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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bibliograf&iacute;a</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Olloqui, Jos&eacute;    Juan de (coord.), <i>Problemas jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos del terrorismo</i></b></font></p>     <blockquote>&nbsp; </blockquote>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><i> </i>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto  de Investigaciones Jur&iacute;dicas, 2003, 350 pp. </b></font></p>     <blockquote>&nbsp;</blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><i>* Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos e investigador del Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM. </i></font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta obra, Jos&eacute;    Juan de Olloqui &#151;due&ntilde;o de una larga carrera en el servicio p&uacute;blico,    cifrada sobre todo en la diplomacia y las finanzas, y actualmente investigador    en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM &#151; re&uacute;ne    once trabajos de otros tantos ensayistas, precedidos por una "Introducci&oacute;n  " del propio coordinador, acerca del terrorismo, al que se mira desde la doble    &oacute;ptica del derecho y la pol&iacute;tica. Las diversas "visiones"    de los participantes en la obra colectiva &#151;que asocian distintas experiencias    profesionales y se producen desde varias perspectivas nacionales&#151; concurren    a crear un panorama atractivo y orientador sobre el tema de esta obra. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El estudio del    terrorismo se hace sobre terreno movedizo, lo mismo cuando se trata de asir    el tema que cuando se pretende explicarlo o se intenta combatir sus manifestaciones    y alejar los riesgos que trae consigo este combate. Carecemos de un concepto    un&iacute;voco, o por lo menos generalmente admitido, acerca del terrorismo.    Por lo tanto, el tema puede llevarnos a terrenos que no todos compartir&iacute;an,    aunque todos aceptan, en principio, la necesidad de batir el terrorismo. Adem&aacute;s,    &eacute;ste constituye una materia explosiva &#151;como la que utilizan sus practicantes&#151;,    que navega entre las aguas de la condena absoluta, que comparto, y la vaga justificaci&oacute;n    relativista. Por otro lado, el terrorismo trae consigo un cambio de paradigmas    en la filosof&iacute;a persecutoria de los Estados y en los m&eacute;todos de    los que se vale el poder para enfrentar a los adversarios terroristas sin desalentar    &#151;sino todo lo contrario&#151; a los patrocinadores, ide&oacute;logos y ejecutores    del terror oficial. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bajo el ep&iacute;grafe    de terrorismo se han aclimatado y proliferado las m&aacute;s diversas expresiones    de una conducta que se unifica solamente por el empleo del temor para reducir,    rechazar o eliminar al enemigo pol&iacute;tico, es decir, al enemigo de una    versi&oacute;n del poder que tiene en sus manos &#151;por lo pronto, y a reserva    de que un golpe de suerte invierta los papeles&#151; la capacidad de amedrentar con    todo lo que puede: desde la averiguaci&oacute;n inquisitiva hasta el proceso    dirigido o la ejecuci&oacute;n sin previa figura y estr&eacute;pito de juicio.    </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pienso en las estampas    conmovedoras de los prisioneros en la <i>Conciergerie </i>, individuos del    antiguo r&eacute;gimen &#151;que dos d&eacute;cadas despu&eacute;s retornar&iacute;a    al poder&#151; amedrentados por la arremetida de Saint Just, el "&aacute;ngel de    la muerte", a cuyas correr&iacute;as se refiere uno de los art&iacute;culos    incluidos en el volumen que comento: "Una reflexi&oacute;n sobre el terror", de Adri&aacute;n Beamish. Tambi&eacute;n pienso en las jornadas terribles    que han organizado el Ej&eacute;rcito Republicano Irland&eacute;s, Sendero Luminoso,    las Brigadas Rojas, Al-Qaeda, Euzkadi ta Azkatazuna o la Fracci&oacute;n Ej&eacute;rcito    Rojo, para no citar sino algunos ejemplos de esta copiosa patolog&iacute;a,    que documentan varios colaboradores de la obra colectiva &#151;como C&aacute;rdenas,    Olgu&iacute;n, Stausberg&#151; y el mismo Jos&eacute; Juan de Olloqui en su sustanciosa    "Introducci&oacute;n". </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Y finalmente &#151;pero    principalmente&#151; considero los pavorosos hechos del 11 de septiembre de 2001,    que invocan todos los participantes en la obra. Si los acontecimientos anteriores    &#151; e incluso los que inmediatamente despu&eacute;s ocurrieron o ahora mismo suceden&#151;    bastar&iacute;an para abastecer una historia de aberraciones, los del 11 de    septiembre han tenido una funci&oacute;n m&aacute;s amplia y profunda. Son esos    hechos &#151;y no los de Espa&ntilde;a, Irlanda, Italia o Per&uacute;, a pesar de    su gravedad extrema&#151; los que suscitaron esta obra y han provocado un torrente    de comentarios, especulaciones y acciones de diversos signos. A ellos se debe,    en fin de cuentas, la apertura de la "era del terror" que describe Sep&uacute;lveda,    en la que doblan las campanas por un r&eacute;gimen de seguridad colectiva que    ha entrado en crisis, y tambi&eacute;n pudieran doblar, sobre todo, por los    derechos humanos &#151;no s&oacute;lo unos derechos sueltos, sino el sistema mismo&#151;    que parecen batirse en retirada. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El 11 de julio    ha sembrado en este inicio de siglo un nuevo ingrediente cuantitativo y cualitativo,    o bien, ha llevado a mayor profundidad &#151; de manera tal vez irreparable&#151; una    semilla previamente anclada en la Tierra. Lo primero, por el n&uacute;mero de    las v&iacute;ctimas inocentes &#151;que es un rasgo caracter&iacute;stico del terrorismo&#151;,    aunque quiz&aacute;s otras veces hubo tambi&eacute;n exterminios de esa cuant&iacute;a.    Lo segundo, por el empleo franco y frontal de las innovaciones tecnol&oacute;gicas    precisamente en la patria de la tecnolog&iacute;a de punta; por la conmoci&oacute;n    que trajo consigo el bombardeo del eje del poder y del prestigio: gobierno y    econom&iacute;a; por la fractura que produjo o agrav&oacute; en nuestro mundo:    una escisi&oacute;n hemisf&eacute;rica, ya no geogr&aacute;fica, sino cultural,    que pudiera ser la peor herencia de estas horas; por el &iacute;mpetu universalista    del terrorismo, que ha dejado de domiciliarse en un territorio disputado, y    por otros motivos, en fin, que mencionar&eacute; adelante. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De eso habla el    ep&iacute;grafe del trabajo de C&aacute;rdenas, una frase de Dominique de Villepin,    a quien luego vimos actuar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,    cuando se debatieron los planteamientos de Estados Unidos de Am&eacute;rica,    Gran Breta&ntilde;a y Espa&ntilde;a sobre el caso de Irak: "El 11 de septiembre,    al golpear a Nueva York, el terrorismo mutil&oacute; el paisaje m&aacute;s orgulloso    del mundo. El horror super&oacute; las peores ficciones". Vale, pues, emprender    el estudio de esta etapa de la historia, s&uacute;bita y rotunda, a partir de    la sugerencia que propone otro art&iacute;culo en este volumen: "El mundo    tras el 11 de septiembre", de Fernando Perpi&ntilde;&aacute;. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Habl&eacute; de    una herencia, la peor. Quiero decir: la honda distancia belicosa entre Occidente    y el Islam. Me remito a una frase de Huntington, en <i>El choque de civilizaciones:    </i></font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Algunos occidentales...        han afirmado que Occidente no tiene problemas con el islam, sino s&oacute;lo        con los extremistas islamistas violentos. Mil cuatrocientos a&ntilde;os de historia        demuestran lo contrario. Las relaciones entre el islam y el cristianismo, tanto        ortodoxo como occidental, han sido con frecuencia tempestuosas. Cada uno de        ellos ha sido el Otro del otro. </font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si hab&iacute;a    tempestad, que la hab&iacute;a, el 11 de septiembre arreci&oacute; hasta convertir    muchos caminos en pantanos y desalojar los terrenos donde hab&iacute;a hecho    progresos, modestos por cierto, la comunicaci&oacute;n, primero, y la tolerancia,    luego. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los grandes temas    que nos perturban no son f&aacute;cilmente reductibles a caracterizaciones precisas,    que agoten sus manifestaciones y posibilidades. Hemos tenido problemas, cuando    parec&iacute;a que no los tendr&iacute;amos, en la tarea de definir la agresi&oacute;n.    Lo que pareci&oacute; evidente en la Carta de 1945, que sustent&oacute; los    juicios emprendidos en N&uuml;remberg por las potencias victoriosas, no lo ha    sido al final del siglo: el Estatuto de Roma no pudo decir qu&eacute; es la    agresi&oacute;n criminal; deberemos esperar, tal vez, siete a&ntilde;os para    saberlo. Tampoco disponemos de una descripci&oacute;n puntual y f&aacute;cil    del narcotr&aacute;fico, que s&oacute;lo se caracteriza a trav&eacute;s de un    c&uacute;mulo de figuras que van desde el cultivo modesto hasta el comercio    mundial. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De manera semejante,    no existe, como antes dije, una f&oacute;rmula de terrorismo que evite las confusiones    y concentre las reacciones. Hay que explorar en varios laberintos. Esto informan,    por ejemplo, las colaboraciones de Olloqui, Tello y Olamendi. Y as&iacute; se    ve en el m&aacute;s reciente instrumento internacional, la Convenci&oacute;n    Interamericana contra el Terrorismo, del 2002, cuyo art&iacute;culo 2o. opta    por remitir a una decena de tratados para resolver, s&oacute;lo con el conjunto,    a qu&eacute; se llama delito, de manera semejante &#151;aunque no id&eacute;ntica&#151;    a la que emple&oacute; veinticinco a&ntilde;os atr&aacute;s el Convenio Europeo    sobre Represi&oacute;n del Terrorismo, de 1977. Por eso, en palabras de Olamendi,    "la construcci&oacute;n de una definici&oacute;n &uacute;nica, transparente    y precisa del terrorismo en el terreno del multilateralismo es una tarea todav&iacute;a    inconclusa". Ha sido m&aacute;s atrevida la doctrina, e igualmente lo ha    sido la legislaci&oacute;n nacional, obligada a encerrar en tipos razonablemente    precisos &#151; la <i>lex stricta </i>y <i>certa </i>&#151; los hechos punibles. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ulises Schmill    recoge una buena definici&oacute;n de Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, que    expresamente deja fuera el elusivo terrorismo institucional. Se&ntilde;ala el    tratadista que: </font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El terrorismo pol&iacute;tico        no institucional es un m&eacute;todo expansivo de la amenaza o del uso intencional        e imprevisible de la violencia por parte de individuos o grupos no gubernamentales        destinado a provocar en una sociedad el temor generalizado infligiendo da&ntilde;os        inevitables a personas inocentes con miras a influir en el comportamiento de        terceros a fin de obtener objetivos pol&iacute;ticos fan&aacute;ticamente percibidos        como no negociables. </font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bien que por razones    de sistema se deslinde el terrorismo institucional del no institucional, a condici&oacute;n    de que no se pierda de vista la existencia de &eacute;ste &#151;que valdr&iacute;a    la pena tratar directa y espec&iacute;ficamente en una pr&oacute;xima edici&oacute;n    de la obra comentada&#151;, cuyas v&iacute;ctimas seguramente han sido mucho m&aacute;s    numerosas y no menos maltratadas que las de su gemelo, el terrorismo no institucional.    Si todo es reprochable, no sobrar&iacute;a avanzar en el reproche que merece    el acto criminal de quien sirve o se supone que lo hace &#151;y &eacute;ste no es    el caso del soci&oacute;pata o del fan&aacute;tico, que obran por su cuenta&#151;    a un designio moral superior, como ocurre en el caso del Estado. Tambi&eacute;n    esta forma de terrorismo contraviene brutalmente las reglas de la democracia    a las que se refiere Schmill. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En un punto de    su disertaci&oacute;n, Olgu&iacute;n alude al terrorismo de Estado. La nueva    exploraci&oacute;n que se haga podr&iacute;a explayarse en los grados y matices,    los contenidos y los instrumentos, de esta manifestaci&oacute;n de un mismo    designio, que puede subir de tono en la carrera que lleva de la conspiraci&oacute;n    hostil, que se propone la reducci&oacute;n pol&iacute;tica del adversario &#151;una    especie de terrorismo <i>light, </i>en v&iacute;as de perfeccionamiento y    con abundante argumentaci&oacute;n pseudodemocr&aacute;tica&#151; a la acci&oacute;n    directa, que se propone la eliminaci&oacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El ensayo descriptivo    del terrorismo en la ley penal mexicana data de la reforma iniciada en 1969    y culminada en 1970, promovida ante el Senado por varios legisladores, entre    ellos el recordado maestro Juan Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Bustamante. Esa    reforma desaloj&oacute; una bestia oscura &#151;el delito de disoluci&oacute;n social&#151;    y aloj&oacute;, en cambio, el terrorismo. No fue f&aacute;cil llegar a la f&oacute;rmula    que hoy recoge el art&iacute;culo 139 del C&oacute;digo Penal, insuficientemente    analizado por la jurisprudencia federal, en virtud de que no han sido numerosos    &#151;por suerte&#151; los casos de terrorismo de los que ha conocido la justicia mexicana.    </font></p> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quedan siempre zonas  a media luz en la descripci&oacute;n legal, que pueden traer consecuencias preocupantes  a la hora de aplicarla: &iquest;qu&eacute; son, para estos fines, alarma, terror,  temor? &iquest;cu&aacute;les son los fines y cu&aacute;l debe ser el impacto del  golpe terrorista para que sea sancionable bajo el C&oacute;digo Penal? &iquest;qu&eacute;  medios de comisi&oacute;n debe prever el tipo? &iquest;qu&eacute; significa "medios violentos"? &iquest;debiera ser punible &#151;como en efecto puede serlo,  al amparo del art&iacute;culo 141 del C&oacute;digo Penal Federal y de la Ley  Federal contra la Delincuencia Organizada&#151; la mera "conspiraci&oacute;n",  tema que, en su m&aacute;s amplio alcance, constituye uno de los asuntos relevantes  del derecho penal actual? </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El terrorismo puede tener muchas causas y el terrorista esgrimir    diversos motivos, pero jam&aacute;s dir&iacute;a razones. En su ensayo, C&aacute;rdenas    nos pone en guardia contra deslices impertinentes, cuando aclara que no hay    terroristas "buenos" ni atentados terroristas "buenos". Lo mismo    hace Olamendi, que rechaza la inevitabilidad del terrorismo, que ser&iacute;a    un camino para justificarlo. De ah&iacute; la eficacia de la opini&oacute;n    p&uacute;blica en armas &#151;obviamente no me refiero a la siembra de histeria&#151;    que reacciona contra el delito e infunde terror al terrorista, como se&ntilde;ala    Beamish, que trae a cuentas una eficaz cita de Wilfried von Bredow: </font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><font size="2">Cuando los terroristas de la RAF pretend&iacute;an en su d&iacute;a        presentar su bandolerismo, hist&oacute;rico-filos&oacute;ficamente sublimado        como una guerra contra el capitalismo, y a los miembros de la banda encarcelados,        no como criminales, sino m&aacute;s bien como prisioneros de guerra, chocaron        indefectiblemente contra la indignaci&oacute;n de todos los defensores del Estado        de derecho. </font></font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De la lectura de esta obra valiosa &#151;y de cualquier lectura que    se haga sobre una parte menuda, porque no podr&iacute;a ser otra cosa&#151; de la    copiosa literatura, trivial o penetrante, aleccionadora o provocadora, que acarrearon    los hechos del 11 de septiembre, se extraer&aacute;n algunos datos mayores de    nuestra era. Entre ellos, la afirmaci&oacute;n imperial que deja al mundo restante    en la inc&oacute;moda situaci&oacute;n de periferia: sea periferia cercana y    amistosa, sea periferia distante y ominosa. De lo que no hay duda es de que    cambiaron las reglas del juego, el juego mismo y hasta los jugadores, a tal    punto que ya no se sabe si hay un juego que subsiste o cay&oacute; el tel&oacute;n    sobre quienes participaban, una vez que se agotaron las apuestas. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sep&uacute;lveda cita expresiones del presidente de Estados    Unidos de Am&eacute;rica, que contribuyen a articular el breviario de la nueva    era, los diez mandamientos que descendieron de la monta&ntilde;a contempor&aacute;nea    en un desierto renovado. Por una parte, la teor&iacute;a sobre el empleo de    la potencia nuclear, en un discutible prop&oacute;sito unilateral de defensa    preventiva &#151;que entra en pugna con la idea de seguridad colectiva, conforme    a la ortodoxia internacional de la segunda postguerra, y no coincide con el    criterio sustentado por la Corte Internacional de Justicia en su conocida opini&oacute;n    consultiva del 18 de julio de 1996&#151;; y por otra parte, el designio imperial    confeso en un discurso en West Point, precisamente, el 2 de junio del 2002.    De ah&iacute; la ansiedad de Ignatieff &#151;tambi&eacute;n citado por aquel colaborador    de la obra colectiva&#151; cuando inquiere sobre la "operaci&oacute;n imperial" que "ser&aacute; asumida por una naci&oacute;n que debe preguntarse si,    al convertirse en un imperio, no corre el riesgo de perder su esp&iacute;ritu    republicano". </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La m&aacute;s reciente doctrina de la seguridad global se ha    montado en una geomoral singular&iacute;sima, que va mucho m&aacute;s all&aacute;    de la que dividi&oacute; al mundo entre pa&iacute;ses productores de drogas,    esto es, delincuentes, y pa&iacute;ses consumidores, es decir, v&iacute;ctimas.    Los poseedores oficiales de la verdad y de la virtud acaban por ser peligrosos.    Olloqui, en su "Presentaci&oacute;n", radiograf&iacute;a a la poderosa    Uni&oacute;n Americana: &eacute;sta "se percibe a s&iacute; mism(a) como un    pa&iacute;s de virtudes, las que en parte honestamente tiene y las que a veces    tambi&eacute;n exagera". Ahora esta naci&oacute;n encabeza al mundo occidental    y es depositaria, por lo tanto, de sus bienes m&aacute;s preciados y de la misi&oacute;n    de preservarlos. En suma: pueblo elegido y destino manifiesto. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al frente, la rep&uacute;blica de la virtud tiene lo que se    ha calificado como "eje del mal", que ciertamente supera en hondura y virulencia    al de los a&ntilde;os cuarenta. Esto as&iacute;, porque no se trata solamente    de un grupo de pa&iacute;ses &#151;como en el Eje de Roma, Berl&iacute;n y Tokio&#151;    o de los portadores de una ideolog&iacute;a transpersonalista y totalitaria    &#151;como las potencias agrupadas bajo el signo de la su&aacute;stica, el fascio    o la hoz y el martillo&#151;, sino sencillamente de aquellos que representan al mal    &#151;el <i>antibien </i>&#151;, ese personaje elusivo y misterioso que reposa en el    fondo del coraz&oacute;n y se vale de los m&aacute;s enga&ntilde;osos camuflajes:    la democracia puede ser uno de ellos; otro, la libertad; uno m&aacute;s, los    derechos humanos. De ah&iacute; la sospecha que padecen ciertos "hombres virtuosos" cada vez que oyen hablar de estas cosas. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No es lo mismo luchar contra un enemigo identificable, visible    y fortificado, que hacerlo contra un adversario que puede instalarse en el ambiente    y entrar en el hogar por una m&iacute;nima rendija, o peor todav&iacute;a, en    la mente indefensa y distra&iacute;da, a trav&eacute;s de la curiosidad o de    la duda. No se requiere mucha meditaci&oacute;n para saber cu&aacute;l es la    forma de extirpar el mal, aunque esto signifique curar el dolor de <i>cabeza    </i>por decapitaci&oacute;n. El mal, que por lo pronto puede establecerse dentro    de las fronteras de Irak, Ir&aacute;n y Corea del Norte, tiene vocaci&oacute;n    itinerante: a la menor provocaci&oacute;n &#151;que sobran&#151; vuela sobre sus fronteras    y se esparce sobre el mundo entero. Esto, en efecto, ha sucedido. Y esta es    la doctrina que lleva de la mano a un nuevo Estado y a un nuevo derecho. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No puedo ir muy lejos en esta l&iacute;nea de reflexi&oacute;n,    pero debo referirme a una de las cuestiones que ha inquietado a varios autores    de la obra colectiva, y que desde luego merece atenci&oacute;n destacada. Me    refiero a los derechos humanos, que nacieron a la vida jur&iacute;dica en la    lucha contra el absolutismo y hoy est&aacute;n cercados por el nuevo autoritarismo    que propone el sabido dilema entre las garant&iacute;as que algunos enarbolan    y la seguridad que todos necesitan. Esta es la arena en la que chocan el <i>due    process </i>y el <i>crime control, </i>cada uno con sus mejores argumentos,    bajo la sombra de la raz&oacute;n de Estado o la leg&iacute;tima defensa de    la sociedad atribulada. Cuando se habla del mundo despu&eacute;s del 11 de septiembre,    no hay que pensar solamente en el nuevo aparato de la tecnolog&iacute;a militar,    sino sobre todo en el nuevo aparato regulatorio que se instala en la situaci&oacute;n    de emergencia y persiste en el estado de paz. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No podemos enga&ntilde;arnos ni ceder a la ilusi&oacute;n pasajera    y al discurso atolondrado o deshonesto. El Estado de derecho s&oacute;lo puede    defenderse con los medios que el derecho le suministra. Negarse so pretexto    de afirmarse nos sumerge en una paradoja inadmisible y convierte al Estado en    una maquinaria extremadamente peligrosa. Con el mensaje de la mano dura se quiere    siempre disimular los errores de la mano inepta, o peor a&uacute;n, ayudar al    parto del autoritarismo, pendiente de la m&aacute;s peque&ntilde;a oportunidad    de alumbramiento. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En un interesante "Informe sobre terrorismo y derechos humanos", elaborado en el 2002, la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos    hizo notar que las mejores iniciativas contra el terrorismo "se sustentan    en el prop&oacute;sito de proteger los derechos fundamentales y la democracia,    cuyo menoscabo y destrucci&oacute;n busca el terrorismo". Para hacerlo hay    un arsenal de medios leg&iacute;timos. Los ataques perpetrados el 11 de septiembre    del 2001: </font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><font size="2">Si bien de magnitud y horror extraordinarios &#151;sigue diciendo        la comisi&oacute;n&#151; no han modificado esos preceptos fundamentales. De hecho,        hoy m&aacute;s que nunca es necesario que los Estados miembros (de la OEA )        aseguren que sus respuestas a esos actos inexcusables de violencia, honren fielmente        las libertades y los valores que sirven de cimiento a las sociedades democr&aacute;ticas        de nuestro hemisferio. </font></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Enseguida, el informe proporciona una serie de planteamientos    &uacute;tiles en torno a los derechos que pueden verse mellados &#151;o lo han sido&#151;    en la lucha contra el terrorismo. Abarcan vida, trato humano, libertad y seguridad    personales, juicio imparcial, libertad de expresi&oacute;n, no discriminaci&oacute;n    y protecci&oacute;n judicial, as&iacute; como los derechos correspondientes    a trabajadores migrantes, personas que buscan asilo, refugiados y extranjeros.    Se trata, como es f&aacute;cil advertir, de derechos y de personas que andan    sobre el filo de la navaja cada vez que se agita una causa nacional defensiva    frente a un enemigo invisible. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas preocupaciones campean, de alguna manera, en la mencionada    Convenci&oacute;n Interamericana contra el Terrorismo, del 2002. El art&iacute;culo    15.1 del instrumento es expl&iacute;cito: "Las medidas adoptadas por los Estados    parte de conformidad con esta convenci&oacute;n se llevar&aacute;n a cabo con    pleno respeto al Estado de derecho, los derechos humanos y las libertades fundamentales". Seguramente algunos Estados pensaron que esta referencia, de suyo suficiente,    no lo ser&iacute;a del todo si no se rodeaba de una circunstancia declarativa    &#151;convertida, para el int&eacute;rprete, en un &eacute;nfasis voluntarioso&#151;,    y por ello la misma XXXII Asamblea General de la OEA , reunida en Barbados,    en 2002, emiti&oacute; una Resoluci&oacute;n 1906 para "reafirmar que la    lucha contra el terrorismo debe realizarse con pleno respeto a la ley, a los    derechos humanos y a las instituciones democr&aacute;ticas para preservar el    Estado de derecho, las libertades, y los valores democr&aacute;ticos en el Hemisferio  ". Es debido subrayar el apreciable empe&ntilde;o de la delegaci&oacute;n    mexicana en la asamblea para salvar del naufragio esa declaraci&oacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En mi propia colaboraci&oacute;n a la obra colectiva he procurado    revisar, aunque lo haya hecho someramente, algunos de los problemas jur&iacute;dicos    que trae consigo el terrorismo. En el plano internacional, se ha padecido la    actuaci&oacute;n unilateral que dispone cu&aacute;l es el derecho pertinente,    a qui&eacute;nes se dirige y en qu&eacute; forma se aplica. Sobre este punto    es ejemplar la "Orden Militar" del 13 de noviembre de 2002, expedida por    el Ejecutivo de los Estados Unidos de Am&eacute;rica en esta calidad, pero tambi&eacute;n    en la condici&oacute;n de comandante supremo de las Fuerzas Armadas, sobre "detenci&oacute;n, trato y juicio de ciertos no-ciudadanos en la guerra contra    el terrorismo". Esta orden genera una especie de burbuja jur&iacute;dica    en la que se interna a los indiciados, fuera de la mirada curiosa y de cualquier    remedio procesal, nacional o internacional, que quisiera introducir en la burbuja    la <i>rule of law. </i>Creo que hasta los m&aacute;s resistentes a la idea    de una Corte Penal Internacional &#151;que se ha instalado ya, contra viento y marea&#151;    convendr&aacute;n en que &eacute;sta constituye un medio mejor que la decisi&oacute;n    unilateral para enjuiciar a los terroristas. As&iacute; lo quer&iacute;a el    frustrado Convenio de 1937, que ensay&oacute; la Sociedad de las Naciones, y    as&iacute; lo quisieron algunos promotores de la Corte Penal Internacional en    la Conferencia de Roma, como se recuerda en el art&iacute;culo de Manuel Tello.    </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En nuestra regi&oacute;n, la Corte Interamericana de Derechos    Humanos ha tenido oportunidad de pronunciarse en algunos casos que conciernen    a los derechos humanos de procesados por terrorismo. El derecho del Estado a    juzgar y sancionar a estos inculpados es indiscutible. En la sentencia del Caso    Castillo Petruzzi y otros, de 1999, sobre hechos ocurridos en Per&uacute;, el    tribunal sostuvo: </font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La corte no est&aacute; facultada para pronunciarse sobre la        naturaleza y gravedad de los delitos atribuidos a las presuntas v&iacute;ctimas.        Toma nota de las alegaciones del Estado acerca de estos puntos y manifiesta,        como lo ha hecho en ocasiones anteriores, que un Estado 'tiene el derecho y        el deber de garantizar su propia seguridad'... aunque debe ejercerlos dentro        de los l&iacute;mites y conforme a los procedimientos que permiten preservar        tanto la seguridad p&uacute;blica como los derechos fundamentales de la persona        humana. </font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El doctor Jos&eacute; Juan de Olloqui no hace concesi&oacute;n    alguna al terrorismo, que no la merece, y tampoco al autoritarismo, que aprovecha    cualquier coyuntura para tirar el zarpazo. Adem&aacute;s, con buen juicio de    historiador, pol&iacute;tico y soci&oacute;logo, trae a colaci&oacute;n una    entrevista period&iacute;stica al ex-primer ministro de Israel, Simon Peres.    Se pregunta a &eacute;ste sobre las soluciones para resolver el problema del    terrorismo. Y Peres admite: "Pienso que de nada sirve matar a los moscos que    zumban en las aguas estancadas si no se seca el pantano". En efecto, la lucha    contra este crimen m&aacute;s que centenario requiere del ej&eacute;rcito y    de la polic&iacute;a, de los fiscales, los tribunales y las prisiones, pero    tambi&eacute;n hay que secar el pantano en el que proliferan los agentes del    crimen, como lo recomienda cualquier pol&iacute;tica criminal m&iacute;nimamente    l&uacute;cida, que necesitamos con apremio. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es preciso hacer aquello y esto sin desmontar el Estado de derecho.    El riesgo m&aacute;s grave que traen las olas encrespadas por el terror levantado    por el terrorismo, es que otra forma de terror se instaure, con pretensiones    de legalidad en la mano. Nos suceder&iacute;a lo que est&aacute; sucediendo    con la legislaci&oacute;n sobre delincuencia organizada: al problema del crimen,    que no mengua, se a&ntilde;ade el problema creado por los medios para combatirlo.    Podr&iacute;amos caer en el s&iacute;ndrome del aprendiz de brujo. Y si as&iacute;    fuera, las premoniciones de Orwell ser&iacute;an cosa de p&aacute;rvulos. </font></p>      ]]></body>
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