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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La guerra de dos mundos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eric Taladoire</b>*</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Franc&eacute;s. Profesor en la Universit&eacute; Paris 1 Panth&eacute;on&#45;Sorbonne desde 1981. Fue Director interino del Centro de Estudios Mexicanos y Centro&#45;Americanos de 1976 a 1977. Es el autor, entre otras obras, de Les terrains de jeu de balle en M&eacute;soam&eacute;rique et dans le sud&#45;ouest des Etats&#45;Unis, y de Los mayas, en colaboraci&oacute;n con Jean Pierre Courau.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iexcl;Otra vez la expedici&oacute;n de Cort&eacute;s y la conquista de M&eacute;xico! Volver a este evento tantas veces descrito y estudiado parecer&iacute;a redundante, considerando la inmensa bibliograf&iacute;a dedicada al tema. Se podr&iacute;a pensar que ya se dijo casi todo y se coment&oacute; detalladamente el choque brutal de dos mundos opuestos, y las consecuencias de la irrupci&oacute;n de los conquistadores en Mesoam&eacute;rica. La ca&iacute;da abrupta y tr&aacute;gica de la triple alianza, destruida por un "pu&ntilde;ado" de aventureros, dio pie a una cantidad inconmensurable de libros, art&iacute;culos y novelas m&aacute;s o menos serios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Un "pu&ntilde;ado" de aventureros?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la inmensa mayor&iacute;a de esos estudios, casi siempre se hace hincapi&eacute; en el n&uacute;mero reducido de los conquistadores, siendo la cifra de 508 hombres la m&aacute;s com&uacute;nmente mencionada. El mismo G&oacute;mara (19851986) habla de 550, incluyendo a los marineros. A&uacute;n ciertos trabajos recientes (Elliott, en McEwan y L&oacute;pez Luj&aacute;n, 2009) reducen este n&uacute;mero a 450. Ya sea para glorificarlos o para subrayar su inconsciencia en funci&oacute;n con la visi&oacute;n del autor consultado, esta cifra reducida pone en relieve el car&aacute;cter incre&iacute;ble de su &eacute;xito. Escasos son los autores que toman en consideraci&oacute;n la totalidad de los espa&ntilde;oles disponibles. Herren (1992), por ejemplo, es uno de los pocos que menciona a los marineros: "Las cifras de los efectivos var&iacute;an notablemente seg&uacute;n los cronistas: desde 508 soldados y un centenar de marineros que cita Bernal D&iacute;az del Castillo, hasta los 500 hombres de los que habla la <i>Carta de relaci&oacute;n</i> del cabildo de Veracruz (Cort&eacute;s, 1970)." De acuerdo con los distintos cronistas, el contingente consist&iacute;a en 11 naves, con 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros, y unos 200 indios de Cuba y africanos como auxiliares de tropa (Mart&iacute;nez Montiel, 1997 y 2009), o sea m&aacute;s de 850 hombres. La presencia de caribe&ntilde;os y de esclavos africanos queda comprobada por el descubrimiento reciente de Calpulalpan, Tlaxcala (Hist&oacute;rica.com 2006; com.pers. Grunberg, 2009) donde se identificaron los vestigios &oacute;seos de algunos de ellos. Por supuesto, la mayor&iacute;a serv&iacute;an como cargadores y/o sirvientes, pero no se puede ignorar su capacitad para pelear, y, salvo tal vez los ind&iacute;genas de Cuba, no cabe duda que a los ojos de los mexicas, todos los dem&aacute;s pertenec&iacute;an a la categor&iacute;a de seres extra&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es nuestro prop&oacute;sito discutir sobre la audacia o la inconsciencia de los conquistadores frente a los miles de guerreros que pod&iacute;an movilizar los mexicas, aun si las cifras mencionadas por Cort&eacute;s (136 000 guerreros tlaxcaltecas y una cifra comparable para la armada mexica) son producto de su imaginaci&oacute;n. M&aacute;s seriamente, se presentaron varios argumentos para explicar o justificar la victoria espa&ntilde;ola. Unos de los m&aacute;s relevantes ser&iacute;a la superioridad tecnol&oacute;gica espa&ntilde;ola, con sus armas (corazas de piel o de metal, ballestas, arcabuces), o sus t&eacute;cnicas de combate: buscan matar o eliminar a sus adversarios, mientras los mexicas quieren cautivarlos vivos, para sacrificarlos despu&eacute;s. Por el contrario, los que deploran la conquista ponen en relieve la brutalidad de los espa&ntilde;oles y sus atrocidades durante el sitio de Tenochtitlan. Por otro lado, muchos autores subrayan el papel de los caballos en los combates, y el terror que habr&iacute;an inspirado a los mexicas, olvid&aacute;ndose muchas veces del rol de los perros (Varner y Varner, 1983). Seg&uacute;n esos autores, aun si resulta imposible estimar el n&uacute;mero de canes, &eacute;stos debieron ser numerosos, y jugaron un papel importante como armas de batalla y como delatores para revelar la presencia de enemigos. Adem&aacute;s del miedo que inspiraban entre los mexicas, cabe subrayar su capacidad para eludir los golpes, ya que muchos de ellos, a diferencia de los caballos, sobrevivieron a los desastres de la Noche Triste (Varner y Varner, 1983). En lo que naturalmente todos los autores coinciden es en la importancia fundamental de las enfermedades como la viruela y el sarampi&oacute;n, que debilitaron mucho la defensa mexica sin experiencia sobre este tipo de padecimiento. A nivel de las ideas, se hizo hincapi&eacute; en las creencias religiosas, y el mito del regreso de Quetzalc&oacute;atl (Soustelle, 1955; Elliott en McEwan y L&oacute;pez Luj&aacute;n, 2009). El mismo Cort&eacute;s lo menciona a menudo en sus cartas (1970).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, muchos autores insistieron en la fragilidad de la triple alianza, entonces en proceso de formaci&oacute;n y considerada como una estructura inadaptada por su falta de control centralizado (Soustelle, 1955). Por el contrario, los trabajos recientes (Sergheraert, 2009) demuestran que la hegemon&iacute;a de la triple alianza era el producto de una estrategia militar precisa. A pesar de esto, varios pueblos, entre ellos los totonacas, aprovecharon la llegada de los invasores para rebelarse contra el dominio de los mexicas y sus aliados. Sin el apoyo permanente de sus aliados ind&iacute;genas, es muy poco probable que los espa&ntilde;oles hubieran podido vencer. De inmediato, miles de guerreros totonacas y tlaxcaltecas se enlistaron en las filas de ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, contribuyendo significativamente a la ca&iacute;da de la triple alianza. Su importancia num&eacute;rica y su capacidad b&eacute;lica inspiraron a los conquistadores un respecto que, a veces, confina a la prudencia (D&iacute;az del Castillo, 1984). M&aacute;s tarde, los conquistadores contaron tambi&eacute;n con el apoyo de guerreros mexicas, zapotecas, mixtecos o tarascos (Matthew y Oudjik, 2007), para sus expediciones en el &aacute;rea maya o en Nueva Galicia. En cierto respecto, se puede hasta considerar que los ind&iacute;genas aprovecharon la presencia espa&ntilde;ola para completar la integraci&oacute;n mesoamericana (Matthew y Oudjik, 2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada uno de esos argumentos ha sido ampliamente discutido, y todos son v&aacute;lidos. Otras explicaciones se consideran menos relevantes, a pesar de su inter&eacute;s. La cuesti&oacute;n de la lengua es un ejemplo muy pertinente. En este encuentro entre dos mundos, comunicarse resulta fundamental para enterarse de las ideas y de los proyectos adversos. A este respecto, los espa&ntilde;oles llevan ventaja por tener a su lado varios int&eacute;rpretes como Aguilar y Marina. Posteriormente, otros conquistadores aprendieron rudimentos de n&aacute;huatl. Cabe mencionar a Orteguilla, el paje que Cort&eacute;s ofreci&oacute; al <i>tlatoani,</i> cuya presencia discreta al lado de Moctezuma, que ignoraba su papel de esp&iacute;a, le permit&iacute;a enterarse de los proyectos mexicas en contra de los invasores e informar a &eacute;stos. Por el contrario, ninguna fuente indica que los mexicas dispusieran de tales facilidades a&uacute;n si colocaron informantes en el campamento espa&ntilde;ol (Taladoire, 1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Un choque psicol&oacute;gico inconcebible</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tremendo impacto psicol&oacute;gico consecutivo a la intrusi&oacute;n continua y r&aacute;pida de seres desconocidos es muchas veces ignorado, aunque se puede deducir de los textos de los protagonistas (Aguilar, 1977; Cort&eacute;s, 1963; D&iacute;az del Castillo, 1984, L&oacute;pez de G&oacute;mara, 1985&#45;1986; Conquistador An&oacute;nimo, 1986). La conmoci&oacute;n suscitada por estos personajes de procedencia misteriosa ser&iacute;a comparable al p&aacute;nico provocado por la llegada de marcianos en las pel&iacute;culas populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En menos de una generaci&oacute;n (1492&#45;511), el continente americano, aislado durante m&aacute;s de 10 000 a&ntilde;os, enfrent&oacute; la llegada del "otro", el desconocido. Para Mesoam&eacute;rica, el fen&oacute;meno resulta todav&iacute;a m&aacute;s brutal: en menos de cuatro a&ntilde;os (1517&#45;1521), pasaron de rumores aislados sobre enormes casas que flotan en el mar, a la primera visita de Grijalva a las costas de Veracruz y despu&eacute;s a la destrucci&oacute;n completa del imperio m&aacute;s poderoso del &aacute;rea, de su cultura y hasta de su pueblo. Una crisis mental de tal amplitud resulta muy dif&iacute;cil de evaluar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios documentos indican que la llegada de los espa&ntilde;oles fue anunciada por presagios, entre otros, un cometa en el cielo de M&eacute;xico, voces femeninas extra&ntilde;as que se hacen audibles por la noche, incendios inexplicables en residencias y templos de la ciudad, especialmente el de Toci o la efervescencia de las aguas del lago de Texcoco (Carrasco, 2000; Graulich, 1994). El &uacute;ltimo de estos presagios fue el descubrimiento de un espejo en la cabeza de una grulla ceniza encontrada en los alrededores de M&eacute;xico. En dicho objeto, el mismo <i>tlatoani</i> percibi&oacute; extra&ntilde;os guerreros armados y montados sobre animales parecidos a venados gigantes (Olivier, 2006). Tales presagios son considerados como premonitorios de la ca&iacute;da pr&oacute;xima del imperio o del regreso peligroso de Quetzalc&oacute;atl.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio detallado de las fechas asociadas con tales presagios permite situar su primera ocurrencia alrededor de 1510, o sea el a&ntilde;o del primer naufragio espa&ntilde;ol en las costas de Yucat&aacute;n (Graulich, 1994; Gruzinski, 1988). Pero la mayor&iacute;a de los malos augurios tuvo lugar despu&eacute;s de 1517, el a&ntilde;o de la primera expedici&oacute;n de Francisco Hern&aacute;ndez de C&oacute;rdoba que lleg&oacute; hasta Tabasco, donde fue derrotada por los mayas. La segunda expedici&oacute;n, la de Grijalva, se llev&oacute; a cabo en 1518 y lleg&oacute; hasta las costas de Veracruz. Es indudable que los mexicas, que manten&iacute;an contactos estrechos con esas dos &aacute;reas, se enteraron r&aacute;pidamente de esos eventos excepcionales (Taladoire, 1989). Seg&uacute;n Dur&aacute;n (1967), Moctezuma mand&oacute; observadores a la costa de Veracruz para vigilar el regreso de los invasores. En otras palabras, aunque eran incapaces de prever las consecuencias del fen&oacute;meno, los mexicas estaban mejor informados que los espa&ntilde;oles, y esperaban con angustia su llegada. Los presagios constituyen, sin ninguna duda, una tentativa de racionalizaci&oacute;n del fen&oacute;meno para integrarlo y enfrentarlo (Aimi, 2002; Le&oacute;n&#45;Portilla, 1992; Olivier, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las bases del razonamiento espa&ntilde;ol y mexica de la &eacute;poca se encuentran en los mitos fundadores respectivos. Entre los primeros est&aacute; su creencia en la Biblia, la creaci&oacute;n y el papel de los santos como Santiago "marchando" delante de ellos, sin insistir, adem&aacute;s, sobre la astrolog&iacute;a y la nigromancia, y el papel de las predicciones de Blas Botello (Turner R&oacute;driguez, 2000; Olivier, 2006). Resulta natural que los mexicas, en su esquema temporal c&iacute;clico, hayan recurrido al mito popular del regreso de Quetzalc&oacute;atl o de sus seguidores (Soustelle, 1955; Florescano, 1993; Le&oacute;n&#45;Portilla, 1992). Los espa&ntilde;oles no ser&iacute;an entonces "extraterrestres", sino los enviados del antiguo dios, en cierto respecto "miembros" de la comunidad. No se debe exagerar tampoco la importancia de la confusi&oacute;n entre conquistadores y seres divinos, ya que, como lo nota Grunberg (1987), ni los mayas, ni los totonacos, ni los mismos tlaxcaltecas cayeron en una ilusi&oacute;n comparable. Es cierto que las bases religiosas y m&iacute;ticas de los pueblos mencionados difieren notablemente, pero, salvo las cartas de Cort&eacute;s (1970), no disponemos de muchas fuentes para comprobar esta asimilaci&oacute;n. Los mexicas recurrieron tal vez a esta hip&oacute;tesis para facilitar la integraci&oacute;n r&aacute;pida del fen&oacute;meno a su cosmovisi&oacute;n. De cualquier manera, es probable que, frente a la vulgaridad de los espa&ntilde;oles, a su ignorancia y a su falta de higiene, la ilusi&oacute;n se haya desvanecido r&aacute;pidamente. Hasta Moctezuma, que seg&uacute;n varios autores, favoreci&oacute; esta teor&iacute;a, se habr&iacute;a decepcionado al contacto con los soldados y su burdo comportamiento cotidiano (D&iacute;az, 1984 y 1987; Graulich, 1992; Le&oacute;n&#45;Portilla, 2009). Adem&aacute;s, el desd&eacute;n que los espa&ntilde;oles mostraban por los regalos mexicas, simb&oacute;licos de Quetzalc&oacute;atl, resulta un motivo que pone en duda su car&aacute;cter divino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Seres mortales</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede uno preguntar, entonces, por qu&eacute; los mexicas tardaron tanto tiempo para combatir esta intrusi&oacute;n. Al parecer la respuesta fue desorganizada, pues Cort&eacute;s mismo menciona en sus cartas (1970) la existencia de una resistencia local, incluso proveniente de la familia imperial mexica. En segundo lugar, los mexicas parec&iacute;an sinceramente impresionados por los espa&ntilde;oles y su aspecto de guerreros experimentados y disciplinados, veteranos de muchos combates. Los reci&eacute;n llegados dispon&iacute;an adem&aacute;s de t&eacute;cnicas militares novedosas que combinaban armas de metal de largo alcance (arcabuces, ballestas) con espadas y picas para el combate cuerpo a cuerpo. Esas mismas t&eacute;cnicas hab&iacute;an propiciado las victorias espa&ntilde;olas en Italia frente al ej&eacute;rcito franc&eacute;s. Muchos de los capitanes de Cort&eacute;s participaron en la guerra de Italia. Por el contrario, la inferioridad num&eacute;rica de los conquistadores es indudable y una resistencia organizada y encarnizada hubiera podido conducir a los mexicas y sus aliados a la victoria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La amplitud de las p&eacute;rdidas espa&ntilde;olas durante los combates sugiere que los soldados de la triple alianza hubieran podido vencerlos. D&iacute;az del Castillo menciona que, durante los combates de Hern&aacute;ndez de C&oacute;rdoba contra los mayas de Tabasco, los espa&ntilde;oles perdieron 57 hombres, entre ellos, su jefe. Ni L&oacute;pez de G&oacute;mara ni el Conquistador An&oacute;nimo (1989) proporcionan datos precisos para los primeros enfrentamientos durante la marcha hacia Tenochtitlan, pero este &uacute;ltimo autor menciona dos caballos abatidos por guerreros mexicas, lo que confirma, indirectamente, que el temor que los ind&iacute;genas sent&iacute;an hacia los caballos no fue de larga duraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desgraciadamente, las cifras proporcionadas por el mismo Cort&eacute;s resultan fantasiosas, a veces casi surrealistas. En su tercera carta (Cort&eacute;s, 1970), menciona por ejemplo que, en Tlaxcala, antes de empezar el sitio de Tenochtitlan, dispone de 500 soldados de infanter&iacute;a, divididos en 9 unidades de 60 hombres cada una, o sea un total de 540: &iexcl;cuarenta hombres m&aacute;s! Exagera las fuerzas enemigas, y reduce las p&eacute;rdidas espa&ntilde;olas: en el combate contra los 100 000 guerreros tlaxcaltecas de Xicot&eacute;ncatl, s&oacute;lo reconoce algunos heridos. De la misma manera que en Tabasco habla de s&oacute;lo unos veinte heridos. Finalmente, en los duros enfrentamientos previos a la Noche Triste, reconoce la desaparici&oacute;n de cinco o seis hombres y estima que durante la retirada, 150 soldados y 45 caballos fueron abatidos por los mexicas: "En este desbarato, se hall&oacute; por copia que murieron ciento y cincuenta espa&ntilde;oles y cuarenta y cinco y caballos &#91;...&#93;" (Cort&eacute;s 1970, p. 96). Siguiendo sus estimaciones, la sumisi&oacute;n de la triple alianza no le hubiera costado m&aacute;s de 200 muertos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de las dudas expresadas por autores como Graulich (1996) acerca del valor testimonial de la obra de D&iacute;az del Castillo, sus datos son m&aacute;s relevantes que los de Cort&eacute;s, y sobre todo, coherentes. Seg&uacute;n D&iacute;az del Castillo (1984, 1987), el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol en Cozumel contaba con 508 infantes, a los cuales se debe a&ntilde;adir la tripulaci&oacute;n de los once barcos, o sea 109 marineros, unos 30 jinetes con sus caballos, varios sirvientes, y tal vez algunos indios aliados originarios de Cuba. Poco tiempo despu&eacute;s, el barco de un tal Saucedo se une al ej&eacute;rcito con diez hombres adem&aacute;s de la tripulaci&oacute;n. O sea que, al llegar a Veracruz, los conquistadores son m&aacute;s de 650 sin hablar de sus sirvientes y aliados. D&iacute;az del Castillo menciona la presencia, alrededor del P&aacute;nuco, de por lo menos cuatro barcos enviados por Francisco de Garay, lo que implica unos 270 espa&ntilde;oles m&aacute;s al mando de &Aacute;lvarez de Pineda, sin incluir a los marineros. Cort&eacute;s, en su segunda carta (1970), confirma la existencia de esos cuatro barcos sin dar m&aacute;s detalles. Los mexicas no pueden ignorar esta amenaza adicional, aun si pudieran dudar de los lazos entre los dos grupos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cualquiera que sea la cifra exacta del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, no cabe duda de que sobrepasa los 508 hombres que se mencionan usualmente. Pero, en su texto, D&iacute;az del Castillo (1984, 1987), a diferencia de Cort&eacute;s, insiste sobre los dif&iacute;ciles combates, las p&eacute;rdidas, los heridos, los enfermos. Despu&eacute;s de las batallas contra los tlaxcaltecas en septiembre de 1519, escribe: "Y desque amaneci&oacute;, y nos vimos todos heridos &aacute; dos y &aacute; tres heridas, y muy cansados, y otros dolientes y entrapajados, y Xicotenga &#91;Xicot&eacute;ncatl&#93; que siempre nos segu&iacute;a, y faltaban ya sobre cincuenta y cinco soldados que se hab&iacute;an muerto en las batallas y dolencias y fr&iacute;os &#91;...&#93;" Esta cifra resulta mucho m&aacute;s importante que los escasos heridos de la carta de Cort&eacute;s.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo a D&iacute;az del Castillo, entonces, el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol hubiera perdido, desde antes de llegar a Tenochtitlan cerca del 10% de sus efectivos. Es imposible suponer que los mexicas, que ten&iacute;an informantes en el campamento espa&ntilde;ol, hubieran ignorado este fen&oacute;meno. Poco tiempo despu&eacute;s, comprobaron por ellos mismos la vulnerabilidad de los espa&ntilde;oles. En la breve batalla de Nautla contra la peque&ntilde;a guarnici&oacute;n de Veracruz, que Cort&eacute;s estima en 150 hombres, los guerreros de Cuauhpopoca mataron a seis o siete soldados, incluido el alguacil mayor, Juan de Escalante. Se apoderaron adem&aacute;s de otro espa&ntilde;ol llamado Arguello, al que le cortaron la cabeza, para mandarla al <i>tlatoani</i> como prueba indudable del car&aacute;cter perecedero de los invasores. Eso se podr&iacute;a llamar experimentaci&oacute;n directa, para acabar con el mito del car&aacute;cter divino, o por lo menos invulnerable, de los espa&ntilde;oles, que no eran semidioses y que pod&iacute;an ser vencidos. Por supuesto, en el modo de pensar de los mexicas, tambi&eacute;n los dioses pueden morir. De cualquier modo, eso puso fin a su falta de intenciones b&eacute;licas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Una fuente inagotable</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n empez&oacute; a cambiar con la llegada del ej&eacute;rcito de P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez. Mandado para reprimir la rebeli&oacute;n de Cort&eacute;s, Narv&aacute;ez dispone de 19 barcos (con su tripulaci&oacute;n) y de mil hombres, seg&uacute;n Cort&eacute;s, 1 400 seg&uacute;n D&iacute;az. Como todos sabemos, Cort&eacute;s logra integrar los hombres de Narv&aacute;ez a su ej&eacute;rcito. Considerando las p&eacute;rdidas anteriores, los conquistadores disponen, antes de la Noche Triste, de m&aacute;s de 2 000 hombres: unos se encuentran en Veracruz, otros fueron enviados en expediciones de exploraci&oacute;n y el resto radica en Tenochtitlan. No es relevante aqu&iacute; insistir sobre los d&iacute;as de sitio de la capital mexica y la Noche Triste, ni tampoco sobre la batalla de Otumba, sino para subrayar una vez m&aacute;s las discrepancias entre D&iacute;az del Castillo y Cort&eacute;s. Como se mencion&oacute; arriba, Cort&eacute;s deplora la muerte de 150 hombres, lo que, si calculamos bien, significa que dispondr&iacute;a todav&iacute;a de m&aacute;s de 1 800 almas. D&iacute;az del Castillo, al contrario, menciona que de los 1 400 hombres presentes en la capital mexica, perecieron 860, o sea mucho m&aacute;s de la mitad, lo que es m&aacute;s congruente con la situaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles al regresar a Tlaxcala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta entonces obvio que los mexicas estaban perfectamente conscientes del bajo n&uacute;mero de miembros del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, aun si los tlaxcaltecas les segu&iacute;an siendo fieles. En Tenochtitlan, los partidarios de la guerra, encabezados por el nuevo <i>tlatoani</i> Cuitl&aacute;huac y despu&eacute;s Cuauht&eacute;moc, llegaron al poder. Hab&iacute;an derrotado a los invasores, aunque no lograron destruirlos. Los ejes de comunicaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles con Veracruz resultaron, si no cortados, por lo menos amenazados por los guerreros mexicas. &iquest;Por qu&eacute;, en este contexto, los mexicas no utilizaron su ventaja para acabar con los conquistadores? Nuevamente, se propusieron varias hip&oacute;tesis para explicar esta falta de agresividad. Es indudable que, a pesar de su victoria, los mexicas sufrieron bajas importantes, tanto durante la Noche Triste como en Otumba. Necesitaban tiempo para recuperar sus fuerzas. Adem&aacute;s, las enfermedades empezaban a ocasionar p&eacute;rdidas importantes, como la muerte del nuevo <i>tlatoani,</i> Cuitl&aacute;huac. Tambi&eacute;n se propuso que los mexicas, obnubilados por su victoria, pensaran que la huida de los espa&ntilde;oles fuera definitiva. Finalmente, siempre resulta posible que la pr&aacute;ctica de la Guerra Florida no hubiera preparado a los mexicas al tipo de enfrentamiento a muerte que los espa&ntilde;oles utilizaban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada una de esas explicaciones tiene fundamentos comprobables, pero no resultan coherentes con otros fen&oacute;menos. Mientras los espa&ntilde;oles descansaban en Tlaxcala, los mexicas trataron, sin &eacute;xito, de obtener por lo menos una tregua, pero preferentemente una alianza, con sus viejos enemigos tarascos. Reclutaron sistem&aacute;ticamente nuevos guerreros, mandaron refuerzos a sus guarniciones aisladas y desarrollaron trabajos intensos de fortificaci&oacute;n y de abastecimiento de Tenochtitlan para alistarse contra el regreso de los conquistadores. Los mexicas esperan obviamente una nueva ofensiva espa&ntilde;ola. En su tercera carta, despu&eacute;s de Otumba, Cort&eacute;s (1970, 99) menciona que varios espa&ntilde;oles hab&iacute;an sido "asesinados" en los caminos, mientras trataban de reunirse con el ejercito. Escribe "que los indios de Culua los hab&iacute;an muertos en el camino a todos, y tomado lo que llevaban; y asimismo supe que hab&iacute;an muerto otros muchos espa&ntilde;oles por los caminos, los cuales iban a la dicha ciudad de Temixtit&aacute;n, creyendo que yo estaba en ellos pac&iacute;fico, y que los caminos estaban, como yo antes los tenia, seguros." A&ntilde;ade despu&eacute;s:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He dicho como hab&iacute;a sabido que por muerte de Muteczuman hab&iacute;an alzado por se&ntilde;or a su hermano que se dice Cuetravacin &#91;Cuauht&eacute;moc&#93;, el cual aparejaba muchos g&eacute;neros de armas y se fortalec&iacute;a en la gran ciudad y en otras ciudades cerca de la laguna &#91;...&#93; El dicho Cuetravacin ha enviado sus mensajeros por todas las tierras y provincias y ciudades sujetas a aquel se&ntilde;or&iacute;o a decir y certificar a sus vasallos que &eacute;l le hacia gracia por un a&ntilde;o de todos los tributos y servicios que son obligados a le hacer &#91;...&#93; en tanto que por todas las maneras que pudiesen hiciesen muy cruel guerra a todos los cristianos, hasta los matar o echar de toda la tierra... (Cort&eacute;s 1970: 109). En la misma carta, precisa: "dije como hab&iacute;a sabido que los de la provincia de M&eacute;jico y Temistit&aacute;n, aparejaban muchas armas, y hac&iacute;an por toda su tierra muchas cavas y albarradas y fuerzas para nos resistir la entrada &#91;...&#93; (Cort&eacute;s 1970: 117).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta &uacute;ltima frase, tanto como la recuperaci&oacute;n de armas de metal por parte de los mexicas, implica que, lejos de toda ilusi&oacute;n, tratan de modernizar sus t&eacute;cnicas guerreras y de adaptarlas al nuevo tipo de combate que tendr&aacute;n que sostener.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un hallazgo arqueol&oacute;gico en la zona de Tlaxcala, en Teocaque, revela que miembros de la tropa de P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez, bajo el mando de Juan de Alc&aacute;ntara, murieron sacrificados y martirizados en rituales ind&iacute;genas (Hist&oacute;rica.com 2006). De acuerdo con los descubrimientos y la informaci&oacute;n proporcionada por el mismo Cort&eacute;s (1970), en junio de 1520, una caravana compuesta por 550 personas entre espa&ntilde;oles, ind&iacute;genas, negros, mulatos y mestizos cay&oacute; en manos de guerreros del reino de Texcoco. Numerosos hombres, mujeres y ni&ntilde;os terminaron sacrificados en rituales mexicas. Se ha logrado identificar entre quienes fueron sacrificados a unos veinte espa&ntilde;oles (ocho mujeres y doce hombres), siete negros y dos mulatas seg&uacute;n los estudios realizados por Carlos Serrano (Hist&oacute;rica.com 2006). Los hallazgos incluyen elementos como huesos humanos hervidos, lo que hace pensar que los integrantes de la caravana capturada fueron v&iacute;ctimas de canibalismo ritual. Otros de los restos como las calaveras fueron exhibidos por los mexicas y texcocanos a manera de mensaje de advertencia para los invasores. Otro ataque caus&oacute; poco m&aacute;s de veinte bajas: se trataba de algunos hombres de Narv&aacute;ez que eran conducidos a la cuenca de M&eacute;xico. Nunca llegaron a su destino, pues fueron sorprendidos por guerreros mexicas en Quecholac.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es entonces indudable que los partidarios de la guerra, en Tenochtitlan, estaban realizando esfuerzos tremendos para organizarse, prepararse a una resistencia mortal, y reconstituir sus fuerzas. Sin embargo, no lograron atraer a su lado la mayor&iacute;a de los pueblos de la cuenca de M&eacute;xico, que cada d&iacute;a se sumaban m&aacute;s del lado de los invasores; los mexicas s&oacute;lo pod&iacute;an contar con sus propias fuerzas. Pero otro factor muy poco mencionado ha de ser considerado entonces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mexicas, a pesar de sus tentativas, no logran impedir el flujo continuo de invasores que vienen reforzando el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol. En los dos a&ntilde;os que separan la primera llegada de Cort&eacute;s de la ca&iacute;da de Tenochtitlan, barcos espa&ntilde;oles arriban de manera regular, aumentado el peligro. Ya se mencionaron los 1 400 hombres de Narv&aacute;ez. Como vimos anteriormente, el mismo Cort&eacute;s menciona el desembarco de soldados y marineros de las naves de Garay: treinta hombres de la primera, 120 de la segunda y un n&uacute;mero desconocido de la tercera. Cort&eacute;s (1970) proporciona la cifra total de 200 soldados y, hablando m&aacute;s tarde de otro barco, menciona "30 &oacute; 40 soldados, adem&aacute;s de los marineros". Eso confirma de forma indirecta, que en los c&aacute;lculos oficiales, siempre se olvida contabilizar la tripulaci&oacute;n. D&iacute;az del Castillo, como siempre, resulta m&aacute;s preciso (D&iacute;az del Castillo 1984, 1987). Seg&uacute;n &eacute;l, el primer capit&aacute;n ser&iacute;a Pedro Barba, de Cuba, con trece hombres que deciden unirse a Cort&eacute;s, con la tripulaci&oacute;n. Despu&eacute;s llegan sucesivamente L&oacute;pez, con ocho hombres; Camargo con sesenta, muchos de ellos enfermos; D&iacute;az de Auz (o D&iacute;ez de Aux), con unos cincuenta, y Francisco Ram&iacute;rez, "el Viejo", con cuarenta soldados. Estos capitanes, al evaluar la situaci&oacute;n, tambi&eacute;n decidieron unirse a las fuerzas de Cort&eacute;s. La mayor&iacute;a de ellos pertenecen a la tropa de Garay, pero se trata en realidad de cinco barcos, y no tres, como lo menciona Cort&eacute;s (1970). Cabe se&ntilde;alar que, seg&uacute;n D&iacute;az, el mismo Garay mand&oacute;, efectivamente, dos expediciones consecutivas, una ya mencionada, compuesta de cuatro barcos, al mando de &Aacute;lvarez de Pineda y la segunda de tres naves, bajo el mando de Diego de Camargo, con aproximadamente 160 soldados, y por supuesto la tripulaci&oacute;n. Eran siete barcos en total, o sea que, descontando los barcos naufragados, los que se reunieron en Veracruz con la tropa de Cort&eacute;s corresponden bien a la cifra proporcionada por D&iacute;az del Castillo. De cualquier manera, eran mucho m&aacute;s de 200 hombres, sin mencionar a los marineros, que vienen a&ntilde;adirse al ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol. Grunberg (1987) confirma el fen&oacute;meno y, adem&aacute;s de Narv&aacute;ez y de los hombres de Garay, a&ntilde;ade los nombres de Alderete, Salceda (tal vez el Saucedo de D&iacute;az) y Ponce de Le&oacute;n, con sus efectivos respectivos. Otras fuentes incluyen adem&aacute;s una embarcaci&oacute;n capitaneada por Rodrigo Morej&oacute;n, otra al mando de Juan de Burgos y, desde Sevilla, el barco de Juan de Salamanca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque resulta dif&iacute;cil evaluar esos refuerzos, es evidente que llegaban continuamente: al momento de empezar su marcha hacia Tenochtitlan, Cort&eacute;s dispon&iacute;a de un ej&eacute;rcito m&aacute;s numeroso que al principio de la conquista. El 28 de abril de 1521, la tropa contaba con 86 caballos, y por supuesto los jinetes, 700 infantes y 118 arcabuceros, o sea m&aacute;s de 900 hombres, sin mencionar los estacionados en Veracruz, Tlaxcala, etc&eacute;tera. A pesar de sus esfuerzos, los mexicas, no lograron impedir la llegada de los invasores, y adem&aacute;s, les result&oacute; totalmente imposible estimar el n&uacute;mero y el origen de sus enemigos. Entre m&aacute;s espa&ntilde;oles mataban, m&aacute;s crec&iacute;a el ej&eacute;rcito enemigo. Adem&aacute;s, sus antiguos aliados o sujetos pasaban continuamente del lado de los espa&ntilde;oles, mientras sus propias fuerzas, ya diezmadas, no pod&iacute;an contar con ninguna ayuda externa. En este contexto, y sin minimizar su voluntad de pelear, les result&oacute; imposible no caer en un cierto fatalismo. Estaban librando una lucha mortal y sab&iacute;an perfectamente que no vencer&iacute;an. Su resistencia era in&uacute;til, desesperada, ya que no controlaban lo que suced&iacute;a, y esta falta de control los priv&oacute; de las bases de su pensamiento. No les qued&oacute; nada m&aacute;s que pelear y morir con su mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGUILAR, fray Francisco de, <i>Relaci&oacute;n breve de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> edici&oacute;n de J. Gurria Lacroix, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, M&eacute;xico, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449548&pid=S0071-1675201100010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AIMI, Antonio, <i>La "vera" vision dei vinti: la conquista del Messico nelle fonti azteche,</i> Consiglio Nazionale Belle Ricerche. Bulzoni Editore, Roma, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449550&pid=S0071-1675201100010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CARRASCO, David, <i>Quetzalcoatl and the Irony of Empire. Myths and Prophecies in the Aztec Traditions,</i> Chicago y Londres, University of Chicago Press, 1992 &#91;1982&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449552&pid=S0071-1675201100010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conquistador Anonyme, <i>Relation de quelques&#45;unes des choses de la Nouvelle&#45;Espagne et de la grande ville de Temistitlan Mexico, &eacute;crite par un gentilhomme de Fernand Cort&eacute;s,</i> traduction, notas y estudio cr&iacute;tico de Jean Rose, edici&oacute;n de J&eacute;r&ocirc;me Millon, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449554&pid=S0071-1675201100010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORT&Eacute;S, Hern&aacute;n, <i>Cartas de relaci&oacute;n de la Conquista de M&eacute;xico,</i> Madrid, Espasa&#45;Calpe, 1970 (Colecci&oacute;n Austral, 547).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449556&pid=S0071-1675201100010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&Iacute;AZ DEL Castillo, Bernal, <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> Madrid, Historia 16, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449558&pid=S0071-1675201100010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Histoire v&eacute;ridique de la conqu&ecirc;te de la Nouvelle&#45;Espagne,</i> trad de Jourdanet, introducci&oacute;n de Bernard Grunberg, Par&iacute;s, La D&eacute;couverte, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449560&pid=S0071-1675201100010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUR&Aacute;N, fray Diego, <i>Historia de las Indias de Nueva Espa&ntilde;a e islas de la Tierra Firme,</i> M&eacute;xico, Editorial Porr&uacute;a, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449562&pid=S0071-1675201100010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FLORESCANO, Enrique, <i>El mito de Quetzalc&oacute;atl,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449564&pid=S0071-1675201100010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GRAULIGH, Michel, <i>'"La mera verdad resiste a mi rudeza',</i> Forgeries et mensonges dans <i>l'Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> de Bernal D&iacute;az del Castillo", <i>Journal de la Soci&eacute;t&eacute; des Am&eacute;ricanistes</i>, Par&iacute;s, 1996, t. 82, p. 63&#45;95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449566&pid=S0071-1675201100010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Montezuma ou l'apog&eacute;e et la chute de l'empire azt&egrave;que,</i> Paris, Fayard, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449568&pid=S0071-1675201100010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GRUZINSKI, Serge, <i>Le destin bris&eacute; de l'Empire azt&egrave;que,</i> Par&iacute;s, Gallimard, 1988, 192 p. (Coll. D&eacute;couvertes Gallimard, Histoire, 33).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449570&pid=S0071-1675201100010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HERREN, Ricardo, <i>Do&ntilde;a Marina, la Malinche,</i> Madrid, Planeta, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449572&pid=S0071-1675201100010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hist&oacute;rica.com, Descubren el tr&aacute;gico final de una caravana de P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez del siglo XVI, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449574&pid=S0071-1675201100010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hist&oacute;rica.com, Septiembre13 de Octubre. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449576&pid=S0071-1675201100010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LE&Oacute;N&#45;PORTILLA, Miguel, "Las profec&iacute;as del encuentro. Una apropiaci&oacute;n mesoamericana del otro", en M. G&uacute;tierrez Estevez, M. Le&oacute;n&#45;Portilla, G. H. Gossen y J. Klor de Alva (eds.), <i>De palabra y obra en el Nuevo Mundo,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI, 1992, v. 2, p. 225&#45;248.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449578&pid=S0071-1675201100010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "El ocaso de los dioses. Moctezuma II", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Ra&iacute;ces, v. XVII, n&uacute;m. 98, julio&#45;agosto de 2009, p. 61&#45;67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449580&pid=S0071-1675201100010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&Oacute;PEZ DE G&Oacute;MARA, Francisco, <i>Historia General de las Indias,</i> Barcelona, 1985&#45;1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449582&pid=S0071-1675201100010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MART&Iacute;NEZ MONTIEL, Luz Mar&iacute;a, <i>Presencia africana en M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449584&pid=S0071-1675201100010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La tercera ra&iacute;z. Los africanos en la Colonia, Conferencia del 17 de abril de 2009, Oaxaca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449586&pid=S0071-1675201100010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MGEWAN, Colin y Leonardo L&oacute;pez Luj&aacute;n (eds.), <i>Moctezuma, Aztec Ruler,</i> Londres, The British Museum, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449588&pid=S0071-1675201100010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MATTHEW, Laura E. y Michel R. Oudijk (eds.), , <i>Indian Conquistadors : Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica,</i> Norman, Ok., University of Oklahoma Press, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449590&pid=S0071-1675201100010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OLIVIER, Guilhem, "Indios y espa&ntilde;oles frente a pr&aacute;cticas adivinatorias y presagios durante la conquista de M&eacute;xico" <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, v. 30, 2006, p. 170&#45;192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449592&pid=S0071-1675201100010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SERGHERAERT, Maelle, "L'expansion mexica (1430&#45;1520 apr. J.C.). La question du contr&ocirc;le imp&eacute;rial dans les provinces ext&eacute;rieures de l'Empire", th&egrave;se de Doctorat en Arch&eacute;ologie Pr&eacute;historique et Protohistorique. Universit&eacute; de Paris 1, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449594&pid=S0071-1675201100010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOUSTELLE, Jacques, <i>La vie quotidienne des Azt&egrave;ques &agrave; la veille de la conqu&ecirc;te espagnole,</i> Par&iacute;s, Hachette, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449596&pid=S0071-1675201100010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TALADOIRE, Eric, "Ger&oacute;nimo de Aguilar et les interpr&egrave;tes de Cort&eacute;s" <i>Culture,</i> Montr&eacute;al Soci&eacute;t&eacute; Canadienne d'Ethnologie, v. VII, 1, 1987, p. 55&#45;65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449598&pid=S0071-1675201100010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La psychologie, &ccedil;a sert &agrave; expliquer la d&eacute;faite azt&egrave;que" <i>L'Histoire,</i> Paris, n. 119, 1989, p.77&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449600&pid=S0071-1675201100010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TURNER RODR&Iacute;GUEZ, Guillermo, "Comunicaci&oacute;n sobrenatural entre los soldados de la Conquista. Las asombrosas predicciones de Blas Botello y el acato que a sus palabras hicieron sus compa&ntilde;eros", en D. Enciso Rojas <i>et al.</i> (eds), <i>Senderos de palabras y silencios. Formas de comunicaci&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, Seminario de Historia de las Mentalidades, 2000, p. 39&#45;62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449602&pid=S0071-1675201100010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VARNER, John Grier y Jeanette Johnson Varner, <i>Dogs of the Conquest,</i> Norman, University of Oklahoma Press, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3449604&pid=S0071-1675201100010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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