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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Federico Navarrete Linares, <i>El origen de los pueblos del Valle de M&eacute;xico. Los alt&eacute;petl y sus historias</i></b><i></i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Gabriel Kenrick Kruell</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 2011 (Serie Cultura N&aacute;huatl, Monograf&iacute;as, 33)</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace cuarenta a&ntilde;os el eminente estudioso de las culturas mesoamericanas Alfredo L&oacute;pez Austin, hablando de las historias de la migraci&oacute;n mexica en su ya cl&aacute;sico ensayo <i>Hombre&#45;dios,</i> dej&oacute; a todos sus seguidores un reto dif&iacute;cil que cumplir: "Queden por lo pronto estas relaciones puramente hipot&eacute;ticas, en espera de un estudio m&aacute;s profundo de la peregrinaci&oacute;n de los mexicas; estudio, por otra parte, muy necesario, que espero sea adecuadamente abordado por alg&uacute;n investigador en fecha pr&oacute;xima".<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tuvieron que transcurrir casi tres d&eacute;cadas para que se viera finalmente reflejado el deseo de L&oacute;pez Austin en la tesis de doctorado de Federico Navarrete Linares y una d&eacute;cada m&aacute;s para que esta tesis se publicara como libro en la prestigiosa Serie de Cultura N&aacute;huatl del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la UNAM. El resultado, que me atrevo a decir supera las expectativas, vali&oacute; sin duda alguna la larga espera.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n m&aacute;s clara por la cual el libro de Federico Navarrete rebasa las esperanzas de los que nos ocupamos de la historia del M&eacute;xico antiguo es el hecho de que no trata s&oacute;lo de la migraci&oacute;n y la consecuente fundaci&oacute;n del <i>altepetl</i> m&aacute;s conocido de los antiguos nahuas, Mexico Tenochtitlan, sino que abre un horizonte nuevo sobre las historias de varias otras entidades pol&iacute;ticas que surgieron en el Valle de M&eacute;xico en el curso de per&iacute;odo Poscl&aacute;sico, como fueron los tetzcocanos, los chalcas, los colhuacanos, la gente de Cuauhtitlan y los mexicas tlatelolcas. El n&uacute;mero de fuentes hist&oacute;ricas presentadas por el autor para la interpretaci&oacute;n de las migraciones y de las fundaciones de todos estos pueblos nahuas del centro de M&eacute;xico es muy vasto, sumando m&aacute;s de cuarenta. Se trata de historias compuestas en los primeros dos siglos coloniales, XVI y XVII, algunas escritas por historiadores bien conocidos, como Tezoz&oacute;moc, Chimalp&aacute;in e Ixtlilx&oacute;chitl, y otras producidas por an&oacute;nimos, pero siempre bas&aacute;ndose en las tradiciones orales y los libros pictogr&aacute;ficos que remontaban a la &eacute;poca prehisp&aacute;nica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra virtud fundamental de la obra de Federico Navarrete es sin lugar a duda su visi&oacute;n "polif&oacute;nica" de las historias nahuas, idea retomada del cr&iacute;tico literario ruso Mija&iacute;l Bajt&iacute;n. Como bien se&ntilde;ala el autor, su trabajo no consiste en una reducci&oacute;n de la pluralidad y heterogeneidad de las fuentes nahuas a una verdad hist&oacute;rica un&iacute;voca y al discurso monol&oacute;gico del historiador profesional, sino en un di&aacute;logo que intenta negociar una verdad compartida entre los hombres del presente y aquellos del pasado. Eso se logra si dejamos a un lado viejas dicotom&iacute;as acad&eacute;micas, que buscan distinguir en los discursos sobre el pasado lo verdadero de lo falso, lo inventado de lo real, lo m&iacute;tico de lo hist&oacute;rico, y si tratamos las historias nahuas como puntos de vista alternativos sobre la realidad, que no tienen que ser subordinados a nuestra idea moderna y cient&iacute;fica de verdad. Un ejemplo de la actitud "polif&oacute;nica" de los autores nahuas y de la manera en la cual conviv&iacute;an las tradiciones hist&oacute;ricas de diferentes <i>altepetl,</i> e inclusive de diferentes grupos &eacute;tnicos en su interior, se desprende de la obra historiogr&aacute;fica del historiador Domingo Chimalp&aacute;in: este descendiente de la nobleza de Chalco Amaquemecan, nos dej&oacute; un corpus muy amplio de obras hist&oacute;ricas en las cuales ning&uacute;n <i>altepetl</i> es presentado de manera aislada, sino en una compleja y diversificada red de interrelaciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo primero de este libro, adem&aacute;s de introducir el concepto fundamental de "polifon&iacute;a", que instaura un di&aacute;logo en nivel de igualdad entre pasado y presente, presenta un interesante cuadro de algunas fundamentales categor&iacute;as pol&iacute;ticas nahuas, como <i>"altepetl",</i> "tolteca", "chichimeca" y "bien cultural", sin las cuales ser&iacute;a imposible entender la naturaleza de las historias de los antiguos pueblos nahuas. En el caso del t&eacute;rmino <i>altepetl,</i> es importante destacar su antig&uuml;edad y su complejidad, que reun&iacute;a en un s&iacute;mbolo poderos&iacute;simo, el "cerro&#45;agua", significados pol&iacute;ticos, sociales, econ&oacute;micos y religiosos trascendentales. La d&iacute;ada tolteca&#45;chichimeca, lejos de representar la oposici&oacute;n excluyente y progresiva entre civilizado y b&aacute;rbaro, como lo interpretaron los primeros europeos que entraron en contacto con el mundo mesoamericano y como lo siguen asumiendo muchos investigadores actuales, constitu&iacute;a una complementariedad indispensable en el pensamiento y la praxis de los pueblos de Mesoam&eacute;rica entre un estilo de vida n&oacute;mada, perfectamente adaptado a sistemas ecol&oacute;gicos des&eacute;rticos y monta&ntilde;osos, y otro sedentario y dedicado a la explotaci&oacute;n de los recursos pantanosos y lacustres. Por "bien cultural", el autor entiende as&iacute; todo tipo de artefacto, pr&aacute;ctica y caracter&iacute;stica que distingue lo tolteca de lo chichimeca en el mundo n&aacute;huatl, como por ejemplo las construcciones monumentales en piedra, la pr&aacute;ctica del sacrificio humano y el uso de la lengua n&aacute;huatl, bienes culturales toltecas que se distingu&iacute;an del arco y la flecha, del sacrificio de animales y del uso de lenguas diversas del n&aacute;huatl, bienes culturales chichimecas. Como se demuestra a lo largo de toda esta obra, el intercambio de algunos bienes culturales toltecas y chichimecas entre los pueblos nahuas se daba en ambas direcciones y significaba una acumulaci&oacute;n, no una eliminaci&oacute;n de la anterior identidad tolteca o chichimeca. Adem&aacute;s este intercambio cultural era una estrategia fundamental de integraci&oacute;n pol&iacute;tica y adquisici&oacute;n de un estatus de prestigio.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo segundo del libro es especialmente importante porque re&uacute;ne una serie de reflexiones sobre las formas y las condiciones en las cuales se crearon las historias nahuas en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica y se modificaron posteriormente en la &eacute;poca colonial. Federico Navarrete define as&iacute; un conjunto particular de instituciones sociales de los pueblos nahuas, las "tradiciones hist&oacute;ricas", las cuales eran:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">encargadas de conservar y transmitir las historias de sus alt&eacute;petl que ten&iacute;an toda una serie de reglas y pr&aacute;cticas que determinaban qui&eacute;nes pod&iacute;an conocerlas, modificarlas y transmitirlas, antes qui&eacute;nes y en qu&eacute; contextos pod&iacute;an ser representadas, y qu&eacute; formas literarias deb&iacute;an asumir estos relatos que combinaban siempre la tradici&oacute;n oral con la representaci&oacute;n escrita, as&iacute; como cu&aacute;les eran sus mecanismos para distinguir lo verdadero de lo falso.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     </blockquote>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de las reglas y pr&aacute;cticas que reg&iacute;an la producci&oacute;n, modificaci&oacute;n y trasmisi&oacute;n de las tradiciones hist&oacute;ricas, hay que decir que sus principales conocedores y usuarios eran los nobles de los linajes que gobernaban los diferentes <i>altepetl</i> del Valle de M&eacute;xico. Las historias ten&iacute;an una importante funci&oacute;n legitimadora y eran dirigidas tanto a la nobleza interna de los pueblos como a las elites externas. Eran celosamente preservadas por las familias nobles, ampliadas y heredadas generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n como un legado, en n&aacute;huatl, <i>pialli,</i> que era garant&iacute;a de la sobrevivencia del grupo gobernante y, por extensi&oacute;n, de todo el <i>altepetl.</i> Es posible inclusive que estas historias, registradas en manuscritos pictogr&aacute;ficos, fueran resguardadas en los lugares p&uacute;blicos de ejercicio del poder, como los <i>tecpan.</i> Los derechos exclusivos de un linaje gobernante sobre su tradici&oacute;n hist&oacute;rica se defin&iacute;an en contraposici&oacute;n a otros <i>altepetl</i> rivales, como en el caso de Tenochtitlan frente a Tlatelolco, y es probable que las pretensiones autoritarias del linaje principal estuvieran amenazadas o fueran cuestionadas por entidades &eacute;tnicas subordinadas, como los diversos <i>calpolli</i> que integraban los <i>altepetl.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, las tradiciones hist&oacute;ricas nahuas ten&iacute;an dos vertientes esenciales: la tradici&oacute;n oral y el registro pictogr&aacute;fico, el cual inclu&iacute;a al mismo tiempo im&aacute;genes ic&oacute;nicas y signos fon&eacute;ticos, trazados y pintados sobre soportes de papel o piel. La presentaci&oacute;n de las tradiciones hist&oacute;ricas frente a un auditorio, que Federico Navarrete llama "escenificaci&oacute;n", conjugaba con toda probabilidad ambas vertientes, a trav&eacute;s de la dramatizaci&oacute;n de la palabra frente al p&uacute;blico y mediante la acci&oacute;n de mostrar im&aacute;genes. Estas escenificaciones ten&iacute;an lugar en momentos solemnes, durante los cuales la gente se reun&iacute;a rememorando y reviviendo las gestas que hab&iacute;a dado origen a su <i>altepetl.</i> El discurso oral y el discurso visual se complementaban as&iacute; de una forma en la cual uno no se subordinaba al otro, ya que la imagen mostraba muchos detalles y alud&iacute;a a varios elementos que la palabra no pod&iacute;a describir de manera sint&eacute;tica, mientras que la palabra expresaba aspectos dif&iacute;cilmente traducibles en im&aacute;genes, como los discursos de los personajes.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del cap&iacute;tulo tercero al s&eacute;ptimo, el autor expone e interpreta en una visi&oacute;n panor&aacute;mica las historias nahuas a trav&eacute;s de todos los conceptos te&oacute;ricos discutidos en los dos cap&iacute;tulos anteriores. As&iacute;, en el cap&iacute;tulo tercero trata de los lugares de origen, como Aztlan, Chicom&oacute;ztoc y Colhuacan, proponiendo que sitios como Chicom&oacute;ztoc y Tollan pueden ser entendido como top&oacute;nimos "predicativos", es decir locativos que se aplicaban a diferentes lugares de origen para indicar ciertas caracter&iacute;sticas comunes, como el ser lugares silvestres o civilizados, en los que los pueblos asum&iacute;an un cierto grado de identidad chichimeca o tolteca. En el cap&iacute;tulo cuarto, se discute el significado de la migraci&oacute;n mexica de Aztlan a Chapolt&eacute;pec, enfatizando la pretensi&oacute;n de unicidad de los mexicas frente a los otros pueblos del Valle de M&eacute;xico. A trav&eacute;s de sus historias, los mexicas presum&iacute;an haber sido los &uacute;ltimos en llegar, fundar su <i>altepetl</i> y conquistar todas las tierras a su alrededor, pero, al contrario de otros <i>altepetl,</i> daban muy poca importancia a la construcci&oacute;n de complejas redes pol&iacute;ticas y al intercambio de bienes culturales. Precisamente el intercambio de bienes culturales entre toltecas y chichimecas es analizado con lujo de detalles en el cap&iacute;tulo quinto, en el cual resultan muy claras las relaciones pol&iacute;ticas entre dos pueblos de origen chichimeca, Cuauhtitlan y Tetzcoco, por otra parte Colhuacan, el m&aacute;s importante y antiguo <i>altepetl</i> tolteca del Valle de M&eacute;xico. El desarrollo hist&oacute;rico del pueblo de Chalco merece ser tratado aparte en el cap&iacute;tulo sexto, por la complejidad de su estructura pol&iacute;tica y por el gran detalle con el cual lo describi&oacute; el historiador chalca Domingo Chimalp&aacute;in en sus numerosas obras. Para terminar la descripci&oacute;n del origen del <i>altepetl</i> de Mexico Tenochtitlan, el cap&iacute;tulo s&eacute;ptimo retoma el an&aacute;lisis de la migraci&oacute;n mexica en su larga estancia en Chapolt&eacute;pec, donde hab&iacute;a sido interrumpido en el cap&iacute;tulo tercero, y examina las etapas y los rituales previos a la fundaci&oacute;n de Tenochtitlan, que significaban la apropiaci&oacute;n y humanizaci&oacute;n del territorio.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mi manera de ver, una de las aportaciones m&aacute;s interesantes de este libro es la introducci&oacute;n en el an&aacute;lisis historiogr&aacute;fico la noci&oacute;n de "cronotopo", que como aquel de "polifon&iacute;a" es tomado en pr&eacute;stamo de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n. Este concepto resulta muy &uacute;til para describir las formas en la cuales se constru&iacute;an los relatos hist&oacute;ricos de los diferentes pueblos del centro de M&eacute;xico. Federico Navarrete encuentra por los menos dos cronotopos en las historias mexicas: aquel de la migraci&oacute;n, que define el viaje temporal y espacial que se origina en Aztlan y tiene su culminaci&oacute;n en la fundaci&oacute;n de Mexico Tenochtitlan, y aquel del per&iacute;odo imperial, en el cual el espacio se fija en el centro sagrado de la ciudad y la progresi&oacute;n temporal se define por la constante ampliaci&oacute;n del Templo Mayor y de los l&iacute;mites territoriales del imperio hacia los cuatro rumbos del cosmos. Tambi&eacute;n el an&aacute;lisis de las historias producidas en Tetzcoco, como el famos&iacute;simo <i>C&oacute;dice X&oacute;lotl,</i> permite definir un cronotopo propiamente tetzcocano, en el cual el mismo territorio, en este caso la cuenca lacustre de M&eacute;xico, es representado en diversas l&aacute;minas que constituyen sucesivos lapsos temporales, durante los cuales se desenvuelven los diferentes linajes chichimecas capitaneados por X&oacute;lotl, apropi&aacute;ndose del territorio e interactuando con los anteriores moradores toltecas. Las reglas de los cronotopos que determinaban c&oacute;mo deb&iacute;an construirse las historias mexicas y tetzcocanas, constitu&iacute;an tambi&eacute;n un elemento importante de identificaci&oacute;n &eacute;tnica y un criterio de veracidad a los ojos de la nobleza que custodiaba las tradiciones hist&oacute;ricas. Adem&aacute;s, estas normas daban sentidos muy diferentes a las narraciones hist&oacute;ricas: si en el caso mexica enfatizaban la unidad y la exclusividad &eacute;tnica y no daba mucha importancia a la historia de los numerosos grupos que se separaban de los mexicas durante la migraci&oacute;n, por el contrario, el cronotopo tetzcocano permit&iacute;a narrar al mismo tiempo muchas historias paralelas y la dispersi&oacute;n de los linajes chichimecas originados por X&oacute;lotl en toda la cuenca de M&eacute;xico y m&aacute;s all&aacute;.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el espacio de esta breve rese&ntilde;a es imposible dar cuenta de las innumerables contribuciones de esta monumental monograf&iacute;a de m&aacute;s de quinientas p&aacute;ginas. S&oacute;lo nos queda hacer la recomendaci&oacute;n a todos quienes se interesan en la historia y la cultura n&aacute;huatl para que se sumerjan en la lectura del presente libro, que a la rigurosidad del estudio acad&eacute;mico a&uacute;na un estilo narrativo muy entretenido y entabla, adem&aacute;s, un sugestivo di&aacute;logo entre las voces de los antiguos nahuas y la del propio autor.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>             <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1 Alfredo L&oacute;pez Austin, <i>Hombre&#45;dios: religi&oacute;n y pol&iacute;tica en el mundo n&aacute;huatl,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1973 (Serie Cultura N&aacute;huatl, Monograf&iacute;as, 15) p. 104.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3446179&pid=S0071-1675201400010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>             <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2 Federico Navarrete Linares, <i>El origen de los pueblos del valle de M&eacute;xico. Los alt&eacute;petl y sus historias,</i> p. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3446181&pid=S0071-1675201400010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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