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<journal-title><![CDATA[Estudios de cultura náhuatl]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De picaros y malqueridos: Huellas de su paso por la Inquisición de Zumárraga (1539-1547)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sonia Corcuera de Mancera, <i>De picaros y malqueridos. Huellas de su paso por la Inquisici&oacute;n de Zum&aacute;rraga</i> (<i>1539&#45;1547</i>)</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ascensi&oacute;n Hern&aacute;ndez de Le&oacute;n&#45;Portilla</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico/Instituto Tecnol&oacute;gico Aut&oacute;nomo de M&eacute;xico/Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2009, 275 p.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro es un relato hist&oacute;rico en el que se recoge y estudia un proceso de la Inquisici&oacute;n, uno de los muchos que se guardan en los archivos y que esperan ser le&iacute;dos y estudiados. El proceso, integrado por cuatro expedientes del Archivo General de la Naci&oacute;n, registra un suceso que tuvo lugar en Ocuituco, hoy Morelos, entre los a&ntilde;os 1539 y 1547, cuando un cl&eacute;rigo espa&ntilde;ol caus&oacute; un c&uacute;mulo de trasgresiones que dejaron huella en el sentir de indios y espa&ntilde;oles. Desde una perspectiva amplia, el relato nos da a conocer un hecho que puede inscribirse en el lado oscuro de la presencia de lo espa&ntilde;ol en la Nueva Espa&ntilde;a y aun en Am&eacute;rica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A primera vista, en el libro se reconstruye un proceso de los cientos que se guardan en los archivos y, en ese sentido, es novedad s&oacute;lo relativamente. La verdadera novedad es la forma en que la autora reconstruye el relato contenido en cuatro documentos, una forma que es, sin duda, un modelo de dise&ntilde;o propio. En este modelo, como veremos, Sonia recupera la secuencia lineal del relato y la distribuye en tres tiempos que, a su vez, son tres escenarios para tres actos, en los que ella acomoda los sucesos con sus correspondientes fundamentos hist&oacute;ricos. Dicho de otra manera, nuestra autora dise&ntilde;a tres escenarios en los que el lector distingue dos niveles: uno, en el que se refleja el presente, en el que toman vida los personajes; otro, en el que ella teje el trasfondo hist&oacute;rico de los hechos con armon&iacute;a, soltura y precisi&oacute;n. Resulta as&iacute; que cada tiempo tiene su propio escenario en el que se organizan varias estructuras: los personajes, el trasfondo hist&oacute;rico de los sucesos y el sustento te&oacute;rico, un sustento basado en el pensamiento moderno del siglo XX, que ella conoce por haberlo historiado en su libro <i>Voces y silencios en la historia: siglos XIX y XX.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un p&aacute;rrafo de la propia Sonia nos servir&aacute; de punto de partida para adentrarnos en los tres tiempos y poder reconocer en ellos las estructuras sobre las que est&aacute; edificado el relato. Es un p&aacute;rrafo en el que ella relaciona el Derecho y la Historia:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el juez &#91;el inquisidor&#93; emite la sentencia, el caso se considera cerrado. El historiador en cambio, goza de flexibilidad para continuar con sus pesquisas y volver atr&aacute;s las veces y el tiempo que considere pertinente. Puede incluso, reelaborar su trabajo y producir una versi&oacute;n diferente del mismo (p. 31).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es lo que ella hace: reelaborar el relato introduciendo sus propias pesquisas y volver atr&aacute;s dando saltos en el tiempo para lograr un texto din&aacute;mico y lleno de suspenso. De esta manera da vida a los sucesos y sorprende a los lectores, los engancha sean o no historiadores. El texto queda organizado en un nuevo modelo, lo cual, repito, es una novedad y una gran aportaci&oacute;n a la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, nos introduce en Ocuituco en el oto&ntilde;o de 1539. En el escenario de tres ind&iacute;genas: el cacique Crist&oacute;bal, su hermano Mart&iacute;n Holl&iacute;n, y su esposa Catalina, los tres acusados del delito de idolatr&iacute;a. El p&aacute;rroco del pueblo, Diego D&iacute;az, es el encargado de reunir la informaci&oacute;n. Se les acusa de tener en su casa &iacute;dolos y de cantar al modo antiguo. El 10 de octubre, Zum&aacute;rraga, inquisidor apost&oacute;lico y encomendero de Ocuituco emite la sentencia: se les castiga a 100 azotes y a desfilar por las calles de Ocuituco; a los varones, adem&aacute;s, se les castiga a trabajar en las minas: uno a tres a&ntilde;os; el otro, a dos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al llegar a este punto, la autora rompe el relato y nos traslada a las estructuras del trasfondo hist&oacute;rico: en primer lugar a la Inquisici&oacute;n: ahonda en su fundaci&oacute;n y su papel en la Edad Media, en su llegada a la Nueva Espa&ntilde;a y en los poderes de Zum&aacute;rraga como inquisidor y juez eclesi&aacute;stico. Y ahonda en algo muy interesante: la tarea interminable del Santo Oficio en la b&uacute;squeda de idolatr&iacute;as y de &iacute;dolos ya que los &iacute;dolos "ayudaban a mantener viva la presencia de sus mayores" (p. 40); en esta tarea de b&uacute;squeda cobra relieve la descripci&oacute;n del proceso legal, que Sonia analiza como una "ceremonia del lenguaje" siguiendo los dictados de Paul Ricoeur (p. 31).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trasfondo hist&oacute;rico tiene otra columna donde se sustenta: la historia de Ocuituco, al cual ella define como "un pueblo con muchos amos", desde que fue sometido por la Triple Alianza hasta el momento del proceso, 1539, en que era parte de la encomienda de Zum&aacute;rraga. Ocuituco brill&oacute; entre los primeros focos en la evangelizaci&oacute;n y Sonia dibuja con precisi&oacute;n aquellos tiempos desde que llegan los agustinos en 1533, hasta que salen fracasados en 1539. El centro de estos a&ntilde;os es la edificaci&oacute;n de la iglesia y convento, edificaci&oacute;n costosa para los macehuales, que termin&oacute; en un pleito de los frailes con el pueblo, y tambi&eacute;n en una desavenencia entre los agustinos y Zum&aacute;rraga. La grandeza de la edificaci&oacute;n con toda la carga de tributos que ello requiri&oacute;, le permite a Sonia hacer una disquisici&oacute;n sobre los tributos, en especial sobre los recolectados por Zum&aacute;rraga, destinados a cubrir sus compromisos de dar "alimento espiritual a los naturales" como obispo de la Nueva Espa&ntilde;a (p. 63). En fin, la historia de Ocuituco termina con la salida de los disgustados agustinos en 1539 y la llegada de un joven cl&eacute;rigo, el ya citado Diego D&iacute;az, quien presto implant&oacute; la trasgresi&oacute;n y el libertinaje en su parroquia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, hay que se&ntilde;alar que en este primer tiempo, primer acto, o primer escenario, Sonia se plantea presentar la evangelizaci&oacute;n como una empresa hecha por los mejores hombres, honestos, virtuosos y con sentido de pobreza, al decir de Zum&aacute;rraga. Se vive un momento de euforia y esperanza. Pero, se pregunta ella: &iquest;lograr&iacute;an los religiosos comunicarse con los indios de manera articulada y, sobre todo, convincente, sin conocer la lengua? Y a&ntilde;ade: "porque las traducciones, cualesquiera que sean, son terreno minado", tomando una frase de Hans G. Gadamer (p. 53). En realidad, la empresa evangelizadora, centrada en Zum&aacute;rraga est&aacute; presente siempre en el relato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es el escenario de la primera parte, en el cual los protagonistas son presentados con fuerza y listos para actuar a fondo, cosa que sucede en la segunda parte, la titulada "El tiempo de los indios. Durante el juicio". En ella el relato se vuelve largo y complicado, aunque atrayente por lo que en &eacute;l se narra bajo la pluma refinada y elegante de Sonia. Retoma ella el juicio a los tres ind&iacute;genas y de la sentencia nos lleva al cuerpo del delito en un episodio que titula "De la fiesta al mitote", es decir, de la fiesta religiosa cristiana al mitote idol&aacute;trico. La fiesta se celebra en casa del cacique Crist&oacute;bal la noche del domingo de Quasimodo, abril de 1539, y, seg&uacute;n el delator (el reci&eacute;n llegado p&aacute;rroco), hubo copal, pulque, borrachera, cantos paganos y don Crist&oacute;bal se hizo llevar de los hombros "como los papas".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se hacen las acusaciones, se inquiere, se buscan testimonios para sustentar el delito de idolatr&iacute;a en la casa de don Crist&oacute;bal: se interroga a su hijo Gabriel, a su esposa Catalina, a todos los que all&iacute; viv&iacute;an; el pueblo entero se conmociona mientras el cl&eacute;rigo Diego D&iacute;az pregunta en n&aacute;huatl, pues conoc&iacute;a la lengua, y otro cl&eacute;rigo, Juan Gonz&aacute;lez, tambi&eacute;n nahuatlato, toma nota. En oto&ntilde;o comienza el juicio y los testigos declaran: salen a relucir las relaciones humanas entre esposos, padres e hijos, amos y criados, el cacique y sus s&uacute;bditos; salen los sentimientos y las acciones, el amor y el desamor, los afectos que a veces no se registran en la letra escrita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final, los tres son llevados a la ciudad de M&eacute;xico para ser escuchados por Zum&aacute;rraga y, como ya vimos, fueron encontrados culpables y recibieron una dura condena. El lector, en el relato de Sonia, se siente cerca de los reos a pesar de su aparente culpabilidad. Pero al llegar a este punto en que parece que la historia termina, el relato da un giro de 180 grados: los dos calpixques, Alonso de Li&ntilde;&aacute;n y Luis &Aacute;lvarez, que presenciaron y testimoniaron la "Noche de Quasimodo", se presentan ante Zum&aacute;rraga y denuncian al p&aacute;rroco, Diego D&iacute;az. Le acusan de levantar falsas imputaciones de idolatr&iacute;a e inclusive de fabricar &iacute;dolos para culpar al cacique, de ser ap&oacute;stata y renegado, de hacer proposiciones a una india, dato aportado por Trist&aacute;n, criado del cl&eacute;rigo. El comentario de Sonia es contundente: "La historia que revelaron los dos inescrupulosos espa&ntilde;oles puso al descubierto los actos de varios p&iacute;caros, ellos incluidos, y los infortunios de tres indios, culpables de ciertas falsas pero inocentes de otras, aunque eso s&iacute;, muy malqueridos" (p. 156).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conocemos el impacto de la denuncia en Zum&aacute;rraga a trav&eacute;s de una carta que doce d&iacute;as despu&eacute;s dirigi&oacute; el obispo al emperador y que Sonia comenta con detalle: en ella fray Juan se plantea la situaci&oacute;n de la joven iglesia mexicana y se centra en el hecho de que a esta tierra llegan cl&eacute;rigos sin compromiso de vivir conforme a su regla y honestidad de vida, antes bien llenos de codicia y deshonestidad. Llega a decir que prefiere morir antes que "consentir la disoluci&oacute;n y el mal ejemplo de muchos cl&eacute;rigos que ac&aacute; pasan" (p. 159). La carta revela la angustia y el estupor del obispo ante gentes como Diego D&iacute;az. Pero, destaca la autora, el impacto de esta historia repercuti&oacute; en la conducta de Zum&aacute;rraga, qui&eacute;n fue mucho m&aacute;s transigente con los procesos que se ventilaban en la Inquisici&oacute;n en 1540 como fue el proceso entre don Juan, cacique de Iguala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termina as&iacute; el segundo cap&iacute;tulo, el dedicado al "Tiempo de los indios", un cap&iacute;tulo intenso y atrayente que deja al lector apresado en una historia que nunca imagin&oacute;. Adem&aacute;s, Sonia interrumpe el relato para conectarlo con situaciones hist&oacute;ricas an&aacute;logas, como la disquisici&oacute;n sobre un mitote narrado por Bernal D&iacute;az, y la exposici&oacute;n de las fiestas de las veintenas en las obras de fray Diego Dur&aacute;n, fray Bernardino de Sahag&uacute;n, y Motolin&iacute;a. Ahonda en la importancia simb&oacute;lica de los elementos idol&aacute;tricos como las contezuelas o chalchihuites y para explicar "el universo simb&oacute;lico" medieval, presente en el Renacimiento, apela a la interpretaci&oacute;n de s&iacute;mbolo que hace Umberto Eco en su obra <i>Sobre literatura.</i> Es m&aacute;s, las dimensiones del relato cobran luz con Paul Ricoeur al analizar el paso de la palabra oral de los declarantes a la escritura de los juristas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, en este segundo cap&iacute;tulo se narran dos procesos que se contradicen entre s&iacute;, pues los enjuiciados participan en los dos con papeles contrarios. El lector queda perplejo y anhela un final, necesita saber cuanto antes lo que realmente pas&oacute;. El final es el tema del tercer cap&iacute;tulo, al que Sonia titula <i>M&aacute;s all&aacute; del juicio: el tiempo del obispo y su p&aacute;rroco.</i> Antes que cualquier soluci&oacute;n a al segundo juicio presenta ella dos retratos de los protagonistas principales de esta historia: Zum&aacute;rraga y Diego D&iacute;az. Son como dos estructuras firmes y bien dibujadas que se oponen radicalmente y que dan cuerpo a este relato en el que se plasma vigorosamente la condici&oacute;n humana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El obispo Zum&aacute;rraga aparece din&aacute;mico y macizo, due&ntilde;o de un mundo interior lleno de piedad y sabidur&iacute;a: "El erasmista Zum&aacute;rraga dialoga con los libros", dice Sonia, inspirada en el dicho de Eco", los libros dialogan entre s&iacute;". (p. 165). Lleg&oacute; a las Indias en 1528 acompa&ntilde;ado de su amigo fray Andr&eacute;s de Olmos, ambos veteranos en las batallas contra el demonio y las brujas de Navarra. Como hombre piadoso y humanista, Zum&aacute;rraga patrocin&oacute; la publicaci&oacute;n de varias <i>Doctrinas</i> y de la <i>Regla christiana breve,</i> 1547, obras que Sonia describe con gran conocimiento y precisi&oacute;n, ya que de ellas se ha ocupado en varios trabajos. Por su parte, fray Andr&eacute;s escribi&oacute; varios tratados en n&aacute;huatl sobre brujer&iacute;a y actividad diab&oacute;lica. Ambos tem&iacute;an al Maligno y luchaban contra &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El retrato del cl&eacute;rigo es un "capitulito" sin desperdicio. Lleg&oacute; joven a la Nueva Espa&ntilde;a, en 1530, y fue capell&aacute;n de Hern&aacute;n Cort&eacute;s. Para 1536 conoc&iacute;a bien la lengua mexicana y era int&eacute;rprete en la Inquisici&oacute;n. Con la lengua pudo adentrarse en la cultura y el pensamiento, cosa que aprovech&oacute; a la perfecci&oacute;n como p&iacute;caro y vividor. En 1537 fue enviado a las minas de Zumpango, en Guerrero, donde se rode&oacute; de esclavos y mancebas. Una noche, se incendi&oacute; su casa y meti&oacute; a sus cuatro mancebas en dos arcones y se las llev&oacute; a la Iglesia haci&eacute;ndolas pasar por ornamentos sagrados. All&iacute; quedaron enterradas en vida y por la noche las sacaba y "se echaba con ellas". La escena, es para Sonia, un episodio siniestro y sacr&iacute;lego, pero en la pluma de la autora est&aacute; llena de viveza y colorido. En 1539 Zum&aacute;rraga lo traslad&oacute; a Ocuituco y all&iacute; aument&oacute; su har&eacute;n, ayudado de una alcahueta, Mar&iacute;a y al cuidado de un esclavo guatemalteco, Trist&aacute;n. Llevaba con &eacute;l una hijita, Petronila, habida en su estancia en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el relato se describe la actividad de este p&iacute;caro que Sonia nos cuenta con gracia y que el lector puede visualizar con morbo: adem&aacute;s de las mancebas hijas, el cl&eacute;rigo forzaba a otras muchas mujeres mediante la solicitaci&oacute;n, algo bastante frecuente en la clerec&iacute;a. Las que se resist&iacute;an eran castigadas sin piedad y con sadismo, con maltratos e inclusive con la muerte. En el proceso ante Zum&aacute;rraga, Francisca Pantla, una de las mancebas, narra una escena ins&oacute;lita, la llegada a Ocuituco una noche de Zum&aacute;rraga acompa&ntilde;ado de fray Domingo de Betanzos y fray Juan L&oacute;pez a casa del cl&eacute;rigo. Lo encontraron en su c&aacute;mara con 6 mujeres, entre ella su hijita y Francisca Pantla estaba junto a &eacute;l "en carnes". Tal era su deseo insaciable de mujeres que en la Navidad de 1541 lleg&oacute; a secuestrar y matar a un marido inc&oacute;modo, Francisco y corri&oacute; la voz de que se hab&iacute;a ido a la guerra de Jalisco. En fin, estos y otros sucesos llenan p&aacute;ginas del proceso que termin&oacute; en 1542 con sentencia de prisi&oacute;n perpetua para Diego D&iacute;az. Tras la descripci&oacute;n de estos dos personajes, Sonia se hace una pregunta genial &iquest;qu&eacute; hac&iacute;an ambos por la noche? (p. 224). Tal pregunta obliga al lector a imaginar los dos lados del proyecto evangelizador, proyecto que era uno de los cimientos m&aacute;s importantes en los que se deb&iacute;a sustentar el nuevo orden novohispano. La realidad estaba muy lejos del deseo y el deseo se alejaba de la realidad en manos de los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez en la c&aacute;rcel, sucede algo asombroso: le permit&iacute;an tomar vino y consigui&oacute; tener a Elena, una de sus mancebas, para que le cocinara. Tan consentido estaba que al a&ntilde;o se fug&oacute; con ella, con ayuda de otro cl&eacute;rigo. Los amancebados embarcaron en Veracruz rumbo a Espa&ntilde;a y al pasar por Santo Domingo, Elena se qued&oacute; en Puerto Plata pues estaba embarazada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque parezca inveros&iacute;mil, un a&ntilde;o despu&eacute;s, el cl&eacute;rigo regres&oacute; a Veracruz y se instal&oacute; en Puebla con su manceba y su hija. Pronto comienza a delinquir, a gozar de los deleites carnales y del deseo de venganza contra su antiguo criado, Trist&aacute;n, al cual secuestra y casi mata. En 1547 es detenido y comienza un segundo proceso, en el que se remueve la historia de su vida llena de infamias y perversidades; es interesante que en este segundo proceso fungi&oacute; como int&eacute;rprete fray Alonso de Molina. Se le acusa de "herej&iacute;a y apostas&iacute;a por fabricar &iacute;dolos y papeles pintados" (p. 221) y sale a relucir una interminable lista de trasgresiones del sexto mandamiento. Pero &eacute;l ven&iacute;a armado de cartas del Consejo de Indias y de bulas papales, expedidas nada menos que por Paulo III, el papa de la famosa bula <i>Sublimis Deus,</i> que probablemente nunca ley&oacute; Diego D&iacute;az. Se sent&iacute;a tan protegido que se permite desconocer al obispo como juez. Finalmente, el fiscal lo entrega al brazo secular para que lo castiguen y despu&eacute;s, nada se sabe de los protagonistas de este incre&iacute;ble relato.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A falta de un final satisfactorio para el lector, Sonia dibuja un tel&oacute;n de fondo en verdad grandioso. En &eacute;l hace un estudio psicol&oacute;gico de los antagonistas, el cl&eacute;rigo y su obispo, destacando la dimensi&oacute;n social del problema. Los presenta como dos seres hechos de sustancias diferentes, dos estructuras de piedra opuestas en la naciente Nueva Espa&ntilde;a. Y se pregunta: &iquest;quien fue y qu&eacute; signific&oacute; para los diferentes actores sociales el cl&eacute;rigo Diego D&iacute;az? (p. 235).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la conciencia popular fue el diablo mismo; en la conciencia de Zum&aacute;rraga, el Mal con may&uacute;scula, un miembro del poderoso Anticristo tal y como aparece en el Nuevo Testamento. As&iacute; lo dice el Obispo en una carta que escribi&oacute; al visitador Francisco Tello de Sandoval el mismo a&ntilde;o del proceso, 1547. La carta es para Sonia un "texto demoledor" en el que el obispo se queja con amargura y dolor de una campa&ntilde;a de libelos en su contra emprendida por algunos cl&eacute;rigos para defender al p&aacute;rroco de Ocuituco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fines de este a&ntilde;o, recuerda Sonia, "poco faltaba para encontrarse el obispo con la muerte" (p. 241), pero todav&iacute;a tuvo arrestos para escribir al pr&iacute;ncipe Felipe y pedirle "que env&iacute;e persona capaz en el ejercicio de juzgar, a la que teman el clero y la judicatura de esta gran Babilonia" (p. 241). Y lo m&aacute;s importante: suavemente le dice que a&uacute;n tiene la esperanza de pasar sus &uacute;ltimos d&iacute;as en el recogimiento y en la paz de un convento. Sonia relaciona este anhelo con la nostalgia que Zum&aacute;rraga dej&oacute; escrita en la <i>Regla christiana breue,</i> publicada en este mismo a&ntilde;o de 1547. All&iacute; dice que, "por sus pecados fue privado de la santa casa del Abrojo" cuando abandon&oacute; su vida asc&eacute;tica para venir a la Nueva Espa&ntilde;a. En fin, el retrato de Zum&aacute;rraga dibujado por Sonia viene a enriquecer la galer&iacute;a de retratos que existe sobre esta figura emblem&aacute;tica de duro inquisidor y franciscano de la rigurosa observancia, que so&ntilde;&oacute; con la utop&iacute;a de la fe y que no dud&oacute; en favorecer el estudio de las lenguas y la traducci&oacute;n a ellas de la palabra divina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para terminar, en este tel&oacute;n de fondo con la figura de Zum&aacute;rraga y su lucha contra el Mal, la autora perfila una sutil atm&oacute;sfera creada por una iglesia celosa de encubrir el esc&aacute;ndalo de sus pecadores: "la lentitud, el soborno, la impunidad" eran parte de un sistema que reg&iacute;a los dictados del papado y del Consejo de Indias en tierras tan alejadas donde el que llegaba quer&iacute;a hacer alguna conquista y m&aacute;s si aprend&iacute;a la lengua como era el caso del p&aacute;rroco de Ocuituco quien aprovech&oacute; su saber de nahuatlato para salir avante de transgresiones nefastas. En el texto, Zum&aacute;rraga queda atrapado en esta sutil atm&oacute;sfera de encubrimiento, que sin duda, era parte del Mal que Zum&aacute;rraga persegu&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el silencio del proceso y la muerte de Zum&aacute;rraga se compensan con la figura de Trist&aacute;n, el ind&iacute;gena guatemalteco que alza su voz para pedir justicia contra su amo. Sin duda, &eacute;l es un s&iacute;mbolo abierto al futuro en el naciente orden novohispano, en el cual el deseo y la realidad estaban en una lucha que quiz&aacute; no ha terminado.</font></p>      ]]></body>
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