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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>San Miguel P&eacute;rez, Enrique, <i>Historia, derecho y cine</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Faustino Mart&iacute;nez y Mart&iacute;nez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, Centro de Estudios Ram&oacute;n Areces, 2003, 274 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor ayudante en el Departamento de Historia del Derecho y de las Instituciones, de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la b&uacute;squeda del m&eacute;todo y del conocimiento m&aacute;s completo y cabal de nuestro pasado, no todo vale. un obligado deber de fidelidad en la reconstrucci&oacute;n comprensiva de aquello que ha acontecido y ha transmitido su influencia al presente, exige evitar cualquier tipo de distorsiones conceptuales o terminol&oacute;gicas para aproximarse al objeto conocido. lo dem&aacute;s es muchas veces deseo de construcci&oacute;n de olimpos conceptuales que solamente tres o cuatro privilegiados entienden ante la boca abierta, el asombro o el pasmo de los dem&aacute;s. Lo importante no son tanto las fuentes, sino el c&oacute;mo se emplean esas fuentes, qu&eacute; se saca de ellas, qu&eacute; se puede extraer. Cierto es que ante el silencio de las fuentes formales m&aacute;s directas e inmediatas a las que podemos acceder (los textos), es necesario el recurso a todos los elementos subordinados, secundarios o auxiliares que sean posibles. la arqueolog&iacute;a, por ejemplo, puede ser un buen sustituto mientras la ausencia de conocimientos directos se suple con los indicios o las noticias de segunda mano que pueden ser proporcionadas a partir de la reconstrucci&oacute;n de edificaciones que encierran en su seno m&aacute;s datos de lo que a primera vista se pueda pensar. Pi&eacute;nsese en el complemento que comporta la misma para el estudio de la &eacute;poca prerromana (donde los textos son fuentes indirectas y secundarias) o de la &eacute;poca romana (con el a&ntilde;adido indispensable de los textos jur&iacute;dicos que sustentan nuestro conocimiento hist&oacute;rico). En ambos casos, la limitaci&oacute;n se suple con el complemento. La ausencia agudiza el ingenio y los recursos para combatir la ignorancia. la interdisciplinariedad cobra as&iacute; carta de naturaleza y se convierte en combinaci&oacute;n de saberes orientados a la verdad o a las verdades. Las reformas de los planes de estudio en las facultades de derecho han servido de disparadero para la inclusi&oacute;n de toda una gama de asignaturas nuevas que pugnan por su cientificidad. Esos reinos de taifas en los que han devenido las universidades, cada una de las cuales ha creado disciplinas <i>ad hoc,</i> en donde se mezclan verdaderas preocupaciones cient&iacute;ficas, intereses y apoyos del m&aacute;s distinto signo, y afanes de reforma de un sistema educativo cada vez m&aacute;s anquilosado, que debe luchar por su supervivencia en esta &eacute;poca de crisis. Porque las nuevas exigencias europeas de Bolonia y la desaparici&oacute;n de las excusas que tradicionalmente se han alegado para la conservaci&oacute;n de los modos de docencia convencionales (la masificaci&oacute;n es ya un recuerdo del pasado), exigen un ejercicio de reflexi&oacute;n y la articulaci&oacute;n de nuevas v&iacute;as para hacer m&aacute;s atractiva y m&aacute;s seductora la labor de ense&ntilde;anza. Para ello contamos con el apoyo indispensable proporcionado por los modernos sistemas inform&aacute;ticos y con el instrumento que encarna, por antonomasia, el arte del siglo XX reci&eacute;n fallecido: el cine. no es actuaci&oacute;n novedosa. Desde hace a&ntilde;os, el profesor Antonio Serrano, en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona viene dedic&aacute;ndose a estas cuestiones con gran &eacute;xito de cr&iacute;tica y p&uacute;blico. Recientemente, en la Universidad de Messina, tuve oportunidad de compartir con &eacute;l una serie de reflexiones acerca del mundo jur&iacute;dico proyectado en <i>La colmena</i> de Mario Camus, sobre la novela hom&oacute;nima de Cela, que me hizo percibir lo novedoso del enfoque y la posibilidad que existe realmente de llegar al derecho o a la historia del derecho por m&aacute;s v&iacute;as que las convencionalmente transitadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo del profesor San Miguel P&eacute;rez procede en esta l&iacute;nea apuntada a desarrollar las relaciones entre los tres sustantivos que figuran en el t&iacute;tulo: la historia, el derecho y el cine. Acaso hay m&aacute;s de lo primero que de lo segundo, todo encarnado en el papel de reflejo y de denuncia social que se articula mediante el tercero, como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n art&iacute;stica. no es un reproche. Cuantitativamente, la presencia del derecho es muy reducida, si lo entendemos en un sentido estricto. La obra nace como gui&oacute;n para una asignatura as&iacute; denominada (impartida en la facultad de humanidades y establecida asimismo como disciplina de libre configuraci&oacute;n en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid). Se trata de un gran fresco en el cual a trav&eacute;s de tres partes diferenciadas se estudia la evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica del cine (estadounidense esencialmente, quiz&aacute;s el &uacute;nico que merezca el calificativo de industria comercial en un sentido lato, criticado, pero al que todos, al mismo tiempo, se encargan de imitar, emular o llanamente copiar), desde los inicios del siglo XX, con griffith como punta de lanza, hasta la &uacute;ltima gran obra maestra de Scorsese (la nada complaciente <i>Gangs of New York).</i> A las tres partes se suman asimismo las fichas identificativas de cien pel&iacute;culas, que tratan de encarnar las ideas esenciales que se corresponden con cada uno de los bloques tem&aacute;ticos esbozados. Hay ausencias personales (no veo a I. Bergman por ninguna parte) y territoriales (mucha remisi&oacute;n al cine americano; poco latino americano o asi&aacute;tico), pero en esto del cine (como en la literatura, la m&uacute;sica y dem&aacute;s), hay tantos pareceres como cabezas. Cada uno lleva dentro de s&iacute; un cr&iacute;tico en potencia y es perfectamente leg&iacute;timo realizar esa plasmaci&oacute;n del ideario est&eacute;tico que cada uno profesa. En la introducci&oacute;n, el autor pone de relieve la dualidad esencial del arte cinematogr&aacute;fico, fen&oacute;meno art&iacute;stico y lenguaje expresivo (p. 18), lo cual ha dado origen a distintas visiones sobre la finalidad que el cine debe cumplir, en donde se reproducen reflexiones que han sido esbozadas en otras manifestaciones art&iacute;sticas: el arte&#45;espect&aacute;culo, el arte&#45;reflexi&oacute;n, con mensaje, el arte por el arte. En todo caso y en cuanto que expresi&oacute;n de una sociedad, el cine es encarnaci&oacute;n de lo mejor y de lo peor que la misma puede generar, espejo donde se proyecta lo m&aacute;s elevado y sublime de los creadores, en su intento por dejar constancia de su hacer, y de su aspiraci&oacute;n a entrar en la gloria, que, como la vida, siempre termina pasando por encima de nuestros sue&ntilde;os. El cine es pasi&oacute;n y misterio, acaso como el propio ser humano. Historia y derecho han tenido su plasmaci&oacute;n desde los inicios de las primeras proyecciones. Como destaca el autor:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El territorio com&uacute;n de historia y derecho, en efecto, parece ser ni m&aacute;s ni menos que la b&uacute;squeda de la verdad y de la Verdad, de la verdad formal, sustentada en medios de prueba cuya historia, con el consiguiente progreso del proceso de civilizaci&oacute;n, nos relataba Foucault, y de la Verdad que persiguen los seres humanos desde el principio de los tiempos y que merece tambi&eacute;n una aproximaci&oacute;n singular a lo largo de la historia del cine &#91;p. 22&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;adir&iacute;a yo, a la b&uacute;squeda de la verdad, la b&uacute;squeda de la belleza, del placer est&eacute;tico. Si el cine ha reflejado al derecho, no solamente lo ha hecho desde la perspectiva de un ordenamiento jur&iacute;dico que se forma, que se aplica o que se incumple: se ha identificado con el propio objetivo &uacute;ltimo que persigue el orden jur&iacute;dico, que es la materializaci&oacute;n del ideal humano de justicia, "un ideal que garantiza el progreso de la condici&oacute;n humana, porque todos los grandes avances de la historia de la humanidad se han realizado gracias al derecho y a trav&eacute;s del derecho, y se han consolidado en, desde y por el derecho" (p. 23). La presencia de un horizonte moral es constante. Toda pel&iacute;cula encierra una visi&oacute;n del mundo, que se hace perfecta a trav&eacute;s de la comunicaci&oacute;n. Historia filmada, pero tambi&eacute;n derecho filmado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer bloque tem&aacute;tico lleva por t&iacute;tulo "Un mundo en crisis que mira hacia la historia en busca de respuestas (1915&#45;1952)" (pp. 25 y ss.), dividido en tres cap&iacute;tulos en los que se aborda de forma sucesiva la generaci&oacute;n del ideario americano (que tiene sus remotas ra&iacute;ces en la conocida doctrina Monroe ya en el siglo XIX). En el tema 1: la aparici&oacute;n de una ideolog&iacute;a de corte imperial, del destino manifiesto puesto en manos de los Estados Unidos de Am&eacute;rica (EUA), el manique&iacute;smo de la versiones cinematogr&aacute;ficas (con la identificaci&oacute;n de EUA con el bien, la verdad y la belleza, frente a un mundo en el que existen el mal, la falsedad y la fealdad). Es la &eacute;poca de griffith y su visi&oacute;n singular de <i>El nacimiento de una naci&oacute;n</i>, apolog&iacute;a del racismo sure&ntilde;o en un mundo convulso que despierta tras el cataclismo de la Guerra de Secesi&oacute;n. Creo, en mi modesta opini&oacute;n, que luce m&aacute;s <i>Intolerancia</i> por la complejidad de la trama y de las reflexiones que en ella aparecen combinadas. Es m&aacute;s universal, con m&aacute;s proyecciones, m&aacute;s l&iacute;neas de debate abiertas a trav&eacute;s de la plasmaci&oacute;n pr&aacute;ctica de las realizaciones concretas que la intolerancia ha tenido a lo largo de la historia. Es una sociedad convulsionada por la Gran Guerra, por la destrucci&oacute;n de los dulces a&ntilde;os 20, por el quebrantamiento de la bolsa de valores en 1929. La llegada de Roosevelt al poder y el triunfo de la visi&oacute;n dem&oacute;crata alumbra toda una gama de pel&iacute;culas amargas, pero con una puerta abierta a la esperanza, a ese <i>New Deal</i> que pretend&iacute;a cimentar las bases de una sociedad m&aacute;s perfecta, m&aacute;s justa. Chaplin hab&iacute;a dado el aviso en <i>Tiempos modernos</i> sobre el destino hacia el que nos dirig&iacute;amos sin justicia, sin libertad, sin posibilidades de subsistencia. Exaltaciones de la revoluci&oacute;n francesa, identificando al enemigo de la revoluci&oacute;n con el del nuevo orden dem&oacute;crata, o recreaciones del pasado hist&oacute;rico, con especial fijaci&oacute;n en las ra&iacute;ces anglosajonas ( acaso Robin Hoodes el m&aacute;s significado ejemplo de ese nuevo reparto), nos hacen desembocar en los tres cineastas que mejor encarnan el modelo humanista y comunitario de las relaciones sociales, de conformidad con ese nuevo molde: son el siempre esperanzador Capra, el amargo pero confiado Ford y el cat&oacute;lico McCarey, &aacute;cidos y cr&iacute;ticos si se quiere, pero con las vistas puestas en un futuro mejor, al que se accede por la confianza ciega en el hombre y en sus posibilidades, o bien por la esperanza en el cristianismo como medida de redenci&oacute;n universal. Pero el cine da pie tambi&eacute;n a la plasmaci&oacute;n del ideario totalitario (tema 2), a medio camino entre la propaganda y la deformaci&oacute;n de la historia: Eisenstein, hagi&oacute;grafo de la revoluci&oacute;n sovi&eacute;tica <i>(Octubre, El acorazado Potemkin) y</i> de la forja de la Gran Rusia <i>(Iv&aacute;n el Terrible),</i> que se trata de encarnar en la nueva construcci&oacute;n por modelos poco ortodoxos que comienza a gestar Stalin. Los modelos hist&oacute;ricos aparece como reencarnaciones de los modelos presentes; o Leni Riefenstahl y sus apoyos al nazismo desde una perspectiva est&eacute;tica, seg&uacute;n sus propias confesiones (la fusi&oacute;n hipost&aacute;tica entre el partido y el pueblo en Nuremberg &#151;<i>El triunfo de la voluntad</i>&#151; o el triunfo de la raza aria sobre todas las dem&aacute;s inferiores <i>&#151;Olimpiada&#151;),</i> y en un nivel m&aacute;s r&uacute;stico y local, <i>Raza</i>, con gui&oacute;n del propio general&iacute;simo Franco, exaltaci&oacute;n de todos los "valores" que el r&eacute;gimen autoritario espa&ntilde;ol trataba de implantar por la fuerza o por la raz&oacute;n. El tema 3 muestra el empleo del cine como elemento de confrontaci&oacute;n entre los modelos pol&iacute;ticos, de acuerdo con la cosmovisi&oacute;n estadounidense: la democracia es el bien y el totalitarismo (todo totalitarismo) el mal. Los objetivos por abatir son el nazismo y el fascismo. Nada se dice del comunismo, en un claro ejemplo de autocensura y de autocomplacencia. As&iacute; era la Europa posterior a 1945. Ejemplo claro es el neorrealismo italiano con Rosselini y De Sicca a la cabeza. Pero no s&oacute;lo era eso. Siempre el discurso optimista. La b&uacute;squeda de para&iacute;sos perdidos, donde el mundo es notablemente mejor, hace aparecer el <i>&iexcl;Qu&eacute; bello es vivir</i>!, de Capra, <i>El hombre tranquilo, de Ford,</i> y <i>Bienvenido, Mr. Marshall,</i> de Berlanga, esta &uacute;ltima con la amargura del aislamiento que se comienza a superar, con lo que se recupera nuevamente la fe en el hombre medio que, al final, acaba siempre realizando sus buenos prop&oacute;sitos en el mundo, a pesar de cualquier suerte de oposici&oacute;n econ&oacute;mica o personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte lleva por r&uacute;brica "El cine como testimonio hist&oacute;rico y jur&iacute;dico e instrumento de contestaci&oacute;n (1952&#45;1975)" (pp. 101 y ss.). El protagonismo lo toma la Guerra Fr&iacute;a y la dial&eacute;ctica de los bloques (tema 4). El mundo destruido que comienza a renacer, con el obst&aacute;culo de los desalmados de siempre <i>(El tercer hombre),</i> prestos siempre a enriquecerse en cualquier tipo de condiciones, y los problemas colaterales: emigraci&oacute;n <i>(Rocco y sus hermanos),</i> descolonizaci&oacute;n <i>(Lawrence de Arabia),</i> el avance del capitalismo ir&oacute;nicamente tratado <i>(Uno, dos, tres),</i> hasta llegar, superadas estas etapas sociales, a un cine marcadamente pol&iacute;tico en donde se examinan los entresijos del sistema americano (para m&iacute;, <i>Tempestad sobre Washington</i> de O. Preminger sigue siendo el mejor fresco del sistema pol&iacute;tico americano, de las luchas calladas por el poder, de las concesiones rec&iacute;procas, de las deliberaciones poco pol&iacute;ticas en la mayor parte de los casos, del intercambio de favores, en suma, de la crueldad del sistema). El cine busca consuelo en la historia con &aacute;nimo de hallar all&iacute; pautas o modelos para el presente (tema 5). A las grandes producciones, tipo <i>Ben&#45;Hur</i> o <i>El Cid,</i> m&aacute;s efectistas que otra cosa, sigue toda una pl&eacute;yade de filmograf&iacute;a que trata temas pret&eacute;ritos pero planteando problemas contempor&aacute;neos: libertad, revoluci&oacute;n, fidelidad, traici&oacute;n, tiran&iacute;a, denuncia. Es la &eacute;poca de <i>Espartaco, Senso, Zul&uacute;, Ivanhoe,</i> etc., hasta desembocar en los grandes duelos actorales que sirven de base a la confrontaci&oacute;n de posiciones ideol&oacute;gicas antit&eacute;ticas: <i>Becket, Un hombre para la eternidad, Campanadas a medianoche, El le&oacute;n en invierno, Cromwell,</i> entre otras muchas, alcanzan un grado sumo de perfecci&oacute;n merced a la identificaci&oacute;n de rostros con ideas (Burton es siempre Becket; O'Toole, Enrique II; Scofield, Tom&aacute;s Moro; Guinnes y Harris, Carlos I y Cromwell, generaci&oacute;n irrepetible de actores, lejos de las manifestaciones hier&aacute;ticas que pueblan nuestras pantallas en la actualidad, personas que con una mirada suministran dosis abundantes de electricidad, de pasi&oacute;n, de sentimiento). Acabamos con historias de mundos que se derrumban: la Sicilia preunitaria de <i>El gatopardo,</i> donde todo debe cambiar para que todo siga igual, o la enso&ntilde;adora Baviera de <i>Ludwig</i>, ambas de Visconti, proyectan la destrucci&oacute;n del pasado ante el empuje de los idearios liberales del siglo XIX, con seres que se tratan de adaptar al cambio o que crean sus para&iacute;sos art&iacute;sticos para luchar contra su propia hiperestesia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema 6 aparece como el m&aacute;s jur&iacute;dico: cine y justicia. El llamado "cine de juicios" ha constituido siempre un recurso querido al poner de relieve el car&aacute;cter civilizador del derecho, su car&aacute;cter ordenador e incluso triunfante frente a la opresi&oacute;n. La tr&iacute;ada abogado, jurado, juez, ha dado origen a momentos estelares en la historia:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y as&iacute; son las pel&iacute;culas de juicios: vigorosas, pero tambi&eacute;n delicadas. Meditadas e inteligentes, pero tambi&eacute;n directas y emotivas. Transmisoras de mensajes sumamente elaborados, siempre en torno a guiones memorables, pero transmisoras tambi&eacute;n de talantes y de valores, de conceptos muy n&iacute;tidos. En este sentido, la propia asociaci&oacute;n/disociaci&oacute;n entre el derecho positivo y el ideal de justicia merece ya una atenci&oacute;n muy preferente &#91;p. 141&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El hombre que mat&oacute; a Liberty Valance</i> reproduce el tr&aacute;nsito de la barbarie a la civilizaci&oacute;n, con la creaci&oacute;n del mito, de la p&eacute;rdida de la propia inocencia y confianza en el sistema; <i>Testigo de cargo</i> o <i>El proceso Paradine</i> muestran los laberintos intrincados de la justicia, las dobles morales y las dobles verdades, el triunfo de la apariencia; <i>Vencedores y vencidos,</i> la cl&aacute;sica lucha entre el derecho natural y el derecho positivo. Y siempre <i>Matar a un ruise&ntilde;or,</i> con Gregory Peck&#45;Atticus Finch como el m&aacute;s idealista de los abogados posibles, luchando por la justicia, contra los prejuicios, contra todo. Haci&eacute;ndonos recuperar la fe en el mundo jur&iacute;dico, no obstante la oposici&oacute;n del entorno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte, pp. 183 y ss., muestra "La sociedad de la opulencia, sociedad de la miseria, sociedad de la esperanza (1975&#45;2003)". La desaparici&oacute;n de los grandes directores, solamente suplidos por algunas figuras de renombre que no llegan a constituir una generaci&oacute;n de oro como la de los a&ntilde;os centrales del siglo XX, provocan un marcado vac&iacute;o. Pero permiten atisbar los cambios que se producen en la b&uacute;squeda de nuevas v&iacute;as interpretativas. El cine de tipo futurista o el cine de cat&aacute;strofes, que pueblan los a&ntilde;os setenta, son manifestaciones claras de ese agotamiento. Nuevos aires en los ochenta que, sin embargo, no llegan a alcanzar las cimas de anta&ntilde;o. Es necesaria una denuncia de los desastres de la guerra <i>(Apocalipsis Now)</i> o de la formulaci&oacute;n de una nueva moral sobre valores tradicionales (tema 7), explorando las capacidades de los seres humanos, sus l&iacute;mites y sus posibilidades, en sentido positivo <i>(Carros de fuego</i>) o destructivo <i>(Bajo el volc&aacute;n).</i> La vuelta al Medievo como &eacute;poca caballeresca tiene tambi&eacute;n sus efectos notorios: <i>Excalibur, Lady Halc&oacute;n, El nombre de la rosa, entre</i> otras, plasman esa visi&oacute;n caleidosc&oacute;pica del momento medieval. El mito del buen gobierno, la unidad, la justicia y la lealtad, en la primera de ellas, o el mito como inspirador de las conductas, la trama de misterio ocultando los debates teol&oacute;gicos ag&oacute;nicos de la Baja Edad Media, en las dos restantes, son capaces de aportar luces sobre una era pretendidamente tan oscura. Nuevos fen&oacute;menos del siglo XX, profundamente jur&iacute;dicos: la colonizaci&oacute;n y la descolonizaci&oacute;n. <i>Gandhi, El a&ntilde;o que vivimos peligrosamente, Los gritos del silencio</i> o, con &aacute;nimo retrospectivo pero presente (subyace la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, tan vinculada a los jesuitas), <i>La misi&oacute;n,</i> hasta la contribuci&oacute;n de Robert Redford (Un <i>lugar llamado Milagro),</i> sirve para poner de relieve la complejidad de nuestro siglo XX, pero la necesidad de volver a lo tradicional, a los grandes valores de siempre, a una especie de fraternidad universal. La toma de conciencia cr&iacute;ticada paso al revisionismo hist&oacute;rico (tema 8) sobre mitos s&oacute;lidamente fundados como la revoluci&oacute;n francesa <i>(Danton, La noche de Varennes)</i> o la perfecta democracia estadounidense <i>(Todos los hombres del presidente).</i> El patriotismo entra en crisis y asimismo el modelo de r&eacute;gimen pol&iacute;tico que se quiere imponer. Es preciso un cambio de aires, una recuperaci&oacute;n del optimismo. Son los finales de los ochenta: <i>Enrique V</i> muestra al monarca l&iacute;der que, al mismo tiempo, encarrila la sucesi&oacute;n de acontecimientos en los que se ve inmiscuido como una lucha personal, una b&uacute;squeda propia; <i>El club de los poetas muertos</i> narra la necesidad del cambio docente y discente, el rechazo de los cors&eacute;s, de la ense&ntilde;anza anquilosada y la procuraci&oacute;n propia de toda realizaci&oacute;n profesional y personal; hasta que llegamos al desenga&ntilde;o de <i>Los amigos de Peter,</i> ya en los a&ntilde;os noventa, la radiograf&iacute;a de fracasos en todos los &aacute;mbitos en un grupo que se cre&iacute;a compacto y monol&iacute;tico en donde la vida ha destrozado ilusiones y contra los que se golpea la enfermedad de finales del siglo XX. El enfrentamiento del hombre contra el sistema, articulado a trav&eacute;s del derecho, halla nuevas manifestaciones en ese cine de juicios: <i>JFK, El informe Pel&iacute;cano, Philadelphia, En el nombre del padre o Ciudadano Bob Roberts</i> hacen perder toda confianza en el sistema, aunque siempre hay posibilidades remotas de salvaci&oacute;n. Siempre habr&aacute; h&eacute;roes que acaban ganando. Desde otras perspectivas, se vuelve a incidir en la recuperaci&oacute;n de los valores democr&aacute;ticos tras la crisis que se ha vivido. Una nueva moral que inicia Coppola con <i>Tucker, un hombre y su sue&ntilde;o</i>, y contin&uacute;an Frears con <i>Las amistades peligrosas</i> y Lynne con <i>Atracci&oacute;n fatal.</i> Es el fin de la conservadora era Reagan. El jurista sigue siendo el sacerdote de la justicia. Ahora ha de adaptarse a las nuevas reclamaciones de una sociedad consumista y mucho m&aacute;s compleja que la de anta&ntilde;o. El medio ambiente, la contaminaci&oacute;n, por ejemplo, son los temas centrales de <i>Veredicto final, Erin Brockovich</i> y <i>El dilema.</i> Finalmente, se vuelve al origen a las grandes preguntas (tema 9). La justicia y la libertad predominan en <i>En el nombre del padre</i> (y su secuela menor <i>En el nombre del hijo</i>) y <i>Braveheart,</i> dos ejemplos paradigm&aacute;ticos del h&eacute;roe enfrentado a la tiran&iacute;a dentro del sistema y contra el sistema. Ello lleva a una actualizaci&oacute;n del optimismo dem&oacute;crata del primer tercio del siglo XX, que concluye con las recientes sagas de <i>El Se&ntilde;or de los Anillos,</i> nuevamente imbuidas de medievalismo por todos los poros, en un intento de recuperar la inocencia y la simplicidad de los esquemas de las primeras pel&iacute;culas de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Libro sumamente ameno, gr&aacute;fico y lleno de matices, de sugerencias, de las que solamente hemos tratado de aprehender las m&aacute;s se&ntilde;aladas a nuestro juicio. El entronque del discurso hist&oacute;rico y su ilustraci&oacute;n con los filmes m&aacute;s relevantes que iluminan cada periodo hist&oacute;rico esbozado, contribuyen a crear un clima cordial, sencillo, por tratarse en la mayor parte de los casos de obras que forman parte del inconsciente colectivo, y que todos hemos ya visto o deber&iacute;amos revisitar en el futuro para enfocarlas desde las nuevas perspectivas de la historia y el derecho que el profesor San Miguel nos propone.</font></p>      ]]></body>
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