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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El ídolo sin pies ni cabeza: la Coatlicue a fines del siglo XVIII]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El &iacute;dolo sin pies ni cabeza: la Coatlicue a fines del siglo XVIII</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Mexicano. Doctor en arqueolog&iacute;a por la Universidad de Par&iacute;s, Nanterre. Profesor&#45;investigador del Museo del Templo Mayor del INAH. Sus libros m&aacute;s recientes son The Offerings of the Templo Mayor of Tenochtitlan (revised edition), La Casa de las &Aacute;guilas, y Azt&egrave;ques: Sculptures de la collection du Mus&eacute;e du quai Branly, este &uacute;ltimo en colaboraci&oacute;n con Marie&#45;France Fauvet&#45;Berthelot.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Una &eacute;poca de florecimiento</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descubrimiento de la Coatlicue &#151;junto con el de la Piedra del Sol y el de la de T&iacute;zoc&#151; tiene como marco uno de los periodos m&aacute;s fecundos de nuestra historia cultural, el cual se remonta a las postrimer&iacute;as de la Colonia. Hablamos concretamente de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII y la primera del XIX, cuando las ciencias y las artes florecieron en el territorio novohispano como nunca antes. En aquel entonces, la ense&ntilde;anza experiment&oacute; un r&aacute;pido proceso de secularizaci&oacute;n que intentaba dejar atr&aacute;s la escol&aacute;stica, y que tuvo como fruto m&aacute;s preciado la fundaci&oacute;n de instituciones vanguardistas, entre ellas el Colegio de Artes y Oficios para Mujeres de las Vizca&iacute;nas, la Real Escuela de Cirug&iacute;a, la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, la Academia P&uacute;blica de Medicina y el Real Seminario de Minas. En dicho periodo tambi&eacute;n abrieron sus puertas el Jard&iacute;n Bot&aacute;nico y nuevos escenarios para el teatro, el ballet y los conciertos. Paralelamente, varias imprentas, librer&iacute;as y revistas cient&iacute;ficas se entregaron a la tarea de difundir las ideas de la Ilustraci&oacute;n europea, las cuales encontraron suelo f&eacute;rtil en la Nueva Espa&ntilde;a. Estas ideas pronto se propagaron y, reinterpretadas por los criollos, insuflaron en el ambiente un esp&iacute;ritu independentista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tal contexto de efervescencia cultural, el pasado prehisp&aacute;nico fue revaluado por criollos y peninsulares, quienes persegu&iacute;an con su inter&eacute;s diversos fines tanto de &iacute;ndole acad&eacute;mica como pol&iacute;tica. Hasta cierto punto, esta inusitada atracci&oacute;n por las civilizaciones que habitaron el Nuevo Mundo antes de la Conquista se debi&oacute; al impulso dado a la arqueolog&iacute;a por Carlos III y Carlos IV.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Recordemos que ambos monarcas promovieron las exploraciones pioneras de Herculano, Pompeya y Estabia,<sup><a href="#notas">2</a></sup> y que auspiciaron numerosas expediciones cient&iacute;ficas en ultramar, las cuales inclu&iacute;an en sus respectivas agendas el estudio de las antig&uuml;edades locales. A la saz&oacute;n, en lo que hoy es nuestro pa&iacute;s, se hicieron los primeros reconocimientos met&oacute;dicos de Xochicalco y El Taj&iacute;n, se excavaron las ruinas de Palenque y se emprendi&oacute; &#151;aunque qued&oacute; inconclusa&#151; la Real Expedici&oacute;n Anticuaria de la Nueva Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La ciudad de M&eacute;xico y el virrey Revillagigedo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro detonador de los estudios arqueol&oacute;gicos fue la llegada a M&eacute;xico de Juan Vicente de G&uuml;emes Pacheco de Padilla y Horcasitas, segundo conde de Revillagigedo, quien ocup&oacute; el cargo de virrey, gobernador, capit&aacute;n general y superintendente de la real hacienda.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Esto aconteci&oacute; en el a&ntilde;o de 1789, cuando la ciudad hab&iacute;a alcanzado los 131 mil habitantes y se erig&iacute;a como la capital m&aacute;s populosa del hemisferio occidental. Como es bien sabido, Revillagigedo era un criollo nacido en la Habana y criado en la Nueva Espa&ntilde;a durante el gobierno de su padre (1746&#45;1755). Residi&oacute; en Espa&ntilde;a la mayor parte de su vida, donde pudo seguir paso a paso el renacimiento urbano de Madrid que orquest&oacute; el arquitecto siciliano Francesco Sabatini bajo las &oacute;rdenes de Carlos III. Esto debi&oacute; de haber dejado una profunda huella en Revillagigedo, pues, al retornar a M&eacute;xico a los 49 a&ntilde;os de edad, se propuso transformar a cualquier precio el rostro de esta urbe, entonces dominada por el caos, la insalubridad y la escasa seguridad.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Y fueron precisamente las obras que realiz&oacute; entre su llegada y el a&ntilde;o de 1794 las que tuvieron como resultado imprevisto la exhumaci&oacute;n de grandes monumentos arqueol&oacute;gicos mexicas. De ello da cuenta el alabardero granadino Jos&eacute; G&oacute;mez, quien en una sola frase resume causa y efecto: "En su tiempo se min&oacute; o abugered&oacute; toda la ciudad y se sacaron varios &iacute;dolos del tiempo de la gentilidad".<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concretar sus anhelos, el pol&eacute;mico virrey se vali&oacute; de los servicios del arquitecto y urbanista novohispano Ignacio de Castera, quien muy pronto comenz&oacute; las obras.<sup><a href="#notas">7</a></sup> La traza ortogonal se regulariz&oacute; por medio de la apertura, ampliaci&oacute;n y alineamiento de numerosas arterias viales. Nuevos paseos y puentes fueron construidos. Adem&aacute;s, dot&oacute; de empedrado y de anchas banquetas a las calles del centro; los mercados en las plazas p&uacute;blicas fueron reordenados; se pintaron muchas fachadas, y el alumbrado p&uacute;blico fue puesto en funciones. En forma simult&aacute;nea, la ciudad fue reorganizada administrativamente: se cre&oacute; para ello una divisi&oacute;n en cuarteles y manzanas; se les puso nombre a las calles y las plazas, escritos &eacute;stos en azulejos blancos de Talavera; las casas se numeraron y se marcaron las accesorias. La red de distribuci&oacute;n de aguas mejor&oacute; sustancialmente gracias a la instalaci&oacute;n de acueductos, ca&ntilde;er&iacute;as y fuentes. Se emprendieron asimismo importantes obras de saneamiento urbano, entre ellas, la construcci&oacute;n y reparaci&oacute;n de acequias, drenajes y atarjeas para la correcta conducci&oacute;n de aguas pluviales y negras. Tambi&eacute;n se orden&oacute; a los propietarios instalar letrinas y dep&oacute;sitos de basura en sus casas. Y, como complemento, se instaur&oacute; un eficiente servicio de limpia que se val&iacute;a de carros de recolecci&oacute;n para llevar la basura a un sistema de tiraderos distribuidos en la periferia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mayores esfuerzos de mejoramiento urbano tuvieron lugar en la Plaza de Armas, obras que estuvieron a cargo del ingeniero militar Miguel Constanz&oacute;.<sup><a href="#notas">8</a></sup> A la llegada de Revillagigedo aquello era una verdadera anarqu&iacute;a, tal y como da cuenta Francisco Sedano en sus <i>Noticias de M&eacute;xico:</i></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta plaza, cuando estaba el mercado, era muy fea y de vista muy desagradable. Encima de los techados de tajamanil habia pedazos de petate, sombreros y zapatos viejos, y otros harapos que echaban sobre ellos. Lo desigual del empedrado, el lodo en tiempo de lluvias, los ca&ntilde;os que atravesaban, los montones de basura, escremento de gente ordinaria y muchachos, c&aacute;scaras y otros estorbos la hacian de dificil andadura. Habia un beque &oacute; secretas que despedia un intolerable hedor que por lo s&uacute;cio de los tablones de su asiento, hombres y mujeres hacian su necesidad trepados en cuclillas con la ropa levantada &aacute; vista de las demas gentes sin pudor ni verg&uuml;enza, y era demasiada la indecencia y deshonestidad. Cerca del beque se vendia en puestos carne cocida, y de ellos al beque andaban las moscas. De noche se quedaban &aacute; dormir los puesteros debajo de los jacales, y all&iacute; se albergaban muchos perros que se alborotaban y &aacute; m&aacute;s del ruido que hacian se avalanzaban &aacute; la gente que se acercaba. Todo esto es cierto y verdad, de que son testigos todos los habitantes de esta gran ciudad.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por fortuna, la coyuntura para remediar el deplorable estado en que se encontraba la principal escena pol&iacute;tica y religiosa de la ciudad se dio en diciembre de 1789, cuando la plaza tuvo que despejarse para la proclamaci&oacute;n de Carlos IV. As&iacute;, terminadas las celebraciones, el virrey orden&oacute; al corregidor intendente Bernardo Bonav&iacute;a y Zapata que ya no se permitiera establecer los puestos y que &eacute;stos fueran reorganizados en la contigua Plaza del Volador. No s&oacute;lo eso, sino que se gir&oacute; la instrucci&oacute;n de demoler el viejo muro del atrio de la catedral; eliminar las sepulturas que estaban a flor de tierra en el cementerio del Sagrario, traslad&aacute;ndolas a la iglesia de San Pedro y San Pablo; cambiar la horca a la plazuela de Tenexpa; desmontar "la Pila", es decir, la fuente ochavada con un taz&oacute;n de bronce enviado desde Per&uacute; por Luis de Velasco y con un coronamiento en forma de &aacute;guila regalado por Carlos V, y finalmente retirar la columna con el busto de Fernando VI que se conoc&iacute;a popularmente como "el Pir&aacute;mide".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya con el terreno libre de obst&aacute;culos, se rebaj&oacute; en poco m&aacute;s de una vara y media<a href="#notas"><sup>10</sup></a> el antiest&eacute;tico mont&iacute;culo que se hac&iacute;a en la plaza, nivel&aacute;ndolo en la medida de lo posible. Lo propio se hizo con el piso del atrio catedralicio, el cual qued&oacute; casi a la misma altura que la plaza, por lo que &uacute;nicamente fue necesario construir una grader&iacute;a para salvar el desnivel remanente. Para el &eacute;xito de la operaci&oacute;n, cada canoa que introduc&iacute;a mercanc&iacute;as al centro de la ciudad ten&iacute;a como obligaci&oacute;n salir cargada con el material producto del rebaje. Las dos torres de la catedral tambi&eacute;n se concluyeron en aquellos a&ntilde;os, en tanto que la portada principal se decor&oacute; con las armas de Castilla y Le&oacute;n, y las puertas con el escudo pontificio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tiempo que duraron las tareas de renivelaci&oacute;n, se aprovech&oacute; para colocar atarjeas con grandes tapas de piedra y ca&ntilde;er&iacute;as que llevar&iacute;an el agua a cuatro nuevas y esbeltas fuentes, una en cada esquina de la plaza. Adem&aacute;s, se construyeron banquetas y guarda&#45;ruedas, y se empedr&oacute; el &aacute;rea. Finalmente, se terraplen&oacute; la Acequia Real, se hicieron ocho embarcaderos dotados de escaleras dobles y se demolieron los cajoncillos de San Jos&eacute;, ubicados en el extremo sur de la plaza, frente al Portal de las Flores (<a href="#f1">Figura 1</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v42/a10f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como consecuencia inesperada de las radicales reformas de la Plaza de Armas y el &aacute;rea circunvecina, salieron a la luz decenas de esculturas mexicas, destacando la Coatlicue, la Piedra del Sol y la Piedra de T&iacute;zoc entre todas ellas. Pero, contrario a lo que siempre hab&iacute;a sucedido, las antig&uuml;edades reci&eacute;n desenterradas ya no fueron destruidas, pues ahora se ve&iacute;a en ellas un rico contenido hist&oacute;rico y, dependiendo del caso, cierto valor art&iacute;stico. Por esta raz&oacute;n, muchas se utilizaron como elementos decorativos en las esquinas, los dinteles y los zaguanes de las nuevas mansiones, mientras que otras nutrieron las cada vez m&aacute;s comunes colecciones p&uacute;blicas y privadas de la capital.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Todos estos monumentos fueron objeto de escrutinio por parte de la mayor&iacute;a de los intelectuales ilustrados y un creciente n&uacute;mero de aficionados que viv&iacute;an o estaban de visita en la ciudad. La presencia de estas enigm&aacute;ticas piedras en lugares visibles gener&oacute; curiosidad, debates, publicaciones y el deseo de preservarlas para la posteridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El hallazgo arqueol&oacute;gico</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy podemos delinear los pormenores del feliz descubrimiento de la Coatlicue, en buena medida gracias a un par de expedientes de la &eacute;poca que se atesoran en el Archivo Hist&oacute;rico del Distrito Federal, instituci&oacute;n que tiene como sede la bell&iacute;sima Casa de los Condes de Heras y Soto. Hasta ahora in&eacute;ditos, tales expedientes re&uacute;nen las declaraciones que hicieron dos protagonistas y dos testigos presenciales del hallazgo, as&iacute; como las instrucciones que se giraron para que el monumento fuera trasladado a la Universidad Real y Pontificia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los expedientes se form&oacute; en octubre de aquel mismo a&ntilde;o<a href="#notas"><sup>12</sup></a> y obedece al deseo de las m&aacute;s altas autoridades coloniales de conocer las circunstancias de un episodio que hoy se considera el origen de la arqueolog&iacute;a mexicana.<sup><a href="#notas">13</a></sup> El primer documento que lo integra es una esquela sin fecha, la cual fue escrita por el sobrestante mayor de la obra del rebajo de la plaza, Jos&eacute; Antonio Cos&iacute;o, a petici&oacute;n del ingeniero militar Constanz&oacute;.<sup><a href="#notas">14</a></sup> En ella se responde lac&oacute;nicamente a un cuestionamiento del corregidor intendente Bonav&iacute;a, diciendo que "la Piedra" vio la luz el 13 de agosto y que fue sacada a la superficie el 4 de septiembre. Bonav&iacute;a debi&oacute; transmitir la esquela al virrey Revillagigedo y &eacute;ste seguramente qued&oacute; insatisfecho con el reporte. As&iacute; nos lo hace vislumbrar el siguiente documento, dictado el d&iacute;a 7 de octubre por el corregidor intendente al escribano Juan Antonio G&oacute;mez. Ah&iacute; se dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que &aacute; consecuencia de hallarse &#91;el corregidor intendente&#93; con Superior orden del Exmo. se&ntilde;or Virrey, para averiguar en que dia se descubri&oacute; una piedra labrada de conciderable magnitud, que parece ser Monumento de la Gentilidad, el qual estava a poca distancia de los cajoncillos del Se&ntilde;or San Jos&eacute;, subterraneamente, y se manifest&oacute; &aacute; tiempo de continuar la escavacion de la Plaza publica de esta Capital devia mandar y su Se&ntilde;oria mand&oacute;, que agregandose la adjunta Esquela, se notifique &aacute;l sujeto que la firm&oacute; declare acerca de la certeza de su contenido, &eacute; igualmente el Arquitecto que dirije la obra del revajo de dicha Plaza, &aacute; efecto de q.<sup>e</sup> ambos digan &aacute; que profundidad se hallava dcha. piedra respecto del alto que tenia la misma Plaza, su estructura, tama&ntilde;o, y dem&aacute;s que hallen por conveniente.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cumpliendo la instrucci&oacute;n, el escribano G&oacute;mez se dio a la tarea de tomar declaraci&oacute;n en los d&iacute;as subsiguientes tanto a Jos&eacute; Dami&aacute;n Ortiz de Castro, maestro mayor de la ciudad y responsable de la obra, como al mencionado sobrestante Cos&iacute;o. En la primera de ellas se da fe de lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo el Escrivano, haviendo comparecido Dn. Jos&eacute; Damian Ort&iacute;z, Academico de merito de la R.<sup>1</sup> de San Carlos de esta N. E. y uno de los maestros maiores de esta N. C. para dar la declaracion que previene el Auto de la primera foja, haviendo echo juramento por Dios Nuestro Se&ntilde;or y la Santa Cruz, de decir verdad en lo que supiere, siendo preguntado dixo: Que el dia treze de Agosto de este a&ntilde;o, se descubri&oacute; en uno de los conductos cubiertos que se est&aacute;n construiendo en la Plaza maior desta Corte, inmediato &aacute; los Cajoncitos que llaman de Se&ntilde;or San Jos&eacute; y &aacute; distancia de cinco varas<a href="#notas"><sup>16</sup></a> de la Azequia Real, y treinta y siete<sup><a href="#notas">17</a></sup> del Real Palacio, una figura de piedra de Chapultepec,<sup><a href="#notas">18</a></sup> que al parecer la arrojaron, por que estava boca avajo: Que la profundidad &aacute; que se hall&oacute; fu&eacute; de vara y tercia,<sup><a href="#notas">19</a></sup> por la caveza, y de una vara por los pies.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Que el dia quatro de Septiembre &aacute; las dos de la noche, se par&oacute; por medio de un aparejo Real, compuesto de una doble Polea que se afianz&oacute; en la Andamiada que para el fin se form&oacute;, y otras dos sensillas que se colocaron en la propia figura, la una para doblar el Cable y la otra para el retorno, cuia maniobra se facilit&oacute; por medio de torno, por cuio medio se hisava con mucha igualdad y mayor ventaja: Que en esta misma noche solo se enderes&oacute; dicha figura, y en la siguiente que fu&eacute; la del dia veinte y cinco &aacute; la misma hora se sac&oacute; y coloc&oacute; frente de la Puerta Chica del Real Palacio, donde existe: Que lo q.<sup>e</sup> lleva dho. es la verdad, so cargo de juram.<sup>to</sup> en q.<sup>e</sup> se ratific&oacute;, y lo firm&oacute;.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De lo anterior se colige que, el 13 de agosto, un grupo de trabajadores que instalaba una atarjea de mamposter&iacute;a en el &aacute;ngulo sureste de la plaza se top&oacute; con la Coatlicue, pr&aacute;cticamente al borde de la acequia y a escas&iacute;sima distancia de la superficie. La escultura estaba recostada con su cara frontal hacia abajo, en una posici&oacute;n casi horizontal. Ortiz de Castro es muy claro al explicar el m&eacute;todo que se sigui&oacute; tres semanas m&aacute;s tarde, con el fin de extraer esta mole de m&aacute;s de 24 toneladas y colocarla de pie a un lado de la zanja. En un movimiento posterior, el 25 de septiembre, la Coatlicue fue llevada junto a la Puerta del Virrey, la actual Puerta de Honor de nuestro Palacio Nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de Ortiz de Castro, Cos&iacute;o era un hombre parco, tal y como se deduce tanto de la esquela que arriba citamos como de su declaraci&oacute;n que a la letra dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que el dia treze de Agosto de este a&ntilde;o, por la ma&ntilde;ana, yendo &aacute; travaj&aacute;r con inmediacion &aacute; los Cajoncillos del Se&ntilde;or San Jos&eacute;, se descubri&oacute; &aacute; distancia como de dos varas,<sup><a href="#notas">22</a></sup> frontero de sus puertas, una Piedra labrada de tres vs de largo,<sup><a href="#notas">23</a></sup> y poco m&aacute;s de vara de ancho,<sup><a href="#notas">24</a></sup> quel bulgo &aacute; llamado el Ydolo &aacute; profundidad de cosa de tres quartas<sup><a href="#notas">25</a></sup> por un extremo, y por el otro como vara y quarta.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Que el dia quatro de Septiembre pasado &aacute; las doze de la noche, se sac&oacute; dicha piedra, y se puso en el lugar donde hoi est&aacute; frente de la Puerta Chica del Real Palacio, y que esto es lo que tiene dicho en su Esquela &#91;...&#93;<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ambas declaraciones coinciden en la cronolog&iacute;a de los acontecimientos y se aproximan mucho en lo referente a la ubicaci&oacute;n y la profundidad a la que yac&iacute;a el monolito. Adem&aacute;s, se complementan: mientras que el maestro mayor especifica el tipo de roca en que se tall&oacute; el monumento (una andesita), el sobrestante consigna sus dimensiones, por cierto con bastante precisi&oacute;n.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No contento con las dos declaraciones que se le encomendaron, el escribano G&oacute;mez continu&oacute; con sus pesquisas. El 19 de octubre levant&oacute; un par m&aacute;s, en esta ocasi&oacute;n a propietarios de negocios que se encontraban en los conocidos cajoncitos de Se&ntilde;or San Jos&eacute;. &Eacute;stos eran dos edificios comerciales, alargados y de doble nivel que bordeaban el costado norte de la Acequia Real y que corr&iacute;an paralelos al Portal de las Flores.<sup><a href="#notas">29</a></sup> Alojaban en su interior un total de 35 cajoncitos, casi todos de cinco varas<a href="#notas"><sup>30</sup></a> de fondo y con dos puertas hacia la Catedral.<sup><a href="#notas">31</a></sup> Los cajoncitos 5 y 6, pr&oacute;ximos al Puente de Palacio, estaban ocupados por una cacahuater&iacute;a, cuyo due&ntilde;o era el corregidor espa&ntilde;ol Pedro Joseph Esquivel. Al ser interrogado sobre la antigua escultura, &eacute;ste afirma que</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el dia catorce de Agosto por la ma&ntilde;ana, en embargo de sus ocupaciones, obremos q.<sup>e</sup> los operarios q.<sup>e</sup> trabajan en el rebajo de la Plaza ma.<sup>r</sup> descubrieron &aacute; poca distancia de la Puerta de su tienda, un pedazo de piedra labrada, y habiendo escarbado mas, se hall&oacute; ser una piedra grande de la misma figura q.<sup>e</sup> se v&eacute; en el dia, la qual le parece haberse sacado enteram.<sup>te</sup> el quatro de Sept.<sup>re</sup> &#91;... &#93;<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra declaraci&oacute;n fue rendida por Juan Andr&eacute;s Guti&eacute;rrez, propietario de la mercer&iacute;a del n&uacute;mero 4, quien se&ntilde;ala puntualmente</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">que el dia catorce del pasado Agosto estando travajando en las inmediaciones de su puerta los operarios del rebajo de la Plaza mayor entre nueve y diez de la ma&ntilde;ana fueron descubriendo una piedra de que no haviendose hecho el mayor aprecio &aacute; los principios, siguiendo el trabajo para abrir una Sanja hallaron una piedra quadrada que hoy se manifiesta, la qual save haverla sacado el dia quatro de Sept.<sup>re</sup> por la Noche.<sup><a href="#notas">33</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por desgracia, estos testimonios adicionales no agregan mucho a lo ya sabido e introducen el error de que el hallazgo tuvo lugar un d&iacute;a despu&eacute;s de lo acontecido en la realidad. Lo importante es que, una vez recabados estos dos &uacute;ltimos documentos, el expediente completo fue remitido para su conocimiento al mism&iacute;simo virrey el d&iacute;a 22 de octubre y que, una semana m&aacute;s tarde, Bonav&iacute;a turn&oacute; copia al rector de la universidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n de este expediente se corrobora en los testimonios de otras personas que no declararon ante el escribano, pero que registraron en sus publicaciones o en sus diarios personales c&oacute;mo surgi&oacute; la Coatlicue del subsuelo. Uno de ellos fue don Antonio de Le&oacute;n y Gama, astr&oacute;nomo y profundo conocedor de las antig&uuml;edades mexicanas. En junio de 1792 se public&oacute; su <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica de las dos piedras que con ocasi&oacute;n del nuevo empedrado que se est&aacute; formando en la plaza principal de M&eacute;xico, se hallaron en ella el a&ntilde;o de 1790...,</i> donde rese&ntilde;a el incidente de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con ocasi&oacute;n, pues, de haberse mandado por el Gobierno que se igualase y empedrase la Plaza mayor, y que se hiciesen tarjeas para conducir las aguas por canales subterraneos; estando excavando para este fin el mes de Agosto del a&ntilde;o inmediato de 1790, se encontr&oacute;, a muy corta distancia de la superficie de la tierra, una Estatua curiosamente labrada en una piedra de extra&ntilde;a magnitud, que representa uno de los &iacute;dolos que adoraban los Indios en tiempo de su Gentilidad.<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro testigo fue el ya referido alabardero G&oacute;mez, quien en su diario consigna el hallazgo y describe la fisonom&iacute;a de la Coatlicue con sorprendente precisi&oacute;n:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El d&iacute;a 4 de septiembre de 1790 en M&eacute;xico, en la plaza principal, enfrente del rial palacio, abriendo unos cimientos sacaron un &iacute;dolo de la gentilidad, cuya figura era una piedra muy labrada con una calavera en las espaldas, y por delante otra calavera con cuatro manos (y) figuras en el resto del cuerpo pero sin pies ni cabeza y fue siendo virrey el conde de Revillagigedo.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasemos ahora al segundo expediente del Archivo Hist&oacute;rico del Distrito Federal,<sup><a href="#notas">36</a></sup> el cual re&uacute;ne documentos que detallan el traslado de la Coatlicue a la universidad; &eacute;sta ocupaba un inmueble hoy desaparecido que cerraba la Plaza del Volador por el oriente. El primer documento es un billete fechado el 5 de septiembre de 1790, donde Bonav&iacute;a sugiere al virrey que la escultura recientemente exhumada sea protegida por su valor hist&oacute;rico:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las escavaciones que se est&aacute;n haciendo en la Plaza de Palacio para la construccion de targeas se ha hallado como se sabe una figura de piedra de un tama&ntilde;o considerable, que denota ser anterior a la conquista. La considero digna de conservarse por su antiguedad, por los escasos monumentos que nos quedan de aquellos tiempos, y por lo que pueda contribuir a ilustrarlos. Persuadido que &aacute; este fin no puede ponerse en mejores manos que las de la Real Pontificia Universidad, me parece convendr&aacute; colocarse en ella, no dudando la admitir&aacute; con gusto, quedando &aacute; mi cargo, si a VE. le parece bien el hacerla medir, pesar, dibujar, y gravar para que se publique con las noticias que dho. cuerpo tenga, indague, &oacute; descubra, &aacute; cerca de su origen.<sup><a href="#notas">37</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No deja de resultar sorprendente que Bonav&iacute;a haya preferido confiar la custodia y el estudio del monolito a una instituci&oacute;n que atravesaba por un periodo de decadencia y gran conservadurismo, soslayando la apenas fundada Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos. Esta &uacute;ltima representaba en ese entonces la vanguardia en el terreno de las artes pl&aacute;sticas, tanto as&iacute; que en su edificio compart&iacute;an espacios las copias de yeso de esculturas grecolatinas tra&iacute;das por Manuel Tols&aacute; desde Espa&ntilde;a con esculturas mexicas recientemente exhumadas en la ciudad de M&eacute;xico, entre ellas el Indio Triste y la efigie en bulto redondo del ahuizote.<sup><a href="#notas">38</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Revillagigedo le contesta positivamente a Bonav&iacute;a al d&iacute;a siguiente, haciendo expl&iacute;cito el deseo de ver su estudio publicado:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Combengo gustoso en que se conduzca &aacute; la R.<sup>1</sup> y Pontificia Universidad la figura de Piedra hallada en las Escavaciones de la Plaza deste Palacio, y se coloque en el parage de aquel Edificio que se contemple el mas a proposito; cuidando Ud. como me propone de hacerla medir, pesar, dibujar, y grabar, &aacute; fin de publicarla con las noticias que aquel Ille. Cuerpo tenga &oacute; pueda indagar acerca de su origen.<sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos semanas m&aacute;s tarde, el 22 de septiembre, el virrey manda otro billete a Bonav&iacute;a, notific&aacute;ndole la opini&oacute;n del rector con relaci&oacute;n a la escultura:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Rector de la Universidad ha solicitado se pase a ella la piedra encontrada en las excavaciones de la Plaza pral. para hacer cotejos y deducir si, como parece, fue, Estat&uacute;a de alguno de los Templos de los Yndios.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy le contesto q.<sup>e</sup> ya tenia tomada esta misma providencia en Orn. de 6. del corr.<sup>te</sup> la q.<sup>e</sup> repito &aacute; V.s. agregandole comunique al referido Rector noticia autentica del hallazgo.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este documento es el &uacute;ltimo que se refiere a la Coatlicue, pues los subsecuentes tienen que ver con la Piedra de T&iacute;zoc.<sup><a href="#notas">40</a></sup> Sin embargo, Le&oacute;n y Gama nos informa de la existencia de un billete m&aacute;s relativo a este asunto, el cual fue enviado por Bonav&iacute;a al rector el 29 de octubre. En su <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...</i> lo transcribe:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cumplimiento de lo que el Exm&oacute;. Se&ntilde;or Virrey se sirvi&oacute; prevenirme en Oficio de 22 del mes &uacute;ltimo, paso &aacute; V.S. testimonio que acredita el hallazgo de la figura de piedra,<sup><a href="#notas">41</a></sup> al parecer gentilica, encontrada en las excavaciones de la Plaza mayor: la que desde luego puede V.S. disponer se traslade &aacute; la Real Univesidad, con el fin propuesto de que se conserve, y que con las luces de los documentos de la Biblioteca, se forme la disertacion correspondiente; quedando &aacute; mi cuidado, en estando alli, hacerla pesar, medir y gravar, para que al mismo tiempo se d&eacute; noticia al P&uacute;blico con su estampa, peso y dimensiones.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si tomamos en cuenta la fecha de emisi&oacute;n de este &uacute;ltimo documento, el traslado habr&iacute;a tenido ocasi&oacute;n entre el 29 de octubre de 1790 y el 16 de agosto de 1791, cuando la <i>Gazeta de M&eacute;xico</i> anunci&oacute; que la <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...</i> estaba concluida.<sup><a href="#notas">43</a></sup> En efecto, Le&oacute;n y Gama manifiesta en esta obra que el monumento ya se encuentra en la universidad, especificando que se coloc&oacute; en "uno de los &aacute;ngulos de su Atrio". A&ntilde;ade que a&uacute;n no hab&iacute;a sido medido ni dibujado "por las muchas y graves ocupaciones" del corregidor intendente, quien "acaso suspendi&oacute; el que se practic&aacute;ran, por haber tenido noticia de que yo tomaba el trabajo de dar al P&uacute;blico su descripcion".<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es interesante acotar al margen que, a ra&iacute;z de la aparici&oacute;n de la mencionada noticia en la <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> Bonav&iacute;a mand&oacute; llamar a Le&oacute;n y Gama para mostrarle los dos expedientes que aqu&iacute; hemos transcrito, conmin&aacute;ndolo a incluir en su libro de pr&oacute;xima aparici&oacute;n una larga "Adici&oacute;n".<sup><a href="#notas">45</a></sup> En ella deb&iacute;a informar a los lectores sobre las providencias del corregidor intendente y del virrey "conducentes a la perpetua conservacion de estas Estatuas &#91;la Coatlicue y la Piedra del Sol&#93;, y &aacute; la permanencia de la memoria de ellas". El sabio no tuvo m&aacute;s remedio que cumplir con las exigencias, haciendo hincapi&eacute; en su a&ntilde;adido del "zelo, solicitud, y eficacia" de Bonav&iacute;a, y transcribiendo &iacute;ntegramente dos de sus oficios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios a&ntilde;os despu&eacute;s, el 30 de agosto de 1795, Le&oacute;n y Gama envi&oacute; una carta al historiador Andr&eacute;s Cavo para pedirle que no incluyera tal adici&oacute;n en la versi&oacute;n italiana que este jesuita exiliado en Roma estaba preparando de la <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica</i>... De manera implacable, la misiva se&ntilde;ala lo siguiente en relaci&oacute;n a Bonav&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podra U. omitir, si le parece, en todo, &oacute; en parte, la Addicion de la pag. 8. principalm.te los Oficios que me hizo el S.or Corregidor insertar &aacute; la letra, porque se diera &aacute; entender, que havia tenido parte en la invencion de las Piedras, y en promover su explicacion, que &aacute; no haverla yo tomado a mi cargo voluntariam.te ya se huviera demolido, como lo hizo hacer con un precioso remate del Templo mayor, cuyos fragmentos andan bien distantes unos de otros &#91;...&#93;<sup><a href="#notas">46</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto la adici&oacute;n al libro como la queja epistolar de Le&oacute;n y Gama nos dejan ver un cierto oportunismo pol&iacute;tico de parte de Bonav&iacute;a, adem&aacute;s de su falta de apoyo sostenido al estudio pormenorizado de la Coatlicue y su indolencia por el rescate de otros vestigios arqueol&oacute;gicos de menor calibre. A&uacute;n as&iacute;, lo que resulta incuestionable, y de ello son testimonio los expedientes que ahora estamos dando a conocer, es que el corregidor intendente y el virrey ten&iacute;an un inter&eacute;s sincero por conservar estos monumentos de la antig&uuml;edad prehisp&aacute;nica y que ninguno de los dos dud&oacute; un minuto en promover la salvaguarda de la Coatlicue, decisi&oacute;n en extremo loable y hasta donde sabemos sin precedentes en la historia virreinal. Lo anterior cobra mayor sentido al tomar en cuenta que Bonav&iacute;a era un pol&iacute;tico imbuido por las ideas de la Ilustraci&oacute;n, que entre sus muchas ocupaciones fue consiliario de la Academia de San Carlos y que pasaba sus ratos libres organizando un gabinete propio con curiosidades de los tres reinos de la naturaleza.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, es altamente significativo que la Coatlicue haya tenido un destino tan distinto al de la Piedra del Sol. Como es bien sabido, esta escultura fue llevada tras su descubrimiento en diciembre de 1790 a la torre nueva de la Catedral, lugar donde estuvo expuesta a la vista p&uacute;blica hasta 1885.<sup><a href="#notas">48</a></sup> La actitud diametralmente opuesta hacia dos obras maestras de la misma civilizaci&oacute;n y aparecidas el mismo a&ntilde;o quiz&aacute;s se explique por lo que cada una de ellas evocaba a las elites coloniales: mientras que la Piedra del Sol materializaba el profundo conocimiento geom&eacute;trico, calend&aacute;rico y astron&oacute;mico de los mexicas, la Coatlicue mostraba su lado oscuro, el cual era definido como monstruoso, idol&aacute;trico y sanguinario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El debate en torno al hallazgo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el d&iacute;a de su descubrimiento, la Coatlicue ha sido objeto de controversias en torno a su significado, muchas de las cuales siguen hoy vigentes. La primera y m&aacute;s enconada discusi&oacute;n tuvo lugar entre 1790 y 1794, y se ventil&oacute; p&uacute;blicamente en las dos principales gacetas de la ciudad de M&eacute;xico y en un par de tratados.<sup><a href="#notas">49</a></sup> En ella participaron al menos cuatro individuos: el pol&iacute;grafo Joseph Antonio Alzate y Ram&iacute;rez, un criollo que firm&oacute; con el pseud&oacute;nimo de Oc&eacute;lotl Tecuilhuitzintli, el astr&oacute;nomo y anticuario Antonio de Le&oacute;n y Gama, y el licenciado del Colegio Ilustre de Abogados Jos&eacute; Ignacio Borunda. Todo comenz&oacute; cuando Alzate, personalidad tan celebrada como denostada en aquella &eacute;poca, dio a conocer en su <i>Gazeta de Literatura</i> breves noticias sobre los descubrimientos de la Coatlicue y la Piedra del Sol en diciembre de 1790 y enero de 1791, respectivamente.<sup><a href="#notas">50</a></sup> En la primera de ellas, pontifica sobre el emplazamiento original y el significado de la diosa:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha extra&ntilde;ado que en esta Gaceta no se haya dado noticia de una voluminosa piedra que se encontr&oacute; formando una excavaci&oacute;n en la plaza principal de esta ciudad: su volumen, el estar esculpida con figuras de medio relieve, me hace creer fue de las que compon&iacute;an el antiguo templo de los mexicanos, puesto que estaba fabricado en donde se halla dicha plaza. No ha faltado quien diga es una imagen simb&oacute;lica del dios de la guerra y de la muerte; &iquest;pero qu&eacute; reglas hay para descifrar los caracteres mexicanos? Estos son como los de los egipcios, s&iacute;mbolos cuya inteligencia se ha perdido, porque se ignora la clave para su inteligencia &#91;...&#93; No es esta ocupaci&oacute;n para mi genio; jamas intento caminar entre tinieblas.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este brev&iacute;simo texto, adem&aacute;s de sugerir err&oacute;neamente que el recinto sagrado de Tenochtitlan se extend&iacute;a hasta el lugar donde apareci&oacute; la Coatlicue, Alzate lanz&oacute; en forma velada su primer ataque a Le&oacute;n y Gama. Ambos sabios acababan de sostener una pol&eacute;mica encarnizada en torno a las auroras boreales,<sup><a href="#notas">52</a></sup> raz&oacute;n por la cual Alzate no debi&oacute; perdonar que su contrincante volviera a la escena p&uacute;blica, ahora para predicar a los cuatro vientos que la nueva escultura figuraba a la pareja divina formada por Teoyaomiqui y Teoyaotlatohua Huitzilopochtli, y que en su base ten&iacute;a esculpida la imagen de Mictlantecuhtli. Es cierto que Alzate hab&iacute;a manifestado en varias ocasiones su atracci&oacute;n por las antig&uuml;edades (particularmente por las ruinas de Xochicalco, Otoncalpulco, Herculano y Pompeya), pero siempre se limit&oacute; a los aspectos t&eacute;cnicos y mensurables, sobre todo de la arquitectura, donde pod&iacute;a hacer lujo de sus profundos conocimientos en las ciencias naturales, la f&iacute;sica y la mec&aacute;nica.<sup><a href="#notas">53</a></sup> Esto explica su tozuda oposici&oacute;n a abordar las cuestiones formales y simb&oacute;licas del arte prehisp&aacute;nico, despreciando as&iacute; un quehacer tan caro a Le&oacute;n y Gama, y critic&aacute;ndolo de paso por su supuesta falta de m&eacute;todo para el desciframiento gl&iacute;fico de la Coatlicue.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meses despu&eacute;s, el 16 de agosto de 1791, la <i>Gazeta de M&eacute;xico</i> dio a conocer las reflexiones de un tal Oc&eacute;lotl Tecuilhuitzintli, quien arremeti&oacute; contra Alzate y contra Le&oacute;n y Gama. Le reproch&oacute; al primero sus equivocadas apreciaciones sobre la Piedra del Sol y lo conmin&oacute; a dar a conocer las relativas a la Coatlicue, mientras que de un plumazo descalific&oacute; la identificaci&oacute;n que el segundo hab&iacute;a hecho verbalmente de la diosa. En una posdata, Tecuilhuitzintli nos ofrece su propia interpretaci&oacute;n de esta escultura, por dem&aacute;s desorbitada y carente de sustento:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P.D. No convengo con los que han dicho &aacute; Vm. que la piedra volu&#45;mosa de su referida Gazeta de Diciembre <i>sea el Dios de la Guerra y de la Muerte.</i> Opino que es la Estatua de Teotlacanexquimilli, <i>Vulto de obscuridad, &oacute; Dios sin pies ni cabeza,</i> acompa&ntilde;ado de Tlazolteotl, <i>Venus deshonesta,</i> y de Tlateuctli <i>Dios vengador de los adulterios.</i> A todos tendr&aacute; Vm. el gusto de conocer en el Patio de esta Universidad, donde recibir&aacute;n &aacute; Vm. como &aacute; mi esta tarde, en pie, sin tener pies. El Dios de la Guerra, el Se&ntilde;or Hutizilopochtli era menos atento, y aunque entrase el mismo Moctezuma no se levantaba de su banco de quatro angulos.<sup><a href="#notas">54</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter ind&oacute;mito de Alzate lo movi&oacute; a contestar por el mismo medio al mes siguiente. En lo tocante a la Coatlicue, no hizo m&aacute;s que eludir la cr&iacute;tica de Tecuilhuitzintli, reconociendo haberse mofado de las ideas de Le&oacute;n y Gama, y reiterando su desd&eacute;n por un tema que consideraba especulativo. El texto dice a la letra:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo y mas infundado cargo que me hace Vm. es si haber faltado &aacute; mi palabra, por no haber tratado de la Estatua que en el dia se conserva en la Real Universidad, quando el que lea, no digo con atencion, pero aun superficialmente mi Gazeta N. 8 de 13 de Diciembre de 90, veer&aacute; que despues de haberme burlado de las extra&ntilde;as interpretaciones de varios Sugetos, concluyo con estas palabras: No es ocupacion para mi genio: jam&aacute;s intento caminar entre tinieblas.<sup><a href="#notas">55</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de estos fugaces intercambios, Le&oacute;n y Gama entreg&oacute; a la imprenta de Z&uacute;&ntilde;iga y Ontiveros su <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...</i><sup><a href="#notas">56</a></sup> La <i>Gazeta de M&eacute;xico</i> se encarg&oacute; de anunciarlo y, a lo largo del primer semestre de 1792, invit&oacute; a los lectores a suscribirse. Ante la falta de respuesta, se prorrog&oacute; la fecha l&iacute;mite en dos ocasiones.<sup><a href="#notas">57</a></sup> Finalmente, en el mes de junio vio la luz el que Ca&ntilde;izares Esguerra ha considerado "uno de los textos m&aacute;s eruditos y sofisticados desde el punto de vista epistemol&oacute;gico que aparecieron en el mundo Atl&aacute;ntico durante ese periodo".<sup><a href="#notas">58</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los principales prop&oacute;sitos de este tratado era dejar memoria de los monumentos arqueol&oacute;gicos que acababan de ser exhumados, los cuales estaban siendo destruidos por "la gente r&uacute;stica y pueril".<sup><a href="#notas">59</a></sup> Para ello, Le&oacute;n y Gama acompa&ntilde;&oacute; sus eruditas disertaciones de tres fieles grabados en cobre, uno de los cuales mostraba a la Coatlicue en sus caras frontal, dorsal, lateral, superior e inferior (<a href="#f2">Figura 2</a>). Eran obra de Francisco Ag&uuml;era y Bustamante, quien tuvo principal actividad como grabador entre 1784 y 1805, adquiriendo fama por sus estampas religiosas, escudos de armas, mapas, ex&#45;libris, por la alegor&iacute;a que sirvi&oacute; de frontispicio a la <i>Portentosa vida de la muerte</i> de fray Joaqu&iacute;n de Bola&ntilde;os y por las l&aacute;minas para el ensayo pionero de Alzate sobre Xochicalco.<sup><a href="#notas">60</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v42/a10f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con su publicaci&oacute;n, Le&oacute;n y Gama tambi&eacute;n persegu&iacute;a fines pol&iacute;ticos. Deseaba combatir a toda costa la leyenda negra urdida en contra el imperio espa&ntilde;ol y sus colonias americanas, demostrando a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de estos monumentos arqueol&oacute;gicos, el grado de avance de los pueblos aut&oacute;ctonos y, en consecuencia, la proeza que hab&iacute;a significado la Conquista.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me movio tambien &aacute; ello el manifestar al orbe literario parte de los grandes conocimientos que poseyeron los indios de esta Am&eacute;rica en las artes y ciencias, en tiempo de su gentilidad, para que se conozca cu&aacute;n falsamente los calumnian de irracionales &oacute; simples los enemigos de nuestros espa&ntilde;oles, pretendiendo deslucirles las gloriosas haza&ntilde;as que obraron en la conquista de estos reinos. no habiendo conocido el fierro ni el acero, gravaban con tanta perfeccion en las duras piedras las estatuas que representaban sus fingidos simulacros, y hacian otras obras de Arquitectura &#91;...&#93;<sup><a href="#notas">61</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale mencionar que, aproximadamente desde 1768, Le&oacute;n y Gama se hab&iacute;a preocupado por el origen y los progresos de los nativos, y se hab&iacute;a propuesto escribir una historia antigua de la Nueva Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">62</a></sup> Para ello consult&oacute; numerosas publicaciones impresas, pero se percat&oacute; de que en su mayor&iacute;a ofrec&iacute;an datos confusos y contradictorios.<sup><a href="#notas">63</a></sup> Por tal motivo, el sabio se propuso buscar relaciones manuscritas ind&iacute;genas y,<sup><a href="#notas">64</a></sup> como &eacute;stas estaban compuestas en n&aacute;huatl, se dio a la tarea de aprender este idioma. Paralelamente, mand&oacute; sacar copias de pictograf&iacute;as que hab&iacute;an sido colectadas por Boturini y "algunas personas curiosas", as&iacute; como de otras que se atesoraban en la universidad. Esto le permiti&oacute; alcanzar un conocimiento en la materia &#151;particularmente sobre el calendario y la astronom&iacute;a&#151; que no pose&iacute;a ninguno de sus contempor&aacute;neos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por desgracia, la disquisici&oacute;n de Le&oacute;n y Gama sobre la Coatlicue no fue tan profunda ni tan atinada como la que hizo acerca de la Piedra del Sol.<sup><a href="#notas">65</a></sup> El sabio entendi&oacute; a la diosa &#151;elaborada a su juicio con una dura "piedra arenaria"&#151; como un "compendio de muchos dioses". De la cintura para arriba estaba conformada seg&uacute;n &eacute;l por "dos figuras casi semejantes, y estrechamente unidas": al frente, un cuerpo femenino que representa a Teoyaomiqui, patrona de los militares que hab&iacute;a perecido en la guerra divina y que ten&iacute;a por misi&oacute;n recoger las almas de los muertos en batalla y de los sacrificados; atr&aacute;s, la efigie masculina de su compa&ntilde;ero, el dios de la guerra Teoyaotlatohua Huitzilopochtli.<sup><a href="#notas">66</a></sup> Le&oacute;n y Gama ley&oacute; las serpientes que brotan del cuello como las m&aacute;scaras de ambos dioses, y sus collares como compuestos de manos y bolsas de copal (corazones en la realidad). De la cintura para abajo descifr&oacute; la presencia de siete dioses m&aacute;s: Cohuatlycue simbolizada en la falda de serpientes entrelazadas; Cihuac&oacute;huatl, en las dos grandes serpientes del cintur&oacute;n; Quetzalc&oacute;huatl, en estas serpientes y las plumas contiguas; Chalchihuitlycue, en los supuestos tejidos de chalchihuites; Tl&aacute;loc y Tlatocaoec&eacute;lotl, en los dientes y u&ntilde;as, y Mictlantecuhtli, esculpido en la base del monumento. La posici&oacute;n inferior de este &uacute;ltimo relieve y los codos flexionados le indicaban al sabio que la escultura se exhib&iacute;a en alto, sostenida por "dos sustent&aacute;culos &oacute; columnas". En lo concerniente a sus funciones, Le&oacute;n y Gama propuso que el monumento marcaba el lugar donde se hac&iacute;an durante la veintena de <i>hueymicca&iacute;lhuitl</i> las exequias de reyes, se&ntilde;ores y soldados muertos en batalla, as&iacute; como donde se sacrificaban cautivos en el fuego.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo visto, Alzate ley&oacute; con tanta avidez como disgusto la <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> pues antes de que terminara el mes de junio de 1792 apareci&oacute; en la <i>Gaceta de Literatura</i> una corrosiva rese&ntilde;a s&oacute;lo imputable a su pluma:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la oficina en que se imprime esta se ha publicado un cuaderno en cuarto, en el que se representan dos de las cuatro piedras que adornaban al antiguo templo de los mexicanos, su autor es D. Antonio de Le&oacute;n y Gama, sujeto que en repetidas ocasiones tiene manifestada su aplicaci&oacute;n &aacute; las ciencias naturales &uacute;tiles: la publicaci&oacute;n del cuaderno presenta dos asuntos: tres estampas que representan la figura de dos piedras copiadas con exactitud, y la interpretaci&oacute;n de los gerogl&iacute;ficos. Por lo que toca &aacute; la primera parte, todos los sabios del orbe deben agradecerle que &aacute; su costa mandase copiar las im&aacute;genes de tan estupendas moles, caracterizadas con los s&iacute;mbolos que representan; y si se atiende &aacute; las circunstancias del tiempo, la publicaci&oacute;n de las l&aacute;minas es oportuna. La descripci&oacute;n del templo de M&eacute;xico, que dispuso el sabio Dr. Hern&aacute;ndez, testigo ocular, nos llegar&aacute; de uno &aacute; otro correo: por su informe acomodaremos en sus debidos sitios las piedras que se han encontrado, y sabremos lo que significaron: y as&iacute;, &iacute;nterin esto llega, demos muchas gracias al Se&ntilde;or de Gama, quien movido de un esp&iacute;ritu patri&oacute;tico, publica las estampas, que son exactas: si la interpretaci&oacute;n es genuina, lo ignoro; s&eacute; que otro anticuario mexicano piensa de diverso modo, y que se previene para decir lo que siente.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las disputas en materia de antig&uuml;edades son y ser&aacute;n de un abismo de confusiones: uno dice que tal figura es G, y otro que es Z; y como por lo regular no hay documento decisivo, suelen ser estas unas disputas eternas.<sup><a href="#notas">67</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez m&aacute;s, Alzate le echaba en cara a su antagonista la ausencia de un m&eacute;todo expl&iacute;cito de interpretaci&oacute;n, al tiempo que contrapon&iacute;a de manera malintencionada a "otro anticuario mexicano", refiri&eacute;ndose al licenciado Borunda, quien en esas fechas estaba preparando su propio ensayo sobre los monolitos de la Plaza de Armas. Aparentemente, Le&oacute;n y Gama respondi&oacute; el mismo 26 de junio en la <i>Gazeta de M&eacute;xico.</i> Lo hizo, no obstante, en forma templada, lanzando un reto al mentado y misterioso anticuario:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como el Autor de la Descripci&oacute;n siempre ha aspirado &aacute; desvanecer las tinieblas, y desterrar los errores y confusiones en que se ha mantenido la Historia de los Indios por el dilatado tiempo de mas de dos siglos y medio, no solo admitir&aacute; gustoso las nuevas luces que se le ministren, sino que repondr&aacute; enteramente su sistema, siempre que el otro Anticuario presente el suyo con igual &oacute; mayor comprobaci&oacute;n de la que se manifiesta en el Cuaderno impreso... en inteligencia que no saliendo dentro de un t&eacute;rmino regular, se deber&aacute; estar &aacute; lo que se ha dicho en el Cuaderno, y &aacute; lo que nuevamente dixere en la descripci&oacute;n de las otras Piedras."<sup><a href="#notas">68</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cansado de ser aludido sin su consentimiento,<sup><a href="#notas">69</a></sup> el propio Borunda sali&oacute; por fin a la palestra e hizo publicar en la <i>Gazeta de M&eacute;xico</i> un texto donde se exponen sus credenciales para opinar en estos temas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del Individuo apuntado, sin aviso suyo, en Gazeta de esta Capital de 13 de Septiembre de 91, se supone del mismo modo en la de Literatura de 12 de Junio del corriente, que puede decir lo que siente sobre figuras de las dos Piedras de que trata el Quaderno citado en las de 16 de Agosto de aquel a&ntilde;o, 24 de enero, 8 y 29 de Mayo, y 26 del propio Junio. La noticia se fund&oacute;, desde luego, en ser notorio que desde bien mozo comenz&oacute; en Poblaciones de Naturales &aacute; comparar el idioma que conocemos por Mexicano, con sus Gram&aacute;ticas, impresos y manoscritos del siglo decimo sexto, y &aacute; observar sus costumbres, y las de la Nacion que llamamos Otom&iacute;, cotejando tambien documentos aut&eacute;nticos del mismo siglo, y monumentos de la Geograf&iacute;a nacional, que recuerda el sentido de los principales s&iacute;mbolos y gerogl&iacute;ficos de ambas Piedras. Con que no har&aacute; poco, quien atinare con &eacute;l, sin entrar todav&iacute;a en otros, y lo fundare en p&uacute;blico, &aacute; vos viva, si fuera necesario, entre tanto se faciliten todos los costos de una clave demostrativa de frequentes errores, originados de aquel tiempo, y que copiados hasta hoy por falta de correccion, semejante &aacute; la que se hizo para Espa&ntilde;oles en la lengua general del Per&uacute;, impiden el discernimiento en la escritura gerogl&iacute;fica Mexicana juntamente con la del literal, &aacute; que se dedicaban en su idioma los Nativos hasta el siglo 17.<sup><a href="#notas">70</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aclaremos aqu&iacute; que Borunda representa un resabio del pensamiento barroco que conviv&iacute;a en forma inc&oacute;moda con el nuevo mundo de los ilustrados novohispanos.<sup><a href="#notas">71</a></sup> Su obra, hoy calificada de disparatada e incomprensible, goz&oacute; en su &eacute;poca de cierto prestigio y, sobre todo, tuvo un impacto decisivo en el ideario de fray Servando Teresa de Mier. Sin embargo, a ra&iacute;z del hist&oacute;rico serm&oacute;n que este &uacute;ltimo pronunci&oacute; el 12 de diciembre de 1794 en la Real Colegiata de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe y por el que fue condenado a prisi&oacute;n y exilio en Espa&ntilde;a, Borunda ser&iacute;a tildado de loco y sus manuscritos confiscados. Los conocemos gracias a que Nicol&aacute;s Le&oacute;n los descubri&oacute; en el archivo de la Colegiata en el a&ntilde;o de 1895 y los public&oacute; bajo el t&iacute;tulo de <i>Clave general de gerogl&iacute;ficos americanos</i> como parte de los autos contra fray Servando.<sup><a href="#notas">72</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En dicho estudio, Borunda explica que las fuentes del siglo XVI tergiversaban la informaci&oacute;n a tal grado que eran inutilizables para reconstruir la historia antigua. Esto se deb&iacute;a a que, por un lado, los int&eacute;rpretes ind&iacute;genas vertieron incorrectamente el n&aacute;huatl a caracteres latinos y, por el otro, a que los espa&ntilde;oles distorsionaron las pronunciaciones originales de una lengua que desconoc&iacute;an.<sup><a href="#notas">73</a></sup> Para salvar el doble obst&aacute;culo, el licenciado desarroll&oacute; su famosa "clave", una metodolog&iacute;a tan oscura como enmara&ntilde;ada, si bien de una innegable creatividad. Estaba persuadido de que, en tiempos prehisp&aacute;nicos, los hechos hist&oacute;ricos no hab&iacute;an sido registrados en papel, sino en tallas de madera y en monumentos p&eacute;treos como los exhumados en la Plaza de Armas.<sup><a href="#notas">74</a></sup> Aseveraba que las im&aacute;genes plasmadas escult&oacute;ricamente, si eran analizadas de manera correcta, permitir&iacute;an escribir una narrativa detallada e integral del pasado. Se trataba a su juicio de una suerte de escritura, donde cada s&iacute;mbolo y cada jerogl&iacute;fico encerraban uno o m&aacute;s conceptos. Su etimolog&iacute;a en n&aacute;huatl codificaba una declaraci&oacute;n aleg&oacute;rica de lo acontecido, transmitiendo pormenores sobre costumbres, acciones y fechas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Borunda decidi&oacute; probar su clave precisamente en la Coatlicue, a la cual ley&oacute; como un intrincado montaje de s&iacute;mbolos y jerogl&iacute;ficos, creyendo descifrar as&iacute; el origen de los mexicas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mas, habi&eacute;ndose excavado en el a&ntilde;o mil setecientos y noventa dos de los tres principales monumentos, fielmente copiados en esta clave, el primero resulta instruyendo la fundaci&oacute;n de esta ciudad de M&eacute;xico, no s&oacute;lo datada, sino expresiva del establecimiento de sus antiguas contribuciones, lugares, y genealog&iacute;a de sus fundadores, y juntamente de la situaci&oacute;n y causas destructivas de la Capital antigua &#91;...&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la lectura de una argumentaci&oacute;n inacabable y farragosa, resumamos las inferencias b&aacute;sicas de Borunda. Todo comienza con un pueblo ancestral que viv&iacute;a al sur del Valle de M&eacute;xico, en las monta&ntilde;as del Chichinauhtzin, espec&iacute;ficamente en Magdalena Petlacalco y Axuchco. Eran miles de gigantes que, tras darse a la embriaguez, desencadenaron la ira de dios. &Eacute;ste los castig&oacute; con erupciones y terremotos, adem&aacute;s de un eclipse. Como consecuencia, pereci&oacute; la gran mayor&iacute;a de los gigantes, en tanto que los pocos sobrevivientes tuvieron que emprender una migraci&oacute;n de cuatro siglos, recorriendo cuatro leguas hacia el norte, en direcci&oacute;n de la laguna. En el camino se transformaron en seres humanos, pertenecientes a dos etnias, la mexica y la otom&iacute;. Al final de su marcha, fundaron su ciudad en una isla donde hab&iacute;a una "tumorosidad", un grupo de pe&ntilde;ascos de roca arenosa que hab&iacute;an sido arrojados por las mismas erupciones que los hab&iacute;an obligado a emigrar. Dividieron el asentamiento en cuatro barrios surcados por acequias y, al centro, levantaron un adoratorio que rememoraba la serran&iacute;a originaria. Con uno de esos "pe&ntilde;ascosos vol&uacute;menes" tallaron a la Coatlicue para dejar memoria de su infortunio y su posterior devenir. Vista de frente, nos dice Borunda, la cabeza de la escultura adoptaba la forma de un cangrejo, animal anfibio que evocaba a esta sociedad mixta que hab&iacute;a vivido en ambientes monta&ntilde;osos y lacustres; una idea similar comunicaba la pretendida rana figurada en la base del monolito. Y, al llegar los espa&ntilde;oles, concluye el licenciado, los ind&iacute;genas no hicieron m&aacute;s que sepultar a flor de tierra &eacute;ste y otros monumentos, evitando con ello que los intrusos europeos descifraran su historia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Retornando a nuestro debate, Alzate entreg&oacute; el &uacute;ltimo de sus art&iacute;culos a la <i>Gazeta de Literatura</i> en agosto de 1792.<sup><a href="#notas">75</a></sup> Fue una furiosa diatriba, aunque llena de se&ntilde;alamientos inocuos contra la "obrita" de Le&oacute;n y Gama. Le objet&oacute; ah&iacute;, por ejemplo, que hubiera identificado como una arenaria la piedra en que fue tallada la Coatlicue, cuando a su juicio se trataba de un granito, al tiempo que descart&oacute; buena parte de los argumentos basados en Crist&oacute;bal del Castillo, aduciendo que &eacute;ste no era un indio como afirmaba Le&oacute;n y Gama, sino un mestizo. Alzate se escandaliz&oacute; igualmente de los juicios interpretativos de anticuarios, etimologistas y cronologistas con los que asociaba a Le&oacute;n y Gama, insistiendo en que es preferible "tratar de las artes &uacute;tiles" que ofrecen certezas, "que de las agradables", las cuales se basan en especulaciones filos&oacute;ficas. El resto del ataque se centr&oacute; en se&ntilde;alamientos m&aacute;s trascendentes, aunque ya expresados en sus entregas anteriores. Quiz&aacute;s el m&aacute;s importante de todos fue que Le&oacute;n y Gama nunca hab&iacute;a explicado su "clave" para comprender la escritura jerogl&iacute;fica. Al respecto machaca Alzate:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo manifestado as&iacute; en esta Gaceta como en la pol&iacute;tica, mi suma ignorancia respecto &aacute; lo que significan &oacute; quieren dar &aacute; entender los caracteres mexicanos, y vivir&eacute; eternamente en esta ignorancia, porque no s&eacute; cual sea la clave para descifrar, &oacute; si se quiere, adivinar el misterio de los caracteres simb&oacute;licos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En virtud de esta &iacute;ntima convicci&oacute;n, &iquest;no debo ignorar si la interpretaci&oacute;n del Sr. de Gama es exacta &oacute; verdadera? Exp&oacute;nganos este anticuario las reglas que sirven para iniciarse en los conocimientos de que solo eran poseedores algunos de los antiguos sabios mexicanos, y entonces ya vendremos en conocimiento de su acierto.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final del art&iacute;culo, se agrega una nota donde Alzate se lanza no s&oacute;lo contra Le&oacute;n y Gama, sino tambi&eacute;n contra Borunda:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Nota.</i> En la Gaceta pol&iacute;tica de 18 del corriente un an&oacute;nimo &#91;Borunda&#93; se queja de que en la Gaceta de literatura se haya divulgado el trabajo que tiene impedido para descifrar las l&aacute;pidas mexicanas de que se ha tratado en la presente; mas la acusaci&oacute;n que me hace es infundada. Expres&eacute; que cierto anticuario mexicano se dedicaba &aacute; exponer la interpretaci&oacute;n de las l&aacute;pidas, y que disent&iacute;a mucho de lo que expresaba D. Antonio de Gama: en la expresi&oacute;n <i>un anticuario</i> se comprende toda la serie de anticuarios, puesto que por ning&uacute;n indicio puede inferirse habl&eacute; determinadamente de un solo individuo: &iquest;&aacute; qu&eacute; viene el reclamo? &iquest;He faltado &aacute; la confianza? &iquest;Tengo comprometido &aacute; alg&uacute;n literato para que por mi insinuaci&oacute;n se le obligue &aacute; publicar sus ideas?</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el an&oacute;nimo, sea quien fuese, ya se explic&oacute;; y esto es lo que me importa, pues da &aacute; entender que las l&aacute;pidas &#91;la Coatlicue y las piedras del Sol y de T&iacute;zoc&#93; son unos restos de geograf&iacute;a &oacute; topograf&iacute;a de los antiguos mexicanos: le doy las gracias, porque esto corrobora el dictamen que expuse acerca de la voluntariedad con que se explican los que se dicen anticuarios &oacute; descifradores de los caracteres simb&oacute;licos de los mexicanos: las piedras especificadas, seg&uacute;n el Se&ntilde;or Gama, son restos de la mitolog&iacute;a y astronom&iacute;a de los antiguos pobladores de esta ciudad; en sentir del an&oacute;nimo pertenecen &aacute; la geograf&iacute;a: semejantes interpretaciones distan entre s&iacute; lo que el cielo de la tierra &#91;...&#93;<sup><a href="#notas">76</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tales improperios, Le&oacute;n y Gama opt&oacute; mejor por cerrar "con el silencio la puerta &aacute; demandas y respuestas impertinentes, que &aacute; mas de ser in&uacute;tiles &aacute; los literatos, influyen en los &aacute;nimos pasionales y discordias".<sup><a href="#notas">77</a></sup> Decidi&oacute;, adem&aacute;s, dar tiempo a Borunda para que publicara sus propias interpretaciones, cosa que, como vimos, nunca suceder&iacute;a. Por ello, en noviembre de 1794, Le&oacute;n y Gama se resolvi&oacute; finalmente a concluir la segunda parte de su <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> a la cual intitul&oacute; "Advertencias anti&#45;criticas". All&iacute; respondi&oacute; sistem&aacute;ticamente a todas las imputaciones que hicieron sus contempor&aacute;neos a la primera parte, y dedic&oacute; una secci&oacute;n entera a explicar por qu&eacute; era imposible hallar una clave general para la inteligencia de los jerogl&iacute;ficos, figuras y caracteres ind&iacute;genas. Lamentablemente, este nuevo tratado, tan docto como el anterior, no ser&iacute;a publicado sino hasta 1832, cuando los protagonistas de esta apasionante pol&eacute;mica ya hab&iacute;an muerto.<sup><a href="#notas">78</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Archivo</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">"El Ayuntamiento de M&eacute;xico informa al virrey Revillagigedo el descubrimiento de una piedra labrada de considerable tama&ntilde;o durante las excavaciones que se est&aacute;n realizando en la Plaza Mayor para la construcci&oacute;n de atarjeas. Dispone el virrey se entregue a la Real y Pontificia Universidad la piedra descubierta y se coloque en el paraje de este edificios para que se indague acerca de su origen. 5 septiembre 1790-12 enero 1792", <i>Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico, Historia en general, v. 2254, exp. 22, fs. 5,</i> M&eacute;xico, Archivo Hist&oacute;rico del Distrito Federal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449027&pid=S0071-1675201100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Informe del superintendente, corregidor de la ciudad de M&eacute;xico, Bernardo Bonav&iacute;a al ayuntamiento sobre el descubrimiento de una piedra labrada de considerable magnitud, la cual fue encontrada al realizar obras en uno de los conductos de la Plaza Mayor. Pide se le haga saber al virrey de estos hechos. 4 de septiembre&#45;21 de octubre 1790", en <i>Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico, Historia, Monumentos, v. 2276, exp. 1, fs. 5,</i> M&eacute;xico, Archivo Hist&oacute;rico del Distrito Federal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449029&pid=S0071-1675201100010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Biblio&#45;hemerograf&iacute;a</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALCINA FRANCH, Jos&eacute;, <i>Arque&oacute;logos o anticuarios. Historia antigua de la arqueolog&iacute;a en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola,</i> Madrid, Ediciones del Serbal, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449033&pid=S0071-1675201100010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALZATE Y RAM&Iacute;REZ, Joseph Antonio, "Respuesta del autor de la Gazeta de Literatura &aacute; la Carta que se public&oacute; por la nuestra en la de 16 del pasado, escrita por un An&oacute;nimo", <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, 1791, t. IV, n. 42, p. 395&#45;396 &#91;martes 13 de septiembre de 1791&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449035&pid=S0071-1675201100010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Sin t&iacute;tulo a, <i>Gaceta de Literatura de M&eacute;xico,</i> Puebla, 1831, v. II, p. 83 &#91;13 de diciembre de 1790&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449037&pid=S0071-1675201100010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Sin t&iacute;tulo b, <i>Gaceta de Literatura de M&eacute;xico,</i> Puebla, 1831, v. II, p. 103 &#91;11 y 25 de enero de 1791&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449039&pid=S0071-1675201100010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Descripci&oacute;n de las antig&uuml;edades de Xochicalco", <i>Suplemento de</i> <i>la Gazeta de Literatura de M&eacute;xico,</i> Puebla, 1831, v. 2, p. 1&#45;17 &#91;noviembre de 1791&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449041&pid=S0071-1675201100010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Sin t&iacute;tulo c, <i>Gazeta de Literatura de M&eacute;xico,</i> Puebla, 1831, v. II, p. 399&#45;400 &#91;26 de junio de 1792&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449043&pid=S0071-1675201100010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Carta del autor de esta Gaceta a D.N.", <i>Gazeta de Literatura</i> <i>de M&eacute;xico,</i> Puebla, v. II, p. 411&#45;425 &#91;13 y 31 de julio, y 28 de agosto de 1792&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449045&pid=S0071-1675201100010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BERNAL, Ignacio, <i>Historia de la arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Editorial Porr&uacute;a, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449047&pid=S0071-1675201100010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BORUNDA, Joseph Ignacio, "Clave general de gerogl&iacute;ficos americanos", en <i>Bibliograf&iacute;a mexicana del siglo</i> <i>XVIII</i> <i>por el Dr. Nicol&aacute;s Le&oacute;n, profesor de etnolog&iacute;a en el Museo Nacional, secci&oacute;n primera, tercera parte,</i> <i>A&#45;Z,</i> M&eacute;xico, Imprenta de la Viuda de Francisco D&iacute;az de Le&oacute;n, 1906, p. 196&#45;340.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449049&pid=S0071-1675201100010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CA&Ntilde;IZARES ESGUERRA, Jorge, <i>C&oacute;mo escribir la historia del Nuevo Mundo,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449051&pid=S0071-1675201100010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CASTILLO, Crist&oacute;bal del, <i>Historia de la venida de los pueblos mexicanos y otros pueblos e Historia de la conquista,</i> M&eacute;xico, GV Editores/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449053&pid=S0071-1675201100010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&Iacute;AZ DEL CASTILLO, Bernal, <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> Madrid, Instituto Gonzalo Fern&aacute;ndez de Oviedo, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449055&pid=S0071-1675201100010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&Iacute;AZ&#45;TRECHUELO SP&Iacute;NOLA, Mar&iacute;a Lourdes, Concepci&oacute;n Pajar&oacute;n Parody y Adolfo Rubio Gil, "Juan Vicente de G&uuml;emes Pacheco. Segundo Conde de Revillagigedo (1789&#45;1794)", en Jos&eacute; Antonio Calder&oacute;n Quijano (director), <i>Los virreyes de Nueva Espa&ntilde;a en el reinado de Carlos IV,</i> 2 v., Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972, v. 1, p. 85&#45;366.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449057&pid=S0071-1675201100010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ESTRADA DE GERLERO, Elena Isabel, "Carlos III y los estudios anticuarios en Nueva Espa&ntilde;a", en Xavier Moyss&eacute;n y Louise Noelle (coord.), <i>14921992. V Centenario arte e historia,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1993, p. 63&#45;92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449059&pid=S0071-1675201100010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La labor anticuar&iacute;a novohispana en la &eacute;poca de Carlos IV: Guillermo Dupaix, precursor de la historia del arte prehisp&aacute;nico", en Gustavo Curiel, Renato Gonz&aacute;lez Mello y Juana Guti&eacute;rrez Haces (comps.), <i>XVII Coloquio Internacional de Historia del Arte,</i> 3 v., M&eacute;xico, 1994, v. 1, p. 191&#45;205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449061&pid=S0071-1675201100010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FAUVET&#45;BERTHEL&Uuml;T, Marie&#45;France, Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n y Susana Guimar&acirc;es, "Six personnages en qu&ecirc;te d'objets: histoire de la collection arch&eacute;ologique de la Real Expedici&oacute;n Anticuaria en Nouvelle Espagne", <i>Gradhiva, Revue d'anthropologie et de mus&eacute;ologie,</i> Par&iacute;s, Mus&eacute;e du quai Branly, n. 6, 2007, p. 104&#45;126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449063&pid=S0071-1675201100010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GALINDO Y VILLA, Jes&uacute;s, <i>Historia sumaria de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Departamento del Distrito Federal, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449065&pid=S0071-1675201100010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&Oacute;MEZ, Jos&eacute;, <i>Diario curioso y cuaderno de las cosas memorables en M&eacute;xico durante el gobierno de Revillagigedo (1789&#45;1794),</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449067&pid=S0071-1675201100010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina, <i>Ignacio de Castera: arquitecto y urbanista de la Ciudad de M&eacute;xico 1777&#45;1811,</i> M&eacute;xico, Instituto Mora, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449069&pid=S0071-1675201100010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LE&Oacute;N Y GAMA, Antonio, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica de las dos piedras que con ocasi&oacute;n del nuevo empedrado que se est&aacute; formando en la plaza principal de M&eacute;xico, se hallaron en ella el a&ntilde;o de 1790,</i> M&eacute;xico, Imprenta de don Felipe de Z&uacute;&ntilde;iga y Ontiveros, 1792.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449071&pid=S0071-1675201100010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica de las dos piedras, que con ocasi&oacute;n</i> <i>del nuevo empedrado que se est&aacute; formando en la plaza principal de M&eacute;xico, se hallaron en ella el a&ntilde;o de 1790... Dala a luz con notas, biograf&iacute;a de su autor y aumentada con la segunda parte que estaba in&eacute;dita, y bajo la proteccion del Gobierno general de la Union: Carlos Mar&iacute;a de Bustamante, diputado al Congreso General Mexicano, segunda edici&oacute;n,</i> M&eacute;xico, Imprenta del ciudadano Alejandro Vald&eacute;s, 1832.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449073&pid=S0071-1675201100010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LOMBARDO DE RUIZ, Sonia, "El Segundo Conde de Revillagigedo, una semblanza a trav&eacute;s de las voces de su tiempo", en Lina Odena G&uuml;emes y H&eacute;ctor Madrid Mulia (comps.), <i>Juan Vicente de G&uuml;emes Pacheco de Padilla, Segundo Conde de Revillavigedo. Testimonio documental,</i> M&eacute;xico, Gobierno de la Ciudad de M&eacute;xico, 1999, p. XIX&#45;XXXVIII.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449075&pid=S0071-1675201100010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&Oacute;PEZ AUSTIN, Alfredo y Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, "La historia p&oacute;stuma de la Piedra de T&iacute;zoc", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Editorial Ra&iacute;ces, 2010, n. 102, p. 60&#45;69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449077&pid=S0071-1675201100010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&Oacute;PEZ LUJ&Aacute;N, Leonardo, "La arqueolog&iacute;a del Epicl&aacute;sico en el centro de M&eacute;xico", <i>Descubridores del pasado en Mesoam&eacute;rica,</i> M&eacute;xico, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2001, p. 285&#45;313, 377&#45;379 y 401&#45;402.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449079&pid=S0071-1675201100010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "El Taj&iacute;n en el siglo XVIII: dos exploraciones pioneras en Veracruz", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Editorial Ra&iacute;ces, 2008, n. 89, p. 74&#45;81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449081&pid=S0071-1675201100010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Noticias de Herculano: las primeras publicaciones de arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Editorial Ra&iacute;ces, 2008, n. 90, p. 74&#45;80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449083&pid=S0071-1675201100010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, " 'El adi&oacute;s y triste queja del Gran Calendario Azteca'. El incesante peregrinar de la Piedra del Sol", <i>Arqueolog&iacute;a mexicana,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia/Editorial Ra&iacute;ces, 2008, n. 91, p. 78&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449085&pid=S0071-1675201100010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "The First Steps on a Long Journey: Archaeological Illustration in New Spain in the Eighteenth Century", en Joanne Pillsbury (ed.), <i>Past Presented: the History of Archaeological Illustration,</i> Washington, D.C., Dumbarton Oaks (en prensa).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449087&pid=S0071-1675201100010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&Oacute;PEZ LUJ&Aacute;N, Leonardo y Marie&#45;France Fauvet&#45;Berthelot, "Coleccionismo arqueol&oacute;gico novohispano: la revaloraci&oacute;n del pasado prehisp&aacute;nico a fines del periodo colonial", ponencia presentada en el coloquio <i>Las</i> <i>vitrinas de la memoria, los entresijos del olvido. Coleccionismo e invenci&oacute;n de memoria cultural,</i> M&eacute;rida, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Unidad Acad&eacute;mica de Ciencias Sociales y Humanidades,16 de octubre de 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449089&pid=S0071-1675201100010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARG&Aacute;IN, Carlos R., "Don Antonio Le&oacute;n y Gama (1735&#45;1802), el primer arque&oacute;logo mexicano. An&aacute;lisis de su vida y obra", <i>Memorias del Primer Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia,</i> 2 v., M&eacute;xico, Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a, 1964, v. II, p. 149-183.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449091&pid=S0071-1675201100010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARROQUI, Jos&eacute; Mar&iacute;a, <i>La ciudad de M&eacute;xico,</i> 3 v., M&eacute;xico, Tipograf&iacute;a y Litograf&iacute;a "La Europea", 1900&#45;1903.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449093&pid=S0071-1675201100010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MATOS MOCTEZUMA, Eduardo, "Don Antonio de Le&oacute;n y Gama y los comienzos de la arqueolog&iacute;a mexicana", en <i>Homenaje al doctor Ignacio Bernal,</i> Leonardo Manrique Casta&ntilde;eda y Noem&iacute; Castillo Tejero (coords.), M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1997, p. 71&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449095&pid=S0071-1675201100010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Los comienzos de la arqueolog&iacute;a mexicana: en respuesta a Carlos Navarrete,</i> M&eacute;xico, El Colegio Nacional, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449097&pid=S0071-1675201100010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MEDINA, Jos&eacute; Toribio, <i>La imprenta en M&eacute;xico (1539&#45;1821),</i> 8 v., M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449099&pid=S0071-1675201100010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MOLINA MONTES, Augusto, "Una visi&oacute;n de Xochicalco en el siglo XIX: Dupaix y Casta&ntilde;eda, 1805", <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1991, v. 62, p. 53&#45;68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449101&pid=S0071-1675201100010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MONCADA MAYA, Jos&eacute; Ojar y Paola Gonz&aacute;lez Ordaz, "Algunas reformas urbanas en la ciudad de M&eacute;xico a finales del siglo XVIII", <i>Bolet&iacute;n de Monumentos Hist&oacute;ricos,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, tercera &eacute;poca, 2007, n. 11, p. 94&#45;112.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449103&pid=S0071-1675201100010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MORENO DE LOS ARCOS, Roberto, "Ensayo biobibliogr&aacute;fico de Antonio de Le&oacute;n y Gama", <i>Bolet&iacute;n del Instituto de Investigaciones Bibliogr&aacute;ficas,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1970, t. II, n. 1, p. 43&#45;135.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449105&pid=S0071-1675201100010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La colecci&oacute;n Boturini y las fuentes de la obra de Antonio Le&oacute;n y Gama", <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1971, v. 9, p. 253&#45;270.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449107&pid=S0071-1675201100010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La <i>Historia antigua de M&eacute;xico</i> de Antonio de Le&oacute;n y Gama", <i>Estudios de Historia Novohispana,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1981, v. 7, p. 49&#45;78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449109&pid=S0071-1675201100010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAM&Iacute;REZ, Fausto, "Observaciones acerca de las artes pl&aacute;sticas en las publicaciones peri&oacute;dicas de Jos&eacute; Antonio de Alzate y Ram&iacute;rez", <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1982, n. 50/1, p. 111&#45;152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449111&pid=S0071-1675201100010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RIVERA CAMBAS, Manuel, <i>M&eacute;xico pintoresco, art&iacute;stico y monumental,</i> 3 v., M&eacute;xico, Imprenta de la Reforma, 1880&#45;1883.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449113&pid=S0071-1675201100010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROMERO DE TERREROS, Manuel, <i>Grabados y grabadores en la Nueva Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, Ediciones Arte Mexicano, 1948.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449115&pid=S0071-1675201100010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SEDA&Ntilde;O, Francisco, <i>Noticias de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Imprenta de J. R. Barbedillo y Compa&ntilde;&iacute;a. 1880.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449117&pid=S0071-1675201100010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SERNA, Jacinto de la, <i>Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatr&iacute;as y extirpaci&oacute;n de ellas,</i> en <i>Tratado de las idolatr&iacute;as, supersticiones, dioses, ritos, hechicer&iacute;as y otras costumbres gent&iacute;licas de las razas abor&iacute;genes de M&eacute;xico,</i> 2 v., M&eacute;xico, Fuente Cultural, 1953, v. I, p. 47&#45;368.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449119&pid=S0071-1675201100010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo a, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, v. IV, n. 16, martes 24 de agosto de 1790, p. 152&#45;154.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449121&pid=S0071-1675201100010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo b, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, v. V, n. 2, martes 24 de enero de 1792, p. 14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449123&pid=S0071-1675201100010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo c, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, v. V, n. 9, martes 8 de mayo de 1792, p. 88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449125&pid=S0071-1675201100010001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo d, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, v. V, n. 11, martes 29 de mayo de 1792, p. 108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449127&pid=S0071-1675201100010001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo e, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, t. V, n. 13, martes 26 de junio de 1792, p. 124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449129&pid=S0071-1675201100010001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin t&iacute;tulo f, <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, t. V, n. 14, martes 17 de julio de 1792, p. 131&#45;132.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449131&pid=S0071-1675201100010001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOBERANIS, Alberto, "Alzate, Le&oacute;n y Gama y Guillaume Dupaix. A prop&oacute;sito de las antig&uuml;edades mexicanas", en Teresa Rojas Rabiela (coord.), <i>Jos&eacute; Antonio Alzate y la ciencia mexicana,</i> Morelia, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, 2000, p. 39&#45;78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449133&pid=S0071-1675201100010001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TECUILHUITZINTLI, Oc&eacute;lotl, "Carta al Autor de la Gazeta de Literatura", <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, t. IV, n. 40, 16 de agosto de 1791, p. 377-379.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449135&pid=S0071-1675201100010001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VALERO DE GARC&Iacute;A LASCUR&Aacute;IN, Ana Rita, "El empedrado de la ciudad virreinal", en <i>De Tenochtitlan al siglo</i> <i>XXI.</i> <i>Memoria del Primer Encuentro de Cronistas de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Instituto Polit&eacute;cnico Nacional, 2001, p. 114&#45;125.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449137&pid=S0071-1675201100010001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Elena Isabel Estrada de Gerlero, "Carlos III y los estudios anticuarios en Nueva Espa&ntilde;a", en Xavier Moyss&eacute;n y Louise Noelle (coords.), <i>1492&#45;1992. VCentenario arte e historia;</i> "La labor anticuar&iacute;a novohispana en la &eacute;poca de Carlos IV: Guillermo Dupaix, precursor de la historia del arte prehisp&aacute;nico", en Gustavo Curiel, Renato Gonz&aacute;lez Mello y Juana Guti&eacute;rrez Haces (coords.), <i>XVII</i> <i>Coloquio Internacional de Historia del Arte.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, "Noticias de Herculano: las primeras publicaciones de arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> n. 90.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Jos&eacute; Alcina Franch, <i>Arque&oacute;logos o anticuarios. Historia antigua de la Arqueolog&iacute;a en la Am&eacute;rica Espa&ntilde;ola;</i> Marie&#45;France Fauvet&#45;Berthelot <i>et al.,</i> "Six personnages en qu&ecirc;te d'objets: histoire de la collection arch&eacute;ologique de la Real Expedici&oacute;n Anticuaria en Nouvelle Espagne", <i>Gradhiva,</i> n. 6; Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, "La arqueolog&iacute;a del Epicl&aacute;sico en el Centro de M&eacute;xico", en <i>Descubridores del pasado en Mesoam&eacute;rica;</i> "El Taj&iacute;n en el siglo XVIII: dos exploraciones pioneras en Veracruz", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> n. 89.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> V&eacute;ase por ejemplo Lourdes D&iacute;az&#45;Trechuelo <i>et al.,</i> "Juan Vicente de G&uuml;emes Pacheco, segundo conde de Revillagigedo (1789&#45;1794)", en Jos&eacute; Antonio Calder&oacute;n Quijano (dir.), <i>Los virreyes de Nueva Espa&ntilde;a en el reinado de Carlos IV;</i> Sonia Lombardo de Ruiz, "El segundo conde de Revillagigedo, una semblanza a trav&eacute;s de las voces de su tiempo", en Lina Odena G&uuml;emes y H&eacute;ctor Madrid Mulia (coords.), <i>Juan Vicente de G&uuml;emes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillavigedo. Testimonio documental.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> V&eacute;ase Jes&uacute;s Galindo y Villa, <i>Historia sumaria de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> p. 146&#45;147; Regina Hern&aacute;ndez Franyuti, <i>Ignacio de Castera: arquitecto y urbanista de la Ciudad de M&eacute;xico 1777&#45;1811,</i> p. 55&#45;73; Lombardo de Ruiz, "El segundo conde..."; Rita Valero de Garc&iacute;a Lascur&aacute;in, "El empedrado de la ciudad virreinal", <i>De Tenochtitlan al siglo</i> <i>XXI.</i> <i>Memoria del Primer Encuentro de Cronistas de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> p. 121&#45;125.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jos&eacute; G&oacute;mez, <i>Diario curioso y cuaderno de las cosas memorables en M&eacute;xico durante el gobierno de Revillagigedo (1789&#45;1794),</i> p. 109. Jos&eacute; G&oacute;mez (1732&#45;1800) alcanz&oacute; el grado de cabo en el cuerpo especial de infanter&iacute;a que ten&iacute;a la funci&oacute;n de proteger a los virreyes y hacer guardias de honor. Su presencia constante en la Plaza de Armas desde 1770 le permiti&oacute; presenciar los trabajos ordenados por Revillagigedo y los consecuentes hallazgos arqueol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> V&eacute;ase, Hern&aacute;ndez Franyuti, <i>Ignacio de Castera...;</i> Jos&eacute; Ojar Moncada y Paola Gonz&aacute;lez, "Algunas reformas urbanas en la ciudad de M&eacute;xico a finales del siglo XVIII", p. 94&#45;101, 107&#45;112.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Estas modificaciones son especificadas en Jos&eacute; Mar&iacute;a Marroqu&iacute;, <i>La ciudad de M&eacute;xico,</i> v. 1, p. 276&#45;277; Galindo y Villa, <i>Historia sumaria...,</i> p. 146&#45;147; D&iacute;ez&#45;Trechuelo <i>et al.,</i> "Juan Vicente.", p. 102&#45;104; Valero de Garc&iacute;a Lascur&aacute;in, "El empedrado.", p. 121; Moncada y Gonz&aacute;lez, "Algunas reformas.", p. 101&#45;107.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Francisco Sedano, <i>Noticias de M&eacute;xico,</i> v. 2, p. 88.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Equivalente a 1.26 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n y Marie&#45;France Fauvet&#45;Berthelot, "Coleccionismo arqueol&oacute;gico novohispano: la revaloraci&oacute;n del pasado prehisp&aacute;nico a fines del periodo colonial", ponencia presentada en el coloquio Las Vitrinas de la Memoria, los Entresijos del Olvido. Coleccionismo e Invenci&oacute;n de Memoria Cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> "Informe del superintendente, corregidor de la ciudad de M&eacute;xico, Bernardo Bonavia al ayuntamiento sobre el descubrimiento de una piedra labrada de considerable magnitud, la cual fue encontrada al realizar obras en uno de los conductos de la Plaza Mayor. Pide se le haga saber al virrey de estos hechos. 4 de septiembre&#45;21 de octubre 1790". Antonio de Le&oacute;n y Gama tuvo conocimiento de este expediente y lo cita al principio de la edici&oacute;n de 1792 de su <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica de las dos piedras que con ocasi&oacute;n del nuevo empedrado que se est&aacute; formando en la plaza principal de M&eacute;xico, se hallaron en ella el a&ntilde;o de 1790,</i> p. 11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Matos Moctezuma, "Don Antonio de Le&oacute;n y Gama y los comienzos de la arqueolog&iacute;a mexicana", en Leonardo Manrique Casta&ntilde;eda y Noem&iacute; Castillo Tejero (coords.), <i>Homenaje al doctor Ignacio Bernal; Los comienzos de la arqueolog&iacute;a mexicana: en respuesta a Carlos Navarrete.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> "Informe al superintendente...", primer documento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> "Informe al superintendente...", segundo documento, fol. 1r&#45;1v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Equivalente a 4.18 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Equivalente a 30.93 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> El cerro de Chapultepec posee en sus flancos afloramientos de andesita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Equivalente a 1.11 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Equivalente a 0.84 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> "Informe al superintendente...", segundo documento, fol. 2r&#45;2v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Equivalente a 1.67 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Equivalente a 2.51 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Equivalente a poco m&aacute;s de 0.84 m.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Equivalente a 0.73 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Equivalente a 1.04 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> "Informe al superintendente...", segundo documento, fol. 3r&#45;3v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> La Coatlicue mide 255 por 150 por 130 cm.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Sedano, <i>Noticias de M&eacute;xico,</i> v. 2, p. 90&#45;91. El edificio oriental iba del Puente de Palacio al de las Marquesoteras y, el occidental, de este puente al callej&oacute;n de San Bernardo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Equivalente a 4.2 m.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Se terminaron de tirar el 1 de abril de 1794, de acuerdo con G&oacute;mez, <i>Diario curioso...,</i> p. 96, &sect; 463.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> "Informe al superintendente...", segundo documento, fol. 3v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> "Informe al superintendente...", segundo documento, fol. 4r&#45;4v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 2&#45;3.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> G&oacute;mez, <i>Diario curioso.</i> , p. 25, &sect; 105.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> "El Ayuntamiento de M&eacute;xico informa al virrey Revillagigedo el descubrimiento de una piedra labrada de considerable tama&ntilde;o durante las excavaciones que se est&aacute;n realizando en la Plaza Mayor para la construcci&oacute;n de atarjeas. Dispone el virrey se entregue a la Real y Pontificia Universidad la piedra descubierta y se coloque en el paraje de este edificios para que se indague acerca de su origen. 5 septiembre 1790&#45;12 enero 1792".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> "El ayuntamiento...", fol. 1r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> L&oacute;pez Luj&aacute;n y Fauvet&#45;Berthelot, "Coleccionismo arqueol&oacute;gico novohispano...".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> "El ayuntamiento...", fol. 2r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> Alfredo L&oacute;pez Austin y Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, "La historia p&oacute;stuma de la Piedra de T&iacute;zoc", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> n. 102.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Tal testimonio seguramente es el conjunto de documentos de nuestro primer expediente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 10.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 8.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 10&#45;11.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 8&#45;14.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> Le&oacute;n y Gama, 1795, ARSI, Vitae 1005, I, A.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> Sin t&iacute;tulo a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> "'El adi&oacute;s y triste queja del Gran Calendario Azteca'. El incesante peregrinar de la Piedra del Sol", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> n. 91.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> Anteriormente se han referido a este apasionante debate Carlos R. Marg&aacute;in, "Don Antonio Le&oacute;n y Gama (1735&#45;1802). El primer arque&oacute;logo mexicano. An&aacute;lisis de su vida y obra", <i>Memorias del Primer Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia,</i> v. II, p. 170&#45;174); Roberto Moreno de los Arcos, "Ensayo biobibliogr&aacute;fico de Antonio de Le&oacute;n y Gama", <i>Bolet&iacute;n del Instituto de Investigaciones Bibliogr&aacute;ficas,</i> t. II, n. 1, p. 82&#45;94; Ignacio Bernal, <i>Historia de la arqueolog&iacute;a en M&eacute;xico,</i> p. 74&#45;77; Fausto Ram&iacute;rez, "Observaciones acerca de las artes pl&aacute;sticas en las publicaciones peri&oacute;dicas de Jos&eacute; Antonio de Alzate y Ram&iacute;rez", <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> n. 50/1, p. 136&#45;139; Alberto Soberanis, "Alzate, Le&oacute;n y Gama y Guillaume Dupaix. A prop&oacute;sito de las antig&uuml;edades mexicanas", en Teresa Rojas Rabiela (coord.), <i>Jos&eacute; Antonio Alzate y la ciencia mexicana,</i> p. 59&#45;68; y Jorge Ca&ntilde;izares Esguerra, <i>C&oacute;mo escribir la historia del Nuevo Mundo,</i> p. 451&#45;471, 475&#45;480 y 482&#45;489.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> Joseph Antonio Alzate y Ram&iacute;rez; Sin t&iacute;tulo a; Sin t&iacute;tulo b.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> Alzate y Ram&iacute;rez; Sin t&iacute;tulo a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> V&eacute;ase Moreno de los Arcos, "Ensayo biobibliogr&aacute;fico...", p. 68&#45;73.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> Alzate y Ram&iacute;rez, "Descripci&oacute;n de las antig&uuml;edades de Xochicalco"; Augusto Molina Montes, "Una visi&oacute;n de Xochicalco en el siglo XIX: Dupaix y Casta&ntilde;eda, 1805", <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, v. 62; L&oacute;pez Luj&aacute;n, "Noticias de Herculano...".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> Oc&eacute;lotl Tecuilhuitzintli, "Carta al Autor de la Gazeta de Literatura", <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> t. IV n. 40, p. 379.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> Alzate y Ram&iacute;rez, "Respuesta del Autor de la Gazeta de Literatura &aacute; la Carta que se public&oacute; por la nuestra en la de 16 del pasado, escrita por un An&oacute;nimo", <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> t. IV, n. 42.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup> Sin t&iacute;tulo b; Sin t&iacute;tulo c; Sin t&iacute;tulo d.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> Ca&ntilde;izares Esguerra, <i>C&oacute;mo escribir la historia.</i> , p. 451.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 3&#45;4.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup> Jos&eacute; Toribio Medina, <i>La imprenta en M&eacute;xico (1539&#45;1821),</i> v. 1, p. CCXIII; Manuel Romero de Terreros, <i>Grabados y grabadores en la Nueva Espa&ntilde;a,</i> p. 463&#45;466; Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n, "The First Steps on a Long Journey: Archaeological Illustration in New Spain in the Eighteenth Century", en Joanne Pillsbury (editora), <i>Past Presented: the History of Archaeological Illustration.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 4&#45;5.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1832, segunda parte, p. 3&#45;5. Dicha historia qued&oacute; inconclusa y nunca fue publicada. V&eacute;ase al respecto, Moreno de los Arcos, "La colecci&oacute;n Boturini y las fuentes de la obra de Antonio Le&oacute;n y Gama", <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> v. 9; "La <i>Historia antigua de M&eacute;xico</i> de Antonio de Le&oacute;n y Gama", <i>Estudios de Historia Novohispana,</i> v. 7.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63</sup> Eran excepci&oacute;n las obras de L&oacute;pez de G&oacute;mara, Hern&aacute;ndez y Torquemada, esta &uacute;ltima con datos valiosos tomados de Sahag&uacute;n, Olmos y Motolin&iacute;a. V&eacute;ase Moreno de los Arcos, "Ensayo biobibliogr&aacute;fico.", p. 103&#45;117.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64</sup> Utiliz&oacute; ampliamente las obras de Chimalp&aacute;hin, Crist&oacute;bal del Castillo y Alvarado Tezoz&oacute;moc.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65</sup> V&eacute;ase, Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica.,</i> edici&oacute;n de 1792, p. 35&#45;47.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66</sup> Muy poco es lo que se sabe a ciencia cierta sobre Teoyaomiqui y Teoyaotlatohua; entre otras cosas, se desconocen sus atav&iacute;os y s&iacute;mbolos caracter&iacute;sticos. Entre las raras fuentes que los mencionan, destaca del Castillo <i>(Historia de la venida de los pueblos mexicanos y otros pueblos e Historia de la conquista,</i> p. 207), quien habla de ellos cuando se refiere a los <i>tonaltin:</i> "Dicen que aqu&iacute; hablan las estrellas llamadas <i>Teoyaotlatohua Huitzilopochtli,</i> y tambi&eacute;n las llamadas <i>Teoyaomiqui.</i> Se dice que nacen entonces se hacen r&aacute;pidamente mano izquierda de la gente, se hacen guerreros y r&aacute;pidamente mueren en la guerra. Serna <i>(Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatr&iacute;as y extirpaci&oacute;n de ellas,</i> p. 168) tambi&eacute;n los menciona cuando comenta las predicciones para los nacidos en ciertos signos de d&iacute;a: "El <i>duod&eacute;cimo</i> signo llamavan <i>Toeyaotlatohua huitzilopochtli,</i> que es el gran guerrero Dios <i>Huitzilopochtli,</i> y le acompa&ntilde;ava <i>Teoyaomiqui</i> que era la Diosa de los muertos en la guerra. Dicen, que aqu&iacute; nac&iacute;an los valerosos Capitanes, pero que en breue tiempo morian, y no llegauan &aacute; viejos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67</sup> Alzate y Ram&iacute;rez, Sin t&iacute;tulo c.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68</sup> Sin t&iacute;tulo e.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>69</sup> V&eacute;ase tambi&eacute;n, Alzate y Ram&iacute;rez, "Respuesta del Autor de la Gazeta de Literatura &aacute; la Carta que se public&oacute; por la nuestra en la de 16 del pasado, escrita por un An&oacute;nimo", <i>Gazeta de M&eacute;xico,</i> t. IV, n. 42, p. 295. All&iacute; se menciona expl&iacute;citamente a Joseph Antonio Borunda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>70</sup> Sin t&iacute;tulo f.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>71</sup> Ca&ntilde;izares Esguerra, <i>C&oacute;mo escribir la historia...,</i> p. 500&#45;503, 522&#45;523.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>72</sup> Joseph Antonio Borunda, "Clave general de gerogl&iacute;ficos americanos", en <i>Bibliograf&iacute;a mexicana del siglo</i> <i>XVIII</i> <i>por el Dr. Nicol&aacute;s Le&oacute;n, profesor de etnolog&iacute;a en el Museo Nacional, secci&oacute;n primera, tercera parte,</i> <i>A&#45;Z.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>73</sup> Ca&ntilde;izares Esguerra, <i>C&oacute;mo escribir la historia.</i> , p. 503&#45;508.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>74</sup> Borunda, "Clave general...", p. 200, 202, 223&#45;235; Ca&ntilde;izares Esguerra, <i>C&oacute;mo escribir la historia.</i> , p. 501&#45;509.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>75</sup> Alzate y Ram&iacute;rez, "Carta del autor de esta Gaceta a D. N.".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>76</sup> Alzate y Ram&iacute;rez, "Carta del autor...", p. 425.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>77</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> edici&oacute;n de 1832, segunda parte, p. 2.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>78</sup> Le&oacute;n y Gama, <i>Descripci&oacute;n hist&oacute;rica y cronol&oacute;gica...,</i> edici&oacute;n de 1832, segunda parte, p. 1&#45;148.</font></p>      ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Ayuntamiento de México informa al virrey Revillagigedo el descubrimiento de una piedra labrada de considerable tamaño durante las excavaciones que se están realizando en la Plaza Mayor para la construcción de atarjeas. Dispone el virrey se entregue a la Real y Pontificia Universidad la piedra descubierta y se coloque en el paraje de este edificios para que se indague acerca de su origen. 5 septiembre 1790-12 enero 1792]]></article-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Informe del superintendente, corregidor de la ciudad de México, Bernardo Bonavía al ayuntamiento sobre el descubrimiento de una piedra labrada de considerable magnitud, la cual fue encontrada al realizar obras en uno de los conductos de la Plaza Mayor. Pide se le haga saber al virrey de estos hechos. 4 de septiembre-21 de octubre 1790]]></article-title>
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