<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0041-8633</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Boletín mexicano de derecho comparado]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Bol. Mex. Der. Comp.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0041-8633</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0041-86332015000300017</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los reformadores: Beccaria, Howard y el derecho penal ilustrado]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Speckman Guerra]]></surname>
<given-names><![CDATA[Elisa]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Históricas ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<volume>48</volume>
<numero>144</numero>
<fpage>1307</fpage>
<lpage>1315</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0041-86332015000300017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0041-86332015000300017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0041-86332015000300017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, Sergio, <i>Los reformadores. Beccaria, Howard y el derecho penal ilustrado</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elisa Speckman Guerra<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Ciencias Penales&#45;Tirant lo Blanch&#45;UNAM, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, 2014, 336 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la UNAM.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#8220;La reforma se halla en el umbral de la Revoluci&oacute;n&#8221;, afirma Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez en una de las primeras p&aacute;ginas del libro. No la equipara con cambios legislativos o con relecturas de la doctrina; en su opini&oacute;n, la reforma conlleva transformaciones decisivas en ideas o en instituciones. Los reformadores son hombres que impulsaron estos virajes y a dos de ellos, Beccaria y Howard, dedica este libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Los reformadores</i>, Garc&iacute;a Ram&iacute;rez re&uacute;ne amplios estudios que escribi&oacute; para introducir las obras de Cesare Bonesana marqu&eacute;s de Beccaria (<i>De los delitos y de las penas</i>, publicado en 1764) y de John Howard (<i>El estado de las prisiones en Inglaterra y Gales</i>, que por primera vez sali&oacute; a la luz en 1777).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ambos vivieron en la Europa de la segunda mitad del siglo XVIII y recogieron ideas y expectativas de la &eacute;poca, las difundieron, las defendieron y las hicieron valer, logrando cambios importantes en el derecho penal, el sistema de justicia y las instituciones de castigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la inmejorable gu&iacute;a y pluma del doctor en derecho, el lector puede familiarizarse con estos reformadores y su trabajo. Siguiendo el camino trazado por Ortega y Gasset, el autor presenta a los libros y a sus circunstancias. Primero reconstruye el entorno pol&iacute;tico, social, econ&oacute;mico y cultural, despu&eacute;s examina hechos de la vida de cada reformador. Se propone dibujar cuatro &#8220;c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos&#8221;, y los traza con gran nitidez:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. El m&aacute;s amplio lo dedica a la pol&iacute;tica y la sociedad. Beccaria y Howard vivieron en una &eacute;poca ajena a principios como la divisi&oacute;n de poderes, la existencia de Constituciones escritas y rectoras de la vida social, o los derechos individuales. Una etapa previa, pero cercana, al triunfo de los movimientos que adoptar&iacute;an esas premisas y, en general, el modelo pol&iacute;tico liberal: la independencia de Estados Unidos, la Revoluci&oacute;n francesa, las independencias americanas o las revoluciones liberales europeas. Adem&aacute;s, formaron parte de una sociedad corporativa, concebida como una suma de cuerpos con diferente lugar y misi&oacute;n dentro de un orden de origen divino.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. En el segundo c&iacute;rculo presenta los anhelos que llevar&iacute;an a las revoluciones y las nuevas ideas (liberalismo, contractualismo, iusnaturalismo). Los simpatizantes de estas corrientes &#151;entre ellos Beccaria&#151; consideraron que los hombres acordaron crear instituciones pol&iacute;ticas y sociales con el fin de ver sus derechos garantizados. Supusieron que dichos asociados expresan su voluntad por medio de la legislaci&oacute;n, que debe ser observada por gobernantes y gobernados. Asimismo, los concibieron como iguales e iguales en derechos, viendo a la sociedad en tanto conjunto de individuos (ya no de cuerpos).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. En el tercer nivel ubica Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez &#8220;sucesos precipitantes, notorios, insoportables&#8221;, o hechos concretos que generaron inquietud y crearon conciencia en los reformadores. Entre ellos, errores y horrores de la justicia, como los procesos y ejecuciones de Robert Francois Damiens o de Jean Calas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Las circunstancias y experiencias individuales conforman el &uacute;ltimo c&iacute;rculo. En el caso de Beccaria el autor considera importante su pertenencia a un grupo intelectual, la Accademia dei Pugni; en el de Howard su contacto con prisiones y otros espacios de encierro.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de presentar a los personajes y a su entorno, Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez ofrece una inteligente y clara exposici&oacute;n de las propuestas de Beccaria y Howard.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero incidi&oacute; en la reforma del derecho y la justicia penal y, por ende, en la sustituci&oacute;n de un orden jur&iacute;dico tradicional o propio del Antiguo R&eacute;gimen, por uno moderno o liberal. Le toc&oacute; vivir una &eacute;poca de pluralismo jur&iacute;dico, que puede definirse como la coexistencia de diversos conjuntos normativos, con diferente contenido y sustento, en un mismo espacio social. Los jueces contaban con un amplio arbitrio y pod&iacute;an elegir, en diferentes derechos escritos y no escritos, la norma que m&aacute;s se ajustaba al caso juzgado. Esta situaci&oacute;n, propia de una sociedad corporativa y de un Estado jurisdiccional, chocaba a quienes &#151;como Beccaria&#151; consideraban que los individuos deb&iacute;an poseer los mismos derechos y ser iguales ante un &uacute;nico derecho: la ley. Sostuvo que el legislador representa a toda la sociedad, unida por el contrato social. Por ello pugn&oacute; por que la legislaci&oacute;n se convirtiera en el &uacute;nico derecho vigente y rigiera a todos los actores sociales. Pens&oacute; que los problemas de la justicia se solucionar&iacute;an si se contaba con buenas leyes, que fueran puntualmente aplicadas por los jueces. Pens&oacute; que al legislador le corresponde determinar los actos que pueden ser considerados delitos y contemplar las penas correspondientes. As&iacute;, en aras de la igualdad ante la justicia y la certeza jur&iacute;dica, consider&oacute; necesario reducir al m&iacute;nimo el arbitrio judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, clam&oacute; por dejar atr&aacute;s el modelo inquisitivo y adoptar el sistema acusatorio. En t&eacute;rminos m&aacute;s amplios &#151;y retomo las caracterizaciones ofrecidas por el doctor Garc&iacute;a Ram&iacute;rez&#151; pugn&oacute; por dejar atr&aacute;s un sistema definido por la reuni&oacute;n de las tareas de juzgar y acusar, el secreto procesal y la utilizaci&oacute;n del tormento para obtener la confesi&oacute;n (considerada la reina de las pruebas), y sustituirlo por un modelo de tipo acusatorio, con divisi&oacute;n de funciones, equilibrio entre las partes, publicidad y garant&iacute;as procesales.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Por &uacute;ltimo, defendi&oacute; al juicio por jurado y lo present&oacute; como garante de derechos, escuela de la democracia y expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a o de la participaci&oacute;n directa de la ciudadan&iacute;a en los asuntos p&uacute;blicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estas expectativas, Beccaria juzg&oacute; a la justicia del pasado y exigi&oacute; cambios a la del futuro, pugnando por el tr&aacute;nsito del pluralismo normativo al monismo legal, de la pluralidad en los sujetos de derecho a la igualdad jur&iacute;dica, y del amplio arbitrio judicial al apego de los jueces a la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se preocup&oacute; por el castigo, preocupaci&oacute;n que comparti&oacute; con Howard. En ese momento no se conceb&iacute;a un castigo sin suplicio. Tampoco se conceb&iacute;a un castigo privado, pues sanci&oacute;n y ejemplo tambi&eacute;n estaban estrechamente vinculados. La pena de muerte era aplicada con mayor publicidad y atrocidad cuando se trataba de delitos de lesa majestad. Los lectores de Foucault seguramente recuerdan la descripci&oacute;n de una de ellas, que abre la obra <i>Vigilar y castigar</i>. En 1757, Robert Francois Damiens fue condenado por el intento de asesinato de Luis XV. Tras retractarse en la puerta principal de la iglesia de Par&iacute;s, el regicida fue conducido en carreta hasta la plaza en que se encontraba el cadalso. El suplicio dur&oacute; horas: la mano con que port&oacute; el cuchillo le fue quemada con azufre, su cuerpo fue atenaceado y en las heridas se le verti&oacute; aceite hirviendo y plomo derretido, fue desmembrado por cuatro caballos.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como explica Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, Beccaria no s&oacute;lo sostuvo que la pena de muerte era ileg&iacute;tima, tambi&eacute;n la consider&oacute; innecesaria e in&uacute;til (no la consider&oacute; capaz de persuadir, crey&oacute; que incluso pod&iacute;a resultar contraproducente, pues las ejecuciones llegaron a despertar simpat&iacute;a hacia el condenado y odio hacia las autoridades). Considera el autor de <i>Los reformadores</i> que una de las notas dominantes del italiano es, precisamente, su reflexi&oacute;n sobre la utilidad del castigo. Pugn&oacute; por la adopci&oacute;n de penas ben&eacute;volas y proporcionales, pero siempre aplicadas poco despu&eacute;s de la comisi&oacute;n del delito. Deseaba abolir la pena capital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n Howard estaba convencido de la necesidad de sustituir la pena de muerte por la prisi&oacute;n reformada. Recorri&oacute; c&aacute;rceles de varias naciones europeas y denunci&oacute; los problemas que las aquejaban: falta de separaci&oacute;n entre los reos (conviv&iacute;an procesados con sentenciados, hombres con mujeres, adultos con ni&ntilde;os, condenados con sus familiares), hacinamiento, deficiencias de higiene y proliferaci&oacute;n de enfermedades, venta de alcohol, exigencia de cuotas y violencia (era com&uacute;n utilizar cadenas para asegurar a los reos, propinarles azotes o confinarlos en celdas de castigo). Recomend&oacute; la supervisi&oacute;n de las prisiones y una mejor selecci&oacute;n del personal carcelario, la exhibici&oacute;n de las reglas que deb&iacute;an regir la vida carcelaria, la separaci&oacute;n de los reos, instrucci&oacute;n religiosa y educaci&oacute;n, y edificios que contaran con espacios adecuados y talleres de trabajo. Por ende, demand&oacute; un cambio en la concepci&oacute;n y las experiencias del castigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de una impecable presentaci&oacute;n de <i>De los delitos y de las penas</i> y de <i>El estado de las prisiones en Inglaterra y Gales</i>, Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez ofrece al lector otros elementos de an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n. Su amplio conocimiento del tema y su experiencia dentro del &aacute;mbito judicial y penitenciario le permitieron establecer dos di&aacute;logos. En la obra dialoga con los reformadores y expone sus puntos de vista, y pone a los reformadores a dialogar con el momento actual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general simpatiza con los puntos de partida de Beccaria y Howard. Comulga con un derecho y una justicia penales que, propios de un sistema democr&aacute;tico, presenten cuatro &#8220;datos esenciales: legalidad, m&iacute;nima intervenci&oacute;n, racionalidad y humanidad.<sup><a href="#notas">4</a></sup> En los reformadores encuentra los or&iacute;genes de estas demandas. Por ejemplo, en Beccaria localiza afirmaciones que &#8220;en nuestro tiempo se concentrar&iacute;an en el principio de intervenci&oacute;n m&iacute;nima del Estado, la regla de oro de la justicia penal democr&aacute;tica&#8221;.<sup><a href="#notas">5</a></sup> En diferentes textos y foros ha sostenido que la hipertrofia del derecho penal constituye un rasgo del Estado totalitario, mientras que en un Estado democr&aacute;tico el derecho penal debe ser el &uacute;ltimo recurso. En relaci&oacute;n con lo anterior, al igual que el italiano otorga mucha importancia a la prevenci&oacute;n, afirma &#8220;primero justicia social, despu&eacute;s justicia penal&#8221;.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Un &uacute;ltimo ejemplo: tambi&eacute;n coincide con los reformadores en la urgencia de abolir la pena de muerte pues, citando a Antonio Berist&aacute;in, considera que quien admite esta sanci&oacute;n &#8220;introduce una gota de veneno en el vaso que contiene las normas de la convivencia&#8221;, una gota que &#8220;inficiona todo el l&iacute;quido&#8221;.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el doctor Garc&iacute;a Ram&iacute;rez expone sus puntos de vista sobre las ideas de los reformadores. Tambi&eacute;n dialoga con el presente. Lo hace de dos formas. En primer lugar, examina la suerte de las propuestas de Beccaria y Howard, valorando logros, avances y retos. Como bien lo muestra, mucho lograron los reformadores, pero no todo, entre otras cosas:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay pena de muerte. Subsiste la tortura. La pena dista de ser, en todos los casos, inmediata, m&iacute;nima, proporcionada y legal. Se castiga la intenci&oacute;n. Existe desigualdad ante la justicia. Hay capturas sin raz&oacute;n. Los juicios son lentos e inciertos. Abundan leyes oscuras. Se acepta la delaci&oacute;n. Se negocia la pena entre el Estado y el infractor. El da&ntilde;o social no es siempre la medida del delito. La impunidad campea. Hay demagogia y tiran&iacute;a. La prevenci&oacute;n se encomienda m&aacute;s a la justicia penal que a la social. Se ignora que la mejor prevenci&oacute;n reside en la vigencia puntual de los derechos humanos.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay mejor ejemplo de la persistencia de los males denunciados por los autores del siglo XVIII que la situaci&oacute;n de las prisiones. Afirma Garc&iacute;a Ram&iacute;rez: &#8220;el diagn&oacute;stico reciente de las c&aacute;rceles no resulta menos pesimista &#151;aunque se tengan a cuenta otras razones&#151; que el que dos siglos atr&aacute;s hiciera Howard&#8221;.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Ni menos pesimista ni muy diferente. Resulta sorprendente observar, en los trabajos hist&oacute;ricos sobre las c&aacute;rceles mexicanas en los siglos XIX y XX, que las instituciones presentan m&aacute;s continuidades que cambios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habl&eacute; de dos formas de dialogar con el presente. Adem&aacute;s de valorar el destino de las propuestas de los reformadores, Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez reflexiona sobre su actualidad o vigencia. Algunos asuntos que se demandaban no tienen el mismo alcance o significado en las condiciones actuales. Tambi&eacute;n, a m&aacute;s de dos siglos de distancia y considerando las experiencias vividas, algunas demandas han perdido su raz&oacute;n de ser o han cedido paso a nuevas expectativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ejemplo de lo primero, la exigencia de publicidad. Como se&ntilde;ala Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, a finales del siglo XVIII publicidad implicaba permitir el acceso de la ciudadan&iacute;a al juicio como miembros del jurado o como asistentes. Se buscaba terminar con el secreto procesal e impedir posibles abusos por parte de los jueces. Con el tiempo la publicidad logr&oacute; mayores alcances e involucr&oacute; otros aspectos. En este proceso existen varias fases. Tan s&oacute;lo en una de ellas, la etapa en que en M&eacute;xico funcion&oacute; el juicio por jurado, podemos marcar diferentes momentos: en las primeras d&eacute;cadas &uacute;nicamente los asistentes que alcanzaban sitio en la sala pod&iacute;an seguir el desarrollo de la audiencia; a finales del siglo XIX, el n&uacute;mero de espectadores se ampli&oacute;, pues la prensa se hab&iacute;a modernizado, daba amplia cabida al reportaje y a la nota roja, y en los casos c&eacute;lebres difund&iacute;a los pormenores de las audiencias; pero nada de eso se compara con la publicidad que alcanzar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s el juicio de Mar&iacute;a Teresa Landa, que se transmiti&oacute; por radio y que pod&iacute;a ser escuchado en bocinas instaladas en la ciudad. En otra fase nos encontramos actualmente debido al desarrollo de la prensa, la radio y, sobre todo, la televisi&oacute;n. El p&uacute;blico potencial se multiplic&oacute; y, en palabras del autor, &#8220;ingresa a la audiencia en torrente virtual por millones&#8221;. Con este alcance, advierte, &#8220;los medios de comunicaci&oacute;n, enfilados por sus conductores, pueden ejercer sobre el juez una tiran&iacute;a que &eacute;ste trasladar&aacute; al inculpado. No es correcto que el tribunal sea el amanuense del rey; tampoco del humor popular, que ni siquiera surge del pueblo&#8221;.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, exigencias que respondieron a las condiciones de la &eacute;poca actualmente resultan cuestionables o deben matizarse. Beccaria conoci&oacute; una etapa en que los jueces contaban con un amplio arbitrio y reaccion&oacute; a esta situaci&oacute;n. &#191;C&oacute;mo ce&ntilde;ir una magistratura acostumbrada al exceso?, pregunta Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, para contestar: prohibiendo a los jueces la interpretaci&oacute;n (se consider&oacute; que nada m&aacute;s los propios legisladores pod&iacute;an desentra&ntilde;ar la ley) y exigiendo que la sentencia se formulara a manera de silogismo (premisa mayor la ley, al medio la acci&oacute;n y como consecuencia la pena o libertad). No obstante, considera que dichas soluciones, entonces indispensables, a 250 a&ntilde;os de distancia se presentan como &#8220;imposibles, irreales e impracticables&#8221;.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Ahora se admite que &#8220;la operaci&oacute;n del juzgador es infinitamente m&aacute;s compleja&#8221;.<sup><a href="#notas">12</a></sup> En su opini&oacute;n, &#8220;la justicia se halla gobernada por la letra de la ley; pero la individualizaci&oacute;n, que exige un espacio para el arbitrio &#151;no hablo por supuesto de arbitrariedad&#151; devuelve poderes al juzgador, que sale de la sospecha y la tiniebla&#8221;.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Para concluir: &#8220;Ni Beccaria ni nadie en su tiempo imaginar&iacute;an que el signo caracter&iacute;stico del sistema penal del futuro ser&iacute;a la individualizaci&oacute;n en un sentido creador, aunque no de tipos ni de penas, claro est&aacute;&#8221;.<sup><a href="#notas">14</a></sup> No s&oacute;lo se ha relajado la obsesi&oacute;n decimon&oacute;nica por reducir el margen de discrecionalidad de los jueces, a este relajamiento se pueden sumar otros, como la mitigaci&oacute;n de la pretensi&oacute;n de una igualdad a raja tabla, que en el siglo XIX mexicano se tradujo en la lucha contra la autonom&iacute;a de los pueblos, la propiedad comunal e incluso la diversidad cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez muestra c&oacute;mo expectativas del momento han perdido actualidad. Por ejemplo sobre la prisi&oacute;n, a sus posibles mejoras; pero tambi&eacute;n a la posibilidad de sustituir la pena de privaci&oacute;n de libertad por otras sanciones. El autor dedica originales y valiosas p&aacute;ginas. Enfatiza:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se volver&iacute;a la hoja del siglo XX sin que cundiera una noticia: la prisi&oacute;n fracas&oacute;. No ha sido ni ha producido lo que se esperaba. No mejora a los prisioneros: los excluye, los oprime, los aniquila, y a la postre pagan el precio tanto aqu&eacute;llos como la sociedad, cuya moral no se halla satisfecha y cuya protecci&oacute;n no se encuentra asegurada.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para despu&eacute;s aventurar: &#8220;La prisi&oacute;n imper&oacute; en el siglo XIX, comenz&oacute; a declinar en el XX y no hay nada que pueda protegerla del descr&eacute;dito y la completa eliminaci&oacute;n en el XXI&#8221;.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir, voy a retomar o referirme a la importancia de la obra, mencionando algunos de sus m&uacute;ltiples m&eacute;ritos y aportaciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector interesado en conocer las ideas de Beccaria y de Howard y, en general, del derecho penal ilustrado, no puede encontrar una mejor gu&iacute;a. Y acercarse a estos reformadores resulta importante por varias cuestiones. Conocer la cultura jur&iacute;dica del pasado, sin duda. Pero hay otras. El autor habla de la vigencia de las obras y la utilidad que su lectura puede brindar a la comprensi&oacute;n y transformaci&oacute;n del presente. Habr&iacute;a que agregar la importancia de reflexionar sobre el &aacute;mbito penal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empiezo por la actualidad de los libros y de las ideas de sus autores. &#8220;Se trata de cl&aacute;sicos que por momentos parecen contempor&aacute;neos&#8221;, escribe Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez refiri&eacute;ndose a Beccaria, la afirmaci&oacute;n tambi&eacute;n resulta v&aacute;lida para Howard.<sup><a href="#notas">17</a></sup> No se trata de &#8220;remotos testimonios sobre sucesos muy distantes y distintos de los nuestros, de los que s&oacute;lo existe huella en la historia y en el recuerdo&#8221;, advierte.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Y escribe:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha caminado hacia adelante en muchas de las propuestas que formularon el italiano y el ingl&eacute;s, ciudadanos universales. Y todas conservan vigencia, en la ra&iacute;z de la que proceden y en el fin al que se dirigen. De ah&iacute; la pertinencia de volver de nuevo sobre los pasos de ambos y explorar; con mirada contempor&aacute;nea, los anhelos que ellos suscribieron hace un par de siglos. De esta relectura, con ojos de hoy, provendr&aacute;n sugerencias y nuevos progresos para los derechos humanos.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relectura de los autores, sostiene Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, puede sugerir nuevas rutas para el cambio. Coincido con &eacute;l. El estudio de la historia de las instituciones de justicia y de castigo puede permitir una mirada m&aacute;s cr&iacute;tica de las instituciones actuales. Nada m&aacute;s ilustrativo que sus palabras para cerrar esta idea: &#8220;hay que mirar hacia atr&aacute;s para entender el paisaje del presente y dise&ntilde;ar el rumbo del futuro&#8221;.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobra decir que estudios sobre el &aacute;mbito penal resultan fundamentales hoy en d&iacute;a. En este &aacute;mbito, como sostiene el autor de <i>Los reformadores</i>, &#8220;quedan frente a frente, en dram&aacute;tico encuentro, el ser humano, titulado como enemigo social, y el poder p&uacute;blico, caracterizado como defensor de la sociedad. No podr&iacute;a existir contraste m&aacute;s violento ni resultado m&aacute;s predecible&#8221;. Por lo anterior, considera que se trata de un escenario cr&iacute;tico en el cual se ponen en juego los valores m&aacute;s caros del liberalismo, de la democracia, de la sociedad e incluso del hombre: &#8220;En ese espacio poblado de sombras &#151;m&aacute;s que de luces&#151;, los derechos corren el mayor peligro y sufren el m&aacute;ximo da&ntilde;o, y la democracia padece, con frecuencia, la erosi&oacute;n de los valores y principios que se hallan en su cimiento y en su destino&#8221;, afirma.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece, por otra parte, que el libro de Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez puede servir como ejemplo para otros trabajos sobre la historia de las ideas o de la cultura jur&iacute;dica. Garc&iacute;a Ram&iacute;rez no desvincula <i>De los delitos y de las penas</i> y <i>El estado de las prisiones en Inglaterra y Gales</i> de sus autores y de su entorno. Me parece que una obra s&oacute;lo puede ser cabalmente comprendida si se sigue esta ruta, es decir, si se estudia el momento en que fue escrita (el contexto pol&iacute;tico, social y cultural) y al autor que la escribi&oacute; (sus experiencias de vida y su bagaje cultural). Adem&aacute;s, creo que s&oacute;lo una lectura de este tipo puede permitir un acercamiento que &#151;como sucede en este caso&#151; rebasa el nivel de la descripci&oacute;n para resultar anal&iacute;tico y cr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo me resta enfatizar un punto que ya he mencionado. El libro resulta relevante pues no s&oacute;lo permite conocer las ideas de Beccaria y de Howard, sino que tambi&eacute;n permite acercarse a las ideas de Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, quien ha contribuido enormemente a la reforma &#151;y doy a esa palabra el significado que &eacute;l le concede&#151; de la justicia y de las prisiones en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&#9;Las obras con sus estudios introductorios fueron publicadas por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, la de Beccaria en 2001 (reimpresa en 2006) y la de Howard en 2003.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> &#9;&#9;Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, Sergio, <i>Los reformadores&#8230;, cit.</i>, p. 115.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> &#9;&#9;Foucault, Michel, <i>Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisi&oacute;n</i>, trad. de Aurelio Garz&oacute;n del Camino, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1993, pp. 11&#45;13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1732964&pid=S0041-8633201500030001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> &#9;Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, Sergio, <i>Los reformadores&#8230;, cit.</i>, p. 48.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>&#9;Ibidem,</i> p. 74.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>&#9;&#9;Ibidem</i>, p. 132.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> &#9;<i>Ibidem</i>, p. 86.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 133.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> <i>&#9;&#9;Ibidem</i>, p. 317.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, pp. 117 y 118.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 58.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> &#9;&#9;<i>Idem</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Ibidem</i>, p. 57.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> &#9;<i>Ibidem</i>, p. 59.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 316.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 332.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 49.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 20.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 21.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, pp. 16 y17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> &#9;&#9;<i>Ibidem</i>, p. 15.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michel]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Garzón del Camino]]></surname>
<given-names><![CDATA[Aurelio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión]]></source>
<year>1993</year>
<page-range>11-13</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
