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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La decapitación como símbolo de castración entre los mexicas -y otros grupos mesoamericanos- y sus connotaciones genéricas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La decapitaci&oacute;n como s&iacute;mbolo de castraci&oacute;n entre los mexicas &#151;y otros grupos mesoamericanos&#151; y sus connotaciones gen&eacute;ricas</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Echeverr&iacute;a Garc&iacute;a* y Miriam L&oacute;pez Hern&aacute;ndez**</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">* <i>Mexicano. Licenciado en Psicolog&iacute;a por la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Xochimilco y en Arqueolog&iacute;a por la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Maestro en Antropolog&iacute;a por el Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Actualmente cursa el doctorado en Antropolog&iacute;a en la misma instituci&oacute;n. Ha publicado: "La locura y su causalidad entre los nahuas: pasado y presente"; "Din&aacute;mica de la alteridad, sexualidad y cuerpo: un ejemplo mesoamericano"; "El miedo al otro entre los nahuas prehisp&aacute;nicos". Realiza investigaciones sobre locura, alteridad y miedo entre los antiguos nahuas.</i></font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">** <i>Mexicana. Licenciada en Ciencias de la Comunicaci&oacute;n por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y en Arqueolog&iacute;a por la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Maestra en Antropolog&iacute;a por el Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas de la UNAM. Actualmente cursa el doctorado en Antropolog&iacute;a en la misma instituci&oacute;n. Ha colaborado en excavaciones arqueol&oacute;gicas en el pa&iacute;s y en el extranjero. Entre sus publicaciones se encuentran: Letras femeninas en el periodismo mexicano; "Los teotipos en la construcci&oacute;n de la feminidad mexica", "El pante&oacute;n mexica como reproductor de la asimetr&iacute;a de g&eacute;nero", "Antropolog&iacute;a y arqueolog&iacute;a de la sexualidad: premisas te&oacute;ricas y conceptuales". Realiza investigaciones sobre sexualidad, g&eacute;nero y condici&oacute;n de las mujeres en &eacute;poca prehisp&aacute;nica.</i></font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Introducci&oacute;n</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los &aacute;mbitos de la decapitaci&oacute;n entre los nahuas y otros grupos mesoamericanos fueron diversos, y su importancia se hace de inmediato evidente en los c&oacute;dices, vasijas, bajorrelieves y restos &oacute;seos, entre otros materiales prehisp&aacute;nicos, as&iacute; como en las descripciones, historias y representaciones gr&aacute;ficas posteriores a la Conquista. La decapitaci&oacute;n estuvo presente en varios relatos m&iacute;ticos, las fiestas de las veintenas, en rituales llevados a cabo en juegos de pelota; de igual manera, varias divinidades se asocian con la decapitaci&oacute;n, ya sea como decapitadoras o como decapitadas. El murci&eacute;lago, ser antropomorfizado y deificado, es el claro ejemplo del personaje decapitador, mientras que Coyolxauhqui es f&aacute;cilmente identificable en el registro arqueol&oacute;gico por representarse decapitada, entre otros aspectos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estos ejemplos se pueden inferir las relaciones que mantuvo la decapitaci&oacute;n con el sacrificio, el juego de pelota y los ritos de fertilidad; pero tambi&eacute;n se encuentra presente, en el espacio m&iacute;tico, como un castigo proferido ante una transgresi&oacute;n sexual o de g&eacute;nero. Aqu&iacute; s&oacute;lo nos estamos refiriendo a la acci&oacute;n de la decapitaci&oacute;n, y no al destino de las cabezas cercenadas, las cuales recibieron un tratamiento especial: al sacrificado se le extra&iacute;a el coraz&oacute;n &#151;dirigido al sol&#151; y se le cortaba la cabeza &#151;en honor a la tierra&#151;,<sup><a href="#notas">1</a></sup> la cual era destinada a ser espetada en el <i>tzompantli,</i><sup><a href="#notas">2</a></sup> tal como lo demuestra el hallazgo de uno de &eacute;stos en Tlatelolco,<sup><a href="#notas">3</a></sup> donde se encontraron 170 calaveras en perfecto orden con una gran perforaci&oacute;n en los temporales y parietales. Los cr&aacute;neos han sido considerados como trofeos;<sup><a href="#notas">4</a></sup> tambi&eacute;n se practic&oacute; el encogimiento de cabezas y su utilizaci&oacute;n como parte del atav&iacute;o.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto sobre el que no se ha hecho mucho &eacute;nfasis es el de la &iacute;ntima relaci&oacute;n que existe entre el tema de la decapitaci&oacute;n y la sexualidad; sin embargo, esta relaci&oacute;n ha sido se&ntilde;alada indirectamente por varios autores al establecer el v&iacute;nculo de aqu&eacute;lla con la fertilidad y la agricultura.<sup><a href="#notas">6</a></sup> No obstante, otros estudiosos han puesto el dedo en la llaga. A partir del relato del <i>Popol Vuh</i> donde Hun Hunahpu es decapitado y su cabeza colgada de un &aacute;rbol, el cual florece al instante, as&iacute; como el escupitajo que sale de la misma y que fecunda a Ixquic,<sup><a href="#notas">7</a></sup> Michael Closs establece una relaci&oacute;n metaf&oacute;rica entre cabeza y pene y escupitajo y esperma, misma que lo lleva a explicar la sustituci&oacute;n de la cabeza por pene del glifo T703 y sus equivalentes T226 y T227, pues estos glifos se identifican con Hun Hunahpu, deidad venusina.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a la pr&aacute;ctica huasteca de decapitar a sus prisioneros,<sup><a href="#notas">9</a></sup> sin negar que esta acci&oacute;n pudiera haber significado la obtenci&oacute;n de un trofeo, Patrick Johansson <sup><a href="#notas">10</a></sup> se&ntilde;ala que es m&aacute;s probable que el ritual de decapitaci&oacute;n haya constituido una pr&aacute;ctica religiosa&#45;sexual<sup><a href="#notas">11</a></sup> destinada a propiciar la fertilidad.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Ya entrando al tema que nos ata&ntilde;e, con base en el mito donde Yappan es decapitado y convertido en alacr&aacute;n <i>(colotl),</i><sup><a href="#notas">13</a></sup> en la informaci&oacute;n proporcionada por Closs anteriormente y ciertos datos etnogr&aacute;ficos, Alfonso Torres indica que podr&iacute;a existir una "cierta relaci&oacute;n metaf&oacute;rica entre el acto ritual de decapitaci&oacute;n y la castraci&oacute;n", por lo menos para el caso del alacr&aacute;n, que es identificado con Venus.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decapitaci&oacute;n como sustituto simb&oacute;lico de la castraci&oacute;n puede ser concebida a partir de una serie de ecuaciones simb&oacute;licas, algunas de las cuales ya han sido expresadas por Closs: cabeza&#61;pene, saliva&#61;semen, pero tambi&eacute;n podemos mencionar sangre&#61;semen, serpiente&#61;pene, cabeza&#61;pene&#61;serpiente. En estas asociaciones, que se explicar&aacute;n m&aacute;s adelante, claramente se manifiestan los atributos de fertilidad con que dotan a la sangre y al pene, &oacute;rgano que no s&oacute;lo fertiliza a la mujer, sino tambi&eacute;n a la tierra, pues ambas son asimilables a partir de sus funciones reproductoras.<sup><a href="#notas">15</a></sup> De esta manera, la decapitaci&oacute;n ejecutada como un ritual de fertilidad se puede concebir como una "castraci&oacute;n positiva", pues se busca que el &oacute;rgano fecundador, asimilado con la cabeza, fertilice la tierra, depositando su l&iacute;quido vital en ella. Por lo menos esto ser&iacute;a v&aacute;lido para el caso del ritual de decapitaci&oacute;n llevado a cabo en el juego de pelota.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al estar presente la decapitaci&oacute;n en diferentes contextos, &eacute;sta va a revestir significados dis&iacute;miles, pero su relaci&oacute;n con la sexualidad siempre estar&aacute; manifiesta. Si en el caso anterior se hablaba de la decapitaci&oacute;n como una castraci&oacute;n positiva, pues sus fines est&aacute;n relacionados con la fertilidad, otros ejemplos de decapitaci&oacute;n nos hablan de una "castraci&oacute;n negativa", pues refiere a aquella decapitaci&oacute;n proferida como castigo ante un comportamiento transgresor. El hecho de que esta decapitaci&oacute;n s&oacute;lo suceda en el mito, nos est&aacute; hablando de ciertos contenidos culturales profundos (miedos y deseos), que est&aacute;n en resonancia con el inconsciente cultural. Asimismo, en tales mitos se establece una diferencia entre la decapitaci&oacute;n&#45;castraci&oacute;n masculina y la femenina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hombre se le castra por transgresor sexual, y se le ejecuta simb&oacute;licamente por la parte del cuerpo que cometi&oacute; la falta: el pene;<sup><a href="#notas">16</a></sup> a diferencia de &eacute;ste, la transgresi&oacute;n de la mujer no es sexual, sino de g&eacute;nero. La mujer se ve envuelta en una l&oacute;gica f&aacute;lica <sup><a href="#notas">17</a></sup> que estructura el universo social y que se proyecta en las relaciones entre los g&eacute;neros y en las diferentes construcciones culturales, como el mito. El punto de partida de esta l&oacute;gica es el cuerpo, que es marcado por la oposici&oacute;n presencia/ausencia de pene, y que en t&eacute;rminos simb&oacute;licos se traduce en poseer el falo&#61;la ley (masculino)/desposeer el falo=sumisi&oacute;n al orden masculino (femenino). El concepto de falo est&aacute; inscrito en oposiciones que se integran en cadenas de evidencias ideol&oacute;gicas: masculino&#45;fuerte&#45;intrusivo&#45;activo&#45;cielo, frente a femenino&#45;d&eacute;bil&#45;receptivo&#45;pasivo&#45;tierra. A &eacute;stas tambi&eacute;n se integran oposiciones del orden de lo social: masculino&#45;p&uacute;blico/femenino&#45;privado.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Aquella mujer que quiera poseer las prerrogativas del hombre ser&aacute; castrada, esto es, se le recordar&aacute; su condici&oacute;n de despose&iacute;da.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;ala Jean Laplanche <sup><a href="#notas">19</a></sup> que la castraci&oacute;n aparece fundamentalmente como un acontecimiento m&iacute;tico; y como todo mito es un acontecimiento ordenador de cierta estructura, de cierta ley de las relaciones humanas. Asimismo, Jacques Galinier <sup><a href="#notas">20</a></sup> comenta que el imaginario de la castraci&oacute;n juega un rol en la organizaci&oacute;n de las representaciones del hombre y del mundo; sirve para comprender a la vez la relaci&oacute;n hombre&#45;mujer y el funcionamiento oculto del cosmos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la decapitaci&oacute;n es uno de los desplazamientos simb&oacute;licos de la castraci&oacute;n, en los mitos nahuas nos encontramos con varios de sus sustitutos. Igualmente el cercenamiento o la afectaci&oacute;n de una parte del cuerpo pueden sustituir al pene amputado; es as&iacute; que, adem&aacute;s de la p&eacute;rdida de la cabeza, la ceguera, el corte del pie y del brazo &#151;tambi&eacute;n de la nariz&#151; y el ser devorado, refieren a castraciones subrogadas. Estos desplazamientos simb&oacute;licos se pueden entender como mecanismos de defensa ante la amenaza de castraci&oacute;n que impone su misma ley. En lugar de enunciar directamente el cercenamiento del pene,<sup><a href="#notas">21</a></sup> se prefiere utilizar sustitutos simb&oacute;licos f&aacute;licos <sup><a href="#notas">22</a></sup> para aminorar el miedo a este acto.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &iacute;ntima relaci&oacute;n con lo mencionado se encuentra la definici&oacute;n de simbolizaci&oacute;n proporcionada por Jean Laplanche:<sup><a href="#notas">24</a></sup> es "el remplazo de una representaci&oacute;n inconsciente por otra representaci&oacute;n, conciente, con lo cual el afecto es traspuesto, desplazado, de una de estas representaciones a la otra". Con base en esta definici&oacute;n, la castraci&oacute;n corresponde a la representaci&oacute;n inconsciente, mientras que la decapitaci&oacute;n a la representaci&oacute;n consciente. El miedo (afecto) a la castraci&oacute;n (representaci&oacute;n) es reducido a trav&eacute;s de su desplazamiento en otra representaci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poder sustentar nuestra hip&oacute;tesis nos hemos apoyado en materiales hist&oacute;ricos mexicas y quich&eacute;s, en datos arqueol&oacute;gicos pertenecientes tambi&eacute;n a los mexicas, al centro de Veracruz y la cultura totonaca del Cl&aacute;sico y Poscl&aacute;sico respectivamente, y a la cultura maya del Poscl&aacute;sico; as&iacute; como en materiales etnogr&aacute;ficos de otros grupos &eacute;tnicos como otom&iacute;es, tzotziles y huaves. Con esto apelamos a la unidad ideol&oacute;gica mesoamericana y su continuidad &#151;sin dejar de considerar las transformaciones que ha sufrido y que contin&uacute;an sufriendo&#151; en las comunidades ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Cabeza&#45;pene&#45;serpiente</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anteriormente se coment&oacute; que varias asociaciones simb&oacute;licas son una de las pruebas que fundamentan la relaci&oacute;n metaf&oacute;rica entre decapitaci&oacute;n y castraci&oacute;n. Ahora presentamos las evidencias, pero no sin antes mencionar algunas consideraciones sobre la l&oacute;gica del s&iacute;mbolo: 1) los lazos entre el s&iacute;mbolo y lo simbolizado nunca presentan una correspondencia biun&iacute;voca, sino que una red de cadenas asociativas remite a uno y a otro; 2) los s&iacute;mbolos pueden enlazarse por su contrario;<sup><a href="#notas">25</a></sup> 3) todo s&iacute;mbolo, desde el punto de vista sexual, tendr&aacute; un sentido ambivalente;<sup><a href="#notas">26</a></sup> 4) aunque el s&iacute;mbolo puede poseer un significado determinado por el contexto, posee un "significado subyacente que es independiente del sistema social, la cultura o las instituciones fundamentales y que se funda en la naturaleza del proceso primario. Existe lo que podemos llamar un simbolismo potencialmente universal".<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n m&aacute;s evidente entre la cabeza y el pene est&aacute; dada por las fuentes mayas. Como ya se hab&iacute;a adelantado, el glifo T703 del cat&aacute;logo de Thompson (1962) representa un personaje con cabeza de pene retratado en una posici&oacute;n sentada con sus brazos descansando sobre sus rodillas levantadas.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Los equivalentes de este glifo son el T226 y el T227 (<a href="#f1">Figura 1</a>). Closs concluye que estos glifos son el nombre o t&iacute;tulo de Venus, que corresponde a la deidad yucateca Hun Ahaw y su s&iacute;mil quich&eacute; Hun Hunahp&uacute;. &Eacute;ste forma parte de una de las sagas narradas en el Popol Vuh,<sup><a href="#notas">29</a></sup> donde &eacute;l y su hermano, Vucub Hunahp&uacute;, son citados por los se&ntilde;ores del inframundo para que jueguen a la pelota con ellos. Los gemelos son derrotados, sacrificados y enterrados, pero antes de enterrarlos, le cortan la cabeza a Hun Hunahp&uacute;. Se ordena que sea puesta en un &aacute;rbol, el cual fructific&oacute; al momento en que lo hicieron, convirti&eacute;ndose la cabeza en uno de sus frutos. Los se&ntilde;ores del Xibalb&aacute; tambi&eacute;n ordenaron que nadie comiera del fruto de ese &aacute;rbol. Posteriormente, la joven noble Ixquic desobedeci&oacute; el mandato. Se dirigi&oacute; al &aacute;rbol y se puso a dialogar con la cabeza, y al expresarle su deseo de comer uno de los frutos, la cabeza le indic&oacute; que extendiera su mano derecha, Ixquic la levant&oacute; y la dirigi&oacute; hacia aqu&eacute;lla, y en ese instante la cabeza lanz&oacute; un chisguete de saliva que cay&oacute; en la palma de la mano de la joven. Con este acto qued&oacute; embarazada de Hun&#45;Hunahp&uacute;. Y de ella nacieron los gemelos Hunhahp&uacute; e Ixbalanqu&eacute;.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propiedad fruct&iacute;fera de la cabeza de Hun Hunahp&uacute; se infiere f&aacute;cilmente a partir de que es colgada en el &aacute;rbol, pues &eacute;sta provoc&oacute; que dicho &aacute;rbol est&eacute;ril diera frutos; as&iacute; como del escupitajo que expulsa la cabeza el cual fecunda a la joven noble. Estas dos acciones fecundadoras permiten asimilar la cabeza de la deidad con el pene, que por s&iacute; mismo tiene propiedades de fertilidad, y la saliva con el semen. A partir de estas asociaciones se infiere que al decapitar a Hun Hunahp&uacute; se le castr&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Alfonso Torres, un pasaje en la parte superior de la p&aacute;gina 34 del <i>C&oacute;dice Dresden</i> parece apoyar tales analog&iacute;as: la cabeza cortada del dios del ma&iacute;z descansa sobre el glifo de tierra, <i>cav&aacute;n,</i> al centro de una ceremonia en la cual uno de los participantes es un personaje masculino en cuclillas con la figura de un pene por cabeza, representaci&oacute;n iconogr&aacute;fica del glifo T703 relacionado con Venus como la estrella vespertina.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&eacute;ndonos ahora a la tradici&oacute;n mixteca&#45;puebla, la l&aacute;mina I del <i>C&oacute;dice Laud</i> <sup><a href="#notas">31</a></sup> (<a href="#f2">Figura 2</a>) escenifica a un personaje desnudo que se ha decapitado con un hacha y que sostiene su propia cabeza. La manera en que el personaje exhibe su cabeza as&iacute; como su pene hace pensar en una asimilaci&oacute;n entre ambos &oacute;rganos. De igual manera, Johannson afirma que en esta l&aacute;mina se expresa una "relaci&oacute;n iconogr&aacute;fica clara entre decapitaci&oacute;n y sexualidad".<sup><a href="#notas">32</a></sup> Tambi&eacute;n se podr&iacute;a pensar en dicha asociaci&oacute;n a partir de la l&aacute;mina 18 (<a href="#f3">Figura 3</a>) del <i>C&oacute;dice Borgia</i> (1980),<sup><a href="#notas">33</a></sup> en cuya parte superior se encuentra una figura masculina de cabeza con la t&iacute;pica pintura corporal del sacrificado &#151;l&iacute;neas rojas verticales sobre fondo blanco&#151;, quien acaba de decapitarse con un pedernal mientras que en la otra mano sostiene su cabeza. La composici&oacute;n de esta figura es muy parecida a la anterior, y seguramente tambi&eacute;n mantiene relaciones con el &aacute;mbito de la fecundaci&oacute;n.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f2.jpg"></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los otom&iacute;es, el pene es descrito bajo los rasgos de un hombre que tiene un tronco, un cuello (el surco del glande), una cabeza (el glande mismo), y una boca (el orificio de la uretra). De esta manera, la met&aacute;fora otom&iacute; del "hombre sin cabeza" se dilucida como una figura de castraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">34</a></sup> En el lenguaje inconsciente, la cabeza funciona como sustituto del pene.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasando ahora con la serpiente, &eacute;sta tiene dos simbolismos b&aacute;sicos: se identifica con la tierra y con la mujer;<sup><a href="#notas">36</a></sup> en ocasiones tambi&eacute;n simula la sangre menstrual.<sup><a href="#notas">37</a></sup> Y en su aspecto masculino, se vincula con el pene.<sup><a href="#notas">38</a></sup> Con respecto a un baile que observ&oacute; Franz Termer entre los quich&eacute;s, en Guatemala, en el cual un muchacho manipula a una serpiente viva por el cuello con la mano derecha, da unas vueltas y por &uacute;ltimo la mete dentro de su camisa, donde resbala sobre su piel hasta caer al suelo, mientras que sus compa&ntilde;eros bailan y aclaman desde sus lugares,<sup><a href="#notas">39</a></sup> Mercedes de la Garza comenta que en este rito la serpiente tiene un "manifiesto sentido f&aacute;lico".<sup><a href="#notas">40</a></sup> As&iacute;, la serpiente representa tanto el poder fecundante, engendrador, del cielo, como la virtud generadora de la tierra, dualidad que est&aacute; ligada al s&iacute;mbolo serpentino a nivel universal.<sup><a href="#notas">41</a></sup> Por su parte, Freud se&ntilde;ala que el s&iacute;mbolo m&aacute;s significativo del miembro masculino es la serpiente.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, las serpientes son sustitutos simb&oacute;licos de la cabeza decapitada en varias representaciones materiales asociadas a juegos de pelota. Se han registrado ejemplares en Aparicio, Veracruz; Chichen Itz&aacute;, y Escuintla, en Guatemala. Al mismo tiempo, estas serpientes est&aacute;n representando chorros de sangre que brotan del cuello cortado del decapitado. Estas im&aacute;genes se analizar&aacute;n a continuaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Decapitaci&oacute;n ritual asociada al juego de pelota</b></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera evidencia que se tiene de la relaci&oacute;n entre la decapitaci&oacute;n y el juego de pelota es proporcionada por la estela de Aparicio (<a href="#f4">Figura 4</a>), en Veracruz, la cual corresponde al Cl&aacute;sico tard&iacute;o. En &eacute;sta se representa a un jugador de pelota sentado con dise&ntilde;o en palma, de cuyo cuello decapitado brotan siete serpientes entrelazadas.<sup><a href="#notas">43</a>,</sup> <sup><a href="#notas">44</a></sup> En Escuintla (<a href="#f5">Figura 5</a>), Guatemala, una vasija cil&iacute;ndrica tr&iacute;pode estilo teotihuacano ilustra una escena muy similar a la anterior. Consta de tres secciones: un decapitador, que sostiene un cuchillo de piedra en una mano y la cabeza sangrante en la otra; un cuerpo humano sin cabeza con seis serpientes emergiendo de su cuello; y un glifo que consta de una cabeza del cual salen volutas.<sup><a href="#notas">45</a></sup> Nicholas Hellmuth <sup><a href="#notas">46</a></sup> sugiere que, por los yugos que portan las figuras y las serpientes que surgen del cuello de la v&iacute;ctima, se est&aacute; celebrando un ritual posterior al juego de pelota, similar al que se presenta en el juego de pelota de Chichen Itz&aacute;.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f4.jpg"></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f5"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f5.jpg"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo ejemplo, similar a los otros dos, es precisamente el que se muestra (<a href="#f6">Figura 6</a>) en los bajorrelieves de la banqueta del Gran Juego de Pelota de Chichen Itz&aacute;. La complejidad de la escena es atestiguada por la gran cantidad de elementos que la componen. La parte central, que es la que domina, est&aacute; representada por dos jugadores de pelota: uno de ellos sostiene la cabeza decapitada de su oponente de la que emana sangre, y con la otra mano un cuchillo; el otro personaje es el decapitado, que se encuentra hincado en una sola pierna y de cuyo cuello brotan seis serpientes,<sup><a href="#notas">47</a></sup> mientras que del espacio central del cuello, en lugar de una serpiente sale una exuberante planta.<sup><a href="#notas">48</a></sup> El tema de las serpientes que brotan de un cuello cortado tambi&eacute;n se encuentra en el Poscl&aacute;sico tard&iacute;o. En la l&aacute;mina 15 del <i>Tonalamatl Aubin,</i> dos serpientes remplazan la cabeza de un hombre decapitado.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f6"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f6.jpg"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios autores han se&ntilde;alado que el acto ritual de decapitaci&oacute;n celebrado en los juegos de pelota tiene connotaciones de fertilidad.<sup><a href="#notas">49</a></sup> Baquedano y Graulich<sup><a href="#notas">50</a></sup> se remiten al simbolismo de fertilidad de la serpiente y la sustituci&oacute;n de la sangre que brota del cuello del decapitado por serpientes para afirmarlo. Los autores<sup><a href="#notas">51</a></sup> explican que los nahuas pensaban que la decapitaci&oacute;n generaba corrientes de sangre que ba&ntilde;aban la Tierra, tal como lo hab&iacute;a demandado Tlaltecuhtli como condici&oacute;n necesaria para dar frutos.<sup><a href="#notas">52</a></sup> Es as&iacute; que el derramamiento de sangre ten&iacute;a una propiedad fertilizante y alimenticia sobre la tierra.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el simbolismo de la serpiente en relaci&oacute;n con la fertilidad y las propiedades generativas de la sangre son datos importantes para corroborar la funci&oacute;n fecundante de la decapitaci&oacute;n, la l&aacute;mina 37 (<a href="#f7">Figura 7</a>) del <i>C&oacute;dice Vindobonensis</i><sup><a href="#notas">53</a></sup> es contundente para establecer el v&iacute;nculo entre la decapitaci&oacute;n, el juego de pelota, la agricultura y la fertilidad. Ah&iacute; se observa que el <i>Arbol de Nuestro Sustento</i> crece de una cabeza cortada. De la hendidura del mismo sale un peque&ntilde;o Xochipilli, dios de la vegetaci&oacute;n, mientras que en la tierra se ven dos pelotas de hule en llamas, las cuales sirven como ofrenda para ayudar al continuo crecimiento del &aacute;rbol.<sup><a href="#notas">54</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f7"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos encontramos otra vez con las propiedades de fecundaci&oacute;n atribuidas a la cabeza, lo que nos habilita a establecer nuevamente el v&iacute;nculo entre &eacute;sta y el pene. Asimismo, las serpientes que salen del cuello de los decapitados est&aacute;n sustituyendo la cabeza, por lo que la equivalencia entre cabeza y serpiente tambi&eacute;n se confirma. Pero tambi&eacute;n las serpientes est&aacute;n emulando chorros de sangre. Afirman Baquedano y Graulich<sup><a href="#notas">55</a></sup> que en el contexto de la decapitaci&oacute;n, las serpientes representan principalmente sangre, aqu&eacute;lla que riega la tierra y la hace dar fruto.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si recordamos, como se dijo anteriormente, que los lazos entre el s&iacute;mbolo y lo simbolizado nunca presentan una correspondencia biun&iacute;voca, sino que una red de cadenas asociativas remite del uno al otro,<sup><a href="#notas">56</a></sup> podemos afirmar con los estudiosos arriba mencionados que las serpientes simbolizan sangre en el contexto de decapitaci&oacute;n, pero que tambi&eacute;n simbolizan el pene. Las caracter&iacute;sticas f&eacute;rtiles del pene se equiparan con las de la cabeza, as&iacute; como la sangre que escurre de la misma y que brota del cuello con el semen;<sup><a href="#notas">57</a></sup> ambos son l&iacute;quidos preciosos que hacen fructificar a la tierra y dar vida a los seres humanos: Quetzalc&oacute;atl se sangr&oacute; el pene sobre los huesos recogidos del Mictlan con este fin.<sup><a href="#notas">58</a></sup> Otro dato que evidencia la potencia fecundadora simb&oacute;lica del pene se halla en una de las escenas en bajo relieve del edificio de Las Columnas de El Taj&iacute;n, donde un personaje est&aacute; orinando sobre una planta que ha florecido al ser regada por tal fluido.<sup><a href="#notas">59</a></sup> Con esto se revela que los dos l&iacute;quidos emanados del miembro viril eran considerados preciosos y fruct&iacute;feros.<sup><a href="#notas">60</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en estas asociaciones simb&oacute;licas volvemos a retomar nuestra hip&oacute;tesis inicial: por lo menos en el contexto del juego de pelota, al ser decapitado, el hombre es castrado simb&oacute;licamente con el fin de que la tierra se apropie de las propiedades fecundadoras de la cabeza&#45;pene, as&iacute; como de su sangre&#45;semen que brota del cuello decapitado. Otro dato que llama la atenci&oacute;n y que puede enfatizar a&uacute;n m&aacute;s el acto castrador es que la cabeza es sustituida por m&uacute;ltiples serpientes, esto es, por m&uacute;ltiples s&iacute;mbolos f&aacute;licos. Este hecho recuerda la interpretaci&oacute;n que hiciera Sigmund Freud sobre la cabeza de Medusa, cuyos cabellos son serpientes, y "la multiplicaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos del pene significa castraci&oacute;n";<sup><a href="#notas">61</a></sup> adem&aacute;s de que la cabeza de Medusa fue decapitada (por Perseo). Esta aseveraci&oacute;n, por cierto sugerente a nuestro estudio, corrobora algunos principios de los s&iacute;mbolos: se enlazan por su contrario y, desde el &aacute;mbito sexual, tienen un sentido ambivalente.<sup><a href="#notas">62</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los contextos de la decapitaci&oacute;n de Medusa, entre los griegos, y la decapitaci&oacute;n ritual asociada al juego de pelota, entre los mesoamericanos, son diferentes, ciertas im&aacute;genes simb&oacute;licas pueden trascender la especificidad cultural y ubicarse en el terreno de lo universal, pues refieren a contenidos profundos inconscientes, y no a la expresi&oacute;n cultural manifiesta. Esta proposici&oacute;n freudiana hay que tomarla como un dato adicional a las pruebas antes enunciadas sobre la asimilaci&oacute;n entre decapitaci&oacute;n y castraci&oacute;n, y no como su sustento principal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decapitaci&oacute;n como castraci&oacute;n <sup><a href="#notas">63</a></sup> subrogada est&aacute; en concordancia con la idea de fertilidad, por lo que se puede considerar como una "castraci&oacute;n positiva", pues a trav&eacute;s del sacrificio (muerte) se pretende generar la vida. De igual manera, el tema de la castraci&oacute;n forzosamente refiere al de la vagina dentada. A partir del puente simb&oacute;lico que se establece entre la mujer y la tierra,<sup><a href="#notas">64</a></sup> se observa una visi&oacute;n devoradora similar en ambas: las dos engullen mediante su vagina, dentada y tel&uacute;rica, a los hombres propiciando el acto creador.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La castraci&oacute;n debe situarse en el registro general del sacrificio.<sup><a href="#notas">65</a></sup> La Tierra, monstruo devorador que con sus fauces abiertas <sup><a href="#notas">66</a></sup> simula una vagina dentada, est&aacute; &aacute;vida por la sangre&#45;esperma del hombre que mana a trav&eacute;s de un sustituto del pene, la cabeza, y por la abertura que produce la decapitaci&oacute;n: el cuello ensangrentado; pero incluso la cabeza misma es deseada por representar el pene. De la muerte del hombre castrado se produce la vida al momento de fecundar la tierra. Se&ntilde;ala David Carrasco <sup><a href="#notas">67</a></sup> que el episodio de devoramiento, entre otros, era percibido como un estado necesario en la <i>"recomposici&oacute;n</i> del mundo y la recreaci&oacute;n del cosmos".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; como la cabeza es sustituto del pene, tambi&eacute;n lo es el pie,<sup><a href="#notas">68</a></sup> y ambos &oacute;rganos son deseados por el monstruo de la tierra, Cipactli, tal como se observa en un dintel totonaca de Xicochimalco perteneciente al Poscl&aacute;sico, el cual represente a dos Cipactli devorando a un hombre: uno le muerde la cabeza mientras que el otro el pie.<sup><a href="#notas">69</a></sup> A trav&eacute;s de la muerte del hombre, la tierra es fecundada por medio de sustitutos f&aacute;licos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>La decapitaci&oacute;n&#45;castraci&oacute;n como castigo de la transgresi&oacute;n sexual y de g&eacute;nero</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un registro diferente de la decapitaci&oacute;n se presenta en los mitos, &uacute;nico &aacute;mbito en el que tal pr&aacute;ctica se observa como un castigo ante una falta sexual, real o simb&oacute;lica, pues en el &aacute;mbito terrestre la decapitaci&oacute;n no fungi&oacute; como pena capital ante las faltas al orden judicial en materia de sexualidad,<sup><a href="#notas">70</a></sup> estando s&oacute;lo presente en contextos rituales.<sup><a href="#notas">71</a></sup> Esto es significativo. Al manifestarse la decapitaci&oacute;n&#45;castraci&oacute;n simb&oacute;lica como un acontecimiento m&iacute;tico se nos est&aacute; hablando de un cierto orden y estructura del cosmos que se proyecta en las relaciones cotidianas de los mortales, pero el proceso ocurre primeramente a la inversa: la castraci&oacute;n simb&oacute;lica, que se vive como un drama humano, es proyectada en sus construcciones m&iacute;ticas y seres divinos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica freudiana, la amenaza de castraci&oacute;n es uno de los detonantes en la resoluci&oacute;n del tri&aacute;ngulo ed&iacute;pico, en el cual se desarrolla el amor libidinal que el hijo siente por su madre, y el odio que profesa a su padre por ser un obst&aacute;culo en la realizaci&oacute;n de su deseo. Al ser la madre un objeto de deseo prohibido, que s&oacute;lo le corresponde al padre, pesa sobre el hijo la amenaza de castraci&oacute;n. Tal amenaza tiene su correlato en la realidad y su refuerzo al darse cuenta el ni&ntilde;o que las ni&ntilde;as, as&iacute; como su madre, no tienen pene.<sup><a href="#notas">72</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por medio de la amenaza de castraci&oacute;n se trata de evitar un deseo sexual prohibido; o tambi&eacute;n se hace presente en la ni&ntilde;ez para delinear un modelo de comportamiento. Los tojolabales promueven el control de esf&iacute;nteres a partir del a&ntilde;o y medio, lo cual se estimula, adem&aacute;s de la recompensa, por medio del rega&ntilde;o, la burla, el castigo f&iacute;sico y, de manera m&aacute;s espor&aacute;dica, mediante la amenaza de castraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">73</a></sup> Entre los otom&iacute;es, por ejemplo, no es raro escuchar a una madre amenazar a su hijo de ser castrado si le habla a un extranjero o si se aleja de la habitaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">74</a></sup> Con respecto a quien formula la amenaza, apunta Freud<sup><a href="#notas">75</a></sup> que "La mayor&iacute;a de las veces, la amenaza de castraci&oacute;n proviene de mujeres &#91;como en el caso otom&iacute;&#93;; &#91;pero,&#93; a menudo, ellas buscan reforzar su autoridad invocando al padre o al doctor, quienes, seg&uacute;n lo aseguran, consumar&aacute;n el acto". En los ejemplos m&iacute;ticos que a continuaci&oacute;n veremos, quien ejecuta el castigo es la misma figura masculina: Tezcatlipoca.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal parece que desde la infancia, la amenaza de castraci&oacute;n fue estructurando una parte del inconsciente colectivo nahua, cuya proyecci&oacute;n cultural consciente se manifest&oacute; en el mito mediante su sustituci&oacute;n simb&oacute;lica en forma de decapitaci&oacute;n. Una manera de reducir el miedo ante dicha amenaza y su propia ejecuci&oacute;n es sustituir el &oacute;rgano viril por otras partes del cuerpo: la cabeza es una de ellas, as&iacute; como da&ntilde;ar alg&uacute;n otro &oacute;rgano espec&iacute;fico.<sup><a href="#notas">76</a></sup> En una sociedad agr&iacute;cola y f&aacute;lica como la mexica &#151;entre otras sociedades mesoamericanas&#151;, el pene se convirti&oacute; en un &oacute;rgano harto apreciado, de ah&iacute; que la p&eacute;rdida del mismo causara horror. Es as&iacute; que este tipo de castraci&oacute;n, que podemos considerar "negativa", se diferencia de la estudiada en el apartado anterior por no ser deseada, pues es el resultado de un castigo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasemos ahora a revisar los ejemplos m&iacute;ticos. Al narrar un conjuro nahua contra la picadura de alacr&aacute;n, Hernando Ruiz de Alarc&oacute;n<sup><a href="#notas">77</a></sup> consigna un mito referente a Yappan. &Eacute;ste se apart&oacute; para hacer penitencia y mantenerse en castidad para as&iacute; mejorar su transformaci&oacute;n en alacr&aacute;n y agradarle a los dioses. Y&aacute;otl (Tezcatlipoca) fue el encargado de supervisarlo. Yappan fue tentado varias veces por mujeres para que desistiera en su transformaci&oacute;n, pues de ser as&iacute;, al convertirse en alacr&aacute;n, a todo aquel que picara morir&iacute;a, pero &eacute;ste no fue vencido. Posteriormente, Citlalcueye y Chalchicueye determinaron que Xochiquetzal bajara a tentar a Yappan. Y "Cubri&eacute;ndolo Xochiquetzal con su huipil, Yappan falt&oacute; a su prop&oacute;sito". Debido a su falta, Y&aacute;otl "le derrib&oacute; la cabe&ccedil;a de los hombros<sup><a href="#notas">78</a></sup> y se la ech&oacute; a cuestas", convirti&eacute;ndolo en alacr&aacute;n <i>(colotl).</i> Y por la transgresi&oacute;n cometida, Citlalcueye determin&oacute; que los que fueran picados por el alacr&aacute;n no morir&iacute;an.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este mito tiene un paralelo con una versi&oacute;n tzotzil contempor&aacute;nea, donde el alacr&aacute;n, en lugar de perder la cabeza, le es devorado el pene por su enemigo el rayo <i>(chauk).</i><sup><a href="#notas">79</a></sup> Aunque no hay transgresi&oacute;n sexual en este relato, si lo comparamos con la narraci&oacute;n de Yappan podemos dilucidar nuevamente asociaciones ya corroboradas: la relaci&oacute;n entre decapitaci&oacute;n y sexualidad; y la equivalencia entre la cabeza y el pene, lo que da por resultado la sustituci&oacute;n simb&oacute;lica de la castraci&oacute;n por medio de la decapitaci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de una lectura psicoanal&iacute;tica, Alma Elizabeth del R&iacute;o<sup><a href="#notas">80</a></sup> ve en el mito nahua anterior la violaci&oacute;n del tab&uacute; del incesto, en el cual se despliega el tri&aacute;ngulo ed&iacute;pico de la siguiente manera: Yappan es el hijo que transgrede el incesto; Xochiquetzal es la madre que seduce a su hijo; y Y&aacute;otl es la "entidad punitiva o Super Yo". La falta de Yappan fue pagada con su masculinidad. En palabras de R&iacute;o, "el temor al incesto con la madre trae aparejada una ansiedad intensa de castraci&oacute;n, puesto que la cabeza cercenada tiene un valor simb&oacute;lico de genital masculino". Tal equivalencia simb&oacute;lica es la que venimos sosteniendo a lo largo del texto.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Expondremos ahora un mito donde el contenido de la falta tambi&eacute;n es sexual, pero de car&aacute;cter simb&oacute;lico. Antes de que comenzara el diluvio, Titlacahuan les habl&oacute; a Tata y Nene. Les dijo que ahuecaran un ahuehuete y que ah&iacute; entraran cuando comenzaran las aguas, y al taparlos, les dio una mazorca de alimento a cada uno. Cuando acab&oacute; el diluvio, encallaron en la arena y entonces el tronco se abri&oacute;. Luego vieron unos peces, encendieron fuego &#151;por medio de los palos para producir fuego: <i>tlequahuitl</i>&#151; y los asaron. Vinieron a ver Citlalinicue y Citlallatonac y dijeron: "Dioses, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; haciendo fuego?, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; ahumando el cielo?" Despu&eacute;s baj&oacute; Titlacahuan y los ri&ntilde;&oacute;.<sup><a href="#notas">81</a></sup> Posteriormente les cort&oacute; el cuello y les puso las cabezas en las nalgas, y as&iacute; se convirtieron en perros.<sup>,<a href="#notas">82</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transgresi&oacute;n que cometieron Tata y Nene fue haber unido los palos de fuego, <i>tlequahuitl,</i> pues la perforaci&oacute;n del palo horizontal con un taladro simboliz&oacute; para los mesoamericanos la relaci&oacute;n sexual. El resultado es la creaci&oacute;n del fuego dom&eacute;stico que produce lo cocido, la comida cultural; un acto de procreaci&oacute;n il&iacute;cita que provoca una ruptura entre el cielo y la tierra,<sup><a href="#notas">83</a></sup> la vida y la muerte.<sup><a href="#notas">84</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; la decapitaci&oacute;n tambi&eacute;n se ejecuta para castigar una relaci&oacute;n sexual il&iacute;cita, un acto de procreaci&oacute;n que es usurpado a los dioses creadores. Sin embargo, ese mismo acto transgresor, que provoca una ruptura entre el plano superior y el inferior, es lo que genera la vida humana, la vida cultural. Aunque en este relato el simbolismo de la decapitaci&oacute;n como castraci&oacute;n es oscuro, la tem&aacute;tica sexual sigue estando presente con aquel acto ejecutor. Asimismo, la transformaci&oacute;n de los sobrevivientes del diluvio en perros tambi&eacute;n puede tener un contenido sexual. A los j&oacute;venes nahuas se les ped&iacute;a que manejaran con moderaci&oacute;n su sexualidad, no d&aacute;ndose a ella como perros.<sup><a href="#notas">85</a></sup> Los quich&eacute;s piensan que el que "nace en un d&iacute;a 'perro' est&aacute; predispuesto a cometer excesos sexuales que dif&iacute;cilmente podr&aacute; refrenar &#91;. ..&#93;".<sup><a href="#notas">86</a></sup> El perro, as&iacute; como el buitre, est&aacute;n asociados a la sexualidad entre los otom&iacute;es. El viaje del c&aacute;nido al m&aacute;s all&aacute; se presenta como una met&aacute;fora de la acci&oacute;n del sexo masculino sobre el cuerpo de la mujer.<sup><a href="#notas">87</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, nos referiremos al mito del enfrentamiento entre Coyolxauhqui y Huitzilopochtli, donde la transgresi&oacute;n sexual deja su lugar a la transgresi&oacute;n de g&eacute;nero, pero el castigo dispuesto es el mismo que en los otros dos mitos: la decapitaci&oacute;n. Al ser la transgresi&oacute;n de otro orden, el sentido de la decapitaci&oacute;n cambia. No significa lo mismo castrar a un hombre que a una mujer.<sup><a href="#notas">88</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mito cuenta que en el cerro Coatepec viv&iacute;a Coatlicue, quien era madre de los <i>centzonhuitznahuah,</i> los cuales ten&iacute;an por hermana a Coyolxauhqui. Un d&iacute;a, mientras Coatlicue estaba barriendo, descendi&oacute; un plum&oacute;n que fue guardado por &eacute;sta junto a su vientre debajo de su falda; y a trav&eacute;s de &eacute;ste qued&oacute; embarazada de Huitzilopochtli. Al ver los <i>centzonhuitznahuah</i> que su madre estaba en cinta, se enojaron gravemente por la infamia y verg&uuml;enza de tal hecho; as&iacute; es que Coyolxauhqui incit&oacute; a sus hermanos a que la mataran.<sup><a href="#notas">89</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que decidieron matar a Coatlicue, estos iban armados hacia donde ella estaba, siendo dirigidos por Coyolxauhqui. Al momento que llegaron hasta donde estaba su madre, luego naci&oacute; Huitzilopochtli, todo ataviado y armado, y con su <i>xiuhcoatl,</i> serpiente de fuego, decapit&oacute; a Coyolxauhqui y el cuerpo cay&oacute; al pie del cerro, hecho pedazos.<sup><a href="#notas">90</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la versi&oacute;n de Alvarado Tezozomoc,<sup><a href="#notas">91</a></sup> Huitzilopochtli se encoleriz&oacute; con sus t&iacute;os, los <i>centzonhuitznahua,</i> debido a que &eacute;stos quer&iacute;an pasar por encima de la voluntad de su dios al querer establecerse en Coatepec. Por tal motivo, Huitzilopochtli se arm&oacute; para la guerra para destruir a sus t&iacute;os, a quienes les comi&oacute; el coraz&oacute;n en Teotlachco, as&iacute; como a su madre, que en esta versi&oacute;n es Coyolxauhcihuatl, pero igualmente es quien movi&oacute; a la guerra. Por tal motivo, Huitzilopochtli la degoll&oacute; y le comi&oacute; el coraz&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mito expuesto arriba tiene su correlato material. El lado sur del Templo Mayor, que corresponde a Huitzilopochtli, recuerda el mito del nacimiento del dios de la guerra y la subsecuente lucha con su hermana en la cima del Coatepec, que es representado por el propio Templo.<sup><a href="#notas">92</a></sup> En la plataforma y la base del mismo, al pie del "cerro" piramidal, se encontr&oacute; la enorme escultura en bajo relieve de Coyolxauhqui en su estado decapitado y desmembrado.<sup><a href="#notas">93</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las im&aacute;genes de Coyolxauhqui aparecen en varias etapas constructivas del Templo Mayor, sugiriendo una continuidad de este simbolismo a trav&eacute;s del tiempo. La monumental escultura de la diosa fue encontrada en la Etapa IVb; otra escultura en relieve similar fue localizada debajo de &eacute;sta, en la plataforma de la Etapa IV, por ejemplo. Cr&aacute;neos femeninos decapitados tambi&eacute;n fueron encontrados en ofrendas asociadas con la escultura de Coyolxauhqui de la Etapa IVb. Tales rituales de decapitaci&oacute;n pueden haber estado relacionados con la reactualizaci&oacute;n del mito de la victoria de Huitzilopochtli sobre Coyolxauhqui.<sup><a href="#notas">94</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La derrota de lo femenino era reactualizada peri&oacute;dicamente, as&iacute; como la victoria de lo masculino. La presencia desordenada de Coyolxauhqui quer&iacute;a imponerse sobre el numen solar guerrero, incitando a sus hermanos a que se rebelaran contra su madre y su producto; es en ese momento que la diosa lunar escenifica a la mujer f&aacute;lica.<sup><a href="#notas">95</a></sup> Pero al ser decapitada se recuerda el estado de sujeci&oacute;n de la figura femenina, su ser castrado, pues no posee las prerrogativas que proporciona el falo, lo propiamente masculino.<sup><a href="#notas">96</a></sup> Desde una l&oacute;gica faloc&eacute;ntrica, la mujer es un ser castrado, y la doble castraci&oacute;n que sufre al ser decapitada sirve de recordatorio a las mujeres sobre su sometimiento al orden masculino. La oposici&oacute;n f&aacute;lico/castrado, o si se quiere decir falo/sin falo, se proyecta y sirve de base a la oposici&oacute;n esencial masculino/femenino, la cual estructura el cosmos y la sociedad.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El planteamiento que elabora H&eacute;l&egrave;n Cixous<sup><a href="#notas">97</a></sup> sobre la decapitaci&oacute;n de la mujer va en el mismo sentido: "Si el hombre opera bajo la amenaza de castraci&oacute;n, si la masculinidad es culturalmente ordenada por el complejo de castraci&oacute;n &#91;l&oacute;gica faloc&eacute;ntrica&#93;, podr&iacute;a ser dicho que la reacci&oacute;n, la vuelta sobre la mujer de esta ansiedad de castraci&oacute;n es su desplazamiento como decapitaci&oacute;n &#91;.&#93;, como p&eacute;rdida de su cabeza".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>El murci&eacute;lago, ser decapitador&#45;castrador</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En varias l&aacute;minas de c&oacute;dices, narraciones y materiales arqueol&oacute;gicos, el murci&eacute;lago, ser antropomorfizado y divinizado, se vincula &iacute;ntimamente con la decapitaci&oacute;n,<sup><a href="#notas">98</a></sup> pues &eacute;l es el decapitador por excelencia. En la l&aacute;mina 41 del <i>C&oacute;dice Fej&eacute;rvary&#45;Mayer</i><sup><a href="#notas">99</a></sup> (<a href="#f8">Figura 8</a>), el dios Murci&eacute;lago tiene en una mano un coraz&oacute;n y con la otra toma de la cabellera la cabeza, ya desprendida y sangrante, de un ser humano desnudo. Enmarcando la escena aparece el cuerpo de una serpiente, cuya cabeza asciende hasta lo que se asemeja una voluta de nubes con "ojos", s&iacute;mbolo de la noche. Otra caracter&iacute;stica que puede indicar la actividad cercenadora del murci&eacute;lago son la serie de colmillos que bordean sus alas membranosas. Es de notar que la cabeza de la serpiente se encuentra en una posici&oacute;n muy cercana a la cabeza humana desprendida, lo que podr&iacute;a indicar la equivalencia entre cabeza y serpiente ya expuesta.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f8" id="f8"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f8.jpg"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra imagen, muy similar a la anterior, es proporcionada por la l&aacute;mina 24 (<a href="#f9">Figura 9</a>) del <i>C&oacute;dice Vaticano B 3773.</i><sup><a href="#notas">100</a></sup> En &eacute;sta, el personaje que representa al murci&eacute;lago es un ser humano, pues de las manos del animal se asoman unas manos humanas; las dos portan cabezas humanas ensangrentadas por los cabellos, pero en una se observa el propio acto de decapitaci&oacute;n. A diferencia de la l&aacute;mina anterior, son garras en vez de colmillos los que bordean sus alas, indicando posiblemente tambi&eacute;n su acci&oacute;n desgarradora. En el Popol Vuh<sup><a href="#notas">101</a></sup> el murci&eacute;lago ejecuta su principal atributo. Estando en Xibalb&aacute; los gemelos Hunahp&uacute; e Ixbalanqu&eacute;, por un descuido del primero le fue cortada la cabeza por Camazotz, la cual fue enseguida colgada sobre el juego de pelota.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f9"></a></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ecn/v41/a6f9.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el <i>C&oacute;dice Magliabechiano,</i><sup><a href="#notas">102</a></sup> Quetzalc&oacute;atl toc&oacute; su pene y el semen que sali&oacute; se transform&oacute; en un murci&eacute;lago, al cual enviaron los dioses a que "le cortase &#91;a Xochiquetzal&#93; de un bocado lo que tiene dentro del miembro fem&iacute;neo". Hecho as&iacute; mientras ella dorm&iacute;a, trajo el pedazo ante los dioses, lo lavaron, y de la misma agua que derramaron nacieron rosas que no ol&iacute;an bien. Luego, el murci&eacute;lago llev&oacute; estas rosas al Mictlan y las lav&oacute; otra vez, y de esta agua salieron rosas olorosas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Graulich<sup><a href="#notas">103</a></sup> y Baquedano y Graulich<sup><a href="#notas">104</a></sup> interpretan este relato como un mito de los or&iacute;genes de la menstruaci&oacute;n, pues el murci&eacute;lago arranca una parte de la vulva de Xochiqu&eacute;tzal; y bas&aacute;ndose en Alain Ichon (1969) comparan el menstruo con las flores. Se&ntilde;alan que el cuello sangrante y la vulva sangrante, en el lado opuesto, fueron aberturas corporales sim&eacute;tricas que connotaron fertilidad y tuvieron un autor m&iacute;tico com&uacute;n: el murci&eacute;lago.<sup><a href="#notas">105</a></sup> "De manera general, &#91;...&#93; los mitos asocian sobre todo &#91;al murci&eacute;lago&#93; &#91;...&#93; a la sangre y a los orificios corporales".<sup><a href="#notas">106</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Refiri&eacute;ndose al mismo mito, Thomas Barthel <sup><a href="#notas">107</a></sup> hace un comentario intrigante y a la vez muy sugestivo: "en el corte de un pedazo del genital femenino debe pensarse m&aacute;s bien en un motivo de "vagina dentata" que en una verdadera clitoridectom&iacute;a". Esto estar&iacute;a en concordancia con lo que dice el comentarista del <i>Magliabechiano:</i><sup><a href="#notas">108</a></sup> "q le cortase de un bocado lo que tiene dentro del miembro fem&iacute;neo". La vulva est&aacute; compuesta por los genitales externos, as&iacute; que lo que cort&oacute; el murci&eacute;lago de la vagina de Xochiqu&eacute;etzal era algo al interior de la misma, pudiera ser que sus dientes. Y otra cuesti&oacute;n: la flor tambi&eacute;n puede simbolizar la virginidad, por lo que la acci&oacute;n del murci&eacute;lago puede corresponder a la desvirginizaci&oacute;n de la mujer, su "desfloraci&oacute;n". Sin descartar las afirmaciones de Graulich y Baquedano y Graulich, vale la pena dedicar unos p&aacute;rrafos a explorar un poco m&aacute;s la hip&oacute;tesis de Barthel.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Xochiqu&eacute;tzal podr&iacute;a considerarse como la imagen de la mujer joven virgen<sup><a href="#notas">109</a></sup> protot&iacute;pica, que representar&iacute;a a todas las mujeres nahuas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tal condici&oacute;n, encarnar&iacute;a los peligros de la mujer que no ha tenido relaciones sexuales, y que teme el hombre,<sup><a href="#notas">110</a></sup> pues existe la amenaza de que lo pueda da&ntilde;ar al momento de penetrarla, incluso matarlo. Es un miedo al &oacute;rgano genital femenino que puede mutilar el pene. Aqu&iacute; entra en escena el tab&uacute; de la virginidad, que radica en que hombres de una condici&oacute;n especial, como sacerdotes, ancianos o personajes divinos,<sup><a href="#notas">111</a></sup> sorteando los peligros femeninos, desfloran a las mujeres, ya sea por medio de la penetraci&oacute;n o s&oacute;lo rompiendo el himen con los dedos, para as&iacute; permitir a los reci&eacute;n casados un ejercicio de la sexualidad sin riesgos.<sup><a href="#notas">112</a></sup> En el caso nahua, el murci&eacute;lago ser&iacute;a precisamente aquel personaje divinizado que, al servicio de los hombres, se encargar&iacute;a de romper los dientes de la vagina de la mujer. Pero este hecho se instaur&oacute; s&oacute;lo en el mito, m&aacute;s no en la vida cotidiana nahua.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una pr&aacute;ctica sexual totonaca asentada por fray Ger&oacute;nimo de Mendieta<a href="#notas"><sup>113</sup></a> es excepcional con respecto a los informes que existen sobre la sexualidad de los pueblos prehisp&aacute;nicos. Se&ntilde;ala el fraile que a los 28 o 29 d&iacute;as de que hab&iacute;a nacido el ni&ntilde;o, se les llevaba al templo donde el sumo sacerdote y el segundo en dignidad le practicaban la circuncisi&oacute;n con un cuchillo de pedernal.<sup><a href="#notas">114</a></sup> Mientras que a las ni&ntilde;as, "los dichos sacerdotes con sus propios dedos las corromp&iacute;an, mandando a las madres que llegando la ni&ntilde;a a los seis a&ntilde;os renovasen con los dedos el mismo corrompimiento que ellos hab&iacute;an comenzado". Claramente estamos frente a una pr&aacute;ctica promovida por el tab&uacute; de la virginidad.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tab&uacute; se erige porque se teme un peligro, en el caso de la virginidad, se le teme a la mujer; pero en el mismo tambi&eacute;n nos encontramos frente a una ambivalencia de sentimientos, pues el miedo va de la mano con el deseo. Con respecto al peligro que siente el hombre por la mujer, comenta Freud<a href="#notas"><sup>115</sup></a> que "Acaso se funde en que ella es diferente del var&oacute;n, parece eternamente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil. El var&oacute;n teme ser debilitado por la mujer, contagiarse de su feminidad &#91;...&#93;". Estamos de acuerdo con Nicolas Balutet<a href="#notas"><sup>116</sup></a> en que el miedo a la mujer "deriva principalmente de las caracter&iacute;sticas anat&oacute;micas del sexo femenino, escondido y poco visible, repleto de secretos y misterios y, por lo tanto, angustioso; al contrario del sexo masculino, visible y penetrante.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su <i>Historia general de las indias,</i> L&oacute;pez de G&oacute;mara tambi&eacute;n ofrece algunos ejemplos del tab&uacute; mencionado. En Cuman&aacute; ten&iacute;an por "honrosa costumbre" dar las novias a los sacerdotes <i>(piaches)</i> para que las desvirgaran. Las razones para hacerlo eran que "Los reverendos padres toman aquel trabajo por no perder su preminencia y devoci&oacute;n, y los novios se quitan de sospecha, queja y pena".<sup><a href="#notas">117</a></sup> Para el caso de Nicaragua, "Muchos las daban &#91;a las mujeres&#93; a los caciques que las rompiesen, por honrarse m&aacute;s o por quitarse de sospechas y af&aacute;n.<sup><a href="#notas">118</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los relatos etnogr&aacute;ficos, los temas tratados siguen estando presentes, por lo menos en la oralidad. A partir de la inclusi&oacute;n del tema de la "vagina dentada" en el repertorio folkl&oacute;rico huave, se sugiere que antiguamente era norma "hacer desflorar a la esposa por ancianos expertos, protegidos m&aacute;gicamente, en grado de evitar los peligros de la trampa presentada por la "dentadura".<sup><a href="#notas">119</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una historia huave narra sobre un anciano llamado para desflorar a una jovencita, a fin de que el esposo, joven e inexperto, no fuera herido por los dientes de la vagina. Atra&iacute;do por la atractiva mujer, el anciano se aprovech&oacute; de la situaci&oacute;n prolongando por un mes entero los acoplamientos necesarios para volver el acto inofensivo. Cada noche se un&iacute;a a la joven en presencia del marido y fing&iacute;a dolores y esfuerzos lancinantes que ten&iacute;a que sufrir y soportar en beneficio del futuro placer del esposo.<sup><a href="#notas">120</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los temas de la castraci&oacute;n, la vagina dentada y del tab&uacute; de la virginidad entre los antiguos nahuas se encuentran velados. Ning&uacute;n relato sobre estos temas se expresa directamente, quiz&aacute; por el pudor de los frailes y otros peninsulares al registrar sus costumbres, o quiz&aacute; por el propio pudor nahua que hizo que estos temas fueran presentados s&oacute;lo de forma simb&oacute;lica y encubierta, desplazando la tem&aacute;tica sexual a figuras despojadas de contenido sexual evidente. Recu&eacute;rdese que los antiguos nahuas, especialmente los mexicas, se autodefin&iacute;an como un pueblo que cultivaba la moderaci&oacute;n en todos los aspectos, incluidos los sexuales, aspecto que contrastaba diametralmente con las representaciones que fabricaron de los otom&iacute;es y los cuextecas &#151;estos &uacute;ltimos de filiaci&oacute;n cultural muy cercana a los totonacas&#151;, quienes eran vistos como unos pueblos que practicaban una sexualidad excesiva, lo que chocaba con el sistema moral nahua.<sup><a href="#notas">121</a></sup> Sin embargo, una fracci&oacute;n de las representaciones de estos grupos estuvo sustentada en hechos reales. Por ejemplo, las pr&aacute;cticas sexuales de los totonacos prehisp&aacute;nicos, o la tem&aacute;tica actual de la castraci&oacute;n otom&iacute;,<sup><a href="#notas">122</a></sup> si se considera que tiene sus antecedentes en los otom&iacute;es prehisp&aacute;nicos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cultural material mexica tampoco da indicios de haber representado temas sexuales expl&iacute;citos, como s&iacute; sucedi&oacute; entre los mayas y los huastecos, quienes plasmaron en piedra y cer&aacute;mica relaciones sexuales manifiestas, y no s&oacute;lo heterosexuales.<sup><a href="#notas">123</a></sup> Tambi&eacute;n elaboraron falos de grandes proporciones en piedra.<sup><a href="#notas">124</a></sup> Estos datos contrastan con una escultura mexica que muestra dos figuras simiescas abrazadas, sentadas en una banca, la cual se ha sugerido como la escenificaci&oacute;n del acto sexual.<sup><a href="#notas">125</a></sup> Felipe Sol&iacute;s <sup><a href="#notas">126</a></sup> comenta respecto a &eacute;sta que</font></p>      <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La manifestaci&oacute;n del acto sexual no era un motivo popular de representaci&oacute;n art&iacute;stica; cuando se plasma, siempre tiene por objeto asociarlo con la idea de fecundidad, tanto de la tierra como de los individuos; esta puede ser la raz&oacute;n por la cual las figuras lucen rasgos faciales de simios, deshumanizando en cierta medida la representaci&oacute;n y dando a la pareja el car&aacute;cter l&uacute;brico que caracteriza a estos animales, evitando que dicho acto presentado al p&uacute;blico fuera contemplado como motivo de regocijo.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un intento por presentar bases suficientes para sustentar nuestra interpretaci&oacute;n, hemos utilizado ejemplos de diferentes regiones y temporalidades mesoamericanas. Y con el apoyo de todos los recursos posibles, hemos determinado una unidad de significados y simbolismos, que incluso puede tener tintes universalistas tanto en los conceptos conscientes como en los inconscientes. Pero tambi&eacute;n se han identificado diferencias culturales en la manifestaci&oacute;n e intensidad de los contenidos de car&aacute;cter sexual entre varios grupos mesoamericanos, determinados por una visi&oacute;n del mundo diferente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Michel Graulich, "Double Immolations in Ancient Mexican Sacrifical Ritual", <i>History of Religions,</i> Chicago, The University of Chicago, 1988, v. 27, n. 4, p. 393;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429084&pid=S0071-1675201000010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Elizabeth Baquedano y Michel Graulich, "Decapitation among the aztecs: mythology, agriculture and politics, and hunting", <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1993, v. 23, p. 165.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429085&pid=S0071-1675201000010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Fray Bernardino de Sahag&uacute;n, <i>Historia general de las cosas de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> estudio introductorio, paleograf&iacute;a, glosario y notas por Alfredo L&oacute;pez Austin y Josefina Garc&iacute;a Quintana, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002, t. II, lib. II, cap. V, p.143&#45;144 y cap. XXIX, p. 225.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429087&pid=S0071-1675201000010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Francisco Gonz&aacute;lez Rul, "Un <i>tzompantli</i> en Tlatelolco", <i>Bolet&iacute;n INAH,</i> M&eacute;xico, Departamento de publicaciones del INAH, 1963, septiembre, v. 0, n. 13, p. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429089&pid=S0071-1675201000010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> <i>Idem.</i> Christopher L. Moser, <i>Human Decapitation in Ancient Mesoamerica. Studies in Precolumbian Art and Archaeology,</i> Washington, D. C., Dumbarton Oaks, Trustees for Harvard University, 1973, n. 11, p. 26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429091&pid=S0071-1675201000010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Fray Toribio de Benavente Motolinia, <i>Memoriales,</i> edici&oacute;n cr&iacute;tica, introducci&oacute;n, notas y ap&eacute;ndice de Nancy Joe Dyer, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 1996, cap. XX, p. 207;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429093&pid=S0071-1675201000010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Howard Leigh, "Head Shrinking in Ancient Mexico", <i>Science of Man,</i> California, 1961, December, v. 2, n. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429094&pid=S0071-1675201000010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Moser, <i>op. cit.,</i> p. 5 y 23.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Lothar Knauth, "El juego de pelota y el rito de la decapitaci&oacute;n", <i>Estudios de Cultura Maya,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1961, v. 1, p. 196.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429096&pid=S0071-1675201000010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Moser, <i>op. cit.,</i> p. 38. Michel Graulich, 1988, p. 401&#45;402; Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 165.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> <i>Popol Vuh,</i> traducido del texto original con introducci&oacute;n y notas por Adri&aacute;n Recinos, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005, segunda parte, cap. II, p. 57&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429098&pid=S0071-1675201000010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Michael P. Closs, "The Penis&#45;Headed Manikin Glyph", <i>American Antiquity,</i> USA, Society for American Archaeology, 1988, v. 53, n. 4, p. 810.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429100&pid=S0071-1675201000010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Sahag&uacute;n, <i>op. cit.,</i> t. II, lib. X, cap. XXIX, p. 968; Luis Obreg&oacute;n, <i>Relaci&oacute;n de Zempoala y su partido, 1580, Tlalocan,</i> M&eacute;xico, La casa de Tlaloc, 1949, v. 3. n. 1, p. 37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429102&pid=S0071-1675201000010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Patrick Johansson, "Erotismo y sexualidad entre los huastecos", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Editorial Ra&iacute;ces/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2006, mayo&#45;junio, v. XIV, n. 79, p. 60&#45;61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429104&pid=S0071-1675201000010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>C&oacute;dice Laud, Antig&uuml;edades de M&eacute;xico,</i> basadas en la recopilaci&oacute;n de Lord Kingsborough, estudio e interpretaci&oacute;n de Jos&eacute; Corona N&uacute;&ntilde;ez, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico, 1964, v. III, l&aacute;m. I (XXIV), p. 318.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429106&pid=S0071-1675201000010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> <i>C&oacute;dice Borgia,</i> comentarios de Eduard Seler, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1980, l&aacute;m. 50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429108&pid=S0071-1675201000010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Hernando Ruiz de Alarc&oacute;n, <i>Tratado de las supersticiones y costumbres gentilicias que oy viuen entre los indios naturales desta Nueua Espa&ntilde;a;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429110&pid=S0071-1675201000010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --></i> Pedro Ponce, Pedro S&aacute;nchez de Aguilar y otros, <i>El alama encantada. Anales del Museo Nacional de M&eacute;xico,</i> presentaci&oacute;n de Fernando Ben&iacute;tez, M&eacute;xico, Instituto Nacional Indigenista, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1987, p. 221.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429111&pid=S0071-1675201000010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Alfonso Torres Rodr&iacute;guez, "El escorpi&oacute;n celeste: un marcador del inicio y fin de la &eacute;poca de lluvias en Mesoam&eacute;rica", en Beatriz Barba de Pi&ntilde;a Ch&aacute;n (coord.), <i>Iconograf&iacute;a mexicana</i> <i>III.</i> <i>Las representaciones de los astros,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, Plaza y Vald&eacute;s, 2002, p. 148 y 151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429113&pid=S0071-1675201000010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> F&eacute;lix B&aacute;ez&#45;Jorge, "La vida sexual entre los zoque&#45;popoluca de Soteapan, Veracruz", <i>Anuario Antropol&oacute;gico,</i> Xalapa, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Escuela de Antropolog&iacute;a, Universidad Veracruzana, 1970, 1, p. 57;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429115&pid=S0071-1675201000010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Alessandro Lupo, "The Womb that Nourishes and Devours. Representations of the Earth in the Cosmology of the Huave of the Isthmus of Tehuantepec (Mexico)", en Baidyanath Saraswati y Y&oacute;lotl Gonz&aacute;lez Torres (eds.), <i>The vision of the Cosmos of Different Peoples of the World,</i> New Delhi, Decent Books, 1999, p. 116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429116&pid=S0071-1675201000010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Jean Laplanche, <i>Castraci&oacute;n. Simbolizaciones Problem&aacute;ticas II,</i> Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1988, p. 23&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429118&pid=S0071-1675201000010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> <i>Ibidem,</i> p. 167.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Jos&eacute; Carlos Aguado V&aacute;zquez, "'La envidia del pene'. Una reinterpretaci&oacute;n a la luz de la antropolog&iacute;a del cuerpo", <i>Anales de Antropolog&iacute;a,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, 2005, v. 39&#45;I, p. 168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429121&pid=S0071-1675201000010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 25.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> &nbsp;Jacques Galinier, "L'Homme sans pied. M&eacute;taphores de la castration et imaginaire en M&eacute;soam&eacute;rique", L'Homme, France, 1984, v. 24, n. 2, p. 41 y 50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429124&pid=S0071-1675201000010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Pene puede entrar en una serie indefinida de &oacute;rganos: vagina, pecho, test&iacute;culo, mano, ano, etc. Falo, por el contrario, no entra en una serie indefinida, no es un t&eacute;rmino entre otros. Puede entrar en series simb&oacute;licas, en el sentido de que puede resultar sustituido por otros &oacute;rganos como equivalentes simb&oacute;licos (Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 65.).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Sigmund Freud, "La cabeza de Medusa (1940 &#91;1922&#93;)", <i>Obras completas. Volumen</i> <i>XVIII,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2001a, p. 270.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429127&pid=S0071-1675201000010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> En palabras de Jean Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 74: "Esta amenaza es raramente formulada (y cada vez m&aacute;s raramente) en su forma mayor &#151;te cortar&aacute;n el pene&#151;; en cambio suele ser percibida a trav&eacute;s de mandamientos m&aacute;s o menos atenuados, m&aacute;s o menos desplazados (te cortar&aacute;n la mano); tambi&eacute;n, puede estar desplazada por toda una serie de equivalentes simb&oacute;licos: si contin&uacute;as, vas a caer enfermo, te vas a volver loco, etc.".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> <i>Ibidem,</i> p. 275.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Al analizar algunos mitos griegos, cuyo contenido es meramente simb&oacute;lico, Sigmund Freud, "Sobre la conquista del fuego (1932 &#91;1931&#93;)", en <i>Obras completas. Volumen</i> <i>XXII,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2001b, p. 174.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429131&pid=S0071-1675201000010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> V&eacute;ase Fernando D&iacute;az Infante, <i>Quetzalc&oacute;atl (ensayo psicoanal&iacute;tico del mito nahua), Cuadernos de la facultad de filosof&iacute;a, letras y ciencias,</i> Xalapa, Universidad Veracruzana, 1963, p. 25) descubre que en ellos operan los mismos principios que en el sue&ntilde;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429132&pid=S0071-1675201000010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->o: "la mudanza en lo contrario, la inversi&oacute;n de los nexos"; esto es, en los mitos se intercambian elementos opuestos y sus relaciones se invierten.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 104, 184 y 238.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Geza Roheim, <i>Psicoan&aacute;lisis y antropolog&iacute;a,</i> Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1973, p. 127 y 129.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429135&pid=S0071-1675201000010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Closs, <i>op. cit.,</i> p. 804, 806 y 808.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> <i>Popol Vuh, op. cit.,</i> segunda parte, cap. I, p. 50&#45;51 y 57&#45;59.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Torres, <i>op. cit.,</i> p. 148.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> <i>C&oacute;dice Laud, op. cit.,</i> l&aacute;m. I (XXIV), p. 318.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Johansson, <i>op. cit.,</i> p. 60.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> <i>C&oacute;dice Borgia, op. cit.,</i> l&aacute;m. 18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Galinier, 1984, p. 44.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Sigmund Freud, "17a. conferencia. El sentido de los s&iacute;ntomas", <i>Obras completas. Volumen</i> <i>XVI,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2000c, p. 245.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429144&pid=S0071-1675201000010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> B&aacute;ez&#45;Jorge, 1970, p. 57.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 169.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> <i>C&oacute;dice Vaticano Latino 3738, Antig&uuml;edades de M&eacute;xico,</i> basadas en la recopilaci&oacute;n de Lord Kingsborough, estudio e interpretaci&oacute;n de Jos&eacute; Corona N&uacute;&ntilde;ez, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico, 1964, v. III, l&aacute;m. LXXIII, p. 166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429148&pid=S0071-1675201000010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> Franz Termer, "Los bailes de culebra entre los indios quich&eacute;s en Guatemala", <i>Tradiciones de Guatemala,</i> Guatemala, Editorial Universitaria/Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro de Estudios Folkl&oacute;ricos, 1976, n. 5, p. 305.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429150&pid=S0071-1675201000010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> Mercedes de la Garza, <i>El universo sagrado de la serpiente entre los mayas,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, Centro de Estudios Multidisciplinarios, 2003, p. 270.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429152&pid=S0071-1675201000010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> <i>Ibidem,</i> p. 197.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Sigmund Freud, <i>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os (segunda parte), Obras completas. Volumen V,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2000a, p. 363.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429155&pid=S0071-1675201000010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Baquedano y Graulich (op. <i>cit.,</i> p. 168.) sugieren que quiz&aacute;s las siete serpientes refieren a un siete serpiente protot&iacute;pico, la diosa mexica de la germinaci&oacute;n y el ma&iacute;z: Chicomec&oacute;oatl.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> Alfred M. Tozzer, <i>Chichen Itza and its Cenote of Sacrifice,</i> Cambridge, Memoirs of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, Harvard University, Peabody Museum, 1957, v. XII: reference material and illustrations, fig. 475;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429158&pid=S0071-1675201000010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Moser, <i>op. cit.,</i> p. 16 y 46; <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> edici&oacute;n especial Museo de Antropolog&iacute;a de Xalapa, textos de Sara Ladr&oacute;n de Guevara, M&eacute;xico, Editorial Ra&iacute;ces/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2006, n. 22, p. 47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429159&pid=S0071-1675201000010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Nicholas Hellmuth "Teotihuacan Art in the Escuintla, Guatemala Region", Esther Pasztory (ed.), <i>Middle Classic Mesoamerica: a.d. 400&#45;700,</i> New York, Columbia University Press, 1978, p. 79 y fig. 11;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429161&pid=S0071-1675201000010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> George Kubler, <i>The Art and Architecture of Ancient America. The Mexican, Mayan and Andean Peoples,</i> Baltimore, The Pelican History of Art/Penguin Books, 1990, p. 329, fig. 276.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429162&pid=S0071-1675201000010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> Hellmuth, <i>idem.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> Tozzer, <i>op. cit.,</i> fig. 474; Marvin Cohodas, "Diverse Architectural Styles and the Ball Game Cult: the Late Middle Classic period in Yucatan", en Esther Pasztory (ed.), <i>Middle Classic Mesoamerica: a.d. 400&#45;700,</i> New York, Columbia University Press, 1978, p. 89,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429165&pid=S0071-1675201000010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Kubler, <i>op. cit.,</i> p. 310&#45;311, fig. 254.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> Con base en los estilos del vestido de los jugadores, algunos han argumentado que este panel conmemora la derrota de las tierras bajas mayas por los invasores toltecas, pero Moser <i>(op. cit.,</i> p. 22.) encuentra tal hip&oacute;tesis insostenible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> Knauth, <i>op. cit.,</i> p. 195. Seler; 1939, en Moser, <i>op. cit.,</i> p. 33; Graulich, 1988, p. 402; Krickeberg, 1948, en Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 168.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 167 y 169.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> Graulich, 1988, p. 401 y p. 165.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> <i>Hystoyre du Mechique, Mitos e historias de los antiguos nahuas,</i> paleograf&iacute;a y traducciones de Rafael Tena Mart&iacute;nez, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002, cap. VII, p. 153.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429171&pid=S0071-1675201000010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> <i>C&oacute;dice Vindobonensis,</i> Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Luis Reyes Garc&iacute;a (comisi&oacute;n investigadora), Austria, Sociedad Estatal Quinto Centenario, Akademische Druck&#45;und Verlagsanstalt/Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1992, l&aacute;m. 37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429173&pid=S0071-1675201000010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> Knauth, <i>op. cit.,</i> p. 195. Moser, <i>op. cit.,</i> p. 47.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 169.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 104.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup> Los otom&iacute;es identifican la sangre con el semen (Galinier, 1984, p. 46.).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> <i>Leyenda de los Soles, Mitos e historias de los antiguos nahuas,</i> paleograf&iacute;a y traducciones de Rafael Tena Mart&iacute;nez, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002, p. 179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429179&pid=S0071-1675201000010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> Sara Ladr&oacute;n de Guevara, <i>Hombres y dioses de El Taj&iacute;n,</i> M&eacute;xico, Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, 2006, p. 61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429181&pid=S0071-1675201000010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup> V&eacute;ase <i>idem.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup> Freud, 2001a, p. 270. Tambi&eacute;n Freud 2000a, p. 363. Sigmund Freud, "Lo ominoso (1919)", Obras completas. Volumen xvii, ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2003b, p. 235.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429184&pid=S0071-1675201000010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup> Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 184 y 238.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63</sup> Equivalencia que tambi&eacute;n fue propuesta hace tiempo por Freud &#91;1922&#93; 2001a, p. 270.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64</sup> B&aacute;ez&#45;Jorge, <i>El lugar de la captura (Simbolismo de la vagina tel&uacute;rica en la cosmovisi&oacute;n mesoamericana),</i> M&eacute;xico, editora del Gobierno del Estado de Veracruz, 2008, p. 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429188&pid=S0071-1675201000010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65</sup> Galinier, 1984, p. 50.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66</sup> El aspecto siniestro de la Tierra&#45;Tlaltecuhtli, misma que es la proveedora de los mantenimientos, se revela en la descripci&oacute;n que hace de ella la <i>Hystoyre du Mechique (op. cit.,</i> p. 151&#45;152.): "estaba llena por todas las coyunturas de ojos y de bocas, con las que mord&iacute;a como una bestia salvaje"; y "lloraba a veces por la noche deseando comer corazones de hombres". Esta apariencia f&iacute;sica es precisa al compararla con algunos bajorelieves de Tlaltecuhtli, quien en sus articulaciones tiene ojos y colmillos (v&eacute;ase una imagen de la diosa en Guilhem Olivier, "Los "2000 dioses" de los mexicas. Polite&iacute;smo, iconograf&iacute;a y cosmovisi&oacute;n", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Editorial Ra&iacute;ces/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2008, mayo&#45;junio, v. XVI, n. 91, p. 45).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429191&pid=S0071-1675201000010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67</sup> David Carrasco, "Cosmic Jaws. We Eat Gods and the Gods Eat Us", <i>City of Sacrifice. The Aztec Empire and the Role of Violence in Civilization,</i> Boston, Beacon Press, 1999, p. 178.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429193&pid=S0071-1675201000010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68</sup> V&eacute;ase la nota 76.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>69</sup> <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> edici&oacute;n especial Museo de Antropolog&iacute;a de Xalapa, <i>op. cit.,,</i> p. 64&#45;65.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>70</sup> A diferencia de los nahuas, los yopis castigaban el adulterio arranc&aacute;ndoles la nariz a los dos transgresores con los dientes, y quien realizaba el castigo era el esposo ofendido <i>(Costumbres, fiestas y enterramientos..., Tlalocan,</i> publicado por Federico G&oacute;mez de Orozco, M&eacute;xico, 1945&#45;48, v. 2, p. 60&#45;61. <i>C&oacute;dice Tudela,</i> Jos&eacute; Tudela (comp.), Madrid, Testimonio Compa&ntilde;&iacute;a Editorial, 2002, l&aacute;m. 75.). La nariz es un s&iacute;mbolo f&aacute;lico (Galinier, 1984, p. 44; Ladr&oacute;n de Guevara, 2006, p. 61.); por tal motivo, en el castigo yopi estamos frente a un cercenamiento simb&oacute;lico del pene, y la falta cometida precisamente es de orden sexual. De igual manera, entre los mayas yucatecos arrancar los ojos era "castigo antiguo para los amancebados" (P&eacute;rez, 1866&#45;1877, en Thomas S. Barthel, "Demonios murci&eacute;lago mesoamericanos", <i>Traducciones mesoamericanistas,</i> M&eacute;xico, Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a, 1968, t. II, p. 95, nota 54.). La ceguera tambi&eacute;n funge como una castraci&oacute;n simb&oacute;lica (Sigmund Freud, <i>T&oacute;tem y tab&uacute;. Algunas concordancias en la vida an&iacute;mica de los salvajes y de los neur&oacute;ticos (1913 &#91;1912&#45;13&#93;), Obras completas. Volumen</i> <i>XIII,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2000b, p. 132.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>71</sup> La decapitaci&oacute;n fue la forma t&iacute;pica de sacrificar a las mujeres, quienes personificaban a deidades tel&uacute;ricas durante las fiestas mexicas de las veintenas, como en Huey Tecuilhuitl, Ochpaniztli y Quecholli, pr&aacute;ctica que tuvo claras connotaciones de fertilidad (Graulich, 1988, p. 401; Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 171.).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>72</sup> V&eacute;ase Sigmund Freud, "El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)", <i>Obras completas. Volumen</i> <i>XIX,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2003c, p. 182&#45;184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429199&pid=S0071-1675201000010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>73</sup> Mario Humberto Ruz Sosa, <i>Los leg&iacute;timos hombres. Aproximaci&oacute;n antropol&oacute;gica al grupo tojolabal,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, Centros de Estudios Mayas, M&eacute;xico, v. II, 1982, p. 139.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429201&pid=S0071-1675201000010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>74</sup> Galinier, 1984, p. 43.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>75</sup> Freud, 2003c, p. 182.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>76</sup> En los mitos de tradici&oacute;n nahua, varias figuras divinas son castradas simb&oacute;licamente. La m&aacute;s ejemplar es la de Tezcatlipoca, donde el pie o la pierna del dios es arrancado por el monstruo de la tierra (Bartolom&eacute; de las Casas, <i>Historia de las Indias,</i> presentada por el Marqu&eacute;s de la Fuensanta del Valle y D. Jos&eacute; Sancho Rayon, Madrid, Imprenta de Miguel Ginesta, 1875, t. 5, Ap&eacute;ndice, cap. CXXII, p. 449),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429205&pid=S0071-1675201000010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> representaci&oacute;n de la mutilaci&oacute;n de su &oacute;rgano sexual. Este cercenamiento es el signo de la transgresi&oacute;n sexual (Olivier, <i>Tezcatlipoca. Burlas y metamorfosis de un dios azteca,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004a, p. 423, 470 y 471.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429206&pid=S0071-1675201000010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->). Otra deidad transgresora es Iztlacoliuhqui, cuya falta igualmente se presenta como una marca en el cuerpo, pero reflejada en su ceguera <i>(C&oacute;dice Telleriano Remensis, Antig&uuml;edades de M&eacute;xico,</i> basadas en la recopilaci&oacute;n de Lord Kingsborough, estudio e interpretaci&oacute;n de Jos&eacute; Corona N&uacute;&ntilde;ez, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico, 1964, v. I, l&aacute;m. 10v. (XVIII), p. 212&#45;213;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429207&pid=S0071-1675201000010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>C&oacute;dice Vaticano Latino 3738, op. cit.,</i> v. III, l&aacute;m. 24v. (XXXVII), p. 91.). En Tamoanchan, Tezcatlipoca sedujo a Xochiqu&eacute;tzal, Tlazolt&eacute;otl, Cihuac&oacute;atl o Itzpap&aacute;lotl, siendo el fruto de esta uni&oacute;n Cint&eacute;otl&#45;Itztlacoliuhqui (Guilhem Olivier, "&iquest;Dios del ma&iacute;z o dios del hielo? &iquest;Se&ntilde;or del pecado o se&ntilde;or de la justicia? Esbozo sobre la identidad de Itztlacoliuhqui", en Constanza Vega Sosa (ed.), <i>C&oacute;dices y Documentos sobre M&eacute;xico, Tercer Simposio Internacional,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2000, p. 340.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429208&pid=S0071-1675201000010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->). En este caso, es el hijo el que carga con la falta sexual del padre. De forma an&aacute;loga, la ceguera de Edipo fue provocada por la relaci&oacute;n incestuosa que sostuvo con su madre, Yocasta (S&oacute;focles, <i>Edipo, Rey, Tragedias,</i> pr&oacute;logo de Luis Alberto de Cuenca, Espa&ntilde;a, Edaf, 1999, p. 204.).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>77</sup> Ruiz de Alarc&oacute;n, <i>op. cit.,</i> tratado VI, cap. XXXII, p. 221.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>78</sup> El verbo n&aacute;huatl para decapitar es <i>quechcotona</i> (Alonso de Molina, <i>Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana,</i> estudio preliminar de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, M&eacute;xico, Editorial Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 2004,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429211&pid=S0071-1675201000010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> secci&oacute;n n&aacute;huatl&#45;espa&ntilde;ol, fol. 88r.), que literalmente significa "cortar el cuello" <i>(cotona</i>&#61;cortar, <i>quechtli</i>&#61;cuello).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>79</sup> Calixta Guiteras Holmes, <i>Los peligros del alma. Visi&oacute;n del mundo de un tzotzil,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1996, p. 134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429213&pid=S0071-1675201000010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>80</sup> Alma Elizabeth del R&iacute;o, <i>Bases psicodin&aacute;micas de la cultura azteca,</i> M&eacute;xico, B. Costa&#45;Amic, 1973, p. 109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429215&pid=S0071-1675201000010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>81</sup> <i>Leyenda de los Soles, Mitos e historias de los antiguos nahuas,</i> paleograf&iacute;a y traducciones de Rafael Tena Mart&iacute;nez, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002, p. 177.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429217&pid=S0071-1675201000010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>82</sup> Otras dos versiones del mismo mito se&ntilde;alan que Chantico o Cuax&oacute;lotl fue el primero que ofreci&oacute; sacrificios despu&eacute;s de comer un pescado asado; y debido al humo que subi&oacute; al cielo, que fue ofrecido a Tonacatecuhtli, &eacute;l se enoj&oacute; y le mand&oacute; una maldici&oacute;n: que se volviese perro <i>(C&oacute;dice Telleriano&#45;Remensis, op. cit.,</i> l&aacute;m. XI, 17, 6, p. 172; <i>C&oacute;dice Vaticano Latino 3738, op. cit.,</i> l&aacute;m. XLIX, p. 114).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>83</sup> Michel Graulich, "Myths of Paradise Lost in Pre&#45;Hispanic Central Mexico", <i>Current Anthropology,</i> Chicago, The University of Chicago Press, 1983, v. 24, n. 5, p. 580 y 581.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429220&pid=S0071-1675201000010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>84</sup> En su estudio sobre los mitos del para&iacute;so perdido &#151;en el cual est&aacute; incluido el de Tata y Nene&#151;, Michel Graulich <i>(ibidem,</i> p. 581.) observa que todos ellos "hablan de una falta original que causa un divorcio entre los creadores y las creaturas, entre el cielo, donde los creadores habitan, y la tierra. Esta falta toma varias formas: el desgarramiento&#45;violaci&oacute;n del monstruo ct&oacute;nico, el deseo de procrear sin autorizaci&oacute;n, el arrancamiento de una flor o un fruto de un &aacute;rbol prohibido &#151;una met&aacute;fora de la primera relaci&oacute;n sexual&#151;, el "matrimonio" de los palos de fuego, y, finalmente, la expulsi&oacute;n de un pedernal del cielo. Cualquiera que sea su forma, esta falta es el resultado de un acto de creaci&oacute;n o, para ser m&aacute;s preciso, de procreaci&oacute;n il&iacute;cita".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>85</sup> Sahag&uacute;n, <i>op. cit.,</i> t. II, lib. VI, cap. XXI, p. 574.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>86</sup> Schultze Jena, 1946, en Olivier, 2004, p. 208, nota 74.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>87</sup> Jacques Galinier, <i>La mitad del mundo. Cuerpo y cosmos en los rituales otom&iacute;es,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas/Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos/Instituto Nacional Indigenista, 1990, p. 229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429225&pid=S0071-1675201000010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>88</sup> Aunque en los primeros dos mitos tambi&eacute;n se decapita al personaje femenino que incurre en la falta junto con su compa&ntilde;ero, la pena m&aacute;s bien est&aacute; dirigida hacia el ser masculino, y se prolonga al ser femenino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>89</sup> Sahag&uacute;n, <i>op. cit.,</i> t. I, lib. III, cap. I, p. 300.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>90</sup> <i>Ibidem,</i> p. 301&#45;302.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>91</sup> Hernando Alvarado Tezoz&oacute;moc, <i>Cr&oacute;nica mexic&aacute;yotl,</i> traducci&oacute;n directa del n&aacute;huatl por Adri&aacute;n Le&oacute;n, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1998, p. 33&#45;35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429230&pid=S0071-1675201000010000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>92</sup> Eduardo Matos Moctezuma, <i>The Great Temple of the Aztecs. Treasures of Tenochtitlan,</i> German Democratic Republic, Thames and Hudson, 1988, p. 135.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429232&pid=S0071-1675201000010000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>93</sup> <i>Ibidem,</i> p. 136.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>94</sup> <i>Idem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>95</sup> V&eacute;ase Balutet, en prensa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>96</sup> "No se puede cercenar el pene sin, al mismo tiempo, crear la feminidad, puesto que la feminidad no ser&iacute;a otra cosa que el cercenamiento del falo" (Laplanche, <i>op. cit.,</i> p. 203).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>97</sup> H&eacute;l&egrave;ne Cixous, "Castration or Decapitation?", <i>Signs: Journal of Women in Culture and Society,</i> Chicago, The University of Chicago, 1981, v. 7, n. 1, p. 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429238&pid=S0071-1675201000010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>98</sup> Mar&iacute;a Teresa Mu&ntilde;oz Espinosa, "El culto al dios Murci&eacute;lago en Mesoam&eacute;rica", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Editorial Ra&iacute;ces/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2006, v. XIV, n. 80, julio&#45;agosto, p. 19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429240&pid=S0071-1675201000010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>99</sup> <i>Tonal&aacute;matl de los pochtecas (C&oacute;dice Fej&eacute;rv&aacute;ry&#45;Mayer),</i> facs&iacute;mil con estudio de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> M&eacute;xico, Editorial Ra&iacute;ces/Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, Edici&oacute;n especial C&oacute;dices, 18, 2005, p. 100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429242&pid=S0071-1675201000010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>100</sup> <i>C&oacute;dice Vaticano B 3773, Codex vaticanus b Biblioteca Apostolica Vaticana,</i> Eimleitung summary und resumen Ferdinand Anders, Austria, Akademische Druck, Graz, 1972, l&aacute;m. 24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429244&pid=S0071-1675201000010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>101</sup> <i>Popol Vuh, op. cit.,</i> segunda parte, cap. X, p. 89.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>102</sup> <i>Codex Magliabechiano,</i> CL.XIII.3 (B.R.232), Biblioteca Nazionale Centrale di Firenza Faksimile, Codices Selecti v. XXIII, Austria, Akademische Druck&#45;und, Verlagsanstalt, Graz, 1970, fol. 61v.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429247&pid=S0071-1675201000010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>103</sup> Michel Graulich, <i>Mitos y rituales del M&eacute;xico antiguo,</i> Espa&ntilde;a, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, 1990, p. 205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429249&pid=S0071-1675201000010000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>104</sup> Baquedano y Graulich, <i>op. cit.,</i> p. 169&#45;170.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>105</sup> En un mito de la tribu adnjamatana, en Australia del Sur, se describe al originador de la circuncisi&oacute;n como un p&aacute;jaro semihumano, Jurijurilja, uno de los antepasados tot&eacute;micos. Este p&aacute;jaro arroj&oacute; una vez un bumerang, el cual, al regresar, circuncid&oacute; al p&aacute;jaro y penetr&oacute; en las vulvas de sus esposas, cort&aacute;ndolas internamente y haciendo que sangraran. Esto caus&oacute; sus periodos menstruales (Ashley&#45;Montagu, en Bruno Bettelheim, <i>Heridas simb&oacute;licas. Los ritos de la pubertad y el macho envidioso,</i> Barcelona, Barral editores, 1974, p. 124). Este p&aacute;jaro semihumano se asemeja en su rol al murci&eacute;lago del <i>Telleriano.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>106</sup> Claude L&eacute;vi&#45;Strauss, <i>Mitol&oacute;gicas II. De la miel a las cenizas,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005, p. 318.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429253&pid=S0071-1675201000010000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>107</sup> Barthel, <i>op. cit.,</i> p. 84, nota 15.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>108</sup> <i>C&oacute;dice Magliabechiano, op. cit.,</i> fol. 61v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>109</sup> <i>C&oacute;dice Telleriano&#45;Remensis, op. cit.,</i> l&aacute;m. XI, 17, 6, p. 172.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>110</sup> Sigmund Freud, "El tab&uacute; de la virginidad (contribuciones a la psicolog&iacute;a del amor, III) (1918 &#91;1917&#93;)", <i>Obras completas. Volumen</i> <i>XI,</i> ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboraci&oacute;n de Anna Freud, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2003a, p. 196.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429258&pid=S0071-1675201000010000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>111</sup> Seg&uacute;n Freud <i>(ibidem,</i> p. 199.), un sustituto del padre es la persona ideal para efectuar el rompimiento del himen, pues &eacute;l es el que posee a primer t&iacute;tulo el amor de la esposa, siendo el marido a lo sumo el segundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>112</sup> V&eacute;anse los ejemplos citados por Freud (2003a) en su texto "El tab&uacute; de la virginidad".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>113</sup> Fray Ger&oacute;nimo de Mendieta, <i>Historia eclesi&aacute;stica indiana,</i> noticias del autor y de la obra por Joaqu&iacute;n Garc&iacute;a Icazbalceta, estudio preliminar de Antonio Rubial Garc&iacute;a, M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Cien de M&eacute;xico, 2002, t. I, libro segundo, cap. XIX, p. 223&#45;224.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429262&pid=S0071-1675201000010000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>114</sup> Los yopis tambi&eacute;n practicaban la circuncisi&oacute;n <i>(Costumbres, fiestas, enterramientos..., op. cit.,</i> p. 60.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>115</sup> Freud, 2003a, p. 194.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>116</sup> Balutet, en prensa.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>117</sup> L&oacute;pez de G&oacute;mara, <i>Historia general de las indias,</i> Madrid, Calpe, 1992, t. I, cap. LXXIX, p. 189&#45;90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429267&pid=S0071-1675201000010000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>118</sup> <i>Ibidem,</i> t. II, cap. CCV, p. 217.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>119</sup> Carla M. Rita, "Concepci&oacute;n y nacimiento", Italo Signorini, <i>Los huaves de San Mateo del Mar, Oax.,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional Indigenista, 1979, p. 265&#45;266.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429270&pid=S0071-1675201000010000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>120</sup> <i>Ibidem,</i> p. 266.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>121</sup> V&eacute;ase Jaime Echeverr&iacute;a Garc&iacute;a, "Representaci&oacute;n y miedo al otro entre los antiguos nahuas", tesis de maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Posgrado en Antropolog&iacute;a, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, 2009,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429273&pid=S0071-1675201000010000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> espec&iacute;ficamente el cap&iacute;tulo 3.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>122</sup> Galinier, 1984.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>123</sup> V&eacute;ase Rosemary A. Joyce, "A Precolumbian Gaze: Male Sexuality among the Ancient Maya", Archaeologies of Sexuality, Robert A. Schmidt y Barbara L. Voss (eds.), USA, Routledge, 2000, p. 274.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429276&pid=S0071-1675201000010000600071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Guilhem Olivier, "Homosexualidad y prostituci&oacute;n entre los nahuas y otros pueblos del Poscl&aacute;sico", Historia de la vida cotidiana en M&eacute;xico, dirigida por Pilar Gonzalbo Aizpuru, tomo I Mesoam&eacute;rica y los &aacute;mbitos ind&iacute;genas de la Nueva Espa&ntilde;a, Pablo Escalante Gonzalbo (coord.), M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, Colegio de M&eacute;xico, 2004b, p. 306.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429277&pid=S0071-1675201000010000600072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>124</sup> Johansson, op. cit., p. 59, fig. 2.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>125</sup> Mena, 1926, en Felipe Sol&iacute;s Olgu&iacute;n, "Arte, Estado y sociedad. La escultura antropomorfa de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan", Jes&uacute;s Monjar&aacute;s&#45;Ruiz, Rosa Brambila y Emma P&eacute;rez&#45;Rocha (comp.), Mesoam&eacute;rica y el centro de M&eacute;xico, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1985, p. 426.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3429280&pid=S0071-1675201000010000600073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>126</sup> <i>Idem</i></font>.</p>      ]]></body><back>
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