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</front><body><![CDATA[ <p align="left"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Milton, Kay, <i>Loving Nature. Towards an Ecology of Emotion</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Let&iacute;cia Durand*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Routledge, London, 2000</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#45;Investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kay Milton es antrop&oacute;loga y trabaja en la Universidad de Queen's, en Belfast. Desde mediados de la d&eacute;cada de 1980 se dedica a la investigaci&oacute;n sobre temas ambientales. Sus libros <i>Environmentalism: The View from Anthropology</i> (1993) <i>y Environmentalism</i> <i>and Cultural Theory</i> (1996) han sido centrales para esclarecer el papel de la antropolog&iacute;a en el estudio de la problem&aacute;tica ambiental y de los movimientos sociales que de ella emergen. Su &uacute;ltima publicaci&oacute;n, <i>Loving Nature. Towards an ecology of emotion</i> es, sin duda, uno de los textos m&aacute;s originales y sugerentes para aquellos interesados en la vertiente social de la actual crisis ambiental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de preguntas como: &iquest;por qu&eacute; no todas las personas son ambientalistas?, &iquest;por qu&eacute; unas personas se interesan m&aacute;s por el futuro del entorno natural que otras? o &iquest;por qu&eacute; unas personas se involucran en la lucha ambiental mientras que otras permanecen indiferentes? Milton nos obliga a dudar de nuestro sentido com&uacute;n y elabora una meditada cr&iacute;tica sobre la veracidad de la dualidad raz&oacute;n&#45;emoci&oacute;n. Sus preguntas surgen de un sano ejercicio de autoan&aacute;lisis en el que a partir de su experiencia como ecologista se cuestiona de d&oacute;nde surgi&oacute; este rasgo de su personalidad que ha ocupado buena parte de su vida. Su respuesta es clara: de la emoci&oacute;n. Del cari&ntilde;o <i>y</i> el goce por los paisajes y las especies, que se traduce en angustio por su futuro incierto y finalmente en la pasi&oacute;n que motiva acciones para la conservaci&oacute;n. La emoci&oacute;n es uno de los engranes del motor de la vida humana, junto con la experiencia y el conocimiento. Sin embargo, a diferencia de estos dos &uacute;ltimos elementos, las emociones han perdido cada vez m&aacute;s espacio en las explicaciones que formulamos del mundo, dado que en la ideolog&iacute;a positivista predominante en Occidente, la emoci&oacute;n es la cara opuesta del pensamiento y la tan exaltada raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La separaci&oacute;n entre emoci&oacute;n y raz&oacute;n tiene justificaciones hist&oacute;ricas e ideol&oacute;gicas, pero cabe preguntarse si es adecuada para enfrentar la problem&aacute;tica ambiental que actualmente vivimos. &iquest;Es correcto y conveniente tachar de irracionales o emocionales a algunos movimientos ambientalistas o a sus miembros? &iquest;Son v&aacute;lidos &uacute;nicamente los compromisos sociales que podemos caracterizar como racionales? Para contestar a estas interrogantes Kay Milton explora, a lo largo de ocho cap&iacute;tulos, lo que transforma a las personas en ambientalistas o amantes de la naturaleza, y examina sus formas de acci&oacute;n en funci&oacute;n de sus intereses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo, Milton explica que la gente se relaciona con la naturaleza en dos formas distintas, una parte de la ciencia y, la otra, de la religi&oacute;n. Las diferencias entre ambas son &uacute;tiles para diferenciar las comprensiones de la naturaleza en el interior del ambientalismo. Desde aqu&iacute;, la autora analiza c&oacute;mo las personas en general, y los interesados en la conservaci&oacute;n, en particular, comprenden la naturaleza de la forma en que lo hacen. M&aacute;s adelante explora el papel de las emociones en nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza, y discute la importancia de las emociones como fuente de motivaci&oacute;n para la acci&oacute;n. Finalmente se dedica a desenmascarar lo que el "amor por la naturaleza" significa para los ambientalistas y la manera en que desarrollan las ligas emocionales que subyacen a sus preocupaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&uacute;n cuando las preguntas de trabajo se colocan en una perspectiva de estudio antropol&oacute;gica, pues tienen que ver b&aacute;sicamente con la diversidad cultural, Milton hace uso de las aportaciones de otras disciplinas como la psicolog&iacute;a, la ciencia cognitiva, la ecolog&iacute;a y la filosof&iacute;a. A lo largo de todo el libro fusiona elementos e ideas provenientes de estos campos de estudio, estableciendo relaciones con resultados por dem&aacute;s interesantes, como la propuesta de que nuestra comprensi&oacute;n del mundo no es &uacute;nicamente una construcci&oacute;n social, y demostrando la utilidad de nutrir a la antropolog&iacute;a de elementos que en principio parecen no serle propios. El trabajo etnogr&aacute;fico, presente en los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos de su libro, llama la atenci&oacute;n hacia la necesidad de estudiar nuestra propia cultura, la cultura occidental, y al ambientalismo como uno de sus productos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Kay Milton, la dualidad emoci&oacute;n&#45;raz&oacute;n es un mito de la cultura occidental, y su funci&oacute;n ha sido soportar un sistema social con graves consecuencias ecol&oacute;gicas. Las emociones son un mecanismo que nos conecta al mundo. El rescate de las emociones en s&iacute; mismas y del conocimiento a trav&eacute;s de la emoci&oacute;n, sugiere la autora, puede dar lugar a la construcci&oacute;n de formas de vivir mucho m&aacute;s sensibles y comprometidas con relaci&oacute;n a la naturaleza. Para el ambientalismo y los esfuerzos de conservaci&oacute;n ecol&oacute;gica esto se torna sumamente relevante, pues sin emoci&oacute;n no existe compromiso, motivaci&oacute;n o acci&oacute;n de cualquier clase.</font></p>      ]]></body>
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