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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Estudios cl&aacute;sicos</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Utilidad de la lengua mexicana</b> <b>en algunos estudios literarios</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco del Paso y Troncoso</b><a href="#nota">*</a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acaba de abrir clase de lengua mexicana nuestra escuela.<sup><a href="#nota">1</a></sup> No es la primera vez que el Estado protege la ense&ntilde;anza de la lengua que hablaron los antiguos habitantes de esta regi&oacute;n, pues por las noticias que han quedado de la extinguida Universidad sabemos que all&iacute; se instituy&oacute; c&aacute;tedra de mexicano que dur&oacute; casi hasta la supresi&oacute;n definitiva del establecimiento.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Desde entonces, y por el dilatado periodo de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, no se hab&iacute;a vuelto a pensar en este ramo, hasta que por disposici&oacute;n superior dictada a principios del a&ntilde;o pr&oacute;ximo pasado se cre&oacute; la clase que inauguramos hoy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como todo estudio que se abandona, viene a chocar el que ahora emprendemos nuevamente con la indiferencia y la preocupaci&oacute;n, que ir&aacute;n cediendo poco a poco y a medida que los que hoy no lo consideran necesario vayan convenci&eacute;ndose de la utilidad que tiene. Alumno antiguo del establecimiento, desear&iacute;a yo que una clase creada en la escuela fuera tambi&eacute;n para la escuela misma, que si abriga con solicitud a los que de fuera vienen a pedirle la instrucci&oacute;n en alg&uacute;n ramo, con mayor motivo atender&aacute;, cari&ntilde;osa, a los que en ella se han formado desde que comenzaron su carrera literaria. Los que actualmente siguen ciertos ramos de asignatura no deben ver con indiferencia el estudio de la lengua mexicana, y sobre este punto llamar&eacute; la atenci&oacute;n de ustedes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS CURSANTES DE LA LENGUA CASTELLANA</b>,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">que todos debemos cultivar con esmero, adviertan que ni los vocablos que usamos en M&eacute;xico son siempre los mismos que en Espa&ntilde;a, ni los elementos fon&eacute;ticos que nosotros empleamos llegan al mismo n&uacute;mero que all&aacute;. Porque nuestro alfabeto fisiol&oacute;gico cuenta con menor n&uacute;mero de elementos, puesto que no s&oacute;lo tenemos el mismo sonido para la <i>ce</i> suave espa&ntilde;ola y para la <i>zeta,</i> sino tambi&eacute;n para la <i>ese,</i> articulando las tres letras con el sonido de la &uacute;ltima, comparable al de la <i>cedilla</i> francesa; la <i>elle</i> castellana queda sustituida, en los vocablos que la traen, por la ye, y de los sonidos <i>be</i> y <i>ve</i> nunca emitimos m&aacute;s que el primero.<sup><a href="#nota">3</a></sup> De modo que nuestra pronunciaci&oacute;n, aunque m&aacute;s suave que la de los espa&ntilde;oles, se resiente de los defectos inherentes al <i>seseo</i> y al <i>ye&iacute;smo.</i> Adem&aacute;s, el tono con que emitimos la voz es por lo regular menos intenso y menos grave, distingui&eacute;ndose por cierta cadencia peculiar nuestra que se hace m&aacute;s apreciable en las personas del pueblo, y sobre todo en las mujeres de esa clase, al terminar los periodos hablados.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Si a esta circunstancia agregamos la de la exageraci&oacute;n en el sonido propio de la <i>ese</i> marc&aacute;ndose m&aacute;s cuando se encuentra al fin de un vocablo o de una cl&aacute;usula,<sup><a href="#nota">5</a></sup> comprenderemos que digan los que no est&aacute;n acostumbrados a nuestro tono popular que tenemos a veces un acento cadencioso y sibilante. Nada dir&iacute;a de nuestros vocablos especiales si se resintieran de un simple provincialismo, pero los que han pasado a la lengua castellana de la mexicana corresponden a otra categor&iacute;a, porque en ellos no debe buscarse la modificaci&oacute;n sencilla de una misma lengua por la movilidad de sus dialectos, sino el engranaje de dos lenguas diversas que conservan, cuando se amalgaman, sus caracteres propios.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Todas las cuestiones enunciadas anteriormente se explican de un modo racional estudiando la lengua mexicana, pues en ella vemos que el n&uacute;mero de sonidos elementales no es tan crecido como en castellano; que el tono del discurso es m&aacute;s suave y cadencioso, lo que justificar&aacute;, tal vez, el empleo que los mexicanos hacen del mismo verbo para la acci&oacute;n de hablar las personas y la de cantar las aves;<sup><a href="#nota">7</a></sup> por &uacute;ltimo, observaremos tambi&eacute;n que los vocablos mexicanos adoptados por nosotros como provincialismos no pueden ser perfectamente conocidos en su origen, ni determinados en sus acepciones, si no sabemos de qu&eacute; palabras se derivan. Y si de los vocablos introducidos pas&aacute;ramos a lo que yo llamar&iacute;a las ideas introducidas, o, para explicarme con mayor claridad, si en lugar de la palabra mexicana castellanizada se nos presentara la idea mexicana expresada por medio de palabras enteramente castizas, acabar&iacute;amos de comprender cu&aacute;n necesario tiene que ser el conocimiento del mexicano para los que se dedican a estudiar la lengua espa&ntilde;ola que se habla en la Rep&uacute;blica.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS CURSANTES DE GEOGRAF&Iacute;A,</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">tambi&eacute;n deben tomar inter&eacute;s en el conocimiento de la lengua mexicana. Tiene que estudiarse en la escuela, y se estudia efectivamente con cierta predilecci&oacute;n, la geograf&iacute;a de nuestro pa&iacute;s. Los nombres geogr&aacute;ficos de la Rep&uacute;blica, en su mayor parte, son mexicanos: la lengua de los aztecas se impuso, en el sentido geogr&aacute;fico, no s&oacute;lo por la conquista sino tambi&eacute;n por las transacciones, a casi todos los dem&aacute;s pueblos que habitaban estos pa&iacute;ses, y con su sonoridad y su expresi&oacute;n invadi&oacute; triunfante las comarcas que hoy constituyen el Am&eacute;rica Central.<sup><a href="#nota">9</a></sup> No borraron los mexicanos las lenguas que hablaban los distintos pueblos con quienes se pusieron en contacto; pero s&iacute; lograron desterrar los antiguos nombres de las localidades para imponer los suyos.<sup><a href="#nota">10</a></sup> El nombre mexicano geogr&aacute;fico pinta perfectamente las condiciones especiales de la localidad a que se aplica: importa, y mucho, conocerlo con propiedad, hoy que las comisiones exploradoras recorren la Rep&uacute;blica y tienen que reponer los nombres geogr&aacute;ficos, en su mayor parte adulterados. Las condiciones geol&oacute;gicas del terreno, las especiales de su flora y de su fauna, vienen reveladas en las denominaciones mexicanas que se prestan, as&iacute;, a descubrimientos importantes.<sup><a href="#nota">11</a></sup> Pero si el explorador no sabe manejar las armas del idioma, ni sacar&aacute; partido de &eacute;l en sus estudios cient&iacute;ficos, ni repondr&aacute; los nombres viciados. O tendr&aacute; que dirigirse a otras personas que, aunque sean inteligentes en la lengua, si viven lejos de las localidades y desconocen sus accidentes, plagar&aacute;n nuestras cartas geogr&aacute;ficas de errores sin cuento. Aprendan los estudiantes de geograf&iacute;a de M&eacute;xico a conocer esos nombres, a saber sus etimolog&iacute;as, y los adelantos que hagan en su ramo tendr&aacute;n m&aacute;s estabilidad y ser&aacute;n, al mismo tiempo, m&aacute;s amenos y fructuosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS QUE ESTUDIAN LA HISTORIA DEL PA&Iacute;S,</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">tambi&eacute;n pueden sacar partido del mexicano. Ya que la historia de M&eacute;xico ha merecido especial atenci&oacute;n al ensanchar la escuela su ense&ntilde;anza, debo se&ntilde;alar las aplicaciones del mexicano a la historia del pa&iacute;s, por m&aacute;s que a primera vista juzguen algunos que no hay relaci&oacute;n entre ambos estudios. Presentar&eacute; para esto los descubrimientos que la ling&uuml;&iacute;stica, contando s&oacute;lo con elementos propios, ha hecho en los periodos prehist&oacute;ricos. El antropologista, estudiando los diferentes matices de una misma raza, y el arque&oacute;logo, describiendo y comparando sus monumentos y sistemas primitivos, no han podido llegar por un camino tan corto, tan llano y tan exento de errores, a los resultados obtenidos por los ling&uuml;istas, que, ora descubren ra&iacute;ces comunes en lenguas al parecer desemejantes, estrechando as&iacute;, los lazos etnogr&aacute;ficos que unen a los habitantes de la India con los europeos, ora explican los adelantos en la agricultura, en las artes y en otros ramos, de esas mismas tribus; llegando alguna vez a fijar el itinerario de sus emigraciones y la &eacute;poca relativa en que se realizaron.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Y si se ha podido efectuar esto con lenguas de dif&iacute;cil acceso, por haber llegado a su periodo de flexi&oacute;n, &iexcl;cu&aacute;nto partido no podr&aacute; sacarse de nuestras lenguas aglutinantes, marcadamente sint&eacute;ticas, si les aplicamos los procedimientos anal&iacute;ticos que con tanto despejo emplea la ciencia moderna!<sup><a href="#nota">13</a></sup> Estamos en terreno virgen: esas materias que los europeos han apurado, estudi&aacute;ndolas nimiamente, apenas las hemos tocado nosotros de un modo superficial. Y esa tarea, bien ardua por cierto, es patrimonio de la generaci&oacute;n que se levanta, tan simp&aacute;tica para la sociedad entera cuando ve entrar en acci&oacute;n a la juventud movida por sentimientos levantados, y encerrando sus lucubraciones dentro del orden m&aacute;s estricto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PARA LOS QUE ESTUDIAN</b> <b>LOS DIVERSOS RAMOS DE LA HISTORIA NATURAL,</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">el mexicano es de utilidad incontestable. Aqu&iacute;, el conocimiento de la lengua mexicana no es ya simple adorno, sino verdadera necesidad.<sup><a href="#nota">14</a></sup> La flora y la fauna de nuestro pa&iacute;s tienen que apoyarse en la ling&uuml;&iacute;stica, que servir&aacute; de br&uacute;jula, en muchos casos, no s&oacute;lo para darse cuenta del m&eacute;todo de vida, de los h&aacute;bitos y a&uacute;n del grupo a que pertenecen los individuos del reino animal; no s&oacute;lo para descubrir los atributos de plantas desconocidas, mal descritas o en periodos poco favorables para su descripci&oacute;n y clasificaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n para conocer sus diversas aplicaciones en las artes, en la industria y en la medicina. Ya dije que los nombres mexicanos eran descriptivos: los de plantas y animales encierran un atributo, y con frecuencia dos o m&aacute;s, de los cuerpos a que se refieren, encontr&aacute;ndose as&iacute; en un solo vocablo, todo lo que puede considerarse como caracter&iacute;stico del mismo cuerpo; hasta podr&iacute;amos decir que la palabra viene a definirse por s&iacute; misma. Siendo sint&eacute;tica, la lengua mexicana se presta de un modo admirable a la expresi&oacute;n, por un solo t&eacute;rmino, de un conjunto de propiedades, porque, entrando en el grupo de las <i>lenguas</i> llamadas <i>de aglutinaci&oacute;n</i> y <i>de subflexi&oacute;n,</i> tiene gran n&uacute;mero de palabras compuestas formadas por la agregaci&oacute;n de voces simples o, mejor dicho, por metaplasmo de las mismas voces cuyos radicales quedan yuxtapuestos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso he resuelto seguir los procedimientos anal&iacute;ticos en el estudio de la lengua mexicana. Quisiera yo poder inculcar en los que esto lean, y m&aacute;s a&uacute;n, en los que puedan dar impulso a los estudios cient&iacute;ficos, lo conveniente que ser&iacute;a establecer una clase especial de Ra&iacute;ces Mexicanas, tan indispensable como la de Ra&iacute;ces Griegas, dadas nuestras condiciones locales, para las aplicaciones que a cada momento se nos presentan en la vida com&uacute;n y la cient&iacute;fica. El estudio de las ra&iacute;ces, f&aacute;cil y ameno a la par que instructivo, pienso plantearlo para los cient&iacute;ficos que me honren con su asistencia, pero no he de reducir a esto mi ense&ntilde;anza. Aspirando al renacimiento literario del mexicano, y trat&aacute;ndolo como lengua muerta, presentar&eacute; a los cursantes los mejores textos de la lengua, escritos en la edad cl&aacute;sica de la misma; ir&eacute; dict&aacute;ndolos en la clase, y los traduciremos y analizaremos poco a poco. Cuando nos hayamos familiarizado con el an&aacute;lisis de vocablos y con la traducci&oacute;n de los buenos textos habremos adquirido elementos para hablar el mexicano con toda pureza, que es a lo que debemos aspirar si queremos hacer el estudio con fruto. Vengo a la escuela con tales ideas como uno de tantos estudiantes de la lengua mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La c&aacute;tedra de la lengua que hablaron los aztecas qued&oacute; establecida en la Universidad por el a&ntilde;o 1640. Pero antes que se fundara esa c&aacute;tedra le&iacute;a ya mexicano en la misma Universidad el bachiller Luis Becerra Tanco, si hemos de creer lo que &eacute;l mismo refiere en su op&uacute;sculo guadalupano (edic. de 1883, p&aacute;g. 30): all&iacute; dice que el Dr. D. Nicol&aacute;s de la Torre autoriz&oacute; la apertura de la clase, siendo rector, por lo cual deduzco que habr&aacute; sido en 1628 o 29, que fue cuando el Dr. de la Torre desempe&ntilde;o por primera vez el cargo, o en el a&ntilde;o 1639, en que obtuvo por segunda vez igual honor y le dio comisi&oacute;n el virrey para fundar la c&aacute;tedra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de la erecci&oacute;n oficial de la clase, se sabe lo siguiente por los libros de la Universidad que se conservan en la Biblioteca Nacional. Los reyes de Espa&ntilde;a, Felipe II y III, deseando la conversi&oacute;n completa de los indios, hab&iacute;an ordenado que se establecieran c&aacute;tedras de las lenguas americanas en las universidades del Nuevo Mundo, como consta de reales c&eacute;dulas expedidas en los a&ntilde;os 1580, 1592 y 1614. Propon&iacute;anse aquellos monarcas que hubiera doctrineros entendidos en las lenguas ind&iacute;genas para mayor aprovechamiento de los feligreses, mas el piadoso intento no se realiz&oacute; en aquel tiempo hasta que Felipe IV, por c&eacute;dula real del 7 de febrero de 1627, mand&oacute; que hubiera en M&eacute;xico c&aacute;tedras de las lenguas de la tierra m&aacute;s generalmente usadas. Todav&iacute;a los contratiempos de la &eacute;poca retardaron el establecimiento definitivo de la clase de idiomas ind&iacute;genas, hasta que el mismo monarca, por otra c&eacute;dula del 11 de agosto de 1637, renov&oacute; sus &oacute;rdenes, y entonces el virrey marqu&eacute;s de Cadereyta, en acuerdo del 21 de marzo de 1640, mand&oacute; que se abriesen oposiciones en la Universidad para la provisi&oacute;n de una c&aacute;tedra donde se leyeran las lenguas mexicana y otom&iacute; por un solo profesor y a distintas horas. En tal virtud, citado el concurso, se adjudic&oacute; la clase a fray Diego de Galdo Guzm&aacute;n, el &uacute;nico que se opuso a ella y a quien se dio posesi&oacute;n de la c&aacute;tedra el 15 de mayo del mismo a&ntilde;o. Con &eacute;l comenzar&eacute; la serie de los catedr&aacute;ticos propietarios en el orden siguiente:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Fray Diego de Galdo Guzm&aacute;n,</i> agustino. Profesor de mexicano y otom&iacute; desde 1640: muri&oacute; si&eacute;ndolo, y dej&oacute; publicado en 1642 <i>Arte mexicano,</i> que actualmente se est&aacute; reimprimiendo por el Museo Nacional de M&eacute;xico. La vacante se declar&oacute; en enero de 1649.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Fray Pedro de Rosas,</i> tambi&eacute;n agustino. Ense&ntilde;&oacute; los dos idiomas desde febrero de 1649 hasta el 15 de noviembre de 1650, en cuyo d&iacute;a se admiti&oacute; por el claustro la dejaci&oacute;n que hizo de la c&aacute;tedra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Bachiller don Bernab&eacute; de Vargas,</i> presb&iacute;tero. Tambi&eacute;n ense&ntilde;&oacute; los dos idiomas desde febrero de 1651 hasta principios de 1661, que pas&oacute; de beneficio a Tequixquiac. Seg&uacute;n Plaza, citado por Berist&aacute;in, dej&oacute; escritos varios op&uacute;sculos mexicanos y otomites.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. <i>Bachiller Antonio de Tovar Cano y Moctezuma,</i> presb&iacute;tero. Tom&oacute; posesi&oacute;n el 28 de septiembre de 1662, ense&ntilde;ando ambos idiomas, y por haber pasado al beneficio de Ocoyo&aacute;cac, se declar&oacute; vacante la clase a fines de 1668. Habiendo dificultades para hallar sujeto perfecto conocedor de los dos idiomas, se dividieron las lecturas de mexicano y otom&iacute;, provey&eacute;ndose desde entonces las dos c&aacute;tedras separadamente. Escribi&oacute; Tovar, seg&uacute;n Berist&aacute;in, unos elementos de gram&aacute;tica mexicana que han quedado in&eacute;ditos y no se sabe d&oacute;nde paran.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. <i>Fray Dami&aacute;n de la Serna,</i> agustino. Tom&oacute; posesi&oacute;n de la c&aacute;tedra de mexicano el 12 de julio de 1670 y ley&oacute; hasta su fallecimiento. Berist&aacute;in, citando a Plaza, dice que dej&oacute; escritos el P. Serna varios op&uacute;sculos en lengua mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. <i>Fray Bernab&eacute; de Paez,</i> tambi&eacute;n agustino. Se le adjudic&oacute; la c&aacute;tedra en claustro del 26 de agosto de 1689, y estuvo desempe&ntilde;ando sus funciones hasta que muri&oacute;, habi&eacute;ndose declarado la vacante a fines de 1700. Fue laborioso escritor y dej&oacute; in&eacute;ditos varios op&uacute;sculos que Berist&aacute;in, refiri&eacute;ndose a Eguiara, cita bajo los t&iacute;tulos que siguen: I. Reglas para aprender con facilidad la lengua mexicana. II. Los cuatro Evangelios puestos y explicados en mexicano. III. M&eacute;todo de confesi&oacute;n sacramental en mexicano. IV. El s&iacute;mbolo de S. Atanasio, con notas. Debo advertir que los ep&iacute;grafes latinos de Eguiara no concuerdan enteramente con estos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. <i>Fray Manuel P&eacute;rez,</i> igualmente agustino. Tom&oacute; posesi&oacute;n de la c&aacute;tedra el 4 de febrero de 1701 y fue lector de mexicano hasta su muerte, que ocurrir&iacute;a antes del 7 de junio de 1725, en cuyo d&iacute;a se declar&oacute; la vacante. Durante sus lecciones public&oacute; <i>Arte de mexicano,</i> que reimprimir&aacute; tambi&eacute;n el Museo Nacional. Sus escritos en mexicano son los siguientes que cito, abreviando los ep&iacute;grafes: I. <i>Farol indiano, y gu&iacute;a de curas de indios,</i> 1713. II. <i>Arte de el idioma mexicano,</i> 1713. III. <i>Cartilla mayor, en lengua castellana, latina y mexicana,</i> 1714; la obra tiene al pie de la portada los signos del abecedario: supongo ser&aacute; la misma que Berist&aacute;in anuncia con el ep&iacute;grafe siguiente: ALFABETO ESPA&Ntilde;OL, LATINO Y MEXICANO<i>.</i> IV. <i>Cathesismo romano traducido en castellano y mexicano,</i> 1723. V. <i>M&eacute;todo para auxiliar moribundos, en lengua mexicana,</i> impreso varias veces seg&uacute;n Berist&aacute;in, de quien es el t&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. <i>Fray Jacinto Gonz&aacute;lez Dur&aacute;n,</i> mercedario. Le dieron posesi&oacute;n el 3 de agosto de 1725 y renunci&oacute; por enfermedades el 6 de febrero de 1741. Dej&oacute; in&eacute;ditas, seg&uacute;n Berist&aacute;in, unas <i>Instituciones gramaticales</i> para aprender con facilidad y perfecci&oacute;n la lengua mexicana, que se conservaban en la Biblioteca del Convento Grande de la Merced de M&eacute;xico, pero que no se sabe d&oacute;nde parar&aacute;n hoy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. <i>Bachiller don Jos&eacute; Buenaventura de Estrada,</i> presb&iacute;tero. Comenz&oacute; a leer mexicano por abril de 1741 y ces&oacute; en principios de 1748 por haber ascendido al curato de Atotonilco el Chico: la c&aacute;tedra se dio por vaca en marzo de ese mismo a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. <i>Bachiller don Bernardo Manuel de Mendoza,</i> presb&iacute;tero. Debe haber tomado posesi&oacute;n a fines de julio de 1748, y apenas desempe&ntilde;ar&iacute;a la c&aacute;tedra un a&ntilde;o, puesto que la vacante se declar&oacute; a principios de julio de 1749 por muerte del poseedor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">11. <i>Bachiller don Carlos de Tapia Zenteno,</i> presb&iacute;tero. Se le dio la c&aacute;tedra en claustro del 6 de noviembre de 1749, y la desempe&ntilde;o hasta su muerte, que ocurrir&iacute;a con anterioridad al 5 de diciembre de 1770, puesto que ya ese d&iacute;a estaba vacante. Durante sus lecciones public&oacute; <i>Arte de la lengua mexicana,</i> reimpreso por nuestro Museo en 1885, y antes hab&iacute;a formado ya otro <i>Arte de la lengua huasteca.</i> En ambos idiomas compuso varios escritos, que citar&eacute; someramente: I. <i>Arte nov&iacute;ssima de lengua mexicana,</i> 1753. II. <i>Noticia de la lengua huasteca... con Cathesismo y Doctrina christiana... Enchiridion sacramental... y copioso Diccionario,</i> 1767: todos estos asuntos corren impresos en un solo cuerpo, y ven&iacute;an acompa&ntilde;ados de un <i>Paradigma apolog&eacute;tico</i> y <i>Descripci&oacute;n geographica de la Huasteca,</i> que se quitaron del original, quedaron in&eacute;ditos y han salido ya del pa&iacute;s. Berist&aacute;in no conoci&oacute; la edici&oacute;n, y cita separadamente: gram&aacute;tica de la lengua huasteca; diccionario, manual y catecismo de la misma, como cuerpos distintos. Adem&aacute;s de las dos obras impresas anunciaba en el proemio de su <i>Arte mexicana</i> que iba a disponer las siguientes, y quedar&iacute;an in&eacute;ditas si acaso lleg&oacute; a concluirlas: III. <i>Diccionario de la lengua mexicana.</i> IV. <i>Manual de sacramentos y catecismo de la doctrina cristiana, en mexicano.</i> Eguiara dice que ten&iacute;a tambi&eacute;n entre sus papeles: V. <i>Sermones en mexicano y en huasteco,</i> que no se sabe d&oacute;nde paran.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12. <i>Bachiller don Jos&eacute; Juli&aacute;n Ram&iacute;rez,</i> presb&iacute;tero. Se le dio posesi&oacute;n en 1&deg; de febrero de 1771, y continu&oacute; desempe&ntilde;ando la clase hasta que muri&oacute; en 1778: la declararon vacante en noviembre del mismo a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">13. <i>Bachiller don Jos&eacute; Saenz Manso,</i> presb&iacute;tero. Se le adjudic&oacute; la c&aacute;tedra en claustro de 8 de mayo de 1778: tom&oacute; posesi&oacute;n de ella el 27 del mismo mes, y la obtuvo hasta fines de 1779, que muri&oacute;: declar&oacute;se la vacante en el mes de diciembre de ese a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">14. <i>Don Francisco D&iacute;az Navarro y Sevilla,</i> doctor en Teolog&iacute;a. Se le dio posesi&oacute;n el 17 de febrero de 1780: renunci&oacute; a fines de 1781, y se le admiti&oacute; la dejaci&oacute;n de la c&aacute;tedra en claustro del 6 de noviembre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">15. <i>Don Jos&eacute; Eulogio Duarte,</i> presb&iacute;tero. Entr&oacute; como catedr&aacute;tico el 8 de enero de 1782 y continu&oacute; hasta su muerte en 1789. Habla de este sujeto Bartolache en su <i>Manifiesto satisfactorio</i> (p&aacute;g. 11 de la segunda foliatura).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. <i>Bachiller don Jos&eacute; Antonio D&iacute;az Escobar,</i> presb&iacute;tero. Comenz&oacute; a servir la c&aacute;tedra el 18 de febrero de 1790, y hasta su fallecimiento sigui&oacute; desempe&ntilde;&aacute;ndola. Fue disc&iacute;pulo de Tapia Zenteno en el Seminario y suplente de su c&aacute;tedra en la Universidad, durante la &uacute;ltima enfermedad de este sujeto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. <i>Bachiller don Rafael Sandoval y Austria Moctezuma,</i> presb&iacute;tero. Hab&iacute;a sido ya catedr&aacute;tico del idioma en el Colegio de Tepotzotl&aacute;n y en el Seminario Tridentino. Tom&oacute; posesi&oacute;n en la Universidad el 7 de diciembre de 1809 y ces&oacute; en 1817 por hab&eacute;rsele dado la prebenda del idioma mexicano en el cabildo eclesi&aacute;stico de Guadalupe. En 1810 public&oacute; <i>Arte de la lengua mexicana,</i> y se le atribuyen tambi&eacute;n unos <i>Sermones en mexicano</i> que hasta hoy est&aacute;n in&eacute;ditos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. <i>Bachiller don Bernardo Joaqu&iacute;n Villaseca:</i> era di&aacute;cono cuando gan&oacute; la oposici&oacute;n; pero ascendi&oacute; despu&eacute;s al presbiterado. El 17 de agosto de 1817 tom&oacute; posesi&oacute;n de la clase y se sabe que falleci&oacute; el 3 de febrero de 1841: probablemente la tuvo en propiedad hasta su muerte, pues en el &uacute;ltimo libro de provisiones de c&aacute;tedras, que llega hasta enero de 1842, no consta que otro propietario la desempe&ntilde;ara en todo ese tiempo; as&iacute; es que un a&ntilde;o despu&eacute;s de la muerte de Villaseca no se daba todav&iacute;a en propiedad la c&aacute;tedra. Si no se provey&oacute; antes del 18 de agosto de 1843, tampoco pudo hacerse m&aacute;s tarde, porque las c&aacute;tedras estuvieron suspensas desde la &uacute;ltima fecha hasta la extinci&oacute;n de la Universidad en 1857. Restablecida en 1858 por el presidente Zuloaga, nombr&oacute; a &eacute;ste para desempe&ntilde;ar la clase al.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Uacute;ltimo catedr&aacute;tico, licenciado don Faustino Galicia Chimalpopoca.</i> Tom&oacute; posesi&oacute;n el 12 de abril de 1858 con todos los dem&aacute;s profesores nombrados para la Universidad por el Gobierno de aquella &eacute;poca. En el <i>Diario Oficial</i> del 15 del mismo mes y a&ntilde;o se habla de la provisi&oacute;n de c&aacute;tedras, diciendo que fue nombrado Galicia "para la de mexicano y otom&iacute;". Sujeto a las vicisitudes del establecimiento, dej&oacute; de ser profesor cuando se suprimi&oacute; definitivamente la Universidad, a fines de 1865. Posteriormente fue tambi&eacute;n catedr&aacute;tico propietario de mexicano y otom&iacute; en el Seminario Conciliar del Arzobispado. Escritor incansable, ha dejado bastantes op&uacute;sculos in&eacute;ditos, de los cuales dar&eacute; cuenta en los preliminares del tercer tomo de la <i>Colecci&oacute;n de gram&aacute;ticas de la lengua mexicana</i> que est&aacute; publicando nuestro Museo. Citar&eacute; s&oacute;lo sus dos obras did&aacute;cticas: I. <i>Silabario de idioma mexicano,</i> dos ediciones (1849 y 1859); II. <i>Ep&iacute;tome o modo f&aacute;cil de aprender el idioma n&aacute;huatl,</i> 1869.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con excepci&oacute;n del &uacute;ltimo, todos los catedr&aacute;ticos pertenecieron al estado eclesi&aacute;stico; y no debe extra&ntilde;arse, porque se fund&oacute; la clase para dar instrucci&oacute;n a los doctrineros en el idioma de los indios. Tambi&eacute;n llama la atenci&oacute;n que cinco de los seis <i>regulares</i> que desempe&ntilde;aron la c&aacute;tedra, pertenecieran a la orden de San Agust&iacute;n, cuando los dominicos, franciscanos y jesuitas contaban en su seno con individuos tan eminentes en la lengua mexicana, como fray Jos&eacute; de Carranza, fray Agust&iacute;n de Vetancourt, fray Francisco de &Aacute;vila y los padres Horacio Carocci e Ignacio Paredes; mas debe considerarse que los jesuitas ten&iacute;an prohibici&oacute;n de oponerse; que a los religiosos de Santo Domingo se les hab&iacute;a dado la c&aacute;tedra de Santo Tom&aacute;s, exclusivamente, pero con la expresa condici&oacute;n de no poderse oponer a otras; y que los frailes menores tampoco se opon&iacute;an, tal vez por haber aceptado la c&aacute;tedra de Escoto bajo las mismas condiciones, o por impedirles el voto de pobreza la percepci&oacute;n de salarios. Quedaba, seg&uacute;n esto, el campo libre para los agustinos. Pero desde el momento en que las doctrinas fueron secularizadas, sali&oacute; la c&aacute;tedra de la mano de los regulares para pasar a las de los cl&eacute;rigos, y, ya regida por &eacute;stos, vino a decaer principalmente por dos causas: 1a. La sabia c&eacute;dula de Carlos III (expedida el 16 de abril de 1770, a instancias del arzobispo Lorenzana), disponiendo que se ense&ntilde;ara el espa&ntilde;ol a los indios, con lo cual lleg&oacute; a ser menos necesaria la instrucci&oacute;n que a los doctrineros se daba en las lenguas ind&iacute;genas; 2a. El establecimiento de c&aacute;tedras de mexicano en varios colegios; como el Seminario, donde la hubo desde mediados del siglo XVIII, siendo Tapia Zenteno el primer profesor; como los colegios de Tepotzotl&aacute;n y de San Gregorio, que establecieron la ense&ntilde;anza del idioma y la conservaron casi hasta nuestros tiempos; de donde result&oacute; que los cursantes fueron siendo cada d&iacute;a m&aacute;s escasos en la Universidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, dir&eacute; que casi todos los catedr&aacute;ticos mencionados en la serie dejaron muestras de su empe&ntilde;o y laboriosidad, y son acreedores, en lo general, a que su memoria se conserve.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico, abril de 1890</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Como en otros vol&uacute;menes de nuestra revista, se incluye en &eacute;ste un texto que por su valor perdurable puede tenerse como cl&aacute;sico. Su autor, Francisco del Paso y Troncoso, que con este texto inaugur&oacute; la c&aacute;tedra de n&aacute;huatl en la Escuela Nacional Preparatoria, insisti&oacute; en la importancia de esta lengua en los estudios literarios, geogr&aacute;ficos, hist&oacute;ricos y sobre ciencias naturales. Su exposici&oacute;n se complementa con un elenco, el &uacute;nico hasta ahora publicado, de quienes a lo largo de casi tres siglos ense&ntilde;aron n&aacute;huatl en la Universidad de M&eacute;xico. Reproducimos aqu&iacute; el texto aparecido originalmente como "Utilidad de la lengua mexicana en algunos estudios literarios", en los <i>Anales del Museo Nacional,</i> tomo IV, M&eacute;xico, Imprenta de Mariano Escalante, 1887, p. 89&#45;97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3436934&pid=S0071-1675201200010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Le&iacute; este discurso cuando se inaugur&oacute; la clase de mexicano en la Escuela preparatoria de M&eacute;xico, a fines de febrero del a&ntilde;o 1886. He cre&iacute;do conveniente que se publique, hoy que los estudiantes han comenzado a ver con inter&eacute;s la clase, para que las ideas que entonces expuse se conozcan y se examinen por personas competentes. Le agrego estas notas para mejor inteligencia del asunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Estuvieron abiertas de un modo constante las aulas de la Universidad, desde su fundaci&oacute;n a mediados del siglo XVI, hasta el 21 de octubre de 1833. Public&oacute;se por bando ese d&iacute;a la nueva ley de instrucci&oacute;n p&uacute;blica, expedida por el vicepresidente G&oacute;mez Farias, que suprimi&oacute; la Universidad de M&eacute;xico y estableci&oacute; la Direcci&oacute;n General del Ramo para el Distrito y Territorios de la Federaci&oacute;n. Cerrada con este motivo, cesaron all&iacute; las clases; pero restablecida el 31 de julio de 1834 por decreto del presidente Santa Anna, y reglamentada por el plan provisional de estudios del 12 de noviembre, quedaron abiertas las clases nuevamente a principios del a&ntilde;o 1835, hasta que otro plan general de estudios expedido por el mismo Santa Anna en 18 de agosto de 1843, declar&oacute; no ser obligatoria la asistencia de los alumnos de los colegios a la Universidad, con lo cual y de hecho quedaron cerradas las aulas, y los catedr&aacute;ticos con la simple obligaci&oacute;n de escribir obras did&aacute;cticas y memorias literarias acerca de los ramos que hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Con esa vida ficticia se mantuvo durante 14 a&ntilde;os, debi&eacute;ndose al presidente Comonfort la ley de 14 de septiembre de 1857 que orden&oacute; se suprimiera de nuevo, entreg&aacute;ndose libros, fondos y dem&aacute;s bienes al director del Museo para destinarlos a la fundaci&oacute;n de la Biblioteca Nacional. Cuando triunf&oacute; la revoluci&oacute;n iniciada por el plan de Tacubaya, restableci&oacute; el presidente Zuloaga la Universidad por decreto del 5 de marzo de 1858 y fund&oacute; en ella c&aacute;tedras de perfeccionamiento: la reapertura solemne se hizo el 13 de abril del mismo a&ntilde;o, y dur&oacute; el establecimiento hasta que el presidente Ju&aacute;rez orden&oacute; con fecha del 23 de enero de 1861, que volvieran las cosas al estado que ten&iacute;an antes del plan de Tacubaya. Cuando se instal&oacute; en M&eacute;xico el gobierno emanado de la Intervenci&oacute;n francesa, los doctores de la extinguida Universidad, que pertenec&iacute;an en su mayor parte al estado eclesi&aacute;stico, la restablecieron como <i>Pontificia,</i> seg&uacute;n informe que ha dado uno de los sobrevivientes, y con tal car&aacute;cter estuvieron confiriendo grados desde septiembre de 1863 por lo menos. No ha llegado a m&iacute; noticia ninguna de resoluci&oacute;n gubernativa que confirmara el restablecimiento, pero supongo que la hubo, puesto que por el art&iacute;culo primero del decreto de 30 de noviembre de 1865, "se derogan dice el que entonces era jefe de gobierno establecido en M&eacute;xico&#93; todos los acuerdos y resoluciones dictadas por Nos o por la Regencia del Imperio, que de cualquier manera se opongan a lo prevenido en el art&iacute;culo 1&deg;. de la ley del 14 de septiembre de 1857, que suprimi&oacute; la Universidad de M&eacute;xico y que se declara vigente". Con esa &uacute;ltima disposici&oacute;n qued&oacute; suprimida la Universidad de un modo definitivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En Espa&ntilde;a se nota la misma confusi&oacute;n entre los sonidos <i>be</i> y <i>ve;</i> pero all&aacute;, aunque sin buen &eacute;xito, se ha procurado corregir el vicio, lo que entre nosotros ni siquiera se intenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Parece patrimonio de las clases populares este vicio, pues en Espa&ntilde;a han observado tambi&eacute;n los hablistas un tonillo propio de la gente r&uacute;stica. V&eacute;ase lo que acerca de esto dice Monlau en su <i>Vocabulario gramatical,</i> art&iacute;culo "Acento".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Don Mariano Jos&eacute; Sicilia se&ntilde;ala en sus <i>Lecciones elementales de ortolog&iacute;a y prosodia</i> (edici&oacute;n de 1832, p. 1&#45;170), un resabio parecido al cual llama <i>sisisismo,</i> pero aqu&eacute;l se reduce a sostener el sonido de la <i>ese</i> ofuscando el de la vocal que la sigue.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Tratar&eacute; la cuesti&oacute;n m&aacute;s extensamente cuando publique los glosarios etimol&oacute;gicos de las cr&oacute;nicas de Tezoz&oacute;moc, Dur&aacute;n y Bernal D&iacute;az, concluidos ya, en los cuales hay copia de palabras adoptadas por la lengua espa&ntilde;ola y que vienen de la mexicana. Servir&aacute;n los glosarios de material para el gran <i>Diccionario mexicano,</i> en el cual activamente trabaja mi maestro, don Miguel Trinidad Palma, de Puebla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> En el verbo <i>tlatoa,</i> que vienen del tema verbal <i>itoa,</i> dice, y del prefijo transitivo gen&eacute;rico <i>tla,</i> contracci&oacute;n de <i>itla,</i> que quiere decir <i>algo:</i> los dos elementos se re&uacute;nen por sinalefa perdi&eacute;ndose la <i>i</i> del tema verbal. Fray Alonso de Molina, en su <i>Vocabulario,</i> trae la definici&oacute;n siguiente: <i>"Tlatoa, ni,</i> hablar algo, o chirriar, gorjear o cantar las aves".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Si busc&aacute;ramos un enlace entre la introducci&oacute;n simple de vocablos y el paso de ideas del mexicano al castellano, recurrir&iacute;amos a la expresi&oacute;n tan com&uacute;n entre nosotros para designar a un sordo: <i>tiene orejas (u o&iacute;dos) de tepalcate,</i> se dice, y con esto emitimos una idea mexicana enteramente en la que figura, sin embargo, el vocablo <i>tepalcate,</i> que viene del mexicano <i>tapalcatl,</i> tiesto, por lo cual no son castizas todas las palabras que sirven para enunciar la idea. Que sea &eacute;sta netamente mexicana, se prueba por medio de los vocabularios de la lengua. El del padre Molina registra el art&iacute;culo siguiente: "Sordo que no oye... <i>nacaztapal, nacaztapaltic".</i> De los dos vocablos, el primero es de terminaci&oacute;n imperfecta y el segundo de terminaci&oacute;n perfecta, que es el que voy a analizar. Sus elementos son tic, sufijo de semejanza o afinidad; <i>tapal,</i> radical de <i>tapalcatl,</i> tiesto, y <i>nacaz,</i> de <i>nacaztli,</i> oreja. Todo junto significa: oreja semejante al tiesto o <i>tepalcate,</i> que es la palabra introducida. Podr&iacute;a poner otros muchos ejemplos de ideas introductorias, pero los reservo para un art&iacute;culo especial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Desde Nicaragua, donde se habla el mexicano rudamente, hasta los l&iacute;mites meridionales de nuestra Rep&uacute;blica, muchos de los nombre geogr&aacute;ficos pertenecen a la lengua de los aztecas; siendo de advertir, que en Honduras, El Salvador y Guatemala (fuera del idioma <i>pipil</i> que procede del mexicano y se extiende por algunos pueblos de la costa del Pac&iacute;fico), se hablan otras lenguas muy distintas; pero los <i>nahuas</i> han pasado por all&iacute; dejando rastro en los nombres de las localidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> No hablaban mexicano en Chiapas m&aacute;s que los pueblos de Soconusco, y sin embargo son mexicanos casi todos los nombres geogr&aacute;ficos del Estado. Es notable tambi&eacute;n lo que pasa en Oaxaca, donde la lengua de los aztecas se habla s&oacute;lo en una peque&ntilde;a fracci&oacute;n del Estado y m&aacute;s de la mitad de los nombres de lugar son mexicanos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Sin entrar en an&aacute;lisis pormenorizado de los vocablos, y menos de los sufijos, para no hacer interminable mi trabajo, pondr&eacute; varios ejemplos de cada clase. Geol&oacute;gicos. <i>Iztapan</i> (M&eacute;xico): lugar de sal, <i>izta&#45;tl; Tecozauh&#45;tla</i> (Hidalgo): lugar de piedra, <i>te&#45;tl,</i> amarilla o rojiza <i>co&#45;zauh&#45;qui; Tecpa&#45;tlan</i> (Chiapas): donde hay pedernal <i>tecpa&#45;tl; Tenex&#45;a&#45;pa</i> (Veracruz): donde hay agua a&#45;tl, de <i>cal tenex&#45;tli; Xal&#45;la</i> (Tep.), arenal, de <i>xal&#45;li</i> arena; <i>Zoqui&#45;tlan</i> (Puebla), lodazal, de <i>zoqui&#45;tl</i> lodo. Bot&aacute;nicos: <i>Ahua&#45;tlan</i> (Puebla) encinal o espinar, de <i>ahua&#45;tl</i> encina o espina; <i>Huexu&#45;tla</i> (Hidalgo), salceda, de <i>huexu&#45;tl</i> sauce; <i>Nopal&#45;la</i> (Hidalgo), nopalera, de la planta llamada en mexicano <i>nopal&#45;li; Ocopetla&#45;titla</i> (Oaxaca), donde hay helechos <i>ocopetla&#45;tl; Ocotzocuauh&#45;tla</i> (Chiapas), bosque de liquid&aacute;mbares <i>ocotzocuahuitl; Zoya&#45;tlan</i> (Guerrero), palmar, de <i>zoya&#45;tl</i> palma. Zool&oacute;gicos: <i>Cuixtla</i> (Oaxaca), donde hay milanos <i>cuix&#45;in; Nochiz&#45;tlan</i> (Oaxaca), donde hay cochinilla <i>nochez&#45;tli; Papalo&#45;tla</i> (M&eacute;xico), lugar de mariposas <i>papalo&#45;tl; Tamazol&#45;la</i> (Oaxaca), lugar de sapos <i>tamazol&#45;lin; Tzinacan&#45;tlan</i> (Chiapas), lugar de murci&eacute;lagos <i>tzinacan.</i> Podr&iacute;a multiplicar las citas, aunque las que van registradas dan idea ya de lo que se pretende probar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Analizando cierto n&uacute;mero de vocablos en las diversas lenguas de la familia indoeuropea, se han reconocido ra&iacute;ces id&eacute;nticas que indican la existencia de una lengua com&uacute;n a toda la familia y anterior a la separaci&oacute;n de sus ramas. Siendo el nombre signo de la cosa, es claro que los objetos designados por nombres de ra&iacute;z com&uacute;n deb&iacute;an ser conocidos de las tribus arias cuando todav&iacute;a formaban un s&oacute;lo grupo. As&iacute; es como se ha llegado a saber que los arios eran agricultores, viv&iacute;an en casas, criaban animales dom&eacute;sticos, sab&iacute;an tejer, conoc&iacute;an el fierro, fabricaban embarcaciones, ten&iacute;an una numeraci&oacute;n rudimental, rend&iacute;an culto a la divinidad y, por &uacute;ltimo, habiendo establecido el matrimonio como lazo de la familia, crearon jefes como base de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Para que sea patente la ventaja del an&aacute;lisis en estas circunstancias, voy a escoger la palabra <i>cacle,</i> nombre de un objeto que el ind&iacute;gena usa regularmente. La palabra misma va a decirnos qu&eacute; raz&oacute;n hubo para que le impusieran ese nombre. <i>Cacle</i> es vocablo castellanizado que procede del mexicano <i>cactli,</i> y este, a su vez, tiene la fisonom&iacute;a de un adjetivo participial pasivo, cuya primera s&iacute;laba es cac, radical del verbo <i>caqui,</i> que significa o&iacute;r. <i>Cactli,</i> entonces, quiere decir <i>oido, lo que es oido, lo que se oye.</i> Para probar que la significaci&oacute;n es verdadera, consultemos en el vocabulario de Molina el art&iacute;culo <i>tla&#45;uel&#45;cactli,</i> cuyos elementos son: tla, prefijo transitivo gen&eacute;rico de cosa, contracci&oacute;n de <i>itla,</i> algo; <i>uel,</i> que es el adverbio bien, y <i>cactli,</i> que hace veces de participio del verbo <i>caqui,</i> o&iacute;r; todo junto quiere decir: <i>algo bien o&iacute;do,</i> y Molina le da la siguiente acepci&oacute;n: "cosa oyda y acceptada con gracia y de buena voluntad". &iquest;Por qu&eacute; se llam&oacute; lo que se oye a la sandalia mexicana? La respuesta es muy sencilla: los indios, antes que se inventara el calzado, andaban con los pies desnudos, siendo sus pisadas poco perceptibles; pero empezaron a o&iacute;r m&aacute;s claramente el ruido de los pasos desde que la sandalia se introdujo. En este an&aacute;lisis no nos ha ayudado la ortograf&iacute;a, defectuosa en mexicano como en todas las lenguas modernas, pues si hubi&eacute;ramos escrito <i>kaktli, kaki</i> (con <i>k),</i> en vez de <i>cactli, caqui</i> (con <i>c</i> y q), la derivaci&oacute;n hubiera sido m&aacute;s f&aacute;cil de apreciar. Cuando publique mi tratado de <i>Ra&iacute;ces mexicanas,</i> dar&eacute; a conocer otras muchas bellezas de lenguaje que proyectan radiante luz sobre las instituciones antiguas de los nahuas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> El estudio que publiqu&eacute; sobre la <i>Bot&aacute;nica de los nahuas</i> en el tomo tercero de los <i>Anales del Museo Nacional de M&eacute;xico</i> (p&aacute;gs. 140&#45;235), ampl&iacute;a las ideas que aqu&iacute; expongo y puede ser consultado por los que quieran robustecerlas con ejemplos.</font></p>      ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Utilidad de la lengua mexicana en algunos estudios literarios]]></article-title>
<source><![CDATA[Anales del Museo Nacional]]></source>
<year>1887</year>
<volume>IV</volume>
<page-range>89-97</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Imprenta de Mariano Escalante]]></publisher-name>
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