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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Discurso del investigador emérito Héctor Fix-Zamudio en la ceremonia académica del septuagésimo aniversario del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM el 7 de mayo de 2010]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Informaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Discurso del investigador em&eacute;rito H&eacute;ctor Fix&#45;Zamudio* en la ceremonia acad&eacute;mica del septuag&eacute;simo aniversario del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM &nbsp;el 7 de mayo de 2010</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>   	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Ex director del Instituto de Derecho Comparado y del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;or rector de la UNAM;    <br> 	Se&ntilde;or presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n;    <br> 	Se&ntilde;ora coordinadora de Humanidades de la UNAM;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Se&ntilde;or abogado general de la UNAM;    <br> 	Se&ntilde;or director del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM;    <br> 	Se&ntilde;or director de la Facultad de Derecho de la UNAM:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia del Instituto es bien conocida por casi todos ustedes debido a que se han publicado varios libros conmemorativos, el &uacute;ltimo de los cuales, con motivo del sexag&eacute;simo aniversario, apareci&oacute; en el 2000. Debido a los pocos minutos de que dispongo, &uacute;nicamente har&eacute; referencia a mis recuerdos personales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez obtenida la licenciatura en 1956 en la Facultad de Derecho de la UNAM, por recomendaci&oacute;n de mi padre acad&eacute;mico, el ilustre procesalista espa&ntilde;ol don Niceto Alcal&aacute;&#45;Zamora y Castillo, me admitieron como miembro del Instituto de Derecho Comparado en octubre de ese a&ntilde;o, con una categor&iacute;a que ya no existe en el actual Estatuto del Personal Acad&eacute;mico de la UNAM, es decir de investigador por contrato, que me permit&iacute;a colaborar con el Instituto sin una asistencia cotidiana, sino exclusivamente para recoger material bibliogr&aacute;fico y hemerogr&aacute;fico para el <i>Bolet&iacute;n del Instituto de Derecho Comparado de M&eacute;xico,</i> y me compromet&iacute;a a entregar algunos ensayos para su publicaci&oacute;n en el mismo, ya que en ese tiempo iniciaba una carrera en el Poder Judicial federal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1964, acept&eacute; la invitaci&oacute;n del entonces director del Instituto de Derecho Comparado, doctor Roberto Molina Pasquel, para participar en el concurso para investigador de carrera. Como eran los muy buenos tiempos del Partido Revolucionario Institucional, debido a que los ingresos del personal acad&eacute;mico de carrera no eran precisamente atractivos, fui el &uacute;nico concursante, y por lo tanto no es de extra&ntilde;arse que fuera nombrado en ese cargo. Pero de manera sorpresiva, a los pocos a&ntilde;os, o sea en 1966, fui designado director del Instituto de Derecho Comparado, por la Junta de Gobierno de la UNAM, no porque lo mereciera, sino porque era el &uacute;nico con nacionalidad mexicana, como lo exige la legislaci&oacute;n universitaria. En ese cargo permanec&iacute; durante doce a&ntilde;os, de octubre de 1966 a octubre de 1978, debido a que entonces los periodos de los directores de Instituto eran de seis a&ntilde;os. En un principio tuve la sensaci&oacute;n que experimenta a quien lanzan a un estanque sin saber nadar, por lo que me fue preciso acostumbrarme a flotar para no ahogarme.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La realidad era que al ingresar en el Instituto en 1964 como investigador de carrera, el personal de esa categor&iacute;a lo integraban tres muy destacados juristas espa&ntilde;oles, es decir, don Niceto Alcal&aacute;&#45;Zamora y Castillo; don Javier Elola Fern&aacute;ndez y Modesto Seara V&aacute;zquez, que era el m&aacute;s joven de los tres, y ninguno de ellos, por su nacionalidad pod&iacute;a ser designado director, y esto explica que fuera el &uacute;nico elegible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puedo afirmar que desde su fundaci&oacute;n y hasta que asum&iacute; la Direcci&oacute;n, el Instituto de Derecho Comparado pudo existir y desarrollarse debido a la labor decisiva de los juristas espa&ntilde;oles del exilio, los cuales continuaron posteriormente su muy importante colaboraci&oacute;n con los juristas mexicanos que se incorporaron posteriormente. Entre los primeros, es un deber mencionar al jurista e historiador Jos&eacute; Miranda, quien escribi&oacute; varias obras importantes publicadas por el mismo Instituto, aunque despu&eacute;s se traslad&oacute; a El Colegio de M&eacute;xico; as&iacute; como al notable cultivador del derecho mercantil mexicano, don Joaqu&iacute;n Rodr&iacute;guez y Rodr&iacute;guez, que si bien fue por muchos a&ntilde;os el director del Seminario de Derecho Mercantil de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y de la Facultad de Derecho, colabor&oacute; con el Instituto al ser el promotor y fundador del <i>Bolet&iacute;n del Instituto de Derecho Comparado de M&eacute;xico,</i> que inici&oacute; su publicaci&oacute;n trimestral e ininterrumpida desde su aparici&oacute;n hasta 1967, veinte a&ntilde;os con sesenta n&uacute;meros, y gracias a su director acad&eacute;mico don Niceto Alcal&aacute;&#45;Zamora y Castillo y a don Javier Elola como secretario administrador alcanz&oacute; un gran prestigio internacional, y por ello el &uacute;ltimo n&uacute;mero de esa publicaci&oacute;n fue de homenaje a muchos renombrados juristas extranjeros y mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1967, el rector de nuestra Universidad, el ingeniero Javier Barros Sierra, con quien todos los universitarios tenemos un gran deuda de gratitud por su valiente y certera gu&iacute;a durante los tiempos procelosos de 1968, y que nos es tan penoso recordar, promovi&oacute; una reforma del Estatuto General de la UNAM para unificar los nombres de los institutos de humanidades, que ten&iacute;an diversas denominaciones. Fue preciso cambiar el nombre, tan conocido internacionalmente, del Instituto de Derecho Comparado por el actual de Investigaciones Jur&iacute;dicas. Por nuestra parte decidimos, conjuntamente con el Consejo Interno, conservar la tradici&oacute;n del <i>Bolet&iacute;n,</i> en una segunda serie, como <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado,</i> que continu&oacute; su ruta de publicaci&oacute;n trimestral, de tal manera que en 2008 lleg&oacute; al n&uacute;mero setenta, y por supuesto ha seguido. Con ese motivo se public&oacute; un voluminoso n&uacute;mero conmemorativo en el que colaboraron varios juristas mexicanos y extranjeros, y a partir de entonces mantiene su derrotero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El crecimiento que ha tenido el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas durante todos estos a&ntilde;os hasta el presente, en los que se ha transformado en uno de los m&aacute;s grandes y productivos en el sector de los institutos de humanidades, se inici&oacute; de manera paulatina a partir de 1966, pero no debido a mi modesta labor como director, sino que el m&eacute;rito corresponde esencialmente a los ilustres rectores don Ignacio Ch&aacute;vez y don Javier Barros Sierra, el primero por haber proyectado y el segundo al poner en operaci&oacute;n el Programa de Formaci&oacute;n del Personal Acad&eacute;mico, que con variantes ha permanecido en constante crecimiento hasta la actualidad. Mi &uacute;nica intervenci&oacute;n entonces fue la de proponer al entonces muy joven y actualmente investigador em&eacute;rito Jorge Carpizo que colaborara conmigo en el entonces muy modesto cargo de secretario acad&eacute;mico y administrativo del Instituto, invitaci&oacute;n que acept&oacute; sin dudar y para ello tuvo que renunciar a un cargo de mayor categor&iacute;a y remuneraci&oacute;n en la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica. De esta manera inici&oacute; su brillant&iacute;sima carrera acad&eacute;mica que lo llev&oacute; con el tiempo a la Rector&iacute;a de la Universidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese Programa de Formaci&oacute;n Acad&eacute;mica permiti&oacute; incorporar al Instituto a varias generaciones de becarios, y varios de ellos, despu&eacute;s de realizar estudios de postgrado, generalmente en el extranjero, eran designados, previo concurso, como investigadores en este Instituto, y este programa ha continuado su desarrollo hasta la actualidad debido a la meritoria labor de los directores que me han sucedido, y a ellos, as&iacute; como a los rectores que los han apoyado, se debe el m&eacute;rito del asombroso crecimiento y prestigio de nuestro Instituto. Al que habla le correspondi&oacute; s&oacute;lo la posibilidad de iniciarlo en forma muy modesta. Me siento muy conmovido con la posibilidad que he tenido de sobrevivir hasta este momento, en el cual reitero mi afirmaci&oacute;n de hace muchos a&ntilde;os, de que los miembros de este Instituto tanto del pasado como del presente hemos formado no s&oacute;lo una comunidad sino tambi&eacute;n una fraternidad acad&eacute;mica, no obstante nuestra gran diversidad en creencias, convicciones y especialidades, ya que nos unen nuestra institucionalidad y solidaridad con las autoridades universitarias que nos han dirigido en el pasado y en el presente, y que por este conducto reiteramos a nuestro rector, el doctor Jos&eacute; Narro Robles, muy querido amigo de varios de nosotros, as&iacute; como coincidimos tambi&eacute;n en nuestra fidelidad inalterable a la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo me resta expresar mi gratitud a aquellos que han propiciado la existencia y crecimiento de nuestro Instituto: los inolvidables juristas espa&ntilde;oles del exilio que hicieron posible su existencia en tiempos que pueden calificarse de heroicos; a los numerosos miembros del personal acad&eacute;mico, que primero como j&oacute;venes becarios y posteriormente como investigadores y t&eacute;cnicos acad&eacute;micos han continuado la labor de las generaciones anteriores, y a los funcionarios universitarios que hicieran y hacen posible que lleg&aacute;ramos a este momento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo personal quiero recordar, como constantemente lo hago, a mi adorada esposa Mar&iacute;a Cristina, tambi&eacute;n universitaria, y a quien he calificado como mi coautora acad&eacute;mica, no porque hubiese colaborado en la elaboraci&oacute;n de mis modestas contribuciones, ya que ella era historiadora, sino porque con su apoyo las hizo posibles; a mis hijos, que con su constante compa&ntilde;&iacute;a y sost&eacute;n me han permitido persistir en la vida acad&eacute;mica, y finalmente a mis nietos, porque son la alegr&iacute;a de mi senectud.</font></p>      ]]></body>
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