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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La pintura mural prehispánica en México, volumen V, Cacaxtla, tomos II y III]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>La pintura mural prehisp&aacute;nica en M&eacute;xico, volumen V, Cacaxtla,</b></i><b> tomos II y III</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Eduardo Matos Moctezuma</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 2013</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos ante la presencia de un nuevo volumen de la serie <i>La pintura mural prehisp&aacute;nica en M&eacute;xico</i> que, bajo el sello de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, se ha convertido en la colecci&oacute;n m&aacute;s amplia y documentada sobre una de las expresiones art&iacute;sticas m&aacute;s importantes de Mesoam&eacute;rica. La iniciativa de la doctora Beatriz de la Fuente &#45;presentada hace ya veinte a&ntilde;os&#45; sigue dando frutos y hoy tenemos en nuestras manos los tomos II y III dedicados a un sitio que, a partir la d&eacute;cada de los setenta, cobr&oacute; enorme importancia. Por su riqueza y variedad de elementos, los muros pintados en este sitio se convertir&iacute;an en motivo de atenci&oacute;n, no s&oacute;lo para los historiadores del arte, sino para una gran variedad de estudiosos. As&iacute;, qued&oacute; manifestado el inter&eacute;s de historiadores, restauradores, bi&oacute;logos, arque&oacute;logos, astr&oacute;nomos, epigrafistas, qu&iacute;micos y muchos otros especialistas que han analizado el rico colorido y la tem&aacute;tica de los murales de un sitio espectacular: Cacaxtla.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, los tomos de referencia son muestra palpable de lo antes dicho. Coordinados por Mar&iacute;a Teresa Uriarte y Fernanda Salazar, 18 investigadores de diferentes especialidades se dieron a la tarea de escribir textos seg&uacute;n la materia de cada uno de ellos. Ambos tomos comprenden temas diversos. En el primero de ellos tenemos la introducci&oacute;n de Teresa Uriarte y siete trabajos que abarcan temas como el de la ubicaci&oacute;n del sitio. En el an&aacute;lisis detenido que hace Genevi&eacute;ve Lucet de cada uno de los edificios y conjuntos del lugar, trata lo relativo al espacio tanto externo como interno y nos lleva a trav&eacute;s de la funci&oacute;n, caracter&iacute;sticas y otros aspectos de la arquitectura y su interrelaci&oacute;n con espacios abiertos y cerrados. Complemento necesario a lo anterior es el estudio arqueastron&oacute;mico presente en la pintura mural que nos da Jes&uacute;s Galindo, que como astr&oacute;nomo, ha profundizado en este aspecto no s&oacute;lo en Cacaxtla, sino en muchos sitios de Mesoam&eacute;rica.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De inmediato se entra a la pintura por medio del art&iacute;culo que escriben Diana Magaloni, Claudia Brittenham, Piero Baglioni, Rodorico Giorgi y Lorenza Bernini. Aqu&iacute; leemos acerca de la base sobre la que se colocan los colores, ya sea estuco o lodo, seg&uacute;n el caso, sobre los pasos que se segu&iacute;an para hacer los colores y su aglutinante, o acerca de los instrumentos utilizados en la elaboraci&oacute;n de los murales. Los autores revelan la variada paleta con que contaban los pintores: rojo, rosa, azul, amarillo, ocre, caf&eacute;, verde, gris, blanco y negro, aunque hay que se&ntilde;alar que han identificado tonos diferentes de algunos de ellos. La comparaci&oacute;n con otros sitios como Taj&iacute;n y Monte Alb&aacute;n, por ejemplo, viene a darnos un panorama amplio dentro de la presencia mural&iacute;stica mesoamericana. En su estudio tambi&eacute;n hacen ver cambios tanto en la t&eacute;cnica como en el color. Es el caso del Edificio A del que dicen: "La larga historia del Edificio A demuestra continuidades y cambios en t&eacute;rminos t&eacute;cnicos y color&iacute;sticos" (p. 196). Una de las conclusiones a las que llegan es que</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la pintura mural de Cacaxtla se ve que el significado que los materiales poseen en s&iacute; mismos, as&iacute; como el simbolismo del color, implica que el acto de crear una pintura es tan importante como el acto de verla despu&eacute;s. La pintura es el universo en el que se manifiestan las esencias, que en imagen son la presencia de la fuerza c&oacute;smica o su representante. El color en este universo de fuerzas animadas es muy significativo; manifiesta, junto con la imagen, la esencia de aquello que se presenta ante el espectador. Es probable que estas representaciones conservaran su fuerza intr&iacute;nseca a pesar de no ser vistas, por ello, la mayor parte de la pintura fue cubierta con polvo fino de tierra cernida, antes de ser enterrada por otras construcciones &#91;...&#93; (p. 196&#45;197).</font></p>     </blockquote>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amaranta Gonz&aacute;lez nos da en su trabajo un panorama general de la historia de la conservaci&oacute;n en el que pone atenci&oacute;n especial en la experiencia de Cacaxtla. Para ello parte de algunos antecedentes de la conjunci&oacute;n arque&oacute;logo&#45;restaurador para la preservaci&oacute;n de los bienes arqueol&oacute;gicos y hace detallada descripci&oacute;n de la atenci&oacute;n que esta especialidad tuvo en Cacaxtla, lo que redund&oacute; en bien de los mismos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;Cu&aacute;ntos artistas participaron en las pinturas murales de Cacaxtla?". Con esta pregunta abre su participaci&oacute;n individual Claudia Brittenham y nos responde a trav&eacute;s de una metodolog&iacute;a espec&iacute;fica que requiri&oacute; una observaci&oacute;n detallada de trazos, rasgos y caracter&iacute;sticas de cada pintura, para ir definiendo las diferentes manos que intervinieron en la elaboraci&oacute;n de los murales. El trabajo, de suyo meticuloso, nos revela cosas sorprendentes como la divisi&oacute;n que se hace de quienes pintaron el Mural de la Batalla, por ejemplo. All&iacute; se ve la participaci&oacute;n de por lo menos diez pintores en tanto que en la escena de la escalera del Templo Rojo pudieron intervenir 5 o 6 artistas. En el Templo de Venus y en el Pelda&ntilde;o de los Cautivos quiz&aacute; fueron de 2 a 3 pintores. Esto la lleva a ubicar m&aacute;s de veinte estilos particulares. La autora hace ver que:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cacaxtla sostuvo a una comunidad de artistas que trabajaron en estrecha colaboraci&oacute;n, de acuerdo con conocidos patrones mesoamericanos. El conocimiento de materiales y t&eacute;cnicas, as&iacute; como la pr&aacute;ctica de la pintura, se transmiti&oacute; directamente de una generaci&oacute;n a la siguiente, lo que dio como resultado una obra cohesiva que comparti&oacute; caracter&iacute;sticas formales y t&eacute;cnicas, es decir, una tradici&oacute;n pict&oacute;rica (p. 361).</font></p>     </blockquote>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n Christophe Helmke y Jesper Nielsen se refieren a dos temas importantes: por un lado, la iconograf&iacute;a de influencia maya; por el otro, a la escritura jerogl&iacute;fica. Del primero hacen ver por medio del sistema comparativo algunas expresiones mayas y su posible relaci&oacute;n con lo expresado en Cacaxtla, como ocurre con los paneles de barro en donde se detecta a un personaje sentado encima de una monta&ntilde;a rodeado de monstruos <i>witz</i> y en la parte alta se aprecia el ala de un murci&eacute;lago, todo ello comparable con expresiones mayas. Por comparaci&oacute;n se puede realizar la dataci&oacute;n de los paneles y las pinturas. Aunque plantean discusiones sobre el particular, estas relaciones guardan coincidencias notables y, por ejemplo, el drag&oacute;n con alas de concha de la Estructura A se ubicar&iacute;an entre los a&ntilde;os 746 y 810 d.C.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo concerniente a la escritura jerogl&iacute;fica, los autores detectan 12 diferentes registros calend&aacute;ricos que presentan coeficientes num&eacute;ricos que van entre 1 y 13, por lo que consideran que est&aacute;n acordes con el <i>tonalpohualli</i> mexica. De su an&aacute;lisis tambi&eacute;n llegan a plantear, siguiendo el orden b&aacute;sico de palabras, la posibilidad de que las caracter&iacute;sticas ling&uuml;&iacute;sticas de la escritura del epicl&aacute;sico pudiera relacionarse con en &ntilde;a&ntilde;u, el tlauica y chinanteco de la familia otomangue, el tepeua de la familia totonaka y el n&aacute;huatl de la familia yutonahua. Lo anterior abre un mundo de posibilidades a la investigaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica de ese momento.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tomo III re&uacute;ne a nueve estudiosos que abordan asuntos variados. Los dos primeros art&iacute;culos corresponden al estudio de animales representados en las pinturas. Lourdes Navarijo, por ejemplo, escribe "Los elementos ornitol&oacute;gicos en el discurso pict&oacute;rico". De inicio se plantea el escenario biogeogr&aacute;fico y a continuaci&oacute;n hace el estudio donde se definen especies que se encuentran tanto en el altiplano como en zonas tropicales o que habitan en medios acu&aacute;ticos. Tenemos serpientes, tortugas, aves, crust&aacute;ceos, felinos, en fin, un bestiario que, unido al simbolismo de cada uno de ellos y el contexto en que fueron pintados, mucho nos dicen de su relaci&oacute;n con el hombre, sus mitos y sus necesidades. Por su parte, Fernando Guerrero habla de "La presencia del felino en la pintura mural de Cacaxtla". En este texto se revisan las distintas presencias tanto en atav&iacute;os como en otras expresiones. La combinaci&oacute;n de dos animales se hace patente en el Edificio A con aquella imagen de la serpiente&#45;jaguar que, como nos recuerda Guerrero, tambi&eacute;n la vemos en otros sitios como en el tablero del Templo del Sol en Palenque e inclusive en c&oacute;dices como el <i>Madrid.</i> Otras combinaciones de animales las vemos en el Templo Rojo, en donde se aprecia un sapo y una tortuga con manchas de felinos como el jaguar y el ocelote. Algo que hay que destacar es la predominancia del jaguar en las pinturas, felino que se asocia con el medio acu&aacute;tico y la fertilidad, seg&uacute;n el autor. Despu&eacute;s de compararlo con el puma, se&ntilde;ala que "el jaguar y no otro felino como el puma, formar&aacute; parte de las ideas ligadas a la fertilidad que se plasmaron en los murales del sitio. Las evidencias se encuentran de manera predominante en los murales del Edificio A y del Templo Rojo" (p. 513). No olvidemos, por otro lado, la asociaci&oacute;n del jaguar con la noche y otros aspectos como lo vemos en otras culturas.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tema muy relacionado con los anteriores en cuanto a organismos vivos es el estudio de David Michener acerca de las plantas. En el Templo Rojo vemos pintadas dos plantas que fueron fundamentales en el mundo mesoamericano: el cacao y el ma&iacute;z. De este &uacute;ltimo, cabe destacar los muros oriente y poniente en donde la mazorca se representa como cabeza humana atendiendo seguramente a la importancia del ma&iacute;z del que fue creado el hombre y tambi&eacute;n con la decapitaci&oacute;n ritual al momento de la recolecci&oacute;n de la gram&iacute;nea. Algo interesante es que al parecer en el muro Oeste se ve la mazorca en una fase temprana de maduraci&oacute;n en tanto que en el muro Este su desarrollo se ha completado. Otras plantas se detectan como es el caso de flores en el Edificio A junto con ma&iacute;z y algunas otras de dif&iacute;cil identificaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simon Martin dedica su participaci&oacute;n en este tomo a la relaci&oacute;n del Templo Rojo con los mayas. Tras la descripci&oacute;n de lo expresado en los murales, habla del mito del Se&ntilde;or del inframundo y el papel que juega el anciano mercader ataviado con piel de jaguar y su pesado fardo que descansa detr&aacute;s de &eacute;l. Acude al <i>Popol&#45;Vuh</i> para sustentar su interpretaci&oacute;n y ve la relaci&oacute;n entre el dios L en la figura del comerciante, el cacao, el ma&iacute;z y lo concerniente a la fertilidad y la regeneraci&oacute;n. Este personaje lleva frente a &eacute;l el glifo "4&#45;Perro", as&iacute; identificado por Elba Dom&iacute;nguez y Javier Urcid en el siguiente trabajo dedicado, precisamente, a lo que consideran el ascenso al poder de este personaje. Este sugerente art&iacute;culo analiza todo el conjunto y cada glifo e integran la presencia de los dos individuos de las pilastras del conjunto 2&#45;sub y otras m&aacute;s. Hablan del Cerro del Sustento y resulta interesante y digna de ser profundizada la interpretaci&oacute;n que hacen de todo el Conjunto 2&#45;sub y que sintetizan as&iacute;:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">son parte de un programa narrativo m&aacute;s grande y que suponemos tiene una estructura cuatripartita. El programa fue aparentemente comisionado por los sucesores de los gobernantes duales que mandaron pintar los murales del p&oacute;rtico en el Edificio A (9&#45;Lagarto y 13&#45;&Aacute;guila). No obstante, debido al estado incompleto del programa se conoce hasta ahora la identidad de 4&#45;Perro, es decir, el descendiente del linaje de la Casa del Cielo". M&aacute;s adelante agregan "El se&ntilde;or 4&#45;Perro y su contraparte fueron tambi&eacute;n los que comisionaron el mural en el recinto interior del Edificio A, as&iacute; como los paneles de barro modelado en el marco exterior de la entrada al recinto. Por lo tanto, los murales hasta ahora conocidos en Cacaxtla permiten reconstruir una secuencia din&aacute;stica de los l&iacute;deres de Cacaxtla que estuvieron a cargo de los asuntos externos de gobierno aproximadamente entre 650 y 750 d.C. (p. 604).</font></p>     </blockquote>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior nos lleva a la otra colaboraci&oacute;n de Urcid y Dom&iacute;nguez, dedicada, precisamente, a "La Casa de la Tierra, la Casa del Cielo: los murales en el Edificio A de Cacaxtla". Despu&eacute;s de hacer un breve recuento de las interpretaciones que se han hecho de los murales, advierten que es indispensable comentar su contexto arquitect&oacute;nico. En realidad, podemos considerar este art&iacute;culo como una continuaci&oacute;n del anterior, en donde se analizan aspectos relevantes que llevan a los autores a reafirmar la presencia de una dinast&iacute;a de dos linajes responsables del manejo externo del gobierno. El contexto arquitectura&#45;murales lo interpretan as&iacute;:</font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cin&eacute;tica del edificio y la aprehensi&oacute;n visual de los murales dirig&iacute;a a quienes entraban al edificio a pasar de un plano de los vivos (en el vest&iacute;bulo del p&oacute;rtico) a un plano ancestral (situado dentro del cerro y de las fauces abiertas del dios de la lluvia). As&iacute;, los usuarios se adentraban espacial y temporalmente al plano de los ancestros conforme acced&iacute;an al edificio". Y concluyen: "La localizaci&oacute;n de la estructura en relaci&oacute;n con la acr&oacute;polis, el flujo arquitect&oacute;nico para llegar a &eacute;l y sus presuntas funciones sugieren que los murales no fueron hechos para que un p&uacute;blico numeroso los viese. (p. 670).</font></p>     </blockquote>            <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A Teresa Uriarte y Erik Vel&aacute;squez corresponde intervenir con el siguiente trabajo que atiende lo referente al Mural de la Batalla. Aqu&iacute;, los investigadores presentan, despu&eacute;s de un detallado an&aacute;lisis de la escena apoyada en c&oacute;dices y otras manifestaciones mesoamericanas y tras valorar la importancia de Venus y el ma&iacute;z as&iacute; como diversos componentes asociados a ellos, una alternativa interpretativa de lo que puede significar el mural muy diferente a lo que desde el momento del hallazgo del mismo se ven&iacute;a pensando por parte de algunos estudiosos en cuanto a que se trataba de una escena b&eacute;lica. Veamos en palabras de los autores la manera en que plantean su idea:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">concluimos que no se trata de una batalla, sino de un ritual de sacrificio o a lo sumo de dos momentos diferentes, pero fusionados en uno: captura y sacrificio, donde las v&iacute;ctimas son Venus y el ma&iacute;z, aunque aceptamos que dicho ritual fue ejecutado por individuos hist&oacute;ricos que personificaban el planeta y el cereal, adem&aacute;s del Sol y la Luna. En t&eacute;rminos generales todos los fen&oacute;menos son de naturaleza liminar, pues tienen lugar en los crep&uacute;sculos, cuando no era de d&iacute;a ni de noche y s&iacute; un momento ideal para salir de cacer&iacute;a (captura), mientras que los hombres que hac&iacute;an las veces del ma&iacute;z transitaban entre la vida y la muerte" (p. 739).</font></p>     </blockquote>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo antes dicho tiene visos de veracidad si recordamos, adem&aacute;s de lo que investigaron Uriarte y Vel&aacute;squez, que varios combates se realizaban de manera ceremonial, como lo vemos entre los mexicas en la fiesta de <i>Tlacaxipehualiztli</i> o en no pocos rituales llevados a cabo en el interior del juego de pelota, campo de batalla ritual por excelencia, en donde, seg&uacute;n el car&aacute;cter del juego se pod&iacute;a llegar a la muerte de quienes perd&iacute;an. Otro aspecto relevante es lo relacionado con el momento ideal para ir al combate, para lo cual he planteado una hip&oacute;tesis que indica c&oacute;mo esto suced&iacute;a despu&eacute;s de la cosecha de plantas y de manera particular del ma&iacute;z, cuando se realiza el corte de la mazorca o su equivalente simb&oacute;lico: la decapitaci&oacute;n ceremonial del cereal que representa cabezas humanas. En ese momento, las fuerzas de la Triple Alianza iban al combate, hacia los meses de octubre y noviembre o comienzos de la temporada de secas, con la ventaja de que los silos enemigos estaban llenos despu&eacute;s de la cosecha. El movimiento solar indicaba el camino al combate al inclinarse m&aacute;s al Sur, de ah&iacute; que su dios solar y de la guerra, Huitzilopochtli, marcaba este momento y no es de extra&ntilde;ar que su fiesta principal fuera, precisamente, en el mes de <i>Panquetzaliztli</i> a principios de diciembre, cuando se efectuaba el sacrificio de cautivos y esclavos.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tomo III termina con el escrito de Mar&iacute;a Olvido Moreno dedicado al estudio de los diferentes escudos &#45;18 en total&#45;, que est&aacute;n pintados en los muros de Cacaxtla. El t&iacute;tulo del cap&iacute;tulo ya nos hace ver que se trata de escudos rituales y no de los utilizados en las guerras, lo que en cierto sentido viene a reforzar la idea planteada por Uriarte y Vel&aacute;squez al que ya nos hemos referido. Mar&iacute;a Olvido acude a las fuentes hist&oacute;ricas y nos presenta aspectos como las t&eacute;cnicas de elaboraci&oacute;n, las plumas, el trabajo en oro, etc&eacute;tera que acompa&ntilde;a a los escudos y los compara con algunos otros que conocemos por medio de la cer&aacute;mica, los c&oacute;dices y algunos que se han conservado hasta nuestros d&iacute;as. Se&ntilde;ala la investigadora a manera de resumen en lo que concierne al estilo tecnol&oacute;gico de los escudos de Cacaxtla:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de escudos con la superficie del anverso forrada o cubierta de papel, cuero o textiles, te&ntilde;idos o pintados, con remate perimetral dividido en dos secciones, una superior y otra inferior. Los colgantes, lagos o cortos, pueden estar conformados por plumas completas o cortadas, tiras de cuero, textiles o papeles plegados, listones, gu&iacute;as de borlas de plumas o de una combinaci&oacute;n de estos. Su estructura interior posiblemente es de madera cubierta en su reverso con cuero y con empu&ntilde;adura de una tira ancha del mismo material &#91;...&#93; (p. 775).</font></p>     </blockquote>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&iacute;dos los dos tomos de la pintura mural de Cacaxtla puedo asegurar que ning&uacute;n art&iacute;culo sobra, por el contrario, todos se complementan entre s&iacute; para darnos un panorama global de lo que son y significan estas presencias pict&oacute;ricas, si bien hay ideas divergentes en aspectos espec&iacute;ficos, lo cual invita a la meditaci&oacute;n. El magn&iacute;fico acompa&ntilde;amiento de fotograf&iacute;a, dibujos e im&aacute;genes complementan de manera sorprendente lo expresado por los autores. Mucho de lo tratado por los diferentes especialistas abre diversas posibilidades de investigaci&oacute;n a futuro dentro de los campos del conocimiento que cada uno maneja. Ricos en informaci&oacute;n y discusiones s&oacute;lidas, los temas forman un conjunto impresionante de datos que vienen a ampliar en mucho lo que sabemos de Cacaxtla en particular y del epicl&aacute;sico en general. Considero que este sitio es, por decirlo as&iacute;, una llave imprescindible para conocer mejor el centro de M&eacute;xico y su relaci&oacute;n a otras regiones mesoamericanas contempor&aacute;neas pero tambi&eacute;n las tradiciones que vienen del pasado y la manera en que se proyectan a culturas posteriores.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, creo que hay un gran ausente: un estudio est&eacute;tico a fondo. Un an&aacute;lisis de la obra desde esta perspectiva nos revelar&iacute;a lo relativo a la composici&oacute;n, movimiento de las figuras, ritmo de las escenas, en fin, todo aquello que nos diga de las esencias y caracter&iacute;sticas propias de estas manifestaciones buscando los componentes internos de los distintos murales dentro del contexto en que se encuentran y su comparaci&oacute;n con manifestaciones similares dentro del &aacute;mbito mesoamericano. La ausencia de citas de destacados estudiosos de la est&eacute;tica del pasado pareciera confirmar lo dicho.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>              <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1 Eduardo Matos Moctezuma, "Los aztecas y su relaci&oacute;n con el Sur", en <i>La cultura Mezcala y el Templo Mayor,</i> M&eacute;xico, Museo del Templo Mayor, INAH, p. 49&#45;58, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3506987&pid=S0071-1675201400010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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