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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reflexiones sobre el control difuso de convencionalidad: A la luz del caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Informaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Reflexiones sobre el control difuso de convencionalidad. A la luz del caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Ferrer Mac&#45;Gregor**</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** <i>Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Sumario</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">I<i>. Introducci&oacute;n. </i>II<i>. Excepci&oacute;n preliminar de "cuarta instancia" y "control de convencionalidad". </i>III<i>. La doctrina del "control difuso de convencionalidad" y sus precisiones en el presente caso. </i>IV<i>. El control difuso de convencionalidad por los jueces mexicanos. </i>V<i>. Hacia un </i>ius constitutionale<i> commune en las Am&eacute;ricas.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, "Corte IDH" o "tribunal interamericano") ha reiterado en el presente caso, por unanimidad de votos, su doctrina jurisprudencial sobre el "control de convencionalidad". He considerado oportuno emitir el presente voto razonado para resaltar las nuevas consideraciones y precisiones que sobre dicha doctrina se vierten en esta sentencia, as&iacute; como para enfatizar su trascendencia para el sistema jurisdiccional mexicano, y en general, para el futuro del sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Los jueces que integramos la Corte IDH en el presente asunto, deliberamos sobre diversos aspectos del "control de convencionalidad" en dos momentos, reflejados en sendos apartados de la sentencia pronunciada en el caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico (en adelante "la sentencia"). En primer lugar, al desestimar la excepci&oacute;n preliminar planteada por el Estado demandado, relativa a la alegada incompetencia de la Corte IDH como "tribunal de alzada" o de "cuarta instancia";<sup><a href="#notas">1</a></sup> en segundo t&eacute;rmino, al establecer las medidas de reparaci&oacute;n derivadas de las violaciones a determinadas obligaciones internacionales, especialmente en el cap&iacute;tulo de "Garant&iacute;as de no repetici&oacute;n", y particularmente en el ac&aacute;pite sobre la necesaria "Adecuaci&oacute;n del derecho interno a los est&aacute;ndares internacionales en materia de justicia".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Para una mayor claridad, abordaremos por separado: a) la excepci&oacute;n preliminar opuesta por considerar incompetente a la Corte IDH por motivos de "cuarta instancia" al haber realizado los tribunales nacionales el "control de convencionalidad" (p&aacute;rrafos 4 a 12); b) las principales caracter&iacute;sticas del "control difuso de convencionalidad" y sus precisiones en el presente caso (p&aacute;rrafos 13 a 63); c) las implicaciones de esta doctrina jurisprudencial en el ordenamiento jur&iacute;dico mexicano (p&aacute;rrafos 64 a 84), y d) algunas conclusiones generales sobre la trascendencia de esta fundamental doctrina de la Corte IDH, que, de manera progresiva, est&aacute; creando un <i>ius constitutionale commune</i> en materia de derechos humanos para el continente americano o, por lo menos, para Am&eacute;rica Latina (p&aacute;rrafos 85 a 88).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. Excepci&oacute;n preliminar de "cuarta instancia" y "control de convencionalidad"</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;El Estado demandado hizo valer como excepci&oacute;n preliminar la incompetencia de la Corte IDH debido a que estim&oacute; que lo pretendido ante esa instancia internacional consist&iacute;a en revisar el proceso penal que fue seguido por todas las instancias jurisdiccionales competentes en sede nacional, donde incluso se interpusieron recursos (apelaciones) y se presentaron juicios de amparo; adem&aacute;s, se afirma, fue ejercido el "control de convencionalidad" <i>ex officio,</i> lo que a su entender hace incompetente al tribunal interamericano al no poder "revisar" lo juzgado y decidido previamente por los jueces dom&eacute;sticos que aplicaron par&aacute;metros convencionales. Este alegato sobre el ejercicio previo del "control de convencionalidad" en sede nacional, como excepci&oacute;n preliminar, resulta novedoso y fue motivo de especial atenci&oacute;n por los jueces integrantes de la Corte IDH.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;En principio, es necesario recordar que la Corte IDH ha considerado que:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el Estado ha violado o no sus obligaciones internacionales en virtud de las actuaciones de sus &oacute;rganos judiciales, puede conducir a que este tribunal &#91;interamericano&#93; deba ocuparse de examinar los respectivos procesos internos para establecer su compatibilidad con la Convenci&oacute;n Americana,<sup><a href="#notas">3</a></sup> lo cual incluye, eventualmente, las decisiones de tribunales superiores.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;En tal sentido, si bien existe jurisprudencia constante relativa a los planteamientos de excepciones preliminares por motivos de "cuarta instancia", es la primera vez que se alega que los tribunales nacionales efectivamente ejercieron el "control de convencionalidad" en un proceso ordinario que fue seguido en todas sus instancias, incluyendo los recursos ordinarios y extraordinarios respectivos, por lo que no puede nuevamente analizarse por los jueces interamericanos al implicar una revisi&oacute;n de lo decidido por los tribunales nacionales que aplicaron normatividad interamericana. Al respecto, la Corte IDH reitera que si bien la protecci&oacute;n internacional resulta "de naturaleza convencional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados americanos", como se expresa en el pre&aacute;mbulo de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos (principio de subsidiariedad que tambi&eacute;n ha sido reconocido desde el inicio de su propia jurisprudencia),<sup><a href="#notas">5</a></sup> lo cierto es que para poder realizar un an&aacute;lisis valorativo del cumplimiento de determinadas obligaciones internacionales "existe una intr&iacute;nseca interrelaci&oacute;n entre el an&aacute;lisis del derecho internacional y de derecho interno" (p&aacute;rrafo 16 de la sentencia).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7.&nbsp;Esta "interacci&oacute;n" se convierte en una "viva interacci&oacute;n"<sup><a href="#notas">6</a></sup> con intensos vasos comunicantes que propician el "di&aacute;logo jurisprudencial", en la medida en que ambas jurisdicciones (la dom&eacute;stica y la internacional) necesariamente deben atender a la normatividad "nacional" y a la "convencional" en determinados supuestos. As&iacute; sucede, en v&iacute;a de ejemplo, con la valoraci&oacute;n sobre la legalidad de una detenci&oacute;n. La actuaci&oacute;n de los &oacute;rganos nacionales (incluidos los jueces), adem&aacute;s de aplicar la normatividad que los rige en sede dom&eacute;stica, tienen la obligaci&oacute;n de seguir los lineamientos y pautas de aquellos pactos internacionales que el Estado, en uso de su soberan&iacute;a, reconoci&oacute; expresamente y cuyo compromiso internacional asumi&oacute;. A su vez, la jurisdicci&oacute;n internacional debe valorar la legalidad de la detenci&oacute;n a la luz de la normatividad interna, debido a que la propia Convenci&oacute;n Americana remite a la legislaci&oacute;n nacional para poder examinar la convencionalidad de los actos de las autoridades nacionales, ya que el art&iacute;culo 7.2 del Pacto de San Jos&eacute; remite a las "Constituciones Pol&iacute;ticas de los Estados partes o por las leyes dictadas conforme a ellas" para poder resolver sobre la legalidad de la detenci&oacute;n como par&aacute;metro de convencionalidad. Los jueces nacionales, por otra parte, deben cumplir con los dem&aacute;s supuestos previstos en el propio art&iacute;culo 7 para no violentar el derecho convencional a la libertad personal, debiendo atender de igual forma a la interpretaci&oacute;n que la Corte IDH ha realizado de los supuestos previstos en dicho numeral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8.&nbsp;De tal manera que para determinar si las actuaciones de los jueces nacionales resultan compatibles con el Pacto de San Jos&eacute;, en determinados casos se tendr&aacute; que analizar su actuaci&oacute;n a la luz de la propia normatividad interna y siempre atendiendo a la Convenci&oacute;n Americana, especialmente para valorar lo que podr&iacute;amos denominar el "debido proceso convencional" (en sentido amplio).<sup><a href="#notas">7</a></sup> Dicho an&aacute;lisis, por consiguiente, no puede constituir una "cuesti&oacute;n preliminar", sino fundamentalmente representa una "decisi&oacute;n de fondo", donde precisamente se analizar&iacute;a<i>, inter alia,</i> si un determinado ejercicio del "control de convencionalidad", por parte de los tribunales nacionales, result&oacute; compatible con las obligaciones contra&iacute;das por el Estado demandado y a la luz de la propia jurisprudencia inteamericana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. Las anteriores consideraciones, por supuesto, no otorgan competencia absoluta a la Corte IDH para revisar en cualquier caso y condici&oacute;n la actuaci&oacute;n de los jueces nacionales a la luz de la propia legislaci&oacute;n interna, toda vez que ello implicar&iacute;a examinar nuevamente los hechos, valorar las pruebas y emitir una sentencia que eventual&#45;mente pudiera tener por efecto confirmar, modificar o revocar el veredicto nacional; cuesti&oacute;n que claramente exceder&iacute;a la competencia propia de esa jurisdicci&oacute;n internacional al sustituirse a la jurisdicci&oacute;n interna y violentar el car&aacute;cter subsidiario y complementario esencial de aqu&eacute;lla. En efecto, las garant&iacute;as convencionales descansan en el "principio de subsidiariedad" antes referido, reconocido expresamente en los art&iacute;culos 46.1.a) de la propia Convenci&oacute;n Americana, previendo de manera clara como requisito de actuaci&oacute;n de los &oacute;rganos interamericanos "que se hayan interpuesto y agotado los recursos de jurisdicci&oacute;n interna, conforme los principios del derecho internacional generalmente reconocidos"; regla que a su vez complementa el dispositivo 61.2 del mismo pacto, al prever de manera expl&iacute;cita como condici&oacute;n de actuaci&oacute;n de la Corte IDH el "que sean agotados los procedimientos previstos en los art&iacute;culos 48 a 50" (referido al procedimiento ante la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">10.&nbsp;La Corte IDH no tiene competencia para convertirse en una "nueva y &uacute;ltima instancia" para resolver los planteamientos originales de las partes en un proceso nacional. Esto lo tiene claro el tribunal interamericano como no puede ser de otra manera. Cobran relevancia las l&uacute;cidas reflexiones de un destacado juez interamericano al referirse precisamente sobre esta cuesti&oacute;n:<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Corte Interamericana, <i>que tiene a su cargo el "control de convencionalidad'</i> fundado en la confrontaci&oacute;n entre el hecho realizado y las normas de la Convenci&oacute;n Americana, <i>no puede, ni pretende &#151;&#45;jam&aacute;s lo ha hecho&#151; convertirse en una nueva y &uacute;ltima instancia para conocer la controversia suscitada en el orden interno.</i> La expresi&oacute;n de que el Tribunal interamericano constituye <i>una tercera o cuarta instancia, y en todo caso una &uacute;ltima instancia, obedece a una percepci&oacute;n popular,</i> cuyos motivos son comprensibles, pero <i>no corresponde a la competencia del Tribunal, a la relaci&oacute;n jur&iacute;dica controvertida en &eacute;ste, a los sujetos del proceso respectivo y a las caracter&iacute;sticas del juicio internacional sobre derechos</i> humanos.&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">11.&nbsp;De lo expuesto se concluye que la jurisdicci&oacute;n interamericana ser&aacute; competente, en determinados casos, para revisar las actuaciones de los jueces nacionales, incluido el correcto ejercicio del "control de convencionalidad", siempre y cuando el an&aacute;lisis se derive del examen que realice de la compatibilidad de la actuaci&oacute;n nacional a la luz de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, de sus protocolos adicionales y de su propia jurisprudencia convencional; sin que ello implique convertir al tribunal interamericano en un "tribunal de alzada" o de "cuarta instancia", <i>ya que su actuaci&oacute;n se limitar&aacute; al an&aacute;lisis de determinadas violaciones de los compromisos internacionales asumidos por el Estado demandado en el caso particular, y no de todas y cada una de las actuaciones de los &oacute;rganos jurisdiccionales dom&eacute;sticos,</i> lo que evidentemente en este &uacute;ltimo supuesto equivaldr&iacute;a a sustituir a la jurisdicci&oacute;n interna, quebrantando la esencia misma de la naturaleza coadyuvante o complementaria de los tribunales internacionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">12.&nbsp;Por el contrario, la Corte IDH es competente para conocer "de los asuntos relacionados con el cumplimiento de los compromisos contra&iacute;dos por los Estados partes";<sup><a href="#notas">9</a></sup> siendo precisamente el objetivo principal del tribunal interamericano "la aplicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos",<sup><a href="#notas">10</a></sup> de donde deriva su competencia tambi&eacute;n para analizar el debido ejercicio del "control de convencionalidad" por el juez nacional <i>cuando existan violaciones al Pacto de San Jos&eacute;,</i> an&aacute;lisis que el juez convencional realizar&aacute;, necesariamente, al resolver el "fondo" del asunto y no como "excepci&oacute;n preliminar", al ser en aquel momento donde se efect&uacute;a el "examen de convencionalidad" de la actuaci&oacute;n interna a la luz de la Convenci&oacute;n Americana y de la interpretaci&oacute;n que se realice a la misma por la Corte IDH.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. La doctrina del "control difuso de convencionalidad" y sus precisiones en el presente caso</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Surgimiento y reiteraci&oacute;n de la doctrina</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">13.&nbsp;La doctrina del "control de convencionalidad" surge en 2006,<sup><a href="#notas">11</a></sup> en el caso Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile:<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">123. La descrita obligaci&oacute;n legislativa del art&iacute;culo 2 de la Convenci&oacute;n tiene tambi&eacute;n la finalidad de facilitar la funci&oacute;n del Poder Judicial de tal forma que el aplicador de la ley tenga una opci&oacute;n clara de c&oacute;mo resolver un caso particular. Sin embargo, cuando el Legislativo falla en su tarea de suprimir y/o no adoptar leyes contrarias a la Convenci&oacute;n Americana, el Judicial permanece vinculado al deber de garant&iacute;a establecido en el art&iacute;culo 1.1 de la misma y, consecuentemente, debe abstenerse de aplicar cualquier normativa contraria a ella. El cumplimiento por parte de agentes o funcionarios del Estado de una ley violatoria de la Convenci&oacute;n produce responsabilidad internacional del Estado, y es un principio b&aacute;sico del derecho de la responsabilidad internacional del Estado, recogido en el derecho internacional de los derechos humanos, en el sentido de que todo Estado es internacionalmente responsable por actos u omisiones de cualesquiera de sus poderes u &oacute;rganos en violaci&oacute;n de los derechos internacionalmente consagrados, seg&uacute;n el art&iacute;culo 1.1 de la Convenci&oacute;n Americana. <sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">124.&nbsp;La Corte es consciente que los jueces y tribunales internos est&aacute;n sujetos al imperio de la ley y, por ello, est&aacute;n obligados a aplicar las disposiciones vigentes en el ordenamiento jur&iacute;dico. Pero cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, sus jueces, como parte del aparato del Estado, tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a ella, lo que les obliga a velar porque los efectos de las disposiciones de la Convenci&oacute;n no se vean mermadas por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un inicio carecen de efectos jur&iacute;dicos. <i>En otras palabras, el Poder Judicial debe ejercer una especie de "control de convencionalidad" entre las normas jur&iacute;dicas internas que aplican en los casos concretos y la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos. En esta tarea, el Poder Judicial debe tener en cuenta no solamente el tratado, sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que del mismo ha hecho la Corte Interamericana, int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana</i>.&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">125.&nbsp;En esta misma l&iacute;nea de ideas, esta Corte ha establecido que "&#91;s&#93;eg&uacute;n el derecho internacional las obligaciones que &eacute;ste impone deben ser cumplidas de buena fe y no puede invocarse para su incumplimiento el derecho interno".<sup><a href="#notas">14</a></sup> Esta regla ha sido codificada en el art&iacute;culo 27 de la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969.</font></p> 	</blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">14.&nbsp;El precedente anterior fue reiterado con ciertos matices, dos meses despu&eacute;s, en el caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs</i>.Per&uacute;.<sup><a href="#notas">15</a></sup> En efecto, en este fallo se invoca el criterio del caso Almonacid Arellano sobre el "control de convencionalidad" y lo "precisa" en dos aspectos: (i) procede "de oficio" sin necesidad de que las partes lo soliciten; y (ii) debe ejercerse dentro del marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes, considerando otros presupuestos formales y materiales de admisibilidad y procedencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">15.&nbsp;Desde entonces se ha venido consolidando la esencia de esta doctrina, al aplicarse en los casos contenciosos siguientes: La Cantuta <i>vs.</i> Per&uacute; (2006);<sup><a href="#notas">16</a></sup> Boyce y otros <i>vs.</i> Barbados (2007);<sup><a href="#notas">17</a></sup> Heliodoro Portugal <i>vs.</i> Panam&aacute; (2008);<sup><a href="#notas">18</a></sup> Rosendo Radilla Pacheco <i>vs.</i>Estados Unidos Mexicanos (2009);<sup><a href="#notas">19</a></sup> Manuel Cepeda Vargas <i>vs.</i> Colombia (2010);<sup><a href="#notas">20</a></sup> Comunidad Ind&iacute;gena X&aacute;kmok K&aacute;sek <i>vs.</i> Paraguay (2010);<sup><a href="#notas">21</a></sup> Fern&aacute;ndez Ortega y Otros <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010);<sup><a href="#notas">22</a></sup> Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010);<sup><a href="#notas">23</a></sup> Ibsen C&aacute;rdenas e Ibsen Pe&ntilde;a <i>vs.</i> Bolivia (2010);<sup><a href="#notas">24</a></sup> V&eacute;lez Loor <i>vs.</i> Panam&aacute; (2010);<sup><a href="#notas">25</a></sup> Gomes Lund y Otros (Guerrilha do Araguaia) <i>vs.</i> Brasil (2010),<sup><a href="#notas">26</a></sup> y ahora, Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010).<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. Adem&aacute;s, la doctrina jurisprudencial tambi&eacute;n se aplic&oacute; en la resoluci&oacute;n de supervisi&oacute;n de cumplimiento de sentencia, en los casos Ferm&iacute;n Ram&iacute;rez, y Raxcac&oacute; Reyes, as&iacute; como en la solicitud de "ampliaci&oacute;n de medidas provisionales" de Raxcac&oacute; Reyes y Otros, todos <i>vs</i>. Guatemala.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Y tambi&eacute;n ha sido motivo de profundas reflexiones por parte de algunos de los jueces de la Corte IDH al emitir sus votos razonados, como los ex presidentes Garc&iacute;a Ram&iacute;rez,<sup><a href="#notas">29</a></sup> y Can&ccedil;ado Trindade,<sup><a href="#notas">30</a></sup> as&iacute; como del juez <i>ad hoc</i> Roberto de Figueiredo Caldas,<sup><a href="#notas">31</a></sup> a los que nos referiremos m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Aportaciones en el caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">17.&nbsp;En la sentencia a que se refiere el presente voto razonado, se reitera la esencia de la doctrina del "control de convencionalidad" con algunas precisiones de relevancia, en los siguientes t&eacute;rminos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">225. Este Tribunal ha establecido en su jurisprudencia que es consciente que las autoridades internas est&aacute;n sujetas al imperio de la ley y, por ello, est&aacute;n obligadas a aplicar las disposiciones vigentes en el ordenamiento jur&iacute;dico. Pero cuando un Estado es parte de un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, <i>todos sus &oacute;rganos, incluidos sus jueces,</i> tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a aqu&eacute;l, lo cual les obliga a velar por que los efectos de las disposiciones de la Convenci&oacute;n no se vean mermados por la aplicaci&oacute;n de normas contrarias a su objeto y fin. <i>Los jueces y &oacute;rganos vinculados a la administraci&oacute;n de justicia en todos los niveles</i> est&aacute;n en la obligaci&oacute;n de ejercer <i>ex oficio</i> un "control de convencionalidad" entre las normas internas y la Convenci&oacute;n Americana, evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes. En esta tarea, <i>los jueces y &oacute;rganos judiciales vinculados a la administraci&oacute;n de justicia</i> deben tener en cuenta no solamente el tratado, sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que del mismo ha hecho la Corte Interamericana, int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana. &#91;subrayado a&ntilde;adido&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">18.&nbsp;Como puede apreciarse, la Corte IDH aclara su doctrina sobre el "control de convencionalidad", al sustituir las expresiones relativas al "Poder Judicial" que aparec&iacute;an desde el <i>leading case</i> Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile (2006), para ahora hacer referencia a que "todos sus &oacute;rganos" de los Estados que han ratificado la Convenci&oacute;n Americana, "incluidos sus jueces", deben velar por el efecto &uacute;til del pacto, y que "los jueces y &oacute;rganos vinculados a la administraci&oacute;n de justicia en todos los niveles" est&aacute;n obligados a ejercer, de oficio, el "control de convencionalidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">19.&nbsp;La intencionalidad de la Corte IDH es clara: definir que la doctrina del "control de convencionalidad" se debe ejercer por "todos los jueces", independientemente de su formal pertenencia o no al Poder Judicial y sin importar su jerarqu&iacute;a, grado, cuant&iacute;a o materia de especializaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">20.&nbsp;As&iacute;, no existe duda de que el "control de convencionalidad" debe realizarse <i>por cualquier juez o tribunal que materialmente realice funciones jurisdiccionales,</i> incluyendo, por supuesto, a las cortes, salas o tribunales constitucionales, as&iacute; como a las cortes supremas de justicia y dem&aacute;s altas jurisdicciones de los veinticuatro pa&iacute;ses que han suscrito y ratificado o se han adherido a la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos,<sup><a href="#notas">32</a></sup> y con mayor raz&oacute;n de los veinti&uacute;n Estados que han reconocido la jurisdicci&oacute;n contenciosa de la Corte IDH,<sup><a href="#notas">33</a></sup> de un total de treinta y cinco pa&iacute;ses que conforman la OEA.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Caracterizaci&oacute;n del "control difuso de convencionalidad" a la luz de su desarrollo jurisprudencial</i></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A. <i>Car&aacute;cter "difuso": todos los jueces nacionales "deben" ejercerlo</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">21.&nbsp;Se trata, en realidad, de un "control difuso de convencionalidad", debido a que <i>debe ejercerse por todos los jueces nacionales</i>. Existe, por consiguiente, una asimilaci&oacute;n de conceptos del derecho constitucional, lo cual est&aacute; presente desde el origen y desarrollo del derecho internacional de los derechos humanos, especialmente al crearse las "garant&iacute;as" y "&oacute;rganos" internacionales de protecci&oacute;n de los derechos humanos. Se advierte claramente una "internacionalizaci&oacute;n del derecho constitucional", particularmente al trasladar las "garant&iacute;as constitucionales" como instrumentos procesales para la tutela de los derechos fundamentales y salvaguarda de la "supremac&iacute;a constitucional", a las "garant&iacute;as convencionales" como mecanismos jurisdiccionales y cuasi jurisdiccionales para la tutela de los derechos humanos previstos en los pactos internacionales cuando aqu&eacute;llos no han sido suficientes, por lo que de alguna manera se configura tambi&eacute;n una "supremac&iacute;a convencional".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">22.&nbsp;Una de las manifestaciones de este proceso de "internacionalizaci&oacute;n" de categor&iacute;as constitucionales es, precisamente, la concepci&oacute;n difusa de convencionalidad que estamos analizando, ya que parte de la arraigada connotaci&oacute;n del "control difuso de constitucionalidad" en contraposici&oacute;n con el "control concentrado" que se realiza en los Estados constitucionales por las altas "jurisdicciones constitucionales", teniendo la &uacute;ltima interpretaci&oacute;n constitucional los tribunales, cortes o salas constitucionales o en algunos casos, las cortes supremas y otras altas jurisdicciones. En este sentido, el "control concentrado de convencionalidad" lo ven&iacute;a realizando la Corte IDH desde sus primeras sentencias, sometiendo a un examen de convencionalidad los actos y normas de los Estados en un caso particular. Este "control concentrado" lo realizaba, fundamentalmente, la Corte IDH. Ahora se ha transformado en un "control difuso de convencionalidad" al extender dicho "control" a todos los jueces nacionales como un deber de actuaci&oacute;n en el &aacute;mbito interno, si bien conserva la Corte IDH su calidad de "int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana" cuando no se logre la eficaz tutela de los derechos humanos en el &aacute;mbito interno.<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">23.&nbsp;Se trata de un "sistema de control extenso (vertical y general)" como acertadamente lo ha puesto de relieve el ex juez interamericano Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez. Al respecto, resultan ilustrativas sus reflexiones vertidas en el voto razonado que formul&oacute; con motivo de la sentencia emitida en el caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i>Per&uacute;:<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. En otras ocasiones <i>he cotejado la funci&oacute;n de los tribunales internacionales de derechos humanos con la misi&oacute;n de las cortes constitucionales internas. Estas</i> tienen a su cargo velar por el Estado de derecho a trav&eacute;s del juzgamiento sobre la subordinaci&oacute;n de actos de autoridades a la ley suprema de la naci&oacute;n. En el desarrollo de la justicia constitucional ha aparecido una jurisprudencia de principios y valores &#151;principios y valores del sistema democr&aacute;tico&#151; que ilustra el rumbo del Estado, brinda seguridad a los particulares y establece el derrotero y las fronteras en el quehacer de los &oacute;rganos del Estado. Desde otro &aacute;ngulo, <i>el control de constitucionalidad,</i> como valoraci&oacute;n y decisi&oacute;n sobre el acto de autoridad sometido a juicio, se encomienda a un &oacute;rgano de elevada jerarqu&iacute;a dentro de la estructura jurisdiccional del Estado <i>(control concentrado</i>) o se asigna a los diversos &oacute;rganos jurisdiccionales en lo que respecta a los asuntos de los que toman conocimiento conforme a sus respectivas competencias <i>(control difuso).</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12.&nbsp;Este "control de convencionalidad", de cuyos buenos resultados depende la mayor difusi&oacute;n del r&eacute;gimen de garant&iacute;as, <i>puede tener &#151;como ha sucedido en algunos pa&iacute;ses&#151; car&aacute;cter difuso,</i> es decir, quedar en manos de <i>todos los tribunales</i> cuando &eacute;stos deban resolver asuntos en los que resulten aplicables las estipulaciones de los tratados internacionales de derechos humanos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">13.&nbsp;Esto permitir&iacute;a trazar un <i>sistema de control extenso &#151;vertical y general&#151;</i> en materia de juridicidad de los actos de autoridades &#151;por lo que toca a la conformidad de &eacute;stos con las normas internacionales sobre derechos humanos&#151;, sin perjuicio de que la fuente de interpretaci&oacute;n de las disposiciones internacionales de esta materia se halle donde los Estados la han depositado al instituir el r&eacute;gimen de protecci&oacute;n que consta en la CADH y en otros instrumentos del <i>corpus juris</i> regional. <i>Me parece que ese control extenso &#151;al que corresponde el "control de convencionalidad"&#151; se halla entre las m&aacute;s relevantes tareas para el futuro inmediato del sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos.</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">24. El "control difuso de convencionalidad" convierte al juez nacional en juez interamericano: en un primer y aut&eacute;ntico guardi&aacute;n de la Convenci&oacute;n Americana, de sus protocolos adicionales (eventual&#45;mente de otros instrumentos internacionales) y de la jurisprudencia de la Corte IDH que interpreta dicha normatividad. Tienen los jueces y &oacute;rganos de impartici&oacute;n de justicia nacionales la importante misi&oacute;n de salvaguardar no s&oacute;lo los derechos fundamentales previstos en el &aacute;mbito interno, sino tambi&eacute;n el conjunto de valores, principios y derechos humanos que el Estado ha reconocido en los instrumentos internacionales y cuyo compromiso internacional asumi&oacute;. Los jueces nacionales se convierten en los primeros int&eacute;rpretes de la normatividad internacional, si se considera el car&aacute;cter subsidiario, complementario y coadyuvante de los &oacute;rganos interamericanos con respecto a los previstos en el &aacute;mbito interno de los Estados americanos y la nueva "misi&oacute;n" que ahora tienen para salvaguardar el <i>corpus juris</i> interamericano a trav&eacute;s de este nuevo "control".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">25. Este proceso evolutivo de recepci&oacute;n nacional del derecho internacional de los derechos humanos se manifiesta claramente en reformas legislativas trascendentales en los Estados nacionales, al incorporar diversas cl&aacute;usulas constitucionales para recibir el influjo del derecho internacional. As&iacute; sucede con el reconocimiento de la jerarqu&iacute;a constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos,<sup><a href="#notas">36</a></sup> o incluso aceptando su car&aacute;cter de supra constitucionalidad cuando resulten m&aacute;s favorables;<sup><a href="#notas">37</a></sup> el reconocimiento de su especificidad en esta materia;<sup><a href="#notas">38</a></sup> la aceptaci&oacute;n de los principios <i>pro homine</i> o <i>favor libertatis</i> como criterios hermen&eacute;uticos nacionales;<sup><a href="#notas">39</a></sup> en la incorporaci&oacute;n de "cl&aacute;usulas abiertas" de recepci&oacute;n de otros derechos conforme alanormatividadconvencional;<sup><a href="#notas">40</a></sup> o en cl&aacute;usulas constitucionales para interpretar los derechos y libertades "conforme" a los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos,<sup><a href="#notas">41</a></sup> entre otros supuestos.<sup><a href="#notas">42</a></sup> De esta forma, las normas convencionales adquieren car&aacute;cter constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">26.&nbsp;El desarrollo descrito de incorporaci&oacute;n del derecho internacional de los derechos humanos en sede nacional, tambi&eacute;n se debe a las propias jurisdicciones dom&eacute;sticas, especialmente a las altas jurisdicciones constitucionales que progresivamente han privilegiado interpretaciones din&aacute;micas que favorecen y posibilitan la recepci&oacute;n de los derechos humanos previstos en los tratados internacionales.<sup><a href="#notas">43</a></sup> Se forma un aut&eacute;ntico "bloque de constitucionalidad", que si bien var&iacute;a de pa&iacute;s a pa&iacute;s, la tendencia es considerar dentro del mismo no s&oacute;lo a los derechos humanos previstos en los pactos internacionales, sino tambi&eacute;n a la propia jurisprudencia de la Corte IDH. As&iacute;, en algunas ocasiones el "bloque de convencionalidad" queda subsumido en el "bloque de constitucionalidad", por lo que al realizar el "control de constitucionalidad" tambi&eacute;n se efect&uacute;a "control de convencionalidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">27.&nbsp;Precisamente la Corte IDH en los p&aacute;rrafos 226 a 232 de la sentencia a que se refiere el presente voto razonado, ha querido ejemplificar la manera en que tribunales de la " m&aacute;s alta jerarqu&iacute;a" han aplicado y aceptado el "control de convencionalidad", considerando la jurisprudencia interamericana. Representa una manifestaci&oacute;n clara de este interesante proceso de "recepci&oacute;n nacional del derecho internacional de los derechos humanos", y sin lugar a dudas "constituye uno de los rasgos positivos sobresalientes en la hora actual, que conviene reconocer, sostener y acrecentar".<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">28.&nbsp;Al respecto, en la sentencia que motiva el presente voto razonado se transcriben pasajes de diversos fallos de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Costa Rica; del Tribunal Constitucional de Bolivia; de la Corte Suprema de Justicia de Rep&uacute;blica Dominicana; del Tribunal Constitucional del Per&uacute;; de la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n de Argentina; y de la Corte Constitucional de Colombia. Son algunos ejemplos que permiten comprender esta din&aacute;mica de recepci&oacute;n jurisdiccional del derecho internacional de los derechos humanos y de la jurisprudencia convencional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">29.&nbsp;Si observamos con detenimiento los fallos referidos, puede apreciarse que algunos de los criterios fueron adoptados con anterioridad a la creaci&oacute;n pretoriana del "control de convencionalidad" en el caso Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile de 2006, como sucedi&oacute; con los precedentes de Argentina (2004) Costa Rica (1995), Colombia (2000), Rep&uacute;blica Dominicana (2003) o Per&uacute; (2006). Resulta evidente que la Corte IDH crea la doctrina del "control difuso de convencionalidad" advirtiendo la tendencia de la "constitucionalizaci&oacute;n" o, si se prefiere, "nacionalizaci&oacute;n"<sup><a href="#notas">45</a></sup> del "derecho internacional de los derechos humanos" y particularmente la aceptaci&oacute;n de su jurisprudencia convencional como elemento "hermen&eacute;utico" y de "control" de la normativi&#45;dad interna por parte de los propios tribunales internos; es decir, la Corte IDH recibi&oacute; el influjo de la pr&aacute;ctica jurisprudencial de los jueces nacionales para crear la nueva doctrina sobre el "control difuso de convencionalidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">30.&nbsp;A su vez, se advierte que varias altas jurisdicciones nacionales incorporaron los par&aacute;metros del "control difuso de convencionalidad" debido al reconocimiento de la jurisprudencia de la Corte IDH a partir de la creaci&oacute;n de dicha doctrina en 2006. Especial menci&oacute;n es el trascendental precedente de la Corte Suprema de Justicia de Argentina de 2007 (caso "Mazzeo"),<sup><a href="#notas">46</a></sup> donde expresa el deber del Poder Judicial local de ejercer el "control de convencionalidad", reproduciendo pr&aacute;cticamente lo expresado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Almonacid Arellano <i>vs</i>.Chile. En efecto, en el p&aacute;rrafo 21 del referido fallo de la Corte Suprema de Argentina se dice textualmente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">21) Que, por su parte, la Corte Interamericana ha se&ntilde;alado que "es consciente que los jueces y tribunales internos est&aacute;n sujetos al imperio de la ley y, por ello, est&aacute;n obligados a aplicar las disposiciones vigentes en el ordenamiento jur&iacute;dico. Pero cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, sus jueces, como parte del aparato del Estado, tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a ella, lo que les obliga a velar porque los efectos de las disposiciones de la Convenci&oacute;n no se vean mermados por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un inicio carecen de efectos jur&iacute;dicos". En otras palabras, el Poder Judicial debe ejercer una especie de "control de convencionalidad" entre las normas jur&iacute;dicas internas que aplican en los casos concretos y la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos. En esta tarea, el Poder Judicial debe tener en cuenta no solamente el tratado, sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que del mismo ha hecho la Corte Interamericana, int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana &#151;CIDH Serie CN&#45;154, caso "Almonacid", del 26 de septiembre de 2006, par&aacute;grafo 124&#151;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">31. Se produce un interesante influjo entre la Corte IDH y las jurisdicciones nacionales que propicia el "di&aacute;logo jurisprudencial",<sup><a href="#notas">47</a></sup> el cual incide en la debida articulaci&oacute;n y creaci&oacute;n de est&aacute;ndares en materia de protecci&oacute;n de los derechos humanos en el continente americano o, por lo pronto, en Latinoam&eacute;rica. El derecho internacional de los derechos humanos se conjuga con el derecho constitucional o, si se prefiere, se enlazan el derecho constitucional internacional y el derecho internacional de los derechos humanos; lo anterior implica, necesariamente, una capacitaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n permanente de los jueces nacionales sobre la din&aacute;mica de la jurisprudencia convencional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">32.&nbsp;En este sentido, cobra relevancia las consideraciones del ex presidente de la Corte IDH, Antonio Augusto Caneado Trindade (actualmente juez de la Corte Internacional de Justicia), al reflexionar sobre el "control de convencionalidad" en su voto razonado con motivo del caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs</i>.Per&uacute;:<sup><a href="#notas">48</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. O sea, los &oacute;rganos del Poder Judicial de cada Estado parte en la Convenci&oacute;n Americana <i>deben conocer a fondo y aplicar debidamente no s&oacute;lo el derecho constitucional sino tambi&eacute;n el derecho internacional de los derechos humanos; deben ejercer</i> ex officio <i>el control tanto de constitucionalidad como de convencionalidad</i>, tomados en conjunto, <i>por cuanto los ordenamientos jur&iacute;dicos internacional y nacional se encuentran en constante interacci&oacute;n</i> en el presente dominio de protecci&oacute;n de la persona humana. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">33.&nbsp;La doctrina del "control difuso de convencionalidad" establecida por la Corte IDH tiene como destinatarios <i>a todos los jueces nacionales,</i> que deben ejercer dicho "control" con independencia de su jerarqu&iacute;a, grado, cuant&iacute;a o materia de competencia que la normatividad interna les otorgue.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B. <i>Intensidad del "control difuso de convencionalidad": de mayor grado cuando se tiene competencia para inaplicar o declarar la invalidez de una norma general</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">34.&nbsp;Todos los jueces y &oacute;rganos que realicen funciones jurisdiccionales desde una perspectiva material "deben" ejercer el "control de convencionalidad". Es el mensaje claro que la Corte IDH env&iacute;a en la sentencia relativa al caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores, materia del presente voto razonado. Lo anterior no excluye a los jueces que no pueden realizar "control de constitucionalidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">35.&nbsp;En efecto, la precisi&oacute;n de la doctrina relativa a que los jueces deben realizar "de oficio" el control de convencionalidad <i>"evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales co&#45;rrespondientes",</i><sup><a href="#notas">49</a></sup> no puede interpretarse como limitante para ejercer el "control difuso de convencionalidad", sino como una manera de "graduar" la intensidad del mismo. Esto es as&iacute;, debido a que este tipo de control no implica necesariamente optar por aplicar la normativa o jurisprudencia convencional y dejar de aplicar la nacional, sino implica adem&aacute;s y en primer lugar, tratar de armonizar la normativa interna con la convencional, a trav&eacute;s de una "interpretaci&oacute;n convencional" de la norma nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">36.&nbsp;As&iacute;, en los llamados sistemas "difusos" de control de constitucionalidad donde todos los jueces tienen competencia para dejar de aplicar una ley al caso concreto por contravenir la Constituci&oacute;n nacional, el grado de "control de convencionalidad" resulta de mayor alcance, al tener todos los jueces nacionales la atribuci&oacute;n de inaplicar la norma inconvencional. Este supuesto es un grado intermedio de "control", que operar&aacute; s&oacute;lo si no existe una posible "interpretaci&oacute;n conforme" de la normatividad nacional con el Pacto de San Jos&eacute; (o de algunos otros tratados internacionales como veremos m&aacute;s adelante) y de la jurisprudencia convencional. A trav&eacute;s de esta "interpretaci&oacute;n conforme" se salva la "convencionalidad" de la norma interna. El grado de intensidad m&aacute;ximo del "control de convencionalidad" se puede realizar por las altas jurisdicciones constitucionales (normalmente los &uacute;ltimos int&eacute;rpretes constitucionales en un determinado sistema jur&iacute;dico) que generalmente tienen adem&aacute;s la facultad de declarar la invalidez de la norma inconstitucional con efectos <i>erga omnes.</i> Se trata de una declaraci&oacute;n general de invalidez por la inconvencionalidad de la norma nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">37.&nbsp;En cambio, el grado de intensidad del "control difuso de convencionalidad" disminuir&aacute; en aquellos sistemas donde no se permite el "control difuso de constitucionalidad" y, por consiguiente, no todos los jueces tienen la facultad de dejar de aplicar una ley al caso concreto. En estos casos, es evidente que los jueces que carecen de tal competencia ejercer&aacute;n el "control difuso de convencionalidad" con menor intensidad, <i>sin que ello signifique que no puedan realizarlo</i> "en el marco de sus respectivas competencias". Lo anterior implica que no podr&aacute;n dejar de aplicar la norma (al no tener esa potestad), debiendo, en todo caso, realizar una "interpretaci&oacute;n convencional" de la misma, es decir, efectuar una "interpretaci&oacute;n conforme", no s&oacute;lo de la Constituci&oacute;n nacional, sino tambi&eacute;n de la Convenci&oacute;n Americana y de la jurisprudencia convencional. Esta interpretaci&oacute;n requiere una actividad creativa para lograr la compatibilidad de la norma nacional conforme al par&aacute;metro convencional y as&iacute; lograr la efectividad del derecho o libertad de que se trate, con los mayores alcances posibles en t&eacute;rminos del principio <i>pro homine.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">38. En efecto, al realizarse el "examen de compatibilidad convencional", el juez nacional debe siempre aplicar el <i>principio pro homine</i> (previsto en el art&iacute;culo 29 del Pacto de San Jos&eacute;), que implica, <i>inter alia,</i> efectuar la interpretaci&oacute;n m&aacute;s favorable para el efectivo goce y ejercicio de los derechos y libertades fundamentales;<sup><a href="#notas">50</a></sup> pudiendo incluso optar por la interpretaci&oacute;n m&aacute;s favorable <i>en caso de aplicabilidad de la Convenci&oacute;n Americana y otros tratados internacionales sobre derechos humanos.</i> As&iacute; lo ha interpretado la propia Corte IDH, al se&ntilde;alar que:<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">51. A prop&oacute;sito de la comparaci&oacute;n entre la Convenci&oacute;n Americana y los otros tratados mencionados, la Corte no puede eludir un comentario acerca de un criterio de interpretaci&oacute;n sugerido por Costa Rica en la audiencia del 8 de noviembre de 1985. Seg&uacute;n ese planteamiento en la hip&oacute;tesis de que un derecho recogido en la Convenci&oacute;n Americana fuera regulado de modo m&aacute;s restrictivo en otro instrumento internacional referente a los derechos humanos, la interpretaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana deber&iacute;a hacerse tomando en cuenta esas mayores limitaciones porque: "De lo contrario tendr&iacute;amos que aceptar que lo que es l&iacute;cito y permisible en el &aacute;mbito universal, constituir&iacute;a una violaci&oacute;n en el continente americano, lo que parece evidentemente una afirmaci&oacute;n err&oacute;nea. <i>M&aacute;s bien pensamos que en cuanto a interpretaci&oacute;n de tratados, puede sentarse el criterio de que las reglas de un tratado o convenci&oacute;n deben interpretarse en relaci&oacute;n con las disposiciones que aparezcan en otros tratados que versen sobre la misma materia. Tambi&eacute;n puede definirse el criterio de que las normas de un tratado regional, deben interpretarse a la luz de la doctrina y disposiciones de los instrumentos de car&aacute;cter universal".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En verdad, frecuentemente es &uacute;til, como acaba de hacerlo la Corte, comparar la Convenci&oacute;n Americana con lo dispuesto en otros instrumentos internacionales como medio para poner de relieve aspectos particulares de la regulaci&oacute;n de un determinado derecho, pero tal m&eacute;todo no podr&iacute;a emplearse nunca para incorporar a la Convenci&oacute;n criterios restrictivos que no se desprendan directamente de su texto, por m&aacute;s que est&eacute;n presentes en cualquier otro tratado internacional.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">52. La anterior conclusi&oacute;n se deduce claramente del art&iacute;culo 29 de la Convenci&oacute;n, que contiene las normas de interpretaci&oacute;n, cuyo literal b) indica que ninguna disposici&oacute;n de la Convenci&oacute;n puede ser interpretada en el sentido de: "limitar el goce y ejercicio de cualquier derecho o libertad que pueda estar reconocido de acuerdo con las leyes de cualquiera de los Estados partes o de acuerdo con otra convenci&oacute;n en que sea parte uno de dichos Estados".</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, si a una misma situaci&oacute;n son aplicables la Convenci&oacute;n Americana y otro tratado internacional, debe prevalecer la norma m&aacute;s favorable a la persona humana. Si la propia Convenci&oacute;n establece que sus regulaciones no tienen efecto restrictivo sobre otros instrumentos internacionales, menos a&uacute;n podr&aacute;n traerse restricciones presentes en esos otros instrumentos, pero no en la Convenci&oacute;n, para limitar el ejercicio de los derechos y libertades que &eacute;sta reconoce.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">39. En caso de incompatibilidad absoluta, donde no exista "interpretaci&oacute;n convencional" posible, si el juez carece de facultades para desaplicar la norma, se limitar&aacute; a se&ntilde;alar la inconvencionalidad de la misma o, en su caso, "plantear la duda de inconvencionalidad" ante otros &oacute;rganos jurisdiccionales competentes dentro del mismo sistema jur&iacute;dico nacional que puedan ejercer el "control de convencionalidad" con mayor intensidad. As&iacute;, los &oacute;rganos jurisdiccionales revisores tendr&aacute;n que ejercer dicho "control" y desaplicar la norma o bien declarar la invalidez de la misma por resultar inconvencional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">40.&nbsp;Lo que no parece razonable y estar&iacute;a fuera de los par&aacute;metros interpretativos de la Corte IDH, es que ning&uacute;n &oacute;rgano nacional tenga competencia para ejercer el "control difuso de convencionalidad" con intensidad fuerte, es decir, dejar de aplicar la norma al caso particular o con efectos generales como resultado de la inconvencionalidad de la misma, ya que de lo contrario se producir&iacute;a una responsabilidad internacional del Estado. No debe perderse de vista lo estipulado en los art&iacute;culos 1 y 2 de la Convenci&oacute;n Americana, relativos a la obligaci&oacute;n de respetar los derechos humanos y el deber de adoptar disposiciones de derecho interno. Como lo ha se&ntilde;alado la propia Corte IDH, este &uacute;ltimo dispositivo tiene tambi&eacute;n "la finalidad de facilitar la funci&oacute;n del Poder Judicial de tal forma que el aplicador de la ley tenga una opci&oacute;n clara de c&oacute;mo resolver un caso particular"<sup><a href="#notas">52</a></sup> en situaciones que involucren derechos fundamentales. De tal manera que la Corte IDH, precisamente en el caso Almonacid Arellano que da origen a la doctrina del "control difuso de convencionalidad", es enf&aacute;tica al establecer en su p&aacute;rrafo 123 que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el Legislativo falla en su tarea de suprimir y/o no adoptar leyes contrarias a la Convenci&oacute;n Americana, <i>el Judicial permanece vinculado al deber de garant&iacute;a establecido en el art&iacute;culo 1.1 de la misma y, consecuentemente, debe abstenerse de aplicar cualquier normativa contraria a ella.</i> El cumplimiento por parte de agentes o funcionarios del Estado de una ley violatoria de la Convenci&oacute;n <i>produce responsabilidad internacional del Estado,</i> y es un principio b&aacute;sico del derecho de la responsabilidad internacional del Estado, recogido en el derecho internacional de los derechos humanos, en el sentido de que todo Estado es internacionalmente responsable por actos u omisiones de cualesquiera de sus poderes u &oacute;rganos en violaci&oacute;n de los derechos internacionalmente consagrados, seg&uacute;n el art&iacute;culo 1.1 de la Convenci&oacute;n Americana.<sup><a href="#notas">53</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">41.&nbsp;As&iacute;, el "control difuso de convencionalidad", si bien se ejerce por todos los jueces nacionales, tiene diferentes grados de intensidad y realizaci&oacute;n, de conformidad con "el <i>marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes".</i> En principio, corresponde a todos los jueces y &oacute;rganos jurisdiccionales realizar una "interpretaci&oacute;n" de la norma nacional a la luz de la Convenci&oacute;n Americana, de sus protocolos adicionales (y eventualmente de otros tratados), as&iacute; como de la jurisprudencia de la Corte IDH, y siempre con la regla interpretativa del principio <i>pro homine</i> a que refiere el art&iacute;culo 29 del Pacto de San Jos&eacute;; en ese primer grado de intensidad se escoger&aacute; la interpretaci&oacute;n conforme con los par&aacute;metros convencionales y, por consiguiente, se desechar&aacute;n aquellas interpretaciones inconvencionales o que sean de menor efectividad en el goce y protecci&oacute;n del derecho o libertad respectivo; existe, en este sentido, un parang&oacute;n con la "interpretaci&oacute;n conforme" con la Constituci&oacute;n que realizan los jueces nacionales, especialmente los jueces constitucionales. En segundo t&eacute;rmino, y s&oacute;lo si no puede salvarse la convencionalidad de la norma interna, el "control de convencionalidad" debe realizarse con mayor intensidad, sea inaplicando la norma al caso particular, o bien declarando su invalidez con efectos generales, como resultado de su inconvencionalidad, de conformidad con las respectivas competencias de cada juez nacional.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C. <i>Debe ejercerse "de oficio": sea invocado o no por las partes</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">42. Esta caracter&iacute;stica del "control difuso de convencionalidad" constituye una precisi&oacute;n de la doctrina original. Se estableci&oacute; en el caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y Otros) <i>vs.</i> Per&uacute;,<sup><a href="#notas">54</a></sup> dos meses despu&eacute;s del caso Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile, ya partir de entonces se ha mantenido firme en la jurisprudencia de la Corte IDH. Consiste en la posibilidad de ejercer dicho control por los jueces nacionales<i>, con independencia de que las partes lo invoquen</i>. En realidad constituye un complemento del car&aacute;cter "difuso" de dicho control. Si en la anterior caracter&iacute;stica del "control difuso de convencionalidad" se establec&iacute;a la intencionalidad de la Corte IDH de que se "debe" ejercer por cualquier juez, con independencia de su jerarqu&iacute;a, grado, cuant&iacute;a o materia de especializaci&oacute;n (de donde deriva que sea un "control difuso"), ahora se acent&uacute;a dicho car&aacute;cter al especificar que adem&aacute;s se ejerce "de oficio", lo que implica que en cualquier circunstancia los jueces deben realizar dicho control, ya que "esta funci&oacute;n no debe quedar limitada exclusivamente por las manifestaciones o actos de los accionantes en cada caso concreto".<sup><a href="#notas">55</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">43.&nbsp;Pudiera suceder, incluso, que en el &aacute;mbito interno procedan recursos o medios de defensa adecuados y eficaces para combatir la falta o inadecuado ejercicio del "control difuso de convencionalidad" por alg&uacute;n juez (por ejemplo, a trav&eacute;s de una apelaci&oacute;n, recurso de casaci&oacute;n o proceso de amparo), al no haberse realizado <i>ex oficio</i> dicho control. Se trata de una nueva vertiente del principio <i>iura novit curia</i> (el juez conoce el derecho y la jurisprudencia convencional).</font></p>      <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">D. <i>Par&aacute;metro del "control difuso de convencionalidad": el "bloque de convencionalidad"</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">44.&nbsp;En principio, el par&aacute;metro del "control difuso de convencionalidad" por parte de los jueces nacionales (con independencia de si ejercen o no control de constitucionalidad), es el Pacto de San Jos&eacute; y la jurisprudencia de la Corte IDH que la interpreta. La &uacute;ltima parte de la doctrina jurisprudencial respectiva as&iacute; lo prev&eacute;: "En esta tarea, los jueces y &oacute;rganos vinculados a la administraci&oacute;n de justicia <i>deben tener en cuenta no solamente el tratado</i> &#91;Pacto de San Jos&eacute;&#93;, <i>sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que del mismo ha hecho la Corte Interamericana,</i> int&eacute;rprete &uacute;ltima de la Convenci&oacute;n Americana".<sup><a href="#notas">56</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">45.&nbsp;No obstante, la propia "jurisprudencia" de la Corte IDH ha ido ampliando el <i>corpus juris</i> interamericano en materia de derechos humanos para fundamentar sus fallos. No debe pasar inadvertido que es el propio Pacto de San Jos&eacute; el que permite incluir "en el r&eacute;gimen de protecci&oacute;n de esta Convenci&oacute;n otros derechos y libertades que sean reconocidos de acuerdo con los art&iacute;culos 76 y 77", lo que ha permitido que se aprueben diversos protocolos "adicionales" (a la Convenci&oacute;n Americana) y sean interpretados por este tribunal interamericano. Asimismo, el propio pacto establece como norma interpretativa que no se puede excluir o limitar el efecto que puedan producir la Declaraci&oacute;n Americana de Derechos y Deberes del Hombre y "otros actos internacionales de la misma naturaleza".<sup><a href="#notas">57</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">46.&nbsp;Sobre el particular resultan ilustrativas las reflexiones del juez Garc&iacute;a Ram&iacute;rez en su voto razonado emitido con motivo del caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs</i>.Per&uacute;, <i>al analizar el par&aacute;metro del "control de convencionalidad":</i><sup><a href="#notas">58</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la especie, al referirse a un <i>"control de convencionalidad"</i> la Corte Interamericana ha tenido a la vista la aplicabilidad y aplicaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San Jos&eacute;. Sin embargo, <i>la misma funci&oacute;n se despliega, por id&eacute;nticas razones, en lo que toca a otros instrumentos de igual naturaleza, integrantes del</i> corpus juris <i>convencional</i> de los derechos humanos de los que es parte el Estado: <i>Protocolo de San Salvador, Protocolo relativo a la Abolici&oacute;n de la Pena de Muerte, Convenci&oacute;n para Prevenir y Sancionar la Tortura, Convenci&oacute;n de Bel&eacute;m do Par&aacute; para la Erradicaci&oacute;n de la Violencia contra la Mujer, Convenci&oacute;n sobre Desaparici&oacute;n Forzada, etc&eacute;tera.</i> De lo que se trata es que haya conformidad entre los actos internos y los compromisos internacionales contra&iacute;dos por el Estado. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">47.&nbsp;Lo anterior refleja que, en realidad, el par&aacute;metro del "control difuso de convencionalidad" no s&oacute;lo comprende la Convenci&oacute;n Americana, sino tambi&eacute;n los "protocolos" adicionales a la misma, as&iacute; como otros instrumentos internacionales que han sido motivo de integraci&oacute;n al <i>corpus juris</i> interamericano por parte de la jurisprudencia de la Corte IDH. El objeto de su mandato &#151;dice el propio tribunal interamericano en un fallo reciente&#151; "es la aplicaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana y de otros tratados que le otorguen competencia"<sup><a href="#notas">59</a></sup> y, por consiguiente, la interpretaci&oacute;n de dichos tratados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">48.&nbsp;Para efectos del par&aacute;metro del "control difuso de convencionalidad", por "jurisprudencia" debe comprenderse toda interpretaci&oacute;n que la Corte IDH realice a la Convenci&oacute;n Americana, a sus protocolos adicionales, y a otros instrumentos internacionales de la misma naturaleza que sean integrados a dicho <i>corpus juris</i> interamericano, materia de competencia del tribunal interamericano. No debe perderse de vista que "los tratados de derechos humanos son instrumentos vivos, cuya interpretaci&oacute;n tiene que acompa&ntilde;ar la evoluci&oacute;n de los tiempos y las condiciones de vida actuales".<sup><a href="#notas">60</a></sup> Precisamente en la Opini&oacute;n Consultiva OC&#45;16/99, solicitada por los Estados Unidos Mexicanos, acerca de "El derecho a la informaci&oacute;n sobre la asistencia consular en el marco de las garant&iacute;as del debido proceso legal", la Corte IDH estableci&oacute; que:<sup><a href="#notas">61</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>corpus juris</i> del derecho internacional de los derechos humanos <i>est&aacute; formado por un conjunto de instrumentos internacionales de contenido y efectos jur&iacute;dicos variados (tratados, convenios, resoluciones y declaraciones).</i> Su <i>evoluci&oacute;n din&aacute;mica</i> ha ejercido un impacto positivo en el derecho internacional, en el sentido de afirmar y desarrollar la aptitud de este &uacute;ltimo para regular las relaciones entre los Estados y los seres humanos bajo sus respectivas jurisdicciones. Por lo tanto, esta Corte <i>debe adoptar un criterio adecuado para considerar la cuesti&oacute;n sujeta a examen en el marco de la evoluci&oacute;n de los derechos fundamentales de la persona humana en el derecho internacional contempor&aacute;neo</i>.&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">49. Las "interpretaciones" a esta normatividad convencional no s&oacute;lo comprenden las realizadas en las sentencias pronunciadas en los "casos contenciosos", sino tambi&eacute;n las interpretaciones efectuadas en las dem&aacute;s resoluciones que emita.<sup><a href="#notas">62</a></sup> As&iacute;, quedan comprendidas las interpretaciones realizadas al resolver sobre "medidas provisionales"; sobre "supervisi&oacute;n de cumplimiento de sentencias" o, incluso, sobre la instancia de solicitud de "interpretaci&oacute;n de la sentencia" en t&eacute;rminos del art&iacute;culo 67 del Pacto de San Jos&eacute;. Asimismo, debe comprender las interpretaciones derivadas de las "opiniones consultivas" a que se refiere el art&iacute;culo 64 del citado pacto, debido, precisamente, a que tiene como finalidad "la interpretaci&oacute;n de esta Convenci&oacute;n o de otros tratados concernientes a la protecci&oacute;n de los derechos humanos en los Estados americanos".<sup><a href="#notas">63</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">50.&nbsp;Se forma de esta manera un aut&eacute;ntico "bloque de convencionalidad" como par&aacute;metro para ejercer el "control difuso de convencionalidad". Los jueces nacionales deben atender a este "bloque", lo que implica, por parte de ellos, una permanente actualizaci&oacute;n de la jurisprudencia de la Corte IDH y propicia una "viva interacci&oacute;n" entre las jurisdicciones nacionales y la interamericana, con la finalidad &uacute;ltima de establecer est&aacute;ndares en nuestra regi&oacute;n para la protecci&oacute;n efectiva de los derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">51.&nbsp;El juez nacional, por consiguiente, debe aplicar la jurisprudencia convencional, incluso la que se crea en aquellos asuntos donde no sea parte el Estado nacional al que pertenece, ya que lo que define la integraci&oacute;n de la jurisprudencia de la Corte IDH es la interpretaci&oacute;n que ese tribunal interamericano realiza del <i>corpus juris interamericano,</i> con la finalidad de crear un est&aacute;ndar en la regi&oacute;n sobre su aplicabilidad y efectividad.<sup><a href="#notas">64</a></sup> Lo anterior lo consideramos de la mayor importancia para el sano entendimiento del "control difuso de convencionalidad", pues pretender reducir la obligatoriedad de la jurisprudencia convencional s&oacute;lo a los casos donde el Estado ha sido "parte material", equivaldr&iacute;a a nulificar la esencia misma de la propia Convenci&oacute;n Americana, cuyos compromisos asumieron los Estados nacionales al haberla suscrito y ratificado o adherido a la misma, y cuyo incumplimiento produce responsabilidad internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">52.&nbsp;As&iacute;, la "fuerza normativa" de la Convenci&oacute;n Americana alcanza a la interpretaci&oacute;n que de la misma realice la Corte IDH, como "int&eacute;rprete &uacute;ltima" de dicho pacto en el sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos. La interpretaci&oacute;n emprendida por el tribunal interamericano a las disposiciones convencionales <i>adquiere la misma eficacia que poseen &eacute;stas,</i> ya que en realidad las "normas convencionales" constituyen el resultado de la "interpretaci&oacute;n convencional" que emprende la Corte IDH como &oacute;rgano "judicial aut&oacute;nomo cuyo objetivo es la aplicaci&oacute;n e <i>interpretaci&oacute;n"</i><sup><a href="#notas">65</a></sup> del <i>corpus juris</i> interamericano. Dicho en otras palabras, el resultado de la interpretaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana conforma la jurisprudencia de la misma; es decir, "constituyen normas que derivan de la CADH, de lo cual se obtiene que gocen de la misma eficacia (directa) que tiene dicho tratado internacional".<sup><a href="#notas">66</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">E. <i>Efectos del "control difuso de convencionalidad": retroactivos cuando sea necesario para lograr la plena efectividad del derecho o libertad</i></font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">53.&nbsp;Como hemos sostenido al analizar los grados de intensidad del "control difuso de convencionalidad", el resultado del examen de compatibilidad entre la norma nacional y el "bloque de convencionalidad", consiste en dejar "sin efectos jur&iacute;dicos" aquellas interpretaciones inconvencionales o las que sean menos favorables; o bien, cuando no pueda lograrse interpretaci&oacute;n convencional alguna, la consecuencia consiste en "dejar sin efectos jur&iacute;dicos" la norma nacional, ya sea en el caso particular o con efectos generales realizando la declaraci&oacute;n de invalidez de conformidad con las atribuciones del juez que realice dicho control.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">54.&nbsp;Lo anterior tiene un mayor grado de complejidad cuando la normatividad nacional s&oacute;lo permite la declaraci&oacute;n general de la norma para el futuro (efectos <i>ex nunc)</i> y no hacia el pasado <i>(ex nunc),</i> ya que pareciera que la intencionalidad de la Corte IDH en el momento en que se crea la doctrina del "control difuso de convencionalidad" es que la norma inconvencional carezca de efectos jur&iacute;dicos "desde un inicio";<sup><a href="#notas">67</a></sup> precedente que sigui&oacute; reiterando en casos posteriores, especialmente en supuestos de leyes de autoamnist&iacute;a<sup><a href="#notas">68</a></sup> o en otros supuestos.<sup><a href="#notas">69</a></sup> Sin embargo, este criterio no ha sido constante por la Corte IDH y depende del caso concreto.<sup><a href="#notas">70</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">55.&nbsp;Estimamos que la Corte IDH tendr&aacute;, en el futuro, que definir con mayor precisi&oacute;n este delicado aspecto sobre la temporalidad de los efectos de la norma nacional inconvencional debido a que su jurisprudencia no lo aclara. No debe soslayarse que, por principio, toda violaci&oacute;n a los derechos humanos debe tener un efecto reparador en su integridad y, por consecuencia, tener efectos hacia el pasado cuando as&iacute; se requiera para lograr dicho objetivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">56.&nbsp;Lo anterior se fundamenta en el art&iacute;culo 63.1 de la Convenci&oacute;n Americana, al establecer que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando decida que hubo violaci&oacute;n de un derecho o libertad protegidos en esta Convenci&oacute;n, la Corte dispondr&aacute; <i>que se garantice al lesionado en el goce de su derecho o libertad conculcados.</i> Dispondr&aacute; asimismo, si ello fuera procedente, <i>que se reparen las consecuencias de la medida o situaci&oacute;n que ha configurado la vulneraci&oacute;n de esos derechos</i> y el pago de una justa indemnizaci&oacute;n a la parte lesionada". &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">57.&nbsp;Si bien el citado precepto se refiere a las atribuciones de la Corte IDH, <i>mutatis mutandi,</i> debe aplicarse por los jueces nacionales debido a que tambi&eacute;n son jueces interamericanos cuando realizan el "control difuso de convencionalidad". Y ello implica garantizar, en la medida de lo posible, el efectivo goce del derecho o libertad violado. Lo anterior conduce a afirmar que, en determinados supuestos, deben repararse <i>las consecuencias</i> de la norma inconvencional, lo cual s&oacute;lo se puede lograr teniendo "sin efectos" dicha norma nacional desde su vigencia y no a partir de la inaplicaci&oacute;n o declaraci&oacute;n inconvencional de la misma. En otras palabras, dicha retroactividad resulta indispensable en algunos casos para lograr un adecuado goce y disfrute del correspondiente derecho o libertad. Esta afirmaci&oacute;n es acorde con la propia jurisprudencia de la Corte IDH al interpretar el citado art&iacute;culo 63.1 del Pacto de San Jos&eacute;, toda vez que ha considerado que cualquier violaci&oacute;n de una obligaci&oacute;n internacional que haya producido da&ntilde;o comparte el deber de repararlo "adecuadamente";<sup><a href="#notas">71</a></sup> lo cual constituye "uno de los principios fundamentales del derecho internacional contempor&aacute;neo sobre responsabilidad de un Estado".<sup><a href="#notas">72</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">F. <i>Fundamento jur&iacute;dico del "control difuso de convencionalidad": el Pacto de San Jos&eacute; y la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados</i></font></p> </blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">58.&nbsp;Desde el comienzo de la doctrina jurisprudencial de este tipo de control, en el caso Almonacid Arellano <i>vs</i>. Chile<sup><a href="#notas">73</a></sup> se estableci&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">124. Pero cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, sus jueces, como parte del aparato del Estado, tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a ella, lo que les obliga a velar <i>porque los efectos de las disposiciones de la Convenci&oacute;n no se vean mermadas por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a su objeto y fin...</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">125. En esta misma l&iacute;nea de ideas, esta Corte ha establecido que "&#91;s&#93;eg&uacute;n el derecho internacional las obligaciones que &eacute;ste impone deben ser cumplidas de <i>buena fe</i> y no puede invocarse para su incumplimiento el derecho interno". Esta regla ha sido codificada en <i>el art&iacute;culo 27 de la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados</i> de 1969. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">59. Los principios de derecho internacional relativos a la <i>buena fe</i> y al <i>effet utile,</i> que involucra a su vez al principio <i>Pacta Sunt Servanda,</i> constituyen fundamentos internacionales para que los tratados internacionales sean cumplidos por parte de los Estados nacionales, y han sido constantemente reiterados por la jurisprudencia de la Corte IDH en los casos sometidos bajo su competencia, sea en la instancia consultiva, como en casos contenciosos. Este tribunal interamericano ha establecido, en la Opini&oacute;n Consultiva 14/94, de 9 de diciembre de 1994, sobre la responsabilidad internacional por expedici&oacute;n y aplicaci&oacute;n de leyes violatorias de la Convenci&oacute;n,<sup><a href="#notas">74</a></sup> los alcances interpretativos de los art&iacute;culos 1<sup><a href="#notas">75</a></sup> y 2<sup><a href="#notas">76</a></sup> de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos. Se consider&oacute; que la obligaci&oacute;n de dictar las medidas que fueren necesarias para hacer efectivos los derechos y libertades reconocidos en dicho pacto comprende la de no dictarlas cuando ellas conduzcan a violarlos, y tambi&eacute;n a adecuar la normatividad inconvencional existente, fundamentando que descansa en un principio general del derecho internacional, relativo a que las obligaciones deben ser cumplidas de "buena fe" y no puede invocarse para su incumplimiento el derecho interno; lo cual ha sido recogido por tribunales internacionales, como la Corte Permanente de Justicia Internacional y la Corte Internacional de Justicia, y tambi&eacute;n ha sido codificado en los art&iacute;culos 26 <sup><a href="#notas">77</a> </sup> y 27<a href="#notas"><sup>78</sup></a> de la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">60.&nbsp;La obligaci&oacute;n del cumplimiento del derecho convencional obliga a todas las autoridades y &oacute;rganos nacionales, con independencia de su pertenencia a los poderes Legislativo, Ejecutivo o Judicial, toda vez que el Estado responde en su conjunto y adquiere responsabilidad internacional ante el incumplimiento de los instrumentos internacionales que ha asumido. Como lo ha expresado Garc&iacute;a Ram&iacute;rez:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">27. Para los efectos de la Convenci&oacute;n Americana y del ejercicio de la jurisdicci&oacute;n contenciosa de la Corte Interamericana, <i>el Estado viene a cuentas en forma integral, como un todo. En este orden, la responsabilidad es global, ata&ntilde;e al Estado en su conjunto y no puede quedar sujeta a la divisi&oacute;n de atribuciones que se&ntilde;ale el derecho interno.</i> No es posible seccionar internacionalmente al Estado, obligar ante la Corte s&oacute;lo a uno o algunos de sus &oacute;rganos, entregar a &eacute;stos la representaci&oacute;n del Estado en el juicio &#151;sin que esa representaci&oacute;n repercuta sobre el Estado en su conjunto&#151; <i>y sustraer a otros de este r&eacute;gimen convencional de responsabilidad, dejando sus actuaciones fuera del "control de convencionalidad"</i> que trae consigo la jurisdicci&oacute;n de la Corte internacional.<sup><a href="#notas">79</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">61.&nbsp;De esta manera, los jueces de los Estados parte de la Convenci&oacute;n Americana tambi&eacute;n se encuentran obligados al cumplimiento de la normatividad convencional, y la doctrina del "control difuso de convencionalidad" les facilita esta labor para realizar interpretaciones de las disposiciones nacionales (incluidas las del texto constitucional) las cuales sean conforme al <i>corpus juris</i> interamericano, e incluso a no aplicar aqu&eacute;llas que contravengan de manera absoluta el referido "bloque de convencionalidad", para evitar de esa forma que el Estado al que pertenecen sea responsable internacionalmente por violar los compromisos internacionales adquiridos en materia de derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">62.&nbsp;El "control difuso de convencionalidad", adem&aacute;s, tiene fundamento en el art&iacute;culo 29 del Pacto de San Jos&eacute;, en la medida en que todos los poderes u &oacute;rganos de los Estados signatarios de dicho instrumento internacional, incluidos los jueces y &oacute;rganos de administraci&oacute;n de justicia que materialmente realizan funciones jurisdiccionales, se encuentran obligados, a trav&eacute;s de sus interpretaciones, a permitir de la manera m&aacute;s amplia posible el goce y ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en dicho pacto y de sus protocolos adicionales (y de otros instrumentos internacionales en los t&eacute;rminos antes analizados),<sup><a href="#notas">80</a></sup> lo cual implica, a su vez, interpretaciones restrictivas cuando se trate de limitaciones a los mismos, y siempre a la luz de la jurisprudencia de la Corte IDH.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">63.&nbsp;No pasa inadvertido que el art&iacute;culo 68.1 establece que los Estados parte del Pacto de San Jos&eacute; "se comprometen a cumplir la decisi&oacute;n de la Corte en todo caso en que sean partes". Lo anterior no puede ser limitante para que la jurisprudencia de la Corte IDH adquiera "eficacia directa" en todos los Estados nacionales que han reconocido expresamente su jurisdicci&oacute;n, con independencia de que derive de un asunto donde no han participado formalmente como "parte material", ya que al ser la Corte IDH el &oacute;rgano jurisdiccional internacional del sistema interamericano de protecci&oacute;n de derechos humanos, cuya funci&oacute;n esencial es la aplicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana, <i>sus interpretaciones adquieren el mismo grado de eficacia del texto convencional.</i> En otras palabras, la norma convencional que deben aplicar los Estados es el resultado de la interpretaci&oacute;n de las disposiciones del Pacto de San Jos&eacute; (y sus protocolos adicionales, as&iacute; como otros instrumentos internacionales). Las interpretaciones que realiza la Corte IDH se proyectan hacia dos dimensiones: (i) en lograr su eficacia en el caso particular <i>con efectos subjetivos,</i> y (ii) en establecer la eficacia general <i>con efectos de norma interpretada.</i> De ah&iacute; la l&oacute;gica y necesidad de que el fallo, adem&aacute;s de notificarse al Estado parte en la controversia particular, deba tambi&eacute;n ser "transmitido a los Estados parte de la Convenci&oacute;n",<sup><a href="#notas">81</a></sup> para que tengan pleno conocimiento del contenido normativo convencional derivado de la interpretaci&oacute;n de la Corte IDH, en su calidad de "int&eacute;rprete &uacute;ltima" del <i>corpus juris</i> interamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV. El control difuso de convencionalidad por los jueces mexicanos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">64.&nbsp;Las anteriores caracter&iacute;sticas de la doctrina jurisprudencial del "control difuso de convencionalidad" aplican para el sistema jurisdiccional mexicano. Hasta la fecha se ha reiterado en cuatro casos relativos a demandas contra el Estado mexicano: Rosendo Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos (2009);<sup><a href="#notas">82</a></sup> Fern&aacute;ndez Ortega y Otros <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010);<sup><a href="#notas">83</a></sup> Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010);<sup><a href="#notas">84</a></sup> y Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico (2010).<sup><a href="#notas">85</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">65.&nbsp;Al haber suscrito los Estados Unidos Mexicanos la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos (1981) y al haber aceptado la jurisdicci&oacute;n contenciosa de la Corte IDH (1998), estas sentencias internacionales deben ser cumplidas,<sup><a href="#notas">86</a></sup> y las mismas adquieren car&aacute;cter "definitivo e inapelable";<sup><a href="#notas">87</a></sup> sin que pueda invocarse ninguna disposici&oacute;n de derecho interno o criterio jurisprudencial como justificaci&oacute;n para su incumplimiento, toda vez que los pactos internacionales obligan a los Estados partes, y sus normas deben ser cumplidas en t&eacute;rminos de los art&iacute;culos 26 y 27 del Convenio de Viena sobre el Derecho de los Tratados,<sup><a href="#notas">88</a></sup> suscrito tambi&eacute;n por el Estado mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">66.&nbsp;De esta manera, el "control difuso de convencionalidad" implica que todos los jueces y &oacute;rganos mexicanos vinculados a la administraci&oacute;n de justicia <i>en todos los niveles,</i> pertenecientes o no al Poder Judicial, con independencia de su jerarqu&iacute;a, grado, cuant&iacute;a o materia de especializaci&oacute;n, est&aacute;n obligados, de oficio a realizar un ejercicio de compatibilidad entre los actos y normas nacionales con la Convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos, sus protocolos adicionales (y algunos otros instrumentos internacionales), as&iacute; como con la jurisprudencia de la Corte IDH, form&aacute;ndose un "bloque de convencionalidad" en los t&eacute;rminos analizados con antelaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">89</a></sup> Lo anterior debido a que:<sup><a href="#notas">90</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&oacute;lo la supresi&oacute;n o expedici&oacute;n de las normas en el derecho interno garantizan los derechos contenidos en la Convenci&oacute;n Americana, de conformidad a la obligaci&oacute;n comprendida en el art&iacute;culo 2 de dicho instrumento. Tambi&eacute;n se requiere el desarrollo de pr&aacute;cticas estatales conducentes a la observancia efectiva de los derechos y libertades consagrados en la misma. <i>En consecuencia, la existencia de una norma no garantiza por s&iacute; misma que su aplicaci&oacute;n sea adecuada. Es necesario que la aplicaci&oacute;n de las normas o su interpretaci&oacute;n, en tanto pr&aacute;cticas jurisdiccionales y manifestaci&oacute;n del orden p&uacute;blico estatal, se encuentren ajustadas al mismo fin que persigue el art&iacute;culo 2 de la Convenci&oacute;n.</i><sup><a href="#notas">91</a></sup> En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, <i>la interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 13 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica mexicana debe ser coherente con los principios convencionales y constitucionales de debido proceso y acceso a la</i> justicia, contenidos en el art&iacute;culo 8.1 de la Convenci&oacute;n Americana y las normas pertinentes de la Constituci&oacute;n mexicana. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">67.&nbsp;En este sentido, los jueces o tribunales que materialmente realicen actividades jurisdiccionales, sean de la competencia local o federal, necesariamente deben ejercer el "control difuso de convencionalidad" para lograr interpretaciones conformes con el <i>corpus juris</i> interamericano. En caso de incompatibilidad absoluta de la norma nacional con el par&aacute;metro convencional, <i>debe inaplicarse</i> para que prevalezcan aqu&eacute;llas y lograr de esta manera la efectividad del derecho o libertad de que se trate. Lo anterior aplica tambi&eacute;n para los jueces locales, de conformidad con la propia Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos, en su art&iacute;culo 133 vigente, que a la letra dispone:<sup><a href="#notas">92</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta Constituci&oacute;n, las leyes del Congreso de la Uni&oacute;n que emanen de ella y <i>todos los Tratados que est&eacute;n de acuerdo con la misma,</i> celebrados y que se celebren por el presidente de la Rep&uacute;blica, con aprobaci&oacute;n del Senado, ser&aacute;n <i>la Ley Suprema de toda la Uni&oacute;n. Los jueces de cada Estado</i> se arreglar&aacute;n a dicha Constituci&oacute;n, leyes y tratados, <i>a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las Constituciones o leyes de los</i> Estados.&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">68. Como puede advertirse de la &uacute;ltima parte de esta norma constitucional, los jueces locales aplicar&aacute;n "la Ley Suprema de toda la Uni&oacute;n" (donde se encuentran los tratados internacionales) cuando exista incompatibilidad con alguna otra norma que no integre dicha "Ley Suprema"; lo que implica que los jueces del fuero local deben, incluso, desaplicar la norma incompatible con ese "bloque de constitucionalidad". En otras palabras, es el propio texto constitucional el que otorga facultades a los jueces del fuero com&uacute;n para ejercer el "control difuso de constitucionalidad" y, por tanto, la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos v&aacute;lidamente puede convertirse en un par&aacute;metro de control y no s&oacute;lo la Constituci&oacute;n. De esta forma, como lo ha sostenido la propia Corte IDH, los jueces y &oacute;rganos vinculados con la impartici&oacute;n de justicia "deben ejercer no s&oacute;lo un control de constitucionalidad, sino tambi&eacute;n 'de convencionalidad' <i>ex oficio</i> entre las normas internas y la Convenci&oacute;n Americana, evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes".<sup><a href="#notas">93</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">69.&nbsp;La &uacute;ltima parte de esta previsi&oacute;n es de especial significaci&oacute;n para el grado de intensidad del "control difuso de convencionalidad", toda vez que los jueces deben ejercerlo "en el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes". Como lo hemos analizado con antelaci&oacute;n (v&eacute;ase <i>supra</i> p&aacute;rrs. 34 a 41), todos los jueces deben realizar dicho "control" y el grado de intensidad lo determinar&aacute; las competencias y regulaciones procesales. En principio, todos los jueces mexicanos deben partir del principio de constitucionalidad y de convencionalidad de la norma nacional y, por consiguiente, en un primer momento deben siempre realizar la "interpretaci&oacute;n" de la norma nacional conforme a la Constituci&oacute;n y a los par&aacute;metros convencionales, lo que implica optar por la interpretaci&oacute;n de la norma m&aacute;s favorable y de mayor efectividad en la tutela de los derechos y libertades en aplicaci&oacute;n del principio <i>pro homine o favor libertatis</i> previsto en el art&iacute;culo 29 del Pacto de San Jos&eacute;, desechando aquellas interpretaciones incompatibles o de menor alcance protector; de tal manera que, <i>contrario sensu,</i> cuando se trate de restricci&oacute;n o limitaciones a derechos y libertades, debe realizarse la interpretaci&oacute;n m&aacute;s estricta para dicha limitante. Y s&oacute;lo cuando no pueda lograrse interpretaci&oacute;n constitucional y convencional posible, los jueces deber&aacute;n <i>desaplicar</i> la norma nacional o <i>declarar su invalidez</i>, seg&uacute;n la competencia que la Constituci&oacute;n y leyes nacionales otorgue a cada juzgador, lo que provocar&aacute; un grado de intensidad mayor del "control de convencionalidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">70.&nbsp;No pasa inadvertido que la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n ha interpretado el art&iacute;culo 133 constitucional, en el sentido (i) que los tratados internacionales, si bien forman parte de la "Ley Suprema de toda la Uni&oacute;n", se ubican jer&aacute;rquicamente por debajo de la Constituci&oacute;n;<sup><a href="#notas">94</a></sup> y (ii) que no existe "control difuso de constitucionalidad" por parte de los jueces locales.<sup><a href="#notas">95</a></sup> La primera es una interpretaci&oacute;n que no tiene car&aacute;cter de precedente obligatorio, al no haberse logrado la votaci&oacute;n requerida para ello,<sup><a href="#notas">96</a></sup> existiendo interpretaciones distintas por otros &oacute;rganos jurisdiccionales mexicanos;<sup><a href="#notas">97</a></sup> y la segunda, si bien constituye jurisprudencia obligatoria para todos los jueces mexicanos en t&eacute;rminos de la normatividad aplicable, estimamos deber&iacute;a armonizarse para lograr un mayor grado de desarrollo del "control difuso de convencionalidad" a la luz del art&iacute;culo 133 constitucional y de las cuatro sentencias que hasta el momento ha dictado la Corte IDH respecto del Estado mexicano y que han aplicado dicha doctrina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">71.&nbsp;Ahora bien, los anteriores criterios del m&aacute;ximo tribunal jurisdiccional mexicano constituyen "interpretaciones constitucionales" que eventualmente podr&iacute;an cambiar, sea por nuevas reflexiones, o por motivo de una reforma constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">72.&nbsp;En la actualidad existen dos proyectos de reformas constitucionales en tr&aacute;mite de la mayor relevancia, en materia de derechos humanos<sup><a href="#notas">98</a></sup> y del juicio de amparo,<sup><a href="#notas">99</a></sup> aprobadas ambas por el Senado de la Rep&uacute;blica y pendientes de aprobaci&oacute;n por la C&aacute;mara de Diputados, que llegado el caso de convertirse en texto constitucional, seguramente producir&aacute;n "nuevas reflexiones" por parte de la Suprema Corte mexicana respecto de los criterios interpretativos antes referidos. Con independencia de su aprobaci&oacute;n y de la "consulta a tr&aacute;mite" que el presidente de la Suprema Corte realiz&oacute; al pleno de dicho &oacute;rgano jurisdiccional el veintis&eacute;is de mayo de dos mil diez, sobre el cumplimiento por parte del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n de la sentencia relativa al caso Radilla Pacheco;<sup><a href="#notas">100</a></sup> lo cierto es que en dicha sentencia internacional, como en las referidas a los casos Fern&aacute;ndez Ortega, Rosendo Cant&uacute;, y Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores, existen obligaciones "directas" que deben cumplir los jueces mexicanos (como &oacute;rganos del Estado mexicano) de manera "inmediata" y "de oficio" como veremos m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">73. No debe soslayarse que los fallos de condena al Estado mexicano se refieren a que las normas requieren ser "interpretadas" teniendo en cuenta la finalidad perseguida por el art&iacute;culo 2 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, es decir, para "hacer efectivos" los derechos y libertades de dicho pacto. En dicho dispositivo convencional se establece que "los Estados partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta Convenci&oacute;n, las medidas legislativas <i>o de otro car&aacute;cter</i> que fueren necesarias para <i>hacer efectivos</i> tales derechos y libertades". De ah&iacute; que la expresi&oacute;n "o de otro car&aacute;cter" comprendan tambi&eacute;n "interpretaciones constitucionales" que permitan la aplicabilidad de los derechos con el mayor grado de efectividad y alcance, en t&eacute;rminos del principio <i>pro homine</i> reconocido en el art&iacute;culo 29 del propio Pacto de San Jos&eacute;. Lo anterior podr&iacute;a ser motivo de reflexi&oacute;n para superar los criterios jurisprudenciales aludidos por parte del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">74.&nbsp;El principio <i>pro homine</i> ha sido considerado por alg&uacute;n tribunal mexicano de "aplicaci&oacute;n obligatoria", debido a que se prev&eacute; en tratados internacionales que forman parte de la Ley Suprema de la Uni&oacute;n en t&eacute;rminos del reproducido art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n federal. As&iacute; se estableci&oacute; por el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito, al resolver el amparo directo 202/2004, el 20 de octubre de 2004, form&aacute;ndose la tesis I.4&deg;.A.464 A, cuyo rubroytextoson:<sup><a href="#notas">101</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Principio </i>pro homine.  <i>Su aplicaci&oacute;n es obligatoria.</i></font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El principio <i>pro homine</i> que implica que la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica siempre debe buscar el mayor beneficio para el hombre, es decir, que debe acudirse a la norma m&aacute;s amplia o a la interpretaci&oacute;n extensiva cuando se trata de derechos protegidos y, por el contrario, a la norma o a la interpretaci&oacute;n m&aacute;s restringida, cuando se trata de establecer l&iacute;mites a su ejercicio, se contempla en los art&iacute;culos 29 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos y 5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos, publicados en el <i>Diario Oficial de la Federaci&oacute;n</i> el siete y el veinte de mayo de mil novecientos ochenta y uno, respectivamente. Ahora bien, como dichos tratados forman parte de la Ley Suprema de la Uni&oacute;n, conforme al art&iacute;culo 133 constitucional, es claro que el citado principio debe aplicarse en forma obligatoria. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">75.&nbsp;Las interpretaciones "constitucionales" y "legales" que realicen los jueces y &oacute;rganos de impartici&oacute;n de justicia mexicanos <i>en todos los niveles,</i> deben realizarse a la luz no s&oacute;lo de los instrumentos internacionales cuyo compromiso adquiri&oacute; el Estado mexicano, sino tambi&eacute;n de la jurisprudencia de la Corte IDH. Lo &uacute;ltimo debido a que constituye el &oacute;rgano jurisdiccional del sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos en sede internacional, cuya competencia es la aplicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n Americana; este &oacute;rgano en realidad determina el contenido mismo del texto convencional, de tal manera que la norma interpretada adquiere eficacia directa en M&eacute;xico, al haber sido suscrito dicho pacto por el Estado mexicano y haberse reconocido adem&aacute;s la jurisdicci&oacute;n de la Corte IDH. Como se estableci&oacute; en la sentencia del caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores, que motiva el presente voto razonado (y que aplica a los otros tres casos de condena referidos):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">233. De tal manera, como se indic&oacute; en los casos Radilla Pacheco, Fern&aacute;ndez Ortega y Rosendo Cant&uacute;, es necesario que <i>las interpretaciones constitucionales y legislativas</i> referidas a los <i>criterios de competencia material y personal de la jurisdicci&oacute;n militar en M&eacute;xico, se adecuen a los principios establecidos en la jurisprudencia de este Tribunal</i> que han sido reiterados en el presente caso<sup><a href="#notas">102</a></sup> <i>y que aplican para toda violaci&oacute;n de derechos humanos que se alegue hayan cometido miembros de las fuerzas armadas.</i> Ello implica que, independientemente de las reformas legales que el Estado deba adoptar, en el presente caso <i>corresponde a las autoridades judiciales, con base en el control de convencionalidad, disponer inmediatamente y de oficio</i> el conocimiento de los hechos por el juez natural, es decir el fuero penal ordinario.<sup><a href="#notas">103</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">76. La intencionalidad de la Corte IDH al referirse a las expresiones "inmediatamente"<sup><a href="#notas">104</a></sup> y "de oficio",<sup><a href="#notas">105</a></sup> denotan una actuaci&oacute;n "directa" de todos los jueces mexicanos para ejercer el "control difuso de convencionalidad" sin necesidad de pronunciamiento previo por parte de alg&uacute;n &oacute;rgano del Estado mexicano y con independencia de que lo invoquen las partes. Aqu&iacute; cobra importancia el criterio del juez <i>ad hoc</i> Roberto de Figueiredo Caldas:<sup><a href="#notas">106</a></sup> " 5. Para todos os Estados do continente americano que livremente a adotaram, a Conven&ccedil;&atilde;o equivale a uma <i>Constitui</i>&ccedil;&atilde;<i>o supranacional atinente a Direitos Humanos.</i> Todos os poderes p&uacute;blicos e esferas nacionais, <i>bem como as respectivas legislagoes federais, estaduais e municipais de todos os Estados aderentes estao obrigados a respeit&aacute;la e a ela se adequar".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">77. Los jueces mexicanos deben, por una parte, realizar interpretaciones constitucionales y legales que permitan a "las v&iacute;ctimas de violaciones a derechos humanos y sus familiares &#91;tener&#93; derecho a que tales violaciones sean conocidas y resueltas por un tribunal competente, de conformidad con el debido proceso y el acceso a la justicia. <i>La importancia del sujeto pasivo trasciende la esfera del &aacute;mbito militar, ya que se encuentran involucrados bienes jur&iacute;dicos propios del r&eacute;gimen ordinario";</i><sup><a href="#notas">107</a></sup><i> por lo que ""esta conclusi&oacute;n aplica no solo para casos de tortura, desaparici&oacute;n forzada y violaci&oacute;n sexual, sino a todas las violaciones de derechos humanos".</i><sup><a href="#notas">108</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as) De tal manera que esa obligaci&oacute;n hacia los jueces mexicanos resulta "inmediata" y con "independencia de las reformas legales que el Estado debe adoptar" (reforma al art&iacute;culo 57 del C&oacute;digo de Justicia Militar)". Lo anterior cobra mayor importancia si se atiende al texto del art&iacute;culo 13 de la Constituci&oacute;n federal mexicana,<sup><a href="#notas">109</a></sup> precepto que estim&oacute; convencional la Corte IDH y, por ello, las interpretaciones a las normas legales secundarias deben ser conformes con el texto constitucional y la Convenci&oacute;n Americana:<sup><a href="#notas">110</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, como ya lo ha establecido este Tribunal, la interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 13 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica mexicana debe ser coherente con los principios convencionales y constitucionales de debido proceso y acceso a la justicia, contenidos en el art&iacute;culo 8.1 de la Convenci&oacute;n Americana y las normas pertinentes de la Constituci&oacute;n mexicana.<sup><a href="#notas">111</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">78.&nbsp;Por otra parte, tambi&eacute;n implica una obligaci&oacute;n de los jueces mexicanos de realizar siempre el "control difuso de convencionalidad" y no s&oacute;lo por lo que hace a la determinaci&oacute;n en los casos concretos sobre los criterios de competencia material y personal de la jurisdicci&oacute;n militar referidos en las sentencias pronunciadas por la Corte IDH, sino en general en todos los asuntos de su competencia donde el tribunal interamericano realice interpretaciones al <i>corpus juris</i> interamericano, al ser dicho tribunal interamericano el &uacute;ltimo y definitivo int&eacute;rprete del Pacto de San Jos&eacute; (dimensi&oacute;n objetiva de norma interpretada).<sup><a href="#notas">112</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">79.&nbsp;En efecto, como lo se&ntilde;alamos en su momento <i>(supra</i> p&aacute;rrs. 51, 52 y 63), la jurisprudencia de la Corte IDH adquiere "eficacia directa" en todos los Estados nacionales que han reconocido expresamente su jurisdicci&oacute;n, con independencia de que derive de un asunto donde no han participado formalmente como "parte material". Lo anterior, debido a los efectos de la <i>norma convencional interpretada,</i> que produce "efectos expansivos" de la jurisprudencia convencional y no s&oacute;lo eficacia subjetiva para la tutela del derecho y libertad en un caso particular sometido a su competencia. En este sentido, la jurisprudencia convencional no es simplemente orientadora,<sup><a href="#notas">113</a></sup> sino resulta obligatoria para los jueces mexicanos (en su dimensi&oacute;n subjetiva y objetiva); y su eficacia comienza desde que las sentencias internacionales son notificadas o transmitidas al Estado mexicano, en t&eacute;rminos del art&iacute;culo 69 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos y con independencia del procedimiento interno que realicen los &oacute;rganos y autoridades mexicanas para coordinar su implementaci&oacute;n y cumplimiento, as&iacute; como los dem&aacute;s actos que se realicen para dar a conocer y adoptar la sentencia y jurisprudencia internacional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">80. El "control difuso de convencionalidad" ha iniciado su aplicaci&oacute;n por algunos tribunales mexicanos a la luz de la jurisprudencia convencional. En efecto, el Primer Tribunal Colegiado en Materias Administrativa y de Trabajo del D&eacute;cimo Primer Circuito, con residencia en Morelia, Michoac&aacute;n, al resolver el amparo directo 1060/2008, el 2 de julio de 2009 (meses antes de la sentencia del caso Radilla Pacheco), haciendo alusi&oacute;n al caso Almonacid Arellano <i>vs</i>.Chile (2006), consider&oacute; lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese orden, ha de establecerse que <i>los tribunales locales del Estado mexicano no deben limitarse a aplicar s&oacute;lo las leyes locales sino que quedan tambi&eacute;n obligados a aplicar la Constituci&oacute;n, los tratados o convenciones internacionales y la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre otros organismos, lo cual los obliga a ejercer un control de convencionalidad entre las normas jur&iacute;dicas internas y las supranacionales, como lo consider&oacute;</i> la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, al resolver el amparo directo en revisi&oacute;n 908/2006, promovido por Nahum Ramos Yescas, en sesi&oacute;n celebrada el dieciocho de abril de dos mil siete, cuando determin&oacute;:</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El concepto de inter&eacute;s superior del ni&ntilde;o ha sido interpretado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (cuya competencia acept&oacute; el Estado mexicano el veinticuatro de marzo de mil novecientos ochenta y uno al ratificar la Convenci&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos y cuyos criterios, por tanto, son obligatorios.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego, al haber considerado la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, que dado que M&eacute;xico acept&oacute; la Convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos, tambi&eacute;n reconoci&oacute; la interpretaci&oacute;n que de dicha convenci&oacute;n realiza la Corte Interamericana de Derechos Humanos; lo cual conduce a este tribunal colegiado a considerar que <i>todos los tribunales del Estado est&aacute;n obligados a ejercer el control de convencionalidad al resolver cualquier asunto sometido a su jurisdicci&oacute;n, como lo estableci&oacute; la citada Corte Interamericana al decidir el caso Almonacid Arellano y otros</i> <i>vs.</i> <i>Chile, en la sentencia emitida el veintis&eacute;is de septiembre de dos mil seis.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que los &oacute;rganos de justicia nacional quedan obligados a ejercer "el control de convencionalidad", respecto a actos de autoridad &#151;entre ellos, normas de alcance general&#151; conforme a las atribuciones que les confieren los ordenamientos a los que se hallan sujetos y las disposiciones del derecho internacional de los derechos humanos, a las que se encuentran vinculados por la concertaci&oacute;n, ratificaci&oacute;n o adhesi&oacute;n de los tratados o convenciones del presidente de la Rep&uacute;blica; que tiene como prop&oacute;sito que haya conformidad entre los actos internos y los compromisos internacionales contra&iacute;dos por el Estado, que generan para &eacute;ste determinados deberes y reconocen a los individuos ciertos derechos; <i>control que queda depositado tanto en tribunales internacionales &#151;o supranacionales&#151; como en los nacionales, a quienes mediante el mismo se les encomiendan la nueva justicia regional de los derechos humanos</i> y adquieren, adem&aacute;s, la obligaci&oacute;n de adoptar en su aparato jur&iacute;dico tanto las normas como la interpretaci&oacute;n de &eacute;stas, a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas y leyes, que garanticen el respeto a los derechos humanos y sus garant&iacute;as, expl&iacute;citas en sus constituciones nacionales y, desde luego, en sus compromisos convencionales internacionales.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como consecuencia de lo cual, <i>se impone establecer que las autoridades del estado mexicano tienen la ineludible obligaci&oacute;n de observar y aplicar en su &aacute;mbito competencial interno &#151;adem&aacute;s de las legislativas&#151; medidas de cualquier otro orden para asegurar el respeto de los derechos y garant&iacute;as, no s&oacute;lo de la Constituci&oacute;n y de sus normas internas sino tambi&eacute;n de las convenciones internacionales de las que M&eacute;xico es parte y de las interpretaciones que de sus cl&aacute;usulas llevaron a cabo los organismos internacionales;</i> lo que conlleva a sustentar que <i>todos los tribunales deben realizar un control difuso de convencionalidad,</i> al resolver los asuntos sometidos a su competencia.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eso significa que si bien los jueces y tribunales mexicanos &#151;en principio&#151; quedan sujetos a la observancia y aplicaci&oacute;n del imperio de las disposiciones nacionales; cuando el Estado mexicano ratificado un tratado internacional &#151;como la Convenci&oacute;n Americana&#151; como parte del aparato del Estado que son, tambi&eacute;n quedan sometidos a &eacute;sta; por tanto, est&aacute;n obligadas a velar porque los efectos de las disposiciones que la integran no se vean mermadas por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a su objeto y fin; <i>mediante el ejercicio del control de convencionalidad entre las normas jur&iacute;dicas internas y la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos; m&aacute;s a&uacute;n la interpretaci&oacute;n que de esa convenci&oacute;n hubiese realizado la Corte Interamericana, como su &uacute;ltimo</i> int&eacute;rprete.&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">81.&nbsp;El anterior criterio qued&oacute; reflejado en la tesis XI.1&deg;.A.T.47 K, cuyo rubro y texto son:<sup><a href="#notas">114</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Control de convencionalidad en sede interna. Los tribunales mexicanos est&aacute;n obligados a ejercerlo.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trat&aacute;ndose de los derechos humanos, los tribunales del Estado mexicano como no deben limitarse a aplicar s&oacute;lo las leyes locales, sino tambi&eacute;n la Constituci&oacute;n, los tratados o convenciones internacionales <i>conforme a la jurisprudencia emitida por cualesquiera de los tribunales internacionales que realicen la interpretaci&oacute;n de los tratados, pactos, convenciones o acuerdos celebrados por M&eacute;xico; lo cual obliga a ejercer el control de convencionalidad entre las normas jur&iacute;dicas internas y las supranacionales,</i> porque &eacute;ste implica acatar y aplicar en su &aacute;mbito competencial, incluyendo las legislativas, medidas de cualquier orden para asegurar el respeto de los derechos y garant&iacute;as, a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas y leyes que los garanticen. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">82.&nbsp;Asimismo, tambi&eacute;n el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito, con residencia en el Distrito Federal, al resolver el amparo directo 505/2009, el 21 de enero de 2010, ha sostenido la tesis I.4&deg;.A.91 K, cuyo rubro y texto son:<sup><a href="#notas">115</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Control de convencionalidad en sede interna. Los tribunales ser ejercido por los jueces del estado mexicano en los asuntos sometidos a su consideraci&oacute;n, a fin de verificar que la legislaci&oacute;n interna no contravenga el objeto y finalidad de la convenci&oacute;n americana sobre derechos humanos.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha emitido criterios</i> en el sentido de que, cuando un Estado, como en este caso M&eacute;xico, ha ratificado un tratado internacional, como lo es la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, <i>sus jueces,</i> como parte del aparato estatal, deben velar porque las disposiciones ah&iacute; contenidas no se vean mermadas o limitadas por disposiciones internas que contrar&iacute;en su objeto y fin, <i>por lo que se debe ejercer un "control de convencionalidad" entre las normas de derecho interno y la propia convenci&oacute;n, tomando en cuenta para ello no s&oacute;lo el tratado, sino tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que de &eacute;l se ha realizado</i>. Lo anterior adquiere relevancia para aquellos &oacute;rganos que tienen a su cargo funciones jurisdiccionales, pues deben tratar de suprimir, en todo momento, pr&aacute;cticas que tiendan a denegar o delimitar el derecho de acceso a la justicia. &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">83.&nbsp;Lo anterior pone en evidencia el inicio de la pr&aacute;ctica del "control difuso de convencionalidad" en el sistema jurisdiccional mexicano, en sinton&iacute;a con la jurisprudencia convencional interamericana y con los ejemplos de altas jurisdicciones de pa&iacute;ses latinoamericanos, a que se refieren los p&aacute;rrafos 226 a 232 de la sentencia relativa al caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico, que motiva el presente voto razonado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">84.&nbsp;Por &uacute;ltimo, esta tendencia tambi&eacute;n se advierte en recientes reformas legislativas, como sucede en la Constituci&oacute;n del Estado de Sinaloa (2008). En este ordenamiento supremo local, se establecen criterios de interpretaci&oacute;n a los derechos fundamentales y "su sentido se determinar&aacute; <i>de conformidad con los instrumentos internacionales</i> incorporados al orden jur&iacute;dico mexicano aplicables y atendiendo los criterios de los organismos internacionales de protecci&oacute;n de los derechos humanos reconocidos por el Estado mexicano, <i>especialmente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos".</i><sup><a href="#notas">116</a></sup> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V. Hacia un <i>ius constitutionale commune</i> en las Am&eacute;ricas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">85.&nbsp;La interacci&oacute;n entre el derecho internacional y el derecho constitucional resulta ineludible y sus vasos comunicantes se estrechan. Por una parte, la "internacionalizaci&oacute;n" de diversas categor&iacute;as existentes en el &aacute;mbito nacional de los Estados constitucionales se evidencia, especialmente con los pactos internacionales en materia de derechos humanos y con la creaci&oacute;n de los sistemas universal y regionales de protecci&oacute;n de los mismos, con la finalidad de que dichos instrumentos internacionales se apliquen y sean realmente efectivos por los Estados. Se transita de las tradicionales "garant&iacute;as constitucionales" a las "garant&iacute;as convencionales", teniendo su m&aacute;ximo grado de desarrollo con las sentencias que dictan los tribunales internacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">86.&nbsp;La doctrina del "control difuso de convencionalidad" pareciera que fue adoptada por la Corte IDH en un proceso evolutivo de la referida "internacionalizaci&oacute;n", al haber influido las pr&aacute;cticas de las altas jurisdicciones nacionales (v&eacute;ase <i>supra</i> p&aacute;rr. 29). Por otra parte, el influjo que a partir de 2006 imprime el tribunal interamericano para "irradiar" su jurisprudencia y, por tanto, lograr la recepci&oacute;n nacional de los est&aacute;ndares internacionales en los Estados parte de la Convenci&oacute;n Americana, produce una intensidad y profundidad de la "nacionalizaci&oacute;n" o "constitucionalizaci&oacute;n" del derecho internacional de los derechos humanos, como lo demuestra la recepci&oacute;n de dicha doctrina por las altas jurisdicciones nacionales (v&eacute;ase <i>supra</i> p&aacute;rrs. 28 y 30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">87.&nbsp;En el presente 2010 se ha reiterado dicha doctrina por la Corte IDH en ocho casos contenciosos, lo que denota su consolidaci&oacute;n. Sus elementos y rasgos distintivos seguramente seguir&aacute;n siendo cuidadosamente analizados por los jueces interamericanos y nacionales. No pretende establecer qu&eacute; &oacute;rgano tiene la &uacute;ltima palabra, sino fomentar el di&aacute;logo jurisprudencial creativo, responsable y comprometido con la efectividad de los derechos fundamentales. Los jueces nacionales ahora se convierten en los primeros jueces interamericanos. Son ellos los que tienen la mayor responsabilidad para armonizar la legislaci&oacute;n nacional con los par&aacute;metros interamericanos. La Corte IDH debe velar por ello y tener plena consciencia de los est&aacute;ndares que ir&aacute; construyendo en su jurisprudencia, teniendo en consideraci&oacute;n, adem&aacute;s, el "margen de apreciaci&oacute;n nacional" con que deben contar los Estados nacionales para interpretar el <i>corpus juris</i> interamericano.<sup><a href="#notas">117</a></sup> De los jueces interamericanos se espera mucho, y "en la medida en que m&aacute;s se autoexija, podr&aacute; a su vez exigir m&aacute;s a las cortes nacionales".<sup><a href="#notas">118</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">88.&nbsp;En definitiva, la trascendencia de la nueva doctrina sobre el "control difuso de convencionalidad" es de tal magnitud, que probablemente en ella descanse el futuro del sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos y, a su vez, contribuir&aacute; al desarrollo constitucional y democr&aacute;tico de los Estados nacionales de la regi&oacute;n. La construcci&oacute;n de un aut&eacute;ntico "di&aacute;logo jurisprudencial" &#151;entre los jueces nacionales y los interamericanos&#151;, seguramente se convertir&aacute; en el nuevo referente jurisdiccional para la efectividad de los derechos humanos en el siglo XXI. Ah&iacute; descansa el porvenir: en un punto de convergencia en materia de derechos humanos p ara establecer un aut&eacute;ntico <i>ius constitutionale commune</i> en las Am&eacute;ricas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El presente texto reproduce &iacute;ntegramente el voto razonado que emit&iacute; en calidad de <i>juez ad hoc</i> de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico, resuelto el 26 de noviembre de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685574&pid=S0041-8633201100020002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup><i>&nbsp;Cfr.</i> caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de noviembre de 2010, p&aacute;rrs. 12 a 22.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i>&nbsp;Ibidem,</i> p&aacute;rrs. 224 a 235.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros) <i>vs.</i> Guatemala. Fondo. Sentencia de 19 de noviembre de 1999, serie C, n&uacute;m. 63, p&aacute;rr. 222; caso Escher y otros <i>vs.</i> Brasil. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de julio de 2009, serie C, n&uacute;m. 200, p&aacute;rr. 44, y caso Da Costa Cadogan <i>vs.</i> Barbados. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de septiembre de 2009, serie C, n&uacute;m. 204, p&aacute;rr. 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Gomes Lund y Otros ("Guerrilha do Araguala") <i>vs.</i> Brasil. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2010, p&aacute;rr. 49.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez <i>vs.</i> Honduras. Fondo. Sentencia de 29 de julio de 1988, serie C, n&uacute;m. 4, p&aacute;rr. 61: "La regla del previo agotamiento de los recursos internos permite al Estado resolver el problema seg&uacute;n su derecho interno antes de verse enfrentado a un proceso internacional, lo cual es especialmente v&aacute;lido en la jurisdicci&oacute;n internacional de los derechos humanos, por ser &eacute;sta 'coadyuvante o complementaria' de la interna (Convenci&oacute;n Americana, Pre&aacute;mbulo)".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Expresi&oacute;n del actual presidente de la Corte IDH, Diego Garc&iacute;a&#45;Say&aacute;n; <i>cfr.</i> su trabajo "Una viva interacci&oacute;n: Corte Interamericana y tribunales internos", en varios autores, <i>La Corte Interamericana de Derechos Humanos: un cuarto de siglo: 1979&#45;2004,San Jo</i>s&eacute;, Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2005, pp. 323&#45;384.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685581&pid=S0041-8633201100020002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Si bien no existe de manera expresa referencia al "debido proceso" en la Convenci&oacute;n Americana, el conjunto de derechos del propio pacto y el desarrollo jurisprudencial de la Corte IDH, ha creado, en su conjunto, lo que podr&iacute;a denominarse el "debido proceso convencional", integrado por diversos derechos. En un interesante voto concurrente, Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez advierte que "Entre los temas examinados con mayor frecuencia por la Corte Interamericana se halla el llamado debido proceso legal, concepto desenvuelto por la regulaci&oacute;n y la jurisprudencia angloamericana. El Pacto de San Jos&eacute; no invoca, literalmente, el "debido proceso". Con otras palabras, sin embargo, organiza el sistema de audiencia, defensa y decisi&oacute;n entra&ntilde;ado en aquel concepto. Cumple esta misi&oacute;n &#151;esencial para la tutela de los derechos humanos&#151; con diversas expresiones y en distintos preceptos, entre ellos el art&iacute;culo 8o., que figura bajo el rubro de "Garant&iacute;as judiciales". Lo que se pretende con ello es asegurar al individuo que los &oacute;rganos del Estado llamados a determinar sus derechos y deberes &#151;en m&uacute;ltiples vertientes&#151; lo har&aacute;n a trav&eacute;s de un procedimiento que provea a la persona con los medios necesarios para defender sus intereses leg&iacute;timos y obtener pronunciamientos debidamente motivados y fundados, de manera que se halle bajo el amparo de la ley y al abrigo del arbitrio" (p&aacute;rrafo 3, del voto razonado que formul&oacute;, en relaci&oacute;n con la sentencia del caso Claude Reyes y otros <i>vs.</i> Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 19 de septiembre de 2006, serie C, n&uacute;m. 151).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> P&aacute;rrafo 3 del voto razonado formulado por el juez Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, a prop&oacute;sito de la sentencia emitida en el caso Vargas Areco <i>vs.</i> Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas, de 26 de septiembre de 2006, serie C, n&uacute;m. 155.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Art&iacute;culo 33 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Art&iacute;culo 1o. del Estatuto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Con anterioridad existen referencias al "control de convencionalidad" en algunos votos concurrentes del juez Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez. <i>Cfr.</i> sus votos en los casos Myrna Mack Chang <i>vs.</i> Guatemala, resuelto el 25 de noviembre de 2003, p&aacute;rr. 27; caso Tibi <i>vs.</i> Ecuador, de 7 de septiembre de 2004, p&aacute;rr. 3; caso Vargas Areco <i>vs.</i> Paraguay, p&aacute;rrs. 6 y 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Caso Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de septiembre de 2006, serie C, n&uacute;m. 154, p&aacute;rrs. 123 a 125.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Cyr. caso Ximenes Lopes <i>vs.</i> Brasil. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de julio de 2006, serie C, n&uacute;m. 149, p&aacute;rr. 172; y caso Balde&oacute;n Garc&iacute;a <i>vs.</i> Per&uacute;. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de abril de 2006, serie C, n&uacute;m. 147, p&aacute;rr. 140.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> Responsabilidad Internacional por Expedici&oacute;n y Aplicaci&oacute;n de Leyes Violatorias de la Convenci&oacute;n (Arts. 1 y 2 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), Opini&oacute;n Consultiva OC&#45;14/94 del 9 de diciembre de 1994, serie A, n&uacute;m. 14, p&aacute;rr. 35.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de Noviembre de 2006, serie C, n&uacute;m. 158, p&aacute;rr. 128: "Cuando un Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convenci&oacute;n Americana, sus jueces tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a ella, lo que les obliga a velar porque el efecto &uacute;til de la Convenci&oacute;n no se vea mermado o anulado por la aplicaci&oacute;n de leyes contrarias a sus disposiciones, objeto y fin. En otras palabras, los &oacute;rganos del Poder Judicial deben ejercer no s&oacute;lo un control de constitucionalidad, sino tambi&eacute;n 'de convencionalidad' <i>ex oficio</i> entre las normas internas y la Convenci&oacute;n Americana, <i>evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes. Esta funci&oacute;n no debe quedar limitada exclusivamente por las manifestaciones o actos de los accionantes en cada caso concreto, aunque tampoco implica que ese control deba ejercerse siempre, sin considerar otros presupuestos formales y materiales de admisibilidad y procedencia de ese tipo de acciones".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Caso La Cantuta <i>vs.</i> Per&uacute;. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de noviembre de 2006, serie C, n&uacute;m. 162, p&aacute;rr. 173.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Caso Boyce y otros <i>vs.</i> Barbados. Excepci&oacute;n Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 20 de noviembre de 2007, serie C, n&uacute;m. 169, p&aacute;rr. 79.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;Caso Heliodoro Portugal <i>vs.</i> Panam&aacute;. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 12 de agosto de 2008, serie C, n&uacute;m. 186, p&aacute;rr. 180.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Caso Rosendo Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de noviembre de 2009, serie C, n&uacute;m. 209, p&aacute;rr. 339.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;Caso Manuel Cepeda Vargas <i>vs.</i> Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo y Reparaciones. Sentencia de 26 de mayo de 2010, serie C, n&uacute;m. 213, p&aacute;rr. 208, nota 307.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;Comunidad Ind&iacute;gena X&aacute;kmok K&aacute;sek <i>vs.</i> Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de agosto de 2010, serie C, n&uacute;m. 214, p&aacute;rr. 311.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Caso Fern&aacute;ndez Ortega y Otros <i>vs.</i> M&eacute;xico. Excepci&oacute;n Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de agosto de 2010, serie C, n&uacute;m. 215, p&aacute;rr. 234.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;Caso Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico. Excepci&oacute;n Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2010, serie C, n&uacute;m. 216, p&aacute;rr. 219.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;Caso Ibsen C&aacute;rdenas e Ibsen Pe&ntilde;a <i>vs.</i> Bolivia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 1o. de septiembre de 2010, serie C, n&uacute;m. 217, p&aacute;rr. 202.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup>&nbsp;Caso V&eacute;lez Loor <i>vs.</i> Panam&aacute;. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de noviembre de 2010, serie C, n&uacute;m. 218, p&aacute;rr. 287.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp;Caso Gomes Lund y Otros (Guerrilha do Araguaia) <i>vs.</i> Brasil. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2010, serie C, n&uacute;m. 219, p&aacute;rr. 106.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;Caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 225.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp;Resoluci&oacute;n de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 9 de mayo de 2008, p&aacute;rr. 63.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;Adem&aacute;s de los votos razonados referidos <i>supra</i> nota 11, v&eacute;anse sus votos posteriores al <i>leading case</i> Almonacid Arellano, que emiti&oacute; reflexionando sobre el "control de convencionalidad": caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rrs. 1 a 13 del voto razonado; y caso Valle Jaramillo y Otros <i>vs.</i> Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de noviembre de 2008, serie C, n&uacute;m. 192, p&aacute;rr. 3 del voto razonado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> sus votos razonados en el caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, especialmente los p&aacute;rrs. 2 y 3 de su voto; as&iacute; como en la solicitud de interpretaci&oacute;n de sentencia derivada de dicho caso, de 30 de noviembre de 2007, especialmente los p&aacute;rrs. 5 a 12, 45 y 49, de su voto disidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> su voto razonado y concurrente en el caso Gomes Lund y Otros (Guerrilha do Araguaia) <i>vs.</i> Brasil, p&aacute;rrs. 4 y 5.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;Argentina, Barbados, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Hait&iacute;, Honduras, Jamaica, M&eacute;xico, Nicaragua, Panam&aacute;, Paraguay, Per&uacute;, Rep&uacute;blica Dominicana, Suriname, Uruguay y Venezuela. Trinidad y Tobago denunci&oacute; la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;Los Estados citados en la nota anterior, con excepci&oacute;n de Dominicana y Jamaica (que hasta la fecha no han aceptado dicha jurisdicci&oacute;n) y Trinidad y Tobago (por denuncia en 1999).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> Ferrer Mac&#45;Gregor, Eduardo, "El control difuso de convencionalidad en el Estado constitucional", en Fix&#45;Zamudio, H&eacute;ctor y Valad&eacute;s, Diego (coords.), <i>Formaci&oacute;n y perspectiva del Estado mexicano,</i> M&eacute;xico, El Colegio Nacional&#45;UNAM, 2010, pp. 151&#45;188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685610&pid=S0041-8633201100020002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;Caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rrs. 4, 12 y 13 del voto razonado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp;De manera expl&iacute;cita, por ejemplo, en Argentina (art. 73) y Rep&uacute;blica Dominicana (art. 74.3, de la nueva Constituci&oacute;n proclamada en enero de 2010).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;Bolivia (art. 256), Ecuador (art. 424) y Venezuela (art. 23).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp;Con independencia de la jerarqu&iacute;a normativa que le otorguen, un n&uacute;mero importante de textos constitucionales reconocen alg&uacute;n tipo de especificidad de los tratados internacionales en materia de derechos humanos, por ejemplo, en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, Colombia, Paraguay, Per&uacute;, Rep&uacute;blica Dominicana y Venezuela. Adem&aacute;s, en las entidades federativas mexicanas de Sinaloa, Tlaxcala y Quer&eacute;taro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup>&nbsp;Por ejemplo, en el Per&uacute; (art. transitorio cuarto), Ecuador (art. 417) y en la nueva Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Dominicana, de enero de 2010 (art. 74.4).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;Por ejemplo, Brasil (art. 5.LXXVII.2), Bolivia (art. 13.11), Colombia (art. 94), Ecuador (art. 417), Panam&aacute; (art. 17), Per&uacute; (art. 3), Rep&uacute;blica Dominicana (art. 74.1) y Uruguay (art. 72).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup>&nbsp;Por ejemplo, Bolivia (art. 13.IV), Colombia (art. 93), Hait&iacute; (art. 19) y en las entidades federativas mexicanas de Sinaloa (4o. bis C), Tlaxcala (art. 16 B) y Quer&eacute;taro (considerando 15).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;Sobre la "interpretaci&oacute;n conforme" con los pactos internacionales, v&eacute;ase Caballero, Jos&eacute; Luis, <i>La incorporaci&oacute;n de los tratados internacionales sobre derechos humanos en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685619&pid=S0041-8633201100020002000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;Dos de las jurisdicciones constitucionales m&aacute;s representativos que desde principios de la d&eacute;cada de los noventa han adoptado interpretaciones sobresalientes para favorecer la aplicabilidad de los tratados internacionales en materia de derechos humanos, son la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Costa Rica y la Corte Constitucional de Colombia. La primera otorg&oacute; car&aacute;cter supraconstitucional a los tratados internacionales de derechos humanos en la medida en que &eacute;stos sean m&aacute;s favorables a los previstos a nivel constitucional. La segunda, al reconocer dentro del "bloque de constitucionalidad" a dichos tratados. Ambas jurisdicciones han tenido importantes desarrollos posteriores en esta materia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup>&nbsp;P&aacute;rrafo 9 del voto razonado emitido por el juez Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, con motivo de la sentencia referida al caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> Garc&iacute;a&#45;Say&aacute;n, Diego, "Una viva interacci&oacute;n...", cit.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup>&nbsp;Caso "Mazzeo, Lulio Lilo y otros s/Recurso de Casaci&oacute;n e Inconstitucionalidad, de 13 de julio de 2007. Sobre este importante fallo, y en general, sobre el car&aacute;cter evolutivo de recepci&oacute;n del derecho internacional por parte de la Corte Suprema de Justicia de Argentina, v&eacute;ase Baz&aacute;n, V&iacute;ctor, "El derecho internacional en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, con particular &eacute;nfasis en materia de derechos humanos", <i>La Ley, Suplemento Extraordinario (75</i> Aniversario<sub>/</sub>), Buenos Aires, agostode 2010, pp. 1&#45;17, especialmente sobre el caso "Mazzeo" v&eacute;ase pp. 10, 11 y 16;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685624&pid=S0041-8633201100020002000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> asi mismo, Hitters, Juan Carlos, "Control de constitucionalidad y control de convencionalidad. Comparaci&oacute;n (criterios fijados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos)", <i>Estudios Constitucionales,</i> Santiago, Centro de Estudios Constitucionales de Chile&#45;Universidad de Talca, a&ntilde;o 7, n&uacute;m. 2, 2009, pp. 109&#45;128;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685625&pid=S0041-8633201100020002000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Loiano, Adelina, "El marco conceptual del control de convencionalidad en algunos fallos de la Corte Suprema Argentina: 'Arancibia Clavel', 'Sim&oacute;n', 'Mazzeo'", en Albanese, Susana (coord.), <i>El control de convencionalidad,</i> Buenos Aires, Ediar, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685626&pid=S0041-8633201100020002000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> Precisamente <i>Di&aacute;logo Jurisprudencial</i> es el nombre de la revista semestral que edita conjuntamente el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Fundaci&oacute;n "Konrad Adenauer Stiftung", desde el segundo semestre de 2006. El objetivo es dar a conocer los fallos de los tribunales nacionales que aplican la jurisprudencia de la Corte IDH y el derecho internacional de los derechos humanos, y el influjo que a su vez recibe ese tribunal interamericano por parte de la jurisprudencia nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48 </sup>P&aacute;rrafo 3 del voto razonado del juez Antonio Augusto Caneade Trindade.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> Precisi&oacute;n que fue realizada a partir del caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rr. 128.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup>&nbsp;Este precepto se&ntilde;ala: "Art&iacute;culo 29. Normas de Interpretaci&oacute;n. Ninguna disposici&oacute;n de la presente Convenci&oacute;n puede ser interpretada en el sentido de: a) permitir a alguno de los Estados partes, grupo o persona, suprimir el goce y ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Convenci&oacute;n o limitarlos en mayor medida que la prevista en ella; b) limitar el goce y ejercicio de cualquier derecho o libertad que pueda estar reconocido de acuerdo con las leyes de cualquiera de los Estados partes o de acuerdo con otra convenci&oacute;n en que sea parte uno de dichos Estados; c) excluir otros derechos y garant&iacute;as que son inherentes al ser humano o que se derivan de la forma democr&aacute;tica representativa de gobierno, y d) excluir o limitar el efecto que puedan producir la Declaraci&oacute;n Americana de Derechos y Deberes del Hombre y otros actos internacionales de la misma naturaleza".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup>&nbsp;Opini&oacute;n Consultiva OC&#45;5/85. 13 de noviembre de 1985, serie A, n&uacute;m. 5, relativa a <i>La colegiaci&oacute;n obligatoria de periodistas (arts. 13 y 29 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos</i> Humanos),p&aacute;rrs. 51 y 52.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup>&nbsp;Caso Almonacid Arellano <i>vs.</i> Chile, p&aacute;rr. 123.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Ximenes Lopes, p&aacute;rr. 172; y caso Balde&oacute;n Garc&iacute;a, p&aacute;rr. 140.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup><i> Idem.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup>&nbsp;P&aacute;rrafo 128, <i>in fine,</i> caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup>&nbsp;Caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 227.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup>&nbsp;Art&iacute;culo 29, inciso d). V&eacute;ase <i>supra</i> nota 50.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup>&nbsp;P&aacute;rrafo 3 del voto razonado del juez Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, respecto de la sentencia del caso citado, de 24 de noviembre de 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Ibsen C&aacute;rdenas e Ibsen Pe&ntilde;a <i>vs.</i> Bolivia, p&aacute;rr. 199.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup>&nbsp;OC&#45;16/99 de 1 de octubre de 1999, p&aacute;rr. 114.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup>&nbsp;OC&#45;16/99, p&aacute;rr. 115.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup>&nbsp;En t&eacute;rminos del art&iacute;culo 29 del Reglamento de la Corte Interamericana, vigente el 1 de enero de 2010, que establece: "Art&iacute;culo 31. Resoluciones. 1. Las sentencias y las resoluciones que pongan t&eacute;rmino al proceso son de la competencia exclusiva de la Corte. 2. Las dem&aacute;s resoluciones ser&aacute;n dictadas por la corte, si estuviere reunida; si no lo estuviere, por la Presidencia, salvo disposici&oacute;n en contrario. Toda decisi&oacute;n de la Presidencia, que no sea de mero tr&aacute;mite, es recurrible ante la Corte. 3. Contra las sentencias y resoluciones de la Corte no procede ning&uacute;n medio de impugnaci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> Opini&oacute;n Consultiva OC&#45;1/82, 24 de septiembre de 1982, serie A, n&uacute;m. 1, relativa a "Otros Tratados" objeto de la funci&oacute;n consultiva de la Corte (art. 64 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), presentada por el gobierno del Per&uacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64</sup>&nbsp;De esta manera, por ejemplo, pueden formar parte de su jurisprudencia los est&aacute;ndares establecidos por la Corte Europea de Derechos Humanos, tratados internacionales del sistema universal, las resoluciones de los Comit&eacute;s de Naciones Unidas, las recomendaciones de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos o incluso los informes de los relatores especiales de la OEA o de Naciones Unidas, entre otros, siempre y cuando la Corte IDH los utilice y los haga suyos para formar su interpretaci&oacute;n del <i>corpus juris interamericano</i> y crear la norma convencional interpretada como est&aacute;ndar interamericano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65</sup>&nbsp;Art&iacute;culo 1o. del Estatuto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aprobado por resoluci&oacute;n n&uacute;m. 448 de la Asamblea General de la OEA, en la Paz, Bolivia (octubre de 1979).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66</sup>&nbsp;Ferrer Mac&#45;Gregor, Eduardo y Silva Garc&iacute;a, Fernando, "Homicidios de mujeres por raz&oacute;n de g&eacute;nero. El caso Campo Algodonero", en Bogdandy, Armin von <i>et al.</i> (coords.), <i>La justicia constitucional y su internacionalizaci&oacute;n: &iquest;hacia un</i> ius constitutionale commune <i>en Am&eacute;rica Latina?,</i> M&eacute;xico, UNAM&#45;Max Planck Institut, 2010, t. II, pp. 259&#45;333, en pp. 296&#45;297.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685647&pid=S0041-8633201100020002000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Almonacid Arellano y otros <i>vs.</i> Chile, p&aacute;rr. 124.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68</sup>&nbsp;Por ejemplo, en La Cantuta <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rr. 174: "En ese marco de interpretaci&oacute;n, la controversia subsistente debe ser ubicada en aquella primera vertiente de medidas que deben ser adoptadas para adecuar la normativa interna a la Convenci&oacute;n. Para efectos de la discusi&oacute;n planteada, es necesario precisar que la Corte consider&oacute; que en Per&uacute; dichas leyes de autoamnist&iacute;a son <i>ab initio</i> incompatibles con la Convenci&oacute;n; es decir, su promulgaci&oacute;n misma "constituye <i>per se</i> una violaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n" por ser "una ley manifiestamente contraria a las obligaciones asumidas por un Estado parte" en dicho tratado. Ese es el <i>rationale</i> de la declaratoria con efectos generales realizado por la Corte en el caso Barrios Altos. De ah&iacute; que su aplicaci&oacute;n por parte de un &oacute;rgano estatal en un caso concreto, mediante actos normativos posteriores o su aplicaci&oacute;n por funcionarios estatales, constituya una violaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n". Asimismo, en el caso Gomes Lund y Otros ("Guerrilha do Araguala") <i>vs.</i> Brasil, p&aacute;rr. 106.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>69</sup>&nbsp;Por ejemplo, en el caso Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos, p&aacute;rr. 339; as&iacute; como en el reciente caso Ibsen C&aacute;rdenas e Ibsen Pe&ntilde;a <i>vs.</i> Bolivia, p&aacute;rr. 202.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>70</sup>&nbsp;<i>Cfr.,</i> por ejemplo, caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rr. 128; caso Comunidad Ind&iacute;gena X&aacute;rmok K&aacute;sek <i>vs.</i> Paraguay, p&aacute;rr. 311; caso Fern&aacute;ndez Ortega y otros. <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 234; Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 234; y caso V&eacute;lez Loor <i>vs.</i> Panam&aacute;, p&aacute;rr. 287.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>71</sup><i>&nbsp;Cfr.</i> caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez <i>vs.</i> Honduras, p&aacute;rr. 25; caso Chitay Nech y Otros. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 25 de mayo de 2010, serie C, n&uacute;m. 212 p&aacute;rr. 227; y caso Manuel Cepeda Vargas. Excepciones Preliminares, Fondo y Reparaciones. Sentencia de 26 de mayo de 2010, serie C, n&uacute;m. 213, p&aacute;rr. 211.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>72</sup><i>&nbsp;Cfr.</i> caso Castillo P&aacute;ez <i>vs.</i> Per&uacute;. Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de noviembre de 1998, serie C, n&uacute;m. 43, p&aacute;rr. 43; caso Chitay Nech y Otros, p&aacute;rr. 227, y caso Manuel Cepeda Vargas, p&aacute;rr. 211.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>73</sup><i>&nbsp;Supra</i> nota 12, p&aacute;rr. 125.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>74</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> Responsabilidad Internacional por Expedici&oacute;n y Aplicaci&oacute;n de Leyes Violatorias de la Convenci&oacute;n (Arts. 1 y 2 Convenci&oacute;n Americana Sobre Derechos Humanos), Opini&oacute;n Consultiva OC&#45;14/94 del 9 de diciembre de 1994, serie A, n&uacute;m. 14.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>75</sup>&nbsp;"Art&iacute;culo 1. <i>Obligaci&oacute;n de respetar los derechos. 1. Los</i> Estados partes en esta Convenci&oacute;n se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que est&eacute; sujeta a su jurisdicci&oacute;n, sin discriminaci&oacute;n alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religi&oacute;n, opiniones pol&iacute;ticas o de cualquier otra &iacute;ndole, origen nacional o social, posici&oacute;n econ&oacute;mica, nacimiento o cualquier otra condici&oacute;n social".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>76</sup>&nbsp;"Art&iacute;culo 2. <i>Deber de adoptar disposiciones de derecho interno.</i> Si el ejercicio de los derechos y libertades mencionados en el art&iacute;culo 1 no estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro car&aacute;cter, los Estados partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta Convenci&oacute;n, las medidas legislativas o de otro car&aacute;cter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>77</sup>&nbsp;"Art. 26. <i>Pacta sunt servanda.</i> Todo tratado en vigor obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>78</sup>&nbsp;"Art. 27. <i>El derecho interno y la observancia de los tratados.</i> Una parte no podr&aacute; invocar las disposiciones de su derecho interno como justificaci&oacute;n del incumplimiento de un tratado. Esta norma se entender&aacute; sin perjuicio de lo dispuesto en el art&iacute;culo 46".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>79</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> p&aacute;rr. 27 de su voto razonado con motivo del caso Myrna Mack Chang <i>vs.</i> Guatemala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>80</sup><i> Cfr. supra</i> p&aacute;rrs. 44 a 52 de este voto razonado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>81</sup>&nbsp;Art. 69 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>82</sup>&nbsp;<i>Supra</i> nota 19, p&aacute;rrs. 338 a 342.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>83</sup>&nbsp;<i>Supra</i> nota 22, p&aacute;rrs. 233 a 238.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>84</sup>&nbsp;<i>Supra</i> nota 23, p&aacute;rrs. 218 a 223.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>85</sup>&nbsp;<i>Supra</i> nota 27, p&aacute;rrs. 225 a 235.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>86</sup>&nbsp;Art&iacute;culo 68.1 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos: "Los Estados partes en la Convenci&oacute;n se comprometen a cumplir la decisi&oacute;n de la corte en todo caso en que sean partes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>87</sup>&nbsp;Art&iacute;culo 67.1 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos: "El fallo de la Corte ser&aacute; definitivo e inapelable...".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>88</sup>&nbsp;V&eacute;anse estos preceptos <i>supra</i> notas 77 y 78.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>89</sup>&nbsp;Sobre el "bloque de convencionalidad" como par&aacute;metro del "control difuso de convencionalidad, v&eacute;ase <i>supra</i> p&aacute;rrs. 44 a 52 de este voto razonado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>90</sup>&nbsp;Caso Rosendo Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos, p&aacute;rr. 338; caso Fern&aacute;ndez Ortega y Otros <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 233; y caso Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 218.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>91</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Castillo Petruzzi y otros <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rr. 207; caso Ximenes Lopes <i>vs.</i> Brasil, p&aacute;rr. 83, y caso Almonacid Arellano y otros <i>vs.</i> Chile, p&aacute;rr. 118.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>92</sup> Este art&iacute;culo s&oacute;lo ha sufrido una reforma desde el texto original de 1917, en 1934, publicada en el <i>Diario Oficial de la Federaci&oacute;n</i> de 18 de enero de ese a&ntilde;o. El precepto ha sido interpretado de diferentes maneras por parte de los tribunales y la doctrina mexicana a lo largo de su vigencia, incluso en las Constituciones anteriores a la actual de 1917. Sobre las diferentes posturas interpretativas, v&eacute;ase Carpizo, Jorge, "La interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 133 constitucional", <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado,</i> M&eacute;xico, UNAM, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, n&uacute;m. 4, 1969, pp. 3&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685674&pid=S0041-8633201100020002000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>93</sup>&nbsp;Caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) <i>vs.</i> Per&uacute;, p&aacute;rr. 128.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>94</sup>&nbsp;Tesis IX/2007, del Pleno de la Suprema Corte, cuyo rubro y texto son: / <i>"Tratados internacionales. Son parte integrante de la Ley Suprema de la UNI&Oacute;N</i> Y SE UBICAN JER&Aacute;RQUICAMENTE POR ENCIMA DE LAS LEYES GENERALES, FEDERALES Y LOCALES. INTERPRETACI&Oacute;N DEL ART&Iacute;CULO 133 CONSTITUCIONAL. / La interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica del art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos permite identificar la existencia de un orden jur&iacute;dico superior, de car&aacute;cter nacional, integrado por la Constituci&oacute;n federal, los tratados internacionales y las leyes generales. Asimismo, a partir de dicha interpretaci&oacute;n, armonizada con los principios de derecho internacional dispersos en el texto constitucional, as&iacute; como con las normas y premisas fundamentales de esa rama del derecho, <i>se concluye que los tratados internacionales se ubican jer&aacute;rquicamente abajo de la Constituci&oacute;n federal</i> y por encima de las leyes generales, federales y locales, en la medida en que el Estado mexicano al suscribirlos, de conformidad con lo dispuesto en la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados entre los Estados y Organizaciones Internacionales o entre Organizaciones Internacionales y, adem&aacute;s, atendiendo al principio fundamental de derecho internacional consuetudinario <i>pacta sunt servanda,</i> contrae libremente obligaciones frente a la comunidad internacional que no pueden ser desconocidas invocando normas de derecho interno y cuyo incumplimiento supone, por lo dem&aacute;s, una responsabilidad de car&aacute;cter internacional". &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93; Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n y su Gaceta,</i> t. XXV, abril de 2007, p. 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685677&pid=S0041-8633201100020002000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>95</sup>&nbsp;Tesis jurisprudencial 74/99, del Pleno de la Suprema Corte, cuyo rubro y texto son:/ <i>"Control difuso de la constitucionalidad de normas generales. No lo autoriza el art&iacute;culo 133 de la constituci&oacute;n.</i> El texto expreso del art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n federal previene que "Los jueces de cada Estado se arreglar&aacute;n a dicha Constituci&oacute;n, leyes y tratados a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las Constituciones o leyes de los Estados. <i>En dicho sentido literal lleg&oacute; a pronunciarse la Suprema Corte de Justicia; sin embargo, la postura sustentada con posterioridad por este Alto Tribunal, de manera predominante, ha sido en otro sentido, tomando en cuenta una interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica del precepto y los principios que conforman nuestra Constituci&oacute;n. En efecto,</i> esta Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n considera que el art&iacute;culo 133 constitucional, no es fuente de facultades de control constitucional para las autoridades que ejercen funciones materialmente jurisdiccionales, respecto de actos ajenos, como son las leyes emanadas del propio Congreso, ni de sus propias actuaciones, que les permitan desconocer unos y otros, pues dicho precepto debe ser interpretado a la luz del r&eacute;gimen previsto por la propia carta magna para ese efecto". &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93; Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n y su Gaceta,</i> t. X, agosto de 1999, p. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685679&pid=S0041-8633201100020002000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>96</sup>&nbsp;En t&eacute;rminos del art&iacute;culo 192 de la Ley de Amparo, las resoluciones constituir&aacute;n jurisprudencia obligatoria, siempre que lo que se resuelva en ellas se sustente en cinco ejecutorias ininterrumpidas por otra en contrario, y se requiere adem&aacute;s de por lo menos ocho votos de los ministros integrantes del Tribunal Pleno. En el caso concreto, el asunto fue aprobado por mayor&iacute;a de seis votos contra cinco.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>97</sup>&nbsp;Por ejemplo, la Tesis XI.1&deg;.A.T.45 K, cuyo rubro y texto son:/ <i>"Tratados internacionales. Cuando</i> LOS CONFLICTOS SE SUSCITEN EN RELACI&Oacute;N CON DERECHOS HUMANOS, <i>deben ubicarse a nivel de la Constituci&oacute;n./</i> Los tratados o convenciones suscritos por el Estado mexicano relativos a derechos humanos, deben ubicarse a nivel de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos, porque dichos instrumentos internacionales se conciben como una extensi&oacute;n de lo previsto en esa ley fundamental respecto a los derechos humanos, en tanto que constituyen la raz&oacute;n y el objeto de las instituciones. Por lo que los principios que conforman el derecho subjetivo p&uacute;blico, deben adecuarse a las diversas finalidades de los medios de defensa que prev&eacute; la propia <i>Constituci&oacute;n y de acuerdo con su art&iacute;culo 133 las autoridades mexicanas deben respetarlos, por lo que bajo ninguna circunstancia pueden ser ignorados por ellos al actuar de acuerdo a su &aacute;mbito competencial".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93; Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n y su Gaceta,</i> t. XXXI, mayo de 2010, p. 2079.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685682&pid=S0041-8633201100020002000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>98</sup>&nbsp;Por lo que aqu&iacute; interesa, destaca de esta reforma el "Art&iacute;culo 1. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozar&aacute;n de los derechos humanos reconocidos en esta Constituci&oacute;n <i>y en los tratados internacionales sobre derechos humanos de los que el Estado Mexicano sea parte,</i> as&iacute; como de las garant&iacute;as para su protecci&oacute;n, los cuales no podr&aacute;n restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constituci&oacute;n establece./ <i>Las normas relativas a los derechos humanos se interpretar&aacute;n de conformidad con esta Constituci&oacute;n y con los tratados internacionales sobre derechos humanos antes se&ntilde;alados./</i> Todas las autoridades, en el &aacute;mbito de sus competencias, <i>tienen la obligaci&oacute;n de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.</i> En consecuencia, <i>el Estado deber&aacute; prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los</i> t&eacute;rminos que establezca la ley". &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>99</sup>&nbsp;El art&iacute;culo 103, fracci&oacute;n I, de esta reforma se&ntilde;ala: "Art&iacute;culo 103. Los tribunales de la Federaci&oacute;n resolver&aacute;n toda controversia que se suscite: I. Por normas generales, actos u omisiones de la autoridad que violen los derechos humanos reconocidos y las garant&iacute;as otorgadas para su protecci&oacute;n por esta Constituci&oacute;n, <i>as&iacute; como por los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>100</sup> La "consulta a tr&aacute;mite" corresponde al expediente 489/2010, habiendo sido discutido el proyecto correspondiente por el Pleno de la Suprema Corte el 31 de agosto, 2, 6 y 7 de septiembre de 2010. El debate realizado en esos cuatro d&iacute;as resulta de la mayor importancia para las relaciones entre el derecho nacional y el derecho internacional de los derechos humanos, incluso se dejaron ver posturas a favor y en contra del "control difuso de convencionalidad"; sin embargo, por mayor&iacute;a se determin&oacute; restringir la consulta a "realizar una declaraci&oacute;n <i>a cerca de la posible participaci&oacute;n del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n en la ejecuci&oacute;n de la sentencia</i> dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el "caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores", por lo que el asunto pas&oacute; a otro ministro para definir qu&eacute; obligaciones concretas le resultan al Poder Judicial de la Federaci&oacute;n y la forma de instrumentarlas./ Cabe resaltar, que la Suprema Corte en esta "consulta a tr&aacute;mite" estableci&oacute;, por mayor&iacute;a, el objeto de an&aacute;lisis, se&ntilde;alando, <i>inter alia,</i> "ser&aacute; necesario <i>interpretar el alcance de las reservas o declaraciones interpretativas que formul&oacute; el Estado Mexicano, tanto al adherirse a la Convenci&oacute;n Americana de &#91;sic&#93; Derechos Humanos, como a la Convenci&oacute;n Interamericana sobre Desaparici&oacute;n Forzada de Personas</i>, dada la repercusi&oacute;n que <i>tales salvedades podr&iacute;an tener en el caso concreto,</i> y las que <i>podr&iacute;an tener en otros litigios internacionales en los que en un futuro los Estados Unidos Mexicanos tambi&eacute;n pudieran llegar a ser parte".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>101</sup> Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n</i> y su Gaceta, novena &eacute;poca, t. XXI, febrero de 2005, p. 1744.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685687&pid=S0041-8633201100020002000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>102</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos, p&aacute;rr. 340; caso Fern&aacute;ndez Ortega y otros. <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 237, y caso Rosendo Cant&uacute; y otra <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 220.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>103</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Fern&aacute;ndez Ortega y otros. <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 237, y caso Rosendo Can&#45;t&uacute; y otra <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 220.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>104</sup>&nbsp;"Sin interposici&oacute;n de otra cosa" y "Ahora, al punto, al instante" <i>(Diccionario de la lengua espa&ntilde;ola,</i> vig&eacute;sima segunda edici&oacute;n, Real Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685691&pid=S0041-8633201100020002000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>105</sup>&nbsp;"Por imposici&oacute;n a la iniciativa privada, d&iacute;cese de la acci&oacute;n o injerencia espont&aacute;nea que cumple el juez en el proceso, sin necesidad de requerimiento o petici&oacute;n de parte, o iniciativa del magistrado, sin instancia de parte". <i>Cfr</i>. Couture, Eduardo J., <i>Vocabulario jur&iacute;dico. Espa&ntilde;ol y lat&iacute;n, con traducci&oacute;n de vocablos al franc&eacute;s, italiano, portugu&eacute;s, ingl&eacute;s y alem&aacute;n,</i> 4a. ed. corregida, actualizada y ampliada por &Aacute;ngel Landoni Sosa, Montevideo, Julio C&eacute;sar Faira&#45;Editor, 2010, p. 534.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685693&pid=S0041-8633201100020002000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>106</sup>&nbsp;P&aacute;rrafo 4 del voto razonado y concurrente que formul&oacute; con motivo de la sentencia relativa al caso Gomes Lund y Otros ("Guerrilha do Araguaia") <i>vs.</i> Brasil.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>107</sup>&nbsp;Caso Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos, p&aacute;rr. 275.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>108</sup>&nbsp;P&aacute;rrafo 198 de la sentencia del caso Cabrera Garc&iacute;a y Montiel Flores <i>vs.</i> M&eacute;xico, a que se refiere el presente voto razonado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>109</sup>&nbsp;En la parte respectiva, este precepto se&ntilde;ala: "Art&iacute;culo 13... Subsiste el fuero de guerra para los delitos y faltas contra la disciplina militar; pero los tribunales militares en ning&uacute;n caso y por ning&uacute;n motivo, podr&aacute;n extender su jurisdicci&oacute;n sobre personas que no pertenezcan al Ej&eacute;rcito. Cuando en un delito o falta del orden militar estuviese complicado un paisano, conocer&aacute; del caso la autoridad civil que corresponda".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>110</sup>&nbsp;Caso Rosendo Cant&uacute; y Otra <i>vs.</i> M&eacute;xico, p&aacute;rr. 218.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>111</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> caso Radilla Pacheco <i>vs.</i> Estados Unidos Mexicanos, p&aacute;rr. 338.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>112</sup>&nbsp;V&eacute;ase <i>supra</i> p&aacute;rrs. 63 y 75.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>113</sup>&nbsp;V&eacute;ase la tesis I.7o.C.51 K, del S&eacute;ptimo Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito, cuyo rubro y texto son:/ <i>"Jurisprudencia internacional. Su utilidad orientadora en materia de derechos humanos./</i> Una vez incorporados alaLeySupremadetodalaUni&oacute;nlostratadosinternacionalessuscritosporM&eacute;xico, en materia de derechos humanos, y dado el reconocimiento de la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, <i>es posible invocar la jurisprudencia de dicho tribunal internacional como criterio orientador cuando se trate de la interpretaci&oacute;n y cumplimiento de las disposiciones protectoras de los derechos humanos".</i> &#91;las cursivas son m&iacute;as&#93; Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n y su Gaceta,</i> t. XXVIII, diciembre de 2008, p. 1052.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685702&pid=S0041-8633201100020002000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>114</sup>&nbsp;Publicada en el <i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n</i> y su <i>Gaceta,</i> novena &eacute;poca, t. XXXI, mayo de 2010, p. 1932.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685704&pid=S0041-8633201100020002000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>115</sup>&nbsp;<i>Ibidem,</i> p. 2927.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>116</sup> Art&iacute;culo 4 bis C&#45;II. La reforma fue publicada en el <i>Peri&oacute;dico Oficial</i> de dicha entidad federativa el 26 de mayo de 2008.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>117</sup>&nbsp;Sobre esta doctrina, <i>cfr. Garc&iacute;a</i> Roca, Javier, <i>El margen de apreciaci&oacute;n nacional en la interpretaci&oacute;n del Convenio Europeo de Derechos Humanos: soberan&iacute;a e integraci&oacute;n,</i> Madrid, Civitas, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1685708&pid=S0041-8633201100020002000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>118</sup>&nbsp;Sagu&eacute;s, N&eacute;stor Pedro, "El 'control de convencionalidad' como instrumento para la elaboraci&oacute;n de un <i>ius commune</i> interamericano", en varios autores, <i>La justicia constitucional y su internacionalizaci&oacute;n..., cit.,</i> t. II, pp. 449&#45;468, en p. 467.</font></p>      ]]></body><back>
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