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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as Bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Frida Gorbach y Carlos L&oacute;pez Beltr&aacute;n (eds.), <i>Saberes locales: ensayos sobre historia de la ciencia en Am&eacute;rica Latina</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Avelino S&aacute;nchez Graillet*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i></i> Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n (Debates), 2008,401pp.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Posgrado en Filosof&iacute;a de la Ciencia, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada m&aacute;s dif&iacute;cil en un libro colectivo que lograr en &eacute;l unidad, pero sin que a los autores se les perciba como encajados en presupuestos, marcos o conclusiones sobre impuestas. De ah&iacute; que resulta notable la sensaci&oacute;n de unidad que produce <i>Saberes locales: ensayos sobre historia de la ciencia en Am&eacute;rica Latina,</i> aunque se trata aqu&iacute; de una unidad muy particular, que resulta no tanto de las confluencias entre sus autores ni de las tem&aacute;ticas compartidas, sino del denso entramado de tensiones irresueltas &#151;y quiz&aacute; irresolubles&#151; que generan sus variados intentos por responder a la pregunta que articula al libro: &iquest;c&oacute;mo escribir la historia de la ciencia de y desde Latinoam&eacute;rica?, o m&aacute;s en general: &iquest;c&oacute;mo escribir las historias de los <i>saberes</i> generados y localizados en "la periferia", "los m&aacute;rgenes" o "el Sur", los que en alguna medida siempre han quedado excluidos de la corriente dominante de la ciencia? En palabras de los editores, Frida Gorbach y Carlos L&oacute;pez Beltr&aacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada autor &#91;...&#93; se aproxima a su trabajo desde un punto de mira, tanto disciplinar y te&oacute;rico como personal, propio. Casi no hay en ellos empates entre los autores reunidos, aunque s&iacute; coincidencias. La idea de nuestros di&aacute;logos nunca ha sido &#91;...&#93; ni la homogeneidad discursiva ni anal&iacute;tica ni interpretativa. Nunca quisimos &#151;sabi&eacute;ndolo poco f&eacute;rtil&#151; unificar intenciones ni orientaciones cr&iacute;ticas; lejos de nosotros la idea de una "escuela". La aspiraci&oacute;n m&aacute;s bien ha sido utilizar los hiatos, los silencios, las incongruencias, generadas por las diferencias para que empecemos a relativizar y suavizar nuestras "certezas" (expl&iacute;citas o impl&iacute;citas) &#91;...&#93; (p. 13).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Saberes locales</i> es en lo medular, seg&uacute;n comentan sus editores, el resultado de las discusiones que por varios a&ntilde;os sostuvieron los participantes del Seminario de Historia de la Ciencia que oper&oacute; dentro del Posgrado en Filosof&iacute;a de la Ciencia de la UNAM, el cual reuni&oacute; a estudiosos del tema provenientes de las m&aacute;s variadas disciplinas, &aacute;mbitos y enfoques. De ah&iacute;, la dial&oacute;gica heterogeneidad del libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de editores, Gorbach y L&oacute;pez Beltr&aacute;n son autores de una introducci&oacute;n que resulta de lectura obligada, pues adem&aacute;s de servir como proleg&oacute;meno a la problem&aacute;tica de la historia de la ciencia en Am&eacute;rica Latina (y en la periferia en general), constituye en s&iacute; misma un original ensayo sobre la materia, armado a partir de la discusiones grupales del Seminario. Y en dicha introducci&oacute;n aparece el que, de acuerdo a los participantes de dicho Seminario, resalta como el problema capital para la escritura de la historia de la ciencia en el Sur:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Sur no pod&iacute;a tener cabida en una historia fundada sobre la idea de que el mundo moderno se hizo en Europa y que luego se extendi&oacute; hacia todas partes, y que la ciencia, por tanto, era una producci&oacute;n de Europa occidental y del Norte que despu&eacute;s, a pedazos, deformadamente, se difundi&oacute; al resto del mundo. Desde esa visi&oacute;n, las otras ciencias, es decir, las perif&eacute;ricas, no pod&iacute;an ser m&aacute;s que "aventuras intelectuales de Occidente", "escenograf&iacute;a que requiere el gran teatro cient&iacute;fico", "meros cap&iacute;tulos, en su mayor&iacute;a fallidos o contaminados, por las condiciones locales, especialmente pol&iacute;ticas y culturales, que "deforman" una supuesta ciencia universal (p. 15).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tal situaci&oacute;n parecer&iacute;a no haber sino dos opciones: o bien, aceptar la narrativa de una ciencia originaria y taxativamente Occidental, en la que "el Sur" no participar&iacute;a m&aacute;s que como proveedor de datos y aspirante &#151;siempre fallido&#151; a replicante de la racionalidad cient&iacute;fica europea; o bien, rechazar esta visi&oacute;n excluyente y euroc&eacute;ntrica, y exaltar la val&iacute;a, la originalidad y la irreductibilidad de lo local, lo aut&oacute;ctono, lo ind&iacute;gena y lo nacional, defendiendo la existencia de una <i>sui generis</i> "ciencia nacional", definida a la vez que aislada por su supuesto car&aacute;cter idiosincr&aacute;sico. El historiador que opte por la primera ruta, replicar&aacute; el discurso dominante para tratar no de entender a la ciencia del Sur, sino para recortarla y encajarla en dicho discurso. Pero quien se decante por la segunda opci&oacute;n se ver&aacute; tentado a echar mano de categor&iacute;as y herramientas te&oacute;ricas creadas en el Norte para lidiar conceptual e historiogr&aacute;ficamente con ese otro sure&ntilde;o y tropical de las m&aacute;rgenes, tratando as&iacute; de salvar el car&aacute;cter idiosincr&aacute;sico de la ciencia perif&eacute;rica, pero a manera tal de conseguir la aceptaci&oacute;n de los n&uacute;cleos acad&eacute;micos centrales: hablamos de discursos y categor&iacute;as como los de los relativismos y los constructivismos, el posmodernismo, el poscolonialismo y (el m&aacute;s socorrido) el nacionalismo. Sea cual sea la v&iacute;a que se transite, parece que al final el historiador de las ciencias desde la periferia acaba escribiendo su historia desde y a trav&eacute;s de las categor&iacute;as del centro. En este tenor, escriben los editores:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Suced&iacute;a que, de muchas maneras, esa historia central, aun cuando se le pretendiera cambiar, se repet&iacute;a local&#45;mente, una y otra vez, y al final no hac&iacute;amos m&aacute;s que importar m&eacute;todos y teor&iacute;as provenientes del Norte, mientras export&aacute;bamos datos y estudios de caso &uacute;tiles para ensanchar la capacidad explicativa de aquellas historiograf&iacute;as. &#91;...&#93; Para unos la disyuntiva estaba entre domesticar con halagos la mirada controladora y exotizante de las historiograf&iacute;as dominantes, o unirse a los combates de la "guerra de las ciencias" al lado de los relativistas, posmodernos, poscolonialistas, aunque ambos extremos del dilema nos dejaran en el mismo desconcertante sitio: sin lugar hist&oacute;rico para nuestra ciencia. Para otros no hab&iacute;a m&aacute;s alternativa que el difusionismo o el nacionalismo: o se reconoc&iacute;a que la ciencia del Sur constitu&iacute;a una mala copia de una historia que ya aconteci&oacute; en otra parte, o se confiaba en que recurriendo a la historia nacional &#91;...&#93; se conseguir&iacute;a llegar a definir la esencia de lo local, una expresi&oacute;n tan singular que resultaba in&uacute;til cualquier esfuerzo comparativo (p. 16).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del reconocimiento de estos dilemas, los esfuerzos de los autores se dirigen no a elegir entre uno u otro de esos polos, sino a sondear posibles rutas de superaci&oacute;n de estas dicotom&iacute;as. Y en el proceso de dicha exploraci&oacute;n: "Una de las cuestiones fundamentales que ese cambio de perspectiva abri&oacute; fue el hecho de hacer visibles los v&iacute;nculos entre poder y conocimiento" (p. 18). De ah&iacute; la apuesta por acoger una nueva conceptualizaci&oacute;n de la materia, que permita visualizar con claridad los v&iacute;nculo entre el poder y las formaciones cognitivas, y que haga posible pensar de otra manera la compleja relaci&oacute;n entre las formaciones cognitivas locales (que a menudo no son validadas desde el centro como "conocimientos") y las formaciones cognitivas a la que desde el centro se le otorga la calificaci&oacute;n de "cient&iacute;ficas" (con las pretensiones de validez universal que ello implica). Ese nuevo concepto es de los <i>saberes:</i></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&#91;...&#93; pensar hoy las ciencias significa entenderlas como <i>saberes,</i> es decir, pr&aacute;cticas culturales insertas en complejas relaciones de poder. Es a esto a lo que podr&iacute;amos llamar el <i>sesgo local,</i> a la necesidad de analizar las ra&iacute;ces hist&oacute;ricas y sociales de los problemas epistemol&oacute;gicos" (p. 19).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y los art&iacute;culos que conforman el volumen son otras tantas respuestas al prop&oacute;sito de re&#45;pensar y re&#45;escribir las historias de la ciencia en la Am&eacute;rica Latina desde una mirada premeditadamente sesgada hacia lo local, articulada por la noci&oacute;n de <i>saber</i> antes que por las nociones tradicionales de "ciencia" y "conocimiento", claramente apercibida de que toda formaci&oacute;n cognitiva se halla cruzada por el poder, y encaminada a tratar de superar el dilema entre la narrativa dominante de una ciencia universal &uacute;nica y la respuesta reactiva de una supuesta "ciencia nacional", tan irreductible en sus particularidades como aislada en su insularidad. Describamos ahora, brevemente, la problem&aacute;tica tratada en cada uno de &eacute;stos:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Lo que a&uacute;n no sabemos sobre los intercambios tecnocient&iacute;ficos entre Sur y Norte", Alexis de Greiff y Mauricio Nieto hacen una excelente introducci&oacute;n te&oacute;rica e historiogr&aacute;fica a los estudios sociales sobre ciencia, tecnolog&iacute;a e intercambios tecnocient&iacute;ficos en Latinoam&eacute;rica, a la vez que dictan agenda en la materia, dirigiendo la atenci&oacute;n de otros investigadores a temas como la ret&oacute;rica y las pol&iacute;ticas del "desarrollo", las "Revoluciones Verdes", y la participaci&oacute;n del Sur en los proyectos de la "Gran Ciencia" durante la Guerra Fr&iacute;a. Los autores rechazan y disuelven en esta revisi&oacute;n la idea de que la ciencia sea una pr&aacute;ctica ajena al poder pol&iacute;tico, mostrando, en cambio, que la ciencia es en s&iacute; misma una forma de ejercer el poder pol&iacute;tico, y siendo que el supuesto proceso de "difusi&oacute;n" de una ciencia producida en el Norte que circula hacia un Sur es en esencia una formaci&oacute;n ideol&oacute;gica, usada como herramienta ret&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde terrenos distintos pero convergentes Metchild Rutsch y Hayde&eacute; L&oacute;pez Hern&aacute;ndez se abocan respectivamente a la historia de la antropolog&iacute;a y la arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico. En sus art&iacute;culos no s&oacute;lo revisan algunos supuestos sobre la formaci&oacute;n e institutional acci&oacute;n de estas disciplinas en nuestro pa&iacute;s, sino que ambas ponen en cuesti&oacute;n algo m&aacute;s: Rutsch analiza la relaci&oacute;n entre el centro y la periferia para entender c&oacute;mo en los vaivenes de &eacute;sta se han construido y articulado las categor&iacute;as, fines y presupuestos de la antropolog&iacute;a en M&eacute;xico; mientras que L&oacute;pez Hern&aacute;ndez problematiza aquello que en tantas historias se da por sentado, la "naci&oacute;n", e indaga c&oacute;mo es que la arqueolog&iacute;a ha servido para conformar la identidad de esa "comunidad imaginaria" que es M&eacute;xico. En "Centro, periferia y comunidades cient&iacute;ficas: reflexiones a prop&oacute;sito de la antropolog&iacute;a en M&eacute;xico", Rutsch analiza, pues, la crisis de identidad que la antropolog&iacute;a mexicana ha padecido desde 1968, cuando empez&oacute; a entenderse que la antropolog&iacute;a "cient&iacute;fica" pod&iacute;a interpretarse, m&aacute;s bien, como elemento integral de diversos proyectos colonialistas del Norte, en los que esta disciplina serv&iacute;a como instrumento para exotizar y aislar al otro, a la vez que para naturalizar diferencias raciales. Por su parte, en "Naci&oacute;n y ciencia: reflexiones en torno a la historia de la arqueolog&iacute;a mexicana durante la posrevoluci&oacute;n", L&oacute;pez Hern&aacute;ndez indaga las ligas entre la arqueolog&iacute;a mexicana y el proyecto nacionalista posrevolucionario, analizando el modo como la metodolog&iacute;a estratigr&aacute;fica se convirti&oacute; en garante de la cientificidad de la arqueolog&iacute;a, para que &eacute;sta, a su vez, pudiese utilizarse justificadamente como fundamento de la idea de la "naci&oacute;n" mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La biolog&iacute;a en M&eacute;xico: un acercamiento historiogr&aacute;fico", de Rafael Guevara Fefer, constituye un provocador art&iacute;culo de revisi&oacute;n, que le sirve a &eacute;ste para apuntar a las dos indeseables ant&iacute;podas que resultan de escribir historia desde el Sur, pero con las miras puestas en el Norte: "historias patrioteras, nacionalistas, anecd&oacute;ticas, difusionistas, hagiogr&aacute;ficas &#91;...&#93;" (p. 119).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor captura de modo contundente el esencial dilema de la historia de la ciencia en el Sur al se&ntilde;alar que &eacute;sta "importa m&eacute;todos y teor&iacute;as mientras exporta datos y, a veces, estudios de caso que ensanchan la capacidad explicativa de las historiograf&iacute;as for&aacute;neas que est&aacute;n de moda" (p. 120) &iquest;Pero qu&eacute; hacer ante semejante situaci&oacute;n? Por principio, tener historias cr&iacute;ticas de nuestra historia de las ciencias, a fin de desnudar estos complejos y poder, eventualmente, superarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La soledad 'local' y el cosmopolitismo nacional: La fisiolog&iacute;a respiratoria de europeos y americanos en el contexto colonial", Laura Ch&aacute;zaro incursiona en un g&eacute;nero escasamente visitado por la historia de la ciencia perif&eacute;rica (los estudios comparativos), para plantearse la siguiente pregunta: &iquest;c&oacute;mo dar cuenta de que algunos saberes generados a partir de pr&aacute;cticas localizadas sean incorporados al <i>corpus</i> de una ciencia occidental, pretendidamente objetiva y universalmente v&aacute;lida, mientras que otros saberes perif&eacute;ricos no lo logran? La comparaci&oacute;n entre los trabajos de dos m&eacute;dicos, uno mexicano y otro peruano, sobre la fisiolog&iacute;a respiratoria de los habitantes de las regiones altas de Am&eacute;rica le sirve a Ch&aacute;zaro para reflexionar sobre la historiograf&iacute;a de la ciencia en el Sur, y sobre el problema m&aacute;s general de la fundamentaci&oacute;n de las pretensiones de objetividad deslocalizada de la ciencia, cuando &eacute;sta se genera a partir de pr&aacute;cticas locales. Estas reflexiones tendr&iacute;an que ayudarnos para buscar nuevas maneras de contar la historia de los saberes en el Sur, sin caer en el falso cosmopolitismo de las visiones euroc&eacute;ntricas difusionistas, pero tampoco en las historias nacionalistas, puesto que la idea de "naci&oacute;n" es ella misma un producto de esa visi&oacute;n euroc&eacute;ntrica y colonial de la que se quiere escapar, y que ha servido para aislarnos en la soledad de lo irreductiblemente "local".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La histeria en M&eacute;xico: una reflexi&oacute;n en torno a la historia", Frida Gorbach inicia notando que la "historia" y la "histeria" comparten algo m&aacute;s que la paronimia, pues tanto el discurso del historiador como el de la hist&eacute;rica son producto de una exclusi&oacute;n: el historiador construye su discurso a partir de la exclusi&oacute;n de todo cuestionamiento por su presente (ello al menos en la historiograf&iacute;a tradicional), en tanto que la etiqueta de "hist&eacute;rica" se construy&oacute; en el siglo XIX mexicano &#151;seg&uacute;n muestra Gorbach&#151; como ep&iacute;teto para marcar y apartar a un otro que no se dejaba aprehender y reducir por la l&oacute;gica de una racionalidad masculina, materialista y cientificista para la cual la hist&eacute;rica era, en &uacute;ltima instancia, una mentirosa que fing&iacute;a un padecimiento que no pod&iacute;a ser tal, por cuanto que &eacute;ste no se manifestaba con alteraciones org&aacute;nicas visibles. Esta impensada similitud le permite a Gorbach valerse de la histeria para "mostrarle a la disciplina hist&oacute;rica como la lectura del pasado no puede m&aacute;s que organizarse en funci&oacute;n de las problem&aacute;ticas que plantea una situaci&oacute;n actual" (p. 148), y, sim&eacute;tricamente, el estudio hist&oacute;rico de la histeria le permite restituir a &eacute;sta su actualidad, la que radica en que "en los finales del siglo XIX esa enfermedad deline&oacute; los rasgos del sujeto moderno, un sujeto con 'doble personalidad', escindido entre la raz&oacute;n y las pasiones, entre el yo y algo parecido a ideas de animalidad &#91;...&#93;" (p. 150).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del art&iacute;culo de Irina Podgorny "La prueba asesinada: el trabajo de campo y los m&eacute;todos de registro en la arqueolog&iacute;a de los inicios del siglo xx", el libro da un giro hacia trabajos m&aacute;s ce&ntilde;idos a nuestra idea tradicional de un estudio de caso, aunque sin dejar de lado las consideraciones te&oacute;ricas m&aacute;s amplias. La pregunta central de Podgorny puede entenderse as&iacute;: &iquest;c&oacute;mo se hacen portables experiencias esencialmente localizadas como las de la arqueolog&iacute;a? La pregunta lleva a la autora a explorar el concepto (original del arque&oacute;logo William F. Petrie) de las "antig&uuml;edades port&aacute;tiles", que remite no tanto a los vestigios arqueol&oacute;gicos transportables, sino al conjunto de pr&aacute;cticas (trabajo de campo sistematizado, estratigraf&iacute;a...) y a las 'tecnolog&iacute;as literarias' (diarios de campo, mapas, ilustraciones, fotograf&iacute;as...) con las cuales un grupo de investigadores busc&oacute; construir, a inicios del siglo XX, el espacio disciplinario para una naciente arqueolog&iacute;a argentina, a la que buscaron dotar con un objeto de estudio propio: la controvertida cultura calchaqu&iacute; del noroeste argentino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Intenci&oacute;n conceptual, utop&iacute;a y logro jur&iacute;dico: vigilancia y control legal del matrimonio a partir del discurso m&eacute;dico decimon&oacute;nico sobre la herencia", Fabricio Gonz&aacute;lez describe la forma como los m&eacute;dicos mexicanos se hicieron de un espacio de poder al conseguir convertirse en los legalmente facultados para sancionar o prohibir los matrimonios civiles, ello al vincular lo hereditario con lo patol&oacute;gico en el estudio de los enlaces entre parientes consangu&iacute;neos, y utilizar esto para persuadir a los actores sociales relevantes de la necesidad de que la sociedad mantuviera &#151;por su conducto&#151; una estricta vigilancia profil&aacute;ctica sobre los matrimonios, si es que se quer&iacute;a evitar la propagaci&oacute;n de taras cong&eacute;nitas. Es de notarse que para esto los m&eacute;dicos no s&oacute;lo hayan tenido que movilizar sus endebles pruebas emp&iacute;ricas y los escasos recursos cognitivos con que entonces se contaba sobre la herencia biol&oacute;gica, sino que tambi&eacute;n debieran apelar a nociones como "naci&oacute;n", "bien social" y "progreso", en lo que constituye una muestra del modo como una decisi&oacute;n pol&iacute;tica puede clausurar una pol&eacute;mica cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tensi&oacute;n entre lo local y lo universal (o que lo que se supone tal) aparece desde otro &aacute;ngulo en el art&iacute;culo que Miruna Achim dedica al sabio novohispano Jos&eacute; Antonio &Aacute;lzate. En "La querella por el temperamento de M&eacute;xico: meteorolog&iacute;a, hipocratismo y reformas urbanas" la autora recupera la pol&eacute;mica que &Aacute;lzate sostuvo por a&ntilde;os (y que envolvi&oacute; a otros americanos) con sus corresponsales del Viejo Mundo sobre el supuesto &#151;que en Europa era moneda corriente&#151; de que los americanos deb&iacute;an ser d&eacute;biles e inferiores, por cuanto que el malsano <i>temperamento</i> de Am&eacute;rica no pod&iacute;a sino producir creaturas contrahechas y deficientes. Achim destaca el alegato de &Aacute;lzate a su condici&oacute;n de testigo privilegiado &#151;testigo presencial&#151; del temperamento de Am&eacute;rica, siendo que su presencia en la localidad le permite describir y comprender esta naturaleza y sus efectos de maneras y a trav&eacute;s de m&eacute;todos que los europeos no podr&iacute;an poner en pr&aacute;ctica. La querella resulta, por tanto, en un alegato contra el presunto universalismo de las pr&aacute;cticas cognitivas europeas, al que &Aacute;lzate contrapone los resultados de las pr&aacute;cticas nativas (una suerte de "epistemolog&iacute;a local"), que no s&oacute;lo no son de menor val&iacute;a, sino que para el estudio de la naturaleza y los hombres de Am&eacute;rica son las &uacute;nicas realmente adecuadas. El estudio sirve a Achim, adem&aacute;s, para analizar los usos del discurso cient&iacute;fico en la Nueva Espa&ntilde;a. Y el uso que &Aacute;lzate hizo de &eacute;ste result&oacute; ser pol&iacute;tico: &Aacute;lzate tratando de dictar una reforma urbana desde su privilegiado conocimiento local del verdadero temperamento de la ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Hibridaci&oacute;n: historia natural y sexo contranatural en la Francia ilustrada", Javier Moscoso parece romper con la tem&aacute;tica del libro. Ello podr&iacute;a no ser as&iacute;, si se considera que la condici&oacute;n de "ser perif&eacute;rico" no necesariamente se corresponde con una localizacion geogr&aacute;fica, pues el "centro" y la "periferia" no son &#151;o no son s&oacute;lo&#151; lugares geogr&aacute;fico, sino son, sobre todo, lugares culturales y pol&iacute;ticos. De ah&iacute; que sea posible habitar las m&aacute;rgenes aun residiendo en el centro. Moscoso trata aqu&iacute;, pues, de un personaje marginal en la historia de la ciencia &#151;Rene Antoine Ferchault de R&eacute;aumur&#151;, quien en el Par&iacute;s de la Luces se dedica al marginal tema de la hibridaci&oacute;n, y escribe con amplitud sobre el improbable episodio del contranatural ayuntamiento carnal de un "infame" conejo y una "modesta" gallina, la que tras mucho resistirse a los requerimientos amatorios del mam&iacute;fero finalmente cede ante las acometidas lascivas del macho. Este suceso, que se pensar&iacute;a no es sino una an&eacute;cdota chusca, sirve al autor para ejecutar una amplia reconstrucci&oacute;n de los horizontes culturales de la Europa ilustrada, en la que se dibuja una peculiar &aacute;rea de temas alternativos a nuestros supuestos corrientes sobre la cultura europea del periodo, y que ilustra varios aspectos sobre la manera como circulaba entonces el discurso cient&iacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, en "Sangre y temperamento: pureza y mestizaje en las sociedades de castas americanas", Carlos L&oacute;pez Beltr&aacute;n se propone deconstruir la historia del sistema de castas espa&ntilde;ol en Am&eacute;rica Latina. En palabras del autor: "El episodio de las castas es central en la historia moderna, pues ese traslado de la otredad desde el h&aacute;bito moral (como en Montesqieu) hacia el h&aacute;bito fisiol&oacute;gico es la nuez del racialismo cient&iacute;fico y del racismo concomitante" (p. 290).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata as&iacute; de historizar el proceso que llev&oacute; a la naturalizaci&oacute;n de lo que en origen no fue sino una diferencia moral (o cultural); proceso en el que la ciencia o lo que se pretend&iacute;a fuese tal (la fisiolog&iacute;a hipocr&aacute;tica, la anatom&iacute;a y la fisiognom&iacute;a) sirvi&oacute; para convalidar la conversi&oacute;n de la ideolog&iacute;a en naturaleza. Pero el espectro del estudio no se circunscribe al componente cient&iacute;fico de la cuesti&oacute;n, sino que abarca tambi&eacute;n el recuento y an&aacute;lisis de fuentes tales como los escritos de los cronistas y viajeros, y el de la tradici&oacute;n de los "cuadros de castas". La atenci&oacute;n del autor se enfoca de manera particular, adem&aacute;s, en ese peculiar fen&oacute;meno de conformaci&oacute;n de nuevos cuerpos que fue el <i>mestizaje,</i> y a su obligado correlato que es la noci&oacute;n de la "pureza" de la sangre, pureza que pod&iacute;a ganarse o perderse, y que supon&iacute;a no s&oacute;lo un cambio en el gradiente de pigmentaci&oacute;n corporal, sino tambi&eacute;n un ascenso o descenso en la escala moral y social, en una especie de juego de "serpientes y escaleras" en el que el ascenso del mestizo a la c&uacute;spide estaba prescrito de antemano por la propia naturaleza, pues la m&aacute;cula de la mezcla de sangres era una condici&oacute;n degradada imborrable, que tarde o temprano volver&aacute; para ensuciar a la descendencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluyo se&ntilde;alando que m&aacute;s all&aacute; de la aprobaci&oacute;n que pueda concederse a las tesis de cada uno de los autores, lo que parece cierto es que este libro supone una lectura necesaria no s&oacute;lo para el especialista en historia de la ciencia, sino para quienquiera que desee explorar otras maneras de entender los procesos hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos, sociales y culturales del Sur, pues a la vista de lo dicho parece claro que las pr&aacute;cticas cognitivas, enti&eacute;ndaselas como <i>saberes</i> o como <i>ciencia,</i> no son actividades aut&oacute;nomas con respecto a las otras pr&aacute;cticas sociales y al ejercicio del poder, sino que todas ellas conforman un todo, en el que a las pr&aacute;cticas cognitivas les toc&oacute; jugar a presentarse como aut&oacute;nomas y objetivas a fin de lograr la com&uacute;n anuencia en algo que a las otras pr&aacute;cticas sociales les ha quedado mayormente restringido: justificar los &oacute;rdenes de lo social, lo pol&iacute;tico y lo cultural en referencia a algo supuestamente extrasocial a lo que conocemos como "naturaleza".</font></p>      ]]></body>
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