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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Informaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Cincuenta a&ntilde;os de sociolog&iacute;a del derecho. Un balance<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Vincenzo Ferrari**</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Catedr&aacute;tico en la Universidad de Mil&aacute;n, Italia.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante todo, quiero agradecer al se&ntilde;or director del prestigioso Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas y mi buen amigo, H&eacute;ctor Fix&#45;Fierro, por haberme invitado a dictar esta <i>lectio magistralis.</i> Tambi&eacute;n quiero agradecer al profesor Ruperto Pati&ntilde;o, director de la Facultad de Derecho de la UNAM, y a mi querida amiga Ang&eacute;lica Cu&eacute;llar V&aacute;zquez, por todo lo que han hecho para organizar mi visita. Es un honor estar con ustedes y es un placer volver a M&eacute;xico una vez m&aacute;s, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os. Espero que esta sea una ocasi&oacute;n favorable para fortalecer las relaciones entre nuestras universidades, y en este sentido quiero expresar el inter&eacute;s de mi Facultad y de nuestro rector. Las relaciones con Latinoam&eacute;rica son una prioridad de la Universidad de Mil&aacute;n. Dicha cooperaci&oacute;n, que ya existe a trav&eacute;s de los buenos estudiantes mexicanos que siguen nuestros cursos de doctorado, resultar&iacute;a preciosa, especialmente en el marco de los estudios de posgrado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He pensado mucho en el tema que habr&iacute;a querido tratar en esta ocasi&oacute;n, y al final he decidido trazar un breve balance de la sociolog&iacute;a del derecho, as&iacute; como ha venido desarroll&aacute;ndose en los cincuenta a&ntilde;os en los que he tenido la oportunidad de observarla de cerca. Mejor dicho, ser&iacute;a un balance de lo que yo mismo, estando en v&iacute;speras de mi jubilaci&oacute;n como catedr&aacute;tico italiano, entiendo de esta ciencia, de la cual nadie me hab&iacute;a hablado antes de que tuviera la suerte de seguir los cursos de Renato Treves, hace precisamente cincuenta a&ntilde;os, en el a&ntilde;o acad&eacute;mico 1959&#45;1960. Por tanto, es un balance en el que intervienen percepciones personales que no pretenden ser objetivas, y que hace poco me fueron sugeridas con motivo de la introducci&oacute;n de los conceptos fundamentales de la sociolog&iacute;a del derecho en una conocida serie de vol&uacute;menes de la Editorial Laterza intitulada <i>Primera lecci&oacute;n de...,</i> dirigidos a abrir, por decirlo as&iacute;, las puertas de los distintos ramos de la ciencia acad&eacute;mica.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empezar&eacute; diciendo que, en la perspectiva que Treves nos comunic&oacute;, la sociolog&iacute;a del derecho me ha parecido siempre una ciencia cr&iacute;tica. Entiendo por cr&iacute;tica, cl&aacute;sicamente, aquel enfoque que lleva a <i>revelar una realidad,</i> aun sabiendo que &#151;especialmente en las ciencias sociales&#151; la realidad no es "encontrada" sino construida y, por tanto, que cuando la "revelamos" quit&aacute;ndole lo que la oculta &#151;ideolog&iacute;as instrumentales, equ&iacute;vocos, hip&oacute;tesis confutadas o confutables&#151; siempre acabamos con un cierto nivel de dudas, como la propia palabra <i>re&#45;velar</i> (volver a "velar") sugiere en su notoria ambig&uuml;edad. La ciencia es el reino de las dudas, lo que, sin embargo, no justificar&iacute;a ahorrar esfuerzos para eliminarlas de nuestro horizonte. La falibilidad cient&iacute;fica no es escepticismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero subrayar que la tarea de "revelar la realidad" (los franceses dir&iacute;an <i>trahir,</i> lo que no es menos sugestivo) es quiz&aacute; m&aacute;s urgente hoy en d&iacute;a, pues el derecho que est&aacute;bamos acostumbrados a conocer no s&oacute;lo ha ido desapareciendo ante nuestros ojos, sino incluso parece ser m&aacute;s y m&aacute;s traicionado en aquel la misma parte que, en la opini&oacute;n oficial, resistir&iacute;a y reclamar&iacute;a obediencia y respeto. La distancia entre las normas jur&iacute;dicas y las pr&aacute;cticas sociales parece hoy enorme. Un "derecho" existe de modo social si se puede prever razonablemente que sus normas ser&aacute;n respetadas, por supuesto dentro de ciertos l&iacute;mites, pues, como dec&iacute;a Hans Kelsen, ser&iacute;a impensable una total correspondencia entre normas y conductas. Sin embargo, esos l&iacute;mites no pueden ser tan amplios que se haga imposible la previsi&oacute;n o que, incluso, se pueda prever con un alto grado de probabilidad que las normas ser&aacute;n violadas y que la propia mayor&iacute;a desviar&aacute; de ellas su conducta, como suger&iacute;a el t&iacute;tulo de una famosa obra de Franco Basaglia y Franca Ongaro en los a&ntilde;os setenta.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Y, sin embargo, eso es lo que acontece. Cuando vemos, en Italia, que la mayor&iacute;a, por ejemplo, evade sistem&aacute;ticamente los impuestos, lo que les permite gozar de riquezas que hacen subir los precios hasta el cielo, acentuando as&iacute; la estratificaci&oacute;n social y aumentando enormemente la desconfianza frente al derecho, se nos plantea a nosotros, profesores de derecho, la cuesti&oacute;n de qu&eacute; vamos a ense&ntilde;ar a nuestros estudiantes: &iquest;que el derecho desempe&ntilde;a siempre m&aacute;s un papel puramente simb&oacute;lico, tal como dec&iacute;an nuestros maestros, los soci&oacute;logos del derecho, hace d&eacute;cadas? &iquest;O que el derecho es puta ideolog&iacute;a? &iquest;O bien, que, como dec&iacute;a en privado un antiguo primer ministro italiano a principios del siglo XX, "el derecho se aplica a los adversarios y se interpreta para los amigos"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siendo precisamente la sociolog&iacute;a del derecho la que m&aacute;s puede contribuir a arrojar luz sobre esa realidad, me preguntar&eacute; si ha cumplido su tarea a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Har&eacute; una distinci&oacute;n entre las teor&iacute;as sociojur&iacute;dicas de gran alcance y las de medio alcance, y en el marco de cada tipo de ellas, entre las que me parecen firmes y las que, por el contrario, me parece que no han encontrado confirmaciones adecuadas, ni en la reflexi&oacute;n te&oacute;rica ni tampoco en la observaci&oacute;n. Lo que dir&eacute; se sit&uacute;a, en gran medida, en el camino abierto por los cl&aacute;sicos, a partir de Max Weber, para concluir, con Niklas Luhmann, quien realiz&oacute; el mayor esfuerzo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas para hacer avanzar la teor&iacute;a general de nuestra disciplina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de las teor&iacute;as de gran alcance, es decir, de las que reflexionan sobre el derecho en su totalidad y como categor&iacute;a global, creo que un punto firme es la convicci&oacute;n, suficientemente compartida por los cient&iacute;ficos, de que el derecho, siendo un medio de acci&oacute;n social, presenta a nivel social una naturaleza esencialmente <i>comunicativa.</i> Por supuesto, no todo lo que hacemos o sufrimos es comunicativo: hay actos o acontecimientos que salen del campo de la comunicaci&oacute;n (es decir, weberianamente, de la acci&oacute;n voluntariamente dirigida hacia los dem&aacute;s para producir efectos en su esteta) y que, no obstante, orientan o afectan la acci&oacute;n social y tambi&eacute;n la jur&iacute;dica. Sin embargo, la naturaleza comunicativa del derecho es el elemento que m&aacute;s se impone a la atenci&oacute;n de los te&oacute;ricos y la que parece la llave m&aacute;s segura si se quiere "entender" &#151;siempre weberianamente&#151; lo que se hace a trav&eacute;s de este instrumento de la acci&oacute;n. Somos tributarios, entre otros, precisamente de Niklas Luhmann por haber confirmado este punto de vista y por haberlo puesto en el centro de su visi&oacute;n, aunque resulte discutible su opini&oacute;n de que los sistemas sociales se encuentran compuestos de puros actos de comunicaci&oacute;n "autorreferenciales", de lo que har&eacute; menci&oacute;n m&aacute;s adelante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero destacar que la naturaleza esencialmente comunicativa del derecho, que la teor&iacute;a luhmanniana sugiere, es perfectamente compatible con las concepciones m&aacute;s difundidas, tanto en sociolog&iacute;a general como en teor&iacute;a y filosof&iacute;a del derecho. Desde el primer punto de vista, la sociolog&iacute;a general no est&aacute; comprometida con una visi&oacute;n funcionalista o integracionista de la sociedad. En la perspectiva de las teor&iacute;as del conflicto &#151;como las que, en fin, propon&iacute;an el propio Max Weber y, en tiempos recientes, Ralf Dahrendorf, y no s&oacute;lo Marx y sus seguidores&#151; tambi&eacute;n se puede concebir perfectamente que, por ejemplo, el control social a trav&eacute;s del der echo se lleve a cabo, ante todo, mediante actos de comunicaci&oacute;n, como son las normas jur&iacute;dicas generales o individuales. Desde el segundo punto de vista, la concepci&oacute;n comunicativa del derecho no contradice la concepci&oacute;n normativista ni la realista del mismo derecho, esto es, ni a Hans Kelsen ni a Alf Ross, para hablar con ejemplos, y me atrevo a decir que tampoco es incompatible con las concepciones institucionalistas al estilo de Santi Romano. Y ello por una raz&oacute;n fundamental: que el derecho se compone, ante todo, de <i>normas,</i> generales o especiales, creadas artificial o espont&aacute;neamente, aunque es obvio que no tienen vida propia, sino que confluyen con acciones, estructuras, intereses e iniciativas de otra naturaleza. Estas normas no son otra cosa &#151;perm&iacute;taseme insistir&#151; que <i>actos de comunicaci&oacute;n en s&iacute; mismos,</i> es decir, en t&eacute;rminos semi&oacute;ticos, <i>mensajes</i> que circulan en un espacio discursivo, emitidos por ciertas fuentes y dirigidos hacia determinados receptores a trav&eacute;s de <i>medios,</i> individuales o de masa, que se interponen en su camino y que aportan cambios en su sentido, y que influyen en el orden y el desorden de un conjunto de relaciones sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese conjunto puede definirse como <i>sistema jur&iacute;dico,</i> o <i>Rechtssystem,</i> o <i>legal system,</i> o <i>syst&egrave;me juridique,</i> como se lee m&aacute;s frecuentemente en la sociolog&iacute;a del derecho actual, o tambi&eacute;n como <i>champ juridique,</i> como dec&iacute;a Pierre Bourdieu, lo que llevar&iacute;a a considerar la expresi&oacute;n "sistema jur&iacute;dico" como equivalente al sistema que las normas jur&iacute;dicas mismas constituyen, esto es, el uso m&aacute;s frecuente en la ciencia jur&iacute;dica de los pa&iacute;ses de la tradici&oacute;n romanista o del <i>civil law.</i> No importa demasiado la definici&oacute;n, pero s&iacute; importa no sacar las normas del panorama sociol&oacute;gico, haciendo caso omiso de la influencia que &eacute;stas despliegan en la orientaci&oacute;n de la acci&oacute;n social general o especial, o en su legitimaci&oacute;n o deslegitimaci&oacute;n. Sin embargo, este es un riesgo que corre hoy en d&iacute;a la sociolog&iacute;a del derecho. Cuando se lee que el "sistema jur&iacute;dico no se compone de normas sino de actos de comunicaci&oacute;n", seg&uacute;n una conocida expresi&oacute;n de Gunther Teubner, no s&oacute;lo se olvida que las normas jur&iacute;dicas, como cualesquiera otras normas, son ellas mismas actos de comunicaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la fuerza que estos actos ejercen en un entorno social y el modo en el que los actores sociales pueden <i>usar</i> las normas para condicionar la acci&oacute;n, es decir, la idea de Kelsen cuando dec&iacute;a que el derecho es una "t&eacute;cnica social".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este sistema, que est&aacute; compuesto de normas y de acciones que se dirigen "hacia el derecho" (lo que, si se recuerda, es precisamente la definici&oacute;n de <i>Rechtssystem</i> de Niklas Luhmann, la cual s&oacute;lo tiene un sentido l&oacute;gico si se distingue entre el derecho, compuesto por normas jur&iacute;dicas, y las comunicaciones sociales de otra naturaleza), puede ser representado metaf&oacute;ricamente como una <i>caja</i> &#151;o <i>box</i>&#151; donde entran <i>inputs</i> y de donde salen <i>outputs,</i> produciendo <i>feedbacks</i> (o retroalimentaciones) sobre la sociedad o, si se prefiere, sobre un ambiente social, seg&uacute;n la representaci&oacute;n propuesta por Lawrence Friedman en su muy conocida obra <i>The Legal System,</i> de 1975,<sup><a href="#nota">3</a></sup> y aprobada expl&iacute;citamente &#151;lo que destaco&#151; por el propio Luhmann, a pesar de las diferencias anal&iacute;ticas que todav&iacute;a persisten entre las dos representaciones. Me parece que &eacute;ste es otro punto firme de la teor&iacute;a sociojur&iacute;dica que se ha confirmado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Su mayor ventaja parece ser su vinculaci&oacute;n con el concepto de <i>cultura jur&iacute;dica,</i> es decir, la idea de derecho y de justicia que <i>inputs, outputs</i> y <i>feedbacks</i> conllevan naturalmente, que nacen fuera del sistema y pasan a trav&eacute;s de su filtro, lo que los transforma, a&ntilde;adiendo elementos de lo que Friedman define como "cultura jur&iacute;dica interna". Y digo esto sin atreverme a discutir si el concepto de cultura jur&iacute;dica propuesto por Friedman escapa a las cr&iacute;ticas que otros cient&iacute;ficos le han dirigido a lo largo de los a&ntilde;os. Cualquiera que sea la definici&oacute;n de cultura jur&iacute;dica, es dif&iacute;cil desvincularla del derecho, tanto por los valores y las convicciones que esto engloba, como por las formas semi&oacute;ticas con que se expresa o es expresado. No digo nada nuevo, sino que me inspiro en una tradici&oacute;n que desciende de Friedrich Carl von Savigny hasta mi maestro Renato Treves, cuya obra m&aacute;s importante es quiz&aacute; su <i>Derecho y cultura,</i> de 1947.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a estos puntos firmes de la teor&iacute;a sociojur&iacute;dica actual, otros me parecen menos s&oacute;lidos y estables. Pondr&eacute; dos ejemplos. El primero es la representaci&oacute;n del sistema jur&iacute;dico, y en general de los sistemas sociales, como "autorreferentes" y, en la misma l&iacute;nea, como "autopoi&eacute;ticos". Confieso que siempre he sido muy esc&eacute;ptico sobre estos conceptos. La autorreferencia es algo que &#151;destacaba Luhmann&#151; no concierne a los significados de los elementos sist&eacute;micos, sino a su organizaci&oacute;n. Pues bien, olvidando la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo se pueda dejar de lado los significados &#151;ya que, seg&uacute;n el propio Luhmann, los elementos de cualquier sistema social son, precisamente, actos de comunicaci&oacute;n y por eso llevan consigo, inevitablemente, un <i>Sinn,</i> un sentido&#151;, la idea de que el sistema jur&iacute;dico, entre otros, funcione como un organismo que se hace y se deshace por su fuerza &iacute;ntima, sin la influencia de los <i>inputs</i> que recibe desde fuera, siempre me ha parecido un tanto <i>odd,</i> como dir&iacute;an los ingleses. El propio Luhmann enfrent&oacute; el problema al admitir que los sistemas se vinculan o se "acoplan" estructuralmente, permaneciendo abiertos en lo cognitivo, pero cerrados en lo operativo. Pero, &iquest;qu&eacute; significa esto?, &iquest;que una vez que el sistema jur&iacute;dico ha recibido del sistema biol&oacute;gico el concepto de "vida", lo trata operativamente sin permanecer abierto a intervenciones desde fuera? Me parece que la "realidad" de la que habl&aacute;bamos al principio lo contradice. En la operatividad sist&eacute;mica entran &#151;y c&oacute;mo no podr&iacute;an hacerlo&#151; acciones sociales, es decir, entran, a trav&eacute;s de actos concretos, personas, sujetos, actores con sus intereses, conflictos, alianzas, interpretaciones. La decisi&oacute;n de la Corte de Apelaciones de Mil&aacute;n que orden&oacute; desconectar el aparato que permit&iacute;a "sobrevivir" mec&aacute;nicamente a Eluana Englaro, en coma irreversible por m&aacute;s de diecisiete a&ntilde;os, demostr&oacute; que, en relaci&oacute;n con un concepto b&aacute;sico como el de la "vida", tales elementos externos afectan la operatividad del sistema jur&iacute;dico. Al igual que las normas jur&iacute;dicas, los sistemas jur&iacute;dicos no tienen vida propia, sino que son los seres humanos los que los hacen "vivir".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacer caso omiso de estos elementos, quiz&aacute; imprevisibles, suscita varios problemas. Se vuelve a proponer la conocida y nunca totalmente olvidada met&aacute;fora organicista que siempre fue blanco de las cr&iacute;ticas epistemol&oacute;gicas dirigidas al funcionalismo sociol&oacute;gico, desde sus or&iacute;genes. Que un sistema social tenga la misma naturaleza de un sistema org&aacute;nico (lo que ya hab&iacute;a suscitado cr&iacute;ticas contundentes en el siglo XIX) significa olvidar la naturaleza <i>simb&oacute;lica</i> de sus elementos, como dec&iacute;a Ludwig von Bertalanffy en su <i>General Systems Theory,</i> y el hecho de que no son <i>objets trouv&eacute;s,</i> sino creaciones humanas, hechas y deshechas de acuerdo con los proyectos, quiz&aacute; contingentes, de los actores sociales. No me ha sorprendido leer que el propio Humberto Maturana trat&oacute; de convencer a Niklas Luhmann de que no es posible trasladar el concepto de autopoiesis del sistema biol&oacute;gico, compuesto por c&eacute;lulas, al sistema social, donde act&uacute;an personas distintas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Justamente la remoci&oacute;n del sujeto, o del actor social, del esquema de comprensi&oacute;n de la acci&oacute;n social, y espec&iacute;ficamente de la jur&iacute;dica, me parece que es otro problema que se plantea con la teor&iacute;a neofuncionalista al estilo de Luhmann. Los actores sociales son distintos, siguen proyectos de acci&oacute;n social quiz&aacute; contrapuestos, atribuyen a los instrumentos de acci&oacute;n &#151;entre ellos el propio derecho&#151; distintas funciones, es decir, prestaciones sist&eacute;micas que contribuyen a realizar estos proyectos, no a facilitar la condici&oacute;n objetiva o el "equilibrio" de un sistema, que es algo que no se puede definir sin incluir en el discurso elementos ideol&oacute;gicos y conceptos anal&iacute;ticamente indefinibles. Olvidarse de los proyectos sociales conlleva la imposibilidad de entender lo que, incluso para los neofuncionalistas, deber&iacute;a ser un punto de la m&aacute;xima importancia, esto es, c&oacute;mo es que un sistema, y el jur&iacute;dico ante todo, tiene una tendencia natural a desordenarse y a aumentar paulatinamente su grado de entrop&iacute;a. Pi&eacute;nsese en el modo en el que las diversas interpretaciones de una norma jur&iacute;dica se acumulan y se contradicen, hasta que ya no se puede prever, con razonable certeza, cu&aacute;les ser&aacute;n las respuestas a las "preguntas" que se le dirigen al sistema. Y pi&eacute;nsese c&oacute;mo el sistema jur&iacute;dico, que cada vez se hace m&aacute;s complejo y desordenado, puede producir m&aacute;s complejidad en su entorno, lo que implica un fracaso en su funci&oacute;n de reductor de la complejidad que le atribuye el neofuncionalismo luhmanniano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de las teor&iacute;as sociojur&iacute;dicas de alcance medio, como las definir&iacute;a Robert K. Merton, hay tanto hip&oacute;tesis firmes como inestables. El ejemplo del <i>pluralismo jur&iacute;dico</i> me parece ser aqu&iacute; el m&aacute;s sugestivo. Hace apenas treinta a&ntilde;os, el pluralismo era un tema residual en la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica e incluso en la sociojur&iacute;dica, a pesar de la herencia de autores como Eugen Ehrlich, Georges Gurvitch o Santi Romano, quien se hab&iacute;a atrevido a decir, en 1918, que hasta las asociaciones definidas como criminales eran, ellas mismas, <i>ordinamenti giuridici.</i> En 1959, cuando Antonio Pigliaru, fil&oacute;sofo del derecho sardo, defini&oacute; como <i>ordinamento giuridico</i> el sistema de la llamada <i>vendetta barbaricina,</i> practicada por los pastores del centro de Cerde&ntilde;a, esto pareci&oacute; una provocaci&oacute;n. Sin embargo, a partir de la mitad de los a&ntilde;os setenta, el tema del pluralismo se impuso con gran fuerza, como reflejo del <i>ethnical revival</i> y de la nueva etapa en el movimiento hist&oacute;rico de los derechos humanos, la de los llamados derechos culturales o de la identidad. La perspectiva pluralista pareci&oacute; entonces cambiar radicalmente. De la idea de que existen sistemas jur&iacute;dicos distintos, tal vez incluidos total o parcialmente en el Estado (lo que constituye una perspectiva cl&aacute;sica y reci&eacute;n retomada impl&iacute;citamente en la teor&iacute;a del "derecho reflexivo" expuesta por Gunther Teubner), o quiz&aacute; distintos del sistema estatal, como ser&iacute;an no s&oacute;lo los "Estados" no reconocidos por la comunidad internacional, sino tambi&eacute;n las asociaciones definidas como "criminales", se pas&oacute; a la idea, muy diferente, de que los seres humanos est&aacute;n involucrados simult&aacute;neamente en muchos sistemas jur&iacute;dicos, apoy&aacute;ndose en uno o en otro, seg&uacute;n los acontecimientos contingentes de su vida. Esta es la perspectiva de las "redes de interlegalidad", desarrolladas en profundidad en las conocidas obras de Boaventura de Sousa Santos.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto est&aacute; bien, en principio. Esta perspectiva facilita la comprensi&oacute;n de problemas como la construcci&oacute;n social de identidades cada vez m&aacute;s diversas e individual es, o el &eacute;xito de una antropolog&iacute;a jur&iacute;dica fundada en distinciones como las de g&eacute;nero, o el desarrollo de una multitud de referencias normativas en el mundo actual. Estos son los problemas que llaman urgentemente la atenci&oacute;n del soci&oacute;logo del derecho, tambi&eacute;n por los efectos problem&aacute;ticos que llevan consigo. Una multitud de normas y de &oacute;rdenes jur&iacute;dicos, un derecho, por as&iacute; decirlo, <i>&agrave; la carte,</i> supone, entre otras cosas, un cierto extrav&iacute;o social, m&aacute;s conflictos y mayor riesgo de que no se acepten "cognitivamente" sus soluciones institucionales. &iquest;Qui&eacute;n puede ser leg&iacute;timo decisor de conflictos entre partidarios de ordenamientos "individuales", construidos sobre el derecho a la identidad? Se trata de problemas fundamentales que reclaman la aportaci&oacute;n de la sociolog&iacute;a del derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, lo que me parece problem&aacute;tico es la radicalidad con que tal vez se practica la perspectiva pluralista a nivel te&oacute;rico, hasta olvidar "realidades" de las que no se deber&iacute;a hacer caso omiso. El ejemplo m&aacute;s claro es el de la llamada "crisis del Estado". Que los Estados, as&iacute; como los hemos concebido a lo largo de trece siglos, hayan sufrido un debilitamiento; que sus fronteras se hayan hecho m&aacute;s "porosas"; que la soberan&iacute;a se haya diluido; que incluso existan organizaciones no estatales que tienen un impacto econ&oacute;mico y tambi&eacute;n normativo superior al de muchos Estados representados en la ONU, todo ello es evidente. De ah&iacute; no se puede deducir, sin embargo, que los Estados, especialmente los m&aacute;s grandes y poderosos, con sus organizaciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas o militares, hayan perdido por completo el papel que han tenido en la historia contempor&aacute;nea. La observaci&oacute;n emp&iacute;rica de la pol&iacute;tica internacional, especialmente en materia econ&oacute;mica, lo desmiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco m&aacute;s espec&iacute;fico de la sociolog&iacute;a del derecho, esta idea confutable de que el Estado ha perdido su papel, se vincula, a menudo, con la idea paralela de que la legislaci&oacute;n formal, de origen pol&iacute;tico, est&eacute; destinada a desparecer, o al menos, a perder mucha de su importancia frente a las dem&aacute;s fuentes del derecho. Una vez m&aacute;s, aqu&iacute; no se podr&aacute; negar que el sistema de las fuentes del derecho sea, en la actualidad, mucho m&aacute;s complejo que en el pasado, o que la jurisdicci&oacute;n, o incluso la negociaci&oacute;n privada transnacional &#151;por ejemplo, lo que definimos como <i>lex mercatoria</i>&#151; acompa&ntilde;en a la legislaci&oacute;n formal. Sin embargo, <i>acompa&ntilde;an,</i> precisamente, es decir, no suplantan a la legislaci&oacute;n, como quiz&aacute; se lee en algunas distinguidas contribuciones a la sociolog&iacute;a del derecho. La experiencia cotidiana, por ejemplo, la aut&eacute;ntica lluvia normativa de origen pol&iacute;tico que desciende sin parar de la Uni&oacute;n Europea hacia sus Estados miembros, revela lo contrario, y la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, por su parte, confirma que la referencia de los actores sociales a la legislaci&oacute;n estatal es constante: pienso en un libro sobre la <i>lex mercatoria,</i> editado por Volkmar Gessner, reci&eacute;n aparecido en la serie de lengua inglesa del instituto Internacional de Sociolog&iacute;a Jur&iacute;dica de O&ntilde;ati.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para evitar equ&iacute;vocos de esta naturaleza, no hay que seguir <i>observando,</i> por supuesto, con anteojos te&oacute;ricos (no hay ciencia sin teor&iacute;a), sino con <i>humildad,</i> desafiando, como suger&iacute;a Karl Popper, el saber establecido y la propia teor&iacute;a. El marco de la sociolog&iacute;a jur&iacute;dica de alcance medio est&aacute; todav&iacute;a muy inexplorado. D&eacute;jenme dar unos ejemplos, antes de concluir mi exposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VI</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta hoy carecemos de un conocimiento fiable sobre las causas que provocan la par&aacute;lisis de muchos sistemas de justicia. No obstante haber dirigido una compleja investigaci&oacute;n sobre la justicia de mi pa&iacute;s, a m&iacute; me es dif&iacute;cil sacar convicciones firmes a partir de la cantidad de observaciones hechas por los autores de los estudios monogr&aacute;ficos que ocupar&aacute;n finalmente unos doce vol&uacute;menes. Lo que s&iacute; veo, por otro lado, es que un sistema de justicia como el de los Estados Unidos, celebrado en miles de pel&iacute;culas, sigue funcionando porque se ha alejado de sus principios fundamentales. El fen&oacute;meno de los <i>vanishing trials,</i> como los ha definido Marc Galanter, es sumamente significativo.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Hoy en d&iacute;a es una minor&iacute;a muy peque&ntilde;a &#151;algo as&iacute; como el 5% en los circuitos federales y poco m&aacute;s en los estados&#151; la de los pleitos que son resueltos por un jurado o por un juez en los Estados Unidos. Hist&oacute;ricamente siempre fue as&iacute;, se&ntilde;ala Lawrence Friedman, como buen historiador que es. Pero una cosa es una minor&iacute;a, y otra es la excepci&oacute;n que anula la regla, m&aacute;s que confirmarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "derecho penal del enemigo", como lo ha definido G&uuml;nther Jakobs, es hasta ahora una fuerte hip&oacute;tesis que explica mucho de las pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados del mundo frente a la inmigraci&oacute;n y la ola xen&oacute;foba que est&aacute; inundando a muchos de ellos, el m&iacute;o especialmente. Por supuesto, tenemos datos: en Italia menos del 10% de la poblaci&oacute;n es de inmigrantes, muchos de ellos clandestinos, pero en las c&aacute;rceles representan la mayor&iacute;a de los detenidos. Sin embargo, conocemos todav&iacute;a muy poco de los procesos de criminalizaci&oacute;n y de los mecanismos normativos, sobre todo de tipo administrativo, que los facilitan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay conflictos antiguos que renacen frente a la sociedad globalizada y que se presentan con nuevos matices. El tema de los <i>commons</i> o propiedad comunal, olvidado durante siglos y de repente rescatado del silencio global algunos a&ntilde;os atr&aacute;s por cient&iacute;ficos como Garrett Hardin o Elinor Ostrom, galardonada con el Premio Nobel de Econom&iacute;a, pronto ocupar&aacute; un lugar en la agenda de las discusiones pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas. La sociolog&iacute;a del derecho tendr&iacute;a la carga, ante todo, de <i>describir</i> este panorama, que abarca a todo el mundo, y despu&eacute;s teorizar al respecto, especialmente sobre los conflictos colectivos que anima. Su relaci&oacute;n con el tema ecol&oacute;gico no requiere ser demostrada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La laicidad, como la concebimos en el mundo occidental desde hace tres siglos, est&aacute; en riesgo. Nuevas olas de fundamentalismo religioso conquistan seguidores, y no s&oacute;lo en el campo isl&aacute;mico. La familia se presenta como campo de conflictos antiguos y nuevos. Las conquistas de la igualdad entre hombres y mujeres son puestas nuevamente a debate. La bio&eacute;tica, que plantea siempre nuevos problemas a partir del uso de la tecnolog&iacute;a, es el marco en el que se enfrentan las posiciones m&aacute;s inconciliables. &iquest;C&oacute;mo decidir normativamente entre ellas? &iquest;Qui&eacute;n tiene o debe tener la &uacute;ltima palabra? &iquest;Cu&aacute;les son los l&iacute;mites del poder de las mayor&iacute;as democr&aacute;ticas?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La organizaci&oacute;n econ&oacute;mica internacional est&aacute; probablemente en v&iacute;speras de cambios profundos. De la crisis del capitalismo salvaje que ha dominado la escena en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas se habla no s&oacute;lo en los c&iacute;rculos neomarxistas, sino tambi&eacute;n en c&iacute;rculos acreditados del poder econ&oacute;mico occidental. <i>Supercapitalism</i> es el t&iacute;tulo de un libro de Robert Reich, ministro del trabajo en el gobierno de Bill Clinton, y es una cr&iacute;tica despiadada de la p&eacute;rdida de funciones del sistema industrial del llamado primer mundo, que incluso pone en debate la relaci&oacute;n misma entre democracia y mercados libres y competitivos.<sup><a href="#nota">7</a></sup> El estatuto de los trabajadores es el que m&aacute;s sufre de una crisis que todos hemos visto &#151;y que la propia ciencia econ&oacute;mica no hab&iacute;a previsto&#151; y que conlleva el problema de la reconstrucci&oacute;n de un sistema de reglas que pongan l&iacute;mites a las aventuras financieras y a la explotaci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y, finalmente, la construcci&oacute;n del consenso pol&iacute;tico reclama la contribuci&oacute;n del soci&oacute;logo del derecho y no s&oacute;lo la del polit&oacute;logo o la del constitucionalista. Mi pa&iacute;s ofrece una confirmaci&oacute;n espectacular de la tesis seg&uacute;n la cual, el consenso de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no se ha construido desde abajo, sino desde arriba, a trav&eacute;s del control de los medios de comunicaci&oacute;n. La tendencia universal de los pol&iacute;ticos va precisamente en esa direcci&oacute;n. La revoluci&oacute;n inform&aacute;tica podr&iacute;a desafiar esta tesis en el porvenir, como lo confirma el miedo que pa&iacute;ses, como ir&aacute;n o China, tienen frente a internet, as&iacute; como la batalla que los gobiernos est&aacute;n librando contra la pirater&iacute;a inform&aacute;tica. Una vez m&aacute;s, se trata de una cuesti&oacute;n de las reglas, de sus efectos y de su eficacia, es decir, del marco t&iacute;pico de la sociolog&iacute;a del derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la sociolog&iacute;a del derecho, o sociolog&iacute;a jur&iacute;dica, si se prefiere, tiene la humildad de descender un tanto del nivel macrote&oacute;rico y, como propon&iacute;an sus refundadores de hace cincuenta a&ntilde;os, de involucrar se en la observaci&oacute;n minuciosa de la vida jur&iacute;dica cotidiana y de su historia &#151;"no mirar al cielo, sino bajar a los s&oacute;tanos", como le gusta decir a Lawrence Friedman&#151; entonces podr&aacute; volver a ser protagonista del cambio social en mayor medida de lo que hasta ahora ha podido lograr.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto revisado de la conferencia pronunciada por el autor en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM el 24 de febrero de 2010. El autor dedica esta conferencia a la memoria de los maestros que, en 1962, dieron vida al Research Comittee on Sociology of Law (RCSL) de la International Sociological Association, quienes propusieron una visi&oacute;n falibilista de la sociolog&iacute;a del derecho, fundada en la relaci&oacute;n entre teor&iacute;a y observaci&oacute;n emp&iacute;rica.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ferrari, Vincenzo, Prima lezione di sociologia del diritto, Bari, Laterza, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678778&pid=S0041-8633201000030001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Basaglia, Franco y Ongaro, Franca, <i>La maggioranza deviante,</i> Tur&iacute;n, Einaudi, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678780&pid=S0041-8633201000030001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Friedman, Lawrence M., <i>The Legal System. A Social Science Perspective,</i> Nueva York, Russell Sage Foundation, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678782&pid=S0041-8633201000030001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> V&eacute;ase, por ejemplo, "Law: A Map of Misreading", <i>Journal of Law and Society,</i> vol. 14, n&uacute;m. 3, 1987, pp. 279&#45;302.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678784&pid=S0041-8633201000030001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Gessner, Volkmar (ed.), <i>Contractual Certainty in International Trade. Empirical Studies and Theoretical Debates on Institutional Support for Global Economic Exchanges,</i> Oxford&#45;Portland, Hart Publishing, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678786&pid=S0041-8633201000030001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Galanter, Marc, "The Vanishing Trial: An Examination of Trials and Related Matters in Federal and State Courts", <i>Journal of Empirical Legal Studies,</i> vol. I, n&uacute;m. 3, noviembre de 2004, pp. 459&#45;570.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678788&pid=S0041-8633201000030001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Reich, Robert B., <i>Supercapitalism. The Transformation of Business, Democracy and Everyday Life,</i> Nueva York, Vintage Books, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1678790&pid=S0041-8633201000030001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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