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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Strauss, David, <i>The Living Constitution</i></b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Carbonell*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York&#45;Oxford, Oxford University Press, 2010, 149 pp.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico estamos siempre ocupados (y preocupados) por las constantes reformas constitucionales que sin pausa y sin tregua han ido modificando nuestra carta magna a un ritmo incre&iacute;ble durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En otros pa&iacute;ses, como por ejemplo en Estados Unidos, la preocupaci&oacute;n surge precisamente por el motivo contrario: por la falta de movilidad de su texto constitucional, derivado de las dificultades que se tienen para llevar acabolareforma.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando una Constituci&oacute;n tan antigua en el tiempo, como lo es la estadounidense, no puede ser actualizada a trav&eacute;s del mecanismo de reforma, lo que se impone es discutir hasta qu&eacute; punto resulta indispensable una interpretaci&oacute;n constitucional evolutiva, que permita dotar al texto del sentido de realidad y de contemporaneidad que logre evitar su natural desgaste.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de que se reconoce la pertinencia de una metodolog&iacute;a interpretativa de car&aacute;cter evolutivo es que surge el concepto de "Constituci&oacute;n viviente" <i>(living constitution,</i> en ingl&eacute;s). Una Constituci&oacute;n viviente, dice David Strauss, es una Constituci&oacute;n que evoluciona, que cambia con el paso del tiempo y que se adapta a las nuevas circunstancias, pese a que no es formalmente modificada a trav&eacute;s del procedimiento de reforma constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un concepto plausible, considerando que todos deseamos que el derecho en general vaya acompasado con el cambio social, dadas las enormes desventajas que tiene el que el orden jur&iacute;dico se quede atr&aacute;s respecto a la realidad. Pero en Estados Unidos el concepto de "Constituci&oacute;n viviente" ha sido duramente contestado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicen sus cr&iacute;ticos que aceptar que una Constituci&oacute;n pueda sufrir cambios por v&iacute;a interpretativa, sin ser formalmente enmendada, genera enormes riesgos. La Constituci&oacute;n viviente, dicen quienes discrepan, permite que su texto sea manipulable. Adem&aacute;s, la adaptaci&oacute;n del texto constitucional a la realidad, &iquest;en manos de qui&eacute;n recae?, &iquest;estamos seguros que quienes interpretan la forma en que la carta suprema debe cambiar, lo hacen de buena fe o a trav&eacute;s de interpretaciones adecuadas, o bien podemos pensar que &#151;por el contrario&#151; lo hacen con base en sus propias ideas y planes pol&iacute;ticos?<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tesis contrarias a la idea de la Constituci&oacute;n viviente se agrupan bajo la etiqueta del "originalismo", que propugna interpretar la Constituci&oacute;n de forma estricta, seg&uacute;n sus palabras o seg&uacute;n la intenci&oacute;n de los redactores del texto.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Para los originalistas no hay dilema alguno qu&eacute; resolver, ya que la Constituci&oacute;n &#151;a pesar de haber sido escrita hace m&aacute;s de 200 a&ntilde;os&#151; sigue ofreciendo respuestas adecuadas a los problemas del presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">David Strauss analiza con detalle las posturas que defiende el originalismo y las confronta con las propuestas del constitucionalismo viviente. Lo que nos muestra es un fresco de gran calidad en cuyo fondo se encuentra el tema m&aacute;s importante de la teor&iacute;a constitucional de nuestros d&iacute;as: la interpretaci&oacute;n de las normas supremas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strauss parte de una evidencia: el procedimiento para reformar la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos es tan complejo que, a estas alturas, resulta impracticable.<sup><a href="#notas">4</a></sup> A partir de ah&iacute; la pregunta interesante es: &iquest;c&oacute;mo reconciliar los l&iacute;mites que impone una Constituci&oacute;n escrita (y por tanto est&aacute;tica en su texto, en ausencia de reformas al mismo), con una realidad din&aacute;mica y siempre cambiante, de forma que la carta suprema pueda ir acompa&ntilde;ando a la sociedad a trav&eacute;s de los m&uacute;ltiples cambios que experimenta?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, si todas las cl&aacute;usulas constitucionales fueran claras en su significado, los problemas ser&iacute;an mucho menores. Algunas de ellas desde luego que lo son, pues contienen mandatos espec&iacute;ficos cuyo significado no da lugar a grandes debates. Pero la mayor parte de las normas constitucionales est&aacute;n redactadas en forma de principios y, en esa virtud, su contenido preciso no es f&aacute;cil de determinar.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Para poder aplicar esas normas a casos pr&aacute;cticos, se debe necesariamente llevar a cabo una interpretaci&oacute;n: &iquest;de qu&eacute; tipo debe ser esa interpretaci&oacute;n?, &iquest;debe ser apegada al texto original y a los deseos de sus autores, o debe tomar en cuenta lo que ha cambiado la sociedad? Ese es el dilema que nos pone enfrente Strauss.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cierto es que una interpretaci&oacute;n originalista estricta chocar&iacute;a con varios de los criterios jur&iacute;dicos m&aacute;s asentados que existen en los Estados Unidos. Strauss se&ntilde;ala que si el originalismo fuera la doctrina imperante, la segregaci&oacute;n racial en las escuelas estar&iacute;a permitida, el gobierno podr&iacute;a discriminar a las mujeres y a las minor&iacute;as raciales, la declaraci&oacute;n de derechos <i>(Bill of Rights)</i> no se les aplicar&iacute;a a las entidades federativas, los gobiernos locales podr&iacute;an violar el principio de "una persona, un voto", gran parte de la legislaci&oacute;n laboral, ambiental y de protecci&oacute;n de consumidores ser&iacute;a declarada inconstitucional, etc&eacute;tera. Nada de eso es aceptable hoy en d&iacute;a para la sociedad de los Estados Unidos; el originalismo no es, por tanto, una teor&iacute;a de la interpretaci&oacute;n constitucional que ofrezca resultados positivos o constructivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strauss se&ntilde;ala que el originalismo tiene tres problemas fundamentales: a) En la pr&aacute;ctica no siempre es f&aacute;cil descubrir las intenciones de quienes redactaron un texto constitucional; b) Aunque pudi&eacute;ramos descubrir las intenciones originales de quienes redactaron la Constituci&oacute;n, tendr&iacute;amos el reto de intentar aplicar esas intenciones a problemas de nuestros d&iacute;as, algunos de los cuales no pudieron ser previstos en su momento por la generaci&oacute;n constituyente; y c) El tercer problema ya hab&iacute;a sido avizorado hace mucho tiempo por Thomas Jefferson, cuando dijo que el mundo pertenece a los vivos y que las generaciones muertas no tienen derechos: &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;amos resolver problemas actuales siguiendo el criterio de personas que murieron hace muchos a&ntilde;os?, &iquest;qu&eacute; ventajas obtenemos al hacerlo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente en una carta que Jefferson escribe al gran James Madison donde mejor se plasma su idea de que "la tierra pertenece a los vivos". Escribiendo desde Par&iacute;s, donde era embajador de los Estados Unidos, Jefferson le dice a Madison, en una misiva del 6 de septiembre de 1789, que "los vivos tienen la tierra en usufructo; y los muertos no tienen poder ni derechos sobre ella. La porci&oacute;n que ocupa un individuo deja de ser suya cuando &eacute;l mismo ya no es, y revierte a la sociedad... ninguna sociedad puede hacer una Constituci&oacute;n perpetua, ni tan siquiera una ley perpetua. La tierra pertenece siempre a la generaci&oacute;n viviente: pueden, por tanto, administrarla, y administrar sus frutos, como les plazca, durante su usufructo. toda Constituci&oacute;n, y toda ley, caducan naturalmente pasados treinta y cuatro a&ntilde;os".<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En respuesta a Jefferson, tambi&eacute;n por medio de una carta, Madison expresa sus dudas sobre la conveniencia de reformar con tanta frecuencia un texto constitucional o de darlo por caducado por el simple relevo generacional. Se pregunta Madison en una carta del 4 de febrero de 1790: "&iquest;Un Gobierno reformado con tanta frecuencia no se har&iacute;a demasiado mutable como para conservar en su favor los prejuicios que la antig&uuml;edad inspira y que tal vez constituyen una saludable ayuda para el m&aacute;s racional de los Gobiernos en la m&aacute;s ilustrada era? &iquest;No engendrar&iacute;a tan peri&oacute;dica revisi&oacute;n facciones perniciosas que de otra manera no podr&iacute;an cobrar experiencia?".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La supervivencia de una forma de gobierno debe hallarse, dice Madison, en la utilidad que le pueda suponer para las generaciones futuras; si dicha utilidad no existe, entonces habr&aacute; que cambiar la forma de gobierno, pero eso no es algo que se pueda predeterminar con una temporalidad acotada, como lo propone Jefferson. Sigue Madison: "Las <i>mejoras</i> introducidas por los muertos constituyen una carga para los vivos que sacan de ellas los correspondientes beneficios. Esta carga no se puede satisfacer de otra manera m&aacute;s que ejecutando la voluntad de los muertos que acompa&ntilde;aba a las mejoras".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n de Madison es que una generaci&oacute;n puede y debe obligar a las siguientes, siempre que de tales obligaciones se obtengan beneficios. Sus palabras son las siguientes: "Parece haber fundamento en la naturaleza de las cosas en orden a la relaci&oacute;n en que est&aacute; una generaci&oacute;n con otra, en particular en cuanto al <i>traspaso</i> de obligaciones de una a otra. Lo exige la equidad, y de ello derivan beneficios para una y otra generaci&oacute;n. Todo lo que es necesario en lo que hace al ajuste de las cuentas entre los muertos y los vivos es ver que las deudas deparadas a &eacute;stos no excedan de las ventajas creadas por los primeros".<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la primera de las tres dificultades se&ntilde;aladas, Strauss nos recuerda algo muy obvio: indagar sobre las intenciones originales que tuvieron algunas personas que vivieron hace cientos de a&ntilde;os es una tarea propia de historiadores. Si les pedimos a los jueces que lleven a cabo esa tarea lo m&aacute;s seguro es que consigamos un resultado muy pobre. Si comprender las intenciones de muchos actores pol&iacute;ticos puede ser muy complicado en la actualidad, tal dificultad se multiplica y crece cuando lo que buscamos son intenciones de personas que habitaron la tierra hace mucho tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien (en referencia a la segunda dificultad), si pudi&eacute;ramos en efecto determinar el significado preciso que los autores del texto constitucional le quisieron dar a alguna de sus disposiciones, &iquest;c&oacute;mo trasladamos esa intenci&oacute;n a los problemas que nosotros tenemos que resolver en el presente?, &iquest;qu&eacute; pasa si descubrimos que las circunstancias del presente son tan radicalmente distintas a las de la &eacute;poca constituyente, como para que resulte mejor no hacerle caso a la intenci&oacute;n original de los redactores de la carta magna?, &iquest;qu&eacute; sucede si haci&eacute;ndoles caso llegamos a soluciones que son negativas para las personas que hoy en d&iacute;a habitan la tierra?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strauss se&ntilde;ala que la preocupaci&oacute;n de los originalistas, acerca de que los jueces no puedan manipular libremente la Constituci&oacute;n, es leg&iacute;tima, pero la respuesta no es voltear al pasado en busca de significados remotos, como lo proponen los propios originalistas. La mejor respuesta para dicha preocupaci&oacute;n est&aacute; en la tradici&oacute;n hist&oacute;rica del <i>Common Law,</i> que le da una gran importancia al precedente. De hecho, la mayor parte de las sentencias de los jueces estadounidenses se apoyan en decisiones anteriores, sobre las cuales se van decantando las mejores respuestas a los casos concretos que deben irse resolviendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los jueces est&aacute;n vinculados en principio a observar el precedente. Si deciden abandonar un criterio anterior, deben hacerlo de manera expresa y dando las razones de dicho abandono. Ese sistema de precedentes genera una cierta estabilidad interpretativa y acota de forma muy significativa los posibles m&aacute;rgenes de discrecionalidad judicial (aunque no los elimina, desde luego).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las t&eacute;cnicas interpretativas propias del <i>Common Law</i> combinan, dice Strauss, una actitud humilde frente al precedente, y una sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica que lleva a los jueces a preguntarse: &iquest;qu&eacute; soluci&oacute;n nos ofrece mejores resultados pr&aacute;cticos? Los jueces en el <i>Common Law</i> no se preocupan por cuestiones te&oacute;ricas o por la compatibilidad de sus puntos de vista con lo que se&ntilde;alan los te&oacute;ricos en sus libros y sus conferencias: lesinteresa llegar a la justicia en los casos concretos, aportando bienestar a las comunidades a las que sirven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interpretaci&oacute;n basada en los principios del <i>Common Law</i> es mejor que la postura originalista, afirma Strauss, ya que no requiere que los jueces intenten hacerse pasar por historiadores. Adem&aacute;s, el <i>Common Law</i> permite ir destilando una cierta "sabidur&iacute;a judicial", a trav&eacute;s de la confecci&oacute;n, respeto y evoluci&oacute;n del sistema de precedentes. Por otro lado, el <i>Common Law</i> permite resolver los problemas de hoy sin ir en busca de las intenciones que se tuvieron hace siglos, con lo cual demuestra una mayor razonabilidad frente al presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, ni la idea de la Constituci&oacute;n viviente ni las t&eacute;cnicas interpretativas propias del <i>Common Law</i> hacen a un lado u obscurecen la enorme importancia que tiene el texto constitucional escrito. Strauss defiende que la Constituci&oacute;n escrita aporta enormes ventajas, como por ejemplo la de crear un punto de encuentro, un terreno com&uacute;n, para discutir los problemas que van surgiendo en las sociedades a las que el documento pretende regir. En ausencia de ese terreno com&uacute;n una sociedad podr&iacute;a entrar en una espiral de desencuentros negativos y, en un supuesto extremo, autodestructivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos casos, se&ntilde;ala Strauss, la Constituci&oacute;n no ofrece respuestas a los problemas que tenemos. En otros solamente se limita a se&ntilde;alar el tipo de respuestas que ser&iacute;an aceptables desde el punto de vista constitucional. En otros m&aacute;s, cabe a&ntilde;adir, la Constituci&oacute;n sirve de marco para establecer el tipo de respuesta que <i>no</i> se le puede dar a ciertos problemas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La combinaci&oacute;n entre cl&aacute;usulas espec&iacute;ficas y cl&aacute;usulas generales es parte de la genialidad de la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos, seg&uacute;n Strauss. La Constituci&oacute;n es espec&iacute;fica cuando tiene que serlo, pero preserva m&aacute;rgenes razonables de apertura para que cada generaci&oacute;n vaya ofreciendo sus propias respuestas a una serie de problemas que aparecen cada determinado tiempo. En los temas en que esa apertura existe es precisamente en los que los jueces y dem&aacute;s aplicadores del texto constitucional deben aportar argumentos para construir un terreno com&uacute;n de acuerdos y no de disensos. Las buenas Constituciones sirven para construir respuestas valoradas por los ciudadanos y &uacute;tiles al conjunto de la sociedad, no para dividirla y enfrentar a los grupos que la componen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego, encontrar ese terreno com&uacute;n no es cosa f&aacute;cil. Por eso la teor&iacute;a contempor&aacute;nea del derecho ha dedicado tantas y tantas p&aacute;ginas al tema de la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica en general y de la interpretaci&oacute;n constitucional en particular. Es precisamente muy importante, en vista de tales dificultades, tener un panorama claro de las distintas escuelas de interpretaci&oacute;n, como el que nos ofrece David Strauss respecto al enfrentamiento entre los originalistas y los defensores de la Constituci&oacute;n viviente. De otra manera, es posible que terminemos extraviados en la b&uacute;squeda de ese terreno com&uacute;n que nos debe suministrar el constitucionalismo moderno, para hacer frente a los grandes problemas que padecen muchos pa&iacute;ses alrededor del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Un estudio muy amplio sobre los problemas y dilemas de la reforma constitucional en los Estados Unidos puede verse en Levinson, Sandford (ed.), <i>Responding to Imperfection. The Theory and Practice of Constitutional Amendment,</i> Princeton, Princeton University Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688857&pid=S0041-8633201100030001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>Sobre el razonamiento judicial, de entre las muchas obras que se podr&iacute;an citar, quiz&aacute; valga la pena revisar el libro de Posner, Richard, <i>How Judges Think,</i> Cambridge, Harvard University Press, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688859&pid=S0041-8633201100030001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El originalismo tiene entre sus defensores m&aacute;s conocidos al juez de la Suprema Corte de los Estados Unidos Antonin Scalia, de quien puede verse el libro <i>A Matter of Interpretation. Federal Courts and the Law,</i> Princeton, Princeton University Press, 1997 (en la obra se incluye la critica que destacados profesores le hacen a Scalia).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688861&pid=S0041-8633201100030001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4 </sup>No es algo que solamente suceda en Estados Unidos. Tampoco en Espa&ntilde;a han logrado generar los cambios que, al parecer, requiere el texto constitucional de 1978. Sobre el procedimiento de reforma constitucional en Espa&ntilde;a puede verse el cl&aacute;sico estudio de Vega, Pedro de, <i>La reforma constitucional y la problem&aacute;tica del poder constituyente,</i> Madrid, Tecnos, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688863&pid=S0041-8633201100030001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Una caracterizaci&oacute;n muy conocida de las normas iusfundamentales, redactadas en forma de principios, puede verse en Alexy, Robert, <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamenta</i>les, 2a. ed., Madrid, CEPC, 2007, pp. 63 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688865&pid=S0041-8633201100030001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jefferson, Thomas, <i>Autobiograf&iacute;a y otros escritos,</i> Madrid, Tecnos, 1987, pp. 517&#45;521.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688867&pid=S0041-8633201100030001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Una buena selecci&oacute;n del pensamiento del autor puede encontrarse en Jefferson, Thomas, <i>Writings,</i> Nueva York, The Library of America, 1984 (hay reimpresiones posteriores).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688868&pid=S0041-8633201100030001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Todas las citas provienen de Madison, James, <i>Rep&uacute;blica y libertad,Madrid,</i> CEPC, 2005, pp. 102 y 103.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688870&pid=S0041-8633201100030001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> El mismo documento y otros del mayor inter&eacute;s pueden verse en Madison, James, <i>Writings,</i> Nueva York, The Library of America, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1688871&pid=S0041-8633201100030001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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