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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Valad&eacute;s, Diego,&nbsp;<i>El gobierno de gabinete</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, 2003, 124 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos e investigador del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se trata de apreciar una obra que propone medidas profundas en la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, que implican cambios de gran alcance y relevantes consecuencias, el observador debe mirar con cuidado el bagaje del autor de las propuestas, para medir su conocimiento del tema que examina, la autoridad que tiene y la competencia que posee o pudiera poseer como ingeniero de la pol&iacute;tica. En este caso se encuentra la obra que ahora examino, un texto relativamente breve colmado de informaci&oacute;n, reflexi&oacute;n y sugerencias. El autor de la propuesta &#45;que de eso se trata, no apenas de un diagn&oacute;stico o una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica&#45; re&uacute;ne, sin duda, las condiciones que es preciso satisfacer para llevar adelante un examen como el que aqu&iacute; presenta y elevar una propuesta como la que ahora sostiene.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diego Valad&eacute;s, actual director del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, doctor en derecho por la Universidad Complutense de Madrid &#45;donde ha contado entre sus maestros a Pedro de Vega, de quien es hoy colega distinguido&#45;, tiene en su haber una obra copiosa en la ciencia pol&iacute;tica y la doctrina constitucional. Se le deben numerosos ensayos sobre m&uacute;ltiples asuntos del ordenamiento supremo y de sus aplicaciones m&aacute;s interesantes. En su bibliograf&iacute;a hay t&iacute;tulos acerca de la "dictadura constitucional" en Am&eacute;rica Latina &#45;esto es, el r&eacute;gimen de excepci&oacute;n que se entroniza al abrigo de una Constituci&oacute;n y supuestamente para protegerla&#45;, las reformas constitucionales, la conexi&oacute;n entre Constituci&oacute;n y pol&iacute;tica, el control del poder, el sistema democr&aacute;tico, para no mencionar sino algunos de los temas que aborda su obra acad&eacute;mica abundante y destacada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, hay que ponderar igualmente &#45;y es esto lo que ahora me interesa, como prenda sobre la seriedad de la propuesta&#45; que Valad&eacute;s, buen conocedor de la teor&iacute;a, es tambi&eacute;n hombre de Estado: ha desempe&ntilde;ado numerosas funciones p&uacute;blicas relevantes en los tres poderes del Estado &#45;u &oacute;rganos por los que el pueblo ejerce el poder que le compete&#45; y en diversos planos del gobierno. En efecto, ha sido director jur&iacute;dico y secretario de gobierno del Distrito Federal, procurador de justicia en esta entidad, procurador general de la rep&uacute;blica, diputado en el Congreso de la Uni&oacute;n y ministro de la Suprema Corte de Justicia. En el orden estadual, ha tenido a su cargo la secretar&iacute;a general de gobierno de Sinaloa. Adem&aacute;s, fue embajador de M&eacute;xico en Guatemala. En la vertiente universitaria, ha sido director general de difusi&oacute;n cultural y abogado general de la UNAM, y hoy es, como dije, director del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No he pretendido hacer una biograf&iacute;a del tratadista, pero tampoco detenerme en su bibliograf&iacute;a y muchos menos apenas en el texto de este libro. Entiendo, como antes dije, que es importante la trayectoria, la hoja de vida, digamos, del tratadista erigido como ponente de una nueva ordenaci&oacute;n pol&iacute;tica. Es obvio que por haber estudiado mucho y vivido otro tanto, Valad&eacute;s puede apreciar la realidad de M&eacute;xico en este orden de su existencia colectiva y plantear ciertos cambios que entra&ntilde;an cirug&iacute;a mayor y delicada. De lo contrario, la propuesta pudiera ser el resultado, ameno si se quiere, de la erudici&oacute;n acad&eacute;mica o de la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica, ambas plausibles pero absolutamente insuficientes a la hora de sostener, con rigor y veracidad, una gran propuesta de reforma. Cuando se tienen a la mano, en cambio, todos los instrumentos necesarios &#45;cultura y experiencia&#45;, el ponente lleva adelantado un buen camino y sabe atraer la confianza de quienes estudian sus textos, como ahora sucede a prop&oacute;sito de&nbsp;<i>El gobierno de gabinete</i>, tratado elaborado&nbsp;<i>in vivo</i>, no s&oacute;lo&nbsp;<i>in vitro</i>, lo cual le confiere fundamento, sustancia y atractivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es ins&oacute;lito que haya en nuestras letras jur&iacute;dicas inquietud creciente, que todos los d&iacute;as nos convoca, por examinar la situaci&oacute;n que guarda M&eacute;xico y emprender sugerencias conducentes a encaminarla del mejor modo posible. Hay caldo de cultivo para los polit&oacute;logos y los constitucionalistas, como lo hay &#45;el mismo, desde luego&#45; para los ciudadanos comunes, una categor&iacute;a bulliciosa en la que entramos millones de mexicanos&#45; que todos los d&iacute;as y a todas las horas discurrimos sobre el presente y el futuro: aqu&eacute;l, movedizo, y el segundo, incierto. En consecuencia, una inteligente aportaci&oacute;n al debate llega en buen momento y contribuye a la reflexi&oacute;n que se halla en curso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; tenemos? &iquest;C&oacute;mo estamos? Cualquier respuesta de primera intenci&oacute;n descubre la presencia de circunstancias apremiantes que engendran encrucijadas, enigmas, desaf&iacute;os &#45;para emplear la palabra socorrida&#45; que en otras condiciones carecer&iacute;an de oportunidad o pertinencia. Nuestras condiciones, en cambio, las propician y las encrespan. Estamos, es evidente, en el final de una era y, por lo mismo, en lo que pudiera ser &#45;&iquest;pero lo es?&#45; el principio de otra. Digamos, con llaneza, que se trata de un final previsible, pero insuficientemente previsto, mal preparado y tramitado, aunque hubo tiempo para prepararlo y voces que lo sugirieron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lejos de emprender el trazado de la nueva era, dejamos que el tr&aacute;nsito corriera y que las cosas sucediesen como ellas mismas, dejadas a su &iacute;mpetu, lo resolvieran. De ah&iacute; que hayamos ingresado en una etapa a la que algunos denominan, con nombre excesivo, "transici&oacute;n", y otros, con designaci&oacute;n ligera, "transici&oacute;n a la democracia", sin contar con los medios para iniciarla, continuarla y culminarla. Mejor fortuna han tenido otros movimientos, ellos s&iacute; verdaderas transiciones del autoritarismo a la democracia, como sucedi&oacute; en Espa&ntilde;a, merced a una generaci&oacute;n de pol&iacute;ticos y juristas perspicaces y laboriosos. Esta ha sido una operaci&oacute;n sistem&aacute;tica, fluida, en contraste con la nuestra, achacosa y convulsiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos atarea, como concepto y como quehacer, lo que llamamos reforma del Estado. Cada quien tiene, por supuesto, su idea acerca de esta reforma: lo que es, lo que entra&ntilde;a, lo que requiere. Idea que se desprende de la noci&oacute;n que se sustente acerca del Estado y del significado que &eacute;ste reviste para los individuos. Por todo esto, el estudio del tema comienza por definir el contenido de esta denominaci&oacute;n equ&iacute;voca, que se enarbola como bandera en campa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que reformar al Estado, para que satisfaga las expectativas de la sociedad y las necesidades y potencialidades de los ciudadanos. Se reform&oacute; al Estado en las postrimer&iacute;as del siglo XVIII, a trav&eacute;s de hondas redefiniciones sobre la relaci&oacute;n entre el poder p&uacute;blico y los individuos de los que toma legitimidad y sentido. Y se reform&oacute; de nuevo en el alba del siglo XX a trav&eacute;s de los movimientos sociales, revoluciones o evoluciones, que trajeron consigo nuevas definiciones sobre el mismo asunto. Si convenimos en que el Estado se instituye para servicio de la sociedad y del hombre y en que tiene por encargo &#45;&uacute;nico, no s&oacute;lo &uacute;ltimo&#45; la felicidad del pueblo y la tutela de los derechos fundamentales de los ciudadanos, concluiremos que la reforma del Estado debiera ser, ante todo, un cambio en esas relaciones de poder y servicio, que se traduzca en m&aacute;s felicidad para el pueblo y mejor observancia de los derechos radicales. Las reelaboraciones sobre el trato entre los &oacute;rganos del Estado, su composici&oacute;n y sus facultades, deben atender a este designio.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestro pa&iacute;s, las condiciones de la vida p&uacute;blica actual &#45;y m&aacute;s concentradamente de uno de sus ejes: la vida pol&iacute;tica&#45; han generado un fervor explicable, y adem&aacute;s probablemente necesario, por la especulaci&oacute;n futurista. Queremos, o eso parece, que las manecillas del reloj aceleren su marcha, anden con extremada prisa para que el futuro penetre a borbotones, inclusive antes de que suenen las horas que lo acompasan. Esto nos lleva a incurrir, como nuevo ejercicio generalizado, en "preelecciones" precipitadas y personalistas, que distorsionan los tiempos de la pol&iacute;tica, dejan de lado los grandes programas, subestiman a la naci&oacute;n y a los nacionales, y se aventuran por rumbos desconocidos. Enhorabuena, convendr&iacute;amos, si esto se hace con talento, previsi&oacute;n, responsabilidad y prudencia. &iquest;Es as&iacute; como se est&aacute; haciendo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertas decepciones muy profundas, muy ruidosas, que dominan nuestra experiencia y nuestras deliberaciones, han tra&iacute;do consigo el reexamen de modelos org&aacute;nicos y funcionales. Se analiza, por ejemplo, el parlamentarismo, que tambi&eacute;n lleva cr&iacute;ticas a cuestas. Vale preguntarse qu&eacute; es lo que decepciona en este punto, si el parlamentarismo en s&iacute; mismo o un parlamento concreto, integrado con hombres de carne y hueso que ocupan los esca&ntilde;os del gran congreso. Sea lo que fuere, los analistas sugieren alg&uacute;n ingrediente de presidencialismo como remedio para el mal parlamentarismo, donde lo haya.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se estudia igualmente &#45;y este es el caso de M&eacute;xico&#45; el presidencialismo, una dominante en nuestra biograf&iacute;a pol&iacute;tica, con ra&iacute;ces muy hondas, desarrollo poderoso, follaje abundante. Las cr&iacute;ticas son may&uacute;sculas: poseen la dimensi&oacute;n que ha tenido el declinante presidencialismo. Y aqu&iacute;, &iquest;qu&eacute; es lo que m&aacute;s decepciona? &iquest;El presidencialismo en abstracto o quien lo encarna en concreto, es decir, el presidente en turno, de carne y hueso? No se olvida, sin embargo, que el modelo deficiente puede ser aprovechado, o peor a&uacute;n, exacerbado por el individuo ineficiente. En todo caso, se plantea, cuando no un recorrido total del p&eacute;ndulo, que instale de plano el parlamentarismo, algunos datos tomados de &eacute;ste o sugeridos por &eacute;l como remedio para el mal presidencialismo, en dosis homeop&aacute;ticas o masivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En diversas partes de su libro, el profesor Valad&eacute;s discurre sobre puntos espec&iacute;ficos que conviene traer a cuentas, en tanto constituyen cimiento de sus reflexiones y proposiciones. Acerca de la historicidad y localidad &#45;si se me permite la expresi&oacute;n&#45; de las instituciones pol&iacute;ticas, que brindan soporte a la propuesta de cambios &uacute;tiles sin mengua de la identidad esencial de aqu&eacute;llas, escribe:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia constitucional no ha existido instituci&oacute;n alguna que no requiriera de ajustes peri&oacute;dicos. Las instituciones est&aacute;n sujetas a m&uacute;ltiples vicisitudes que hacen inevitable su permanente acoplamiento a los cambios culturales y que corrigen las desviaciones a las que siempre se encuentran expuestas. Las instituciones constitucionales, incluso las que parecen semejantes, act&uacute;an de manera diversa en el tiempo y en el espacio (p. 2).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto debe ser tomado en cuenta tanto a prop&oacute;sito del modelo presidencial general, que es el estdounidense, referencia para diversas aplicaciones especiales, como en lo que respecta a estas &uacute;ltimas, que han aportado sus propias novedades. Muchos otros ejemplos vendr&iacute;an al caso, en el mismo marco de la pol&iacute;tica: en mi concepto, uno de los m&aacute;s relevantes es el federalismo, para aliviar la frecuente pretensi&oacute;n de cotejar los federalismos latinoamericanos &#45;y, sobre todo, el mexicano&#45; con el tipo original estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay, es evidente, un sustrato social en las instituciones pol&iacute;ticas. Lo sabe perfectamente el indagador del derecho que posee, tambi&eacute;n, experiencia de primera mano en la vida misma de aqu&eacute;llas. A este respecto, el autor puntualiza: "El sistema presidencial mexicano es resultado de una larga elaboraci&oacute;n pol&iacute;tica y constitucional. Esto debe ser tenido en cuenta en el momento en que se plantea su transformaci&oacute;n, porque no se trata de reencauzar una invenci&oacute;n caprichosa o fortuita, sino de modificar un proceso hist&oacute;rico" (p. 73). Es verdad, como lo es, que este sistema tiene asideros y explicaciones en otros &oacute;rdenes: el social, el econ&oacute;mico, el cultural, el psicol&oacute;gico, todos los cuales guardan relaci&oacute;n &iacute;ntima con un dato mayor de nuestra existencia: el centralismo. Presidencialismo es centralismo en la ordenaci&oacute;n de la pol&iacute;tica: aqu&eacute;l y &eacute;ste se miran mutuamente, como en un espejo. No olvidar&eacute;, por lo dem&aacute;s, el&nbsp;<i>tlatoanismo</i>&nbsp;mexicano &#45;pido licencia para el neologismo&#45;, que es el dato psicol&oacute;gico, casi religioso, del presidencialismo sembrado y desarrollado en nuestro suelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego, con estos fundamentos aparecen las preguntas naturales, que la obra excelente examina y contesta. &iquest;Por qu&eacute; conviene meter bistur&iacute; al presidencialismo que se tiene? Supuesto que convenga modificarlo &#45;y de hecho se est&aacute; modificando, bajo el impulso de las circunstancias, en un rumbo y con un sentido inseguros&#45;, &iquest;hasta d&oacute;nde es pertinente, es decir, saludable, conveniente, provechoso hacerlo? Adem&aacute;s: &iquest;c&oacute;mo se realizar&iacute;a la reforma, lo cual apunta hacia temas jur&iacute;dicos, pero tambi&eacute;n, y esencialmente, pol&iacute;ticos? &iquest;Con qu&eacute;? &iquest;Con qui&eacute;n? Menciono esto &uacute;ltimo, para que no caigamos, una vez convencidos de la pertinencia de la reforma y provistos de ideas y argumentos, en el precipicio que ha recibido, a reserva de nuevas escalaciones, algunas propuestas aparatosas en el terreno de lo que llamamos "reformas estructurales", como ser&iacute;a la que sustenta el profesor Valad&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tratadista examina reformas indispensables que se hallan en curso en diversos pa&iacute;ses latinoamericanos. La obra es un buen panorama de la situaci&oacute;n que &eacute;stos guardan, conforme a la letra de las reformas constitucionales incorporadas para encauzar la nave del Estado y hacer m&aacute;s fluido su manejo. Todos esos pa&iacute;ses, o casi todos, han recogido el sistema presidencial y ninguno ha proclamado el cambio de este r&oacute;tulo. Sin embargo, muchos han "impreso una nueva configuraci&oacute;n al presidencialismo. Se han dejado de lado las deliberaciones concernientes a la denominaci&oacute;n y, con sentido pragm&aacute;tico, se ha procedido a buscar la aclimataci&oacute;n de instituciones parlamentarias en el contexto de una tradici&oacute;n presidencial dura, centralizadora y autoritaria" (p. 63). Es en este giro donde cobran presencia las figuras que asumen, tom&aacute;ndolas de manos del tradicional presidente de la rep&uacute;blica, funciones de gobierno: jefe de gobierno, jefe de gabinete, coordinador. As&iacute;, aqu&eacute;l retiene la condici&oacute;n de jefe de Estado, que confiere a su desempe&ntilde;o cierta distancia con respecto al oleaje pol&iacute;tico y le permite mediar en casos de conflicto y mantener el equilibrio y la confianza.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es sugerente la revisi&oacute;n que se hace del "neopresidencialismo" que da color al derecho constitucional com&uacute;n latinoamericano, en el cual destaca lo que el tratadista llama "racionalizaci&oacute;n de los sistemas presidenciales (que) se est&aacute; consiguiendo por la v&iacute;a de la desconcentraci&oacute;n del poder" (p. 35). Bajo este concepto, examina la designaci&oacute;n de los ministros, la composici&oacute;n y funciones del gabinete, la coordinaci&oacute;n de &eacute;ste, la concurrencia de los ministros al congreso, los temas de confianza, interpelaci&oacute;n y censura de los ministros, y otros extremos relevantes. Del conjunto se deduce el esfuerzo considerable por llevar a cabo la mencionada desconcentraci&oacute;n, reflejar en el gabinete la composici&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas y ponderar la relaci&oacute;n emergente entre el Ejecutivo y el Legislativo, no tanto en su misi&oacute;n legiferante, que no se altera, sino sobre todo en su competencia controladora del gobierno, que pone a &eacute;ste lindero y, en ocasiones, correcci&oacute;n y direcci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No quiero dejar de lado una interesante elaboraci&oacute;n del autor bajo el rubro "Breve excurso sobre la formaci&oacute;n del sistema presidencial mexicano" (pp. 77 y ss.), apartado en el que emprende una suerte de tipolog&iacute;a presidencial mexicana &#45;no s&oacute;lo de personas, sino de estilos personales que acaban por ser estilos institucionales e incluso centros de gravedad hist&oacute;rica. Es aqu&iacute; que se suceden varias etapas, con car&aacute;cter propio, pero no mutuamente excluyentes, sino acumulables y acumuladas, como las edades de las pir&aacute;mides &#45;al fin y al cabo nuestro presidencialismo es una enorme construcci&oacute;n pol&iacute;tica&#45;, con cierto beneficio de inventario que los sucesores dejan claro frente a los antecesores, para consumo de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera etapa, "encarnada" en un personaje caracter&iacute;stico, al igual que las otras, es calificada como "caudillismo". El paradigma es Morelos, caudillo como pocos, tal vez mayormente arraigado en el culto popular que el otro general en jefe de la hora insurgente: Miguel Hidalgo y Costilla. Una segunda etapa, larga sucesi&oacute;n de tropiezos, esperanzas y desgracias, se halla encarnada por Antonio L&oacute;pez de Santa Anna, el dictador resplandeciente, nombrado as&iacute; por Rafael F. Mu&ntilde;oz. A esta etapa se le identifica como "despotismo". Aqu&iacute; hay un buen deslinde entre la dictadura que ejerce un personaje l&uacute;cido con cierta idea sobre la naci&oacute;n y el futuro, y el mando caprichoso que empu&ntilde;a un individuo en funci&oacute;n de sus humores, sus amores y sus terrores, como ocurriera con quien asumi&oacute; y declin&oacute; la presidencia en numerosas ocasiones de la m&aacute;s angustiosa etapa del siglo XIX: "personalismo primitivo al que en cada caso se acomodaron las leyes en vigor" (p. 76).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vino luego el "liderazgo republicano" de Benito Ju&aacute;rez, que se explica y justifica por varias razones: no s&oacute;lo el temperamento fuerte, la conducci&oacute;n en&eacute;rgica, perseverante, inmutable del presidente, sino las condiciones del pa&iacute;s antes de la intervenci&oacute;n francesa, es decir, cuando chocaban liberales y conservadores, sin injerencia externa, y durante aqu&eacute;lla, bajo la presi&oacute;n de una monarqu&iacute;a importada, otra expresi&oacute;n de nuestra frecuente b&uacute;squeda de cabezas que piensen y manos que gobiernen fuera de nosotros mismo. En este periodo &#45;indica Valad&eacute;s&#45;, don Benito ejerci&oacute; un liderazgo republicano &#45;era, en cierto modo, encarnaci&oacute;n de la rep&uacute;blica asediada&#45; y personaliz&oacute; el poder: "Ju&aacute;rez se hab&iacute;a habituado a ejercerlo y el pa&iacute;s se hab&iacute;a habituado a aceptarlo" (p. 79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lleg&oacute; la prolongada dictadura porfirista, que muchos a&ntilde;oran, y que caracteriza de esa manera una etapa del presidencialismo mexicano. Hubo represi&oacute;n, comenta el autor &#45;y vaya que la hubo!&#45;, pero "con el tiempo el ejercicio autocr&aacute;tico del poder se fue disfrazando bajo las suaves maneras del altiplano mexicano que, desde el virreinato, tanto llamaron la atenci&oacute;n de los viajeros europeos" (p. 80). La dictadura del antiguo antirreleccionarista y presidente reelecto sin medida lesion&oacute;, finalmente, a la naci&oacute;n. Es frecuente que se pondere la excelencia de cierta obra material porfiriana, y de esta suerte se disimule el desastre moral y pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valad&eacute;s recuerda que con la dictadura "se ocasion&oacute; un nuevo da&ntilde;o a las instituciones mexicanas: el h&aacute;bito de la ficci&oacute;n" (p. 81). Efectivamente, entre la Constituci&oacute;n que deb&iacute;a observar el grupo gobernante y la realidad que en efecto produc&iacute;a medi&oacute; un abismo. Pocos autores lo han puesto en evidencia con tan ilustrado an&aacute;lisis como Emilio Rabasa, hombre de ese tiempo. Destaquemos que ese h&aacute; bito de ficci&oacute;n tiene antigua cuna: en buena parte de nuestra historia previa se explay&oacute; la vieja consigna de los ocupantes peninsulares, resistentes a cuanto mellara su poder y su riqueza, cada vez que las disposiciones provenientes de Espa&ntilde;a no serv&iacute;an a sus pretensiones: "Ac&aacute;tese, pero no se cumpla". Buena manera de quedar bien con el soberano, que ordena, y con la realidad, que prevalece. De este g&eacute;nero ha sido nuestra frecuente conducta frente al orden jur&iacute;dico y nuestra tenaz renuencia a una genuina cultura de la legalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que toca a la violencia porfiriana en el ejercicio del poder, no podr&iacute;a menos que echar la mirada hacia atr&aacute;s y hacia adelante. Violentos han sido, en efecto, muchos periodos de la vida pol&iacute;tica. La violencia ha sido factor de la construcci&oacute;n material del pa&iacute;s, por m&aacute;s que se opusiera a su mejoramiento moral. Y con ella han tenido que lidiar los gobiernos, dem&oacute;cratas o autoritarios: aprovechar a los violentos para dar pasos adelante en la pacificaci&oacute;n y la estabilizaci&oacute;n del pa&iacute;s. Curiosa paradoja! Es interesante recordar ahora la meditaci&oacute;n que pone Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez &#45;otro conocedor de la pol&iacute;tica, por encima de las lecturas&#45; en uno de los personajes de&nbsp;<i>La tierra pr&oacute;diga</i>:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de todo, &iquest;pudieron ser de otro modo los conquistadores? No ser&aacute;n los alegadores de caf&eacute; que componen el mundo en tres patadas quienes puedan venir a estas tierras; eran as&iacute; los conquistadores y de ellos se valieron los reyes; ladrones, asesinos, sinverg&uuml;enzas: rico pa&iacute;s que puede contar con esta gente y lanzarla al futuro; aqu&eacute;llos tambi&eacute;n hablaban de alzarse con la tierra, y lo que hicieron fue labrarla para su Rey y Se&ntilde;or; pobre pa&iacute;s el que no sepa aprovechar la fuerza primitiva de los desalmados y meterlos en cintura.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vuelvo al hilo del "Breve excurso" que Valad&eacute;s aloja en su libro. En seguida de la dictadura se llegar&iacute;a a un "presidencialismo constitucional". De &eacute;ste, muy complejo, hay representaci&oacute;n m&uacute;ltiple, no encarnaci&oacute;n unipersonal. Se podr&iacute;a evocar ahora la punzante observaci&oacute;n de Daniel Coss&iacute;o Villegas acerca del estilo personal de gobernar. Sin embargo, tampoco en esta etapa se hizo todo &#45;pero s&iacute; mucho&#45; conforme al talante del Ejecutivo: un amplio n&uacute;mero de factores lleg&oacute; a determinar la conducta del gobierno, adem&aacute;s de que &eacute;sta reflejara la manera de ser de quien lo encabezaba y, en cierto modo, resum&iacute;a. No s&eacute; si los d&iacute;as que corren se hallen tambi&eacute;n dentro del presidencialismo constitucional. Probablemente s&iacute;, aunque tengan caracteres propios. No se ha producido, desde luego, el final de la historia. &iquest;Dir&iacute;amos que en la actual etapa ese presidencialismo podr&iacute;a reconocerse como "pintoresquismo mesi&aacute;nico"?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La porci&oacute;n final de la obra es, al mismo tiempo, la parte propositiva, que se alza sobre las descripciones, an&aacute;lisis y rese&ntilde;as que antes mencion&eacute;. Evidentemente &#45;vuelvo a las consideraciones hechas en algunos p&aacute;rrafos iniciales de esta nota&#45; a este lugar acuden las tensiones que caracterizan nuestra hora; son ellas, en la m&aacute;s apreciable medida, las que desencadenan la exigencia de repensar el sistema pol&iacute;tico mexicano, ya muy reformado a trav&eacute;s de cambios frecuentes en el r&eacute;gimen electoral, y proporcionar a los actores del presente, para que sean autores del futuro, algunos lineamientos que merecen reflexi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No puedo ignorar, en el acervo de precisiones que suministra Valad&eacute;s, algunos p&aacute;rrafos significativos en los que destacan ciertos datos precipitantes del estudio realizado y la reforma planteada. Dice nuestro autor, por ejemplo, que las tensiones:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se magnifican cuando un presidente no satisface las expectativas suscitadas con motivo de la campa&ntilde;a electoral, cuando sus facultades de gobierno (&iquest;cu&aacute;les, apostillar&eacute;: las atribuciones constitucionales o las aptitudes personales?) no son suficientes para hacer frente a las responsabilidades que le conciernen, o simplemente cuando se involucra de manera directa en coyunturas de fricci&oacute;n con las fuerzas pol&iacute;ticas, con los medios o con los grupos de presi&oacute;n que deterioran su capacidad real de gobierno o afectan la objetividad de sus decisiones (p. 58).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es entonces, se&ntilde;ala, cuando se advierte la ventaja de canalizar las presiones hacia el gabinete y su coordinador &#45;el jefe de gabinete, el jefe del gobierno o la figura que hace estas veces&#45;, en vez de proyectarlas, todas, directamente sobre el jefe del Estado, llamado a ser, m&aacute;s bien, un agente de moderaci&oacute;n, garant&iacute;a de estabilidad republicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra observaci&oacute;n: "La naturaleza medi&aacute;tica de la pol&iacute;tica ha propiciado el acceso al poder de personas m&aacute;s adiestradas en cuestiones de comunicaci&oacute;n que en tareas de gobierno". Y "son frecuentes los casos de personas aptas para atraer electores e ineptas para desempe&ntilde;ar labores pol&iacute;ticas de gobierno. En estos casos el remedio institucional no consiste en relevar al elegido, lo que supone una crisis constitucional, sino en ofrecerle opciones para que el gobierno sea puesto en manos experimentadas" (pp. 58&#45;59). Todo lo que se dice en estas l&iacute;neas y lo que he transcrito en el p&aacute;rrafo anterior constituye una rese&ntilde;a de la m&aacute;s reciente experiencia mexicana y un llamado de atenci&oacute;n sobre la pertinencia &#45;quiz&aacute;s el autor dir&iacute;a urgencia&#45; de hallar salidas al problema en el que estamos inmersos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que Diego Valad&eacute;s sugiere es la adopci&oacute;n de un gobierno de gabinete en M&eacute;xico y para M&eacute;xico; es decir, un gobierno que asuma las ventajas del manejo y la decisi&oacute;n en gabinete, sin expulsar de la escena, totalmente, la versi&oacute;n nacional del Poder Ejecutivo. Vale recordar que ya hubo experiencias, y tal vez las hay, tras bambalinas, de trabajo corporativo de los miembros del gabinete presidencial, aunque siempre sujetos a la direcci&oacute;n y decisi&oacute;n final del presidente de la rep&uacute;blica. Tales han sido los gabinetes especializados, que no fueron mucho m&aacute;s all&aacute; de ser comisiones intersecretariales del m&aacute;s alto nivel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el r&eacute;gimen de gabinete que propone Valad&eacute;s, no se trata apenas de reuniones en las que los secretarios del despacho transmiten informaci&oacute;n y el presidente aporta las decisiones, sino de foros de participaci&oacute;n y corresponsabilidad en la toma de aqu&eacute;llas fuera de la autoridad presidencial. V&eacute;ase, por ejemplo, que en el concepto de Valad&eacute;s:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al gabinete le debe corresponder analizar y aprobar el proyecto de ingresos y de presupuesto, as&iacute; como las iniciativas de ley que el gobierno vaya a presentar; elaborar los reglamentos que expida el gobierno; refrendar las leyes y discutir la decisi&oacute;n presidencial de interponer el veto; aprobar los nombramientos relevantes y conocer las gestiones para la suscripci&oacute;n de tratados internacionales (p. 90).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la propuesta contenida en esta obra pone ante el lector un nuevo modo de entender el presidencialismo, sustra&iacute;do a su vieja connotaci&oacute;n concentradora del poder y encauzado bajo los vientos de la democracia. El profundo redise&ntilde;o que se plantea implica, entre otros rasgos: desconcentraci&oacute;n del poder, remedio contra el autoritarismo y baluarte, al mismo tiempo, del jefe del Estado y del Estado mismo; recepci&oacute;n de corrientes, fuerzas, conocimientos y experiencias: por lo tanto, pluralidad, diferenciando con cuidado entre un gobierno de gabinete y un "gobierno de closet" (p. 50); ejercicio informado del poder: consulta, an&aacute;lisis, confrontaci&oacute;n, decisi&oacute;n dial&eacute;ctica; desempe&ntilde;o responsable del poder, merced a la responsabilidad directa y exigible de quienes lo ejercen; y, no menos, excelencia en la integraci&oacute;n pol&iacute;tica y t&eacute;cnica del equipo gobernante, lo que apareja "mejorar la calidad profesional, pol&iacute;tica y &eacute;tica de los integrantes del gabinete" (p. 90).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reconstrucci&oacute;n org&aacute;nica y funcional del gabinete debiera inscribirse, en mi concepto, dentro de una creciente calidad en el paisaje total de la pol&iacute;tica, para que no desfallezca en un sector lo que prospera en otro. Consecuentemente, a la excelencia en el gobierno debe corresponder la excelencia en el congreso: actores fundamentales, ambos, del giro que se pretende; actores, adem&aacute;s, que en &eacute;ste hallar&iacute;an una nueva forma de comunicaci&oacute;n y convergencia. Tambi&eacute;n habr&aacute; mucho que trabajar en el &aacute;mbito de los partidos pol&iacute;ticos y de otros agentes del poder, formal o informal, cuya concurrencia es indispensable para el &eacute;xito de una tarea de gobierno, y m&aacute;s todav&iacute;a, para el progreso en los trabajos de la naci&oacute;n y del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sugerencia inteligente y constructiva del profesor Valad&eacute;s viaja en la tormenta y procura disiparla, o por lo menos moderarla. De ah&iacute; su valor y pertinencia, con los ajustes y las modalidades que un consenso laborioso pudiera aconsejar. Toca aspectos cruciales del ejercicio del poder, ahora que prevalece la batahola en ese campo. Supone un dise&ntilde;o de gran calado, como dir&iacute;a el autor, y un animoso movimiento cuando existe una especie de par&aacute;lisis en la soluci&oacute;n de los grandes temas nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor piedra en el camino de esta o de cualquier otra reforma importante es, a mi modo de ver, la ausencia de un acuerdo nacional b&aacute;sico sobre las cosas &#45;tantas como sean&#45; que debemos convenir para dar pasos adelante, y en todo caso para no retroceder en el rumbo que hace mucho tiempo &#45;varias d&eacute;cadas&#45; venimos recorriendo. Considero que cualquier reforma sustancial en el orden pol&iacute;tico mexicano debe sustentarse, como condici&oacute;n de previo y especial pronunciamiento, en un acuerdo de aquel car&aacute;cter: pol&iacute;tico, que tenga adem&aacute;s alcance nacional, mire hacia el futuro inmediato, pero tambi&eacute;n hacia el porvenir remoto, y sugiera v&iacute;as de entendimiento y estaciones de la marcha compartida. Esto reclama visi&oacute;n de estadista, conducci&oacute;n prudente y serena, &aacute;nimo y esfuerzo de conciliaci&oacute;n que disipe las confrontaciones y acorte las distancias que hoy nos agobian.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces se dice que no hay tiempo o condiciones para llegar a este acuerdo, estatuto de un nuevo pacto social: las circunstancias, caprichosas, no lo permiten. Es posible que as&iacute; sea, aunque conf&iacute;o en que no sea as&iacute;. En todo caso, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a avanzar una reforma de calado mayor si no existe un acuerdo m&iacute;nimo que la favorezca y permita? &iquest;C&oacute;mo se podr&iacute;a construir el primer piso del nuevo edificio si se carece del cimiento indispensable? Por lo menos habr&iacute;a que convenir, con buena voluntad y mutua confianza, los aspectos b&aacute;sicos de un practicable proyecto nacional; este ser&iacute;a el sillar para emprender la transformaci&oacute;n del gobierno. Si la desconfianza y la discrepancia prevalecen, tan agudamente como hasta ahora, dif&iacute;cilmente habr&iacute;a los votos necesarios para llevar a la Constituci&oacute;n el nuevo sistema y conseguir que &eacute;ste, una vez aprobado en la letra de la ley, arraigue y prospere en la realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor ha puesto &eacute;nfasis en un punto relevante, o m&aacute;s bien, decisivo: las personas que pudieran asumir las tareas que implica el gobierno &#45;gobierno exitoso, se entiende&#45; de gabinete. Este es un elemento fundamental, requisito&nbsp;<i>sine que non</i> para la buena operaci&oacute;n de un sistema cuyo dise&ntilde;o hace concebir esperanzas. Es verdad que debemos proyectar un gobierno de leyes, no de hombres, a la manera plat&oacute;nica. Pero lo es tambi&eacute;n que ning&uacute;n gobierno se instala y ejerce s&oacute;lo con leyes. Son los hombres a los que se inviste con la misi&oacute;n de gobernar quienes aseguran, en definitiva, la buena o la mala fortuna del gobierno. Antes me refer&iacute; a la cr&iacute;tica del parlamentarismo y del presidencialismo, en funci&oacute;n, sobre todo, de las personas en las que encarnan. Inexorablemente, &eacute;stas dejan su impronta en el sistema y proveen los aciertos o los desaciertos que presenta y que explican la severidad de nuestro juicio. No hay que ir muy lejos en la b&uacute;squeda de ejemplos que ilustren nuestra decepci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por esto que se examina el mejor procedimiento para la designaci&oacute;n de funcionarios, a sabiendas de que ninguno &#45;sino la educaci&oacute;n pol&iacute;tica y el rigor electivo&#45; garantiza completamente resultados positivos. La existencia de un jefe de gabinete que trabajar&aacute; de cara al congreso, encabezando las tareas de los secretarios o ministros, y la necesidad de que este funcionario clave disponga de canales de comunicaci&oacute;n con las fuerzas parlamentarias, aconseja que sea ratificado por el congreso y no s&oacute;lo nombrado por el presidente de la rep&uacute;blica. Otro tanto podr&iacute;a ocurrir con los integrantes del gabinete, aunque Valad&eacute;s propone que la ratificaci&oacute;n congresual alcance &uacute;nicamente al jefe de gabinete y se produzca despu&eacute;s de que &eacute;ste ha manifestado la futura integraci&oacute;n del gobierno. De tal suerte, la ratificaci&oacute;n de aqu&eacute;l abarcar&iacute;a, indirectamente, a los miembros del gabinete. As&iacute; habr&iacute;a, de entrada, vasos comunicantes con el congreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Examina Valad&eacute;s con especial atenci&oacute;n un caso importante en materia de designaci&oacute;n y confirmaci&oacute;n. Me refiero al jefe del Ministerio P&uacute;blico, pero tambi&eacute;n al lugar que debe tener esta instituci&oacute;n en el aparato del Estado. El autor aboga, con raz&oacute;n, por la autonom&iacute;a del Ministerio P&uacute;blico, que ha venido avanzando en la legislaci&oacute;n latinoamericana. Desde hace tiempo he manifestado, en m&uacute;ltiples ocasiones, la pertinencia de que el Ministerio P&uacute;blico se constituya como &oacute;rgano aut&oacute;nomo en el marco del Estado mexicano, despu&eacute;s de haber transitado otros emplazamientos. Estuvo adscrito al Poder Judicial, primero, y al Poder Ejecutivo, m&aacute;s tarde, que es su ubicaci&oacute;n actual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta hace relativamente poco fueron desconocidos los &oacute;rganos aut&oacute;nomos en el derecho p&uacute;blico de nuestro pa&iacute;s, con la salvedad &#45;que responde a otras razones&#45; de las universidades aut&oacute;nomas, particularmente la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. En los &uacute;ltimos lustros alcanzaron aquella categor&iacute;a diversos entes que hab&iacute;an tenido anteriormente la calidad de &oacute;rganos desconcentrados o descentralizados y hab&iacute;an ostentado, cuando poseyeron esta &uacute;ltima naturaleza, cierto grado de autonom&iacute;a: as&iacute;, el Banco de M&eacute;xico, el Instituto Federal Electoral, la Comisi&oacute;n Nacional de los Derechos Humanos. Hoy existen, pues, antecedentes y experiencia en este orden, y la opini&oacute;n p&uacute;blica recibir&iacute;a con aplauso la independencia del Ministerio P&uacute;blico, que confirmar&iacute;a el car&aacute;cter que se le quiso atribuir en la distante hora de su advenimiento en Francia: magistratura de la legalidad, destacada &#45;aun bajo la actual dependencia del Ejecutivo&#45; a partir de la ley org&aacute;nica de la Procuradur&iacute;a de la Rep&uacute;blica, de 1993, y reducida en la vigente de 2003, a trav&eacute;s de la ordenaci&oacute;n de atribuciones que &eacute;stas recogieron.</font></p>      ]]></body>
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