<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0036-3634</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Salud Pública de México]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Salud pública Méx]]></abbrev-journal-title>
<issn>0036-3634</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Nacional de Salud Pública]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0036-36342015000500018</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dr. Carlos J. Finlay (1833-1915): a 100 años de su muerte]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Dr. Carlos J. Finlay (1833-1915): on the centenary of his decease]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gómez Dantés]]></surname>
<given-names><![CDATA[Héctor]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Instituto Nacional de Salud Pública Centro de Investigación en Sistemas de Salud ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Cuernavaca Morelos]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>10</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>10</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<volume>57</volume>
<numero>5</numero>
<fpage>468</fpage>
<lpage>469</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0036-36342015000500018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0036-36342015000500018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0036-36342015000500018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Comentario</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Dr. Carlos J. Finlay (1833&#45;1915):</b> <b>a 100 a&ntilde;os de su muerte</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Dr. Carlos J. Finlay (1833&#45;1915): on the centenary of his decease</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Carlos Juan Finlay y Barr&eacute;s, hijo de padre escoc&eacute;s y madre francesa,&nbsp;naci&oacute; en Camag&uuml;ey,&nbsp;Cuba,&nbsp;el 3 de    <br> 	diciembre&nbsp;de&nbsp;1833&nbsp;y muri&oacute; &#151;convertido en un benefactor de la humanidad&#151; el 19 de agosto&nbsp;de 1915&nbsp;en    <br> 	la ciudad de la Habana. En homenaje a su contribuci&oacute;n a la salud p&uacute;blica mundial, hago estas reflexiones    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	sobre su legado cient&iacute;fico, vinculado con el descubrimiento del</i> Aedes aegypti <i>como vector de la fiebre amarilla.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la mayor&iacute;a de los lectores, el nombre de Carlos J. Finlay seguramente les dice muy poco, y menos a&uacute;n les dice la fiebre amarilla, pues gracias a este hombre &eacute;sta dej&oacute; de ser un padecimiento digno de titulares period&iacute;sticos o suplementos en revistas cient&iacute;ficas. Sin embargo, una mirada al pasado nos ense&ntilde;a que las epidemias de fiebre amarilla, importada por el comercio de esclavos africanos, eran una condena de muerte para miles de europeos (ingleses, franceses, portugueses y espa&ntilde;oles) que se lanzaron en diferentes momentos al continente americano en b&uacute;squeda de fortuna y nuevos territorios. Por ejemplo, los registros de las primeras epidemias en Veracruz datan de 1648. Al momento de la "Guerra de los 10 a&ntilde;os" con Espa&ntilde;a (1868&#45;1878) la fiebre amarilla ya estaba plenamente establecida; s&oacute;lo en la Habana ocurrieron 11590 defunciones entre los soldados espa&ntilde;oles antes de que pudieran disparar una sola bala. Si bien los isle&ntilde;os, al estar inmunes, vieron una ventaja estrat&eacute;gica en la disminuci&oacute;n de tropas invasoras, la fiebre amarilla se convirti&oacute; tambi&eacute;n en un enemigo comercial para la isla pues desde Cuba se embarcaban cientos de buques hacia otros puertos &#150;particularmente a los Estados Unidos&#45;, lo que origin&oacute; que al sufrirse el embate de las epidemias en Boston o Filadelfia, siempre se identific&oacute; a la Habana como fuente del contagio. Aunque parezca inveros&iacute;mil, la fiebre amarilla se convirti&oacute; en la excusa perfecta para que los estadounidenses le demandaran a Espa&ntilde;a el pago por da&ntilde;os y p&eacute;rdidas comerciales, y con ello perfilar la invasi&oacute;n a la isla para desplazarlos de ese punto estrat&eacute;gico para el comercio. Adem&aacute;s, les permiti&oacute; culpar a los isle&ntilde;os de ser incapaces de vivir en condiciones decorosas y seguras para los nav&iacute;os, tripulaciones y comerciantes asentados en la isla, por lo que no vacilaron en imponer el orden militar para proteger los negocios y las empresas colonialistas. Si bien la invasi&oacute;n de Estados Unidos a la isla de Cuba tuvo seguramente otros motivos, la fiebre amarilla les otorg&oacute; un pretexto formidable para justificar el desembarco de las tropas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este era el contexto social y pol&iacute;tico en el que creci&oacute; Carlos J. Finlay, quien desde peque&ntilde;o fue educado en Inglaterra y Francia, tal como dictaban los c&aacute;nones sociales de la &eacute;poca. Siguiendo los pasos de su padre, estudi&oacute; medicina en la&nbsp;<i>Jefferson Medical College</i> en Filadelfia, donde se doctor&oacute; en 1855. Despu&eacute;s de varios intentos por instalarse en Lima y Paris logr&oacute; establecerse en Matanzas y despu&eacute;s en La Habana, donde se cas&oacute; en 1865 con Adela Shine, hija de unos hacendados ingleses y natural de la isla de&nbsp;Trinidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No ajeno al estudio de las epidemias de c&oacute;lera, fiebre tifoidea, tuberculosis etc., se dedic&oacute; al estudio de la fiebre amarilla que afectaban a nativos y colonos por igual. Muchos fueron los a&ntilde;os dedicados al estudio&nbsp;de esta enfermedad para tratar de encontrar en los efluvios atmosf&eacute;ricos los miasmas responsables de tan devastadoras epidemias. Despu&eacute;s de 15 a&ntilde;os dedicados a la investigaci&oacute;n infructuosa, el Dr. Finlay tuvo la paciencia de redirigir sus investigaciones, las cuales rompieron los paradigmas de los anticontagionistas y miasm&aacute;ticos que dominaban el escenario "cient&iacute;fico" de la &eacute;poca, hasta llegar a la conclusi&oacute;n de que la transmisi&oacute;n de la infecci&oacute;n se realizaba a partir de un agente intermediario, que finalmente fue identificado como la hembra del <i>Aedes aegypti</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1881 Finlay fue a&nbsp;Washington&nbsp;como representante del gobierno colonial ante la&nbsp;Conferencia Sanitaria Internacional. All&iacute; present&oacute; por primera vez su hip&oacute;tesis sobre la transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla, la cual fue recibida con indiferencia, frialdad y escepticismo, hasta ser sujeto de escarnio. De regreso a Cuba, realiz&oacute; experimentos con voluntarios y no s&oacute;lo comprob&oacute; su hip&oacute;tesis, sino que tambi&eacute;n descubri&oacute; que el individuo infectado quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad. Como nota al margen, debemos recordar que fue hasta 1895 cuando el Mayor Sir Ronald Ross descubri&oacute; al an&oacute;feles como el vector de la malaria, raz&oacute;n por la cual recibi&oacute; el premio Nobel en 1902.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por m&aacute;s de 20 a&ntilde;os los postulados de Finlay fueron ignorados, y fue hasta el final de la&nbsp;guerra hispano&#45;estadounidense cuando se volvieron a revisar sus trabajos y experimentos. El m&eacute;dico militar William Crawford Gorgas fue nombrado jefe superior de sanidad en La Habana en diciembre de 1898 tras fracasar en sus repetidos intentos de erradicar la fiebre amarilla de Santiago de Cuba. A iniciativa de Finlay, se cre&oacute; la Comisi&oacute;n Cubana de la Fiebre Amarilla que, siguiendo las indicaciones del m&eacute;dico cubano de atacar a los mosquitos y aislar a los enfermos, en s&oacute;lo siete meses hizo desaparecer de Cuba esta enfermedad (1901). Si bien &eacute;sta fue una exitosa intervenci&oacute;n sanitaria, tambi&eacute;n se convirti&oacute; en una herramienta muy poderosa para el desarrollo de la salud p&uacute;blica colonialista, que enarbolaba la dominaci&oacute;n de las tierras inh&oacute;spitas como una acci&oacute;n que velaba por los intereses econ&oacute;micos de las empresas invasoras y la protecci&oacute;n del comercio por encima de la salud de los mineros, agricultores, cultivadores del hule y corcho, y de trabajadores de cualquier otra actividad econ&oacute;mica asociada con el cultivo de az&uacute;car, arroz o caf&eacute;. El control sanitario tuvo pues dos impactos pol&iacute;ticos importantes: mantener la salud de las tropas y de los administradores colonialistas para ejercer y mantener el control y las reglas coloniales y, en segundo lugar, legitimar como ben&eacute;vola y civilizatoria la intervenci&oacute;n colonialista. Despu&eacute;s de terminado el dominio de los Estados Unidos en 1909, las autoridades cubanas tambi&eacute;n entendieron que mantener la isla sin fiebre amarilla era una garant&iacute;a para conservar su independencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este evento fue inmerecidamente atribuido a los m&eacute;dicos militares estadounidenses Walter Reed y William Gorgas, junto a su amigo Jesse William Lazear (muerto de fiebre amarilla inoculada por un mosquito), quienes se llenaron de reconocimientos, condecoraciones, premios e, inclusive, del nombramiento de diferentes instituciones acad&eacute;micas en Panam&aacute; y Estados Unidos, lo que dio una faceta nueva al colonialismo cient&iacute;fico. Respaldados por la Fundaci&oacute;n Rockefeller, estos militares se han paseado por la historia como los grandes investigadores, cuando el verdadero art&iacute;fice de la teor&iacute;a y su comprobaci&oacute;n fue el m&eacute;dico cubano. La gloria del doctor Gorgas se consolid&oacute; cuando finalmente fue enviado a sanear el&nbsp;Istmo de Panam&aacute;&nbsp;a fin de poder completar la construcci&oacute;n del canal que ya hab&iacute;a cobrado m&aacute;s de 20000 vidas y llevado a los franceses a la bancarrota. Aplicando los mismos principios indicados por el doctor Finlay, se cimentaron las bases sanitarias y de higiene para proteger a la masa de trabajadores de los embates de la fiebre amarilla y del paludismo, y as&iacute; poder terminar esta gran obra de ingenier&iacute;a. La dimensi&oacute;n que toma el control de la fiebre amarilla en la construcci&oacute;n del canal de Panam&aacute; es de tal magnitud que podemos imaginar que si los franceses hubieran conocido la obra de Carlos J. Finlay, el control econ&oacute;mico del continente americano estar&iacute;a hoy en manos francesas y no de los estadounidenses. Si bien existe una placa en el Canal de Panam&aacute;&nbsp;que reconoce la contribuci&oacute;n del doctor Carlos J. Finlay en el &eacute;xito de esta magna obra, los cr&eacute;ditos siempre se han inclinado por los m&eacute;dicos militares norteamericanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 100 a&ntilde;os pasan muchas cosas. La isla de Cuba es el &uacute;nico escenario en el continente que todav&iacute;a mantiene controlado al vector <i>Aedes aegypti</i>, aunque no se ha liberado del yugo del dengue, otra infecci&oacute;n transmitida por el mismo vector de la fiebre amarilla. Mientras la regi&oacute;n de las Am&eacute;ricas se desgasta elaborando estrategias contra el vector, las ense&ntilde;anzas del Dr. Finlay a&uacute;n siguen vigentes aunque desplazadas por el uso intensivo de insecticidas. En d&iacute;as recientes se festej&oacute; el aniversario 89 del natalicio del comandante Fidel Castro y tan s&oacute;lo un d&iacute;a despu&eacute;s, el 14 de agosto, se restablecieron las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos con la apertura de la embajada norteamericana en el malec&oacute;n habanero. Es lamentable que el 19 de agosto de 2015, justo a 100 a&ntilde;os de la muerte del Dr. Finlay, la fecha pasara inadvertida y no se recuerde que la lucha de un hombre contra una de las m&aacute;s temibles epidemias fue despojada de un merecido reconocimiento por los mismos intereses colonialistas que hoy vuelven a abrir las puertas de su influencia en la isla.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">H&eacute;ctor G&oacute;mez Dant&eacute;s*    ]]></body>
<body><![CDATA[<br></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Investigaci&oacute;n en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud P&uacute;blica. Cuernavaca, Morelos, M&eacute;xico.</i> <a href="mailto:hector.gomez@insp.mx">hector.gomez@insp.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez Sanchez, J. (1999). <i>Carlos J. Finlay: His life and his work</i>. La Habana, Cuba: Editorial Jos&eacute; Mart&iacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9409591&pid=S0036-3634201500050001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espinosa, M. (2009). <i>Epidemic Invasions: Yellow Fever and the limits of Cuban Independence, 1878&#45;1930</i>. Chicago, USA: The University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9409593&pid=S0036-3634201500050001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López Sanchez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Carlos J. Finlay: His life and his work]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[La Habana ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial José Martí]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Espinosa]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Epidemic Invasions: Yellow Fever and the limits of Cuban Independence, 1878-1930]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chicago ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
