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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La disputa por la soberanía, en México y el mundo: Historia de sus relaciones exteriores]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Galeana, Patricia, <i>La disputa por la soberan&iacute;a, en M&eacute;xico y el mundo. Historia de sus relaciones</i> exteriores</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo M&eacute;ndez&#45;Silva*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>t. III, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2010, 253 pp.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente volumen es uno de los nueve de la obra colectiva editada por el Colegio de M&eacute;xico con motivo del bicentenario de la Independencia del pa&iacute;s. La colecci&oacute;n, a cargo de la distinguida acad&eacute;mica Blanca Torres, enriquece la valiosa tradici&oacute;n de obras colectivas que ha aportado el Colegio al conocimiento de la historia de nuestro pa&iacute;s y de sus relaciones con el exterior. El t&iacute;tulo <i>La disputa por la soberan&iacute;a</i> ha sido escrito por Patricia Galeana, destacada historiadora, especialista en el siglo XIX mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos puntos, su trabajo ofrece un repaso l&uacute;cido de nuestro vivir hist&oacute;rico y en muchos otros nos revela aspectos desconocidos de la compleja trama hist&oacute;rica de esos tiempos fundacionales del Estado mexicano. Su ensayo comprende el arco hist&oacute;rico que transcurri&oacute; de 1848 a 1876. Arranca con el fin de la guerra de Estados Unidos contra M&eacute;xico y concluye con la ca&iacute;da de Sebasti&aacute;n Lerdo de Tejada y el advenimiento del Porfiriato. Dice la autora en los comienzos de su trabajo: "Sombr&iacute;o y triste se present&oacute; para los mexicanos el a&ntilde;o de 1848. La capital de la Rep&uacute;blica y el camino de Veracruz hab&iacute;an sido tomados por las tropas norteamericanas. Despu&eacute;s de los desastres b&eacute;licos, el gobierno mexicano tuvo que ceder ante el ejercicio de la fuerza y el desconocimiento del derecho".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuevos episodios se suceder&iacute;an en un v&eacute;rtigo de contradicciones internas y de acosos for&aacute;neos, la venta de la Mesilla, la Constituci&oacute;n de 1857, la Guerra de Reforma, la intervenci&oacute;n francesa, el triunfo y la consolidaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. Al bajar el tel&oacute;n de esta etapa hist&oacute;rica y develarse las promesas del Porfiriato, concluye Galeana "por primera vez en su historia, el pa&iacute;s entrar&iacute;a en una era de prosperidad econ&oacute;mica y desarrollar&iacute;a una pol&iacute;tica exterior m&aacute;s flexible que la del canciller estadista (Lerdo de Tejada)...", pero acota con una sentencia que define a esos lustros de estabilidad: "Los liberales dejaron de ser revolucionarios y se convirtieron en conservadores de la paz y el orden". Era el signo de los tiempos, el positivismo de Augusto Comte &#151;paz, orden y progreso&#151; como ilusionada receta para alcanzar la felicidad decimon&oacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Galeana califica a su ensayo como una relaci&oacute;n somera, pero es m&aacute;s bien una relaci&oacute;n concentrada, ya que incluye una avalancha de datos y reflexiones sobre el intenso suceder de aquella etapa en 253 p&aacute;ginas editadas en letra peque&ntilde;a. Materia hist&oacute;rica condensada. De cada rengl&oacute;n de la obra podr&iacute;an desdoblarse historias separadas y dis&iacute;mbolas. El prisma de cada protagonista, al igual de los prohombres que de los humildes combatientes, fue toda una concepci&oacute;n original de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; por ejemplo, en un punto de su libro, Galeana alude a las fechas del 5 de febrero y del 11 de marzo de 1867. La primera correspondiente a la salida de las tropas francesas de la ciudad de M&eacute;xico, y la segunda a la partida de Veracruz del barco franc&eacute;s, <i>El Soberano,</i> con las &uacute;ltimas tropas invasoras. El 5 de febrero, por una de esas extra&ntilde;as coincidencias con las que juega la historia, fue la misma fecha en la que se proclam&oacute; la Constituci&oacute;n de Quer&eacute;taro de 1857, justo diez a&ntilde;os antes y punto de partida de desavenencias insuperables. Juan A Mateos <i>(El Cerro de las Campanas,</i> pp. 347 y 348) intelectual y pol&iacute;tico de la &eacute;poca, dej&oacute; una pintoresca narraci&oacute;n del desfile ese d&iacute;a de las tropas intervencionistas en la Plaza de la Constituci&oacute;n con el que se trat&oacute; de disimular la vergonzante retirada: a la avanzada marchaba un pelot&oacute;n de turcos, ven&iacute;a despu&eacute;s el general De Preuil al frente de un escuadr&oacute;n de "cazadores" de Vincennes, luego el general Castagny, enfermo, sacudi&eacute;ndose como si padeciera un ataque de paludismo, lo que suscit&oacute; hilaridad entre los curiosos, seguidamente los regimientos 7o. y 75o., inmediatamente el mariscal Aquiles Bazaine, indiferente y soberbio, resguardado por su escolta y un escuadr&oacute;n de "cazadores" de &Aacute;frica, segu&iacute;an ya sin imponer temor las piezas de la artiller&iacute;a y, al final, los suavos, que en sus mochilas cargaban como un <i>souvenir</i> tropical a varios pericos que hicieron las delicias del pueblo congregado. Ciertamente de cada rengl&oacute;n se desprenden sucesos inagotables y, en este sentido, la lectura es activa y permite entablar un di&aacute;logo con la autora, y temerariamente con varios de los personajes de la etapa rese&ntilde;ada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro desfilan trescientos ochenta y cinco personajes de la vida pol&iacute;tica y cultural de M&eacute;xico, de los Estados Unidos, de Francia, de Am&eacute;rica Latina, del Vaticano; muchos de ellos portadores de grandeza y otros arrastrando sus miserias o su dinero mal habido, como un tal Francisco de Paula Arrangoiz, representante de M&eacute;xico en Washington en 1853, cuando se vendi&oacute; el territorio de la Mesilla y apart&oacute; para &eacute;l, en calidad de comisi&oacute;n, un diez por ciento de la dolorosa compraventa. Vaya desverg&uuml;enza, su "Alteza Seren&iacute;sima", don Antonio L&oacute;pez de Santa Anna, al que la voz popular llamaba el quince u&ntilde;as, lo ces&oacute; sin contemplaciones. No hace mucho tiempo hubo en la vida p&uacute;blica de M&eacute;xico un personaje incomodo, apodado "El 10 por ciento", por las comisiones que recib&iacute;a por sus sol&iacute;citas e inmorales intermediaciones. Es motivo de tristeza y de rabia esta podrida tradici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los protagonistas estelares, entre tantos, Galeana recuerda a Nicol&aacute;s Corpancho, digno representante del Per&uacute;, en sus palabras "fue un caso ejemplar de la fraternidad latinoamericana". Al iniciarse la intervenci&oacute;n francesa, march&oacute; con Ju&aacute;rez a San Luis Potos&iacute; y no perdon&oacute; esfuerzo alguno para que Washington y los pa&iacute;ses latinoamericanos cerraran filas con la causa republicana. Ya durante la intervenci&oacute;n, fue expulsado del pa&iacute;s (hay algunos diplom&aacute;ticos a los que s&iacute; se les expulsa). Pero como no siempre la realidad obedece a los finales felices que proponen las telenovelas, Corpancho muri&oacute; en el naufragio del buque que lo llevaba de regreso a su pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero este rico caudal de vivencias, de sacrificios del pueblo que se aline&oacute; con las diversas corrientes ideol&oacute;gicas en pugna, es reflejo de los grandes trazos hist&oacute;ricos que se enredaban y opon&iacute;an, federalismo y centralismo, liberalismo y conservadurismo, rep&uacute;blica y monarqu&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomo una constante que aparece en la obra de Patricia Galeana, latente desde las primeras vislumbres del Estado mexicano: la obsesi&oacute;n estadounidense por el territorio, compaginada con la debilidad institucional de nuestro pa&iacute;s. Jos&eacute; Bernardo Guti&eacute;rrez de Lara, tamaulipeco, fue designado por Miguel Hidalgo para buscar en los Estados Unidos apoyo a la causa insurgente. Lleg&oacute; a Washington tras una incre&iacute;ble y fatigosa cabalgata, despu&eacute;s de la traici&oacute;n de Acatita de Baj&aacute;n. Los recibi&oacute;, a &eacute;l y a sus acompa&ntilde;antes de aventura, James Monroe, a la saz&oacute;n secretario de Estado estadounidense, en cuya cabeza ya daba vueltas una doctrinita que lanz&oacute; a la publicidad en 1823. Monroe ofreci&oacute; apoyo a cambio de la anexi&oacute;n de M&eacute;xico a la Uni&oacute;n Americana. Indignado Guti&eacute;rrez de Lara interrumpi&oacute; la entrevista y a regresar por donde hab&iacute;a llegado, sin que hubiera entonces <i>free ways</i> ni <i>Mac Donalds</i> que hicieran menos pesaroso el retorno.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En orden de aparici&oacute;n hist&oacute;rica lleg&oacute; Poinsett a M&eacute;xico, que si fracas&oacute; en sus afanes de comprar Texas, en cambio adquiri&oacute; <i>de facto</i> los derechos de autor de la flor de nochebuena conocida en otras latitudes como <i>poinsetia,</i> nombre que arroj&oacute; al olvido el de la voz n&aacute;huatl <i>Cuetlax&oacute;chitl.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1836, la p&eacute;rdida de Texas y, con algunas vueltas de tuerca dadas a la doctrina del destino manifiesto, en la primera mitad de los a&ntilde;os cuarenta la voracidad se enfil&oacute; sobre Nuevo M&eacute;xico y California. El Tratado de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de 1848 sell&oacute; dram&aacute;ticamente el choque entre el expansionismo estadounidense y las flaquezas institucionales y financieras mexicanas. La p&eacute;rdida territorial, como insiste Galeana, represent&oacute; m&aacute;s de la mitad del territorio y no s&oacute;lo del 33% como alguna vez escuch&eacute; a una funcionaria de la embajada estadounidense que alegremente descontaba a Texas del jugoso negocio. Nuestra autora rescata la frase "los restos del naufragio", empleada por los negociadores mexicanos del Tratado y destinada a explicar que un acuerdo de paz se dibuja, se dibujaba entonces sin empacho, en los campos de batalla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a la devastaci&oacute;n de una guerra que nos ganaron y que nosotros perdimos &#151;lo que no es un mero juego de palabras&#151; en el Tratado de Guadalupe Hidalgo logr&oacute; salvarse la Baja California, la mitad del Golfo de Cort&eacute;s, un paso territorial entre la pen&iacute;nsula y el macizo continental, porciones territoriales de los actuales Estados norte&ntilde;os de M&eacute;xico y el paso por Tehuantepec. Pero la apetencia territorial de los estadounidenses tan s&oacute;lo se aplac&oacute; unos a&ntilde;os. En 1853 se vendi&oacute; la Mesilla, guerra de por medio si no se acced&iacute;a al trato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1859, durante la efervescencia de la Guerra de Reforma, volvieron a las andadas, pretendieron la servidumbre de paso a perpetuidad por Tehuantepec y dos m&aacute;s en el norte, de Nogales a Guaymas y de Tamaulipas, pasando por Monterrey hacia Mazatl&aacute;n; igualmente y frot&aacute;ndose las manos, otra vez la codiciada Baja California y, es de suponerse, con arreglo al precedente de 1847 y 1848, la mitad del Mar de Cort&eacute;s, por la cantidad de diez millones de d&oacute;lares. Robert MacLane, el negociador estadounidense del instrumento que lleva su apellido junto con el de Melchor Ocampo, consign&oacute; en sus memorias que el gobierno de Ju&aacute;rez se neg&oacute; obstinadamente a ceder un solo pie de territorio, tal como lo cita Patricia Galeana en su libro sobre el tratado de referencia, opini&oacute;n sostenida por Justo Sierra en su maravillosa <i>Evoluci&oacute;n pol&iacute;tica del pueblo mexicano.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al ascender al gobierno, Abraham Lincoln acarici&oacute; tambi&eacute;n la compra de la Baja California. As&iacute; lo prueba la gesti&oacute;n del embajador estadounidense Thomas Corwin para comprar la pen&iacute;nsula dizque para evitar que cayera en manos de los confederados. Pero como un camino es de ida y vuelta y sorpresas da la vida, los confederados ofrecieron a Ju&aacute;rez la devoluci&oacute;n de los territorios perdidos en la Guerra 1846&#45;1848 si se les brindaba apoyo. En la Primera Guerra Mundial, el Telegrama Zimmerman enviado en enero de 1917 por el secretario de Asuntos Exteriores del Imperio Alem&aacute;n al embajador en M&eacute;xico Heinrich von Eckardt para que gestionara ante M&eacute;xico una alianza contra los Estados Unidos a cambio de restituir los territorios de Texas, Nuevo M&eacute;xico y Arizona, en caso de que el Imperio Alem&aacute;n se hiciera con la victoria. Con Anatole France podr&iacute;amos decir "no hay nada nuevo bajo el sol", aunque si le fuera dable al escritor franc&eacute;s andar nuevamente por estos rumbos se ir&iacute;a de espaldas con s&oacute;lo asomarse a Internet.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la inminencia de la invasi&oacute;n tripartita de Inglaterra, Espa&ntilde;a y Francia, los Estados Unidos de buena gana ofrecieron pagar sesenta y dos millones de pesos de la deuda en calidad de pr&eacute;stamo a M&eacute;xico, sujeto a un m&oacute;dico inter&eacute;s del 3% anual, lo que no sonaba exagerado, pero requiriendo como garant&iacute;a terrenos bald&iacute;os, terrenos bald&iacute;os que debieron de haber sido de una extensi&oacute;n considerable en Baja California, Chihuahua, Sonora y Sinaloa que pasar&iacute;an a su propiedad si M&eacute;xico no reembolsaba el pr&eacute;stamo "desinteresado" en un lapso de seis a&ntilde;os. El ofrecimiento no se concretiz&oacute;. Galeana aborda este episodio poco conocido, al menos para m&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La naturaleza tiene sus propias leyes, distintas a las de los humanos, pero suelen afectar a las relaciones internacionales. En 1864, una crecida del R&iacute;o Bravo provoc&oacute; que una porci&oacute;n territorial de aproximadamente 240 hect&aacute;reas, El Chamizal, ubicada entre El Paso Texas y Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua, quedara dentro de los Estados Unidos. En 1866, Benito Ju&aacute;rez present&oacute; la reclamaci&oacute;n que durmi&oacute; el sue&ntilde;o de los injustos. En 1911, un laudo arbitral fall&oacute; a favor de M&eacute;xico, pero como las cosas van despacio no s&oacute;lo en Palacio sino tambi&eacute;n en la Casa Blanca, fue hasta 1967, esto es, ciento tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando ese jir&oacute;n patrio fue reincorporado a la soberan&iacute;a nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las postrimer&iacute;as del Imperio, nuevamente brot&oacute; el jaleo con el territorio. Fernando Maximiliano, que hab&iacute;a dado muestras de apego a la integridad territorial del que consider&oacute; su nuevo pa&iacute;s &#151;y qui&eacute;n puede dudar de ello si era, en lo mejor del surrealismo mexicano, un Habsburgo que vest&iacute;a de charro y le gustaba el pulque&#151;, dio instrucciones secretas a Carlota cuando viaj&oacute; a Europa para que se considerara a Yucat&aacute;n como centro gravitacional de Centroam&eacute;rica, y atraer a esta regi&oacute;n a la pen&iacute;nsula, pues tarde o temprano las provincias fronterizas del norte estar&iacute;an en posesi&oacute;n de los Estados Unidos. En una delirante visi&oacute;n geopol&iacute;tica, Maximiliano contemplaba tres poderes continentales &#151;el Continente daba para eso y m&aacute;s&#151; los Estados Unidos al norte, el Imperio Mexicano al centro y en el sur el Imperio Brasile&ntilde;o. El dise&ntilde;o supon&iacute;a necesariamente un entendimiento con los Estados Unidos mediante una cesi&oacute;n territorial para asegurar la pervivencia del llamado II Imperio Mexicano (Eagon Caesar Conte Corti, <i>Maximiliano y Carlota,</i> M&eacute;xico, FCE, 2004, p. 382).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Queda la duda sobre el incidente protagonizado por el embajador estadounidense William Starke Rosencranz, acreditado ante la Rep&uacute;blica a fines de 1868. El <i>Times</i> divulg&oacute; un presunto ofrecimiento de Rosencranz para comprar territorios de Sonora y Sinaloa. La noticia reproducida en M&eacute;xico despert&oacute; revuelos y dio pie a una sucesi&oacute;n de desmentidos, sin embargo, nuestra autora opina: "dados sus antecedentes &#91;de Rosencranz&#93; podemos presumir que s&iacute; hizo tal proposici&oacute;n, y que &eacute;sta fue rechazada por el gobierno mexicano". El tema fue recurrente, avivado por las pasiones pol&iacute;ticas de la &eacute;poca. Ju&aacute;rez en 1871 descart&oacute; enf&aacute;ticamente que M&eacute;xico pretendiera enajenar Sonora a los Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reconocimiento estadounidense al gobierno de Porfirio D&iacute;az, nos cuenta Galeana, estuvo condicionado a cesiones territoriales, obviamente rechazadas. Ya no es materia de este convulsionado periodo, pero todav&iacute;a faltaba la penosa claudicaci&oacute;n de Belice a trav&eacute;s del Tratado Mariscal&#45;Spencer St. John de 1893, en esta ocasi&oacute;n con Inglaterra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra l&iacute;nea de inter&eacute;s es la destrucci&oacute;n de la riqueza nacional del Estado mexicano debida a las continuas conflagraciones internas. Papel importante en el deterioro econ&oacute;mico y financiero fueron las comisiones de reclamaciones, una sangr&iacute;a fraudulenta del tesoro nacional y uno de los pretextos en 1846 para la Guerra de los Estados Unidos contra M&eacute;xico. Era de esperarse que tras la entrada en vigor del Tratado de Guadalupe Hidalgo, esas pr&aacute;cticas obscenas quedaran superadas, pero utilizando una contabilidad ama&ntilde;ada, continuaron pasando facturas leoninas a los gobiernos mexicanos por los mismos conceptos, da&ntilde;os a sus nacionales en sus patrimonios y a&uacute;n en sus vidas. Como dato a resaltar, la Constituci&oacute;n de 1857 estableci&oacute; la obligaci&oacute;n de que todos los tratados internacionales, convenciones diplom&aacute;ticas y convenios celebrados por el Ejecutivo deber&iacute;an de pasar a la aprobaci&oacute;n del Congreso (entonces unicamaral). La disposici&oacute;n se incluy&oacute; para que arreglos como los relativos a las Comisiones de Reclamaciones contaran con la sanci&oacute;n legislativa y no quedaran s&oacute;lo al arbitrio del Ejecutivo. La Constituci&oacute;n de 1917, palabras m&aacute;s, palabras menos, conserva esta redacci&oacute;n, y su finalidad fue, como lo es, someter todos los tratados al conocimiento y aprobaci&oacute;n del Senado. La Ley de Tratados de 1992 introdujo la modalidad de los "acuerdos interinstitucionales", eliminando la participaci&oacute;n del Senado, lo que los hace inconstitucionales mientras no se modifique la carta magna. El Senado ha aprobado una nueva ley sobre la materia, pendiente de conocimiento por la C&aacute;mara de Diputados, que mantiene los acuerdos interinstitucionales e introduce un nuevo tipo, el de los "acuerdos ejecutivos", salt&aacute;ndose tambi&eacute;n al Senado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera sangr&iacute;a &#151;&iquest;qui&eacute;n lo duda?&#151; fue la deuda externa, acumulada a lo largo de la vida independiente, pactada por todas las facciones en t&eacute;rminos de usura. Galeana nos brinda los siguientes datos sobre el monto de la deuda, al momento de ser suspendida en 1861 durante dos a&ntilde;os por el gobierno de Benito Ju&aacute;rez tras la Guerra de Reforma que dej&oacute; exhaustas las arcas de la naci&oacute;n. La deuda ante los ingleses ascend&iacute;a a 68 millones 535 mil 44 pesos, la de Espa&ntilde;a sumaba 9 millones 460 mil 986 pesos, y la de Francia 2 millones 500 mil pesos en n&uacute;meros redondos. Los acreedores mayores se retiraron tras los Acuerdos de la Soledad, en cambio, la Francia de Napole&oacute;n III, que no la de V&iacute;ctor Hugo, utiliz&oacute; como pretexto el adeudo, lo mismo que James K. Polk se fund&oacute; en las reclamaciones para cumplir sus designios expansionistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es altamente recomendable la lectura de la colecci&oacute;n auspiciada por el Colegio de M&eacute;xico con el apoyo del Senado de la Rep&uacute;blica, y dentro de ella, por supuesto, el volumen de Patricia Galena que adem&aacute;s del valioso tratamiento hist&oacute;rico, se encuentra escrito con la pulcritud de una &aacute;gil narrativa.</font></p>      ]]></body>
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