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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alfredo L&oacute;pez Austin, <i>El conejo en la cara de la luna</i></b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Matos Moctezuma</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Mexico, Editorial Era/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2012.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Ensayos sobre mitolog&iacute;a de la tradici&oacute;n mesoamericana</i> es el subt&iacute;tulo que acompa&ntilde;a a este libro. Los ensayos que lo forman cubren una amplia gama de aspectos relacionados no s&oacute;lo con el mundo prehisp&aacute;nico, sino tambi&eacute;n con mitolog&iacute;as actuales que vemos cotidianamente en diversos contextos humanos de nuestro pa&iacute;s. El autor re&uacute;ne en dieciocho cap&iacute;tulos breves una serie de mitos procedentes, a su vez, de diferentes lugares de lo que hoy es M&eacute;xico. Una breve introducci&oacute;n lleva el nombre de "Al principio, el Diluvio", que nos remonta a la traducci&oacute;n hecha por Agust&iacute; Bartra de <i>La epopeya de Gilgamesh,</i> originalmente publicada por la Sociedad de Alumnos de la ENAH en 1963. Empezar con el tema del diluvio en las diversas versiones no es fortuito. As&iacute;, la versi&oacute;n sumeria, la del Cor&aacute;n, la b&iacute;blica y la posterior influencia de &eacute;sta en las diversas culturas mesoamericanas a partir de la conquista, cada una con las particularidades que cada pueblo le imprime, son del inter&eacute;s de L&oacute;pez Austin por darnos a conocer la inmensa capacidad de los mitos y su universalidad, pero tambi&eacute;n su particularidad y permanencia en el tiempo, que no s&oacute;lo queda como una de las grandes "conquistas del hombre", sino que contin&uacute;a presente con gran fuerza, o como dice el autor: "viva, en funciones". Y exclama "&iexcl;Prodigiosa historia la de los mitos!" y no es para menos. A trav&eacute;s de ellos el hombre expresa su poder creador. Eso fue lo que lo llev&oacute; a escribir, entre 1990 y 1992, para <i>M&eacute;xico Ind&iacute;gena</i> primero y para <i>Ojarasca</i> despu&eacute;s, estos dieciocho ensayos acerca de mitos mesoamericanos de ayer y de hoy.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de estos ensayos atiende al t&iacute;tulo del libro, cuya edici&oacute;n original sali&oacute; en 1994 bajo los auspicios del Conaculta y el INI y la actual por parte de ERA y el INAH. En &eacute;l, el autor evoca una imagen budista del templo japon&eacute;s de Yota realizada en 1407 de una deidad que en sus manos lleva una luna que muestra, "agazapada, una liebre". De inmediato pasa a analizar con detalle la presencia del conejo plasmado en la luna seg&uacute;n el pensamiento de los pueblos mesoamericanos. Para ello acude a mitos tan importantes como aquel que nos relata el surgimiento del Quinto Sol en Teotihuacan y la manera en que se golpe&oacute; con un conejo el rostro de Tecucizt&eacute;catl, con lo que se consigui&oacute; que su luz quedara disminuida. Pero esta presencia del animal atiende muchos otros aspectos: guarda relaci&oacute;n con la vida diaria, cotidiana; con los ritos y con el funcionamiento del cuerpo, entre otras cosas. Sabemos de la relaci&oacute;n fase lunar&#45;menstruaci&oacute;n&#45;mujer, pero tambi&eacute;n vemos mitos en que diversos pueblos actuales hablan del porqu&eacute; la luna tiene menor luminosidad que el sol, como ocurre entre chinantecos de Oaxaca o los tzeltales de Pinola en Chiapas, ambos con su propia interpretaci&oacute;n. Pero el asunto de las aventuras m&iacute;ticas debe llevar a concepciones m&iacute;ticas de mayor profundidad como ver el origen de la diferencia de brillo del sol y la luna; el origen del cambio de quien tiene m&aacute;s poder inicial y final: el dios rico y sano sobre el dios enfermo y pobre o, al rev&eacute;s, el sol sobre la luna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volvemos a encontrarnos con el tema de la luna en el apartado X, dedicado al "Eclipse". En &eacute;l, L&oacute;pez Austin menciona fuentes documentales como la de fray Bernardino de Sahag&uacute;n, en donde vemos el temor que se tiene cuando este fen&oacute;meno se presenta pero, algo muy importante, una vez m&aacute;s la relaci&oacute;n con la mujer: el franciscano se&ntilde;ala que las mujeres embarazadas no deb&iacute;an de observar un eclipse lunar o solar, ya que el hijo podr&iacute;a convertirse en rat&oacute;n o nacer con labio leporino, la nariz cortada o los labios torcidos, bizcos o con el rostro tullido y el cuerpo podr&iacute;a ser monstruoso o imperfecto. A continuaci&oacute;n nuestro autor cita a Sahag&uacute;n y hace ver la actitud que se tomaba ante este fen&oacute;meno, ya que los hombres lloraban, gritaban, se hac&iacute;an sacrificios diversos y dec&iacute;an: "Si acabase, si fuese comido el Sol, todo oscurecer&aacute; para siempre; vendr&aacute;n a bajar los &#91;monstruos llamados&#93; <i>tzitzimime;</i> vendr&aacute;n a comer hombres" (p. 88).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y acto seguido Alfredo nos relata lo que Manuel Arias Chojom le dijo a la etn&oacute;loga Calixta Guiteras en mayo de 1953 en San Pedro Chenalh&oacute;, Chiapas, que en mucho recuerda lo dicho por el fraile en relaci&oacute;n a los nahuas del centro de M&eacute;xico. Esto dijo el informante: "Al eclipse se la llama <i>poslob.</i> Nos muestra c&oacute;mo ser&iacute;a la muerte de la Luna. Si la Luna muere, morir&aacute;n muchas mujeres. Los hombres lloran pensando en sus mujeres y sus hijas. Las mujeres lloran m&aacute;s a&uacute;n. He visto a mi madre llorando, hincada, rezando, en tanto nosotros toc&aacute;bamos palos y tablas haciendo ruido grande. Dej&aacute;bamos solo de tocar cuando se aclaraba la Luna". A todo esto, L&oacute;pez Austin se&ntilde;ala:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez la raz&oacute;n expuesta por Manuel Arias Sojom no sea suficiente dentro de una muy compleja cosmovisi&oacute;n que implica relaciones m&aacute;s intrincadas y m&uacute;ltiples, pero es una buena manifestaci&oacute;n de b&uacute;squeda de un v&iacute;nculo de causa&#45;efecto en un campo del saber al que muchos estudiosos han negado este tipo de explicaci&oacute;n l&oacute;gica. En el mundo de las creencias &#45;dicen ciertos te&oacute;ricos&#45; es la fe la que produce la certeza. Con frecuencia esta afirmaci&oacute;n es el fruto de un total desconocimiento antropol&oacute;gico (p. 91).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De inmediato trata lo relativo al labio leporino y nos recuerda que la luna es un recipiente que retiene su propio l&iacute;quido: "Guarda en la estaci&oacute;n de secas; vierte en la de lluvias", nos dice (p. 92). Pero el labio de conejo se produce por la acci&oacute;n de la sustancia lunar y por eso se recomendaba a la mujer pre&ntilde;ada "no ve&aacute;is la luna. Ser&aacute;n enfermizos, o quiz&aacute; tendr&aacute;n labios leporinos vuestros hijos" (p. 95). El car&aacute;cter de recipiente de la luna est&aacute; representado en diversas pictograf&iacute;as antiguas y en ella se aprecia el l&iacute;quido interior y la figura del conejo o de un cuchillo de pedernal. Es interesante lo que nos dice el autor al recordarnos lo que reporta Neuenswander que, entre los ach&iacute;es, se expresa con la mano la temporada de secas y de lluvia, al colocarla en el primer caso con el &iacute;ndice y el pulgar viendo hacia arriba (remedando la figura de una vasija), o con el &iacute;ndice arriba y el pulgar hacia abajo para indicar que vierte agua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo esto, observamos nuevamente la estrecha relaci&oacute;n entre mujer&#45;luna&#45;embarazo, pero tambi&eacute;n con la noche y las estrellas. Podemos ver lo anterior en otras religiones como el catolicismo, en donde la v&iacute;rgen Mar&iacute;a, en cualquiera de sus advocaciones, por lo general est&aacute; asociada a la luna y su manto se decora con estrellas a la vez que la envuelve la opacidad nocturna, en tanto que a deidades masculinas como Cristo m&aacute;s bien les corresponde una connotaci&oacute;n solar y diurna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los temas van apareciendo en cada ensayo y en cada uno de ellos podemos constatar la riqueza de informaci&oacute;n y la variedad de los mismos. Podemos abrir el libro en cualquiera de sus dieciocho cap&iacute;tulos ya que no guardan un orden estricto entre s&iacute;, s&oacute;lo el com&uacute;n denominador de provenir principalmente de comunidades y de su observaci&oacute;n cotidiana. De esta manera, por ejemplo, podemos leer el relato del ensayo XII dedicado al tlacuache. Con el tema Alfredo se gan&oacute; el t&iacute;tulo, como &eacute;l dice, de "tlacuach&oacute;logo". Y es que el animal posee toda una serie de caracter&iacute;sticas entre las que se encuentran su relaci&oacute;n con el pulque y con la luna, como lo recuerda un relato que le cont&oacute; al autor don Jes&uacute;s Mazzo N&aacute;jar en Culiac&aacute;n en noviembre de 1990. Lo que llam&oacute; la atenci&oacute;n inmediata de Alfredo fue que en las noches un viajero puede toparse con un tlacuache y &eacute;ste se yergue y enrosca su cola. Esto lo relaciona con el "torzal" que aparece en la nariz de figuras prehisp&aacute;nicas del animal y tambi&eacute;n en la de algunos dioses de la lluvia que han sido encontrados en las ofrendas del Templo Mayor mexica. La importancia del torzal estriba en que representa el camino que recorren los dioses y sus influencias, y agrega "Estas influencias formaban el tiempo" (p. 110). La siguiente cita nos aclara sobre el particular:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se cre&iacute;a en la antig&uuml;edad que fuerzas divinas, procedentes tanto del cielo como del inframundo, llegaban a la superficie de la tierra girando en forma helicoidal por caminos que eran torzales, incluidos en los cuatro troncos de los cuatro &aacute;rboles sagrados de los extremos del mundo. Los dioses situados en estos cuatro rincones c&oacute;smicos (en el caso particular los tlaloque o se&ntilde;ores de la lluvia) pod&iacute;an lucir en su propio cuerpo el distintivo del torzal. El tlacuache, por su parte, llevaba el torzal porque &eacute;l era su autor. En los mitos, el tlacuache no solo roba el fuego y el pulque, sino que produce la forma helicoidal del camino (p. 112).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">He aqu&iacute; un buen ejemplo de c&oacute;mo una obsesi&oacute;n, en este caso por el tlacuache, nos lleva al conocimiento de una informaci&oacute;n que viene a arrojar luces en el campo de la mitolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero sigamos buscando en este libro aspectos de suyo importantes. All&iacute; est&aacute; el apartado II con el tema de "Mitos y nombres", en donde se hace referencia a uno de los grandes pioneros del estudio mitol&oacute;gico: James George Frazer. Con su libro <i>La rama dorada,</i> Frazer aport&oacute; bases para el estudio de las religiones, si bien, como advierte L&oacute;pez Austin, estos estudios se han apartado de la concepci&oacute;n universalista de Frazer, tambi&eacute;n es cierto que el libro sigue siendo referente obligado para quien desee penetrar en el pensamiento de las sociedades humanas. Lo interesante del tema es que Frazer en su momento y L&oacute;pez Austin ahora tratan acerca del ocultamiento de los nombres verdaderos por otros ficticios para evitar da&ntilde;os personales. Nuestro autor extiende esto a Mesoam&eacute;rica y hace ver c&oacute;mo entre los nahuas hab&iacute;a el nombre calend&aacute;rico, el nombre verdadero y hasta apodos para designar a determinado individuo. A continuaci&oacute;n relata varios ejemplos de la manera en que se adjudic&oacute; el nombre al sol o a Jesucristo quien, por cierto, representa a aqu&eacute;l. Uno de los mitos fue relatado por Jes&uacute;s Renter&iacute;a en agosto de 1972. Se trata de un mito Huichol que habla del nacimiento del Sol, y dice que con el primer amanecer los animales estaban admirados de aquel acontecimiento y especulaban sobre el nombre que se asignar&iacute;a a quien alumbrar&iacute;a desde el cielo. Fue el guajolote quien se atrevi&oacute; a mencionar el nombre de "Sol". De inmediato los otros animales le colgaron del cuello la piel de una serpiente y desde entonces el guajolote tiene los colgajos que lo caracterizan. El relato contin&uacute;a con la intervenci&oacute;n de la codorniz y el conejo, quienes tambi&eacute;n hab&iacute;an dicho el nombre de "Sol", por lo que temerosos huyeron ocult&aacute;ndose entre los zarzales, pero fueron alcanzados y se les arranc&oacute; la cola, por lo que a partir de ese momento aquel ap&eacute;ndice qued&oacute; disminuido. Otro mito es contado por los actuales mixes de Oaxaca, en el que se comenta que al instante de nacer Cristo (el sol), solamente el gallo cant&oacute; anunciando su nacimiento mientras que el burro, que estaba dormido, apenas logr&oacute; emitir una especie de quejido y desde entonces esa es su peculiar forma de expresarse. Otro relato que alude al nacimiento del ni&ntilde;o Jes&uacute;s y a su nombre fue relatado en la Sierra de Puebla. En &eacute;l, el tlacuache vuelve a aparecer portando el fuego que hab&iacute;a robado para calentar al ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, pero se percat&oacute; de que su cola se hab&iacute;a encendido por el fuego y entonces grit&oacute;: "&iexcl;Ah, Jes&uacute;s! &iexcl;Ah Jes&uacute;s!", con lo que se dio nombre al ni&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del libro se atienden mitos de creaci&oacute;n como el de los soles cosmog&oacute;nicos; o aquel que habla del cacao como una bebida costosa, temible, enervante, nutritiva y fr&iacute;a. Tambi&eacute;n leemos acerca del "Milagro del &aacute;guila y el nopal", en el que considera que la oposici&oacute;n principal se dio, precisamente, en la dualidad &aacute;guila/nopal. Pero tambi&eacute;n advierte c&oacute;mo para el origen de la ciudad de Tenochtitlan est&aacute; presente la oposici&oacute;n agua/ fuego, evidente en su edificio principal, el Templo Mayor de la ciudad tenochca. Dice L&oacute;pez Austin: "En M&eacute;xico Tenochtitlan &#45;y as&iacute; ocurri&oacute; en otros centros pol&iacute;tico&#45;religiosos&#45; la oposici&oacute;n del agua y del fuego qued&oacute; plasmada en la pir&aacute;mide mayor, edificio templario en cuya c&uacute;spide se erigieron dos capillas, una dedicada al dios del sol y de la guerra, otra a Tl&aacute;loc, dios de la lluvia"(p. 77). Y agrega p&aacute;ginas adelante: "En el nombre mismo de la ciudad quedaba sellado el pacto: era el lugar del &iacute;gneo dios Mexi; pero tambi&eacute;n el del acu&aacute;tico T&eacute;noch" (p. 79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pretendo de ninguna manera referirme a todos y cada uno de los relatos que vienen en el libro; ser&iacute;a tarea imposible en el corto espacio de una rese&ntilde;a del mismo. Solamente he querido dar una idea general de sus varios apartados y que, pese al tiempo transcurrido desde que sali&oacute; la primera edici&oacute;n, no pierde actualidad y conserva la fluidez de la descripci&oacute;n y la trascendencia de su contenido</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro, pleno de sabidur&iacute;a popular y lleno de sabidur&iacute;a del autor, nos lleva de la mano para penetrar en el pensamiento l&oacute;gico y estructurado de quienes a&uacute;n no han perdido la capacidad de observar la naturaleza circundante y aprehender de ella las mil posibilidades que encierra y transformarla en mito. El hombre que llamamos "civilizado" se basa en la ciencia para conocer el mundo que lo rodea, pero ha perdido la capacidad rica, creadora, de penetrar en las esencias abismales para explicarse, por un momento, el simple y complicado surgimiento de una planta o el movimiento constante del universo...</font></p>      ]]></body>
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