<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-0636</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Nueva antropología]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Nueva antropol]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-0636</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Nueva Antropología A.C.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-06362010000100010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Horizontal Inequalities and Conflict. Understandig Group Violence in Multiethnic Societies]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vázquez León]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social Sede Occidente ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>23</volume>
<numero>72</numero>
<fpage>152</fpage>
<lpage>157</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-06362010000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-06362010000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-06362010000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Frances Stewart (ed.), <i>Horizontal Inequalities and Conflict. Understandig Group Violence in Multiethnic Societies</i> (pr&oacute;l. de Kofi Annan)</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis V&aacute;zquez Le&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Hampshire/New York, Palgrave Macmillan, 2008</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS de Occidente, M&eacute;xico).</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace algunos a&ntilde;os, los temas de la violencia, el conflicto y la militarizaci&oacute;n ocupan las reflexiones de un creciente n&uacute;mero de estudiosos sociales. Desde luego, &eacute;stos no son temas que fascinen en exceso, como s&iacute; lo hace la cultura y su correlato obligado, los estudios culturales, predilectos por la mayor&iacute;a de los estudiosos. M&aacute;s all&aacute; de la moda est&eacute;tica o de la mera popularidad de tales pesquisas, hay que reconocer que algunos de los estudios sobre la violencia pueden incluso repugnar en lo m&aacute;s &iacute;ntimo; mas ya no se puede seguir ocultando que en el caso de la violencia y los conflictos &eacute;tnicos, tambi&eacute;n est&aacute; presente de manera destacada la cultura. Los conflictos suscitados entre grupos cohesionados en torno de la cultura o con estatus culturales encontrados, son los m&aacute;s claros indicios de esta confluencia. Ello lo respaldan de manera contundente los catorce cap&iacute;tulos de este libro editado por la economista Frances Steward, de la Universidad de Oxford, y debidos a otros tantos autores adheridos al Centre for Research on Inequality, Human Security and Ethnicity (CRISE). En conjunto, no dejan lugar a dudas de que la cultura puede actuar como un factor detonante del conflicto, siempre que se le asocie con una percepci&oacute;n aguda de las desigualdades horizontales. Y es que en t&eacute;rminos generales las desigualdades verticales y horizontales pueden reproducirse sin motivar ninguna violencia, del mismo modo que las sociedades multi&eacute;tnicas o multirreligiosas pueden convivir de una forma pac&iacute;fica por largos periodos. La cuesti&oacute;n a responder ahora es: &iquest;cu&aacute;ndo las diferencias culturales devienen un enfrentamiento violento?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta est&aacute; lejos de ser s&oacute;lo acad&eacute;mica. De ser exactas las cifras brindadas por Stewart en su introducci&oacute;n, y seg&uacute;n las cuales entre 1953 y 2005 los conflictos &eacute;tnicos crecieron del 15 al 60%, entonces significa que el uso de la identidad como arma pol&iacute;tica es un signo caracter&iacute;stico de nuestros d&iacute;as. Otro ingrediente, no menos impresionante, es que muchos de estos conflictos pueden tener al Estado&#150;naci&oacute;n como un actor a favor o en contra; pero tambi&eacute;n es cierto que no siempre es el mayor enemigo imaginado por los contendientes. Los conflictos comunales a veces ocurren al interior de un mismo grupo &eacute;tnico y no por ello dejan de ser menos violentos, aunque se trate de una lucha entre iguales. Muchas naciones, hay que recordarlo, surgieron de una "guerra entre hermanos". En M&eacute;xico, hasta nuestros d&iacute;as, la mayor&iacute;a de los conflictos atendidos por el desaparecido Programa de Focos Rojos eran de car&aacute;cter comunal, pero tambi&eacute;n es verdad que en algunos casos se aprecia la tendencia a la violencia inter&eacute;tnica, la cual implica a dos grupos de la poblaci&oacute;n enfrentados y con caracter&iacute;sticas diferenciables hasta cierto punto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Stewart (ed.) no evade el asunto nacional y mucho menos el comunal, como demuestra el estudio de Luca Mancini en Indonesia. No obstante, al centrar su atenci&oacute;n en las llamadas desigualdades horizontales entre grupos culturales interactuantes, resulta inevitable que aparezca una orientaci&oacute;n nacional com&uacute;n de los grupos ubicados en un mismo contexto. El asunto est&aacute; perfectamente planteado en el cap&iacute;tulo de Matthew J. Gibney, que aborda los principios democr&aacute;ticos que deben imperar en la constituci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en un mundo de naciones que las siguen coartando con su sola exclusividad. Ello explica que hacia el final del libro, en el cap&iacute;tulo de pol&iacute;ticas sobre las desigualdades horizontales (de Stewart, Graham K. Brown y Arnim Langer) se traten varias cuestiones que pocas veces se atienden bajo la visi&oacute;n de pol&iacute;tica multicultural, como es una cierta disposici&oacute;n favorable para las pol&iacute;ticas integrativas que aminoran la fuerza de los conflictos y que suponen que el Estado intenta la reducci&oacute;n de los aspectos m&aacute;s salientes de la etnicidad, mientras que muchas pol&iacute;ticas de reconocimiento pueden en realidad estimularlos. Sin oponer a unas y otras, es claro que alg&uacute;n poder debe obrar buscando la integraci&oacute;n y al mismo tiempo el reconocimiento. Todo parece indicar que el caso de Malasia es el m&aacute;s caracter&iacute;stico de este equilibrio en tales pol&iacute;ticas sociales. Despu&eacute;s de todo, la persistencia de las desigualdades horizontales puede endurecer los l&iacute;mites grupales y atrapar a sus miembros en etnicidades o racializaciones desventajosas, las cuales siguen reproduciendo a las mismas desigualdades que quieren eliminar. De todos es conocido el caso del racismo sudafricano, no del todo cancelado por el discurso multicultural, y que sigue planteando al analista el asunto de una integraci&oacute;n o "incorporaci&oacute;n adversa" en las restructuraciones del mercado laboral "negro".<sup><a href="#notas">1</a></sup> As&iacute; pues, sin dejar de referir los casos de Irlanda del Norte, URSS y Yugoeslavia, la hip&oacute;tesis central del libro y sus estudios de caso en &Aacute;frica, Asia y Latinoam&eacute;rica, es que la expresi&oacute;n aguda de las desigualdades horizontales (que son aquellas desigualdades no individuales que se advierten entre grupos culturalmente constituidos, con variadas dimensiones socioecon&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales mismas) predispone al conflicto violento cuando coinciden la percepci&oacute;n subjetiva y la expresi&oacute;n pol&iacute;tica de las identidades grupales, en especial por parte de las elites dirigentes de los grupos en condici&oacute;n de privaci&oacute;n. No se habla, por lo tanto, de cualquier violencia &#150;criminal, dom&eacute;stica, sexual, etc&eacute;tera&#150; sino s&oacute;lo de la que involucra la desigualdad horizontal y la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Esto puede ocurrir en econom&iacute;as desarrolladas, sin duda alguna, pero es m&aacute;s probable que suceda en econom&iacute;as atrasadas, donde el bienestar es reducido y las desigualdades importan m&aacute;s a las masas y sus dirigencias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto es necesario agregar una digresi&oacute;n al comentario, en vista de que economistas del desarrollo como Frances Steward resolvieron de modo muy pr&aacute;ctico y sin sombra de turbaci&oacute;n lo que, equivocadamente, el <i>ethos</i> antropol&oacute;gico mexicano concibi&oacute; como antag&oacute;nico, lo cual tuvo secuelas de p&eacute;rdida emp&iacute;rica y a&uacute;n heur&iacute;stica. Uno de los pioneros del estudio de los conflictos &eacute;tnicos, Rodolfo Stavenhagen, muchos a&ntilde;os atr&aacute;s hizo un infructuoso llamado para usar de manera sint&eacute;tica los conceptos de clase social y de grupo &eacute;tnico. La polarizaci&oacute;n absurda entre partidarios de uno y otro concepto subestim&oacute; la propuesta y temo que la discordia se puede interpretar a&uacute;n como predominio de un compromiso ontol&oacute;gico sobre el otro.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Por supuesto que nadie est&aacute; obligado a seguir pensando como hace 30 a&ntilde;os, ni tampoco a creer que las desigualdades horizontales son las clases sociales (aunque en Latinoam&eacute;rica tiendan a confundirse, sin mencionar que las desigualdades horizontales sirven a los intereses de los grupos dominantes, que a veces son clases). Pero a lo que me refiero es que mientras otros especialistas nunca prescindieron de conceptos anal&iacute;ticos centrales como &eacute;stos, la antropolog&iacute;a literalmente fue seducida por la cultura y procur&oacute; desligarse de todos aquellos conceptos y teor&iacute;as que implicaban la estratificaci&oacute;n o la desigualdad (desde el m&aacute;s simple rango hasta los m&aacute;s extremos como la esclavitud, sin olvidar los estamentos, las castas, y las clases sociales mismas), acaso porque supusieron que la cultura era discreta, homog&eacute;nea, y hasta un substituto del conflicto pol&iacute;tico.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Pues bien, era necesario que Stewart partiera del supuesto contrario &#150;de que ciertas sociedades donde existen grupos definidos culturalmente tambi&eacute;n est&aacute;n sujetas a las desigualdades y tensiones&#150;, para que sobreviniera un enfoque productivo como el examinado. Dos a&ntilde;os atr&aacute;s, otro economista, Amartya Sen, tambi&eacute;n nos record&oacute; que los procesos de identificaci&oacute;n cultural fatalista pueden derivar en la violencia.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Esfuerzos antropol&oacute;gicos coincidentes en "sociologizar la econom&iacute;a" y en "economizar la sociolog&iacute;a" (a prop&oacute;sito de las causas econ&oacute;micas de los conflictos &eacute;tnicos) son pocos a&uacute;n, pero sin duda sobresalientes.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Como quiera que se vea, quien siga creyendo que la econom&iacute;a es una "ciencia l&uacute;gubre", incurre en un grave error, peor a&uacute;n cuando la crisis del capitalismo global recorre el mundo, volviendo a colocar a la econom&iacute;a en un primer plano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero al resaltar estos conceptos y estas aproximaciones, no debe incurrirse en la f&aacute;cil interpretaci&oacute;n de que hay que retornar a la conocida tesis de la determinaci&oacute;n de los conflictos basados en las desigualdades econ&oacute;micas. Stewart (ed.) prefiere hablar de la econom&iacute;a como una "condicionante" del conflicto, matiz no banal porque tambi&eacute;n se pone entre comillas su expresi&oacute;n "objetiva". Lo anterior no significa suscribir del todo el subjetivismo de los actores, pero tampoco rechazarlo. Los c&aacute;lculos y f&oacute;rmulas caracter&iacute;sticamente econom&eacute;tricas, o s&oacute;lo estad&iacute;sticos, que ocupan los tres cap&iacute;tulos de la segunda parte del libro demuestran que el cometido objetivista existe, pero no determina del todo al an&aacute;lisis. Lo anterior es una exigencia simult&aacute;nea de atender a las autoadscripciones, a las propias distinciones o a las elecciones grupales. De hecho, para sopesar la importancia y din&aacute;mica de las desigualdades horizontales en un pa&iacute;s, hay que clasificar primero a los grupos identitarios m&aacute;s relevantes; lo cual constituye un procedimiento no siempre sencillo, pues pueden haber clasificaciones alternativas o algunas en verdad debatibles como la de los "mestizos" en Latinoam&eacute;rica (pues no son ni un grupo &eacute;tnico ni un grupo cultural). Por lo mismo, Corinne Caumartin, George Gray y Rosemary Thorp eligen abordar mejor como un grupo "no ind&iacute;gena" para los casos de Bolivia, Guatemala y Per&uacute;. El asunto est&aacute; lejos de ser agotado, porque la palabra mestizo tuvo connotaciones de casta en su origen<sup><a href="#notas">6</a></sup> y un desprestigio que lo acusaba de ser un grupo delet&eacute;reo, el cual vino a corromper ese orden jer&aacute;rquico con su presencia y crecimiento demogr&aacute;fico, contaminando sobre todo la pretendida "pureza de sangre" tanto de la poblaci&oacute;n colonizadora como de la nobleza ind&iacute;gena avasallada. Es imposible no dejar de recordar el cl&aacute;sico estudio de Andr&eacute;s Molina Enr&iacute;quez, donde raza y clase social se sobrepon&iacute;an y tampoco se puede olvidar c&oacute;mo, bajo influencia de Franz Boas, lo corrigi&oacute; para ligar entonces cultura y clase social en M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arribamos as&iacute; a la tercera parte que re&uacute;ne cinco cap&iacute;tulos regionales en que se apel&oacute; a los estudios de caso nacionales (tres de &Aacute;frica, uno de Asia y uno de Latinoam&eacute;rica, aunque subdividido en tres pa&iacute;ses) a trav&eacute;s de un an&aacute;lisis global, comparado digo yo, que combina la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la econometr&iacute;a, y los enfoques hist&oacute;ricos y antropol&oacute;gicos. Gracias a este esfuerzo colectivo, su argumentaci&oacute;n resulta m&aacute;s compleja al decir que donde las desigualdades horizontales sean m&aacute;s fuertes ser&aacute; m&aacute;s probable que estalle un conflicto; en todo caso, se requiere de la consistencia entre lo econ&oacute;mico y lo pol&iacute;tico, am&eacute;n de que la desigualdad cultural puede disparar al conflicto. Por supuesto que de los tres casos latinoamericanos llama la atenci&oacute;n la d&eacute;bil expresi&oacute;n pol&iacute;tica partidaria de la etnicidad &#150;Bolivia y Ecuador siguen siendo una excepci&oacute;n y no la regla&#150;; asimismo, en todos los casos se recurre a una mezcla de ideolog&iacute;as de clase y de etnicidad que no siempre son predominantes y no simpre favorecen a estas &uacute;ltimas. &iquest;Por qu&eacute; los grupos radicales de clasificaci&oacute;n mestiza son los que consiguen movilizar a los ind&iacute;genas? La pregunta sobresale al leer a los autores de este cap&iacute;tulo sint&eacute;tico. Mucho m&aacute;s extra&ntilde;o resulta la conclusi&oacute;n que aportan respecto a que los pa&iacute;ses que han experimentado rebeliones ind&iacute;genas, son tambi&eacute;n los que poseen pol&iacute;ticas ind&iacute;genas m&aacute;s d&eacute;biles (que no indigenistas o neoindigenistas), mientras que los pa&iacute;ses donde ha predominado el acomodo pol&iacute;tico, la pol&iacute;tica ind&iacute;gena aparece m&aacute;s consolidada.<sup><a href="#notas">7</a></sup> El libro est&aacute; repleto de ideas discutibles, pero muy estimulantes para la indagaci&oacute;n futura. Uno siempre podr&aacute; echar de menos tal o cual pa&iacute;s, tal o cual puntualizaci&oacute;n, tal o cual enfoque, pero conviene terminar este repaso haciendo notar que la editora y sus colegas no se limitan a destacar sus mayores resultados y conclusiones. M&aacute;s bien los sobrepasan para cerrar el libro con un importante an&aacute;lisis sobre las pol&iacute;ticas de integraci&oacute;n pero tambi&eacute;n las de acci&oacute;n afirmativa; esto es, el sensible tema de la redistribuci&oacute;n y el reconocimiento. M&aacute;s all&aacute; de decantarse a favor de unas u otras opiniones, al reflexionarlas en conjunto uno termina pregunt&aacute;ndose si en M&eacute;xico estamos ante un caso de inclusi&oacute;n democr&aacute;tica de derechos culturales y sociales que precisa dejar de ver a ciertos grupos como no ciudadanos o como ciudadanos de segunda. Asunto espinoso para una sociedad que d&iacute;a a d&iacute;a ve disminuidas sus garant&iacute;as individuales en aras de una guerra declarada por un gobierno de derecha y que ya arroja sangrientos "da&ntilde;os colaterales" sobre las relaciones sociales, a&uacute;n no del todo sopesados. Pero otra vez, esta percepci&oacute;n no agota en absoluto la riqueza, la finura y la amplitud de miras de todo el libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Du Toit, Andries (2004), "Social Exclusion' Discourse and Chronic Poverty: A South African Case Study", <i>Development and Change,</i> vol. 35, n&uacute;m. 5, pp. 987&#150;1010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574491&pid=S0185-0636201000010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Cfr.</i> Stavenhagen, Rodolfo (2000), <i>Conflictos &eacute;tnicos y Estado nacional,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI; "Clase, etnia y comunidad" (1980), en <i>Problemas &eacute;tnicos y campesinos. Ensayos,</i> M&eacute;xico, INI, pp. 11&#150;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574493&pid=S0185-0636201000010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Lepenies, Wolf (2006), <i>The Seduction of Culture in German History,</i> Princeton, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574495&pid=S0185-0636201000010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sen, Amartya (2006), <i>Identity and Violence. The Illusion of Destiny,</i> Nueva York, W.W. Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574497&pid=S0185-0636201000010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Schlee, Gunther (2004), "Taking Sides and Constructing Identities: Reflections on Conflict Theory", <i>Journal of the Royal Anthropological Institute,</i> vol. 10, n&uacute;m. 1, pp. 46&#150;147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574499&pid=S0185-0636201000010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jackson, Robert H. (1999), <i>Race, Caste and Status. Indians in Colonial Spanish America,</i> Albuquerque, University of New Mexico Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574501&pid=S0185-0636201000010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Albro, Robert (2009), "Cultural Citizenship and Constitutional Reform in Bolivia's Evo Era" (conferencia), en <i>Contesting Liberal Citizenship: New Debates on Alternative Forms of Democracy and State Power in Latin America,</i> Jerusal&eacute;m, julio 6&#150;9, The Hebrew University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5574503&pid=S0185-0636201000010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Du Toit]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andries]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Social Exclusion' Discourse and Chronic Poverty: A South African Case Study]]></article-title>
<source><![CDATA[Development and Change]]></source>
<year>2004</year>
<volume>35</volume>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>987-1010</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stavenhagen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rodolfo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conflictos étnicos y Estado nacional]]></article-title>
<source><![CDATA[Problemas étnicos y campesinos. Ensayos]]></source>
<year>2000</year>
<page-range>11-20</page-range><publisher-name><![CDATA[INI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lepenies]]></surname>
<given-names><![CDATA[Wolf]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Seduction of Culture in German History]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Amartya]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Identity and Violence. The Illusion of Destiny]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[W.W. Norton]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schlee]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gunther]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Taking Sides and Constructing Identities: Reflections on Conflict Theory]]></article-title>
<source><![CDATA[Journal of the Royal Anthropological Institute]]></source>
<year>2004</year>
<volume>10</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>46-147</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jackson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Robert H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Race, Caste and Status. Indians in Colonial Spanish America]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Albuquerque ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of New Mexico Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Albro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Robert]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Cultural Citizenship and Constitutional Reform in Bolivia's Evo Era]]></article-title>
<source><![CDATA[Contesting Liberal Citizenship: New Debates on Alternative Forms of Democracy and State Power in Latin America]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Jerusalém ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The Hebrew University]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
