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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Eduardo Matos Moctezuma, <i>La muerte entre los mexicas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ximena Ch&aacute;vez Balderas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Tusquets Editores, 2010, 227 p.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Otra vez estamos ante la paradoja de la vida y la muerte. A trav&eacute;s de la muerte se llega a la vida y &eacute;sta conduce a la muerte. Es el ciclo vital que ocurre d&iacute;a a d&iacute;a, a&ntilde;o con a&ntilde;o &#91;...&#93;". As&iacute; concluye el autor su obra m&aacute;s reciente sobre el fascinante tema de la muerte entre los mexicas. Bajo esta l&oacute;gica, empezar citando el final cobra un sentido inusitado. Eduardo Matos Moctezuma es, sin lugar a dudas, uno de los acad&eacute;micos que m&aacute;s aportes ha hecho respecto a la respuesta social en torno al fen&oacute;meno de la muerte entre los grupos nahuas del Poscl&aacute;sico Tard&iacute;o. Sus novedosas propuestas son argumentadas a lo largo de esta obra que sintetiza datos de la arqueolog&iacute;a, la historia, la antropolog&iacute;a f&iacute;sica, la etnograf&iacute;a, la iconograf&iacute;a y la historia de las religiones, retomando desde las obras cl&aacute;sicas hasta las investigaciones m&aacute;s recientes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En buena medida, el poder de su obra radica en la fascinaci&oacute;n del autor por el tema. Sus libros, <i>Muerte a filo de obsidiana</i> y <i>Vida y muerte en el Templo Mayor,</i> as&iacute; como incontables art&iacute;culos, revelan esta cualidad. Por su naturaleza irrecusable, la debilidad por este t&oacute;pico es recurrente en investigadores de las diversas ramas de las ciencias. No obstante y como es un hecho conocido, dif&iacute;cilmente los acad&eacute;micos cuyas obras versan sobre el tema, conciben su propia muerte. Siempre se trata como un asunto ajeno, que a pesar de su fuerza aniquiladora o vital, no se asume como el destino irrevocable de quien lo investiga. Por el contrario, Matos Moctezuma nos ha sorprendido imaginando su propia muerte. Con la cualidad de una pluma con tinta literaria, el 7 de mayo del 2000 nos deleit&oacute; con <i>El ritual del tiempo,</i> un texto publicado por un diario de circulaci&oacute;n nacional. En &eacute;l, el autor no escapa de las grandes fauces del se&ntilde;or de la tierra y explora su propia muerte. Su rito de paso inicia junto al monolito de la diosa Coyolxauhqui y culmina en unas exequias con una gran pira funeraria a la usanza de los dignatarios mexicas. Como puede verse, Eduardo Matos Moctezuma tiene una larga trayectoria en lo que al reino de la muerte toca. Como &eacute;l mismo lo confiesa, nunca quit&oacute; el dedo del rengl&oacute;n y para muestra el extraordinario libro que pone en esta ocasi&oacute;n pone en nuestras manos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra nace explorando el tema de los humanos como creadores de dioses que, sin importar su naturaleza o caracter&iacute;sticas vitales, son diferentes al hombre precisamente en la muerte. Los dioses no mueren y, cuando lo llegan a hacer, es para la conservaci&oacute;n de la humanidad; esta acci&oacute;n no tiene una esencia aniquiladora, pues lo dioses renacen. M&aacute;s a&uacute;n, las deidades dan vida a lo muerto, a lo inerte. Adem&aacute;s de estos seres sagrados, otra clase de personajes est&aacute;n congraciados con la muerte &#151;los h&eacute;roes&#151;, quienes pueden transitar por el mundo de los difuntos. Se llamen como se llamen y sin importar el tiempo, el espacio o la cultura en la que fueron gestados, son capaces de realizar esta jornada. Mitos, epopeyas, odiseas o relatos, con lugares y personajes comunes, muestran las preocupaciones fundamentales de la humanidad y la forma de resolverlas a partir de la existencia de capacidades equivalentes. El barquero y el r&iacute;o, el perro que acompa&ntilde;a en la transici&oacute;n, el agua como regresi&oacute;n a la vida embrionaria, los peligros en el trayecto a las geograf&iacute;as funerarias &#151;t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Mircea Eliade&#151;, son tratados en el primer cap&iacute;tulo de la obra. Como nos deja ver el autor, somos diferentes hombres en diferentes tiempos, respondiendo a la misma muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dualidad vida y muerte es un tema central al hablar de la cosmovisi&oacute;n prehisp&aacute;nica. En un segundo cap&iacute;tulo, se advierte que esta concepci&oacute;n dual tiene un referente en la observaci&oacute;n del cosmos, de la naturaleza y del ciclo de la vida. La observaci&oacute;n de &eacute;stos, a juicio del autor, condiciona la forma de expresar y el explicar el mundo, pobl&aacute;ndolo de dioses o de demonios. El hombre vive en una tierra de dualidades y de opuestos que se complementan. En ellos la muerte tiene una estrecha relaci&oacute;n con los aspectos m&aacute;s vitales para los pueblos, como la agricultura y el calendario. Recordemos el paralelismo entre los huesos y las semillas, que no es exclusiva en el pensamiento prehisp&aacute;nico porque deriva de una observaci&oacute;n de la putrefacci&oacute;n de los frutos y la germinaci&oacute;n de dicha semilla. Esto lo encontramos presente incluso en el pensamiento medieval a trav&eacute;s de una adivinanza: &iquest;Qu&eacute; tiene que morir para poder vivir? La semilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dualidad vida&#45;muerte en las culturas prehisp&aacute;nicas se hizo presente en la pl&aacute;stica desde el Precl&aacute;sico. Las figuras duales con signos de vida y de descomposici&oacute;n est&aacute;n representadas en el Altiplano Central a trav&eacute;s de los ajuares funerarios de Tlatilco o en el &aacute;rea maya, donde la l&aacute;pida de Izapa muestra un personaje esqueletizado del que emerge un infante que parece tener un cord&oacute;n umbilical. Tal y como lo explica el autor, en el caso de los mexicas esta dualidad se expresa en el paralelismo de la sucesi&oacute;n de las estaciones de lluvia y de secas, en la agricultura y en la guerra, la vida y la muerte. Y que mejor ejemplo de la dualidad que el Templo Mayor de Tenochtitlan, cuyo mito representado en la arquitectura versa sobre el nacimiento del dios triunfante y la muerte de su hermana vencida. Sobre este edificio Eduardo Matos Moctezuma explora diferentes hip&oacute;tesis en torno a su simbolismo, reafirmando el car&aacute;cter dual del templo, expresado a trav&eacute;s de la guerra y la agricultura, es decir, de la evocaci&oacute;n del cerro de Coatepec y de la monta&ntilde;a de los mantenimientos. De acuerdo con la propuesta del autor, &eacute;stos, c&oacute;mo dos cerros que se juntan, podr&iacute;an hacer alusi&oacute;n a uno de los parajes que conforman el camino hacia el M&iacute;ctlan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como puede advertirse, la conceptualizaci&oacute;n del universo y del cuerpo es fundamental en el tema de la muerte. Por esto, la obra aborda una interesante discusi&oacute;n fundamentada en datos hist&oacute;ricos, respecto a la representaci&oacute;n de los pisos celestes y del Inframundo en el <i>C&oacute;dice Vaticano Latino 3738</i> y sus semejanzas con la concepci&oacute;n occidental, en particular con <i>La comedia</i> de Dante. A partir de su an&aacute;lisis es claro que las manos que crearon la l&aacute;mina del c&oacute;dice, pose&iacute;an recursos de ambas cosmovisiones. No obstante, la sucesi&oacute;n de niveles verticales est&aacute; presente en numerosas representaciones, entre las que el autor destaca varias pictograf&iacute;as del <i>C&oacute;dice Borgia.</i> Por su parte, en lo que respecta al nivel horizontal del cosmos, los puntos cardinales muestran una estrecha relaci&oacute;n con la dualidad vida&#45;muerte, expresada en el nacimiento del sol al oriente y en su ocaso al poniente o en la relaci&oacute;n norte&#45;sur como rumbos asociados a la muerte y a la fertilidad, respectivamente. Dentro del universo, el cuerpo en s&iacute; mismo es un microcosmos compuesto de sustancias vitales, centros y entidades an&iacute;micas; creado de la muerte, manufacturado de los huesos, las semillas de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuerpo tiene componentes se disgregan a partir de la muerte y, dependiendo de la forma en que expiraron, emprenden un viaje hacia alguna de las geograf&iacute;as funerarias. El cuarto cap&iacute;tulo trata sobre estos lugares e inicia en lo que el autor considera, con toda raz&oacute;n, un paso obligado, pero olvidado por otros investigadores. Se trata de la tierra &#151;Tlaltecuhtli&#151; donde la muerte sucede, ni m&aacute;s ni menos. Es justo decir que Eduardo Matos Moctezuma se ha caracterizado por su inter&eacute;s en el estudio de esta fascinante y compleja deidad. Tlaltecuhtli, la tierra, puede ser representada como un hombre, una mujer o un ser zoomorfo, que en todos los casos expresa y posee esta connotaci&oacute;n dual: es la devoradora&#45;paridora. Se encarga de engullir los cad&aacute;veres y es la dadora de vida, a trav&eacute;s de los mantenimientos. El autor ejemplifica lo anterior a partir de la iconograf&iacute;a y el arreglo contextual del monolito encontrado en el 2006, al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan. La orientaci&oacute;n de la escultura corresponde con el curso del sol, aludiendo a la muerte de Ahu&iacute;tzotl y a la entronizaci&oacute;n de Moctezuma II. Sus caracter&iacute;sticas iconogr&aacute;ficas que dan hacia el poniente, regi&oacute;n por donde el sol desciende al inframundo, son compatibles con el sacrificio y la muerte. En cambio, hacia el oriente y en franca alusi&oacute;n al nacimiento del Sol, la diosa se encuentra en posici&oacute;n de parto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando la inevitable muerte llega, los despojos se convierten en el alimento de Tlaltecuhtli, es decir, se dispone del cad&aacute;ver y el alma o <i>teyol&iacute;a</i> debe emprender el viaje hacia alguna de la geograf&iacute;as funerarias. Como es conocido, se cre&iacute;a que al cielo del Sol iban los ca&iacute;dos en la guerra y las mujeres fallecidas en el parto. Al respecto, es preciso hablar de un ejemplo que corresponder&iacute;a a esta forma de muerte: se trata de las llamadas ofrendas 10 y 14 encontradas durante las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlan. Despu&eacute;s de su descubrimiento en el a&ntilde;o de 1978, Eduardo Matos Moctezuma propuso a partir de la iconograf&iacute;a y la ubicaci&oacute;n de estos contextos, que los huesos cremados que fueron depositados en dos urnas de inigualable manufactura, pertenecer&iacute;an a guerreros mexicas ca&iacute;dos en combate.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras su estudio, basado en la metodolog&iacute;a de las ciencias forenses y en la aplicaci&oacute;n de diversas t&eacute;cnicas de an&aacute;lisis, fue factible conocer aspectos tanto del ritual como de las caracter&iacute;sticas osteobiogr&aacute;ficas de los individuos. La edad, el sexo y las condiciones de salud&#45;enfermedad de los personajes, as&iacute; como la temperatura a la que fueron cremados cuando a&uacute;n se encontraban en estado cadav&eacute;rico, fueron inferidos en este estudio. Las marcas de estr&eacute;s ocupacional que delatan una actividad f&iacute;sica intensa relacionada con las caminatas de larga distancia, la presencia de procesos infecciosos o la p&eacute;rdida <i>antemortem</i> de los incisivos centrales, son pistas que en conjunto con la informaci&oacute;n hist&oacute;rica e iconogr&aacute;fica, permitieron llegar a la conclusi&oacute;n de que podr&iacute;a tratarse de guerreros mexicas ca&iacute;dos en combate. Esta reveladora hip&oacute;tesis la hab&iacute;a propuesto Eduardo Matos Moctezuma, ni m&aacute;s ni menos, un par de d&eacute;cadas atr&aacute;s cuando las urnas funerarias emergieron de Tlaltecuhtli.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Completa este cap&iacute;tulo el an&aacute;lisis del resto de las geograf&iacute;as funerarias: el Tlal&oacute;can &#151;mundo de los muertos relacionado con el dios de la lluvia&#151;, el Chichihuaulcuahco o &aacute;rbol nodriza y el M&iacute;ctlan. En lo que respecta a este &uacute;ltimo, el autor hace una propuesta muy reveladora. Para llegar a este sitio, lugar sin luz ni ventanas y cueva regeneradora, era preciso que transcurrieran cuatro d&iacute;as para arrancar una traves&iacute;a que durar&iacute;a cuatro a&ntilde;os, recorriendo nueve parajes que podr&iacute;an significar los nueve meses de gestaci&oacute;n o una regresi&oacute;n hacia el &uacute;tero de la madre tierra. De acuerdo con el autor, la creencia en un viaje de esta duraci&oacute;n podr&iacute;a descansar en el conocimiento y la observaci&oacute;n del proceso de descomposici&oacute;n y esqueletizaci&oacute;n, pues al cabo de este tiempo los cuerpos tendr&iacute;an dicho aspecto. Si bien es un hecho conocido que la p&eacute;rdida de tejidos blandos es un proceso que depende del entorno y la matriz en la que se encuentre el cad&aacute;ver, a menos de que existan fen&oacute;menos cadav&eacute;ricos conservadores (como la momificaci&oacute;n o la saponificaci&oacute;n), al cabo de este tiempo se habr&iacute;an perdido la mayor&iacute;a de los tejidos blandos, especialmente en un entierro directo en la tierra. La preservaci&oacute;n de ligamentos o tejido muscular persistente no alterar&iacute;a la condici&oacute;n general esqueletizada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor concluye su obra record&aacute;ndonos que "los diablos andan sueltos," forma de expresar que la conquista m&aacute;s dif&iacute;cil a la que puede someterse alg&uacute;n pueblo es la espiritual. La imposici&oacute;n de una nueva cosmovisi&oacute;n revel&oacute; a los pobladores ind&iacute;genas un hecho que ha caracterizado al mundo occidental: el alto costo de la muerte. Este cap&iacute;tulo termina presentando datos reveladores obtenidos a partir de la etnograf&iacute;a, que reflejan la riqueza actual en materia de este patrimonio intangible. Incluso, en entornos urbanos es posible observar reminiscencias del pensamiento n&aacute;huatl y elementos occidentales en lo que el autor considera "una amalgama de pr&aacute;cticas mortuorias".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, Eduardo Matos nos conduce por un recorrido que abarca diferentes parajes en la conceptualizaci&oacute;n de la muerte, pues finalmente como el propio autor menciona "nadie escapa, pues, de las grandes fauces del se&ntilde;or de la tierra".</font></p>      ]]></body>
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