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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ecología de la anidación de Crocodylus acutus (Reptilia: Crocodylidae) en la desembocadura del río Cuitzmala, Jalisco, México]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The nesting ecology of the American crocodile (Crocodylus acutus) was studied in the region of the Cuitzmala river mouth in Jalisco State, Mexico, from 1990 to 1993. Nesting occurred from mid-April to May, during the annual dry season, coinciding with high daily temperature variations. The initiation of nesting also appeared to be related to the presence of a new moon. Compared to other sites along the Pacific coast of the Americas, C. acutus in Jalisco nests late in the year, and timing of nesting appears to be related to latitude. Populations of C. acutus along the Gulf of Mexico and Caribbean show a similar latitudinal pattern. Females exhibit a tendency to nest fidelity. Total length of the smallest nesting female was estimated to be 225 cm, and largest was 305 cm. Nests were holes excavated in sand, sand-lime, or sand-lime-clay soils and percent of soil moisture ranged from 0.48% to 25.58%, with pH close to neutrality. Nests in sandy soils tended to have lower soil moisture levels and higher temperatures. Most nests faced south, and vegetation cover ranged from 0% to 30%. Clutch size ranged from nine to 54 (mean 27.9 ± 13.2). Overall egg viability was 80.7 ± 21.0%. It was found that larger females tend to have larger and heavier eggs, higher egg viability and natality. Hatching takes place during the annual rainy season.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="Verdana" size="4">Art&iacute;culo</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ecolog&iacute;a de la anidaci&oacute;n de <i>Crocodylus acutus</i> (Reptilia: Crocodylidae) en la desembocadura del r&iacute;o Cuitzmala, Jalisco, M&eacute;xico</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gustavo Casas&#45;Andreu</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Biolog&iacute;a, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico Apartado Postal 70&#45;153, 04510 M&eacute;xico, D.F. M&Eacute;XICO.</i> <a href="mailto:gcasas@servidor.unam.mx">gcasas@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recibido: 8 de noviembre 2001    <br>Aceptado: 21 de noviembre 2002</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se estudi&oacute; la ecolog&iacute;a de la anidaci&oacute;n del Cocodrilo Americano (<i>Crocodylus acutus</i>) en la desembocadura del R&iacute;o Cuitzmala en la costa de Jalisco, M&eacute;xico, en las temporadas de 1990 a 1993. La temporada de anidaci&oacute;n es durante los meses de abril y mayo. Al analizar los datos compilados por otros autores y los de este estudio, se observa una tendencia latitudinal en el inicio de la anidaci&oacute;n, siendo m&aacute;s temprana a bajas latitudes y m&aacute;s tard&iacute;a a altas latitudes. Este mismo patr&oacute;n puede ser aplicado a <i>C. acutus</i> de las vertientes del Golfo de M&eacute;xico y el Caribe. La temporada de anidaci&oacute;n en el &aacute;rea de estudio se presenta durante los meses m&aacute;s secos del a&ntilde;o y es cuando la oscilaci&oacute;n t&eacute;rmica diaria promedio de m&iacute;nimas y m&aacute;ximas var&iacute;a entre 15&deg;C y 38&deg;C en enero y entre 14&deg;C y 35&deg;C previo al inicio de la anidaci&oacute;n en marzo; la fase de luna nueva parece coincidir con la excavaci&oacute;n de los primeros nidos. Aparentemente existe fidelidad de las hembras por el nido. La hembra m&aacute;s peque&ntilde;a midi&oacute; 225 cm de longitud total, mientras que las m&aacute;s grandes midieron 305 cm. Los nidos fueron hoyos excavados en el substrato, orientados en su mayor&iacute;a al sur, con suelos de pH cercanos a la neutralidad y con textura arenosa, areno&#45;limosos y areno&#45;limo&#45;arcillosos y con una humedad entre 0.48 y 25.58%. Existe menor porcentaje de humedad y temperaturas m&aacute;s bajas en los nidos arenosos que en los nidos con un porcentaje mayor de limos y arcillas, que son significativamente m&aacute;s h&uacute;medos y con temperaturas mayores. La cobertura de la vegetaci&oacute;n sobre los nidos estaba entre cero y 30%. El n&uacute;mero de huevos por nido fluctu&oacute; entre nueve y 54 (promedio 27.9 &plusmn; 13.2). La viabilidad de los huevos promedi&oacute; 80.7 &plusmn; 21.0. Existe una tendencia a que las hembras m&aacute;s grandes presenten huevos con mayor longitud y peso, con alta natalidad y viabilidad. El promedio de d&iacute;as de incubaci&oacute;n fue de 83. Hay una tendencia a que los huevos con mayor longitud y peso, muestren una alta natalidad y viabilidad en las hembras m&aacute;s grandes, as&iacute; como que los nacimientos ocurran a principios o durante la temporada de lluvias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave</b><i><b>:</b> Crocodylus acutus</i>, ecolog&iacute;a reproductora, ecolog&iacute;a de la anidaci&oacute;n, Jalisco, M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The nesting ecology of the American crocodile (<i>Crocodylus acutus</i>) was studied in the region of the Cuitzmala river mouth in Jalisco State, Mexico, from 1990 to 1993. Nesting occurred from mid&#45;April to May, during the annual dry season, coinciding with high daily temperature variations. The initiation of nesting also appeared to be related to the presence of a new moon. Compared to other sites along the Pacific coast of the Americas, <i>C. acutus</i> in Jalisco nests late in the year, and timing of nesting appears to be related to latitude. Populations of <i>C. acutus</i> along the Gulf of Mexico and Caribbean show a similar latitudinal pattern. Females exhibit a tendency to nest fidelity. Total length of the smallest nesting female was estimated to be 225 cm, and largest was 305 cm. Nests were holes excavated in sand, sand&#45;lime, or sand&#45;lime&#45;clay soils and percent of soil moisture ranged from 0.48% to 25.58%, with pH close to neutrality. Nests in sandy soils tended to have lower soil moisture levels and higher temperatures. Most nests faced south, and vegetation cover ranged from 0% to 30%. Clutch size ranged from nine to 54 (mean 27.9 &plusmn; 13.2). Overall egg viability was 80.7 &plusmn; 21.0%. It was found that larger females tend to have larger and heavier eggs, higher egg viability and natality. Hatching takes place during the annual rainy season.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Key Words</b>: <i>Crocodylus acutus</i>, reproductive ecology, nesting ecology, Jalisco, Mexico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento de los diferentes aspectos de la biolog&iacute;a de una especie es fundamental para el entendimiento de su posici&oacute;n en el ambiente, sus relaciones intra e interespec&iacute;ficas, as&iacute; como su adecuado manejo y en su caso aprovechamiento. Los cocodrilos forman parte de esta intrincada mara&ntilde;a, ocupando los lugares m&aacute;s altos en la cadena de alimentaci&oacute;n; no obstante, su conocimiento se ha incrementado apenas en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los nuevos aportes a la ecolog&iacute;a reproductora de estos animales, tambi&eacute;n han seguido esta misma secuencia, sin embargo, y como bien lo se&ntilde;alan Thorbjarnarson y Hern&aacute;ndez (1993), la mayor&iacute;a de los estudios se han realizado solamente en algunas especies, sobre todo en <i>Alligator mississippiensis</i> (Joanen 1969, Lance 1989, Vliet 1989), <i>Crocodylus niloticus</i> (Cott 1961, Hutton 1984, Kofron 1989, 1990) y <i>Crocodylus porosus</i> (Webb <i>et al.</i> 1977, 1983, Messel &amp; Vorlicek 1989) y se han producido s&iacute;ntesis interesantes para el grupo (Ferguson 1985), por mencionar algunos. Existen otras especies en las que se ha producido cierta informaci&oacute;n sobre la reproducci&oacute;n, no obstante, la necesidad de una mayor cantidad de estudios es de importancia vital, para la implantaci&oacute;n de programas m&aacute;s efectivos en su conservaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando existe informaci&oacute;n sobre la reproducci&oacute;n de <i>Crocodylus acutus</i> (Ogden, 1978, Alvarez del Toro 1974, Medem 1981, 1983, Kushlan &amp; Mazzotti 1989, Thorbjarnarson 1988, 1989, Casas &amp; M&eacute;ndez 1992), una especie considerada como vulnerable por la Uni&oacute;n Mundial para la Conservaci&oacute;n, son pocos los estudios que se han abocado al estudio sistem&aacute;tico de su reproducci&oacute;n en la vertiente del Pac&iacute;fico de Am&eacute;rica y en particular de M&eacute;xico. En relaci&oacute;n con lo anterior, Mazzotti (1989), dice que para asegurar la sobrevivencia de una especie en peligro de extinci&oacute;n, es importante tener un conocimiento s&oacute;lido de los factores que afectan el &eacute;xito reproductivo de la poblaci&oacute;n (que se define como el reclutamiento a la poblaci&oacute;n reproductora), por lo que entre otros factores, estudi&oacute; aquellos que afectan el &eacute;xito en anidaci&oacute;n de <i>C. acutus</i> en Florida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el a&ntilde;o de 1988 se iniciaron los estudios de una poblaci&oacute;n de <i>C. acutus</i> de la desembocadura del R&iacute;o Cuitzmala en la Costa de Jalisco, M&eacute;xico, encontr&aacute;ndose que su poblaci&oacute;n es significativa para una &aacute;rea relativamente peque&ntilde;a (1000 ha) (Casas &amp; M&eacute;ndez 1992). De Luna (1996) determin&oacute; para esta &aacute;rea, entre 1992 y 1993, una poblaci&oacute;n de al menos 356 individuos, &oacute; 26.2 cocodrilos por kil&oacute;metro; finalmente, Thorbjarnarson (1999) se&ntilde;ala que la poblaci&oacute;n total estimada en fechas recientes para esta regi&oacute;n, puede variar entre 500 y 600 individuos y que el n&uacute;mero de nidos conocido se ha incrementado desde diez a fines de la d&eacute;cada de los ochenta, hasta 30 en 1998, aun cuando no se presentan evidencias sobre esto &uacute;ltimo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, se propuso la realizaci&oacute;n de este estudio, considerando que si la poblaci&oacute;n muestra un tama&ntilde;o adecuado, los par&aacute;metros de anidaci&oacute;n permitir&aacute;n determinar que la misma se est&aacute; reproduciendo en forma exitosa</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los objetivos fueron describir la anidaci&oacute;n, correlacionarla con algunos factores del ambiente y buscar similitudes o diferencias con los patrones descritos para <i>C. acutus</i> en &aacute;reas previamente estudiadas, dado que la costa de Jalisco, M&eacute;xico, se encuentra alejada de las mismas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Materiales y m&eacute;todos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el a&ntilde;o de 1989 se realizaron prospecciones en la zona de estudio, buscando identificar &aacute;reas de anidaci&oacute;n conocidas por los habitantes de la localidad y determinar algunas caracter&iacute;sticas de las mismas. En 1990 se inici&oacute; el estudio sistem&aacute;tico de los lugares de anidaci&oacute;n, prolong&aacute;ndose hasta 1993. A principios del mes de abril de cada a&ntilde;o, se iniciaron recorridos por toda la zona, detectando la actividad preliminar que desarrollan las primeras hembras y que denotan el inicio de la anidaci&oacute;n, por las huellas dejadas por ellas (rastros del cuerpo) durante noches sucesivas entre la orilla del agua y el sitio de anidaci&oacute;n, pudi&eacute;ndose observar excavaciones en diferentes lugares, pero sin oviposici&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las temperaturas m&aacute;ximas y m&iacute;nimas del ambiente y datos clim&aacute;ticos (<a href="#f1">Fig. 1</a>) fueron obtenidas por cortes&iacute;a de la Estaci&oacute;n Meteorol&oacute;gica de la Fundaci&oacute;n Ecol&oacute;gica de Cuixmala que se encuentra dentro del &aacute;rea de estudio. Las fases lunares se obtuvieron de los Calendarios Gr&aacute;ficos de Mareas (An&oacute;nimo, 1990&#45;1993).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se encontr&oacute; el nido, se midi&oacute; la distancia en metros, desde el mismo al &aacute;rbol y al arbusto m&aacute;s cercano y se calcul&oacute; la altura de la vegetaci&oacute;n por el m&eacute;todo de triangulaci&oacute;n con un tr&aacute;nsito de bolsillo (Pocket &amp; Esser Company). Posteriormente la distancia, en metros a la orilla del espejo del agua y tambi&eacute;n por triangulaci&oacute;n la altitud del mismo. Los nidos se excavaron con cuidado para determinar el tama&ntilde;o de la nidada (n&uacute;mero de huevos), el di&aacute;metro mayor y menor de cada huevo, ambos con un vernier (0.1 mm de precisi&oacute;n) y se pesaron con una balanza Ohaus de triple barra (0.1 g de precisi&oacute;n). La viabilidad (fertilidad) de los huevos se determin&oacute; por la presencia de la banda opaca en los mismos (Ferguson 1985).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A catorce nidos a lo largo del &aacute;rea de anidaci&oacute;n se les tom&oacute; una muestra de suelo para analizar su porcentaje de arena, limo, arcilla (Bouyoucos 1936), pH y humedad relativa; la cobertura (sombra proyectada por la vegetaci&oacute;n alrededor de las 12 horas del d&iacute;a) se midi&oacute; en un di&aacute;metro de dos metros de circunferencia a partir del centro del nido. Para determinar la humedad de los nidos se tomaron muestras de suelo del mismo, se colocaron en bolsas de pl&aacute;stico y el mismo d&iacute;a se llevaron al laboratorio; se sometieron a desecaci&oacute;n muestras de 10 g cada una en un horno a 105&deg; C, hasta que el peso fue constante. El contenido de humedad (PH) se determin&oacute; mediante la f&oacute;rmula: Peso Fresco &#45; Peso Seco en horno (PS)= Contenido de Humedad (CH), y el porcentaje de humedad (PH) mediante la f&oacute;rmula: PH= CH x 100/PS.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con una br&uacute;jula se determin&oacute; la orientaci&oacute;n&#45;exposici&oacute;n de 22 nidos; finalmente se registr&oacute; la profundidad del nido al huevo m&aacute;s cercano a la superficie del suelo, la profundidad total y la anchura del mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante 10 d&iacute;as del mes de mayo de 1992 y 1993, se seleccionaron tres nidos para el registro de temperatura (<a href="#f2">Fig. 2</a>), uno con suelo arenoso (nido no. 1), otro medianamente arenoso (nido no. 3) y finalmente uno poco arenoso (nido no. 9). En esos nidos se registr&oacute;, con un term&oacute;metro de m&aacute;xima y m&iacute;nima, columna de mercurio, marca Taylor (precisi&oacute;n de 0.5&deg;C) la temperatura m&aacute;xima y m&iacute;nima de la c&aacute;mara de incubaci&oacute;n, mediante un tubo de PVC, en que el term&oacute;metro tocaba los huevos del centro de la misma y con un tap&oacute;n de l&aacute;tex en el extremo superficial, por el que se extra&iacute;a el term&oacute;metro. La temperatura m&aacute;xima y m&iacute;nima se registr&oacute; diariamente a las 7:00 a.m.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9f2.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando exist&iacute;a, se tom&oacute; longitud de la huella de la pata trasera dejada por la hembra en el nido. Debido a la timidez de los cocodrilos en la zona y de las dificultades para su captura, fue necesario estimar el tama&ntilde;o de las hembras. Para ello, se tomaron los datos de longitud total y longitud de la pata posterior en 30 <i>C. acutus</i>, mantenidos en cautiverio en la Escuela Tecnol&oacute;gica en la Ciudad de Cihuatl&aacute;n, Jalisco, 40 km al sureste de la localidad de trabajo, desde cr&iacute;as reci&eacute;n nacidas, hasta individuos de cuatro metros de longitud total, con los que se calcul&oacute; el coeficiente de correlaci&oacute;n y se obtuvo la ecuaci&oacute;n de la recta. El primero fue altamente significativo (r<sup>2</sup>= 0.93, p&lt; 0.01, N= 30) y la ecuaci&oacute;n de la recta se determin&oacute; como Y=&#45;0.4078+13.2929(X). Los resultados se presentan como promedio &plusmn; desviaci&oacute;n est&aacute;ndar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Descripci&oacute;n del &Aacute;rea de estudio</b>. La regi&oacute;n del estudio se encuentra en la costa del Estado de Jalisco, M&eacute;xico, sobre la vertiente del Pac&iacute;fico, situada aproximadamente a los 19&deg; 23' N y 105&deg; 00' W. Es una llanura de inundaci&oacute;n con una superficie aproximada de 1000 hect&aacute;reas (<a href="#f2">Fig. 2</a>), en la que se encuentran seis peque&ntilde;as lagunas, tres de ellas artificiales y una serie de canales que se forman a partir de la desembocadura del R&iacute;o Cuitzmala y que son una serie de ramales a lo largo de seis km y que var&iacute;an en anchura entre 3 y 6 m y profundidades desde 2.8 m en la boca del r&iacute;o, hasta 60 cm en las partes m&aacute;s bajas, los que permanecen con agua durante todo el a&ntilde;o. En algunas porciones el terreno es ondulado y con pendientes algunas veces de poco m&aacute;s de 45&deg;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La zona tiene una temperatura media anual de 25&deg;C (<a href="#f1">Fig. 1</a>), con una m&iacute;nima media aproximada de 21.6&deg;C en los meses de febrero y marzo y una m&aacute;xima media entre 27 y 28&deg;C, en los meses de julio a septiembre, con una precipitaci&oacute;n media anual de 795 mm, concentrada principalmente en el verano (Garc&iacute;a 1988).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vegetaci&oacute;n circundante a estos cuerpos la constituyen, principalmente, los carrizos (<i>Phragmites australis</i>) y en las zonas con variaciones en la salinidad del agua se encuentra el mangle rojo (<i>Rhizophora mangle</i>). La vegetaci&oacute;n del canal principal, que se origina directamente del R&iacute;o Cuitzmala, est&aacute; formada por el bamb&uacute; (<i>Bambusa vulgaris</i>), vegetaci&oacute;n que fue introducida en esta &aacute;rea, hace varios a&ntilde;os. En algunos sitios se puede observar tambi&eacute;n mangle blanco (<i>Laguncularia racemosa</i>), en terrenos inundables se puede encontrar la manzanilla (<i>Hippomane mancinella</i>) y entre los &aacute;rboles m&aacute;s altos, aunque escasos, se encuentra la higuera (<i>Ficus goldmanii</i>). En ciertas &aacute;reas es abundante el tule (<i>Typha latifolia</i>). Finalmente, la vegetaci&oacute;n acu&aacute;tica m&aacute;s sobresaliente est&aacute; integrada por el pato (<i>Pistia stratiotes</i>), la hoja de sol <i>(Nymphaea ampla</i>) y el lirio acu&aacute;tico (<i>Eichhornia crassipes</i>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos cuerpos de agua tienen influencia marina y la salinidad var&iacute;a entre cero y 28 partes por mil, aunque la mayor parte del a&ntilde;o se conserva casi dulce.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resultados</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Temporada de anidaci&oacute;n</b>. En la costa de Jalisco, considerando desde la puesta de los huevos hasta el nacimiento de los cocodrilos, es durante los meses de abril y mayo para la oviposici&oacute;n y de junio a agosto para los nacimientos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <a href="#c1">Cuadro 1</a> se presentan los per&iacute;odos de oviposici&oacute;n y nacimientos dentro de la temporada de anidaci&oacute;n, en donde se pueden observar las diferentes fechas para la costa de Jalisco y otras localidades de M&eacute;xico, Centro y Sudam&eacute;rica.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicio de la temporada de anidaci&oacute;n y factores ambientales. Las hembras inician las visitas a las zonas de anidaci&oacute;n potencial aproximadamente cuatro semanas antes de que se depositen los huevos, lo cual ocurre en la regi&oacute;n a mediados del mes de marzo. Durante estas visitas, la hembra sale con frecuencia y remueve el suelo, haciendo varias excavaciones en el lugar, hasta que en un momento dado pone los huevos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La temporada de anidaci&oacute;n en el &aacute;rea de estudio se presenta durante los meses m&aacute;s secos del a&ntilde;o (<a href="#f1">Fig. 1</a>), en los que ocasionalmente puede haber escasa precipitaci&oacute;n.</font> <font face="verdana" size="2">Estos meses corresponden a la primavera en el hemisferio norte y es cuando la oscilaci&oacute;n t&eacute;rmica diaria promedio de m&iacute;nimas y m&aacute;ximas var&iacute;a entre 15&deg;C y 38&deg;C (oscilaci&oacute;n de 23&deg;C) en enero y entre 14&deg;C y 35&deg;C (oscilaci&oacute;n de 21&deg;C) previo al inicio de la anidaci&oacute;n en marzo (<a href="#c2">Cuadro 2</a>).</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c2"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c2.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro factor que parece mostrar cierta relaci&oacute;n con el per&iacute;odo de anidaci&oacute;n es el de las fases lunares, y particularmente la fase de luna nueva parece coincidir con la excavaci&oacute;n de los primeros nidos en el mes de abril, dato que coincidi&oacute; durante las cuatro temporadas estudiadas (<a href="#c2">Cuadro 2</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sitios de anidaci&oacute;n en la zona y fidelidad por el sitio. Los sitios de anidaci&oacute;n se encontraron dispersos a lo largo de toda la zona de estudio, en la que se localizaron un total de 28 nidos (<a href="#f2">Fig. 2</a>), 26 en el &aacute;rea de trabajo y dos (nidos 27 y 28) adyacentes a la misma. Se observ&oacute; una mayor concentraci&oacute;n hacia el centro del &aacute;rea, alrededor del nido 11, posiblemente por que es una &aacute;rea m&aacute;s aislada y protegida, con menor accesibilidad para el hombre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se registr&oacute; la actividad en los nidos entre los a&ntilde;os de 1989 y 1993 (<a href="#c3">Cuadro 3</a>); de 28 nidos se encontr&oacute; que en siete la anidaci&oacute;n fue continua en cada una de las cinco temporadas; tres nidos fueron abandonados despu&eacute;s de una temporada de registro, debido a que hubo disturbio humano en la vegetaci&oacute;n y el suelo del lugar y no se utilizaron posteriormente; ocho nidos presentaron anidaci&oacute;n en una sola temporada y no fueron utilizados posteriormente por las hembras. En el a&ntilde;o de 1993, se descubrieron diez nidos que no se hab&iacute;an observado anteriormente y fueron determinados como de actividad incierta en temporadas anteriores (<a href="#c3">Cuadro 3</a>).</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c3"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c3.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tama&ntilde;o de las hembras anidadoras y tama&ntilde;o a la madurez sexual. El tama&ntilde;o de las hembras anidadoras se estim&oacute; a partir de la longitud de las huellas de la pata posterior, dejadas por las hembras en el sitio de anidaci&oacute;n (ver materiales y m&eacute;todos). La hembra m&aacute;s peque&ntilde;a midi&oacute; 225 cm de longitud total, mientras que las m&aacute;s grandes midieron 305 cm, con una media de 290 &plusmn; 24 cm (N = 9). La mayor&iacute;a de las hembras anidadoras (89%) midieron entre 292 y 305 cm de longitud total.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caracter&iacute;sticas de los sitios de anidaci&oacute;n</b>. Los nidos se encuentran entre la vegetaci&oacute;n de la orilla en lugares abiertos por la misma hembra, y consisten en hoyos excavados al ras del suelo, sin ning&uacute;n indicio de mont&iacute;culo o acumulaci&oacute;n de material vegetal sobre el mismo. Encontrar los nidos de esta especie presenta ciertas dificultades, por lo que se hizo necesario caracterizarlos, para lo cual se analizaron nueve variables f&iacute;sicas y de la vegetaci&oacute;n en un m&iacute;nimo de diez y un m&aacute;ximo de 28 nidos, dependiendo de la variable, las que se describen a continuaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas</b>. Se determin&oacute; que en la orientaci&oacute;n&#45;exposici&oacute;n de los nidos, el 54.5% estaban expuestos hacia el sur (<a href="#c4">Cuadro 4</a>), aunque tambi&eacute;n hubo otras exposiciones, excepto hacia el oeste, probablemente por que esta orientaci&oacute;n hace frente a los huracanes que se presentan en el &aacute;rea.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c4"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c4.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distancia de los nidos a la orilla del agua fue muy variable (<a href="#c5">Cuadro 5</a>), entre 1.5 y 49.5 m, con una media de 9.2 m. De 27 nidos, la mayor&iacute;a (78%) se encontraron a distancias entre 1.5 y 9.0 m. En relaci&oacute;n con la altura desde el nivel del agua, los nidos estuvieron entre 0.20 y 4.0 m, con una media de 2.1 m.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c5"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c5.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pH del suelo de la mayor&iacute;a de los nidos (11), vari&oacute; de neutro a ligeramente b&aacute;sico (<a href="#c5">Cuadro 5</a>), con una media de 7.9 y un intervalo entre 6.5 y 8.8.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la textura del suelo, los 14 nidos analizados conten&iacute;an diferentes porcentajes de arena, limo y arcilla, por lo que se pudieron determinar tres tipos de nidos: arenosos (80&#45;100% arena, N=7), areno&#45;limosos (60&#45;79.9% arena, 40&#45;20.1% limo, N=5) y areno&#45;limo&#45;arcillosos (con cualquier combinaci&oacute;n de arena y limo, pero con un m&iacute;nimo de 20 a 30% de arcilla, N=4). Los nidos arenosos (con mas del 30% de arena, fueron los que menor porcentaje de humedad conten&iacute;an (media 7.3%, m&iacute;nimo de 4.38 y m&aacute;ximo de 10. 92%), mientras que los que conten&iacute;an mayor cantidad de limo y arcilla (<a href="#c6">Cuadro 6</a>), tendieron a mantener un pH neutro o ligeramente &aacute;cido (7.1&#45;6.5) y un porcentaje de humedad mayor (media 18.8%, m&iacute;nimo de 15.45 y m&aacute;ximo de 25.6%). Los porcentajes de humedad entre estos dos tipos de nidos fueron significativamente diferentes (t= 7.1, g.l. 12, p&lt; 0.001).</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c6"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c6.jpg"></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La humedad del suelo de los 14 nidos estudiados, en mayo que es el mes m&aacute;s seco, oscil&oacute; entre 0.48 y 11.6%, mientras que en julio, un mes h&uacute;medo en que nacen muchos cocodrilos, vari&oacute; entre 2.34 y 25.6%.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caracter&iacute;sticas de la vegetaci&oacute;n</b>. En el <a href="#c5">Cuadro 5</a> se presentan resultados sobre las caracter&iacute;sticas de la vegetaci&oacute;n en los alrededores de los nidos. La mayor&iacute;a de los nidos se observaron cercanos a un &aacute;rbol. De 25 nidos, 22 (88%), se situaban entre uno y seis m del &aacute;rbol m&aacute;s cercano; 21 (84%) estaban entre uno y tres m del arbusto m&aacute;s cercano. La altura de la vegetaci&oacute;n alrededor de la mayor&iacute;a de los nidos (76%) ten&iacute;a entre cinco y 12 m de altura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El porcentaje de cobertura de la vegetaci&oacute;n sobre los nidos (<a href="#c5">Cuadro 5</a>) vari&oacute; entre cero y 50%, aunque sobre la mayor&iacute;a (20 de 25) se encontraba entre cero y 30%.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caracter&iacute;sticas de los nidos y huevos</b>. Entre los a&ntilde;os de 1989 y 1993 se muestrearon 26 nidos en total, aunque en algunos nidos no se registraron todos lo datos presentados. Los nidos presentaron una depresi&oacute;n ligera en la superficie que se denomin&oacute; cama, variando en di&aacute;metro entre 0.89 y 2.00 m. La profundidad de la c&aacute;mara de huevos y del nido en s&iacute;, fue una excavaci&oacute;n diagonal hacia atr&aacute;s (con respecto al cuerpo de la hembra), con una profundidad total entre 17 y 68 cm (promedio 39.7 &plusmn; 14). La profundidad a la primera capa de huevos tuvo a un intervalo entre 12 y 38 cm (promedio 22.2 &plusmn; 7.4). El di&aacute;metro del nido var&iacute;o entre 25 y 76 cm (promedio 39 &plusmn; 14.2).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero de huevos por nido fluctu&oacute; entre nueve y 54 (promedio 27.9 &plusmn; 13.2); en 14 nidos (434 huevos), el largo de los huevos o di&aacute;metro mayor tuvo un promedio de 74.6 &plusmn; 4.2 mm, aunque variando ampliamente entre 61.8 y 73.1 mm; el ancho o di&aacute;metro menor promedi&oacute; 45.5 &plusmn; 2.0 mm, con un intervalo entre 36.9 y 49.8 mm; el promedio del peso de los huevos fue de 93.1&plusmn;10.0 g, aunque con gran variaci&oacute;n, entre 63 y 139.5 g. Un solo huevo excepcionalmente grande y que ten&iacute;a dos yemas, midi&oacute; 117.8 de largo por 92.7 mm de ancho y pes&oacute; 139.5 g.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Relaciones entre los nidos y algunas variables ecol&oacute;gicas</b>. Del estudio de diferentes variables en los nidos <i>de C. acutus</i> (<a href="#c6">Cuadro 6</a>) en la costa de Jalisco, encontramos lo siguiente: al relacionar la textura del substrato, el pH, la humedad, las temperaturas y la cobertura vegetal en siete nidos, se observa que existe menor porcentaje de humedad y temperaturas m&aacute;s bajas en los nidos arenosos que en los nidos con un porcentaje mayor de limos y arcillas, que son significativamente m&aacute;s h&uacute;medos y con temperaturas mayores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Viabilidad</b>. Se determin&oacute; la viabilidad de los huevos en 16 nidos por observaci&oacute;n de la banda opaca, como se ha realizado en otras especies de reptiles. La viabilidad vari&oacute; entre el 36 y el 100%, con un promedio de 81 &plusmn; 21%; aunque en 14 nidos (87.5%) fue siempre mayor al 82%.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La viabilidad m&aacute;s alta (90&#45;100%) se present&oacute; en los nidos con mayor proporci&oacute;n de arena, es decir los m&aacute;s cercanos a la playa. No obstante lo anterior, en esta regi&oacute;n las hembras tienen acceso a sitios de anidaci&oacute;n altos y bien drenados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Viabilidad de los huevos, incubaci&oacute;n y natalidad</b>. La natalidad observada en ocho nidos, vari&oacute; entre cero y 100%, aunque en cinco nidos (63%) estuvo por arriba del 82%.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para determinar el per&iacute;odo de incubaci&oacute;n y el periodo de nacimiento, en el a&ntilde;o de 1990 se revisaron seis nidos; el periodo de incubaci&oacute;n vari&oacute; entre 80 y 90 d&iacute;as, con un promedio de 83. Los nacimientos se presentan en el per&iacute;odo lluvioso del a&ntilde;o, entre fines de junio y mediados de agosto (<a href="#f1">Fig. 1</a>) y la hora de los nacimientos, registrada en tres nidos, fue entre las ocho y las 12 de la ma&ntilde;ana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos nidos fue posible obtener relaciones entre la viabilidad, natalidad, tama&ntilde;o y peso de los huevos y longitud total de las hembras, aunque no en todos los casos se tienen los datos completos (<a href="#c7">Cuadro 7</a>). Se puede observar una tendencia a que las hembras m&aacute;s grandes depositen huevos de mayor longitud y peso, y a presentar alta natalidad y viabilidad, excepto por una hembra que oviposit&oacute; solamente diez huevos. Una hembra peque&ntilde;a puso s&oacute;lo 14 huevos y mostr&oacute; baja viabilidad, as&iacute; como bajas dimensiones y pesos de los huevos.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c7"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/azm/n89/a9c7.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cuidado materno</b>. En la regi&oacute;n del R&iacute;o Cuitzmala se observ&oacute; que las hembras de <i>C. acutus</i>, permanecen en los alrededores del nido durante la incubaci&oacute;n de los huevos, sin embargo, no se detect&oacute; la protecci&oacute;n del nido, ni el cuidado de las cr&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento, por lo menos no en forma activa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Depredaci&oacute;n</b>. Durante este trabajo no se registr&oacute; la depredaci&oacute;n en ninguno de los nidos estudiados, aunque es posible que exista.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Discusi&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La temporada de anidaci&oacute;n en la desembocadura del R&iacute;o Cuitzmala, se inicia posteriormente en comparaci&oacute;n con otras regiones de la costa del Pacifico de Am&eacute;rica. Thorbjarnarson (1989), mostr&oacute; que la temporada de reproducci&oacute;n se iniciaba en diferentes fechas dependiendo de la localidad. Al retomar los datos del autor anterior y los de este estudio (<a href="#c1">Cuadro 1</a>), el inicio de la temporada de anidaci&oacute;n tiende a ser latitudinal, m&aacute;s tempranamente en bajas latitudes y m&aacute;s tard&iacute;a en altas latitudes. De acuerdo con la informaci&oacute;n antes se&ntilde;alada, se puede establecer que los nacimientos pueden ocurrir a principios o durante la temporada de lluvias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thorbjarnarson (1989) indica que en <i>C. acutus</i> existe variaci&oacute;n importante entre el tiempo de la puesta de huevos y el patr&oacute;n de precipitaci&oacute;n. Cott (1961), propone para <i>Crocodylus niloticus</i> que la oviposici&oacute;n en la &eacute;poca seca del a&ntilde;o reduce la probabilidad de la inundaci&oacute;n de nidos, permitiendo la emergencia de los reci&eacute;n nacidos en la &eacute;poca lluviosa, con incrementos en la superficie del h&aacute;bitat y disponibilidad de alimento; en el caso de <i>C. acutus</i> de la vertiente del Pac&iacute;fico, parece haber coincidencia con la propuesta mencionada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al analizar la informaci&oacute;n existente, se puede observar que tambi&eacute;n hacia la regi&oacute;n del Golfo de M&eacute;xico y el Caribe, el patr&oacute;n reproductor de <i>C. acutus</i>, parece mostrar esta tendencia latitudinal. Thorbjarnarson (1989), se&ntilde;ala que en Hait&iacute; (18&deg;&#45;20&deg; N) la oviposici&oacute;n es en enero y febrero con los nacimientos en abril y mayo; Alonso &amp; Rodr&iacute;guez (1998) mencionan que esta especie oviposita de fines de febrero a fines de marzo en Cuba, con los nacimientos en mayo o junio; en Florida (24&deg;&#45; 26&deg; N) la oviposici&oacute;n es en abril y mayo, con los nacimientos en julio y agosto (Kushlan 1988), mostrando por lo tanto, la tendencia latitudinal antes se&ntilde;alada. Inclusive, Thorbjarnarson (1989) observa que en el sur de Florida, existe un patr&oacute;n de precipitaci&oacute;n similar al del Caribe, pero que la temporada de oviposici&oacute;n de <i>C. acutus</i> en esta regi&oacute;n se puede retrasar por las bajas temperaturas del invierno y la primavera. Adicionalmente, Alonso &amp; Rodr&iacute;guez (1998), observan que la temporada de oviposici&oacute;n en Cuba se puede retrasar hasta 15 d&iacute;as si previamente existen frentes fr&iacute;os.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posiblemente esta tendencia latitudinal indique que la temporada de reproducci&oacute;n y en particular la de anidaci&oacute;n estar&iacute;a gobernada mas bien por la temperatura que por las lluvias. De hecho, en Jalisco la oscilaci&oacute;n t&eacute;rmica m&aacute;s grande se presenta en febrero y marzo (<a href="#c2">Cuadro 2</a>), los meses mas fr&iacute;os del a&ntilde;o (<a href="#f1">Fig. 1</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thorbjarnarson &amp; Hern&aacute;ndez (1993) determinaron que en <i>Crocodylus intermedius</i> existe fidelidad de las hembras por su sitio de anidaci&oacute;n y Graham <i>et al.</i> (1976) la citan para <i>C. niloticus</i>, Alvarez del Toro (1974) y Ogden (1978) lo especulan para <i>C. acutus</i>, no obstante, Kushlan &amp; Mazzotti (1989) la demuestran para esta especie en Florida, utilizando datos de telemetr&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a la timidez de <i>C. acutus</i> en Cuitzmala, las hembras s&oacute;lo fueron avistadas desde lejos, por lo que el registro de huellas del mismo tama&ntilde;o en algunos de los nidos de actividad continua, permite suponer que una misma hembra acudi&oacute; al mismo nido cada a&ntilde;o, lo que parece confirmar, una vez m&aacute;s, las observaciones de autores anteriores sobre la fidelidad por el sitio de anidaci&oacute;n en esta especie.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con los resultados obtenidos en este estudio en relaci&oacute;n con la fidelidad por el sitio de anidaci&oacute;n, parece ser que una parte de la poblaci&oacute;n de hembras regresa a los mismos sitios de anidaci&oacute;n en a&ntilde;os subsecuentes y otras hembras parecen tener plasticidad para cambiar a otros lugares, lo cual podr&iacute;a representar una posibilidad m&aacute;s en la adaptaci&oacute;n de las hembras para anidar, y tener tanto la posibilidad de buscar lugares de anidaci&oacute;n con alta probabilidad de nacimiento como la de explorar nuevas &aacute;reas que tambi&eacute;n favorezcan la natalidad, teniendo as&iacute; un patr&oacute;n conservador y un patr&oacute;n oportunista para la anidaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco se ha mencionado sobre el disturbio en las &aacute;reas de anidaci&oacute;n en cocodrilos, no obstante, Kushlan (1988), al igual que lo observado en este trabajo (<a href="#c3">Cuadro 3</a>), se&ntilde;ala que el disturbio humano puede afectar los lugares de anidaci&oacute;n de <i>C. acutus</i>, y de hecho, se&ntilde;ala que en Florida el &aacute;rea geogr&aacute;fica de anidaci&oacute;n se ha reducido debido a los desarrollos humanos, misma que los cocodrilos han compensado con la anidaci&oacute;n en &aacute;reas artificiales en otros lugares. Posiblemente en la costa de Jalisco se est&aacute;n dando condiciones similares, debido al disturbio asociado con el desarrollo de &aacute;reas tur&iacute;sticas en la regi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de este estudio muestran un patr&oacute;n de anidaci&oacute;n en el periodo m&aacute;s seco del a&ntilde;o (abril&#45;mayo), aparentemente estimulado por las grandes oscilaciones diarias de temperatura (21 a 23&deg;C) en los meses previos, similar al patr&oacute;n encontrado por Kofron (1990) para <i>C. niloticus</i> de Zimbabwe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe informaci&oacute;n previa sobre el efecto de las fases lunares en el per&iacute;odo de anidaci&oacute;n de cocodrilos, aunque parece haber correlaci&oacute;n entre la fase de luna nueva y las salidas de las hembras a anidar y una explicaci&oacute;n preliminar ser&iacute;a que esta estrategia, dada la obscuridad de esos d&iacute;as, les permite evitar que sean observadas por depredadores potenciales de nidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alvarez del Toro (1974) indica no haber observado hembras anidadoras menores a 280 cm; Ogden (1978) encontr&oacute; como tama&ntilde;o m&iacute;nimo para las hembras reproductoras los 225 cm; en Florida, Mazzotti (1983) tambi&eacute;n encuentra que el tama&ntilde;o m&iacute;nimo de anidaci&oacute;n es de 225 cm; Varona (en Thorbjarnarson, 1989) registra que en Cuba los tama&ntilde;os m&iacute;nimos a la reproducci&oacute;n var&iacute;an entre 270 y 300 cm; Thorbjarnarson (1989), se&ntilde;ala que las hembras de esta especie inician la anidaci&oacute;n a tama&ntilde;os entre 220 y 230 cm. El tama&ntilde;o m&iacute;nimo de anidaci&oacute;n encontrado para Jalisco, como lo registran otros autores citados, es de 225 cm de longitud total. Por los registros en poblaciones de otras localidades, parece ser que la edad m&iacute;nima para la reproducci&oacute;n a estos tama&ntilde;os corresponde a los diez a&ntilde;os (Thorbjarnarson 1989).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe informaci&oacute;n sobre la orientaci&oacute;n&#45;exposici&oacute;n de los nidos en cocodrilos, pero una explicaci&oacute;n posible, de acuerdo con los resultados, es que si m&aacute;s del 50% est&aacute;n expuestos hacia el sur y ninguno hacia el oeste, esa orientaci&oacute;n podr&iacute;a conferirles cierta protecci&oacute;n contra huracanes generados en el Pac&iacute;fico y que pudiesen entrar en el &aacute;rea durante la temporada de incubaci&oacute;n, afectando negativamente el &eacute;xito en el desarrollo y la viabilidad de los huevos en el nido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En comparaci&oacute;n con los nidos registrados por Thorbjarnarson (1988), los de Jalisco estaban m&aacute;s cerca del agua, en t&eacute;rminos generales. La altura desde el nivel del agua (entre 0.2 y 4.0 m) con una media de 2.1 m, difiere de los datos de Hait&iacute; (Thorbjarnarson 1988), los cuales muestran una media menor (1.2 m). La discrepancia, posiblemente se debe a que el tipo de terreno es diferente, ya que en Jalisco el terreno es ondulado y con pendientes importantes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pH del suelo en la gran mayor&iacute;a de los nidos de la localidad estudiada, vari&oacute; de neutro a ligeramente b&aacute;sico, difiriendo con los valores registrados por el autor antes mencionado para Hait&iacute; (media 6.2, intervalo 5.2&#45;7.1) posiblemente debido al origen del suelo, por lo que las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y biol&oacute;gicas de los mismos pueden variar dependiendo de la localidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En forma similar a lo encontrado por Kofron (1989) en <i>Crocodylus niloticus</i> de Zimbabwe, la textura del suelo en los nidos de Jalisco fue de tres tipos: arenosos, areno&#45;limosos y areno&#45;limo&#45;arcillosos. Lutz &amp; Dunbar&#45;Cooper (1984) definen, por su textura, solamente dos tipos de nidos en Florida; en esta localidad los nidos arenosos fueron los que conten&iacute;an menor humedad, mientras que los de mayor contenido de limo y arcilla tendieron a mantener un pH neutro o ligeramente &aacute;cido, en forma similar a lo encontrado en este estudio. La humedad del suelo fue menor en mayo que es el mes m&aacute;s seco, y mayor en julio que es un mes h&uacute;medo en el que nacen muchos cocodrilos, y los valores m&aacute;ximos obtenidos se ubican muy por arriba de los citados por Thorbjarnarson (1988), aunque dentro de los mencionados por Lutz &amp; Dunbar&#45;Cooper (1984).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los nidos de <i>C. acutus</i> son dif&iacute;ciles de encontrar debido, en parte, a que est&aacute;n ampliamente rodeados por vegetaci&oacute;n. Kofron (1989), registr&oacute; la mayor&iacute;a de los nidos de <i>C. niloticus</i> en &aacute;reas expuestas a la luz solar, pero a no m&aacute;s de uno o dos metros de la vegetaci&oacute;n. En forma similar, en Cuitzmala la mayor&iacute;a de los nidos se observaron cercanos a &aacute;rboles y arbustos. La altura de la vegetaci&oacute;n se observa hasta cerca de 12 m alrededor de la mayor&iacute;a de los nidos, lo que parece mantenerlos aislados, aunque la cobertura de la vegetaci&oacute;n sobre los mismos fue menor al 30%. Es posible que los nidos est&eacute;n protegidos por la vegetaci&oacute;n circundante, aunque sobre ellos exista poca cobertura vegetal, permiti&eacute;ndoles una adecuada insolaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cuanto a las caracter&iacute;sticas de los nidos estudiados, as&iacute; como las dimensiones y pesos de los huevos, &eacute;stos se encontraron dentro de los valores mencionados por otros autores para la especie y solamente es destacable que siempre se observaron hoyos excavados en el suelo y sin ning&uacute;n indicio de mont&iacute;culo o acumulaci&oacute;n de material vegetal</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cerca del 50% de los nidos estudiados se encontraron por debajo del promedio en cuanto al n&uacute;mero de huevos por nido registrado por Kushlan &amp; Mazzotti (1989) en Florida, aunque fue superior al citado por Thorbjarnarson (1988) en Hait&iacute;. Los huevos fueron muy variables en dimensiones pero se muestran entre los intervalos mencionados para esta especie por Thorbjarnarson (1989). Es factible que esta variaci&oacute;n en el n&uacute;mero de huevos, dependa de las condiciones de las hembras en cada poblaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque solamente se pudo relacionar el tama&ntilde;o de la hembra con el n&uacute;mero de huevos en siete hembras con sus nidos, la tendencia fue a haber una correlaci&oacute;n significativa (r<sup>2</sup>= 0.683, p&lt;0.05), es decir, el n&uacute;mero de huevos es mayor cuando la longitud total de la hembra es mayor, aunque es posible que la correlaci&oacute;n se encuentre afectada por la presencia de un solo nido con una hembra m&aacute;s peque&ntilde;a. Esta correlaci&oacute;n se ajusta con los datos para las diferentes especies de cocodrilos (Thorbjarnarson 1996).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado al relacionar la textura del substrato, el pH, la humedad, las temperaturas y la cobertura vegetal, se observ&oacute; la existencia de menor porcentaje de humedad y temperaturas m&aacute;s bajas en los nidos arenosos que en los nidos con un porcentaje mayor de limos y arcillas, siendo significativamente m&aacute;s h&uacute;medos y con temperaturas mayores, en forma similar a lo registrado por Kushlan (1988) en Florida para esta especie. Lo interesante de las observaciones anteriores se encuentra en que se ha demostrado experimentalmente en <i>C. acutus</i> (Aguilar <i>et al.</i> 1998), como en otras especies, que la temperatura de incubaci&oacute;n determina el sexo, por lo que es importante investigar si &eacute;sta pudiera estar determin&aacute;ndolo en condiciones naturales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Chiapas el periodo de incubaci&oacute;n fluctu&oacute; entre 75 y 80 d&iacute;as (Alvarez del Toro 1974), es decir, ligeramente menor que el encontrado para Cuitzmala (80 a 90 d&iacute;as, con un promedio de 83); en este sentido, se podr&iacute;a suponer que los nidos de Chiapas estuvieron sujetos a una mayor temperatura durante la incubaci&oacute;n. No obstante lo anterior, los resultados se encuentran dentro del intervalo (80&#45;90 d&iacute;as) de otras poblaciones de la especie (Thorbjarnarson 1989).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mortalidad embrionaria en los nidos de cocodrilos, se puede deber a diferentes factores: la viabilidad de los huevos, la inundaci&oacute;n, desecaci&oacute;n y depredaci&oacute;n de nidos (Kushlan 1988, Mazzotti <i>et al.</i> 1988). En la costa de Jalisco la viabilidad en huevos tuvo un promedio de 81% &plusmn; 21, aunque en la mayor&iacute;a de ellos fue siempre mayor al 82%. En t&eacute;rminos generales, se puede considerar, que la viabilidad en los nidos de esta poblaci&oacute;n fue ligeramente baja en funci&oacute;n de lo citado por Kushlan &amp; Mazzotti (1989) y Thorbjarnarson (1988), quienes encuentran viabilidades de alrededor de 90% en esta especie, mismas que se estiman adecuadas para poblaciones saludables; la baja viabilidad en tan s&oacute;lo dos nidos (36 y 41%), posiblemente se debi&oacute; a que en un caso el nido fue puesto muy cerca del nivel del agua y el otro en una &aacute;rea con suelo altamente limo&#45;arcilloso, en los cuales la humedad debe haber sido muy alta, reduciendo la capacidad de difusi&oacute;n del ox&iacute;geno (Lutz &amp; Dunbar&#45;Cooper 1984).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La viabilidad m&aacute;s alta se present&oacute; en los nidos con mayor proporci&oacute;n de arena, es decir, los m&aacute;s cercanos a la playa. No obstante, en esta regi&oacute;n, las hembras tienen acceso a sitios de anidaci&oacute;n altos y bien drenados, por lo cual, de acuerdo con Thorbjarnarson (1989) la probabilidad de mortalidad de huevos por inundaci&oacute;n es muy baja. Por otro lado, las inundaciones en la costa de Jalisco se pueden presentar a partir del mes de agosto que es el periodo de tormentas tropicales y huracanes (<a href="#f1">Fig.1</a>), generalmente cuando ya nacieron los cocodrilos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cuanto a las relaciones entre la viabilidad, natalidad, tama&ntilde;o y peso de los huevos y longitud total de las hembras, se detect&oacute; una tendencia a que los huevos puestos por las hembras m&aacute;s grandes fueran los de mayor longitud y peso y mostraran una alta viabilidad y natalidad (no obstante, en Cuitzmala se encontraron varios nidos con menos de 15 huevos cada uno, de los que no se tuvieron datos sobre las hembras que los ovipositaron). En <i>Alligator mississippiensis</i> se ha documentado la existencia de una relaci&oacute;n entre la edad materna, el tama&ntilde;o de la puesta y la calidad de los huevos, lo que ha llevado a pensar que las hembras de edad media son las reproductoras m&aacute;s exitosas en t&eacute;rminos de cantidad, tama&ntilde;o y calidad de los huevos producidos, mientras que las hembras viejas pueden ser exitosas, aunque el tama&ntilde;o de su puesta es menor y el n&uacute;mero de embriones malformados es mayor; de la misma manera las hembras m&aacute;s j&oacute;venes de esta especie tienen puestas m&aacute;s peque&ntilde;as y cualitativamente inferiores (Ferguson 1985).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en otros estudios (Alvarez del Toro 1974, Ogden 1978, Kushlan &amp; Mazzotti 1989, Thorbjarnarson 1988, 1989), se observ&oacute; que las hembras permanecen en los alrededores del nido, pero sin cuidados maternos activos; no obstante, en esta &aacute;rea, y a diferencia de lo observado por Alvarez del Toro (1974) en Chiapas, las hembras no proporcionan ning&uacute;n tipo de protecci&oacute;n al nido. En adici&oacute;n, conviene se&ntilde;alar que aun cuando la concentraci&oacute;n de reci&eacute;n nacidos en ciertas zonas del &aacute;rea de estudio es muy notoria despu&eacute;s del periodo de nacimientos (De Luna 1996), nunca se observ&oacute; la presencia de hembras ni la protecci&oacute;n a los reci&eacute;n nacidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante que se conocen los depredadores de los nidos de <i>C. acutus</i> (Alvarez del Toro 1974, Kushlan &amp; Mazzotti 1989, Thorbjarnarson 1989) y de la existencia de la mayor&iacute;a de ellos en la zona de trabajo, no se registr&oacute; la depredaci&oacute;n en ninguno de los nidos estudiados, posiblemente por que la poblaci&oacute;n de los depredadores no es muy grande.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Agradecimientos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un trabajo como el que se presenta, requiere de la colaboraci&oacute;n de muchas personas e instituciones; particularmente deseo agradecer a la Estaci&oacute;n Biol&oacute;gica de Chamela del propio Instituto de Biolog&iacute;a, UNAM por las facilidades y apoyo en la log&iacute;stica para el estudio, a la Fundaci&oacute;n Ecol&oacute;gica de Cuixmala y al Hotel Careyes, la primera por haberme proporcionado apoyo log&iacute;stico y a ambas por el acceso al &aacute;rea de trabajo. En los trabajos de campo recib&iacute; la colaboraci&oacute;n decidida de X&oacute;chitl Aguilar Miguel, Fausto R. M&eacute;ndez de la Cruz, Octavio de Luna Cuevas, Gabriel Barrios Quiroz, Horacio Saracho Vensamoye y Andr&eacute;s Garc&iacute;a Aguayo, por lo cual se les agradece cumplidamente. Dos revisores an&oacute;nimos hicieron cr&iacute;ticas y sugerencias que enriquecieron el trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Literatura citada</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Aguilar, M.X.,J. Herrera, H. Merchant L. &amp; G. Casas A</b>. 1998. Efecto de la temperatura de incubaci&oacute;n sobre la actividad esteroidog&eacute;nica en <i>Crocodylus acutus</i> y <i>C. moreletii. Rev. Soc. Mex. Hist. Nat.</i> 48: 95&#45;103.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311180&pid=S0065-1737200300020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Alonso, T.A. &amp; R. Rodriguez S</b>. 1998. Observations on the nesting behavior of <i>Crocodylus acutus. Croc. Spec. Group Newsletter</i> 17 (1): 11&#45;13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311182&pid=S0065-1737200300020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Alvarez del Toro, M</b>. 1974. <i>Los Crocodylia de M&eacute;xico</i>. Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables. M&eacute;xico. 70 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311184&pid=S0065-1737200300020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>An&oacute;nimo</b>. 1990&#45;1993. <i>Calendario gr&aacute;fico de mareas</i>. Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico. Instituto de Geof&iacute;sica. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311186&pid=S0065-1737200300020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bouyoucos, G.J</b>. 1936. Directions for making mechanical analyses of soils. <i>Soil Sci</i>. 32: 225&#45;228.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311188&pid=S0065-1737200300020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Casas, A.G. &amp; F.R. M&eacute;ndez de la Cruz</b>. 1992. Observaciones sobre la ecolog&iacute;a de <i>Crocodylus acutus</i> en el R&iacute;o Cuitzmala, Jalisco, M&eacute;xico. <i>Rev. Soc. Mexicana, Hist. Nat</i>. 43: 71&#45;80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311190&pid=S0065-1737200300020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cott, H.B</b>. 1961. Scientific results of an inquiry into the ecology and economic status of the Nile Crocodile (<i>Crocodylus niloticus</i>) in Uganda and northern Rhodesia. <i>Trans. Zool. Soc. London</i> 29: 211&#45;356.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311192&pid=S0065-1737200300020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De Luna, C. O</b>. 1996. Fluctuaci&oacute;n anual de la densidad de una poblaci&oacute;n de <i>Crocodylus acutus</i> en Cuitzmala, Jalisco, M&eacute;xico. <i>Bol. Soc. Herpetol. Mex.</i> 7 (1): 15&#45;16</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311194&pid=S0065-1737200300020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Ferguson, M.W.J</b>. 1985. Reproductive biology and embryology of the Crocodilians, 329&#45;491 pp. <i>In:</i> C. Gans, F. Billet &amp; P.F.A. Maderson (eds.) <i>Biology of the Reptilia</i>, Vol. 14, Development A. Wiley, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311195&pid=S0065-1737200300020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Garc&iacute;a, E</b>. 1988. <i>Modificaciones al sistema de clasificaci&oacute;n clim&aacute;tica de K&ouml;ppen. Para adaptarlo a las condiciones de la Rep&uacute;blica Mexicana</i>. Offset Larios, S.A. M&eacute;xico. 221 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311197&pid=S0065-1737200300020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Hutton, J. M</b>. 1984<i>. The population ecology of the Nile Crocodile</i>, Crocodylus niloticus <i>Laurenti</i>, <i>1768, at Ngezi, Zimbabwe.</i> Ph. D. dissertation, University of Zimbabwe, Harare. 502 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311199&pid=S0065-1737200300020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Joanen, T</b>. 1969. Nesting ecology of alligators in Louisiana<i>. Proc. Ann Conf. S.E. Assoc. Game Fish Comm.</i> 29: 407&#45;415.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311201&pid=S0065-1737200300020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Kofron, C.P</b>. 1989. Nesting ecology of the Nile Crocodile (<i>Crocodylus niloticus</i>). <i>Afr. J. Ecol.</i> 27:335&#45;341.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311203&pid=S0065-1737200300020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1990. The reproductive cycle of the Nile Crocodile (<i>Crocodylus niloticus). Jour. Zool. 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Population ecology of the American Crocodile. <i>Jour. Herp.</i> 23 (1): 7&#45;21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311209&pid=S0065-1737200300020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Lance, V. A</b>. 1989. Reproductive cycle of the American Alligator. <i>Amer. Zool.</i> 29: 999&#45;1018.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311211&pid=S0065-1737200300020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Lutz, P. L. &amp; A. Dunbar&#45;Cooper</b>. 1984. The nest environmental of the American Crocodile (<i>Crocodylus acutus</i>). <i>Copeia</i> 194(1): 153&#45;161.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311213&pid=S0065-1737200300020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mazzotti, F.J</b>. 1983<i>. The ecology of</i> Crocodylus acutus <i>in Florida</i>. Ph. D. dissertation. Pennsylvania State University. University Park, Pennsylvania. 161 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311215&pid=S0065-1737200300020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1989. Factors affecting the nesting success of the American Crocodile, <i>Crocodylus acutus</i>, in Florida Bay. <i>Bull. Mar. 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Dessication and cryptic nest flooding as probable causes of egg mortality in the American Crocodile, <i>Crocodylus acutus</i>, in Everglades National Park, Florida. <i>Florida Sci</i>. 51 (2): 65&#45;72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311219&pid=S0065-1737200300020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Medem, F</b>. 1981. <i>Los Crocodylia de Sur America</i>. Vol. 1 Los Crocodylia de Colombia. Carrera7a Ltd., Bogot&aacute;, Colombia. 354 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311221&pid=S0065-1737200300020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1983. <i>Los Crocodylia de Sur America</i>. Vol. 2. Carrera7a Ltd., Bogot&aacute;, Colombia</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311223&pid=S0065-1737200300020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Messel, H. &amp; G.C. Vorlicek,</b> 1989. Ecology of <i>Crocodylus porosus</i> in northern Australia.164&#45;183 pp. <i>In: Crocodiles: Their Ecology, Management and Conservation.</i> Special Pub. Croc. Spec. Group. IUCN&#45;The World Conservation Union Publ. N.S., Gland, Suiza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311224&pid=S0065-1737200300020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Ogden, J.C</b>. 1978. Status and nesting biology of the American Crocodile, <i>Crocodylus acutus</i> (Reptilia, Crocodylidae) in Florida. <i>Jour. Herp</i>. 12 (2): 183&#45;196.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311226&pid=S0065-1737200300020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Thorbjarnarson, J</b>. 1988. Status and ecology of the American Crocodile in Haiti. <i>Bull. Florida State Mus</i>. 33 (1): 1&#45;86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311228&pid=S0065-1737200300020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1989. Ecology of the American Crocodile (<i>Crocodylus acutus</i>). 228&#45; 259 pp. <i>In: Crocodiles: their Ecology, Management and Conservation.</i> Special Pub. Croc. Spec. Group. IUCN&#45; The World Conservation Union Publ. N. S., Gland., Switzerland.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311230&pid=S0065-1737200300020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1996. Reproductive characteristics of the order Crocodylia. <i>Herpetologica</i> 52 (1): 8&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311232&pid=S0065-1737200300020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</b>. 1999. Cocodrilos en la Reserva de la Biosfera de Chamela&#45;Cuixmala, Jalisco. <i>Bol. Inf., Soc. Est. Cons. Cocodrilos M&eacute;xico, A.C.</i> 2 (enero&#45;abril) 1999: 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311234&pid=S0065-1737200300020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Thorbjarnarson, J. &amp; G. Hern&aacute;ndez</b>. 1993. Reproductive ecology of the Orinoco Crocodile (<i>Crocodylus intermedius</i>) in Venezuela. I. Nesting ecology and egg and clutch relationship. <i>Jour. Herp.</i> 27 (4): 363&#45;370.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311236&pid=S0065-1737200300020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Vliet, K</b>. 1989. Social displays of the American Alligator (<i>Alligator mississippiensis</i>). <i>Amer. Zool.</i> 29: 1019&#45;1031.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311238&pid=S0065-1737200300020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Webb, G.J.W., H. Messel &amp; W. Magnusson</b>. 1977. The nesting of <i>Crocodylus porosus</i> in Arnhem Land, Northern Australia. <i>Copeia</i> 1977: 238&#45;249.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311240&pid=S0065-1737200300020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Webb, G.J.W., G.C. Sack, R. Buckworth, &amp; C. Manolis</b>. 1983. An examination of <i>Crocodylus porosus</i> nests in two Northern Australia freshwater swamps, with an analisis of embryo mortality. <i>Aust. Wildl. Res.</i> 10: 571&#45;605.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=311242&pid=S0065-1737200300020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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