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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los ind&iacute;genas y el movimiento de Independencia</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gisela von Wobeser*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Mexicana. Doctora en historia por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Investigadora en el Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas y profesora de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Es autora de varios libros sobre historia econ&oacute;mica, social y religiosa de la Nueva Espa&ntilde;a (siglos XVI al XVIII). Es directora de la Academia Mexicana de la Historia.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tradicionalmente se ha atribuido a los h&eacute;roes el haber logrado la independencia de M&eacute;xico, por lo que se han exaltado los nombres de Hidalgo, Morelos, Allende y Guerrero, entre otros, y se ha hecho hincapi&eacute; en sus haza&ntilde;as militares y sacrificios personales a favor de la causa. Sin menoscabo del respeto y admiraci&oacute;n que les debemos, y sin dejar de tomar en cuenta sus indiscutibles m&eacute;ritos, pero con una mirada m&aacute;s objetiva e incluyente, la historiograf&iacute;a de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en especial los trabajos de tres investigadores norteamericanos, Brian Hamnett, John Tutino y Eric Van Young,<sup><a href="#notas">1</a></sup> aparecidos en la d&eacute;cada de 1980, se han ocupado de estudiar a los protagonistas de segunda importancia, as&iacute; como a las masas que sostuvieron al movimiento insurgente durante los once a&ntilde;os que mediaron entre el estallido de la rebeli&oacute;n, en septiembre de 1810, y la consumaci&oacute;n de la independencia, en septiembre de 1821. Tambi&eacute;n Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla ha contribuido al estudio de la situaci&oacute;n de los ind&iacute;genas durante el movimiento de independencia con sus trabajos aparecidos recientemente.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a estos estudios sabemos hoy d&iacute;a que las filas de los insurgentes estuvieron integradas mayoritariamente por campesinos y que los grupos marginales de las urbes se mantuvieron alejados del movimiento.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Asimismo sabemos que no fueron principalmente mestizos y criollos quienes las conformaron, como hab&iacute;a sostenido la historiograf&iacute;a tradicional, sino que la participaci&oacute;n de indios fue muy elevada, seg&uacute;n Eric Van Young de un 50 a 60%. Esto no debe sorprendernos, ya que este porcentaje es equiparable a la proporci&oacute;n de indios en el conjunto de la poblaci&oacute;n: se estima que en 1814 el virreinato novohispano ten&iacute;a una poblaci&oacute;n de 6 122 000 habitantes, de los cuales los indios constitu&iacute;an el 60%; las castas el 22% y los blancos el 18%.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar en materia quisiera subrayar que los insurgentes no dejaron registros sobre la composici&oacute;n de sus tropas y, por lo tanto, carecemos de datos precisos al respecto. La mayor&iacute;a de las fuentes disponibles son procesos judiciales contra insurgentes que cayeron en manos realistas. Si bien de &eacute;stos hay muchos, la informaci&oacute;n que arrojan est&aacute; sesgada y no siempre es fidedigna, aunque permite sacar algunas conclusiones. Tambi&eacute;n resulta importante tomar en cuenta los prejuicios que la mayor&iacute;a de los blancos ten&iacute;a en contra de los indios: los consideraban "gente sin raz&oacute;n", flojos, indolentes, borrachos y mentirosos.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hablar de indios o ind&iacute;genas no me refiero a individuos racialmente puros, pues a principios del siglo XIX la poblaci&oacute;n novohispana en su mayor&iacute;a era mestiza,<sup><a href="#notas">6</a></sup> sino a personas cuyo estatus jur&iacute;dico y social los vinculaba a este grupo de la poblaci&oacute;n. Eran hombres y mujeres que en las actas de bautismo estaban registrados como ind&iacute;genas; viv&iacute;an en los pueblos de indios y respetaban sus usos y costumbres; gozaban de privilegios como el derecho a tener tierras comunales, entre ellas el fundo legal que comprend&iacute;a 600 varas a partir del centro del pueblo (aproximadamente 101 ha.), y ten&iacute;an obligaciones, como pagar tributo a la corona espa&ntilde;ola y cumplir con los cargos comunales.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, los indios no eran un grupo homog&eacute;neo, pertenec&iacute;an a diferentes etnias, con sus propias lenguas, costumbres y tradiciones religiosas. Aunque compart&iacute;an muchos rasgos culturales y hab&iacute;a semejanza entre sus creencias, forma de vida y tradiciones, carec&iacute;an de una identidad com&uacute;n. De hecho, el concepto y t&eacute;rmino "indio" no les era propio sino fue acu&ntilde;ado por los espa&ntilde;oles para englobar a los nativos y diferenciarlos de los espa&ntilde;oles, negros y mezclas.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas viv&iacute;a a nivel de subsistencia, labraban peque&ntilde;as parcelas de tierra donde sembraban ma&iacute;z, frijol y chile para el autoconsumo o para vender en los mercados regionales, y pose&iacute;a modestos reba&ntilde;os de ganado menor, ovejuno y caprino y huertas con calabazas, chiles, chayotes y &aacute;rboles frutales. Un sector importante no ten&iacute;a acceso a la tierra y dem&aacute;s medios de producci&oacute;n y conformaba una especie de proletariado rural, que necesitaba alquilar su fuerza de trabajo para subsistir.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy d&iacute;a sabemos que los indios se incorporaron individualmente o por grupos a las filas insurgentes, y generalmente lo hicieron cuando ten&iacute;an alrededor de los 30 a&ntilde;os de edad, es decir, cuando ya eran hombres maduros, que sosten&iacute;an una familia, pagaban tributo y cumpl&iacute;an con las obligaciones de sus comunidades.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Seg&uacute;n Van Young, los indios insurgentes fueron en su mayor&iacute;a personas "comunes" y s&oacute;lo en casos aislados "notables", es decir, dirigentes o personas de mayor nivel econ&oacute;mico al del promedio. Los notables, por lo general, guardaron m&aacute;s relaci&oacute;n con las autoridades virreinales y permanecieron leales al rey.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Hubo excepciones, cuando hab&iacute;a rencillas personales, deseos de venganza o cuando estaban contendiendo por alg&uacute;n cargo pol&iacute;tico.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No resulta f&aacute;cil conocer los motivos por los cuales los indios se afiliaron al movimiento de insurgencia. Los testimonios directos con que contamos parecen parciales, ya que proceden de las declaraciones durante los procesos y es complicado saber hasta qu&eacute; punto las causas que expusieron en su defensa fueron las verdaderas. Por ejemplo, con frecuencia arguyeron que hab&iacute;an estado borrachos en el momento de alistarse.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Como el abuso del alcohol fue una pr&aacute;ctica com&uacute;n entre ellos, y bajo su efecto con frecuencia surg&iacute;an ri&ntilde;as que deven&iacute;an en conflictos mayores, resulta probable que en ocasiones realmente haya sido la causa o cuando menos haya influido en ella.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco el reclutamiento forzoso o mediante enga&ntilde;os, que aparece una y otra vez en las declaraciones como justificaci&oacute;n por haberse afiliado a la causa, parece una mera excusa. Seg&uacute;n estos testimonios, los campesinos reclutados viv&iacute;an en condiciones de prisioneros de los insurgentes y s&oacute;lo lograban liberarse si se escapaban o eran capturados por los realistas.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Es probable que algunos gobernadores o alcaldes de los pueblos hayan obligado a sus s&uacute;bditos a participar en la insurgencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un poderoso m&oacute;vil que impuls&oacute; a muchos ind&iacute;genas a afiliarse al movimiento fue el odio que ten&iacute;an a los espa&ntilde;oles y su deseo de venganza. Tal fue el caso de Jos&eacute; Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez y Jos&eacute; de Jes&uacute;s Caleria y como de otros seis nativos de Mexquitic, Jalisco, apresados en 1811.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Algunos se sumaron a la lucha para saquear propiedades de los realistas. El propio Hidalgo alent&oacute; a sus seguidores a despojar a los espa&ntilde;oles de sus bienes,<sup><a href="#notas">17</a></sup> escapar de la justicia por haber cometido alg&uacute;n delito, o simplemente buscar una ocupaci&oacute;n y un medio de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, al margen de estas motivaciones personales exist&iacute;an numerosos problemas sociales y econ&oacute;micos &#151;tanto externos como internos&#151; que impulsaron a los indios a la lucha. En muchos casos se trataba de viejos conflictos que hab&iacute;an creado un clima de inseguridad y rivalidad y en los que ya hab&iacute;a antecedentes de brotes violentos.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los problemas externos a las comunidades ocupaban un lugar preponderante los relacionados con la tierra y el agua. Estos &uacute;ltimos se gestaron en el siglo XVI cuando, ante el derrumbe de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, que seg&uacute;n estimaciones de Woodrow Borah implic&oacute; un descenso de alrededor de 10 millones de habitantes a uno y medio millones, las comunidades perdieron sus tierras y aguas por despojos, ventas o reubicaciones de sus pueblos o porque no tuvieron hombres para trabajarlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tierras cayeron en manos de espa&ntilde;oles labradores y estancieros y fueron el origen de las haciendas que surgieron a partir del siglo XVII. Al recuperarse la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena hacia mediados del XVII, las nuevas generaciones carecieron de tierras y aguas, por lo que tuvieron que emplearse en las haciendas y obrajes o emigrar a las ciudades para obtener medios de vida. El proceso de expansi&oacute;n territorial de las haciendas continu&oacute; en los siglos XVII y XVIII, lo que dio por resultado que a principios del siglo XIX muchos pueblos carencieran de medios de producci&oacute;n, por lo que las invasiones de tierras eran constantes y daban origen a innumerables conflictos con las autoridades, vecinos, hacendados, mayordomos y administradores, as&iacute; como peri&oacute;dicos enfrentamientos violentos.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n fue particularmente dif&iacute;cil para los ind&iacute;genas en la regi&oacute;n de El Baj&iacute;o, cuna del movimiento independentista y donde se afiliaron decenas de miles de campesinos a la causa. Desde las primeras d&eacute;cadas del r&eacute;gimen colonial esta regi&oacute;n, situada entre el Altiplano central y la zona minera del norte, hab&iacute;a obedecido a un patr&oacute;n de desarrollo econ&oacute;mico europeo. En el siglo XVI fue una regi&oacute;n eminentemente ganadera, pero en el XVII, con el auge de la miner&iacute;a y la creciente demanda de art&iacute;culos de subsistencia por parte de los centros urbanos del Altiplano y gracias a la construcci&oacute;n de una imponente infraestructura hidr&aacute;ulica, en el siglo XVII se convirti&oacute; en agr&iacute;cola y manufacturera. Las condiciones de trabajo relativamente buenas que ofrec&iacute;an las haciendas y f&aacute;bricas de textiles atrajeron a muchos ind&iacute;genas, principalmente tarascos, otom&iacute;es y nahuas. Aunque estos grupos no lograron un nivel de vida elevado, si obtuvieron cierta seguridad en cuanto su subsistencia. El Baj&iacute;o asimismo atrajo a un gran n&uacute;mero de personas que arrendaban las tierras que las haciendas no utilizaban directamente.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en la segunda mitad del siglo XVIII las condiciones socioecon&oacute;micas de El Baj&iacute;o se deterioraron considerablemente. La disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n minera y las sucesivas crisis agr&iacute;colas implicaron una baja de la producci&oacute;n y afectaron el nivel de vida de los peones de las haciendas, de los jornaleros eventuales y de los arrendatarios. Hacia finales del siglo la mayor&iacute;a de los indios de El Baj&iacute;o, unos 168 879, viv&iacute;a fuera de sus comunidades y estaba hasta cierto grado "hispanizada". Las autoridades de la intendencia de Guanajuato los clasificaban como "vagos".<sup><a href="#notas">21</a></sup> Se estimaba que el n&uacute;mero de indios de "rep&uacute;blica", es decir los que viv&iacute;an en comunidad, s&oacute;lo llegaba a 76 852, repartidos en 37 pueblos, seg&uacute;n un censo de 1793. La situaci&oacute;n de estos pueblos era delicada, pues una encuesta levantada alrededor del 1797 revel&oacute; que la mayor&iacute;a de ellos ten&iacute;a muy pocas tierras comunales. En San Felipe y en Dolores, por ejemplo, ning&uacute;n pueblo contaba con "fondos comunales ni siembras de milpas comunes". En parecida situaci&oacute;n se encontraban Le&oacute;n, San Miguel del Grande, Celaya y las poblaciones menores de su jurisdicci&oacute;n. Hab&iacute;a excepciones como cuatro pueblos de la regi&oacute;n de San Luis de la Paz que conservaban algunas tierras, pero su posesi&oacute;n se hallaba en litigio, pues los terratenientes locales la hab&iacute;an reclamado. Otros, como dos pueblos de la zona de Salamanca, daban sus tierras en alquiler; dos pueblos de Salvatierra pose&iacute;an tierras pero eran improductivas.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento que nos ocupa, la situaci&oacute;n de los indios se hab&iacute;a deteriorado. Los salarios disminuyeron a la par que aumentaron los precios, especialmente los del ma&iacute;z, su alimento b&aacute;sico. Peri&oacute;dicas crisis alimenticias asolaban a la regi&oacute;n y el hambre hac&iacute;a estragos entre la poblaci&oacute;n. En 1785 y 1786, hab&iacute;an muerto muchas personas y en 1810 y 1811, a causa de intensas sequ&iacute;as, surgi&oacute; una nueva crisis agr&iacute;cola que afect&oacute; principalmente a las masas campesinas. Si en 1790 la fanega de ma&iacute;z se vend&iacute;a entre 16 y 21 reales, para 1811 la misma medida hab&iacute;a aumentado a 36 reales.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo hab&iacute;a fricciones con funcionarios reales, p&aacute;rrocos y miembros del clero regular en torno al cobro del tributo, del "repartimiento forzoso de mercanc&iacute;as", de obvenciones eclesi&aacute;sticas y de pensiones suplementarias al mantenimiento de cl&eacute;rigos que motivaron la insurrecci&oacute;n.<sup><a href="#notas">24</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente hubo problemas internos de las comunidades. El vac&iacute;o de poder que qued&oacute; al declinar la influencia y el control econ&oacute;mico de algunas de las familias de caciques ind&iacute;genas llev&oacute; a grupos antag&oacute;nicos a luchar por ocupar estos lugares de poder.<sup><a href="#notas">25</a></sup> Durante las celebraciones religiosas, particularmente las de Todos Santos y D&iacute;as de Muertos, con frecuencia surg&iacute;an disturbios, causados por elementos de orgullo local. Las figuras de Hidalgo y de Morelos que gozaron de prestigio a partir de su tr&aacute;gica muerte, unidas a la Virgen de Guadalupe, patrona de la insurgencia, dieron legitimidad al movimiento. Los pobres cre&iacute;an que esta &uacute;ltima los apoyaba en contra de los ricos y favorec&iacute;a la causa insurgente.<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe resaltar que los indios insurgentes no buscaron la independencia de Nueva Espa&ntilde;a o de Am&eacute;rica septentrional, para decirlo en t&eacute;rminos de la &eacute;poca. En primer t&eacute;rmino carec&iacute;an de una percepci&oacute;n clara del r&eacute;gimen novohispano y del territorio que comprend&iacute;a el reino de Nueva Espa&ntilde;a. Si bien se sent&iacute;an s&uacute;bditos del rey de Espa&ntilde;a, imaginaban esta relaci&oacute;n como un v&iacute;nculo personal, producto de un convenio entre las comunidades y la Corona, mediante el cual las primeras aceptaban pagar el tributo, mientras el rey asum&iacute;a la obligaci&oacute;n de protegerlos. Desde el siglo XVI se hab&iacute;a creado en su imaginario una desvinculaci&oacute;n entre el rey y sus funcionarios, lo que les permiti&oacute; ser fieles al primero a pesar del mal manejo de la administraci&oacute;n virreinal. Esta forma de pensar se reflejaba en la expresi&oacute;n "Viva el rey y muera el mal gobierno", utilizada, por ejemplo, durante el tumulto de 1692 en la ciudad de M&eacute;xico;<sup><a href="#notas">27</a></sup> y m&aacute;s cercano a nuestra &eacute;poca de estudio, en 1766, por los cerca de seis mil amotinados en Guanajuato.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Tampoco les interes&oacute; reivindicar sus derechos como ind&iacute;genas, ya que carec&iacute;an de una conciencia de grupo y no percib&iacute;an que pertenec&iacute;an a un sector social que estaba en desventaja frente a los dem&aacute;s.<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, fueron motivaciones culturales, sociales y econ&oacute;micas las que impulsaron a los indios a participar en la lucha. Su espectro pol&iacute;tico se circunscrib&iacute;a a la vida comunal y a los acuerdos o diferencias que ten&iacute;an con los pueblos vecinos, con las instancias de gobierno locales, con los cl&eacute;rigos de sus demarcaciones y los hacendados de las inmediaciones. En la mayor&iacute;a de los casos se trataba de preservar su <i>status quo,</i> su integridad comunitaria, recuperar el equilibrio social y ajustar viejas cuentas.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque a primera vista esta afirmaci&oacute;n resulte desconcertante, cabe recordar que la preservaci&oacute;n de la vida comunal y los usos y costumbres asociados a la misma es algo inherente al mundo campesino. El movimiento zapatista, que se dio 100 a&ntilde;os despu&eacute;s en Morelos durante la Revoluci&oacute;n Mexicana, por ejemplo, se enfoc&oacute; a recuperar las tierras perdidas a manos de las haciendas y no tuvo la intenci&oacute;n de derrocar a la clase pol&iacute;tica porfirista.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter local de los conflictos por los que los indios se afiliaron a la insurgencia se manifiesta en el hecho de que se mantuvieron pr&oacute;ximos a sus pueblos. Sobre todo los que eran labradores y estaban casados, permanec&iacute;an lo m&aacute;s cerca posible de sus casas, a diferencia de los peque&ntilde;os comerciantes y arrieros, as&iacute; como los solteros, que se aventuraban m&aacute;s lejos.<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n ind&iacute;gena en la insurgencia comenz&oacute; el domingo 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores. El cura Miguel Hidalgo convoc&oacute; a los indios y mestizos que acud&iacute;an al mercado y a los cuales muy pronto se uni&oacute; un n&uacute;mero inusitado de inconformes. El primer d&iacute;a del levantamiento tomaron la ciudad de San Miguel el Grande y dos d&iacute;as despu&eacute;s, Celaya. El 23 de septiembre, 23 mil personas llegaron a Guanajuato; el 28 asaltaron su alh&oacute;ndiga y saquearon la ciudad, matando a varios espa&ntilde;oles y criollos. Para principios de octubre, cuando tomaron la ciudad de Valladolid, los rebeldes al mando de Hidalgo sumaban unos 60 mil, y ya eran 80 mil cuando se presentaron en las inmediaciones de la ciudad de M&eacute;xico, el 28 de octubre de 1810.<sup><a href="#notas">33</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que muchos de los l&iacute;deres del movimiento encabezado por Hidalgo eran criollos o mestizos, a los ojos de los europeos y criollos del virreinato el levantamiento era eminentemente "indio". De hecho, esa fue la principal raz&oacute;n por la cual, aun los autonomistas m&aacute;s fervientes, no brindaron su apoyo al mismo.<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los l&iacute;deres ind&iacute;genas sobresale el caudillo Albino Garc&iacute;a Ramos, proveniente de Guanajuato, quien hab&iacute;a trabajado en varias haciendas y ten&iacute;a fama de buen charro.<sup><a href="#notas">35</a></sup> Lo apodaban "el manco" debido a que se hab&iacute;a roto un brazo al caer del caballo. Entrando en contacto con los insurgentes se sum&oacute; a la rebeli&oacute;n junto a su hermano Pedro. Con cerca de mil hombres atac&oacute; P&eacute;njamo, Lagos y varios otros lugares de Guanajuato, Michoac&aacute;n y Aguascalientes. Con el paso del tiempo aument&oacute; su contingente a m&aacute;s de seis mil hombres. Derrotado en junio de 1812 por Agust&iacute;n de Iturbide, cuando &eacute;ste militaba como realista, perdi&oacute; buen n&uacute;mero de sus seguidores. Lo apresaron y ejecutaron en Celaya junto con su hermano Pedro.<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la intendencia de Guadalajara tambi&eacute;n hubo l&iacute;deres indios, como los principales de Zacoalco, Juan Paulino y Pedro Rosas. Al parecer, en octubre de 1810, ante los rumores de que se acercaban "gavillas" o tropas de insurgentes a la ciudad de Guadalajara, las autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas de Nueva Galicia hicieron distintas diligencias para evitar que reclutaran a la poblaci&oacute;n. En primer lugar, se emiti&oacute; un bando donde se ofrec&iacute;a la exenci&oacute;n de tributos a los indios, negros y castas que se unieran a las fuerzas realistas,<sup><a href="#notas">37</a></sup> con base en un decreto virreinal del 5 de octubre, en el que se abol&iacute;a el tributo para calmar los &aacute;nimos de estos grupos.<sup><a href="#notas">38</a></sup> En seguida vinieron las amenazas. El obispo Ruiz de Caba&ntilde;as ratific&oacute; la excomuni&oacute;n de Miguel Hidalgo y de todos aquellos que se unieran a su causa. La situaci&oacute;n de los ind&iacute;genas en esta zona no era muy distinta de la que se viv&iacute;a en El Baj&iacute;o. El 80% de los pueblos de la regi&oacute;n de Guadalajara, por ejemplo, ten&iacute;a sus bienes de comunidad arrendados a particulares, y se ve&iacute;a constantemente amenazado con la p&eacute;rdida de los mismos. Una vez iniciado el estado de guerra, las autoridades virreinales les facilitaron la elecci&oacute;n por el bando rebelde, con sus peticiones de apoyo econ&oacute;mico y humano, mediante levas forzadas.<sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando algunos jefes del ej&eacute;rcito en rebeld&iacute;a pasaron por "el camino real de Colima" encontraron gran respaldo entre los pueblos indios. Tal fue el caso de Jos&eacute; Antonio Torres, un jefe rebelde que proced&iacute;a de Guanajuato. En Zapotitl&aacute;n, el cabildo ind&iacute;gena se pronunci&oacute; por apoyarlo, y lo mismo ocurri&oacute; en los cabildos de otros pueblos de la regi&oacute;n. En Sayula, Torres recibi&oacute; a los representantes de las "rep&uacute;blicas de naturales", quienes se pusieron a sus &oacute;rdenes. A uno de ellos, Juan Paulino, lo nombr&oacute; "capit&aacute;n comandante". Paulino destac&oacute; en varias batallas contra el "ej&eacute;rcito de los gachupines", como llamaba a los realistas. Tom&oacute;, por ejemplo, al lado de otras "compa&ntilde;&iacute;as" de indios, el Real del Rosario en diciembre de 1810. Apoy&oacute; tambi&eacute;n a Jos&eacute; Mar&iacute;a Mercado, cura de Ahualulco, en la toma de Tepic, donde se les unieron alrededor de dos mil indios coras, tanto de las rancher&iacute;as cercanas como de la sierra. Posteriormente se apoder&oacute; de la base naval de San Blas, desde donde condujo a un grupo de ind&iacute;genas y 43 ca&ntilde;ones solicitados por Hidalgo. Otras acciones de Mercado y Paulino se llevaron a cabo en los meses siguientes, hasta que Mercado fue derrocado y muerto en San Blas, en 1811.<sup><a href="#notas">40</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros principales ind&iacute;genas de la zona que participaron activamente durante esta primera etapa insurgente fueron los alcaldes de Ahualulco, L&aacute;zaro Ximenes y Juan Sebasti&aacute;n Bosques, quienes probablemente formaron parte de la compa&ntilde;&iacute;a de 124 ind&iacute;genas que fue apresada en San Blas, el d&iacute;a que derrocaron a Mercado.<sup><a href="#notas">41</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un caso notable fue el de Encarnaci&oacute;n Rojas (o Rosas), hijo de un pescador de Mezcala, quien combati&oacute; al lado de Jos&eacute; Santa&#45;Ana en varios lugares cercanos al lago de Chapala. Fortificados en una isla, resistieron las embestidas de los realistas hasta 1816, cuando una epidemia, aunada a la falta de alimentos por el cerco realista, los hizo capitular.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro caudillo ind&iacute;gena fue el tlahuica Pedro Asencio Alquisiras, quien combati&oacute; junto con Vicente Guerrero en varios lugares del centro del pa&iacute;s y en una ocasi&oacute;n derrot&oacute; a Agust&iacute;n de Iturbide. Fue gracias a &eacute;l y a Guerrero que la revoluci&oacute;n continu&oacute; cuando parec&iacute;a extinta. Por sus m&eacute;ritos en varios combates, Jos&eacute; Mar&iacute;a L&oacute;pez Ray&oacute;n le confiri&oacute; el grado de capit&aacute;n.<sup><a href="#notas">43</a></sup> Continu&oacute; combatiendo a&uacute;n despu&eacute;s de que Agust&iacute;n de Iturbide y Vicente Guerrero proclamaran el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821, pronunciamiento pol&iacute;tico mediante el cual se decretaba la independencia de Nueva Espa&ntilde;a. En junio de 1821 atac&oacute; al pueblo de Tetecala. Los realistas concentraron entonces numerosas tropas para enfrentarlo. La consecuencia fue que la mayor&iacute;a de los insurgentes perdi&oacute; &aacute;nimo y durante el enfrentamiento final Alquisiras pereci&oacute;. Su cabeza fue expuesta en Cuernavaca como escarnio.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los l&iacute;deres indios rebeldes no siempre supieron ganarse y conservar el apoyo de los pueblos. Tal fue el caso de Antonio Ca&ntilde;as, un indio de Nayarit que recibi&oacute; inicialmente el respaldo de los huicholes y otros grupos de la zona. No se poseen demasiados datos sobre su actuaci&oacute;n, pero por documentos de los realistas se sabe que sus propios seguidores lo mataron o lo entregaron al comandante de las fuerzas realistas en Bola&ntilde;os, en julio de 1813. Seg&uacute;n esta versi&oacute;n, Ca&ntilde;as hab&iacute;a "agavillado consigo" a los pueblos de San Sebasti&aacute;n, San Andr&eacute;s y Santa Catarina. Pero muy pronto sus pobladores "experimentando en s&iacute; mismos las inquietudes del perverso cabecilla, se le comprometieron al comandante de Bola&ntilde;os a perseguirlo hasta su aprehensi&oacute;n", y lo cumplieron. Su cabeza fue enviada al pueblo de Jes&uacute;s Mar&iacute;a y una mano, al de Bola&ntilde;os. Seg&uacute;n el cura de este &uacute;ltimo pueblo, los mismos indios que apresaron a Ca&ntilde;as, se ocuparon despu&eacute;s, con gran utilidad y gozo, a "escoltar" las barrancas, arroyos y sierras vecinas a favor de la causa realista.<sup><a href="#notas">45</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, al margen de estos y otros casos donde los ind&iacute;genas se hallaron al mando de tropas insurgentes, la mayor&iacute;a de los mismos participaron como soldados rasos. Aunque los ind&iacute;genas, salvo raras excepciones, no ten&iacute;an adiestramiento militar y no contaban con armamento de fuego<sup><a href="#notas">46</a></sup> su participaci&oacute;n fue decisiva en la lucha. Pose&iacute;an una ventaja num&eacute;rica, eran valientes y contaban con lanzas, flechas y piedras. Algunos de ellos incluso recurrieron a las armas tradicionales con el arco y la flecha, y as&iacute;, en 1811, Mercado solicitaba a Nayarit que le enviaran los "indios de flecha" que fueran posibles.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobran ejemplos en los que los capitanes de alguna compa&ntilde;&iacute;a de indios se&ntilde;alan las estrategias de guerra que los llevaron a victorias o fracasos. En estos relatos se aprecia su debilidad armament&iacute;stica y disciplinaria, a la vez que se subrayan su "entusiasmo" y "decisi&oacute;n". En un relato de Juan Paulino, por ejemplo, se lee que en el pueblo de Sayula, sus soldados inicialmente "echaron pie atr&aacute;s", al ver al ej&eacute;rcito realista "brillar de armas" y disparar con un ca&ntilde;&oacute;n. Su compa&ntilde;&iacute;a no pudo m&aacute;s que encomendarse a la Virgen de Guadalupe y tirarse "pecho a tierra". Pero recuperados del temor y armados de valor, "arrebatadamente" se acercaron, "y a piedrazos los hicimos correr y agarramos el ca&ntilde;&oacute;n y todos los fusiles que iban tirando como quien tira bolas al suelo rogando de lanzas".<sup><a href="#notas">48</a></sup> En otra ocasi&oacute;n, al mando de Torres, tambi&eacute;n con una muy "nutrida lluvia de piedras", hicieron retroceder a la caballer&iacute;a realista.<sup><a href="#notas">49</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, en muchas ocasiones proporcionaron los medios de subsistencia de los ej&eacute;rcitos en rebeld&iacute;a y elaboraron gran parte del armamento utilizado, principalmente los arcos y flechas. En la isla del Lago de Chapala, por ejemplo, los indios, bajo la direcci&oacute;n del padre Castellanos, establecieron una "f&aacute;brica de p&oacute;lvora y balas", haciendo constantes expediciones a la costa de Tizap&aacute;n para abastecerla de le&ntilde;a.<sup><a href="#notas">50</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un gran n&uacute;mero de ind&iacute;genas cay&oacute; en manos de realistas durante los a&ntilde;os de lucha. En prisi&oacute;n, por lo general, gozaron de una situaci&oacute;n m&aacute;s ben&eacute;vola que los espa&ntilde;oles y mestizos insurgentes y el tiempo que se les mantuvo en prisi&oacute;n fue m&aacute;s breve. As&iacute;, el 75% de los indios de los cuales se conocen sus sentencias cumpli&oacute; un m&aacute;ximo de dos a&ntilde;os, mientras que los espa&ntilde;oles que hab&iacute;an cometido las mismas faltas cumplieron como m&iacute;nimo este lapso de tiempo. Tal parece que el gobierno colonial mostr&oacute; mayor indulgencia hacia ellos por considerarlos menores, necesitados de la protecci&oacute;n de las autoridades espa&ntilde;olas.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, a pesar de lo anterior, como ha se&ntilde;alado Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, las ejecuciones de indios insurgentes a manos de realistas fueron relativamente frecuentes. Por ejemplo, Jos&eacute; Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez, Jos&eacute; de Jes&uacute;s Caleria y otros seis fueron ejecutados por la espalda, sin ser sometidos a juicio.<sup><a href="#notas">52</a></sup> En Cuernavaca los indios Jos&eacute; Hip&oacute;lito Medrano y Juan Jos&eacute; Manuel, acusados por gente de Coajomulco fueron condenados a muerte y ejecutados en 1816.<sup><a href="#notas">53</a></sup> Parecidos fueron los casos de Antonio Andr&eacute;s, indio del pueblo de Sayula y de Jos&eacute; Andr&eacute;s de San Miguel Temoaya, quienes apresados despu&eacute;s de una batalla, fueron ejecutados el primero en 1811 y el segundo en 1813.<sup><a href="#notas">54</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las inmediaciones de Guadalajara fue apresado, condenado a muerte y ejecutado Jos&eacute; Antonio Irineo.<sup><a href="#notas">55</a></sup> Tambi&eacute;n Felipe Anselmo, gobernador ind&iacute;gena de Tecozautla, del antiguo distrito de Huichapan, fue acusado, condenado a muerte y ejecutado por haber incitado a muchos a rebelarse.<sup><a href="#notas">56</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez lograda la independencia pocos fueron los beneficios inmediatos que obtuvieron los ind&iacute;genas y m&aacute;s bien resultaron perjudicados. Les afect&oacute; el receso econ&oacute;mico y la inestabilidad que caracteriz&oacute; al pa&iacute;s durante el primer lustro independiente. Asimismo, les fueron adversas las nuevas leyes emanadas de la Rep&uacute;blica. Mediante las leyes de desamortizaci&oacute;n de bienes eclesi&aacute;sticos y comunales, impuesta por ley Lerdo de 1856 y la Constituci&oacute;n de 1857, como parte del programa liberal republicano de los gobiernos de Ignacio Comonfort y Benito Ju&aacute;rez, se disolvieron las rep&uacute;blicas de indios y las llamadas parcialidades o entidades ind&iacute;genas situadas dentro de algunas ciudades; se suspendi&oacute; el r&eacute;gimen jur&iacute;dico especial de que gozaban, que inclu&iacute;a la existencia de juzgados para los indios, y, lo m&aacute;s grave, se aboli&oacute; la propiedad comunal de la tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, podemos decir que los ind&iacute;genas que participaron en el movimiento insurgente lo hicieron mayoritariamente por motivos personales o comunales locales. Su prop&oacute;sito no fue lograr la independencia de Nueva Espa&ntilde;a ya que no ten&iacute;an la conciencia de este territorio y su relaci&oacute;n con la corona s&oacute;lo era de s&uacute;bditos que buscaban protecci&oacute;n. Sus intereses se circunscrib&iacute;an a sus comunidades y pelearon por la esperanza de mejorar su situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica, para resolver rencillas locales, problemas con los actores inmediatos, como eran los pueblos vecinos, las haciendas, los funcionarios reales y los cl&eacute;rigos. Si a estas conclusiones a&ntilde;adimos que la gran mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas no particip&oacute; en la guerra de insurgencia, y que muchos lo hicieron del lado realista tenemos un cuadro distinto al tradicional sobre el movimiento insurgente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este escrito se demuestra que los indios de Nueva Espa&ntilde;a fueron vitales para la guerra de Independencia y que sin su participaci&oacute;n &eacute;sta hubiera resultado, insostenible. Parad&oacute;jicamente, fueron los menos favorecidos con la misma y desde entonces hasta hoy d&iacute;a, muchos indios "mexicanos" siguen luchando, de distintas maneras, para conseguir la vida digna que ni la Independencia ni la Revoluci&oacute;n, que estall&oacute; cien a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1910, pudo proporcionarles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Brian Hamnett, <i>Ra&iacute;ces de la insurgencia en M&eacute;xico: historia regional, 1750&#45;1824,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1990;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444823&pid=S0071-1675201100010001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> John Tutino, <i>De la insurrecci&oacute;n a la revoluci&oacute;n en M&eacute;xico: las bases sociales de la violencia agraria, 1750&#45;1940,</i> M&eacute;xico, Editorial Era, 1990;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444824&pid=S0071-1675201100010001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Eric Van Young, <i>La otra rebeli&oacute;n. La lucha por la independencia de M&eacute;xico, 1810&#45;1821,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444825&pid=S0071-1675201100010001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, "Los pueblos originarios en la guerra de Independencia y en la Revoluci&oacute;n de 1910", en Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla y Alicia Mayer (comps.), <i>Los ind&iacute;genas en la Independencia y en la Revoluci&oacute;n mexicana,</i> p. 10&#45;35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444827&pid=S0071-1675201100010001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Cfr.</i> Jes&uacute;s Hern&aacute;ndez Jaimes, "Crisis de subsistencia e insurrecci&oacute;n popular en la Nueva Espa&ntilde;a: entre la infidencia y la lealtad", en: Alicia Mayer (coord.), <i>M&eacute;xico en tres momentos: 1810&#45;1910&#45;2010,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2007, p. 86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444829&pid=S0071-1675201100010001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> La agricultura y la ganader&iacute;a ocupaban aproximadamente el 80% de la fuerza de trabajo total y produc&iacute;an cerca del 39% de la riqueza del virreinato, cfr., Timothy Anna, "La independencia de M&eacute;xico y Am&eacute;rica Central", en Leslie Bethell (ed.), <i>Historia de Am&eacute;rica Latina 5. La Independencia,</i> t. 5, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2000, p. 41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444830&pid=S0071-1675201100010001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Cfr. Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 11. Dentro del sector blanco tambi&eacute;n hab&iacute;a diferencias. Los espa&ntilde;oles americanos o criollos representaban el 17.8%, mientras los peninsulares o "gachupines" s&oacute;lo el 0.2% de la poblaci&oacute;n, cfr. Anna, <i>op. cit.,</i> p. 41, 43.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> La visi&oacute;n negativa de los indios se deb&iacute;a en parte a que los blancos se sent&iacute;an amenazados por ellos y tem&iacute;an levantamientos como el ocurrido en 1692 en la ciudad de M&eacute;xico y en otras villas. V&eacute;ase Felipe Castro, <i>La rebeli&oacute;n de los indios y la paz de los espa&ntilde;oles,</i> Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social, Instituto Nacional Indigenista, 1996,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444833&pid=S0071-1675201100010001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y <i>Movimientos populares en la Nueva Espa&ntilde;a: Michoac&aacute;n 1766&#45;1767,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444834&pid=S0071-1675201100010001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Natalia Silva Prada, <i>La pol&iacute;tica de una rebeli&oacute;n. Los ind&iacute;genas frente al tumulto de 1692 en la ciudad de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444835&pid=S0071-1675201100010001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> El mestizaje se dio de la mezcla entre indios, espa&ntilde;oles y negros. Si bien fue m&aacute;s intenso en las ciudades y los sitios donde se concentraron los esclavos negros, particularmente las zonas mineras y azucareras y las costas, tambi&eacute;n se dio, aunque de manera menos acentuada, en el resto del territorio novohispano. S&oacute;lo regiones muy apartadas como la Selva Lacandona se mantuvieron sin mestizaje.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Para el siglo XVIII el tributo se hab&iacute;a monetarizado casi en toda la Nueva Espa&ntilde;a, exceptuando el sur y el sureste, y se hab&iacute;a tratado de estandarizar en 16 reales, es decir, dos pesos por tributario ind&iacute;gena. Por otro lado, se hab&iacute;an incorporado a los padrones a los mestizos y mulatos. Otra de las cargas comunales indias, el cultivo de "diez brazas de tierra por tributario" para "sufragar los gastos de la comunidad", tambi&eacute;n se hab&iacute;a transformado a moneda, cobr&aacute;ndose en su lugar un real y medio. Tambi&eacute;n el diezmo se conmut&oacute; en dinero, <i>cfr.</i> Margarita Menegus, "La econom&iacute;a ind&iacute;gena y su articulaci&oacute;n al mercado en Nueva Espa&ntilde;a. El repartimiento forzoso de mercanc&iacute;as", en: Margarita Menegus (comp.), <i>El repartimiento forzoso de mercanc&iacute;as en M&eacute;xico, Per&uacute; y Filipinas,</i> M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora&#45;Centro de Estudios sobre la Universidad, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2000, p. 59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444838&pid=S0071-1675201100010001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Jur&iacute;dicamente los indios fueron considerados vasallos libres de la Corona de Castilla; sin embargo, la legislaci&oacute;n indiana los diferenci&oacute; del resto de los habitantes de Am&eacute;rica. Se les confiri&oacute; el estatus de "personas miserables", equipar&aacute;ndolos a los menores de edad, a los pobres y a los r&uacute;sticos. V&eacute;ase Juan de Sol&oacute;rzano y Pereyra, <i>Pol&iacute;tica indiana,</i> ed. facsimilar de la ed. de 1776, t. I, Libro II, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Programaci&oacute;n y Presupuesto, 1979 &#91;1<sup>a</sup>. ed., 1647&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444840&pid=S0071-1675201100010001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 132.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> <i>Ibidem.,</i> p. 104.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 273.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 279.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 247.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Ibidem.,</i> p. 735.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 213.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Archivo General de la Naci&oacute;n (M&eacute;xico), <i>Infidencias,</i> v. 16, expediente 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444849&pid=S0071-1675201100010001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Anna, <i>op. cit.,</i> p. 50.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 673&#45;685. V&eacute;ase Gisela von Wobeser, <i>La formaci&oacute;n de la hacienda en la &eacute;poca colonial. El uso de la tierra y el agua,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1983, p. 56&#45;60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444852&pid=S0071-1675201100010001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 716.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Eric R. Wolf, "El Baj&iacute;o en el siglo XVII. Un an&aacute;lisis de integraci&oacute;n cultural", <i>Los beneficiarios del desarrollo cultural,</i> David Barkin, coordinador, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, 1972, p. 63&#45;65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444855&pid=S0071-1675201100010001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> El calificativo de "vagos" ven&iacute;a de la mayor movilidad de estos indios (como trabajadores temporales, aparceros, etc&eacute;tera) y era considerada particularmente perniciosa por la dificultad del cobro del tributo que conllevaba, pues ni sus pueblos de origen ni las haciendas donde laboraban o arrendaban cubr&iacute;an sus cuotas tributarias, <i>cfr.</i> David Brading, <i>Mineros y comerciantes en el M&eacute;xico borb&oacute;nico (1763&#45;1810),</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1975, p. 306&#45;307 (1a. ed. en ingl&eacute;s, 1971).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444857&pid=S0071-1675201100010001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Brading, <i>ibidem.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Cfr.</i> Enrique Florescano, <i>Precios del ma&iacute;z y crisis agr&iacute;colas en M&eacute;xico, 1798&#45;1810,</i> M&eacute;xico, Editorial Era, 1986;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444860&pid=S0071-1675201100010001600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Anna, <i>op. cit.,</i> p. 45.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> <i>Cfr.</i> Menegus, "Introducci&oacute;n" y "La econom&iacute;a ind&iacute;gena", en Menegus (comp.), <i>op. cit.,</i> p. 7, 16&#45;17 y Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 401. En el Obispado de Guadalajara, por ejemplo, fueron numerosas las quejas contra "la intromisi&oacute;n del clero secular en la vida de las comunidades", especialmente por su pretensi&oacute;n de controlar las cofrad&iacute;as, las tierras y el ganado de los ind&iacute;genas, cfr. Rosa Y&aacute;&ntilde;ez Rosales, <i>Rostro, palabra y memoria ind&iacute;genas. El Occidente de M&eacute;xico, 1524&#45;1816,</i> M&eacute;xico, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#45;Instituto Nacional Indigenista, 2001, (Historia de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico), p. 239&#45;240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444862&pid=S0071-1675201100010001600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Cfr. Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 670, 694.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 560&#45; 562.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Para esta rebeli&oacute;n v&eacute;ase Silva, <i>op. cit.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Trataron "de saquear la caja real". Protestaban "contra la imposici&oacute;n de alcabalas sobre el ma&iacute;z, la harina, la carne y la le&ntilde;a, contra los puros de baja calidad que el nuevo monopolio del tabaco quer&iacute;a venderles y contra la formaci&oacute;n de una milicia en la cual se les pod&iacute;a obligar a servir", Brading, <i>op. cit.,</i> p. 314.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 265. Algunos estudiosos del periodo colonial han sugerido que durante el siglo XVII pudieron haber tenido lugar en Hispanoam&eacute;rica procesos de concienciaci&oacute;n y afirmaci&oacute;n ind&iacute;gena, mismos que se expresaron, en la segunda mitad del siglo XVIII, en alegatos sobre sus or&iacute;genes "puros" y sus linajes antiguos, cfr. Horst Pietschmann, "El ejercicio y los conflictos de poder en Hispanoam&eacute;rica", en <i>Historia general de Am&eacute;rica Latina,</i> t. III, 2, Espa&ntilde;a, Trotta&#45;Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Educaci&oacute;n, la Ciencia y la Cultura, 2001, p. 84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444868&pid=S0071-1675201100010001600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Sin embargo, dichos procesos fueron m&aacute;s propios de la elite ind&iacute;gena que, por otro lado, siempre posey&oacute; una conciencia m&aacute;s firme de sus privilegios. Pareciera que no sucedi&oacute; lo mismo con la mayor&iacute;a de comunes, quienes fueron tambi&eacute;n v&iacute;ctimas, en muchos casos, de la misma &eacute;lite ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> <i>Cfr.</i> Van Young , <i>ibidem.,</i> p. 265.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Cfr. John Womack Jr., <i>Zapata y la Revoluci&oacute;n mexicana,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1972 (1<sup>a</sup> ed. en ingl&eacute;s 1969).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444871&pid=S0071-1675201100010001600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 136.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> <i>Cfr.</i> Anna, <i>op. cit.,</i> p. 50&#45;51.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> <i>Cfr.</i> Anna, <i>ibidem.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> <i>Cfr.</i> Brian Hammett, <i>Roots of Insurgency, Mexican Regions, 1750&#45;1824,</i> Cambridge University Press, 1996, p. 180&#45;182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444876&pid=S0071-1675201100010001600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> <i>Cfr.</i> Le&oacute;n&#45;Portilla, <i>op. cit.,</i> p. 2.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> <i>Cfr.</i> Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 256.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> <i>Cfr.</i> Anna, <i>op. cit.,</i> p. 51.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> <i>Cfr.</i> Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 254&#45;256.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> <i>Cfr.</i> Juan Paulino a Jos&eacute; Mar&iacute;a Mercado, Real del Rosario, 28&#45;XII&#45;1810, en: Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 255; Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 256&#45;261.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Cfr. Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 257, 261&#45;262.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> <i>Cfr.</i> Lucas Alam&aacute;n, <i>Historia de M&eacute;xico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia hasta la &eacute;poca presente,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1985, v. 3, p. 461;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444884&pid=S0071-1675201100010001600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 262&#45;265. Seg&uacute;n esta autora, es probable que Encarnaci&oacute;n estuviera muerto para entonces, pues su firma no figura en la capitulaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> <i>Cfr.</i> Alam&aacute;n, <i>ibidem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> <i>Cfr</i>. <i>ibidem,</i> p. 92&#45;93 y 662&#45;664 y <i>Gaceta de M&eacute;xico,</i> 9 y 14 de junio de 1821.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Jos&eacute; Norberto P&eacute;rez a don Juan Cruz Ruiz de Caba&ntilde;as, 25&#45;VII&#45;1813, en: Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 255.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> Las compa&ntilde;&iacute;as m&aacute;s agraciadas, como las de Compostela y Sentispac, s&iacute; manejaron fusiles y hasta granadas. <i>Cfr. ibidem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> <i>Cfr.</i> Y&aacute;&ntilde;ez, <i>ibidem.,</i> p. 257, 261.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> Paulino a Mercado, 28&#45;XII&#45;1810, cit.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> Y&aacute;&ntilde;ez, <i>op. cit.,</i> p. 257.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> <i>Cfr. ibidem.,</i> p. 262.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> <i>Cfr.</i> Van Young, <i>op. cit.,</i> p. 140.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> Archivo General de la Naci&oacute;n (M&eacute;xico), <i>Infidencias,</i> v. 16, expediente 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444895&pid=S0071-1675201100010001600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> Archivo General de la Naci&oacute;n (M&eacute;xico), <i>Infidencias,</i> v. 62, expediente 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444897&pid=S0071-1675201100010001600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> Archivo General de la Naci&oacute;n (M&eacute;xico), <i>Infidencias,</i> v. 162, expediente 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444899&pid=S0071-1675201100010001600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> <i>Cfr.</i> Juan E. Hern&aacute;ndez y D&aacute;valos, <i>Colecci&oacute;n de documentos para la historia de la guerra de independencia de M&eacute;xico,</i> de 1801 a 1821, t. 3, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, p. 267.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444901&pid=S0071-1675201100010001600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> <i>Cfr.</i> Hern&aacute;ndez, <i>ibidem.</i></font></p>      ]]></body><back>
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