo en la revista mexicana se modific&oacute;. Tambi&eacute;n es notorio que se prefirieran estas im&aacute;genes a otras en donde campea una desbordada fantas&iacute;a y escasa fidelidad a los originales, como el retrato de un <i>Mayordomo de hacienda</i>, en donde es evidente que la indumentaria del personaje fue producto de la fantas&iacute;a del artista, pues no corresponde a la indumentaria mexicana. No obstante, los escritores no quitaron el dedo de la llaga, pues en el mismo n&uacute;mero de <i>El Liceo Mexicano</i>, el poco conocido literato Luis Mart&iacute;nez de Castro, con el seud&oacute;nimo de "Mala espina y bien pica", volvi&oacute; a poner a L&ouml;wenstern en el banquillo de los acusados. Lo tach&oacute; de un mal viajero que no conoci&oacute; realmente el pa&iacute;s, y lo compar&oacute; con otro viajero alem&aacute;n m&aacute;s sensato, C. C. Becher, quien escribi&oacute; el libro <i>M&eacute;xico en los memorables a&ntilde;os de</i> <i>1832&#45;1833</i>, el cual contiene observaciones positivas sobre nuestro pa&iacute;s, en contraste de las de L&ouml;wenstern; de paso critic&oacute; al pintor Waldeck.<a name="n17b" id="n17b"></a><a href="#n17a"><sup>17</sup></a> Pese a que la revista utiliza sus im&aacute;genes, sucede curiosamente lo mismo que en <i>El Museo Mexicano</i>: hay un rechazo a la obra y especialmente a las opiniones ofensivas al pa&iacute;s pero no necesariamente a las im&aacute;genes. Por lo dem&aacute;s, el resto de la obra de Waldeck fue conocido s&oacute;lo recientemente en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f5"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Carlos Nebel</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso m&aacute;s interesante de entre los artistas viajeros lo constituye, sin embargo, Carlos Nebel (1805&#45;1855). Al parecer fue el &uacute;nico que se promovi&oacute; a s&iacute; mismo con gran despliegue publicitario en los peri&oacute;dicos de nuestro pa&iacute;s, con lo cual su obra m&aacute;s famosa, <i>Viaje pintoresco y arqueol&oacute;gico sobre la parte m&aacute;s interesante de la Rep&uacute;blica mexicana, en los a&ntilde;os transcurridos desde</i> <i>1829 a</i> <i>1834</i>, publicada inicialmente en Par&iacute;s en 1836, alcanz&oacute; niveles de difusi&oacute;n sorprendentes, como ninguna otra obra de artista europeo lo hab&iacute;a hecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La atracci&oacute;n por M&eacute;xico surgi&oacute; en el alem&aacute;n Carlos Nebel supuestamente a partir de las lecturas que hizo de la obra de Humboldt, a quien despu&eacute;s conoci&oacute; personalmente. No sabemos con exactitud cu&aacute;les fueron sus medios para venir al pa&iacute;s, pero a partir de 1829 se encontraba en M&eacute;xico por primera vez; ya aqu&iacute; trab&oacute; amistad con Waldeck y coleccion&oacute;, al igual que &eacute;l, varias piezas prehisp&aacute;nicas.<a name="n18b" id="n18b"></a><a href="#n18a"><sup>18</sup></a>&nbsp;&nbsp;Luego lo encontramos viajando por una amplia zona de la rep&uacute;blica, como los actuales estados de Zacatecas, Veracruz, Jalisco, Aguascalientes, Puebla y Guerrero; regres&oacute; a Francia en 1834. Como resultado de este viaje, Nebel public&oacute; en franc&eacute;s el &aacute;lbum cuyo t&iacute;tulo ya hemos mencionado, en gran formato, con textos y cincuenta litograf&iacute;as, la mayor parte a color, que prolog&oacute; el mismo Humboldt.<a name="n19b" id="n19b"></a><a href="#n19a"><sup>19</sup></a> Desde este momento parece ser que el &aacute;lbum, por sus enormes cualidades est&eacute;ticas, goz&oacute; de enorme aceptaci&oacute;n entre el p&uacute;blico no s&oacute;lo europeo sino tambi&eacute;n mexicano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apenas han transcurrido tres a&ntilde;os, en 1839, cuando <i>El Diario de los Ni&ntilde;os</i> publica varias im&aacute;genes litogr&aacute;ficas copiadas de la obra de Nebel. &Eacute;stas son una vista de <i>La Plaza Mayor de Guadalajara</i> y otra del <i>Interior de Aguascalientes</i> (<a href="#f6">figura 6</a>). Las dos son de excelente factura y totalmente fieles a la versi&oacute;n de Nebel, pues incluso en la vista de Aguascalientes no se suprimi&oacute; el paso del vi&aacute;tico ni la columna que adornaba la plaza coronada con una estatua de la libertad, y que fue inventada por el artista teut&oacute;n. Ambas im&aacute;genes llevan la firma de la litograf&iacute;a "Junto al Correo", lo cual hace pensar que fue Julio Michaud quien dentro del comercio de estampas de todo tipo ser&aacute; el primero en conocer la obra de Nebel quiz&aacute; desde 1838. El editor, en este caso, fue Vicente Garc&iacute;a Torres, quien era el responsable de utilizar la obra de Nebel aun en hojas sueltas, lo cual le ocasion&oacute; problemas, pues el artista alem&aacute;n regres&oacute; precisamente a entablar un juicio por estos plagios a su obra.<a name="n20b" id="n20b"></a><a href="#n20a"><sup>20</sup></a> Todo ello ocasiona una apasionada defensa por parte de Ignacio Cumplido sobre los derechos de autor en el peri&oacute;dico que imprim&iacute;a, <i>El Diario del Gobierno</i>. Como bien lo ha apuntado Martha Celis de la Cruz, por medio de este peri&oacute;dico se dieron a conocer los acalorados comentarios y discusiones entre las dos partes contendientes. Por un lado los editoriales, probablemente escritos por Cumplido, defend&iacute;an a Garc&iacute;a Torres con los argumentos de derechos de autor y las consecuencias que traer&iacute;a el que ganara el juicio Nebel; y por otro el abogado de Nebel, Jos&eacute; Agust&iacute;n Escudero, denunciaba la falsificaci&oacute;n de la obra y ped&iacute;a la suspensi&oacute;n de la imprenta hasta que se resolviese el juicio.<a name="n21b" id="n21b"></a><a href="#n21a"><sup>21</sup></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f6"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a ello sabemos que Nebel regres&oacute; a nuestro pa&iacute;s a mediados de 1840, aprovechando tambi&eacute;n para promover su obra directamente, y &#151;yo me atrever&iacute;a a suponer&#151; para realizar alg&uacute;n otro negocio o proyecto art&iacute;stico que ten&iacute;a pendiente, entre ellos, por qu&eacute; no, el casarse, como adelante veremos. Seguramente, cuando lleg&oacute; a M&eacute;xico tra&iacute;a preparada la versi&oacute;n en espa&ntilde;ol de su famoso &aacute;lbum, hecha en Europa a principios del a&ntilde;o de 1840, o al menos la idea fija para armar una nueva edici&oacute;n en nuestro pa&iacute;s. De hecho, a finales de ese a&ntilde;o empieza a anunciar su <i>Viaje pintoresco...</i> en algunos peri&oacute;dicos. <i>La Hesperia</i>, por ejemplo, anuncia el s&aacute;bado 7 de noviembre de 1840 que "est&aacute; en venta el <i>Viaje pintoresco y arqueol&oacute;gico por la Rep&uacute;blica mexicana</i>, obra original de Carlos Nebel, consta de 50 l&aacute;minas iluminadas y su texto explicativo. Su precio es de cien pesos, se expende en las casas de D. Antonio Meyer, calle de la Palma n&uacute;mero 13, &nbsp;en la casa de D. Julio Michaud, segunda calle de San Francisco n&uacute;mero 10 y en la del autor en la Gran Sociedad, calle del Esp&iacute;ritu Santo".<a name="n22b" id="n22b"></a><a href="#n22a"><sup>22</sup></a> A su vez el <i>Diario del Gobierno</i> ampl&iacute;a esta informaci&oacute;n, y junto con los anteriores datos agrega:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra, fruto de muchas tareas y dispendios, se ofrece ahora al p&uacute;blico mexicano, para quien ha sido principalmente trabajada. Su ejecuci&oacute;n brillante es lo primero que llama la atenci&oacute;n. No se han perdonado gastos, a fin de que la parte litogr&aacute;fica correspondiese al m&eacute;rito intr&iacute;nseco de la obra. En este punto dar&aacute; m&aacute;s una simple ojeada que cuanto pudiera exponerse aqu&iacute;: baste s&oacute;lo decir que el autor ha empleado los mejores artistas de Par&iacute;s para dar todo el realce posible a su trabajo. En cuanto a lo dem&aacute;s se ha puesto un estudio particular en reproducir con fidelidad el car&aacute;cter de los objetos que forman el asunto de sus l&aacute;minas. Hay unos que representan antig&uuml;edades del pa&iacute;s sumamente interesantes a su historia, y que por desgracia van desapareciendo r&aacute;pidamente bajo el impulso de la mano destructora del hombre. Estos monumentos, sin embargo, se representan en medio de la naturaleza que los rodea y cuya verdad local ha cuidado muy especialmente el autor, en medio de las licencias indispensables de la composici&oacute;n. Hay otras que reproducen vistas de ciudades y lugares los m&aacute;s interesantes de la Rep&uacute;blica, tomados de puntos capitales, a fin, de dar a conocer, en cuanto alcanza el pincel, la grandiosidad que despliega la creaci&oacute;n de este suelo privilegiado, y la hermosura de los edificios y de los sitios p&uacute;blicos. Van acompa&ntilde;adas estas composiciones de todos aquellos accesorios m&aacute;s propios para reproducir en lo posible el cuadro de los trajes y las costumbres de este pa&iacute;s, objeto siempre de la atenci&oacute;n en la mente del autor. Hay otras l&aacute;minas en fin, que se proponen m&aacute;s inmediatamente este &uacute;ltimo objeto, y que pueden denominarse de costumbres, pues que en ellas se expresan trajes, maneras y personajes, enteramente caracter&iacute;sticos del pa&iacute;s, habi&eacute;ndose procurado en ellas combinar en lo posible la fidelidad hist&oacute;rica con la gracia de la composici&oacute;n.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todas las l&aacute;minas van acompa&ntilde;adas de una explicaci&oacute;n, que al propio tiempo que ilustra el asunto vierte noticias y observaciones cr&iacute;ticas muy importantes sobre las costumbres y el estado del pa&iacute;s. Una carta del c&eacute;lebre bar&oacute;n de Humboldt sirve de pr&oacute;logo a la obra y en ella el sabio viajero, que tan bien conoce este suelo hace justos elogios del tino con que el autor ha desempe&ntilde;ado su ardua tarea. Esta producci&oacute;n original por tantos t&iacute;tulos y que ha merecido ya una brillante acogida en otros pa&iacute;ses, no podr&aacute; menos de interesar altamente al mexicano para quien especialmente se ha destinado, pues que a ninguno otro interesa m&aacute;s de cerca.<a name="n23b" id="n23b"></a><a href="#n23a"><sup>23</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo ello nos hace suponer que el juicio fue ganado por Nebel o, en todo caso, se lleg&oacute; a alg&uacute;n arreglo amistoso entre los demandantes, pues no tenemos noticias de que Garc&iacute;a Torres vuelva a publicar alguna imagen del famoso &aacute;lbum entre 1840 y 1848. Desafortunadamente en el Archivo de Notar&iacute;as no encontramos mayores datos sobre el asunto; es importante seguir buscando porque este juicio abre nuevas posibilidades de investigaci&oacute;n, en especial sobre los derechos de autor. Cabe hacer notar que el precio de cien pesos, al que finalmente decidi&oacute; vender Nebel su &aacute;lbum, no dejaba de ser excesivamente caro, tomando en cuenta que adem&aacute;s no se vendi&oacute; por entregas como regularmente se vend&iacute;an estas publicaciones, sino en pago completo y que Garc&iacute;a Torres ten&iacute;a la intenci&oacute;n de venderlo a un precio menor.<a name="n24b" id="n24b"></a><a href="#n24a"><sup>24</sup></a> Adem&aacute;s de todo ello, lo que sobresale en el anuncio es el enorme elogio a la obra de Nebel, ya que en ning&uacute;n momento se consider&oacute; su visi&oacute;n ofensiva para el pa&iacute;s; por el contrario, hac&iacute;a &eacute;nfasis en que estaba dirigido al mexicano a quien "ninguno otro interesa m&aacute;s de cerca" y, adem&aacute;s, se se&ntilde;alaba que se hab&iacute;an tomado los puntos capitales "a fin de dar a conocer... la grandiosidad que despliega la creaci&oacute;n de este suelo privilegiado, y la hermosura de los edificios y sitios p&uacute;blicos". Algunas de las l&aacute;minas est&aacute;n firmadas en el taller de Mialhe, lo que nos hace suponer que este personaje al poco tiempo de la separaci&oacute;n de Decaen continu&oacute; con los trabajos litogr&aacute;ficos y prepar&oacute; esta nueva edici&oacute;n, aunque seguramente tambi&eacute;n circularon ejemplares de la edici&oacute;n francesa. Es por eso que en algunos &aacute;lbumes se encuentran im&aacute;genes tanto hechas en M&eacute;xico como en Europa. Creemos que la calidad de las im&aacute;genes, el estar varias en color y la diversidad de los asuntos fueron un atractivo adicional, pues, como los promotores se&ntilde;alaron, se presentaban vistas de ciudades, de ruinas arqueol&oacute;gicas, dibujos de piezas prehisp&aacute;nicas y, sobre todo, litograf&iacute;as de trajes y escenas costumbristas. Estas &uacute;ltimas, considero yo, fueron las que m&aacute;s impacto causaron en el medio mexicano, pues era la primera vez que se ve&iacute;an retratadas en litograf&iacute;a las costumbres mexicanas, enaltecidas adem&aacute;s por una visi&oacute;n rom&aacute;ntica. Recordemos que el &aacute;lbum de Linati no fue conocido en M&eacute;xico en estos a&ntilde;os, al menos de manera amplia, y para los tipos populares en M&eacute;xico s&oacute;lo se ten&iacute;an las figuras de cera y los cuadros de castas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, las escenas de Nebel causaron una grata impresi&oacute;n entre el p&uacute;blico mexicano, incluso entre los artistas. Pedro Gualdi es el primero que sobrepone en sus &oacute;leos sobre la ciudad de M&eacute;xico algunos de los dibujos del &aacute;lbum de Nebel. Observando con gran cuidado una vista de la Plaza de Santo Domingo, se puede notar que utiliz&oacute; la l&aacute;mina de los <i>Rancheros</i> para ambientar este cuadro, y as&iacute; podr&iacute;amos encontrar otros ejemplos en vistas de la Catedral. De hecho, Pedro Gualdi y Carlos Nebel se conocieron y trabaron cierta amistad, prueba de ello es que colaboraron en la elaboraci&oacute;n de una l&aacute;mina que lleva por t&iacute;tulo <i>Vista occidental del Jard&iacute;n Bot&aacute;nico de la ciudad de Guadalajara</i> de 1841. Tambi&eacute;n sabemos que en 1842, Carlos Nebel se hab&iacute;a mudado del hotel La Gran Sociedad y era vecino de Gualdi en la calle de San Francisco n&uacute;mero 15. Para entonces Nebel se encontraba ya casado con la francesa Sof&iacute;a Berthier, con quien hab&iacute;a contra&iacute;do nupcias el 16 de mayo de 1841 en el Sagrario Metropolitano.<a name="n25b" id="n25b"></a><a href="#n25a"><sup>25</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un hecho es cierto: a partir de la promoci&oacute;n que hace Nebel a su obra en 1840, la copia de sus trabajos aumenta de manera sorprendente. <i>El Museo</i> <i>Mexicano</i> utiliza la vista de Veracruz, en la cual se representa la plaza principal, con los portales del Ayuntamiento en primer plano y en el fondo el mar, para ilustrar el art&iacute;culo "Un viaje a Veracruz en el invierno de 1843", escrito por Manuel Payno en el tomo III de 1844. Tampoco olvidemos la vista de la ciudad de Puebla, misma que llegan a utilizar los artistas brit&aacute;nicos Phillips y Rider en su &aacute;lbum <i>M&eacute;xico ilustrado</i>. En ese mismo n&uacute;mero de <i>El Museo Mexicano</i> Cayetano Paris suprime de la escena llamada <i>La mantilla</i> a las dos j&oacute;venes criollas vestidas con los cl&aacute;sicos trajes negros de ma&ntilde;ana, que inclu&iacute;an mantilla de blonda, peineta y joyas, junto con el caballero que las acompa&ntilde;a envuelto en enorme capa, para dejar a la pareja de l&eacute;peros que se ven al fondo (<a href="#f7">figura 7</a>). Con esto ilustra el art&iacute;culo el "Populacho de M&eacute;xico" (<a href="#f8">figura 8</a>). Tambi&eacute;n de la serie <i>Trajes y costumbres de M&eacute;xico</i> tenemos en esta revista el dibujo <i>Rancheros</i> que, aunque no es copia evidente de la obra de Nebel, su inspiraci&oacute;n sin duda demuestra de nueva cuenta los nexos con el artista alem&aacute;n. En el tomo cuarto del mismo <i>Museo Mexicano</i> encontramos la vista de Guanajuato, tomada de Nebel, donde aparece el atajo de mulas que conduce un arriero, en el camino que serpentea desde las alturas de los cerros para llegar a la ciudad colonial vista al fondo. Esta imagen es tan representativa del paisaje mexicano que incluso ya en nuestro siglo sirvi&oacute; para los billetes de diez pesos. Y en este mismo n&uacute;mero se encuentra la vista del Monte Virgen, en donde se exalta la exuberancia de la vegetaci&oacute;n tropical, con las enormes ceibas, lianas y el r&iacute;o que empeque&ntilde;ecen las obras construidas por el hombre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f7"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f7.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f8"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nebel fue tan copiado, que durante la guerra del 47 con los Estados Unidos, un fot&oacute;grafo an&oacute;nimo tom&oacute; en daguerrotipo el famoso dibujo de <i>Las poblanas</i>, daguerrotipo que hoy se conserva en los Estados Unidos. Tambi&eacute;n se tienen ejemplos de que sus tipos, como <i>Los indios carboneros y labradores de la vecindad de M&eacute;xico</i>, sirvieron de inspiraci&oacute;n para realizar figuras de porcelana y algunos otros hasta para estampar platos de cer&aacute;mica inglesa.<a name="n26b" id="n26b"></a><a href="#n26a"><sup>26</sup></a> Luego en la d&eacute;cada del 50, Julio Michaud utiliza muchas de estas im&aacute;genes para su <i>&Aacute;lbum pintoresco</i>, con ayuda de los artistas Lehnert y L&oacute;pez; s&oacute;lo cambia los fondos y utiliza las figuras de tipos o escenas costumbristas. Pero sorprende que, pese a tan reiterada copia de la obra de Nebel, no se conoce hasta ahora ninguna de las que tocan el aspecto prehisp&aacute;nico. De la pir&aacute;mide de los nichos en El Taj&iacute;n.<a name="n27b" id="n27b"></a><a href="#n27a"><sup>27</sup></a> Es asombroso que no se haya hecho ninguna r&eacute;plica en litograf&iacute;a, ni de la vista de las ruinas de Xochicalco, tomando en cuenta que tambi&eacute;n eran una preocupaci&oacute;n primordial las que entonces se llamaban antig&uuml;edades mexicanas, y resultaba mucho m&aacute;s dif&iacute;cil acceder a realizar un dibujo directo de estos monumentos. La &uacute;nica excepci&oacute;n la encontramos, aunque no de forma directa, en <i>Las ruinas de la Quemada</i>. Nebel incluy&oacute; una vista de estas ruinas en su <i>Viaje pintoresco...</i>, y a su vez en el tomo I de <i>El Museo Mexicano</i>, publicado en 1843, tambi&eacute;n encontramos una vista de las ruinas ubicadas hoy en el estado de Zacatecas. Pese a que ambas resaltan el mismo &aacute;ngulo, no puede decirse que la imagen an&oacute;nima de la publicaci&oacute;n de Cumplido fue copiada de la de Nebel. En la versi&oacute;n mexicana se encuentra mayor detalle en la pir&aacute;mide que se distingue perfectamente, mientras que en la del artista teut&oacute;n apenas est&aacute; esbozada, pues da mayor importancia al paisaje rom&aacute;ntico que enmarca las ruinas y que incluye un riachuelo, dif&iacute;cil de encontrar en esta zona tan &aacute;rida. En todo caso, lo &uacute;nico que podr&iacute;amos afirmar es que la obra se inspir&oacute; en el trabajo del artista alem&aacute;n y nada m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carlos Nebel probablemente regres&oacute; a su pa&iacute;s a principios de 1848, despu&eacute;s de presenciar los momentos m&aacute;s cruentos de la guerra pues, gracias al testimonio del reportero norteamericano Kendal, sabemos que se encontraba en la ciudad de M&eacute;xico todav&iacute;a en noviembre de 1847.<a name="n28b" id="n28b"></a><a href="#n28a"><sup>28</sup></a> Es precisamente esta amistad con Kendal la que mantiene el inter&eacute;s por nuestra patria, aun despu&eacute;s de su salida. Ambos personajes deciden publicar un libro sobre la guerra entre M&eacute;xico y los Estados Unidos, el cual preparan en Par&iacute;s entre 1848 y 1850, y dar&aacute;n a la luz en 1851 &nbsp;con el titulo de <i>The War between the</i> <i>United States and Mexico</i>. En este libro se encuentran las escenas m&aacute;s sobresalientes de la guerra en t&eacute;rminos art&iacute;sticos, tomando en cuenta que Nebel ya no regres&oacute; a M&eacute;xico para realizar los dibujos y las vistas. Aunque es evidente que el artista alem&aacute;n ten&iacute;a un conocimiento previo de los lugares en que se libraron las batallas, subiste el misterio de c&oacute;mo pudo elaborar estas obras de gran calidad, sin tener las referencias directas. La duda no ha sido aclarada de manera precisa hasta ahora, ni aun con las recientes investigaciones sobre el tema.<a name="n29b" id="n29b"></a><a href="#n29a"><sup>29</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>F</b></i><b><i>ederico&nbsp; Catherwood</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro viajero sobresaliente en este &aacute;mbito fue el arquitecto y dibujante ingl&eacute;s Federico Catherwood (1799&#45;1854), quien desde 1834 interes&oacute; al norteamericano John Lloyd Stephens (1805&#45;1852) en una exploraci&oacute;n conjunta de las ruinas de Palenque, Uxmal y Chich&eacute;n&#45;Itz&aacute; investigadas anteriormente por Del R&iacute;o y &nbsp;Dupaix.<a name="n30b" id="n30b"></a><a href="#n30a"><sup>30</sup></a> En 1840 realizaron un viaje a la provincia de Yucat&aacute;n, y al a&ntilde;o siguiente, en 1841, publicaron <i>Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan</i>; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1843, su segunda obra: <i>Incidents of Travel in Central America</i>. Para 1844, Catherwood publica por su cuenta 25 litograf&iacute;as de las ruinas de Cop&aacute;n, Palenque, Uxmal, Kabah, Sabach&eacute;, Labn&aacute;, Bolonch&eacute;n, Chich&eacute;n&#45;Itz&aacute;, Tulum e Izamal en el &aacute;lbum <i>Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and Yucatan</i>. En ellas, adem&aacute;s del empleo ya difundido de las c&aacute;maras oscura y l&uacute;cida, introducir&aacute; el daguerrotipo como uno m&aacute;s de los medios t&eacute;cnicos al alcance de la difusi&oacute;n de las ciencias y las artes para copiar con mayor exactitud los motivos ornamentales de las ruinas mayas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico la segunda publicaci&oacute;n al parecer es conocida r&aacute;pidamente, pues varias de las revistas ilustradas, como <i>El Liceo Mexicano</i> (1844) y <i>La Revista Cient&iacute;fica y Literaria</i> (1845), utilizan sus im&aacute;genes. La primera revista hace la precisi&oacute;n de que el dibujo sobre la Casa de las Monjas fue tomado de la obra de Catherwood y Stephens, se&ntilde;alando que "por el favor de nuestros colaboradores hemos tenido el placer de leer la preciosa obra que acaba de publicar el a&ntilde;o pasado de 1843, Mr. John Stephens, con el t&iacute;tulo de <i>Incidents of Travel in Yucatan</i>, en dos tomos con ciento veinte grabados y en las cuales hace observaciones interesantes".<a name="n31b" id="n31b"></a><a href="#n31a"><sup>31</sup></a>&nbsp; Lo m&aacute;s importante es que se califique al autor se&ntilde;alando que:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mr. Stephens pertenece al cat&aacute;logo de los viajeros juiciosos y sensatos, que se hacen estimar de cuantos leen sus viajes. Muy al contrario del petulante Waldeck, a quien refuta en varios lugares de su obra... Stephens en cambio posee en sumo grado la modestia, esa preciosa virtud, uno de los caracteres propios &uacute;nicamente del verdadero sabio, en toda su obra no se encuentra una sola expresi&oacute;n que redunde en alabanza de nuestro ilustre viajero. La gloria, ese fanal de las almas grandes, el adelantamiento &#91;<i>sic</i>&#93; de la arqueolog&iacute;a, ciencia que se conoce que ha sido la pasi&oacute;n favorita de nuestro autor, la confirmaci&oacute;n de las opiniones de los escritores de nuestra historia antigua... Amenizada con descripciones pintorescas, desnuda de t&eacute;rminos t&eacute;cnicos, y acompa&ntilde;ada de observaciones cient&iacute;ficas muy curiosas, la obra se lee con sumo agrado. Hemos preferido este grabado a todos los dem&aacute;s de su obra... por ser en el que est&aacute; mejor marcado el hermos&iacute;simo realzado de las piedras que forman las paredes de la fachada...<a name="n32b" id="n32b"></a><a href="#n32a"><sup>32</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mala imagen que al parecer hab&iacute;a dejado Waldeck no se borraba f&aacute;cilmente, pues de nueva cuenta se le trae a colaci&oacute;n criticando sus falsas opiniones; por fortuna se estaba pendiente de que exist&iacute;an viajeros m&aacute;s sensatos y juiciosos que no denigraban al pa&iacute;s, como era el caso de Stephens, curiosamente sin dar cr&eacute;dito al verdadero dibujante que era Catherwood.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por eso que la <i>Revista Cient&iacute;fica y Literaria...</i> tambi&eacute;n utiliza la obra de estos viajeros, binomio ya indisoluble en la arqueolog&iacute;a maya. En la revista editada por Manuel Payno se incluyen, entre otras, una vista de <i>Uxmal</i> firmada por Iriarte y una que lleva el t&iacute;tulo de <i>Hacienda de Yucat&aacute;n</i> (<a href="#f9">figura 9</a>) sin firma. En esta &uacute;ltima se aclara que "las l&aacute;minas que acompa&ntilde;an este art&iacute;culo son tomadas de la interesante obra en dos tomos, de la cual extractamos algunos parr&aacute;fos". No obstante, los cr&eacute;ditos que dan a los autores son los de Normans y Stephens, incurriendo obviamente en una equivocaci&oacute;n que no sabemos a qu&eacute; es atribuible. Lo importante es destacar que lo alejado e inaccesible de las zonas mayas tambi&eacute;n fue otro factor que obliga a los editores a utilizar la imagen de los viajeros, aunque haciendo la distinci&oacute;n de quienes calumnian al pa&iacute;s y los que dan una visi&oacute;n m&aacute;s sensata, como fue el caso de estos exploradores. Con estas copias adem&aacute;s se obten&iacute;an im&aacute;genes m&aacute;s fieles de las ruinas prehisp&aacute;nicas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f9"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v22n76/a4f9.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, pese a la circulaci&oacute;n de estas im&aacute;genes, &nbsp;no nos explicamos por qu&eacute; algunas publicaciones insisten en reproducir dibujos poco fieles o decididamente fantasiosos sobre ruinas prehisp&aacute;nicas. En la revista <i>El &Aacute;lbum Mexicano</i> de 1849, publicada por Cumplido, se encuentra una <i>Vista de las ruinas de Uxmal a la luz de la luna</i>. En ella encontramos que los dibujos que representan supuestamente los templos mayas son mont&iacute;culos m&aacute;s parecidos a las pir&aacute;mides de Egipto, sin ninguna relaci&oacute;n con la realidad mexicana. Como bien ha se&ntilde;alado Clementina D&iacute;az de Ovando, el an&oacute;nimo artista parece haber ignorado las acertadas estampas de Catherwood que ya se conoc&iacute;an para entonces, pese al encanto e ingenuidad que reflejan.<a name="n33b" id="n33b"></a><a href="#n33a"><sup>33</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>John Phillips y Alfred Rider</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, dentro de estos pr&eacute;stamos visuales no debemos olvidar el caso de John Phillips y Alfred Rider, viajeros brit&aacute;nicos autores del &aacute;lbum <i>M&eacute;xico</i> <i>ilustrado</i>, en donde la influencia, si podemos expresarlo as&iacute;, se dio a la inversa, es decir, de la litograf&iacute;a mexicana a la extranjera. Casi no se conocen datos de la vida de estos autores, y s&oacute;lo puede suponerse que estuvieron en M&eacute;xico entre 1846 y 1847,<a name="n34b" id="n34b"></a><a href="#n34a"><sup>34</sup></a> &nbsp;a&ntilde;os dif&iacute;ciles para nuestra patria. Estos artistas publican su obra en Londres, al a&ntilde;o siguiente de su estancia en M&eacute;xico en 1848. En el &aacute;lbum de estos autores se encuentran 26 litograf&iacute;as que ilustran diversos edificios, poblaciones y paisajes mexicanos, tanto del interior como de la capital de la Rep&uacute;blica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Roberto Mayer, quien mejor ha estudiado a estos viajeros, Phillips y Rider no s&oacute;lo repitieron un gran n&uacute;mero de temas tratados por otros artistas, sino que copiaron ilustraciones completas de trabajos previos en litograf&iacute;as, entre ellas algunas vistas de W. Bullock, la se&ntilde;ora Ward e incluso de Carlos Nebel, de quienes imitan la vista de San Luis Potos&iacute; y la de Puebla.<a name="n35b" id="n35b"></a><a href="#n35a"><sup>35</sup></a> Sin embargo, al artista que m&aacute;s halagaron copi&aacute;ndole su obra fue Pedro Gualdi, de cuyo &aacute;lbum <i>Monumentos de M&eacute;jico</i> tomaron las vistas de <i>Santo Domingo</i>, el <i>Claustro del Convento de la Merced</i> &#151;en el cual recortaron la capilla tal vez con la idea de mejorar la composici&oacute;n&#151; y el <i>Interior de la Catedral</i> que nos muestra el altar del Perd&oacute;n. En algunos casos, hay que reconocerlo, la imagen mejor&oacute; con los cambios hechos por los brit&aacute;nicos, como fue el caso de la vista de la plaza de Santo Domingo, mencionada en el cap&iacute;tulo de Pedro Gualdi: en esta imagen las figuras de la procesi&oacute;n le dan un mejor equilibrio compositivo resaltando la iglesia y el punto de fuga, contrario a los personajes aislados de los cuadros del italiano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es probable que Phillips y Rider hayan conocido en nuestro pa&iacute;s tanto la obra de Nebel como la de Gualdi, dada la enorme difusi&oacute;n que tuvieron en M&eacute;xico. Es por eso que, pese a ser obra de extranjeros, consideramos de alguna manera una influencia de la litograf&iacute;a mexicana, hecho que se demuestra con mayor &eacute;nfasis en la vista de la ciudad de Puebla, que ya hab&iacute;a aparecido en <i>El Museo Mexicano</i> y en <i>El Diario de los Ni&ntilde;os</i>, originalmente realizada por Nebel. En este caso, Phillips y Rider toman la vista de la ciudad haci&eacute;ndole s&oacute;lo algunos cambios en los personajes que aparecen en la escena, y destacando en primer plano los suburbios con las c&uacute;pulas y torres de esta poblaci&oacute;n al fondo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este enmara&ntilde;ado panorama de copias sobresale un hecho: en sus inicios, los lit&oacute;grafos mexicanos tuvieron que recurrir a las obras de artistas extranjeros para ilustrar los art&iacute;culos de las revistas literarias. El acercamiento, como hemos visto, no fue f&aacute;cil, pues mediaban tanto sentimientos de rechazo como de aceptaci&oacute;n hacia el trabajo de estos artistas; muchas veces el sentimiento nacionalista, para entonces muy susceptible, hac&iacute;a dif&iacute;cil la aceptaci&oacute;n de las obras, especialmente de aquellos que eran duros cr&iacute;ticos de las costumbres y personajes del pa&iacute;s. Las revistas literarias, en este caso impulsadas por sus editores como Cumplido, Garc&iacute;a Torres y Lara, eran de hecho los mejores voceros de ese nacionalismo a ultranza que se fomentaba en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conocer todos los aspectos de un pa&iacute;s que estaba en formaci&oacute;n animaba el esp&iacute;ritu de estas revistas; se buscaba en la arqueolog&iacute;a, el paisaje, los tipos, la flora y fauna los elementos de identidad y de orgullo como mexicanos. Paralelo a ello surgi&oacute; un fuerte deseo por conocer la opini&oacute;n escrita de los viajeros. Se dio el caso, por ejemplo, de que un libro tan importante ahora como <i>La vida en M&eacute;xico</i> de madame Calder&oacute;n de la Barca empezara a traducirse y publicarse por entregas en el peri&oacute;dico <i>El Siglo Diez y Nueve</i> entre enero y febrero de 1844. De esta publicaci&oacute;n se dijo inicialmente que era "una obra que ha llamado tanto la atenci&oacute;n de los mexicanos, y que se ha hablado con tanta variedad, han llegado algunos ejemplares en ingl&eacute;s, idioma en que la escribi&oacute; la autora... consta de dos tomos hermosamente encuadernado en lienzo realzado y se expende al equitativo precio de seis pesos y cuatro reales".<a name="n36b" id="n36b"></a><a href="#n36a"><sup>36</sup></a> Sin embargo, la obra sorpresivamente dej&oacute; de publicarse a finales de febrero, sin llegar siquiera a la carta n&uacute;mero diez que es cuando se empieza a hablar realmente de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En recientes investigaciones se ha demostrado que el libro suscit&oacute; una encendida pol&eacute;mica por el enojo de aquellos que se sintieron injuriados por la autora.<a name="n37b" id="n37b"></a><a href="#n37a"><sup>37</sup></a> A pesar de que en las primeras ediciones en ingl&eacute;s se suprimieron opiniones muy virulentas sobre el pa&iacute;s y los mexicanos s&oacute;lo hasta recientes ediciones dadas a conocer,<a name="n38b" id="n38b"></a><a href="#n38a"><sup>38</sup></a> aun as&iacute; las agudas cr&iacute;ticas de la se&ntilde;ora Calder&oacute;n de la Barca levantaron una ola de indignaci&oacute;n. Peri&oacute;dicos como el <i>Diario del Gobierno</i> no dudaron en tachar a la autora de traicionar la hospitalidad mexicana, de ser trivial, coqueta, petulante y vanidosa. El editorial culpaba incluso a don &Aacute;ngel Calder&oacute;n de la Barca &nbsp;de abusar de su estatus de diplom&aacute;tico para insultar a los mexicanos; ello le otorgaba al embajador espa&ntilde;ol la misma oprobiosa reputaci&oacute;n de que gozaba el bar&oacute;n Deffaudis en la memoria de M&eacute;xico. Curiosamente, a diferencia del libro de la escocesa, <i>La conquista de M&eacute;xico</i> del estadounidense William H. Prescott fue recibida muy bien cuando se conoci&oacute; en M&eacute;xico a mediados de 1844. En lo que podr&iacute;a parecer una extra&ntilde;a paradoja, Prescott recibi&oacute; elogios interminables al consider&aacute;rsele un prodigio de historiador y un narrador tan sobresaliente como Washington Irving. Los cr&iacute;ticos s&oacute;lo encontraron en el trabajo de Prescott errores menores y enmendables,<a name="n39b" id="n39b"></a><a href="#n39a"><sup>39</sup></a> y los dos editores m&aacute;s importantes del momento, Ignacio Cumplido y Vicente Garc&iacute;a Torres, deciden traducirlo y sacar cada uno su edici&oacute;n ilustrada y anotada por prestigiosos historiadores mexicanos. Desde luego que todo ello cambia en 1846, cuando los signos de la guerra con los Estados Unidos impiden leer a cualquier escritor de ese pa&iacute;s por un renovado sentimiento patri&oacute;tico. Lo importante es que se repet&iacute;a lo mismo que hab&iacute;a sucedido con los artistas viajeros, pero ahora en el &aacute;mbito literario. Lo sorprendente, en este caso, es que el rechazo se haya manifestado hacia una obra como <i>La vida en M&eacute;xico</i>, en la actualidad con tanta aceptaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue en esta pol&eacute;mica hacia la obra extranjera cuando la litograf&iacute;a sali&oacute; fortalecida, pues en la siguiente d&eacute;cada poco se recurre a la producci&oacute;n de los viajeros, siendo los mexicanos los que crean sus propios dibujos originales en g&eacute;neros como el costumbrismo, los tipos y el paisaje, demostrado en las obras <i>Los mexicanos pintados por s&iacute; mismos</i>, la novela <i>Antonino y Anita o los nuevos misterios de M&eacute;xico</i> y el trabajo cumbre de la litograf&iacute;a mexicana: <i>M&eacute;xico y sus alrededores</i>. Quedaba, no obstante, pospuesto el tema arqueol&oacute;gico que al parecer fue el m&aacute;s dif&iacute;cil de rescatar en im&aacute;genes. Hubiese sido interesante conocer la visi&oacute;n de los propios mexicanos sobre sus ruinas prehisp&aacute;nicas en un &aacute;lbum litogr&aacute;fico, no alcanzado, principalmente, por falta de deseos sino por las dificultades que ello implicaba, pues como dijimos el respaldo para realizar tal empresa s&oacute;lo pod&iacute;a partir de una instituci&oacute;n fuerte o de un gobierno estable, ninguno posible en ese entonces. No obstante, creemos que de alguna manera la obra de los extranjeros fue el acicate para esta evoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a" id="n1a"></a><a href="#n1b">1</a>. V&eacute;ase por ejemplo el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <i>Viajeros europeos del siglo</i> <i>XIX &nbsp;en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Fomento Cultural Banamex&#45;Comisi&oacute;n Europea, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746918&pid=S0185-1276200000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2a" id="n2a"></a><a href="#n2b">2</a>. V&eacute;ase Luis Ortiz Macedo, <i>Edouard Pingret, un pintor rom&aacute;ntico franc&eacute;s que retrat&oacute; el</i> <i>M&eacute;xico del mediar del siglo</i> <i>XIX</i>, M&eacute;xico, Fomento Cultural Banamex, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746920&pid=S0185-1276200000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3a" id="n3a"></a><a href="#n3b">3</a>. <i>Hegi, la vida en la ciudad de M&eacute;xico (1849&#45;1858)</i>, M&eacute;xico, Bancrecer, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746922&pid=S0185-1276200000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4a" id="n4a"></a><a href="#n4b">4</a>. Como recordamos, Linati es expulsado de M&eacute;xico a fines de 1826, permanece en Europa desde entonces, donde publica su famoso &aacute;lbum y decide regresar a M&eacute;xico en 1832, llegando a Tampico el 9 de diciembre de ese a&ntilde;o, pero con tan mala suerte que se contagia inmediatamente de fiebre amarilla y muere el 11&nbsp; de diciembre. V&eacute;ase Miguel Mathes, <i>La litograf&iacute;a en M&eacute;xico (1826&#45;1900)</i>, M&eacute;xico, Impre&#45;Jal, 1990, p. 14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746924&pid=S0185-1276200000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> A su vez Daniel Tom&aacute;s Egerton es asesinado, junto con su amante Agnes Edwards, durante su segunda estancia en el pa&iacute;s el 27 de abril de 1842. Este suceso, como recordamos, ha merecido incluso una novela de Mario Moya Palencia, <i>El M&eacute;xico de Egerton,</i> <i>1831&#45;1842</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746925&pid=S0185-1276200000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5a" id="n5a"></a><a href="#n5b">5</a>. Fausto Ram&iacute;rez Rojas, "La visi&oacute;n de la Am&eacute;rica tropical: los artistas viajeros", en <i>Historia</i> <i>del arte mexicano</i>, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica&#45;Instituto Nacional de Bellas Artes&#45;Salvat, 1981, &nbsp;n&uacute;m. 68, p. 141;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746927&pid=S0185-1276200000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->&nbsp; &nbsp;y Alexander von Humboldt, <i>Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos ind&iacute;genas de Am&eacute;rica</i>, pr&oacute;logo de Charles Menguet y Jean Paul Duviols, introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Jaime Labastida, M&eacute;xico, Siglo XXI&#45;Smurkit Cart&oacute;n y Papel, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746928&pid=S0185-1276200000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6a" id="n6a"></a><a href="#n6b">6</a>. Alexander von Humboldt, <i>op. cit</i>., l&aacute;mina IV. En esta obra se se&ntilde;ala que el nombre de Icononzo le viene de una antigua aldea de indios muiscas, y que la elevaci&oacute;n del puente natural es de 893 metros.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7a" id="n7a"></a><a href="#n7b">7</a>. Jos&eacute; Iturriaga de la Fuente, <i>Anecdotario de viajeros extranjeros en M&eacute;xico, siglos</i> <i>XVI</i> <i>al</i> <i>XX</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1988, t. I, pp. 159&#45;165.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746931&pid=S0185-1276200000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> V&eacute;ase tambi&eacute;n la edici&oacute;n facsimilar de Henry George Ward, <i>M&eacute;xico en</i> <i>1827</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1981 (Biblioteca Americana).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746932&pid=S0185-1276200000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n8a" id="n8a"></a><a href="#n8b">8</a>. Hay que reconocer, sin embargo, que recientemente se han dado ciertos avances en su estudio. V&eacute;anse, por ejemplo, las introducciones de Hern&aacute;n Men&eacute;ndez Rodr&iacute;guez y Manuel Mestre Ghigliazza a la edici&oacute;n facsimilar de su libro <i>Viaje pintoresco y arqueol&oacute;gico a la provincia de Yucat&aacute;n entre</i> <i>1834 y</i> <i>1836</i>, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996 (Mirada Viajera).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746934&pid=S0185-1276200000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tambi&eacute;n v&eacute;ase el art&iacute;culo de Elena Isabel Estrada de Gerlero, "El tema anticuario en los pintores viajeros", en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <i>Viajeros europeos del siglo</i> <i>XIX</i> <i>en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Fomento Cultural Banamex&#45;Comisi&oacute;n Europea, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746935&pid=S0185-1276200000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n9a" id="n9a"></a><a href="#n9b">9</a>. Elena Isabel Estrada de Gerlero, "En defensa de Am&eacute;rica: la difusi&oacute;n de litograf&iacute;as de las antig&uuml;edades mexicanas en el siglo XIX", en <i>M&eacute;xico en el mundo de las colecciones de arte</i>, M&eacute;xico, Azabache, 1994, vol. 5, pp. 23&#45;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746937&pid=S0185-1276200000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n10a" id="n10a"></a><a href="#n10b">10</a>. Estrada de Gerlero, "El tema anticuario...", art. cit., pp. 183&#45;198.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n11a" id="n11a"></a><a href="#n11b">11</a>. <i>El F&eacute;nix de la Libertad</i>, 14 de octubre de 1833, p. 3.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n12a" id="n12a"></a><a href="#n12b">12</a>. Waldeck, <i>op. cit.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n13a" id="n13a"></a><a href="#n13b">13</a>. <i>El Museo Mexicano</i>, M&eacute;xico, 1843, t. II, pp. 248&#45;249.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746942&pid=S0185-1276200000010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sobre el viajero Isidro L&ouml;wenstern (Viena, 1807&#45;Constantinopla, 1856) v&eacute;ase su obra <i>M&eacute;xico, memorias de un viajero</i>, Par&iacute;s, Arthur Bertand, Libraire&#45;Editeur, 1843;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746943&pid=S0185-1276200000010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y el art&iacute;culo de Clementina D&iacute;az de Ovando, "Isidro L&ouml;wenstern, su visi&oacute;n sobre M&eacute;xico (1838)", en <i>Un hombre entre Europa y Am&eacute;rica. Homenaje a Juan Antonio Ortega y Medina</i>, coordinaci&oacute;n y edici&oacute;n de Amaya Gorritz, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746944&pid=S0185-1276200000010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n14a" id="n14a"></a><a href="#n14b">14</a>. <i>El Museo Mexicano</i>, M&eacute;xico, 1844, t. III, p. 128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746946&pid=S0185-1276200000010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n15a" id="n15a"></a><a href="#n15b">15</a>. <i>Ibidem</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n16a" id="n16a2"></a><a href="#n16b">16</a>. <i>Ibidem</i>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n17a" id="n17a"></a><a href="#n17b">17</a>. <i>El Liceo Mexicano</i>, M&eacute;xico, 1844, t. 1, pp. 18&#45;21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746950&pid=S0185-1276200000010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n18a" id="n18a"></a><a href="#n18b">18</a>. Estrada de Gerlero, "El tema anticuario...", art. cit., pp. 183&#45;190.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n19a" id="n19a"></a><a href="#n19b">19</a>. Justino Fern&aacute;ndez, <i>Arte moderno y contempor&aacute;neo de M&eacute;xico. El arte del siglo</i> <i>XIX</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1993, p. 34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746953&pid=S0185-1276200000010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n20a" id="n20a"></a><a href="#n20b">20</a>. La informaci&oacute;n proporcionada por el coleccionista Roberto Mayer, quien afirmaba exist&iacute;an pruebas de este reclamo, me llev&oacute; a buscar la noticia que se public&oacute; el 10 de julio de 1840 en el <i>Diario del Gobierno de la Rep&uacute;blica Mejicana</i>, t. XVII, n&uacute;m. 1894, p. 210.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746955&pid=S0185-1276200000010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En esta noticia se menciona &nbsp;que: "el Sr. Nebel... y que acaba de llegar a la capital, se ha presentado criminalmente ante el Sr. juez Flores Alatorre contra el Sr. Torres, que est&aacute; publicando dicha obra &#91;<i>Viaje pintoresco y arqueol&oacute;gico...</i>&#93; &nbsp;hace alg&uacute;n tiempo en M&eacute;xico con notables mejoras. Aunque ignoramos las razones que podr&aacute; alegar el mencionado Sr. Nebel, para sostener una acusaci&oacute;n tan peregrina, no podemos menos que llamar la atenci&oacute;n sobre este asunto, no tanto por lo que es en s&iacute;, cuanto por la importancia futura que pueda producir un fallo judicial de esta materia."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n21a" id="n21a"></a><a href="#n21b">21</a>. Martha Celis de la Cruz, <i>op. cit</i>., pp. 152&#45;153.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n22a" id="n22a"></a><a href="#n22b">22</a>. <i>La Hesperia</i>, 7 de noviembre de 1840, n&uacute;m. 65, p. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746958&pid=S0185-1276200000010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n23a" id="n23a"></a><a href="#n23b">23</a>. <i>Diario del Gobierno</i>, 6 de noviembre de 1840, n&uacute;m. 2000, p. 244.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746960&pid=S0185-1276200000010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n24a" id="n24a"></a><a href="#n24b">24</a>. <i>Ibidem</i>. Seg&uacute;n este diario, el precio en que ofrecer&iacute;a la publicaci&oacute;n Garc&iacute;a Torres era de 25 pesos.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n25a" id="n25a"></a><a href="#n25b">25</a>. Jos&eacute; N. Iturriaga, <i>Litograf&iacute;a y grabado en el M&eacute;xico del siglo</i> <i>XIX</i>, M&eacute;xico, Inversora Burs&aacute;til, 1993, t. I, pp. 95&#45;96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746963&pid=S0185-1276200000010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n26a" id="n26a"></a><a href="#n26b">26</a>. V&eacute;ase el n&uacute;mero de la colecci&oacute;n "Uso y Estilo", en <i>Cer&aacute;mica inglesa en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Museo Franz Mayer&#45;Artes de M&eacute;xico, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746965&pid=S0185-1276200000010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n27a" id="n27a"></a><a href="#n27b">27</a>. Esta imagen lleva en el &aacute;lbum de Nebel el t&iacute;tulo de <i>La pir&aacute;mide de Papantla</i>, quiz&aacute; porque el pintor alem&aacute;n la consideraba parte de este departamento.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n28a" id="n28a"></a><a href="#n28b">28</a>. El 22 de noviembre de 1847, durante la ocupaci&oacute;n de los yanquis, el coronel James E. Duncan escribi&oacute; a Kendal dici&eacute;ndole: "I see Navel &#91;<i>sic</i>&#93; on the street... he says he is getting on well with his pictures &#151;now that I am in limbo I cannot go to see them, or I should give you some account of them", <i>Kendal Family Papers</i> citado en <i>Eyewitness to War Prints and Daguerreotypes of the Mexican War,</i> <i>1846&#45;1848</i>, Hong Kong, Amon Cartes Musem&#45;Smithsonian Institution Press, 1989, p. 110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746968&pid=S0185-1276200000010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n29a" id="n29a"></a><a href="#n29b">29</a>. V&eacute;ase la tesis de Jos&eacute; Luis Ju&aacute;rez L&oacute;pez, "Las litograf&iacute;as de Carl Nebel, versi&oacute;n est&eacute;tica de la invasi&oacute;n norteamericana 1846&#45;1848", tesis para optar por el grado de maestr&iacute;a en Historia del Arte, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Facultad &nbsp;de Filosof&iacute;a y Letras, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746970&pid=S0185-1276200000010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n30a" id="n30a"></a><a href="#n30b">30</a>. Dupaix por cierto dej&oacute; testimonios visuales de su expedici&oacute;n. V&eacute;ase el libro <i>Viaje de la</i> <i>real expedici&oacute;n de antig&uuml;edades de la Nueva Espa&ntilde;a en</i> <i>1805, &nbsp;1806 &nbsp;y</i> <i>1809</i>, Par&iacute;s, 1834.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746972&pid=S0185-1276200000010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n31a" id="n31a"></a><a href="#n31b">31</a>. <i>El Liceo Mexicano</i>, M&eacute;xico, 1844, t. I, pp. 144&#45;145.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746974&pid=S0185-1276200000010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n32a" id="n32a"></a><a href="#n32b">32</a>. <i>Ibidem</i>.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n33a" id="n33a"></a><a href="#n33b">33</a>. Clementina D&iacute;az de Ovando, "El grabado comercial en M&eacute;xico 1830&#45;1856", en <i>Historia del arte mexicano</i>, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica&#45;Instituto Nacional de Bellas Artes&#45;Salvat, 1982, t. 7, p. 1777.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746977&pid=S0185-1276200000010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n34a" id="n34a"></a><a href="#n34b">34</a>. V&eacute;ase el art&iacute;culo de Roberto L. Mayer, "&iquest;Qui&eacute;nes fueron John Phillips y Rider?", en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <i>M&eacute;xico ilustrado</i>, M&eacute;xico, Fomento Cultural Banamex, 1994, pp. 13&#45;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746979&pid=S0185-1276200000010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n35a" id="n35a"></a><a href="#n35b">35</a>. <i>Ibidem</i>, p. 15.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n36a" id="n36a"></a><a href="#n36b">36</a>. <i>El Siglo Diez y Nueve</i>, M&eacute;xico, 25 de enero de 1844, p. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746982&pid=S0185-1276200000010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n37a" id="n37a"></a><a href="#n37b">37</a>. Mar&iacute;a Soledad Arbel&aacute;ez, "La vida en M&eacute;xico. Una breve historia", en <i>Revista Historias</i>, M&eacute;xico, abril&#45;septiembre de 1995, n&uacute;m. 34, pp. 71&#45;87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746984&pid=S0185-1276200000010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n38a" id="n38a"></a><a href="#n38b">38</a>. Para una edici&oacute;n m&aacute;s completa que no suprime pasajes cr&iacute;ticos acerca de la sociedad mexicana, v&eacute;ase la edici&oacute;n <i>Life in Mexico. The Letters of Fanny Calderon de la Barca with New Material from Author's Private Journals</i>, ed. y notas de Howard T. Fisher y Marian Hall Fisher, Nueva York, Anchor Books, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=746986&pid=S0185-1276200000010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n39a" id="n39a"></a><a href="#n39b">39</a>. Mar&iacute;a Soledad Arbel&aacute;ez, <i>op. cit</i>., p. 84.</font></p>      ]]></body><back>
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